Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» A Hope's Tail
Hoy a las 8:32 pm por Gar'Shur

» El deber de un jefe
Hoy a las 3:44 pm por Varok

» Strindgaard
Hoy a las 2:29 pm por Strindgaard

» Ficha Varok del Clan Martillo de Trueno
Hoy a las 1:19 pm por Bizcocho

» Pero sin presiones eeh!
Hoy a las 12:37 pm por Lujuria

» *dances the seaweed dance* (〜 ̄△ ̄)〜
Vie Nov 17, 2017 2:01 pm por Balka

» Aracnofobia [Campaña]
Jue Nov 16, 2017 9:56 pm por Almena

» - Apocalipsis now -
Jue Nov 16, 2017 7:42 pm por Abdel Azim

» 5 días bajo la nieve [Grupo 1][Campaña][Kasumi, Arete, Pereza, Eudes, Niris, Suwan]
Jue Nov 16, 2017 7:07 pm por Arete

» El cordero
Jue Nov 16, 2017 9:46 am por Bizcocho

» Apocalipsis now
Miér Nov 15, 2017 10:39 am por Abdel Azim

» Varok viene a saludaros
Miér Nov 15, 2017 9:14 am por Bizcocho

» Maleficarum [Solitaria +18]
Miér Nov 15, 2017 6:36 am por Lujuria

» Cassandra vs Aulenor
Mar Nov 14, 2017 3:09 am por Aulenor

» Demonología: Adulterium [+18]
Lun Nov 13, 2017 5:46 pm por Lujuria




Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Lux Aeterna.

Página 2 de 5. Precedente  1, 2, 3, 4, 5  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Re: Lux Aeterna.

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Jul 04, 2015 5:39 pm

La zona cercana a Arthias al parecer odiaba al tuerto, ya que es la segunda vez que momentos después de pisar su tierra, su gente lo atacaba. Estar tan cerca del castillo le traía recuerdos agradables a Necross, como la primera cosa que dijo cuándo conoció a Ondine, lo primero que le grito cuando la vio fue “mierda”, a lo que ella respondió con un sonoro “idiota”.

De apoco el tuerto regresaba a la normalidad, la ebriedad se le paso en el mismo instante que desenfundo su espada. Junto a la mujer de la venda en los ojos cargaban a la oscura, y el hombre del parche agradeció aquella ayuda. -Gracias.- Dijo en un susurro. Quizás su mente estaba más clara, pero su cuerpo aun sentía los efectos de los vasos de ron. Mientras corrían, las piernas de Necross se cruzaron, el hombre del parche al notar que iba a caer inmediatamente soltó a Fïrinne, el tuerto cayó al piso de costado, usando  el hombro derecho para amortiguar la caída.

Pero no se puso de pie inmediatamente, Necross se quedó sentado mirando hacia atrás, específicamente la taberna de la cual escapaban, nadie los seguía.  Y fue en su pequeño momento de tranquilidad que las cosas que habían pasado llegaron a su mente, algo sucedía, alguien los quería alejar de Arthias. Un único nombre apareció en la mente del tuerto como respuesta, el nigromante que derrotaron hace ya años dentro del corredor infinito, Isaac. El hombre del parche sintió miedo, no por el posible encuentro con el joven nigromante, no por la quizás futura batalla que tendría, no. Necross sentía miedo porque recordó que abofeteo a Fïrinne, y aquello le saldría caro.

Antes de que la ciega hiciera o dijera algo, el hombre del parche se puso de pie, y nuevamente ayudo  a cargar a la oscura, quien no paraba de gruñir. -No hay razón ya para escapar, gracias.- Necross entonces cargo con todo el cuerpo de Fïrinne, y comenzó a caminar tranquilamente, lejos de la taberna y de Elinor. Pero antes de alejarse completamente los pies volvieron a fallarle, esta vez se llevó el cuerpo de la oscura con él, y ambos chocaron contra el piso. Sin preocuparse lo más mínimo por su compañera, el tuerto comenzó a arrastrarse, pareciera que buscaba algo. Con ambas rodillas en el piso, y la mano izquierda sosteniéndole el cabello, Necross Belmont, comenzó a vomitar.

Al terminar con su show, el hombre sin parche volvió a tomar a la oscura como si de un saco de papas se tratara. -Parece que nadie nos sigue, y no estáis en condiciones de ir a ningún lado. Busquemos un sitio tranquilo donde hacer noche.- Con la mano libre, Necross se rascaba la cabeza, mientras intentaba mantener el equilibrio, asintió a la propuesta de la mujer vendada, y junto con ella salieron del pueblo.

El cuerpo de la oscura pesaba, pero no se sintió tanto ya que Elinor ayudo al hombre sin parche a cargar a Fïrinne, Necross podría fastidiarla nuevamente diciéndole gorda. -Aquí… aquí está bien.- En las afueras, y sobre la muralla que rodeaba al pueblo, el tuerto se dejó caer, y junto a él, también cayó la oscura. El hombre sin parche se acurruco cerca de la drow, usando su hombro como almohada, pero no se durmió. Sus sentidos si bien estaban alterados, su ser seguía siendo el mismo, su conciencia le advertía que no debía confiar en nadie, así que Necross intento mantener uno de sus ojos abiertos, vigilando a Elinor. Eso, hasta que el sueño y la borrachera le ganaron, y se durmió a la intemperie.

Hacia frio, estaba oscuro, e inconsciente,  el hombre sin parche abrazo a Fïrinne. En su mente imaginaba que la elfa era otra persona, una que conoció hace mucho tiempo, cerca de donde están ahora; Necross soñaba con aquella mujer quien la primera palabra que le dijo fue “idiota”.



¿Quién te conoce Invitado?
avatar
Necross Belmont
The Azure Knight

Mensajes : 1010
Edad : 97
Link a Ficha y Cronología : Necross Belmont
Un Hombre sin Lobo

Nivel : 7
Experiencia : 2630 / 3500

Volver arriba Ir abajo

Re: Lux Aeterna.

Mensaje por Fïrinne el Dom Jul 05, 2015 10:19 pm


De la nada había aparecido la vendada. Sus cabellos castaños bailaban allá, luego acá, con un cayado que manejaba con movimientos medidos y exactos, precisión antes que espíritu. La elfa poco o nada podía entender lo que sucedía, imbuida por la adrenalina y el alcohol solo quería deleitarse con la sangre, dejando aflorar la ira y frustración que durante días había corrido por sus venas. ¡Pero aquella buena novilla no hacía más que abrir la boca para lo que no era diestra! Cómo podía odiar a los entrometidos, y más aún si se trataba de una cordera minusválida. ¡Ya bastante tenía con un tuerto para que la Divina Providencia mandara algo aún más incompleto! Además, ¿acaso nadie le había enseñado a callar?

Fïrinne escupió de nuevo y lanzándose sobre todo y con todo, poco supo de lo que realmente sucedía o hacía. Eventualmente oía al greñudo del mandoble y luego a la vendada, y sabiendo que aquella jerga de humano la detestaba, solo podía llevarse un dedo a la boca y esbozar tontamente un “shhh”, que solo ella podía oír al baile de las gemelas. No atinaba a nada, pero se sentía como si lo hiciera. Entonces venía la risa y luego la furia… finalmente el “shh”. Un círculo de estupidez comparable al dolor de cabeza que sentía.  

A su alrededor, se movían unos, respondían otros, y como en un sueño que se torna pesadilla, el polvo se entraba por su nariz dejando en el aire estelas de palabras sin sentido. ¿Arthias? Ya el nombre le hastiaba hasta llevarla al desespero. El olor de los plebeyos le irritaba los sentidos, explotando más su agresividad. “Olor a campesino, olor a mierda… ¿por qué a mí si soy tan buena?” entonaba sin sentido su pensamiento a lo que le venían de nuevo las carcajadas. “Los quiero muertos… ¡MUERTOS!”, repetía su inconsciente sonriente abatiendo las espadas con frenesí.  

Un golpe en su retaguardia la hizo morderse la lengua con la caída y de nuevo la vendada apareció en su rango de visión, ofreciendo su mano como su ayuda. Pero la oscura poco sabía de agradecimiento, de modales o de sentimientos nobles. Criada en el corazón de un bosque oscuro como temido solo tenía orgullo y displicencia para aquellos que con bondad o gentileza aparecían. Para ella, aquella manera de ser y hacer era tan estúpida como sumisa. Y ella era Fïrinne, su nombre significaba poder… PODER, ¿cómo se atrevía una cucaracha a ofrecer su ayuda a un gigante?

La encaró con enojó lanzándose de nuevo a la batalla, pero en su locura un estruendo se escuchó y luego simplemente de sus ropas fue arrastrada por una fuerza, que pronto la llevó a sumirse en un sueño intranquilo, donde se bamboleaba como si en un navío fuera.

“La arena se mezclaba con el olor a caliente. Odiaba aquel clima como a las gentes que la habían seguido hasta allí. La traicionaron por sus pertenencias, sin embargo, con sus maldiciones y su ira, sabía que no lograrían llegar muy lejos: eran gusanos y muchos comen gusano.

Había pasado días tras las columnas, tratando de descifrar aquella lengua tan extraña como compleja. Parecía élfico, pero la grafía se expresa en runas, parecía llevar las inflexiones de aquel lenguaje burdo dominado por las gentes del norte, especialmente aquellos relacionados con el hielo de Efrinder… De todo lo que conocía, la oscura reconocía que aquel acertijo se remontaba a tiempos más allá de las vidas élficas y su historia, a un pasado más oscuro que el oculto por todos los árboles de Jyurman.  

La zozobra la embargó y al final, sin medir el éxito o fracaso de su empresa, se aventuró dentro de las salas internas de aquel templo. Con cada paso el eco seco de un clima cada vez más agradable la envolvió, y así prosiguió por lo que parecían días, quizás semanas, quizás el mes… Entre trampas y acertijos pensó que nunca encontraría nada allí, o al menos nada que valiera la pena.

Musica:





Entonces, como una ráfaga de salvación, el viento movió sus cabellos grasientos, develando la primera corriente que durante tiempo había estado buscando. Emanaba de unas puertas, pequeñas, de madera traída de bosques que allí no se conocían, talladas con formas diferentes, inundadas de esa grafía que cada vez más comprendía. Dudó en ingresar, pero al final lo hizo y la luz la cegó. Entre un mundo oscuro, el pequeño rayo de sol caía sobre un montículo de piedra y sobre éste… flotaba… la razón para hacer ese viaje flotaba allí, sin más, a su alcance, esperando por ella.

Se acercó con cautela, pues su travesía tras aquellos túneles le habían enseñado algo más que grafía: desconfianza. Las trampas habían inundado su recorrido y poco le apetecía sufrir más.

Con lentitud se acercó y sorprendentemente nada en aquellas paredes y suelos parecía revelar problemas. El corazón dio un vuelco cuando entre aquellos jeroglíficos pintados por doquier reconoció un grabado perfecto: un ángel se levantaba sobre los bosques y las nubes respondían su llamado, abajo tres figuras aguardaban junto a un ejército que observaba.

Fïrinne supo de inmediato a qué hacía referencia y apretando los puños observó el objeto… sin animarse a tomarlo.

Entonces apareció ella. De cabellos níveos y alas extendidas, sin la pereza que la caracterizaba, como un espectro camuflado entre la luz que caía sobre el montículo, tomó el aro coronado por las tres piedras y lo dispuso en las manos de la oscura:

-Devuélvemelo… Devuélveme…

No tuvo tiempo de hablar, temblándole la quijada al son de su propia confusión. La vio acercarse, y rodeándola con ternura, a pesar de su estatura, la apretó. Su abrazo cariñoso confundió a la de ojos rojos y sin poder siquiera protestar, y se dejó atrapar por aquel sentimiento, uno tan puro que contaminaba todo su ser.

