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Hyaku Monogatari

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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Seebs el Sáb Jul 11, 2015 3:14 am

Seebs había sido espantado por un sujeto el cual sacudió un bastón para repelerlo, retrocedió y vio como entraban a una casa, memorizó el lugar en su mente y decidió ponerse a explorar unos instantes en busca de algún alimento o un poco de agua. Deambuló por el poblado durante unas horas, las súplicas de ayuda no cesaban y Seebs estaba a punto de volverse loco, hasta que en un instante mientras cruzaba cerca de un río le pareció oír que la dirección de de una de las súplicas venía de este, mientras hacía esto no pudo evitar notar como las calles de aquel pueblo estaban llenas algunas esferas que flotaban por todo el lugar, variaban de colores y le ofrecían a Seebs un espectáculo increíble, que de no ser por la situación en la que se encontraba hubiese disfrutado durante toda la noche.

Hitodama:

Se acercó a la orilla del río, bebió un poco del agua de este mientras intentaba percibir de donde provenía aquel lamento, bordeó el río siguiendo lo que parecía ser una silueta de una persona azulada vestida con algún tipo de túnica. Llegó a ver lo que parecía ser el delta del río y lo que finalmente desembocaría en una gran laguna en la superficie del bosque, allí pudo divisar entre la oscuridad un gran brillo proveniente de dicho lago.

Criatura Funayuurei:

Se acercó hacia la orilla del lago, observando lo que parecía ser un bote el cual brillaba con una tonalidad azul espectral, Seebs se aproximó a la orilla y miró el bote, no se percató que desde el fondo del lago estaban surgiendo dos funayurei los cuales agarraron violentamente al antropomorfo intentando arrastrarlo hacia el fondo del lago.

Parecía que todo estaba pérdido, cada vez su respiración se agotaba más y más, desesperadamente movía sus manitas hacia arriba para intentar librarse, a pocos segundos de perder la conciencia Seebs sintió una gran descarga de adrenalina, la cual adormeció sus piernas las cuales comenzó a agitar bruscamente hasta que finalmente logró soltarse de aquellos fantasmas, nadó a toda velocidad, y sin saberlo se dirigía hasta el barco espectral, se coló hacia su interior por un orificio hasta estar dentro de lo que parecía ser uno de los camarotes.

- Agh... agh...Seebs... - Repetía Seebs mientras tomaba aire dentro de aquel tenebroso barco.

El sabía que debía ponerse en marcha, aquellas criaturas no tardarían en llegar para volverlo a buscar, pero no podía hacer nada sin su estomago vacío, así que regurjito un poco de su alimento el cual tiró por el agujero del barco buscando atraer a algún pez, su vomita era una mezcla de gusanos con otros insectos y hojas, los insectos obviamente atrajeron a unos peces, los cuales Seebs devoró abasteciendo así ambos de sus estomagos. No fue si no antes de esto que la criatura se dispuso a ponerse en marcha, se percató que a pesar de la humedad habían antorchas encendidas las cuales iluminaban el barco de un color rojizo-azulado espectral, al lado de una de las literas del camarote había una pintura de un marinero abrazando a su familia y a sus amigos, por alguna razón esta imagen le traspasó algo de tristeza al antropomorfo, el cual reaccionó y se puso en movimiento.

Ya casi llegaba a la superficie del barco, pero en las escaleras que daban acceso a la misma había una especie de fantasma, el cual se lamentaba y lloraba de una manera desesperante.

- Mi familia, mis amigos... ¡¿Por qué me ha pasado esto?! - Repetía el marinero, tapando el paso hacia la cubierta en las escaleras.

Seebs reconoció al marinero, era el sujeto que salía en la pintura, sin mayor demora este partió hacia los camarotes, tomó la pintura con su boca, con cuidado de no babearla y la llevó hasta el marino.

- ¿Amor? ¿Hijos? ¿Sois vosotros? - Dijo el fantasma, tomando la pintura y abrazándola, tras lo cual este tomó la forma de un hitodama y voló por los cielos hasta salir del barco.

Un fuerte dolor de cabeza asoló a Seebs, de pronto los recuerdos del marinero iban a la cabeza del antropomorfo, el cual de pasó aprendió el significado de algunas palabras que yacían en los pensamientos y recuerdos del marinero.

(...)

"Era una tarde lluviosa en el océano glacial, la tripulación estaba bastante molesta a causa de obviamente, el fracaso que había conllevado la expedición, no solo no habíamos encontrado nada, si no que estábamos perdidos en un lugar extremadamente frío..."

Seebs retrocedió y se dio un golpe contra una estantería, haciendo que un montón de libros cayeron sobre este, mientras que su mente aún estaba procesando los recuerdos.

(...)

"... Para empeorar las cosas, el capitán solicitaba que mantuviéramos la expedición, no podíamos permitirnos retroceder, en el gran comedor del barco ya algunos marinos estaban hablando mal a espaldas del capitán ¿Yo? Yo solo me quedé al margen, mi querida y extraña criatura... en fin, me dispuse a ir a dormir a mi camarote, sabía perfectamente lo que ocurriría, y preferí mantenerme lejos del caos, desterraron al capitán del barco, pero no tuvimos mucha suerte después de eso, encallamos en el hielo y algunos soltaron los botes salvavidas, claro, hicieron esto en secreto puesto que no todos podríamos entrar ahí y salvarnos, desconozco que fue de los otros que escaparon, los pocos que quedamos en el barco morimos de hipotermia, aun que bueno, solo yo y unos pocos nos quedamos, el resto probó suerte intentando caminar por la tundra, también desconozco que fue de ellos. Puedes salir de aquí por la cubierta, pero me gustaría pedirte un favor, resulta que era el encargado de entregar la correspondencia a los demás marinos, si pudieras entregarles las cartas que debía entregarles aquel día... podrías hacerlos libres, están en el cuarto del capitán, adelante, ve, yo ahora me voy, dudo que nos volvamos a ver..."

El recuerdo cesó, Seebs acarició su cabeza ¿El cuarto del capitán? debía de ser aquel que estaba al lado de la escalera, el cual contenía una cama y un escritorio, junto con un pequeño saco lleno de sobres con cartas, Seebs entró al lugar y cogió este con su mano derecha arrastrándolo torpemente por el suelo.

- ¿Qué hago con esto ahora? - Pensaba Seebs, tras luego haberse sorprendido de que él había pensado esas palabras, pero su cuestionamiento interno se vio interrumpido por los dos fantasmas que le habían traído al barco, este corrió, se desató una persecución por todo el bote, Seebs intentó escupir ácido para detenerlos, pero este solamente los traspasó, se tropesó y cayó, dejando caer todas las cartas sobre el suelo.

Seebs sabía que era el fin, pero los fantasmas vieron las cartas en el suelo y con curiosidad se acercaron a estas, abrieron las que al parecer tenían sus nombres y las leyeron, sus ojos se llenaron de lágrimas, acto seguido se esfumaron. El resto es historia, llegó a la cubierta del barco y se lanzó al agua, nadó hasta la orilla y volvió a la casa donde estaba el resto de la gente, se coló por un pequeño agujero que hizo en dirección hacia el patio y se acercó hacia los niños, uno de ellos lo miró con asco, mientras que otro simplemente comenzó a acariciar a Seebs...
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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Huli el Jue Jul 16, 2015 7:10 pm

A pesar de lo sucedido, Kora y Tomoe sólo habían sido enviados a otra habitación, Tenma había enviado a su hija mayor para que cuidara la habitación por fuera mientras dormían. Pero era más que obvio que los niños no podrían dormir esa noche... la mayoría del a gente no solía dormir de noche desde que todo aquello había comenzado.

-Kora, no puedo dormir hermano...-

-Yo tampoco Tomoe, pero tampoco podemos salir, lo mejor será quedarnos aquí... hasta que los adultos terminen y papá se venga a dormir con nosotros.-

-¿Y si tampoco quieren dormir? ¿Y si la niña de los agujeros nos está viendo? ¿Y si sale de las ranuras de la asotea y me lleva?- Preguntaba preocupada Tomoe haciendo referencia al fantasma de una chica cuyo rostro solía aparecer entre las ranuras de los muebles, pisos o techos.

-No te llevará, y si lo hace me lleva contigo y... espera ¿Escuchaste eso?-


Un ruido provino del exterior, Kora se asomó despacio colocándose muy cerca de la puerta corrediza, algo dentro de él le decía que no debía salir... pero aquel ruido parecía "físico" no era nada similar a lo que la mayoría de los "demonios" vistos últimamente soliera hacer... no, lo que se escuchaba del otro lado era un "alguien" y no un algo.

-Tomoe ¡Tomoe, ven!- Susurró el hermano mayor haciéndole una seña a la pequeña. -¿escuchas eso? Ahí afuera hay alguien, no es el ruido que suelen hacer esas otras cosas... son pasos-

-¿Crees que sea un ladrón?-

-Pues si lo es seguro es extranjero ¿A quién se le ocurre salir a esta hora de la noche en plena penumbra y con esas cosas afuera de toda la aldea rondándola...-

-¿Y si necesita ayuda?-

-Tomoe ¿Por qué siempre piensas que todo mundo necesita...?-

Pero antes de que Kora pudiera terminar la pregunta, una fuerte ráfaga de viento arremetió contra la puerta, pequeños trozos de piedra y arena hicieron hoyuelos en el papel de arroz y ambos niños quedaron sentados boquiabiertos con las manos apoyadas a sus costados, Kora se asomó temeroso por las rendijas tratando de ver lo que sucedía. El chico pudo ver una figura humanoide que caminaba con cautela por el patio trasero... se acercaba, poco a poco se acercaba más y cuando finalmente sus ojos pudieron verlo por completo... gritó, nuevamente gritó y su hermana menor gritó con él.

-¡ONI!... ¡ONI!- Los gritos de los chiquillos retumbaron por el lugar haciendo que todos los que se encontraban en la habitación con Huli corrieran nuevamente a donde ellos se encontraban.

-¡Te dije que no dejáramos solos a los niños, Magne!-

-¿A mi! Te recuerdo que tu hija debería estarlos cuidando...-

Las palabras de Magne hirieron de lleno a Tenma, pues su hija mayor apenas escuchando los gritos de los niños había entrado al cuarto para abrazarlos y retirarlos de inmediato de las puertas corredizas, cuando la joven asomó la cabeza por una pequeña rendija de la puerta corrediza, sus ojos se abrieron de par en par, lo que vió ahí no fue un demonio, ni un Oni, como los niños habían dicho... no, lo que sus ojos alcanzaron a ver era el perfil de un hombre, o lo que parecía ser un hombre.

