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La noche que todo acabó

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La noche que todo acabó

Mensaje por Libaax Feher el Mar Sep 22, 2015 10:40 pm

Aun era un cachorro en aquellos años, apenas podría sostener las armas de su padre cuando él las, listo para ir a la caza.
Su padre era orgulloso, fuerte y bondadoso, creía que todos los seres vivos estaban conectados por un hilo de color rojo amarrado a sus talones o a cualquier otro apéndice. Esos hilos al moverse, hacían que nuestras acciones afectaran a otras personas, que bien podrían estar al otro lado de la jungla, las ciudades o incluso el mundo. Cuando alguien moría, este hilo no se rompía, pues la muerte del ser seguía afectando a aquellos a su alrededor y, tal vez, en algún futuro a seres lejos de él.

-Recuerda que todos somos una gran telaraña de la vida-decía- y la araña es la muerte que algún día vendrá por todos nosotros, sin embargo, cuando lo haga, no podrá contar los hilos que nos conectan. Ya sea que quieras expedir venganza o simplemente sufrir por una muerte, los hilos del destino siempre te van a conectar a la muerte.

En las reuniones después de la caza, cuando todos se reunían alrededor de la gran fogata a ver el misticismo del chaman de la aldea, Libaax no parada de pensar en la conexión del mundo, que al otro lado de la tierra, en donde las islas flotantes se mantienen en el suelo, habría persona o personas que sus acciones le estarían interviniendo en estos momentos.

El fuego tomaba formas curiosas en las manos del chaman, y a veces revelaba secretos del tiempo, del futuro, del pasado o del presente. Envueltos en la magia, cada buena caza, su padre levantaba su hacha doble y rugía para ser coreado por el resto.

Solía decirle que el hilo que conectaba al animal que ahora devoran, esta unido con cada aldeano, porque les a servido de alimento, para sobrevivir y seguir adelante, por eso habría que agradecerle.

-Este enorme ejemplar-decía palmeando su pedazo de carne de elefante- nos ha hecho sentir dichoso a todos, con nuestras barrigas llenas y nuestros corazones gozosos de que sobreviviremos otra noche.

El cachorro lo escuchó siempre con atención, su padre y el chaman eran sus maestros más grandes, lo llenaban de historias interesantes, de buenos cuentos para dormir y otras para saber sobrevivir. Las historias siempre parecieron eso, historias, durante tantos años que parecían fantasías irreales sobre gigantes en los bosques o dragones dando conocimiento. ¿Cómo podría un joven felino creer esas fantasías? Hasta que la realidad lo atrapó.

Muchos años despues, el cielo fue cubierto de oscuridad, incluso más oscuro que la misma luna, el aire quemaba esa noche, el fuego parecía surgir de entre las nubes y lo único brillante eran los ojos de un asesino en el cielo.

Esa historia se la había dado su madre, sobre la existencia de los dragones, luego el chaman le contaba la creación de las razas y su conocimiento, pero nunca había visto uno.
Apenas un muchacho, lleno de gritos de terror y leones corriendo. El dragón bajo a tierra, la luna, ya no oculta por su sombra, hacia brillar su escamosa piel dorada.

Todos los recuerdos de su niñez se revolvían en su cabeza, ahora ya un adulto, no podría conseguir tomar su arma. El dragón baja su cabeza, como si quisiera que le vieran el rostro y conocieran la cara de su verdugo.
Sobre el cráneo, dos enormes cuernos dorados se levantaban, y sus ojos, rojos como la sangre, sólo reflejaban el miedo de los leones, que incluso con el, se ponían de pie firmes.


Última edición por Libaax Feher el Mar Mar 08, 2016 4:05 pm, editado 1 vez
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Re: La noche que todo acabó

Mensaje por Libaax Feher el Jue Sep 24, 2015 12:12 am

El golpe rompió una costilla y debió de dejar moretones, invisibles contra su pelaje blanco. El aíre pareció no sentirse, como si todo abandonara su cuerpo hasta el dolor mismo, sus ojos cerrados lo transportaban lejos, a un lugar donde fue cachorro, sobre una isla que flota sobre la jungla, a la sensación de la magia cálida de su madre y la fuerza de su padre.

La sangre salía por su boca, como su alma abandonado el cuerpo en un relámpago escarlata y dejando un fantasma de carne. La calidez que le escapaba poco a poco decidió irse al momento de sentir el agua helada, perdiendo sensación del tiempo, del lugar y rodeándose por su pesadilla.

“Los gritos de guerra se dejaban escuchar por toda la aldea, había truenos en las patas de todo guerrero y tormentas entre sus garras. Cualquier ser debería de haber temido la ira de los leones, pero ese ser ni siquiera parpadeaba y parecía disfrutar del ruido.

Su primer movimiento, desgarrador a la vista, como el fuego arrasaba con las cabañas más cercanas a él, de los restos podrían verse los juguetes de los cachorros del pequeño hogar o incluso las prendas ceremoniales de la madre, usadas al unir sus vidas a otro león. Los más tristes era aquellos cuerpos, esos que dejaba el fuego, envueltos en negrura y dolor, con ojos bien abierto y a veces los hocicos abiertos, pidiendo piedad en un último acierto de piedad.

