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Hyaku Monogatari

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Hyaku Monogatari

Mensaje por Huli el Mar Mayo 12, 2015 9:54 am

Aquella noche era oscura, lúgubre y silenciosa, la mayoría de los niños dormían (menos uno)… las calles vacías sólo con el susurro del viento y el cantar de los grillos nocturnos atemorizaban con llenar a uno mismo de soledad y negra oscuridad, todo parecía tan solitario, sin embargo no lo era. Una luz al final de uno de los callejoncitos se hacía presente en las ventanas de una casa, era una lucecilla azulada, parpadeaba y minutos tras minuto parecía hacerse más débil, sí, esa noche las calles de aquel poblado sólo eran iluminadas por aquella luz azulada que al principio irradiaba su fulgor al máximo de poco en poco parecía descender ¿Por qué?
 
En una brillante habitación iluminada por cien lámparas de papel cuyo fulgor desprendido era de un color azul cielo, también cien personas se encontraban presentes, una a una contaba una historia, una a una relataba una anécdota, una a una describía una situación. Mas no era una historia cualquiera, o una anécdota común, ni mucho menos una situación sencilla… no. Todas esas cien personas reunidas con sus cien lámparas de papel contaban, relataban y describían historias de terror, anécdotas de espanto y situaciones llenas de suspenso y temor. Era un juego de niños que los adultos habían tomado como distracción nocturna en la cual una a una cada lámpara se apagaba conforme una persona terminaba sus historias.
 
Sí, esa era la causa por la cual aquella luz radiante de color azulada al fondo de un callejón detrás de una ventana se iba extinguiendo de poco en poco. Lo que había iniciado como un juego de niños se había convertido en un desafío mágico y peligroso, donde las personas exponían sus vidas lámpara tras lámpara, historia tras historia con la amenaza de dejar salir algo que se ocultaba en la oscuridad las noches como ésa. Con el paso del tiempo las personas se habían percatado que cada vez que una lámpara azul se apagaba la oscuridad parecía más perenne de lo normal, incluso parecía tener vida y al llegar a la historia número noventa y nueve nadie quería continuar, nadie se atrevía a contar a número cien… por lo que iluminados por la última y única lámpara de aceite azulada que quedaba en la habitación, salían, caminaban por las lúgubres calles y se despedían advirtiendo que el siguiente año contarían hasta la número cien… pero al pasar de los años parecía que “ese año” jamás llegaría... no hasta esa noche en la que ese único niño que no se encontraba durmiendo relatara la historia número cien…


(…)


Quedaba ya solamente la última lámpara y la mayoría de las personas ya se encontraba lista para salir de la habitación y regresar el siguiente año, pero antes de que sucediera, un pequeño de tan sólo 10 años de edad se había colocado en frente de todos, su nombre era Oichi… miró uno a uno tan brevemente como la vaga luz se lo permitía, tomó aire y comenzó a hablar, a relatar. Las personas a su alrededor parecían atónitas, anonadadas y no sabían si dejar continuarlo o cerrarle la boca, pero era bien sabido que cuando uno comenzaba a contar nadie podía detenerle por que iría contra las reglas…  así entonces todos dejaron que el niño comenzara a narrar:

Un matrimonio que tenía un hijo pequeño, siempre se la pasaban discutiendo y peleando. Un día, el padre, en un ataque de rabia, mato a la esposa. El hombre escondió el cadáver y no había rastros del crimen, nadie sospechaba nada. Pero el hombre se percató de algo extraño acerca de su hijo, el niño nunca se quejaba acerca de la ausencia de su madre.
“Hijo, ¿por qué no preguntas por tu mama?” le decía el padre. La mayoría de los chicos de tu edad desean que su madre este con ellos, “Dime qué es lo que te preocupa”.

Y el niño le respondió, “yo estoy bien papa”. “Solo tenía curiosidad por saber porque siempre mama esta trepada en tu espalda”...

 
Cuando la voz de Oichi calló, nadie deseó que dijera “Fin”, pero lo hizo y tras dos segundos después de tomar aire, el chiquillo sopló apagando la última lámpara de papel… la habitación había quedado en completa oscuridad, sólo cubierta por el aroma del aceite quemado utilizado para las lámparas. Sólo la respiración de cada uno de ellos se escuchaba, eran respiraciones agitadas y nerviosas, la penumbra había cubierto todo el lugar y nada sucedía. Las personas comenzaron a reír y a bromear en pocos segundos pensando en todas las ridiculeces que habían pensado cuando se contara la historia número cien… entonces… Entonces el humo grisáceo de las lámparas que permanecía en la habitación se acumuló al centro y poco a poco comenzó a iluminarse con un azul eléctrico intenso.
 
Los gritos no se hicieron esperar, tampoco los empujones, insultos, groserías… comenzaban a golpearse los unos a los otros por salir de ahí pero las puertas corredizas de la habitación parecían haberse atrancado y atorado. Los gritos se escuchaban a calles y calles de aquel callejón y las personas y niños en sus casas comenzaron a despertarse, muchas de ellas eran familias que esperaban a sus esposos, niños que esperaban a sus padres, hermanos… abuelos. Eran los familiares que habían decidido no asistir al evento anual. Alertados los aldeanos salieron de sus casas dirigiéndose a la habitación “Andon”,  agitados, asustados, nerviosos y llenos de pánico tal cuál como las personas encerradas en aquella habitación… Para cuando finalmente padres, madres, hermanos y hermanas de los cien narradores llegaron, lo único que encontraron fue una lámpara semiencendida cuyo fulgor comenzaba a desaparecer poco a poco… no había nadie más, ni hermanos, ni hijos, ni padres, ni abuelos, ni tíos… nadie, ni si quiera el pequeño Oichi.
 
La tenue luz que emanaba de la lámpara de papel se colapsó en una línea recta provocando otro fulgor azulado, una horripilante y espectral mujer apareció, una cruel carcajada brotó de sus malditos labios. La aparición en el cielo maldijo a cada uno de los cien narradores.
 
-¡Ahora son míos, míos, MÍOS!-
 
Los aldeanos se percataron de que llevaba al pequeño Oichi en los brazos y desapareció en la penumbra del bosque… una a una las lámparas apagadas comenzaron a encenderse y la llama en cada una de ellas se liberó del papel convirtiéndose en pequeñas lucecitas que una a una fueron desapareciendo también entre árboles, arbustos y oscuridad…
 
(…)


Una pequeña figura corría por el bosque, sus patitas delgadas pero agiles parecían perderse en el firmamento, parecía volar. Era “el espíritu zorro” tal como la llamaban los humanos de Keybak, no era nadie más que Huli que con rápido andar se dirigía hacia la aldea llamada “Canto del ruiseñor”. A pesar de haberla visto ya varias veces como una zorra roja, los aldeanos insistían en llamarla “Byakko” que significaba “espíritu blanco”, debido al níveo pelaje blanquecino que adoptaba en el invierno… pues en esa zona el invierno era más largo y por ende el pelaje blanquecino de Huli perduraba más que en cualquier otro lugar de Noreth.
 
Si bien, la cambiaformas hasta hace un tiempo no estaba acostumbrada a los humanos, desde que la fallecida anciana Oiwa a quien llamaba “Obacha”, la había llevado al Canto del Ruiseñor Huli no había hecho más que dedicarse a conocer de poco en poco a los aldeanos. Sin embargo sólo había logrado entablar una buena comunicación y relación con Bisha, una mujer viuda de treinta y tantos años que jamás en su vida había podido tener hijos. Bisha solía persuadir a los demás acerca de la pequeña zorra y gracias a ella había logrado llegar tan lejos en su conocimiento sobre los humanos.
 
Apenas hacía pocos días que recién regresaba de su viaje a Thonomer y todo lo que había ocurrido, la Huli ahí presente que corría rompiendo el viento era completamente diferente a la Huli que meses atrás habían conocido los aldeanos.
Mas sin embargo, en su camino por el bosque la pequeña zorra se topó con una criatura que jamás en su vida había visto… a simple vista parecía un simple niño humano… bajó su velocidad quedándose varada y extrañada por su forma de vestir, pues llevaba un paraguas viejo a modo de capa o sombrero y una lámpara en las manos además de su vestimenta rasgada y harapienta, pero en cuanto el niño la vió, sus ojos se inyectaron en pánico, retrocedió asustado y comenzó a susurrar una y otra vez “Inari… Inari…  ¡Inari está aquí!” El chiquillo corrió y corrió recitando una y otra vez aquello… y Huli se quedó confundida sabiendo que lo que acababa de suceder no era normal, algo no estaba bien… algo había sucedido en el Canto del Ruiseñor…








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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Ron el Miér Mayo 13, 2015 2:49 am

Mis pupilas se hallaban completamente dilatadas, enfocando aquella liebre que huía de mi intento por agarrarla. Realmente no tenía hambre, ni siquiera pretendía matarla, era más bien una persecución por diversión… Aquella bola de pelos dando botes era realmente llamativa. Sin embargo, algo rompió mi concentración: un perfume, uno a mujer adinerada, uno de esos olores que en mi mente dibujaban una bella dama. Ignoré completamente a la mata de pelos saltarina para, jadeando, sumamente acalorado, seguir el rastro de aquel aroma.

