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Partida Forja de Estrellas

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Partida Forja de Estrellas

Mensaje por Snarl el Vie Nov 13, 2015 3:39 am

PARTE I


" ... Y el cielo se encendió en llamas
Y las nubes se tornaron de un profundo carmesí...
Las estrellas, que brillaban con tanta intensidad... una a una desaparecieron
Solo una quedaba, tintineando con furia e ira...
Y entonces se movió, y mientras se movía, se acercó a Noreth...
Y los cielos se iluminaron como si fuera de día...
Cayó, rápido y furiosa, como un gigantesco puño...
Y la tierra tembló, crujió y gimió...
Y los hombres que observaban en ceniza se volvieron...
Y los que vivieron, solo escucharon la risa de aquel que había caído... "

Aquel verde y fértil valle, era el sueño de muchos y la pesadilla de otros. El clima era cálido, totalmente ajeno a las heladas y vientos fríos que cubrían los riscos de aquellos montes. Los arboles se mecían con el viento. Era un lugar que muchos deseaban y estarían dispuestos a sacrificar mucho y a muchos por ello. El valle siempre había sido disputado por dos terratenientes., hombres con cierta cantidad de dinero y tierras y que deseaban aquel lugar como propio. Durante años, habían luchado, si bien en un inicio con pequeñas escaramuzas, se habían convertido pronto en verdaderas matanzas. No habían invadido los territorios ajenos, pero la tensión era palpable y los habitantes de ambos feudos, sabían que podría volverse una carnicería pronto.

Fue entre el último mes de primavera y el primero de verano, que la lucha había llegado directamente al valle. Dos fuerzas de considerable tamaño, se enfrentarían en sus verdes prados y solamente uno quedaría en pie. Los propios terratenientes se habían presentado para la batalla y si bien parecía que en sus mentes solo estaba la riqueza o el poder, también había sabiduría y clara arrogancia y codicia. Cuando resonó el cuerno por los altos muros de roca, ambas fuerzas avanzaron. Alabardero y lanceros, espadachines y arqueros, incluso algunos magos y sacerdotes de lejanas tierras y contratados por oro ensangrentado.

Los primeros en chocar fueron los jinetes y lanceros, la sangre fue derramada, y los gritos comenzaron a brotar de las gargantas. Era una batalla real, sin duda algo que se recordaría durante bastantes años. Fue cuando un experimentado mercenario, un hombre que había sido campesino en su juventud, pero que tras tomar un hacha, había pasado a ser bandido y luego un mercenario, se enfrentaba con un muchacho de noble cuna, el cual jamás había tomado una espada en su vida y que temblaba de miedo, que todo se torció.

Parecía que uno de los bandos tenía ventaja, no solamente eran aldeanos comunes, si no expertos mercenarios, bandidos y asesinos, que sin escrúpulos, se habían dejado comprar con el reluciente oro y la pura plata. Los magos utilizaban sus conjuros, magia antigua y olvidada. El hielo parecía estacas y empalaba a sus enemigos. El viento se volvía cuchillas, cortando en muchos trozos a los desdichados. A medida que un metro era tomado, los cadáveres cubrían el suelo, alimentando a la tierra bajo estos.

En las tiendas, dos situaciones totalmente dispares se presentaban. En una, un desesperado terrateniente intentaba torcer la situación, y poder obtener alguna ventaja, sabía que sus tropas estaban siendo diezmadas y que no tenía el poder para enfrentarse a los hombres pagados, este hombre daba órdenes apresuradamente, podía notarse el nerviosismo y la tensión en su voz. Al contrario de esta, en la otra tienda, una copa de vino era servida a un hombre que solo observaba con placer la batalla. En su cuello un medallón de oro solido adornaba su pecho, la grasa se acumulaba en su barbilla, pareciendo que tuviera muchos pliegues bajo su cuello. Sus dedos, rechonchos y regordetes, estaban adornados con infinidad de anillos, que parecían estrangular sus falanges e internarse en la carne y piel.  Sentía gran regocijo al saber que había comprado la lealtad de los hombres, y ahora le servían como simples piezas. Dos caras de una singular moneda.  Pero como todo en este extraño mundo, la fortuna puede girarse y con el simple aventar de una pieza de oro, la lealtad cambia y los corazones dan la espalda.

Cruel destino, jugarreta de locos dioses o simple destino, todo cambiaria en un parpadear. Mientras la espada y el hacha chocaban, mientras los gritos eran silenciados por el acero, el cielo se ilumino. Muchos alzaron la mirada, otros simplemente observaban la roja sangre, luchando sin detenerse, con la locura en sus mentes, pero no importaba quien estuviera, todos lo sentirían y verían. Los cielos, que hasta ese momento se habían oscurecido, pronto se iluminaron como si fuera de día. Las nubes se agitaron y abrieron, como si abrieran paso a un mesías. Quien observaba el cielo, pudo contemplar como aquello se acercaba. Desde lo alto, una gran bola de fuego se dirigía hacia ellos. No pudieron hacer mucho, los que intentaban huir, eran atacados, pensando que eran victimas fáciles. La espada no se detenía, la lanza no se desviaba, la matanza continuaba y en un simple parpadear, todo se acabo.

La gran bola de fuego se interno en el valle, iluminando todo, y produciendo un gran sonido, como si dos gigantescas puertas hubieran caído. El sonido se escucho hasta los lejanos pueblos, a casi un día a pie. Los dos ejércitos fueron borrados de noreth. Los que habían tenido la desdicha de estar donde había caído aquel intruso, se habían convertido en polvo, no habían sentido nada, cuando el abrasador calor los había consumido, no dejando nada más que humo y manchas negras. Los que habían intentado huir, habían volado por los aires, muchos se habían estrellado con los muros de roca, a cientos de metros y sus cadáveres ahora decoraban las rocas. Otros, simplemente habían sucumbido, con sus órganos reventados, sus oídos sangrantes y pulmones abrasados por el calor.

De los dos líderes, nada quedaba, sus tiendas habían ardido, sus mapas vueltos cenizas, las botellas de vidrio derretido y el líquido evaporado. Los arboles habían sido arrancados desde la raíz y todo lo verde ahora era gris y frágil. Una enorme nube de polvo y ceniza había ocultado los últimos vestigios del sol y la luna. Y ahora, un enorme cráter existía en medio del valle. Tan profundo y gigantesco, que un hombre no podría lograr llegar al otro lado, ni con una flecha ni diez de ellas.

Pero no todos habían perecido, muchos se habían alejado, quizás por que vigilaban de la distancia, ahora ellos eran los únicos supervivientes, con sus ojos apagándose, perdiendo la luz, con sus oídos sangrantes y con el cuerpo ardiente.

Lucca era un el hijo de un herrero, había sido tomado como vigía aquel día, era una forma de ganarse la vida, sin necesidad de trabajar el metal o luchar directamente. Se había encontrado a mucha distancia, observando a los enemigos, y listo para dar una señal si observaba refuerzos. Mas, aquella tarde, había estado a la distancia justa, para observar aquello. Lo había visto caer y a diferencia de los que habían estado bajo este, lo había observado de forma diferente. Antes que la cegadora luz quitara lentamente la visión de sus ojos, para jamás devolverla, lo había visto muy bien… no era una simple piedra, ni tampoco una bola de fuego… extrañamente…. Tenía forma de un puño humano…

Tras muchos días viajando, tras muchas penurias, Lucca había vuelto a su pueblo natal, Tros, sus padres le recibieron preocupados, ya que sus ojos, ya estaban blancos y únicamente, los dioses habían tenido la guía para este. Se guardo el secreto de aquello que vio e invento una historia extraña, que mantuvo durante largos años… termino casándose, teniendo hijos y con el tiempo, nietos y aunque su mente comenzaba a flaquear y desvariar, logro tener un bisnieto, algo realmente asombroso para esa época. Tan solo y casi en su lecho de muerte, le conto la historia a uno de sus nietos … el cual, ahora viejo, soñaba con la historia de su viejo y fallecido abuelo y, quizás por la edad del anciano, adornar la historia para que fuera más entretenida.

Ahora, Frax MacFerguson, el nieto de Lucca, ya anciano, viejo y cansado y sabiendo que su muerte no aguardaría mucho para reclamarle, tenía una última petición. Sus manos estaban ya temblorosas, sus piernas adelgazadas, su lengua ya apenas sentía los sabores, pero su mente estaba tan clara como en su juventud y sus ojos aun irradiaban esa vitalidad, tan notoria en los más jóvenes. No le costó convencer a uno de sus nietos para que le ayudara en su plan, esto, debido a que sus propios hijos ya lo consideraban un viejo senil y fantasioso.

