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Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

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Re: Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

Mensaje por Xenagos el Jue Oct 08, 2015 11:19 pm

Era de día y Xenagos estaba tumbado pero despierto pensando un poco. Llevaba 3 días ya en la misma posada y no parecía que no fuesen a parar de venir visitantes y mercaderes a ella, Ciudad Esmeralda era un lugar siempre abarrotado de gente y al bardo si quería no le iba a faltar trabajo en la vida. Pero el bardo no pensaba quedarse toda la vida, pero tampoco le importaba quedarse una temporada.
Todas las tardes y noches tocaba, bailaba y cantaba, no le faltaba de nada y estaba ganando un buen pellizco. Como de costumbre había llegado a un acuerdo con el tabernero, le daba un 30% de las ganancias y tenia servicio completo y luego tenía que pagar una comisión del 10% a la "ciudad".

"Creo que iré a dar una vuelta por el mercado" Pensó Xenagos mientras se levantaba. Xenagos se preparó y recogió sus bártulos. Por lo general no dejaba sus bienes preciados en la habitación ya que había muchos robos en las tabernas.

Desayunó y salió a la calle. La taberna estaba mirando hacia una gran plaza que siempre estaba llena de mercaderes. Xenagos, que era más bajito que los humanos y encima tenía cuernos de vez en cuando tropezaban con él pero sin más consecuencia que un quejido.
Xenagos paseaba y miraba por los puestos, cada uno mas impresionante que el otro, había desde armas y armaduras de exquisito acabado a vendedores de animales exóticos, encantadores que vendían sus servicios y trovadores que hacían cabriolas como espectáculo. Había de todo
.
Mientras Xenagos miraba unas pulseras de plata en un puesto y hablaba de su procedencia con el tendero , un encapuchado se le acercó por la espalda con un cuchillo en mano, él tendero gritó asustado. - ¡Cuidado! -
Xenagos se giró y contemplo que ha metro y medio un hombre andaba rápidamente cuchillo en mano hacía donde estaba él. Giró de nuevo, mirando al puesto y dió un tremendo salto hasta la zona del tendero  , el cual, estaba llamando a los guardias.

Xenagos empezó a correr asustado atravesando los puestos, saltándolos y chocando con la gente. El bardo no sabía si iba a x él el encapuchado y no se había quedado allí para verlo, y no lo vería ya que al parecer no le siguió o si le siguió lo habría perdido.

Aún asustado y vigilando por todos lados haber si aparecía el hombre se dió cuenta que había cruzado toda la plaza y estaba al otro extremo. Aún un poco con los nervios crispados y algo desanimado por tener que ir al otro lado de la plaza para llegar a la taberna se encontró de frente con un león gigantes acompañado de una humana embutida en una coraza. El león era enorme y podría pisar al sátiro sin darse cuenta y la caballera era una humana que imponía ya de por sí con la coraza y más aún estando al lado de esa enorme figura.

Xenagos se les quedó mirando y se pregunto a sí mismo si querrían acompañarle a la posada, además parecían algo desubicados. Sin pensarlo mas veces se adelanto y se encontró con los dos humanos enfrente y les saludó.
- Buen día buena gente-.


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Re: Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

Mensaje por Libaax Feher el Vie Oct 09, 2015 7:30 pm

OFF: después de leer ver el tema en Off por favor

<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<>>>>>>>>>>>>>>>

La mujer da vuelta a la mesa, caminando lentamente, mientras uno de sus dedos acariciar la madera suavemente, una fina línea de polvo se levanta y brilla contra la tenue luz del sol que atraviesa la ventana alta, que se encuentra casi cerrada por la cortina, y siendo observada, sin saberlo, por el ratido. Mueve su cuerpo lentamente hacia una lámpara de aceite en el fondo, sobre una repisa de madera, toma un par de palillos y los frota hasta hacer la chispa para la flama.
La habitación se ilumina con más fuerza. La mesa es en realidad un escritorio, en donde descansan varios libros de lomos negros y rojos. Los libros se sostienen por dos figuras de dragones que los empujan uno con otro en cada extremo del grupo. Ella camina, por la habitación como si buscara algo, iluminando cada rincón. Detrás del escritorio, un enorme cuadro de marco dorado luce tapado por una manta. Pasa sus manos alrededor del marco y lo abre suavemente, el rechinido es ligero, casi inaudible. La luz de la lámpara ilumina una repisa llena de colmillos flotando en líquidos de diferentes colores.

-Buen día mis niños-dice regresando por el frasco del escritorio y colocándolo con los demás-Tienen un nuevo hermano.

Vuelve a cerrar el marco y le da la espalda. Sus ojos analizan la habitación lentamente. Se despoja de su velo en su cabello y rostro. Su cuerpo, marcado por su maldición se ve reflejando la luz de llama y la poco que la cortina deja entrar.

-Como te detesto, padre, por hacerme lo que soy hoy-se dice a si misma viendo hacia una de las paredes.

Los fuertes golpes a la puerta se escuchan desesperados y aprisa, el cochero llamaba fuertemente a su señora. Ella, sin decir más, vuelve a cubrirse el cuerpo y camina fuera de la habitación, no sin antes dirigir una mirada hacia la ventana. El ratido, oculto ahora bajo de ella, pues un ladrón no es tonto para saber cuándo lo observaran, juraría que fue vislumbrado por la mujer. Ahora él había visto, al menos entre la oscuridad, parte del cuerpo de la dama y su verdadero rostro, pero no sabe sus motivos aun ¿Le interesara saber cuándo se entere que es un blanco?

La mujer sale de la habitación lentamente, el cochero calvo y fornido ahora lleva un atuendo verde y armadura de cuero. La espera de pie al lado de vieja puerta, en el recibidor que no tiene más decoración que una pequeña mesa con una lámpara y las escaleras que conducen a un segundo piso envuelto en oscuridad.

-Espero que haya quedo estupendo como siempre, Godor-le dice a su sirviente, mirándolo con determinación.

-Si, mi señora-le contesta con claro miedo en su voz.

