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L’amore è nell'aria

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L’amore è nell'aria

Mensaje por Sofi el Dom Mayo 29, 2011 12:07 am

Apreciable y estimada doncella:

Has sido seleccionada y cordialmente invitada a la fiesta de te anual "Arte y Caridad", donde compartiremos una de las más grandes obras de arte de ciudad Esmeralda.
Así mismo, si confirma su asistencia, podrá ser incluida en el nuevo proyecto “Hermosura y elegancia”, creado por el artista el Conde Abdel, en honor a sus 10 años de trayecto en la pintura.

Para su asistencia, sírvase de ir sin compañía masculina pudiendo traer hasta dos invitadas mas, siendo necesaria una pequeña cuota de 10 diamantes por asistente. Los fondos recaudados serán donados a la organización “Mano amiga”, encargada de apoyar a niños sin padres ni hogar.

Se adjunta un mapa con la forma de llegar al sitio, se pide su asistencia puntal a las 7pm, en caso de llegar con días de anticipación, se le otorgara una cortesía por dos días en la posada l'amour et autres passions, en la que se incluirá, comida, cena y desayuno.
La reunión, de carácter formal, culminara a las doce de la media noche, con la subasta del místico y peculiar collar de jade creado por una de nuestras artistas.

Con gusto, esperamos su asistencia y colaboración.

Organización de Arte y compromiso social de ciudad Esmeralda.


Esta vez es mi turno. Mi turno de contar una historia que va más allá de la simple aventura. Amor, engaño, pasión y lujuria bailan al mismo tiempo en un solo vórtice que sube hasta el cielo y baja, capturando corazones de ingenuos que en algún momento de su vida vivieron tristes y ahora, enmarcan sus rostros ante la alegría de la nueva vida, del nuevo amor, de la victoria conseguida sobre sus temores…

La historia que he venido a contar, podría suceder en cualquier tiempo, en cualquier lugar y en un sinfín de momentos. Por ahora, solo me limitare a hablar sobre los hechos, de forma que, me he de disculpar si en algún momento las cosas pierden un poco de sentido o contexto. Mi nombre, es simplemente destino, y mi deber, es observar las vidas que van y vienen, que se encuentran y se unen… así pues, es, como he llegado hasta esta ciudad, con sus colores y fuerte energía: ciudad Esmeralda.

Ciudad esmeralda, una metrópoli de enormes murallas construidas, como su nombre lo indica, de esmeraldas talladas a mano por los más grandes escultores. Casas hechas a base del mismo material, calles empedradas y adornadas finamente con lámparas de aceite que iluminan las noches oscuras. Al centro, la gran torre que majestuosamente saluda de lejos a cualquier visitante. La entrada a este sitio no es sencilla, sin embargo, con una invitación hecha con tanta elegancia y pulcritud su acceso es más sencillo de lo habitual.

Dejemos por un momento de lado las grandes tiendas con sus adoquines de piedras preciosas que custodian sus entradas, los restaurantes, de la más fina y elegante calidad en cuyas mesas reposan flores de colores inimaginables. Los museos, plazas y parques, sus carruajes de colores blancos y negros, tirados de caballos finos y carroceros con sombrero y traje. Si, dejemos un momento a un lado estas bellezas, para ir, a un sitio más oscuro, aunque, igual de hermoso que la ciudad en sí.

Avanzando por la calle principal, desde que se entran por los grandes portales custodiados por guardias que preguntan asunto e interés en Ciudad Esmeralda, se avanza en línea recta, por un empedrado hecho del mismo material que todo ahí: esmeralda. Joyas preciosas que adornan bancas a los lados de la calle brillan al paso de los carruajes que constantemente van y vienen. LA calle principal rodea el gran muro que protege los aposentos reales, así como pasa frente a más de una iglesia erigida en honor a su reina. Distintas calles surgen a partir de esta, todas como opciones de laberintos donde cualquiera que no conoce bien esos lugares podría perderse. Mas, no vallan hacia allá, sigan conmigo en línea recta, rodeando las murallas centrales, doblando ahí, justo a la derecha. Yendo varias cuadras más arriba, hasta encontrarse con una entrada conformada por un arco de metal dorado, adornado con flores de plata y un camino que da hacia una plaza, plaza adornada con una fuente tallada por el dueño de la mansión ubicada justo al frente: dos amantes se besan con pasión mientras el agua fluye de en medio de ellos. Alrededor de la fuente varios bancos esperan a aquellas invitadas a la fiesta de té.

Frente a dicha mansión, una posada más pequeña, aunque igual de adornada se ubica estratégicamente, con su establo y carruajes correspondientes. Esta, de tres pisos, posee cuartos con camas amplias, de colchas aterciopeladas y peinadores de caoba. En la planta baja, la entrada a un restaurante donde varias mujeres comen y beben tranquilamente. Frente a este sitio, se encuentra la recepción, donde una mujer de busto prominente y largos cabellos entrega las habitaciones correspondientes. De nombre “l'amour et autres passions“, la posada privada de la familia Arnauld se muestra silenciosa y poderosa. Todo aquel sector se encuentra cerrado, la única entrada es por la calle antes mencionada. Tanto la posada como la mansión comparten el patio, enormes prados encercados con arbustos cortados y formados de distintas maneras, todos por jardineros expertos.

Ahí es, a donde nuestras doncellas fueron invitadas. En esa mansión, perteneciente a la familia Arnauld (conformada por la madre y el hijo mayor) se preparan para recibir a sus invitadas. El hombre, de gran porte y ojos oscuros, mira atento por la ventana, suspirando.

Abdel: ¡Ho! Mi corazón palpita con desgracia al saber que aun no llegaran nuestras doncellas. Madre, un artista es el alma desventurada enviada a la tierra a vagar, en busca de belleza y hermosura. ¿Cuánto tiempo más, tardara pues en llegar el brillo que colma de alegrías mi alma? Aquellas joyas preciosas que espero con tanto afán?

La madre, acaricia suavemente el rostro de su hijo, un hombre de ya 30 años de edad. Esta se inclina suavemente hacia él, besando sus labios con un dejo de amor maternal, abrazando su cabeza mientras la coloca entre sus pechos con calma.

Condesa: -hijo querido, las jóvenes llegaran hasta dentro de dos días. No desesperes, mi corazón, pronto estarán aquí. Sé que las doncellas de esta ciudad no son lo suficiente, por lo que me he encargado de atraer a las mujeres más exóticas que podrías haber imaginado. Te aseguro, que no pierdes tiempo cariño… ¿Por qué no vas y te entretienes un poco con las jóvenes que te he traído el día de hoy?-

Cerremos cortinas a nuestra primera escena y trasladémonos, hasta las doncellas, que justo ahora reciben la carta. Ya sea una sirvienta, mensajera o guerrera… observemos su reacción y por el momento, su llegada a la hermosa ciudad.

OFF: Aclaraciones en el post de apertura.



Simpleza, libertad y Calidad. ¡Arriba mis compañeros! hagamos de este un sitio magico, un lugar apacible y un reposo para nuestras mentes.

El rol, es aquella oportunidad de mostrar tu rostro tal cual,
es aquella bendicion de ocultarte tras una mascara
es el viaje fantastico que nunca realizaras,
es la vida en un plano, que jamas existira.
El rol, como tal, es la magia, el jugueteo y la diversion del que es capaz de tomar un lapiz y, con palabras... vivir.
By MA

Tenia que ponerlo :ebe :
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Ficha de sofi. http://cuentosdenoreth.creacionforo.com/t1999-sofia-siempre-a-tu-servicio
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Re: L’amore è nell'aria

Mensaje por Zatki el Lun Mayo 30, 2011 6:11 am

El sol apareció en el horizonte perezosamente, mientras Zatky aun se estiraba en aquella cómoda cama. Lo especial de ese sitio no eran las grandes paredes de piedra que les protegían del clima, ni el riachuelo cercano. Tampoco el pueblo de reptilianos que se encontraba a su alrededor, todos dispuestos a protegerle. No, lo especial de ese sitio, tampoco era que la luz entraba de forma dulce por un balcón, o que podía verse el atardecer desde ahí. Lo especial, lo importante y lo peculiar, se encontraba justo a su lado.