Riim corrió por las calles embarradas, ensuciando sus botas y pantalones. Recorría las calles de Tros hasta la posada del “Unicornio Borracho” , el viejo Tim, hombre ya entrado en años, limpiaba las jarras de cerveza, vio al muchacho llegar y tras regañarle por ensuciar el piso, acepto escuchar la historia del chico. No se puede evitar decir que el tabernero se rio a carcajadas de la petición del viejo y el chico, pero el anciano Frax le había ayudado cuando era más joven y se lo debía. Por lo que acepto a contar la petición de ambos, si algún mercenario o alguien, lo suficientemente loco y desesperado, pasaba por la taberna. El joven agradeció y salió corriendo, hablaría esa tarde con el jefe de la cofradía de mercenarios y caza recompensas y con el posadero.

Curiosamente, el viejo Frax había tenido una buena juventud, sus artes en la herrería habían trascendido los pequeños límites del pueblo y habían llegado a las aldeas cercanas. Una armadura abollada, una sartén agujereada, una espada nueva, puntas de flechas e incluso herraduras, todo lo había hecho en juventud y muchos le debían, era tiempo de pagar. Y así fue, cuando un nuevo mercenario llegaba, este fácilmente escuchaba el rumor.

Mientras Tim, el posadero y tabernero, le servía otra jarra de cerveza negra a un enano, contaba la historia, como lo había hecho durante ya varias semanas –Si es verdad –Comenzaba a decir -El viejo Frax quiere contratar mercenarios, es algo de buscar un metal en las montañas o algo similar, no sé realmente, ya con su edad, de seguro estará viendo ninfas en su sopa o una orca en su cama – Normalmente con esas palabras muchos se reían y hacían bromas, que el viejo ahora se creía aventurero o que de seguro quería metal para hacer su propio ataúd. A pesar de las risas, el tabernero siempre continuaba, aun cuando su voz era casi acallada por las carcajadas y bromas –Sera viejo, pero aun esta lucido, si él dice que existe ese metal… bueno quien sabe, es posible que algo pueda hacer con él, la paga no será mucho, pero es mejor que el simple hecho de vagar sin rumbo-

A veces y tanto repetir la historia, esta cambiaba, normalmente era buscar un trozo de metal, otras veces, buscar a otro herrero, incluso se tergiversaba en una reliquia o se volvía una leyenda. Muchos agregaban y quitaban, en ocasiones no era Frax quien necesitaba mercenarios, si no Uther, un cacique de las montañas y otras veces, era una anciana que buscaba a su hijo o nieto. En cuestión de dos meses, la historia había cambiado muchas veces, y era repetida como un cuento de fogata. Pero… aun había ocasiones, que era repetida como originalmente era y en esas ocasiones, parecía que los ojos brillaban de aquellos que la escuchaban.

Mientras eso pasaba, Frax aguardaba fuera de la forja, uno de sus hijos constantemente golpeaba el metal, forjando armas o reparando utensilios, al lado de la casa oscurecida por hollín, una pila de metal retorcido y oxidado existía, el metal malo e inservible.  En todo aquel tiempo, el anciano había visto a varios mercenarios y los había rechazado todos, quizás por que cuando lo iban a ver, se reían de él o pensaban que era la historia de un viejo senil.  Aun aguardaba, esperando a los correctos. Ya fueran hombres o elfos, enanos u orcos, quien viera en sus ojos que creía en sus palabras, conocería parte de la historia y la recompensa que les ofrecería.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Partida Forja de Estrellas

Mensaje por Avaricia el Sáb Nov 14, 2015 1:07 pm

Spoiler:


No hacía falta ser muy observador para darse cuenta de que la mujer que respondía al nombre de Karakari no era una de las habitantes de la aldea de Tros. Tenía aproximadamente 20 años y gozaba tanto de una belleza exótica de las tribus Vikhars de las montañas y glaciares, como de un rostro severo curtido por el combate y decorado con las pinturas de su clan.

Karakari era la hija de la Matriarca,y como tal debía demostrar que poseía la fuerza y virtudes necesarias para guiar al clan cuando su madre se entregase al abrazo de los dioses y dejara de caminar entre los vivos. Por ello, hizo una promesa ante su gente: no volvería hasta demostrar que era digna de ocupar el lugar de su madre.

Apenas tres días habían pasado desde que llegó en una pequeña barca de vela al continente, adentrándose en los bosques de Jyurman, cuando fue atacada por los elfos oscuros, proclamados dueños y señores de aquellas tierras. Dada por muerta al caer a las aguas de un furioso río, Karakari encontró al que sería su salvador y compañero en un remanso al que las aguas la arrastraron. Entumecida y confusa por los golpes y el agua en sus pulmones, creyó que era Vhalos, el dios de la Muerte de su clan, el que acudía en su busca. Ella le contó que no podía morir allí, pues sería la vergüenza del clan y deshonraría el nombre de su familia.

El demonio, que había sido atraído por las grandes ambiciones de la joven, le propuso un trato sencillo: él la ayudaría a burlar a Vhalos y la guiaría en su búsqueda de enemigos y tesoros dignos de una Matriarca, a cambio de permitirle viajar a su lado.

Agotada y aterrada por la idea de una muerte indigna y prematura, Karakari aceptó el trato de Avaricia, quien infundió nuevas energías a la joven guerrera a través de su posesión, al mismo tiempo que alimentaba su ya de por sí gran ambición.

Fue así como, mientras cruzaban los Montes Keyback para internarse en el continente, se detuvieron en el pueblo de Tros para reponer existencias y llenar el estómago de la joven en la posada de Tim. Escucharon la historia del viejo Frax de boca del posadero, y el demonio pudo sentir conforme avanzaba la historia cómo se acrecentaba el deseo de la joven por una espada forjada con aquél metal legendario.

-Sería innegable que un tesoro de tal calibre aseguraría tu puesto de Matriarca y el respeto de tu tribu.-susurró el demonio en la mente de la joven.- ¿No crees que deberías presentarte ante el viejo herrero?

Karakari no respondió en voz alta, pero sin duda estaba de acuerdo con la propuesta del demonio, quien no estaba sino pronunciando los deseos de la propia joven.

Decidieron descansar en la noche y acudir al día siguiente sin falta a la forja de Frax. Karakari, a pesar de la ceguera del hombre, saludó respetuosamente con una inclinación de cabeza, pues en su clan siempre se inculcaba el respeto a los ancianos, ya que eran ellos quienes gozaban de mayor experiencia.

El anciano, tras la presentación de Karakari, realizó tres preguntas:

-¿Por qué has acudido a mi petición?

Karakari relató el motivo de su partida de los Glaciares para obedecer las costumbres de su clan. No tenía motivos para mentir al anciano, pero desde luego excluyó al demonio de su relato.

-¿Qué deseas obtener por estar a mi servicio?

-No deseo más paga que una espada forjada con el metal de los dioses caído del cielo. Un objeto así me permitiría regresar a mi hogar con orgullo y entregar a mi clan una reliquia de incalculable valor para los nuestros.

Karakari sabía de sobra que las creencias religiosas del resto de Noreth no eran las mismas que las de su tribu, pero esperaba que el anciano entendiera lo importante que era para ella honrar a sus dioses y a su pueblo.

El anciano no formularía su tercera pregunta, pues ésta ya había quedado respondida con la última respuesta. Ahora, la joven Karakari permanecía en pie frente al viejo Frax sentado en su desgastado taburete, aguardando su respuesta y tratando de ocultar su nerviosismo. ¿Y si no la aceptaba a su servicio? ¿Qué haría entonces?

-Sssshhh… tranquila, mi pequeña.-murmuró Avaricia en la mente de la joven.- No será la única forma de obtener el metal de los dioses si te rechaza…



-Diálogos.        "Pensamientos"
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Re: Partida Forja de Estrellas

Mensaje por Evelyn Blake el Lun Nov 16, 2015 11:25 pm

-Quietos, déjame las colas, no, NO…- La peliblanca le dio un coletazo a uno de los mellizos, aunque era tan esponjosa que no dolía de verdad, basto para que este estornudara y se llenara la nariz de mocos. El niño miro la cola que estaba sujetando en ese instante. –NO, ni se te ocurra- Dio un tirón para apartarla del inminente peligro hacia su higiene y cogió un pañuelo –Toma…- Al menos la niña era más tranquila, se pasaba medio día durmiendo abrazada a una de sus colas, seguía sin gustarle, pero al menos no las ensuciaba, incluso le dejaba cepillárselas si se había portado bien.

