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El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

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El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

Mensaje por Bediam el Mar Jul 07, 2015 12:56 pm

Bediam giró la llave de la puerta y ésta se abrió con un chirrido. La vuelta de Darry’Gor había sido un viaje largo y mucho menos placentero que la ida, pero por fin había vuelto a lo más parecido a un hogar que tenía.

Kheme, su maestra, levantó la vista. Estaba sentada en una butaca, leyendo un libro. No parecía especialmente sorprendida de verle, a pesar de llevar varias semanas en paradero desconocido.

-Hola –le saludó.

-Hola –respondió Bediam con voz ronca.

El joven se tambaleó hasta el diván en el que dormía y se desplomó sobre él.

-Tienes una pinta espantosa –observó ella.

Bediam no se dignó a contestar, se quedó allí, disfrutando de aquellos instantes de paz. La alquimista le miró unos instantes, pero al ver que no decía nada, se volvió a enfrascar en la lectura de su libro.

-He captado el aleb –comentó el joven de golpe, mirando al techo.

Kheme volvió a dejar el libro y sonrió.

-Enhorabuena –le felicitó con calidez-. ¿Y qué objeto fue? El primer aleb suele definir mucho como es cada uno.

Bediam vaciló unos instantes, pero no tenía sentido ocultarlo.

-Un pulmón de meiga –respondió.

Kheme frunció el ceño.

-¿Y de dónde sacaste eso? –inquirió.

De nuevo, dudó… Pero lo hecho, hecho está.

-Yo mismo lo extraje del cadáver –confesó.

La mujer no dijo nada, sencillamente se le quedó mirando con fijeza, como tratando de adivinar qué era lo que había pasado. Bediam no pudo aguantarse las ganas de hablar.

-Fui a las Daulin y me uní a un grupo de cazadores de monstruos para librar Darry’Gor, un pueblo enano, de las criaturas que lo acosaban –le explicó-. Pero resultó que todo era un plan de un hechicero chalado, y nos tuvimos que enfrentar a él y a sus compañeros.

Kheme puso cara de sorpresa.

-Vaya, no me lo esperaba –admitió-. Cuando te dije que fueses a buscar el aleb pensaba que te quedarías por aquí cerca.

Bediam se encogió de hombros, tratando de parecer interesante. Lo cierto era que se había quedado por los alrededores, pero tras recibir la carta-cebo del folklerin, había partido hacia Darry’Gor.

-Eso me recuerda… -murmuró Kheme-. ¿Conoces a un tal Nikochis?

El joven abrió mucho los ojos, sorprendido, mientras se incorporaba y asentía. ¿Cómo podía saber su maestra el nombre del folklerien?

Sin decir palabra, Kheme se levantó y le hizo un gesto para que la siguiese. Bajaron al sótano, donde la alquimista tenía su laboratorio.

-Pues entonces supongo que eso es tuyo –le dijo, señalando un enorme montón de papeles que había en el centro de la sala.

Bediam se acercó, curioso. El montón levantaba más de un metro del suelo y se desparramaba por toda la sala. El alquimista alargó la mano y cogió uno de los papeles, confuso. Escrito con letra pulcra, había un mensaje.

“Soy más listo que tú, seas quien seas. Si quieres que te lo demuestre, ven el quinto día de Zuìè Pretrin al sur del bosque de Physis. Allí te enfrentarás a mi reto (y fracasarás, claro). No vengas si eres más tonto que una piedra, no me hagas perder el tiempo. Si no tienes sentido del humor, tampoco vengas.

Ah, por cierto, habrá recompensas en el remoto caso de que superes el desafío. Recompensas realmente buenas. Buenas de verdad. Aunque nunca las recibirás, evidentemente.

Se despide,

El inimitable Nikochis”


Bediam la releyó un par de veces, atónito. Debajo del texto había un dibujo bastante impreciso de lo que buscaba representar Efrinder. En una zona pintada como un bosque, había una pequeña señal, marcando el destino.

-Bueno, ¿sabes qué es eso? –preguntó Kheme, paciente.

Bediam asintió, mientras sentía que se le venía todo el cansancio encima. Si quería llegar al bosque de Physis a tiempo, debía salir prácticamente de inmediato… Y él realmente necesitaba un descanso, se lo merecía.

-¿Hace cuánto que llegan las cartas? –quiso saber el joven.

-Una semana, más o menos –respondió la alquimista-. Aparecen sin más por toda la casa.

El alquimista se guardó el papel en el zurrón y se dirigió a las estanterías llenas de pociones.

-Tengo que irme –anunció Bediam-. Y voy a necesitar algunas de estas.

Kheme se encogió de hombros.

-Coge lo que quieras –cedió.

Bediam rellenó su cinturón con lo que le pareció y subió al piso de arriba.

-Ah, por cierto –dijo, mientras rebuscaba en su zurrón.

Sacó un botecito con un líquido oscuro, con vetas rojizas.

-Veneno de basilisco pigmeo –anunció.

La alquimista cogió el frasquito, sorprendida.

-Vaya, esto no se ve todos los días –confesó.

Y desde ese momento, le ignoró completamente. Bajó de nuevo al laboratorio, frasco en mano, y Bediam no volvió a verla. El joven fue a la despensa y escamoteó suficiente comida para su viaje. No había tiempo que perder, así que se dispuso a irse.

-¡Me voy! –anunció.

Y se fue. Ciertamente no había sido un encuentro muy emotivo.

Bediam había recibido una generosa recompensa tras salvar Darry’Gor, así que se decidió a hacer el viaje con un poco más de recursos que normalmente (es decir, no ir a pie todo el camino). Caminó hasta Narenda, la capital de las Nalini, donde alquiló un caballo para ir hasta Naresh. Bediam era un jinete pasable, pero nunca había hecho un trayecto tan largo, y acabó con todo el cuerpo hecho polvo, aunque llegó de una pieza.

En Naresh, la más joven de las tres ciudades hermanas, se subió a un barco mercante con destino a la Ciudad Esmeralda. Tuvo que ayudar en el barco con el resto de la tripulación, y pagó solo para librarse de descargar mercancía cuando llegaron al puerto.

Una vez allí buscó alguna forma de llegar hasta Erinimar, pero no hubo manera.

-Nadie va a la llanura de los elfos –le aseguró el propietario de un carromato al que le había propuesto pagar una buena suma a cambio de que le llevase-. Son muy celosos con su territorio y no gustan de los extranjeros.

-Pero yo no quiero entrar en sus ciudades, solo quiero atravesarlo para llegar al bosque de Physis –le explicó Bediam.

El hombre negó con la cabeza.

-Eso a ellos no les importa –apuntó-. Toda la zona está bien guardada por pueblos humanos, centauros y minotauros, que se encargan de impedir el paso a quien no tenga el salvoconducto real. No te aconsejo meterte con ninguno de ellos, se toman muy en serio su trabajo.

Bediam se quedó despagado.

-¿Y cómo puedo llegar al norte? –se preguntó el alquimista.

-Si quieres ir por tierra, la única opción es atravesar las montañas –respondió el comerciante-. Pero es una zona peligrosa, está demasiado cerca del Foso y de StorGronne para mi gusto. Te recomiendo el trayecto por mar.

El alquimista aceptó el consejo del hombre y recorrió el estrecho que unía Thargund con Woestyn Ölüm hacia el norte, hasta llegar al mar Herradura, como se conocía popularmente a aquella masa de agua. Allí estaba el enclave portuario de la ciudad Esmeralda. Desde allí no le costó encontrar navíos que se dirigiesen a Mirrizbak y tampoco capitanes dispuestos a aceptar unas cuantas monedas por llevarle.

Una vez en la ciudad de la espada y el dragón, se acabaron las facilidades, pues su siguiente paso era el último, y ya no se trataba de una ciudad o asentamiento al que se dirigiese nadie, por lo que no podía alquilar caballos, buscar carromatos o navíos. Por suerte, los días en el barco le habían servido para reponer fuerzas y se encontraba recuperado, así que volvió a cargarse de provisiones y se decidió a recorrer el resto del camino a pie. Empezó a rodear el mar Herradura hacia el sureste, hasta que alcanzó los primeros árboles de Physis. Por desgracia, su destino estaba al sur, así que (aun siguiendo la costa) bordeó el bosque hasta alcanzar las montañas que separaban las llanuras élficas del bosque de Physis, cuyo nombre Bediam desconocía.  Había ido a buen ritmo y tenía un par de días de margen, así que su avance fue tranquilo y se permitió contemplar el paisaje.

Se sorprendió el alquimista de encontrar una enorme construcción parecida a un faro allí mismo, en medio de la nada. Se acercó a ella, pero era maciza y no parecía haber nadie… Tras explorarla un poco, pudo ver un cartel que apuntaba hacia el interior del bosque. “Si participas en mi reto, es por ahí”, decía el tablón de madera.

Sin pensárselo dos veces, el joven se dejó guiar por la señal y se internó en el bosque. No tuvo que andar ni cincuenta pasos para toparse con un amplio claro en el que no había crecido ni un solo árbol. Allí había acampado un grupo y Bediam se acercó a ellos.

¡Paf! Ante él apareció Nikochis, sonriente.

-Llegas tarde –le increpó.

Bediam trató de mantener la compostura y no estrangular al folklerien, porque estaba molido y había sido un viaje muy largo.

-No, he llegado a tiempo –se defendió.

-Tenías que haber llegado hace una semana –objetó el hombrecillo-. ¿No estás deseando empezar o qué?

Bediam se encogió de hombros tratando de parecer indiferente… pero lo cierto era que sí. Muy a su pesar, estaba intrigado por lo que Nikochis les plantearía.

//Recorrido de Bediam://


Última edición por Bediam el Miér Jul 08, 2015 3:57 pm, editado 1 vez
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Re: El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

Mensaje por Aulenor el Miér Jul 08, 2015 1:33 pm

__Debía de haber pasado ya un mes y medio desde que partió desde Baruk'Grund, la primera ciudad que el nagar había pisado en su vida, y desde entonces, se había dedicado a recorrer mundo. Había conseguido un mapa lo había seguido para visitar la mayor cantidad de regiones en el menor tiempo posible. Según le había dicho cada una era muy distinta de las demás, y en vez de conformarse con lo que la gente le pudiera contar de ellas, había decidido echarle un vistazo a todas con sus propios ojos.
__De éste modo, había abandonado las montañas de Daulin; atravesado la niebla de Ujesh-Varsha; paseado por las calles de la ciudad esmeralda; viajado bajo abrasador sol de las sabanas de Mashamba Milele; llegado hasta la frontera de Erinimar, siendo expulsado por los vigilantes de ésta, y viajado al Este hasta encontrar el paso montañoso que conducía al Norte y en el que se encontraba actualmente.

__Casi medio día, y tras presenciar una batalla entre demonios y minotauros, se detuvo a ayudar a éstos últimos, quienes habían resultado ganadores del conflicto pero no sin salir heridos. Les había ayudado a vendarse las heridas y a entablillar la pata que uno de ellos se había roto con algunas ramillas y hierbajos. Ahora ayudaba a caminar a éste ultimo mientras los demás les guiaban de vuelta a su asentamiento en las montañas, dónde le habían prometido darle de comer como agradecimiento por la ayuda.

__Ya divisaban el poblado, que se encontraba en lo alto de un risco, y el líder de los minotauros les hacía señales de aliento a sus compañeros heridos, cuando una fuerte ráfaga de viento lanzo un trozo de papel a la cara del joven, tapándole por completo la vista y casi haciéndole tropezar, pero por suerte para él y sobre todo para Yeub, el minotauro cojo al que estaba ayudando a andar, éste se lo quito de la cara a tiempo para evitar e desastre. Tras darle las gracias y antes de que éste lo dejara volar, Aulenor se dio cuenta de que había algo escrito en él y se lo guardó para leerlo luego.
__No tardaron mucho en llegar a la aldea donde los demás recibieron a sus guerreros como héroes. Uno de ellos ayudo a Yeub a llegar a una yurta, quitándole el peso a Aulenor, que parecía un enano comparado con la altura de los bovinos, cuyo miembro más pequeño alcanzaba el metro-ochenta de altura.
__Mientras todos los nagar iban desapareciendo uno a uno dentro de las tiendas, Aulenor se iba quedando solo y comenzaba a tener más presencia, lo que acabó recordando a Teyeku, el líder del clan, que le había prometido al joven una buena comida.
-¡Hey canijo! Muchas gracias por toda la ayuda. Anda ven, puedes comer en mi choza. Te lo has ganado.-le dijo con un tono poco simpático aunque pretendía serlo.
__El chico se dirigió sonriente contento hacia la yurta que le había indicado. Realmente estaba hambriento. Sin embargo, y para desgracia del nagar, lo que se encontró fue una fuente de vegetales. La expresión de desilusión del pobre Aulenor al verlo era fue digna de un diccionario, y la queja no tardó demasiado en llegar
-¿Esta es la comida?-preguntó horrorizado el chico
-Así es.-respondió Teyeku con todo orgulloso-Mi hija lleva toda la mañana recolectándola
-Pero... creí que habría carne...
-Oh-respondió sorprendido-Vaya... perdona chico, pero nosotros nos alimentamos a base de plantas... lo siento... no tenemos más... De haberlo sabido...
-No, perdona... intentaré comer algo... muchas gracias-respondió el chico al ver como el minotauro se incomodaba.
__Se acercó al plato y sentándose cogió una manzana, al menos con la fruta podía. Teyubu y su hija se unieron a la comida, devorando más de la mitad antes de que el nagar acabará la manzana. Fue en ese momento, cuando el papel que habia encontrado en el camino salto bolsillo del chico y calló al suelo, recordandole su existencia. El escamado lo recogió y le echó un vistazo ahora que ya no estaba tan ocupado. En él se podía leer:

.
Soy más listo que tú, seas quien seas. Si quieres que te lo demuestre, ven el quinto día de Zuìè Pretrin al sur del bosque de Physis. Allí te enfrentarás a mi reto (y fracasarás, claro). No vengas si eres más tonto que una piedra, no me hagas perder el tiempo. Si no tienes sentido del humor, tampoco vengas.

Ah, por cierto, habrá recompensas en el remoto caso de que superes el desafío. Recompensas realmente buenas. Buenas de verdad. Aunque nunca las recibirás, evidentemente.

Se despide,


El inimitable Nikochis

.
__Debajo del texto había un dibujo algo borroso ya que la tinta se había corrido que parecía querer indicar de alguna forma el contorno del territorio de Efrinder y dentro de él, en una zona pintada como un bosque, había una pequeña señal, como marcando el destino.
__Aulenor estaba releyendo e intentando descifrar el dibujo, mientras le daba el primer bocado a la segunda manzana, cuando Teyuku se dio cuenta de lo que había el chico y se interesó por él.
-¿Qué es eso, canijo?-preguntó mientras seguía tragando.
-Un papel que me encontré en el camino, parece algún tipo de carta o algo así, no lo teno claro.
-Déjame echar un vistazo
__Aulenor le entregó el papel y el minotauro estuvo revisándolo un buen rato, por cómo movía la boca al leer se podía deducir que su nivel de lectura era incluso inferior al del joven.
-Bueno, más que una carta parece algún tipo de reto o invitación a un evento. Y este dibujo del final, es un mapa, parece que marca algún sitio al suroeste de Physis
__Aulenor recuperó el papel volviéndole a echar un vistazo, esta vez algo emocionado.
-¿¡Un evento!? Vaya, suena muy interesante
-Desde luego no es algo que se vea todos los días...-respondió el jefe con algo de desinterés volviendo a su comida.
-Bueno, ¡decidido! Iré a ese evento. Si es algo tan raro no puedo perderme la oportunidad de verlo.
__Esta afirmación fue respondida por una encogida de hombro por parte de los dos minotauros.

__Una vez hubieron terminado de comer, y para esperar que pasaran las horas de más calor, Aulenor visitó a los guerreros que habían resultado heridos en el combate matutino. Aparentemente, los minotauros no tenían muchos conocimientos de métodos curativos e incluso los conocimientos básicos que el joven escamado había adquirido casi por sí mismo durante la infancia eran más efectivos que muchos de los suyos. Así pues, los guerreros agradecieron en gran medida su visita, sobretodo el tullido Yeub, que era el que más grave estaba.
__Una vez hubo visitado todas las tiendas y hubo pasado el mediodía, se despidió de la aldea y partió rumbo norte, camino del bosque de Physis.

__El camino fue largo, tuvo que dar grandes rodeos para evitar zonas tomadas por demonios, sobre los que le habían avisado los minotauros. Sin embargo, consiguió hacer migas con la mayoría de aldeas de antropomorfos que encontró, sobre todo de Minotauros y Centauros, que habitaban esta zona montañosa y aunque algo territoriales, no tenían nada en contra de un chico de paso que se ofrecía a ayudar a cambio de un techo en los días de lluvia para pasar la noche o comida.
__Así pues, a pesar de todo, atravesar la cordillera no fue mucho problema y pronto llegó al linde los bosques de Physis, donde, para no perderse, intento bordearlo hasta llegar a la zona más cercana a la que marcaba la carta. Cuando estimaba que ya no le podía quedar mucho, vislumbro una columna de piedra que sobresalía sobre la espesura y como si algo le atrajera hacia ella se internó en el bosque en su dirección. No tardó mucho en llegar hasta ella y bordearla, descubrió un mensaje en un tablón de madera colgado de la roca: "Si participas en mi reto, es por ahí".
__Emocionado, se dirigió con presura en la dirección que marcaba el cartel para encontrarse con un amplió claro en el único tipo de planta que crecía era la hierba. A adentrarse en el claro, apareció una especie de duende ataviado con una capa y un amplio sombrero verde que le miró de arriba a abajo.

-¡Llego el primero! Sí que se toma su tiempo la gente–exclamó contento pero arrogante
-Eh... Hola, soy Aulenor, ¿es aquí... esto... el reto de Nikochis?-dijo sacando de su bolsillo el papel-Encontré este papel y...
-¡Por supuesto que es aquí! Te encuentras ante el gran e inigualable Nikochis
-¡Oh encantado!-exclamó sonriente-y ahora... ¿Cómo va esto? Es la primera vez que estoy en algo de esto tipo
-Bueno, ahora hay que esperar a que llegue la demás gente. Tendrás que esperar aquí. Aún queda toda una semana de plazo.


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Re: El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

Mensaje por Youdar el Miér Jul 08, 2015 5:24 pm

(Aclaración para el lector: la primera parte de este post iría inmediatamente después a la última intervención de Youdar en la partida Alabanzas, trifulcas y amores)
No te burles del destino, viajero,
que puede ser muy traicionero.
¿Esperabas un periplo tranquilo?
Nunca en Noreth, buen amigo.
Hazte caso de la sabiduría enana,
se listo y mantén a punto la espada.
Pobre de ti si el consejo ignoraras,
pues no encontrarás paz, si no trabas.

Anónimo.