No había una sola palabra, una explicación de sus actos, la bestia no tenía motivo para estar ahí, más que el de matar. El siguiente golpe, a uno de los guerreros más valientes, bañando en sangre su cuerpo y dejando un cuerpo inerte caer al suelo al lado de su familia calcinada.

Las madres y cachorros huían de la aldea, al lugar seguro que les daría el chaman, pero el monstruo lo sabía. El pueblo fue rodeado con un aro de fuego tan grueso como tres troncos y tan alto como las islas que flotan. Quería acabar con todos.

Tomó su arma, un hacha de media luna con la figura de un cuervo en el mango y corrió hacia el dragón, acompañado de sus compañeros, hermanos de armas en tantas cazas. Mientras avanzaba, los cuerpos de sus vecinos de aldea caían a sus costados, sus ojos bien abiertos, sus rostros quemados sus pechos marcados por garras y sangre. Los que aun podían respirar se levantaban a duras penas y continuaban la lucha, que parecía inútil.

Ante él, extendía las alas el dragón, mostrando su interior negro y su pecho dorado. Por primera vez, rugió. Los leones se detuvieron, invadidos de un extraño miedo que los abandono segundos después, no suficientes para sentirle siguiente golpe de cola que derribo a la mayoría, pero no a él. Libaax saltaba sobre el poderoso apéndice y provino un golpe suficientemente fuerte para escuchar un rugido mas, esta vez de dolor.

El dragón le miro, furioso, por un segundo quiso matarlo, al siguiente se decidió por asegurarle un destino más cruel. El león blanco realizo otro golpe, provocando la misma reacción hasta que su arma se rompió.

El dragón sangraba de su brazo derecho, sin estar inerte, rompía el cráneo del siguiente guerrero que trato de ser tan heroico como Libaax, que acabo en el suelo por el movimiento.
El monstruo tomaba aire, el aro de fuego desaparecía, volviendo a su dueño y al hacerlo, su herida desaparecía.”


Abrió los ojos flotando en el agua río abajo, el sol ya había salido y su sangre se negaba a dejarlo ir, haciendo el agua roja a su alrededor. No podía moverse, pero sabia que ya era tarde para salvarlos.
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Re: La noche que todo acabó

Mensaje por Libaax Feher el Lun Sep 28, 2015 7:29 pm

El calor de la su propia sangre lo había mantenido fuera del frio sentimiento de agua, se dejó arrastrar hasta la orilla, con su orgullo herido y su cuerpo magullado. Sentía hormigueo en su ojo izquierdo, como si miles de aleteos hubieran decidido alojarse en sur nervio óptico. Al voltear hacia el agua y buscar su reflejo, pudo mirar que su ojo izquierdo a cambiado a color amarillos, antes de terminar de asombrarse unas fauces negras surgen del agua y lo atacan con tiempo apenas de esquivarlas.
De las aguas, ahora turbias y negras, comienza a salir, en formas de serpientes y cobras lo atacan entre cascabeleos de sus colas. Siente sus mordidas entre los dedos y su rostro, el dolor hace que cierre sus ojos y el dolor desaparece. Al abrir sus ojos, de nuevo las criaturas vuelven, siente la siguiente mordida en su ojo amarillo, que cierra ante el dolor, que desaparece de nuevo al perder la vista.

“El calor en la aldea había aumentado, todos estaban sudando y perdiendo energías rápidamente, entre las garras de la bestia, los rastros de sangre y carne se deslizaban lentamente. Sus dientes continuaban brillando, aun con los restos de sus familiares y amigos entre ellos.
El dragón ya había clavo los ojos en Libaax, lo miraba con odio particular, una criatura tan diminuta le había hecho daño a un ser tan potente como él, debería de ser castigado.

La siguiente horda de leones ataca con ferocidad, motivados por la esperanza que Libaax les dio al herir a la bestia. Las armas vuelve a chocar contra las escamas metálicas del dragon, abriéndole heridas más profundas cada vez. Estas desaparecen segundos después.
Libaax aun no está seguro que lo vio sonreír, pero acto seguido, una onda de calor invadió toda la aldea.
Las chozas cayeron en cenizas, las plantas cercanas se tornaron negras y pronto vio a los más débiles y heridos caer muertos. Los cachorros habían desaparecido y los mujeres los buscaban desesperadas antes de exhalar su último aliento y caer de igual manera, sin vida.

Vi a lo lejos a su padre sosteniendo a su madre, besándole la frente y acariciando su rostro lentamente mientras una última lagrima caí de sus ojos azules. Su madre abandonaba este mundo y su padre apenas podía seguir peleando, lo vio caer desmayado al lado de su querida esposa.

En un último acto de fuerza, se deslizó bajo el dragón y, tomando el arma desu padre, dio un salto de espaldas a el, para dar un severo golpe al rostro del monstruo. Los dientes caen al suelo, haciendo un ruido metalico.
Esta vez esta seguro de haber escuchado su voz.

