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Días de inflexión

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Días de inflexión

Mensaje por Zeena Samaha el Vie Ago 28, 2015 5:38 am

El tiempo a bordo del barco avanzaba lenta e inexorablemente, con todo aquello que esto traía consigo. Mi capitán, ya con una edad bastante avanzada, se agotaba con más facilidad estos últimos días, hasta que en una de éstas, el capitán cayó desmayado en su mesa, poco después de levantarse. No había estado durmiendo bien,y sudaba a mares, así que le arrastré hasta el lado de la cama, y apenas montándole sobre mi espalda, pude hacerle subir a la cama, y lo recosté boca arriba, cubriéndole hasta los hombros con una manta. Tomé el pañuelo de sus pantalones, y sequé el sudor de su frente, y me asusté cuando me di cuenta de que dicho sudor estaba frío, y no cálido como yo esperaba.

Apenas con un camisón y la ropa interior y el parche, descalza, con el pelo suelto y desaliñada, salí de nuestro camarote en busca del “médico” de la tripulación, quien para mi más bien era un matasanos.

Llamé a la puerta de su camarote, donde dormía con otros 3 marineros más, y salió éste a la puerta. Se presentaba como un hombre de mediana edad, de cabellos castaños, que portaba lentes de cristal grueso, y una desgreñada barba que parecía que no tocaba desde hacía unas cuantas semanas. Estaba vistiendo apenas unos calzones, y me observó ladeando la cabeza, extrañado de mi presencia allí.

¿Qué quieres tan temprano por la mañana, muchacha? El ser la segunda al mando no te da libertad para despertar a la gente

Tomé al médico del brazo, y le insté a salir tirándo de él firmemente y en silencio, hasta que él, extrañado, salió fuera de su camarote y cerró la puerta. Me acerqué a su oído, y le susurré
Necesito su colaboración. El capitán no está bien. Y no quiero que nadie más se entere. Sígame

Avancé con paso rápido y de sordo sonido en la madera, que apenas se quejaba de que pasaran por encima, con el médico a mis espaldas, andando con la espalda encorvada hacia delante, y con los brazos tras la espalda.

Alcanzamos la puerta de nuestro camarote, e hice pasar al hombre que me seguía. Antes de cerrar, eché un vistazo a un lado y a otro, asegurándome de que nadie nos hubiera visto, y acto seguido, cerré la puerta con pestillo.

El orden en el interior de la estancia brillaba por su ausencia. Piezas de ropa femenina y masculina se encontraban sobre la silla del escritorio, colgados en la pared, y por encima de la mesa, y en el camastro se encontraba el capitán, empapando con su sudor las sábanas.


El médico se aproximó al capitán, y le tocó la frente con la mano, así como acercó su oído a su nariz.

El capitán sufre una tremenda gripe, proviniente de algún insecto tropical que le haya picado. Le recomendaría no acercarse a él de ahora en adelante, ni que mantenga contacto físico. Necesita reposo, y mucha agua

Me mostré seria al respecto. Eso significaba que tenía que tener un extremo cuidado con la tripulación, y no dejar que se enterasen de que estaba gravemente enfermo, o estaría en problemas.

Ordené al médico que se ocupara del capitán, y me vestí con mis galas habituales. Debía capitanear un barco, y qué menos que estar presentable. Mi apariencia de niña cambiaba dramática y drásticamente en cuanto me ponía aquellos ropajes tan vistosos.

Tragué saliva antes de salir allí fuera, y disponerme a llevar las riendas de aquella bestia flotante sin rumbo.

La tripulación no pudo sino mostrarse desconcertada porque solo apareciera yo, y me miraba con curiosidad. Evidentemente, se preguntaban dónde estaría el capitán, así que me dispuse en un lugar alto, y pedí que guardaran silencio.

- Guardad silencio. El capitán se encuentra indispuesto, y por ende, no se puede poner a dirigir el barco. Dicha tarea me ha sido encomendada en su lugar, así que me encargaré de ello personalmente-

El más grande de todos ellos esbozó una sonrisa, y se acercó hacia mí con paso lento, mostrando ahora una sonrisa tan ancha como intimidante.

- Oh. ¿ Y qué sucedería si no quisiéramos seguir tus órdenes, eh, muchachita?

Repuso el hombre, acercándose a mí de forma peligrosa.

Tomé mi pistola del cinturón y se la apoyé en la garganta, mirándole con frialdad.

- Atrás, sucia rata. Ni se te ocurra acercarte a mi con tu nauseabundo aliento de excremento de res-

El marinero me miró con altanería, sin dejar de sonreir, y susurró cerca de mi oído

- No tienes lo que hay que tener para apretar ese gatillo

Durante unos instantes dudé en qué debía hacer. Pero no podría mostrarme débil, o estaría perdida. Bajé la pistola hasta su hombro, y apreté el gatillo. Durante un milisegundo se pudo escuchar el sonido de la mecha prenderse por el mecanismo de la pistola, antes de dispararse el proyectil y reventarle el hombro como si fuera una sandía.

El marinero retrocedió con un grito de dolor mezclado con rabia, y se dispuso a tomar su alfanje con su mano sana, pero tomé otra pistola del cinturón y se la apoyé en su entrepierna.

