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Vacaciones en la Fortaleza de Samrat [Privado]

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Re: Vacaciones en la Fortaleza de Samrat [Privado]

Mensaje por Darkeray el Sáb Ene 16, 2016 12:50 am

-Caballero, se ha hecho de noche

-Agradezco la obviedad -respondió Darkeray mientras miraba el cielo estrellado- engendro.

-¿Aún piensas en encontrar una cabaña en estas condiciones?

-Sin luz lo veo improbable

-¿Entonces?

-Continuaremos hasta encontrar algo que nos pueda valer de refugio

-¿¡No acabas de decir que era improbable!?

-Improbable... No imposible -matizó-

Las horas nocturnas continuaron apacibles y frías, la niebla que parecía haberlos seguido desde la costa comenzó a despejarse mientras las estrellas en el firmamento brillaban ansiosas en su competencia por ser la más llamativa. Darkeray observaba fascinado aquel cielo, tantas veces lo había contemplado a lo largo de siglos y continuaba siendo un espectáculo por descubrir, como si los cuerpos celestes preparan una función nueva para cada una de las noches.

De pronto las estrellas centellearon, brillaron fuerte, demasiado fuerte, deslumbraban, un blanco puro inundó la visión del Caballero, escuchó a Muerte relinchar asustado y confuso, escuchó un intenso y molesto pitido, escuchó la voz del Bufón gritando distorsionada y ahogada. Darkeray cayó de la montura, Muerte se desbocó y huyó entre gritos de agonía, el Bufón fue silenciado, las mentes se callaron, y la luz se apagó.


------------------X------------------


-Vamos engendro, despierta... -dijo una voz femenina suave como la seda más fina- Tienes que despertarte ya...

A Darkeray le daba vueltas la cabeza, querría haber vomitado si eso hubiese sido físicamente posible, el pitido aún continuaba sonando débilmente.

-Eso es, levántate...

Intentó abrir los ojos y observar a la mujer, pero sus párpados pesaban como el acero mismo, la poca luz que percibía le resultaba molesta y cegadora

-No no no no no engendro, eso no está bien, no puedes mirarme sin permiso.

Darkeray sintió respeto, aquella voz femenina y dulce ocultaba un acorde de severidad peligroso, como la serpiente que se contrae silenciosa y en aparente calma, como el gato que se agazapa antes de saltar a por el ratón.

-¿Quién sois vos buena señora? ¿Qué ha ocurrido?

-No no no no no engendro -respondió suavemente- Tú no haces las preguntas, las hago yo ¿Te parece bien? -y sin dar tiempo a responder añadió- Muy bien. Dime: ¿Quién eres tú?

-Darkeray, el conocido como “Caballero Errante”, a vuestro servicio buena señora

-No no no no no no engendro -reprendió- Ese no es tu nombre, no no no no no no

-Si a vos no os resultase inconveniente, quisiera ser denominado por este apodo

-Bueno bueno bueno bueno, pues Darkeray, dime: ¿Qué eres?

El Caballero se mordió los labios incómodo, aquello era un interrogatorio, resultaba ya demasiado evidente, pero... ¿Quién le estaba interrogando? ¿Debería fingir y mentir o ser plenamente sincero? Podía ser su perdición si no era cauto.

-No no no no no no engendro, no me debes mentir -interrumpió la voz con un tono de madre molesta-No no no no no, eso estaría mal, y tendría que castigarte, y yo no quiero eso.

Darkeray estaba estupefacto, había oído hablar de individuos capaces de invadir la mente de los demás para usarla a su antojo, ¿Sería esa mujer una de ellos? ¿Cómo de poderosa era? Y si podía leer su mente ¿Por qué aquel interrogatorio? ¿Estaba jugando con él?

-Muy mal engendro, muy muy mal, no me estás respondiendo, y eso está muy mal. Voy a tener que castigarte.

Un sonido metálico resonó en la estancia, definitivamente se encontraban en un interior. De pronto un agudo hielo atravesó los intestinos de Darkeray, y quiso retorcerse de dolor, pero algo lo estaba inmovilizando, y el frío se convirtió en lava, y quemó con avidez el interior de su cuerpo, el Caballero quiso gritar pero su boca parecía haber sido cosida y su lengua paralizada, ¿Cómo era aquello posible? ¿Quién era aquella mujer?

Trascurrieron minutos de lenta agonía y gritos ahogados en su garganta, la mujer de vez en cuando soltaba una risita traviesa. Finalmente aquella tortura finalizó y su cuerpo cayó como un pesado saco en el suelo, el dolor poco a poco fue remitiendo y el frío de su cadáver regresó.

-Bueno bueno bueno bueno, creo que nos hemos divertido suficiente -dijo en un tono alegre- de momento voy a dejarte un ratito mientras los chicos se encargan de quitarte esa molesta armadura y ponerte algo más cómodo para que te puedas relajar, no te preocupes, que luego volveré para estar otro ratito contigo.

