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Mensaje por Skabba el Jue Oct 15, 2015 12:30 pm

Se había demorado demasiado en las últimas semanas, pero al fin veía la silueta de una muralla recortada contra el atardecer, con el Sol abriéndose paso perezosamente entre las montañas antes de llegar a su lecho bajo tierra y dejar el cielo poblado solo por las estrellas. El camino estaba tranquilo, apenas unos cuantos carruajes la habían adelantado en su camino hasta la capital.

Llevaba los brazos cruzados y andaba ya con pesadez y amargor. Su rostro bien podría parecer ya el de una piedra, pues hacía ya tiempo que no lo había movido y el viento le congelaba el rostro. Podría sacar fácilmente algo de su mochila para abrigarse, pero le obligaría a interrumpir la marcha y era algo que no quería permitirse. Un pié, otro pié, el mismo de antes, el siguiente...

La muralla se fue acercando cada vez más hasta que por fin... ahí estaba. Una alta muralla con un agujero y unas rejas a modo de puerta, sonrió. El esfuerzo había merecido la pena. Unos nerviosos pasos más y los guardias ni se inmutaron cuando entró en la ciudad. Un chute de endorfinas recorrió su cuerpo, lo había logrado. El corazón comenzó a latir rápidamente, estaba realmente nerviosa, pero no le costó mantener el tipo. Puso su cerebro a trabajar, necesitaba un lugar donde pasar la noche. Descartó la calle y, una vez echó mano de su rugosa y extenuada bolsa de kulls, descartó las posadas también. Quizás, en algún lugar de las alcantarillas hubiera un sitio para ella...

Una mano con lo que presuntamente era una rosa pasó por delante de sus ojos, deteniendo el flujo de sus pensamientos. Sus ojos se movieron como rayos, inquisitivos. Unos cordiales ojos azules se interpusieron en su camino.

-¡Saludos! -Él sonrió y su juventud lo hizo con él. El rostro de Skabba trató de hacer lo mismo, pero no consiguió el efecto que quería porque el muchacho se rió de ella, tenía la mala costumbre de enseñar demasiado los incisivos. -Espero no parecer muy entrometido si le pregunto su nombre. -La sonrisa de Skabba se hizo más amplia y tomo una forma regular. -Solo lo parecerás si no me invitas a comer y descansar. -Dijo con aquella torpe lengua suya y rizó con el dedo un sucio mechón de su propio pelo. Él la miró y abrió los ojos, como si acabase de darse cuenta del pésimo estado de Skabba y siguió mirándola, esperando su nombre. -Cassandra. -Mintió, había sido un nombre al azar, pero ahora tendría que recordarlo. Tenía cosas que hacer. -Cass...
-Tengo que irme. -Cogió la rosa que el otro tenía entre sus dedos y la acercó delicadamente hasta sus fosas nasales. Mientras caminaba volvió su mirada hacia el hombre, solo una vez y después volvió la vista al frente, ya no sonreía, quizás nunca lo había hecho.

Podría ser util. Él y las monedas que había rescatado de su bolsillo cuando cogió la rosa, las lanzó al aire un par de veces una vez estuvo lo suficiente lejos y tiro la rosa. Definitivamente las alcantarillas servirían de refugio para aquella noche. Buscó una entrada y un rincón cómodo cerca de ella, sacó su querida manta de piel y se la echó por encima. El olor a podredumbre no le molestaba, el suelo estaba duro y no podía pensarlo de otra manera, estaba calentita y todo lo a gusto que podía estar. Su ultimo pensamiento se lo dirigió a la madriguera de los Shkek y a su propio padre, después su mente vagó hasta tierra más neblinosas y descansó.
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Mensaje por Señorita X el Jue Oct 15, 2015 3:52 pm

Me sorprende ver un hijra corto en estos días, pero está correcto. Le otorgaré color
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