No era capaz de reaccionar, no al reconocer la caligrafía del sobre que, de la nada, había aparecido sobre su mesa. Zahka y Aulenor se marcharon, siguiendo al muchacho que pedía auxilio, pero Youdar se había quedado completamente paralizado. Sabía que iba a volver a tener noticias de Nikochis, por supuesto, pero ¿tan pronto? Rechazó un primer instinto, que le impulsaba a quemar el sobre, luchando contra el deseo de dejar atrás toda esa locura del destino y los folklerien, sin embargo, algo le impedía arrojar la carta al fuego. A pesar de sus miedos, muy en el fondo de su ser, sabía que no podía quemar el sobre, porque eso significaría huir de la misión que le habían encomendado, y que, de hacerlo, Noreth entero lo pagaría caro.

Sin fijarse en absoluto en lo que hacía, dejó el cordero sobre una de las sillas, no habiéndose, siquiera, percatado de que Pelos, su gato, se encontraba descansando en ella, lo que obligó al animal a apartarse de un salto. Instintivamente, se llevó la mano al rostro, pasándola por la piel endurecida y arrugada de su mejilla izquierda, la que se había quemado en Darry´gor. “Seis años de vida, ¿esperabas que se quedaran sin hacer nada mientras te consumías?”, pensó, lamentándose por haber sido tan estúpido de creer que, tal vez, podría disfrutar de unos meses tranquilos en Baruk´Grund. De modo sorpresivo, otra sensación empezó a opacar al lamento, una que trajo calor al enano por primera vez desde la Gran Cacería. El coraje, algo que casi lo había abandonado al saberse conocedor de que su hora estaba fijada, volvía a ser parte de él.

Nikochis y Ananke no estaban perdiendo el tiempo, quedaban aun batallas por librar y seguían contando con él para que intentara conducirles a la victoria.

-Ellos cuentan con nosotros, Pelos- dijo con la mirada firme al horizonte, notando como se llenaba de valor, de ese sentimiento tan característico de los hijos de la roca, quienes, no por nada tienen fama de afrontar siempre de frente las batallas. Si hubiese bajado la mirada, hubiese descubierto que, ignorándole por completo, el gato devoraba el cordero que, en teoría, debería haber servido de alimento a tres personas-Además, sin Perik y Kadín por aquí, mi casa está donde estés tú, pequeño.

Con paso firme, se giró hacia la mesa, tomando con sus ásperas manos de luchador el sobre. “¿Qué será esta vez, Nikochis?”, pensó mientras extraía la carta, en la cual, con la caligrafía del folklerien, aquella que jamás olvidaría, se podía leer.

“Soy más listo que tú, seas quien seas. Si quieres que te lo demuestre, ven el quinto día de Zuìè Pretrin al sur del bosque de Physis. Allí te enfrentarás a mi reto (y fracasarás, claro). No vengas si eres más tonto que una piedra, no me hagas perder el tiempo. Si no tienes sentido del humor, tampoco vengas.

Ah, por cierto, habrá recompensas en el remoto caso de que superes el desafío. Recompensas realmente buenas. Buenas de verdad. Aunque nunca las recibirás, evidentemente.

Se despide,

El inimitable Nikochis”

-Pero ¿Qué cuernos…?- ¿Sería aquella la forma de Nikochis de quitarle hierro a un asunto serio? Desde luego, si Youdar tenía que tomarse las palabras del folklerien de un modo literal, parecía que, más que a una batalla, se dirigiese a una especie de competición, toda una pérdida de tiempo, pues a él poco o nada le interesaban las recompensas que el hombrecillo parecía prometer. Sin embargo, creía conocer los suficiente a Nikochis y, lo más importante, conocía a Ananke. La hija del destino no permitiría que el folklerien le hiciese malgastar la poca vida que le quedaba en asuntos intrascendentales, y eso, al final, era lo único que él necesitaba saber-¡Traidor!- por fin, con una idea clara en mente, Youdar había vuelto a fijar su mirada en Pelos. El gato había devorado todas las zonas tiernas del cordero, dejando para él nada más que la grasa. Tumbado estirado, el felino reposaba la comida. Ante la acusación de su compañero, tan solo levantó la mirada.

-Meuh- maulló, desganado, como pidiendo que no le molestara, y volvió a adoptar la misma postura que tenía, tratando de dormir.

Con resignación, Youdar dejó a un lado el cordero, y se fue a por un poco de leche escarchada, que había comprado para servir al final de la comida. El postre no le llenó el estómago, pero si que evitó que continuara enfadado con el gato, cuyo rollizo lomo se hinchaba y deshinchaba al respirar, mientras, con toda tranquilidad y sin preocupaciones, dormía. Al terminar de comer, se fue hacia la habitación que había sido de Yeidrax, su padre, y buscó un viejo mapa de navegación que el enano había usado en vida para guiarse en sus periplos.

-Veamos… si debo llegar a Physis…- recorrió con el dedo índice la desgastada cartografía del pergamino- ¡Ajá! Debo pasar por Erinimar- instintivamente, se fijó en el rincón donde había dejado sus armas, concretamente mirando hacia las Dagas de la alianza, el regalo que Lüdriëlh Thündrell le había hecho cuando salvó la vida de Ithilwen Erulaëriel. Aquellas dos pequeñas hojas élficas, de nombres Ithil de Rain y Mönd nek Rain, se habían convertido en unas de sus posesiones más preciadas, no solo por su indiscutible utilidad en batalla, si no por lo que representaban. Era la muestra fehaciente de que realmente existía un vínculo, uno que algunos daban por roto, entre los elfos y los hijos de la roca. Sabía que entrar en Erinimar no era cosa fácil, pero Lüdriëlh había partido el mismo día que él lo hizo, y parecían apurados por llegar a casa. ¿Tendría la suerte de poder usar aquel regalo como salvoconducto para cruzar el reino élfico? Nada perdía por intentarlo, pues, además, parecía tener tiempo de sobra para llegar puntual a su cita con Nikochis. Si los elfos le negaban el paso, tendría tiempo para buscar otro camino.

Importándole poco que fuese de día, se recostó en la cama, imitando al gato haragán. En cuanto reposaran ambos la comida, tomaría de nuevo sus armas y navegaría bordeando la costa hasta llegar al golfo esmeralda, desde donde esperaba que salieran caravanas hacia Erinimar. Tumbado en su cama, sin poder evitarlo, sonrió como un estúpido. Estaba hecho para la aventura, y la aventura lo llamaba una vez más.

-//-

(Aclaración para el lector: los hechos ocurridos durante la estancia de Youdar en Erinimar serán narrados en una futura partida)

Despedirse del capitán no había sido sencillo para Youdar pues, de forma innegable, había encontrado a un amigo en la figura del elfo. Lamentó no haber podido ver a la princesa durante su estancia, pero esta se encontraba más cerca del lugar del que él había partido que de aquel otro al que se dirigía. Ithilwen había viajado a Dhuneden, según le informaron, a visitar al llamado Rey Eterno, en busca de la paz que sus hermanos solares pudieran brindarle. Sin duda alguna, esa era una de las cargas que el hijo de la roca tendría que portar allá donde fuese, pues habría salvado la vida de la elfa, sí, pero su mayor fracaso se hacía presente al conocer del dolor que se asentaba en su alma. La Gran Cacería había traído brutales consecuencias para todos, y por eso mismo él no podía dejar de luchar. No podía permitir que todo ese sufrimiento hubiese sido por nada.

Quien también echaría de menos Erinimar, no le cupo duda alguna, era Pelos. Entre los elfos, el animal había sido tratado con un respeto que solo había conocido de parte de su amo, y, por si fuera poco, a sabiendas de que Youdar lo considerara como un compañero y no como una mascota, había sido alimentado en consecuencia. Mientras abandonaban el reino élfico, adentrándose en Physis, el gato observaba con voracidad el morral del enano, donde sabía que guardaba un saquito con unas chucherías élficas a las que se había aficionado, y que parecía calmar la voracidad del felino.

Al cabo de un día a buen paso, el gran bosque ocupó el horizonte frente a ellos. Era impresionante, sin duda, y podía sentir como la magia de aquel lugar, pura y limpia, rechazaba aquella que corría, de forma nociva, por el cuerpo del enano, como si supiese que el mal que lo corrompía, aunque poderoso, no era digno de un lugar como aquel. Sintió nauseas, algo habitual en el último mes, y tuvo que agarrarse a un árbol para no desvanecerse. Comenzó a toser, evitando como podía el deseo de vomitar, de libarse de la magia del Reilgan, pero no fue capaz. Acabó cayendo, desvaneciéndose durante unos minutos.

Al volver a abrir los ojos, lo primero en lo que se fijó fue en que Pelos, como ya era habitual durante sus desvanecimientos, se había recostado junto a él, ronroneando. Un elfo le había dicho que los gatos se sanaban a si mismos haciendo eso, que era su forma de mantener sus huesos y músculos apunto para los esfuerzos que hacían y que, tal vez, la intención del gato fuese la de sanarlo al comportarse así. Con algo de esfuerzo, se levantó, acariciando la cabeza del felino.

Música:

Una vez pasado aquel primer encontronazo con el bosque, la mirada de Youdar pudo apreciar su inmensidad y magia de un modo distinto. Sin duda se trataba del mágico bosque de Physis, un lugar único como pocos, el lugar donde la magia divina era más poderosa en todo Noreth. Ningún árbol tenía el tronco quebrado, ni siquiera una mínima mancha en su corteza. Las hojas eran de un verde tan resplandeciente que daba la sensación de que, aun siendo de día, miles de luciérnagas danzaran alrededor de ellas.


Adentrándose en el lugar, no pudo si no maravillarse aún mas, pues, a diferencia de un bosque normal, los animales de allí no parecían asustarse de su presencia, si no que lo observaban con gran curiosidad. Parecía que los habitantes de aquel sitio sabían que nada podía dañarles, como si la propia magia del sitio les protegiera.

Pelos también se dejó llenar por esta magia, y, juguetón, persiguió a un cervatillo-Espera, pequeño- dijo Youdar mientras corría tras ellos. Desearía que fueran más despacio, porque todo cuanto le rodeaba era digno de grabar en su retina para la eternidad, pero su inesperado guía llevaba a Pelos hacia algún lugar, como si fuera crucial que lo visitaran.

Y así fue, porque, de la nada, en mitad del bosque, justo hacia donde el cervatillo les guiaba, se alzaba un faro, pero no uno cualquiera, si no que, en su lateral, podía leerse una inscripción de conocida caligrafía. “Si participas en mi reto, es por ahí”, señalaba el faro, rompiendo, en parte, el encanto mágico del lugar. Pelos, que lo había esperado plantado junto a la inscripción, miraba hacia la profundidad del bosque, en dirección contraria hacia la que señalaban las palabras de Nikochis.

-Despídete, amigo. Otro día tal vez tengas tiempo para jugar con él- dijo Youdar, al ver el brillo de los ojos del cervatillo obsrvandoles.

-¡Miauhu!- la voz del gato se llenó de lástima, como si supiese que, hacia donde iban, no iban a encontrarse con ese tipo de magia que tan bien trataba a los seres como él, sin embargo, decidido, siguió al enano.

Al cabo de unos minutos, se encontraron con un lugar donde la gente había acampado, pero, a primera vista, no vio a nadie conocido. Preguntándose como serían sus nuevos compañeros en esa aventura, el enano se puso a montar su tienda de campaña, mientras su gato, despreocupadamente, se echaba una siesta sobre el morral.



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Re: El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

Mensaje por Ruisu EvandHell el Miér Jul 08, 2015 10:38 pm

Luego de lo ocurrido en Landemar y tras cumplir un par de misiones, había logrado juntar una gran cantidad de dinero… Esto, podría sonar grandioso si no fuera porque no tenía ni la más remota idea de en qué gastar mi pequeña fortuna.  Llevaba ya dos semanas en Mirrizbak, hospedándome en la casa de mi buen amigo Jhon pero aun que pagaba una cuota por las tres comidas diarias y había comprado raciones del mejor y más caro café de la ciudad, mis cálculos me decían que aún podría pasar sin trabajar un par de meses.
 
Jhon es el dueño de una Taberna en la ciudad de Mirrizbak y la primera persona confiable que conocí luego de ser exiliado del gremio. Este hombre, es de esas personas que toda su vida la han pasado en un solo lugar, y por esta razón tenía un gusto exagerado por los cuentos de viajeros y las historias épicas.
 
No era sorpresa que me hospedara en su casa, pues para su agrado siempre que regresaba de una misión le contaba con detalle todo lo ocurrido. –Bueno… Creo que es un tipo bastante extraño.- Lo cierto es que confió en él y podía llamar “hogar” a la pequeña habitación que me había rentado.
 
Todas las mañanas luego de cumplir con mi rutina habitual desayunábamos en su taberna, mientras conversábamos de un montón de cosas y por un montón de horas, cosa que nos había unido como amigos. Normalmente los temas recurrentes eran sobre mis hazañas como mercenario o sus discusiones con los vecinos que se negaban a vender sus casas.
 
Jhon quería expandir su negocio y esto solo lo podía hacer si compraba las casas que tenía a cada lado del local. Pero la gente decía que era muy poco el dinero que él les ofrecía y Jhon tampoco se podía permitir pagar más.
 
Después de pasar tanto tiempo escuchando sus quejas y como no tenía ninguna cosa en que gastar mi dinero, tome la decisión de proponerle ser socios. Así que, sin decirle nada, metí todo mi dinero en una pequeña caja y justo antes de abrir la taberna la coloque frente a él.
 
-¿Que se supone que es esto? si piensas que te lavare la ropa estas más loco de lo que pensé.- Dijo Jhon casi al instante de ver la caja.
 
-¿Crees que dejaría que tu tocaras mi ropa? Esto es algo que quiero darte.-
 
-¿Ahora das regalitos? Impresionante del chico que decía no tener amigos.-
 
-Solo cállate y déjame explicarte.- Respondí con una sonrisa en el rostro para ocultar las ganas de golpearlo por ser tan irritante.
 
-Un momento… Hoy llego una carta para ti.- Respondió Jhon mientras se sacaba del bolsillo un pequeño papel.
 
-Mira… Ya sabes que no sé qué hacer con el dinero. Ahora mismo gano más de lo que puedo gastar pero eso es solo porque he tenido la suerte de tomar buenos trabajos, me gustaría asegurar un ingreso extra y viendo tu situación, se me ocurrió algo para que salgamos ganando los dos…-
 
-Okeey te escucho.-
 
-¡Bueno, quiero que seamos socios!- Por alguna razón al decir esto me dio un poco de vergüenza así que baje la mirada al suelo y mientras abría lentamente la caja continúe con mi explicación. –Aquí tienes más de cuarenta kulls de oro y algunas joyas de buen valor. Con esto, no se negaran en venderte las casas que necesitas y podrás expandir la taberna.-  
 
Los ojos de Jhon se abrieron como platos al ver el brillo que salía del interior de la caja. El hombre respiro hondo y con una sonrisa nerviosa contesto mientras ponía una mano en su rostro. –Bueno… Est... Eso es mucho dinero, con eso y mis ahorros podríamos comprar esas casas y redecorar el lugar.-
 
-¿Eso es un sí?-
 
-¿Tu qué crees?- Contesto Jhon sellando el trato con un estrechón de mano.
 
El apretón de manos rápidamente se convirtió en un abrazo, podía sentirse la emoción de ambos, por mi parte esa emoción venia por partida doble pues había conseguido un sitio al cual regresar y además tendría en el futuro una gran cantidad de dinero. – ¡Ruisu tenemos que celebrar esto! Hoy daremos cerveza gratis a los primeros cuarenta clientes.-
 
-Jhon eso nos va a hacer perder dinero…-
 
-Bueno a los primeros nueve.-
 
-No me hagas arrepentirme de esto… ¿Por cierto, que era esa carta que querías darme?-
 
-¡Haa sí! Dice algo de una un reto en el bosque de Physis y algunas tonterías más… A lo último dice que darán una gran recompensa. –
 
- Baah, otro loco cazando tontos.-  
 
-Según me cuentan estas cartas vienen apareciendo de forma “Mágica” por toda la ciudad. Incluso dentro de una sandía hace un par de días… Creo que será un evento importante el que celebraran en ese bosque. –
 
-¿Sabes lo molesto que es Physis? La última vez que trabaje en ese lugar termine siendo atacado por arboles andantes. -
 
-Piénsalo de esta forma. Si logramos expandir la Taberna tendremos que estar cerrados por un par de meses… Creo que algo de dinero extra vendría muy bien.-
 
-Yo creo que solo quieres que muera para quedarte con todo…-
 
-No soy tan malvado como crees, solo quiero que me cuentes como fue ese reto y talvez que traigas algo interesante.-  
 
-Bueno iré, pero solo porque necesitamos un montón de dinero. Si hacemos las cosas bien podríamos tener una fortuna en poco más de un año. Por cierto… ¿me dejas ver la nota? – Jhon dejo escapar una sonrisa burlona mientras me daba el papel, al revisar lo que tenía escrito, mi curiosidad creció tanto que me fue imposible dudar en ir. –Incluso puso un mapa, pero parece que un niño lo dibujo. Tiene que ser algún noble tonto con dinero para gastar…-
 
El camino de Mirrizbak al bosque de Physis fue, para mi sorpresa muy tranquilo. Justo al salir de la ciudad tuve la suerte de encontrarme con un pequeño grupo de cazadores que tenían como destino StorGronne y que no se negaron en contratar (al menos la mitad del camino) a un escolta que solo les cobraría con comida durante el trayecto y el transporte hasta Physis. Ellos tenían una carreta y un caballo así que pude ir como un mero pasajero mientras “vigilara” que no fueran robados.  
 
Durante el viaje, escuche que uno de ellos había encontrado una carta dentro de sus zapatos. Al revisarla pude ver que era exactamente la misma yo tenía, lo cual confirmo el hecho de las apariciones “mágicas”. –¿Qué clase de persona convoca a completos extraños a un reto en medio del bosque? Y ¿Qué clase de idiotas aceptan tal desafío?- 
 
Justo al llegar a la frontera del bosque y viendo mi pequeño contrato terminado, me despedí de los cazadores y continúe a pie el resto del camino, no paso mucho tiempo hasta que pude ver a lo lejos una inmensa torre de piedra que superaba por mucho la copa de los árboles y cuyo color desentonaba por completo con el verde del lugar. Con la sospecha de que fuera ese el punto de reunión me acerque cauteloso, al llegar pude encontrar un cartel que confirmaba mi buen rumbo. “Si participas en mi reto, es por ahí” decía tallado en la madera.
 
A partir de este punto, pude notar muy fácilmente los rastros de otras personas que abrían pasado recientemente por el sendero. Tome mi arco y camine lentamente hasta que di con un claro en medio del bosque, al llegar pude ver algunas carpas dispersas pero nada extraño que llamara mi atención.
 
Solo hizo falta dar un paso dentro del campamento para que me llevara mi primera sorpresa del día. –Ese gato yo lo conozco…- murmure al ver desde lejos a un gato gordo y naranja entrando en una de las carpas.
 
La segunda sorpresa llego justo después de la primera y se manifestó en un extraño hombrecito rojo que apareció frente a mí. – ¡Por fin llegas! Hoy en día no se puede contar con la puntualidad de la gente.-
 
-¿Te conozco?- Respondí alterado por el susto que me causo la aparición de ese ser.
 
