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Los Señores de Erithrnem

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Los Señores de Erithrnem

Mensaje por Alabastro el Dom Oct 18, 2015 3:43 am


"Valientes generales miraron al cielo oscurecido y temblaron al contemplar las flechas elfas cubriendo los rayos argénteos de la luna. Y fue la silueta del Rey Blanco lo último que  distinguieron en las tinieblas."
-Fragmento de la Crónica La Batalla de Erithrnem.



Cuenta la historia de la Ciudad Blanca que, hace más de cuatro siglos, Hagrim, un Rey Blanco  apodado "Lengua de Roble" ganó la confianza de los esquivos elfos lunares tras aprender su lenguaje y dirigirse a ellos en aquél dialecto como señal de respeto, honrando al bosque con cánticos propios de sus habitantes antes de poner siquiera un pie en él. Los silvanos aceptaron a crear una alianza con Hagrim y, unidos a las huestes de antropomorfos, contuvieron a un ejército humano superior en número, sorprendiéndoles en los lindes del bosque al caer la noche.

Alabastro detuvo a su montura en los lindes del bosque de Erithrnem, alzando la mirada para apreciar las copas de los milenarios árboles bañadas por la luz de la luna. Le fascinaba el solo pensamiento de cuánta historia habían contemplado, cuántos relatos guardaban en secreto entre las grietas de su áspera corteza salpicada de líquenes, hongos y musgos.

No conocía la lengua de los silvanos para honrar al bosque con sus cánticos, pero descendió de su montura y se arrodilló ante la espesura, bajando su cabeza astada y murmurando en su lengua natal, tanto o más antigua que los mismos árboles:

-Permitidme viajar seguro bajo vuestra presencia, Señores de Erithrnem, pues no soy una amenaza y mis intenciones no albergan maldad alguna.

Tras ésta pequeña plegaria, volvió a ponerse en pie, tomando las riendas de Xvaal, su montura, y continuando a pie, guiándola entre los primeros árboles.

El tacto de la hierba fresca bajo sus pies era reconfortante, como una caricia de una madre. Andó con cuidado de no alterar el bosque con su presencia, pero le resultaba imposible ser sigiloso debido a su tamaño y su armadura, por no mencionar a su acompañante y sus poderosas pezuñas.  Como resultado, las aves graznaban en las ramas de los árboles, alejándose del extraño, y pequeños animalillos huían a esconderse a sus madrigueras, esquivando las zarpas del Woe. Todo a su alrededor parecía recalcar a cada momento que aquél no era su lugar ni por asomo.

Un silvido en el aire le hizo apartarse a tiempo, alertándole de una flecha volando hacia él, la cual se clavó en el tronco a su espalda. Por muy pronto que hubiera reaccionado. De haber querido matarle, el elfo que ahora le apuntaba con una nueva flecha desde una gruesa rama frente a él no habría fallado su disparo. El silvano permaneció en silencio, sin dejar de apuntarle. Estaba claro que esperaba a que fuese el intruso quien explicara sus intenciones.

-Soy Alabastro, hijo de Maugrim, del linaje de los Reyes de la Ciudad Blanca. Acudo a los Señores de Erithrnem  sin más intención que la de tener una audiencia con el Rey Faunlin y reavivar la alianza que una vez mantuvo con mis antepasados.

Un atronador silencio se hizo en el bosque. Incluso las aves, los insectos y el viento cesaron sus sonidos mientras el silvano observaba al intruso de pies a cabeza. Solo contestó con un silvido. A continuación de éste, otros silvanos descendieron de las copas de los árboles haciendo uso de las lianas que colgaban de ellos. Rodearon a Alabastro, pero el Woe no desenvainó su espada ni realizó cualquier movimiento que pudiera ocasionar el ataque de los elfos. Uno de ellos, de tez morena, cabello oscuro y ojos de ámbar, se adelantó y se dirigió a él en la lengua común.

-Si el Rey os recibe o no, no está en nuestras manos. Dejad vuestras armas y montura y seguidnos.

Alabastro simplemente asintió, dejando su mandoble y cuchillo de caza en las alforjas de Xvaal, tranquilizando al Qilin con una mirada antes de hacer entrega de sus riendas a uno de los silvanos.

Los silvanos eran por naturaleza desconfiados. Quizás más que cualquier otro elfo, pero nadie ponía en duda su compromiso con las causas a las que se entregaban ni sus dotes raciales. Pronto llegaron hasta la ciudad, la cual brillaba, tenue, bajo las rocas de las grandes grutas que la ocultaban. Muchos fueron los que le dirigieron la mirada y murmuraron "Hagrim ha vuelto" en su lengua materna, sorprendidos del parecido que ostentaba Alabastro con su antepasado. Y es que muchos de ellos habrían conocido a Hagrim en persona, luchado a su lado incluso, en la batalla que expulsó a los humanos de la espesura de los silvanos.

Le hicieron aguardar, custodiado por dos guardias, al pie de una gran escalinata con balaustrada. A los pocos minutos, el silvano de tez morena volvió hasta él.