Unos pasos ligeros se alejaron por un pasillo, Darkeray permaneció tumbado en el suelo hasta que su cuerpo comenzó a responder a sus órdenes de ponerse en pie, los párpados volvieron a ser livianos y sus ojos se abrieron para descubrir una celda de férreos barrotes y pétreos muros, ¿Qué había ocurrido? ¿Dónde estaba? No pudo pensarlo demasiado, tras apenas un par de minutos dos carceleros aparecieron por una de las puertas y se lo llevaron, querría haberse resistido, pero en el momento en que le pusieron los grilletes su fuerza desapareció y el cuerpo dejó una vez más de responderle. Aquel lugar estaba siniestramente preparado.

Y fue durante lo que pareció una eternidad que despojaron a Darkeray de su armadura y sus armas para luego torturarle quebrándole brazos y piernas que se curaban una y otra vez para poder repetir la operación. Darkeray primero aguantó, luego gritó, después sollozó, volvió a gritar, montó en cólera, sollozó una vez más, y finalmente, se agarró a ese dolor para no perder la cordura. Oculta tras un velo blanco, la mujer de voz de seda le repetía.

-No no no no no no engendro, tienes que seguir un poquito más, hasta que lleguen tus nuevos compañeros.
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Re: Vacaciones en la Fortaleza de Samrat [Privado]

Mensaje por Janna Tanya el Dom Ene 17, 2016 2:20 pm

Nuestra charla se vio interrumpida por unos gritos inhumanos, y sucedida por llantos apagados de dolor.

El guardia apenas cerró los ojos para soportar el grito, mientras que a mí me hizo temblar ligeramente por dentro. No estaba muy acostumbrada a oír gritos, y los gritos así no me gustaban nada. No se parecían absolutamente a los gritos de placer, ni a los quejidos secos.

Éstos eran gritos agónicos.

Cuando hubieron cesado los gritos, rodeé los barrotes con mis manos, y acerqué mi nariz, posándola junto al frío metal. Para ser una celda, estaba sorprendentemente limpia. Seguramente no habría demasiados presos en esta zona.

- No soy una bruja, que yo sepa al menos. Solo sé que tengo algunas cosas raras... Al menos en comparación a otras muchachas de mi edad- Esta era una de las pocas ocasiones en las que tenía que mentir, no fuera que quisiera este hombre cogerme de mi cuello y presionarlo entre sus dedos.

Acerqué mi torso a las barras de metal y me mantuve junto a la puerta de la celda, presionando mi pecho suavemente. Sonreí levemente para mí cuando vi que el caballero volvió a centrar su vista en mi pecho, y trató de carraspear.

-Así que no ¿eh? Pero… Hubo un momento en el que tu pelo se volvió dorado. Resultó muy extraño de ver.

Su monólogo se vio interrumpido por la voz de otro guardia que asomó la cabeza por el pasillo, inquiriendo que le ayudasen.

Apenas pude oír el sonido de una puerta metálica cerrándose, por lo que, sea quien fuere, lo encarcelaron lejos de mí.

Al rato mi captor volvió a sentarse en la banca frente a mí, visiblemente nervioso. Su mirada se paseaba de mi rostro a mi torso, pero se mantuvo en silencio.

- ¿Sucede algo, caballero? Me está observando con mucha intensidad-

Repuse con un deje pícaro en mi voz. El hombre carraspeó, y trató de mantenerse firme, sin responder.

A mi se me antojó frotar mi pecho contra las barras de metal, mientras sonreía para mí misma.

- ¿Cuánto más podrá aguantar con esa actitud? Está claro que está deseando hablar. O quizás hablar no sea la palabra –

El hombre se levantó enérgico y se acercó a mi celda, y tras meter una mano entre los barrotes, me agarró por un glúteo, se ve que aprovechado la situación, y me presionó contra la puerta.

- Deja de hacer eso. Me pones nervioso-

Fingí un suave gemido en cuanto me presionó contra la puerta, y le miré con fijación e intensidad

- Ohw, qué rudo es usted. Me gusta su actitud, tan fuerte, tan poderosa. Seguro que le gusta ser el lado dominante ¿verdad?

El hombre simplemente me soltó de forma ruda, lo que me provocó dar un traspiés y retroceder unos pasos, pero no iba a dejar de actuar así.

- Seguro que no actuarías tan así si alguien fuera a violarte. Pero no es mi estilo, todavía


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Re: Vacaciones en la Fortaleza de Samrat [Privado]

Mensaje por Avaricia el Dom Ene 17, 2016 10:15 pm

Jamás había sentido tal dolor, uno que no se parecía a ningún otro que hubiera sufrido. Le quemaba por fuera y por dentro, le hacía gritar y retorcerse violentamente y, al hacer eso, su agonía solo empeoraba. Debía quedarse lo más quieto posible en su prisión para que el sufrimiento fuera menor, pero incluso así era como intentar quedarse quieto cuando intentan cocerte vivo en un horno.

