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Gran Torneo De Blitkrieg

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Re: Gran Torneo De Blitkrieg

Mensaje por Illua el Jue Ago 25, 2011 10:32 pm

El enano rodó a un lado, evitando así por poco aquel poderoso mazazo del vikhar, pero en cuanto este tocó el suelo, dio un giro de muñeca, cambiando el rumbo a uno diagonal ascendente, directamente hacia el, pero el enano también había lanzado su ataque, y debido a la baja estatura, el poderoso mazazo de Agrid golpeó el del enano, escuchándose un potente golpe mientras ambas armas se mantenían en tensión por el golpe, que rápidamente alzó para invertir el recorrido y bajar con velocidad sobre la cabeza del enano...

-Comprendo... continuemos pues ¡Al centro del campo!-Dijo empezando a correr hacia el centro...

Aqueronte colisionó contra la mina de fuego colocada por el mago, la cual explotó mandándola directamente hacia el suelo, donde la otra explotó, dejando bastante herida a la mujer, que empezó a levantarse, enfurecida y cansada de aquel mago, el cual se hallaba ahora colocado en posición defensiva, con la guadaña en sus manos y el bastón a la espalda, mientras la sacerdotisa se acercaba para ayudar a su compañera divium...

Yaus y Trian ya no parecían ellos mismos, parecían haber entrado en un estado similar al de Agrid y Bj, solamente, que más brutal y menos controlado... Yaus, intentando aprovechar los últimos momentos de poder que le quedaban, se lanzó contra su oponente, y con un aullido que helaba la sangre, lanzó un potente golpe a la pierna derecha del hombre gato, la cual crujió nefastamente, antes de caer al suelo rugiendo de dolor, pero, en ese momento, Yaus también cayó al suelo, terriblemente dolorido, un dolor casi insoportable le recorría el cuerpo, un momento, que el antropomorfo aprovechó, cojeando, sin poder usar su pierna derecha, avanzó hacia Trian y tomándole de las manos, le dio un potente tirón... Todos en el escenario escucharon un terrible aullido de dolor cuando los brazos del licántropo se partieron, haciendo que quedasen colgando sin posibilidad de movimiento, mientras el desesperado licantropo arremetía con otra brutal mordida la otra pierna del hombre gato, haciéndole caer hacia atrás sin poder usar las piernas...

-¡ALTO!-Gritó aquel ser alado, cuando Agrid iba a golpear a Bj, cuando Illua y Astarthea corrían, cuando Lain se preparaba para luchar contra la arquera, y todos pararon, no por voluntad propia, si no porque no podían moverse, veían, oían, podían hablar, pero no moverse...-¡Santos dioses!

El ser descendió hacia Yaus y Trian, los únicos que aun podían moverse, y que intentaban pelear aun como podían, con un gesto estos fueron apartados varios metros, y varios hombres llegaron con camillas, colocándoles sobre estas y llevándolos adentro. El ser miró el campo, señalando a todos, como si los contase, descubriendo la falta de dos, del otro equipo, y que rápidamente al mirar por el suelo, descubrió el cadáver del feerico, suspiró, y otros hombres entraron de nuevo, retirando al silfo y al pájaro, sin descubrir todavía la flor en la que Aeolian estaba siendo consumida.
Negó con la cabeza, y alzó de nuevo el vuelo, antes de comunicar algo que ninguno se esperaban.

-Los acontecimientos nos obligan a hacer un pequeño cambio de ultima hora...-Hizo un gesto, y los participantes se movieron de lugar, volviendo a sus posiciones originales, pero, con cambios... Illua estaba al lado de Lain, y en la otra punta, estaba Astarthea en compañía de Daebra, la blitz en el centro del campo, y Vivian y Aqueronte habían desaparecido, mientras, Bj y Agrid, permanecían exactamente en el mismo lugar, en la misma posición, eran la excepción... Posiblemente fuese por la expectación que daban el que no querían moverlos.-Los equipos cambian para equilibrar el juego... Perdonen las molestias, cambiamos de campo... ¡Roca!

La ultima palabra resonó en todo el escenario, mientras los cuerpos recuperaron de golpe su movimiento, y el juego continuó, mientras un haz de luz como el que surgió antes, con las plantas, volvía a aparecer, lo que significaba que el campo volvía a cambiar...