-¡El gran e inigualable Nikochis para ti!- 
 
-Ruisu… Cazador, Mercenario y Asesino para todos…- 
 
-Apenas lleguen todos comenzamos.- 
 
Y tan repentinamente como apareció se esfumo el tal Nikochis… Aún no había comenzado mi misión y ya tenía el presentimiento de que sería más difícil de lo que hubiera pensado. Solo podía esperar que todo ese lio valiera la pena y pudiera regresar a Mirrizbak con algo bueno.



-I Walk through the valley of the Shadow of death-
-And i feel safe.- 
-Because i know i'll kill my enemies when they come.-


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Re: El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

Mensaje por Darkeray el Jue Jul 09, 2015 12:36 am

-Sigo sin comprender el porqué

-Nadie te ha pedido tu opinión al respecto

La noche era apacible, simple y llana como cualquier noche, unos estarían durmiendo, y otros estarían trabajando, horario fácil de cumplir y suficiente para suplir y acallar las inquietudes de tantos: Levantarse, trabajar, comer, dormir y volver a empezar. Tan... Rutinario, pero a la vez tan simple, los grandes misterios quedan para los eruditos que trabajan en sus bibliotecas, en sus laboratorios, en sus torres, en sus casas, donde sea. Las inquietudes vitales se silencian con las distintas fes y cultos, o con vivir en el ahora, mas cuando uno es eterno y no hay un objetivo en la vida, ¿Qué se hace? ¿Esos objetivos donde están? Se han esfumado, como si nuestra mente nos marcase unas metas para una vida finita, algo que hacer durante la espera, pero cuando ese tiempo se alarga y no tiene un final, la mente calla, como si hubiese fallecido, una mente muerta, su existencia en el espacio y el tiempo se ha consumido, como la pervivencia de la fruta tras ser recogida, ahora que no debería seguir existiendo, simplemente calla...

-En serio Caballero, ¿De qué te vale cocinar algo si no lo vas a comer?

Una leve columna de humo ascendía entre los árboles hacia el cielo intentando alcanzar las estrellas, el fuego crepitaba suavemente, el cuerpo desollado de un conejo se quemaba entre las llamas mientras Darkeray lo hacía girar en una parrilla improvisada con varas de madera verde, que rezumaban vapor en protesta por el calor

-Dicen que la práctica hace al maestro, pero el maestro también debe mantener la práctica, y eso incluye trabajar en sus conocimientos de supervivencia, aunque poca falta le hagan ya...

-¿Y qué piensas hacer con lo que quede?

-Si no se lo ha llevado en medio de la noche Mantus o algún carroñero del bosque supongo que me lo tendré que llevar hasta darle un mejor uso.

-¿Y  con lo que tienes en los frascos?

-Ya he extraído los órganos que me interesan, mañana los diseccionaré, deberías estar contento, verás sangre

-JA JA JA, un desgraciado sin honor cuya vida no vale nada y es un monstruo ha hecho un chiste, en serio, JA JA JA

-Gracias por recordármelo cuando por una vez olvido mi condición, de verdad -y alzó la vista al cielo por un momento-

-No estoy aquí para consolarte, y cuando tenga ocasión te expulsaré de este cuerpo y de esta mente, no lo olvides

-Intento no hacerlo engendro, intento no hacerlo



------------------X-----------------



A la mañana siguiente, el rocío caía entre las hojas de los árboles, el sol brillaba en cada una de las gotas creando un espectáculo de color, los insectos más madrugadores comenzaban su rutina, y los pájaros despertaban al resto del bosque con sus cantos; el bosque de Silvide casi parecía estar burlándose con su belleza del único elemento negro y apagado que había en él, un Caballero empapado en rocío, que había permanecido toda la noche leyendo a la luz de las lunas.

-Supongo que es hora de... Despertarse

-Je, ya te gustaría poder despertarte, para empezar...

-Sí... No estaría del todo mal...-dijo mientras recogía los libros y cubría con tierra las brasas del fuego- Bueno... Vamos a intentar investigar un poco

-Que aburrimiento...

-Esta existencia es aburrida engendro, acostúmbrate a ella

-No es aburrida, TÚ la haces aburrida

-Tal vez sí, y tal vez no...

-Deja de filosofar conmigo

-Está bien engendro, está bien... -dijo cansinamente el Caballero-

Acto seguido, sacó el conejo quemado de la parrilla y lo guardó en la alforja de Muerte, estaba frío y mojado pero intacto, nadie se lo había llevado. Muerte relinchó suavemente y usando su cabeza empujó con cariño al Caballero

-Lo sé viejo amigo, lo sé -murmuró acariciándolo con ternura- pero dicen que no se debe tirar la comida -y dándole unas palmadas, cogió dos botes de las alforjas, uno contenía el corazón del conejo, y el otro, su estómago-

-¿Ahora también susurras a los caballos? ¿Tan sólo y triste estás?

-Cállate

El Caballero buscó una piedra lo suficientemente plana para trabajar, la limpió con un poco de agua de un río cercano, se sentó de rodillas, se quitó la capa, el casco y los guanteletes, y comenzó a diseccionar el corazón de aquel animal

-Hum... Curioso...

-¿Curioso?

-Este conejo hubiera muerto de todas formas si no hubiese sido cazado

-¿Y eso?

-Creía que no te interesaban estas cosas

-Cállate, no me interesan, pero es con lo único que me puedo entretener

-Muy bien -dijo mientras se acercaba de nuevo a Muerte para coger el libro “El animal y su cuerpo, relación de supervivencia”- Creo que estaba por aquí... -añadió mientras pasaba páginas- Ah, aquí está

-Dilo de una vez

-Paciencia engendro, paciencia, verás -comenzó a caminar de vuelta a su mesa de trabajo- el corazón de este pequeño estaba sufriendo una hemorragia, varias de hecho

-¿Hemorragia interna?

-Exacto, hemorragia interna, hemorragia que en principio podría ser achacada a una mala caída o a un golpe grave, algo lógico en la batalla por la supervivencia

-Ve al grano

-Pero presenta otros síntomas: sangre ennegrecida y petequias

-¿Petequias?

-Como explicártelo...

-No te hagas el inteligente, lee la definición del libro

-Cierto cierto: “Las petequias se presentan como puntos rojos en la piel e implican la ruptura de los vasos sanguíneos del sujeto, provocando el derrame de sangre en el interior del cuerpo”

-Vamos, una hemorragia interna pequeña

-No es exactamente eso, pero supongo que puede valer para que lo entiendas

-Pero... ¿Cómo puedes saber que tenía petequias? Tendrías que haber visto la piel para saberlo

-Desollar al animal tiene sus ventajas, aunque tú no quieras prestar atención

-No me interesa ni me interesará nunca idiota, la única sangre que veré será lo que yo haga manar de mis enemigos

-Ya...

El Caballero retomó el trabajo,tomó el cuchillo con cuidado e intentó separar las cámaras del corazón de aquel conejo, sin embargo, los guantes de cuero que llevaba debajo de la armadura para evitar roces le impedían operar con precisión, y en un descuido, una de las arterias disparó un chorro de sangre al rostro del Caballero, la mala incisión la había reventado.

Darkeray maldijo en voz baja, se quitó la sangre del rostro e intentó reanudar la disección, pero el pulso le temblaba y los cortes eran imprecisos, se miró su mano izquierda y retiró el guante de cuero; ante sus ojos aparecieron dedos cuyas uñas eran negras y agrietadas o simplemente no tenían, un meñique, un corazón y un índice que mostraban partes de las falanges y un túnel carpiano que asomaba entre la piel.

El Caballero apartó la vista de aquella visión, cerró los ojos y respiró hondo, se puso de nuevo el guante, y prosiguió, pero una vez más, el pulso trémulo provocó que una parte del corazón quedara inaprovechable, pues había cortado en exceso el músculo. Darkeray se congeló y observó el desastre, se levantó y miró al cielo, un nudo en la garganta le habría hecho llorar si hubiese sido posible, en su lugar, lanzó un grito para desahogarse, decenas de pájaros alzaron el vuelo alterados

-Esta existencia es una basura Darkeray, intentar mantenerte aislado sólo te hará estar más loco, libera presión y mata, te hará sentir mejor

-No -contestó el Caballero hiperventilando-

-De nada sirve que respires, no te hace falta y no funcionará para que te tranquilices ¿Hasta cuando seguirás negando tu naturaleza?

-Cállate...

-Eres un guerrero, necesitas sangre y liberar tensiones

-¡HE DICHO QUE TE CALLES! -bramó el Caballero mientras le daba una patada a una piedra enorme, sintiendo como alguno de los dedos de su pie crujían y se descolocaban-

Regresó de nuevo al bosque y se arrodilló de nuevo frente a la roca mientras murmuraba para sí:

-Relájate, no te dejes hundir

Respiró hondo una vez más, apartó lo que quedaba del corazón del conejo, cogió el frasco que contenía el estómago del animal, y le practicó una incisión por la que empezaron a derramarse las últimas comidas ingeridas por el conejo, nada fuera de lo esperado, hierba e incluso algunas de las heces que presumiblemente serían del propio conejo. El Caballero inspeccionó con cuidado aquella papilla verdosa utilizando la hoja del cuchillo, y de pronto, algo sólido se interpuso en los movimientos, Darkeray, extrañado, introdujo la mano y extrajo el objeto: una pelota de papel, increiblemente seco y en buen estado para haber sido digerido por un estómago

-¿Qué demonios es eso?

-No lo sé, pero es extraño sin duda, no parece haber sido mordisqueado, ni siquiera masticado, y los jugos gástricos apenas le han hecho mella

-¿Tiene algo escrito?

-Ahora que lo preguntas...

El Caballero deshizo la pelota y estiró el papel, una excelente caligrafía negra y desgastada apareció, se podía leer:



-Nikochis...

-¿Sabes quién es?

-Lamentablemente no

-¿Y qué vas a hacer?

-El bosque de Physis... Hacía mucho que no oía hablar de él, la última vez que estuve allí fue con aquella odiosa joven que encontré en un saco.

-¿Tú? ¿Una joven?

-Sí, es una historia bastante larga, y ahora mismo no quiero recordarla

-Vale, pues entonces... ¿Vas a ir al bosque de Physis? Está bastante cerca

-No

-¿¡Y ahora por qué!?

-Esta carta no está dirigida a mí, podría haberla encontrado yo como podría haberla encontrado otra persona

-Pero la has encontrado tú, y no tienes nada mejor que hacer salvo... Diseccionar conejos

-No hay tarea más edificante para mí, si puedo averiguar cual es mi dolencia a través de estos estudios, haré lo que sea necesario...

-Por favor, ¡Es un reto con la promesa de un buen premio! ¿Y si ese premio es la cura para tus males?

-O una trampa

-Puede, pero tú no puedes morir según los medios tradicionales

-Eso es cierto

-¡Pues en el peor de los casos puedes huir! ¡Y si resulta que ganas y obtienes algo que te pueda ayudar, mejor que mejor!

-Deja de fingir que te preocupo, sé sincero

-Necesito salir de esta vida anodina o me dará algo

-¿Le puede dar algo a una voz en mi cabeza que también habla a través de mi propia boca?

-No quieras comprobarlo

-Debo confesar que la promesa de un medio para salvarme me atrae, pero no estoy convencido

-Siempre puedes ir hasta allí, y si no te convence, volver

-Está bien, está bien, tú ganas, al menos de momento.

Darkeray recogió sus cosas y las guardó en las alforjas, si el garabato que había en la parte inferior de aquel papel era, según las suposiciones del Caballero, un mapa de la ubicación del reto, tenía aún un largo camino a través de los Llanos de Polenta y Ehorinder para llegar a los bosques.



------------------X------------------



El sonido de los cascos de Muerte se convirtió en la única sinfonía que acompañaba la marcha del Caballero hacia Physis, las llanuras eran tranquilas, el único peligro real era evitar a los soldados y caravanas que las atravesaban a diario, y el único inconveniente que surgió fue tener que esperar a la noche para poder atravesar el puente del río Argen sin ser visto. El resto de días se podían resumir en un incansable y lento paseo a caballo, sin prisas, Darkeray no sentía ninguna urgencia a pesar de los apremios del Bufón, incluso se concedió unas pausas a lo largo del camino, aunque fueran innecesarias, para cuando ya estaba cerca de su destino, Darkeray casi había olvidado la motivación que lo llevó hasta allí, y sus deseos, o más bien esperanzas hacia el premio del reto fueron disminuyendo gradualmente.

El Sol rojo brillaba alto en el cielo cuando por fin el Caballero divisó entre las copas de las árboles una extraña formación de piedra que, según se acercaba, tomó la forma de una torre, a sus pies un cartel de madera rezaba: “Si participas en mi reto, es por ahí”

-Supongo que éste es el final del camino

-No del todo Caballero, no del todo...

-Cierto...

Según se acercaba, el camino se llenó de pisadas: había más gente en aquel lugar. Descabalgó de Muerte y comenzó a caminar mientras tiraba de las riendas de su fiel equino. Reanimado y caballo pudieron observar como numerosos individuos habían montado sus tiendas, esperando a Nikochis, el anfitrión de aquel acontecimiento.

De pronto, el Caballero escuchó una pequeña explosión detrás de él, se dio la vuelta alarmado y con la mano en la empuñadura, temiéndose lo peor, pero ante sus ojos no había una mortal trampa, si no una criatura de aspecto humano y ropas verdosas que se había tomado la libertad de subirse a la silla de Muerte:

-Saludos apestoso amigo ¿Vienes por el reto?

-No erráis en vuestra suposición, acudo aquí por el nombrado reto mas, debo preguntar: ¿Quién es aquel que me habla?

-Cuantas formalidades, mi nombre es Nikochis, el apuesto, sabio y poderoso Nikochis, para ti el anfitrión de este reto. Ahora es tu turno-dijo la criatura mientras se ponía de pie sobre la silla de Muerte, que amenazó relinchando al indeseado jinete- ¿Quién eres tú?

-Darkeray, el Caballero Errante me llaman algunos

-¡Oh sí! He oído historias, y si realmente son ciertas espero que ambos ofrezcáis un buen espectáculo. Pasa y ponte cómodo, aún estamos esperando a otros invitados -acto seguido, la criatura desapareció con otra pequeña explosión-

-¿”Ambos”? ¿A quién se refiere?

-A ti y a estúpido caballo, idiota

-O a ti y a mí, sucio engendro

-Creo que te estás imaginando cosas

-Bueno, da igual, vamos, debemos buscar un sitio donde esperar

El Caballero continuó por el camino, atravesando las carpas y tiendas que se habían construido de forma errática por el suelo, el ruido y las conversaciones enmudecieron a su paso, siendo sustituidas por murmullos, silencio, o ecos metálicos de espadas desenvainadas, varios pares de ojos le clavaban amenazadoramente la mirada. Darkeray apretó el paso y se alejó lo máximo posible de la zona de tiendas. Cuando las conversaciones se reanudaron y sonaron lo suficientemente lejanas, el Caballero le quitó la silla y las riendas a Muerte y lo dejó descansar, después, comenzó a amontonar leña para poder hacer un fuego, sentarse a leer, y a esperar...
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Re: El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

Mensaje por Bediam el Jue Jul 09, 2015 10:14 am

Nikochis bufó, irritado y se esfumó en una nube de humo. Como no, había cosas que sencillamente no cambiaban. Bediam siguió avanzando hacia donde estaba la gente  y se sorprendió. Youdar y su gato estaban allí.

-//-

Llevaba allí un buen rato y ya conocía por lo menos el nombre de casi todos los presentes, pues poco más había que hacer además de hablar y esperar.

De repente alguien carraspeó, tratando de llamar la atención. El alquimista se giró y vio de nuevo a Nikochis, muy digno él, esperando que todos le mirasen para empezar a hablar. La maniobra no consiguió alertar a todos y el folklerien se impacientó enseguida. Chasqueó los dedos y… ¡Paf! Una explosión retumbó por todo el claro.

Todos los ojos se centraron entonces en la nube de humo que se había generado… y en el hombrecillo que emergió de ella, mientras extendía los brazos en un gesto excesivamente teatral.

-¡Bienvenidos! –exclamó, encantado - ¡Soy el inimitable Nikochis!

El humo ascendió haciendo bucles en el aire y acabó de disiparse. El folklerien bajó los brazos, sin perder la sonrisa.

-Vosotros sois los que habéis decidido aceptar mi audaz reto –proclamó-. Supongo que os estaréis preguntando en que consiste…

Con un gesto de su mano abarcó todo el claro.

-Os vais a enfrentar a… -susurró, dejando que la tensión creciera- ¡El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien!

Todo el mundo permaneció en silencio. Allí no había nada y Nikochis no señalaba ningún punto en concreto. Solo estaba aquel maldito claro, donde no crecía más que hierba.

-¿Y dónde está ese laberinto? –inquirió Bohr, el robusto vikhar- Aquí solo hay hierbajos.

El hombrecillo frunció el ceño, irritado.

-¡No me interrumpas! –ordenó.

Bohr puso gesto hosco y se cruzó de brazos. No le gustaba el tono de aquel ser, pero era evidente que era poderoso… Faltaba saber cuánto.

Como no hubo réplica, Nikochis se relajó y volvió a sonreír, petulante.

-Como decía… -continuó-. Ante vosotros… ¡El laberinto folklerien!

Chasqueó los dedos y el prado entero empezó a retumbar. Instintivamente, Nadia, la divium, batió sus alas y se alejó del suelo. Bediam se llevó la mano al cinturón, aunque no había allí nada que pudiese enfrentar el poder de Nikochis si él decidía atacarles, ¿pero qué sentido tendría reunirles allí solo para acabar con ellos? No tenía lógica… Parte de la tierra se hundió y parte se levantó: el claro entero empezó a remodelarse por arte de magia. De todas partes empezaron a brotar zarzas, gruesas como brazos, que se entremezclaban, formando colosales y tupidas barreras vegetales. También se escuchó un ruido extraño, como si algo estuviese succionando el aire… Y de golpe todo quedó en silencio.

-¿Qué diablos ha sido eso? –preguntó Nadia mientras volvía a tomar tierra.

El folklerien se permitió una pausa dramática, saboreando que todas las miradas estuviesen centradas en él. Para él aquello estaba resultando genial, y eso que solo acababan de empezar.

-Tenía que crear el laberinto –respondió, fingiendo que no tenía importancia.

Bediam sabía que no era así: llevaba planeando aquello desde hacía más de un mes, de eso no había duda. Debía tenerlo todo calculado y lo único que quería era echarse flores, como siempre. Se guardó bien de no decir nada, no quería enfadar a Nikochis por aquel gesto de pura vanidad. Seguramente ya habría motivos más adelante para enfadarse con él, pero por ahora era mejor dejarle hablar.

-El objetivo es sencillo –comentó el hombrecillo con voz falsamente cansada, como si todo aquello lo aburriese profundamente-. El laberinto tiene una entrada y una salida. Llegad de una a la otra y habréis superado el reto.