-Niños, váyanse de aquí, fuera de la habitación ahora...- La muchacha de unos 20 años de edad sacó de entre sus ropajes una espada larga, una katana que mostró frente a ella en posición de ataque, se detuvo por breves segundos y habló. -¿Quién pisa nuestra propiedad? No son bienvenidos forasteros que mi pueblo no traiga por su propia decisión...-

Cuando finalmente la tenue luz de la luna le permitió observar completamente el cuerpo del individuo una mueca de sorpresa se le hizo presente, aún con la katana en las malos ella preguntó tranquila. -¿Quién eres? ¿Dé dónde vienes? ¿Cuál es tu nombre?- Dio unos cuantos pasos al frente para poder ver bien el rostro del sujeto, sin quitarle la mirada de encima se apróximo a los niños haciéndoles una seña con las manos.

(...)

Ron había decidido tomar su forma humana, el dolor en su cuerpo lo inundaba poco a poco, el crujir de sus huesos alertaron de inmediato a los presentes, Huli, ahora despierta observaba lo que sucedía un tanto confundida pero con una tranquilidad en su rostro. Cuando Tenma miró al perro transformarse se apartó unos cuantos pasos dejando que el pánico se albergara momentáneamente en él. -¿Qué... qué diablos está ocurriendo? El perro... el perro es...-

-Es un cambiaformas...- Dijo Huli con un rostro ahora un tanto inexpresivo, tomó una de las sábanas que la cubrían y se colocó delante del metamorfó poco antes de que tomara su forma completa. -Como yo, quizás en su forma animal escuchó su llamado de auxilio y por esa razón se acercó a sus cachorros pensando que ustedes lo ignorarían.- Fueron las palabras de Huli que dejaron atónitos a los presentes. Magne hizo una mueca para reaccionar "los niños... mis hijos" pensó de inmediato y movió la cabeza apartándose del lugar en dirección a la otra habitación, al llegar pudo ver como Reiko, la hija mayor de Tenma se encontraba con katane en mano posiblemente defendiendo a sus hijos. En cuanto ambos niños vieron a su padre éstos corrieron a sus piernas abrazándose de él.

-¡Papá, es un Oni... Es un ONI!- Vociferó la pequeña ocultando su rostro. Al ver hacía al frente, la figura masculina que Reiko trataba de detener era una especie de reptil, era algo diferente... se veía como un humano pero no lucía como uno, sin embargo su porte, su manera de caminar, al situación... lo único que podía deducir es que era un ente físico como ellos pero ¿Qué hacía en el patio de su casa? ¿Cómo había entrado?, como si se tratase de un requisito, el padre de los niños volvió a hacer las mismas preguntas que la muchacha de la katana.

Sakura, la mujer mayor de la casa y protectora de Huli por palabras de Kokia apareció en el lugar... era una mujer de baja estatura con el cabello completamente blanco, peinado hacía atrás en un tradicional del lugar, sus grisáceos ojos ya casi ajenos a la vista alcanzaban a apreciar  las siluetas del lugar. -Dejen al muchacho en paz, no es un ser malvado, tampoco es un enviado de aquel demonio, es sólo alguien como nosotros asustado por lo que ocurre ahí afuera-. La abuela dio unos cuantos pasos abriéndose camino entre los inquilinos y visitantes de la casa hasta quedar frente a la cambiaformas de zorro.

-Pequeña Kitsune, has regresado justo cuando lo necesitábamos...-

Un silencio sepulcral se hizo presente, sería otra noche sin dormir en aquella casa, en aquella aldea. La abuela carraspeó haciendo entender que hablaría de nuevo, por alguna razón aquella mujer de edad avanzada era como un símbolo de autoridad en el lugar. -No siempre conseguimos la ayuda que deseamos tal como lo deseamos, los dioses nos han traído a éstos dos jóvenes como una ayuda extra para recuperar a los nuestros y llevar a ese demonio azul a donde pertenence... Sé que ustedes esperaban encontrarse con guerreros de grandes agallas y valentía, con héroes citadinos que les dijeran "Yo protegeré su aldea", pero las cosas no son así, las cosas son de otro modo y debemos aceptar lo que los dioses nos han traído de vuelta.-

Dicho eso la mujer dio media vuelta sin ninguna otra observación, cosa que sólo significaba algo, que era tiempo de irse a dormir y que a la mañana siguiente todo sería más tranquilo para pensar.

(...)

Tomoe y Kora no podían dormir ahora, Huli se había mantenido a su lado pues tampoco deseaba dormir, la pequeña zorra blanca intentaba comprender lo que sucedía y hasta ahora parecía ir por buen camino. Kora había terminado de explicarle las osas de manera que pudieran ser más claras y creibles.

-Entonces, todo esto comenzó por contar esas historias ¿Cierto?- Preguntó la cambiaformas.

-Si... bueno, no por contarlas, sino por contar la última, la que Oichi contó-

-Ya... ¿eh? eso... miren eso...- Señaló Huli algo que se movía en la tierra, la chica se acercó con cautela manteniendo su yumi en posición de ataque, hizo una mueca de "silencio" a los niños, y poco antes de que se dispusiera a disparar, sus ojos vieron la misma criatura que horas antes había visto al llegar a la aldea, ese extraño insecto cuya bienvenida había sido regurgitar sus alimentos... -¿Tú...?  Eres la misma cosa que vi al entrar a la aldea...-

-Kora ¡Mira! Es el animalito que nos siguió durante todo el camino de regreso.-

-No me da buena espina, es feo y asqueroso...-

-Pero si parece un escarabajo... sólo que sin ese cuerpo regordete, anda mira ¡Mira!-

-¡No, Tomoe! No seas asquerosa...- Dijo el niño en cuanto vio que la chiquilla corría detrás de Huli para acariciar al extraño ser. -Ewww... bueno, al menos es más bonito que esas feas funayureis...-

-Esta cosa hablo la primera vez que yo lo vi...- Dijo Huli despacio, realmente ella ignoraba lo que estuvieran conversando los humanos y el cambiaformas dentro de al casa, ella no quería estar ahí por el momento y de todos modos mañana lo sabría. -¿Qué fue lo que me dijiste extraña cosa?- Preguntó Huli muy a su manera inclinándose a la altura del insecto. -Sea lo que sea, niños, será mejor que vayamos a dormir, su padre me ha dicho que es bueno que se queden en una de las habitaciones centrales, yo me encargaré de cuidarlos...-

Huli sonrió como nunca antes lo había hecho, entrecerró los ojos y ladeó la cabeza , mañana sería un día interesante, muy, muy interesante...








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Mensaje por Aulenor el Vie Jul 24, 2015 12:06 am

__Empapado de pies a cabeza y respirando pesadamente después de la carrera, Aulenor intentaba diferenciar entre la lluvia el sonido del ente que le perseguía. Sin embargo, no consiguió oír nada de nada. Preocupado por Lluvia, espero unos instantes escondido en ese patio y luego escalo de nuevo el muro para asomar la cabeza en busca de su compañera. Ningún alma a la vista. Tras unos instantes, decidió arriesgarse a llamarla a pesar del riesgo de que le oyera el ser del que estaba intentando escapar.
-Lluvia- dijo bajito- ¿Lluvia estas por ahí?
__Una fortísima ráfaga de viento cuya procedencia no pudo determinar el nagar, le tiró del muro de nuevo a patio, cayendo de cabeza. A su paso por la casa, el viento hizo estragos en el papel que cubría las entradas a la casa a la que pertenecía el patio, sin embargo, Aulenor no se dio cuenta de ese detalle, ya que, con su cabeza en el suelo, pudo ver una silueta humanoide debajo de la plataforma de madera sobre la que se asentaba dicha casa.
__Al acercase para observar se dio cuenta de que era nada menos que su compañera. Estaba medio sumergida en un charco que se había formado ahí debajo, y le saludaba levantando la mano.
-¿Lluvia?- exclamó atónito el escamado.
__Se acercó hacia ella tendiéndole la mano para indicarle que saliera de allí cuando unos gritos, provenientes del interior de la casa, hicieron que cambiara ese gesto inicial por otro indicandole a la chica que aguardara.
-¡ONI!... ¡ONI!-gritaban unas voces infantiles dentro de la casa.
__Aulenor se acercó a la puerta del patio, buscando descubrir el motivo de los gritos, pero de pronto ésta se abrió de golpe, mostrando a una joven chica mhare, de cabello oscuro y corto, en el umbral. Ésta portaba una katana que mantenía enfrente suyo como amenaza.
-¿Quién pisa nuestra propiedad? No son bienvenidos forasteros que mi pueblo no traiga por su propia decisión...-exclamó con tono intimidatorio mientras agudizaba aún más sus ojos intentando ver en la oscuridad de la noche.
__Como un acto reflejo, Aulenor fue a echar mano a su espada, pero al no encontrarla no pudo más que retroceder evitando el contacto visual. La chica por su parte, dio unos pasos al frente intentando ver la cara del joven, y grande fue su sorpresa cuando pudo distinguir las escamas de éste.
-¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu nombre?- pregunto con el mismo tono de antes.
-Yo...-comenzó tímidamente el nagar.
__Sin embargo, fue interrumpido por la llegada de dos hombres de mediana edad a la habitación en la que se encontraba la chica que le amenazaba. La niña y el niño que estaban en la habitación y  de los que el escamado no se había dado cuenta hasta ahora debido a la amenaza de la espada, se dirigieron corriendo hacia uno de  de ellos, abrazándose a sus piernas.
-¡Papá, es un Oni... Es un ONI!-grito asustada la niña, escondiendo la cabeza entre la ropa de su padre y señalando con el dedo hacia Aulenor.
-¿Quién eres? ¿Cómo has entrado?- el hombre pregunto hablando con el mismo tono que la chica armada le había hecho, con una mirada aún más dura si era posible.
-Me... me llamo Aulenor. Llegué a este pueblo buscando ayuda y...- intento explicarse nervioso, hablando bastante bajo que no conseguía subir y gesticulando con sus manos-una mujer con el pelo como tentáculos me empezó a perseguir. Solo me escondí de ella saltando el muro, no quiero hacer mal a nadie y... no sé qué es un "oni" pero creo que no lo soy... espero...
__La explicación no debió de convencer mucho a los mhare, ya que no hubo cambios en su actitud. Pero por suerte la voz de una anciana desde el interior de la casa, a la que el escamado no lograba ver, cambió ese hecho.
-¡Dejen al muchacho en paz! No es un ser malvado, tampoco es un enviado de aquel demonio. Es sólo alguien como nosotros, asustado por lo que ocurre ahí afuera.
__La anciana entonces entró en el campo de visión del nagar, atravesando la habitación de lado a lado abriéndose paso entre las demás personas. Era una mujer bajita, de pelo completamente blanco y con cataratas en sus ojos. Llegó hasta la habitación siguiente, en la que el nagar volvió a perderla de vista y se le oyó decir:
-Pequeña Kitsune, has regresado justo cuando lo necesitábamos...-tras esta frase hubo una larga pausa en la que el sonido de la lluvia era el único audible. Después la anciana carraspeó y volvió a hablar, esta vez con un tono profético-No siempre conseguimos la ayuda que deseamos tal como lo deseamos, los dioses nos han traído a estos dos jóvenes como una ayuda extra para recuperar a los nuestros y llevar a ese demonio azul a donde pertenece... Sé que ustedes esperaban encontrarse con guerreros de grandes agallas y valentía, con héroes citadinos que les dijeran "Yo protegeré su aldea", pero las cosas no son así, las cosas son de otro modo y debemos aceptar lo que los dioses nos han traído de vuelta.-Tras lo cual, la anciana volvía a atravesar la habitación en sentido contraria al de la otra vez. Son añadir comentario alguno, haciendo referencia a que era el momento de dormir.