-Cachorro.

Libaax abre los ojos, antes de abalanzarse por ultima vez contra el monstruo. Sus fuerzas lo van dejando mientras va en el aire, mira a sus compañeros a sus pies sucumbiendo, cayendo ante el calor y la pérdida de sangre en un último acto de fuerza, siento su brazo inyectado de algo nuevo, extraño. El siguiente golpe, para el último, corta los cuernos del dragón, haciendo que aullé.
Ya sin fuerzas, cae en cara sobre al tierra y es levantado por un furioso enemigo. Pone su garra sobre su ojo izquierdo y trasmite una maldición, ignorada por el león.

-Tú me has hecho daño, cachorro, pero quiero ver si eres capaz de terminar el trabajo-dice, prácticamente para sí mismo, ante un desmayado Libaax.

Lo arrojó sobre las llamas, lo más lejos que puede, hacia los ríos lejanos, montaña abajo.”

Camino cerca de la orilla del agua, con su ojo bien cerrado, sangrando aun de sus herida y sintiendo el peso de su tribu sobre el. Sabe que ya es tarde para salvarlos, pero debe encontrar el arma de su padre
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Re: La noche que todo acabó

Mensaje por Libaax Feher el Mar Mar 08, 2016 5:20 pm

“El Dragón carcajeaba ante los inútiles intentos de recatar al león que había desaparecido sobre las llamas, seguro de que cuando regresaría, no existiría nada en la desolada región que está creando entre fuego y golpes.

La bestia abre sus fauces e inhala el olor a carne quemada, sangre y destrucción, causándole una extraña satisfacción, el asesinar por ningún motivo en específico, lo llena de gloria y felicidad. Sus ojos sin alma se mueven de lado a lado en la aldea, se ha dado cuenta de su ignorancia.
Los cachorros de leones, aquellos que las madres han rogado por encontrar, no aparecen por ningún lado, no hay lloriqueos de niños, ni llantos por ayuda. El monstruo mira con atención los cadáveres, todos adultos.

-No los encontraras-surge una débil voz entre la última cabaña en pie.

El viejo chama, con la mitad del rostro ennegrecido por el fuego y su mano izquierda completamente inutilizada, bañada en sangre, camina hacia el dragón, sosteniéndose de su bastón. Los ojos del anciano lo miran con decisión, violetas como la flor y brillantes como la luna.

-Me encargue de alejar a los jóvenes de ti. Tu oscuridad no los tocara-las últimas palabras del chaman apenas son escuchadas por su interlocutor, que las interrumpe acabándolo con una tormenta de fuego.

El negro esqueleto del chaman cae a la tierra que aun expide humo gris, un collar sobrevive al fuego sobre el cada vez, brillando ante los últimos rayos de lunas y el fuego que no se extingue.
Furioso, el dragón extiende las alas y se eleva por el cielo, apuntando a lo que queda de la aldea, una columna de llamas surge de su boca. Da una última sonrisa a lo que queda del lugar y desaparece en el cielo."


Libaax se tropieza cada dos pasos, sus heridas son tan grandes que sus huellas dejan tonos rojizos sobre la tierra húmeda de la jungla. Mantiene su ojo cerrado, temeroso de abrirlo y encontrarse con pesadillas de nuevo. Su pecho de infla y toce con fuerza, las gotas escarlata cae entre las ojos que atraviesan su camino.

Con lo último de su fuerza cae al suelo golpeándose con fuerza contra la tierra, que lo abraza dejando el relieve de su cuerpo sobre el lodo. Ya no tiene fuerzas, su mente divaga. La idea de morir le invade la mente “¿Qué queda por vivir?” Se pregunta mientras su cuerpo va soltando poco a poco la vida. Como una coincidencia del cielo, la lluvia comienza a caer sobre su cuerpo, el agua, al contrario de su normal naturaleza, no es fría, sino calidad. Las gotas acarician su cuerpo tocando con paciencia cada herida, limpiando la sangre y su espíritu.

-Madre,Padre…Pronto estaré con ustedes de nuevo, cazando éntrelas nueves de algún otro cielo-se dijo con, lo que siente, es su último aliento.

Sin sonido alguno, atravesando los árboles y la misma agua una figura luminosa y de azul profundo lo observa, el león sólo puede mirar las patas, tan parecidas a las de él. La figura se inclina y una sensación en su melena se activa. La mano se siente tibia, una calidez familiar lo invade. Un suspiro celeste sale de su cuerpo y se eleva suavemente con la brisa, listo para desaparecer entre el agua que lo traspasa.

Una mano felina toma el aliento como si fuera algo sólido, brilla en azul intenso y lo arroja de regreso hacia el león, despertándolo de golpe, abriendo su ojo asustado.

Al lado de su cuerpo cansado se encuentra el arma de su padre, encajada en la tierra, bañada en la lluvia que sigue cayendo, sobre ella, un collar dorado y rojizo brilla contra la poca luz que las nubes han dejado pasar entre ellas y el agua.
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Re: La noche que todo acabó

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