Al salir a la calle, el ritmo de la ciudad se ha puesto al corriente con la hora avanzada de la mañana, la calle principal está abarrotada de puestos y mercaderes. Gritos de frutas, joyas, ropa, hierro y armas se escuchan por todo el lugar y, como es de costumbre, todos los puestos dicen tener lo necesario con mejor calidad. Frente a la casucha, ahora se encuentra una tienda de color purpura, con una entrada pequeña, donde apenas podría entrar una persona, en el centro se encuentra una mesa cubierta de terciopelo rojo y una esfera de cristal con un mazo de cartas a su lado. Dos sillas de madera adornadas con detalles plateados se encuentran en ambos lados de la mesa.

-Bien, Godor. Ahora lárgate. Localiza a los otros-le ordena sentándose en la silla que da de espaldas a la entrada de la casa.
-¿Para qué mi señora?-pregunta con timidez.
-¿¡Para qué?!-grita moletas viendo hacia la calle, asegurando que no venga nadie aun. Baja la voz para volver hablar- Idiota, para matar al antropomorfo enorme que casi me mira-sus ojos se tornan morados y alrededor de ellos, venas verdes se dejan ver, brillando fuertemente-Quiero que te asegures que se muera
-Mi señora…-dice con timidez-hay humanos con el ¿Cómo podría matarlo sin hacerles daño?
-Encárgate de eso, que usen uno de los venenos- dice mientras se acomoda su velo.
-Uno de nuestros espías aviso por paloma mensajera que es una mujer con su escudero y un mercader. El espía ha seguido al escudero, pero la mujer esta armada hasta el cuello-dice el hombre, perdiendo un poco el miedo en sus palabras.
-Si la mujer se pone mal, tráiganme al muchacho conmigo. Tal vez podría servirnos para persuadirla, que nuestro espía lo continúe siguiendo
-¿Qué hay del granuja?-dice, riéndose de si mismo Godor.
-Infúndale temor, sólo para divertirme.

El se da la media vuelta y desaparece de nuevo en la casucha. Dentro, una de las palomas es atada con su mensaje y vuela alejándose del lugar rápidamente. La habitación de su señora está bien cerrada, pero de ella emana un aroma a sangre, de seres no humanos, de indignos de existir y que deben de ser extinguidos.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------

Mientras caminaba al lado de Veronika, pudo apreciar variar de aromas raros para él, su mente le exigió en mas de una ocasión tomar “prestado” algún banquete, pero no es eso por lo que se encuentra en la ciudad.

Libaax mira a su alrededor cuando es sorprendido por un ser como él. Siempre le ha dado bienvenida a sus parientes, cercanos o no. Según su pueblo, todos los antropomorfos son hermanos, incluso los woes, a los que muchos condenan por sus diferencias y su trato.

-Buen día mi buen amigo-dice Libaax, tratando de ser cortes como hace unos momentos y olvidarse de su amarga actitud hacia su misión-Veo que eres…parecido a mí. Es un gusto encontrarme con hermanos. Soy Libaax y mi compañera aquí es Veronika.

No muy lejos, el mercader los espera en una esquina. Por esto, el felino decidió seguir caminando hacia el Polvoso, sin notar que acababa de dejar al satiro sin presentación, tal vez por ignorancia o falta de atención. Un hombre en túnica verde se le acerca al gran felino

-Buen día señor-dice el hombre tomado el brazo de Libaax y estrechándolo fuertemente- Mi nombre es Smith Smithenson Von Smithon. Le tengo un monto de productos que le podrían interesar y serian de su agrado esplendorosamente con esa encantadora cana que le cubre todo el cuerpo. Como este perfume.

El hombre saca de entre su ropa un frasco rápidamente de líquido amarillo, que procura arrojar al león, que prefiere hacerse a un lado sin notar que el líquido a caído en su melena.

-¿No le interesa? Bueno me retiro. Gracias.

El hombre se va tan rápidamente que apenas y se puede ver entre la multitud unos segundos después y más cuando se dice a sí mismo “Trabajo hecho”
El “perfume” contiene un veneno del miedo, extraído de serpientes ocultas entre lo más profundo de la jungla de Uzuri. Da alucinaciones de los miedos más terribles de la persona.
Libaax, después de su interrupción a unos 2 metros ha llegado a Polvoso, que capta el olor peculiar nuevo de su compañero.

Entre la multitud, que se ha abierto ligeramente por el paso del León, ve a Veronika deslindarse de su armadura a unos metros, pues siguió caminando a su espalda. Mientras el metal cae fuertemente al suelo de lozas amarillas, la piel de la mujer comienza a tornarse dorada, su cuerpo aumenta de tamaño rápidamente, su rostro se altera hasta tener un hocico, su cabello cae y se va con la brisa, de su cráneo dos cuernos comienza a crecer. Pronto, ya no hay una humana, si no un dragón en su lugar. Su tamaño es menor, pero Libaax está seguro que es el asesino de su tribu.

-¡Tu!-Sin pensarlo corre hacia la mujer, su melena esparciendo el aroma del perfume amarillo.

La gente alrededor comienza a gritar. “¡Un monstruo se ha vuelto loco!” se escucha en cada rincón,“¡Llamen al gran mago!” gritan otros. Libaax está seguro que no es una alucinación, su ojo sigue cubierto por el parche, no es parte de su maldición, el dragón lo ha estado siguiendo y se a puesto frente a él.

Da un salto hacia su objetivo pero su primer zarpazo no hace daño alguno, la armadura de Veronika es tan fuerte como la piel del dragón. Libaax respira con dificultad, el veneno le ha afectado demasiado. Mira con furia a la bestia, cuyos ojos son tan oscuros como su corazón, esta vez el monstruo no habla en lo absoluto.

El sátiro a decidió dar vuelta atrás, pero el veneno, como la gente alrededor también, lo a afectado. Grilletes negros aparecen en sus muñecas y patas, lo jalan al suelo con fuerza, impidiendo que se mueva.

Una multitud asustada corre en los alrededores de la pelea. Los aldeanos han sido afectados por el veneno también, gritan sobre sombras, cuervos, caníbales, monstruos y duendes. Polvoso no esta lejos de eso.

-¡Señor ayúdeme!- grita una mujer cerca de él.
-¡Por favor!-un anciano se le inca
-¡Sálveme!-un niño de pequeño toca su zapato.

Pronto los gritos aumentas, la gente se aglomera alrededor del mercader, sus alientos de carne y vegetales parecen muy reales. Lo tocan lo empujan lo acarician. Pronto lo comienzan a cubrir con su calor y lagrimas.