Continuará...
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Re: Gran Torneo De Blitkrieg

Mensaje por Astarthea el Lun Sep 05, 2011 9:53 pm

Apenas me dió tiempo de oír a aquel ser cuando gritó "Alto", para cuando quise darme cuenta ya no podía moverme, prácticamente era una estatua. Sí, todos mis sentidos funcionaban como debían funcionar, pero mi cuerpo estaba paralizado, era incapaz de moverme lo más mínimo.
Sé que debió ser un corto período de tiempo entre aquella palabra y lo que sucedería después – no explicaré más sobre ello, no viene al caso – pero para mí fueron minutos...muchos minutos y muy largos.

Algo me sucedió en aquel momento, algo que jamás antes me había pasado. La vista se me nubló lentamente, muy poco a poco todo aquello que veía frente a mí fué difuminándose. Todo aquello que mis ojos alcanzaban a ver fué desvaneciéndose sin que yo pudiese evitarlo. Era como si una nube hubiese ocultado todo cuanto tenía frente a mí.

Al mismo tiempo que todo a mi alrededor quedaba oculto por aquella extraña nube, los sonidos a mi alrededor fueron mitigándose. Aquellos gritos y abucheos, aquellos vítores y aplausos fueron apagándose lentamente hasta quedar en...nada...silencio.

Todo frente a mí era blanco, me sentía rodeada por una nube y en el más completo silencio. Pero hubo otra cosa que también me sorprendió. Podía moverme. Aquel ser alado había hecho que nos quedasemos quietos cual estatua de piedra, pero ahora yo sí podía moverme.

Comencé a caminar de frente, sin saber dónde llegaría ni qué habría tras la nube. Si ahora lo pienso, creo que incluso puedo sentir la humedad de aquella neblina, aún puedo recordar mi piel fría.
Por más que caminaba aquella nube no tenía fin, y el silencio se hacía demasiado pesado. Necesitaba oír algún sonido, necesitaba oír algo para cerciorarme de que no estaba...no...no podía ser. ¿Muerta? Reí a carcajadas, oyendo el eco de mi propia risa. No podía estar muerta...

Entonces llegó el sonido tan esperado, aunque no por ello deseado. Aquella voz en mi mente, aquella niña insolente y reprimida parecia dispuesta a no dejarme en paz.

-¿Tienes miedo? Vamos...no hay nada. Me sorprendes. - Me dijo con desdén y tal tono burlón que deseé tenerla frente a mí y echar mis manos a su cuello. Sí, puede sonar extraño, pues su cuello era el mio...pero no iba a estrangularme a mí misma. Pero...no la soportaba. Aquella niña tonta era la que más temía de las dos, la que nunca se arriesgaba, la que nunca vivía su vida como si fuese el último de ésta. Yo sí, yo vivía al límite siempre que podía.

-No, no tengo miedo, estúpida. - Respondí malhumorada. Ella no tenía ningún derecho a reírse de mí de aquel modo. No tenía derecho a hablarme de aquel modo.

-No te pongas así, sólo quiero salir. Tienes miedo, déjame salir. Yo puedo volver a ese estúpido campo de juego. Tú no sabes volver – De nuevo, desdén. La odiaba, ¡Por Elhías! Cuanto la odiaba. ¿Porqué teníamos que ser dos?

-¡Cállate! Saldré de aquí, saldremos de aquí y seré yo quien nos saque. Además, seguramente fuiste tú quien nos metiste aquí, estúpida – Volví a gritarle aún malhumorada.

-Es posible. - Dijo simplemente, riendo a carcajadas de tal forma que incluso sentí escalofríos. Aquella risa maliciosa no era suya, ella jamás reía así...de hecho....ella jamás reía. Aquello era de lo más extraño. Parecía que las tornas habían cambiado, parecía que ella era yo y yo era ella. Pero...¿cómo?

Yo salí y ella entró cuando comenzó aquel juego en el que nos vimos obligadas a participar, pero era lógico. Ella no sabía enfrentarse a este tipo de cosas, ella no tenía la soltura suficiente para usar nuestro don. Ella...no servía para luchar y sobrevivir...yo sí.