-Te encontraré… Te traeré… Lo juro…”



Abrió sus ojos y cuál es su sorpresa cuando el asqueroso humano la abrazaba.

-¡Maldita sea! ¡Aléjate de mí haragán asqueroso!- protestó entre gritos la oscura, luego de golpear con fuerza uno de los brazos de Necross. De seguro a él poco le había dolido, pero a ella los nudillos se le habían moreteado al golpear torpemente la armadura. El sol despuntaba y las sombras de la vida misma en un claro se asomaban por doquier. –Inmundo… Escoria… Gliuh… Gliuh… -repetía, hiendo de un lado al otro, acariciando su mano herida como temblando como si la fantasía de un sueño placentero se le hubiese cortado de un tajo con aquel agarre.

Lo miró con odio visceral, sin darse cuenta que otra presencia también se percataba de sus movimientos. Volteándose de súbito la confrontó, pero aquel giro había sido tan tempestivo, que de inmediato sintió que las entrañas se le revolvían y juntaban, como si todo su ser quisiera ser expulsado de sí.

-¿Quién demonios eres….Grsshhhh?- alcanzó a decir y de inmediato se arqueó trasbocando todo lo que su interior había guardado de la noche anterior. Se limpió con la manga de su chaqueta sin retirar su mirada ceñuda de la figura. Era linda, lo admitía, pero tenía una vaga sensación de malestar con ella, aunque… no recordaba muy bien por qué.

También sentía que debía darle más golpes al tuerto… pero entonces vino a su mente el sueño y olvidando las preguntas, con rápidas zancadas, miró por todos lados frenética: -Mis cosas… Mis malditas cosas ¿dónde están? ¡Me robaron! Estúpidos… los mataré si me robaron…¡¿DÓNDE ESTÁN MIS CONDENADAS COSAS?!

avatar
Fïrinne

Mensajes : 19
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Lux Aeterna.

Mensaje por Elinor Von Heimwolf el Lun Jul 06, 2015 7:38 pm

Gran gallardía la de mis futuros compañeros de viaje, cuan afortunada me siento”, pensaba, con total ironía, Elinor, mientras ayudaba al tuerto a sostener el cuerpo de la drow. Se dirigieron hacia las afueras de Quiroz, encontrando un lugar sombrío junto a la muralla, donde el hombre se dejó caer.
 
-Aquí…aquí está bien- la elfa llevaba un rato dormida cuando la dejaron caer, y el hombre no tardó en seguir sus pasos, aunque a la chica no se le escapó que se pasó un rato observándola mientras hacía guardia.
 
Se sentó cerca de donde el sueño sumía a esos dos viajeros, y, sin mucho más que hacer, se dedicó a rastrear el aura del hombre. No tenía ni idea de cómo se comportaría este cuando despertara, quizá con la cabeza mas despejada, y no iba a dejar que se le escapara, pasase lo que pasase.
 
Tardó un rato en hallar su auténtica esencia, la pureza de su aura, pues tuvo que sumergirse entre toda aquella turbiedad que provocaba el alcohol, pero acabó por conseguirlo. Era un aura cálida, confortable, como una manta en invierno, pero, sorprendentemente, su ser resultó ser tan brumoso como aquello con lo que se empeñaba en rodearlo, como si cargara un gran peso bajo su persona. Esa aspereza de su aura le sorprendió, no porque no la hubiese sentido en otros, si no por la extraña combinación que formaba con su temperatura, pues no solían ir de la mano. Podría ser que, a fin de cuentas, el hombre si fuese un compañero de viaje en el que resultase interesante indagar.
 
Tomó el cayado con su mano, y lo arrastró por el arenoso suelo, una y otra vez, buscando alguna presencia amenazante, pero tan solo pudo percibir pequeños animales, así como un grupo de mercaderes que pasó de largo en la lejanía, y que, si les vio, no hizo el menor intento de interactuar con ellos.
 
Aburrida, repitió el proceso que había hecho antes, ahora con la mujer, no con la intención de seguirla en un futuro, pero si con la de identificar su esencia todo cuanto pudiera. Le resultaba frustrante no hallar ni un mínimo patrón, una señal, por diminuta que esta fuese, de que esa mujer era elfa, pues ni capaz era de perfilar tanto el aura de ella como para notar las características orejas puntiagudas de esos seres de tan eternas vidas. ¿Sería algo que Heimwolf no tuvo tiempo de enseñarle? Recordaba haber tardado mucho en identificar el sexo de las personas, pues este, aunque si sigue un patrón patente en las auras, es uno apenas perceptible, pues la esencia parecía no dar importancia a aquella distinción física. Tal vez fuese similar con la raza, pero, si lo era, aún no había logrado sentir ese patrón que le hiciera poder definir a alguien, con solo pasar por delante de él, como humano, elfo, enano, divium o antropomorfo.
 
Olvidando la frustración, pudo sentir un frío profundo el percibir en detalle el alma de Fïrinnë, frío y rasposo, muy desagradable, como si la arrojasen agua helada por la espalda, pero, al igual que en el hombre tuerto, algo extraño había en ella, una nota discordante que sonaba armoniosa entre aquella aura tan incómoda de sentir. Le dolía profundizar tanto, le estaba comenzando a doler la cabeza, pero debía percibirlo, debía notarlo, ¿qué era aquello? ¿Acaso tantas capas superficiales de gélidas púas solo servían para ocultar del mundo algo digno de ser mostrado? Mas, por más empeño que puso en la tarea, no lo logró. Era la primera vez que sentía esa discordancia en alguien, y no pudo evitar pensar en su maestro.
 
Sigo aprendiendo, Heimwolf, aun tengo mucho que descubrir ¿Dónde estás para explicarme los misterios de mi camino?”. Sus dudas solo acrecentaron el dolor de cabeza, pues sabía bien que su mentor no deseaba que ella dependiera de él. Heimwolf hubiese deseado que Elinor encontrase sola esas respuestas, y ella lo intentaba con ahínco, pero, sin la guía del hombre, lo único que lograba era mermar su seguridad en si misma. Debía llegar a Arthias, debía lograrlo como fuese, era la única forma de romper aquel ciclo de desesperación que inició el día que su maestro fue asesinado.
 
 -¡Maldita sea! ¡Aléjate de mí haragán asqueroso!- el grito de Fïrinnë pilló desprevenida a Elinor. La drow, hecha una furia, había apartado al hombre, que no parecía saber que ocurría, de su lado. “Que dulce, seguro que acabamos siendo muy amigas”, pensó la ciega, deseando con todo su ser que la elfa no se encaminase también hacia Arthias. Fïrinnë no parecía haberse dado cuenta aún de que Elinor estaba allí y, cuando lo hizo, se giró bruscamente hacia ella-¿Quién demonios eres….Grsshhhh?- antes incluso de acabar la frase, la drow vomitó, salpicando las botas de la ciega.
 
-Soy a la que debes la vida, aunque no parece que me debas algo de gran valor- respondió Elinor, asqueada tanto por el vomito como por haber malgastado fuerzas en intentar encontrar algo bello en el aura de esa criatura. De haber podido profundizar lo suficiente, seguro que tan solo hubiese encontrado maldad concentrada.
 
La drow se alejó, aun algo mareada y, de repente, pareció enloquecer, buscando algo en su zurrón, acusándoles de robarla y amenazándoles dementemente con matarles. Elinor olvidó por un momento aquello de solo hacer buen uso de sus auras, y fisgó entre las cosas de Fïrinnë desde la distancia. No era suficientemente preciso, claro, pero parecía que, tras asir algo metálico, la furia de la drow se había apagado en gran parte. Ese objeto debía ser de gran importancia para ella, y la ciega no olvidaría el detalle, pues, en caso de necesidad, esa pertenencia metálica podría significar la diferencia entre ser traicionada o no. Mas, para eso, antes había un asunto que zanjar, y era con la Fïrinnë con quien debía hacerlo.
 
Se encaminó decidida hacia el tuerto, quien seguía en el suelo. Tras lo mal recibido que fue su gesto por la mujer la noche anterior, decidió no ofrecerle su mano para ayudarle a ponerse en pie-Vais hacia Arthias- dijo, no como una pregunta, si no como una indicación clara de que conocía el destino de su viaje.
 
-Tal vez- contestó el tuerto tras levantarse, maldecir y rascarse el rostro. El intento del hombre por hacerse el misterioso no tenía mucha razón de ser, no tras lo que había escuchado Elinor la noche anterior, pero lo tomó como una buena señal. Solo un estúpido desvelaría el propósito de una empresa seria al primero que se cruzara.
 
-Si tal vez váis, tal vez os acompañe- decidió seguirle el juego, pues no deseaba presionar demasiado.
 
-¿Que harás en Arthias? ¿No has escuchado que es un lugar peligroso?- no pudo evitar sonreír, lo que, en un momento dado, la hizo sentir en inferioridad, pues ella era incapaz de leer cualquier tipo de expresión facial, pero no pudo contenerse. Aquel hombre, incluso tras verla luchar, la seguía juzgando por su aspecto enclenque y desvalido, juzgándola por su minusvalía.
 
-Claro que lo he escuchado, tengo buen oído. La gente de allí sufre, y no me puedo quedar cruzada de brazos; no si puedo hacer algo al respecto.
 
-Eres ciega, al parecer, estas sola y no te vi ningún arma contundente aparte del palo ese. ¿Como planeas ayudarlos?- la duda del hombre, en esta ocasión, no parecía tan digna de sonrisa, pero Elinor sabía bien que contestar, pues la respuesta a aquello era tan obvio que, a veces, se avergonzaba de que hubiese sido la última lección que aprendió de Heimwolf  y no la primera.
 
 
-De no ser por mi ayuda, la mujer drow y tú no estaríais aquí ahora. Un hombre me enseñó una vez que lo único necesario para que el mal venza es que la gente buena no haga nada. ¿Aceptarás mi compañía?- al recitar aquello, sintió por primera vez que quizá aquel viaje le sirviese como lección por si mismo, pues descubrió que lo había dicho de corazón, a pesar de que el motivo principal de su interés en Arthias fuese meramente egoísta.
 
-Bien... antes del anochecer partiremos. Nos vemos aquí antes de que salgan las lunas. Ahora iré a buscar una posada porque me duele la espalda. ¡Firinne! Si decides seguirme yo pago, pero no volveremos a dormir juntos eh...- el hombre comenzó a alejarse, dando tumbos, dejando a Elinor sorprendida ¿Tan ebrio iba? ¿A quien pensaba que se había pasado toda la noche agarrado?
 
-¿Dormir juntos? Yo no he dormido en toda la noche, a la que abrazabais era a ella. Me parece que no soy la única ciega de por aquí, guerrero. ¿Vuestro nombre?- el tuerto siguió caminando, tropezando varias veces, y haciendo movimientos con su mano hacia atrás, indicándola que dejase de molestarlo, pero, por fortuna o desgracia, si algo era Elinor era, sin duda alguna, terca, y aquel borrachín no iba a alejarse de allí sin que terminara de decirle cuanto pensaba en dialogar con él- Será mejor que se lo digáis a vuestra amiga, si es que viene con nosotros- tras decirlo, susurrando para si misma, añadió-Creo que no le he caído demasiado bien.
 