-¿Te están dando muchos problemas aquí atrás?- El padre pregunto desde el asiento del carro en el que se encontraban, mientras guiaba las mulas.

-¿Qué? Oh, nono, no se preocupe, son un encanto…- Quería estrangular a ese pequeño, Todd, que debía ser un mote cariñoso para demonio del averno, pero no podía hacerle eso al padre, había sido muy amable al acogerla. Se habían encontrado en el camino, mientras Evelyn cambiaba de pueblo debido a ciertas… desavenencias sobre la posesión de las cosas con los locales y había dejado que subiera a su caravana, le había dado cama, techo, comida, incluso dulces, todo gratis, solo quería que cuidara de sus críos mientras dirigía los dos carros y coordinaba a los dos guardias. El acento extraño muy bien disimulado y la carencia de nada verdaderamente valioso hacía sospechar a la mujer zorro de que se trataba de algún tipo de espía, pero le daba bastante igual, era buen tipo, incluso le había regalado un bonito vestido blanco después de su cara de horror cuando Todd le mancho su capa de zumo, aunque no había tardado casi nada en limpiarla.

Cada vez que llegaban a un pueblo, el padre de los críos se dedicaba a vender sus cachivaches mientras ella cuidaba de los gemelos, por lo que tenía tiempo de sobra para escuchar rumores en la taberna, mientras les contaba cuentos. “Robar una reliquia de manos de unos mercenarios orcos”, conseguir “el metal regalado a los elfos por el dios noseque”, tardo más de lo que jamás admitiría en percatarse de que todos hablaban del mismo contrato, pero a medida que se acercaban al pueblo indicado, el rumor era más cercano a su origen y, por lo tanto, aceptablemente verídico. Recuperar un cacho de metal, sin minarlo ni nada, un trozo de metal allí tirado, como mucho robárselo a alguien, podía hacer eso, sonaba muy fácil.

-¿Te vas?- había autentica pena en la voz del mercader, y su prole llevaba media hora pegada a sus colas, abrazándola para que no se fuera.

-Te agradezco el viaje, pero he encontrado trabajo en el siguiente pueblo.- realmente se habían encariñado con ella, y dado que no veía a la madre de los críos por ningún lado, se hacía una ligera idea de su historia, lo que hacía que aún le diera más pena. –Va, no llores Sally, que entonces empezare a llorar yo también…- Una hora más tarde, había conseguido irse sin romper a llorar y se encontraba en ese pueblo, “Tros”, no le costó mucho encontrar la forja, tenía un aspecto bastante característico, por si cabía alguna duda, había un anciano hablando con una joven de aspecto aguerrido. Casi no se fijó en el anciano encorvado, por más que la calvicie y la cara arrugada coincidieran con el aspecto que le habían descrito. Solo tenía ojos para la muchacha, cuando la miraba sentía algo… raro, una sensación de inquietud. Estaba tan distraída tanto que no se había percatado de que el interrogatorio había empezado.
-¿Muchacha?- dio un bote -SI-

-¿Quién eres y por qué has acudido a mi petición?-

-Evelyn Blake- se sacó la capucha, moviendo ligeramente sus blancas orejas para que destacaran por encima del pelo del mismo color. Si daba su nombre, no importaba que supiese también de sus atributos.  Su capa gris revelo una armadura de cuero negro que se ajustaba a su cuerpo, aunque tampoco se dio la vuelta para enseñar las colas, que seguían cubiertas por la capa. Y… ¿Por qué había acudido a esa y no a otra? –Curiosidad... quiero ver con mis propios ojos ese metal celestial. ¿Brilla? ¿Parece un trozo de metal normal? ¿Tiene un color raro?- se le había pasado por la cabeza robarlo, pero era un anciano, muy posiblemente era su última voluntad o algo así, no podía hacérselo…

-¿Que deseas obtener por estar a mi servicio?-

-Dinero- dijo sin dudarlo. Un herrero no era especialmente rico, pero tampoco era pobre, podía permitirse un sueldo decente…

-No te puedo ofrecer oro o gemas, ya que no tengo, pero si algo forjado ¿Aceptarías?- Mierda. ¿Ahora que hacia? ¿Que podía ofrecerle un herrero? Usaba cuero, pero una placa metálica que cubriera el pecho o algo así... no, algo mejor. Desenfundo su rapier. –Esto era de mi padre- No exactamente su padre biológico, pero daba igual. La mujer zorro le mostró el arma, aun cortaba, pero estaba desgastada, con muescas aquí y allá. -No quiero desprenderme de ella, pero… si pudiese… ¿Mejorarla? ¿Reforjarla con un metal mejor o algo así?- su interior chillaba metal celestial como una niña pequeña, pero ese anciano lo querría para algo ¿no? A lo mejor no sobraría después de dárselo.


Habla Narra Piensa


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Re: Partida Forja de Estrellas

Mensaje por Polvoso Von Lipwig el Mar Nov 17, 2015 5:46 pm

El camino es para un Shike, tal como el campo de batalla es para un Guerrero o su templo para un Devoto de Dios.
No hay placer tan sublime, ni compromiso tan fuerte, que pueda mantener alejado, a quien ha encontrado su vocación, de aquello que su espíritu anhela. Uno no puede vivir de la nostalgia y el recuerdo, pues aquel que niega su esencia, está condenado a convertirse en una mentira de sí mismo.
Ay de aquel que ignore el grito furioso de su espíritu exigiendo que se le regrese a su hogar, pues aquel desgraciado que haga oídos sordos a aquel reclamo, estará firmando su condena de muerte.
Muerto el espíritu,  muerta la carne.



Poco más de dos años hacía ya, desde que Polvoso decidió partir de Thargund en busca de nuevos rumbos, previo a su partida,  le había fastidiado bastante la cantidad de impuestos, trámites y demás tonterías burocráticas que el gremio de mercaderes había obligado a pagar en cada ciudad, pueblo, aldea y mercado.

La gota que derramó el vaso fue aquella vez que el funcionario local pretendió hacerle pagar impuestos de sanidad pública si quería entrar en Nanda con sus mulas. Apenas hacia unas pocas semanas que el mercader había estado en el puerto  y no le habían mencionado tal disparate, pero ante  sus airados reclamos, el mercader sólo obtuvo por respuesta:

- Es la nueva ley "Vildelgers"  ordenanza del honorable Sr. Luxon Videlgers, si no está de acuerdo, pues regrese por donde vino. ¡Ande! mueva sus trastos que estorba al resto de los que quieren pasar, Largo!

Después de mandar a tomar el fresco al emperifollado fulano, Polvoso  dio media vuelta con todo y mulas y partió en dicha travesía, su destino: cualquiera lo más alejado de Thargund, de sus funcionarios y de sus "Vildelgers".

Así pues,  es que ahora encontramos al mercader en la ciudad de Mirrizbak,   la ruta lo llevó por las laderas de los montes Keyback, región donde Polvoso conoció el significado de la frase “helado hasta los huesos”, si bien, su abrigo le protegía bastante bien del viento,  no podría esperar sobrevivir a intemperie por las noches solo con lo que llevaba encima, por lo que al llegar a la ciudad lo primero que hizo fue procurarse ropa más adecuada a la región, un buen par de guantes y calcetas de lana, un juego de interiores que le mantendrían calentito y cómodo y un gorro no estaría mal, pero solo pudo conseguirse unas orejeras empelechadas pues no hubo gorro en el cual, su pelambrera se acomodara.

Unos días después, un poco más acomodado en aquel sitio, Polvoso ya se encontraba acomodado en un cuartito justo para sus necesidades, el lugar era una posada sencilla pero animada llamada "El hada amaestrada", los encargados eran un matrimonio,  él se encargaba de los clientes y ella de la comida; mientras tuvieras dinero para pagar, el posadero era de lo más amable y parlanchín, y el caldo de pescado salido de las ollas de la señora era algo magnífico.

A pesar del condenado frío que se dejaba sentir en aquella región, Polvoso se hallaba muy a gusto, sus viajes y el largo camino recorrido  le habían devuelto su buen humor, además su bolsa de kulls se hallaba casi llena en parte a los negocios con los mineros y artesanos locales pero por supuesto en mayor parte proveniente del bolsillo ajeno, pero esa es otra historia.

Esa noche Polvoso regresó a la posada después de otro día de labor, la compra, venta, negociar, regatear y timar, todo eso era lo que a Polvoso le animaba sus días. La posada se encontraba animada como cada noche, pero esta vez, su mesa habitual se hallaba ocupada por un grupo de lo que parecían ser Cazadores y Soldados de fortuna; iban cargados tal como si se prepararán para la guerra o para una larga expedición, Polvoso se acomodó en una mesa cercana a la barra,  cuando el posadero se le acercó.