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Re: Gran Torneo De Blitkrieg

Mensaje por Invitado el Lun Sep 05, 2011 10:59 pm

[En el campo de batalla la sangre corría como un espeso río que dejaba su erosión allí por donde pasaba. La morena barba del guerrero del norte se encontraba ya manchada por la sangre de los enemigos, una tribu rival que había atacado la aldea del gigante nórdico. La blanca nieve se derretía y quedaba manchada de rojo ante el paso del líquido de la vida mientras que a dos metros sobre el suelo, que era más o menos la altura de todos los guerreros, las espadas se cruzaban con las hachas y los martillos. Las chispas de acero contra acero golpeaban los torsos desnudos y las barbas pobladas haciendo que corrieran el riesgo de arder junto con la cabeza de sus portadores. Muchos dejaban de ser personas y pasaban a ser animales en el más puro sentido de la palabra, abandonando por completo su conciencia humana para entregarse a la furia y a la rabia de la lucha. Sangre, gritos y muerte se extendían por doquier en el blanco manto del invierno. La nieve se agitaba dolorida por las pisadas de las pesadas botas de cuero y piel al tiempo que los gritos llenaban el aire, de victoria, de rabia, de dolor, de ira y de cualquier tipo, incluso de placer, del placer que más de uno obtenía al rebanar un cuello o atravesar un pecho.

La batalla se extendía por toda una estepa y entre ellos luchaba un combatiente muy concreto, nuestro protagonista, Agrid Hugrakkur. El enorme cuerpo del joven vikingo que se rebatía a palos contra sus semejantes, ya fuera con su poderoso mazo, partiendo costillas y abriendo cráneos como si de sandías se tratase o con la espada que portaba en la zurda, un enorme doble filo que rivalizaba con la altura de su gigantesco portador, la sangre que la manchaba denotaba que era un guerrero de los más valerosos sin miedo a la muerte. Sus ojos vueltos lo identificaban como un bersérker, algo legendario fuera de sus tierras, pero muy normal dentro de ellas. Sus manos se encontraron contra las de otro vikingo de semejante altura y anchura, las dos masas de músculos incontroladas se enzarzaron en un combate que parecía estar hecho para satisfacer al mismísimo Odín, los golpes de los dos gigantes se repetían una y otra vez, sin efecto al parecer, los dos ignoraban en esos momentos en daños, cegados por la ira y el dolor que sentían por dentro. Los puñetazos de uno y de otro impactaban con fuerza en el pecho del rival sacando su sangre en los esputos de cada uno.

La tormenta de golpes se cernía sobre uno y sobre otro, aunque lentamente el gigante de pelo marrón iba tomando ventaja frente a su adversario de cabellos de oro. Pero pese a ello, pese al estado animal en el que ambos se encontraban, el honor prevalecía sobre cualquier otra virtud en ese combate, esperando incluso a que el otro se pusiera de pie si caía o recuperara una postura de combate favorable en lugar de atacar a la más mínima brecha. El vikingo rival golpeó a Agrid en el pecho con todas sus fuerzas, haciéndolo retroceder incluso para poder tomar de nuevo aire, pero no bastó para aplastar su caja torácica, no tenía suficiente fuerza. Las dos manos del nórdico protagonista se cogieron la una a la otra y entrelazaron sus dedos para formar una peligrosa bola de huesos y músculo más grande que la cabeza de su oponente. Con todas sus ganas el hombre nórdico de nombre Agrid, retrocedió con sus brazos y como si este fuera una maza de bola rápidamente volvió a cargar con todas sus fuerzas, suficientes en ese momento para derribar a un orco sin problemas, contra el pecho de su rival. La carne de sus puños se incrustó en la de su rival y el sonido de huesos quebrándose rompió el aire hasta los oídos del vikingo. La sangre brotó a borbotones y al retirar las dos manos que había usado a modo de maza se podía ver el pecho hundido de su rival, que vomitaba ahora sangre ahogándose en sus propios líquidos. El débil debía morir para dejar que sólo los más fuertes poblaran la tierra para no perderla contra invasores, así que sin piedad alguna Agrid tomó del suelo su espada y la alzó a dos manos sobre su cabeza, bajando luego a toda velocidad incrustándose en la espada de su enemigo para luego acabar cortando su carne, luego sus músculos e inclusive su columna vertebral como si se tratara de mantequilla, dándole un final nada bonito, pero al menos honorable.]


