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¡A por la cerveza!

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¡A por la cerveza!

Mensaje por Björki Gotriksson el Mar Mayo 31, 2011 9:31 pm

Las tabernas suelen ser sitios concurridos, llenos de mercenarios de gesto adusto, nobles altivos y aventureros, borrachos ruidosos y patéticos y otros muchos seres que se congregan en esos sitios. En esta ocasión, no era diferente, y un grupo de enanos se hallaba sentado en una mesa, bebiendo, comiendo y comentando viejas batallas, relatos y demás asuntos que solo ellos comprendían. Todos eran destacables en algo, y cada uno impresionaba a su manera, ya fuera por el arsenal que acarreaba encima uno de ellos, como la mascota de la única mujer entre ellos, que poseía además una belleza salvaje, así como la impresionante armadura del enano más viejo del grupo, así como la gran cresta pelirroja del último.

Había más gentes en la taberna, como un muchacho enfundado en una armadura, la cual denotaba que se trataba de un paladín, un guerrero sagrado, y otros muchos personajes menos elogiables. Hubo un momento en el que, mientras los enanos conversaban, un borracho impactó contra la mesa. Las cervezas de los enanos volaron, mojando las barbas de los tres enanos y el escote de la enana. En la mesa del paladín las cosas no fueron mejor. Un par de borrachos cayeron encima del muchacho. Este no recibió ningún daño serio, aunque sí un buen importunamiento.

En total, eran 2 borrachos para el monje y 8 para los enanos, si es que decidían devolverse. Los borrachos miraban entre atontados y expectantes a los enanos, como quien enciende la mecha de un petardo y aguarda impaciente para ver cómo explota. ¿Iba a alcanzarles la explosión, o saldrían indemnes?


Todos nos habíamos cruzado hacía unos pocos días, después de habernos topado en una encrucijada con una pandilla de bandidos que habían tentado a la suerte al tratar de asaltarnos para quitarnos las bolsas, cosa que no lograron. Tras ponerles en fuga con nuestra superioridad en el combate, nos unimos para así no tener que viajar solos. Éramos cuatro, un ingeniero, una montaraz, un noble y yo, así que durante todo el trayecto nadie tuvo los cojones necesarios para tratar de asaltarnos de nuevo. Lástima, no pude partir más caras.

Tras unos días de camino tranquilo, llegamos a una taberna fortificada en algún lugar cercano a las montañas Drakenfang. Ciertamente lo sorprendente de la taberna era que, si bien el dueño del lugar era un enano, el resto del lugar estaba lleno de humanos y otros seres menos identificables. Al parecer, algunos aún saben beber con calidad.

Conseguimos una buena mesa, en la cual mis congéneres y yo decidimos sentarnos para hablar de viejas batallas y otras cosas a la vez que nos bebíamos una sabrosa cerveza de marca Karâzak, la mejor cerveza que jamás se había hecho. Así estábamos hasta que una panda de imbéciles que se peleaban cerca nuestro nos derramaron por encima la birra que estábamos bebiendo. No me fijé en qué hicieron mis compañeros. Sencillamente me levanté, agarrando mi jarra de cerveza, la cual había sido vaciada desgraciadamente por aquellos subnormales.

Una mirada de ellos, otra mía, y de un jarrazo dejé inconsciente al más cercano a mí, para luego propinarle un puñetazo a un compañero suyo en el estómago, haciendo que se doblara hacia adelante, soltando un bufido al perder el aire, para luego darle un cabezazo al haberse puesto a mi altura, y lo dejé aturdido y sin sentido. Me crují los nudillos, mirando a mis compañeros y a los demás borrachos, mientras sonreía, con una mirada sádica reflejándose en mis ojos.

Off: Dirigiros a este link ipso facto
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Re: ¡A por la cerveza!

Mensaje por Vakna Daul de Tyrtar el Sáb Jun 04, 2011 9:59 pm

Hacía varios días que me había unido a un nuevo grupo, no mucho después de comenzar mi camino sola. No es que diese saltos de alegría por ello, por volver a viajar en grupo, pero si lo pensaba con frialdad, tampoco era tan malo. Incluso podía decir que me venía bien. Viajar sola no era nada agradable, sí, tenía a Kira conmigo y hablaba con ella, pero ella apenas podía responderme con un gruñido y no eran gruñidos de comprensión, precisamente. Además, si viajaba sola era mucho más propensa a sufrir asaltos por mucho que mi Dientes de Sable me acompañase.

Pocos días después de unirme al grupo de enanos, nos encontrábamos en una taberna charlando y bebiendo un poco. Intentaba integrarme, pues todos eran varones y yo la única mujer entre ellos. Aunque iba teniendo suerte, me trataban, por lo pronto, como una igual. No me menospreciaban y mucho menos evidenciaban mi sexo. Eso me tranquilizaba y poco a poco me iba acostumbrando a pertenecer a aquel grupo. Pero ningún momento tranquilo dura para siempre.