- Sr. Relumbrón, buenas noches le sirvo el caldo de pescado o esta noche gusta de  probar algo distinto? tengo pan fresco, queso de cabra y encurtidos, todos caen bien a la barriga vacía.

- Le acepto un poco de ese pan, pero paso del queso y los encurtidos, sabe que no podría sobrevivir al frío de las noches de Mirrizbak sin los deliciosos caldos de su esposa, ¡Creo que solo estoy prolongando mi estancia aquí con tal de no alejarme de tal manjar!

El posadero se alejó un poco mosqueado por el comentario, pero regresó presto con un cuenco grande del guiso y un par de rebanadas de crujiente pan de centeno.

- Eso huele realmente delicioso, gracias!

- Gusta algo de beber? … Ah se me olvidaba decirle; no le haga mucha confianza a esta mesa, cruje y esta coja de una pata, hace ya tiempo hubo una bronca entre algunos extranjeros y los mercaderes locales que acabó aquí en mi negocio, un par de ellos terminaron azotando encima de esta misma mesa y acabaron en el suelo, a raíz de ese incidente se armó un verdadero jaleo en el pueblo, carretas quemadas, caballos muertos y gente asesinada, todo en la misma semana, hasta se dice que robaron un barco recién salido de los astilleros que era propiedad de uno de los más ricos mercaderes de la ciudad.
Se dice que el Sr. Preich, que además de esto fue asaltado, aún ofrece recompensa por aquellos cuatro, fue una semana muy movida aquella ¿Sabe?  Para una comunidad pequeña como la nuestra esas cosas no son fáciles de olvidar, y más aún si los responsables de todo estaban aquí todos en esta posada…un enano que cargaba con una bola de pelos, una pelirroja que le juro que era algo digno de verse, otro alto que cargaba con un espadón del tamaño de un hombre y claro estaba aquel que rompió la mesa y me dejó todo el piso manchado, mire aún ahí abajo queda un manchón oscuro, por más que uno friega el piso,  la sangre nunca se quita del todo, si esos  eran los que armaron el escándalo.

Para acabarla ¡Nos vinieron a clavar en una pica una cabeza aquí justo afuera del negocio!, he de decir que era un tipo despreciable… pero esa noche a mi pobre mujer se le cortó la leche del susto... a mi pobre hijo tuvieron que darle de comer leche de cabra hasta que se repuso... Pero bueno lo que le decía es que tenga cuidado con la mesa, desde que la reparó el carpintero no quedó del todo bien, no sea que se le vuelque el cuenco
.


Polvoso escuchó toda la historia atento y divertido;  siempre era bueno poner atención a las historias locales, y aquella era especial por como la describía el posadero, pero en ese momento el grupo de la otra mesa era lo que le llamaba más la atención.

-Vaya que debió ser toda una historia lo que pasó en aquel entonces, seguro que en su momento el pueblo entero hablaba de eso todo el día,  sería interesante saber que fue de esos personajes, un grupo peculiar por lo que menciona,  pero bueno, gracias por la advertencia, tendré cuidado, no quiero acabar con mis pantalones todos mojados si se me cae el caldo encima, y si,  tráigame un tarro de cerveza pero que este algo aguada,  la otra noche me he pegado un botellón con la oscura que no quiero acordarme.

- En un momento se la traigo, Que aproveche!

Polvoso, disfrutó de la opípara cena, pero seguía curioso respecto de grupo de la otra mesa, finalmente le preguntó al posadero:

-Dígame algo…¿Sabe usted que es de aquel grupo? Pareciera, por como visten y todo lo que cargan, que se dirigieran a matar a alguna bestia infernal.

El posadero que ese día se hallaba de buen ánimo se limpió las manos en el delantal y se acercó una silla.  

-Oh vaya pues algo hay de eso, mire usted, en las últimas semanas han pasado por aquí un buen número de extranjeros, contando historias de lo más variopintas, y todas se refieren al mismo lugar y a la misma persona, un pequeño caserío no muy lejos de aquí, llamado Tros, y a quien se nombra en las historias es al viejo herrero Frax McFerguson, vaya que si lo conozco, en otros años era un asiduo cliente, acostumbraba pasar aquí las noches cuando venía con sus hijos a vender su mercancía , ya sabe cada año cuando se hacen las fiestas de la cosecha todos los hostales se llenan con los artesanos de los pueblos cercanos

-Y respecto de esas historias, ¿Qué es lo que se cuenta? Aún me parece curioso que la afluencia de aventureros sea tan nutrida como me dice solo por un viejo herrero.

- Pues como le digo, cada uno que pasa cuenta algo distinto, desde que se busca cazar y matar a un Demonio caído del cielo que ha quemado granjas enteras, otros hablan de una partida de búsqueda en las minas de Tros, donde se dice que los antiguos herreros enanos guardaban sus instrumentos más preciados y solo el viejo Mcferguson sabe de su ubicación, algunas también hablan de que se trata de encontrar algún tipo de roca preciosa oculta en las montañas,  y hasta historias acerca la última nieta del herrero que busca desposarse con aquel que sea digno a juicio de su abuelo, a través de una serie de pruebas… a saber cuál de todas será cierta, pero  la verdad es que la mayoría de los que pasan por aquí regresan con el rabo entre las patas y con cara de pocos amigos, pero nadie quiere hablar al respecto.

Lo que si, es que en todas las historias se habla de recompensas,  de un tesoro que el viejo Frax entregará a aquellos que cumplan con su encargo. ¡Ja! Conociéndolo, seguro que se trata de un trozo de carbón o de un azadón viejo y retorcido, esa familia son buenos herreros pero no tienen historia de poder pagar una buena recompensa.


Polvoso escuchó cada palabra dicha por el Posadero, la historia detrás de las historias se antojaba a algo que no podía resistir, algo que contar, una historia y un final... Al terminar el relato del posadero Polvoso estaba casi de pie, y queriendo pagar la cuenta , sentía una urgencia por partir que le quemaba los pies.

-Posadero pues creo que ya tendré oportunidad de contarle a mi regreso de que se trata todo esto, pues partiré yo también en búsqueda del herrero y averiguaremos de que se trata toda esta historia, ¿En qué dirección me dijo que se encontraba Tros?...

Y así Polvoso cargo nuevamente su carro y salió con rumbo al pequeño poblado, seis  días y seis noches tardó en llegar, afortunadamente no se había topado en su camino con ningún contratiempo y en cuanto entró al valle donde se encontraba el pueblito el clima mejoró considerablemente.

Habían pasado ya algunas horas después del mediodía cuando un intenso traqueteo provocado por trastos y tiliches  se dejó escuchar por la calle central de Tros, un grupo de niños se acercó corriendo al mercader para curiosear y asomarse debajo de las lonas que cosas es las que este visitante traía consigo, Polvoso se dirigió al niño que parecía ser el líder de aquella panda de críos, era pelirrojo y cubierto de pecas desde la nariz hasta las orejas.

-Eh, Chico! Dime, donde puedo encontrar al herrero del pueblo?

- Señor ¡El herrero del pueblo es mi abuelo! ¡Yo soy su nieto Riim Mcferguson!  ¿Ve aquella colina? Siga derecho, suba y al llegar a lo más alto verá la forja de mi familia, allí encontrará al abuelo sentado afuera del negocio, pero apúrese que hoy ha sido un día movido, ¡Ya van varios viajeros que llegan  buscándolo! Es más,  yo voy en esa dirección, si no llegó antes del anochecer mi madre me dará una tunda,  si me lleva en su carro le puedo decir al abuelo que usted viene a buscarlo!

A polvoso le hizo gracia la propuesta del avispado chiquillo, le hizo espacio y lo dejó subir a su lado, arreó a sus mulas y avanzó en dirección a la colina. Durante el trayecto el chiquillo no hizo más que contar respecto de los visitantes que habían llegado previamente,  un nutrido grupo de mercenarios temibles todos y armados hasta los dientes,  habían sido despachados por su abuelo en un santiamén, un par de cazadores elfos por igual, y así seguía la lista, hasta ahora los únicos que no habían bajado de la colina aún era una guerrera cubierta de pieles y con la cara pintada y una chica encapuchada un tanto misteriosa, pero se esperaba que llegara más gente antes del anochecer.

-Mire, señor,  Mire es ahí!

El pequeño se paró y señaló a lo lejos una fina columna de humo que destacaba en el horizonte, aquello era producto de una negra chimenea que salía de la cabaña donde se encontraba la forja de la familia, al avanzar el sonido inconfundible del martilleo sobre del yunque  se dejó escuchar y se observó el grupo de construcciones que el pequeño describió como las casas donde vivían sus familiares.