- Supongo que quieres poder seguir fornicando mujeres ¿verdad? Más te vale retroceder. No quiero tener que matarte a dolores insoportables-

El hombre bajó su espada, con una expresión de dolor en su rostro, y de odio visceral. Aun con eso, se retiró, y alcé la voz para llamar al médico otra vez, que vino presto a prestarle su ayuda al marinero.

Oteé a mi alrededor con la pistola cargada en mano.

¿Algún valiente insurgente más? No quiero tener que repetirme

Entre ellos se miraron con desconcierto, pero ninguno más se acercó a decir nada. El otro marinero además estaría una temporada retirado, mientras se curaba el hombro.

El resto del día transcurrió con normalidad. Me costaba tener que dirigir a cada marinero para que hicieran las tareas que necesitaban mi vigilancia expresa, pero poco a poco iba acostumbrándome a ello. Pero tenía claro algo. Lo mío no era capitanear… Al menos por ahora.


Llegué por la noche de nuevo a nuestro camarote, y encontré a mi capitán consciente y despierto. Me quité el sombrero, y lo dejé sobre la mesa, tras lo cual me senté a su lado, observándole atentamente.

- Ya has vuelto ¿Qué tal ha sido el día de llevar el barco?-

Tragué saliva. No fue nada fácil, pero ¿para qué mentirle? Tarde o temprano se iba a enterar igualmente ¿no?

- Un hombre casi se revela Repuse seriamente ante su pregunta, tragando saliva de nuevo - Pero le puse en su sitio tras descerrajarle un tiro en el hombro, que se lo hizo pedazos -

Repuse sacando la pistola descargada de mi cinturón. Me acordé de que debía cargarla, así que tomé mis bártulos del bolso, y cargué la pistola con la pólvora, y la bala, y tras cargarla, la limpié por fuera y la guardé en el cinturón

- Bien hecho. No me gusta que tengas que invalidar a uno de mis hombres, pero has sabido mantener el orden. - Repuso él, llevando su mano a mi cabeza, donde me acarició el cuero cabelludo. No me disgustaba la sensación, pero me mantuve serena y quieta.

- Gracias, capitán… Seguiré con ello firmemente

Repuse manteniéndome recta ante él.

– Tranquila, Zeena. No tienes que portarte así, no cuando estemos a solas.

- Prefiero hacerlo así Repuse con la voz seria y firme. Aunque le tuviera cariño, seguía siendo quien para mí era. No me iba a dejar llevar tan así como así por sus palabras.

- Yo ya me siento como un padre para ti. En cualquier caso, espero que puedas cuidar del barco mientras me siento indispuesto

Me levanté de la cama, y me senté en la silla, para poder verle de frente.

Así será, capitán

Me levanté para darle la espalda, y ponerme la ropa de dormir, que me dejaría más cómoda y más a gusto. Recordé que sólo había una cama, y no era muy amplia, así que me volví a sentar en la silla, y me recosté en el respaldo.

- Esta noche dormiré aquí. Necesitais descansar y dormir bien. No quiero ocupar espacio en el camastro

El capitán negó con la cabeza y se volvió a recostar en la cama, y acto seguido, apagué el candil de aceite, tapándolo con una chapa de metal, y me acomodé en la silla.


El resto de días pasaron sin mayor problema, pero el capitán cada vez estaba peor. Apenas podía moverse y hablar. Tuve que ponerme más seria entre la tripulación, y evitar cualquier posible inicio de trifulca a base de violencia. Así imponía respeto y trataba de mantener el orden. Era triste que tuviera que ser así, pero necesario.

Asumí que el capitán quizás no podría recuperarse, así que con eso en mente, me puse al mando de barco, procurando ganarme a la tripulación, y su respeto.

Pasaron los dias, y a la semana, finalmente, un día, cuando volví al camarote por la noche, me encontré al capitán sentado en la silla, mejor vestido, observando la ruta marítima que habíamos seguido estos días.

Se giró hacia mí, y me observó con una media sonrisa en su rostro.

- Parece que lo has hecho fenomenal estos días. Enhorabuena

Esbocé una media sonrisa, pero me mantuve firme y seria.

- Gracias capitán. Me alegro de ver que estais mejor. ¿Volvereis al servicio mañana?

Pregunté poniendo un brazo a mi espalda. El capitán, como respuesta, se levantó, y se dispuso recto ante mí, sacándome la altura suficiente como para encontrar que mi rostro sólo podía llegar a su cuello, como mucho.

- Sí, así es. Mañana volveré a mis actividades habituales. Tú seguirás siendo mi mano derecha. Me has mostrado mucha lealtad con esta semana. Haré que te pongan tu propia cama. Ya estoy bastante mayor, como para poder dormir en la misma cama, aunque eso no quita que nos divirtamos de cuando en cuando

El capitán esbozó una pérfida sonrisa de complicidad, a la que respondí con una sonrisa del mismo estilo, pero levemente vacía y falsa. No me hacía especial ilusión, pero al menos me otorgaba algo de independencia al dormir.

En cierto modo me sentía aliviada porque se hubiera recuperado. Odiaba tener que someterme a él, pero la responsabilidad de ser yo la líder todavía me quedaba grande como para poder acarrear con ella.

Al menos el capitán pasaría sus últimos años de vida con calma, o eso pensaba yo.
Zeena Samaha
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Re: Días de inflexión

Mensaje por Guardián de los Textos el Vie Ago 28, 2015 11:24 am

Interesante hijra, rebienvenida.
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