-¡Ella viene conmigo!- gritó el hombre, según se alejaba. “Que gran noticia”, pensó Elinor, a sabiendas de lo que dificultaba aquello su viaje.
 
La chica se quedó apartada, dejándole que se alejase. El sol comenzaba a elevarse, o eso suponía, pues empezaba a sentirlo fuerte en la piel, y se echó a la sombra de la muralla. Tenía una cosa que hacer antes de que llegara la noche, pero antes necesitaba asegurarse de que aquel hombre no la dejaría ahí tirada. En cuanto se hubo alejado lo suficiente, le siguió, sin ningún tipo de dificultad, pues el propio aire que llegaba a su rostro estaba impregnado de su aura. No la había mentido, pues, o sabía como cambiar la esencia de su propio ser, o había acabado en una posada, dispuesto a seguir descansando.
 
Tranquila ante aquello, pero sin confiar aún del todo, Elinor se giró, volviendo rápidamente hacia Quiroz, rumbo a otra posada, aquella en la que habían luchado la noche anterior. En uno de los laterales encontró una escalera de mano, cuya madera parecía poder pudrirse en cualquier momento, pero que le bastó para alcanzar la habitación en la que se había hospedado. Entrando por la ventana, cogió sus cosas y, aprovechando que el lugar parecía desierto, se puso su otra ropa. Si la drow ocultaba su rostro para evitar problemas, ella no iba a ser quien los atrajera. Antes de marcharse, notó algo que le llamó la atención.
 
La estancia volvía a tener un aura normal, limpia, como la que tenía cuando llegó al lugar, y no esa otra cargada y turbia que se les había presentado durante la pelea. ¿Qué estaba pasando allí? Vestida y sin respuestas, Elinor abandonó Quiroz por donde había llegado, y se dirigió hacia el lugar donde habían pasado la noche, fuera del pueblo. Se recostó de nuevo a la sombra de la muralla, y decidió dormir hasta que llegasen los otros dos. Más les valía aparecer, o seguiría el aura de aquel hombre hasta el mismísimo foso si era necesario.


Ficha
Cronología
Elinor = Firebrick
Heimwolf = LimeGreen
avatar
Elinor Von Heimwolf

Mensajes : 27
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Lux Aeterna.

Mensaje por Necross Belmont el Mar Jul 07, 2015 5:38 pm

Los gritos de la elfa sacaron al tuerto de su tranquilo y relajador sueño, lentamente se puso de pie, limpiándose los restos de tierra y polvo que tenía en la cola. La cabeza le daba vueltas, los gritos de Fïrinne actuaban como espadas clavándose lenta y tortuosamente sobre su cabeza. Cuando la oscura por fin termino su berrinche, el hombre sin parche le dijo: -Fïrinne… hagamos una tregua hasta después del desayuno.- Le dolía la cabeza, el cuerpo, y las palabras de la drow solo lograban fastidiarlo, en especial sus gritos. Y a eso se le sumo el interrogatorio de la mujer que ayudo al tuerto con el peso muerto que fue Fïrinne hace un par de horas. No es que Necross se hiciera el interesante o el misterioso con Elinor, es que estaba fastidiado. Quería terminar de hablarle lo más pronto posible, pero al mismo tiempo le causaban cierta intriga sus palabras.

De alguna manera, las palabras de aquella muchacha le recordaban a una versión joven de sí mismo, una persona dispuesta a todo con tal de salvar a unos pocos.

Con su cara de pocos amigos el tuerto llamo a la oscura, le dijo que buscaran una posada donde dormir, y que por supuesto, no volverían a dormir juntos, pero la muchacha quizás se confundió, ya que esta menciono algo de que durmieron con ella, cuando el hombre sin parche tenía claro que había despertado abrazado de la drow. Pero antes de marcharse, Necross le hizo saber a la muchacha que volverían al mismo lugar que les resguardo el sueño, cuando la noche llegara.

Sin nada más que decir o hacer, el hombre sin parche comenzó a caminar, la cabeza aun le dolía y estaba muerto de sueño. Mientras la oscura se acercaba el tuerto la espero, de pie y con los ojos cerrados. Cuando la oscura se paró a su lado, este le hizo un gesto con la cabeza, y juntos caminaron hasta la taberna en la que lucharon, el hombre sin parche recordó que allá había dejado a su montura, y en la alforja tenía sus monedas.

-No eres de hacer amigos, ¿cierto?- Comento Necross, al recordar como hace unas pocas horas Fïrinne había escupido a la ciega. -No me confió de nadie, tuerto, igual que tú. No entiendo en que te sorprende que no le sonría y le desee el buen día a una completa desconocida con dos dedos de frente y cuatro en la boca.- refunfuño, siguiendo el paso de Necross, mientras este le sonreía suavemente por aquella acertada respuesta. -Por eso es que me caes bien a veces. ¿Sabes dónde está mi parche?- Pregunto finalmente, al darse cuenta que no tenía su protección ocular. -No me interesa caerte bien, mugro….- Se calló, al haber pactado no agresión hasta después de comer algo y tener los ánimos renovados para los insultos. -¿El parche? Pues donde lo dejaste, evidentemente usas los parches para otra cosa que  no sean los ojos… La oscura rio por lo bajo, y agregó: -¿Que quiere esa vendada? Me da escalofríos tenerla cerca.-

El alba lentamente aparecía en el horizonte, el roció de la mañana comenzaba a crear barro en la tierra, y el hombre sin parche pisaba los pequeños charcos de agua sin darse cuenta. -Quiere venir con nosotros. ¿Qué tan fuerte gritamos ayer para que supiera nuestro destino?- Necross respiro con alegría el aire matutino, le encanta el olor a tierra húmeda.  - A mí no me hables de gritos… paga la pieza y la muchacha. Ya sabes, espero que sepas divertirte si vamos a hacer esto juntos. A mí me abure tener una cama sin más, es un desperdicio de espacio y creatividad. Repuso la oscura con mejor ánimo. -Si te falta presupuesto invitamos a la castaña, que bonita estaba.- Fïrinne levanto una ceja y divertida miro al hombre sin parche, a ver que respondía. - Si quieres putas págatelas tú, yo solo te estoy invitado la habitación. Frunciendo el ceño, nuevamente Necross se dirigió a la drow. - Ahora en serio, ¿Crees que sea buena idea ir con la muchacha?- Con la ceja arqueada, y el ojo derecho cerrado por la costumbre, el hombre sin parche espero una respuesta. -No tengo dinero, y este es tu viaje. Paga mis necesidades, que las necesito tanto como tú el desayuno. Pero la muchacha es… me da la impresión que tiene los ojos en el culo. Ve, eso es seguro, pero no sé muy bien con que.-

Habían llegado a la taberna en la que habían peleado la noche anterior. Al parecer esta también servía de posada, pero el par no se quedaría en un lugar donde habían sido atacados. Necross tomó las riendas de su chocobo, y del caballo de Fïrinne, y dieron la media vuelta, buscando otro lugar donde descansar la resaca. -¿Cuándo demonios acorde que te pagaría todo? Seré hospitalario, pero no abuses anci…- No continuó, aún no había desayunado. Pero ella sonrió con cierta picardía, estaba lista para responderle al sin parche. - Unos tragos y ya crees que el mundo te debe pleitesía, pues no, no seré yo. Pagas mis necesidades como yo cuido tu espalda.- Refunfuño, y ante ello, ante aquella última frase, Necross no pudo decir nada. -Y volviendo a la chica, más que ella quiera acompañarnos, lo que me inquieta es ese castillo. Hay algo que huele mal… algo que evita a toda costa que vayamos y bien valdría encarar a la mugrosa.-

Ambos se detuvieron frente a una casa de dos pisos, que sobre la puerta principal tenía un cartel que decía “el cojo histérico”; y mientras Fïrinne leía el cartel, Necross se llevaba las manos a la cabeza. -¡Aaagh Firinne! Hablemos de esto después, ahora solo quiero dormir, eres una pésima influencia. Ve adentro, llevare a los animales al establo.- Al dejar a los animales protegidos y resguardados, Necross saco de su alforja su bolsa de monedas y un estoque precioso. La oscura había obedecido,  por alguna razón tenía un dejo de sonrisa maliciosa en el rostro. El hombre sin parche pago por las habitaciones, y ella subió rápidamente a la suya, cerrando la puerta con excesiva fuerza.


Imitándola, Necross subió a su habitación, dejo sus armas y ropa tiradas sobre el piso, pero a aquel estoque, lo poso con cuidado sobre una pequeña mesa; finalmente se lanzó a la cama, donde durmió hasta después del mediodía. Por suerte el clima en esta parte de Valashia era un tanto frio y nublado, aquello lo agradeció el hombre sin parche ya que no debía maldecir a los fastidiosos rayos del sol. Cuando despertó lo primero que hizo fue carraspear la garganta, se rasco la cara, recordó que no llevaba el parche, y finalmente tosió como lo haría cualquier hombre de la tercera edad.

Sentado en la cama, y con espada en mano, el hombre sin parche corto las cortinas, un delgado trozo de tela con el cual se cubrió el ojo derecho. Con la tela color café sobre su ojo, salió de la habitación, y al dueño de la posada le pidió un vaso de agua, casi rogando.  -¿dónde… donde está mi compañera?- Con los brazos sobre la cintura, la cabeza baja, y un rostro fastidiado, el tuerto preguntaba por Fïrinne. -Aun no ha bajado señor. Hoy llegaron muy mal, ¿llegaron ebrios al pueblo acaso?- Necross no respondió, solo asintió con la cabeza y finalmente comento: -Si despierta díganle que salí, y que no se aleje demasiado.- Necross dio un par de vueltas por el pueblo, buscando un lugar donde conseguir más provisiones. Pero no anduvo por mucho tiempo, si bien no le dolía la cabeza o sentía mareos, si se sentía cansado por tomar tanto la noche anterior, aunque no por ello tenía menos ganas de volver a hacerlo. Nuevamente en la posada, el de ojos desiguales subió hasta la habitación de Fïrinne, y golpeo fuertemente la puerta. - ¡Despierta arpía, tengo comida!- La oscura abrió bufando y gruñendo, algo despeinada y con cierto mal aliento. -Bien…tengo hambre.- Necross en las manos tenía una bolsa, y cuando ella le abrió se encogió de hombros; cabe destacar que el mal aliento no le molesto lo mas mínimo, ya que estaba acostumbrado al propio. -En realidad estas son provisiones para el viaje, pero les dije que nos subieran el almuerzo.-

-Lárgate entonces si no traes nada qué comer ni nada que dar.- Ella se estaba limpiando entre medio de los dedos de los pies, pero en ese momento levanto la mirada, pasando su lengua negra por los labios. -¡Ah! Verdad que prometimos no fastidiar con el estómago vacío…- Y volvió a su tarea, bajando la mirada sin borrar su sonrisa maliciosa. Necross entro sin concentrarse demasiado en lo que hacía, conocía sus costumbres, no con detalles, pero paso varios años “compartiendo” con la drow, sus acciones no le sorprendían. Sin cuidado se lanzó sobre la cama de Fïrinne, y se quedó allí, boca abajo, hasta que les trajeron comida, la cual devoraron. El almuerzo consistió de un pedazo de carne de vaca, cocido, junto a una porción de arroz y algunas verduras, al de ojos desiguales le gusto tanto que pidió un segundo plato. Al finalizar la comida, Necross decidió a darle órdenes a Fïrinne. - Como bien dijiste ayer, este es mi viaje y yo estoy pagando por todo...- Y aquella sonrisa que la oscura esgrimía con malicia, el de ojos desiguales la imito perfectamente. - …creo aquello me convierte en el líder de esta travesía. Iré a pedir un balde de agua para ducharme y quitarme la resaca, luego de eso iremos por los animales y nos encontraremos con la muchacha de ayer. Más te vale que estés lista para cuando vuelva por ti.-


