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Mensaje por Mitsu, el oso el Vie Jun 03, 2011 3:51 am

Diario del explorador Thoar Gendell, páginas 103-105.



Eran tiempos oscuros, tiempos en los que los hombres y mujeres malvados tenían su máximo apogeo, las ciudades ardían con el rojo fuego de la desesperanza, mujeres y niños gritaban y lloraban desolados por doquier, mientras que los hombres sentían como su corazón iba menguando cada vez más hasta desaparecer.

Tiempos duros, en los que luchar por un trozo de pan pasado y mohoso era lo más parecido a tomar una comida, la gente fue degenerando…los que eran buenos y puros de corazón enloquecieron, ya que ni su mente ni su espíritu pudieron asimiliar toda la maldad que emanaba de todos los lugares…ya nadie recordaba la fuente de aquel poder oscuro, quizás algunos demonios poderosos despertaron de su letargo, repartiendo su espantosa aura por doquier en aquella castigada tierra. Muchos sabios tallaron en sus cabezas la posible teoría de que los dioses, profundamente disgustados por toda la ignorancia y estupidez de los seres mal llamados “inteligentes”, maldijeron la tierra dotándola de un poder que oscurecía corazones y destruía la vida.

Tierra muerta, inerte, de un color tan negro como los ojos del diablo más malvado, en la cual no podía crecer nada más que plantas igualmente oscuras, la naturaleza se volvió una maraña retorcida de criaturas demoníacas, adaptadas a vivir en un ambiente de desesperanza y locura, perros otrora fieles transformados en viles canes sedientos de sangre, aves hermosas convertidas en apenas sombras llenas de odio, ¿acaso era el infierno?, no, el infierno quizás solo era un invento para llenar de temor el corazón de gentes débiles y controlarlos fácilmente, esto era real, ya no quedaba ningún rastro de luz en las colinas, ningún niño jugaba contento en los arroyos, los enamorados ya jamás iban a besarse bajo la luz de la luna…ya nunca más.

Sin embargo la inteligencia no sucumbió, quizás no era igual a la que conocemos nosotros, yo mismo, como humano, puedo conocer y conozco, varios tipos de personas…personas tristes…alegres…mezquinas…bondadosas…pero el tipo de “gente” si pensamos llamarla así, que vive en este lugar es totalmente distinto a cualquier de ellas, todas las formas de vida son retorcidas visiones de las razas que pueblan los mundos normales…caballeros o damas que leais este diario…podeis confiar en mi cuando os digo que los humanos se han reducido a simples formas deformes que solo desean carne…dios…que malvadas criaturas, todavía las puedo escuchar arañando el suelo con sus garras mientras avanzan olisqueando el aire con sus torcidas narices…son como animales, inteligentes, sin duda, pues se comunican entre sí con un complejo sistema de gruñidos que yo, como explorador, nunca podré entender.

Otras criaturas degeneraron con mejor suerte…si se puede llamar así, en el tiempo que duró mi corta estancia en el lugar una especie de tribu formada por orcos me acojió, curiosos al verme, ya que, según me contó una especie de chamán, ya no existían criaturas como yo en esas tierras, a estas criaturas les debo toda la información que he recabado, a pesar de ser mucho más toscas que los orcos que conocemos normalmente, poseían una rica cultura tribal basada en leyendas, a partir de las cuales yo interpreto todo lo acontecido en la historia de esta isla, en efecto, me encuentro en una isla, un lugar tan malvado no podía estar conectado a ningún continente…la maldad de esta tierra parece que se extiende a todo lo que toca…eso me incluye a mí, sólo estuve unos días en esta tierra y desde el primer día noté que algo iba mal.

No hay rastro de vida proveniente de la tripulación de mi barco, teníamos programada una expedición hacia una zona supuestamente inexplorada de los mares del sur, sin embargo una extraña tormenta nos desvió del rumbo…el navegante no pudo situarse, ya que sus instrumentos de medida se rompieron en medio de todo el caos, y las estrellas estuvieron ocultas durante noches enteras, lo que nos desorientó definitivamente.

La primera vez que vimos esta isla, nadie se temía lo que iba a ocurrir, desembarcamos por la noche y nada más desembarcar todos pudimos notar el poder maligno de la tierra, ya era extraño que la playa estuviera llena de arena de color…¿negra?, no le di mucha importancia a este echo, ya que era raro, pero ya había visto arena de color negruzco antes, lo que nos resultó mas raro aún fue la falta de vegetación…apenas unos árboles sin hojas y de formas extrañas que nos sobrecojieron en sobremanera.

Uno de los sabios que nos acompañaban…un elfo, estuvo más raro que de costumbre al tomar tierra, simplemente…vomitó, si, es algo asqueroso, pero fue pisar la tierra y empezar a devolver de forma violenta, estuvo débil un rato, así que lo dejamos en la orilla descansando, no podamos sospechar que el elfo era especialmente sensible a la magia maligna de aquel lugar, él mismo quedó demasiado débil como para poder advertirnos del peligro.

Nos adentramos en aquella tierra, los marinos estaban algo inquiertos…no les culpo de nada, yo también estaba así, pero mi deber como explorador era guiarlos, decirles lo que debían hacer y lo que no debían hacer, sin embargo todo era demasiado extraño, no había flores…no había árboles…ni ningún rastro de vida normal, como ya he describido antes.

En una media hora encontramos un riachuelo…bueno, al menos el agua si era normal, bebimos un poco, pues hacia mucho tiempo que no bebíamos agua fresca de manantial…el sabor era extraño, era agua, sin duda, pero su sabor me recordaba vagamente al tabaco negro.

De repente unas…aberraciones aparecieron chillando y gruñendo…sin duda se trataba de aquellas criaturas, humanos degenerados, dioses….luchamos como leones, sin embargo su carne era dura y parecían no tener en cuenta las heridas ni las bajas…rápidamente nos superaron, y…no pude hacer otra cosa que huir…nadie me culparía de ello si viese cómo nuestros muertos y heridos eran devorados vivos, no miré atrás, no pude hacerlo.

Entonces fue cuando mis amigos orcos me encontraron…llorando como si fuera un niño al que le han quitado su juguete, temblando de puro terror…a mi, si, un hombre de ya 50 años que ha visto cosas capaces de helaros vuestros corazones y embotar vuestras mentes, quisieron ayudarme, pero tardé más de un dia en poder hablar sin sollozar entrecortadamente, ellos me ayudaron a volver a mi barco…me permitieron vivir para escribir este diario de abordo, volvemos con la décima parte de la tripulación original.

Las ultimas líneas de este diario las escribo con lágrimas en los ojos…estas son las últimas gotas de tinta que le quedan a mi pluma, y las empleo para escribir un nombre…un nombre que se repite en mi cabeza todos los días…me atormenta con espantosas pesadillas, y ya nunca seré el mismo, este nombre es…

Nordregth, la tierra maldita.
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