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Honores y ladrones [Libre]

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Honores y ladrones [Libre]

Mensaje por Suz el Mar Mayo 26, 2015 12:26 pm

La ciudad de Tirian-Le-Rain no estaba mal, por eso de la falta de competencia. La única ladrona entre sus muros era yo. Y nadie lo sabía. No era un sitio muy grande, y yo no había pasado desapercibida, pero la gente pensaba que era una aventurera gastando oro que había conseguido en mis peligrosas aventuras.

Y bueno, gastaba oro, pero lo sacaba de las bolsas de la gente por la calle, o de los cepillos de las iglesias, e incluso había robado a algunos de aquellos caballeros estirados que salían de la fortaleza en forma de torre que se levantaba en mitad de la ciudad. ¡A nadie se le pasaba por la cabeza que pudiera haber ladrones en las calles, así que nadie vigilaba!.

Bueno, eso era lo que yo pensaba. Adivinad; resulta que me equivocaba. Lo descubrí una mañana de resaca, en una posada en la que me alojaba. La noche anterior me había emborrachado un poco, y me había colado en la habitación del posadero para robarle unos ahorros que tenía bajo la cama. Al día siguiente me había olvidado de aquello, y no me extrañó que se me acercara frotándose las manos, nervioso antes del desayuno. "Señora, señora", me dijo. Como si yo fuera una señora. "¡Tenemos un gran problema!, ¡Hay una plaga de ratas gigantes en el sótano, y no puedo bajar a por las tinajas de leche!".

Qué típico. Me levanté un poco a desgana y saqué mis dagas, frotándome la cara. "Vaale, me cargo a las ratas y me das algo de oro de tus ahorros". Cuando llegué a las escaleras que bajaban al sótano me di cuenta de que él ya no tenía ahorros, así que cambié de idea. "Oye... mejor desayuno en otro lado, ¿sabes?". Pero justo cuando me estaba dando la vuelta, el posadero, que era bastante grande y fuerte, me pegó un empujón por la espalda. El horrible peso de mi pecho hizo el resto, y perdí el equilibrio. Afortunadamente, mis reflejos de asesina funcionaron y me hice una pelota sobre él, rodando escaleras abajo y clavándome cada escalón en la espalda. En algún momento conseguí lanzar una daga volando hacia la puerta, pero ya estaba cerrada y se clavó ruidosamente en la madera mientras yo continuaba mi descenso rodante.

Mi mareante periplo terminó con un golpe en la cabeza contra una barrica, que hizo que todo me diera vueltas. Iba a levantarme con un movimiento fluido, pero entre el mareo y la resaca solo di un par de pasos torpes, mientras escuchaba desde la puerta, "¡Ahora sí que tengo una rata en la bodega!, ¡Voy a llamar a la guardia ahora mismo!, ¡Ladrona!". Yo no quería terminar ajusticiada, así que intenté decirle: "¡Espera!, ¡Te devolveré el dinero!". Pero ya estaba perdiendo el conocimiento tras el golpetazo en la cabeza, y lo único que me salió fue "¡Pera!, ¡Salero!". Supongo que no lo entendió, o que pensó que le estaba pidiendo el desayuno. Luego me quedé inconsciente.
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Re: Honores y ladrones [Libre]

Mensaje por Suz el Mar Mayo 26, 2015 12:49 pm

Me desperté en el suelo de la bodega, donde había caído, boca arriba y con alguien removiéndose encima de mi. No era la primera vez que me despertaba así, pero afortunadamente seguía vestida, y mi ridículo busto seguía protegido bajo la gruesa y elástica piel de ballena de mi traje. El hombre era un caballero, con aspecto digno, armadura y barba oscura. Y estaba haciendo algo en mi cuello.

Mi rodilla salió disparada hacia el único lugar en el que no tenía armadura, donde se juntan las dos piernas, y se hundió profundamente. Él puso una cara muy divertida, bizqueando los ojos, y pegó un grito muy poco masculino antes de caer a mi lado agarrándose la zona dolorida con muy poco decoro. "¡Dejadme en paz!", grité yo rodando por el suelo y levantándome.

Allí había otro caballero; también estaba el posadero, y un hombre mayor que vestía ropa de seda y tenía bolsas bajo unos ojos grises y dignos. Por su constitución debía haber sido caballero antes de cumplir los cien años, y ahora debía ostentar algún cargo importante. No me importó: era el adversario más fácil.

Salté contra él aprovechando el pasmo con el que todos veían al caballero de los huevos rotos retorcerse en el suelo, y lo aparté contra el posadero mientras prometía volver y vengarme. El otro caballero, que todavía estaba en pie, me señaló con el dedo: "¿Como osais tratar así al decano de nuestra orden, mujerzuela?". Yo desaparecí escaleras arriba, riéndome, "¿Mujerzuela?, ¿en serio?". Me di la vuelta en la puerta para hacerles un gesto feo con el dedo, y vi como el anciano, zapateado en el suelo, sacaba un extraño cetro. Seguramente era un lazador de rayos mágicos o algo así; cerré la puerta para que no me alcanzara y salí corriendo de la posada con toda la velocidad que me permitía tomar la temblorosa masa de carne con la que tenía que cargar.

Y entonces me di cuenta de que había algo en mi cuello. ¡Sir Huevos Rotos me había puesto un collar metálico!. ¡Y se hacía cada vez más estrecho!. En unos segundos me estaba apretando el cuello como si me lo fuera a partir, y no pude seguir corriendo. Caí sobre el empedrado de la calle boca arriba, intentando meter los dedos entre el metal y mi pobre cuello, cuando vi al anciano sobre mi, con aquel maldito cetro en las manos.

"Jovencita, es usted muy desagradable, y ha robado en nuestra ciudad. Normalmente terminaríamos con esto rápidamente, con una ejecución pública, pero se da la casualidad de que necesitamos los servicios de alguien que parezca de los bajos fondos, que sepa hurtar cualquier cosa y a quien se le dé bien huir. Hemos estado estudiando los robos que ha cometido en nuestra ciudad, y creemos que está capacitada. Así que, ¿qué prefiere?. ¿Morir ahogada?. ¿Un cuello roto?. ¿O pagar su deuda con nosotros cumpliendo esta misión?".

Yo no podía hablar, pero supongo que el color morado de mi cara y mi mirada de súplica fueron suficiente para que entendiera.
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Suz

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