La reptiliana se estiro, mirando tiernamente al que estaba a su lado, Veluzi. Un raptor más grande y fuerte que ella… le observo de arriba abajo con dulzura, al mismo tiempo que sus dedos jugueteaban con la sortija en su mano derecha… esta hacia juego con la que Veluzi portaba… esposos.

Es curioso como el destino gira, resultando en el matrimonio de dos reptiles de más de dos metros de altura, que unen sus vidas jurándose amor. Una boda pequeña, acompañada por la familia aun con vida de Veluzi, había sido perfecta para declarar sus votos. Zatki salió de la cama silenciosamente, preguntándose sobre que podría hacer de especial antes del despertar de Velu. Mientras pensaba en aquello, decidió bajar por agua, al pequeño pozo en medio de aquel pueblo. Saludando a uno que otro que despertaba, saco un cubo lleno de agua, mientras tarareaba con una voz dulce una melodía llena de alegría. Al ver su reflejo en el agua, sonrió triunfal, la idea era tan sencilla… peces.

Peces al igual que la primera vez que se habían conocido. Contenta, cargando el cubo, se dirigió al riachuelo más cercano, por donde ella sabia (más de una vez lo había comprobado) existían distintos tipos de peces, algunos muy pequeñitos y otros enormes… llego hasta aquel sitio, dejando el balde a un lado, para adentrarse. El agua apenas llegaba a sus rodillas –bueno, tomando en cuenta que Zatki es bastante alta- varios pececillos fueron pescados por ella, de forma que los deposito alegremente en aquel balde. Un día común, en la vida de dos reptilianos (¿puedes llamar común a dos reptiles gigantes que se han casado y ahora viven en un pueblo lleno de seres como ellos?) hasta el punto en que todo cambio.

Salía aun con las escamas empapadas, cuando un ruido le distrajo. Delante de ella, una joven sonreía abiertamente, sus cabellos cortos, de colores naranjas, rojizos lucían alborotados, pero finamente acomodados bajo un sombrero en forma de taza gigante. LA joven portaba un vestido de vuelo color blanco, y su sonrisa se contagiaba. La reptiliana no tenía idea de donde había salido esa chica, y se sorprendió cuando esta le extendió un sobre dorado, sellado con cera rojiza y el escudo de alguien.

-¡Has sido cordialmente invitada a nuestra gran fiesta de te!-

Sonrió una vez más y, cuando Zatki se distrajo mirando aquel papel, un ruido de nuevo le hizo alzar la cabeza y la joven ya no estaba. La chica se rasco la nuca, sopesando unos momentos. ¿Fiesta de te? ¿Invitación? Y, recordando que no tenía idea de cómo leer (nunca le habían enseñado) corrió hacia Veluzi, seguro el sí podría interpretar lo que decían las letras.

Sin olvidar los peces, llego hasta su marido, mirándole con ojos grandes y curiosos, extendiéndole la invitación y explicando el asunto, así como la apariencia de la joven chica. Veluzi leyó en voz alta, cosa que fue más sencillo para ella de entender. Desde luego, Zatki creyó que era una duda puesto ¿Quién invitaría a un reptil gigante a una fiesta elegantiosa y con muchas cosas de modales que ella ni siquiera sabía? Al final, después de una charla breve y una asoleada juntos, abrazándose, bajo el balcón, decidieron ir.

Y ahora, ahí estaban, frente aquella muralla, con una invitación. Por un segundo, consideraron que Veluzi fuera con ella en calidad de mascota, un collar de pinchos, una cadena y un nombre como “fluffy” podrían evitarle problemas, sin embargo, la chica, obstinadamente dijo que no. Seguro aquellos que le habían invitado no sabían de su boda, por lo que, presentaría a Veluzi como tal. Su esposo… al final, los guardias le dejaron pasar sin mucha dificultad. Zatki miraba emocionada las grandes construcciones, el brillo, las joyas… ¡tantas cosas que podían ser suyas! Cosas brillantes, lindas, que podrían colgar de su cuello o de su cola… eran los únicos adornos que ella portaba, a excepción de las bragas y el sostén que cubrían su cuerpo. Nunca le gusto usar ropa, la consideraba incomoda. Más de un rostro se giro hacia ellos, mientras avanzaban por las calles. Se abrazo de Veluzi, algo preocupada, a pesar de la capa, resaltaban un par de extraños mucho más altos que un humano común. Justo cuando entraban en aquel sitio… Zatki sintió que quizá no era una buena idea… pero, a fin de cuentas, ya habían llegado.


Spoiler:
La chica es asi:


Adquiere la fuerza de tu pasado....

Entre el fuego y la plata, la oscuridad y la luz. ¿Podre sanar al herido y acompañar al solitario?- Zatki... -la fuerza del corazón.


tenia que ponerlo :ebe :
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Re: L’amore è nell'aria

Mensaje por Veluzi Gedber el Lun Mayo 30, 2011 9:24 pm

Un ronroneo, como el de un lindo gatito resonaba en la habitación, entre sus paredes de piedra, pero su autor lejos de ser un lindo gatito era un reptil de plata el que profería aquellos sonidos, ese reptil estaba aun durmiendo tranquilito en la cama de matrimonio sin saber que la persona más importante para el ya se había levantado hacia rato espero a sacudirse el sueño unos minutillos más.

Al final abrió los ojos viendo el fondo de la habitación con sus muebles pero eso no es lo que primero quería ver antes de levantarse, movió suavemente su cola abarcando gran parte de la cama buscando a su mayor razón para vivir pero solo encontró sabanas, nada que aun conservase la vida.
Perezosamente se movió y giró en la cama intentando ver si estaba y aunque su visión después del sueño no era la mejor que podía esperar no fue difícil de darse cuenta de su falta, por unos segundos se asusto ante la perspectiva de que le hubiese pasado algo acostumbrado como estaba a dormir en sitios poco acogedores con los reptiles gigantes pero finalmente se calmo al recordar donde estaba, allí no había peligro.

Se sentó en el bordillo de la cama mirando por el balcón el pueblo y el bosque que se extendía más allá para después pasar a mirar su colgante, tan valioso para el aunque lo hubiese tenido menos tiempo que el otro, el de zafiro azul, este representando una bonita rosa era más importante para el, tanto por que el otro ya no hacia falta como único recuerdo de su familia como por que este se le regalo ella poco después de conocerlos, a cambio del suyo claro que ahora brillaba en su pecho.

¿Cómo podía haber imaginado o soñado alguna vez que la vida le depararía tal sorpresa? creyendo los demás un monstruo sin familia con una bestia aun mayor detrás y casi creyéndose la naturaleza que los demás tejían para el, ni en sus mejores sueños se pudo ver mejor que como estaba.
Alegre por ese pensamiento se levanto y desperezo mientras llamaba su atención un frasquito rosa de la mesilla, lo cogió , inspecciono, abrió y probó un poco de su liquido interior con la lengua, sabia bastante bien al casi perderse en el interior del liquido y esa especie de aceituna rosa que flotaba dentro pudo recordar de donde lo hubo sacado, se lo encontró y llevo por casualidad de aquel castillo… mejor no recordarlo.