__Cuando la anciana desapareció, el hombre a quién los niños se habían abrazado se los llevo también de la habitación mientras dirigía una mirada, cuyo significado Aulenor no puedo descifrar, hacia el otro hombre. Éste, tras dirigir una mirada de recelo y desconfianza hacia el escamado, se dirigió hacia la joven de la espada.
-Reiko, lleva al escamado y al perro a una habitación, dales unos futónes y algo de ropa.-le ordenó a la chica de la katana, tras lo cual desapareció también.
-Ya lo habéis oído, tú-dijo dirigiéndose hacia la habitación de su izquierda-y tú-dirigiéndose hacia Aulenor-Seguidme-les ordeno mientras enfundada su arma.
__El nagar dirigió su mirada hacia Lluvia sin saber si desvelar su presencia o no, pero para asombró de éste, la chica se había desvanecido de nuevo. Asumiendo que su compañera estaba segura y que probablemente no era mala idea que siguiera escondia, se dirigió a la entrada de la sala de la casa, y la joven de la katana cerró la puerta a su paso. Pudo ver la habitación de su derecha, a la que se habían dirigió tantas veces durante la conversación, y allí vio a un hombre joven medio, de pelo castaño, tirado en el suelo envuelto en una sábana blanca, y una chica muy joven, de pelo claro, vestida con un kimono blanco.
__Cuando acabó de cerrar la puerta corredera, la chica de la katana hizo un gesto hacia el joven de la sabana, quién se acercó. Después dijo: "Por aquí" y salió de la sala hacia un silencioso pasillo, en el que la única iluminación era la luz que atravesaba las paredes de papel de las habitaciones adyacentes, pero con la oscuridad de la noche no parecía ser suficiente. El ambiente no parecía amistoso del todo, pero aun así, a Aulenor le habían pasado demasiadas cosas raras como para no preguntar:
-Esto... ¿Pero qué pasa exactamente en el valle?
-La respuesta corta es que el pueblo ha sido maldecido.-contesta la chica secamente
-¿Y la larga?
__La chica se paró, se dio la vuelta, dirigió una corta sonrisa misteriosa hacia el nagar y dijo:
-Hemos llegado
__Abrió la puerta de una habitación y seguidamente entró en ella. Los dos jóvenes le siguieron al interior. La chica encendió un pequeño farol y después se dirigió hacia un armario empotrado que cubría por completo la pared izquierda de la habitación, abriendo la puerta.
-Aquí tenéis futones, elegid el que preferíais y extendedlo en el suelo.- se dirigió entonces hacia otra puerta del armario y abriéndola dirigió su mirada hacia el joven de la sabana. Tras mirarle de arriba a abajo comenzó a buscar entre las vestimentas que había en esta sección del armario y le lanzó dos prendas diciendo-Creo que ésta te irá bien.-después dirigió su mirada hacia Aulenor y tras ver sorprendida el charco de agua que se había formado a los pies de éste exclamo-¡Ni qué estuvieras poseído por una nure onago! No puedes seguir con ese pantalón tampoco-busco de nuevo entre las ropas y le lanzó otras dos prendas al nagar-Supongo que esas son lo suficiente pequeñas para ti.-tras una pequeña pausa concluyo con un-Aguardaré fuera hasta que os cambies.- y salió de la sala.

__Tanto el metamorfo como el antropomorfo miraron confundidos la ropa que les habían arrojado a sus pies y luego se miraron entre si, sin saber muy bien como proceder.
-Esto... Aulenor- se presentó el escamado tendiéndole la mano.
-Ron-respondió éste estrechándosela.
__Tras el saludo, Ron se agachó para recoger la ropa mientras Aulenor comenzó a quitarse el pantalón empapado. Una vez quitado y viendo el charco que realmente dejaba tras de sí, exclamó:
-Eh... ¡Señorita de la espada! ¿Dónde dejo mi pantalón?
-Cuélgalo fuera-le respondió la voz de la chica desde el pasillo
__Siguiendo la orden, el escamado se dirigió hacia la pared que daba al exterior de la casa, que también se trataba de una puerta corredera, y abriéndola, atravesó el umbral y colgó el pantalón de una viga del tejadillo que cubría el exterior de la casa, anudando las piernas del pantalón entre sí para que no se volará. Después volvió a entrar en la sala y tras cerrar la puerta se dirigió a recoger la ropa que le habían dejado.
__Se trataba de alguna clase de bata corta, de color grisáceo, junto con una especie de pantalón, que no lo parecía, de color marrón. Era la clase de ropa que había visto vestir a la gente de la casa, pero nunca la había visto en ningún otro lugar. Recogió primera la "bata" (que en realidad se trataba de un kimono), ya que era la pieza de la que estaba seguro saber ponérsela. Pero una vez la tuvo encima y recogió el "pantalón" (un hakama) no supo ni por dónde empezar a ponérselo. Observó entonces a su compañero, quién se había anudado el kimono con una cuerda en la cintura y ahora comenzaba a colocarse el hakama. Solo gracias a él pudo el nagar colocarse la ropa que le habían entregado. Era la primera vez en doce años que el nagar vestida ropa en el torso, y le resultaba realmente incomoda. Además era una clase de ropa muy amplia a la que no estaba acostumbrado en absoluto, así que se sentía muy raro llevándola.
__La chica de la katana no tardó mucho en preguntar si ya habían acabado, y cuando Ron respondió afirmativamente, la puerta de la sala se abrió dando paso a la entrada de la chica con los tres hombres, los dos que Aulenor había visto en la sala por la que entró y otro más, de más o menos la misma edad.
-Nos gustaría haceros unas preguntas.- dijo serio, intentado ser educado, pero algo molesto-En primer lugar, ¿Cuáles son tus intenciones metaformo?
-En un principio solo quería información, pero según oía vuestras conversaciones decidí ayudar en lo posible, por eso me he mostrado como soy.-respondió Ron
-¿Y tú, ser escamado? ¿Cómo llegaste a nuestro patio trasero?
-Caminaba por las montañas cuando empezó a llover. Un zorro y una comadreja que encontré cuando busque refugió me pidieron que ayudará a alguien herido en una cueva. Al llegar allí un ser rojo y gigantes, con cuernos y una gran maza me atacó y en mi huida caí ladera abajo, perdiendo mis pertenencias. Al llegar al rio vi que la corriente ascendía, y más tarde divisé el pueblo. Decidí venir en busca de ayuda, pero solo me encontré con luciérnagas y enanos que huían de mí. Después una mujer con el pelo como tentáculos que acababan en púas me empezó a perseguir, y cuando la despiste salte la un muro para esconderme. Así acabe en vuestro jardín.


Última edición por Aulenor el Mar Dic 01, 2015 8:19 pm, editado 1 vez


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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Seebs el Lun Jul 27, 2015 11:02 pm

Tras haber llegado de aquella extraña aventura, Tomoe se acercó a Seebs para acariciarlo, esta mencionó su similitud con algún tipo de insecto, mencionando solamente que era menos gordo, y su hermano Kora el cual parecía tener repugnancia por el antropomorfo.

- ¡Juguemos a algo con él! - Insistía Tomoe, emocionada al ver a una criatura tan extraña y ajena al ambiente de su aldea y su respectivo entorno.

Pero antes de que intentaran cualquier cosa, Huli mencionó que debían descansar, por lo que guío a estos a una habitación junto con ella. Seebs decidió seguirlas, en cierto modo Tomoe era la única persona que demostraba agrado por él, sabiendo que posiblemente si se acercaba a los otros estos lo espantarían.

Llegaron a una habitación, apenas abrieron la puerta de esta Seebs se coló rápidamente y entró, sentándose en el centro de esta misma, Tomoe miró a la criatura que yacía sentada.

- ¿Sabes hacer trucos? ¡Date la vuelta! ¡Vamos! ¿Cuál es tu nombre? - Gritaba la niña un tanto emocionada, quizás nunca haya tenido una mascota y le emocionaba la idea de tener una, a pesar de que sea en esas circunstancias.

Seebs apoyó sus brazitos en el suelo y se recogió sobre si mismo, formando una especie de ruedita, con la cual se dio vuelta y se desplazó girando hacia adelante de una forma muy breve, lo siguió repitiendo varias veces, no sabía que podía hacer eso, y le parecía bastante divertido, claro que para algunos humanos puede resultar tenebroso, ya que hay un alto riesgo de romperse el cuello o lastimarselo en general, para Seebs que no poseía un cuello si no que su cabeza estaba conectada directamente con el resto de su cuerpo ese riesgo le parecía nulo, y con su flexibilidad podía hacerlo fácilmente. A Kora le causó algo de gracia verlo así, este se rió ligeramente, para luego ocultar la sonrisa, no quería demostrarle a la criatura su agrado.