Al acercarse Polvoso detuvo su carro y lo amarró  cerca de un abrevadero que quedaba al alcance de sus mulas para que pudieran beber a sus anchas, todo mientras era apurado por el pelirrojo que brincoteaba alrededor ansioso, en cuanto Polvoso se dirigió hacia la entrada de la forja, él pequeño se soltó y corrió junto viejo  que se hallaba sentado tranquilamente en una viejo taburete disfrutando del calor de la tarde en su rostro con los ojos cerrados, la expresión del anciano se mostraba apacible, en total calma,  solo el movimiento de su pecho al respirar hacía notar que el cuerpo se hallaba con vida.

-Abuelo Abuelo! Ha llegado uno más y me ha traído con él en su carro!

El viejo volteó hacia donde se encontraba el pequeño, abrió sus ojos y le sacudió la mata de rojos cabellos, acto seguido volteó en dirección a Polvoso, quien encontró en sus ojos un par de espejos. Sin duda la forja había cobrado a través de los años la vista de aquel hombre,  y no solo eso,  sus manos se mostraban nudosas y torcidas, seguramente producto de innumerables golpes con el mazo sobre del yunque y de las reumas provocadas por los cambios de temperatura al enfriar el metal.

-Acérquese un poco hombre,  le agradezco que haya traído consigo a mi nieto, este chiquillo no hace más que meterse en problemas.

Polvoso se acercó limpiándose las manos con su pañuelo y se dirigió al anciano, la sensación de ser “observado” por unos ojos sin vista le era algo inquietante, pues a pesar de que el viejo era claramente ciego, Polvoso estaba cierto de que el herrero era consiente de todo lo que pasaba a su alrededor, aún de lo que no se decía en voz alta.

El viejo carraspeó y alzo la cabeza . puso sus ojos en contacto directo a  los de Polvoso y habló

-¿Quién eres y por qué has acudido a mi petición?

Polvoso se sintió sobrecogido ante la pregunta… contrario a su costumbre decidió no mentirle al anciano.

Mi nombre es Polvoso, Polvoso Von Lipwig, provengo de una familia Shike de la región de Djskn, pero el camino es mi verdadera patria, he acudido pues hace algunas semanas escuche historias acerca de que usted buscaba un grupo que le ayudara a usted con cierta misión, pero para ser sinceros las historias son tan diversas que no podría decir cuál es la verdadera,  lo único en que todas coincidían era en que uno tenía que presentarse en Tros con el herrero Frax Mcferguson y heme aquí.

El viejo sin apartar la mirada le respondió:- ¿Que deseas obtener por estar a mi servicio?

-Sin duda, todo trabajo merece una recompensa y solo quiero obtener mi parte de lo que usted ofrece, pero si hubiera algo más que pudiera sacar de esto que considere que sea para mi beneficio sin duda lo buscaría obtener.

-No te puedo ofrecer oro o gemas, ya que no tengo, pero si algo forjado  ¿Aceptarías?

Al escuchar la honestidad detrás de aquella pregunta,  Polvoso no pudo sino sonreír.

-Vaya, pues es justo lo que había pensado, siempre he querido forjar una cadena y un símbolo que represente a mi familia, sería algo sencillo, pero me daría por bien pagado si esa fuera la recompensa, claro, que si pudiera sacarle filo a mi navaja  al terminar pues también se lo agradecería enormemente.

Polvoso había contestado las preguntas del anciano pero dijo algo más al terminar:

-Señor McFerguson, debo pedirle un favor... en mi familia los Shike, como sabrá no tenemos más posesiones materiales ni un lugar que consideremos propio,  por tal nuestro verdadero nombre es algo que atesoramos y nos mantenemos como celosos dueños, solo lo compartimos con aquellos a quien consideramos de confianza, por tal le pediría que guarde el nombre de Polvoso Von Lipwig  para usted y para su nieto, ante cualquier otra persona le pido que me llame Estupefacto Relumbrón, que es así como me presento usualmente, espero que no le resulte en una molestia y pueda respetar esta petición.


Polvoso permaneció de pie, frente del viejo esperando su respuesta final. La tarde caía y dibujaba rojos y naranjas en los contornos de las montañas, el camino lo había llevado hasta ese punto y lo seguiría a donde quiera que lo llevara.


Polvoso se sintió sobrecogido ante la pregunta… contrario a su costumbre decidió no mentirle al anciano.

Mi nombre es Polvoso, Polvoso Von Lipwig, provengo de una familia Shike de la región de Djskn, pero el camino es mi verdadera patria, he acudido pues hace algunas semanas escuche historias acerca de que usted buscaba un grupo que le ayudara a usted con cierta misión, pero para ser sinceros las historias son tan diversas que no podría decir cuál es la verdadera,  lo único en que todas coincidían era en que uno tenía que presentarse en Tros con el herrero Frax Mcferguson y heme aquí.

El viejo sin apartar la mirada le respondió:- ¿Que deseas obtener por estar a mi servicio?

-Sin duda, todo trabajo merece una recompensa y solo quiero obtener mi parte de lo que usted ofrece, pero si hubiera algo más que pudiera sacar de esto que considere que sea para mi beneficio sin duda lo buscaría obtener.

-No te puedo ofrecer oro o gemas, ya que no tengo, pero si algo forjado  ¿Aceptarías?

Al escuchar la honestidad detrás de aquella pregunta,  Polvoso no pudo sino sonreír.

-Vaya, pues es justo lo que había pensado, siempre he querido forjar una cadena y un símbolo que represente a mi familia, sería algo sencillo, pero me daría por bien pagado si esa fuera la recompensa, claro, que si pudiera sacarle filo a mi navaja  al terminar pues también se lo agradecería enormemente.

Polvoso había contestado las preguntas del anciano pero dijo algo mas al terminar:

-Señor McFerguson, debo pedirle un favor... en mi familia los Shike, como sabra no tenemos mas posesiones materiales ni un lugar que consideremos propio,  por tal nuestro verdadero nombre es algo que atesoramos y nos mantenemos como celosos dueños, solo lo compartimos con aquellos a quien consideramos de confianza, por tal le pediría que guarde el nombre de Polvoso Von Lipwig  para usted y para su nieto, ante cualquier otra persona le pido que me llame Estupefacto Relumbrón, que es así como me presento usaualmente, espero que no le resulte en una molestía y pueda respetar esta petición.


Polvoso permaneció de pie, frente del viejo esperando su respuesta final. La tarde caía y dibujaba rojos y naranjas en los contornos de las montañas, el camino lo había llevado hasta ese punto y lo seguiría a donde quiera que lo llevara.


Última edición por Polvoso Von Lipwig el Vie Nov 20, 2015 3:21 pm, editado 2 veces




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Re: Partida Forja de Estrellas

Mensaje por Xenagos el Mar Nov 17, 2015 10:42 pm

El pueblo de Ruthan, célebre en la comarca por su conocida fiesta de la pira que se celebra actualmente y que con el paso de los años más curiosos y viajeros se han interesado por su tradición centenaria y el jolgorio que se montan durante su celebración.

Allí a Ruthan había viajado Xenagos, dinero, fiesta, gente y la inmensa posibilidad de encontrar nuevas canciones e historias para su repertorio.

El bardo había llegado dos dias antes para poder alojarse en una de las posadas y así no tener que dormir al raso en una de las tiendas de campaña que el pueblo ponía para los viajeros que se quedaban sin alojamiento.

La fiesta constaba de tres días.
El primero empezaba de noche y se preparaba una gran hoguera en el centro del pueblo. La gente escribía en una tablita de madera un deseo que no fuese para si mismo y tiraba a la hoguera la tablilla.
En el segundo día en todo el pueblo la gente se congregaban en torno a cuentacuentos, ancianos o cualquier persona que se supiese una historia o leyenda, duraba mañana y tarde. A la noche se hacía un círculo con antorchas y empezaba la música y la gente bailaba dentro del círculo.
El tercer día al medio día se hacía el concurso de postres, y los cuentacuentos, bardos y juglares tocaban canciones y contaban historias. Y a la noche se hacía una hoguera la cuál se saltaba, el que podía, mientras la fiesta daba fin a la festividad.

