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Pelajes y monedas

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Pelajes y monedas

Mensaje por Sibbald Kaba el Mar Sep 22, 2015 7:48 pm

.-Pelajes y monedas-.






Divia era un lugar peligroso.

La gente saludaba por la calle, se daban los buenos días unos a otros al cruzarse, incluso los tipos más masculinos se encerraban en amigables abrazos mientras se preguntaban qué tal iba el trabajo. Los niños por su parte correteaban por todas partes jugando alegremente a “caballeros y princesas”, y se disculpaban con educación al tropezar con algún desconocido, con la más pura inocencia reflejada en sus rostros.

No se veían grupos de viejas chismosas despellejando a sus vecinos en sus pequeños aquelarres; en su lugar se sentaban plácidamente bajo la ventana comiendo fruta y compartiendo algún gajo con los pequeñuelos.

Y las muchachas… Oh, las muchachas eran tímidas y recatadas como corderitos, como princesas enclaustradas en sus torres con una curiosidad insaciable por los secretos del resto del mundo fuera de las paredes de su villa. No era sorprendente que muchas de ellas cayeran hechizadas por los aventureros.

Divia realmente era una trampa. Una telaraña para viajeros. Un agujero de felicidad que dominaba las mentes de todos aquellos que ponían sus pies en ella, y las llenaba de extraños deseos cómo “construir una casa, casarse y formar una familia…”.

Sibbald lo había sufrido en sus propias carnes, y aunque el día de colgar el sombrero y guardar las riendas de Priya todavía era muy lejano, este lugar tenía ese “algo” especial. Cuando el momento llegara, tal vez se plantearía volver allí a pasar el resto de sus días.

Pero por ahora los negocios que tenía entre manos eran más importantes.

“¡Condenada Divia y su Festival anual de la Cosecha!” maldijo en silencio el mercader.

Cuando Sib había comentado a su llegada que solo estaba de paso y que pensaba partir al amanecer, todos a su alrededor se volvieron locos. Por lo visto cada año, para celebrar la buena temporada de cosechas, los pueblerinos organizan una fiesta que dura cinco días enteros; bebida, baile, espectáculos, diversión... Y como el muchacho había llegado al anochecer del cuarto día, se vio rodeado de una jauría de alegres parroquianos que le instaron a quedarse hasta que el festival terminara. Se habría negado en rotundo, pero las siete copas de licor que se había tomado y los sugerentes escotes de las mozas le envenenaron la mente…

Y así se pasó el resto de la noche bailando junto a la multitud en torno a las hogueras, el resto del día siguiente bebiendo y comiendo en los festines de despedida, y toda la tarde hasta bien entrada la madrugada danzando y riendo de forma frívola con gente que no conocía de nada y de la cual casi ni se acordaba.

Y de ese modo llegaba a su situación actual, con un retraso enorme en la entrega de las pieles de marta. Y si aquel negocio no salía bien, podía olvidarse de sacar beneficios de Erenmios durante una buena temporada…

Como medida de emergencia le había pagado un par de monedas de plata a un muchacho para que recorriera toda la villa rápidamente y extendiera la noticia de que el comerciante necesitaba de escolta para atravesar el bosque de Mesmes, que era un atajo perfecto hasta Erenmios. Se sabía que en los últimos meses varios viajeros con la misma idea habían sido asaltados y saqueados, de modo que esta era la única forma en la que su mercancía podía llegar a tiempo.

Tal y como le había dicho al niño que hiciera saber a los interesados, el comerciante esperaba pacientemente en la entrada de la villa a cualquier voluntario, los brazos cruzados y la mirada perdida entre la multitud.

-Es el Festival de la Cosecha, seguro que no soy el único viajero al que han embaucado con alcohol y senos -Priya a su lado se sacudió el pelaje y le dedicó una mirada de soslayo- ¡N..No me mires así, seguro que viene alguien!




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Sibbald Kaba

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Re: Pelajes y monedas

Mensaje por Zeena Samaha el Jue Sep 24, 2015 2:50 pm

[OFF] Asco de cierre de sesión. Tochopost en el movil en un rato muerto y se me va por la expiración de sesión. A reescribirlo

[ON]

El barco había arribado a Thonomer en el día de hoy, esperando reaprovisionarse y recargar la moral de la tripulación. Pero yo, por una u otra razón, no deseaba mantenerme con ellos, y tras pedir permiso al capitán para irme unos días a descansar por mi cuenta, éste me respondió.

Iremos en 7 días a Erinmios. No dudaré en que estarás allí cuando lleguemos, así que tienes mi permiso para tomarte un tiempo de calma para ti sola. Nos veremos pronto

Repuso éste antes de que yo me marchara de su lado, del barco, y de la tripulación.

Sabía perfectamente que volvería, pues la mayor parte de mi dinero y mis pertenencias seguían allí. Tan sólo venían conmigo una humilde y ligera bolsa de monedas y mis pistolas, además de mi atuendo. y mi bolso con los avíos del tabaco y de la pistola. Faltaban mis instrumentos importantes, y todo lo que me había ganado por derecho.

Por supuesto que volvería. Pero no era la primera vez que me planteaba el no volver, y alejarme de todos ellos. De mi capitán, del navío y de la tripulación que siempre estaba a mi alrededor. Los odiaba, pero ¿por qué me mantenía con ellos? Aún no lo tenía del todo claro.
En parte, tenía razón de sobra para odiarles, pero por otro lado ¿qué podría hacer? Apenas sabía vivir por mí misma actualmente. Además, pronto el barco sería mío, o eso intuía, cuando el capitán muriera. Y no iba a dejar que una oportunidad así se perdiera. Empezar de 0 sola no sería nada fácil. Así que era cuestión de intentar aguantar un poco. Sólo un poco más.

