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Mensaje por Xenagos el Sáb Sep 19, 2015 6:33 pm

EL ESCLAVO SIN SU VOZ


Alojamiento, comida y unas provisiones no están nada mal por una noche de de cante. Pensó el sátiro mientras caminaba hacia el siguiente pueblo. 
Era ya media mañana y le había dicho el posadero que el siguiente pueblo era Avellano y estaba a medio día por el camino. Miró al cielo, el cuál descubrió que no tenía ni una nube, y se puso a silbar las melodías que tocaría en Avellano.

Ya estaba oscureciendo y al fondo, entre la espesura, se  divisaba unas luces y unas cortinillas de humo que salían de las chimeneas de las casas.
Que empiece la función. Dijo en un susurro Xenagos. Entró en el pueblo, los niños jugaban al pilla pilla y otros juegos similares. Los adultos andaban conversando y caminando a sus casas o a la taberna. Por lo que vió todos parecían humanos. El pueblo era grande, tenía casas a los lados de la calle principal y a lo lejos, a lo que Xenagos se le antojaba el centro del pueblo, parecía estar una gran posada de varios pisos.
Señoras y señores niños y niñas gentes de todas las razas ya lleguó el Gran Xenagos Cuttier. Gritó varias veces Xenagos con voz alegre para que la gente le mirase y sobretodo los niños se le fueran acercando, ya que si los niños se acercan y se divierten luego los padres son mas agredecidos en las propinas, además el pueblo entero se enteraría en nada.
Una vez presentado sacó la flauta y se puso a tocar las melodias que por el camino fué silbando. En nada una multitud de niños y adultos miraban y bailaban al son de la música. El sátiro sacó un par de telas de su macuto las cuales eran las que utilizaba para como taparrabos, aun que desplegadas no lo pareciesen y las puso en el suelo para que la gente le fuera echando monedas.
La gente disfrutaba y Xenagos bailaba y tocaba. Una vez terminada la melodía se dispuso a decir unas palabras.
-Buenas gentes de Avellano hoy tocaré en la taberna del pueblo y en un rato, para los niños, contaré la historia de Dugg y el dragón de 2 cabezas. Dicho esto recogió sus cosas excepto la flauta que siguió tocando hasta que llegó a la taberna.
La taberna era grande y tenía incluso establo el cuál ahora mismo parecía lleno. Los padres empezaron a llamar a los niños para que fueran ha cenar y así luego poder ir a escuchar la historia. Xenagos abrió la puerta y miró el ambiente, el espacio y la gente. Había bastante espacio para esta noche, ahora mismo no había mucha gente y los únicos que estaban eran seis humanos bebiendo alrededor de una mesa mientras echaban una partida a las cartas. Parecían tramperos.
-Oh bienvenido nuestro pequeño amiguito, que es lo que desea. Le abordó el tabernero. Xenagos lo miró con una sonrisa, el hombre era alto de unos 45 años, aunque quién sabe, moreno con un frondoso bigote, llevaba un delantal gris.
-Hola me llamo Xenagos Cuttier y soy un bardo. Me acabo de anunciar en el pueblo y bueno quisiera saber si podríamos llegar a un acuerdo por tocar hoy en su posada. Dijo alegrermente.
-Oh un pequeño bardo. - Dijo ofreciendo asiento al sátiro. Alojamiento, cena y desayuno y te quedas con todas las monedas que te echen. Le ofreció el tabernero y le tendió la mano en señal de si había acuerdo.
-Me parece bien. Dijo el sátiro estrechandole la mano. -Ponme de cenar que en un rato saldré para anunciar que contaré el cuento que les acabo de prometer y luego estaré la noche aquí.  El posadero asintió y se fué a traerle la cena. -Agua del tiempo, por favor. Dijo al camarero antes de que desapareciese por la cocina.
Mientras esperaba, se puso a colocar su macuto. El camarero apareció con el agua, un pequeño pan, tenedor cuchillo y un buen muslo de pollo asado con patatas asadas.
-Que aproveche. Dijo el posadero.
-Muchas gracias. Respondió, mientras se relamía. Xenagos comió tranquilamente. Cuando ya estaba terminando empezo a llegar gente a la taberna. Xenagos apuró lo que le quedaba, se limpió y... empezó la función.
Xenagos se puso en el medio y empezo a contar batallitas para deleitar a la gente y esperar a los que llegasen más tarde. Cuando ya parecía que no venía nadie más empezo a contar la historia. La taberna estaba en silencio mientras Xenagos contaba la historia. Los niños estaban embobados. y los adultos esperando a que terminase para que empezaran los bailes.
- Y así Dugg cortó una cabeza del dragón y la otra cabeza se lo comió. Y ahora el Dragón vaga por los cielos llorando por su cabeza perdida. Terminó la historia y la gente empezó ha aplaudir y las monedas fueron volando hacía su mesa y haciendo reverencias Xenagos empezo a cantar y a tocar. Niños y adultos bailaban, bebían y aplaudían. Según avanzaba la noche, los niños fueron a sus casas a dormir y algunos adultos seguían con el jolgorio.
Ya de madrugada la mayoría de la gente se fué a dormir y Xenagos empezó a recoger sus pertenencias. El posadero enseñó la habitación al sátiro.
-Ha sido una buena fiesta jojoj. Dijo el posadero mientras reía.
-Si que lo fué. Respondió Xenagos con inusual entusisamo, inusual porque llevaba toda la noche cantando.- ¿A media mañana me podría despertar si no me he levantado? Preguntó al posadero.
-Por supuesto. Dijo aún riendo el posadero mientras ya cerraba la puerta de la habitación.
Xenagos se echó a dormir y se durmió en el instante.