Las fuerzas de seguridad son alertadas rápidamente. No puede existir un bullicio así en la ciudad. Tal parece que el plan de la mujer, están rindiendo sus frutos.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El hombre de la túnica verde se recarga en el camino, lejos del espectáculo de cuadras atrás, donde el mercado y la gente sigue abarrotándose para comprar sin saber del desorden de unos metros adelante.

Godor se le acerca y lo felicita con una sonrisa emplea. Toma su brazo fuertemente y lo jala hacia uno de los portales cercanos.

-Idiota, sólo tenias que afectar al León no a todos alrededor, esto llamara la atención.
-Tranquilo, el León es el que empezó todo, por lo que el será juzgado y ejecutado, seguramente con los criminales de hoy.
-Si, que conveniente.
-¿Ya puedo irme de la ciudad?
-Claro

Son las ultimas palabras que el cambiaformas escucha, "claro". Godor aprieta el cuello del "indigno" con fuerza y sus ojos se desorbitan, trata de patear con fuerza al humano. Sus piernas transformándose en pesuñas fuertes, no parecen hacer daño al fiel seguidor de su señora. Godor asota con fuerza acabando la tranformación de su victima hasta que muere y deja su cadáver escondido, entre plantas de jardín y muebles de casa de aquel portal.


Última edición por Libaax Feher el Dom Oct 11, 2015 12:43 am, editado 1 vez
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Re: Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

Mensaje por Vossnik el Sáb Oct 10, 2015 6:39 pm

La nariz negra del rátido se movía sin parar debido al repetitivo olfateo de su dueño, quien al ver el aspecto de la mujer y su extravagante colección de colmillos en frascos de diversos colores quedó incapaz de regresar por donde había venido, oculto aún bajo la repisa de la ventana.  No pudo evitar preguntarse si aquellos colmillos serían de ella. ¿Qué quería decir con sus extrañas palabras?
Sus orejas se erizaron cuando alcanzó a oir los pasos de la mujer abandonando la habitación, y fue entonces cuando asomó una vez más por la ventana. Todo volvía a estar en calma. ¿Le había visto? Permaneció unos instantes oculto para asegurarse de que no le estaba buscando.

No habia que ser muy inteligente para saber que algo raro se estaba cociendo con esa mujer y lo que guardaba dentro de la casa. Algunos contactos podrían pagar muy bien por la información que encontrase sobre esa mujer. Podría incluso llevarse algunos frascos e investigar su contenido con algún alquimista o mago. Así pues, decidió trepar al tejado del edificio y escurrirse por la chimenea gracias a su pequeño tamaño y flexibles huesos a la sala principal.

El interior de la vivienda estaba oscuro, pero eso no era un problema para los ojos del rátido. Todos sus sentidos estaban alertas mientras se movía con total cautela, sin que sus pies descalzos hicieran ruido alguno gracias a sus plantas almohadilladas.

Al no encontrar nada que mereciera la pena en las primeras estancias, se encaminó hacia la habitación donde la mujer-serpiente hablaba consigo misma. Su mano se detuvo antes de posarse en el pomo de la puerta.

Con unos reflejos propios de un asesino entrenado, introdujo en un abrir y cerrar de ojos la mano derecha en un bolsillo oculto de su capa, sacando dos cuchillos arrojadizos y lanzándolos a la oscuridad. Un chillido le indicó que había dado en el blanco, y el rátido cuyo olor le había puesto sobre aviso se desplomó en el suelo con los cuchillos atravesándole el pecho y la garganta. Lo que Vossnik no se esperaba era que otro saltara a su espalda, agarrándole la cola para tirar de ella y empujarle contra la pared.

Golpeó su espalda contra una estantería que amenazó con desplomarse sobre él. Vossnik la aguantó haciendo fuerza con los hombros hasta que el segundo rátido se abalanzó hacia él, daga en mano, para terminar el trabajo. Al apartarse para esquivarlo, la estantería se desplomó sobre su atacante, inmovilizándolo en el suelo. Intentó alargar el brazo para agarrar su daga, pero el pie de Vossnik se lo impidió en el acto, pisándole la mano y agarrando la daga con su cola.

Al observar su rostro, Vossnik observó el inusual color morado de sus ojos. Tras un rápido vistazo a su compañero muerto, comprobó que ambos tenían el mismo tono antinatural.

-¿Qué os ha hecho la serpiente?-preguntó, refiriéndose obviamente a la mujer.

El rátido al que pisaba la mano no parecía en sus cabales, puesto que empezó a balbucear sin que Vossnik pudiera detenerlo.

-Cada frasco es un hilo para una marioneta. El amarillo contiene pesadillas, el rojo sed de sangre, el verde el coraje del insensato, el índigo el veneno de la compasión, el azul la calma antes de la tempestad, el naranja un vacío que no se puede llenar, el morado...-sus ojos se abrieron de par en par. Parecía que se estaba asfixiando.- La peor de todas las ponzoñas... el... a...mor...

Antes de que Vossnik pudiera decir nada o reaccionar de alguna forma, el rátido falleció soltando espuma por la boca. ¿Veneno? Debía ser uno muy especial para que afectara a los rátidos, así como increíblemente peligroso, dada la resistencia natural de su especie.

¿Eso es lo que contenían entonces los frascos que pudo ver a través de la ventana?

Tras recoger los cuchillos lanzados al otro atacante, sin pensarlo dos veces, entró en la habitación y metió todos los frascos en su jubón, recordando la perorata del rátido muerto. Si no había mentido, cada uno de esos colmillos, o tal vez el líquido en el que flotaban, tenía una cualidad especial... lo cual podría serle muy útil a alguien como él.

Cuando hubo metido el último frasco en su jubón, abrió la ventana y saltó por ella, desapareciendo de nuevo entre la muchedumbre, utilizándola para pasar desapercibido. No podía dejar de pensar en lo que había visto dentro de la casa. Esos rátidos sin duda estaban afectados por el veneno de esos frascos; el morado, si es que el color de sus ojos estaba relacionado. Según la información de su atacante, el morado era el veneno del... ¿amor? Eso podría explicar por qué hacían guardia.

¿Y ahora qué? No sabía qué planeaba "la serpiente", pero sin duda no era nada bueno. Un bullicio cortó de golpe con sus pensamientos.