Yo ya sabía, pues lo había vivido en carne propia, lo que solía suceder en las tabernas. Gente que bebe de más y hace cosas de las que después pueden arrepentirse, o no. En este caso no sé si se arrepintieron después, pero pasó lo que tuvo que pasar. Los que no saben beber siempre han de llamar la atención.

Un grupo de borrachos comenzó una pelea, poco después uno de ellos vino a parar a nuestra mesa provocando que las cervezas que bebíamos se derramasen. La mía, en particular, cayó sobre mi escote. No pude más que fruncir el ceño y soltar un gruñido de exasperación, además de ponerme en pie y coger mi bastón. Calmé a Kira con unas caricias para que supiese que debía estarse quieta, por el momento, y me acerqué a uno de los borrachos, al cual arreé con mi bastón en la nuca sin ningún tipo de miramientos. Quizá fuese de tan borracho que estaba o quizá el golpe fue demasiado fuerte – o quizá ambas cosas -, pero aquel humano – que eso era – fue directo al suelo…un sueñecito no le vendría nada mal.

Sin pensarlo dos veces fui derecha a por otro más, al que tenía más cerca. Traté de hacer lo mismo que con el anterior, arrearle otro golpe, pero esta vez no iba a la nuca, si no directo al rostro. Con tan mala suerte, que no estaba tan borracho como yo pensaba, pues tuvo suficientes reflejos como para detener mi bastón y agarrarlo con ambas manos. Bueno, eso supuso un problema…o no….sonreí de medio lado cuando vi a qué altura mantenía aquel borracho agarrado mi bastón, justo al pecho…allí fue donde dirigí el golpe.
Sí, se dobló hacia delante por el dolor, pero no tardó en recuperarse. De todos modos, Kira, lejos de hacerme el menor de los casos, saltó hacia él derribándolo en menos tiempo del que dura un pestañeo y lo mantuvo apresado con su peso, gruñéndole y enseñándole esos maravillosos colmillos que son propios de su especie.

Sonreí al ver la escena realmente divertida. Después miré a mi alrededor para ver qué tal les iba a mis compañeros y, ciertamente, no parecía irles nada mal.
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Re: ¡A por la cerveza!

Mensaje por Bruennor Battlehammer el Mar Jun 14, 2011 12:27 am

No era costumbre mía viajar en grupo, y mucho menos de enanos – no porque no me gustase, sino por reacios que éramos y somos a salir de nuestras amadas minas – pero en esa ocasión ya había podido comprobar que eran de fiar, como todo buen enano. En el grupo se podría decir que había de todo, desde un matador a una cazadora, pasando por un ingeniero y un explorador. Los pocos, e inútiles, asaltantes que se atrevían a cruzarse con nosotros desde luego no eran capaces de alzar una espada o sacar una daga en nuestra contra, no les salía rentable después de, seguramente ver y oír, la real somanta de palos que les cayó a los desafortunados que intentaron robarnos las bolsas.

Viajábamos por un terreno de montaña y nieve, donde mis botas con clavos eran verdaderamente útiles a la hora de aferrarse al terreno blanco de las montañas de Drakefang. En un principio había iniciado mi viaje por esa zona en busca de mi viejo hogar. Lo poco que recordaba de ese sitio era que había nieve, mucha nieve por alrededor de las minas de Mythryl.

Y ahora, sin haber abandonado mi empeño por encontrar Mytrhyl Hall, me encontraba recorriendo las cordilleras con gente de mi raza, menuda suerte la mía. Al cabo de unos cuantos días de marcha sin interrupciones ni contratiempos impropios del helado clima de Drakefang, llegamos una taberna, o una taberna o una fortaleza, porque podía ser ambas cosas. Una vez dentro tomamos una buena mesa para nosotros y comenzamos cada uno con nuestras historias.

Un día que hubiera estado bien, con una cerveza exquisita y una compañía inmejorable, en un local regentado por un congénere. Pero por desgracia en las tabernas no solo entran enanos y gente de honor, sino también asesinos, mercenarios de tres al cuarto e, inevitablemente, borrachos. La más baja casta de bebedores, incapaces de soportar una buena cerveza fría destilada por un enano en lugar de esos meados de distintas razas que ellos bebían. Estoy seguro que si me amorrase por sus partes nobles a la cabra del ingeniero bebería mejor cerveza que si tomase una humana.