Nikochis hizo un ademán con su manita y parte de la zarza se retiró, mostrando un camino entre la vegetación: la entrada.

-Yo mismo lo he diseñado, así que estad seguros de que está lleno de trampas a cada cual más ingeniosa… –aclaró.

Su mirada fue pasando de uno a otro de los presentes. Cuando sus ojos se toparon con los de Bediam, sonrió, entusiasmado… y el alquimista palideció, pues esa mirada quería decirle algo y él sabía bien que era, no tuvo ninguna duda. Había puesto setas en el laberinto. Qué malnacido, había puesto setas solo para fastidiarle. ¿Serían venenosas? Se le revolvió el estómago y un leve picor empezó a molestarle en el cuello. Respiró hondo, tratando de relajarse. Solo era su imaginación, no pasaba nada. Era su cerebro en estado de pánico mandando mensajes caóticos al cuerpo, diciéndole que había que defenderse… cuando nada le estaba atacando. Tenía que concentrarse, no pasaba nada. No había setas, no podía haberlas. No había setas.

-Sois demasiados para entrar a la vez, así que elegiré a quienes quiero ver dentro y los demás tendréis que esperar –explicó-. Si alguien de los que he elegido no me convence porque es un soso, lo sacaré y alguien podrá entrar en su lugar. Si todos fracasan o si lo consiguen, dependiendo de la hora que sea, podrá probar otro grupo. Y si no, pues cada uno a su casa.

-¡¿Disculpa?! –bramó Bohr- ¿Me estás diciendo que tal vez haya hecho todo el camino para ver como otros hacen el imbécil en tu laberinto de mierda?

Nikochis le miró un segundo con cara de no entender nada, pero luego sonrió.

-No te preocupes, tú entras seguro –respondió secamente.

Bohr levantó las cejas, sorprendido.

-Ah –murmuró, confuso-. Entonces nada.

El vikhar no volvió a interrumpir al folklerien, que retomó su explicación.

-Entraréis varios porque si vamos uno a uno nos tiraremos toda la vida –apuntó-. Pero quiero dejar claro no sois un equipo. Solo el primero en llegar a la salida recibirá el fabuloso premio. Los demás se irán con las manos vacías.

Hubo murmullos, pero nadie alzó la voz para protestar.

-Ah, y no vale volar –añadió, mirando a Nadia.

-¡¿Qué?! –exclamó la divium, horrorizada- ¡¿Cómo qué no?!

Nikochis bufó, irritado.

-Pues como que no –repitió-. Es mi laberinto y son mis reglas. Nada de volar. Si vuelas, te echo.

La mujer y el hombrecillo se mantuvieron la mirada unos segundos… pero entonces Nadia soltó una carcajada.

-¡Espera, eso significa que voy a entrar al laberinto! –razonó.

Nikochis levantó las cejas, sorprendido. Se quedó así un par de segundos, dándole vueltas a cómo salir de la situación.

-Claro –respondió al fin-. Por eso lo decía.

Y una mierda. Nikochis era incapaz de admitir un error, aunque fuese tan evidente como ese. Tal vez ese fuese su punto débil, convenía tomar nota.

-Bueno, voy a elegir quienes entran –anunció mientras avanzaba hacia ellos.

Fue directo a por Bohr, y le dio un golpecito en una pierna.

-Bocazas, tú entras.

-¿¡Bocazas!? –exclamó el vikhar, airado.

El folklerien le ignoró por completo y fue a por Nadia.

-Llorica, tú también.

La divium abrió la boca, indignada, pero Nikochis le dio la espalda y empezó a vagar entre los presentes. Se paró delante de Aulenor y le observó unos segundos.

-Agáchate –le pidió.

El nagar se sentó en el suelo tranquilamente, con las piernas cruzadas. El folklerien se arremangó su holgada túnica y colocó las palmas de sus manos a la altura de las sienes del chico.

-Deja la mente en blanco y no te resistas a lo que vas a sentir –le pidió.

Durante unos segundos no pasó nada, pero Aulenor dio de pronto un respingo y empujó a Nikochis, buscando alejarlo de él.

-¿¡Qué estás haciendo!? –inquirió, nervioso.

Bediam se quedó sin aliento: había empujado al folklerien. Había empujado a un ser capaz de crear un laberinto enorme solo chasqueando los dedos, capaz de teletransportarse y de crear explosiones a voluntad. Aquel chico se estaba jugando la vida.

Sorprendentemente Nikochis no se lo tomó a mal. Retrocedió un par de pasos para recuperar el equilibrio y evitar caerse, y sonrió.

-Solo un poquito más –murmuró, mientras se volvía a acercar al nagar.

Este se removió, incómodo, pero no volvió a alejar al hombrecillo. Un par de segundos después Nikochis bajó los brazos y chasqueó la lengua. Se alejó sin haberle elegido.

Hizo lo mismo con varias personas más: les hacía bajar la cabeza hasta su alcance, ponía las manos junto a su cabeza… y algo imperceptible pasaba que hacía que todos los que lo sufrían se pusieran tensos. El alquimista recordaba perfectamente cuando el folklerien le encerró en su propia mente para castigarle, y como allí podía leerle el pensamiento. ¿Estaría haciendo eso mismo? No había forma de saberlo, pero no parecía una conjetura descabellada. No seleccionó a ninguno, y siguió moviéndose de aquí para allá, con aire ajetreado y serio.

Finalmente su paseo le condujo frente a Bediam. Le sonrió ampliamente. ¿Iría a hacerle lo mismo que a Aulenor y al resto? Le guiñó un ojo y le dio el golpecito en la pierna.

-Nos volvemos a encontrar –comentó-. Entras.

Hubo miradas suspicaces por parte de sus compañeros, pero el alquimista decidió ignorarlas. ¿Qué pensarían de que supiese quien era aquel ser? ¿Y de que no le hubiese sondeado? ¿Le respetarían por ello? ¿O tal vez recelarían de él? Lo cierto es que su pasado, sus miedos  y sus aspiraciones no le eran desconocidos a Nikochis, así que si leía la mente del resto para saber eso mismo, hacérselo a él sería redundante.

El folklerien llegó entonces junto a Youdar y se le quedó mirando.

-Otro bello reencuentro –dijo, burlón-. ¿Qué tal llevas el veneno que te recorre las entrañas?

Se notó que el comentario molestó al enano, pero consiguió morderse la lengua.

-Mejor cuando estoy haciendo algo útil –gruñó-. ¿Todo esto tiene alguna razón de ser o es solo por entretenerte?

Nikochis se encogió de hombros, enigmático.

-Hay muchas formas de entretenerse -contestó.

Youdar no parecía estar de humor para acertijos, así que fue directo al grano.

-¿Ananké sabe algo de esto? –inquirió.

Nikochis puso los ojos en blanco, como rogando al cielo que le diese paciencia.

-¿Realmente crees que Ananké, con lo sosa que es, tiene algo que ver con mi fantástico laberinto? -se enfurruñó-. Solo por eso, ya no vas a entrar. Tenía ganas de que entraras, porque tengo algo que te vendría bien... Pero no, está decidido.

Al enano no pareció importarle lo más mínimo y así se lo hizo saber al hombrecillo.

-No tengo ningún tipo de interés en tu laberinto -bufó mientras se cruzaba de brazos-. Te agradecería que no me volvieras a hacer malgastar mi tiempo.

Nikochis se puso rojo de rabia. Levantó un brazo y apuntó a Youdar con una mano. Bediam tragó saliva. Otro loco. Y éste no parecía que fuese a tener tanta suerte.

-Miau –interrumpió alguien.

El folklerien miró al suelo y allí estaba Pelos, el gato anaranjado inseparable compañero del enano.

-Oh, hola -le saludó.

Se agachó ligeramente para mirar más de cerca al animal. Una sonrisa se le dibujó en el rostro: tan rápido como le había invadido la ira, le había abandonado. Empezó entonces a examinar al gato con meticulosidad, desde diversos ángulos…

-Mmmm –meditó unos segundos-. Entras.

Alguien soltó una carcajada seca. Bediam trató de ocultar su sonrisa, pero fue incapaz. Aquello era surrealista.
Por tercera vez en demasiado poco tiempo, alguien desafió a Nikochis. Pelos maulló una sola vez, autoritario, exigente. El mensaje estaba claro. Nikochis frunció el ceño y se mesó la barbilla.

-¿Pero tú has escuchado lo que me ha dicho? –se quejó.

El gato soltó un bufido, inflexible, y miró al folklerien con la cabeza ladeada.

-Está bien –cedió Nikochis mientras se incorporaba-. El enano puede ir contigo. Pero si se pone tonto lo echaré, avisado quedas.

Pelos se mostró satisfecho con la decisión del folklerien y no maulló más. El hombrecillo le dedicó una mirada rencorosa a Youdar y siguió con su paseo.

Llegó frente a Darkeray y el gesto de Nikochis se ensombreció. Incluso tuvo un leve escalofrío. El folklerien se mantuvo a una distancia muy superior del caballero de la que se había mantenido de los demás. No le pidió que se agachase, simplemente se le quedó mirando a los ojos.

-Mi cuerpo me pide a gritos que te mande bien lejos de aquí, a alguna isla perdida… -confesó- … o mejor, al fondo del mar.

Hubo cuchicheos alrededor. ¿Acaso tenía MIEDO de aquel hombre? Nikochis fulminó a los chismosos con la mirada.

-Pero no lo voy a hacer… aún –se apresuró a matizar-. Entras.

El caballero permaneció en silencio, mirándole.

-Pero te advierto –dijo con un tono muy serio-. Sé muy bien que eres. Como se te ocurra ensuciar mi laberinto con la magia que te sostiene, me enfadaré. Soy muy tolerante y tengo mucha paciencia, pero a la mínima te echo.

Sin esperar respuesta se alejó de la sombría figura, algo turbado. Se plantó entonces frente a Ruisu y le sonrió con suficiencia.

-Bueno… -murmuró, mientras le examinaba.

No parecía estar muy seguro, y le hizo un gesto para que se agachase, igual que a tantos otros.

Ruisu se mantuvo recto, se notaba que estaba tenso y no las tenía todas consigo. Pasaron unos segundos en los que ninguno de los dos se movió, pero al final el mercenario se inclinó un poco y Nikochis hizo de las suyas. Fue evidente que al humano no le hizo ninguna gracia lo que fuera que estuviese pasando, pero aguantó con entereza. Algo extraño debió captar Nikochis porque, de golpe, soltó una carcajada de sorpresa y miró a Ruisu con gesto divertido.

-No puede ser… -murmuró.

Buscó con la mirada a alguien de los allí presentes, hasta que lo encontró. Sus ojos se clavaron en Aulenor… y su sonrisa se ensanchó incluso más.

-Ahora vengo –aseguró, mientras se deshacía en una nube de humo.

Bediam se removió, incómodo. ¿… qué acababa de pasar? ¿Qué había visto el folklerien en Ruisu?

-¿Alguien más piensa que todo esto es una locura? –preguntó Nadia.

-Lo que yo creo es que al tipejo ese hace falta que alguien le cruce la cara de una vez –gruñó Bohr-. Menudos humos.

¡Paf! Nikochis volvió a aparecer. Estaba risueño.

-Vale, tú y tú –dijo, señalando a Aulenor y a Ruisu-. Entráis.

Algo había hecho cambiar la opinión del folklerien sobre el nagar… y tenía que ver con el mercenario.

De mejor humor, Nikochis se dirigió entonces hacia el único elfo de todos los presentes, Jor.

-Hola –le saludó el inmortal con una sonrisa calmada.

Nikochis no respondió, arrugó la nariz y extendió los brazos.

-Agacha la cabeza –le pidió.

El elfo negó ligeramente, sin perder su expresión tranquila.

-No –respondió.

El folklerien abrió la boca, sorprendido.

-¿No? –se extrañó- Pues no entras.

El elfo silvano se encogió de hombros.

-Si es la consecuencia de mi decisión, no puedo hacer más que aceptarlo –reflexionó, como si todo aquello no fuese con él.

A Nikochis le molestó lo poco contrariado que estaba el elfo y se cruzó de brazos, irritado.

-Aunque tenía muchas ganas de ver de que es capaz un folklerien –añadió-. He oído maravillas de vosotros.

Los ojos de Nikochis se iluminaron de golpe.

-¿Has oído hablar de los folklerien? –preguntó, emocionado.

Jor sonrió y asintió con la cabeza.

-Claro –aseguró-. ¿Cómo no voy a haber oído hablar de la raza más poderosa y fascinante de todo Noreth?

Nikochis no cabía en sí de puro gozo. Hizo una especie de bailecillo y tocó la rodilla del elfo. Bediam recordó lo mucho que se había enfadado el folklerien con él y Perik, el enano, cuando ellos habían admitido que no sabían nada de los de su raza. ¿Cómo podía caber tanta vanidad en un cuerpo tan pequeño?

-¡Entras! –chilló, alegre- Alguien con tan buen gusto no se puede quedar fuera, no.

El elfo le dio las gracias educadamente y Nikochis continuó su paseo, permitiéndose silbar.

-Mmmm –murmuró, pensativo-. Hacen falta más chicas.

Y se puso a examinar solo a mujeres. Había un pequeño grupo compuesto por cuatro shike al que se acercó. Tras examinar a los cuatro, seleccionó a Erika, sin hacer ningún comentario en especial. La mujer parecía un poco confusa, como si no se lo esperase y no supiese a que atenerse.

Continuó con su búsqueda, pero se estaba quedando sin gente. Se puso a examinar a una joven hunta poniendo cara de hastío, pero su rostro cambió de golpe y soltó una carcajada de sorpresa.

-¿¡Te llamas Nikoshias? –le preguntó, sorprendido.

Ella asintió, turbada. ¿Cómo podía saberlo? ¿Qué diablos era aquello que les hacía…?

-¡Nuestros nombres se parecen! –exclamó, emocionado- Entras.

… Era el motivo más estúpido que había oído nunca para seleccionar a alguien para una misión. La mujer puso cara de circunstancias, pero aceptó.

-Pues ya sois suficientes –proclamó-. Entrad en el laberinto cuando queráis… Os estaré vigilando.

Miró al resto con expresión seria.

-A los demás, ni se os ocurra entrar –les advirtió-. Volved cuando seáis más interesantes.

Hubo quien se fue, pero otros se quedaron con la esperanza de que se formara un segundo grupo o por simple curiosidad. Nikochis se relajó, levantó un pulgar… y se esfumó en una nube de humo.

El reto del laberinto había empezado.
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Re: El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

Mensaje por Youdar el Mar Jul 14, 2015 7:55 pm

Youdar no salió de su tienda salvo para lo básico, a diferencia de Pelos, que se pasó el día yendo y viniendo a su antojo. El enano sabía que cuando llegara el momento de la verdad, Nikochis no se andaría con rodeos a la hora de llamar la atención de todos. Y así fue porque, cuando llevaba varias horas recostado, sin hacer nada, una explosión retumbó en el bosque. Ahí estaba el aviso del folklerien para que todos acudieran.

Según salió de la tienda, con Pelos a su lado, vio que, de entre una nube de humo, emergía el pequeño cuerpo de Nikochis. Este vestía un llamativo conjunto verde pero, a diferencia de como vestía en Darry´gor, iba descalzo.

-¡Bienvenidos! ¡Soy el inimitable Nikochis!- dijo, teatralmente, a modo de saludo. A Youdar no le pasó desapercibido que, para presentarse, Nikochis había usado el mismo adjetivo que había escrito en su carta, “inimitable”. “¿Qué demonios es todo esto? ¿Y donde estará Ananke?”, algo no le encajaba en todo aquello. Había viajado a Physis en busca de una batalla, y parecía encontrarse ante un sinsentido de juego-Vosotros sois los que habéis decidido aceptar mi audaz reto- continuó Nikochis, hablándoles como si fuera todo un predicador ante una masa de fieles creyentes-Supongo que os estaréis preguntando en que consiste…Os vais a enfrentar a…¡El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien!- “Pero ¿Qué cuernos?”, ¿eso iba a ser todo?, ¿un laberinto? Youdar deseaba ir hacia Nikochis y retorcerle el pescuezo.

-¿Y donde está ese laberinto? Aquí solo hay hierbajos- dijo un humano, un vikhar, el único de los presentes que parecía lo suficientemente cuerdo como para percibir, al igual que Youdar, la locura a la que habían sido convocados, aunque, a diferencia de él, este si parecía deseoso de que realmente existiera dicho laberinto.

A Nikochis no le sentó nada bien la interrupción del vikhar, cuya altura y robustez superaban por mucho la suya, pero eso poco le importó a la hora de mandarle guardar silencio. La pantomima del folklerien acabó con un chasquear de dedos, como a él le gustaba, tras el cual comenzaron a brotar, de modo mágico, multitud de zarzas y ramas del suelo, entremezclándose y formando, tal y como les había anunciado, un gigantesco laberinto que parecía extenderse hasta donde abarcaba la vista.

-El objetivo es sencillo- dijo Nikochis, fingiendo restar importancia a lo que acababa de hacer- El laberinto tiene una entrada y una salida. Llegad de una a la otra y habréis superado el reto. Yo mismo lo he diseñado, así que estad seguros de que está lleno de trampas a cada cual más ingeniosa…

“¿A quien le importan tus trampas, Nikochis?”, pensó Youdar. ¿De verdad ninguna otra persona de los que estaban allí tenía nada mejor que hacer que enfrentarse a ese jueguecito? El enano echó un vistazo a sus compañeros y, sorprendiéndose, se dio cuenta de que había caras conocidas entre los que, como él, escuchaban al folklerien. Muy cerca de él se encontraba Bediam, el alquimista, a quien había conocido en la Gran Cacería, y, al otro lado, algo más lejos, estaba Ruisu, el mercenario, otro de los conquistadores de la mítica Landemar. “Buenos tiempos aquellos”, pensó con tristeza, lamentándose de no sentirse capaz de disfrutar de nuevo de una verdadera aventura.

-Entraréis varios porque si vamos uno a uno nos tiraremos toda la vida, pero quiero dejar claro no sois un equipo- explicó Nikochis- Solo el primero en llegar a la salida recibirá el fabuloso premio. Los demás se irán con las manos vacías.- Youdar pensó que, fuera lo que fuese aquel premio, él no iba a tener muchas oportunidades de disfrutar de él. Estaba haciendo un esfuerzo por mantenerse en silencio, por no darse media vuelta y volver a Baruk´Grund, un esfuerzo por no ofender a Nikochis, por si, después de todo, aquello fuese realmente importante. Sin embargo, a más sabía, más le costaba creer que el laberinto tuviese una importancia real en los planes de Ananke.

El folklerien comenzó a pasarse por delante de ellos, analizándolos. A veces decidía de inmediato y otras pedía que se arrodillasen para poner sus manos sobre las sienes del aspirante a entrar en el laberinto. Cuando hacía esto último, parecía ocasionar bastante molestia. Cuando llegó a Bediam, ya había decidido que participarían el vikhar y una chica divium. A Bediam le dijo de inmediato que también participaría, sin perder mucho tiempo en inspeccionarle. Después fue el turno de Youdar.