Tras unos arbustos parecía hallarse el origen de mi nuevo interés. Desde mi punto de vista como perro, únicamente conseguía visualizar el cabello de una fémina, uno muy bien cuidado. Adopté mi postura simpática y entré en aquellos arbustos, esperando no asustarle…

Al final, me esperaba la figura esbelta de una señorita joven, dentro de un hermoso vestido de seda con motivos florales. Parecía mirarse en un espejo de mano, sumida en su negra caballera, asegurándose de que cada una de las flores que la adornaban estaba en su sitio.

Mi repentina aparición entre los arbustos, sin embargo, provocó que aquella damisela separase la mirada del cristal y me apuntase con ella. Mas ella no fue la sorprendida, sino yo, pues su cuello era largo como una serpiente… No se trataba de una cambiaformas, la habría reconocido, aquello debía de ser un espíritu. Benigno o no, me era indiferente; había cosas con las que me enseñaron que la fuerza no servía de nada y esos entes estaban entre ellas. Era mejor no arriesgar.

Retrocedí mientras aquel ser soltaba una risita de flirteo, observándome, retorciendo su cuello… Y en un visto y no visto, ya me encontraba alejándome a toda velocidad de allí, hasta que di a parar con un camino.

Rokurokubi:

Un grupo de aldeanos, con su respectiva descendencia, parecía desesperado. En sus caras podía apreciarse el sudor frío, quizás del miedo o de la misma impotencia. Sus rostros, de entre preocupación y pena dependiendo de a cual se mirase, denotaban cansancio. Estaban buscando ayuda y uno a uno, ansiosos, trataban de conseguir que alguno de los que transitaban de paso por esa zona se la ofreciese. ¿Cómo saber cuando alguien estaba en sus límites? Cuando daban cualquier cosa a cambio por esa ayuda…
Estuve un rato observándolos con detenimiento mientras descansaba de mi último esfuerzo cuestionándome sobre qué les habría llevado hasta tal extremo. ¿Debía intentar ayudarles? Podía, al menos, tratar de informarme y si no me interesaba, marcharme… ¿Quizás incluso, la imagen de aquellos niños que llevaban con ellos sumada a la mía podría conseguirles algún otro que les pudiese ayudar si a mí no me interesase?

- ¿Qué más da? En el fondo sientes la necesidad de ayudarles, ¿no es así? – pensé, hablando conmigo mismo.

- Sí, algo me dice, llámalo instinto, llámalo corazonada, que esto es un asunto del que al final obtendré algo… - me respondí.

- ¿Gratificación personal? ¿Crees que tu lugar en el mundo puede estar entre esas personas y no necesariamente entre un grupo de mujeres?

- ¡No lo sé! – era, sin duda, una situación complicada.

- Quizás tu instinto animal esté comenzando a jugarte malas pasadas, Ron… Tú antes lo hacías todo por dinero, no sentimientos, ni grupos, ni…

- Calla… - me ordené, tratando de poner la mente en blanco.

- Una temporada de vuelta en tu forma humana podría despejarte de nuevo la mente…

¿Despejar la mente? Eso era justo lo que necesitaba: Dejar que mi instinto lo decidiese por mí.
A paso ligero, con el más inocente de mis aspectos, me acerqué hacia aquellos aldeanos que con suerte no se asustarían al verme equipado con mi armadura, sino que verían protección en mí.
Si todo salía a pedir de boca, trataría de ganarme el cariño de los niños con mi carisma, de alegrarles un poco la cara y de esa manera, informarme sobre lo que les ocurría.


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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Seebs el Jue Mayo 21, 2015 6:52 pm

Desde que cayó de aquel carruaje en StorGronne la vida se le había dificultado demasiado, vagó sin rumbo, siendo espantado por criaturas mucho más fuertes que él y por humanos los cuales al verle emitían un grito y corrían clamando por ayuda. No sabe como, pero de alguna manera acabó en los montes Keybak. ¿Nieve? nunca la había visto, llegó durante un atardecer a los montes y casualmente había comenzado una nevada, los copos blancos cayendo sobre él y la luz roja del atardecer lo habían conmovido durante unos instantes. Observó un pequeño pueblo a la distancia, por lo que se dirigió hacia dicho lugar en busca de alimento o un poco de agua.

Al llegar al pueblo fue recibido de una manera bastante más hostil de lo que acostumbraba, las personas de inmediato pensaron que era otra de esos extraños seres horripilantes que se habían desatado últimamente por la zona, Seebs corrió hacia el bosque esquivando los piedrazos, las flechas y golpes de los aldeanos. Corrió tanto como pudo, hasta llegar a un bosque.

- De nuevo en la misma situación ¿eh? - Hubiera pensado Seebs si hubiera sabido pronunciar esas palabras, pero su mente lo asimiló y se dió cuenta de que ese panorama no era del todo desconocido.

Caminó hasta el próximo anochecer, donde encontró una especie de mina abandonada, entró al lugar y caminó durante horas en los diferentes túneles con sus respectivas bifurcaciones. Parecía que bajaba y bajaba, por accidente una vagoneta se fue cuesta abajo chocando a Seebs y haciendo que este cayera al vacío, para aterrizar en una especie de río que había en el fondo, la corriente lo arrastró hacia una especie de ruinas. Seebs tardó en recuperar el conocimiento, pero debido a un efecto de inercia sus poros respiratorios se habrían tapado con agua y este por reacción despertó.

Frente a él había una especie de laguna subterránea, la cual por alguna razón se encontraba iluminada por algunas antorchas que emitían un intenso fuego azul, en una de las rocas que sobresalía del lago se apreciaba una criatura, caparazón de tortuga y unos brazos y piernas largos y con filosas garras al final, el cual parecía estar devorando algo que aparentaba ser un humano.

Criatura (Kappa):

La criatura notó la presencia de Seebs, esta reaccionó con una inminente violencia, se abalanzó contra este y le profirio un rasguño sobre su piel. Seebs retrocedió, tomó cobertura mientras la criatura le perseguía y preparo su boca para escupir su ácido, el ácido impactó en los ojos de la criatura, la cual gritaba de dolor. Seebs vio su oportunidad y la atacó dándole potentes mordidas, le arrancó su cabeza mezclando sus mordiscos con su ácido, estaba obviamente hambriento, aun que Seebs desconocía lo que implicaba aquella situación.

Cuando terminó de devorar a aquella criatura, notó que del lago salían varias más del mismo tipo, Seebs sabía que no podría contra tatnas, por lo que intento huir, pero un extraño temblor sacudió toda aquella galería y causó un derrumbe en la entrada de aquel lago subterráneo.

Las criaturas rodearon violentamente a Seebs, comenzaron a golpearlo y morderlo. Seebs se lanzó rápidamente hacia el laguna y nadó hacia el fondo intentando eludir a sus captores, encontró un agujero el cual contactaba aquel lago subterráneo con un río del bosque, ni tonto ni perezoso, Seebs aprovechó esta oportunidad para salir, las criaturas eran más rápidas que él, pero Seebs escupió parte de su ácido, el cual irritó los ojos de las criaturas al dispersarse este mismo por el agua.

Finalmente salió al río y consecuentemente llegó a la superficie de este, se posó en la orilla, pero se aterró al ver que las criaturas se aproximaban, por lo que corrió lo más rápido que pudo hacia el interior del bosque, hasta ese punto las criaturas habían dejado de perseguirlo, pero el terror le impulsó a seguir y seguir corriendo lo más que pudo, hasta encontrarse con un grupo de aldeanos los cuales hablaban con un sujeto de armadura.

Seebs se acercó esperando ayuda al grupo de aldeanos, entonces dijo las siguientes palabras:

- Mons...truos... ¡Amigos! ... ¡Monstruos! - Gritaba Seebs señalando hacia atrás con sus manitos.

Los aldeanos no tardaron en rodear a Seebs, lo confundieron con aquellas horribles criaturas que surgieron por los alrededores.

- Ayu...ayu...da - Pronunciaba con dificultad Seebs, no sabía por que pedía ayuda, si por la hostil actitud de los aldeanos o por la experiencia que había vivido previamente.
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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Huli el Vie Jun 05, 2015 7:20 am

A breves segundos de lo sucedido entre los arbustos, una diminuta y ligera lluvia se hizo presente, Huli se percató de que sería necesario tomar su forma humana, el tiempo que llevaba transformándose finalmente le habían dado un poco de ventaja, pues se había percatado de que la metamorfosis de humana a zorra y viceversa ya no le era doloroso, sin embargo ahora mismo estaba desnuda y a pesar de que a ella no le importaba, Kokia le había enseñado muy bien que no era algo “correcto” entre las personas, por lo que recordando en donde estaba su antigua madriguera se dispuso a olfatear para reconocerla. Se quedó mirando fijamente en dirección a donde el pequeño niño se había marchado ¿Quién era Inari? ¿Acaso era alguien malo? A Huli le sonaba ese nombre, estaba segura de que lo había escuchado con anterioridad, sin embargo no estaba segura de donde… o de quien.

