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El Coro de las Estrellas

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El Coro de las Estrellas

Mensaje por Tarisa Unami el Sáb Sep 05, 2015 1:32 pm

Campamento de Arthoss
Arthos Boss despertó, arrancado de la oscura pesadilla, tranquilo de estar otra vez entre los mortales. El fío se filtraba entre las gritas de la tienda de blanca lona gastada. Se levantó de la cama, apartando las mantas de pieles, y se paseó por su campamento vacío. Esos cobardes le habían abandonado, ¡¿Cómo se atrevían?! Él también tuvo las visiones y no había enloquecido. Mas los sueños se hacían más largos y oscuros con el pasar de los días; comenzaba a preguntarse si alguien respondería a su llamada de auxilio. Quizás nadie sabe lo que puede significar. Se dijo, Debo de estar maldito; me salvé de la locura y por eso debo soportar las pesadillas hasta la muerte.
 
El sol estaba saliendo de su escondite, tras las simas de las montañas. Arthos observó al cielo, blanco como la nieve que caía de él y se apretó dentro de su abrigo, el frío era fuerte esa mñana.
Con paso lento, avanzó hasta la tienda que había sido el comedor de él y su equipo, y se sentó en el banco de madera. Hizo su diario con mano floja y leyó la entrada del día de ayer:

Por la mañana.
He explorado las salas anexas a la Cámara Estelar, mas no he encontrado nada. Las marcas y escrituras de las paredes están desgastadas y son ilegibles. No hay señal de lo que podían haber sido en tiempos pasados. Me cuesta concentrarme en la excavación, el sueño es mi peór enemigo y, sin un equipo, no puedo hacer progresos. Tampoco es que haya hecho alguno en estos días.
¡Y, los sueños!, ¡los sueños se hacen más claros a cada vez!
Veo una fortaleza hundiéndose en la tierra, una ciudad comida por el mar y una tormenta de arena que me raspa la piel con sus minúsculos granos virtuales.
 
Medio día
La comida se me está acabando, tengo para tres días más, como mucho. Tendré que ir a buscar más, pero eso significa abandonar el campamento. No puedo dejar la excavación y la aldea más cercana, Brillo de Luna, está a medio día de camino a pie.
 
Por la noche.
Hoy me iré a dormir temprano, quizás así conserve un poco más de energía para la mañana. Puede ser que esta noche la batalla con mis pesadillas no sea tan dura.
 
Pero no había funcionado, sentía el mismo cansancio que todas las mañanas luego de los sueños. La excavación debía de esperar. Él debía esperar. Debía aguardar por aquellos que acudieran en su ayuda. Si es que lo hacían.
Salió de la tienda y volvió a mirar el cielo. Quizás sería mejor si prendiese una fogata, se dijo, parece que el frío empeorará.   
 
{…}
 
Luz de Luna
El criapollos abandonó su caza, a su esposa e hija de dos años. Mas se iba feliz, pues sabía que al final del día, allí estarían las dos, esperándole con la cena lista. Él era un hombre viejo, pero debía ir a trabajar en la granja familiar para instruir a su hermano menor el oficio que habían mantenido durante generaciones. Desde la fundación del pueblo, su familia había abastecido de pollos a todos los habitantes de Luz de Luna, y eso no cambiaría.

A mitad de camino, el hombre se detuvo en seco, pues había algo que le molestaba. En su mente se agitaban palabras que no recordaba haber leído u escuchado. Resonaban con más fuerza; “.hielo….san---hielo….camino—sangre…camino de sangre y hielo”. El criapollos volvió a su casa, donde su esposa le miraba con ojos confusos. Con mirada inexpresiva, el hombre tomó el cuchillo que usaba ella para cortar la carne. Aquellas palabras dominaban sus acciones y nublaban su pensamiento; Camino de sangre y hielo.
Su hija lloró por un rato largo, luego, callo súbitamente.