En un incierto rumbo que tomé alrededor de la plaza central de la ciudad, rumores acerca de una fiesta en una aldea no muy lejos de aquí llegaban hasta mis oidos. Hablaban de bellas féminas, comida excelente, bebida abundante y apuestos jóvenes en busca de señoritas a las que seducir. Y no en pocas conversaciones se cruzaron tan positivas palabras. Apenas quedaba un día de los festivales, así que ¿Por qué no?

¿Qué tengo que perder?

Así que marché de la ciudad de Thonomer, pero en cuanto salí de la ciudad, me di cuenta de un detalle. No sabía cómo ir, ni donde se encontraba.

Desandé mis pasos hasta la plaza central de la ciudad, y me aproximé a un mercader de cubertería, un hombrecillo con ojos ávidos de dinero, que se mantenía con las manos juntas, estrechándoselas a sí mismo, viendo a la gente pasar, hasta que me vió acercarme a mí, en cuyo momento, sus ojos parecieron iluminarse.

Disculpe, señor. ¿Podría indicarme cómo ir a la aldea de Divia?

La expresión de aquel hombre pareció decaer, y tras un largo suspiro, habló casi para sí mismo.

Está hacia el oeste, a pocas horas de aquí. Procura ir en dirección a la costa, te será más fácil...

El hombre respondió con pesadumbre, y para recompensarle la información le largué apenas unas 10 monedas de cobre. No podía derrochar el poco dinero que tenía, pues tan solo tenía 1 moneda de oro, 5 de plata y 30 de cobre.

El hombre agradeció con un gesto de cabeza, y me marché de la plaza, marchando hacia las puertas de la ciudad.

Al atravesar las puertas me vi envuelta en una espesura boscosa, con apenas un amplio camino de polvo extendiéndose ante mis ojos. Agradecía que fuera de día y que el camino estuviera frente a mí, porque mis dotes de la orientación en tierra durante el día eran nefastas. Sólo podía saber dónde estaba el norte, pero la geografía Norethiana se escapaba a mi conocimiento, aunque supiera posicionarme. Y además, para más inri, me faltaban los instrumentos adecuados para asegurarme una posición clara. Al menos durante la noche era todo más sencillo.

El camino discurría entre un denso bosque, que si bien de día estaba iluminado y lleno de vida, por la noche debía ser cuanto menos tenebroso y siniestro. Apenas se podía ver nada al otro lado de la capa de hojas y troncos que me rodeaban, y eso me daba una sensación de encierro que no me gustaba. Cualquiera podría acercarse y yo no le vería, más aún por el lado del parche.

Sin embargo, a las pocas horas, el griterío de la gente anunciaba que iba por el camino correcto.

La entrada de la aldea estaba plagada de gente de diferentes edades.

Las féminas llevaban vestidos ajustados por el tronco y sueltos por las piernas, de manera que resaltaban sus bellos atributos. Llevaban peinados diferentes, y sus cabellos los adornaban con flores, tan vivas como los vestidos que llevaban. Por otro lado, los hombres vestían ropajes coloridos y llamativos, y flores en sus camisas, seguramente para llamar la atención de las muchachas. Los niños y los ancianos vestían con ropajes normales, aunque no por ello parecían menos felices. Los niños iban y venían correteando, jugando entre sí, mientras que los ancianos se sentaban a observar a la juventud divertirse.

Era sin lugar a dudas un lugar de ensueño para olvidarse de según qué asuntos. Y la enorme cantidad de sonrisas, a pesar de mi falta de empatía, acababa por contagiarse, aunque fuera con recelo. Quién sabía si alguno albergaba malas intenciones. Pero la cosa cambió en cuanto las sonrisas llevaron a la abundante bebida alcohólica que se servía en las amplias barras que se habían montado en la plaza del pueblo. Y una cosa llevó a la otra. Las sonrisas a la bebida. La bebida a la apertura para relacionarse. Y la apertura para relacionarse a conocer a la gente y conversar, y de ahí pasaron a "conversaciones íntimas". O eso quiero pensar


Mi recapitulación empezó cuando desperté bajo unas suaves sábanas que acariciaban mi piel desnuda, cubiertas por una pesada manta. Veía una ventana por donde penetraba la luz del sol, que caía sobre mi rostro, sobre mis dos ojos. El ojo morado siempre estaba sensible a la luz, y no pude evitar taparme la cara con las manos cuando derramó su luz sobre mí. Todo parecía normal. Seguramente anoche acabara bebiendo tanto que buscara una posada donde alojarme y dormir agradablemente. Pero mi idea cambió en cuanto miré a un lado.

Una larga cabellera azabache, de intrincados rizos que se enredaban con mis cabellos blanquecinos, se esparcía por encima de la almohada, las sábanas y sobre mi piel. Bajo aquella mata densa y poblada de preciosos cabellos morenos se encontraba una piel aceitunada, tostada por la cantida de horas de sol que habría debido recibir, y brillaba levemente por el sudor. Un olor inundaba la sala, que invitaba a aproximarme al dueño o dueña de aquel cuerpo, para no irme, pero agité la cabeza a un lado y a otro. No podía dejar que las feromonas dominaran mi mente, por muy apetecibles que éstas fueran.

Sin embargo, aquella persona se giró hacia mí, para mi sorpresa, mientras tenía un profundo sueño.

Unos hermosos y prominentes senos asomaban por debajo de las sábanas, que acabaron por posarse sobre mi brazo. Los rizos caían por encima del rostro de su dueña, cubriendo apenas sus párpados, y parte de sus rojizos labios carnosos. Su piel aceitunada eran apenas un complemento para tan bello cuadro que era su rostor.

Me di cuenta de que estaba tan quieta que ni siquiera respiraba. Sólo podía oir las pulsaciones de mi corazón palpitando cada vez más deprisa. Sabía que esto significaba algo, y no precisamente poco, en el interior de mi cabeza. Salí de debajo de las cálidas sábanas, y me alejé de aquel cuerpo bello y precioso, con el corazón engocido en un puño.