-Otro bello reencuentro ¿Qué tal llevas el veneno que te recorre las entrañas?- el tono de burla molestó muchísimo a Youdar. No le guardaba rencor a Nikochis, pues sabía que su participación en la Cacería había sido coaccionada, pero, en ocasiones así, no podía olvidar que había conocido por primera vez al folklerien como a un enemigo declarado.

-Mejor cuando estoy haciendo algo útil ¿Todo esto tiene alguna razón de ser o es solo por entretenerte?- hizo lo que pudo por ocultar su hostilidad, pero, inevitablemente, su gruñido sonó a reproche.

Nikochis se encogió de hombros- Hay muchas formas de entretenerse.

-¿Ananke sabe algo de esto?- de la respuesta del folklerien dependería todo pues, si hasta el momento le había soportado, era pensando que, después de todo, la hija del destino podría encontrarse allí, moviendo hilos desde la sombra.

-¿Tu crees que Ananke- comenzó a decir Nikochis, poniendo los ojos en blanco-, con lo sosa que es, tiene algo que ver con mi fantástico laberinto? Solo por eso, ya no vas a entrar. Tenía ganas de que entraras, porque tengo algo que te vendría bien... Pero no, está decidido.

-No tengo ningún tipo de interés en tu laberinto- reconoció Youdar, para nada afectado por el rechazo de Nikochis- Te agradecería que no me volvieras a hacer malgastar mi tiempo.

La furia pudo percibirse en el rostro de Nikochis, quien, llevado por la ira, señaló con sus manos a Youdar. El enano apenas tuvo tiempo de sentir nada, cuando el folklerien cambió de parecer, interrumpido por un maullido de Pelos. Los hecho que ocurrieron a continuación parecían sacados de alguna obra de teatro absurda, pues, sin ninguna duda, tras ser aceptado por Nikochis como participante, el gato le exigió que Youdar pudiera entrar con él-Está bien–acabó por decir el folklerien-, el enano puede ir contigo. Pero si se pone tonto lo echaré, avisado quedas.

Antes de continuar, Nikochis dirigió una mirada llena de rencor a Youdar. No podía evitarlo, no sentía que hubiese hecho nada mal, el problema no era suyo, era del folklerien, pero, aún así, pensó en todo lo que hubiese podido perder Noreth si, por una cuestión de orgullo, él hubiera provocando que Nikochis le enviara dentro de un volcán o algo incluso peor.

Youdar miró a Pelos, agradecido, y, sumiso, aceptó que, fuese o no plan de Ananke, iba a tener que salir vivo de aquel maldito laberinto- Vamos a tener que ganar, amigo- le dijo al gato- Porque yo no me voy a arriesgar a ver que le pasa a quien quede segundo.

-¡Miu!- exclamó Pelos, como si quisiera decir que él iba a ir a ganar, ante lo cual el enano no pudo evitar sonreir.

Después de él, Nikochis se entrevistó con un hombre de aspecto extraño, ante el cual, sorprendente, parecía sentir miedo. ¿Qué clase de ser sería aquel, que hacía algo que Youdar solo había visto hacer a Barbatos? El pastoscuro era lo único que aterrorizaba a Nikochis, tanto como para intentar siempre permanecer fuera de su campo de visión ¿Serían los poderes de ese hombre similares?

Tras esa discordancia, todo fue tal y como solía ser con Nikochis. Ruisu también entró a formar parte del desafío, al igual que un antropomorfo al que el folklerien había rechazado en primer lugar. A Youdar le resultaba familiar. También fueron declarados participantes un elfo y dos mujeres humanas-A los demás, ni se ocurra entrar. Volved cuando seáis más interesantes- dijo el folklerien, antes de desaparecer en una nube de humo.

-//-

Durante unos segundos, nadie reaccionó, parecía como si todos aguardasen, cautos, por si Nikochis regresaba, pero no lo hizo. La puerta del laberinto estaba abierta frente al claro, invitándoles a entrar, sin embargo, nadie parecía dispuesto a ser el primero en meterse en un lugar lleno de trampas.

-¡Bediam!- dijo Youdar girándose hacia el alquimista, tras comprobar que Nikochis no volvía a aparecer- Cuando dije que volveríamos a encontrarnos, no esperaba que fuese tan pronto- ambos se estrecharon la mano.

-¡Youdar!- exclamó Bediam en respuesta- Me alegra ver una cara conocida ¿Qué tal estás?

-Bien, muy bien- contestó Youdar, ignorando las posibles alusiones a su envenenamiento, tras lo cual comenzó a hablar en susurros, temeroso de que Nikochis pudiese estar a la escucha- ¿Qué opinas de todo esto?

Para su sorpresa, Bediam se rascó la cabeza, poniéndose colorado de vergüenza- Pues... me temo que todo esto es idea mía-confesó- Cuando Nikochis nos atrapó en mi mente a Perik y a mí, le sugerí que podría usar sus poderes para crear retos de ingenio a los que muchos querrían enfrentarse.

Youdar se llevó la mano al rostro, lamentándose de que Bediam hubiese tenido que recurrir a aquello durante la Gran Cacería- En fin- dijo, retomando una postura normal-, que se le va a hacer. En peores nos hemos visto, aunque no conviene subestimar al folklerien.

-En su momento me pareció buena idea redirigir todas las energías de Nikochis hacia algo más... inocuo que ayudar a destruir un pueblo- se justificó Bediam- Reconozco que es astuto y habrá que andarse con mucho cuidado ahí dentro- reflexionó.

-Hiciste lo que había que hacer, no hay nada que reprochar- dijo Youdar, sin ningún tipo de rencor- Ahora hay que salir de esta, aunque vamos a lamentar que Perik no esté para ayudarnos- al recordar a Perik, acudió a su mente que la de Bediam no era la única cara conocida que había visto en el claro- Oh, permíteme que...- sin embargo, antes de poder llamar la atención de Ruisu, ellos mismos fueron increpados por aquel antropomorfo que le resultaba tan familiar.

-¡Hey! Esto... eh... no me sale tu nombre... ¿Yofar?- dijo dirigiéndose a Youdar, sonriendo. En ese momento, el enano cayó en la cuenta de quien era ese muchacho.

-Es Youdar- le corrigió, algo molesto pero no enfadado. Pudo ver, por el rabillo del ojo, como Bediam ocultaba una sonrisa por la equivocación del chico lagarto- Tu eres Aulenor, ¿cierto? Creí que no iba a volver a verte, aunque, al menos, el banquete no se echó a perder- tras decir aquello miró al gato, que respondió a su mirada con un maullido.

-¡Eso! ¡Youdar! Je... yo tampoco creí que encontraría a alguien conocido- Aulenor, sin perder la sonrisa con la que se había presentado, se rascó la cabeza- En verdad... es la primera vez en mi vida que me encuentro con alguien a quién ya conozco... encontrar a alguien otra vez... ¿habrá alguna palabra para eso?- dijo pensativo- ¡Como sea! ¿Oye sabéis alguno que ha sido eso de antes de la cabeza de...?

-Olvidaba eso- dijo Youdar, sonriendo, recordando, de su breve encuentro anterior, que el antropomorfo, para muchas cosas, era tan inocente como un niño- Este es Bediam, Aulenor- añadió, presentándoles e ignorando la pregunta sobre qué había hecho Nikochis al ponerles las manos sobre la cabeza.

-¡Oh! Perdona. Hola Bediam, me llamo Aulenor- el antropomorfo sumó una reverencia a su presentación.

-No estoy completamente seguro, pero creo que estaba leyendo tu mente. A mi también me lo hizo, aunque no fue exactamente igual- respondió Bediam tras devolver el saludo. Youdar, que no sabía nada de todo aquello, pensó que, al menos, contaban con una ventaja sobre los inmensos poderes de Nikochis, pues, si era cierto lo que decía el alquimista, el folklerien no podía leer sus mentes si no les tocaba.

-Te acabarás acostumbrando a él- dijo Youdar, mostrándose comprensivo ante el desconcierto que tenía Aulenor respecto a Nikochis- Al principio te parecerá increíble que exista alguien con tanto poder, pero acabas por asumirlo.

-Es verdad, ha dicho que os conocía- recordó Aulenor.

-Nos vimos las caras hace algo más de un mes- confirmó Bediam, asintiendo- No es alguien a quien quieras tener como enemigo, te lo aseguro.

-Ni siquiera estoy seguro de que sea alguien a quien quieras tener como amigo- susurró Youdar, pasándose, en un acto reflejo, la mano por la quemadura de su mejilla izquierda.

-Bueno... la mayoría de la gente que ha ido llegando tampoco parecía muy amistosa- expresó Aulenor, sin parar de sonreir- Lo único que vamos a sacar es ver el interior de esa matorral que ha levantado. ¡Parece muy interesante!

-Otra cosa no, pero interesante Nikochis es un rato- admitió Bediam.

-Sin duda alguna- añadió Youdar, sin apenas prestarles atención, pues comenzaba a sentirse incómodo respecto a algo- Perdonad un momento... ¡Eh! ¡Encapuchado! ¡Ruisu!- gritó, increpando al mercenario, el cual se acercó, acompañado por el hombre al que Nikochis parecía temer. Las buenas costumbres enanas llevaban un buen rato quemándole en la consciencia a Youdar, por haberse tirado tanto tiempo sin saludar a un viejo amigo, y se sintió mejor consigo mismo al saludar a Ruisu.

-Encantado, Ruisu- saludó Bediam, aunque el mercenario no le respondió de inmediato. En lugar de hacerlo, se puso a caminar alrededor de ellos.

-Mmm... Si, si tiene buena pinta todo- acabó por decir, tras lo cual se retiró la capucha- Mi nombre es Ruisu. Cazador…- pero se paró en seco- Claro, Youdar ya me ha presentado- se encogió de hombros, señalando al hombre que lo acompañaba- Él es el caballero errante, ¡Darkeray!- si la presentación de Nikochis había sido extravagante, la de Ruisu no se había quedado para nada atrás, pensó Youdar, recordando el gusto del mercenario por presentarse de formas inusuales. Haciendo caso omiso de lo que pudieran pensar de él, Ruisu pegó un pequeño tirón a Youdar de las ropas, alejándolo del grupo, y comenzó a hablarle en khezalid- Groete geagte "kaptein" ¿Wat het gebeur met jou gesig? Meer belangrik. ¿wat die hel gaan aan met hierdie? Vertel my… Ek weet jy meer as mnr Niko dat baie hier rond te leer ken- “Saludos, Estimado "capitán" ¿Qué le sucedió a tu cara? Aún más importante. ¿Qué diablos está pasando con todo esto? Dime... sé que sabes más del señor Niko que muchos de por aquí”.

A sus espaldas, pudo escuchar como Darkeray saludaba, al igual que Aulenor, haciendo una reverencia- Es un verdadero placer conocerlos, caballeros.

-El placer es mío- le dijo Youdar, antes de volverse hacia Ruisu- Ek het gesien dat hulle met daardie folklerien paar weke gelede, Ruisu. Die enigste ding wat vir hom belangrik is nooit ons aanspoor om nie aanstoot te gee nie- “Me las vi con ese folklerien hace unas semanas, Ruisu. Lo único que importante con él es no bajar nunca la guardia y no ofenderle”- Esto- añadió, señalándose la cara y volviendo a hablar en idioma humano, procurando que los demás no dieran importancia al pequeño intercambio de palabras en khezalid- solo fue una quemadura, un asunto sin importancia.

-//-

La conversación se fue disipando, y cada uno se fue por su lado. Youdar se fijó en que alguien no apartaba su mirada de él. Se trataba de la mujer divium, aquella a la que Nikochis también había nombrado participante de su laberinto- ¿Nos conocemos?- dijo, dirigiéndose a ella, al no poder soportar el ser observado como si fuese un animal exótico.

La mujer rió y negó con la cabeza- No, no, perdona. Es que casi nunca veo enanos.

-¿De donde eres?- preguntó Youdar, ignorante de que lugar de Noreth podría estar poblado por diviums y no por enanos, pues ambos eran habitantes de las montañas.

La chica removió sus alas, risueña- Adivina- dijo.

-¿Anemos? Porque si fueras de las Daulin si estarías acostumbrada a ver enanos- la ciudad de las nubes debía ser el único lugar elevado en el que ningún hijo de la roca había puesto un pie jamás.

La chica asintió-Bajo poco a la tierra, me gustan las nubes-explicó-, pero encontré una carta flotando en una corriente de aire y la curiosidad me pudo.

-¿Sabes bien a lo que te enfrentas?- preguntó Youdar, a quien le extrañaba lo relajada que parecía la alada.

-Sé lo que pone en la carta, y he oído que hay mucha magia en este bosque- respondió la mujer- El tipejo ese es extravagante pero no tiene pinta de ser peligroso. De todos modos, puedo irme con un batir de alas, así que todo esto no me preocupa. Lo que no entiendo es como todos vosotros no estáis asustados.

-Ese tipo extravagante es más poderoso que todos nosotros juntos, tus alas no son un problema para él-le advirtió, pero, inmediatamente, se dio cuenta de que empezaba a sonar como un agorero, un loco que destacaba por su falta de entusiasmo- Lo que quiero decir es que seas cauta. Mi nombre es Youdar, suerte ahí dentro- terminó, ofreciéndole su mano.

-También he visto lo que ha hecho, sé que no es un cualquiera- se podía notar, en la actitud defensiva de la mujer, que se había sentido algo molesta con él, pero, igualmente, acabó por estrechar su mano- Nadia.

-Un hijo de la roca y una hija del cielo –dijo una voz, sin darles tiempo apenas a soltarse las manos. Una mujer, una a la que Nikochis había elegido como participante de entre un grupo de varias humanas, se había invitado a su conversación- Espero que aceptéis a una hija  de una mujer normal y corriente entre vosotros- parecía que, en Physis, lo raro era presentarse de un modo normal.

-Aquí no hay mucha diferencia entre de quien seamos hijos- dijo Youdar, sin poder ocultar lo contrariado y sorprendido que se hallaba ante la irrupción de la mujer- Youdar, hijo de Yeidrax, encantado- añadió, presentandose.

-Me alegra que pienses eso- respondió la humana a su saludo, ignorando la extraña expresión que él había puesto- Estoy segura de que nos llevaremos bien. Me llamo Erika- tras lo cual añadió, dirigiéndose hacia Nadia- ¿Y tu eres…?

-Nadia- se presentó ella, de una forma muy seca. A Youdar le resultó extraño que la divium, que tan abierta se había mostrado con él, respondiese de un modo osco a Erika, como si esta la irritase por algún motivo.

-Erika, ¿como encontraste tú la carta de Nikochis?- preguntó el enano, que, lejos de sentirse con ganas de conversar, no podía dejar pasar por alto que el folklerien había elegido a la humana de un modo aparentemente arbitrario. ¿Sería una infiltrada de Nikochis, a la espera de intervenir para volver el juego más divertido si ellos no cumplían con sus expectativas?

-No la encontré yo, la encontró uno de mi grupo- explicó Erika- A mí no me apetecía mucho venir, pero insistieron en que podíamos probar, y si la cosa era demasiado seria, irnos con viento fresco. Pero ahora yo soy la única que va a participar en esta cosa... Y no estoy acostumbrada a trabajar sola- “demasiado normal para ser socia de Nikochis”, pensó Youdar, disipando sus dudas.

-Ya veo. Preparaos bien, no se lo que podremos encontrar ahí dentro- advirtió Youdar a ambas mujeres. Se alejó unos pasos, apartándose de toda la gente, y miró a Pelos- ¿Bediam o Ruisu?- le preguntó al animal. Tenía claro que iba a necesitar un socio, uno bueno para afrontar aquel desafío, y solo conocía bien al alquimista y al mercenario.

-Miufh- respondió el gato.

-¿Tú crees?- Youdar no tenía muy claro si debía hacer caso a su compañero, pero acabó por deducir que, como casi siempre, el felino había sido más agudo que él- Tienes razón, a fin de cuentas, Bediam se lleva demasiado bien con Nikochis. Sea, Pelos, volveremos a asociarnos con Ruisu, pero esta vez sin sueños extraños.

-//-

-Ruisu, ¿qué es ese amigo tuyo?- preguntó Youdar, acercándose, junto a Pelos, al encapuchado, hablando en idioma khezalid- Solo he visto al folklerien atemorizarse ante alguien, y era alguien capaz de humillar al Custodio de Landemar- el recuerdo de Barbatos seguía demasiado fresco en su memoria.

-No estoy del todo seguro de poder decirle amigo...- respondió Ruisu, también en el idioma de los enanos- Nos encontramos en Thonomer hace un tiempo, es un buen guerrero y, según tengo entendido, practica las artes oscuras de la magia...-Youdar se preguntó si aquello sería lo que tanto temía Nikochis- ¿Y tu que me puedes decir de esos dos?- añadió el mercenario, refiriéndose a Bediam y Aulenor.

-A Aulenor apenas le conozco- reconoció Youdar-, solo se que no tiene ni idea sobre prácticamente nada, es como un niño. Bediam, por otro lado, es sabio y, para no ser guerrero, es un buen compañero en batalla. Podemos fiarnos de él, aunque- una sonrisa suspicaz se dibujó en el rostro del enano-, si lo que quieres es ganar el desafío, te aseguro que él es un gran rival, porque es realmente astuto.

-¿Ganar el desafío?- dijo Ruisu, riendo con suficiencia- Yo estoy aqui para llevarme la recompensa, lo del desafío solo es algo en medio. No confio en ese tal Niko... Y no confio en este bosque.

-Cuatro ojos ven más que dos, Ruisu, deberíamos mantenernos unidos. A mi poco me importa la recompensa que pueda ofrecer Nikochis, yo solo quiero salir de aquí con Pelos, sanos y a salvo.

-Entonces serán seis- aseveró Ruisu, sin borrar su sonrisa mientras miraba a Pelos- Te noto distinto capitán... ¿Donde esta tu emoción por la aventura?

-Ya no me siento un aventurero, Ruisu- Youdar se restregó la quemadura nuevamente- Solo un soldado que espera que llegue pronto su próxima batalla- ambos comenzaron a caminar, lentamente, hasta la entrada del laberinto- Suerte ahí dentro.

-Pues es una lástima. Nunca me he llevado bien con el ejército- se burló el encapuchado- Aunque, tratándose de un amigo, podría hacer una excepción- tras observar con detenimiento lo que les esperaba más allá de las zarzas, preguntó- ¿Que habilidades tienen esos dos? Ya te dije que Darkeray es un mago, bueno, además de eso es un no muerto....

-¿Un no muerto? Esto va de mal en peor- Youdar maldijo su suerte, preguntándose si Karzún estaría usando el juego de Nikochis para reírse de él. Odiaba a los no muertos, al igual que a los demonios y a los espectros- Bediam es un alquimista, es capaz de sacarse un as de la manga a cada momento. Sus pociones me salvaron la vida. A Aulenor no le he visto luchar, no se siquiera si sabe algo de lucha, parece un poco endeble.