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Re: El Coro de las Estrellas

Mensaje por Veronika el Dom Sep 06, 2015 1:11 am

Mis andanzas por Geanostrum me volvieron a llevar a Phonterek. Nunca pensé que pasaría tan cerca de allí otra vez, no desde que me alejé de mi hogar tiempo ha. Largos caminos y diversos encuentros de extraña naturaleza había vivido hasta aquel momento, en el que me encontraba en una de las ciudades más bellas de la zona, aunque también estaba plagada de humanos y criaturas que iban de un lado a otro en el mercado, haciendo transacciones por objetos de diferentes tipos.

Jack montaba en su fiel asno, mientras que yo avanzaba junto a mi caballo, caminando mientras sostenía la rienda con mi mano enguantelada. Ya estaba cansada de tanto montar sobre el corcel, y deseaba poder pisar un poco de tierra firme por un rato. La cota de malla hacía acto de presencia con su particular peso, pero a estas alturas, el peso de ésta no me importaba.

Mientras caminábamos por el centro de la ciudad, atravesando la plaza principal, nos dirigíamos a una taberna que dispusiera de establos para poder dejar a sus anchas a nuestros animales.

No muy lejos de la avenida principal nos pudimos encontrar con una taberna, junto a la cual se encontraba una cuadra cubierta de madera, con varios cajones para introducir a los animales, separados del resto.

Me volví hacia Daniels y le tendí las riendas del precioso animal.

Jack, encárgate de él, y llévalo a la cuadra junto a tu asno. Procura estar vigilándoles, iré a por algo de comida para ti. ¿De acuerdo?

Daniels simplemente asintió,y tras desmontar a su burro, llevó a ambos hacia la cuadra, dejando un rastro sonoro de tintineos de las armas metálicas, que chocaban sus bordes entre sí por el movimiento.

Mientras tanto, me acerqué hasta las puertas de la taberna, y sin más dilación, entré en el interior del lcoal.

Un particular olor a estofado inundó mis fosas nasales en cuanto entré dentro. Había una cantidad considerable de gente en el interior, ya fuera sentados en mesas, frente a la barra, o los camareros y camareras que iban de un lado a otro sirviendo hermosas jarras de cerveza, o lustrosos pollos asados.

No hubo duda alguna de que cuando entré, los más cercanos a la puerta se giraron para ver quién había osado captar su atención, pero aparte de algunas aisladas miradas de sorpresa, no había mucho más signo de que me hubieran prestado atención.

Me acerqué con paso decidido hacia la barra, y esperé a que una señora de notoria edad fuera a atenderme con una sonrisa más ancha que su pecho.

- Oh, una mujer de armas tomar. ¿Qué desea en nuestra humilde taberna?

Apoyé los brazos sobre la barra, y le devolví la sonrisa, aunque esta no fuera tan femenina como la suya.

– Quisiera que me dieran dos buenos platos de ternera asada, una jarra de cerveza, y otra de vino.

La mujer no hizo más que esbozar otra sonrisa aún más ancha que la primera, y tras asentir enérgicamente, marchó hacia las cocinas a hablar con el cocinero o cocinera.

Mientras tanto, observé a mi alrededor. La taberna estaba llena de criaturas de diferentes índoles, categorías, lugares y colores. Era una ciudad muy variada, y precisamente los humanos en este lugar no eran los más comunes. Seguramente se debiera a la alta proximidad que hay con los bosques de Silvide, residencia de todo tipo de criaturas y poblados, así como cerca también de Physis, otro punto clave de comercio y de viajeros.

A mi izquierda, junto a la pared, había un gran hueco libre en la pared, enmarcado en madera clara, dentro del cual había carteles pegados en ellos.

La curiosidad era poderosa en mí, y no pude sino acercarme a observar de qué se trataba. Muchos de ellos hablaban de peticiones de personas, posibles objetivos con recompensa, y finalmente, una misiva con letra cursiva y gótica, de extraña procedencia.