El buen sabor de aquel liquido desconocido le llevo una idea a la mente, quizás seria bonito hacer algo para Zatki, claro que no sabia cocinar pero quizás pensaba que era hora de aprender y así se dirigió a las cocinas.
Una de las ultimas veces que cocino el resultado casi mato a un demonio , a el y a un enano pero se conformo con que la comida no le intentase comer a el, esta vez no, no fue como aquella, la receta que inicialmente se supone que era alguna clase de pastel al que quiso añadir el contenido de aquel bote se revolvió por la cocina con sus cuatro patas intentado comerse a Vel que se agarraba a su espalda con fuerza.

Al final poco después de que llamasen a la puerta el desayuno sucumbió y pudo abrir y ver para su sorpresa a Zatki que le enseñaba una carta.
Tras un rato de lectura divagación y finalmente abrazos decidieron optar por asistir a aquella reunión como se les pedía en la carta.

Tras unos días de viaje y el desecho de la idea de Veluzi de hacerle pasar por una mascota obediente que no que quería separar de su dueña llegaron a la ciudad donde debían de presentarse, cubiertos por capas como hacían muchas veces cuantos alían de lugar seguro donde los conocían y al contrario que Zatki miraba sin demasiado interés toda la bella ciudad, había visto cosas mucho más hermosas que aquellas aunque algunas aun sembraban la duda de si lo había vivido o solo soñado.

Al final del paseo ya se podía ver la posada donde debían de pasar más tarde y la mansión, las sospechas de por que les habían invitado unos completos desconocidos aun se presentaban en su mente pero que demonios, cualquier lugar seria mejor que alguno de los que habían estado.


Veluzi, plateado paladin de hielo.


Detras de mi un demonio, a mi lado un ángel y delante una vida, ¿tendra fin mi viaje y mis preguntas respuesta?

El demonio encontró un tesoro sin buscarlo, el mio lo encontré bajo el agua.

http://www.cuentosdenoreth.com/t125-un-nuevo-veluzi
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Re: L’amore è nell'aria

Mensaje por Invitado el Jue Jun 02, 2011 10:03 am

No cabía en mi de contenta. Aquel día cuando corría, aunque casi volaba por entre los árboles, no tropecé ni una sola vez ni perdí el tesoro que llevaba en una de mis manos. ¡Una carta! ¡Una carta para mi! Era la primera vez que recibía una carta, y aunque el hecho en si de que alguien me escribiera a mi ya era emoción suficiente.... ¡quería enterarme de su contendio!

Mi torpeza regresó a mi en cuanto llegué hasta el, aunque más bien me estampé contra su espalda. El frío metal de su armadura emitió un "goooong" y yo caí al suelo de culo al rebotar. El se giró con esa cara de preocupación con la que siempre iba.

-¡NATE!- chillé totalmente eufórica. Me reincorporé de un salto y agité la carta frente a su nariz- ¡MIRA MIRAAAAA! ¡ME HAN ESCRITO!

Le salté encima y lo abracé como si fuera el quien me hubiera dado ese regalo... aunque en realidad había sido una tipa de lo más glamurosa.

-¡Seguro que es para una fiesta del té!- seguí exclamando sin prestar mucha atención a las palabras de Nathe, regresando mi concentración a esa carta, exáminando a fondo y desde varias perspectivas como si quisiera desentrañar sus misterios aun sin abrirla.- me la dio una chica guapísima, con un sombrero-taza en la cabeza.... ¿Crees que en la fiesta repartirán esos sombreros? ¡Yo quiero uno!...Oh, si...la carta...-me giré hacia el con una sonrisa y se la tendí- ¿me la lees?...yo no sé.

Me senté frente a el en una roca lo suficientemente alta como para que mis pies no llegaran al suelo y pudiera balancearlos en el aire como una niña impaciente. El abrió la carta y empecó a leerla. Fui abriendo más y más la boca conforme le oía y cuando terminó de leer, me puse en pie de un brinco lanzando un gritito emocionado sin percatarme de su seriedad.

-Iremos, ¿verdad Nathan? ¡Oh, porfa porfa porfa!- agarré su mano con las mias mirándole suplicante- ¡Dime que iremos! ¡Será divertido! Y es bene....beni....¡es bueno! ¡Y divertido!

Esperé su aprovación con ojos brillantes y una sonrisa.... y cuando me la dio a regañadientes volví a saltar sobre el con otro gritito eufórico. Recuperé mi carta de sus manos y corrí hasta Cama, que rumiaba tranquilamente a un lado del claro donde nos habíamos detenido con la maleta aun a su espalda.

-¿Has oído, Cama? ¡Nos vamos a una fiesta!- Cama me respondió con un leve berrido. Me señalé y luego a ella, contando- Puedo llevar dos personas conmigo.... Una... dos...- me giré hacia Nathan y le señalé-...mmm... ¿tres? En la carta ponía que solo chicas.... mmmm.... ¡ya se!

Abrí la maleta y elegí una peluca larga y negra. Saqué también mi bolsa de maquillaje.

-Ven, Nathan, que te voy a maquillar. ¡Te dejaré tan guapa que no se les ocurrirá pensar que no eres una mujer!

Ante su negativa le agarré del brazo y traté en vano de arrastrarlo hasta la maleta. Por mucho que le insistiera y suplicara el seguía retrocediendo, huyendo de la maleta y del carmín con el cual le perseguía. ¿Porqué ese miedo al disfrazarse?

Finalmente me rendí y le miré con un gesto de desánimo.

-¡Pero dicen que solo chicas!...¡Y yo quiero que vengas también tu!- desde luego, el penaba venir. Suspiré y me encojí de hombros- ...De acuerdo... lo haremos a tu manera... pero no se si te dejarán pasar.

El pareció aliviado cuando solté el pintalabios.

Preparamos el viaje en minutos y partimos hacia donde Nathan dijo que la carta decía que se encontraba el lugar al que me habían invitado. Incluso estudió en su mapa los mejores y peores caminos para ir hasta allí. Yo traté de quitarle el mapa, impaciente, para que dejara de pensárselo y fuéramos de una vez.

El viaje se me hizo largo, eterno, aburrido incluso ya que Nathan parecía más ceñudo de lo normal. Acostumbrada ya al bamboleo de Cama al caminar, abrí la maleta y volví a sacar mi bolsa de maquillaje. Probé distintos colores, texturas diferentes, marrón con verde, naranja con azul... me coloqué incluso una de mis pelucas rizadas y blancas...

Cada prueba solo servía para verme aun más horrible y sentirme un poco más chiquitita, insegura... como un gusano.

-Nathan....- murmuré preocupada, rompiendo el silencio en el que nos habíamos sumido-...¿Y si se han equivocado? Quiero decir.... La carta estaba dirijida a una "hermosa doncella", ¿no? ¿Y si me la han dado por error?- le miré cada vez más asustada- ¿Qué cara pondrán sin me ven aparecer a mi! Me señalaran y dirán .. "ug, mira, que asco. ¡Un gusano!

Me cubrí la cara con las manos y suspiré apesadumbrada. Si... era muy probable que se tratara de un error.... aun así.... ¡aun así era una fiesta del té! ¡Y por todos los Dioses, si no me habían invitado, pensaba colarme!

Por fin llegamos al lugar... más maravilloso y bonito que había visto jamás... y su sola visión me hizo sentir aun más pequeña. Terminamos de recorrer ese camino de losas amarillas que Natharion había elegido como ruta más segura y observé todo a nuestro paso con la boca abierta como un pez.

Al llegar a las puertas de la ciudad mi mirada estaba fija en aquella torre brillante, más alta que las demás, y no escuché lo que me dijo el guardia. Nathan cojió la carta de mi mano, no la había soltado en todo el viaje, y se la enseñó al guardia. Le dejé hacer, a el se le daban bien esas cosas, mientras yo seguía observando maravillada la muralla exterior de la ciudad. Si era así por fuera... ¡la de maravillas que debía esconder en su interior!

Por fin nos dejaron entrar los guardias y cuando cruzamos las puertas....