La gente gritaba unos metros calle abajo. Algunos guardias armados corrían hacia la algarabía. La rata iba a desviarse por un callejón para evitar a los soldados, pero la visión del "cochero" de la Serpiente aguardando en uno de los portales le obligó a cambiar de opinión. ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Era aquél alboroto cosa suya? Azotado por la sospecha, Vossnik trepó con rapidez por la pared rocosa de un edificio, cuidando de que nadie le observara o siguiera, para después encaramarse al tejado bajo el que se situaba el "cochero". No tardó mucho en avanzar hacia otro hombre vestido con una túnica verde.

La rata, agazapada, escuchó con atención la conversación de ambos sujetos. ¿Un león, decían? Debería tratarse de otro antropomorfo, y la sola imagen mental de tal criatura depredadora hizo que Vossnik se estremeciera desde las entrañas. ¿Querían que lo ejecutaran? Bien, un Félido menos del que preocuparse.

Aquellos pensamientos se vieron interrumpidos por el violento asesinato del hombre de la túnica verde a manos del "cochero". ¿Un cambiaformas? Aquél asunto estaba enredándose cada vez más y más, y Vossnik sabía que se estaba metiendo en un terreno demasiado peligroso.

No sabía qué tramaba la Serpiente, pero hasta el momento solo había afectado con sus venenos a antropomorfos: el tal "león" y los dos rátidos de la casa abandonada. Eso sin contar con el olor a sangre de su carruaje. ¿Acaso eran su objetivo?

El "cochero" se encontraba en aquél instante ocultando el cuerpo del cambiaformas en el callejón. El rátido no se lo pensó dos veces: sacó uno de los virotes de su ballesta, lo impregnó de una buena dosis del veneno paralizador de sus propios frascos y lo cargó en la ballesta, respirando profundamente y concentrándose para disparar, apuntando al hombro del asesino. Con suerte, el veneno lo aturdiría lo suficiente como para poder atarlo sin que pudiera ofrecer gran resistencia y, de esa forma, interrogarlo.


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Re: Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

Mensaje por Polvoso Von Lipwig el Miér Oct 14, 2015 4:00 pm

La plaza del mercado se encontraba abarrotada como de costumbre, gente ocupada en sus asuntos, comprando lo necesario,  vendiendo todo lo innecesario, regateando un poco aquí,  estafando un mucho por allá,  niños gritando y correteando bajo la falda de sus madres, y otros tantos buscando llegar también debajo de las faldas de esas mismas madres, en fin era un día como cualquier otro en la plaza.

Pero para Polvoso empezaba a dejar de ser ordinario para empezar a ser una oportunidad,  mientras se encontraba apoyado en la balaustrada de la fuente comiendo una manzana, su mente seguía girando alrededor del collar que portaba el gran León,  vaya si había quedado prendado, aunque realmente no podía asegurar si aquella joya fuera valiosa o solo una chuchería,  pero por la forma en que el León lo portaba le hacía ver que era algo realmente apreciado por él y eso ya era suficiente para que Polvoso deseara poner sus manos en él.

Hablando del enorme gato, se habían acercado un poco más, la aglomeración de la plaza le empezaba a poner un poco nervioso, pero mientras se tratara del habitual gentío de mercado no habría problema, es algo que podía manejar,  ahora también podía observar a la dama con armadura caminando delante, abriéndose paso entre la gente, o más bien   caminando por entre el pasillo que la gente hacía a su paso, tal era el efecto que el ruido de sus metálicos zapatos provocaban.

En eso estaba su atención cuando lo distrajo un follón proveniente del otro lado de la plaza, un ser de lo más particular estaba provocando toda una revolución en medio del mercado y en su camino había dejado más de una decena de puestos vueltos de cabeza y a otros tantos clientes con las bolsas de la compra tiradas.

Su carrera terminó de súbito justo frente a Libbax con el que cambio apenas un par de palabras antes de que el León siguiera su camino, ya solo unos metros los separaban, pero un tipo se apareció de la nada y se plantó frente a él, de nuevo un par de palabras rápidas y desapareció de  vista, claro uno no espera caminar por el mercado de Ciudad Esmeralda sin que se le cruce más de un tendero para ofrecerle sus productos, pero apenas el león dio un paso más adelante  todo se desmadró.

Polvoso miró extrañado como Libbax perdió el paso, giró y la sacudida lanzó su melena hacia él, lo que lo hizo estornudar, un cosquilleo en la nariz,  un ligero entumecimiento y algo en los ojos,… Polvoso trató de incorporarse pero algo no funcionaba con sus pies, parecía que estaba pisando sobre arena… la gente a su alrededor se empuja, grita, se revuelca en el piso o se hinca a rezar,  las imágenes son confusas, simplemente no podía enfocar lo que estaba pasando.

Lo siguiente fueron manos tocando su zapato, manos y voces acercándose, manos, voces y caras a su alrededor, acosándolo, rodeándolo, apresándolo y empujando desesperadamente, Polvoso se debatía contra aquellas fuerzas que lo arrastraban,  se empujó con todas sus fuerzas hacía atrás y cayó de espaldas a la fuente, Polvoso sintió el agua fría como una  descarga , pero las manos seguían empujándolo, , no podía quedarse ahí , no podía dejar que las manos lo atraparan porque sabía que no lo dejarían ir, que lo atraparían en una oscura prisión de la que nadie sabría nada , y que nadie lo buscaría, Polvoso empujó hacia arriba con todas sus fuerzas y salió de la fuente aventando y golpeando a quien se encontrara enfrente, corría apartando las manos, viendo las mismas caras una y otra vez hasta que su carrera lo llevó a estrellarse de cabeza con la espalda de Libbax, tan fuerte fue el impacto para Polvoso que cayó de bruces perdiendo la conciencia por un instante, pero el impacto apenas si había sido perceptible para el León,

En cuanto abrió los ojos se encontró a penas un paso atrás de una gran mancha blanca que se movía en dirección a Veronika, pero apenas ese segundo de cordura , le permitió recuperar la idea de que algo ahí estaba mal,  de inmediato las manos regresaron por el, sujetándolo al piso… no lo dejarían ir.