Xenagos cantó, bailó y contó infinidad de cuentos en la festividad, se lleno los bolsillos y aprendió sobretodo multitud de cuentos. El día después de la última noche Xenagos se encontraba en la posada comiendo papas guisadas, cuando entró un grupo de viajeros, nada mal equipados. Parecía que habían hecho un largo viaje y el bardo no pudo sino preguntarse ¿que harán aquí estos viajeros cuando la fiesta ya acabó?. Xenagos siguió comiendo tranquilamente mientras ojeaba de vez en cuando al grupo, el posadero fue a tomarles nota. Después de traerles la comida y la bebida el posadero les empezó a dar conversación, no parecía que quisieran hablar mucho pero el tabernero les sacó algo de información, de la cuál el bardo quería enterarse. Al rato llamó al tabernero.

- ¡Posadero! Llamó Xenagos dispuesto a sacarle algo de información.

- Si joven bardo. Respondió el tabernero cuando llegó a la mesa.

Xenagos le hizo ademán de que se sentara. Este accedió.

- Me preguntaba... Que es lo que le traía a esos viajeros aquí. Preguntó Xenagos en voz algo baja y con una sonrisa algo maliciosa.

- Pues son viajeros que fueron a Tros el pueblo de las historias que se han estado contando. Fueron a ver a Fax McFerguson el herrero, pues se dice que sabe donde esta un metal legendario y quiere forjar por última vez algo con él. Si te interesa ve a verle, está a 3 días de aquí andando, viaja por el camino del este al siguiente pueblo y allí te indicarán. El tabernero se levantó y se dispuso a irse.

Xenagos cogió el brazo del tabernero y le dio un pequeño saquito de monedas en señal de agradecimiento, además de pagarle el alojamiento y la comida.

El bardo cogió sus bártulos y se fue rumbo a Tros. Tardó los 3 días que le dijo el tabernero y a medida que se acercaba escuchaba historias sobre el herrero.

Una vez llegado al pueblo se dirigió a la herrería la cuál estaba algo aislada, era ya de noche y se veía en la entrada la luz de la forja y candelabros colgados por la finca. También había un grupo de personas alrededor de un anciano. A medida que se acercaba a parte del anciano había una chica y un hombre.

- Buenas noches señores y señorita, vengó buscando al herrero, mi nombre es Xenagos. Saludó amablemente Xenagos. Todos se dieron la vuelta. El anciano estaba sentado, sonriente. Xenagos vio que era ciego. La mujer parecía ser de una tribu, tanto por las pinturas faciales como por el ropaje que llevaba. Y por último se encontraba Estupefacto, un compañero de aventuras. Xenagos quedó más sorprendido por ver al humano que por ver al anciano.

- Bueno bueno si es mi amigo Estupefacto. ¿Que te trae por estos lares y que tal tu vida durante todo este tiempo?. Un sincero saludo hubo entre los dos compañeros y se dirigió al herrero.

¿Vienés por el trabajo joven? Bien Respóndeme a varias preguntas. ¿Quien eres y por que has acudido a mi petición?

Xenagos no dudó. - Soy Xenagos un sátiro bardo de Silvide, he escuchado historias de lo más variopintas y me estás dando la posibilidad de comprobar si la historia es verdad, no hay muchas que historias así. Me gustaría comprobarlo.

-No te puedo ofrecer oro o gemas, ya que no tengo, pero si algo forjado  ¿Aceptarías? . Preguntó inmediatamente después de responder.

-Me gustaría tener una bonita placa con la forma de una flauta de sátiro, para ponerla en la tumba de mi amigo. Simplemente para mejorar la qué en su momento pude comprar. El silencio se hizo durante unos segundos. Ahora sólo quedaba esperar la respuesta del anciano.


Pon música en tu vida!

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Re: Partida Forja de Estrellas

Mensaje por Malina el Vie Nov 20, 2015 3:13 pm

La fuerza creativa confiere a las mujeres un enorme impulso que las induce a actuar. No podemos pasar por alto la existencia de los numerosos robos e incapacitaciones del talento de las mujeres que se producen por medio de las restricciones y los castigos que la cultura impone a sus instintos naturales y salvajes.


Era altamente probable que, luego de tantas incongruencias en su estructurada vida, anularan por completo su ya alicaído sentido de la pertenencia. De hecho, si alguna persona le hubiese preguntado a dónde se dirigía, el día que partió de Phonterek, la respuesta fuera “No lo sé”. Y así como responde, desaparece del lugar. Algo así sucedió en aquel momento: Luego de varias semanas, horas, días mezclados en los territorios familiares, regocijándose en la fecunda aristocracia y en su ilustre trabajo artístico, la llevasen, junto a uno de sus criados, oculto tras la apariencia de un ayudante, a trabajar en la casa Hancey, donde la esposa del líder del gremio de Cacería le esperaba afanada.

- Señora…– la voz de Alex resonaba trémula de espanto por la habitación, observando a su señora en plena faena.
A la claridad de la luz de la media mañana, pudieron distinguir por completo su figura. No era nada esbelta, y al parecer, por su peculiar deseo, la esposa de Hancey, se comportaba como esas mujeres, que ya pocas oportunidades tienen para engendrar. Estaba formada ahora por una figura triplicada y poseía la más horrenda voz que Malina, hubiese escuchado jamás. Tenía las facciones distorsionadas, la tez muy apagada, el color rojizo de su cabello pendía sobre su garganta, y unos ojos que hubieran sido una verdadera pesadilla, de haber ofrecido una expresión agradable. Por fortuna, aquella mirada no manifestaba en aquel momento más que desdén y una especie de desesperación, que resultaba increíble.

- Entonces, Agnes…- dubitativa, Malina inició el diálogo- ¿para qué desea la pintura? ¿No quisieras que refleje algo en particular?

Agnes Hancey, esposa de Roguy Hancey era de esas mujeres, cuya cordura y belleza se iban de la mano, paulatinamente, año a año. De vez en cuando desviaba la mirada ávida hacia la impoluta juventud del criado de la oculta Lewe y con sórdida envidia, la depositaba sobre Malina, haciéndole sentir el ímpetu de su desidia. Allí, la artista hacía una mirada profunda, recapitulando su imagen, y a medida que se veía a sí misma con la pluma en la mano y el papel delante, buscando un asunto cualquiera para emborronar la famosa captura del deseo de sus clientes, tenía lástima de sí misma. Afortunadamente, la compañía de Alex, le había ofrecido la posibilidad de quitarse, la perniciosa y fea costumbre de usar un vocabulario poco digno de una señora, en caso de esterilidad comunicacional, pues hasta tal punto se encontraban los tres, apurados e irresolutos en esta conversación, que ya sería cosa de haber cantado una de las tantas groserías que hubo oído de los marineros aquellos, que los llevaron a la Isla del Destino.

Y no era precisamente porque se hayan agotado de tal modo las ideas, que registrando en el fondo de la imaginación, en donde andaban enmarañadas e indecisas, de un tiempo a esta parte, no pudiese topar con alguna y traerla. Pero no basta tener una idea; es necesario despojarla de su extraña manera de ser, vestirla un poco al uso para que esté presentable, aderezarla y condimentarla, en fin, a propósito, para “embellecer y perpetuar una imagen, para futura descendencia. O para terminar apilada en un viejo pasillo, clausurado por la peste o las brujerías". Y aquí estaba lo espinoso del caso, aquí la gran dificultad. Malina seguía ida, despojada de su creciente deseo por dibujar: la sola presencia de aquel demonio rojizo en su cabeza le traía no solo bochornosos recuerdos, sino que, con ello, la voz que la había acompañado desde la Cacería había comenzado a tomar un espacio precisamente firme dentro de ella: sus dibujos habían tomado un giro inesperado, y de las líneas definidas y trazos opacos, ahora gobernaban sus manos las figuras abstractas y el vaivén de las siluetas sin rostro, sin nada en particular que las identifique.

Ahora la pregunta era ¿Qué hacer? Siendo gobernados por el silencio y la propia amenaza de la mujer, la imperiosa necesidad de huir era evidente- Mi querida señora- precedió Lewe, con profunda diplomacia- Me temo que hoy no se siente en condiciones de proseguir con el diálogo. Quizás en presencia del señor Hancey logren llegar a un acuerdo para buscar lo que desea retratar…- Y así mantuvo la excusa por largo tiempo, hasta que finalmente cedió y los dejó partir. “No tengo nada más que hacer aquí” se repetía mientras caminaba  hacia las afueras de la ciudad con su estuche notoriamente vacío y su pose firme y seria.

¿Qué es este grito del mar? Esta voz del viento que llama al niño y lo hace levantar de la cama y salir a la noche es similar a un sueño que surge en la conciencia del soñador como una simple voz incorpórea. Se trata de uno de los sueños más impresionantes que puede tener una persona. Una transmisión directa del alma.