"A cualquiera que lea ésto:
 
Estimado señor o señora, me llamo Arthos Boss y soy un arqueólogo que ha encontrado algo de sumo interés en los Montes Keyback. Mi equipo, por diverso asuntos, ha abandonado la excavación y me encuentro yo solo actualmente trabajando en ella. SI usted está dispuesto/a a ayudarme, le recompensaré con todo gusto y compartiré con usted las ganancias de lo que encontremos en la expedición. Con ésta misiva adjunto un mapa que detalla mi ubicación. Cerca de mi campamento, hay un pequeño pueblo llamado Luz de Luna, donde puede reponer suministros.
Atentamente, Arthos Boss."



Cuanto menos extraña, sin duda. Lo que más me llamó la atención fue el nombre del pueblo, Luz de Luna. Si estaba relacionado conmigo por alguna razón, había de ir a visitarlo. Y ademá, no tenía ningún destino en particular al que ir, por lo cual, era simplemente ideal el haberme encontrado est e cartel.

Observé el mapa que detallaba dónde se encontraba la excavación, y fue fácilmente identificable. Estaba apenas a 2 días de camino a paso ligero, así que sin dudarlo, íbamos a partir hacia allí.

Una voz me despertó de mi viaje al mundo del subconsciente, y tras darme la vuelta, encontré que la señora tenía ya servido lo que pedí anteriormente. Me acerqué con paso apresurado hasta ella, y tomé las jarras con una mano. La mujer, al ver que no estaban cogidas con la mayor seguridad, salió del otro lado de la barra, tomando los platos de ternera, y se puso a mi lado

- Le acompañaré a donde sea que tome su asiento, buena moza. Sólo dígame dónde

No pude evitar sonreir al ver la amabilidad de la señora. Así que le señalé que me siguiera hasta el establo, y tras encontrarme con Daniels, la señora dejó la comida sobre un barril vacío que había junto a la puerta. Tras dejar las jarras, le pagué con una moneda de plata, y la señora quedó ampliamente satisfecha.


Tras el almuerzo con Daniels, estuve hablando con él el asunto que acababa de descubrir, y si bien no parecía especialmente contento con el descubrimiento, no se opuso al viaje. Así que nada más acabamos de comer, y de alimentar a nuestras bestias, nos dispusimos a viajar nuevamente hasta los montes Keyback, a la zona señalada por el mapa.


El campamento del grupo de la excavación parecía un pueblo fantasma. No había nadie, y a pesar de que hacíamos mucho ruido, no parecía que nadie fuera a despertar de un sueño tardío. No al menos ahora mismo.


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Re: El Coro de las Estrellas

Mensaje por Libaax Feher el Mar Sep 08, 2015 5:50 pm

Había venido desde Mirrizbak, ahora escalaba los montes Keybak, soportando el frio que tanto detesta y lo hace sentirse débil.
Planeaba entrar por las minas, ni siquiera era necesario tocar las montañas, en la ciudad lo habían instruido sobre los misterios del interior de las rocas y las rieles interminables que, con esperan, lo iban a llevas al otro lado de la montaña y hacia su destino en el bosque StorGronne

Solamente conoce las leyendas que su chaman contaba, sobre el conflicto de dos naciones de antropomorfos.
“Donde los Woes y los nuestros pelean por el dominio del bosque, donde un gigante, se dice, nos protege contra el hechizo de la oscuridad. De un bosque vivo con ramas asesinas y raíces venenosas”
Era una de sus historias favoritas de su infancia, de cómo los seres como él, ni animales ni humanos, fueron creados por un alquimista y la guerra que se llevo a cabo por tenerlos como esclavos. Cuando era apenas un cachorro, solía quedarse despierto, esperando la llegada de ese “salvador” a la jungla, porque para él, StorGronne y la jungla de Uzuri eran el mismo lugar. A veces suele preguntarse si su historia habría sido diferente si ese gigante existiera en Uzuri también
Luego tenia pesadillas por la historia, pero cada noche la volvía a pedir, esa y las historias de los glaciares, del gran árbol y de los dragones que dieron conocimiento al mundo.