Tomé mis ropajes, que estaban tirados de cualquier manera sobre una cómoda de madera, y tras vestir la ropa y el cinturón de mis pistolas, me puse el sombrero y mis botas y me marché de aquella sala, dejando atrás ese olor atrayente. Caminaba por la casa con el mayor silencio posible. ¿Cómo era posible que acabara..? Sabía que suponía un cambio grande en mi vida, pero no sabía hasta qué punto.En mi cabeza sabía que sí que lo iba a ser. Pero ahora no era momento para pensarlo. Tenía que salir de allí, procurando no ser vista.

Cuando salí a la calle, una exhalación se chocó contra mi pecho, y tras unos segundos sin moverse, retrocedió un chico con el rostro sonrojado, y la mirada inquieta.

Disculpe señorita... No le había visto. Estaba buscando gente para escoltar y..

Le puse un dedo en los labios, con una expresión aparentemente severa. Pero más que severa, era asustada, sorprendida, y desconcertada por todo lo ocurrido.

¿Dices que alguien necesita escolta?¿A dónde se dirige?

A Erinmios, señorita. Pero...

Shhh.... Si me dices dónde está, no me voy a enfadar contigo...

En realidad no estaba enfadada, pero el muchacho parecía avergonzado. Mi cabeza aún andaba en otra parte. Pero el chico asintió tragando saliva y me dirigió a la entrada de la aldea.

Mis pasos me llevaron hasta allí, donde me encontré a un hombre de alta estatura, que vestía unos extraños ropajes de colores y un sombrero y máscara que tapaba su cara. EStaba acompañado de su carro y de... ¿Qué animal era ese? No tenía ni la menor idea.

Todavía con la cabeza ida, me acerqué a aquel hombre, y me dispuse frente a él, para lo que tuve que alzar la mirada para poder mirar donde estarían sus ojos.

Disculpa. Me han dicho que necesitas escolta...¿Te sirvo como escolta?

Repuse aún inquieta por lo ocurrido. Estaba segura de que los hechos de hoy cambiarían mi vida para siempre. Tendría que pararme a pensar más tarde en qué era lo que había ocurrido, y quién era esa mujer. Quizás debiera buscar en otra ocasión respuestas al respecto.


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Zeena Samaha

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Re: Pelajes y monedas

Mensaje por Xenagos el Jue Sep 24, 2015 10:25 pm

"La festividad de la cosecha es muy divertida". Pensó el bardo mientras se desperezaba y se levantaba de la cama.
Llevaba 4 días de fiesta, descansando un un poco por las mañanas y el resto del día no paraba de tocar y cantar, reir, beber y todo lo que quisiera hacer. Además había amasado una buena suma de dinero aunque mas de la mitad se le había ido ya en alcohol, estancia y comer. La fiesta de la cosecha era lo mejor, pero era una pena que no le hubiesen contratado ni a el ni a ningún bardo, aunque las propinas eran más que suculentas.

Una vez levantado, vestido y hecho sus necesidades bajo de la habitacion a la posada a desayunar. Pidió huevos de oca con bacon. Una vez terminado pagó y salió para afuera a seguir con la fiesta.

Xenagos cantó toda el día, contó cuentos a la tarde y en la última noche lo dió todo con su flauta. La gente bailaba, los pequeños corrian de aquí para haya y los ancianos estaban mas atentos a la música y bailes.

Mientras tocaba una balada del libro de su maestro vió una cara familiar,una mujer de tez blanca, pelo blanco  y orejas puntiagudas, albina con un parche en un ojo... 
-¡Zennaaaa!. Gritó Xenagos, pero era casi imposible que le escuchara, había muchísima gente entre medias y había un gran griterío. Xenagos cogió sus pertenencias y salió en dirección a donde la vió, pero ya no estaba.

"Que hace una chica tan seria como ella en un sitio como este. ¿y se estaba besando con esa chica?". Pensó para si mismo y esbozando una sonrisa se le ocurrió que a todo el mundo de vez en cuando le hace falta soltarse un poquito la melena. Se fué para su rincón y siguió tocando aunque má atento para ver si se encontraba con su antigua compañera de... ejem... fechorías.

La fiesta se iba acabando y Xenagos fué de los últimos en abandonar el día de hoy. Fué para la taberna y se echó a dormir. Antes de dormirse por completo pensó en si volvería a ver a Zeena. A él por lo menos le caía bien.

La luz entreba ya por la ventana, peró no le daba a Xenagos, lo cierto es que había dormido muy mal ya que los inquilinas de al lado se estaban dando una buena fiesta ya que no pararon de gemir en toda la noche, o lo que quedaba de ella, aunque no le importaba demasiado ya que había visitado a los Divium antes y conocía lo... como decirlo... lo sexualmente activos que eran entre todos ellos por igual.

A casi medio día Xenagos se despertó. Aunque medio dormido, aún recordaba la noche y lo increíble que fué. Se levantó recogió todo como cada día pero con la diferencia de que ya se iba. Otros pueblos le esperaban. Bajó y comió pan con jamón. Se despidió del tabernero y le pagó. Ya podía marcharse. Mientras se despedía del tabernero una mujer humana entró por la puerta de la taberna. Tenía el pelo azabache y estaba de muy buen ver, aunque a Xenagos no le interesaban las mujeres de otras razas. La chica fué ha hablar con el tabernero al cuál ya había dejado sólo aunque me pusé a una distancia para oir la conversación ya que la mujer me resultaba familiar, cómo si la hubiese visto. La humana le preguntó si había estado aquí una elfa con el pelo blanco, parecía preocupada, el cuál le respondió que no.
El bardo sguió su camino, ya sabía quién era esa chica, la mujer que iba agarrada con Zeena.
"Zeena, Zeena, eres toda una rompecorazones". Pensaba Xenagos mientras ladeaba la cabeza con una enorme sonrisa en la boca.
Mientras caminaba a la salida del pueblo para dirigirse al siguiente, el cuál era Erimnios un niño iba pregonando por la calle que un mercader buscaba guardaespaldas para dirigirse por Erimnios, por el camino del bosque. Xenagos sabía que desde hace unas semanas un grupo de bandidos estaban escondidos en él.
Xenagos fué a curiosear y al doblar la esquina vió al mercader hablando con una mujer de pelo blanco. " Zeena de nuevo y piensa aceptar el empleo..." pensó el satiro con una sonrisa picarona. Sin más se dirigió hacia ellos con el sentimiento de que una nueva aventura se le venía encima.