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Re: Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

Mensaje por Xenagos el Jue Oct 15, 2015 10:13 pm

El saludo no pareció surtir efecto alguno, algo que dejó al bardo con la boca abierta. "ha pasado de mi" pensó el sátiro.
El "Leoncito" siguió su camino apenas habiendole echado una mirada. Xenagos que estaba anodadado miró para atrás haber si su perseguidor estaba cerca. No lo parecía y se volvió a la imponente figura.

Pero el bardo no se rindió y fué a saludarle de nuevo y ha hacerse notar, ya que no quería volver otra vez solo a la posada después de lo ocurrido. De repente otro " tio gato" apareció e intercambio unas palabras con su semejante. El otro felino ofreció un producto que sacó y echó encima del "leoncito". Tan rápido como llegó se fué, todo fué muy raro pero Xenagos no estaba para preocuparse de otras cosas en ese momento.

-Hola perd...- Sin terminar la frase Xenagos se detuvo y empezó a darle vueltas la cabeza y ha dolerle mareandole, cerró los ojos y sintió un fuerte golpe en el pecho cayendo de espaldas.
Aún en el suelo Xenagos sintió como sus manos no podían moverse, abrió los ojos y vió como sus manos estaban atadas con unas cuerdas y no podía moverse. Le entraron escalofríos y nervios al verse atado, como aquella vez que le ataron y estuvo en la jaula prisionero, forcejeó un rato pero no consiguió nada.
La amargura y desesperanza le invadio, sólo podía ver sus manos atadas, todo lo demás no existía, era una pesadilla estar de nuevo así.  Xenagos se quedó inmóvil, otra vez esclavizado y atado. 

Xenagos estando en su pesadilla personal no se enteraba del caos que se había organizado a su alrededor ni de lo que estaba pasando, él solo esperaba ya llegar a su destino y ver que clase de vida le tocaría llevar. Xenagos aún estando así de vez en cuando recibía alguna patada o golpe pero sin saber porque de esos dolores y golpes si solo estaba el en la jaula de prisionero. Tambien escuchaba un jadeo constante y gritos que se le antojaban de otros prisioneros que estarían en la caravana como él[size=57].[/size]


[size=57] De vez en cuando tenía algun destello de duda de lo que le pasaba pero todo se volvía a tornar rápidamente en una depresión. Estaba dentro de su mayor miedo pero no recordaba como había llegado allí.[/size]


Mientras la visión de su fobia seguía patente sintió un golpe fuerte en la cabeza.


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Re: Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

Mensaje por Veronika el Dom Oct 18, 2015 2:39 pm

OFF Disculpad mi tardanza. No he avisado previamente.

ON

Andando por el mercado junto al felino de proporciones legendarias, pasábamos muy cerca de un montón de comerciantes que parecían tener exquisiteces variopintas de lejanos lugares. Aromas de carnes siendo pasadas por la parrilla llegaban hasta nosotros, y me hacían la boca agua. Casi era la hora de comer, y estaba que no podía más con mi alma.

Apenas oí a un ser parecido a una cabra que nos saludaba a nuestro lado. Fui a responderle, pero nos sorprendió la llegada de otro ser extraño.

Para nuestra sorpresa, otro antropomorfo de un tipo que jamás había visto, se acercó presto hacia Libaax.

A pesar de que se trataban con bastante animosidad, me mantuve observando al extraño. ¿Con qué propósito se acercaba tan rápidamente a él?

Aun así, incliné la cabeza en señal de saludo cuando me presentó Libaax.

El extraño no sólo actuaba de forma extraña, sino que parecía querer echarle algo encima a Libaax, que éste esquivó con soltura. Y en cuanto éste se marchó, me giré hacia Libaax.

- Eso ha sido un encuentro cuanto menos… extraño. Bueno, vayamos a buscar alguien que nos venda algo de comer. Quizás no nos venga mal, y podríamos averiguar algo

Sin ser consciente de lo que estaba ocurriendo, caminaba delante de Libaax hacia nuestro destino, hasta que oí un grito a mi espalda.

Me volví con presteza, sólo para encontrarme al enorme animal venir hacia mí corriendo como si me viera cual comida, o algo así, mientras un extraño olor venía desde él.

Reaccioné intentando dar un salto hacia atrás, y oí un horrible chirrido al chocar sus afiladas garras con el el peto de metal de mi armadura.

Su mirada había cambiado. Había odio visceral. Me miraba como si quisiera destriparme allí mismo.

¡Libaax!¿Pero qué estás haciendo?!

Desenfundé una de mis dos espadas con presteza, mirando a Libaax con seriedad serena.

Libaax iba a cargar contra mí de nuevo, pero iba tan descontrolado, que pude echarme a un lado de un salto pocos segundos antes de que me pudiera alcanzar. Giré la espada en mi mano, sosteniéndola al revés, y descargué un golpe con la empuñadura sobre la espalda de Libaax.

No quería hacerle daño, no había razón… ¿O tal vez sí?

Libaax pareció no sólo que no había sufrido mucho con el golpe, sino mucho más enfurecido que nates, y en cuanto se giró, unas afiladas zarpas desgarraron mi mejilla de patilla a barbilla, lo que provocó que un hilo de sangre cayera por el filo de mi mandíbula sobre mi armadura plateada, y sobre el suelo.

Cambié de opinión bruscamente. Si él no se estaba controlando, yo no tenía que hacerlo tampoco.

Cogí la espada de nuevo de la forma correcta, y con la pausa que tuvo Libaax en aquel momento, imprimí un tajo que atravesó el aire y acabó por chocar en uno de los poderosos brazos de Libaax, dejando un largo corte superficial. Su sangre espesa resbalaba por el filo del acero, hasta gotear al suelo como si de un reloj de arena se tratara.

Su sangre era muy escandalosa, porque era más roja de lo que yo pensaba que iba a ser, pero no podía dejarme impresionar así.

Mientras Libaax se agarraba el brazo de forma instintiva por culpa del dolor, arremetí contra él con el hombro, tratando de derribarle y que cayera al suelo, lo cual ocurrió, para mi sorpresa.


Me arrodillé al lado de Libaax, presionando su brazo sano con una de mis rodillas, tratando de mirarle a la cara, intentando comprender lo ocurrido.