Una sonrisa malvada se dibujó en el rostro de Ruisu mientras miraba al grupo de personas que estaban en el campamento- Un alquimista, un mago no muerto, dos humanas, una divium, el musculitos y el chico lagarto. Sumamos a todo eso un "soldado", su gato y un asesino a sueldo- el mercenario puso una mano sobre el hombro de Youdar-¿Sabes?, creo que podríamos armar un equipo con algunos de ellos. No tengo muchas intenciones de seguirle el juego Niko y no sabemos nada sobre esas "recompensas". Te considero mi amigo y se que puedo confiar en ti. Con ellos pues... algo podremos hacer.

-Gracias, Ruisu- dijo Youdar, de forma sincera- Yo también te considero un amigo. Creo que su intención es que compitamos entre nosotros, pero, por mi parte, podemos trabajar con los demás.

-¡Perfecto, entonces! Somos equipo una vez mas- el encapuchado extendió su mano para estrecharla con Youdar, quien, aunque no compartía su entusiasmo, le dio un cordial apretón- ¿Quien les dice a ellos el "plan"?

-Se lo diremos cuando llegue el momento- Youdar seguía manteniéndose cauto, pues, por mucho que hablaran en susurros o en otro idioma, no le cabía duda de que, de algún modo, estaban siendo espiados- No quiero que Nikochis sepa mas de lo que ya sabe, antes quiero saber yo algunas cosas sobre sus jueguecitos.

-Cuando me pidió que me inclinara... ¿Qué hacía exactamente?- preguntó Ruisu, refiriéndose a la imposición de manos de Nikochis.

-No lo se, me tiene intrigado- mintió Youdar. Había escuchado a Bediam sugerir que el folklerien les había leído la mente, pero no creyó conveniente que Ruisu perdiera aquella confianza que tenía en poder superar el desafío. Con uno de ellos desanimado era más que suficiente.

-¿A qué se refería sobre el veneno de tus entrañas? ¿Y quien es Ananke?- “¿de verdad es el momento para indagar, encapuchado?”, pensó Youdar ante el interrogatorio de Ruisu.

-Es... complicado- respondió de un modo evasivo- Ojalá nunca necesites saber que es lo que pasó, ni quien es Ananke. Si algún día necesitas saberlo, es que estás metido en un buen lio.

-Bueno...- cambió de tema Ruisu, percibiendo que poca información iba a obtener de Youdar- Otra cosa. ¿No has sabido nada mas de las chicas?

-No he vuelto a verlas- Youdar recordó a Janna y Niris, preguntándose que habría sido de ellas tras lo ocurrido en Landemar. Tras unos instantes de recordar aquella aventura, su expresión se tornó en completa seriedad- Creo que deberíamos entrar ya- dijo, no viéndole sentido a demorar más la espera, y avanzando hacia la entrada del laberinto.

-¡Espera!- interrumpió Ruisu su avance, volviendo a hablar en el idioma común- ¿Estas seguro que quieres ser el primero en entrar?

-¿Acaso no vamos a entrar todos a la vez?



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Re: El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

Mensaje por Ruisu EvandHell el Jue Jul 16, 2015 8:32 pm

Luego del “recibimiento” de Nikochis no pasó nada muy interesante... El resto del día lo dedique a observar como poco a poco llegaban más y más personas y ya al caer la noche decidí alejarme del grupo y prender una solitaria fogata en medio del bosque. Todo transcurrió inquietantemente tranquilo, aun que había un montón de personas en el campamento, ninguno se acercó siquiera al sitio que escogí para descansar.
 
A la mañana siguiente el estruendo de una explosión me despertó de un sobresalto, supuse que algo pasaba en el campamento así que me acerque rápidamente y, para mi asombro el origen de esa explosión no era otro más que “Niko” – Es una molestia decirle Nikochis así que le diré solo Niko…-
 
Mientras todos se alineaban alrededor del pequeño hombrecillo y la nube de humo se disipaba pude notar algunas caras familiares entre los presentes. A lo lejos podía verse a Darkarey el caballero errante con el que me había topado en Thonomer. –Esa armadura es imposible de olvidar…- Y casi al extremo contrario de donde yo estaba el gato naranja que había visto el día anterior. Casi instintivamente me moví de atrás para adelante tratando de ver con quien venía el animal y fue entonces cuando reconocí a Youdar entre toda las personas. – ¿Primero Landemar y ahora esto? No esperaba ver al capitán tan lejos de las minas o el barco…-
 
-¡Bienvenidos! – Fueron las primeras palabras de aquel ser tan extraño. - ¡Soy el inimitable Nikochis!-
 
-Vosotros sois los que habéis decidido aceptar mi audaz reto – Pase nuevamente la mirada sobre cada uno de los presentes y me sorprendió ver un montón de personas extrañas. -Supongo que os estaréis preguntando en que consiste…- 
 
-Os vais a enfrentar a…- momento innecesario de silencio que supuse era para agregar más dramatismo. -¡El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien!- inmediatamente la gente comenzó a ver de un lado a otro tratando de encontrar aquel “asombroso reto” pero a la vista no había nada. Escuche un pequeño murmullo mientras que otro hombre, que parecía ser el típico guerrero robusto exclamo sin tapujos. -¿Y dónde está ese  laberinto?  Aquí solo hay hierbajos.–
 
Niko dio un gesto de molestia y respondió imponente al tipo musculoso. -¡No me interrumpas!- 
 
Luego de eso, continuo con su presentación y, tras chasquear los dedos, un sonido estremecedor se apodero del lugar. Mucho reaccionaron instintivamente ante los movimientos extraños de la tierra, algunos dieron un par de pasos atrás y otros incluso pusieron una mano sobre su arma en señal de precaución. Yo por mi parte me mantenía atento a la espectacular escena que se dibujaba frente a mí. De la tierra comenzaron a salir zarzas y ramas con increíble velocidad, moviéndose como si tuvieran vida propia comenzaron a entrelazarse y formar muros gigantes en todo el claro, el laberinto rápidamente apareció frente a nosotros al igual que la curiosidad en mi mente. –¿Qué clase de criatura es para portar ese poder?-
 
 
-Tenía que crear el laberinto – dijo como si lo que acababa de suceder fuera algo simple y cotidiano. Era completamente impresionante aun para mí que ya había tenido muchos encuentros con todo tipo de magias.
 
-El objetivo es sencillo –
 
-El laberinto tiene una entrada y una salida. Llegad de una a la otra y habréis superado el reto.- 
 
Luego de terminar de hablar y tras un gesto con su mano un pequeño camino se despejo en uno de los muros a modo de entrada. -Yo mismo lo he diseñado, así que estad seguros de que está lleno de trampas a cada cual más ingeniosa… –
 
-¿Trampas? Esto es… curioso.- Me dije a mi mismo.
 
-Sois demasiados para entrar a la vez, así que elegiré a quienes quiero ver dentro y los demás tendréis que esperar. Si alguien de los que he elegido no me convence porque es un soso, lo sacaré y alguien podrá entrar en su lugar. Si todos fracasan o si lo consiguen, dependiendo de la hora que sea, podrá probar otro grupo. Y si no, pues cada uno a su casa.-
 
-Si fracasan o lo consiguen dependiendo de la hora que sea… ¿Tenemos un tiempo estimado para culminar el laberinto?-
 
Inmediatamente comencé un pequeño análisis de la situación, repasaba cada detalle del lugar tratando de fijar un plan para esta “misión” podía irme cuando quisiera pues algo no me cuadraba en todo ese lió pero, la emoción por la aventura era algo a lo que me estaba acostumbrando y por si fuera poco, ahora tenía que pensar en el negocio con Jhon. –Seguro que espera una gran historia a mi regreso… Si Niko quisiera matarnos no tendría ningún problema en hacernos desaparecer con ese poder. Supongo que solo quiere un buen entretenimiento al igual que Jhon… Y creo que podría darle algo.-
 
Lentamente una sonrisa se apoderaba de mi rostro mientras me hacía más a la idea de superar ese laberinto. Inmerso en mis propios pensamientos ignore por completo la discusión que tubo Niko con el musculitos y solo regrese a estar pendiente de las palabras cuando el hombrecillo menciono que no habría equipos.  
 
Además de eso dijo que no se podría volar… -Una lástima… Yo que quería estrenar mis alas.- pensé sarcasticamente mientras miraba como la Diviums se quejaba de esta regla. Era obvio que la regla estaba dirigida a la única con alas del lugar y creo que solo ella y yo entendimos las palabras de Niko en ese momento. -¡Espera, eso significa que voy a entrar al laberinto! –
 
-Simple deducción….- Nikochis se quedó en silencio por unos segundos con una expresión de sorpresa ante la respuesta de la Diviums. Tal vez no era su intención revelarle eso tan rápido, otra pista me revelo al tratar de disimular su error con un simple –Claro.  Por eso lo decía. – Luego de eso y como tratando de cambiar el tema continuo con la elección de los participantes.
 
Musculitos entro por ser un idiota básicamente o eso me dio a entender. La elección de la Diviums no la pudo echar atrás y al llegar a lo que parecía ser un antropomorfo le invito agacharse para poner las manos en su cabeza. Pasaron un par de minutos en silencio mientras lentamente una expresión de desagrado expuso al antropomorfo el cual reacciono empujando a Niko. -¿¡Qué estás haciendo!?- exclamo nervioso pero, no tuvo respuesta alguna. De hecho luego de retomar su – Lo que sea que estuviese haciendo.- Niko termino por irse sin aceptar al antropomorfo.
 
Varios de los presentes pasaron por lo mismo y a todos ellos los rechazo... Hasta que se paró frente a un hombre que lucía diferente al resto. El no parecía resaltar por nada en particular… No tenía pintas de guerrero ni era más que otro humano. -Nos volvemos a encontrar. Entras- comento Nikochis casi al instante de verlo. –Se vuelven a encontrar… Bien ese chico hay que mantenerlo cerca.- la revisión continuo, esta vez a Youdar mi antiguo capitán, de forma sorprendente el también parecía conocer al hombrecillo.
 
Un debate se produjo entre ellos y varias palabras quedaron grabadas en mi mente. 
–¿Veneno? El capitán esta envenenado… ¿Ananke, Quien diablos es ese? ¿Y que podría haber en el laberinto que le sería útil a Youdar?- las respuestas del capitán fueron hechas con una perceptible ira…- Supongo que no son amigos…- pensé al ver que Niko lo rechazo de inmediato. Sin embargo y para teñir la situación extraña con algo de locura, Pelos discrepo la decisión del hombrecillo e incluso consiguió que terminara por aceptarlos a ambos en el laberinto.
 
-Tengo que conseguirme un gato como ese…- Pensé bromeando, mientras miraba como el siguiente en la lista era el caballero errante. A quien, no trato ni por asomo igual al resto, la distancia entre ambos era muy grande, la expresión del hombrecillo parecía ser una mezcla de miedo e ira… Algo extraño de ver.  -Mi cuerpo me pide a gritos que te mande bien lejos de aquí, a alguna isla perdida… O mejor, al fondo del mar-
 
-Pero no lo voy a hacer… Aún. Entras.- Exclamo.
 
Y de esa forma llego mi turno… Tengo que admitir que no estaba para nada ansioso por que eso pasara. El hombrecillo se plantó frente a mí y con una sonrisa inquietante comenzó con su rutina. -Bueno… - dijo mientras hacía gestos con su mano para que me agachara.
 
Me mantuve firme por un par de minutos mientras miraba a los ojos de esa criatura y me debatía si tendría que hacerlo. Claramente no era algo agradable lo que pasaría, eso podía verse en las reacciones de todos los que estuvieron antes que yo, pero era requisito si quería entrar. Me incline levemente, lo suficiente para que el levantara sus brazos e hiciera de las suyas… Hubo un momento de silencio que luego fue cerrado con una carcajada de parte de Nikochis. -No puede ser… - miro de un lado a otro a todos los presentes y se alejó de mi con un. -Ahora vengo – no pude hacer más que esperar el corto periodo de tiempo su regreso. Y valla que regreso rápido y con un “regalito” pues traía al antropomorfo. -Vale, tú y tú – dijo señalándonos.-Entráis.-
 
-¿¡Qué! Yo soy su boleto de entrada?- Pensé al escuchar la decisión.
 
El antropomorfo parecía igual de sorprendido que yo mientras que con una sonrisa Nikochis continuo con su labor. Luego de nosotros escogió a un elfo por “conocer a los folklerien” y un par de humanas, la última de ellas fue escogida por tener un nombre similar… - Egocéntrico, Caprichoso y orgulloso. Darle tanto poder a alguien así es una locura.-
 
-Pues ya sois suficientes. Entrad en el laberinto cuando queráis… Os estaré vigilando.-
 
-A los demás, ni se os ocurra entrar. Volved cuando seáis más interesantes.- Y dicho esto se esfumo tal como fue la primera vez que me lo encontré. –Bueno… Nos vigila.-
 
Justo al desaparecer comencé a buscar con la mirada al caballero errante. Solo el había sembrado en el rostro del folk… De Niko, algo que parecía nerviosismo y, lo más seguro, era que la magia de Darkeray tuviera que ver. Ignore por completo como otros grupos de personas se fueron formando y directamente fui caminando hasta Darkeray.
 
-El Caballero errante.- Di una pequeña reverencia que el sabría apreciar. –Que gusto y que sorpresa encontrarnos en esta situación tan vistosa.- 
 
Darkeray respondió con una elegante reverencia. -Saludos querido arquero, es sin duda un placer degustar de nuevo vuestra compañía, mas como vos decís, es una situación harto vistosa, quisiera saber lo que nos deparará-
 
-¡Eh!- Pude escuchar a lo lejos.
 
-¿Qué opinas de todo esto, Planeas entrar al laberinto?-
 
 -¡Encapuchado!- Seguía gritando una voz familiar a la cual reste importancia.
 
Darkeray se quedó mirando la entrada del laberinto por un largo rato (parecía estar inmerso en sus propios pensamientos) y luego de ese silencio incomodo respondió a mi pregunta. -Mi experiencia y aquello de lo que acabamos ser testigos hacen que mi razón clame bien alto para que deshaga el camino andado, más al final de ese laberinto pudiera haber algo de vital importancia para mí, y aunque esa criatura seguramente me ofrezca una mentira o un engaño al final de las enraizadas paredes, debo, al menos, intentarlo-
 
-Es raro… Pensé que estos eventos tan mundanos te desagradarían… Interesante.-
 
-¿A qué os referís...?-
 
-¡Ruisu!- El escuchar esto, llamo mi atención saber quién era el que me llamaba, y fue gratificante saber que tras esos gritos estaba Youdar.
 
-Bueno… - Me quede en silencio pensando en una buena respuesta pero, aprovechando la interacción del capitán decidí solo esquivarlo. -Hay tenemos una obligación social que cumplir. Creo que es buena idea que nos informemos de todo lo que está pasando... ¿Ves a esos dos? Sé que tendrán mucho que decirnos del tal Niko…-
 
El caballero errante parecía dudar al principio pero luego de pensarlo bien decidió seguirme desde una distancia prudente. -Vos delante si no os es molestia, os sigo- Dijo en voz baja mientras caminamos hasta Youdar.
 
El llegar a donde estaba el grupo comencé a verlos detenidamente, para saber a qué me enfrentaba y quien podría ser útil tenía que observarlos bien. - Mmm... Si, si tiene buena pinta todo.- ninguno portaba armas como espadas o arcos… Curioso cuando menos. Mientras estaba atento a mi “investigación” Youdar se tomó la libertad de anunciarme ante los demás.
 
-Mi nombre es Ruisu Cazador...- me quede unos segundos en silencio recordando que ya ellos sabían mi nombre. -Claro Youdar ya me presento.-Dije para mí mismo. Y al ver que todos esperaban atentos a mis palabras, pero yo no tenía nada más que decirles, eche toda su atención a mi acompañante.  - Él es el caballero errante, ¡Darkarey!-
 
Viendo que el único confiable era el capitán, decidí hacer de el un aliado, no tenía intenciones algunas de perder a un amigo por un juego tonto. Así que cuidando las apariencias comencé a hablar con Youdar en Khezalid en parte para que nadie supiera más de lo debido y también para alardear de mis avances ante quien fuera mi maestro en Landemar.   -Saludos Estimado "capitán" ¿Qué le sucedió a tu cara? Aún más importante, ¿qué diablos está pasando con todo esto? Dime... sé que sabes más del Sr. Niko que muchos de por aquí.-
 
Aunque mi conversación fue breve, pude sacar algo de información útil.

  • Respecto a Nikochis: No bajar nunca la guardia y no ofenderle. –Nada de eso estaba en mis planes pero era bueno saberlo.- 
  • Sobre Bediam: Es un alquimista y puede ser un gran rival. –Hay que mantenerlo vigilado…- 
  • Youdar se cree un "soldado" pero acepta ser aliados una vez más.

 

Luego de hablar con el capitán nos quedamos parados frente a la entrada del laberinto. Al parecer Youdar no quería retrasar más lo inevitable, normal en un Enano vamos… solo recordar lo pasado con el demonio de Landemar me hacía suponer como seria todo, sin embargo, una buena historia podría sacar de todo eso...



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Re: El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

Mensaje por Aulenor el Jue Jul 16, 2015 9:46 pm

__Como había llegado el primero, Aulenor tuvo que esperar una semana entera en ese claro. Monto su campamento en la copa de un árbol, trenzando algunas ramas jóvenes y flexibles alrededor de una de las más gruesas. Se tomó el trabajo con calma, no parecía que el clima fuera a ser muy agresivo y tenía tiempo de sobra, así que invirtió todo el primer día en esta tarea, pero desde luego mereció la pena, ese día durmió mucho mejor que lo que lo había hecho desde que empezó su viaje.

__Al día siguiente llego el segundo participante del reto, un humano de talla alta y cuerpo musculoso al que le rodeaba un aire de arrogancia y seguridad. Éste tras recibir una bienvenida por parte de Nikochis similar a la que recibió el día anterior el nagar, se dispuso, algo irritado, a montar una tienda en el claro. Aulenor, que había estado observando la llegada desde lo alto de su árbol, bajo al suelo de un salto para saludar al recién llegado.
-Eh… esto… Hola…
__Tras diririgir una mirada bastante indiferente hacia el nagar, el humano, llamado Bohr le contesto:
-¿Qué quieres?–dijo secamente.
-Bueno, eres la única otra persona que hay por aquí... solo quería...- respondió el nagar intimidado por la actitud y el tamaño del humano.
-¿Ser amiguitos? -se burló éste- Lárgate.
__Aulenor, apenado, siguió la orden y volvió a subirse al árbol, dejando tranquilo al humano.