Esto era lo que pasaba por la cabeza del vikingo mientras el tiempo estaba detenido en el campo
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Re: Gran Torneo De Blitkrieg

Mensaje por Björki Gotriksson el Miér Sep 07, 2011 1:03 am

Los pasos pesados de nuestra unidad retumbaban en el túnel, rompiendo el silencio de la mina aparentemente desierta. Éramos diez, mis tres hermanos y yo. Yo llevaba un hacha a dos manos, mis hermanos iban armados con hachas o martillos y escudos, y los demás llevaban ballestas, excepto uno que llevaba también una hacha a dos manos. Ya habíamos tenido algún encontronazo con pequeñas bandas de goblins a las que habíamos arrasado en pocos minutos, con lo cual la mina parecía poco defendida, pero no nos confiábamos. Donde hay un goblin puede haber cientos.

Estábamos todos nerviosos, aunque no tuviéramos miedo. Todos conocíamos bien lo traicioneros que eran los pielesverdes, y de sobras sabíamos lo brutales que podían llegar a ser. A medida que nos adentrábamos en el lugar dejábamos de oír paulatinamente los sonidos de las botas de los otros escuadrones, lo cual nos dejó aún más intranquilos. Diez enanos bien armados ya son temibles, pero poco pueden hacer si les rodean y superan ampliamente en número.

Al cabo de un rato, cuando los túneles pasaron a ser cavernas naturales, demostrando ser ya la zona de extracción, volvimos a escuchar pisadas fuertes. Pero no sonaban a enano. Retumbaba demasiado el suelo, y no hacía el ruido metálico de una armadura, si no... Un ruido a huesos golpeando carne dura... Un rugido semejante al de un león pero de mayor intensidad, apenas girando el recodo... Rápidamente mi hermano mayor, el capitán, reaccionó, rugiendo en nuestro ancestral idioma:

-¡Enanos, posición de combate! ¡Ballesteros, poneros detrás! ¡Hermanos, protegedlos! ¡Björki, Rorki! ¡Flancos! ¡Preparad las hachas! ¡Por Karzun!-

Empezaron a surgir orcos y goblins. Eran muchos, decenas. Los ballesteros disparaban, demostrando que un ballestero enano puede ser tan preciso como un arquero elfo. Cinco orcos cayeron derribados por los virotes, que llegaban justo al ojo, atravesando la zona débil de su cráneo. Los enanos habíamos aprendido que los ballesteros y arcabuceros siempre debían disparar a los orcos antes que a los goblins. Ya que iban a matar la misma cantidad de enemigos disparando contra unos que contra otros, mejor que mataran a los fuertes y dejaran que sólo llegaran los débiles.

Cuando orcos y goblins llegaron a nuestras líneas, los cinco soldados de cuerpo a cuerpo empezamos a combatir con ferocidad. Nuestras hachas abrían grandes huecos entre los goblins y tumbaban a los orcos, más lentos y torpes que nosotros. Sin embargo, para nuestra sorpresa, llegaron por detrás una tropa de goblins. Los ballesteros sacaron sus rodelas y sus hachas y luchamos, en formación circular, espalda contra espalda.

Pronto empezamos a caer, uno a uno. Luchábamos con tesón, pero en vano. Entonces noté un golpe tremendamente fuerte en mi cabeza. Tan sólo el casco logró evitar que muriera en lugar de caer inconsciente.