Cuando noté mi barba ocre mojarse por culpa de la cerveza también pude empezar a notar como la sangre se me agolpaba en la sesera por culpa del cabreo monumental que cogí en ese momento. No fui el más rápido en levantarme, en parte por el peso de la armadura, pero tampoco el último. Con el hacha a la espalda y el escudo en la siniestra me arrimé al primer ebrio que pillé por el camino. Ceñí mi mano en sus partes nobles y lo hice ponerse a mi altura –¡¿Sabes lo que va a tardar en secarse bien la barba, maldito hijo de una pulga?! – le grité a la cara mientras usaba el brazo del escudo para golpearle fuertemente la cara. Lo último que recuerdo de ese tipo es que sus dientes del lado derecho empezaron a llover como perlas de color amarillo mugre mientras su boca sangraba abundantemente. Saqué el hacha y di con ella un fuerte golpe en el suelo - ¡¿Quién coño me ha mojado la barba?! – grité mientras espera expectante a que alguno se atreviese a abrir la boca.
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Re: ¡A por la cerveza!

Mensaje por Björki Gotriksson el Mar Jul 05, 2011 12:08 am

Los borrachos empezaron a amedrentarse. Primero de todo, un enano hipermusculado había dejado inconscientes a dos de sus compañeros. Después, una hermosa enana había tumbado de un golpe a otro de los borrachos, y seguidamente su dientes de sable le había saltado sobre el pecho a otro, el cual soltó un grito de miedo y luego se desmayó. Por su parte, el más viejo de los enanos de la mesa también impuso bastante respeto cuando, después de provocar una lluvia dental, sacó el hacha. Sin embargo, algunos de los borrachos sí tuvieron algo de coraje. Uno de ellos le partió la nariz al ingeniero enano cuando éste se levantó para pegarle a los borrachos. De mientras, el paladín también recibió un golpe en la cara, dejándole un ojo hermosamente morado. Sin embargo, cuando Björki agarró a otro de la camisa y lo arrojó contra los demás borrachos, todos salieron huyendo a una velocidad increíble, exceptuando aquellos que estaban inconscientes. Los dos que estaban con el paladín, de mientras, se fueron a pegarse a otro lado, al no reaccionar mucho éste.

Me empecé a frotar las manos, aún algo cabreado, mientras miraba a mis compañeros, haciendo crujir mi cuello al moverlo varias veces hacia un lado y otro, y tras eso volví a ordenar una nueva ronda de cervezas, que nos trajeron ipso facto. Miré entonces a mis camaradas, haciendo lo que sea que hicieran, y les dije:

-¿Porqué cojones siemprre ha de haber una panda de borrachos idiotas en cada taberna?-

Un rato después de la pelea, ya parecía haberse normalizado todo. No habían más borrachos a la vista, la gente que ahí había se veía normal, y todo era alegría. Hasta que se abrió la puerta con estrépito. En la taberna entraron 5 enanos. Dos de ellos llevaban un par de hachas en el cinto, ambas en el mismo lado, una armadura pesada y un escudo circular en el cual se veía el mismo dibujo que en las cervezas Karâzak, una cerveza con dos hachas cruzadas debajo. Otros dos llevaban un arcabuz cargado al hombro, una cota de mallas enana, un martillo que parecía a la vez de herrero y de guerrero en el cinto, y una rodela en la espalda, con un hueco para apoyar el arcabuz. El que parecía el jefe de ellos, sin embargo, era el más impresionante. Llevaba una imponente armadura pesada, y un gran martillo de dos manos apoyado en el hombro. Todos estaban manchados de sangre.

La taberna entera miraba a los recién llegados. Estos, al principio no miraron a nadie, aunque cuando descubrieron la mesa de los enanos sonrieron con camaradería. El jefe de los enanos se situó sobre una mesa, impasible, a diferencia de los otros cuatro, y empezó, con voz grave, ronca, y con un fuerte acento enano, a explicar a todos los presentes:

-¡Humanos, enanos, elfos, y demás serres de esta taberna! ¡Vengo a pedirros ayuda! ¡La cervecerría de Karâz está sitiada por trres ejércitos que nos superran en númerro! ¡Si amáis la birra de verdad, unirros a nosotrros! ¡Os prrometo que habrrá recompensa! ¡Y un enano jamás rompe una prromesa!-


¡Urghônd! ¡Por Karzun, qué cambiado estaba! Me alcé inmediatamente de la silla y le grité, sonriendo ampliamente, al reconocerle, y juzgando su mirada él también me reconoció:

-¡Urghônd, maldito perro borracho! ¡Hace décadas que no sé nada de ti, malnacido! ¡Ni una carta ni nada! ¡Por los ancestrros, cuenta con mi hacha, viejo amigo!-

Empecé a reír, al igual que mi viejo camarada, mientras corría a saludarle a la forma de los luchadores de túneles. Agarrón de la muñeca, tirón y golpe pecho contra pecho. No sabía qué harían mis camaradas, aunque por toda la taberna empezó a levantarse gente, golpeándose el pecho o haciendo reverencias. Sus sonrisas les delataban. Ellos también querían unirse al grupo. No todos, por supuesto, pero sí muchos.
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Björki Gotriksson

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Re: ¡A por la cerveza!

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