¡Canciones! ¡Tiendas! ¡Relojes en las plazas! ¡Cafeterías! El olor de eso que llamaban café me dio ganas de probarlo...¿estaría tan bueno como el té? Todo era brillante, nuevo, limpio... y ¡verde! El suelo verde, las paredes verdes, las ventanas verdes, los techos verdes. ¡Era maravilloso! ¡Como ese mago del que todos hablaban y al que las canciones alababan!

Tan emocionada estaba que me había olvidado por completo de la invitación y me escapaba de Nathan una y otra vez para corretear y meter las narices en cada puesto de venta, cada ventana abierta, cada una de esas cosas maravillosas de la ciudad. Cuando Natharion me alcanzó parecía enfadado, así que agaché la cabeza y asentí cuando me recordó a que habíamos ido allí.

-Si, lo siento... se me fué....- murmuré, mirándole con ojos arrepentidos.

Le seguí dejando que Cama tomara un paso más relajado y que Nathan marcara el camino. Como siempre, el sabía donde teníamos que ir y sabía como encontrarlo. Llegamos a la posada con nombre raro de la que hablaba la carta y, aguantándome las ganas de entrar corriendo...o cabalgando, esperé en silencio a que Nathan entrara para pasar yo después que el.
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Re: L’amore è nell'aria

Mensaje por Natharion el Vie Jun 03, 2011 5:45 am

Yorsuek era un hermoso caballo, de buena planta y facciones nobles pero requería cuidados a menudo para mantener el pelaje limpio y brillante. Unos grititos y pasos a la carrera interrumpieron mis trabajos en la montura cuando estaba cepillando sus crines. Reconocí casi al instante aquella dulce y desenfadada voz por lo que proseguí con mi trabajo decidido a prestarle la debida atención cuando finalmente llegara hasta donde me encontraba…y lo hizo rápidamente aunque de forma poco ortodoxa…Preocupado me giré notando el golpe hacia la joven temiendo que le hubiera causado daños de verdad pues llevaba puesta la armadura como casi siempre. Molly parecía haber desarrollado cierta inmunidad ante esta clase de incidentes pues siguió gritando contenta como si nada hubiese pasado. Portaba una carta de aspecto delicado y la agitaba sin dejar de chillar ni de moverse. Incluso terminó abrazándome con tremenda efusividad a pesar de lo molesto que debe resultar hacer algo así con alguien que lleva más de 20 kilos de acero encima. No pude si no sonreír, su carácter siempre conseguía ese efecto en mí. Intenté sin éxito coger la carta.

-¿Té han escrito? ¿Quién? ¿Quién sabe que estás aquí? Déjame ver. ¿Una fiesta del té? Venga ya, nadie se molestaría en mandar una invitación para una fiesta del té a la mitad de la nada.-

La mitad de la nada era donde se encontraban. Concretamente de camino hacia Phonterek pasando por la aguja de Rain. Finalmente y tras mirarla mucho me concedió el privilegio de tomar la carta. El remite indicaba la ciudad esmeralda.

-¿Una chica guapísima? Bueno no creo que ni la mitad que tu mi amor. Pero calma…no sabes ni siquiera si es una invitación a una fiesta…podría ser cualquier cosa-

Dije observando la carta también sin abrirla e ignorando si aquella misteriosa mensajera le habría dado algún detalle sobre el contenido de la misiva. Bueno al comenzar a leerla quedó claro que lo que Molly decía, intuición o conocimiento de causa, era verdad. Leí la carta entera en alto y con un tono de aquel que ha leído cartas importantes en público con anterioridad.

-Invitada…proyecto, subasta, abstenerse hombres, posada del amor y otras pasiones…-

A simple vista la carta resultaba muy sospechosa. Miré de nuevo a Molly que parecía extremadamente contenta y sin dudas en su mirada y sonrisa. Por eso cuando me preguntó si iríamos tardé un momento en responder. Entrega en medio de la nada, fiesta benéfica en una ciudad hecha de piedras preciosas, sin compañía masculina a pesar de que si sabían donde encontrarnos es evidente que sabrían que Molly y yo habíamos decidido unir nuestros destinos. Algo que era también evidente por nuestras miradas y complicidad y que al menos yo no me molestaba en ocultar. Releí la carta una vez más rápidamente. Curioso que si que se pudiera llevar más compañía femenina…Mi atención se fijo especialmente en el tema de “Artista” y “Nueva obra Belleza y elegancia” para después recaer en la pare final. Una subasta de una joya que por su nombre no debía ser barata. “Reunión formal”. Todo en esa carta era raro, en especial por que iba dirigida a Molly. No me malinterpretéis, para mi Molly es el ser más hermoso y maravilloso de Noreth, merecedora de ser la protagonista, no de una, si no de mil obras de arte…Pero la belleza no siempre compra la nobleza y Molly no tiene la capacidad adquisitiva necesaria como para pujar por ninguna gema preciosa, ni las costumbres como para encajar en una fiesta de “Ambiente formal”. Para mi que todo apunta a un interés más allá de una obra benéfica y se me ocurrían un par de cosas de que podría hacer una persona indeterminada con el grupo de mujeres que parecía querer reunir en el mismo sitio. Desde luego quién invitase a Molly también debía desconocer que no necesita a ningún paladín al lado para defenderse. Tras ordenar mis pensamientos, picado por la curiosidad e incapaz de resistirme a esa mirada de gatita que me estaba poniendo terminé aceptando. Pero no pensaba bajar la guardia.

Lo siguiente…bueno, os aseguro que pocas veces he corrido tan rápido con la armadura y eso mientras intentaba pensar rápidamente una opción menos humillante para poder acompañarla. Me protegí tras Yorsuek al que casi se le podía ver cara de circunstancias por estar entre yo y un pintalabios que encima era rosa chillón y una peluca que si bien quizá si me hubiera hecho pasar por mujer…desde luego no pasar desapercibido.

-Parece una fiesta de cierto estanding… No creo que sospechen ni pongan trabas al fiel guardián de una dama. Al menos me permitirá quedarme lo bastante cerca de ti…hay cosas en todo esto que no están nada claras-

Respiré aliviado al ver que mi idea le pareció aceptable. Ya estábamos en un viaje así que solo cambiamos el destino. Miré el mapa adjunto para encontrar la ruta óptima entrecruzando dicho mapa con uno mío sobre rutas de caravanas. Durante el largo viaje muchas horas las pasaba en silencio pensando sobre todo el asunto. Aunque también fue una ocasión para hablar de esas pequeñas cosas que nunca crees que a nadie puedan interesar…menos a tu mitad perfecta.

Durante uno de esos silencios en los que la observaba probarse cosas de la, aparentemente sin fondo, maleta me preguntó muy directamente sobre una posibilidad que yo ya había contemplado y sobre algo más personal.

-No, princesa. Por mucho que sería la explicación lógica, por la casta que parece tener la fiesta…esa mujer fue a por ti. Entregó esa carta en la mitad de la nada. Además parece que buena parte de todo esto gira sobre belleza y tú mi amor, llevarás los bolsillos vacíos de monedas, pero el alma y el corazón repletos de joyas…Y mejor no me hagas hablar de la belleza por que tus ojos cuando me miras y tu boca cuando me sonríes es un tesoro por el que lucharía y moriría gustoso.-

Acercando nuestras monturas deposité en sus labios un dulce beso.