- Seebs, yo, Seebs - Dijo la criatura, ya estaba bastante acostumbrado a ello, muchas personas le llamaban así y no le costaba decirlo.

Pasaron las horas, Seebs hacía trucos para divertir a los chicos, hasta que finalmente Tomoe se quedó dormida, Seebs también se habría aburrido, por lo que decidió salir del lugar, arañando la puerta de la habitación este indicaba que quería salir, Kora se acercó y con una sonrisa le abrió y le permitió salir a este.

Exploró el resto de la casa, algo olía bastante bien, dicho olor provenía de la cocina, se acercó y observó sobre una de las mesas lo que parecía ser algún tipo de sopa, Seebs trepó sobre la mesa y salvajemente comenzó a comerse el líquido que había ahí, era la primera vez que probaba un agua con tan buen sabor. Tras terminar este acto se bajó de la mesa, estaba bastante satisfecho así que se ganó debajo de la misma e intentó dormir. Mientras hacía esto, entró el anciano a la cocina, miró el plato vacío.

- ¿Quién se ha comido toda la sopa? - Dijo Kurogane, esperando que alguien respondiera -

Seebs "despertó", asoció la palabra comida de inmediato, pero faltaba aquella otra palabra, sopa... ¿Era lo que se había comido? estaba pensando la criatura.

- Sopa... - Dijo Seebs, saliendo desde abajo de la mesa, dispuesto a afrontar las consecuencias de sus actos.

El anciano se asustó al ver a Seebs salir desde debajo de la mesa, pero luego se tranquilizó y lo miró severamente.

- ¿Siempre tienes hambre? ¿Qué es lo que eres criatura? no pareces ser uno de esos monstruos, pero tampoco aparentas ser tan tonto como un animal salvaje, puedes hablar, pero... ¿Acaso eres un woes? ¿De qué parte vienes? - Decía el anciano, aun que sabía que era probable que la criatura no le entendiera.

- Arena... - Fue la única palabra que dijo Seebs, desconocía el nombre del desierto en el que vivió durante tres años de su vida -

- Con que arena, hum... ¿Eres de algún tipo de desierto o una playa? bueno, no importa mucho, mañana será un día duro y necesitaremos que estés descansado, será mejor que vayas a dormir, a donde sea que quieras. - Decía el anciano, un poco más calmado al notar que en cierto modo si se podía mantener una conversación con la criatura.

Seebs obedeció, pasó toda la noche durmiendo en un agujero que cavó en el jardín, para él aquella galería era más cómoda que cualquier cama del mundo, cuando despertó pudo mirar el cielo anaranjado por el cual el sol se mostraba, dando inicio a un nuevo día.
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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Huli el Lun Ago 10, 2015 9:42 am

La mañana siguiente a lo sucedido el pueblo parecía simplemente otro… La luz del Sol entraba por las habitaciones pegando de lleno contra los que aún estaban dormidos, podía escucharse la voz y el movimiento de personas afuera de la casa, sonido de carretas, de perros, si, sin duda alguna mucho movimiento. Si uno prestaba atención podía incluso encontrar el sonido de alguno que otro grillo, murmullos, pasos, el cantar de los pájaros, todo lo que ese pueblo era por la mañana y durante el día no tenía nada que ver en comparación con lo que se vivía de noche. En un principio la gente había preferido dejar todas sus actividades de lado, pero al darse cuenta que durante el día todo volvía a la normalidad optaron por continuar con sus vidas y sólo ocultarse durante la noche, pues de lo contrario la actividad comercial y economía del pequeño pueblo se irían también por el barranco.

Dentro de la casa de la familia Niita la mayoría de los inquilinos había despertado ya, rondaba cercano a las siete de la mañana y el Sol parecía tan potente como cercano al medio día, los niños seguían dormidos debido a lo tarde que habían ido a acostarse, en una habitación continua se encontraba Huli quien compartía habitación con la chica llamada Reiko, y la habitación a un lado de la de ellas guardaba a Ron y al hörige. En el comedor sentados ya listos para desayunar se encontraban las cabezas de la familia, Kurogane y Sayuri, junto a sus dos hijas con sus respectivos yernos y Tenma.

-Tenma ¿le dijiste a tu hija que levantara a los demás temprano?- Preguntó Magne con cierta desesperación.

-Hace ya varios minutos, ella y la chica kitsune ya estaban despiertas de hecho, los niños siguen dormidos… a todo esto ¿Dónde está tu pequeña Tsubasa, Keiko?-

El ambiente en la casa era completamente diferente, tanto Tenma como Magne parecían más aliviados o desestresados, era como si fueran incluso otras personas. Keiko, una joven de unos 25 años de edad con una gran sonrisa en los labios le respondió.

-Tsubasa sigue dormida, después del desayuno la llevaré de paseo por el pueblo, ya ves que al anochecer no puedo dejarla salir de la casa, es una niña muy curiosa… - Soltó una risilla pasajera a la cual su esposo, Kojiro le respondió –Bueno, algo tenía que sacar de ti…-

Y en ese momento toda la familia comenzó a reír…

(…)

Huli había despertado minutos antes que Reiko notó que a un lado de su futón había ropa limpia, una preciosa yukata con motivo s de árboles de cerezo, Huli lo veía muy entusiasmada, legustaba vestir ese tipo de ropas cuando estaba en el pueblo pues se había acostumbrado a pesar de que en un principio le parecían asfixiantes debido a su naturaleza animal.

-Sería bueno que te bañaras antes de ponértela… - Susurró una voz suave y femenina, era Reiko quien se limpiaba los ojos y acomodaba el cabello para después dar un gran bostezo estirando los brazos… -Digo, sé que eres un animal y ustedes se bañan a su manera, pero en tu forma humana un baño no te caería mal.- Huli ladeó la cabeza un tanto desconcertante. –Insinúas que apesto ¿Cierto?-

Ambas chicas se vieron y segundos después se rieron observado como la luz del Sol entraba por los papeles de arroz. –Ve a bañarte, aprovecha ahora que nadie se ha despertado, ya después le diré a los otros chicos que vayan…-

La cambiaformas asintió con la cabeza y salió de la habitación tomando su ropa limpia, recordaba muy bien en donde estaban ubicadas las habitaciones, poco antes de dirigirse a las duchas tuvo que pasar por el comedor donde todos los presentes la observaron interrumpiendo vagamente las risillas, Sakura, la hija mayor observó con asombro a la cambiaformas, se levantó de su lugar, le sonrió y sin decir nada le abrazó en un suspiro. –Huli, pequeña Kitsune… cuánto tiempo sin saber nada de ti, es bueno saber que la muerte de Kokia no te vino tan mal…- Sakura volvió a sonreír palpándole los hombros a la muchacha, pues la humana casi le doblaba la edad a la cambiaformas para Sakura era imposible no ver a Huli como una hija más, rasgo que compartía con Magne aun qué éste último de una forma menos demostrativa.

-Yo… yo sólo iba a darme un baño antes de venir a desayunar.-

-¡Ay perfecto! Pues anda ve. Ve--- aquí te estaremos esperando para comer juntos pequeña.-

-Vaya que ha crecido mucho, ya no es la misma niña que conocimos hace poco mas de un año.- Agregó Kojiro poco después de que la chica diera unos cuantos pasos.

-El invierno debe estar acercándose, el color de su cabello está cambiando.-

-Los monstruos la llamaron “Inari”, debe ser alguna señal.- Susurró Magne.

-Debieron confundirla con uno de los mensajeros de la diosa…- Opuso Tenma

-Bueno ya. Ya niños, es hora de comer, todavía hay mucho tiempo para hablar de éste tema, hay que darles una buena bienvenida para que se sientan gustosos de ayudarnos…-

-Con todo respeto suegro, no creo que ni la más cordial de las bienvenidas sea suficiente para agradecerles después de lo que han visto…-


(…)
Reiko salió de la habitación con un atuendo similar al que su padre solía usar, se dirigió a la habitación de enfrente y entreabriendo la puerta corrediza se percató de que los niños seguían durmiendo plácidamente, al dirigirse de nuevo a la habitación donde había dormido pudo ver algunas muescas en el suelo, dirigió la mirada y se encontró con aquella extraña criatura de aspecto insectoide, hizo una mueca y con la funda de su katana se acercó para rosarle le lomo con cuidado de no presionar mucho. –Oye… animalito Despierta criaturita…- pausó sus palabras y miró al animal. –No despierta… bueno, seguro el olor de la comida ya lo despertará…- Al decir eso, Seebs comenzó a moverse, Reiko retrocedió unos pasos un tanto desconfiada y prefirió seguir de largo a las habitaciones donde se encontraban el hörige y el otro cambiaformas. Tocó la puerta una vez, y otra más, suspiró y habló despacio.

-Chico serpiente, cambiaformas… ¿Han despertado ya? El baño estará listo en cuanto Huli salga de él, sería mejor que los dos se metieran juntos para ahorrar tiempo, el desayuno está esperando en la mesa ya…-

Reiko se apartó unos pasos de la puerta y escuchó una respuesta “Iremos en unos cuantos minutos…”, la chica no sabía quién de los dos había contestado, no recordaba la voz de cada uno, así que se limitó a encogerse de hombros y retirarse al comedor.

Dentro de la habitación de los chicos a pesar de que el calor del día se sentía livianamente ambos se encontraban desconcertados al despertar… Ron había sido el primero en despertar, un olor a moho en su nariz lo había hecho estornudar, sacudió la cabeza, estiró los huesos y se levantó, lo que vio dentro de la habitación lo dejó un tanto extrañado, pues a pesar de que la luz del sol entraba bien por las puertas y el calor se sentía, la habitación parecía estar completamente humedecida, la humedad penetraba las paredes formando manchas negruzcas en ella.

