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El invierno de Foso Negro.

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El invierno de Foso Negro.

Mensaje por Miraak el Lun Jul 13, 2015 4:50 pm

Todavía recuerdo aquel distante año de entrenamiento con Stiria. Eran los inicios del invierno en el dominio de Yigionath y en esa época era especialmente peligroso salir al exterior. Empezaban a suceder las famosas tormentas cambiantes, gigantescos ciclones espontáneos que se formaban en minutos azotando puntos de todo el Foso Negro y desapareciendo con la misma velocidad con la que se generaban. Aquellas tormentas eran pura energía que escapaba descontrolada de la Aguja, quizás experimentos fallidos, quizás demostraciones de poder de un dios descontrolado, no se sabía a ciencia cierta. Formando puntos negros de magia descontrolada y sucesos extraños, incluso para los habitantes del Foso era un auténtico riesgo mortal salir a las planicies en aquellos meses.

Durante aquella época Stiria y yo nos quedamos aislados, solo nosotros dos, en una de las agujas menores que se levantaban por todos los Yermos cambiantes, como pequeños desafíos a los dioses. Eran pequeñas estructuras que se elevaban hacia el cielo, con pequeñas bibliotecas-residencia en su interior. Nos encontrábamos enfrascados en dos cosas;
La primera era mi dominio sobre el Hielo Eterno, en el cual sentía que estábamos haciendo progresos, ya sabía de donde extraer la humedad y como canalizarla en algo para hacer verdadero daño. Ahora solo quedaba pulirla en algo útil.

-Canaliza tu poder, acumúlalo en tu pierna y libéralo manteniéndolo pegado al suelo.

Eran las instrucciones de Stiria, la cual se mantenía gélida en las sesiones de entrenamiento. Seguí los pasos que me dicto, canalice el poder del ambiente a través del vacío de mi alma, lo acumule como pude en mi pierna derecha viendo como esta se escarchaba más y más y por último lo libere de un fuerte pisotón contra el suelo.

-¡Arrodíllate ante mí!

Grite mientras una oleada de estalagmitas de casi 5 centímetros se generaban casi instantáneamente desde el centro de donde había pisado y extendiéndose casi un metro alrededor.

-¿Que te ha parecido eso Stiria?

Me sentía lleno de mí mismo en ese momento, solo llevábamos practicando aquello una semana y ya lo tenía casi dominado.

-Sinceramente, decepcionante. Tus espaldas están completamente descubiertas, y el rango y tamaño del hechizo es insuficiente.

Me gire y vi que tenía razón, había canalizado mi poder en mi rango de visión mientras que mi espalda estaba solo ligeramente escarchada. Mi orgullo recibió otro duro golpe.


-Bueno, creo yo que estos avances son suficientes por ahora ¿no crees?


Aunque no eran suficientes para Stiria, nunca lo eran. Ella siempre me exigía más control sobre mi poder, exigía más voluntad, exigía más en general.

-Si no dominas el arte de la hidromancia no eres de utilidad para nuestro señor Miraak.

Aquellas frías palabras fueron uno más de los golpes que sufría mi orgullo en los últimos meses.

-¡Stiria hago lo mejor que puedo! ¡Y bien sabes que mis avances son muy superiores a lo que te esperabas en un principio de mí!

Explote, y me sentí mal, ya que la culpa no era suya, sino mía por no alcanzar el nivel que me exigía.

-Lo que yo crea no importa. ¡Ya sabes que no es suficiente! Nunca nada es suficiente para él.

-Lo entiendo,  probemos otra vez.