Ya en la entrada de la ciudad, los guardias aceptaron la historia. Podríamos haber entrado como pareja o de cualquier forma, por mucho que una ciudad como aquella, tan rica y abundante vigile su seguridad no debería haber problema para un caballero de Tirian y su pareja…o incluso aunque no se conocieran, para una artista ambulante. Pero era bueno que incluso en el registro de la ciudad ya figuráramos con nuestra “Mentirijilla”

Dentro Molly parecía una niña en el país de los dulces, correteando de arriba abajo. Y separándose constantemente incluso de Cama. De nuevo su carácter me arrancó una sonrisa y me sacó momentáneamente de mis cavilaciones. Y bueno por qué no admitirlo, aquella ciudad me tenía a mi también asombrado. Conformé nos acercábamos al lugar donde debía estar la posada mi semblante se tornó de nuevo serio. Molly se disculpó seguramente malinterpretando mi semblante así que le dedique una sonrisa.
El cartel rezaba exacto como en la carta. Aquel era el lugar y en la puerta no eran los únicos. Allí había un par de sujetos envueltos en capas que llamaban la atención y que parecían como yo, no demasiado seguros de entrar.
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Re: L’amore è nell'aria

Mensaje por Keth-ela el Lun Jun 06, 2011 2:05 am

¿He dicho ya que odio los viajes en barcos? Bueno, si es así, lo reitero. Después de la aventura que marco nuestras vidas, Necros y yo habíamos viajado a la costa, buscando un sitio decente donde vivir. (No es que la ciudad de Thoerts Azet no fuera atractiva, hermosa o agradable, sin embargo, las islas nunca han sido del todo de mi agrado. Además, Necros y yo justo recién nos conocíamos, por así decirlo, puesto que ya teníamos decidido pasar el resto de nuestras vidas juntos y, Necros aun quería domar dragones y yo deseaba encontrar a mi hermana. ¡Estaba tan cercas!

El viaje en barco marco la primera pauta para la extraña enfermedad que comenzaba a hacer mella en mí. Todo el viaje, varias horas de movimiento oceánico fueron suficientes para causarme nauseas, tanto, que no me aleje de la orilla vomitando. El me observaba preocupado, e intentaba ayudarme pero en vanos sus esfuerzos. Al final, nos quedamos en una posada de la costa, con la idea de que tan pronto y me sintiera mejor, seguiríamos buscando.

A regañadientes acepte. En parte porque, Diosas, me sentía tan mareada últimamente… sin mencionar que había ocasiones en que no podía ni ver la comida, puesto que las nauseas no se hacían esperar. El sitio donde nos quedamos era bastante lindo, con sus camas pintorescas y su comedor tan peculiar. Tres semanas teníamos ahí, y yo sintiéndome igual de mal… para el momento en que aquella chica peculiar llego, Necros se había preocupado tanto que yo misma decidí buscar un medico. Aproveche un día en que el salió por ahí, no es que no quisiera tenerle junto a mí al momento de ir a ver a un doctor, pero… tampoco quise preocuparlo mucho. Yo sabía que si le pedía ir a un médico, se preocuparía bastante y, en esos momentos éramos demasiado felices como para nimiedades. Además, sentía algo de pena porque ¡una elfa yendo a un medico! Se supone que sabemos medicina antigua y, no podía curar mis propios mareos. (Bueno, realmente no se demasiado sobre medicina, pero aun así, no soy de las que suele pedir ayuda).

Así pues, fui sin que él se diera cuenta. Después de un par de preguntas algo penosas para mi, una revisión cuidadosa y la experiencia de un medico de esa costa, recibí aquella noticia. Bueno, podría decir que si estaba enferma, pero… no precisamente tenía que ser malo. Era una de esas enfermedades que duran nueve meses, aunque, sus síntomas son bastante variados. Salí con una sonrisa de ahí, aunque con la recomendación de que me mantuviera alejada de las alturas, el océano y cualquier cosa que pudiera provocarme demasiados mareos. Una buena alimentación y descanso, mucho descanso…

Tenía que decirle pero ¿Cómo le diría? A partir de ahí me asaltaron cientos de preguntas. ¿Dónde viviríamos? ¿Cómo sacaríamos dinero? ¿El estaría feliz? ¿Se asustaría? Algunas de estas preguntas rondaban en mi mente, hasta el momento en que, alguien toco mi hombro. Me gire, desenvainando mi espada al instante. La enfunde cuando me encontré con la sonrisa de una chica peculiar, de cabellos de colores distintos y un gran sombrero en forma de taza. Pero que rareza… me extendió una carta que, yo con desconfianza tome y leí. Mis ojos brillaron unos momentos, sonriendo, era una invitación a una fiesta de té. Había muchas cosas sospechosas, como por ejemplo, solo damas… y… bueno, me emociono que decidieran invitarme a un acto tan elegante como ese, más si es de una organización perteneciente a una de las ciudades más hermosas de noreth. Respecto a lo de no varones, no pensé en respetar eso puesto que, no podía andar sola en mi estado. Por cierto, de la emoción y la curiosidad, olvide completamente el detalle de comentarle a Necros sobre nuestro futuro, pero, aun tenía varios meses para decirle…

Él desde luego, insistió en ir conmigo, a la par que yo quería ir, me había estado sintiendo enferma, teniendo desmayos en una que otra ocasión. No supe bien como decirle la verdad, así que, opte por pensar en el momento ideal. Al final, pedí que no fuéramos con pyros, el volar me haría vomitar y dudo que las escamas del wyvern se vieran lindas con mi desayuno en ellas. En caballo, montados en Trosdit no estaba nada mal, así que, esperamos a que yo me sintiera lo suficientemente calmada como para salir y ahí vamos, en camino.

A varios días de distancia, tuvimos que parar en un par de veces debido a que en momentos me sentía demasiado mal. Estoy segura de que Necros no consideraba buena idea un viaje largo solo por una taza de té, pero, la idea me entusiasmaba. ¡Usar vestidos bonitos! ¡Beber té al estilo de la alta sociedad! No soy vanidosa o presumida, pero, aun así, sigo siendo chica y me estaban llamando hermosa. Todo esto me convenció, estaba realmente contenta.

La ciudad… ¡era tan hermosa! La entrada fue sencilla, el guardia apenas vio la carta puesto que parecía ya habían mas invitados que llegaban. Alguna ocasión había visitado ciudad esmeralda, pero, volverla a ver... sus murallas, sus calles, sillas adornadas con joyas preciosas. Un sitio bastante hermoso. Tome la mano de Necros, apegándome más a él, mientras levantaba el rostro. ¡Si, era el momento perfecto, le diría ahí mismo!

-He… amor… necesito decirte una cosa que…-

Y la torre capto mi atención. Rodeamos su muralla alta, tan perfecta y llena de belleza… sonreí suavemente, y, justo cuando comenzaba a hablar nuevamente, sentí un mareo. Apreté fuertemente su mano, acurrucándome entre sus brazos, aun sentada en el caballo. Baje la cabeza, suspirando.

-¿llegaremos pronto?-

No tuve más opción que preguntar si ya habíamos llegado. Bueno, creo que tendré que esperar un poco antes de darle la noticia…

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Re: L’amore è nell'aria

Mensaje por Necros el Lun Jun 06, 2011 12:14 pm

Barcos, barcos y más barcos. Mi vida parecía rondar últimamente entre esas cáscaras de nuez que flotaban por lagos, ríos, mares y océanos. Pero, ¿A quién quería engañar? Mi vida desde hacía unos meses giraba única y exclusivamente alrededor de Keth, esa elfa de cabellos verde esmeralda, ojos como platos y rostro joven. Me había hecho recordar la felicidad que se siente con el primer amor. Sus besos eran nuevos motivos para levantarme cada mañana, y su sonrisa el hecho de que me quedaran fuerzas para tensar el arco. Habíamos ido a la costa, el lugar donde, sin saberlo, nuestros destinos se cruzaron. Buscábamos un lugar para instalarnos, y yo… parecía que volvía a ser joven, incluso mis huesos se volvían a sentir como si tan solo tuviera cien años.