Libaax. No sé qué demonios te ha ocurrido. Pero ni se te ocurra moverte, por Selene juro que si lo haces, tendré que hacer algo que no quiero

Miré a mi alrededor, buscando respuestas, pero me vi sorprendida por algo que no había notado hasta ahora. Una algarabía incesante y creciente se cernía en torno a nosotros. Mucha gente se arrodillaba y tratab de sujetar a… ¿Al comerciante que iba con nosotros antes? ¿Y el sátiro estaba quieto y desolado?

Esto era un completo caos. Pero no podía desocuparme de Libaax ahora. Quería respuestas de lo ocurrido. Volví a centrarme en él y me mantuve mirándole a los ojos, serena, pero seria. Tenía que estar atenta ante cualquier movimiento extraño.


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Re: Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

Mensaje por Libaax Feher el Jue Oct 29, 2015 12:08 am

La mujer acaricia la esfera de cristal suavemente, sus ojos brillan de color esmeralda. Frente a ella, del otro lado de la mesa, una señora de alta sociedad sonríe emocionada.

-Madame Sevi ¿Ya ve mi futuro?-dice la acaudalada mujer mientas arroja aire en su rostro con su abanico-Tal vez, si el futuro es prometedor, al fin podre entregarle mi corazón.

-Mi señora Sanz, no tiene de que preocuparse. Mi esfera dice que pronto encontrara su destino en las manos de un buen hombre-dice la mujer, aun con su velo tapando su rostro, sólo sus ojos expuestos.

-Para usted es fácil, Madame Sevi, usted es tan hermosa que ni siquiera su rostro tiene que mostrar.

Sevi sonrió, sin decir una palabra, su sed de sangre esta hirviendo. La mujer, una simple clienta, tenia suficiente dinero para extender su misión fuera de la ciudad y lograr su cometido: eliminar a las impurezas de esta tierra.
Estiro la mano hacia la señora Sanz, exigiendo su paga por su simple acto de adivinación. El pago cayó suavemente en la mano de la adivina para que la enriquecida mujer regresara a su carruaje.

La adivina se pone de pie y cierra las cortinas de su tienda, se dirige hacia la casucha a espaldas de esta. Al entrar, mira inmediatamente el resultado de la invasión de alguien no deseado.

-Alguien estuvo aquí-dice molesta, mientras camina hacia los cadáveres de los ratidos.

Al retirar las armas de las víctimas, sus cuerpos inician una descomposición acelerada. Hasta volverse un charco de sangre poco agradable a la vista con un aroma nulo.

-Les di demasiado de ese veneno, sus cuerpos no lo soportaron-dice la mujer asqueada mientras camina hacia su lugar secreto.

Sus ojos se abren completamente al contar los frascos y la obvia falta de varios. Por un momento, sus pupilas cambian de forma, se alargan como rendijas y un brillo esmeralda las cubre.

-Parece que un ladrón quiere jugar.-dice con calma, a pesar de tener su expresión severa

Ella regresa caminando hacia el lugar de su adivinación y acaricia la esfera de cristal, pronto, un punto rojo brilla en medio de lo que parece ser un plano de la gran plaza. Otro más se mueve calle abajo, escabulléndose.

-Pequeño ladrón, ese no es simple veneno, esta combinado con magia ¡Mi magia!-sus ojos regresan a la normalidad, justo antes de que un nuevo cliente pase por el lumbral. Antes que le dirija la palabra al recién llegado, ella chasquea sus dedos dos veces.


----------------------------------------------------------------------------------

El flechazo atraviesa la piel de Godor, el hace una mueca de asco apenas antes que su rostro comience a entumirse y alcanza a ver a duras penas la figura de ratido que lo acaba de atacar desde el tejado cercano. Cae al suelo, consiente, pero incapaz de mantener en pie hacer alguna mueca en su rostro.

-Rata asquerosa-le dice a Vossnik al verlo de frente, al nivel del suelo-¿Crees que no tenemos planes cuando la escoria como tú nos descubra? ¿Crees que somos infieredres cogomo tuesdes?

Godor pierde rápidamente la coordinación con su lengua, pero sus ojos mira con desprecio a su atacante, pronto dejara de estar paralizado, pero espera con ansias algún error de su agresor, algo suficientemente ingenuo, como el hecho de traer los mismos frascos que su ama guarda celosamente, aquellos que él no puede tocar, porque su magia se esparce suavemente al caminar.

El ruido de un cristal roto interrumpe los pensamientos de Godor, dentro de la bolsa del ratido, un líquido rojo ha comenzado a gotear suavemente. A través del tejado y la pared hasta llegar al suelo del porche abandonado, el liquido llega al rostro y cuerpo del humano.

-Touto-dice con sus últimos rasgos de inteligencia, sus ojos se tornan rojos y se comienza a levantar, aunque su pierna derecha esta en una posición inhumana y los dedos de su mano izquierda no pueden moverse.

En un rápido movimiento escala por la pared hasta donde se encuentra el ratido, tomándolo  del cuello, mirándolo con odio. En el cuerpo del humano ahora se combinan químicos y magia, haciendo que su cerebro funcione erróneamente. La ira lo domina, pero no siente control absoluto de sus músculos, como si hilos controlaran sus movimientos, no puede articular palabra alguna. Con su puño cerrado golpe la pared cerca del tejado, dándose cuenta que es inmune al dolor. Trata de reír, pero no hay sonido alguno.

Godor lo suelta por reflejo, en su brazo hay dos cuchillar enterrada profundamente, la sangre brota a borbotones, creando burbujas en las heridas y al caer al suelo expiden un aroma a putrefacción. el tejado se rompe bajo los pies del humano y cae dos pisos hacia el suelo.


Del otro lado de la ciudad, la multitud alrededor de Polvoso se está disipando, llamados por el miedo a otra cosa, un león blanco, real y descontrolado. El tacto en el cuerpo del comerciante a desaparecido, pero las manos siguen a su alrededor, ilusiones inexistentes de personas queriendo llegar a él. Se amontonan una sobre la otra, un niño de apenas 9 años empuja a un hombre corpulento para poder tocar al ladronzuelo.

Cubriéndose el rostro a ratos, esa escena se queda clavada en la mente de Polvoso “¿Desde cuándo los niños son más fuertes que los hombres?” La multitud lo ha empujado a un carruaje abandonado “Fiestas de esmeralda” dice el letrero oscuro la parte elevada del carro.