Pon música en tu vida!

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Re: Pelajes y monedas

Mensaje por Anwed Kared el Vie Sep 25, 2015 9:33 pm

El gran paño de la noche se había puesto en nuestros cielos, la luna en todo su esplendor había salido a lo más alto y estaba mostrando su mejor brillo. Habría que especificar que aunque la noche estaba hecha para dormir, el joven de pelos plateados, le encantaba salir de noche. Había terminado su misión satisfactoriamente y su cuerpo le pedía movimiento, le pedía mecerse con el aire que tanto le gustaba. Había recordado en aquella taberna, cabe decir que era un clan de cazadores, pero para él era más que un bar de amigos y familiares. Le habían comentado sobre la festividad de la cosecha que había en una determinada ciudad. La curiosidad le invadió por todo su cuerpo y aprovecho esa noche para ir hacía allí.

Se había transformado en aquel ser, en aquel animal que tanto le gustaba. Pasó de ser un joven de pelo plateado a un majestuoso halcón. Posó su mirada ante la inmensa luna y levanto el vuelo. Le encantaba aquella sensación cuando pasaba el viento por cada pluma. Era maravilloso pero el follaje de aquel bosque desde las alturas. Mientras que estaba disfrutando de aquellas vistas puso marcha hasta aquella festividad. No sería un camino rápido pero sí entretenido.

Durante el camino había realizado varias paradas para su descanso, pero por fin había llegado. Como era costumbre desde su posición de Halcón daba una vuelta por toda la ciudad para realizar un reconocimiento, lo hacía para cuando estaba por tierra saber por dónde moverse e identificar si había algún problema. Una vea que lo había visto decidió bajar hasta tierra y volver a su aspecto humano. Como era costumbre se tapaba con la capa para ocultar su cara, aunque si hablaba con alguien la levantaba lo justo para que solo se le viese la cara y siempre ocultar su pelo.

El ambiente de aquel lugar era muy festivo, todos los ciudadanos estaban involucrados en aquella festividad de alguna u otra forma. Sus ropajes eran muy coloridos y además las féminas iban muy bien vestidas y además eran fácil traer un barón hacía ellas. Aquel entorno te invitaba a bailar, a sonreír y a pasártelo bien. Anwed le gustaba la marcha pero ese aspecto siempre se lo guardada para su soledad o bajo la confianza de aquellos que él había elegido. Fue paseando por aquellas callejuelas e iba disfrutando de aquellos graciosos juglares, algunos cantaban otros te recitaban poesías. Disfrutó de aquel ambiente durante un largo periodo de tiempo pero su cuerpo empezó a notar el cansancio que le había producido el viaje y le estaba pidiendo a gritos su descanso.

Se acercó a la posada que había divisado momentos anteriores y además que era muy frecuentada. Una vez en aquella posada decidió tomarse unas copas mientras observaba el gentío disfrutando. Se notaba la fiesta porque la bebida corría de un lado a otro apoyada en aquellas bandejas y además las personas que había allí se lo pasaban de lo mejor, aunque había que decir que la mayoría se habían pasado bebiendo. Podías ver como en un rincón varios hombretones se echaban pulsos para ver quién era más fuerte, por otro lado varias mujeres bailando y otras… besándose. Era todo un espectáculo pero su cuerpo le pedía un descanso, fue directo hacía los aposentos que le habían indicado. Su cansancio era tan grande que cayó en un profundo sueño, estaba tan cómodo que no escuchó ningún ruido.

Se despertó en el amanecer del siguiente día, con las fuerzas totalmente revitalizadas. Bajó hacía aquella barra para saldar todas sus deudas y así abandonar aquel lugar. Una vez que había salido fuera se fijó como un joven gritaba una información que le interesaba. Se acercó a aquel joven para hablarle. – Puedes repetir lo que has dicho pero más despacio y más claro. – El joven se había quedado parado por un momento tras ver a una persona con una capucha que no veía.- Un hombre me ha indicado que necesita unos escoltas para ayudarle a transportar una mercancía. – Tras quedarse pensando durante unos instantes le respondió. – Vale, gracias por la información. No hace falta que busques a nadie más, porque yo me voy a encargar.

Una vez que le había dicho dio media vuelta y fue directamente hacía el lugar que había indicado aquel joven. A lo lejos podía divisar lo que era un hombre de alta estatura y algo delgado. Después se fijó que había dos jóvenes junto a él. No sabía si todos eran amigos y buscaban ellos a un escolta o es que varios de ellos lo eran. Así que se dirigió al hombre que le habían descrito. – Buenas, vengo interesado sobre el trabajo de escolta. Estoy bastante interesado. – Cuando dijo eso se levantó un poco la capa para dejar ver su cara, pero seguía ocultando su cabellera.


Ω El halcón fue el primero en planear en las alturas para saludar al sol, y sus agudos chillidos resonaron en las paredes de roca y en los barrancos, en los ásperos despeñaderos entre los que corría espumante. Ω
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Re: Pelajes y monedas

Mensaje por Sibbald Kaba el Lun Sep 28, 2015 7:49 pm

OFF:
Perdonad la tardanza, se me han juntado varios trabajos para un mismo día...

[ON]

El tiempo volaba y la idea de partir en solitario parecía cada vez más cercana a la realidad. Depositar su futuro en las manos aquel muchacho ahora le parecía la mayor idiotez que había hecho en los últimos meses. Pero estaba desesperado, aunque sus gestos no lo delataran.