Después de refrescarse, Necross fue por la elfa, luego por las monturas, y finalmente, con los animales caminando junto a ellos, llegaron a la entrada del pueblo. Fïrinne había acertado en algo durante la conversación con Necross en la mañana, algo sabía la muchacha, y él no dudaría en interrogarla para saber que era. Cual dictador, cuando el humano se encontró con la vendada comenzó con sus demandas. -Mi nombre es Necross, y hay algunas cosas que quiero dejar en claro. Primero, este es mi viaje, y se hará lo que yo diga, el lugar donde entraremos es engañoso, y está lleno de trampas, quizás también lleno de criaturas, harás lo que yo te diga, cuando lo diga.- Necross no saludo ni espero un saludo, fue directo al grano. –Segundo, por los eventos que hemos tenido, me doy cuenta de que este es un viaje peligroso, debes tener en mente que puedes resultar herida, o quizás terminar muerta.-

-Yo soy Elinor, Necross. ¿Empezamos ya?- Disgustado un tanto por la altanería en las palabras de la muchacha, el de ojos desiguales solo respondió: -Si, andando.- Pero antes de avanzar ella comento sus dudas. - ¿Cómo viajaremos?- Necross volteo la mirada, estaba  punto de subir a su pajarraco. -No sé cómo lo harás tu… pero nosotros tenemos monturas.- Ella se notaba nerviosa, ¿acaso le asustaban los caballos? - No puedo tomar las riendas, pero si ir con uno de vosotros.-  Necross busco la mirada de Fïrinne, a ver qué opinaba.



¿Quién te conoce Invitado?
avatar
Necross Belmont
The Azure Knight

Mensajes : 1010
Edad : 97
Link a Ficha y Cronología : Necross Belmont
Un Hombre sin Lobo

Nivel : 7
Experiencia : 2630 / 3500

Volver arriba Ir abajo

Re: Lux Aeterna.

Mensaje por Fïrinne el Jue Jul 09, 2015 2:18 pm


Revolvió, separó, hurgó, y luego volvió a remover cada una de las cosas que tenía. ¡Hasta los dejos de pedazos de rata seguían en su morral, siendo que hacía más de una semana que la había matado, despellejado y comido sus entrañas! Pero al final lo encontró: sintió su borde frío y el liso característico de una de las tres piedras que portaba. Al sentir la tiara entre sus manos, la vida volvió a su cuerpo.

“Si tan solo se hubiesen atrevido a tocarla y los hubiese aniquilado”, pensó para sí, sintiendo de nuevo el peso de la embriaguez. “Estas muy vieja para esto, escriba… muy vieja”, se recriminó al tiempo que retaba. ¡Por supuesto que estaba vieja para muchas cosas!, pero allí radicaba lo interesante de su vida, hacer lo que se le diera la gana sin más, sin esperar un mañana, un futuro… una atadura.

Entre esos dos se decían cosas, pero eso a la de tez negra poco le importó. Entre el olor nauseabundo a naturaleza, su propio tufo embriagado y los destellos de bilis que había esparcido alrededor, tenía suficiente para querer salir corriendo de allí.  

-¡Firinne! Si decides seguirme yo pago, pero no volveremos a dormir juntos eh...

“Que es Fïrinne maldito inculto”, recriminó, apretando su morral. Alzó los hombros con cierta pereza y lo siguió, como un borrego al pastor. No tenía más ganas de nada, solo de dormir y dormir hasta que el hambre la llamara. Pensó en comida y quiso vomitar otra vez, pero la bota de la ciega no estaba ya dentro del margen de puntería. “Lástima, que se lo perdió de nuevo”, bufó para sí la oscura, cuyas bromas pesadas le fascinaban y la hacían sentir mejor.

-… hagamos una tregua hasta después del desayuno-profirió el tuerto, a lo que ella de nuevo se encogió de brazos. Ya vería si guardaba o no la palabra, ella no era de ésas que se creían honorables. Y por alguna razón a su mente vino la bocona vendada.

--//--


La noche siguió a la mañana, y aunque no logró acomodarse en la cama definiéndose mejor por recostar su peso en la madera vencida, tuvo un descanso placentero.

Apenas abrió los ojos se hizo a una mesa y empezó a garabatear en su libro. Era buena en ello, eso y en matar. Ambas cosas le generaban placer y a ambas se había consagrado como si de una religiosa se tratara. Apuntó los detalles que recordaba en la taberna, los olores, la espesura del aire… el polvo.

¿Son ilusiones? ¿Son muertos? ¿Viven o mueren para vivir?

Le incomodaba la idea que algo o alguien estuviera jugando con ellos. La oscura podía tener cara de todo, pero no de utensilio, y la sola idea le alborotaba las tripas. Paro de escribir y se sorprendió que su consciencia despierta apuntalaba mucho más de lo que llegara a sospechar. Su memoria aún seguía intacta aunque sus huesos estuvieran desgastados. Suspiro pesada al repasar las líneas en caligrafía perfecta, y luego como para sí, reflexionó pasándose la pluma por el rostro:

-Juegos de sombras, polvo entre cadáveres… advertencias en la noche, cuando la vida le sucede la muerte… Olían a muerto, de eso estoy segura, pero estaban vivos… y luego desvanecidos en el tiempo.

Miró por la ventana y el humilde tabernero salió como de seguro hacía siempre, a llenar el poso de animales y desempolvar con fuerza la alfombra de entrada a la taberna.

-Vive… pero murió ayer- sonrió para sí, como si entendiera una de las claves, aunque en el fondo no se sentía segura a especular más.

Guardó el libro en su morral y se dispuso a molestarse los pies. Tenía cayos, como todo caminante que nació entre los caminos, y si algo podía hacer, a falta de algún animal para despellejar, era molestarse aquellas masas de piel, insensibles y amorfas, con la esperanza de que el tiempo trascurriera y la mente se abriera en nuevas ideas.

Pero lo único que arribó fue el estúpido de Necross y de mala gana lo vio acomodarse en la cama de ella. Olía mejor, pero aun así tenía ese dejo de pulgoso grabado en cada hebra de su ropa.  Seguía siendo el mismo mugroso de siempre.

Intercambiaron insultos, impresiones de la forastera que se ofrecía a ayudar. Para ella era una joven molestia, pero que tenía habilidades interesantes. Sus intenciones poco le importaban, fuera enemiga o aliada, ellos iban a Arthias y si llegaba a ser un estorbo, la pasaría por la Parca con ganas. En eso, ella era una mujer pragmática y menos filosófica…

-Que se apañe como pueda, si lo logra… pues está dentro.

--//--

Con el estómago lleno y los ánimos repuestos, ya nada parecía detener el optimismo del humano. Al llegar al antiguo claro, donde descansaron luego de la borrachera, aguardaba la joven por ellos. Esta vez la oscura fue más consciente de sus rasgos, de su olor, de su piel, de ese ámbar pasivo que producía su pelo al vaivén del viento. La encontró escuálida y sin gracia, pero fiel a la descripción que en su diario había dejado.

Entonces el humano arrancó como político electo, a dar un discurso de poder. La elfa apenas si sonrió a sus espaldas y siguió alistando su caballo, cargando las cosas para distribuir el peso entre el ave y su montura. Notó que la vendada poco tenía de cabalgadura así que eso hizo su sonrisa más profunda: “Ésta se queda aquí si o si”, afirmó para sí.

-Yo soy Elinor, Necross. ¿Empezamos ya?

Aquella respuesta fue sagaz. Era una bocona con gracia y la elfa, luego de parecer pasmada por un rato, se sintió con bríos de volver a ser la de siempre. Tuvo la intención de golpear la espalda de la ciega y soltar un estruendoso “Ésta sí que sabe cómo tratar a un mugroso”, pero en vez de eso, la mujer atrapó en seco su mano, antes si quiera de tocarle el hombro.

-Con que si es cierto que tienes ojos en el culo, ¿ah mozuela?- bufó la oscura con curiosidad.

-Será mejor que en Arthias dejéis de pensar en mi culo y centréis vuestra atención en lo que allí nos aguarda, Fïrinnë.

¿Cómo se atrevía? Una cualquiera, una estúpida humana inferior a cualquiera, sacada de los mismos gusanos que solo procreaba sus vientres inmundos, ¿cómo se atrevía ella a llamarla por su propio nombre? Tuvo ganas de ahorcarla, de tomar su látigo y dejarle escrito en la carne las muestras de respeto que le faltaron de infante. Pero contrario a como hubiese hecho en el pasado, la drow era una elfa vieja y el discernimiento ya estaba dentro de su código de vida. “Bien babosa, con que tienes modales de cerda, y los cerdos… van a pie”.

-Callad potrilla, que boconas como tú he conocido en mi pasado y todas terminaron obedeciendo como los animales que eran-refunfuñó mordaz la oscura, oliéndose los futuros inconvenientes de la ciega.

-Andando- ordenó Necross, que poca gracia le hacían las discusiones. -No sé cómo lo harás tú…-aclaró mirando a Elinor: -pero nosotros tenemos monturas.

-No puedo tomar las riendas, pero si ir con uno de vosotros.

-Tienes miedo- susurró Fïrinne con malicia en el rostro y una sonrisa de victoria: -Tu cuerpo me lo dice, tu sudor te delata, esa mano inquieta en tu garrote lo grita. ¿Cómo llegarás a Arthias, cerdita?- con disidía puso en su cara un dejo de puchero y continuó: -¿Caminando?

Ahí tenía su venganza, la cual sabía que culminaría pronto.

-Andando, mugroso- ordenó, apeando su caballo. A sus espaldas el sonido seco delataba cómo el susodicho pulgoso estaba haciéndose a la joven como parte de su equipaje.

--//--


Cabalgaron por el resto del día, apenas deteniéndose a con cautela a beber y comer algo de lo que Necross había comprado. Era comida burda y campesina, hecha para esclavos y gente menor, se repetía Fïrinne a cada bocado, acostumbrada a las delicias de los solares o a la carne jugosa de las selvas. Ya entrada la tarde, fue evidente que las nubes oscuras indicaban el momento exacto para parar y establecerse allí.

Llovería. El viento quieto, las nubes y las aves ayudaban a los viajeros a presentir el cambio del clima. La noche no sería agradable, y más aún en aquella zona de Thargund donde los mosquitos hacían de las suyas. ¡Cómo extrañaba Fïrinne Jyurman! Pero ahora estaba en camino de una misión personal y no descansaría hasta obtener respuestas…

Se hicieron a una tienda de campaña, aunque la drow como siempre prefirió quedarse fuera entre los árboles. No tenía ganas de hablar, ni de oírles, tampoco de reflexionar más sobre lo inquietante que eran esas estratagemas de humanos haciéndose polvo ante sus ojos. Como un niño, encontró cerca un agujero, y en él una ardilla, a la cual traspasó por lo brazos y las piernas con sus armas.

-Aún vives, pequeñita… Mal por ti, bien por mí- y en lenta cadencia, el animal berreó y ella cortó y cortó hasta que se hizo silencio y el pellejo desprendido de la carne, lo dejó sobre el lomo donde le había otorgado el primer zarpazo.

Entonces llegó la lluvi, cayendo y bañando la región junto con sus pecados terrenales.

avatar
Fïrinne

Mensajes : 19
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Lux Aeterna.