Mientras continua su escala, recuerda el cómo encontró este nuevo camino que ahora esta considerando no tomar.
Salía de la ciudad rumbo a una de las entradas de la mina, lejos de la vista de curioso, pero podría ser visualizado a cierta distancia. En la ciudad vio sujetos como él, felinos, caninos, incluso pudo ver algunos grandes osos mercadeando con bronce en el mercado de Mirrizbak, pero su misión y curiosidad lo mantenían mas despierto.
Aunque su destino era el bosque, había escuchado otros rumores, que dentro de la mina podría ser que hubiera dragones dormidos. Eso levanto su espíritu y a tener esperanza de asesinar a sus pesadillas. Acariciando su parche, ya había encontrado la entrada más cercana a la mina
Ya era medio día, por lo que el so comenzaba a dejar de iluminar la entrada.
Un par de hombres de ropas ligeras, la tela era casi transparente y sus rostros en barbas negras, se acercaron a mirarle con recelo.

-Nunca habíamos visto a alguien como tú en todos nuestros viajes-decía el más viejo, caminando para inspeccionar la melena blanca y el los adornos tribales-Eres blanco como la nieve que cae en estas montañas.

Su aroma le recordaba a Mashomba Milele, la última región que visito antes de venir aquí a continuar con su búsqueda.

-Ustedes son del desierto ¿Verdad?- Contesto Libaax con un cierto gruñido.

-Si-contesto el más joven, con una barba más negra y corta-Un lugar misterioso, lleno de sol y el bello oasis de Akhdar.

-Ese es el nombre del reino…-dijo dando varios pasos hacia atrás.

Los dos hombres sonrieron con malicia, de entre sus ligeras ropas y en su espalda, desenfundaron dos espadas largas, propias del reino donde decían venir. Seguramente el más viejo trato de buscar algo valioso entre la ropa del león y no encontró más que pelo.

-Mira, mutante asqueroso, estamos muy cerca de la ciudad y no queremos causar una conmoción innecesaria, tu piel debe de ser sumamente cara, ese color blanco es muy único. Nosotros somos dos, tú eres sólo uno, ven con nosotros y te mataremos lentamente.

Ambos hombres atacaron al uni-sonido, sosteniendo sus armas en un intento de atacar sobre los hombros del antropomorfo. Cuando sus espadas iban en medio camino, junto con sus cuerpos, Libaax sostuvo su arma doble acostada de costado a costado.

-Ojala no vieran esto.

Cierro su ojo y respiro suavemente, sintió el cosquilleo de siempre, esa sensación plena que pasa como electricidad en sus venas. Cuendo volvió a mirar la escena las espadas chocaron contra su arma, partiéndose en dos.
Ambos ladrones, al verse desarmados, retroceden para evaluar su estrategia, tiempo suficiente para ser golpeados con fuerza por el arma del león, aun cargada de magia. Lo primero que  escuchó fueron costillas rompiéndose, luego dos gritos ahogados y por último, dos golpes secos contra el suelo.

-Espero tengan una recuperación rápida-susurró para sí, tratando de comportarse como los monjes que le enseñaron ese truco.

Cuando iba a darle la espalda, un pergamino salió de la ropa del más viejo. Ofreciendo aventura y secretos. Llego a la conclusión que Storgronne podría esperar.

El frio a disminuido ligeramente en el punto donde se encuentra, como si el viento haya decidió descansar, haciendo su estancia más agradable. Según la carta, un campamento deberá de ser visible tarde o temprano. El espera que temprano, el día comenzó sin un desayuno.
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Re: El Coro de las Estrellas

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