-¿Inari…? Susurró para sus adentros mientras se dirigía a su madriguera. A pesar de convivir en armonía con las personas, a Huli le gustaba más vivir dentro de aquel pequeño agujero, era algo que sentía propio y le recordaba a su familia, además era el lugar perfecto para guardar sus pocas pertenencias sin correr el riesgo de que alguien más las tocara y eso se refería a su yumi. Asomó la cabeza y estiró los brazos, estaban a su alcance, primero tomó su ropa, la yukata con la que solía vestir, aun que debido a la tierra y al agua se mostraba un tanto percudida, estaba segura de que llegando Bisha o la familia Nitta le pedirían que se cambiara para lavar sus ropajes y bañarla, costumbre de ellos. Una vez vestida tomó su yumi, el chakram que Managarm le había obsequiado y su shinobue, éste último lo guardo en el pequeño espacio a manera de bolsa que se hacía en el nudo del obi por enfrente del kimono. Al mirar su chakram un aire de nostalgia se le vino a la cabeza, suspiró u prosiguió a caminar.

Estaba oscureciendo cada vez más, se había percatado de que esa noche parecía ser más ocura de lo que recordaba, había algo diferente en el ambiente, el olor lo delataba todo… no había sólo humanos en aquel lugar, el cuarzo en su cuello cambió a un rojo  carmesí para pasar después a un tono violeta intenso, casi llegando al índigo, estaba un poco nerviosa, sin embargo la luz que de aquel cristal emanaba le hacía sentirse un poco más tranquila.

Los escasos minutos que había caminado por el bosque le hacían saber que alguien la observaba, pero no era una sola mirada, eran varias, también podía escuchar  voces y susurros… Finalmente sus ojos divisaron las lucecillas de la aldea, sonrió para sí misma pero antes de poder dirigirse al lugar, algo tiró de sus pies haciéndola caer al lodoso suelo, la lluvia serena no parecía ser agresiva, sin embargo el suelo húmedo era lo que representaba el peligro. La cambiaformas permaneció en el suelo durante unos segundos mirando fijamente, tratando de buscar con qué se había tropezado, pero no había nada… nada, y poco antes de levantarse algo volvió a tirar de ella, se había percatado de que era una especie de liana o tentáculo, al observar bien sus ojos se abrieron tan grandes como su piel se lo permitió, era cabello ¡Cabello humano!  Huli tomó su chakram para cortar el mechón, se había dado cuenta de que los finos cabellos comenzaban a cortar su piel.

Al cortar el mechón, éste pareció ser retraído, Huli siguió con la mirada el mechón de cabello y al final de un largo pasaje de arbustos, una misteriosa mujer con el cabello enmarañado permanecía de pie, su rostro no se veía, era cubierto por su largo cabello y sin pensarlo dos veces la pequeña zorra blanca apuntó con su arco… sin embargo, al fijar el blanco en el lugar éste había desaparecido… Huli sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal y corrió de nuevo hacía la aldea, donde tuvo la sorpresa de encontrar las calles solas, vacías y deshabitadas… como si de un pueblo fantasma se tratase…

(...)

En su forma perruna, un curioso cambiaformas se blandía su propio destino en búsqueda de… sólo él sabía lo que buscaba y para fortuna suya un grupo de aldeanos se había topado con él.

-Mira Kora, que bonito perro ¡Míralo!. Vociferó una chiquilla de cabellos lacios que caían pesadamente sobre sus hombros. –Que raro y va vestido… es monísimo hermana,. Respondió un jovencillo de quizás doce años. –Papá, mira que curioso perro. Trató de llamar la atención el niño sin embargo los adultos parecían tener sus propios asuntos. –No creo que papá vaya a voltear Kora…- Habló la niña de unos ocho años quien rápidamente bajó del carruaje para llamar al animal con señas en las manos. –Ven perrito, ven qué monada de pelos ¿Y si nos lo llevamos Kora?- Dijo entusiasmada al ver como su hermano mayor bajaba del carruaje para dirigirse junto a ella. –Estás loca, no sabemos si tiene dueño, además es raro que un perro con esas cosas ande solitario, olvídalo, ¿Dónde lo meteremos?-

La niña bajó la mirada por unos breves instantes. –Pero quizás por eso traiga todo eso, por qué está solo… ¿Qué tal si es un inugami?- Kora miró a su hermana con un aire de desconfianza y bufó. –No seas tonta, Tomoe, si fuera un inugami ya estaríamos muertos… aunque, tómalo rápido, has que suba a la carroza, últimamente hasta los animales nos sirven de indicio para dar con la Ao Andon.-

-Oki Doki, Kora.-

Tomoe era muy pequeña para cargar al perro, sin embargo lo llamó hasta ella ofreciéndole comida hasta que estuvo cerca del carruaje donde Kora lo cargó trepándolo en el lugar, una vez ahí ambos niños se miraron cómplices, pues los adultos ni si quiera parecían prestarles atención cosa que preocupaba al mayor, se había dado cuenta que su propia responsabilidad y la de su hermanita recaían sobre sus hombros, y eso no le gustaba en lo más mínimo…

(…)

-Te digo la verdad, Magne, no ganaremos nada con asesinar a todas esas personas, es lo que busca el demonio, no queda de otra más que…-

-Tenma, hagamos lo que hagamos lo seguirá haciendo año tras año… a menos que no contemos hasta la historia número cien, sin embargo siempre habrás un inocente o ingenuo que lo haga.-

-Pero Magne, son personas, hay niños, mujeres y ancianos ¡Puede haber otra forma!.-

-Para cuando la encontremos ya habremos perdido a la mitad de la población, si no encontramos ayuda actuaremos por nuestra propia cuenta, que las familias se vayan preparando para lo peor…-

-Magne…-

Escazas de éstas palabras había escuchado Ron, poco antes de que algo más interrumpiera la plática, un extraño ser insectoide y de apariencia poco simpática había aparecido a mitad del camino en el pueblillo, al mirarlo los hombres  y mujeres presentes lo rodearon con rostros llenos de repugnancia y poca aprobación.

-¿Qué diablos es esto?-

-Debe ser una de esas cosas Magne, sólo es una vamos has el conjuro ¡No lo mates! –

Sin embargo antes de actuar, todos escucharon las balbuceantes palabras del ser “monstruos, amigos, ayuda…”, algo era seguro, esa criatura no era como tantas de esas que los dichosos aldeanos buscaban, no, esa cosa parada frente a ellos era diferente, se mostraba nerviosa. Tenma observó en dirección donde Seebs había llegado y tan pronto sus ojos se abrieron como platos, un grito se prolongó de su garganta. -¡Kappa! ¡KAPPA!-

Tan pronto los demás se dieron cuenta, comenzaron a buscar algo entre las cosas que la carroza cargaba, muchos hubieran pensado que eran armas, quizás algo por el estilo, pero no… en vez de eso las personas comenzaron a sacar pepinos y arrojarlos al bosque al hacer esto, todas aquellas criaturas comenzaron a abalanzarse sobre los tubérculos perdiéndose en la oscuridad, donde una tenue lluvia comenzaba a hacerse presente. Tomoe y Kora tomaron un paraguas de palma colocándolo sobre ellos y a la vez cubriendo el cuerpo de Ron, el grupo de adultos observaba desconfiadamente a Seebs, sin embargo había algo que no encajaba, era como si aquel antropomorfo los hubiera alertado, de cierta manera le debían la vida pero ese aspecto tan desagradable que tenía no había logrado más que los humanos se apartaran de él dándole las gracias con una reverencia.

-¿Qué harás con él Magne?-

-Nada, no es más que otra criatura  víctima del Ao Andon, deja que nos siga… ya veremos que hacer con él.-

Magne subió a la carroza seguido de los demás, y en ningún momento se percató del nuevo compañero de viaje… Ron, ni Tomoe ni Kora dijeron una sola palabra.








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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Ron el Sáb Jun 06, 2015 9:52 pm

Mientras me aproximaba, la pareja de críos comenzó a llamarme. Al parecer mi aspecto había cautivado a la menor y ésta a su vez había servido de convicción para el niño, algo más crecido. Quedé parado frente a ellos, agitando la cola y ladeando la cabeza mientras la pequeña me llamaba. Se cuestionaban sobre mi aspecto, suponiendo que debía de tener dueño o ser de poco fiar, como solía pasar cuando no iba acompañado. Sin embargo, se propusieron llevarme con ellos. Hablaron algo sobre una tal Ao Andon, querían dar con ella, fuese lo que fuera, y no les importaba recurrir incluso a animales. Parecían muy desesperados y su aspecto tan vulnerable me hacía sentir la necesidad de protegerlos, pues a simple vista los mayores estaban muy ocupados como para darles atención. De pronto la chica comenzó a ofrecerme comida mientras se acercaba a un carruaje. Me adelanté hasta ella, tomando lo que me ofrecía de forma juguetona, procurando no lastimarle. El chico llamado Kora trató entonces de cargarme para subirme al vehículo, pero sabiendo yo que mi peso sería demasiado elevado incluso para ambos de ellos juntos, le eché una mano saltando levemente, ahorrándole el trabajo. Me senté sobre las patas traseras en medio de ambos para tener una mejor vista de todo lo que ocurriese alrededor.