__Durante los siguientes días, siguió llegando más y más gente. El folklerien recibía a cada nuevo viajero con el mismo aire de espectáculo circense. Cada mañana que despertaba el nagar había más gente, y cada vez que regresaba de cazar en el bosque se encontraba más tiendas levantadas. Sin embargo, después de su mala suerte con el primer humano, no se atrevía a volver a saludar y pasaba los días cazando, tocando su flauta, observando a los demás y durmiendo. Todo desde la copa de su árbol.
__La única interacción conversación que volvió a tener durante esa semana fue con una divium, la primera de la especie que Aulenor había visto en toda su vida. Cuando volvió una tarde de la caza y vio en el campamento a ese ser alado, el joven no pudo evitar quedarse mirándola embobado durante un largo rato. La chica acabo por cruzar la mirada con el antropomorfo, y dada su baja simpatía con su especie, le devolvió una mirada de desagrado. Sin embargo, Aulenor seguía mirándola, había quedado fascinado, y finalmente la chica, molesta, se acercó a él.
-¿Se puede saber por qué me miras de esa forma?- exigió saber la chica.
- ¡Oh! Perdona si te he molestado tan solo es que… nunca había visto a nadie con alas- contestó tímidamente el nagar.
- Así que se trata de eso- exclamó la chica con un tono más relajado- Supongo que es normal para vosotros. Soy Nadia.
-Yo soy Aulenor.-respondió rápidamente el joven haciendo una reverencia, a lo que la chica respondió batiendo sus alas, alagada- ¿Y entonces puedes volar? ¿Cómo es? ¿Puedes cargar a otras personas?
-¡Claro que puedo volar! –respondió ésta bruscamente, sin demasiada cortesía - Y no creo que puedas entenderlo, no se puede comparar a ninguna otra sensación. Y no podemos cargar a ningún terrestre, sois demasiado pesados. De verdad que no puedo entender como podéis pesar tanto para el tamaño que tenéis.
-oh vaya- respondió algo triste el chico- perdona si te he molestado...
-Sí que podemos cargar a otros si son lo bastante ligeros -añadió, con un tono más suave, tras darse cuenta de que Aulenor no era más que un chico joven y que no estaba siendo justa que él - Niños, animales pequeños... ese tipo de cosas.
-Vaya... ojala hubiera conocido a alguien con alas antes... tiene que ser realmente genial poder volar.- de repente se le iluminó la cara al chico y comenzó a buscar en su mochila, sacando rápidamente su mapa-¿En qué zona vivís? ¡Me encantaría verla!
Nadia, con una sonrisa algo maliciosa, le contestó:
-En Anemos - señaló un punto en el mapa más o menos entre Thargund e Efrinder... y subió el dedo hacia el cielo, separándolo del mapa, buscando representar que estaba en el cielo.
-¿¡En el cielo!?-respondió el chico maravillado-¿Y hay alguna forma de llegar? Digo... para los que no tenemos alas...
-Puede que sí, puede que no.- Respondió ella encogiendo los hombros, misteriosa- Bueno, he de prepararme un sitio para dormí. Ya nos veremos Aulenor.
-Hasta la vista.


__Al final de la semana el campamento había crecido mucho. Aulenor había contado un total de 41 personas: catorce humanos, un elfo, dos orcos, una divium, tres enanos, dos perros, un hombre-cuervo, dos hombres-lobo, un centauro, un goblin , un gato, diez caballos, un tipo humanoide vestido en una armadura negra que no permitía ver qué criatura había debajo de ésta, y él mismo.
__Al atardecer llegó un último humano, de complexión delgada, piel pálida pelo largo y oscuro, ataviado con una túnica. Una vez Nikochis le dio la peculiar bienvenida, el folklerien convoco a todo el mundo para presentarles el desafío, levantar un laberinto vegetal de la nada  y seleccionar a los participantes. Con algunos decidía de inmediato y otros, como a Aulenor les pedía que se arrodillasen para poner sus manos sobre sus cabezas. Por algún motivo Nikochis solo seleccionó al joven escamado luego de realizar ésto sobre un humano encapuchado.

__Una vez Nikochis hubo desaparecido la gente se quedo en silencio unos instantes. Aulenor permaneció en su sitio, creyendo que aun no había acabado el inició del evento, hasta que vio que la gente comenzaba a romper la fila. Entonces salió corriendo a la cosa del árbol donde había acampado con la intención de ver el laberinto desde lo alto.
__La vista era espectacular, donde antes había un gran prado, ahora había toda una red de pasillos formados por zarzas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Deslumbrado por el paisaje Aulenor se quedo embobado unos instantes hasta que el sonido de las personas de abajo le devolvió a la realidad. Los que no habían sido seleccionados habían comenzado a desmontar las tiendas, mientras que los que si prepararan sus pertenencias o conversaban entre ellos. El joven Nagar reconoció entonces a uno de ellos, un enano. Era aquel que hace más de un mes, en Baruk'Grund le había invitado a comer. Sorprendido bajo rápidamente del árbol y se dirigió hacia él.
-¡Hey! Esto... eh... no me sale tu nombre... ¿Yofar? [...]





__Tras la conversación con los otros participantes, Aulenor volvió al árbol de nuevo a recoger sus cosas para entrar al laberinto. No le pareció que fuera a necesitar su equipo de herrero dentro, y puesto que solo le haría más lento decidió dejar tanto el martillo como el yunque escondidos en las ramas del árbol. Los volvería a recoger cuando hubiese terminado.
__Una vez se vi a si mismo preparado, bajo del árbol dispuesto a adentrarse en el laberinto. Sin embargo, en un rincón del improvisado campamento, alejado de todo el mundo, vio al tipo embutido en una gigantesca armadura negra que le habían presentado como Darkeray. Aulenor sentía curiosidad por él, y no vio nada de malo en acercase a preguntar.
-¿Era Darkeray verdad? Hola, soy Aulenor...- inició timidamente la conversación el chico
__Arrodillándose sobre su pierna derecha hasta llegar a la altura del pequeño nagar, el guerrero hizó una reverencia con la mano izquierda en su pecho y contesto:
-Vos lo decís, yo soy, un placer conoceros joven caballero
__Tras contestarle con otra reverencia por su parte, el nagar continuó:
-Tenia curiosidad por tu armadura, nunca había visto una así, ¿no te pesa?
-Es sin duda pesada joven Aulenor, mas el portarla tantos años y el entrenamiento que recibí antes de poder vestirla me facilitan llevar su carga-dijo tras soltar una pequeña carcajada
-Ya veo... No creo que a mi me fuera mucho algo asi... Oye por cierto, ¿De qué raza eres?-vuelve a preguntar haciendo referencia a los cuernos que porta tu armadura- continuó preguntando el joven escamado con u inocente tono de siempre
-Hum...-el guerrero inspiró profundamente, visiblemente nervioso-No soy de una raza normal que vos podáis conocer, ni tampoco que os pueda llegar a ser apreciada, de modo que digamos simplemente que soy una subraza de aquellos que generalmente se conocen por el nombre de humanos...
--¿Tú tampoco sabes de qué raza eres? Yo tampoco he visto a nadie como yo, en algunos sitios me han dicho que soy un antropomorfo, un nagar... pero mi padre era humano... que yo recuerde...-contestó rápidamente el Aulenor-¿Entonces eres un humano con cuernos?
__Tras otra pequeña carcajada, esta con un tono más quejumbrosa Darkeray dijo:
-Podríamos decir que en cierto modo sí, joven Aulenor
-Tú tranquilo, no creo que la raza importe mucho...-le respondió el nagar sin saber responder a las emociones del guerrero-Bueno, creo que voy a entrar, ya nos veremos Darkeray
__El guerrero se alzo de nuevo e hizo otra reverencia como despedida
-Gracias por sus amables palabras joven Aulenor, ha sido un placer hablar con vos -tras una breve pausa en la que Aulenor comenzó a dirigirse hacia la entrada del laberinto añadió-Mas tenga cuidado en aqueste laberinto, pues no creo preciso recordarle que en él se encontrará con inenarrables peligros, y vos estáis en la Flor de la Vida, no dejéis que se marchite antes de tiempo
__El nagar no oyó del todo las ultimas palabras del guerrero, pero le hizo un gesto de confianza con la mano en respuesta. Tras lo cual contempló el umbral que se encontraba antes él y tras un profundo suspiro, dio el primer pasó hacia la aventura que le esperaba.


Fin del comunicado
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Re: El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

Mensaje por Darkeray el Vie Jul 17, 2015 3:32 am

-... mas yo afirmo que la nigromancia es en última instancia...

Una gran explosión interrumpió la lectura del Caballero

-Creo que te están llamando, Caballero

-Ciertamente

Darkeray cerró el libro “La Nigromancia ¿falacia o amenaza?” y lo guardó en las alforjas de Muerte:

-Viejo amigo, espera aquí mi regreso, si algo va mal, huye-dijo el Caballero mientras le colocaba las riendas y la silla a Muerte y le daba unas palmadas en el lomo antes de dejarlo atrás, Muerte protestó con un relincho, pero no se movió- Tranquilo, lo que haya ahí no puede ser peor que lo que nosotros sufrimos...

Darkeray acarició al equino y se alejó a paso ligero hacia la zona de tiendas, para cuando llegó, allí estaba Nikochis, muy digno y con la atención de los presentes fija en él, el Caballero se quedó en un lugar alejado con los brazos cruzados y apoyado en un árbol:

-¡Bienvenidos! ¡Soy el inimitable Nikochis!

-Cuantos aires se da

-Vosotros sois los que habéis aceptado mi audaz reto. Supongo que os estaréis preguntando en que consiste

-Dilo de una vez y deja de relamerte

-¿Quieres callarte de una vez? Si es capaz de oírte podrías causarnos problemas

-¿Y qué?

-Os vais a enfrentar a...

-No sabemos qué puede hacer, así que debemos ser prudentes

-Bah, por favor...

-¡El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien!

El silencio inundó el lugar mientras se apagaba el eco de sus últimas palabras

¿Y dónde está ese laberinto? -preguntó un hombre robusto y musculoso de pelo rubio, presumiblemente un vikhar de las tierras heladas-

-Eso digo yo

Nikochis manifestó su enfado por la interrupción mientras le gritaba

-¡No me interrumpas!

Aquel hombre enmudeció a regañadientes

-Insensato, no debería meterse con aquellos de los que desconoce su verdadero poder

-Pues yo le apoyaría

-Ya, claro

Nikochis recuperó la sonrisa y prosiguió

-Como decía… Ante vosotros… ¡El laberinto folklerien!

Sus dedos chasquearon  y el suelo comenzó a temblar, el Caballero abandonó el apoyo del árbol y se puso en guardia, con su mano izquierda en la empuñadura

-¿Una trampa?

Ante sus ojos una parte del suelo se hundió mientras la otra se elevaba, lo que había sido un claro hacía unos instantes ahora presentaba unas zarzas de tamaño considerable que habían nacido de la tierra, acompañadas de un sonido que el Caballero no supo identificar con exactitud. Y una vez más, como si nada hubiese ocurrido, se hizo el silencio

-Es poderoso...

-¿Qué diablos ha sido eso?-preguntó una joven divium de belleza envidiable para muchas mujeres-

Nikochis se tomó su tiempo para contestar mientras todos le miraban atentamente

-Contesta de una vez estúpido

-¡Cállate de una vez! ¡Déjale hacer su número y cállate!

-Tenía que crear el laberinto-declaró con un tono inocente y de falsa modestia-

-Presuntuoso...

-Cállate... Te lo advierto

-El objetivo es sencillo. El laberinto tiene una entrada y una salida. Llegad de una a la otra y habréis superado el reto -y con un gesto de su mano hizo que una de aquellas pesadas y sólidas zarzas se apartaran revelando una entrada- Yo mismo lo he diseñado, así que estad seguros de que está lleno de trampas a cada cual más ingeniosa…

-Estupendo...

Aquella criatura recorrió con la vista a los presentes, y se detuvo especialmente en un joven de pelo negro que manifestó cierto nerviosismo durante el cruce de miradas, Nikochis prosiguió

-Sois demasiados para entrar a la vez, así que elegiré a quienes quiero ver dentro y los demás tendréis que esperar. Si alguien de los que he elegido no me convence porque es un soso, lo sacaré y alguien podrá entrar en su lugar. Si todos fracasan o si lo consiguen, dependiendo de la hora que sea, podrá probar otro grupo. Y si no, pues cada uno a su casa.

-¡¿Disculpa?! ¿Me estás diciendo que tal vez haya hecho todo el camino para ver como otros hacen el imbécil en tu laberinto de mierda? -protestó de nuevo el vikhar-

-No te preocupes, tú entras seguro

-No me puedo creer que no lo haya fulminado

-Parece que ante todo quiere divertirse a nuestra costa.

-¡Qué bieeeen! ¡Siempre había deseado servir de entretenimiento a un retaco de color verde!

-Curioso que lo diga el que fue un Bufón

-Ja, qué gracioso eres

-Entraréis varios porque si vamos uno a uno nos tiraremos toda la vida. Pero quiero dejar claro no sois un equipo. Solo el primero en llegar a la salida recibirá el fabuloso premio. Los demás se irán con las manos vacías.

Entre el gentío comenzaron a sonar murmullos y conversaciones pero en principio todo el mundo parecía conforme

-Es justo

-Ah, y no vale volar -dijo mientras miraba a la joven divium-

-¡¿Qué?! ¡¿Cómo qué no?! -protestó ella-

-Pues como que no. Es mi laberinto y son mis reglas. Nada de volar. Si vuelas, te echo.

La mirada entre ellos dos echaba chispas, pero de repente la joven, sonriente y soltando una carcajada exclamó:

-¡Espera, eso significa que voy a entrar al laberinto!

Nikochis pareció quedarse sin habla durante unos segundos y la sorpresa en su rostro fue mayúscula

-Claro. Por eso lo decía.

-Interesante

-¿Ver a una divium caminar en vez de volar?

-No, creo que ha cometido un error y ha salido al paso como ha podido

-¿Tú crees?

-Evidentemente puede ser que no, pero el que se haya quedado sin palabras por unos segundos creo que es buena prueba de ello

-Bueno, voy a elegir quienes entran -anunció retomando su discurso-

Se acercó al vikhar y le dio una patadita en la pierna mientras decía

-Bocazas, tú entras.

-¿¡Bocazas!?

Nikochis ignoró al sulfurado humano y prosiguió su selección. Se acercó a la divium

-Llorica, tú también.

Ella manifestó su intención de protestar, pero Nikochis simplemente volvió a ignorar los gestos mientras reanudaba su paseo, se detuvo ante un extraño ser reptiliano de escamas verdosas, presumiblemente algún nagar de los que había visto en las ilustraciones de sus libros

-Agáchate -dijo el hombrecillo verdoso

La criatura obedeció y se sentó, Nikochis le puso las manos en las sienes y dijo:

-Deja la mente en blanco y no te resistas a lo que vas a sentir

-¿Qué le va a hacer a ese joven nagar?

De pronto, el chico se levantó nervioso y empujó al hombrecillo verdoso:

-¿¡Qué estás haciendo!?

-Solo un poquito más

Nikochis se acercó de nuevo y puso sus manos de nuevo en las sienes del nagar que, aunque estaba visiblemente incómodo, no se resistió. Tras unos segundos, el hombrecillo bajó los brazos y se alejó, repitiendo el proceso con varios de los allí presentes

-¿Qué estará haciendo?

-No lo sé, hay demasiadas posibilidades, y tampoco sabemos a ciencia cierta el alcance de su poder

-Ha remodelado a su voluntad un claro, es bastante poderoso

-Vaya, por fin te das cuenta engendro incauto.

-Cállate

El hombrecillo de verdes ropajes se detuvo enfrente del joven de pelo negro con el que antes había cruzado la mirada, le guiñó un ojo, le golpeó en la pierna y dijo:

-Nos volvemos a encontrar. Entras.

-¿”Nos volvemos a encontrar”?

-Se conocen de algo, no sabría decir de qué

-Hasta ahí había llegado estúpido, pero no puedo evitar preguntarme el cómo

-Y yo engendro, y yo

Nikochis prosiguió su paseo y se detuvo junto a un enano de pelo negro y aspecto curtido:

-Otro bello reencuentro ¿Qué tal llevas el veneno que te recorre las entrañas?

-¿Otro “viejo” conocido?

-Parece que este hombrecillo es más peligroso de lo que parece, debemos ser cautos

-A ti el veneno no te afecta

-Pero no sabemos que más puede hacer

-Mejor cuando estoy haciendo algo útil -respondió el enano visiblemente malhumorado- ¿Todo esto tiene alguna razón de ser o es solo por entretenerte?

-Hay muchas formas de entretenerse

-¿Ananké sabe algo de esto?

-¿Realmente crees que Ananké, con lo sosa que es, tiene algo que ver con mi fantástico laberinto? Solo por eso, ya no vas a entrar. Tenía ganas de que entraras, porque tengo algo que te vendría bien... Pero no, está decidido.

A aquel enano pareció no molestarle en absoluto la expulsión del reto, y simplemente contestó:

-No tengo ningún tipo de interés en tu laberinto. Te agradecería que no me volvieras a hacer malgastar mi tiempo.

Nikochis torció el gesto y manifestó una furia sin par, alzó un brazo y apuntó al enano

-Ese enano no sale de aquí con vida

-Ha sido un imprudente retando a alguien tan inestable

Pero de pronto, un maullido congeló la escena y, a los pies de Nikochis, apareció un gato de pelaje anaranjado

-Oh, hola -dijo simplemente el hombrecillo mientras se agachaba-

La situación que se desarrolló fue digna de una comedia en algún lustroso y rico teatro, aquella criatura se tomó su tiempo para examinar detalladamente al felino, su enfado se había esfumado tan rápido como él solía hacerlo.

-Mmmm. Entras -dijo tras concluir su examen-

Pero la situación se hizo aún más disparatada si cabe, pues el gato protestó con un maullido severo hacia algo que sólo el hombrecillo parecía comprender

-¿Pero tú has escuchado lo que me ha dicho?

El gato bufó de nuevo dando a entender lo inamovible que era su protesta

-Está bien. El enano puede ir contigo. Pero si se pone tonto lo echaré, avisado quedas.

-¿Me estás diciendo que un gato acaba de negociar la entrada de su dueño?

-Eso parece

-Esto no tiene sentido

El Caballero observó como el hombrecillo continuaba su paseo para de pronto, detenerse enfrente de él, su rostro era severo y su mirada mezclaba el desprecio con el... ¿Miedo?  Mantuvo las distancias y no le pidió hacer nada, sólo le miraba atentamente y en silencio

-Mi cuerpo me pide a gritos que te mande bien lejos de aquí, a alguna isla perdida… o mejor, al fondo del mar.

Darkeray prefirió no contestar a la afrenta, aquella criatura estaba demasiado tensa, un paso en falso sería fatal

-Pero no lo voy a hacer… -Y tras una pausa añadió de forma amenazadora- aún. Entras. Pero te advierto. Sé muy bien que eres. Como se te ocurra ensuciar mi laberinto con la magia que te sostiene, me enfadaré. Soy muy tolerante y tengo mucha paciencia, pero a la mínima te echo.

El Caballero le mantuvo la mirada y dio a entender que había captado el mensaje. Nikochis se alejó sin soltar ninguna ocurrencia

-¡Ja! A ese retaco le damos miedo

-Puede, pero no debemos coquetear con el peligro, y eso incluye evitar lo máximo posible la nigromancia

-Espera, ¿Le vas a hacer caso?

