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Los Cinco Legarium

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Los Cinco Legarium

Mensaje por Guardián de los Textos el Jue Jul 16, 2015 5:29 pm

Los cinco Legarium
Creado por Ondine Wasser
Editado por Señorita X



Zona donde la leyenda tiene lugar: En todos los pueblos diviums

Lugar donde se cuenta y gente que la conoce: : Glaciales de Yagorjakaff – Ruinas Pholendu (Ujesh-Varsha) –Erínimar – Dhuneden –La Tierra Muerta -. Se habla entre los cambiaformas, elfos, humanos, diviums, enanos.




“40 huevos de fulgor intenso, llenaron el mundo con su luz y conocimiento;
40 dragones de poder infinito, se adueñaron del mundo y lo sometieron a su destino;
40 viejos de cabellos grises, que entre canas todo lo saben y todo lo ven,
5 de ellos que entre nosotros aguardan,
y en el atardecer de los tiempos, harán arder el mundo”


[Escritura tallada en una de las piedras del templo a los cielos en Nubibus Ferreum]







Son muchas las historias que giran entre los pueblos de Noreth. Sin embargo, son pocas las que de éstos sobreviven en boca de otras razas de canas más largas o memorias rigurosamente preservadas. Esta trata de una en especial, de origen incierto y aún tradición viva entre los muchos pueblos regados a lo largo y ancho de la cartografía del mundo.

Antes del mar y de las aguas, antes del sol y de las lunas, incluso anterior a la conciencia divina, la vida se hizo tierra y de ella surgió un gran árbol: el Äntha.

La vida encontró su forma más perfecta entre la madera y el verde primaveral del Uno, como se le conoce en otros lugares al gran árbol de la vida. Pero, contrario al orden natural, el Uno tuvo tallo, tuvo hojas, pero no raíces. Mucho antes de que éstas se asentaran en el corazón de la tierra, nacieron sus primeros y únicos frutos; 40 en total. Grandes y luminosos, parecían huevos dorados con energía propia, casi similar a la expulsada por los astros. Al caer los 40, con el paso de los tiempos, se alzaron los primeros seres y gobernantes de la tierra. Enormes, formidables, pura energía nacida de la magnificencia del Äntha misma, fueron llamados, con el tiempo, dragones legarium.

Entre bestias y dioses, se trataba de espíritus consumados, iluminados en astucia e intelecto, poseedores de la lectura de las artes y de la predicción de los tiempos. Lectores de la mente y manipuladores de los elementos, respetados, alabados, traicionados y… acabados. Como primeros nacidos, ostentaron el título de hijos de la luz, y aunque en una cara eran seres monstruosos de proporciones gigantescas y presencia colosal; en su contraparte estaban condenados a tener el porte de viejos, arrugados y endebles, insignificantes a simple vista, pues ése era su camuflaje natural con el que la tierra balanceaba sus creaciones. Domaban su transformación a voluntad y se asentaron en los hielos, donde en tiempos lejanos tuvieron a bien caer los 40 primeros frutos de la vida.

La tierra terminó de formarse, y la luz del mundo conocido recibió a los hijos de las raíces: elfos, humanos, diviums y enanos. Cada raza, buscando a su par, se esparció por la tierra e hizo suyo el lugar a donde fue arribando. Los 40 conocieron primero a los enanos, y alimentaron en ellos su amor por la roca, la manufactura y la creación tallada de los artesanos; luego se camuflaron entre los humanos, y enseñaron la base de la tecnología como de la caza; entonces llegaron los elfos y, prendidos de su belleza, les enseñaron los caminos de la fe y de las estrellas, el arte de la creación en el intelecto y de la manipulación de los bosques; al final, hubo de los 40, cinco que viajaron a las alturas y en medio de las nubes de algodón, encontraron hogar entre los seres alados, a quienes por sobre todas las cosas les enseñaron la magia de los elementos.

Así, cada raza de las raíces aprendió algo de los 40 primeros.

Pero pronto fue el día que la verdad se hizo presente: los legarium eran un arma poderosa, y quién la controlara se haría a la tierra y el dominio de ella. El corazón de los hijos de las raíces tiende a ser oscuro por la ausencia de luz sobre ellas, y fue así que comenzó en el norte la cacería y luego guerra contra los grandes reptiles.

La Gran Guerra, la primera de los tiempos antiguos, contó entre sus víctimas a muchas vidas. ¿Cuántos sobrevivieron? Ninguno de los moradores originales de los hielos quedó para ver un mañana. Legiones de elfos, enanos y humanos arribaron con fuerza letal al reino de los legarium y en un largo y tortuoso proceso de conquista, tortura y muerte, la vida de los hielos quedó cercenada para siempre.

Fue entonces que el Äntha dejó salir su última raíz y de ella emergió una raza insulsa a los ojos de los supervivientes de la guerra: con la transformación como parte de su sangre y de sus venas, estos eran menos poderosos, de formas menos horridas, pero, sobretodo, carente de ese poder que con el tiempo se revelaría como magia. Los cambiaformas llegaron a un mundo ya desarrollado para enseñar a los demás la hermandad y camadería que con los 40 se borró de la tierra.

Así se cuenta la leyenda de los legarium. Ninguno quedó, ninguno sobrevino a los designios de los cielos sobre su aniquilación.

Sin embargo, hay quienes dicen que rumores se esparcen entre los pueblos diviums, aquellos a los que nadie tiene acceso por estar más allá de las nubes, cerca al manto de los dioses. Cuentos y susurros sobre los cinco ancianos que allí arribaron y lograron vivir largos años. Otros creen que aún siguen resguardados en los cielos, que esperaron a que la tierra tornara de vuelta y sus nombres se convirtieran en mito con el impulso de volver al mundo y en secreto seguir los pasos de las razas que dieron muerte a sus hermanos…

Hay quienes creen que la venganza de los cinco será rápida, certera y nunca avistada por ninguno de los hijos de las raíces, pues suya es la sorpresa, el poder, la fuerza y la voluntad del fruto genuino del mundo.
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Guardián de los Textos

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