Los adultos, Magne y Tenma, hablaban sobre algo que no lograba comprender del todo. - ¿Matar gente? ¿Contar cien historias? ¿Un demonio? ¿Qué diablos está pasando aquí? - pensaba mientras les escuchaba, hasta que una especie de abominación se acercó corriendo y gritando algo sobre monstruos. Un grupo de seres extraños que nombraron como Kappas aparecieron en el bosque, probablemente culpa de aquel ser tan repugnante. Los humanos se deshicieron de ellos lanzándoles comida y hablaron sobre aquella criatura. - ¿De veras se fían de ese engendro? ¿En serio van a dejar que nos siga?  – Pensé, pues no tenía en mente dejar que esa cosa se acercase ni a mí ni a los niños sin saber más sobre su comportamiento.
Con la vista fija en aquel, con una pose sumamente dominante, traté de advertirle sobre mi postura hacia él mientras el carro comenzaba a moverse. No iba a quitarle el ojo de encima y no dudaría en mostrar mi agresividad si se aproximase en exceso. Mi instinto cánido me obligaba a mantenerme de esta manera hasta que aquel bicho se rindiera, bien mostrándose sumiso o bien marchándose. Mis oídos mientras tanto seguirían en alerta en busca de más información en caso de haber más conversaciones por parte de los adultos.

Al tiempo de partir, ya nos encontrábamos llegando a una especie de aldea. Yo seguía cubierto de la lluvia por el paraguas de aquellos niños, cosa que agradecía con creces pues mi armadura tendía a volverse molesta cuando acumulaba agua. Las calles de aquel sitio se encontraban desiertas, totalmente desoladas excepto por la presencia de una mujer. Una adolescente pequeña, muy bella, vestida con una prenda algo sucia y en apariencia ligera. Llevaba un arco a la espalda y carecía de zapatos. Se encontraba parada bajo la lluvia, y sin embargo, aún podía percibir un discreto hilo de su aroma. Por un momento olvidé todo lo demás: los niños, el monstruo, lo que les preocupaba… Sentía la necesidad de salir corriendo a olfatear a aquella preciosidad, pero más fuerte era el instinto por defender a los pequeños del peligro que pudiera rodearnos… Además, en mi mente se avecinó la imagen de la mujer de cuello excesivamente longevo que hube encontrado antes. - ¿Qué me asegura que no es otra de esas? – pensaba – Necesito acercarme a ella… ¿Pero cómo lo hago sin humedecer en exceso mi armadura ni dejar a los niños a merced del peligro? – era todo lo que se me pasaba por la cabeza en ese momento.


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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Seebs el Vie Jun 19, 2015 9:05 pm

Seebs notó como le integraban rápidamente al grupo y como espantaron a aquellas horribles criaturas, ese era motivo más que suficiente para que este siguiera al grupo de aldeanos hacia su destino.

Debido a su corta edad (3 años) aún le gustaba juguetear y correr, por lo que intentó acercarse a los niños y dar vueltas alrededor de estos, pero notó que aquel perro le amenazaba por lo que decidió retroceder y limitarse a perseguir su cola, dar vueltas alrededor del grupo de aldeanos, procurando claramente nunca acercarse demasiado al perro y a los niños, además de escuchar como los aldeanos hablaban de una especie de portal y espectros que habían salido de este, aun que claro, a Seebs le presentó una gran díficultad entenderlos.. Prosiguió con esta rutina durante todo el trayecto. Claro no todo podía ser felicidad, Seebs había atacado a aquellas criaturas y por alguna razón escuchaba cientos, no, miles de voces que le pedían ayuda, al principio eran simplemente susurros, el pensó que eran los aldeanos, pero luego comenzaron a intensificarse y multiplicarse, miró en todas direcciones pero no había nada, tuvo que soportar aquella situación todo el trayecto, con bastante desagrado. Llegaron a una ciudad abandonada en la cual yacía una mujer que muchos humanos considerarían como bellísima y exquisita, vestida de unos harapos, notó como todo el grupo dirigía su atención hacia ella, como hasta incluso el mismo perro que vigilaba celosamente a los niños había desviado su atención hasta esta.

Sin pensarlo dos veces, Seebs corrió hacia ella para olfatearla y tener una mejor visión de ella, mientras caminaba hacia ella vomitó lo que parecía ser el resto de un Kappa. Ya estando cerca de ella la olfateó y se inclinó y apoyó sus manitas sobre ella para ver cual sería su reacción. "Seebs, seebs" murmuraba la criatura, para luego proceder a intentar comunicarse.

- ¿Monstruo? - Preguntó Seebs mientras miraba con curiosidad a la chica, le parecía que había algo extraño en ella, algo que los humanos regularmente no tienen.


Última edición por Seebs el Jue Jul 09, 2015 7:38 pm, editado 1 vez
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El Zorro, la comadreja y el Oni

Mensaje por Aulenor el Sáb Jun 27, 2015 2:29 am

__Los pasos de Aulenor le habían llevado hasta los montes de Keybak, y el efecto combinado del peso de su macuto y un sentimiento de nostalgia que comenzó a invadirle le obligarón a hacer un alto en el camino para descansar y observar el paisaje. Aunque no eran exactamente iguales a Daulin, seguían siendo de las pocas montañas que había encontrado en sus andanzas, y le hacia recordar Rukyn y a Daargo. ¿Cómo estaría? ¿Se las arreglará bien él solo? Daargo ya era un wyvern macho bien capaz, pero nunca antes había estado solo, y estaba claro que igual que él estaba ahora rememorandolo, su hermano también le echaría en falta. Pero aun era demasiado pronto para la vuelta a casa, aun no había visto la inmensidad del mundo, ni siquiera había mejorado sus habilidades como herrero.
__De pronto, una gota de agua le golpeo en la cara  interrumpiendo sus pensamientos, y no fue la única, rápidamente, comenzó a caer un sirimiri que obligo al nagar a abandonar su descanso y continuar la marcha. Aunque parecía que no mojaba, realmente lo hacia, y muy rápido. Pronto, se formarón varios ríos de abundante caudal que resbalaban por sus escamas, y su macuto comenzó a tener mas y más peso, notándose cada vez mas que sucumbía antes el peso del yunque que llevaba dentro.
__Ante la posibilidad de que se le rompiera la bolsa, decidió refugiarse de la lluvia en el abrigo de un saliente rocoso resguardado ademas por algunos arboles. Aulenor se sentó allí quitándose la mochila y comprobando su interior.

__Cuando hubo acabado de comprobar su equipaje y ya solo le quedaba esperar que pasará el aguacero, se percato de que no era el único que se había resguardado de la lluvia en aquel lugar. Un zorro y una comadreja le observaban desde debajo de un pequeño arbusto que había en el lugar. Aulenor expuso como supo sus intenciones pacificas y les invitó a acercarse, pero los animales no se inmutaron ante el intento de comunicación del nagar. Se disputo a repetir sus gestos de nuevo cuando de pronto, el zorro habló:
-Nani o shite iru nodesu ka?
__Aulenor quedó completamente sorprendido de la capacidad del zorro, sin embargo no comprendió ni una palabra de lo que este dijo.
-Rikai shite inai-respondió la marmota a su compañero mostrando la misma capacidad.
__El zorro se aproximo entonces a Aulenor y se paró en frente de él mirándole seriamente a los ojos. entonces le soplo en la cara al nagar quién comenzó a oir cientos de voces en su cabeza, todas en el idioma en el que habian hablado antes los 2 animales. Aunque todo fue en un instante, poco a poco según oía las voces fue entendiendo palabras, mas tarde algunas frases y finalmente, comprendía por completo todas las voces que oía. Entonces, cuando el aire que el zorro habia propulsado dejo atrás sus orejas, las voces desaparecieron por completo y el zorro volvió a hablar:
-¿Nos entiendes ahora, Furēku(escamado)?-seguia hablando en el mismo idioma que antes, pero ahora Aulenor lo entendía por completo.
-Si...-respondió el nagar aun confuso por lo que acababa de pasar-¿Cómo has hecho eso?
-No hay tiempo para eso, Furēku, necesitamos tu ayuda-exclamó la comadreja
-Un poco más adelante, en este camino hay una cueva. Dentro se encuentra una persona herida-explicó el zorro
-Nosotros no podemos hacer nada por él. Por favor Furēku, ayudale-exclamó la comadreja
__Sin pensárselo dos veces, Aulenor asintió, se levanto y comenzó a correr en la dirección que le habían indicado. Los 2 animales le siguieron con la vista hasta que le perdieron el rastro y entonces se volvieron hacia el macuto que el nagar había dejado atrás para que no le relantizara.
-No me puedo creer que realmente tu idea haya funcionado, Itachi
-Te dije que era un idiota, el Oni de esa cueva no dejará ni un hueso de él. Anda, ayúdame a abrir esta bolsa Kitsune.



