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La Leyenda del Lomenlaeg

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La Leyenda del Lomenlaeg

Mensaje por Guardián de los Textos el Jue Jul 16, 2015 5:54 pm

La leyenda del Lomenlaeg

Por Aranuir Mir-Ëarendil
Editada y adaptada por Libro parlante

Zona donde la leyenda tiene lugar: Dhuneden

Lugar donde se cuenta y gente que la conoce: Bosque de Dhuneden, es una leyenda conocida por los elfos silvanos y lunares. También es una leyenda conocida por los elfos solares, que se transmite como enseñanza del peligro que conlleva poseer un gran poder.


¿Has pensado alguna vez en lo maravilloso que sería poder tener un ejército de élite sin necesidad alguna del tedioso proceso de entrenamiento? Tal vez si, tal vez no; puede que no seas un entendido en el arte de la guerra y que, por tanto, no sean tales asuntos los que te preocupan. Quizá seas un humilde labriego, cuyo desvelo es que la lluvia no te arruine la cosecha, o que, por necesidad, te hayas visto obligado a dedicarte al latrocinio, dada la pobreza que abunda por todo Noreth. Puede que simplemente seas alguien sumido en la tristeza, pues un ser querido te ha sido arrebatado, llamado a ocupar el lugar que nos corresponderá un día a todos junto a los dioses. Si te dijeran que existe un objeto, uno solo, capaz de poner solución a los problemas de grandes caudillos y pequeños campesinos por igual, ¿Te lo creerías? ¿Quién podría ocultar a un mundo tan necesitado de alegrías un objeto con semejante capacidad para obrar milagros? Eso es lo que todos se preguntan la primera vez que lo piensan. Otros, que conocen de su existencia desde hace eras, tienen otra pregunta en mente ¿Quién sería tan incauto como para no mantenerlo oculto?

Cuenta la leyenda que, tras la Guerra de los Dragones, cuando la región de Dhuneden pasó de ser un simple refugio en el que ocultarse de la vista de los reptiles a una próspera y creciente nación élfica, el dios Luminaris, el Gran Juez, otorgó una responsabilidad al pueblo del recién bautizado como Reino Ram-Rillë. Luminaris les hizo entrega del Lomenlaeg, el “Eco Verde”, la “Luz de Vida”.

Según les comunicó el dios con sus propias palabras, el Lomenlaeg es capaz de llamar a la vida allá donde solo hay muerte, y el deber del linaje de Mir-Ëarendil no era otro que, con sabiduría, utilizar su poder en aquellos lugares que hubiesen sido devastados por las fuerzas enemigas de Luminaris. En un acto de humildad impropio de un hijo de la nada creadora, el Gran Juez se consideró a si mismo imperfecto, con capacidad de errar en su misión de hacer frente a quienes buscan el caos, y, con la entrega del poderoso artefacto, nombró a los elfos como su salvaguarda en caso de contingencia.

Pero ¿Qué forma tiene el Lomenlaeg? ¿Cómo funciona? Se dice que el Eco Verde es simplemente una pequeña talla de metal, no mucho más grande que un anillo, que aparenta ser de hierro común, y en cuya forma se aprecia un ave sobrevolando una montaña. Es éste uno de los aspectos más terribles de la leyenda, pues, de ser cierta, podrías tener delante a una persona con el Lomenlaeg colgando del cuello, o sujeto a su muñeca, y serías incapaz de reconocer el poder que tienes ante ti.

Respecto a su funcionamiento, la Luz de Vida tiene una particularidad, y es que, cuando así se lo pide su portador, si su sentimiento de necesidad es sincero, llora. Estas lágrimas son de un resplandeciente color verde esmeralda y, al tocar un lugar inerte, son capaces de crear vida. Esa fue su función original, con la que Luminaris lo construyó, pero, de ser así, ¿Por qué los elfos incumplieron su parte del trato, y existen lugares como los desiertos donde la vida apenas puede existir? Una sola lágrima del Lomenlaeg bastaría para hacer brotar vida por doquier en Woestyn Ölüm, un lugar que, de ser bañado por ese Eco Verde, nunca más sería denominado como La Tierra Muerta ¿Fue el egoísmo lo que llevó al linaje de los reyes de Ram-Rillë a darle la espalda a Noreth?

Nada más lejos de la verdad, pues los elfos, por las malas, descubrieron que el Lomenlaeg tiene más usos que los ideados originalmente por el Gran Juez, y el miedo a que fuera mal utilizado se apoderó por siempre de sus corazones. Esta es la parte más oscura de la leyenda y es por ella que solo unos pocos han oído hablar del Eco Verde.

Todo comenzó con un devastador incendio, provocado por una invasión de orcos en la ciudad que hoy conocemos como Ephel Dúath, un lugar conocido por adiestrar a los espías y asesinos del Rey Eterno. Pero, por aquellos días, se trataba simplemente de un pueblecito costero junto al bosque, un lugar donde, al echarse la noche encima, los elfos lunares poblaban para llenar de vida. Sin embargo, la invasión de orcos, aunque fue frenada, redujo a cenizas tanto el pueblo como el bosque donde dormían sus habitantes. La lucha fue tan rápida que nunca pudo llegar ayuda de otras partes de Dhuneden.

Apiadándose de sus hermanos lunares, Athäniel, del linaje Mir-Ëarendil, decidió hacer uso del Lomenlaeg, convirtiendo aquella zona arrasada en la más espesa y poblada de todo el bosque. El lugar donde cayeron las lágrimas del mágico objeto, en lugar de convertirse en un sitio donde profesar culto a la piedad de Luminaris, acabó siendo objeto de investigación para los druidas. Algunos dicen que solo los fuertes de mente pueden resistir la tentación que supone la Luz de Vida y que, por tanto, no deberíamos culpar a los elfos lunares por lo que pasó después.

Una simple lágrima del Lomenlaeg fue suficiente para desatar el caos. Vertieron el Eco Verde sobre una tinaja de agua de rio, y, ansiosos por conocer lo que podría ocurrir, la dieron de beber a los soldados más jóvenes, aquellos que iniciaban su adiestramiento. Sin duda alguna, y aun sabiendo las terribles consecuencias que trajo, fue un milagro, pues los inexpertos guerreros se volvieron más agiles, fuertes y diestros que sus compañeros veteranos en cualquiera de las artes del combate. Cegados por su nuevo poder, fijaron sus ojos en Ram-Rillë, pensando que el Lomenlaeg no estaba hecho para las débiles manos de los solares. Un pequeñísimo pueblo de elfos lunares, habiendo bebido, entre todos, una simple gota del Eco Verde, a punto estuvo de acabar con la mayor ciudad de todo Dhuneden.

Esa fue la última vez que se utilizó el Lomenlaeg y nadie sabe dónde fue escondido. Respecto al frondoso bosque de los elfos lunares, al quedar deshabitado, parecía el lugar idóneo para adiestrar a los mortíferos asesinos de Ram-Rillë, siendo la leyenda del Eco Verde, también, la de la fundación de Ephel Dúath.

Se dice que la ubicación del Lomenlaeg unicamente es conocida por los reyes de Dhuneden, y que la información sobre esta tan solo se transmite al heredero poco antes de morir su antecesor. Los dioses nos libren de reyes débiles de espíritu, capaces de sucumbir ante la tentadora y engañosa virtud de la pequeña talla de hierro.
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