Habían pasado unos treinta minutos desde que el chico había salido corriendo hacia las tripas de la ciudad y todavía nadie se le había acercado para preguntar por el encargo. Priya se movía constantemente, aburrida, y ocasionalmente se volvía para morder el adorno emplumado de su dueño, que esperaba recostado contra su lomo.

-¡Quita! -le apartó el morro con la mano, sacudiendo las plumas de su sombrero- ¡me vas a llenar de babas!

La camella levantó el labio superior enseñando toda una fila de dientes en lo que irónicamente parecía una sonrisa. A veces realmente le daba la sensación de que el animal entendía todo lo que le decía. Era un pensamiento bastante tonto, y solitario a la vez.

Sib volvió a recostarse sobre su lomo sin regañarla mucho más, ya estaba bastante acostumbrado a esa situación, y técnicamente era culpa suya que estuvieran retrasados en su encargo. De modo que se lo aceptó como una especie de castigo divino.



Casi una hora después, cuando Sibbald ya empezaba a quedarse durmiendo contra el cálido pelaje de su montura, una voz le sacó de su somnolencia. Con suerte algún mercenario buscando trabajo.

Su mirada se centró de nuevo con el gentío de Divia moviéndose como un rebaño por las calles. Giró varias veces la cabeza buscando a quien sea que le hubiese hablado, algo confuso, sin ver a nadie. Hasta que fue a bajar la cabeza y se topó con un enorme ojo de un rojo brillante, mirándole fijamente y esperando una respuesta.

Era una chica de corta estatura, de larga melena nívea y piel a juego.

-Oh, buenos días señorita -dijo tras quedarse sin aliento momentaneamente- ¿te interesa el trabajo?

Si mal no había oído, la muchacha había preguntado inmediatamente por el encargo, a lo que Sib arqueó una ceja en respuesta. La joven vestía una camisa blanca con un encaje de adorno, chaqueta negra, pantalones ceñidos y botas de piel bastante comunes; aunque lo que más llamaba la atención eran el tricornio y el parche que ocultaba su ojo izquierdo.

El parche podía atribuirse a algún encuentro desafortunado o a una vieja dolencia, pero el tricornio era indistinguiblemente propio de marinos. Navegar los mares debía ser difícil para una chica tan pálida, el sol puede ser extremadamente cruel en ciertas épocas del año.

No sabía como explicarlo, pero se sentía algo culpable por aceptar la ayuda de la joven. No es que la gente "pequeña" sea menos apta para ese tipo de trabajo, pero es que tenía un aspecto tan delicado como el de la hija de una familia noble. Aún así, la intensidad de su mirada era como la de un cazador en la sabana, la mirada de alguien que ha luchado por su vida más de una vez.

-Nos asaltarán por el camino, es un hecho, y tendremos que defendernos -se aseguró de mencionar, por si acaso el niño no lo había dejado claro a causa de las prisas- si estás dispuesta a ello, te pagaré tan pronto como termine mi negocio en Erenmios; 15% si al final lo conseguimos pacíficamente, 25 si tenemos que sacar las garras- le ofreció la mano para cerrar el acuerdo- ¿hay trato?

Al momento siguiente apareció alguien más, un chico con… ¿patas de cabra?. Sibbald parpadeó confuso varios segundos. Debía ser alguna especie de antropomorfo, los había visto antes, pero nunca uno de aquella subespecie… Tenía cornamenta y el cuerpo completamente cubierto de pelo, aunque lo cubría casi todo con una capa larga y un taparrabos de tela.

Conforme se fue acercando con extraña jovialidad, Sib tuvo que ir descendiendo la mirada más y más. Su estatura era aún menor que la de la chica... aunque tal vez esa fuera la media de los de su raza.

Antes de que el sátiro pudiera decir palabra otro individuo apareció, embozado en una capa y con paso decidido. El recién llegado, a diferencia de los dos primeros, parecía un golem. Era un par de pulgadas más alto que el comerciante y bastante ancho de hombros. Su cara quedaba en las sombras, lo que le daba un aire misterioso, aunque Sib no era el más indicado para puntualizar eso... El hombre se adelantó al antropomorfo y mostró su inmediato interés en aceptar el trabajo.

Aquello dejó a Sib en una situación francamente incómoda, el tipo de la cornamenta apenas se había acercado a hablar cuando el otro hombre intervinó. Tras meditar unos instantes, Kaba vio una posible oportunidad para aligerar la carga económica de su pequeño traspiés.

-Un gusto, caballero -le ofreció la mano al tipo con la cara oculta tras la capucha- a ella ya le había abreviado los términos del trabajo -indicó en la dirección de la supuesta marinera con la palma de la mano- os llevaréis un 15% de lo que saque con las pieles en Erenmios, un 10% más si nos vemos obligados a pelear. Ah, sí, perdóname un momento...

El mercader se colocó entre ambos, dirigiéndose hacia el tipo mitad cabra. Negocios relámpago: “El dinero viene rápido y se va aún más rápido, tienes que ser veloz para alcanzarlo antes de que escape”, ese era uno de los proverbios mercantiles más conocidos, y no sin motivo.

-Disculpa, ¿venías interesado por el trabajo de escolta? -le preguntó- si es así lo siento, me temo que solo necesito dos… Sin embargo -prosiguió, sonriendo debajo de la máscara- si te interesa aprovechar la situación y unirte a nosotros, tal vez podamos compartir los gastos de la escolta -Sib inclinó la cabeza, y advirtió la flauta colgada de su cuello- Oh, ¿eres un bardo, amigo mio?. La nuestra es una vida de viajes, ¿eh? -comentó Kaba en tono amigable- Por el camino podríamos intercambiar nombres de posadas en las que nos hayamos hospedado, ¿que te parece? -los bardos son una raza astuta, no entienden de economía pero la mayoría sabe manejar el concepto de "beneficio a largo plazo". Parecen tontos, pero como los mercaderes, saben bien usar sus máscaras.

