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Cuentos de Noreth
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La debilidad del conjurador

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La debilidad del conjurador

Mensaje por Youdar el Vie Jul 31, 2015 1:46 pm

Listado de PNJs:

Pelos:
Ananke:
El nigromante:
Herfrac, hijo de Talok:
Ciskof, hijo de Cisnair:
Garia, hija de Hasvuin:
Liminei Verdeluz:
Jasandon Verdeluz:
Isaihel Verdeluz:



Pocas cosas pueden sorprender más que el hecho de que te vayan a buscar en tu propio barco, el cual haces a miles de millas de distancia, pero, cuando tratas con los dioses del destino, lo sorprendente suele ser que no pase nada extraordinario- Si ibas a venir en mi busca podrías haberlo hecho una semana antes- se quejó Youdar, el enano, según vio que era Ananke quien bajaba del Mercante Anciano- Casi estrangulo a ese duende.

-Él también tiene derecho a divertirse, ¿no crees?- dijo la mujer, inexpresiva, mientras, con su mano, le invitaba a subir a bordo de su propio bordo, aunque el enano no se movió un centímetro de donde estaba.

-¿Tú sabías todo lo que aquí estaba pasando?- preguntó, indignado, pues hasta el propio folklerien le había confirmado que actuaba a espaldas de la mujer.

-Todo no- negó la hija del destino- Solo sabía que Nikochis os había convocado para jugar- la tranquilidad de la diosa exasperaba a Youdar. Si hubiera que fiarse del tono de Ananke, cualquiera diría que habían estado jugando a los dados en lugar de enfrascarse en un peligroso lugar lleno de trampas que podían dejarte tullido con facilidad.

Sin ganas de continuar la conversación, el enano se subió a su barco de unas pocas zancadas aunque, con la longitud de sus piernas, Ananke caminó sin esfuerzo a su par. Youdar era corto de estatura, incluso para los cánones de los enanos. Llevaba siempre una barba bien recortada, de tal forma que no le cayese por el pecho, y, de modo habitual, se afeitaba los lados y la parte trasera de la cabeza, consciente de la debilidad que mostraba un guerrero cuyo cabello pudiese jalarse. Su mejilla izquierda presentaba una fea quemadura, recuerdo de la Gran Cacería de Darry´gor y el resto de su piel comenzaba a arrugarse, engañando a cualquiera que quisiese aventurarse en adivinar la edad del enano, la cual no llegaba a los noventa años, siendo aún joven entre los de su raza.

-Bien, ¿hacia dónde nos dirigimos?- preguntó, situándose al timón del Mercante Anciano, su viejo y diminuto junco. Ananke no le respondió de inmediato. Caminó hacia la baranda de popa, donde apoyó la espalda, para, a continuación, sacar una pequeña bolsa, cuyo contenido desparramó por la cubierta. Pelos, el gato anaranjado de Youdar, corrió hacia la mujer y, sin demorarse, comenzó a devorar los pedazos de jamón cocido que ella había desperdigado por el suelo.

-Bund´Felak- habló finalmente la hija del destino- La Ciudad Cuna de tu raza, hijo de Yeidrax- aquello no le hizo especialmente ilusión, pues poca mano tenía alguien de su posición tratando con karzunires o jefes de clan. Youdar, a pesar de ser un experimentado marinero, veterano cazador y ocasional soldado, para los líderes de la ciudad tan solo era un astillero, un carpintero dedicado a la construcción y reparación de navíos, alguien sin apenas rango dentro de su clan, un don nadie para los grandes señores.

-¿Y qué buscamos en tan digna y honorable ciudad, mi señora?- preguntó, procurando dejar a un lado sus temores. Ananke se arrodilló un instante a acariciar a Pelos, que había terminado de comer, e irguiéndose de nuevo, lentamente, se acercó a Youdar.

Aparentemente humana, el rasgo que más impresionaba de la mujer era que sus pupilas tenían la forma de relojes de arena, un recuerdo del tiempo del que era guardiana. La hija del destino siempre vestía vestidos holgados, de color negro azabache, a juego con su largo y liso cabello, y, en ocasiones, se cubría la cara con una capucha que le ensombrecía el rostro, aunque no era el caso de aquel día. A pesar de tener miles de años, la mujer aparentaba no superar la treintena de años, y sus facciones denotaban la serena belleza de esos años de madurez previos a comenzar a envejecer.

Ananke se detuvo junto al timón, observando el océano que surcaba, con calma, el Mercante Anciano- Lo he encontrado, Youdar- dijo al cabo de un instante- Tenemos que destruir al Nigromante.




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Youdar

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