A una hora de que amaneciese, Xenagos dormía profundamente. La puerta se abrió sigilosamente y un hombre ataviado de negro entró y roció a xenagos con un polvo en la cara. El hombre metió en un saco a Xenagos el cual no se despertó y cogió todas las pertenencias.

Xenagos despertó en un carro atado por unas cuerdas de pies y manos. No entendía nada, el se acostó en la taberna, ¿qué hacía en un carro y atado?. Intento incorporarse y ver mejor la situación y si había alguien, tambien intento librarse de sus ataduras.
-Vaya, vaya. El cantante durmiente se ha despertado. Dijo una voz mientras se reía.
-Quién eres, donde estoy, porque estoy atado. Preguntó nervioso.
-Umm vaya que preguntón. Dijo la voz con voz burlona. Soy Cristheter, estas fuera del Bosque De Silvide y estás atado por que vamos en dirección a un campamento de esclavos y pienso venderte. Dijo riendo el tal Cristheter.
Xenagos quedó atónito, intentando ver si de verdad había salido de Silvide pero el carro estaba cubierto y el en el suelo rodeado de su mercancía.
-Tienes una bonita voz, seguro que me pagan una buena suma de dinero. Y siguió riendose. Xenagos estaba muy nervioso, ¿esclavo? no eso ni hablar.
-Socorro. Empezo a chillar el prisonero nervioso.
-Cállate. Ordenó en alto el esclavista. pero xenagos siguió pidiendo auxilio.- Demur ponle algo en la boca para que se calle y metele en una jaula. 
Xenagos vió a un hombre ataviado de negro que se acercaba. Era alto y llevaba un pañuelo en la cara apenas se le veían los ojos.cogió prisionero y le colocó un pañuelo para que se callara. Xenagos no pudo poner resistencia. El hombre le metió en una jaula a la cuál puso una manta por encima. que cubrió la jaula entera. Xenagos no podía hacer nada.
Pasaron días, pero para el eran semanas. Le daban algo de comer y beber de vez en cuando. Para Xenagos la jaula era su infierno. Sólo las canciones en su cabeza le entretenian. Cada día estaba más deprimido, todo lo positivo ahora era negativo, ya no veía esperanza en su vida.
En ocasiones escuchaba la voz de otros esclavizados. Pedían socorro y los amordazaban, otros sollozaban y los que peor se portaban recibian palizas y Xenagos seguía inmóvil. En algun momento de lucidez se preguntaba porque no intentaba luchar para salir, que debía hacer algo... pero los momentos de flaqueza y desesperanza eran continuos...
Un día mientras dormía un ruido le despertó. De repente se empezaron a escuchar gritos y espadas entrechocar. Parecia una lucha. Había un gran rebuelo afuera y explosiones y fuego tambien se oían. La batalla no duró mucho.
Unas voces armoniosas, que no se parecían en nada a las de los hombres del esclavista, se escuchaban, parecían buscar a alguien en particular. Alguien quitó la sábana de la jaula. Xenagos cerró los ojos al ver la luz y mientras se habituaban, pudo ver  una figura con alas. Un Divium joven era el que la había destapado. Enseguida quito el candado con un hecchizo de fuego derritiendolo y le desató. 