Era menester buscar la inspiración perdida. Luego de tantas aventuras, vaivenes emocionales e incoherencias que ofrecía la sociedad, Malina se sintió pequeña, cohibida por sus propias costumbres: ya no era suficiente retratar personas de alta alcurnia. No. Se hacía necesario “eso”, un cúmulo de exóticos paisajes para saciar su sed y desbordar sus deseos febriles por volver a pintar. Pero la imaginación no le acompañaba. Entonces, y en un irrefrenable impulso, tomó todos sus bosquejos y los lanzó al fuego, viendo como cintas rojizas se alzaban por sobre las hojas y el papel chamuscándose.

Sencillamente se quedó donde estaba, viendo como el fuego hacía su trabajo. Tenía un modo sistemático de deshacer cada uno de los libros página a página, calcinando una para exponer la siguiente, que a su vez se consumía con rapidez y le permitía vislumbrar retazos de rostros y poses que había descrito antes de que el fuego se las llevara. Permaneció allí de pie inhalando el aire abrasador mientras su cabeza se llenaba con visiones de los “horrores” que había conjurado en aquellas páginas: vastas creaciones que habían sido diseñadas para provocar a cada uno de sus clientes (o sea, a todo el que la contratase, porque no le gustaba nadie) una imagen tan vívida y precisa como fuese posible. Ya ni siquiera era consciente de la presencia de Hubbert, quien aún no llegaba de su viaje de negocios. Tan solo tenía los ojos clavados en el fuego, el corazón le latía con fuerza dentro del pecho debido a su proximidad al calor y la cabeza, a pesar de las “atrocidades” que la ocupaban, estaba extrañamente despejada.

[***]

Entonces…

Por Loc Lac se había desatado una euforia sin igual. Pese a ser pocos, unos cazafortunas, sumados otras tantas caravanas se habían organizado de forma arcaica a las afueras de una taberna. Malina asomó la cabeza por la ventana, guardando premura en sus gestos. Dentro de la paupérrima batahola de palabras insolentes y gritos, la arenga que los movía era una sola: “Tal parece que algo se gesta por Keybak”, pensaba con la nariz sostenida al marco de la ventana, ahogada por el olor a papel quemado. Veía sus armadura ser intercambiadas por piezas más lustrosas y sus armas, límpidas del óxido, ostentaban fundas nuevas, montadas en caballos recién alimentados; y distinguió por unas décimas de segundo la forma del causante de aquello, envuelto en gritos alegóricos -¡¿Hancey!? – pronunció, ocultando la cabeza para guardar la sorpresa. Era cerca de medianoche por la ciudad, y el líder del gremio de cazadores, estrechaba lazos con la estirpe más abandonada y roñosa que pudiese pisar la urbe: yacían despatarrados sobre el suelo, aquellos que no podían pagar la nobleza de un corcel, todos ellos, otrora ebrios perdidos del sentido de la vida. Algunos estaban tuertos, otros pendían de los brazos de sus compañeros más bajos con sus cuerpos plagados de harapos. Aparte de los que se encontraban más o menos enteros, había una gran cantidad de otros, cuyos miembros faltantes (piernas, brazos) reemplazaban la falencia con alguna lanza o mazo.

Y en medio de este extraño huerto se encontraba Hancey. Un humo azulado emanaba de su pipa, cubierta de aplicaciones brillantes cuyo resplandor se desvanecía poco a poco. El único lugar en el que el brillo perduraba eran los ojos avaros del viejo, que parecían dos lámparas resplandeciendo en la bóveda de su cráneo. Dirigió Malina así su atención al líder, quien embravecido movía a su caballo de izquierda a derecha, preparando una improvisada cuadrilla. Para poder oír con más detalles, puesto que los “prestos soldados” no dejaban de articular incoherencias, la mujer, precavida, tomó una gruesa capa de lana cubriéndose hasta la cabeza, dejando una fina línea para los ojos, caminando hacia la masa con timidez y disimulo. Les eran repulsivos, no por la sangre y los miembros ausentes, sino por los parásitos avaros que habían florecido en sus cabezas y en los hedores de la muchedumbre y que ahora escapaban rápidamente en busca de huéspedes vivos.

No tenía intención alguna de convertirse en una con aquel nauseabundo aroma, por lo que avanzó unos cuantos pasos más adelante, así que se vio obligada, en varias ocasiones mientras cruzaba, a sacudirse algún codo insolente o mano lasciva que intentase arrebatarle aquel improvisado disfraz:

- Sé que lo han oído. Tal vez se lo hayan relatado: el extraño metal que yace sobre Keybak ¡Sí! Ese mismo, ¿No añoran? Un cuchillo, una diadema, algún artilugio que deseen tener perenne a su lado, ¡Imaginen la fortaleza de nuestro ejército con aquel material! – frases sueltas para un público ignorante el cual, ni en el más prístino de sus apogeos, pudo haber siquiera manifestado algún tipo de interés por pertenecer al ejército. Malina solo gesticulaba reproches para el hombre que, horas antes, había contratado sus servicios para retratar la estéril belleza de su mujer. Fue ahí que, ambiciosa y voraz, la necia idea había saltado sobre ella.

- ¿Y qué necesitas de nosotros? Oh tú, que ya lideras a los cazadores

- Nada. Solo voluntad para quienes deseen acompañarme a buscar aquel precioso metal ¿Qué más grandioso que fortalecer a nuestra ciudad que con aquel material enviado por los dioses? – supuso con esas palabras, que Hancey, no tenía la más remota idea de aquello que estaba buscando, pero lo que sí destacaba, era la necia necesidad de obtenerlo, idealmente solo para él. Suspiró furibunda, mas guardó distancias: deseaba ir con ellos, a pesar de que la sola idea de tener que cabalgar rodeada de hombres de poca monta no le causaba ninguna felicidad. De detuvo a poca distancia de donde él se encontraba y trató de entender su trastorno por aquello que los había convocado. Le inquietaban aquellos ojos suyos que parecían hornos.

“Pobre Agnes, con razón la vida se le va en banda” pensó con tristeza, mientras, a escondidas de la cuadrilla, preparaba su caballo para la empresa que gestaba el líder del gremio de cazadores. A la mujer no le guardaba reparo, pero al hombre sí: siempre con esos aires insidiosos, tratando de encontrar una flaqueza en el gremio familiar, escarbando incluso, con rotundo fracaso en documentos que poco y nada lograron resolver de sus dudas sobre la parentela Lewe…

- Veo un ligero aire de desconcierto en tu rostro. ¿Qué te ocurre? Ah, espera, ya lo tengo: estás esperando que todo se acabe arreglando y termine bien, como en los cuentos- una voz tosca, comenzó a hablarle; alicaída, se dio la vuelta, aún con la capa cubriéndole todo, menos los ojos - ¿Qué eres?¿Una exiliada?¿Algún tipo de fugitiva? Podrás cubrirte completa, pero por tu forma de moverte y tu ostracismo, se nota a millas que eres mujer, y que te ha interesado esta empresa. Y aun así no te has atrevido a pedir recompensa – la extraña interrogante de aquel que la interpelaba solo causaba un cúmulo de desconcierto en la pintora, quien, estática, dejó de proceder con su equipaje.- Tranquila, no diré nada.

- No me fiaría de alguien que me aborda de forma tan abrupta – respondió…

- Tampoco podría fiarme de alguien que no cobra por saber que va a exponer su vida en un viaje del que quizás no se regresa ¿eres un espía? Oh, no me digas: La señora Hancey te ha enviado para que vigiles a su esposo. Ya sabía yo que la mujer era de armas tomar- y rió con soltura, moviendo con él, el carcaj que llevaba a la espalda.Mali, siguió guardando silencio. La imagen que había formado alrededor de su persona, parecía idónea: sumergirse en las inseguridades de la esposa y perfilarse como un vigilante de su marido, ¿qué mejor? En ese momento, bajó la gruesa capa y mostró un rostro sereno, con una delicada sonrisa

- ¿Un trato de palabra para guardar el secreto?

[***]

El “contrato” duró una semana. Lo mismo que el viaje hacia los montes Keybak. Para ser un cazafortunas quien la había abordado, Malina reconoció unos escasos atisbos de nobleza en sus palabras, suficientes para poder hacerle entender que de ella, dinero no iba a obtener. Por inercia, ella expelía la misma sensación para él: le provocaba risa que una pintora se haya embarcado a la travesía, solo por querer pintar el paisaje; aunque a había oído historias así, sin embargo, no guardó premura al relatarle, que de las situaciones que había escuchado con alguien así, ninguno de ellos había vuelto, para lo cual, la joven solo movía la cabeza con expresiones taciturnas. Junto con el joven mozo, cuyo nombre nunca preguntó, la voz que había despertado en la Cordillera Daulin, se regocijaba por dentro, alzando las crines del caballo, cada vez que podía, compitiendo en velocidad con el viento y los azarosos caminos montañosos.