__No tardó demasiado en encontrar la cueva que los dos animales le habían indicado, ésta era una oscura cavidad que parecía llegar al corazón de la montaña misma. Tras atravesar el umbral, el olor a tierra mojada del exterior se fue sustituyendo por un hedor más propio de madrigueras. Aulenor intentaba agudizar sus sentidos mientras avanzaba por la cueva buscando al necesitado, sin embargo, no conseguía distinguir ningún indició de vida en el lugar.
__No tardó mucho en descubrir que la cueva no era tan profunda como parecía en un principio, ya que encontró con el final de ésta, y aun seguía sin ver a la persona herida ¿Habría conseguido salir por su propio pie? Si era así, entonces aun estaría por el camino seguramente. El joven se dio la vuelta rapidamente para chocarse de lleno con un torso rojo y caer de culo.__Ante él se encontraba un gigantesco ser parecido a un demonio: de color rojo; con cuernos; cabello negro; garras en los dedos de los pies y las manos; dientes afilados y ojos amarillos, quién portaba un gigantes garrote de metal y vestia solo con una piel de tigre cubriéndole la cintura.
__El gigantesco ser se quedó mirando a Aulenor con cara furiosa mientras éste, aun en el suelo, le observaba de arriba a abajo una y otra vez totalmente sorprendido por no haber notado su presencia en absoluto. Debido a su expresión enfadado, y a que era unico ser que estaba en la cueva, Aulenor se vio obligado a hacer la siguiente pregunta:
-¿Eres tú la persona herida? El zorro y la comadreja me pidieron que te ayudará, ¿Qué te ocurre?
__El Oni no se debió de tomar a bien las palabras del nagar, ya que respondió con un gran grito de furia mientras levantaba su enorme maza y atacaba con ella al joven, quién a penas consiguió esquivar al golpeo rodando. Al ver las intenciones de su atacante, Aulenor desenvaino su espada y le propició un corte en el costado mientras se levantaba del suelo. O esa era su intención, ya que su espada atravesó el cuerpo del ogro como si de aire se tratará, sin provocarle ninguna herida.
__El gigante, por su parte, volvió a atacar al joven, quién consiguió volver a esquivar el golpe inicial, pero no las rocas que levantó éste y que le golpearon fuertemente en el brazo derecho y en la pierna izquierda. Siendo consciente de su desventaja, el nagar no tuvo mas remedio que comenzar la huida hacia la salia de la cueva, pero el Oni le seguía persiguiendo dando garrotazos a una velocidad realmente sorprendente, más aun considerando el peso de la maza.
__Cuando Aulenor estaba a punto de alcanzar la salida de la cueva, el Oni dio un gigantesco salto mientras lanzaba un ultimo ataque con su maza, que golpeó el suelo a escasos centímetros de dónde se encontraba el nagar, quién salio despedido por la increíble fuerza del golpe y comenzó a caer montaña abajo, chocándose con arboles, arbustos y rocas, hasta llegar a la parte mas baja del valle, donde se golpeó finalmente la cabeza con el tronco de un árbol y quedó inconsciente.


Última edición por Aulenor el Mar Dic 01, 2015 8:11 pm, editado 3 veces


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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Huli el Miér Jul 01, 2015 8:09 am

La lluvia parecía ser la misma ni más grave, ni más tenue, no había truenos, ni yaros, ni viento… no había nada más que el sutil caer de las hojas en aquel tenebroso lugar plagado de espectrales lámparas de aceite que amenazaban con apagarse con el más mínimo rose del viento. Las casas eran todas iguales, todas de madera con techos bajos, todas muy juntas como si quisieran estar una encima de la otra, pero solas, no… no es que no hubiera nadie, las personas se mantenían ocultas en sus casas cuidándose los unos a los otros, familias se juntaban con otras para no perderse en la locura de la oscuridad y darse apoyo mutuo… Huli no sabía lo que estaba sucediendo. En realidad, nadie lo sabía.
 
La carroza se detuvo tan inmediatamente como Magne se percató de la presencia de aquella jovencita que le resultaba familiar, sus ojos se abrieron grande y Tenma hizo la misma mueca -Es… ¿Es la nieta de Okia?- Preguntó Tenma un tanto desconcertado…-Tenía entendido que se encontraba en Thonomer… Magne ¿Y si no es ella? ¿Y si es otra de esas cosas que se hace pasar por humano? Magne la observó por largos minutos bajo la lluvia, la joven giró su cuerpo y entonces… y entonces el ser insectoide se abalanzó corriendo hacia ella con una curiosidad casi exagerada-, la joven observó al ser, dio un paso hacia atrás colocando las manos por enfrente con cierta sorpresa, a simple vista se le había venido la idea de un cachorro pequeño que busca jugar con los más grandes… aquella joven se quedó parada evitando que el animal tocara su rostro,  estuvo a punto de apuntar con su yumi… pero la criatura parecía ser “amistosa” al menos si fuera un depredador, Huli sabía que ya hubiera sido atacada.

En vez de eso parecía haber vomitado algo, quizás la criatura estaba enferma o había comido mucho, la pequeña zorra blanca hiso una mueca de desagrado, no por el hecho de vomitar, sino por lo que había vomitado, sin acercarse mucho, Huli olfateó elevado el rostro y bajó la mirada para observar a la criatura “¡Monstruo?” preguntó aquel ser y Huli frunció el ceño  confundida
–Yo… yo no soy un monstruo…-Susurró casi para sus adentros, dio un respingo y se acercó a lo que el ser había devuelto, parecía ser  un dedo… o varios dedos y pedazos de carne. La joven sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal ¿Acaso lo que había devuelto había sido el monstruo…?
 
¡Maldito animal! Aléjate de ella ¡Largo, largo… vete!- Gritó Tenma haciendo señas con una especie de bastón, Magne tomó su sombrilla y alejó al bicho de Huli, ambos se miraron y el hombre suspiró – ¿Quién eres?- Preguntó frío y sereno, Huli no lo veía, pero llevaba una daga entre las manos, listo para atacar dependiendo de la respuesta de ella. La joven lo miró confundida y ladeó la cabeza… -Yo… yo soy Huli, la nieta de Kokia, yo… regresé de Thonomer para buscar  a…- bajó la cabeza con cierta melancolía. –Quería buscar al ermitaño de los montes…-
 
-El ermitaño murió hace tiempo, probablemente se suicidó, lo siento por tu mentor, es… es una lástima que hayas regresado en un momento como éste- Un notorio asombro se hizo notorio en el rostro de Huli, su pecho comenzó a agitarse aceleradamente… Managarm estaba muerto, su mentor estaba muerto y ahora ella viviría por siempre con la idea de que su mentor era un traidor, no volvería jamás a poder arreglar aquella situación, una parte de ella le decía que eso no era cierto… no, no era cierto. Sin poder decir nada, Huli trastabilló cayendo desmayada, Magne la tomó por los hombros desconcertado y sobresaltada, no cabía duda, esa chica era la Huli de la aldea, la nieta de la difunta Kioko…

-Magne ¿Qué ha sucedido?-

-Le dije que el viejo ermitaño falleció, debió haber sido un shock emocional muy grande para ella, ese cambiaformas era lo más cercano a  un padre que tenía. Vayamos con la familia Nita, quizás nos quedemos ésta noche con ellos… será lo mejor.-

-¿Has visto al perro que traen tus hijos?-

-¿Qué perro? ¿Qué demonios…? ¡Kora! ¿Qué es eso? ¿De dónde lo trajeron… Por Inari, bájalo de la maldita carreta ¿Crees que es tiempo de traer a un animal desconocido a casa?-

-Pero papá… estaba solo en las calles, estaba frío y se estaba mojando y…- Dijo la pequeña.

-Me importa poco cómo estaba el maldito animal ¿Qué no están al tanto de lo que está sucediendo? Es el colmo con ustedes, siempre pensando en estupideces infantiles…-

-Papá, fue mi idea traerlo…- Dijo Kora. –Yo le dije a Tomoe que lo llamara, porque estábamos solos y teníamos frío…- Aquellas palabras dieron de lleno en el pecho de Magne quien no tuvo otra opción mas que callarse y continuar el camino…

Las calles oscuras iluminadas con aquellos faroles parecían incitar a una locura temeraria de la cual uno no sabía si saldría… Ron debía caminar ahora a un lado de la carreta, los niños a final de cuentas habían hecho caso a su padre, pero no querían dejar al animal sólo en un lugar que no conocía, así que Tomoe seguía hablándole a escondidas para que los siguiera. Fueron unos quince minutos de camino desde la entrada de la aldea, la casa se encontraba muy cerca de un río medianamente profundo, al llegar a casa de la familia Niita, quien abrió la puerta fue un hombre de  una edad cercana a los cincuenta años, su nombre era Kurogane, el jefe de la familia Niita. Kurogane los recibió rápido, lo dejó pasar mirando hacía todos lados como si vigilara de que nadie más entrara.