Mensaje por Elinor Von Heimwolf el Jue Jul 09, 2015 7:37 pm


-Mi nombre es Necross, y hay algunas cosas que quiero dejar en claro. Primero, este es mi viaje, y se hará lo que yo diga, el lugar donde entraremos es engañoso, y está lleno de trampas, quizás también lleno de criaturas, harás lo que yo te diga, cuando lo diga. Segundo, por los eventos que hemos tenido, me doy cuenta de que este es un viaje peligroso, debes tener en mente que puedes resultar herida, o quizás terminar muerta- ¿con quien se creía que hablaba? ¿Tan ebrio iba la noche anterior como para no recordar que era ella quien había evitado que acabaran muertos? No tenía ninguna gana de empezar a malas aquel viaje, pero encontraba molesto e innecesario el discurso del hombre.

-Yo soy Elinor, Necross. ¿Empezamos ya?- había puesto la sonrisa más amplia que era capaz, aunque sus palabras la traicionaron, demostrando el poco caso que había hecho a su interlocutor. Podría haber entendido los recelos del hombre si no la hubiese visto luchar, pero no era el caso, y tan solo pudo atribuir esa advertencia a un intento por darse importancia.

-Si, andando- contestó el tuerto llamado Necross, aparentemente, ignorando cualquier muestra de acritud de la ciega.

La sonrisa de Elinor solo se borró al sentir la mano de la drow, en un intento por golpear su espalda, pero estuvo rápida de reflejos, logrando asir su muñeca antes de que el impacto llegase a producirse –Con que si es cierto que tienes ojos en el culo, ¿ah mozuela?- dijo la desagradable elfa al ver detenida su agresión,

-Será mejor que en Arthias dejéis de pensar en mi culo y centréis vuestra atención en lo que allí nos aguarda, Fïrinne- con la mujer no se molestaría lo más mínimo en ocultar el mal genio que la producía, pues no era de ella de quien dependía que Elinor acabara llegando a su destino.

-Callad potrilla, que boconas como tú he conocido en mi pasado y todas terminaron obedeciendo como los animales que eran- “intenta hacer obedecer a esta bocona, a ver quien acaba pareciendo un animal”, pensó la chica ante la nueva muestra de desprecio de Fïrinne.

-¿Cómo viajaremos?- preguntó, dirigiéndose de nuevo hacia Necross. Al menos, la intervención de la elfa había tenido algo bueno, pues la chica había dejado atrás su acritud hacia el hombre, concentrándola toda hacia ella.

-No se como lo harás tu, pero nosotros tenemos monturas- dijo Necross, provocando, inconscientemente, un escalofrío que recorrió a la ciega de pies a cabeza. Detestaba cabalgar, era superior a sus fuerzas, la aterraba, por mucho que le gustasen los animales, ir a lomos de un caballo era algo a lo que no se veía capaz de enfrentarse. Todo se enturbiaba para ella, dejándola sumida en el caos, privada de la capacidad para sentir las auras, convirtiéndola, durante el tiempo que durase el trayecto, en una ciega ordinaria, desvalida sin la ayuda de otros.

-No puedo tomar las riendas, pero si ir con uno de vosotros- se tomó con fuerza el brazo derecho, el del cayado, conteniéndose para no recolocarse la cinta que tapaba sus ojos, un viejo gesto de inseguridad que no quería mostrar ante los otros, especialmente ante Fïrinne. Necesitaría de ayuda para llegar así a Arthias, quedando relegada a ser un mero bulto más mientras avanzaran en su periplo, pudiendo ser de utilidad solo cuando pararan a descansar o a comer. Lo odiaba, le hacía sentirse impotente, le recordaba que, por mucho empeño que pusiese, para algunas cosas solo era una mocosa minusválida, y nada ni nadie podría ayudarla a remediar aquello.

-Tienes miedo- Fïrinne se regodeaba, observándola desde su caballo- Tu cuerpo me lo dice, tu sudor te delata, esa mano inquieta en tu garrote lo grita. ¿Cómo llegarás a Arthias, cerdita ¿Caminando?

“Claro que siento miedo, hija de puta, y que me muera si antes de que esto acabe no soy capaz de hacer que tu también lo sientas”, se prometía a si misma, maldiciendo la estampa de aquella malnacida, que se alejaba a galope-Sigue mi voz, toma mi mano y sube- la muestra de amabilidad de Necross chocó por completo con la furia que Elinor sentía en aquel momento por Fïrinne, desconcertándola. Odiaba cuando la gente la confundía con una desvalida, el mismo sentimiento que se tenía a si misma cuando era incapaz de hacer algo por si sola, sin embargo, ante la muestra de maldad de la drow, no pudo si no agradecer que aquella vez el tuerto la tratase como si fuese, ni más ni menos, que lo que era, una chica ciega asustada.

-Que... ¿que tipo de caballo es este? No parece normal- observo mientras se acercaba al hombre, sorprendiéndose de no haberse percatado antes del detalle. El aura de los caballos, aunque vibrante, como la de la mayoría de animales, era cálida y ordenada, agradable de sentir, mientras que aquella montura, que para nada tenía forma de caballo, tenía un aura caótica y alborotada. El extraño ser le recordó a los niños intranquilos, esos que, pese a su buen carácter, acababan por colmar la paciencia de uno, pues nunca paraban quietos.

-Es… es un pariente de las aves- contestó Necross, mientras Elinor tomaba su mano y se alzaba sobre el lomo de ese pájaro colosal.

-¿Y que le dan de comer para que tenga este tamaño?- comenzaba a sentir las cosas mal, y el miedo le hacía decir estupideces, pues nada le importaba la dieta del ave. Se colocó a horcajadas, aferrándose a la silla con las manos a su espalda, intentando mantener las distancias con el hombre.

-Trigo, vegetales, granos varios... prepárate, debemos alcanzar a Fïrinne- al decir esto, Necross golpeó los costados del animal con sus talones, haciendo que este comenzara a caminar. Elinor sintió como todo comenzaba a dar vueltas, perdiendo incluso la noción de su propio cuerpo, pues, ante el agitante vaivén al que el ave les sometía, su aura se entremezclaba con la del jinete, así como con la de la montura. Solo alguien a quien le hubiese despojado de su propio cuerpo sería capaz de entender lo que la chica comenzaba a sentir, y porque, aterrada y olvidando cualquier tipo de orgullo, se abrazó con fuerza a la cintura del tuerto.

-Siempre me han dicho que no cabalgue con extraños- dijo en un nuevo alarde de estupidez, intentando, con poco éxito, que no se notase lo aterrada que estaba.

-No deberias hacer nada con extraños, no se supone que confies en ellos...- y, tras sentenciar aquello, el hombre espoleó de nuevo a su montura, poniéndola a galope.

Música:

Elinor sentía ganas de vomitar, pero temía que, de hacerlo, acabara cayendo del pájaro. Se dejó guiar por Necross, confiando en que supiese bien hacia donde iban. Por extraño que parezca, aquella sensación, esa mezcla de auras que percibía a lomos del animal, le hizo sentir que podía fiarse por completo de aquel hombre, como si, al no encontrar la frontera entre donde empezaba su aura y acababa la de él, hubiera podido notar algo que, de forma normal, no sería capaz de percibir. Mientras seguía luchando por no perder la consciencia, deseaba que no fuera aquello lo que debía hacer con cada persona si quería conocer todos los misterios que ocultaban sus auras, pues si estas exigían ese sacrificio podían quedarse con todos sus secretos para ellas solas.

Al igual que había perdido la noción del espacio, así lo hizo con la del tiempo, y, para cuando el pájaro comenzó a detenerse, hubiese sido incapaz de decir si habían pasado minutos u horas, aunque a ella se le había hecho tan duradero como una semana entera.

-¿Qué está pasando? ¿Nos detenemos?- era una obviedad, pero seguía sin poder sentir nada, y era incapaz de confiar en sus sentidos, incluso para algo tan básico como el saber si habían disminuido la velocidad.

-Si, vamos a acampar ¿Tienes donde quedarte?- dijo el hombre, mostrándose de nuevo amable. Al cabo de unos segundos, el animal se detuvo por completo, y poco a poco sintió Elinor como las auras volvían a ponerse cada una en su sitio.

-Tengo tienda- respondió, soltándose de la cintura de Necross-¿A cuanto estamos de Arthias?

-A un día, más o menos. Mañana a esta hora deberíamos estar llegando- contestó el hombre, aunque ella ya apenas le escuchaba. Con sus sentidos funcionando de nuevo, inspeccionó el lugar, aprovechando su posición elevada a lomos del animal para sentir con mayor exactitud el aire del entorno. Se avecinaba tormenta, pero no era eso lo que más la preocupaba.

-Deberíamos ser cautelosos, este lugar no parece fácil de defender- estaban en un pequeño claro, a unos metros del sendero por el que habían llegado y rodeados por bosque, un lugar ideado para acampar, demasiado ideado, como si alguien deseara que allí la gente hiciera un alto en su camino. Además se percató de otro detalle: los campistas estaban rodeados de frondosos árboles, los cuales obstaculizaban, al menos por lo que ella creía entender, su visión, dejándoles expuestos ante un ataque en mitad de la noche.

- Haremos guardias entonces, yo sere el primero. Ve a armar tu tienda - dijo Necross.

Elinor, con cautela, se apeó del ave- Gracias- le dijo al hombre, agradeciéndole el haber cuidado de ella durante el trayecto, más este no pareció responder a su muestra de gratitud. No se puso a caminar de inmediato, pues antes necesitaba que sus piernas volvieran a sentirse parte del suelo que pisaban. Pisó con fuerza varias veces, extendiendo y recibiendo las auras a través de ellas, incluso se quitó las sandalias para poder sentir la agradable y húmeda textura del bosque. Tomando su cayado, hizo varios círculos haciéndolo rozar y rebotar por la hierba, logrando sentirse ella misma de nuevo.

Aún descalza, se encaminó hacia el lugar del claro más alejado del sendero, pues no deseaba que los posibles caminantes la observaran. Con algo de torpeza, como siempre que debía desempeñar trabajos precisos, montó su tienda. Tras cenar unas cuantas bayas, se sintió tentada a olvidar cualquier cautela y dormir sin más, pero no pudo olvidar tan pronto la primera sensación que había tenido al llegar allí, así que se cambió de ropa, poniéndose su pantalón y su chaqueta de lana. Además, reflexionó, no estaría de más dormir con el cuchillo bajo la almohada, por si a Fïrinne le apetecía volver a demostrar su sentido del humor.

No le costó nada conciliar el sueño, ya que el día anterior tan solo había descansado apoyada en un muro, y el viaje la había dejado extenuada. La noche era fresca, agradable, y su manta era suficiente para estar cómoda, y pensó que nada podría perturbar su sueño hasta que llegara la hora de intercambiarse con Necross para montar guardia. ¡Cuan ingenua muchacha!

Apenas dos horas después de dormirse, su cabeza comenzó a retumbar. Despertando con un sudor frío recorriéndole la espalda, recordó lo mucho que le costaba dormir cuando comenzó a aprender auromancia, pues, a diferencia de la vista, esta no puede desactivarse por la noche al cerrar los ojos. Tuvo que aprender a ignorar todo eso que la impedía dormir, sin embargo, en un ambiente calmado como en el que estaba, demasiadas presencias caminando al son eran capaces de despertarla como si fueran vasos de agua que le arrojaran al rostro. Un grupo se acercaba, y avanzaban en formación. No había tiempo para contrarrestar la sorpresa con otra sorpresa, solo podía hacer lo posible por que el caos les resultara ventajoso. Tomando su cuchillo y su cayado, salió de la tienda, gritando- Preparaos ¡Emboscada!