Una vez desatado y viendo que excepto por unos rasguños el sátiro no estaba mal del todo se fue a otra jaula.
Xenagos empezaba a entrar en razón, se intentaba mover pero se caía, demasiado tiempo sin moverse. Le dolía todo pero lo volvío a intentar, y se volvió a caer, y otra vez arriba, y otra más, así hasta que pudo andar. En sus caidas al suelo encontró en el carro en el que el estaba su pertenencias. 
Lo cogió todo y se bajó del carro.
Una avanzada de Diviums buscaba y destruía los carros, los cuerpos de los esclavistas estaban en el suelo, muertos todos.
Había unas treinta personas liberadas de muchas razas distintas. Todos se reunieron entorno a un grupo de diviums que parecían impartir ordenes.
- Hola a todos. Dijo el Divium que mandaba.- Somos un grupo de asalto divium y vinimos porque habían capturado a uno de los nuestros. Todos sois libres de ir donde querais. Hay provisiones mas que de sobra para todos. Cogedlas e id hacia el Este, allí se encuentra a menos de un día el pueblo más cercano. Estáis en los montes Keybak a dos días de la ciudad Mirrizbak al Norte. Suerte. Y dicho esto se fueron volando. Xenagos los vió alejarse.
La mayoría de los liberados fueron a los carros a coger las provisiones y lo que quiseran saquear. Xenagos cogió viveres y agua ya que se le habían puesto malos los suyos y sin mirar para los carros ni los refugiados... ando solo hacía el Norte a la Gran Ciudad.
Después de un rato caminando sacó su flauta y la tocó. Lloró de alegría.
Aún me duele la boca. Pensó con una sonrisa. Y empezó a silbar pensando para sí una canción para los Divium salvadores.


Pon música en tu vida!

Ficha:

 [ http://www.cuentosdenoreth.net/t6011-xenagos-cuttier ]
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El esclavo sin su voz Empty Re: El esclavo sin su voz

Mensaje por Señorita X el Dom Sep 20, 2015 9:23 pm

A mi parecer, está bien, aunque puede mejorarse, y le refiero algunos ejemplos.

Cuando su personaje pedía Socorro, en lugar de ponerlio así, podría mejorarlo rodeándolo de exclamaciones "¡Socorro!"

Y cuando se hacen preguntas, se recomienda incluir sus signos "¿Quién soy? ¿Dónde estoy?"

Y como broche final, y a modo de recomendación, le recomiendo que cuando se sume en pensamientos del personaje en sí, agruege signos de puntuación, tales como guiones, o le cambie el estilo, ya sea el color, ponerlo en cursiva, negrita, o como usted guste.

Por otro lado, aunque se ha dispersado un poco al principio acerca de lo que se le pedía en el hijra, me parece válido. Le daré color, no sin antes modificarle algo en la ficha que he estado discutiendo con el resto del Staff. Se lo indicaré en la ficha

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