 
-¿Con quién viene el perro?- Prguntó un tanto extrañado al ver al animal.
 
-Lo traen los niños, déjelo pasar suegro, es mejor tenerlo adentro que dejar que vague afuera…-


-¿Qué le sucedió a la joven?- Preguntó al ver a la cambiaformas en los brazos de Magna.


-Se desmayó, es la nieta de Kioko, la zorra blanca que deambulaba por los bosques.-

-¿La joven cambiaformas? Dioses nuestros… mal tiempo que ha decidido en volver, pediré a Sayuri que prepare un futón, acompáñame Magne, hay ciertas cosas que debo hablar contigo.-

-Si…- Asintió el hombre con la cabeza aún con Huli en brazos. –Espérenme aquí niños, no quiero que se metan en problemas, mantengan las narices donde deben…-

 
-¿Se ha enterado de su mentor?-

-No pude evitar decírselo…-

-Le dijiste la verdad ¿Supongo?-

-Le dije lo que todos creemos, punto…-

 
 
(…)

Todos los aldeanos que habían salido en la carreta ahora se encontraban dentro de al casa de los Niita, Tenma y su mujer habían ido a dormir ya, Magne aún se encontraba con Kurogane y los restantes parecían vigilar, los niños aún no iban a dormir y se encontraban en el patio trasero de la casa sentados a las orillas de las puertas corredizas. El perro solitario que habían encontrado estaba ahora con ellos, pues parecía que nadie más en el lugar lo quería, no es que no fuera agradable, es que las personas tenían incluso miedo de los animales pensando que probablemente también podrían ser criaturas endemoniadas.

-Kora, tengo miedo… nuestros tíos y la demás gente siguen sin aparecer ¿Qué crees que haya sido de Oichi?-
Dijo temblorosa la pequeña Tomoe.

-No lo sé Tomoe, para serte sincero yo también tengo miedo… papá ha estado muy extraño últimamente –
Pensó el niño mayor mientras acariciaba el lomo del animal. –Oye Tomoe, la chica que papá encontró ¿Verdad que era la misma chica que llegó aquí hace poco menos de un año? La que llegó con la abuela amiga de la abuela Sayuri.-

-El señor Tenma dijo que era la nieta de Kokia, sí, creo que así se llamaba, la abuela Sayuri le decía Kitsuki de cariño, porque se parecía mucho a los mensajeros de Inari en invierno.- Respondió Tomoe mientras bebía una taza de té que su hermano había preparado, sin embargo estaba frío pues había estado guardado en un cántaro por casi toda la tarde. – Ella podía convertirse en un hermoso zorro blanco durante el invierno y…- Sin embargo los ojos de Tomoe se abrieron tan grande como pudieron, su rostro palideció y contuvo la respiración, miraba hacía un lado… miraba hacia la nada y después señaló a la oscuridad del patio, donde topaba la pared de una casa vecina…

-No mires… Tomoe, no mires…-

Al mirar al frente una figura femenina se alzaba sobre unas rocas, llevaba un kimono fúnebre de color blanco manchado, su rostro cadavérico se mantenía oculto por sus cabellos, largos, gruesos y pesados mechones caían sobre este, sólo sus labios amoratados podían verse… lamía el agua de lluvia que caía sobre sus manos y brazos y se lamentaba por algo, cuando elevó el rostro, Kora se levantó de inmediato jalando a su hermana menor hacia adentro, “pateó” al animal en un costado para que entrara a la casa y cerró de inmediato la puerta corrediza. Siguió jalando a su hermana y ambos se abrazaron en un rincón del cuarto continuo, Tomoe abrazaba a Ron como si jamás hubiese abrazado a nadie y…

-Niños… Tomoe… pequeña Tomoe no temas, sólo quiero ver tu bello rostro de  nuevo…-

-¡No la escuches Tomoe, tápate los oídos, sólo quiere llevarte tápate los oídos!-

La puerta corrediza se abrió, la figura apareció, sus pies no tocaban el suelo y detrás de ella una marca húmeda y sombría de agua quedaba en el tatami… -Pequeña Tomoe…- Ambos niños permanecieron abrazados y antes de que la mujer de lluvia pudiera tocarlos, Kurogane apareció con Huli frente a él -¡Atrás monstruo infernal!- Y al decir esto  tomó  ña chica de los hombros colocándola unos pasos por delante, la mujer lluvia la observó, su rostro palideció aún más y un sonoro y desgarrador alarido cubrió la casa, aquel demonio huyó tras las palabras “Inari, Inari” y desapareció… en la oscuridad de la lluvia.


-No puedo creerlo… es cierto…-


(…)

 
Cuando Huli despertó de su desmayo, se encontró con Magne y Kurogane en una seria conversación, Sayuri se encontraba a un lado de la joven y parecía bordar algo .-Es bueno saber que has despertado…- Dijo la mujer con una melancólica sonrisa. –Lamento que te hayas enterado del ermitaño de ésta manera pequeña kitsune-  Ambos hombres miraron a  la cambiaformas con cierta incredulidad y extrañeza, el hombre mayor asintió con la cabeza.

-Magne, por lo que veo no tuvieron éxito con la búsqueda…- Prosiguieron ambos con su conversación.

-No suegro… verá lo único que conseguimos fue que mis hijos se trajeran a un perro callejero y una extraña criatura aberrante que a saber dónde quedó, la gente no quiere ayudar, no nos cree… cree que estamos loco y nos humillan, no sabemos qué va a suceder y…-


Huli solía mantenerse callada, pero esta vez no lo hiso. –Señor Kurogane… ¿Qué ocurre? ¿Por qué el pueblo huele diferente? ¿Por qué el bosque se siente tan denso y oscuro…? –

 
-Huli… el pueblo ya no es el de antes, hicimos algo que no debíamos hacer, soltamos una catástrofe y con ello se vinieron los seres infernales más temibles que la aldea haya visto… Somos presa de los mismos demonios.-

-¿Se refiere a las personas extrañas que rondan el bosque? ¿Al niño de la sobrilla rota y a la mujer de los largos cabellos? -

-Huli, no son personas…-

-Pero huelen como ustedes… sólo que un poco diferentes, a fin de cuentas humanos…- Un silencio sepulcral se hizo presente, Sayuri, Kurogane y Magne miraron extrañados a Huli - ¿quién es Inari? ¿Todos ellos le temen a Inari?-

-Inari… Inari es la diosa que protege nuestras cosechas, nuestras familias y la fertilidad de una mujer, kitsune linda…-

-¿Por qué “ellos” me llaman “Inari”?- Y de nuevo el silencio se hizo presente… hasta el momento en el que los gritos de los niños se escucharon…


(…)
 

En alguna parte de la aldea, en aquella casa donde las cien historias habían sido contadas, un as de luz azulado recorría el lugar de lado a lado observando el amanecer próximo… durante el día ellos no podían ser vistos por que la luz los debilitaba, durante el día todos ellos permanecían ocultos en la oscuridad que sólo en aquella casa existía… durante el día las vidas de todos volvían a la normalidad hasta que el anochecer llegara..

Pero en ese momento la dama de azul observaba lo que sucedía, esa dama quería TODO para ella, quería hacer suyos a cada uno de los aldeanos, quería gobernar en aquel ligar aún y cuando sólo fuera de noche…








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El encuentro con Lluvia

Mensaje por Aulenor el Jue Jul 02, 2015 2:33 am

__Aún era de noche y seguía lloviendo cuando Aulenor se despertó. Se encontraba tirado en el suelo, boca abajo, junto al tronco de un árbol. La cabeza le daba vueltas, tenía todo el cuerpo dolorido y se encontraba totalmente desubicado. Su primer instinto fue escupir, tenia la boca llena de hojas de pino que se le habían metido durante la caída. Después intentó levantarse, descubriendo que se había dislocado el hombro izquierdo en el proceso.

Música
__Se reincorporó con dificultad debido a los fuertes fuertes dolores, sentándose apoyado en el tronco del árbol que esta junto a él, y una vez sentado, procedió a comprobar su estado. Aparte del hombro no parecía tener heridas mayores, solo algunos moratones y alguna escama desprendida, nada grave, aunque a cualquier movimiento todo su cuerpo le dolía.
__Se levantó buscando entre los arboles cercanos algún sitio que le sirviera para lo siguiente que tenia que hacer. No tardó en encontrar una gruesa rama en forma de "Y" en la que encajó su brazo derecho, agarrando la rama fuertemente con su mano y antebrazo. Mordiendo un palo bastante grueso, dio un fuerte y rápido paso hacia delante consiguiendo que su brazo cascará, pero no pudo corregir el dislocamiento. Con lágrimas en los ojos, y algo mareado por el dolor, se preparó para repetir el proceso, esta vez con más fuerza. Le dolió tanto que rompió el palo que tenía en la boca y cayó al suelo con el retroceso del paso, pero a pesar de todo, esta vez le salió bien, volvía a tener el hombro en su sitio.
-Vale... *resoplido* vale... estoy bien...-exclamaba en voz alta entre fuertes resoplidos de cansancio para calmarse a si mismo, mientras giraba su brazo comprobando que lo había hecho bien-Estoy bien...
__Mientras seguía aún sentado en suelo, inspeccionó con la mirada sus alrededores, intentando ubicarse y recordar los sucesos que le habían llevado hasta ese lugar.
-Debí de caer montaña abajo... ahora debo de estar cerca del rió-dijo en conclusión. Más tarde se acordó de sus pertenencia y tras revisar que efectivamente no las tenia con él, gruñó diciendo-Argg... Lanula... he debido de perderle en la caída... y tengo mi macuto aun allá arriba... donde encontré a esos dos... pero... con ese gigante rojo... -la impotencia que sentía le impuso el silencio, meditando sus opciones mientras seguía oyendo la lluvia caer. Tras unos instantes exclamó-necesito agua-y se dirigió al rió para beber.