Ficha
Cronología
Elinor = Firebrick
Heimwolf = LimeGreen
avatar
Elinor Von Heimwolf

Mensajes : 27
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Lux Aeterna.

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Jul 11, 2015 7:51 pm

Fïrinne se había perdido en el bosque, y Elinor en ese momento ya estaba durmiendo, o así lo pensaba el de ojos desiguales. Necross se quedó solo en el claro, sentado en la tierra, y mirando los estrellas, pensando en los eventos ocurridos, y los que podían ocurrir. El tuerto se rasco detrás de la oreja cual perro, y pensó en encender una fogata para evitar el frio; la idea de inmediato fue descartada, ya que no quería que el grupo estuviera más expuesto.

El ave se había echado en el piso,  y Necross se recostó sobre ella, apoyando la espalda en su barriga, de esa manera podía evitar mejor el frio. No había ninguna pisca de sueño en su cuerpo, aquello le servía, ya que podría hacer guardia con más efectividad, pero se sentía aburrido, se sentía solo. Fueron muchos los días en que había compartido con Nadine, extrañaba inmensamente su sonrisa cantarina, sus ocurrencias, su tierna mirada.

Pero pensar en el rostro curioso y siempre sonriente de Nadine lo hizo recordar otra persona, una más madura, un poco más huraña. Y es que  la joven Divium era la viva imagen de su madre, Necross no podía evitar pensar en ella, y recordar los momentos que pasaron juntos en los glaciares.  Mientras un suspiro escapaba de sus adentros, el tuerto echaba la cabeza hacia atrás, apoyándose mas contra el ave.  Cerró el ojo al tiempo que se cruzaba de brazos, el silencio del claro era abrumador, cosa que aburría mas a Necross.  

-Preparaos ¡Emboscada!-

Con presteza Necross se puso de pie, y gracias a la nueva funda que llevaba en su espalda, en menos de un pestañeo tenía en mano a Sherckano. -¿Cuántos son, por dónde vienen?- Grito el tuerto, mientras se acercaba a la ciega. -Están a unos cuarenta pasos, al sudeste, vienen del bosque.- Elinor se había acercado a Necross, con cuchillo y el bastón en mano, con este último comenzó a dar golpes cortos y pequeños sobre la tierra. El tuerto se había puesto detrás de ella, juntando espalda con espalda. -No sé cuántos son.- El tuerto había suspirado sin ganas, y le tomo el hombro a Elinor, antes de comentarle: -Yo si… son tres. Vienen armados con navajas.- Los enemigos aparecieron frente al tuerto, y cuando estos vieron al par en posición de defensa, se detuvieron, y comenzaron a discutir.

-¡Mikolash nos dijo que estaban durmiendo! ¡Que solo el tuerto estaba despierto!-

-Pues Mikolash se equivocó, mantén la calma y continúa con el plan.-

Los tres bandidos comenzaron a rodear a Elinor y Necross, a cerrar el espacio entre ellos, y lanzar estocadas de amenaza. -¡Flecha, agáchate!- Haciendo caso inmediato, el hombre del parche se agacho, al mismo tiempo que Elinor lo hacía. Pero la ciega era rápida, y en un par de movimientos ya había golpeado a dos de los enemigos, pero sus ataques no tuvieron mucho efecto, ya que los bandidos llevaban toscas armaduras hechas con los huesos de algún animal. Antes de ponerse de pie, el tuerto ya había lanzado un ataque. Los bandidos habían perdido la formación, uno de ellos se defendió con su navaja del mandoble de Necross; increíblemente sobrevivió, pero se fracturo la mano diestra con el golpe, y cayó al piso.

-Ve a buscar al arquero, yo me encargo.-

-Ten cuidado.-

La vendada se fue, no sin antes mostrar gala de sus habilidades. Con un suave movimiento esquivo un inminente corte a su rostro, y con velocidad comenzó a correr, mientras Necross le cubría la espalda, y les cortaba el paso a los enemigos. El tuerto tenía el mandoble sostenido con ambas manos, apuntando hacia el frente.  Golpeo hacia adelante, chocando el filo de Sherckano con el garrote que uno de los bandidos acababa de sacar, el arma inmediatamente volvió a su centro, y el tuerto recupero su posición. Hizo lo mismo con el segundo bandido, quien solo llevaba un cuchillo. El bandido retrocedió dos pasos, mientras su compañero por la izquierda intento golpear a Necross, pero este con la parte plana del mandoble rechazo el golpe, dio dos pasos a la derecha, y con un corte limpio le abrió las entrañas al bandido del cuchillo, retomo su posición y comenzó a rodear al bandido del garrote.

El de ojos desiguales se sentía en control, la adrenalina infestaba completamente su cuerpo, pero su rostro serio no lo demostraba. Se sentía en control, sí, pero no lo tenía. El bandido era quien determino en qué dirección girar, y sin darse cuenta, Necross tuvo sobre su espalda al sujeto con la mano quebrada, quien comenzó a jalarle de los cabellos, intentando aferrarse y no caer. La mano izquierda del tuerto solo el mandoble, mientras la derecha lo levanta y cambiaba de posición, quedando el arma con la punta mirando el piso. Y mientras el tuerto intentaba sacarse al bandido de encima, su compañero pensó en golpearle las tripas con su garrote; pero no les resultaría tan fácil, porque aquella mano que levantaba el mandoble, inmediatamente lo bajo. Cuando la punta de Sherckano se clavó en la tierra, destellos serpenteantes de electricidad salieron del piso, golpeando a ambos enemigos.

Ambos bandidos cayeron al piso, mientras Necross con su ojo libre, su ojo gris, los miraba con enojo. El bandido de la mano rota comenzó a sufrir de espasmos, su pierna tiritaba sin control, su compañero estaba relativamente mejor. El del garrote  se arrastró en un intento por ponerse a salvo. El tuerto camino hacia a él, agachándose para recoger algo antes de estar del todo cerca, cuando a Necross solo lo separaban un par de centímetros del bandido, se puso a su altura, lo tomo del cuello, y con un cuchillo que había recogido le corto la yugular, sin una pizca de asco o remordimiento; hizo lo mismo con el otro bandido, solo que esta vez sí sintió remordimiento.

-Ahhh… ¿Por qué no los interrogue?-

El tuerto recordó que había enviado a Elinor a pelear sola, apretó nuevamente su espada y comenzó a correr, debía apresurarse si quería ayudarla. Pero para su sorpresa, cuando se abrió paso entre los arbustos, ella ya tenía al arquero en el piso  y desarmado. Se acercó a ella y al bandido le amarro las manos con la tela que usaba como parche, su ojo derecho se mantuvo cerrado todo el tiempo. –Si no matas a tus enemigos, terminaran matándote a ti-  le dijo mientras se ponía de pie. Elinor tomo al sujeto de las ropas, y lo empujó hacia Necross –quien sorprendido lo tomo antes de que cayera al piso-. El tuerto lo hizo caminar, pero el bandido se quejó de dolor, al parecer la vendada le había roto el brazo, nuevamente Necross se sorprendió por las aptitudes de Elinor, se había ganado su respeto, mas no aun su confianza. -Busquemos a tu amiga, a ver si tiene ganas de divertirse con este.- Una sonrisa nerviosa se dibujó en el rostro del tuerto, Fïrinne definitivamente disfrutaría interrogando al bandido.

Spoiler:
Mikolash



¿Quién te conoce Invitado?
avatar
Necross Belmont
The Azure Knight

Mensajes : 1010
Edad : 97
Link a Ficha y Cronología : Necross Belmont
Un Hombre sin Lobo

Nivel : 7
Experiencia : 2630 / 3500

Volver arriba Ir abajo

Re: Lux Aeterna.

Mensaje por Fïrinne el Miér Jul 15, 2015 6:02 pm


“Corre…corre…
que no hay dónde esconder,
Corre… corre…
muerto de susto estáis,
Huid… Temed…
la sangre caliente está…
Y nada hay que lo pueda detener.

Tiembla… Llora…
nadie te oirá,
Busca… trepa…
hasta que la carne blanda está,
Corta… destroza…
disfruta del grito sin par…
Que el cuchillo aguarda,

y nada lo puede detener”.


(Tonada popular de Jyurman)



Los chillidos agudos resoplaban como eco entre los matorrales.

-Qué sonido tan horrible. Razón tenían los campesinos en decir que este sendero esta maldito…

-Ni que lo digas- susurró una voz gruesa: -Joder, si hubiese sabido que mi futuro estaba entre estas enramadas nunca hubiese huido de casa.

Ambos rieron de manera estúpida, y continuaron su soliloquio al son del canto de la torturada ardilla.

--//--

Musica:


Fïrinne parecía abstraída en la tarea. Como un niño divertido con la inocencia de quién le pone empeño a su obra, se tomaba el tiempo de verla retorcerse de dolor, contorsionar el rostro ante la ausencia de palabras, los gritos que emitía sin siquiera atreverse a cerrar los ojos del desespero, antes de arremeter sutilmente sobre la piel maltrecha del animal.

Oh, aquello era música para sus oídos ya desacostumbrados al goce de la tortura. Hacía muchas lunas que había salido de sus amados bosques para proteger al vástago de su ama, y aún se encontraba en la tarea de encontrarla, atada por lealtad y fidelidad incuestionada a ella como a su destino. Sabía que vivía; de alguna manera el hallazgo de sus objetos no podía ser una coincidencia en un mundo tan amplio y poco atraído a las respuestas simples.

Así volaba su lógica al son de los chillidos y la sangre. Se retorcía, luchaba entre sus manos en un intento brutal por soltarse, pero ella era más fuerte y sus dedos largos, cual tenazas, no dejaban escapar a su presa. Sonrió con regocijo y en su malsana distracción le tomó de la cabeza y miró sus ojos perdidos. “Oh sí… canta para mí”.

“Huid… Temed… la sangre caliente está…”, entonó para sí en un silbido ahogado a tiempo que su dedo, coronado por una uña larga y filosa, entró en el ojo izquierdo del animal, haciendo que borbotones de sangre corrieran por su mano. Pero el líquido vital de la criatura le fastidiaba, la asqueaba. Aquello ya no la divertía si marcaba la pureza de su piel ennegrecida. Tenía el pulso seguro como para ir arrancando de a pocos su pelaje sin alterar ni una sola de sus venas y arterias: quería su pellejo algo rojizo como naranja fuego, pero limpio y sin estropear.

Enterró su puñal hasta que sintió la carne. La ardilla aún se retorcía pero sin la misma fuerza que al comienzo de todo el procedimiento. La criatura languidecía y eso aburría a la oscura de ojos centellantes, quien sin dilaciones continuaba con su divertimento.

El olor de su pelaje mezclado con la sangre surtía un efecto alucinógeno en la drow, acostumbrada a aquella entretención en épocas mejores, cuando su nombre estaba asociado a uno más poderoso. Ahora era escoria que debía dormir entre los árboles, como un simio, escondida de la vista de otras razas, basura a sus ojos inmortales. Pero el olor también le recordó otra cosa, ese extraño perfume a muerte y putrefacción que inundaba aquellos cuerpos de polvo, títeres que aún ella no comprendía, pero presentía.  

Y como un suspiro, los sonidos de lucha la trajeron de vuelta al mundo de los vivos.