El viaje fue poco agradable, Keth estaba todo el rato pegada a la borda, no dejaba de vomitar y eso me preocupaba de sobremanera, hacía que diera vueltas de un lado a otro por el enorme barco y que me pusiera nervioso, cosa que Pyros notaba con facilidad, Pyros y cualquiera que hubiera pasado un día conmigo antes de ese viaje. Sencillamente no era capaz de parar, iba de un lado a otro sin ganas para nada, solo pensando fórmulas y cosas que podrían hacer que mejorase. Mis pasos resonaban sobre la madera un poco más fuertes de lo habitual, y a cada nueva arcada suya más fuertes – ¿Es… estás bien? – pregunté mientras le sostenía el pelo. Pero el vómito me confirmó lo obvio. ¡Como odiaba ese barco!

¡Por fin! Dos horas de maldito viaje, pero por fin estábamos en tierra firme. Podía sentir la arena hundirse bajo las botas de mi armadura, y casi di un brinco de alegría al notar eso. Ayudé a bajar nuestro equipaje y me aseguré de que estaba todo: Los arcos, las flechas, los mapas. Todo en orden. Pagué con unas monedas de más al barquero por llevar a Pyros y me fui derecho a la posada junto con Keth. Sí, mi vida había cambiado mucho. Esa era la misma en la que hacía poco menos de un mes había entrado solo, con una arpía envuelta en una manta y un pequeño Wyvern, más parecido a un perro con alas y escamas que a un descendiente de los dragones, pegado a mi hombro.

Ahora no estaba solo, tenía al amor de mi vida a mi lado. En mi memoria todavía danzaban los cabellos rubios de Ariadna, pero algo en mi interior, ella misma, me decía que eso ya no existía, que debía dejar aquello atrás. El pasado en Qualinost, mi vieja vida como guardián. Ahora solo era el guardián me mis sueños del mañana y de Keth. Suspiré y le abrí la puerta. El posadero pareció sorprenderse de verme entrar de nuevo, pero tal vez se asustó más al ver como Pyros intentó entrar detrás de mí, dejando atrapada una de sus alas-cuchilla en la puerta -¡Pyros! – dije contiendo una risa ante la palidez de todos. Realmente ese pequeño wyvern ahora era mucho mayor. Sus escamas marrón árbol ahora eran negras como la noche, y recubiertas de un suave y corto pelaje del mismo color. Sus pequeños colmillos se habían convertido en peligrosas dagas que podían arrancar la carne sin problemas, y sus dos alas, ahora con cuchillas en los bordes, eran tan duras como el acero. Cuando el “pequeño” escuchó mi grito se resignó y sacó la pata, llevándose consigo parte de la puerta, y se fue con Trosdit a los establos, donde se durmió tranquilamente.

(…)

Una vez en la posada los días pasaban sin mayor novedad. La enfermedad de Keth parecía mejorar en tierra firme, pero aun así había muchos días que ni tan siquiera probaba bocado por culpa de las náuseas. Pyros también estaba preocupado, se le notaba bastante en la actitud protectora que mantenía con ella, pero él parecía ser sobreprotector, incluso a mí llegó a gruñirme cuando me acerqué una vez a ella, algo mínimo, pero extraño. Tal vez el wyvern tuviera celos: no sería de extrañar, pues de ocupar toda mi atención había pasado a un segundo plano. Eso debía de ser molesto, así que decidí llevármelo un día de “paseo”, un vuelo él y yo, solos, no le vendría mal para refrescar la ideas y para practicar la técnica, y a mí me vendría bien airear la cabeza.

Ese día me levanté temprano, cuando el sol apenas arañaba las montañas. Hacía un poco de frío pero no era algo que me importase. Todavía en la cama abracé suavemente a Keth a la altura de la cintura – Voy a pasear – le dije suavemente en el oído mientras le besaba el cuello con ternura – No tardaré demasiado en volver. No te me escapes – dije sonriendo mientras me levantaba. Cogí la camisa de lino y los pantalones y me vestí. Fui a los establos y saqué de las alforjas de Trosdit mi chaqueta roja y los guantes de la armadura. Ponérsela entera era una tontería, no iba a cazar, solo a dar una vuelta por el cielo, pero sin embargo me gustaba el toque que me daban las garras en las que acababan mis dedos cuando los llevaba, se podría decir que era un capricho.

Aferré bien la silla de montar que Brock me había hecho especialmente para Pyros y puse en ella mi arco, tres flechas en un morral especial para ello y mi sable al cinto. En esa isla había conseguido muchas cosas, entre ellas el amor, puede que haber ido a cazar a esas arpías de fuego no hubiera sido tan malo. Había valido la pena gastar algo de veneno para todo eso. Subí a la silla y acaricié su cuello – Chico, hoy vamos a estar solos. Así que diviértete – a que mala hora dije eso. Nos encontrábamos en un acantilado donde lo había llevado para que pudiera aprovechar la altura para el despegue, y al oír esto no se resistió y corrió hacia el borde del precipicio. Confiaba en él, pero la idea que sus alas fallaran un segundo me puso el corazón en un puño y otra cosa de corbata.

Cuando dejó de pisar el suelo sentí que el tiempo se paraba. Uno, dos, tres… los segundos pasaban de manera interminable hasta que finalmente, a los cinco segundos, extendió las alas negras con un seco sonido. Las cuchillas relucieron ante el sol con un feroz destello, y su pelaje negro absorbía incluso la luz, haciéndolo una sombra borrosa en el cielo. Un rugido feroz y comenzó el verdadero vuelo. Íbamos variando la altura, la velocidad y mi cabeza lugar, algunas veces arriba, otras abajo. Sus alas se plegaban y desplegaban para amoldarse a los árboles que muchas veces caían derribados por un corte inoportuno o un colazo mal dado. A su paso solo quedaba un viento fuerte que tardaba un poco en llegar por culpa de su velocidad. Su cuerpo estaba hecho para el vuelo extremo. El pelaje se pega a su cuerpo cuando estaba en el aire para que el viento se deslizase libremente. Sus alas, poco digitalizadas, eran una obra maestra digna de ingeniería enanil, y sus alas como cuchillas cortaban el viento cuando estaban extendidas. Llegamos hasta el mar y pude tocar con la mano el agua salada, volábamos realmente bajo. Así durante unas horas más, todo diversión, hasta que a media mañana volvimos a la posada.

Aterrizó con cuidado, con todo el que podía, en la playa más cercana, llevándose consigo unos cuantos kilos de arena que luego se encargó de pasarme al sacudirse cual perro doméstico. Sonreí y le di unas palmadas en el lomo mientras volvía a la posada para darme un baño. Entré en la habitación con algo de arena en el pelo y cuando vi que Keth no estaba me asusté, pero de pronto pensé que podía haber hecho lo mismo que yo y haberse ido de paseo. Trosdit no estaba en los establos, así que era algo factible. Sin pensarlo más me metí en la bañera y me relajé con el agua tibia del depósito de la habitación. La arena fue saliendo poco a poco y al cabo de media hora pude salir. Tenía el pelo mojado pero liso, tal y como me gustaba.

Al cabo de un rato llegó ella. Tenía una cara de felicidad inmensa con una sonrisa radiante. Llevaba en la mano una carta, una invitación a un té. Ponía que debía ir sola, pero obviamente con el estado que tenía no la iba a dejar ir sola. Ensillé a Trosdit y me puse toda la armadura menos el caso. Ese mismo día salimos de viaje. El camino fue arduo y pesado, muchas veces parábamos para que ella descansase, sus vómitos no parecían mejorar con las raciones de comida para viajes –nada lujosas – y mi preocupación iba cada vez a más. Al cruzar las puertas de Ciudad Esmeralda, sus esplendorosas murallas de piedra verde eran tan bellas como el día que las había visto, hace menos de cincuenta años.