Rato después me levanté, con la cabeza dando vueltas. El casco estaba roto en dos pedazos y tirado en el suelo, y tenía una brecha sangrante en el lateral de la cabeza. Me llevé una mano ahí, y observé las figuras que estaba junto a mí. Una de ellas estaba arrodillada, derramando lágrimas pero sin emitir ningún sonido. Era mi padre. Al verme, me dio un fuerte abrazo:

-¡Björki, tú has sobrevivido! Pensaba que tendríamos que llorar diez muertes... Tus hermanos... No lo han logrado... Hemos visto la cantidad de cadáveres y habéis hecho una resistencia heroica... Al menos es bueno saber que tú has sobrevivido, hijo mío...-

Yo negué con la cabeza, derramando lágrimas silenciosas, y empecé a quitarme la armadura lentamente, hasta dejar tan sólo mis pantalones y mis botas. Miré entonces a mi padre mientras cogía una navaja orca y empezaba a cortarme el cabello:

-Lo siento, padre... He fallado al clan... He fallado a los ancestros... He fallado a mis hermanos... Debo hacer el juramento. Debo hacerlo...-


Esto fue lo que recordé mientras estuve paralizado.
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Re: Gran Torneo De Blitkrieg

Mensaje por Astarthea el Sáb Sep 10, 2011 8:39 pm

Su risa retumbaba en mi cabeza con fuerza, provocándome tal dolor que incluso tuve que llevarme las manos a mis sienes, apretándolas. Seguí caminando por aquella nada, con las manos en mi cabeza y los ojos apretados. Sí, los tenía cerrados, ¿Y que? ¿Con qué podía chocar? Allí no había nada, ni una maldita piedra. Sólo estabamos ella y yo...y ojala sólo estuviese yo.

En ese momento casi deseaba volver a aquel maldito campo de juego, aún estando obligada a jugar para volver a mi vida de siempre. Lo último que quería era estar con ella, ella no me soportaba ni yo a ella. Tan diferentes...tan unidas. Ya ni me acuerdo de cuantas maldiciones solté en un momento con tan solo pensar en ello. Tenía que hacer algo, era o ella o yo. No podíamos ser las dos. En un sólo cuerpo no cabíamos ambas.

-¿Aún no me dejas salir a mi? - Su voz volvío a sonar en mi cabeza cuando ya pensaba que al fin dejaría de oírla. Tras su pregunta de nuevo su risa. Tras su risa un chasqueo de lengua. ¡Por Elhías! Esa niña malcriada estaba sacándome de mis casillas.

-¿Vas a callarte de una vez? - Grité con todas mis fuerzas, deteniendo mis pasos y apretando los puños.

-Te estás poniendo nerviosa, cálmate. Sólo quiero hablar contigo, ambas sabemos que si no nos ponemos de acuerdo esto seguirá pasando una y otra vez. Odio no saber qué haces cuando estás ahí fuera, quiero saberlo. - respondió la voz, esta vez con más calma. Aunque juraría que oí una risa maliciosa tras sus palabras.

- Sabes que es parte de lo que somos, no puedes saberlo. Así nacimos, ahora devuélveme al juego. Ahora. - Ordené seria y seca.


-No. - Fué su única respuesta. Me tensé, me tensé tanto que me dolía cada músculo de mi cuerpo.

-¡¡¡¡Aaaaaahg!!!! Ojalá estuvieses aquí fuera, niña malcriada. Entonces tú yo nos veríamos las caras y te retorcería ese fino cuello que tienes. Estúpida.


De nuevo una enorme risotada resonó en mi cabeza, tan larga que pensé que jamás dejaría de reírse. No entendía qué era lo que le hacía tanta gracia. Yo estaba cada vez mas tensa y nerviosa, y ella parecía divertirse provocándome. De nuevo me pregunté cuándo habían cambiado las tornas. ¿O es que ella era yo y yo era ella? ¿había cambiado su personalidad por la mía? Confusión, mucha confusión.

Sentí cómo la cabeza comenzó a darme vueltas, me sentia mareada y débil. No entendía qué me estaba ocurriendo. Era como si algo abandonase mi cuerpo, parte de mi energía, la mitad de ella. Caí al suelo de rodillas, respirando entrecortadamente y sintiendo como si me faltase el aire, como si mis pulmones no fuesen capaces de abarcar todo el aire que yo necesitaba para sobrevivir.

Cuando ya pensaba que estaba un poco recuperada de lo que fuese que me había pasado alcé ligeramente la cabeza encontrándome con una falda frente a mí. Seguí alzando la mirada, tratando de reconocer a quien tenía ante mí, apenas si había llegado a la cintura cuando oí aquella voz...