-¿Qué diablos… sucede aquí?- Preguntó el chico mirando toda la habitación. –Parece como si hubiera llovido aquí adentro pero… Oye ¡Oye!- Trató de recordar el nombre de su compañero. -¡Aulenor! ¡Sí! Ese es tu nombre, vamos despierta tienes que ver esto…- El cambiaformas esperó a que su compañero despertara pero comenzó a indagar dentro de la misma habitación, los rincones, el papel, la madera… las telas de los futones parecían incluso estar húmedas, el piso cuyo nombre de acabado era “tatami” parecía estar hinchado por los bordes, el papel de arroz que cubría las puertas corredizas daba la sensación de romperse con un simple rose en su superficie debido a lo húmedo que se encontraba. -¿Crees que se haya colado el agua por alguna parte?- Preguntó el cambiaformas al hörigue. –No veo filtraciones, al menos no a simple vista…-
Minutos después Huli salió de los baños con el cabello blanquecino aún húmedo, llevaba puesta la yukata con un nudo sencillo detrás y andaba descalza como de costumbre, sólo con los vendajes percudidos que cubrían sus plantas. Sin pensarlo dos veces se dirigió al comedor haciendo una reverencia y acto seguido todos se acomodaron para darle un lugar en “la mesa”, una curiosa y baja mesa en la cual nadie necesitaba de sillas. La silla miró a los presentes de reojo sin levantar del todo la cabeza, suspiró profundo y miró por el patio hacía las otras habitaciones, en ese momento la joven Reiko aparecía con un durazno en las manos. –No te preocupes niña zorro, ya le he hablado a esos dos, en cualquier momento saldrán de la habitación.-

-Reiko chan…- la llamó Sákura, la hija mayor. –Deberías ir con ellos y mostrarles donde están las duchas…-

-Que las encuentren solos, ni que la casa estuviera tan grande, señora Sakura…-
-Reiko chan…-
-Reiko, hija la señora Sakura tiene razón, aún no podemos confiar del todo en ellos, sólo ve y muéstrales donde están las duchas, no te pido que te quedes con ellos…-

Tenma hizo un ademán inclinando la cabeza, su hija lo miró con cierto fastidio y sin decir nada suspiró tras un “Está bien…” muy desanimado, salió del comedor de nuevo hacía la habitación y volvió a tocar, esta vez incluso ella había percibido el olor de la humedad pero no sólo eso, la consistencia del papel de arroz le hizo fruncir el ceño y ladear la cabeza -¿Qué demonios…? Rosó con el dedo índice la superficie del papel y para sorpresa de ella éste se desvaneció como una oblea al momento ser tocada por el agua, tan pronto sucedió Ron abrió la puerta despacio deslizándola con cierto nerviosismo. –Deben de tener muchas goteras en éste lugar… Yo voy a adelantarme a los baños ehh… ¿Dónde están preciosura?-

-Pre… ¿Preciosura?- Un gesto poco amable apareció en el rostro de la humana quien de mala gana señaló a duras el camino. -A mano izquierda por el corredor…- Y sin decir nada más se apartó de la habitación de regreso al comedor. Caminó firme con los puños cerrados y no pensaba decir nada, a decir verdad no le gustaba que los hombres le hablasen de esa manera, se había seguido de largo, sentado en el comedor y prosiguió a comerse el durazno sin entablar conversación hasta que su padre le dirigió la palabra.

-Está todo bien Reiko…?-

-No, no lo está, el papel de arroz amaneció hecho trizas por el agua en la habitación de esos dos, y alguien debería enseñarles a usar el baño, no vayan a ensuciar el agua de porquería y media…-

-¡Reiko!-
-Lo siento padre, no estoy de humor, iré a hacer las compras matutinas…- La chica volvió a retirarse sin decir si quiera “adiós”, Huli la observó algo extrañada y volvió la mirada a la habitación un tanto curiosa.

-Deberías enseñarle más modales a tu hija, Tenma- Dijo Magne con cierta imrpudencia. –No puedes dejar que ande por la vida contestándole así a todo mundo, uno nunca sabe con quién está tratando.-

Un silencio inocuo se hizo presente , silencio que fue roto por Kojiro…

-Ehhh… bueno, creo que yo iré con aquellos jóvenes para resolver sus dudas, después de todo ninguno de ellos pertenece a éste lugar.-

-Se serio y amable con ellos, Koji, no te pases de bromista.- Agregó Keiko, su esposa antes de retirarse el joven, inmediatamente una vocesilla infantil se escuchó “¡Mamá!” -¿Eh? Creo que Tsubasa se ha despertado, será mejor que vaya a ver que todo esté bien con ella, vuelvo en unos minutos, suegros.- Keiko hizo una reverencia y todos los presentes le respondieron.

(…)

Pocos minutos después todos excepto Reiko estaban presentes en la mesa, incluso los pequeños, Kurogane le había dado un espacio a Seebs un tanto cercano a la puerta que daba al patio central, Ambos abuelos se encontraban en un extremo de la mesa con Tenma a un lado; Al otro lado Kojiro,Keiko, Tsubasa y Huli; al otro lado Magne, Sakura y sus dos hijos; y en el extremo restante Ron y Aulenor cercanos a la puerta interior, es decir cercanos a Seebs.

Finalmente Huli había decidido hablar, aprovechando el hecho de que todos o al menos la mayoría estaba presente. -¿Qué es exactamente lo que sucede? anoche se lo he preguntado a ellos.- Y señaló a los niños de Magne.- Sin embargo quiero volver a escucharlo de los labios de los mayores…- Kora hizo una especie de puchero y cruzó los labios con desconfianza. –No es que no les crea… es sólo que pienso que pocas veces a los jóvenes nos dicen las cosas tal y como sucedieron, y sólo las entendemos a nuestra manera, ya escuché la historia de tus palabras, ahora quiero escuchar las de Kurogane San…-

Si bien, Huli ya no era la misma cambiaformas tímida y callada de hacía un año, algo en ella había cambiado y con el paso del tiempo y las situaciones había aprendido que siempre la mejor forma de sobrevivir no era la fuerza, si no la astucia que daba el conocimiento de las circunstancias. Este tipo de cosas había obligado a la cambiaformas a ser un tanto más expresiva, espontanea y sobre todo ligeramente preguntona.

-Bueno… verán, sé que ustedes no son guerreros estudiados, por lo que veo no son más que jovencitos sin rumbo fijo a los alrededores… Nuestra aldea tiene una tradición anual en donde un grupo de cien personas de todas las edades se reúne en una casa, en una habitación con el único fin de entretenerse los unos a los otros contando historias de terror, desde tiempos inmemorables se decía que al llegar a la historia número cien, un demonio de coloridos azules vistosos saldría desfilando por el humo de todas las lámparas de aceite que se apagaban con cada historia pero… pero jamás nos habíamos atrevido a contar la historia número cien, al llegar a la noventa y nueve la gente se detenía nerviosa, tomaba la última lámpara y salía una a una de la habitación…-

-Y ahora ¿Alguien llegó a la historia cien?- Pregunto Huli con una mirada fija y observadora. Kurogane asintió con la cabeza, pero fue Sayuri quien hablo, la anciana de la casa.

-Oichi sólo tiene diez años, él no sabía nada, su inocencia le hizo entrar en la habitación y contar la tan temida historia número cien. La que nadie quería escuchar…-

-¿Y qué sucedió…?- Preguntó Ron con cierto nerviosismo.

-¿Dentro de la habitación? No lo sé hijo, nadie lo sabe… esa misma noche todos esos seres tan temidos comenzaron a aparecer, y a la mañana siguiente esas cien personas simplemente habían desaparecido, no estaban en ninguna parte, parecía que la tierra se las hubiese tragado completas. El gran demonio azul comenzó a buscar más almas probablemente para alimentarse de ellas pues al principio noche tras noche una persona desaparecía, niños, mujeres, niños… hombres, no sabemos si siguen vivos o… o no, Huli, tu mentor es uno de los desaparecidos.-

La chica de cabellos canosos sintió un vuelvo en el corazón, abrió los ojos grandes y volteó a ver a Magne incrédula, el hombre suspiró profundo y habló. –Tarde o temprano te darías cuenta… el viejo gruñón de Managarm decidió casi dar su vida para salvar la de unos cuantos, por esa misma razón tu llegada fue una bendición para nosotros, Huli…-

-Managarm…- Susurró Huli. –Pero ¿Qué piensan hacer entonces? ¿Qué tenemos que hacer nosotros? Yo intenté darle con una flecha a una de esas cosas y no le hizo nada, quieren ayuda… pero ¿cómo piensan que podremos hacerlo?-

Toda la familia volteó a ver a la cambiaformas, Kurogane suspiró y asintió con la cabeza. –Es… es necesario ir a ver al Consejo de sabios para que decida lo mejor para nuestro pueblo, es seguro que deban viajar hasta el templo de Inari…-








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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Kalhima el Miér Ago 12, 2015 5:33 pm

Caminaba por aquella jungla, cuando pude percibir que algo no iba bien, mis cabellos serpentinos se agitaron inquietos, no entendía de magia, pero estaba claro que aquella brujería era poderosa, las escamas de mis serpientes Rakka y Sissh se erizaron mientras con cautela, atravesaba la jungla a la mortecina luz del alba.
Había dejado atrás mi caverna y me disponía a cazar algo para comer cuando todo sucedió, me preguntaba cada vez más inquieta de donde venía esa magia, -humanos-dije con desprecio, -si hay algún mago cerca que amenace la seguridad de mi hogar lo mataré no  pienso permitir que destruyan a su antojo la jungla-dije decidida mientras sacaba mi arco y lo tensaba colocando una de mis flechas envenenadas.

Mis serpientes Rakka y Sissh reptaban inquietas por mi cuerpo, les hablé para tranquilizarlas y acaricie suavemente sus escamas.
La brisa fresca agitaba las ramas de los árboles, todo parecia estar en calma tranquilo, demasiado tranquilo, mientras escudriñaba con mis ojos verde esmeralda los alrededores de la jungla caminando con sigilo.
Mis cabellos serpentinos seguían inquietos, mientras continuaba caminando podia ver como aquella diabólica magia habia afectado a las plantas de la jungla, habia vegetación calcinada por todas partes, pero ni rastro del mago que hubiera podido provocar tanta desolacion sisee furiosa, mientras mis cabellos serpentinos se agitaban de cólera y las serpientes de mis cabellos siseaban a coro, debía encontrar al que fuera el causante de aquel caos y le haría pagar por ello.