Un hombre cubierto en pieles de oso empuja el cuerpo de Xenagos hacia el suelo. Sin poder soportarlo más, ha comenzado a reír a carcajadas dela situación. Para el, el antropomorfo podría levantarse si quisiera, si pudiera ver que la ilusión de esclavitud lo ha hecho esclavo de veneno.

-Asquerosa criatura. Me alegra que mi señora se vaya a encargar de las escorias como ustedes.- dice el hombre, cubriendo su rostro con la manga larga de sus ropas


Libaax se encuentra en el suelo, hincado con sus rodillas tocando el suelo de piedra de la plaza, su respiración está sumamente agitada y su corazón late a un ritmo  acelerado. El veneno le ha afectado profundamente en su sistema. Regresa para mirar a Veronika, aun viéndola como el dragón que mato a su pueblo. La herida que le había hecho en el brazo sangraba, pero por alguna razón no sentía dolor.

Al crearse el fuerte empujón de la mujer, de la mujer, el ruido de su armadura fue un estruendo que rompió la realidad. Con ella sobre él, inmovilizándolo, su respiración se calmaba. Aun veía con su ojo bueno al dragon.

-Mataste a mi familia-le repetía, aun viendo a un demonio y no a la humana-Mataste a los cachorros, a las mujeres, a todos sin piedad.

Una lagrima pasaba suavemente a través de su parche, recordándole que ese ojo sigue ahí, simplemente la bestia lo volvió maldito. Recuerda el combate contra el monstruo y lo poco que le pudo hacer cortando su cuerno. Por alguna razón, ahora tenia los dos.

-Tus cuernos…-le dice, sin escuchar las palabras que la mujer le decía-Parche…

Alcance a decir antes de empujar el pesado cuerpo acorazado de su compañera, lo suficiente para salir de debajo de ella. Por instinto toma su arma en su espalda y suspira suavemente, nada pasa.

-¿¡Me has quitado la magia?!-le grita al darse cuenta que no puede actividad su habilidad-¡Parche!- vuelve a gritar la palabra, como tratando de salir de un sueño.

----------------------------------------------------------------------

En su puesto, Madame Sevi mira la pelea de Libaax y Veronika desde su esfera de cristal.

-Esa humana, esta luchando contra un guerrero león…La quiero en mi colección-dice a si misma, mientras sus manos cambian a un color verde esmeralda al acariciar su esfera de cristal


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Re: Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

Mensaje por Polvoso Von Lipwig el Jue Oct 29, 2015 5:39 pm

"Cada cabeza es un mundo" reza el popular dicho... un mundo cuya geografía va tomando forma y detalle conforme tu vida transcurre,cada paso es un nuevo camino o vereda, cada nueva experiencia o lección aprendida tomaría la forma que le corresponda,  un soleado y apacible valle, una animada y pintoresca aldea o bien un enigmático bosque lleno de secretos, pero en ese mundo igualmente habrá lugares  oscuros y frios, sitios que tu inconciente se ha encargado de mantener alejados de la vista, son aquellos que no querrías volver a visitar...pero están ahí, tan vivos como tú, esperando pacientemente el momento de que decidas hacerles una visita.

Polvoso se encontraba de espaldas al suelo encerrado en la ilusion...pero ante los ojos de cualquier mente "cuerda", uno no dudaría en correr al templo más cercano por ayuda,era claro que tendrían que realizarle un exorcismo, aquel pobre hombre se retorcía, convulsionaba, gritaba y se revolcaba cual bestia salvaje... pero en aquel lugar en ese preciso momento no había muchas "mentes cuerdas" que pudieran auxiliarle, de cualquier manera para lo que pasaba en "el mundo" de Polvoso en aquellos momentos la ayuda de un clérigo no sería suficiente.

Después de aquel breve momento de lucidez, las visiones regresaron con más fuerza aún que antes... pero esta vez no había a donde correr, las manos lo sujetaban con fuerza hercúlea de pies y manos, otras tantas presionaban contra su pecho como planchas de acero oprimiendo sus pulmones, tantas manos lo jalaban, apretaban y tiraban de el que perdía la noción de su propio cuerpo por momentos, .era como si un ansia insana por descuartizarlo moviera aquellas fuerzas inhumanas, no querian apresalo en vida sino condenarlo a muerte.

En el climax de aquel martirio, la figura de un niño se abrió paso entre aquella barbarie...un pequeño de apariencia enfermiza, con ojos negros enormes y muy abiertos le miraban sin expresion, se detuvo a un palmo de su rostro y estiró hacia el ambas manos, abriendo su boca con una y metiendo la otra dentro... la deseperación de Polvoso llegó al limite,sentía en carne viva como sus uñas rasgaban dentro de su boca y sus dedos hurgaban  buscando su garganta... Polvoso sufrió una convulsión que hizo que todo su cuerpo se revolviera con tal fuerza que acabó boca abajo... vomitando el desayuno..  la cena y todo lo que hubiera alojado en sus tripas...

Fuera de la ilusión, sucedía que la Paladín, enfrascada en batalla contra el gigantesco León, había logrado derribar a Libaxx cargando contra su hombro, siendo tan violenta la caída que una de las patas de Libbax había ido a parar al estómago de Polvoso, que estando en el suelo, recibió el impacto de lleno... justo para provocarle aquella terrible convulsión y la consecuencia ya descrita.

Polvoso estaba en los límites de la inconsciencia, por momentos liberado de la ilusion dado su estado, a lo lejos creyó distinguír voces familiares....

"No sé qué demonios te ha ocurrido. Pero ni se te ocurra moverte,..."

"¡Me has quitado la magia?..."


Un momento después, el maltrecho cuerpo de Polvoso se sintió libre de aquel enorme peso que lo oprimía y por puro reflejo rodó hacia un costado..la mente de Polvoso sin embargo seguía lejos de aquel lugar.