__Tal y cómo había deducido, no estaba muy lejos del rió que discurría por fondo del valle. Éste era poco profundo pero bastante ancho, cosa que le resultó extraña ya que éste debía de ser su estado de máxima crecida, era plena época de deshielo y lluvias. Aqui, la ligera lluvia que aún seguía cayendo con la misma intensidad que cuando empezó y que en mitad del bosque era bastante silenciosa, se hacía bastante ruidosa.
__El joven se acercó hasta la orilla y agachado la cabeza comenzó a beber en grandes cantidades para quitarse el saber a pino que aun persistía en su boca. Una vez hubo saciado su sed y mientras se limpiaba los morros con el brazo, se dio cuenta de algo completamente inusual: ¡el río corría hacia arriba! Alzó la vista intentando diferenciar algo entre los arboles de lo profundo del valle, buscando la causa de este incumplimiento de la gravedad, y finalmente, no sin algo de dificultad consiguió discernir un poblado humano casi al fondo del valle.
__Quitandole importancia al sentido del arroyo y preocupándose más por su estado actual el primer pensamiento que se le pasó por la cabeza fue "Quizá debería pedir ayuda en el pueblo..." mientras, caminaba un poco río arriba para verlo mejor "El problema sería localizar esta zona después... no es plan de perder a Lanula...". Tras meditar sus opciones durante un buen rato, decidió que lo mejor sería dejar algún tipo de señal junto al rió para localizar con facilidad el lugar para poder encontrarlo de nuevo una vez hubiera descansado y puede que incluso conseguido ayuda.
__Así pues, comenzó a apiñar unas cuantas rocas cerca de los árboles de la ribera, no demasiado cerca del agua para ser sumergidos pero tampoco tan metidos en la espesura para que fuera difícil distinguirlos.
__Estaba casi acabando, le faltaban ya solo colocar dos cantos más, cuando se percató de que algo se movía junto a la orilla, entre las rocas. Al acercase descubrió a una joven humana desaliñada, ataviada con un kimono azul y totalmente calada de pies a cabeza. Parecía completamente desubicada.
-¡Hey! ¿Te encuentras bien?-exclamó Aulenor en idioma común mientras se iba acercaba más a ella, algo preocupado-¿Qué haces aquí? ¿Eres de la aldea?
__La chica no dijo nada, en su lugar miró al joven nagar a los ojos y sonrió tímidamente. El escamado, a ver la reacción la chica supuso que, o no hablaba ese idioma o no sabía responderle a aquellas preguntas. Entonces, tras un pequeño silencio dijo:
-¿No tienes ni idea de dónde estás verdad? Supongo que has llegado a través del río...- la chica seguía sin mostrar respuesta alguna, solo le seguía mirando a los ojos y sonreía. Aulenor intentó devolver una sonrisa tranquilizadora mientras seguía hablando-Tranquila. Intentaré ayudarte. He visto un poblado más adelante, río arriba, iba a ir hacia allí cuando...-tuvo que interrumpir su discurso al notar el humedad tacto de la chica en su espalda, que cuando éste se había dado la vuelta para indicar la dirección del pueblo, había comenzado a abrazarle. En lugar de algún interés romántico, al chico ésta reacción le recordó cuando su hermano Daargo se escondía detrás suyo asustado, buscando consuelo y se volvió para devolverle el abrazo a la chica-¡Hey! Tranquila. Sea lo que sea, ya ha pasado.
__Si el joven no estaba ya completamente calado por la lluvia, acabó de estarlo. Más que estar mojados, parecía que el agua emanaba del pelo y la ropa de la chica. El abrazo duro casi medio minuto, Aulenor se sentía un poco incómodo por el agua, pero como estaba tratando de calmarla no podía ser él el que cortará el abrazo.
-Vale, tranquila, no te va a pasar nada. ¿Tienes nombre? ¿Cómo te llamas?-dijo una vez hubo acabado el abrazo.
__La chica no respondió, solo siguió mirando al joven escamado. Como no contestaba, éste asumió que su nueva compañera era muda.
-¿No puedes hablar? oh vaya... eh... ¿Y cómo te llamo yo a ti entonces?-se quedó un momento pensando en lo que sabía de la chica para poder ponerle algún nombre que hiciera un apaño, sin embargo tampoco sabía gran cosa-Bueno... sé que es poco original pero... ¿Qué te parece si te llamo Lluvia? puede que después de lo que te debe pasado no te apetezca mucho, pero no sé me ocurre otra cosa...-cuando éste dejo de parlotear nervioso por no saber si estaba actuando debidamente, y dio espació para esperar la respuesta, la chica asintió-¿Te parece b'en? Bueno, pos Lluvia entonces. Por cierto, yo soy Aulenor... aunque... supongo que no te sirve de mucho saberlo... eh... perdona... anda, venga, vamos.
__Comenzaron entonces la marcha por el bosque siguiendo el recorrido del río para llegar hasta la aldea. Durante el viaje, aunque la lluvia no cesó, el cielo se abrió levemente y pudo verse la luna, pero a pesar de que estaba llena, la noche se notaba mucho más oscura de lo habitual, dándole un aire tenebroso al entorno.
__Aun así, en el río se reflejaba la luz lunar así como la de unas pequeñas bolas luminosas azules que flotaban por el aire dejando una estela tras de si. Aunque al nagar le pareció luciérnagas, no eran sino hito-damas: las almas de los recién fallecidos que vagaban por el valle en silencio.
__El nagar le iba contando a su compañera cómo había llegado hasta el lugar, a falta de otra idea para hablar, ya que ésta parecía intranquila cuando éste dejaba de prestarle atención. Como iba entretenido, el trayecto se le hizo rápido y no tardaron en llegar al poblado, que se levantaba en una bifurcación del rio pareció casi una isla. La mayoría de las casas estaban techadas con pizarra, se asentaban sobre una plataforma de madera y sus paredes eran de madera y un material blanco translucido hecho con celulosa. Casi ninguna utilizaba piedra.
__Mientras cruzaban el puente, el pueblo se veía desierto, sin ninguna persona en la calle ni ningún sonido que indicará presencia de alguna, cosa que era de esperar debido a la hora que era. El único movimiento era el de las "luciérnagas" que aquí se encontraban en mayor cantidad. Sin embargo, se respiraba un ambiente extraño y lúgubre que Aulenor no había sentido nunca.
__Nada más acabar de cruzar el puente y poner un pie en el poblado, comenzó a oír risillas infantiles en la lejanía y según avanzaban, comenzaron a ver un nuevo tipo de ser. Se trataba de unos seres de fuego, con forma de niños humanos que flotaban por las calles portando un candelabro en sus manos. Parecían observar desde la distancia al nagar, siguiendo su mismo recorrido desde otras calles y riéndose. Aulenor creó que se trataba de los habitantes de la aldea, al fin y al cabo, criaturas más raras había visto en las ciudades que había visitado, y trataba de llegar hasta ellos, pero éstos siempre se mantenían a distancia. Lluvia seguía al joven en silencio, intentándole consolar acariciándole el brazo cada vez que los Abura-akago, que era cómo se llamaban estos seres, le deban esquinazo.
__Mientras continuaba este juego de carreras, el joven llegó a una callejuela oscura en la que se encontró con otro nuevo ser, esta vez de figura conocida: una mujer humana, joven de tez pálida y cabello extremadamente largo, vestida también con un kimono como Lluvia, pero de color negro, sin muchos adornos y sin estar calado. Sé encontraba de espaldas a la calle en la que estaba el joven nagar, pero al notar a éste, la mujer se dio la vuelta y le dirigió una mirada seductora y una sonrisa coqueta. El escamado la miró extrañado, algo en ella le daba mala espina y ademas actuaba raro, sobre todo para ser la única humana que había visto en la aldea. Cuando Lluvia le alcanzó y vio a la mujer, comenzó a tirar del brazo del chico queriendo alejarlo del callejón.
__Dejándose llevar por la joven se apartaron del callejón y se escondieron detrás de un carro que había en la calle. Mientras el joven le preguntaba inútilmente a su acompañante qué pasaba, se pudo oír como la mujer salía del callejón, y al mirar hacia ella, gracias a la luz de los hito-damas, pudo descubrirlo. El cabello de la mujer se movía por cuenta propia, como si fueran tentáculos y cada uno de ellos tenía una especie de gancho de púas en forma de aguja en su punta. Un aura de depredador rodeaba al espíritu que ahora, enfadado, seguía el rastro de agua que dejaba la chica y que era notoria a pesar de los charcos que cubrían las calles.
__Aulenor y Lluvia salieron corriendo por los callejones mientras los tentáculos de la mujer les pisaban los talones y, por desgracia, el rastro de agua que iba dejando Lluvia no les permitía perderla. Sin embargo, si conseguían sacarle algo de ventaja y cuando consideraron que fue bastante pararon un momento en un callejón para recuperar el aliento.
-No sé qué tipo de magia usa esa mujer pero no me gusta, y ahora mismo estoy demasiado magullado para combatir.-decía el nagar respirando pesadamente mientras se pasaba la mano por sus moratones-Lluvia, nos consigue seguir gracias al rastro de agua que dejas. Tenemos que conseguir entrar en alguna casa y conseguirte ropa seca.-se acercó a la esquina para vigilar el exterior y no tardó en ver uno de los cabellos de la mujer apareciendo por la esquina-¡Ya está aquí! ¡Lluvia cor...-al darse la vuelta, descubrió  atónito que su compañera se había desvanecido, dejando tras de si solo un gran charco de agua.
__Sin embargo, Aulenor no tuvo mucho tiempo para sorprenderse, ya que de nuevo, los cabellos de su perseguida aparecieron por la esquina y el joven tuvo que salir corriendo. Esta vez, sin su compañera dejando un rastro, no tardó en dar esquinazo a la mujer y se escondió saltando la valla del patio trasero de una casa.