Decidida pues y con ese pensamiento de venganza continue atravesando la selva, la cual era extensa y exuberante, aunque cada vez se veian más y más rastros de aquel caos, cuando por fin llegó la noche y la luna pleatada se alzó en el firmamento nocturno, me detuve a comer algo, unas frutas y algunas bayas, luego continué y salí de aquella selva después de dormir un poco.
Atravesé regiones resecas, mientras pasaban los dias, deteniéndome tan sólo para comer algo y dormir, en mi camino no tuve incidente alguno, y a la mañana del sexto dia pude ver los montes Keybak en su cumbre se alzaba un pequeño pueblo, la sensación a aquella magia era aun palpable, asi que me dirigí a aquel lugar escalando con rapidez y soltura aquellos agrestes picos, hasta llegar a su cima alli pude ver entre el bosque un pequeño publo, en el cartel de entrada decia "Canto del Ruiseñor, podia oir a los atareados humanos y las risas de niños y niñas, esperaba que aqui pudieran decirme algo sobre aquel asunto tan extraño y de donde venía esa brujeria diabólica, asi que comencé a caminar hacia el pueblo,-espero que pueda sacar algo en claro aqui-dije-estaba tambien cansada y necesitaba descansar un poco, me vendría bien si tenía que continuar después.
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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Tarisa Unami el Lun Ago 17, 2015 8:42 pm

Caminar sin rumbo es, a menudo, algo peligroso. Es decir, no se sabe que es lo que uno se puede encontrar entre camino y camino. Pero, también, esa es la gracia. Así como se dice de éste lado del océano, un vagabundo jamás está perdido. Al fin y al cabo, eso era yo, una vagabunda.
Comencé ésta travesía en la costa y me adentré en el continente sin pensarlo. Mis pies se movían y yo no cuestionaba su rumbo.
A decir verdad, me fui de casa sin un motivo fijo. Nunca pensé por qué detrás de mi partida, solo quería sentir el sol en la piel, supongo que eso es algo.
000

Desperté en la habitación que había pagado la noche anterior. Cuanto más me alejaba de los caminos y las ciudades, las posadas se hacían cada vez más escasas. La verdad es que, haber encontrado una tan cerca del camino poco transito que había tomado, era un sorpresa.
El propietario se asustó al verme por primera vez, sin embargo, creo que el susto se le pasó muy rápido, pues me rentó la habitación sin protestas ni malas miradas.
El plan era partir a primera hora de la mañana, sin embargo, surgió un imprevisto.
Yo estaba sentada en una de las mesas cercanas a la puerta, bebiendo una taza de leche caliente, lo que me podía permitir pagar. Di el último sorbo al mismo tiempo que la puerta se habría.
Al establecimiento entraron tres personas, con ropas sucias y miradas temerosas. Uno posó sus ojos en mí, acusándome en silencio. Se inclinó a su camarada y le susurró algo nerviosamente. El tercero examinó la posada y; además de mi persona y el posadero, había un hombre sentado en el fondo, quien parecía no querer inmiscuirse. Los tres me miraron a los ojos.
-Usted-Dijo uno, con un acento marcado-usted puede ayudarnos, ¿verdad?
Les miré con curiosidad.
-¿Ayudarle con qué, señor?- Pregunté.
-¡Por favor!-Interrumpió un segundo.-Hay otras tres personas con nosotros, esperando a fuera. Nadie ha aceptado ayudarnos, ¡estamos desesperados, por favor!
No pude reiterar mi pregunta, fui interrumpida por el tercero que añadió:
-Le daremos lo que quiera, lo que esté en nuestras manos, pero ayúdenos. Ha caído una desgracia en nuestro pueblo.
Medité en silencio unos instantes, pero no me quedó más opción que aceptar.
000

Me encontraba caminando un sendero sinuoso, las seis personas que me habían “contratado” me dieron indicaciones muy simples y omitieron alguna, como la bifurcación con la que me había encontrado.  Seguí el camino más marcado, el otro no me daba buena espina. El camino me llevó a un puente viejo, que pasaba sobre la garganta de una cascada, quizás me estaba adentrando demasiado en terreno hostil para mi especie. Es cierto que yo nací y crecí en una isla invernal, sin embargo, mi aldea no estaba en plena montaña.
Los… aldeanos no quisieron acompañarme, dijeron que esperaban encontrarme en su pueblo.
Yo esperaba encontrar el pueblo, al menos.
Fue, entonces, cuando llegué a la mitad del puente, los tablones de madera vieja se quebraron, haciendo un agujero.
Y comencé a caer.
Mi cuerpo fue golpeado por varias ramas que, de cierto modo, desaceleraron la caída. Pero, igualmente, me estrellé contra el agua que había debajo.
Debo de haberme quedado inconsciente, pues recuerdo despertarme en una especie de cueva. ¿No había otro lugar para despertar? El miedo comenzó a crecer dentro de mi cuerpo, sentía que las paredes se cerraban sobre mí. Era tanto el temor que no noté la fogata hasta que alguien me habló.
Al otro lado de las danzantes llamas, había una figura, muy parecida a una persona.
-¿Quién es?- Pregunté con vos temblorosa.
-Hm- Contestó una voz ronca y gastada –Vaya modales, ¿qué pasó con la educación en estos días?
No dije nada, me limité a mirar el fuego.
-Ah- Suspiró-Supongo que debo de ser el primero, al fin y al cabo, eres mi invitada. Me llamo Hibiki, también se me conoce como Daitengu, y ¿tú eres?
-Tarisa- Respondí
-Bien, Tarisa. Es caída que sufriste no fue mucho, a lo sumo te habrás goleado la cabeza muy fuerte. Sin embargo, me he encargado de curarte.-Hibiki calló por unos instantes- ¿Qué estabas haciendo en un camino tan abandonado?-
-Estaba buscando un pueblo. Canto del Ruiseñor.
-Ah sí, ese poblado. No estás muy lejos, saliendo de esta cueva se puede retomar el camino, el que sigue al otro lado del puente por el que caíste. No es la ruta más transitada, sin embargo, el terreno será irregular.
Daitengu me mostró la salida de la cueva y me indicó el camino.
Habré caminado unos diez minutos hasta, finalmente, llegar a lo que supuse era Canto del Ruiseñor.  ¿En qué me estoy metiendo? Me pregunté, antes de poner un pie dentro del pueblo.

(OFF: Daitengu - 
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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Huli el Mar Nov 17, 2015 6:57 am

La distancia recorrida no era mucha tomando en cuenta lo pequeña que era la zona. Canto del Ruiseñor era un pueblo rodeado de arroyos y bosques altos con claros distantes, el lugar a donde iban era un templo pequeño situado casi a la lejanía de un pequeño riachuelo. El tiempo transcurrido no había sido mayor a cuarenta minutos caminando.

La mayor parte del tiempo todos los presentes habían guardado silencio, al menos entre los integrantes de la familia Niita y sus yernos. A la cabeza del grupo iban Magne y Tenma, quienes cnversaban en voz baja, parecían hacer señales acerca del entorno y raras veces miraban hacía atrás; seguidos de ellos el viejo Kurogane caminaba tomando del brazo a su esposa Sayuri; el grupo de viajeros continuaba, Ron y Aulenor a la par, Seebs un poco detrás de ellos y cerrando la casi doble fila Huli y Reiko, la última pocos pasos por detrás de la primera.

Huli tenía muchas preguntas para hacer, cómo por ejemplo ¿Por qué Magne le había mentido desde un principio? ¿Dónde estaba su mentor? ¿Por qué esos “demonios” tenían un olor similar al de ella, o al de cualquier otra persona? ¿Quién era Oichi? Y lo más importante al menos para ella ¿Por qué esas cosas la llamaban Inari? Quiso preguntarle todo eso a Reiko, pero sintió vergüenza y decidió permanecer en silencio, de vez en cuando miraba de reojo al otro extraño cambiaformas masculino, le parecía un ser (a pesar de ser como ella) de lo demás extraño y un tanto intrigante, era la segunda persona que compartía su rasgos raciales si quiera un poco.

-Cómo que algo de aquí me da mala espina.- Comentó Ron en voz baja sólo para Aulenor. –Es decir, mira a estas personas, no nos conocen, la mayoría de nosotros somos aberraciones de la naturaleza sin contacto humano, no te ofendas, pero es la verdad… tan sólo mira a esa cosa.- Exclamó dirigiendo al mirada a Seebs.- La única persona aquí prudente entre nosotros es esa preciosura de cabellos extraños, al menos parece tener familiaridad con ellos.-

Como esperando a recibir una respuesta de Aulenor, el cambiaformas olfateaba el derredor casi por instinto, un inmenso aroma a incienso, cera, madera y moho comenzó a inundar su nariz, tanto que se vio en la necesidad de estornudar con cierto disgusto. Acto seguido Magne y Tenma voltearon a verlo con cierto desconcierto.

-Estamos cerca, el riachuelo próximo no es profundo, podemos cruzar caminando.- Aseguró Magne.

El ambiente de día en aquel bosque era completamente diferente a lo que los foráneos habían presenciado de noche, pues siendo todo claridad había incluso una sensación de tranquilidad espiritual, el suave sonido de los ruiseñores y demás aves entonaban a la perfección con el lejano susurro del agua al pasar por las piedras. Todo aquello armonizaba perfectamente con los altos árboles de bambú que cubrían por completo el bosque. De pronto, todo aquel silencio de palabras fue interrumpido por el abuelo Kurogane.

-Tengo que preguntar ¿Ninguno de ustedes había estado alguna vez en éste lugar, cierto?-

Era suposición quizás, pensar que la mayoría había negado la pregunta, a excepción de Huli. –Puedo preguntar ¿A dónde vamos?- Respondió de manera dudosa mirando con cierta curiosidad al abuelo Kurogane.

-Bueno, creo que nunca has estado ahí, verás Huli… mejor dicho, verán, al lugar al que vamos es un pequeño templo donde algunos de los más viejos nos reunimos para rezar y pedir a nuestra Diosa Inari, es la dama de las cosechas y la fertilidad, nosotros estamos tan agradecidos con esa divinidad por que gracias a nuestros rezos que fueron escuchados, Inari nos concedió el don de ser padres… Inari es la única divinidad que conocemos capaz de liberarnos de las pesadillas nocturnas que acongojan a nuestra aldea, pero sólo los ancianos del templo saben como invocarla directamente, hasta ahora también lo único que sabemos es que las armas que ustedes portan no les hacen nada, son seres malditos que necesitan de golpes y armas divinas para poder acabar con ellos.-

Terminó por decir el abuelo, Magne y Tenma miraron con atención al grupo, quizás esperando a que dijeran algo, el último carraspeó poco antes de llegar al arroyo. –Bueno, hemos llegado, ya casi estamos ahí, lo más sensato por ahora sería hacer las preguntas que tengan de uno en uno, a los ancianos no les gusta mucho que los jóvenes como ustedes se apresuren y más aún si se interrumpe su meditación. Esperen, permanezcan sentados hasta que ellos terminen de hablar, y cuando finalmente les cedan la palabra uno a uno podrán preguntar todo lo que quieran…-

Reiko chasqueó los dientes a manera de molestia, probablemente la razón de toda su molestia era la poca gracia o tolerancia que tenía hacía el consejo de los sabios, para la chica todos esos hombres y mujeres no eran más que un grupo de arrugados, aburridos y malhumorados señores y señoras solteras que no tenían en nada más que perder el tiempo que en esos tontos cantos religiosos… Sí, probablemente Reiko era una rebelde sin causa que en lo único que pensaba era en desollar y terminar con la vida de cada uno de aquellos demonios que acechaba a su familia y aldea llegada la oscuridad de la noche, tenía miedo, claro que lo tenía, sin embargo no solía mostrarlo, no quería que nadie se diese cuenta de lo asustada que estaba realmente.