El tiempo apremiaba, pero había algo en aquel pequeño grupo que le llamaba poderosamente la atención...




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Re: Pelajes y monedas

Mensaje por Zeena Samaha el Mar Sep 29, 2015 12:23 pm

Tuve que esperar un rato hasta que aquel hombre sin rostro visible bajó la vista para mirarme a mí. Apreté los labios ligeramente durante unos segundos, algo contrariada por el gesto. Pero bueno ¿qué se le iba a hacer? Era más bajita que él, eso era innegable.

Estiré mi tronco mientra ponía las manos a mi espalda antes de responderle.

Por supuesto que me interesa, señor. Ni siquiera lo dude

Tenía claro que quería tomar un trabajo arriesgado por una vez, pero por otro lado, ese hombre tenía una extraña presencia intimidatoria. ¿El por qué? No sabía si era por su altura, o por la ropa que llevaba, y que me impedía verle el rostro. Casi parecía que estuviera preparado para atravesar un desierto con aquella indumentaria.

Mantuve mi mirada fijada intensamente en aquel caballero, sin apenas pestañear. No podía mirarle a los ojos, pero… Aquel tono que puso al responderme, daba la sensación de que no estaba tan seguro de que pudiera cumplir con mi parte. Pero no tenía duda. Iba a aceptar el trato, pero aquel hombre dejó de mirarme, para mirar a mi lado. Me quedé observando hacia el punto donde él miraba, para ver quién o qué se estaba acercando. Se trataba de Xenagos, aquel sátiro que conocí en una misión anterior. Me alegraba en cierto modo de verle, pero tenía antes unas cosas de las que ocuparme. Pronto otro hombre gigante se le adelantó, y se puso a mi lado, hablando con el mercader. Era enorme, y tenía que alzar la cabeza, casi como si fuera una niña, o peor aún, su hija, si quería verle la cara, que por cierto, estaba encapuchada, por lo que no veía nada más que el reflejo de los ojos con la poca luz del sol que le alcanzaba.

Después de que el mercader se dirigiera a ambos, me crucé de brazos, y me volví hacia él nuevamente, tratando de captar su atención con un carraspeo.

Quizás no lo aparente mi aspecto físico, pero soy capaz de aceptar su trato. Acepto su propuesta

Estiré mi diestra cubierta por el guante negro, esperando estrecharle la mano, como sello del trabajo.

Por otra parte, en cuanto hubiera concluido con el formalismo, me volvería hacia Xenagos, y me pondría con los brazos en jarras, con la mirada totalmente incrédula por verle aquí, en el mismo sitio que yo.

Vaya vaya, Xenagos. Nos volvemos a ver por lo que parece. ¿Qué te trae a algo peligroso como sería ir de escolta?

Mi tono de voz era neutro, porque aunque le hubiera conocido en una ocasión anterior… Bueno, no estaba segura de cómo tratarle.

Por otro lado, me sentía intimidada por los dos hombres cuyos rostros no podía ver. Eso de que ocultaran sus ojos, sobre todo, era lo que más me intimidaba. Muchas leyendas corrían acerca de la gente sin cara, y de lo peligrosa que era.

Aun así, era todo una historia infundada por leyendas y mitos. No tenía que alterarme por eso. O eso creo...


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Re: Pelajes y monedas

Mensaje por Xenagos el Jue Oct 01, 2015 9:52 pm

Xenagos iba acercándose pensando que cara pondría Zeena, eso le divertía, pero cuando ya iba ha hablar una persona se acercó y se puso ha hablar antes que Xenagos. El sátiro no recordó haber visto a alguien tan misterioso en las fiestas, pues iba ataviado con una capucha en donde apenas se le podía distinguir algun rasgo de su cara, además era muy grande.

Xenagos en vez de amedentrarse por la corpulencia y el aspecto ciertamente misterioso que podía podrucir al lado de el bardo, sintió cierta curiosidad. Durante todo el proceso de de contratación no dejo de intentar ver a través de su capucha.

-Disculpa, ¿venías interesado por el trabajo de escolta? - Le dijo el comerciante a al sátiro, el cuál salió de su intriga y fijó su mirada en el comerciante al que aún no había mirado atentamente.
El comerciante de lo que fuese y contratista de guardaspaldas era otra persona bastante grande, al menos en comparación con la elfa y conmigo. No se le veía la cara ya que la ocultaba con una máscara, un pañuelo y un gorrito que a Xenagos le pareció pintoresco.
El comerciante seguía hablando y diciendo que no necesitaba al sátiro de escolta pero que podía acompañarles compartiendo gastos de escolta. Xenagos no iba ha aceptar e iba a negociar todo lo duro que podía
.
-No voy a...- Xenagos fué interrumpido por el comerciante, el cuál cambio de tono de voz, como si quisiera confundir al sátiro. Ahora le hablaba de que se había dado cuenta de que era un bardo y que podríamos hablar durante el viaje de posadas y demás. No iba a caer en su trampa.

Mientras el comerciante hablaba Zeena había mirado a Xenagos varias veces como si le quisiera preguntarle algo. Una vez terminó de hablar Xenagos se puso a hablar.

-Grac...- Xenagos fué nuevamente interrumpido ahora por Zeena que quiso captar la atención con un carraspeo y dijo al comerciante con tono decidido que era apta y le tendió la mano y sellaron el trato. Sin más Zeena se giró y miró al bardo.

-Vaya vaya Xenagos. Nos volvemos a ver por lo que parece. ¿Qué te trae a algo tan peligroso como una escolta?-. Le preguntó Zeena con un tono que quería aparentar cierta neutralidad.