Última edición por Aulenor el Mar Dic 01, 2015 8:16 pm, editado 2 veces


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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Ron el Sáb Jul 04, 2015 2:32 am

Parecía que no era el único que contemplaba la posibilidad de que aquella chica fuese una de esas  cosas, pues Tenma, uno de aquellos adultos, hablaba con Magne al respecto. Sin embargo, antes de que tuviese tiempo a reaccionar, el antropomorfo echó a correr hacia ella. Quedé estupefacto pensando en que, de algún modo, eso serviría para saber si aquella mujer era normal o no. De no serlo, me libraría del insecto; de serlo y ser dañada por aquel bicho, también me libraría de él por mis propias fauces… Si es que podía hacer algo contra aquella cosa. Pero un olor ácido me sacó de mi ensimismamiento, y es que aquella aberración había escupido algo que no sabría describir con exactitud.

Pero todo lo que yo pudiera haber hecho fue en vano, pues no solo resultó ser una persona corriente, sino que además el adulto se encargó de alejar a la criatura. Me mantuve escuchando toda su palabrería, pues por las apariencias, se conocían. – “Huli, ¿eh?” – pensé en ese momento; ahora ya conocía el nombre de la chica a la que quería acercarme. Pero de pronto, en medio de su conversación, la chica se desmayó. Algo de lo dicho pareció causarle un shock emocional. – ¿Has visto al perro que traen tus hijos? – dijo de golpe Tenma, a lo que no pude responder con un “mierda” en mi cabeza. Por suerte, a pesar de que los pobres chiquillos se llevaron una bronca, pude conservar mi tapadera… Aunque ahora tendría que andar al lado de la carreta, mojándome, cosa que para nada me agradaba.

Al cabo de un rato, con la armadura bastante más pesada debido a la acumulación de agua en el cuero y el algodón, resultándome molesta, logré entrar a la casa de uno de los aldeanos. No parecía que fuese muy bien recibido, pero al menos me serviría para estar seco y de algún modo los niños estarían seguros, por lo que podría relajarme… O eso creía yo en ese momento, mientras escuchaba a los adultos, echado en una de las esquinas de la habitación mientras los niños se iban a otra parte.


-/ /-


“Desde que las cien historias fueron contadas ese demonio salió a la luz, era lo único que estaba esperando, que algún incauto contara la número cien… jamás pensé que un niño liberaría todo esto… Ahora el problema es qué sucederá con esas personas, ¿dónde están? Es extraño que hayan desaparecido así como así…” – había dicho uno de ellos en cierto momento…

“¿Será qué el demonio azul se los tragó y ahora quiere alimentarse de todas nuestras almas? La niña de la familia Osanno dice que ha escuchado llorar a Oichi por las noches… También he sabido que oran por que Inari regrese, pero Inari solo nos visita en el invierno para protegernos; Tenma cree que por eso regresó la niña cambiaformas…” – pude rescatar más tarde, tras casi caer dormido.


-/ /-


Fui con los niños, que eran los únicos que de algún modo me prestaban algo de atención, a una especie de patio, quedándonos resguardados junto a las puertas. Necesitaban algo de apoyo emocional, y después de las palabras que escuché de la conversación privada de los adultos, me temía que también algo de ayuda bélica. Uno de los niños me quitó la armadura, piadoso de mi llanto por como me comenzaba a irritar la piel y se limitaron a abrazarme y acariciarme mientras miraban en silencio al patio. Agradecía aquel silencio, pues me hacía falta meditar mis cosas; todo lo que había oído de los demás era difícil de asimilar. El aroma que percibía de la desvanecida era efectivamente de una cambiaformas, y eso solo había logrado despertar aún más mi interés en ella. Por otra parte, todo el tema de los demonios y las almas… Era algo atormentador… Quería ayudar pero no sabía cómo iba a poder hacer algo contra semejantes seres. Los niños interrumpieron mis pensamientos con su intercambio verbal de ideas. – “¿Una cambiaformas de zorro?” – ahora ya sabía un poco más de aquella chica. Tal vez eso explicase por qué era tan bella…

Pero algo llamó la atención de los críos, que asustados, iniciaron su huida hacia el interior de la casa. Me quedé pasmado contemplando a aquella criatura que me había conseguido helar la sangre por unos instantes – “¡¿Pero qué cojones es eso?!” – me encontraba alterado y no pude evitar gruñirle con sarna, pero un leve toque del pie del niño me sacó de aquel estado, redirigiendo mi atención hacia lo que debería estar haciendo: correr con ellos; ponernos a salvo. Pero aún dentro de la casa, esa demonio, espíritu, o lo que fuese, continuaba acercándose. Yo no podía hacer mucho por como me abrazaba la pequeña, pero podía oír perfectamente las palabras que pronunciaba el monstruo. Sin embargo, una repentina intervención por parte del anfitrión, que cargaba a Huli al frente, consiguió hacer poner pies en polvorosa a la extraña mujer cadavérica.

Tenía el corazón a mil por hora, no acostumbraba a tratar con escenarios de este tipo – No puedo creerlo… Es cierto...[ – Dijo Kurogane, a lo que respondí con un mental – “Ni yo tampoco… No puedo creer nada de lo que está ocurriendo aquí… No puedo y no quiero…”.

Se llevaron a los niños y los adultos siguieron con sus charlas, a los que me uní como perro, sintiéndome más inútil que nunca en toda mi vida.


-/ /-


"Es una lástima que no hayamos conseguido ayuda ¿Qué haremos ahora? Necesitamos de guardianes y protectores que puedan liberar sus almas... Si es que están muertos ya y la Ao Andon las tiene presas..." – fue quizás la parte que más sentimientos entremezclados me hizo sentir. Que efectivamente pensasen que era un perro me alivió bastante, pues mi tapadera se encontraba a salvo, pero que considerasen que no les sería de ayuda… De algún modo, aún siendo capaz de controlar mis sentimientos en gran medida, me dolió. ¿Quizás fuese un buen momento para volver a mi forma humana y terminar de aclarar todas las cosas? ¿Les llevaría eso a asesinarme por el susto? Si tenían a otra metamorfa en casa… Supuse que no deberían de extrañarse ante mi cambio… Pero hacía ya mucho desde mi última vez como humano…. Sería doloroso.

De golpe y porrazo la conversación giró en torno a la recién despertada chica zorruna. –“¿Qué huelen como a humanos…?” – quedé pensando en lo que ella acababa de soltar… Y lo cierto, es que tenía razón con eso… Pero no me había parado a comparar los olores… – ¿Por qué “ellos” me llaman “Inari”? – preguntó aquella preciosidad, que fue respondida con un interminable silencio, interrumpido por los gritos de los niños… – “A la mierda con todo, yo necesito hablar con estos tipos, es una situación delicada…” – Me dije, preparando mi transformación aún a pesar del sufrimiento y el tiempo que ello me conllevase, deseando proteger a los niños de alguna manera, pero sintiéndome como un lastre más en mi forma animal, preocupado, también, por aquellos gritos. Aunque… En forma humana solo disponía de puños, dientes y uñas para luchar. – “¡DATE PRISA, JODER!” – me gritaba, soportando el desmesurado dolor que producía la crecida de huesos y su recolocación. Si algo les pasase, no me lo podría perdonar.


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