Última edición por Polvoso Von Lipwig el Vie Oct 30, 2015 7:23 pm, editado 1 vez




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Re: Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

Mensaje por Vossnik el Jue Oct 29, 2015 5:44 pm

El rátido no se percató de que el líquido rojo se derramaba, ni mucho menos alcanzaba a imaginar el efecto que tendría sobre esa persona. El rátido poseía unos reflejos y capacidad de reacción envidiables, por ello no era poca cosa decir que Godor fue más rápido. Un relámpago en movimiento, una flecha que en un abrir y cerrar de ojos había subido al tejado y aferraba su cuello con su manaza, sin que el asesino pudiera hacer absolutamente nada para evitarlo. Aquello era cosa de magia, sin lugar a dudas, y una realmente poderosa.

Vossnik clavó sus afilados y poderosos incisivos en la mano que lo agarraba, buscando destrozarle los dedos, así como también clavó sus dagas en el brazo de su captor. Por suerte para el roedor, la presa que ejercía sobre su cuello no duró mucho. Godor se desplomó, cayendo al suelo con un golpe seco.

Se tomó unos breves segundos para recuperar la respiración, pero no quiso dar más tiempo a que el hombre se pusiera en pie. Rápidamente, bajó del tejado y comenzó a atarle con fuerza con la cuerda que llevaba consigo, cerciorándose de que su presa estaba bien inmovilizada.

-¿Quién es la mujer-serpiente?-inquirió, siendo él quien aferraba ahora el cuello del hombre por la camisa.- ¿Para qué son esos venenos?

Godor rió, respondiendo aún con la lengua dormida a causa del veneno, pero Vossnik pudo traducir sus balbuceos:

“En las sombras, cuando duerman, con sus ojos de bestia y su pelaje de pecado, nosotros como castigo y bondad, les daremos el fin que prono han de anhelar. No escaparan de la pureza del ser y del error de sus padres, somos el gremio que sin descanso les dará a sus hijos el final.”

Mostró sus afilados dientes, torciendo su expresión a una de furia por imaginar a Skabba siendo víctima de esos bastardos del “gremio”. Cualquiera que amenazase a su hija, le tendría como enemigo.

-No serás tú quien le ponga la mano encima a mi hija.

Con esas palabras, Vossnik sacó la daga aún clavada en el brazo de Godor y cercenó su cuello con ésta. No sabía hasta qué punto la magia de aquella hechicera podría sanarle, por lo que no correría ningún riesgo. Cortó la cabeza de Godor mientras el hombre aún luchaba por respirar entre los borboteos de su propia sangre ahogándole.

Vossnik escupió la sangre del humano que aún tenía en su boca, arrancando un trozo de tela de las ropas de éste y limpiándose la boca del líquido carmesí. Buscó entre las pertenencias de su presa por si llevaba algo de valor o que le pudiera servir. Recogió su cuerda, guardándola una vez más entre sus pertenencias, y tomó una decisión: Debía encontrar al león y conseguir su ayuda, pues estaba más que claro que él solo no podría enfrentarse a una magia tan poderosa. Necesitaba a alguien, otro objetivo de la Serpiente, que sirviera de distracción para que el rátido pudiera acercarse lo suficiente como para asestarle el golpe final.

Podría sonar fácil para cualquier otro, pero el rátido tenía cierto problema con los Félidos. Jamás había visto uno, y las historias que le contaron durante su corta pero intensa infancia sirvieron para sembrar en él un absoluto pavor hacia esos seres. Sin embargo, ahora debía hacerse una pregunta: ¿Qué era más importante? ¿Su seguridad o la de Skabba?

Sin dudarlo un segundo, saltó de nuevo al tejado y se movió por las alturas hasta llegar al cercano lugar del alboroto, observando la escena. Desde su posición, podía ver a lo que parecía ser un sátiro y al imponente león blanco luchando contra una humana. Al haber escuchado la conversación de Godor con el otro hombre, estaba ya totalmente seguro de que habían sido víctimas del envenenamiento.

Al rátido se le ocurrió una idea para parar aquél enfrentamiento y poder neutralizar al león blanco. Solo pensar en lo que estaba a punto de hacer le aterrorizaba, pero la imagen de Skabba seguía fija en su cabeza. Por ella debía superar aquél terror. Por ella, debía intentarlo. Abrió el pequeño tarro de veneno paralizador de su cinturón, empapando la sustancia en sus incisivos y cuidando de no tocarlo siquiera con la lengua por accidente. Saltó del tejado, corriendo entre la asustada multitud para llegar hasta el Félido, el cual ya se había levantado del suelo y había liberado al hombre que aplastó al caer. Cuando estuvo a poca distancia, saltó hasta aferrarse a su espalda y le dio un buen mordisco en el hombro, hundiendo los incisivos envenenados en su carne y volviendo a saltar al suelo, detrás de la mujer que le plantaba cara y limpiándose los restos que pudieran quedar en sus dientes del veneno.

-Aguarda.-le dijo a la mujer, indicándole que retrocediera.- El veneno aturdidor hará efecto.


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Re: Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

Mensaje por Veronika el Mar Nov 03, 2015 11:48 pm

- ¿Pero qué rayos dices?

Repuse extrañada por lo que me estaba diciendo ¿Cómo puede decir que yo maté a toda su familia y amigos?

Apenas me daba cuenta de que había alguien al lado vomitando, quizás por un golpe mal dado, quizás por otra cosa. Estaba centrada en Libaax.

De repente vi que el león empezó a derramar una lágrima por debajo del parche, y mientras seguía alucinando, me murmuraba. Pero de repente, me empujó a un lado, y tratando de buscar el equilibrio, me quedé de pie, viendo que se levantaba tomando su espada y me gritaba, asustado.

Tomé la espada con la empuñadura al revés, y le fui a lanzar un golpe primeramente con la empuñadura, tratando de noquearle.

Pero para mi sorpresa, una especie de rata enorme mordió al león en el hombro por la espalda, y se puso a mi lado. ¿Quién era este ser de corta estatura?¿Y por qué había hecho eso?

- ¿Veneno? ¿Espera, qué?

Ese dato me descolocó totalmente. Guardé la espada, y me acerqué de una zancada a Libaax, agarrándole de la cabeza con la mano, y mirándole a los ojos desde cerca, mientras le apretaba los dedos para que no se moviera. Esperaba que lo que dijera la rata fuera verdad.

- Libaax. Reacciona. No sé lo que estarás viendo, pero no tengo cuernos.

Traté de mantenerle quieto, y poniendo la otra mano sobre su pecho, para intentar mantenerle a una distancia de mi que no fuera dañina.


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Re: Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]

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