--//--

Corrió como la sombra oscura que era. Su hogar era entre el verde y se le daba bien deslizarse entre las lianas y los troncos, trepar y saltar como un ciervo, agilizar el paso y agarrar vuelo, como el león tras su presa soñada. Fïrinne sentía latir su sangre cazadora. Mordía su lengua conforme el entusiasmo crecía, aunque… conociendo a los dos estúpidos que la acompañaban, no sería raro que todo ese ruido fuera de otra cosa….

Se mordió de nuevo, pero esta vez el labio. Quizás la compañía no fuera tan mala si al menos algo de creatividad y perversión tenían. Oh sí, como se deleitaría contándole a su señora la poca confianza que debía tener en ese mugroso… y de paso ver en sus ojos lila el dolor de la decepción que hace fuerte a los guerreros y los sabios.

Además estaba también lo que podría ver… piernas, muslos, tacto, sudor, lengua, sin pudor. Se regocijó con la expectativa hasta que un golpe seco tras un arbusto le avisó que del otro lado estaban.

-Busquemos a tu amiga- dijo esa voz desdeñosa de la otra humana inmunda: -a ver si tiene ganas de divertirse con éste.

Fïrinne salió y al ver a ambos apenas si contuvo las ganas de abofetearlos de la decepción. Él, despeinado como siempre, con dejos de ramas en los cabellos, y la ropa ensuciada, mostraba las manos medio enrojecidas así como las mejillas. Ella también coloreada, mostraba la actividad ejercida en su frente perlada. La drow, con furia, se llevó las manos a la cabeza, y peinó con desespero su grasienta cabellera nívea. Los observaba con ira pero al mismo tiempo con franca decepción…

-¿Cómo es que tiran, se revuelcan, se empuercan como cerdos entre el lodazal, y NO SON CAPACES DE LLAMARME?- terminó gritando, parándosele algunos cabellos de la frente por el estrés.

Pero ambos estaban con los ojos puestos en otra cosa que no era ella. Y al voltearse lo vio… y le pareció que compartía la mirada de su recién amiga la ardilla.

Más música:


Sonrió con malicia y avanzó sin más, lenta y pausada como la muerte misma que infligía.

-Ahora todo está más claro… más claro- susurró como para sí, sacando de su morral el puñal aún manchado de sangre de animal.

Tomó al humano por el cabello, aún inconsciente poco podía hacer, y con puntería perfecta clavó el arma entre los tendones de los tobillos y las muñecas.

De un grito profundo el humano despertó.

-No dirá nada ahora… -se regocijó la elfa, mostrando esos ojos brillantes de alegría y excitación.  El hombre ceñudo, la miró con odio, tratando de ponerse en pie pero siempre fallando al intento. –Dejádmelo a mí… y luego… cantará… oh sí que cantará.

Con sus manos sucias lo tomó por la barbilla y excibiendo su sonrisa, hizo que el puñal entrará en el hombro. Poco a poco, deslizando con suavidad, el arma bajaba dejando caer una pequeña tira de piel, tan delgada y fina, que apenas dejaba ver una línea perfecta del músculo que escondía. Lo despellejaría vivo… al menos el brazo… como la ardilla…

Corre…corre…
que no hay dónde esconder,
Corre… corre…
muerto de susto estáis,
Huid… Temed…
la sangre caliente está…
Y nada hay que lo pueda detener.

OFF:

Podéis mirar, podéis empezar a preguntar, pero Fïrinne no parara de hacer lo que el deber le dice que tiene que hacer yao ming
avatar
Fïrinne

Mensajes : 19
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Lux Aeterna.

Mensaje por Elinor Von Heimwolf el Miér Jul 15, 2015 11:33 pm


-Ve a buscar al arquero, yo me encargo- le había dicho Necross a Elinor, consciente, suponía la chica, de que, con aquella amenaza oculta, la victoria sería imposible de obtener.

-Ten cuidado- rogó, antes de comenzar a correr hacia el bosque. Esquivó el machetazo que le lanzó uno de sus enemigos, dejándolo atrás por velocidad, esperando que Necross pudiera vérselas con los tres. Si salían de aquella iba a tener que practicar más con su cayado, pues los dos golpes que había asestado tan solo habían rebotado contra las rudimentarias armaduras de los hombres. Además, otro asunto también la preocupaba, pues, al cubrirse con huesos de animales, le había costado mucho trabajo diferenciar el aura de su piel desnuda, pues los huesos vibraban fuertemente, en recuerdo de la vida de la que, un día, formaron parte.

Una flecha dirigida hacia su pecho le hizo olvidar sus preocupaciones. Rodó por el suelo, echándose a un lado, y encaminó de nuevo su carrera. El arquero estaba aún lejos de sus sentidos, pero, con cada nueva flecha, Elinor reorientaba su rumbo, dirigiéndose sin cesar hacia él. Tuvo que evadir dos saetas más, pero, cuando su enemigo preparaba de nuevo su arma, pudo sentirlo, finalmente.

Ya nada podía hacer contra ella, pues, incluso antes de tensar su arco, sabría hacia donde iría el disparo. Tan solo unas pocas zancadas lo separaban de él, y, en un desesperado intento, el hombre echó mano de un cuchillo, esperando cortarla. La atacó según llegaba a él, dirigiendo su puñalada hacia el vientre de ella, pero fue más rápida. Se dio la vuelta, tomando el brazo del hombre y, tirando de él hacia abajo, lo hizo caer al suelo, desarmado. En aquella postura, una patada hacia el antebrazo fue todo lo que necesitaba para romper el hueso. El arquero gritó de dolor, pero solo hasta que el pie de Elinor cayó sobre su frente, provocando que su cabeza chocara bruscamente sobre el boscoso terreno, dejándolo sin sentido.

Concentrándose en la lejanía, pudo sentir como Necross se dirigía hacia ella, sin otras auras cercanas que lo siguieran. Aliviada por la victoria de su compañero de viaje, se arrodilló ante el inmóvil cuerpo del arquero, revisando sus ropas. No llevaba dinero ni documento alguno, más un objeto de los que portaba llamó la atención de Elinor. En principio creyó que era un cayado, casi de la misma longitud que el de ella, pero, tras tantearlo con las manos, se dio cuenta de que estaba hueco, y de que su aura era distinta, cargada de frialdad, como si se hubiese impregnado de la esencia de su dueño. Era una cerbatana, un arma que Heimwolf utilizó en el pasado, antes de quedarse ciego, y que, sin tener la letalidad de un arco, podía ser útil en el combate a distancia.

Para cuando Necross hubo llegado, la cerbatana ya colgaba del hombro de Elinor, y los dardos de esta estaban guardados en su chaqueta de cuero- Si no matas a tus enemigos, terminarán matándote a ti- le advirtió el hombre, mientras ataba las manos del arquero.

“Si no dejas vivir a tus enemigos, ¿cómo sabrás que los motivaba a atacarte?”, pensó ella, en respuesta a su comentario, pero prefirió no mostrarse demasiado insolente. Tomó al inconsciente por las ropas y lo empujó hacia Necross de mala gana- Busquemos a tu amiga, a ver si tiene ganas de divertirse con este- a Elinor no le había extrañado nada la ausencia de Fïrinne durante la batalla, pues, por muy beligerante que pareciera la drow, desde luego no aparentaba ser su estilo el de ayudar a otros.

Como si hubiese sido llamada por su pensamiento, Fïrinne apareció de entre los árboles. Parecía ansiosa, y a Elinor le desconcertaron sus palabras- ¿Cómo es que tiran, se revuelcan, se empuercan como cerdos entre el lodazal, y NO SON CAPACES DE LLAMARME?- ¿Acaso se había pensado que ellos…? ¡Pero si Necross podría ser su padre, con ese aura de viejo! ¿En qué cabeza cabía aquella locura?

Al acercarse más a ellos, la oscura se percató de la presencia del arquero maniatado. Elinor pudo notar como extraía un objeto metálico de su morral y, acto seguido, aferraba al hombre por el pelo. De cuatro puñaladas, casi perfectas, perforó las muñecas y tobillos del hombre, que despertó gritando de dolor- ¿Por qué nos atacabáis?- preguntó Elinor, alzando su voz sobre los lamentos del arquero.

-No dirá nada ahora…-dijo Fïrinne, regocijándose claramente con el sufrimiento del torturado- Dejádmelo a mí… y luego… cantará… oh sí que cantará.

Los alaridos del hombre comenzaron a perturbar todo el bosque, centrando toda la atención de Elinor, que, horrorizaba, contemplaba como el brazo del hombre comenzaba a ocupar parte del ambiente que lo rodeaba. Era incapaz de percibir con exactitud lo que hacía Fïrinne, pero no le cabía duda alguna de que era algo terrible- ¿Qué sabes de Arthias?- exclamó, buscando la confesión que pusiera fin al demente entretenimiento de la oscura quien, lejos de parecer perturbada con lo que hacía, canturreaba entretenida mientras disfrutaba con su macabro juego- ¿No vas a decir nada?- estalló Elinor, girándose hacia Necross, quien parecía impasible ante todo-Lo va a matar.

-Ellos intentaron matarnos- la voz de Necross carecía por completo de emociones. No le cabía duda alguna, le daba igual si aquel tipo moría.

-¿Y si sabe algo? ¿Y si alguien los envió?-espetó, rabiosa-Nadie tiene tanta mala suerte, Necross, nos han atacado dos noches seguidas.

-Si sabe algo, Fïrinne se encargara de hacernos saber- no podía creer lo que estaba oyendo.

-¡Los muertos no hablan!- vociferó con ira, dando media vuelta y alejándose de allí. No aguantaba más aquello. Había ofrecido al hombre como víctima para ser interrogado con dureza, pero no estaba dispuesta a participar en un espectáculo de tortura gratuita.

“¡Los muertos no hablan!”, sus propias palabras resonaban en su cabeza, mientras caminaba airada hacia el claro donde habían acampado- Si los muertos no hablan, Elí ¿Qué buscas de mí?- le parecía estar escuchando a Heimwolf, hablándole dentro de su cabeza.

-¡Cállate!- respondió en alto a aquella voz, de un modo que jamás le hubiese hablado al Heimwolf auténtico. Estaba demasiado enfadada con Necross y Fïrinne como para tener que vérselas en ese momento con su propia consciencia o con lo que fuera que estuviera evocando a su maestro.

Acabó por llegar al claro, más por instinto que por fijarse hacia donde iba, pues, alterada como estaba, las auras apenas pasaban rozándola, sin otorgarle ningún tipo de información precisa. Caminó hacia donde estaban los tres hombres de las armaduras de huesos, y se arrodilló para registrar sus bolsillos. Si el arquero no tenía ni dinero ni un documento que asegurara un futuro pago, ellos debían tenerlo. No podía ser que aquel ataque hubiese sido fortuito, se negaba a creerlo.

Encontró bolsas con kulls en dos de los cuerpos. Volcó las monedas sobre su mano, incluso las mordió como sabía que hacían los mercaderes, pero eso solo le sirvió para sentir arcadas. Oro, plata y bronce solo eran nombres que la gente daba a los metales, para ella eran la misma cosa, así que no tenía forma de saber si esos hombres eran unos desgraciados asaltadores o unos bien pagados mercenarios.

En uno de los cuerpos, cerca de la bolsa de kulls, encontró un pergamino. Esta vez no hizo siquiera el intento de metérselo en la boca, pues el aura de aquel trozo de piel no era tan distinta de la de las vacas de las cuales se obtenía. Lo que menos le apetecía era tener que pedirle ayuda a Necross, pero sabía que, sin la ayuda del hombre, sería incapaz de saber si había algo escrito o dibujado en el pergamino.