Aquella ciudad me gustaba por su tranquilidad respecto a conflictos y ataques. Era un lugar agradable para vivir, y seguramente no tendría problema para encontrar trabajo como arquero de palacio o guardia personal de algún noble, lo llevaba en la sangre, al igual que la caza. Cuando Keth se mareó la acurruqué en mis brazos y le acaricié suavemente el cuello con la nariz mientras guiaba al caballo por las calles, hacia donde se concentraba la gente – Ya está, no pasa nada, mi amor – le bese suavemente – Ya estamos llegando ¿De acuerdo? Solo descansa un poco – añadí mientras devolvía la vista al camino.





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Re: L’amore è nell'aria

Mensaje por Inuwel el Miér Jun 08, 2011 6:00 am

Oh vanidad que embriagas a las ilusas con tus juramentos, insana nuestra naturaleza soberbia que por palabras nos dejamos engañar, elixir de egocentria que recibo con una sonrisa malsana. Una carta, una fiesta, un amor, una historia...

Esa mañana me levanté temprano para danzar bajo los radiantes rayos del sol blanco del mediodía, antes abrigada en los brazos de Locrian ahora libre, acariciada únicamente por la brisa fresca de esas horas, no había música, solo la melodía ambiental de lo que me rodeaba, árboles, un arroyo, el ruido de una carreta que marchaba por algún camino cercano, aquella ave piar sobre aquella rama luego impulsar sus patas y alzar las alas para emprender el vuelo. A mi solo me divertía bailar, y no necesitaba nada más, cada movimiento, cada melodía, cada tono a seguir estaba grabado en fuego intenso sobre mi mente, no necesitaba guiarme de nada, aunque extrañaba aquellas fiestas paganas alrededor de la hoguera... ahora bailaba sola, bajo recuerdos del ayer...

Hoy quise detenerme, abrir los ojos, darme vuelta y retroceder, avanzar, y caer nuevamente en los brazos de mi cachorro. Lo sorprendí de espaldas, en un efusivo abrazo como si quisiera hacerlo caer de frente contra el suelo, estaba en los alrededores de la cabaña "alquilada" que había conseguido para pasar la noche, me estaba acostumbrando a dormir bien, desde que ya no tenía a mi manada se podría decir que me había puesto doblemente caprichosa, al cadáver del dueño tuve la bondad de tirarlo a una poza, ya lo encontrarían después, total, pensaba marcharme al día siguiente.

-¿A donde ibas?, ¿pensabas escapar?-Inquirí con voz traviesa bajando la cabeza para acercar mis labios a su cuello y morder juguetonamente al tiempo que me cargaba sobre su espalda... No, no estaba sola, Locrian era parte de mi manada, mi creación, me pertenecía y me acompañaba, aunque no lo demostrase, le apreciaba mucho, pero mi orgullo era demasiado como para aceptar aquello, estábamos juntos pero no en el sentido estricto de una pareja, hasta que el no me superara yo no lo consideraría un igual, mis sentimientos eran demasiado complicados incluso para mí.

Le di un empujón con ambas manos al tiempo que me separaba de él y de un grácil giro me situaba en frente - ¿Sabes?, recibí una carta bastante curiosa cuando venía aquí, una chica, con un sombrero estúpido me dio esto -Mencioné sacando la carta de mi bolsillo y doblada en dos escondí mis labios en ella mirándolo directamente a los ojos - Dice que estoy invitada a una fiesta de té... jaja, ¿lo puedes creer?, me pareció una estupidez que iba a ignorar pero... dice que puedo estar, más bien, estaré -recalqué con seguridad - en un proyecto de un artista, quizás un cuadro, no sé... siempre, he querido tener un retrato, no sé... dejar constancia de que existí... -Sacudí levemente al tiempo que bajaba la carta, no era de sincerarme demasiado, y ahora... ahora lo estaba haciendo.

-La carta dice que te debo dejar aquí -Comenté entregándosela para que la viera - Pero no me gusta ni tengo por qué obedecer ordenes,además es más divertido llevar la contraria, así que vamos, no hay nada más que hacer aquí...mmm Ciudad Esmeralda, viajé una vez a ese lugar, hace años atrás... -

Había otra razón, quería... mas que desobedecer, quería que él me acompañase, al igual que él me necesitaba para aprender yo me había acostumbrado a su compañía, me agradaba, pero como dije anteriormente tenía el orgullo demasiado hinchado como para aceptarlo, y decirlo, tanto a él como a mí misma.

Le tomé de la mano, pocas veces lo hacía, y con una sonrisa mientras me preguntaba si la ciudad sería la misma que vi hace años avanzábamos hacia el lugar indicado, los árboles fueron reemplazados por altos murallones, viviendas grandes, guardias recelosos a cada costado, me adelanté soltando su mano y di un giro sobre mi misma extendiendo levemente los brazos, lucía un saree de seda con estampas doradas, está vez no llevaba ningún velo pero si varias pulseras doradas y brillantes.

-Allá está la posada... mmm... hay gente, y ni deseos tengo de saludar -Murmuré mientras retrocedía y me acercaba a él para apoyar mi cabeza sobre su hombro y mirar la susodicha posada con recelo... pero tranquilidad.

-"Por alguna razón... logras darme paz..."-Pensé por un momento, sonriendo interiormente.



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Re: L’amore è nell'aria

Mensaje por Locrian el Miér Jun 08, 2011 7:16 pm

Aún no me acostumbraba del todo a mi transformación, a pesar de que ya habían pasado algunas noches desde que sobreviví a aquel ataque. Empero si había una cosa a la que sí me había acostumbrado… Anteriormente no habría necesitado cobijo alguno más que el de una caja de cartón si tenía la suerte de encontrarla, incluso cuando me reclutaron para mercenario en la ciudad de Loc-Lac, si tenía la suerte de dormir en una cama odiaba usar sabanas. No era de encariñarme a la persona que me brindaba cobijo, pero en esta ocasión era diferente. Aún quería matarla y más con todos sus caprichos, ordenes y demás, pero… Llegada la noche todo eso cambiaba. Era literalmente un ángel inofensivo. Hablaba de Inuwel, la mujer-lobo que me había transformado y adoptado como su cachorro. Dormir abrazado a ella… Siempre trataba de dormirme después que ella para aprovechar de acariciarla y más si me había hecho enfadar durante el día, aquello lo compensaba todo y claro en consecuencia rara vez me tocaba despertar primero. El caso era que Inuwel se había convertido en el único cobijo que necesitaba aunque más pareciese que yo la cobijase a ella.

Al despertarme recordé lo que habíamos hecho aquella noche… Otro de los caprichos de Inuwel. Bueno, cuando pequeño era un ladrón, pero desde que había comenzado a trabajar como mercenario y comencé a comprender que estaba mal lo que había estado haciendo volver a hacerlo era algo que me repugnaba, pero claro… Cada vez que tenía algo que objetarle ella me salía con un argumento o me echaba la culpa por haber sobrevivido a su ataque diciéndome que me encargase solo de los problemas. ¿Cómo se suponía que aprendería a aceptar mi transformación con esos argumentos? Cuando lo recordaba más ganas me daban de matarla, pero sabía muy bien que eso aún estaba lejos de mi alcance.

Suspire resignadamente y salí de la casa para verla bailando despreocupadamente al aire libre. Sonreí levemente, era irónico que tan hermosa mujer pudiese ser tan endemoniada a veces. Decidí no molestarla y dejarla hacer su acto tranquila, después de todo si habían cosas que no me interesaban aprender; una de esas era definitivamente la danza. Y, como era costumbre mañanera, necesitaba hacer mis necesidades, así que me dirigí a la parte trasera de la casa para poder hacerlas tranquilo. No era que me molestase que ella me viera, pero nuestra relación no era de lo mejor, muy pocos eran los momentos en los que no nos peleásemos, para ella no era nada más que su cachorro, algunas veces sentía que era más una carga pero debía aprender a controlar mi maldición y ella era un imán de problemas que necesitaba protección si quería yo ser quien la matase.