Cruzando el arroyo a pocos metros más adelante un esplendoroso claro se abría paso poco a poco entre los árboles de bambú, conforme avanzaban entre los altos tallos, una pequeña estructura asomaba sus techos y decoraciones entre las ramas, una especie de “puerta” abría una senda pedregosa que guiaba a la entrada del templo, a cada costado de aquella puerta dos vislumbrantes estatuas de zorros blancos con un pañuelo en el lomo “resguardaban” la entrada. Huli no pudo evitar detenerse por unos breves segundos mientras observaba con atención las estatuas de aquellos curiosos zorros, le recordaban mucho a sus hermanos, sonrió para sus adentros y tocó la pata de una de las estatuas, Reiko la miró con curiosidad y de una manera determinadamente amable le explicó. – Los llamamos kitsunes, todos ellos son blancos y son mensajeros de Inari, la diosa que reside en éste templo.- La zorra blanca tan de pronto escuchó el nombre de “Inari” giró el rostro curiosa e interesa y prestó toda su atención a Reiko.

-Creo que lo había preguntado ya, pero dime de nuevo ¿Quién es Inari?-

-Inari es la diosa que reside aquí, en éste templo y en los lugares de nuestro derredor, es una dama que guarda por las mujeres y sus vientres fértiles, protege nuestras cosechas, sobre todo las cosechas de arroz, guarda de los zorros y nos presta el éxito de la vida, es… una diosa multifacética.-

-¿Y por qué Inari puede protegerlos de esos demonios? ¿Es eso lo que creen?- Preguntó nuevamente Huli un tanto desconcertada, pues todas las cosas que Reiko el decía de Inari no cuadraban en o más mínimo como para que fuera una deidad bélica.

-Bueno, verás Huli, los zorros blancos son criaturas protectoras en cuanto a lo espiritual, y aun que Inari no sea una diosa guerrera del todo, el simple hecho de guardar de los zorros blancos la hace nuestra única esperanza, por que es una fuente de divinidad y por medio de ella podemos pedir para que nos otorgue protección y…-

Pero antes de que continuara, Tenma, el padre de la chica hizo un además y chistó con el dedo índice en los labios, estaban entrando al templo y podían escucharse muy bien los rezos de las personas, Reiko giró los ojos a manera de aburrimiento, suspiró, alzó una ceja y procedió a quedarse sentada en una roca muy cercana a la entrada del templo.

-¿Ella estará bien?- Quiso preguntar en voz alta Huli, pero no pudo evitar susurrar, Tenma asintió con la cabeza mientras que Magne le daba una mirada de severa desaprobación..

Al entrar al templo todo fue silencio, desde el momento de su llegada, Kurogane les había pedido que se quitaran los zapatos, entraron despacio, ordenados y sin hacer tanta alarma, a fin de cuentas el silencio del lugar hacía los pasos de los recién llegados tan obvios como el paso de un elefante. Magne carraspeó disculpándose mientras una mirada de cierto disgusto se notaba en los rostros de los ancianos del lugar, tres hombre y tres mujeres de entre 90 o quizás 100 años de edad, todos ellos encorvados, todos ellos con las pieles más arrugadas debido a su edad, las manchas en las manos y el blanquecino cabello destacaban en todos los presentes… El anciano situado al frente de todo el pequeño grupo giró lentamente la cabeza, era probablemente el mayor de todos, sus ojos pálidos denotaban cansancio y a la vez sabiduría, llevaba una calva amplia en la parte superior de la cabeza, y un escaso pero largo bigote le crecía sobre la comisura de los labios, sus ojos eran rasgados, tanto que no se podía apreciar si los tenía abiertos o cerrados. El atuendo que cubría su delgado y frágil cuerpo era probablemente de seda pura al igual que el de todos los demás, un kimono ciertamente más elegante que el que llevaban Ron o Aulenor, largo, con más detalles y de colores vinos, ocres y cafés.

-La zorra blanca ha venido con ustedes, es augurio de Inari la necesidad de nuestro pueblo, así como un llamado premonitorio el simple hecho de que ustedes estén aquí… ahora mismo con nosotros.- Al terminar aquella frase todos los ancianos giraron sus rostros hacía los recién llegados, todos ellos ciegos… todos ellos decrépitos, todos ellos llenos de sabiduría ancestral. Tenma, Magne y el mismo Kurogane junto a su esposa mostraron una ligera reverencia bajando la cabeza, Huli miró a los presentes imitando sus movimientos mientras de soslayo miraba a los demás extranjeros, denotaba que quizás era alguna especie de saludo respetuoso, o quizás algo que la mayoría de la gente solía hacer, en realidad quería preguntar, quería decir muchas cosas, sin embargo optó por quedarse callada y limitarse a mirar lo que sucedía.

Aquella reverencia duró pocos segundos, inmediatamente todos elevaron la cabeza y la cambiaformas hizo lo mismo, pudo notar con mayor atención los rasgos de aquellos ancianos, no se había percatado nadie, pero al centro del templo, casi a cada esquina del lugar dos jóvenes sacerdotisas esperaban sentadas, las dos calladas cual si fueran un par más de estatuas del lugar, sólo el parpadeo sutil de sus ojos y el respirar de su pecho delataban lo vivas que estaban.

-Sabio consejo… éstos han sido los jóvenes que han llegado a nosotros gracias a los rezos que hemos hecho a Inari, no son la cantidad que esperábamos pero…- Había sido Kurogane quien decidió romper el silencio, sin embargo sus labios fueron callados por una de las ancianas, una viejecita que a pesar de su aspecto se notaba como una mujer elegante y educada. Aquella anciana elevó la mano derecha lentamente, y ese simple gesto hizo que Kurogane permaneciera callado. –No serán los únicos que vendrán, tampoco los últimos, la ayuda está por llegar y ninguno de ustedes tiene razón para preocuparse.-

Al decir esto todos los ajenos al templo giraron sus rostros entre sí mismos completamente incrédulos ¿Acaso era cierto lo que decían?

-Todo lo que decimos es verdad.- Dijo uno

-Nosotros no mentimos.- Complementó otra

-Somos todos sabientes de lo que pasa a nuestro derredor.- Respoguió un tercero.

-Nada puede esconderse ante nuestros ciegos ojos…-

-Somos testigos claros de lo que ocurre.-

-Somos la voz y las puertas divinas que dictan lo correcto y lo incorrecto…-

-“Conocemos cada secreto, cada por qué, cada cómo, cuándo y dónde…- Finalizaron todos al unísono.

Kurogane tragó saliva y asintió con la cabeza, era momento de que los jóvenes extranjeros hicieran las preguntas que sus corazones y mentes indicaban… a decir verdad quien probablemente tenía más dudas, era la zorra blanca, pero por simple educación prefirió esperar a que los demás hablaran. Se limitó simplemente a observar a aquel extraño esbirro insectoide de Seebs, se preguntaba si esa extraña criatura tendría alguna duda, si quiera si podría conjugarla correctamente con palabras.

Por otra parte Reiko esperaba fuera del templo con una mirada taciturna, había tomado un montoncito de piedras que posteriormente comenzó a tirar una a una, cada una de ellas más lejos, probablemente hasta donde sus ojos pudieran divisarlas y tanto como las ramas de bambú se lo permitieran.

…..








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Mensaje por Aulenor el Lun Nov 30, 2015 12:08 am

__Todas las personas dirigían ahora sus miradas hacia los cuatro no humanos. Querían que ellos preguntaran.
__De los cuatro, el woe no parecía que pudiera preguntar mucho, la chica miró a los demás esperando a que preguntarán ellos, y Ron no parecía por la labor de ser el primero. Así pues, el escamado tomar ese lugar:
__-'ueno... ¿Sabéis que son esas criaturas?
__Una de los ancianos, la mujer que aparentaba mayor edad abrió todo lo posible sus grandes ojos blanquecinos y los dirigió hacia el nagar. Ella era ciega, eso era algo seguro pero, a pesar de su ceguera, daba la impresión de  que pudiera percibir algo más que el simple ruido de las cosas. Aulenor sintió un pequeño escalofrió al devolverle la mirada.
__-No son como tú, tampoco son como yo... sin embargo siguen siendo personas
__La respuesta desconcertó a los presentes provocando un pequeño murmullo en la sala. Huli alzó su voz rapidamente:
__-Creí que eran demonios... no personas
__El hombre situado al centro del grupo de ancianos carraspeó, elevó una mano como pidiendo silencio, sus dedos temblorosos amenazaban con quebrarse ante cualquier movimiento, eran manos cadavéricas... esqueléticas y tétricas.
__-Son demonios... es verdad, pero también son personas, personas encerradas en cuerpos demoniacos, poseídas por un demonio mayor que goza de controlar los cuerpos y acciones de otros transformándolos en simples marionetas diabólicas, no deben matarse... por que si los matas matarás a la persona que habita dentro del demonio, no puedes combatirlos, sólo pueden "liberarse".
__Los ojos de los presentes se abrieron de par en par, hasta ahora todos en Canto del Ruiseñor desconocían lo sucedido, ahora toda la familia Niita sabía lo que estaba ocurriendo, vecinos, amigos y familiares externos ululaban en las noches tenebrosas convertidos en esas criaturas de pesadilla.
__-Fueron cien personas... cien personas, cien demonios, contando al Ao Andon, tienen ustedes a 99 almas y cuerpos humanos encerrados en cuerpos decadentes de horror que deambulan por las noches y durante el día se ocultan gracias a la magia de las sombras.