Se guardó el dinero y el pedazo de piel, y, buscando calmarse, inspeccionó la cerbatana recién encontrada. El talle de la madera era basto, de una calidad inferior a la de su cayado de roble, la boca del arma estaba impregnada de la saliva del pobre infeliz al que estaban torturando en aquel mismo momento. Hizo un intento de disparar un dardo, probando su capacidad para acertar a un árbol, pero, de nuevo, sintió arcadas al ir a soplar. Era incapaz de meterse en la boca algo que tuviese tanta presencia de otras personas, como las monedas, que habrían pasado por incontables manos, o la cerbatana. Para Elinor era la sensación más parecida que podía haber a beberse la sangre de otra persona, pues notaba, a través de su boca, como aquella aura extraña penetraba en su cuerpo, asentándose en su estómago como si de una mala digestión se tratase.

Se sintió triste, no por ser lo que estuviese pasando con el arquero, ni por necesitar ayuda para interpretar un estúpido papel, ni siquiera por ser incapaz de practicar con la cerbatana. Se sintió triste porque, como tantas otras veces, se percataba de que, por culpa de su don, jamás iba a ser capaz de amar a otra persona, pues tan solo sentiría asco en los momentos que, normalmente, debería sentir placer.

Las auras comenzaron a volver con claridad, ya no la evitaban, si no que se posaban en su piel. La furia había desaparecido, la tristeza había acabado con ella. Colgando de nuevo la cerbatana sobre su hombro, se dirigió cabizbaja hacia el bosque, al encuentro de Necross y Fïrinne. Ya no le importaba lo que fuera del arquero, no en ese momento. Era incapaz de sentir pena por alguien que no fuera ella misma.

-¡Ah!- gritó, deteniendo su avance y cayendo al suelo, al sentir un intense dolor punzante en su cabeza. Podía percibir el aura de otra persona, una que no había sentido antes, cuya esencia era todo caos, tanto que la mareaba solo de tenerla cerca. Asustada, hizo esfuerzo por localizar al ser que tanto mal emanaba, y se sorprendió al darse cuenta de que su poder provenía de muy lejos, una distancia mayor a la que jamás hubiese llegado antes con su don. ¿Tanto era el poder de aquel extraño? Sentía que la observaba en la lejanía, rodeado de vacío, lugares que ni se acercaba a adivinar como eran, pues, faltos de la fuerza del desconocido, ni soñaban con ser percibidos desde esa distancia.

“El Nigromante”:

Tan rápido como había llegado, aquel dolor, al igual que la lejana presencia, se marcharon, dejando a Elinor sumida en la confusión. Se puso nuevamente en pie, concentrándose en sentir otra vez la turbieza del aura extraña, pero fue imposible, había desaparecido por completo. “Sola y sin saber nada, así es como vas a estar siempre”, se dijo a si misma, maldiciéndose. Sintiéndose insignificante ante el poder que había percibido, volvió junto a Necross, que seguía contemplando la tarea de Fïrinne- ¿Podrías decirme que pone en este pergamino?- le preguntó, entregándoselo, consciente de que, lejos del tono firme que le hubiese gustado emplear, su voz solo fue capaz de denotar miedo y angustia.


Ficha
Cronología
Elinor = Firebrick
Heimwolf = LimeGreen
avatar
Elinor Von Heimwolf

Mensajes : 27
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Lux Aeterna.

Mensaje por Necross Belmont el Dom Jul 26, 2015 7:55 pm

Historias fue lo que siempre había escuchado, de la boca de la misma Fïrinne, el hombre sin parche sabia de lo que era capaz, fueron historias que se contaron hace ya mucho, cuando Nadine aún era un bebé.  Necross sentía cierta repulsión al modo de actuar de la escriba, la detenía ocasionalmente cuando sentía que se estaba sobrepasando. -No queremos que muera por desangramiento, Fïrinne.- La elfa, por supuesto, le respondía inmediatamente, ella sabía lo que hacía.

Y aunque nunca lo habían torturado, y esperaba nunca lo hicieran, el de ojos desiguales sentía cierto lamento al escuchar los gritos del pobre bandido; incluso pensó en invocar a Dracul para asustarlo y hacerlo hablar. Pero sus pensamientos se fueron a la misma velocidad que le llegaron, aquel sujeto los mataría si le dan la oportunidad. Una leve sonrisa se dibujó en el rostro de Necross, había recordado el comentario anterior de la oscura, ¿de verdad ella creyó que él y Elinor tuvieron sexo? El hombre sin parche encogió los hombros y el cuello, una fría brisa había pasado por su cuerpo.  En aquel momento, Elinor entro en escena, preguntando por un pergamino extraño. El de ojos desiguales tomo el pergamino, lo abrió… y no pudo leer nada.

-Esta en blanco, Elinor.-  

Con ambos ojos abiertos, y estos directamente sobre el papel, el hombre sin parche comenzó a darle vueltas, e incluso lo alzo al cielo, intentando que la luz de las lunas le revelaran algo, pero nada paso. -Sin duda son bandidos inteligentes, debe existir alguna manera de leer esto. Fïrinne, ¿porque no le preguntas a nuestro amigo como revelar el contenido del pergamino?-

Necross se acercó hasta la escriba, y le entrego el papel. El de ojos desiguales noto una sonrisa maliciosa en el rostro de Fïrinne, una que nació al tener una nueva excusa para torturar a Mikolash.  El hombre sin parche se agacho hasta quedar al nivel de Fïrinne, y en un susurro le comento: -Intenta dejarlo consiente, lo llevaremos a Arthias con nosotros. Podríamos encerrarlo en el castillo hasta que terminemos, no quiero más sangre en mis manos.- Y cuando termino con la oscura, camino hasta el lado de la vendada, y poso su brazo derecho sobre el hombro de Elinor. -Acompáñame.-

Necross la hizo caminar hasta donde estaba el campamento, antes de comenzar a hablar se acercó a Algodón, su montura, y comenzó a acariciarle la cabeza. -Si bien nunca es malo mostrar algo de bondad, puede ser peligroso con los enemigos.- El hombre sin parche dejo lo que hacía, y camino hasta la mujer vendada. -Hay veces que por ayudar terminas perjudicado.- Necross tomo la mano derecha de Elinor, como si fuera un apretón formal, pero lo que quería era que ella sintiera la textura de su brazo, pues este brazo no era real. -El brazo lo perdí por ayudar desinteresadamente, y lamentablemente, para mí, no fue lo único.- El hombre sin parche libero la mano de la mujer, y camino lejos de ella, en su mente volvían los recuerdos de lo que había perdido en el camino. Su ojo, su brazo, a Foxhound, a Ondine… pero más importante, por su imprudencia también había perdido la vida.

Al poco tiempo llego Fïrinne arrastrando a Mikolash, la elfa tenía una sonrisa maquiavélica en su rostro, Necross la miraba sonriente, por su mente paso la idea de que ella sentía cierta excitación con la tortura, quizás era así. La oscura había logrado hacer hablar al bandido, para leer el pergamino se debía mojar el papel con agua, dejarlo secar unos momentos, y el texto aparecería por unos segundos.

Hacia el camino a Arthias van tres personas, un hombre cubierto de pies a cabeza, uno con un mandoble, y una mujer que lleva bastón. Elimínenlos  y obtendrán una merecida paga.

El hombre sin parche primero leyó en su mente, luego lo hizo en voz alta. Alguien los quería fuera del camino, ahora aquello era una certeza. El de ojos desiguales camino hasta el bandido, y se agacho hasta quedar mirándolo fijamente, sin algo que le cubriera el lado derecho, Mikolash vería ambos ojos de Necross. -¿Quién los envió?- Comento El hombre sin parche con seriedad.

-¡Ya dije todo lo que sabía!- Grito con cierto desespero Mikolash. -Se lo dijiste a ella, no a mí. ¿Quién los envió?- Necross apretó una de las heridas que Fïrinne le había causado al bandido, quien termino gritando nuevamente por el dolor. -Un sujeto encapuchado nos entregó el pergamino. Ni siquiera sé si los tipos que mataron trabajaban para él, a mí solo me ofrecieron las monedas.- Sonriente, Necross le golpeo suavemente la mejilla a Mikolash. -¿Ves, no es más sencillo cuando cooperas? Fïrinne, rómpele y quítale la camisa. -

-¡Pero si coopere! ¡Piedad!- Gritaba el bandido, con auténtica desesperación en su voz. El hombre sin parche camino hasta su Chocobo, y de la alforja saco una tela negra, y una blanca, mucho más delgada. Nuevamente se agacho hasta la altura del bandido, y con la tela blanca comenzó a vendar las heridas en el brazo de Mikolash. -Ayudar a tu enemigo siempre mostrara debilidad, no deberías hacerlo, no sabes en que momento te apuñalara por la espalda, pero…- Con los dientes, Necross corto la tela y la amarro. -Pero prefiero morir con la conciencia limpia. Si a mí no me hubiesen ayudado en el pasado, el día de hoy no podría decir que soy padre de una hermosa niña.-

Cuando Necross termino de vendar a Mikolash, le entrego la tela negra y más grande que había traído, resulto ser una camisa; luego se quedó mirando el cielo, recordando porque hacia el viaje a Arthias.  Finalmente, el hombre sin parche bajo la mirada -¿Aún quieres ganarte las monedas? – Mikolash asintió tímidamente. - Iras con nosotros a Arthias, tengo dos monedas de oro como pago. Creo estoy harto de tanta compañía femenina.- Necross miro con una ceja arqueada, y un rostro desafiante a Fïrinne, le gustaba fastidiarla. Pero la broma también podía alcanzar a Elinor, a ella le sonrió, aunque la vendada no pudiera verlo.

Quizás estaba acostumbrado a regañar a Nadine, quizás ser una figura paternal lo tenía acostumbrado a estar exigiendo, tal vez trabajar como entrenador de los jóvenes de Shading lo hacían dar órdenes a diestra y siniestra. Cualquiera fuera la razón, al tuerto le gustaba el papel de líder. -¿Enviaron a alguien más por nosotros?- Le pregunto Necross a Mikolash, este último negó con la cabeza.  -Aun así creo debemos seguir avanzando. Lo siento Elinor, pero creo dormirás más adelante, ¿crees poder aguantar?- La vendada respondió: -Mejor cuando antes lleguemos, aguantaré.-  

Después de levantar el campamento,  y cuando tenían todo listo y guardado, el grupo reanudo su travesía. -Como viajare con ustedes, ¿podrían liberarme?-  El hombre sin parche se subió a Algodón, mientras ayudaba a Elinor a hacer lo mismo. - No, seré bondadoso pero no idiota. Estarás amarrado hasta que lleguemos a Arthias, disfruta de la compañía.-

Como Elinor iba con Necross, Mikolash debería ir con Fïrinne, y aquello no le hacía mucha gracia al bandido. Este aun tenia los brazos amarrados, cerca de su cuerpo, y solo permitiéndole mover las manos. Y así, nuevamente, el grupo se internó en la noche, desconociendo que una figura los vigilaba a cada momento. Y aquel ser enigmático, aquella entidad que Elinor sintió en la distancia, se encontraba en algún lugar de Arthias.



¿Quién te conoce Invitado?
avatar
Necross Belmont
The Azure Knight

Mensajes : 1010
Edad : 97
Link a Ficha y Cronología : Necross Belmont
Un Hombre sin Lobo

Nivel : 7
Experiencia : 2630 / 3500

Volver arriba Ir abajo

Re: Lux Aeterna.

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 2 de 5. Precedente  1, 2, 3, 4, 5  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.