Notaba verdadera preocupación en sus palabras, aunque no lograba distinguir si era por mi pellejo o por él suyo por el que se preocupaba más. Aquellas situaciones se repetían a menudo, ella se desquitaba conmigo su ansiedad, y yo me desquitaba en ella la mía también. Quizás solo éramos dos demonios siguiendo los designios de su gran señor, pero en el corto periodo de tiempo que llevábamos juntos, habíamos desarrollado algo parecido a una relación. Y aquello me traía de cabeza, supuestamente los demonios no éramos capaces de tener moral ni de sentir empatía, entonces ¿que era aquello tan pequeño, pero extrañamente reconfortante que sentía en lo más profundo de mi congelado ser?  ¿Ella sentiría lo mismo, acaso éramos dos seres parecidos que anhelaban estar juntos y compartir el frio vacío de su soledad?

-Hoy lo has hecho bien Miraak, pero todavía no te has ganado ni una parte de la máscara que portas y mucho menos el título de Heraldo.

-¿Eso es lo que piensas de verdad?, ¿o es simplemente que no quieres separarte de mi Stiria?

-Bastardo egocéntrico, si no fuera por mi compañía y mi instrucción, habrías perecido por la locura o por tu propia ignorancia del terreno. ¿O debo recordarte que me debes más de una?

Siempre aprovechaba para recordarme mis fallos y las veces que me había salvado de ellos. Como la vez que casi caigo en los ríos de mercurio, o la vez que intente invocar un enjambre de avispas de cristal, o la estupidez  que cometí al cruzar los límites del reino de Rhaggorath y casi pago con mi vida. En verdad me molestaba que me recordara todos mis fallos, y ella lo sabía y disfrutaba.

-Aunque ya sabes la manera de pagarme todas esas veces que te he salvado esa bonita y tersa… calva.

Decia esto mientras se colocaba sobre mis piernas y me acariciaba la nuca por debajo de la toga.

-Eso es lo que quieres ¿eh? Pequeña libidinosa, si no fueras tan fría seguro serias un demonio de Lluuhgua.

Le espete mientras le desabrochaba la pequeña toga de seda que portaba y que no me dejaba nada a la imaginación.

-¿Quien dice que no lo sea?

Dijo antes de quitarme la máscara y plantarme un suave mordisco en los labios.

La segunda cosa en la que estábamos enfrascados era la extraña relación que se había generado entre nosotros de Instructora y Alumno, al fin y al cabo no tenía por qué negarme y tampoco me desagradaba lo que hacíamos, entre las sombras de aquella biblioteca polvorienta nuestros cuerpos se convertían en uno solo con más frecuencia de lo que esperaba de una belleza gélida como Stiria.

+18, Es sexo.:
Disfrutaba de cada parte de su esbelto y escarchado cuerpo. Lamiéndola desde los labios, bajando por sus pechos, parando unos momentos en su ombligo y terminando con su fuente de placer helado. Aunque ella tampoco se quedaba precisamente quieta cuando lo hacíamos, solía juguetear con mis orejas mientras masajeaba mi “polo helado”, y cuando estábamos a punto los dos, jadeando un vaho helado de excitación, empezábamos con un baile que ya teníamos memorizado. Sabíamos los puntos de placer del otro a la perfección, tras meses de juegos y travesuras. Los segundos nos parecían minutos y el tiempo se deformaba en solo instantes de explosiones de placer y pequeñas pausas de juegos y descansos. Solo cuando llegábamos al clímax nos dábamos el lujo de besarnos con auténtica pasión y lujuria, era un beso frio y escarchado. Nunca nos llegamos a preocupar por un descendiente, al fin y al cabo éramos demonios, ¿acaso era posible que ella quedara embarazada?
-Deberíamos ponernos a entrenar de nuevo mi “Heraldo”.

Me susurro mientras me colocaba la máscara de nuevo en la cabeza.

-Un par de horas mas no nos harán daño.

Dije mientras me subía la máscara y empezábamos otra vez, aquel juego que conocíamos tan bien.


"¿Ya se ha congelado el infierno?"
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Re: El invierno de Foso Negro.

Mensaje por Guardián de los Textos el Lun Jul 13, 2015 5:15 pm

LOL Lo de la fuente y el polo me ha matado. Hijra aceptado, procedo a otorgarle color, xp y diamantes.
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