-Deseo concedido...ya me tienes fuera. - dijo ella, cruzada de brazos y mirándome con una sonrisa de superioridad.


-¿Cómo es posible? Tú y yo no nos podemos separar...no podemos estar ambas fuera, esto no es real. - dije mientras sentía cómo lágrimas de desesperación se agolpaban en mis ojos, amenazando con recorrer mis mejillas.

- Claro que es real, tan real como tú y como yo. Ambas estábamos deseando encontarnos...ahora estamos cara a cara...- me dijo mientras yo me ponia en pié, colocándome a su altura.

Largo rato fué el que estuve mirándola, observándola como si fuese un espejo, viendo mi rostro...mi piel....viendo todo de mí, viéndome a mí misma. Intantaba devolverla a donde debía estar, dentro de mi cabeza. Aún no entendía cómo había conseguido hacer eso: llevarme hasta aquel lugar rodeada de nada, cambiar su personalidad por la que debía ser la mía y, lo que era peor, salir fuera y encontrarse conmigo cara a cara. Estando ambas "fuera."


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Re: Gran Torneo De Blitkrieg

Mensaje por Astarthea el Sáb Sep 24, 2011 5:48 pm

El tiempo se hizo eterno mientras la miraba, mientra “me” miraba. Me costada dios y ayuda entender qué estaba ocurriendo, porqué de repente y de un momento a otro estaba primero en el campo de juego y ahora en medio de ninguna parte frente a mí misma, frente a esa que tanto odiaba y tanto me molestaba oír en mi cabeza.

Lo extraño era que al oírla “fuera” no me molestaba tanto, tal era la sorpresa por la situación que no me preocupaba oírla, lo que me preocupaba era que ambas estuviésemos fuera, ya que so era corporalmente hablando imposible. Ambas eramos una, eramos dos mentes, no dos cuerpos, faltaba mas....

-¿Y ahora qué? - pregunté con expresión seria. - Dime, ¿cómo has hecho esto? ¿y porqué eres tan...tan...altiva y arrogante? Esa...esa era yo – continué mirándola a los ojos, aquellos ojos que eran como los míos, que eran los míos.

-¿Seguro que eras tú? ¿No estarás equivocada? Mírate, estás confusa, ¿desde cuando esa que tú crees que eres está tan desconcertada? - me respondió cruzándose de brazos y mirándome con autosuficiencia.

Durante otro momento más la estuve mirando, al principio no entendía realmente lo que me quería decir. Pero estaba segura que era la Astarthea tímida y temerosa de todo la que estaba dentro y yo, la Astarthea osada y segura de sí misma la que estaba fuera.

Al poco lo comprendí, claro...eramos dos, y si ambas estábamos en la misma mente era porque realmente ambas podíamos ser iguales, éramos iguales. Pero entonces aquellos cambios, aquellos dolores de cabeza, aquellas pérdidas de memoria que ella sufría no tenían sentido.

-Espera, no intentes confundirme, aún más. Sabes igual que lo sé yo que nunca podremos ser iguales, nacimos con esto, nacimos siendo dos y así seguirá siendo. - respondí tratando de ponerme a su altura.

-¡Oh, por supuesto! Nadie dijo que quisiese cambiar la situación, no se puede, no podemos. Pero estoy cansada, estoy harta de no recordar qué diablos haces y con quién.

-Y yo estoy cansada de tener pesadillas por tu culpa. Gracias a ti aún escucho los gritos de aquellos niños, sus lamentos, veo sus cuerpos en sueños, veo sus almas...- le respondí enfrentándome a ella y aludiendo a aquellos días en los que casi perdemos la vida por su inconsciencia, por querer ayudar a una bruja psicópata.

-¡Bah! Discutir no tiene ningún sentido, no nos lleva a ninguna parte. Te traje aquí para “hacer las paces”. Ambas tenemos las mismas pesadillas, ya no te temo, ya no temo lo que puedas llegar a hacer y..bueno...mientras estemos en este maldito juego, te dejaré hacer...ya discutiremos sobre esto en otro momento...ahora vuelve...no podemos demorarnos más aquí.