__-¿Y cómo se les puede liberar, o por lo menos combatir?-preguntó Ron
__Otro anciano se acercó, inclinando sólo un poco el cuerpo mientras balbuceaba
__-Magia blanca... magia divina, armas sagradas... armas bendecidas por la fuerza de nuestros dioses, no pueden quitarles la vida, requieren de armas especiales que con el simple roce de sus puntas puedan liberar al cuerpo humano de semejante criatura demoníaca. Pueden hacerlo uno por uno, o buscar directamente a la Reina de todos esos monstruos, el demonio azul, el Ao Andon, y un sólo golpe hará que todo regrese a la normalidad...
__-¿Y dónde conse'imos armas así? o ¿Cómo las forjamos?-inquirió el escamado.
__-Ustedes habrán de buscarlas, no podemos resolverles todo...-respondió otra de las ancianas.
__Ninguno de los presentes quedo muy conforme con la respuesta, pero el ambiente de la sala no invitaba precisamente a revindicar una segunda respuesta más precisa por parte de los ancianos.

__Aulenor meditó un poco sobre su siguiente pregunta, rememorando por lo que habia pasado la noche anterior. En cuanto recordó sus impresiones al llegar al puedo, no tardo mucho en encontrar una.
__-¿Y cómo diferenció a estos demonios de las criaturas normales?
__-Estos espíritus son seres de la oscuridad, y nunca se expondrán a la luz del día.-recibió cómo respuesta.
__El nagar asintió mientras seguía pensando más dudas. Sin embargo, las únicas que le surgían no eran respecto a los espiritus, sino respecto a los ancianos en si.
__-¿Cómo saben tantas cosas sobre estos demonios? y si ya tenían la información, ¿por qué no han hecho nada hasta ahora?
__Nosotros... lo sabemos todo- Fue una frase al unísono, sin mirar a nadie, sin hablar a nadie, tan sólo como si estuviesen hablando con el suelo. -Lo vemos todo, lo sentimos todo... Pero no todo podemos decirlo- La penúltima pregunta parecía no querer ser respondida y la última se limitó a un -Por que no nos atrevemos, no queremos lastimar a nadie...-


Fin del comunicado
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Re: Hyaku Monogatari

Mensaje por Huli el Miér Mayo 25, 2016 8:49 pm

Reiko observaba desde lo lejos el extraño y silencioso templo que se alzaba desde una corta colina por entre el bosque de bambú, suspiró una larga y cansada vez algo fastidiada y se limitó a recargarse en una de las estatuas de aquellos zorros blancos.

-Esto es una maldita pérdida de tiempo…- Susurró la chica para sus adentros, sin embargo sus pensamientos fueron interrumpidos por un frágil sonido que rompió incluso el silencio del lugar, el silencio del templo. Sin pensarlo dos veces la chica se colocó en posición de ataque con la mirada fija entre las varas de bambú, era seguro que entre aquellas ramas algo había y estaba próximo a salir pero…

*Reiko… Reiko chan…*

Una infantil y susurrante voz exclamó aquellas palabras llenas de somnolencia como salidas de ultratumba, resonaron en los oídos de la chica como un silbido vacilante, era una voz y un tono conocidos para Reiko.

*Reiko chan…*
-¿Quién eres…? ¡Sal de donde quiera que estés! – Reiko parecía completamente desorientada y nerviosa, el pecho le palpitaba en cada respiración, sus manos comenzaron a sudar frío y como si de inercia se tratara también sus labios empezaron a temblar, por más que sus ojos trataban de buscar el origen de aquella voz simplemente no encontraba respuesta alguna. -¿Niños? ¡A caso son ustedes? Esto no es para nada divertido ¡Déjense de tonterías o le diré a sus padres ahorita mismo y…!- Pero su voz fue silenciada por el movimiento etéreo de las hojas por encima de ella… las hojas tiradas en el suelo comenzaron a danzar alrededor de ella provocando una brisa circular.
*Reiko… ayúdame Reiko…*
Un escalofrío le recorrió desde la nuca hasta cubrir toda su espalda, el vello de su piel se erizó y el viento comenzó a moverse como si de una forma tangible se tratase, las hojas comenzaron a formar poco a poco una pequeña silueta juguetona que buscaba a tientas acercarse a Reiko. Era una voz suave, tenue, parecía la voz de un niño que repetía una y otra vez “Ayudame”.

*Reiko chan por favor, no me gusta estar aquí… ¡Sácame de aquí!*
-O… ¿O-Oichi…?- Susurró Reiko con la mirada perdida y completamente anonadada.
Y tan de rápido como la naturaleza se lo permitió, aquella suave brisa se convirtió en una brusca oleada de tajantes hojas que comenzaron a ulular alrededor de la muchacha, sus faldas, cabello, manos y todo aquello que quedara a merced del viento comenzó a recibir rápidos y pequeños cortes que desplegaban un dolor agudo en la piel de la chica.
*¡REIKO CHAN! ¡¡AYUDAME!!*
Las últimas palabras habían sonado desgarradoras, sin logro alguno Reiko trataba de defenderse de aquel enemigo invisible dando tajos al viento cortando las hojas que oscilaban amenazantes contra ella. Ramas, hojas y demás restos de plantas comenzaron a atacarla, sin embargo a pesar de ser dolorosos Reiko podía mantenerse en pie, comenzó a correr dirigiéndose hacia el templo, cubría su rostro y cuello con las manos por delante una vez habiendo guardado su katana. Una larga y delgada vara le dio de lleno en la coyuntura interna de la rodilla lo que provocó que Reiko soltara un alarido muy notorio.
El viento parecía murmurar nombres distintos en cada tajo, risas, llantos, lamentos… todo aquello brotaba y se despedía de cada tajo en cada hoja…

*¡REIKO AYUDAME… AYUDANOS!*

Tras la última petición una sonora y maquiavélica carcajada brotó de entre casa rama, cada árbol y cada espacio del bosque. La chica corrió sin importarle el silencio que debía guardar en el lugar, se aproximó al templo, abrió la gran puerta corrediza y antes de que las hojas casi como navajas se le clavaran en el pecho y rostro entro, cerró la puerta de golpe y las hojas cortaron las delgadas capas del papel de arroz que decoraba la entrada principal, y al entrar en contacto con las maderas del templo perdieron su fuerza y cayeron desquebrajándose en el suelo… Reiko se dejó llevar por la gravedad hasta quedar sentada y recargada en las paredes principales con la mirada perdida en aquella destrozada puerta corrediza. Toda su ropa había quedado manchada por pequeños fragmentos de sangre, el perfecto corte de cabello que llevaba ahora parecía haber sido masticado o tajado por un ciego, uno que otro corte ligero asomaba por su delicado rostro lleno de pánico, la pierna derecha le sangraba debido al corte que había recibido en la coyuntura…

Había sido un escándalo completo lo que sus pasos, gritos e intentos de defensa habían provocado. Dentro del templo los ancianos elevaron la cabeza cuando los ruidos comenzaron a hacerse más y más cercanos.
-¿Qué diablos está haciendo tu hija, Tenma?-
-Esto no está bien… algo anda mal…- Introdujo Tenma y de inmediato se levantó para socorrer a su hija. Ambos hombres pensaron que serían silenciados por el grupo de ancianos… pero no fue así, las viejas personas se limitaron a quedarse calladas en sus respectivos lugares sin decir si quiera palabra alguna o hacer señalamiento alguno. -¡Reiko está en peligro…!- Intuyó Tenma mientras avanzó…
Magne fue detrás de él seguido por los abuelos, sus pasos se hicieron cada vez más y más apresurados hasta llegar a la entrada principal. Las puertas corredizas estaban rasgadas y agujeradas, Reiko yacía en el suelo recargada a la pared con la cabeza echada hacía arriba y las manos en la frente, al voltear y observara su padre ella exclamó -¡Papá!- y como una chiquilla corrió a sus brazos completamente asustada, Los brazos de la muchacha estaban llenos de largos y pequeños cortes a la vez, Tenma observó cómo entre sus ropas aún había pequeños restos de cabellos cortados, vio su sangre escurrir por sus pies y la abrazó preguntándole lo que había sucedido… pero Reiko no se encontraba bien del todo, a pesar de ser una chica fuerte y valiente, la manera sobresaltada en la que había ocurrido lo de hace un momento la habían dejado sin aliento…
Huli no tuvo el valor para acercarse del todo, además no tenía una idea completa de cómo ayudar a Reiko, se limitó a levantarse de su lugar y observar retirada la escena, sintió lástima y quiso correr a ayudarla… pero no lo hizo, una de las ancianas la observó y amenazando con que sus pies se quebraran se acercó a ella con curiosidad.
-Muchacha… Ellos te tienen miedo…”Ellos”-
-¿Perdón…?- Respingó la Kitsune con cierta confusión. -¿Quiénes son ellos? ¿Los espíritus?
-Ellos saben que si estás aquí, Inari tiene la facilidad de comunicarse con los humanos, eres un zorro y ante todo puedes hablar… un zorro que habla entre los humanos.-Argumentó la sutil y delicada anciana.
-Dígame por favor abuela… sólo una pista, una pequeña idea de cómo podemos conseguir armas que los liberen, sólo una pequeña… por favor.- Huli suplicó con una tierna mirada, todos los ancianos la observaron ¿Acaso podrían no tener respuesta para un zorro de Inari? Era como mentir u ocultar a un semidios mismo…

-Niña…, más adentro del bosque, ahí en lo profundo donde parece no haber relación con nosotros hay un templo, una diminuta construcción que asoma sus altos y delgados muros por entre las varas de bambú… ahí encontraran la respuesta tú tus compañeros… Es mejor que se vayan ahora mismo, aun aunque sea de día, la naturaleza es aliada de los espíritus benignos y malignos, si siguen aquí “ellos” se enojarán aún más…- Inquirió la abuela dando una seña de que salieran lo antes posible. –Zorra blanca… - Susurro poco antes de que Huli avanzara. –Ese templo no puede ser tocado, visto, si quiera imaginado por humanos, es de suma importancia que vayan ustedes solos…- La anciana se refería a los no humanos, a Aulenor, Ron, Seebs e incluso a ella.
Huli la observó y asintió con la cabeza mientras de reojo observaba a Aulenor con cierto nerviosismo. –Gracias… abuela- A estas alturas, Tenma ya había cargado a Reiko para salir del lugar, en el bosque todo parecía silencio de nuevo… al menos por aquel momento.








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Re: Hyaku Monogatari

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