-Adelante, el Rey de Erithrnem os aguarda.

Según las historias, Faulin fue coronado Rey a la edad de 125 años, cuando su padre se vio obligado a abdicar al ser incapaz de contener la locura que se había apoderado de su anciana mente. De ser cierto, Faulin ostentaba actualmente la edad aproximada de 600 años.

Alabastro ascendió por la escalinata hasta una construcción sostenida por columnas de piedra gris que emitía un tenue y pálido brillo argénteo. No poseía paredes, y estaba orientada de forma que pudiera contemplarse el cielo desde cualquiera de sus ángulos. Uno de los grandes telescopios de la raza sobresalía de su cúspide, pudiendo ser orientado en distintas posiciones mediante un mecanismo situado en su base, en el centro de la construcción abovedada. Allí un elfo de cabellos castallos y tez morena observaba el firmamento a través del artilugio, sin prestar inmediata atención al visitante.

-Soy Alabastro, Hijo de...

-Maugrim, del linaje de los Reyes de la Ciudad Blanca. Lo sé.

El monarca silvano se apartó lentamente de la mirilla del telescopio, posando por primera vez su mirada ante el Woe que permanecía en pie ante él, sin inmutarse por la interrupción y sin perder su porte noble, tranquila y férrea.

-Hace mucho tiempo que uno de los vuestros pone un pie en Erithrnem. Cuando la guerra dejó de ser necesaria, volvisteis a vuestras grutas y cavernas. Nunca más volvimos a saber de Lengua de Roble.

Alabastro sintió cierto resquemor por parte del rey Faulin, por lo que optó por escoger muy cuidadosamente sus palabras.

-Un dromedario no pertenece al bosque, de la misma forma que un gamo no pertenece al desierto.-explicó, inclinando ligeramente su cabeza en señal de respeto.- Lengua de Roble cumplió con su promesa: mantuvo a los invasores lejos del bosque e hizo lo que estuvo en su mano para que los Señores de Erithrnem recuperasen lo perdido. Tras ello, no tenía sentido abusar de la confianza que en él depositasteis y regresó al lugar al que pertenecía: la Ciudad Blanca.

Faulin frunció levemente el ceño, pero no tardó en asentir, conforme con la respuesta.

-Y ahora, el último de su linaje acude de nuevo a mi con intenciones de reavivar la alianza.-sus manos se entrelazaron bajo las mangas de su túnica.- ¿Por qué? Hace tiempo que los ejércitos humanos dejaron de pasar por nuestro bosque y arrasarlo para construir sus máquinas de guerra y hogares. Ahora, a muchos les permitimos incluso caminar entre nosotros.

-Los tiempos cambian, desde luego.-afirmó el Woe.- Y también el motivo de la alianza que deseo proponeros. Mi intención es conseguir dejar atrás las rencillas entre el Reino Subterráneo y los Reinos Humanos, poniendo fin a los conflictos que durante demasiado tiempo ha enfrentado a nuestras razas. El mundo ha cambiado, y debemos ser lo suficientemente sabios como para aprender todo lo nuevo que tiene que enseñarnos. Después de todo, nuestro futuro depende de ello.

El rey elfo se mantuvo en silencio, pensativo ante las palabras de Alabastro durante unos momentos.

-¿Y qué deseas entonces de nosotros, Alabastro, hijo de Maugrim?

-Mi intención es lograr audiencia con los gobernantes humanos y establecer la Ciudad Blanca y sus grutas como un reino más de Noreth. Sus puertas estarán abiertas, por primera vez desde su reconstrucción, a las demás razas. De los Señores de  Erithrnem requiero   vuestras habilidades como guardianes del bosque. Deseo establecer una ruta comercial entre nuestras ciudades a través de la Jungla de Uzuri, algo que beneficiaría enormemente a ambos... pero para lograr tal empresa, deben limpiarse los caminos y vigilar que éstos sean seguros para los comerciantes y viajeros.

El rey elfo desvió ligeramente su mirada hacia la ciudad a sus pies, meditabundo.

-También, como petición personal...-continuó el Woe con cierta admiración.- Desearía escuchar del mismísimo Rey Faulin la historia que unió por primera vez a nuestras gentes.

Por primera vez durante la audiencia, un gesto semejante a una sonrisa se atisbó en el rostro del silvano.

-Toma asiento pues, la historia es larga y no gusto de omitir detalles. Después hablaremos de los detalles de nuestra alianza renovada. Empecemos por lo terrible que era la habilidad de Lengua de Roble para el canto...



-Diálogos.
"Pensamientos"
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Re: Los Señores de Erithrnem

Mensaje por Señorita X el Miér Oct 21, 2015 11:03 am

Si bien los telescopios son más propios de las sociedades humanas y enanas (Dado el uso y desarrollo tecnológico que poseen), en contra de que los elfos, y más aún los silvanos, están aunados con la naturaleza; me resulta válido el haber incluido uno en la sociedad silvana.

En cualquier caso el Hijra es intachable y cumple de sobras el cometido.
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