-¡Hola Zeenaaaaa!-. Dijo Xenagos contento de que ahora nadie le interrumpiera.- Pues necesito ir a la ciudad ya que es mi siguiente parada y me enteré de que alguien buscaba gente y viné a ver si tambien necesitaba animar el ambiente con mi flauta por un camino peligroso.- Dijo mintiendo ya que sólo iba porque vió a Zeena y pensó en que podría haber una buena aventura, además había visto cosas interesantes en ella el día que la vió en la fiesta y quería parlotear con ella aun que no estaba muy seguro de que ella le hablase de su vida privada. Pero al menos le sacaría los colores un poquito y eso a Xenagos le gustaba y le divertia.

Dejó un momento la conversación con Zeena aparcada para dirigirse al contratista para intentar cerrar el trato de su viaje.

- Y en lo referente al viaje señor mío... Debo denegar su propuesta. Yo le propongo que viaje con ustedes y punto. No quiero dinero, sólo el viaje, y bien sabe usted que no le vendrá mal un acompañante más.- Dijo Xenagos, siempre sonriente, y le ofreció la mano para sellar el trato. Mientras esperaba al bardo le invadía la emoción de la aventura que se avecinaba, es más, en ningún momento pensó en que fuese un trabajo.


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Re: Pelajes y monedas

Mensaje por Anwed Kared el Vie Oct 02, 2015 12:14 pm

En aquel lugar se había formado un grupo bastante… variopinto. En un primer momento estaba el mercader, que junto a Anwed eran bastante altos a diferencia de los otros. Había una particularidad en ese hombre, que llevaba una máscara blanca cubriéndole los ojos y además una especie de pañuelo negro cubriéndole la cara. Parecía que lo característico de ese grupo era el misterio o así lo parecía. Después estaba aquel… no recordaba bien aquel nombre. Los nombres que le venían a la cabera era del tipo saturo, satito y cosas así. Sabía que no estaba lejos del nombre, pero no lo sabía claro. Sentía bastante curiosidad por aquel individuo porque nunca había visto uno. Y por último estaba aquella muchacha que podía adivinar que era una elfa, aunque bastante baja comparada con aquellos varones.

Escuchó con atención los términos que había indicado a la joven elfa sobre las condiciones de la escolta. En un principio era un 15% de lo que saque de su encargo y además subiría a un 25% si hubiese un contratiempo. Aquel trato era bastante interesante pero le asaltaban algunas dudas. Si ese mercader no conseguía cerrar un trato en Erenmios se quedaría sin cobrar. Además había indicado en un principio un 15%, pero por persona o en el grupo. – Estoy interesado en el trabajo, en el primer momento acepto el trato aunque me asaltan dudas. ¿Tu trato en Erenmios es cerrado? Me explico… no quiero llegar hasta allí y después tengas algún percance y no pueda cobrar aquella cantidad acordada. Además… ese 15% supongo que será por persona ¿no? – Sabía perfectamente que no era así, pero por intentarlo no pasaba nada. Había que regatear y más con un mercader.

Una vez que terminó de hablar se quedó al margen para escuchar su respuesta y además esperar que terminasen ellos sus negocios. También se fijo que aquella elfa y el satiro se conocían de algo. Podía intuir que la intención del satiro de venir a la aventura sería porque vendría aquella elfa.


Ω El halcón fue el primero en planear en las alturas para saludar al sol, y sus agudos chillidos resonaron en las paredes de roca y en los barrancos, en los ásperos despeñaderos entre los que corría espumante. Ω
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Re: Pelajes y monedas

Mensaje por Sibbald Kaba el Sáb Oct 03, 2015 8:49 pm

La chica parecía decidida a aceptar el encargo, su postura era bastante admirable dado su pequeño tamaño. Aunque nunca hay que juzgar un libro por su cubierta. Lo más seguro es que no fuera solo el hambre de aventura lo que le hizo interesarse por aquella tarea, sino la seguridad y la certeza de que podía cumplirla.

La marinera le instó a que no se fijara en su aspecto engañoso y que no tenía de qué preocuparse en lo referente a sus habilidades de supervivencia. Parecía convencida.

-Y estoy seguro de ello -dijo estrechándole la mano con firmeza- pero los hechos hablan mejor que las palabras... Esperaré a que salgamos del bosque para quitarme el sombrero, si no te importa -bromeó en tono malicioso mirando fijamente aquel brillante ojo bajo la melena blanca. A veces los desafíos avivan los ánimos más que las palabras amables.

El sátiro, que hasta aquel momento había permanecido en silencio (aunque había intentado abrir la boca en varias ocasiones), por fin se pronunció. La primera respuesta del bardo a la propuesta de Sib se le antojó algo sarcástica, obviamente debía estar gastándole algún tipo de broma.

-¿Animar?, no creo que tocar la flauta en medio de un bosque plagado de bandidos nos sea de mucha ayuda… -bastante llamativos eran ya para encima colgarse una campana del cuello- Por otra parte, que sepas manejar algún arma si que puede sernos de utilidad.

Afirmaba estar interesado en acompañarles sin pedir nada a cambio, algo que no encajaba del todo con la forma de pensar del comerciante... Aunque parecía que tanto él como la chica se conocían de algo, tal vez aquella fuera una excusa para acercarse a ella....

Esa fue la única razón que pudo componer su mente lógica.

Nada en la vida es gratis ni se hace por pura “buena voluntad”, eso es un hecho irrefutable. A cambio de arriesgar su vida enfrentándose a los terribles bandidos de Mesmes, el tipo de la cornamenta con toda probabilidad pretendía acercarse al corazón de la joven. Eso ya tenía algo más de sentido.

-Si estás de acuerdo con no cobrar nada, no veo ningún problema, tu ayuda es bienvenida -apretó la mano del sátiro para cerrar el trato, resultó no ser tan peluda como esperaba- Pero tengo que pedirte que te guardes tus canciones… por lo menos hasta que lleguemos a Erenmios.