-De momento prefiero no ofenderlo, al menos de momento

-Cobarde

-Déjame en paz y presta atención, un viejo conocido

-¿Quién? Oh.... Demonios...

Una vez más, aquel arquero de negros ropajes, Ruisu, volvía a cruzarse en su camino, había transcurrido bastante tiempo desde su último encuentro con él y la joven cambiaformas

-Bueno…-murmuró el pequeño Nikochis mientras le hacía señas para que se agachase-

-Parece que a él también le toca hacer eso

-

El joven arquero se mantuvo erguido y desafiante, pero su cuerpo delataba el nerviosismo

-No seas insensato, arrodíllate

Ruisu finalmente cedió y comenzó a inclinarse, Nikochis repitió una vez más sus acciones y tocó las sienes del arquero, que resistió aquello que le estuviesen haciendo sin soltar queja ni lamento. De pronto, el hombrecillo de verde soltó una carcajada y miró a Ruisu mientras decía

-No puede ser…-murmuró-

Acto seguido recorrió con su mirada todo el claro hasta que encontró a su objetivo, el joven nagar

-Ahora vengo -dijo Nikochis antes de desaparecer entre una pequeña explosión y humo

-¿Qué demonios acaba de pasar?

-Buena pregunta, pero lamentablemente no tengo la respuesta

-¿Alguien más piensa que todo esto es una locura?–comentó la divium-

-Lo que yo creo es que al tipejo ese hace falta que alguien le cruce la cara de una vez. Menudos humos –dijo entre dientes el valkhar-

-Caballero ¿Tú crees que nuestro arquero conoce a ese nagar?

-Una vez más debo decir que no lo sé, no conozco tanto a Ruisu como para saber de sus amistades

-Y no crees que...

La voz en su cabeza se vio interrumpida por la repentina explosión que trajo de vuelta a Nikochis de donde fuera que hubiese ido. Acto seguido señalando a Ruisu y a al nagar anunció:

-Vale, tú y tú. Entráis.

-Esto es muy extraño ¿Adónde habrá ido?

El hombrecillo se acercó a un elfo anciano, el único elfo a la vista en todo el claro, de pelo canoso, aunque con rastros de lo que una vez debió ser un pelo castaño

-Hola -dijo el elfo con toda la tranquilidad del mundo-

-Agacha la cabeza -contestó Nikochis tras un breve mohín-

El elfo se negó amablemente y sin perder aquella tranquilidad

-¿No? Pues no entras -replicó el hombrecillo con un gesto de sorpresa-

-Si es la consecuencia de mi decisión, no puedo hacer más que aceptarlo

-Admiro a ese elfo, de verdad

-¿Me tomas el pelo Caballero?

-No, fíjate en él, anciano y sabio, trata a esta extraña criatura como lo que es: un niño pequeño con ganas de llamar la atención

-¿Y?

-Y no pierde la compostura, se le ve tan en paz consigo mismo, lo envidio

-Por favor, ese elfo acabará muriendo y tú no

-Pero morirá tras una vida seguramente plena y productiva, en paz y tranquilidad, rodeado de sus seres queridos, lo único que yo quisiera haber tenido

-Por favor, ¿Ahora te da por ponerte melancólico?

-Sí engendro, a veces sí...

-Aunque tenía muchas ganas de ver de que es capaz un folklerien -prosiguió el elfo- He oído maravillas de vosotros.

-¿Un... “Folklerien”?

-¿Has oído hablar de los folklerien?–preguntó visiblemente emocionado Nikochis-

-Claro –afirmó el elfo mientras asentía- ¿Cómo no voy a haber oído hablar de la raza más poderosa y fascinante de todo Noreth?

-¿¡La más poderosa!?

-¡Chist! Escucha

El hombrecillo manifestó su alegría con un pequeño baile, y tras tocar la rodilla del elfo añadió enfórico:

-¡Entras! Alguien con tan buen gusto no se puede quedar fuera, no.

-Vaya, ese hombre ha sabido ganarse al niño

-Parece ser un ególatra mayúsculo, hay que tener en cuenta eso, podría salvarnos en un futuro

-Bah, si nos crea problemas le cortas la cabeza y punto final

-No pienso hacer nada de lo que me digas, además, te estás olvidando de su poder

-Vete al cuerno

-Mmmm. Hacen falta más chicas. -murmuró Nikochis-

Examinó a un grupo de cuatro mujeres, shike posiblemente, y seleccionó a una de ellas sin más, casi como si fuese la necesidad de haber más féminas y no sus facultades las que les hubiesen otorgado la llave para acceder al laberinto. Aquella mujer reflejó su confusión y no supo como reaccionar a su selección.

Por último, aquella criatura se acercó a una hunta y la eligió como última participarte, el motivo, tan absurdo y simple como que su nombre era similar al de Nikochis: Nikoshias, la hunta. Concluida la selección, aquel hombrecillo anunció en voz alta:

-Pues ya sois suficientes. Entrad en el laberinto cuando queráis… Os estaré vigilando -y tras poner una mirada severa añadió- A los demás, ni se os ocurra entrar. Volved cuando seáis más interesantes.

Acto seguido, aquel ser desapareció en otra explosión de humo, el murmullo y las conversaciones regresaron al claro después de su ausencia, y muchos de los no elegidos comenzaron a desmontar su campamento mientras que otros, con la esperanza de que hubiera una segunda ronda del juego, se acomodaron dispuestos a seguir esperando. El Caballero se mantuvo en su posición y simplemente observó el ir y venir de los presentes

-Mira como se relame ese pigmeo desgraciado

-Olvídate de él, ahora debemos preocuparnos de otros asuntos

-Pues vale, dime, ¿Qué vas a hacer?

-No estoy seguro, esta situación no me gusta, ese... “Folklerien” es más poderoso de lo que pensaba

-¿Y qué? Sólo busca divertirse

-Eso sólo me preocupa aún más, no podemos saber qué considera “diversión” esa criatura

--Si quiere diversión... Dale diversión

-Me preocupa también lo que tú consideras diversión

-Aburrido

-Cállate, tenemos visita

Darkeray observó como el arquero de negros ropajes se acercaba a él:

-Otra vez él no...

-El Caballero errante.-dijo Ruisu mientras hacía una educada reverencia –Que gusto y que sorpresa encontrarnos en esta situación tan vistosa.

Darkeray, complacido por el gesto de caballerosidad del joven, respondió con otra reverencia mientras contestaba:

-Saludos querido arquero, es sin duda un placer degustar de nuevo vuestra compañía, mas como vos decís, es una situación harto vistosa, quisiera saber lo que nos deparará

-¿Qué opinas de todo esto? ¿Planeas entrar al laberinto?

El Caballero miró al laberinto y sopesó la pregunta:

-Interesante pregunta querido Ruisu, interesante pregunta

-Oye, si entra él puedes tenerlo como aliado

-Creía que no te era grata su presencia

-Por su culpa aquel paladín frustró mis planes, pero ahora necesitamos tener en quien apoyarnos, todos los demás son potenciales enemigos que también quieren el premio al final del laberinto

-Vaya, por una vez piensas en algo más que matar

-Déjame en paz, haz lo que quieras, al final el único que obtendrá algo serás tú

-Cierto... La posibilidad de una cura para mi mal... Es aventurar demasiado decir que ese ser quiere realmente premiar al ganador, pero es un riesgo que debo correr

El Caballero volvió a la realidad y se dio cuenta de que el joven arquero seguía esperando una respuesta, la cual ofreció al instante:

-Mi experiencia y aquello de lo que acabamos de ser testigos hacen que mi razón clame bien alto para que deshaga el camino andado, más al final de ese laberinto pudiera haber algo de vital importancia para mí, y aunque esa criatura seguramente me ofrezca una mentira o un engaño al final de las enraizadas paredes, debo, al menos, intentarlo-

-Por favor, que empalagoso eres...

-Es raro… Pensé que estos eventos tan mundanos te desagradarían… Interesante.-

-¿Qué ha dicho?

-¿A qué os referís...?-

-¡Ruisu! -gritó un enano de rostro quemado desde la lejanía-

-Bueno… Ahí tenemos una obligación social que cumplir. Creo que es buena idea que nos informemos de todo lo que está pasando... ¿Ves a esos dos? Sé que tendrán mucho que decirnos del tal Niko…-

El Caballero permaneció en su lugar, no sabía si acompañar a Ruisu y ser un extraño, le aterraba la idea de verse ante tanta gente, no estaba acostumbrado, pero finalmente decidió correr el riesgo, así que dijo:

-Vos delante si no os es molestia, os sigo-y comenzó a caminar a cierta distancia del joven arquero-

-Ha esquivado la pregunta Caballero

-Me he dado cuenta, y es sospechoso sin duda, pero ahora no es el momento de preocuparse

-Vigila tu espalda Caballero

-Ese arquero me ha demostrado en otras ocasiones que es de fiar, no pienso dejar de confiar en él si no existe un buen motivo, además, tú lo querías como aliado

-Bah, tú sabrás lo que haces

Al llegar al lugar donde se habían juntado 3 de los escogidos: el enano, el nagar y el joven de pelo negro, se intercambiaron los típicos saludos, Darkeray simplemente se presentó con una reverencia cortés tras la introducción de Ruisu y dejó hablar a los demás, le costaba demasiado socializar y encarar una conversación con varias personas, tras tanto tiempo viviendo sólo, apenas había tenido conversaciones con otros.

Según pasó el tiempo, la conversación se fue disipando, y el Caballero se alejó en cuanto tuvo la oportunidad, necesitaba huir de aquella experiencia social, así que simplemente se fue a una esquina apartada buscando la soledad.

-Penoso Caballero, no tienes miedo absolutamente nada, y te atemoriza entablar una conversación con 4 individuos

-Déjame

-Penoso Caballero, realmente penoso

Darkeray se mantuvo en su esquina y se limitó a observar a los demás, esperando que se decidieran a entrar para poder dar él el paso, sin embargo, el joven nagar se le acercó y le preguntó tímidamente:

-¿Era Darkeray verdad? Hola, soy Aulenor...

-¿Y éste niño que quiere ahora?

-Cállate, un poco de respeto hacia un adversario

-Ya, claro, lo que tú digas

El Caballero se arrodilló sobre su pierna derecha e hizo una reverencia en señal de respeto:

-Vos lo decís, yo soy, un placer conoceros joven caballero

El nagar devolvió la reverencia, un gesto que a Darkeray le generó cierta simpatía, el muchacho prosiguió:

-Tenia curiosidad por tu armadura, nunca había visto una así, ¿no te pesa?

El Caballero dejó escapar una leve carcajada:

-Es un joven curioso sin duda

-Ten cuidado Caballero, no te fíes

-Es sin duda pesada joven Aulenor, mas el portarla tantos años y el entrenamiento que recibí antes de poder vestirla me facilitan llevar su carga

-Ya veo... No creo que a mi me fuera mucho algo asi... Oye por cierto, ¿De qué raza eres? -preguntó el joven con la mayor de las inocencias

La pregunta se derramó como un caldero de agua fría sobre el Caballero

-Sí Caballero, es curioso, demasiado curioso, a ver como respondes a eso

Darkeray inspiró profundamente y se sintió incómodo ante la pregunta, no quería asustar a aquel nagar, ni tampoco causarle mala impresión, de modo que evadió la respuesta diciendo:

-Hum...No soy de una raza normal que vos podáis conocer, ni tampoco que os pueda llegar a ser apreciada, de modo que digamos simplemente que soy una subraza de aquellos que generalmente se conocen por el nombre de humanos...

--¿Tú tampoco sabes de qué raza eres? Yo tampoco he visto a nadie como yo, en algunos sitios me han dicho que soy un antropomorfo, un nagar... pero mi padre era humano... que yo recuerde...¿Entonces eres un humano con cuernos? -dedujo el muchacho-

Darkeray agradeció la inocencia de aquel joven con una carcajada lastimera, y confirmó sus teorías diciendo:

-Podríamos decir que en cierto modo sí, joven Aulenor

-Tú tranquilo, no creo que la raza importe mucho...

-Gracias muchacho, ojalá todos viesen el mundo a través de tus ojos

-No te pongas meloso ahora Caballero, te lo suplico

-Bueno-concluyó el joven-creo que voy a entrar, ya nos veremos Darkeray

El Caballero se puso en pie y despidió al joven con otra reverencia mientras decía:

-Gracias por sus amables palabras joven Aulenor, ha sido un placer hablar con vos

-Y ahora lárgate

El joven nagar comenzó a alejarse en dirección al laberinto, y Darkeray, en un arrebato de preocupación por aquel muchacho, añadió desde la distancia:

-Mas tenga cuidado en aqueste laberinto, pues no creo preciso recordarle que en él se encontrará con inenarrables peligros, y vos estáis en la Flor de la Vida, no dejéis que se marchite antes de tiempo

Aulenor le respondió con un gesto y continuó caminando

-Suerte muchacho, sólo deseo que salgas de ahí con vida

-¿Qué más te da? Si ha sido tan inconsciente como para venir sabrá cuidarse él solito

-Lo sé, y quizá me esté preocupando en exceso, pero ese joven tiene toda una vida aprovechable por delante, no me gustaría que la echara a perder... Como hicieron otros -pensó Darkeray mientras imágenes de él en el campo de batalla destripando a enemigos pasaban fugazmente ante sus ojos-

-Por favor, estar en este bosque te está sentando realmente mal

-Quizá engendro... Quizá

Darkeray se sentó en su esquina alejada y retomó su atención en el resto de personas del claro, todas ellas preparándose para entrar al laberinto

-Caballero, hay una pregunta que tengo que hacerte

-¿Tú? ¿Una pregunta?

-Ahórrate esos comentarios, ¿Quieres oírla o no?

-Haz lo que quieres

-Vale, pues dime: ¿Por qué no entras al laberinto de una vez?

-¿Esa era la famosa pregunta? Vaya decepción...

-Cállate y contesta

-Puedo hacer una cosa, pero no ambas

-JA JA JA muy gracioso estúpido bastardo

-Deja de soltar improperios, te contestaré, aunque creí haberlo dejado claro: Quiero ser el último en entrar, no quiero suponer un peligro para nadie

-Pues entra ahora y ya está

-Podrían intentar seguirme, y el hecho de que ese tal Nikochis haya manifestado esa reacción ante nosotros...Quiero decir, ante mí, no ha contribuido a mejorar la situación

-¿Y qué más te da? El primero es el que gana

-No es por eso, si no porque esa criatura me tendrá especialmente vigilado, y si hago algo indebido o cometo un error, nadie más se verá envuelto, pues nadie me acompañaba

-Cuanta complicación para ayudar a gente que no movería un dedo por salvarte el pellejo

-No lo harían y tampoco deberían, no soy alguien que merezca ser ayudado

-No empieces otra vez

-Déjame en paz

-Oh por favor, otra vez no...

-¿Qué ocurre?

El Caballero vio como una vez más Ruisu se acercó a él, dispuesto a entablar una conversación que inició diciendo:

-Hola de nuevo caballero errante... ¿Qué has averiguado de esta gente?

Darkeray supuso que se refería a los escogidos por Nikochis, pero dado que el Caballero ni siquiera se había molestado en conocer a los demás integrantes de la prueba, sólo pudo contestar:

-Nada que vos podáis considerar provechoso para superar aqueste laberinto, aquel joven antropomorfo simplemente ha sentido curiosidad por mi aspecto y mi armadura, es valeroso sin duda, no teme adentrarse en la trampa, mas temo por su vida, teniendo además tanto tiempo para vivirla, respecto al resto de los presentes, no he querido entablar más conversación, vos lo comprenderéis mejor que nadie

-Bueno… -contestó Ruisu- Yo si tengo un par de datos curioso. Aquel es un alquimista  -dijo señalando disimuladamente al joven de pelo negro- según dicen muy bueno y astuto. Ese enano con cara poco amigable -e indicó al enano que había conocido en la conversación de antes- es muy buen guerrero y amigo creo que tendrá problemas por tu… naturaleza. Pero pronto entenderás que es buena persona.

-No puedo juzgar a quienes rechazan lo que no es apreciable...

-El tal Nikochis -prosiguió el arquero- es un mago muy poderoso… Al parecer se ofende fácil y es un poco caprichoso… Conviene mantener la guardia en alto siempre que puedas-

-Eso lo habría podido deducir un bebé

-Cállate engendro ¿Por qué no puedes dejar de lado el odio? Nos está intentando ayudar, además, tú mismo lo querías como aliado

-He cambiado de opinión, a este sucio arquero no lo pienso perdonar en la vida

-Pues consúmete tú sólo en el odio, conmigo no has de contar

Y el Caballero le dio una palmada amistosa al arquero que, lejos de rechazar el contacto, lo aceptó con la mayor de las normalidades, y declaró:

-Agradezco profundamente que hayáis decidido compartir vuestra información, pues resulta evidente que no os resulta ventajoso hacerlo si queréis triunfar en el reto

-Quita tu apestosa mano de su hombro Caballero, te lo advierto

-Tendré en cuenta lo que me decís, y no debéis preocuparos, no me convertiré en una molestia para aquellos que buscan también la fortuna al final del laberinto, el maese enano no tendrá que lidiar conmigo, pues mi intención es adentrarme en solitario. Respecto al tal Nikochis... -dejó escapar una leve carcajada- procuraré no darle motivos para "enfadarse"

-Cuanto te odio...

-Tengo curiosidad por su reacción al conocerte. ¿Crees que era miedo lo que sentía Niko?

El Caballero meditó profundamente su respuesta, y finalmente contestó:

-Pudiera ser miedo, pudiera ser respeto, pudiera ser odio, pudiera ser simplemente parte de sus maquinaciones, si buscáis una respuesta definitiva, me temo que no tengo evidencias suficientes como para ofrecerla

-No hay nada que pensar, aquella criatura nos tenía miedo

-¿Cómo puedes ser tan inconscientemente orgulloso?

-El que quiera ser humilde que me sirva de alfombra mientras camino hacia la Gloria

-La primera cosa medianamente digna que dices y es semejante ridiculez

-Puedes decir lo que quieras Caballero pero...

La palmada de Ruisu en el hombro devolvió a Darkeray a la realidad

-¿¡Cómo osas tocarme asqueroso arquero!?

-Sí, tienes mucha razón. Aunque...-el arquero enmudeció durante unos segundos.- ¿Podría contar contigo si pasara lo impensable?

La pregunta abofeteó al Caballero en la cara: ¿Alguien confiaba en él en caso de que ocurriera lo peor?

-Ruisu confía en mí...

-No Caballero, no te dejes engañar -dijo claramente desesperada la voz del Bufón-

-Ruisu confía en mí...

-No...

-Confié en vos en aquel bosque de Thonomer y confío en vos ahora en aquesta empresa. Contáis con mi espada -declaró finalmente el Caballero con una resolución que muy pocas veces había experimentado-
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Darkeray

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Re: El genial, asombroso, poderoso, fascinante, inigualable e inimitable laberinto folklerien

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