Oí su respuesta, ¿cómo que me dejaría hacer? Otra cosa mas que no llegaba a comprender aún, pero que sí comprendería mas tarde...
Tras sus palabras desapareció esfumándose, como si fuese humo, dejándome allí en medio de la nada sola, sola y con otro dolor de cabeza enorme.
Otra vez la sentía dentro, la sentía en mi mente, incluso creí oír su voz, lejana: “¿Qué haces ahí parada? ¡¡¡Vuelve!!!”.

De repente me sentí mareada, aquella nada pareció ser tragada por algún agujero muy por delante de mí y de nuevo me vi, de un momento a otro en el campo de juego de Blitz. El campo había cambiado, era todo piedra. Y los equipos también...el juego volvía a comenzar.


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Re: Gran Torneo De Blitkrieg

Mensaje por Björki Gotriksson el Mar Oct 04, 2011 1:11 am

Éramos cinco enanos en total. Los cinco teníamos una gran cresta pelirroja, las sienes rapadas, y las barbas aún algo cortas. Yo era el más viejo de los allí presentes, aunque no el que más tiempo llevaba como matador. Especialmente me llevaba bien con uno del grupo que tenía casi mi misma edad, sólo nos llevábamos treinta años, y se llamaba Wurgrim. Ambos habíamos contraído la deuda de honor por el mismo motivo, y los usábamos para combatir hacha a dos manos. En aquella ocasión, la compañía de matadores había oído que un troll se hallaba en una cueva cercana a un pueblo y constantemente lo asaltaba. Ya había matado a buena parte del ganado, a algunos perros y a un par de ciudadanos. Era la oportunidad perfecta para hallar la muerte.

Tras unas horas de camino, finalmente llegamos a la cueva del troll. Tenía algunos cadáveres por ahí esparcidos, además de mierdas del tamaño de niños humanos y ríos de meados que, de no haberse estancado, perfectamente podrían considerarse nuevos afluentes de cualquiera que fuera el río que pasara cerca.

El comité de bienvenida sin duda fue bastante bonito. El troll salió rugiendo de la caverna y entonces vimos que el muy cabrón tenía cuatro brazos y cuernos. Un troll mutante. ¡Perfecto! ¡Aquél monstruo era mucho más épico de lo que prometieron los aldeanos! ¡Había que darle muerte o morir en el intento sin dudarlo!

El gran monstruo llevaba un par de garrotes, con los cuales nos atacó. Los matadores fuimos rápidos y esquivamos sus primeros mazazos, pero en el primer choque, Ulfgi fue aplastado y convertido en pegatina para el garrote del troll. Empezamos a escaramuzarle, rodeándole y moviéndonos frenéticamente a su alrededor para que no pudiera atacarnos a todos a la vez.

El primer momento de victoria fue cuando Wurgrim cortó un brazo armado del troll, haciendo que éste profiriera un gran grito de dolor. Poco después yo logré hincarle el hacha en la pierna al troll, pero antes de que pudiera seguir haciendo daño, él se libró medianamente de nosotros, matando a Kadrin en el proceso.

Finalmente, sólo quedamos Wurgrim, Snorri y yo. El combate se extendió un poco más, hasta que finalmente le amputamos otros dos brazos al troll, para finalmente arrancarle la cabeza a hachazos. Sin embargo, en un espasmo le sacudió un fuerte golpe a Wurgrim. Me acerqué a él, nada más morir el troll, y me arrodillé a su lado. Mi camarada, antes de morir, me regaló su hacha para que le trajera el honor que él ya no le podría dar. Sin embargo, yo le puse la mía en sus manos, para que su cadáver no estuviera desarmado.

Cuando murió, entre Snorri y yo llevamos a los tres cadáveres al pueblo. Teníamos que volver a las tierras de nuestros ancestros, para así poder decirles a sus familias y a toda la sociedad enana que habían muerto honorablemente en combate. Así podríamos restaurar su honor para poder seguir buscando el nuestro. Snorri y yo nos separamos ahí, aunque no sería la última vez que viera a ese malnacido que tantas veces me había ayudado.


Por mi cabeza, estos recuerdos pasaban durante la suspensión a la que fuimos sometidos.
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Re: Gran Torneo De Blitkrieg

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