El hombre imponente y de pocas palabras se acercó de nuevo a Sibbald para preguntarle por la división de la recompensa y la seguridad del pago. El tipo desprendía un aura de nobleza que su aspecto no delataba, pero el cuidado con el que escogía sus palabras y la forma tan firme con la que se movía clamaban a gritos. Sib también ocultaba su rostro, pero todo su conjunto era etiquetado simplemente como “forastero” allá donde fuera. La elección de usar una capa era algo más osada, las capuchas por lo general son usadas para resguardarse del clima o para ocultar algo que no quieres que otros vean.

La curiosidad del comerciante resurgió una vez más, pero consiguió mantenerla a raya. Sib se ajustó el sombrero, aprovechando para despejar su mente,  y respondió al hombre misterioso.

-Así es, el negocio con el comprador está cerrado, solo tenemos que llegar hasta allí con las pieles para cobrar por ellas -aclaró- Y el 15% para cada uno, si. Si al final hay problemas pero conseguimos superarlos os llevaréis entre ambos el 50% de la venta; lo veo un trato bastante justo, ¿no crees?

Esos habían sido los términos iniciales del acuerdo que le había dicho al niño que pregonara, así que no tenía sentido cambiarlos ahora. Solo conseguiría perder el tiempo. En otra situación se habría permitido regatear para reducir el coste, pero era el respeto de su comprador lo que estaba en juego. “A veces el respeto es más valioso que el oro”, esta vez tendría que ceder.

-Ah, creo que aún no me he presentado -se colocó frente a los tres aventureros e inclinó la cabeza- Mi nombre es Sibbald. Perdonad que insista, pero si no hay nada más que discutir preferiría que nos pusiéramos en marcha lo antes posible.

Tenían que alcanzar la ciudad en menos de dos días, así que cuanto antes partieran mejor. El comerciante agarró las riendas de su montura y la guió hasta la entrada de Divia, en dirección al bosque. En esta ocasión no iba a montar a Priya, la camella caminaría con más facilidad y durante más tiempo sin necesitar descanso si su dueño la acompañaba a pie.




~Bosque de Mesmes~




Tardaron un par de horas en alcanzar la bifurcación en el camino. La senda allanada se desviaba por la ruta segura hacia el norte para rodear el bosque, y frente a ellos solo quedaba la espesura de Mesmes. El resto de los viajeros tomaban dicho camino sin pensarlo, de hecho para eso estaba, pero Sib se encontraba entre la espada y la pared.

El bosque en sí no era aterrador, las hojas eran de un verde brillante y los troncos tan saludables la libido de un adolescente. Uno podía oír continuamente el canto de los pájaros en los árboles, y ver pequeños animales correteando entre los arbustos. No había nada en su aspecto que incitara al temor, pero la extraña calma era en sí suficiente para estar alerta. Como la sensación de estar metiendo la mano en la madriguera de una serpiente.

El comerciante se acercó a Priya y le acarició las orejas con cariño casi paternal, el animal no estaba muy acostumbrado a viajar sin cargar con Sibbald sobre su lomo, y mucho menos a viajar con gente. Aunque no era la primera vez, aquella situación estaba un poco fuera de lo normal para ella y parecía estar algo alterada.

-Creo que lo mejor es que alguien vaya delante escudriñando los alrededores en busca de emboscadas y los demás cubramos los flancos -sugirió al volverse para mirar a los tres aventureros que le acompañaban, acariciando la melena del cuello de Priya mientras hablaba- ¿alguno tiene experiencia atravesando bosques?




► El mercader ambulante ◄
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Re: Pelajes y monedas

Mensaje por Zeena Samaha el Lun Oct 05, 2015 4:41 am

El mercader me estrechó la mano, a lo que respondí con una sonrisa de autoconfianza. Me estaba poniendo a prueba. Retándome. Eso me gustaba, y quería demostrarle que era capaz de alcanzar sus expectativas.

No lo dude


Por un lado, Xenagos el sátiro, parecía estar vilmente interrumpido continuamente, hasta que le di rienda suelta a su lengua. Si no tienen lengua, no pueden discutirte. O eso dicen

Sin embargo, no venía por una razón aparente, lo cual me extrañaba. Tenía claro algo: Algo quería, aunque no lo dejara claro. Y eso me hacía sospechar. ¿Animar el ambiente? Bien era un bardo, pero… No creo que procediera el momento precisamente.

El hombre al que tenía que mirar mirando al cielo sin tapujos preguntó acerca de la seguridad de los pagos, cosa que parecía lógica. Por mi parte, el dinero me venía bien, pero lo que deseaba en realidad era acompañamiento para poder llegar a Erenmios. Y si encima me pagaban por ello, mejor que mejor.

El mercader al final se presentó con el nombre de Sibbald, y mientras anunciaba su nombre, comenzamos la marcha a través del camino hacia Erenmios con seguridad.

Oh, discúlpeme, señor. Mi nombre es Zeena, como bien el señor sátiro ha señalado

Añadí, tras lo cual hubo un silencio por mi parte, ya que no tenía qué añadir.


Nuestro avance nos llevó a una bifurcación en la que por un lado, seguía un camino libre de arboleda, y por otro, la espesura del bosque ante nuestros ojos. Y era tan espeso que el sol apenas penetraba entre las hojas. No podría orientarme allí dentro. Y recordé lo mala que era en ello si no era con elementos que se usaran en el mar.

Me puse al lado del mercader, poniendo las manos tras mi espalda, agarrando las muñecas del brazo contrario.

Me temo que no tengo una buena orientación si no es podiendo ver la posición del sol. Cubriré este flanco, si no os importa.

Era cierto que, si bien ir delante no me hacía mal, no sabía poder llevar al grupo. Y además, yo no llevaba armas cuerpo a cuerpo. Era mejor poder disparar desde atrás que encontrarme de frente con un posible problema.

Tomé una pistola con la mano derecha, y empuñé la culata, para mantener el cañón apuntando hacia arriba. La textura de la madera era suave, y gastada, pero reconfortante en mi mano era recordar su peso y su presencia. Era fiel como ella sola, y no me había dado apenas problemas raros.


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