Avaricia tenía miedo. ¿Quién no lo tendría en una situación así? Pero su miedo era mucho más que simple temor, se trataba de un miedo ancestral a la magia divina. Ese miedo le hizo perder la cordura en aquellos instantes, haciéndole encogerse todo lo que su masa le permitía, totalmente paralizado por el terror. No temía a la muerte, ni siquiera a aquél tormento. Solo a las artes que le habían arrastrado a esa situación.

Entre aquella desesperación, trataba de llamar a Polvoso. De comunicarse con él de alguna forma, pero ni siquiera sabía si esos pensamientos agónicos le llegarían.

“¡AYÚDAME! ¡POLVOSO, SÁCAME DE AQUÍ!”

No pudo seguir, pues un latigazo de dolor le hizo entender que el intentar emplear cualquiera de sus habilidades se traduciría por una mayor tortura.

No tenía ni idea de qué estaba pasando en el exterior por lo que, cuando después de unas horas algo le arrastró de vuelta al exterior, se encontró totalmente desubicado.

La masa informe que el monje de la orden había expulsado de su cuerpo se retorcía lentamente y con dificultad en el frío suelo de aquella celda. Avaricia pudo ver en aquella semi oscuridad una mujer sentada en una silla de madera a escasos metros de él, acompañada del monje de pie a su lado.

-No, no, no, ¿estás seguro de que es un demonio?- la que escuchó fue la voz de la mujer.- Peculiar, muy peculiar diría yo. Vamos, vamos. Levántate, demonio, o pensaré que solo eres un diablillo de segunda que ladra más que muerde.

Había una cosa, solo una, que podría hacer a Avaricia olvidar el miedo y el dolor y sustituirlos por la furia… y era que le faltasen el respeto y escupieran en su enorme orgullo. ¿Quería verle morder? Por toda respuesta, la masa salió disparada hacia la mujer y el monje, formando una enorme boca que se abrió con la intención de destrozarlos a mordiscos.

La mujer, sobresaltada por un instante, simplemente dio un pequeño bote en la silla antes de que Avaricia chocara de lleno con aquél escudo mágico que el monje había levantado ante él y la mujer para protegerse del demonio.  

Avaricia al fin abrió varios de sus ojos, que observaron a ambos con una furia inhumana mientras trataba de superar el escudo y mordía y arañaba la superficie transparente y ligeramente blanquecina.

-No no no, ¿así cómo vamos a poder hablar?

Ante una mirada de la mujer, el monje hizo estallar el escudo con un movimiento de su mano, enviando al demonio a chocar contra la pared del otro extremo e interponiéndose entre él y la mujer sacando un látigo de seis colas de cuero blanco con símbolos grabados en la superficie. Símbolos religiosos.

Avaricia sentía el poder que surgía de aquél látigo. No podía retroceder, por lo que su cuerpo se pegó todo lo posible a la pared y, como un animal acorralado, mostró varias bocas que producían un amenazador sonido infernal a la defensiva.

-¿Cuál es tu nombre, demonio?


Avaricia rió, amenazador.

-Rigoberto.

Las seis colas del látigo le golpearon con un solo movimiento de cabeza de la mujer. La punzada le quemó y le hizo rugir, tanto de furia como de dolor, pero Avaricia estaba demasiado cansado y sabía que no podría hacer nada contra esos dos siervos de los dioses que tanto aborrecía.

-No, no, no…. No estás colaborando, no voy a preguntarlo otra vez.


¿Creía que un demonio iba a soltar su nombre así como así? Claro que no, y eso era una gran desventaja para uno que no recordaba el suyo. ¿Qué iba a decir? ¿Que no lo sabía? Ella no le creería ni aunque lo dejara retorciéndose de dolor hasta el fin del mundo.

-Phaemos. Me llamo Phaemos.

-Hmmm interesante, extremadamente interesante, sí, sí. Comprobaremos si es verdad lo que dices, y te aseguro que nada bueno te deparará la mentira.

¿Acaso le depararía algo bueno la verdad?

-Y yo os aseguro que os mataré a los dos y te meteré el látigo por el culo, cabeza huevo.

Aquella amenaza le valió una sarta de latigazos, pero ésta vez no rugió de dolor. Rugió con furia. Habían herido su orgullo, le habían humillado y Avaricia jamás lo olvidaría.

Cuando ambos al fin se retiraron, el demonio trató de reunir fuerzas para arrastrarse hacia los barrotes. Sabía que no lograría salir de ahí escurriéndose entre ellos, y en efecto le era imposible pasar por ellos sin recibir una insoportable descarga de dolor que, si lo tuviera, le habría dejado sin aliento. Si intentaba pasar entre esos barrotes, estaba seguro de que moriría.

Quedó en silencio un segundo. Juraría que había escuchado la voz de una mujer. Parecía hablar con un hombre, pero después escuchó pasos y vio uno de los guardias pasar frente a él, dirigiéndole una mirada de repulsión antes de seguir su camino. A continuación, solo se escuchó el sonido de una puerta cerrándose. Después… silencio.

-¿Hay alguien más encerrado en éste agradable lugar?



-Diálogos.        "Pensamientos"
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Re: Vacaciones en la Fortaleza de Samrat [Privado]

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