Fui sorprendido segundos después de que hubiese terminado de hacer lo mío. Tuve que utilizar mi píe izquierdo súbitamente de apoyo para no caer hacía adelante e iba a soltarme para lanzar un golpe hasta que escuche sus palabras. Suspire nuevamente tratando de conservar la calma. Iba a contradecirle pero pude percibir que no estaba enojada, era extraño de su parte, sabía que muchas veces me mentía con sus emociones y eso me hacía enfadar más así que me limite a gruñir por lo bajo al sentir sus labios. Aunque aquello fue más como un “ronroneo” que como una amenaza. Pero había comenzado a hablar nuevamente por lo que me puse a prestarle atención nuevamente después de haber sido empujado por ella.


Escuche lo que dijo y no me agradaban dos cosas; una que la hubiesen invitado solo a ella y dos su manía por desobedecer las órdenes. Aunque claro, esta última me molestaba menos ya que aunque me hubiese dejado ahí iría de todos modos para asegurarme de que estuviese bien. Ya nos habían separado otras veces y siempre que nos separábamos era por lo mismo, porque alguien quería hacerle daño al otro. No iba a permitirle viajar sola, así que estaba agradecido de que quisiese viajar conmigo. – Tengo un mal presentimiento de esto, la carta no va dirigida a ti específicamente. De todos modos no te dejaría ir sola, pero si insistes en ir está bien. Eso sí, si hay problemas esta vez no será mi culpa y lo sabes – Inquirí después de haber leído la susodicha carta del tal conde. Como mercenario había aprendido que ese era el tipo de gente que me contrataba para hacer el trabajo sucio y por ende sabía que estos raras veces tenían buenas intenciones más aún, rara vez daban caridad sin tener algún motivo oculto.
Entonces antes de partir tomo mi mano con la suya. Me quede unos segundos en shock, no era algo común en ella mostrar afecto hacía mi aunque podía sentirlo y no solo por su acto. El caso era que gracias a ese gesto el camino fue más agradable, el silencio entre los dos no se hizo demasiado pesado como muchas veces.

Dejamos atrás el bosque para internarnos en la ciudad. No era a lo que estaba acostumbrado, Loc-Lac era mucho más bulliciosa gracias a la constante presencia de los mercaderes en las calles y turistas que pasaban alrededor de los negocios escuchando los gritos anunciantes de ofertas especiales. Las calles eran mucho más amplias cosa que detonaba más por la falta de gente en estas, la única presencia además de unos cuantos viajeros era la de los guardias que me daba menos seguridad, pero Inuwel parecía tan tranquila. Si no fuese porque viajaba con ella aquella ciudad definitivamente sería una de las que evadiría sin pensarlo dos veces. Todo era tan brillante que entendía porque el nombre de la ciudad, era un blanco constante con muy poco contraste que sentía como si mi mente estuviese aturdida en un profundo trance.

Las palabras de Inuwel lograron sacarme del ensimismamiento en el que estaba. Efectivamente, se notaba el gentío dentro de la posada y compartía sus deseos de ser invitados poco cordiales. Habíamos llegado tal vez con uno o dos días, no llevaba la cuenta de la fecha, solo me preocupaba por Inuwel, ella era la que quería asistir a la fiesta por lo que la fecha era su problema. Deje que se alejase un poco de mi mas Inuwel pareció no querer hacerlo puesto que a los pocos segundos volví a sentirla a mi lado, apoyando su cabeza sobre mi hombro. Sentí que estaba profundamente calmada y aquello me dio la confianza suficiente para rodear tiernamente su cintura con mis brazos. – Entremos, mostremos la carta y vamos a nuestra habitación. La verdad tampoco tengo ánimos de saludar y esta ciudad no me agrada. Tomémonos el resto del día, ¿te parece? – Le sugerí mientras la estrechaba más hacía mi y suspiraba de alivio. Habíamos pasado todo un viaje sin discutir, eso era una mejora y esperaba que al menos hasta el día de la fiesta la cosa siguiese marchando así.
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Re: L’amore è nell'aria

Mensaje por Xhadesh el Jue Jun 09, 2011 4:23 am

Hacía nada que habían llegado a un pequeño pueblo de Djoskn, no por un motivo en especial: Simplemente se habían gastado un kilo de cada uno de los barriles de Xhadesh (por explosiones exponencial y rigurosamente científicas) así que había que rellenar las mismas proporciones, y nada mejor que un mercado para ello. Además, mientras estaban ahí, podría comprarle una pulsera a Sahgi, o quizás un colgante.

Entraron a la ciudad con Reins por las “riendas”, sólo para que pensaran que no pasaría nada malo por llevar aquella “bestia”, y porque no lo intentaran robar. No se había atrevido a dejarlo fuera de la ciudad porque… no podía cargar él solo los barriles una vez llenos.

Este pequeño pueblo no era nada que destacar: Ventas de verduras, carne de pezcado y de vaca conservada con muchísima salinidad; algún condimento que además tenía propiedades curativas si se sabía usar, algo de ropa por aquí y por allá, alhajas en todos los lados; comida preparada por cualquier paseo, y niños y ancianos mendingando. Ya le hubiera gustado darles algo de plata a ellos, pero ahora mismo no estaba pasando por un buen momento económico, y lograban sobrevivir más que nada por los alimentos que Sahgi lograba cazar, porque de haber sido por él, estaría viviendo a base de raíces y frutos (por comodidad, no por ideología).

-Amore, ten cuidado con los ladrones; es un tanto común que… -se le acercó a la oreja y le dijo en susurro:- que haya ladrones por aquí.
Llevaba una mano agarrando las riendas de Reins, y la otra tomando de la mano a Sahgi. Se giró a mirarla de reojo y le sonrió con alegría. Nada le complacía más que verla entretenida y feliz (bueno, quizás meterse a un laboratorio le daba entretenimiento, pero no era placer).
-Mira, allí justo está un enano ¡Seguro tendrá de lo que necesito! Compraré… un poco menos de lo que tenía pensado ¿vale? ¡Así me dará la plata para comprarte algo bonito! –le prometió gustoso y sin un ápice de falsedad.

Xha se acercó al enano, que parecía tener un pequeño cuarto, pero que se extendía hacia abajo. Lo miró de abajo arriba, y desató los cuatro barriles de Reins.
-Necesito… Nitrato de potasio, Azufre y Almidón; 700 gramos de cada uno… Y lo quiero exacto.
Antes de acompañar al enano (para asegurarse de la exacta exactitud), dejó el cuidado de Reins a Sahgi, le dijo que no deambulara mucho, y que a ser posible no se alejara nada de allí, y siguió al enano con su propia báscula. Tenía tan poca plata como para que un enano se la robara.

***

Miró a una mujer alejándose de Sahgi, cuando subía por las escaleras con uno de los barriles en brazos, y el enano detrás, con uno colgando a la espalda, y los otros dos en cada brazo.
-¿Era tu amiga? –le preguntó mientras ataba nuevamente los barriles a su amigo y le pagaba las monedas justas al “pequeño”; ni una de sobra, ni una que faltara.
-¿Qué llevas ahí? ¿Puedo…? –antes de acabar la pregunta, ya estaba leyendo la carta que le habían entregado, y justo al acabar con la lectura ya tenía pensado algo:
-¡¡Quiero ir!! ¡El arte… el arte es una extensión de la sabiduría, si no es que es la forma más plena de ella! ¡Llévame contigo! ¡Te lo ruego, te lo ruego!

Sin pensarlo más se quitó el parche, lo guardó en uno de los bolsillos del chaleco formal que estaba en uso, y se trató de arreglar el cabello para que quedara del todo liso.
-¡Por favooooooooooooor! Me vestiré como chica, y… dirás que soy mudo, hablaremos con señas, o escribiré sobre tu mano ¡pero lléeeeeevameeeeee!





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Winter’s kept you
Don’t waste your whole life trying
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