La respiración jadeante, pero con una amplia sonrisa, la hacían volver a mirar los profundos bosques y recorrer otros caminos, diferentes a los que la condujeron desde su citadina procedencia. Poco a poco el camino se tornaba un tanto lúgubre: no dimensiono los días que pudieron haberle tomado pero, la diáfana luz del sol no se colaba por las ramas de los árboles de forma tan noble, como antes. Cuando transcurrieron los días, Malina, no podía evitar mirar hacia Hancey: quien dibujaba la desesperación en su rostro, galopando con sus escoltas lado a lado; a la vez que miraba hacia atrás: la mayor parte de los vagabundos se habían desintegrado entre el bosque y los extensos caminos hacía tiempo, a los tres mercaderes que estaban endeudados con él, habían decidido entablar negocios provisorios para poder por fin pagar sus cuantiosas deudas. El soldado fiel que se había enlistado en la sagrada empresa, se estaba dirigiendo a ellos y enumerando sus pecados contra las leyes celestiales.

- El aire de las montañas les está afectando –dijo el cazafortunas que la secundaba

- Soroche, se llama – corrigió con diplomacia la pintora

- Como sea, pero los está volviendo loco, igual que al “jefe”. Dos de los “condenados” eran…

- Shh, deja de llamar así a los que participan y escucha

Extrañados, la mujer y el hombre, disminuyeron el galopar del caballo.

- ¿Llegamos?

- No, aún no- Pero del centenar de hombres que se habían sumado, no sobrepasaban ahora la veintena quienes acompañaban al anciano cazador – pero, por su rostro, muy contento no se le ve.

- La lealtad comprada con kulls, nunca es lealtad

- Dile a eso a los Lewe, que acostumbran comprar todo con eso…

Doloroso aunque cierto, Malina solo se mordió la lengua, antes de reprochar, lo irreprochable.

[***]

No esperó a que le respondieran que había oído esa observación a menudo; tan solo volvió la espalda hacia la explanada diciendo que no podía soportar ni un segundo más el fracaso de su travesía. Hancey esa noche, decidió que era buena idea pernoctar en la explanada, a pocas millas de una ciudad, que, según los rumores, llevaba por nombre: Tros.

- Eso no es una excusa - replicó, y se internó en el bosque.
Sin comprender del todo su irracional y poco ético razonamiento, Malina, y los pocos que quedaban acompañando al líder se internaron en el bosque, donde comenzaron a desmontar las poco aparatosas tiendas de campaña: un trozo de tela gruesa por el suelo, una manta gruesa y daban por sentado que con eso, la noche se volvería seda en sus brazos. Montaron guardia y con ello, las ínfimas posibilidades de Malina, por escapar se esfumaban paulatinamente. ¿Huir de qué? De ellos, por supuesto: en estricto rigor solo eran una excusa y un medio de transporte seguro y eficaz; sumando que el cazafortunas no la dejaba de lado, pudo sobrellevar con menos asco las miradas lascivas de los pocos “condenados” que se quedaron hasta el final. Su querido corcel no la había abandonado en todo el trayecto, y dejando que su ama se acomodase a su lado durante las noches, el calor del animal, le ayudó a sobrevivir a la inclemente noche, más de una ocasión.

Sabía que aquel era un momento importante. Si no escogía correctamente, podría acabar lamentando la decisión que tomase, en aquel preciso momento y lugar, durante el resto de su vida. Volvía a mirar hacia la explanada y de nuevo hacia los árboles. Por muy brillantes que fueran los dibujos que formaban los trazos de la chica, las sombras ya empezaban a ocultarlos. Tan solo unos pasos más y desaparecería de su campo de visión y, con él, su oportunidad de vivir una aventura…

- ¿Huele a leña ardiendo? – balbuceó en la noche, pensando si era realidad o sueño. Abrió los ojos despacio tanteando sus pertenencias: estaban todas. Los estrepitosos ronquidos de algunos cazadores irrumpían el apacible descanso de algunos, en especial de los guardias, quienes refunfuñaban con los ojos entreabiertos, cediendo despacio a los deseos de dormir.

- ¿Dónde vas? – la apacible voz del cazafortunas irrumpió su huida. Para su sorpresa, con las manos desnudas no venía.

- ¿Y esa daga?

- Siempre conmigo, pues.

- Una lástima que solo tenga pinceles.

- ¿Pensabas irte? ¿Y dejarnos así sin más?

El irrefrenable y necio sentido del peligro se estaba apoderando de Malina. El hombre no cedía ante sus intentos por saber hacia dónde se dirigía, y Malina solo lograba exasperarle, a sabiendas que la información que manejaba era prácticamente irrisoria.

- Ahora ya sabes cómo es que algunos “condenados” no nos acompañan ¿Tan estúpida eres que no te percataste?

- Hancey no da un paso sin antes haberse asegurado

- Exacto, por lo mismo, cuando alguien osaba traicionarle, tan sencillo como dejar que huyera. Con la cabeza entre las manos.

Pánico puro. Con ese mismo pánico es que la muchacha comenzó a buscar una forma de huir. Pero las palabras la tenían en sus garras y, una vez que empezó a contar la verdad, era como si no pudiese parar. Podía ver la forma de las historias ante ella; no solamente lo pérfido, sino también las pequeñas anécdotas que rescató, o los personajes secundarios que aparecieron por el camino y tuvieron algún tipo de éxito en su huida, como los mercaderes; ya fuese sangrienta o benigna, antes de seguir con sus vidas.

- Eres ruin

- Me siento halagado- dijo, comenzando a acercar peligrosamente sus ligeros pasos hacia la pelirrosa. Jadeó asustada. “Susto. Jadeo…”

“Malina Lewe”,pronunció nuevamente aquella insidiosa voz. Supo qué hacer. Sin embargo, solo vagos recuerdos la envolvieron. Despertó en su mirada, un recuerdo infernal y pretétiro. Antes de darse la vuelta y huir, observó cómo el asesino cedía ante aquella vil imagen y soltaba el arma con torpeza. “Temporal pero efectivo”-soltó una vez más la voz, volviendo a callar.

Aún presa del miedo, Malina se guió de su olfato para distinguir, en la espesura de la noche, olores varios, pero aquel de la leña y el metal, juntos fueron más poderosos. Lo que a Malina y a Azabache les atrajo del antro de desolación que, en concreto, se había vuelto la campaña, solía llamar la atención de otros merodeadores nocturnos. Ahí estaban, frente a ella y su rostro desperfilado, un grupo no menor de hombres, mujeres, seres que no pudo identificar… Y un anciano, encorvado y aparentemente ciego, puesto que no había sorpresa en su expresión.
Con total relajo, se escuchó la primera pregunta:

- ¿Quién eres y por qué has acudido a mi petición?

- Yo nunca había oído hablar de Tros. Ni tampoco sé con plena certeza cómo llegué hasta acá. Estaba huyendo de un captor que deseaba hacerse dueño de mi garganta, y de quizás qué otras entrañas mías – respondió con ligereza, como quien se quita el polvo de los zapatos – sin embargo, he oído, de forma esporádica y trivial, muchas versiones que se tejen en torno a usted: y me ha sido imperioso y menester conocerle y saber qué tan cierto es eso que hablan sobre un metal que le apremia – a medida que lanzaba su respuesta, era difícil no prestar atención a su alicaída persona: trémula, ya a un paso de verse cara a cara con la muerte. Imaginó que dicha sensación era compartida por los presentes.

- ¿Que deseas obtener por estar a mi servicio?

- ¿Desear? – no había supuesto una afirmación así. En ese momento su única necesidad era huir, de Hancey y su escoria servicial – A ser posible, solo deseo… -Iba a mencionar los cinceles cuando observó a su caballo, cambiando rápidamente la idea – unas herraduras para mi noble corcel. No pido más que eso. No quiero que el pobre sufra las inclemencias de la naturaleza sobre sus pies ni que la misma, merme su natural velocidad para atravesar la explanada – comentó con pesada sinceridad.

- No te puedo ofrecer oro o gemas, ya que no tengo, pero si algo forjado ¿Aceptarías?

- ¡Encantada! –exclamó. Enajenada a sus costumbres, Malina sintió el peso del pánico provocado las horas previas: sus manos temblaban y su expresión serena se volvía taciturna y amarga, casi dolorosa. Por lapsos se sentía traicionada; en otras, de plano sentía haber rozado la estupidez. Y en el clamor de sus sentimientos, un sospechoso movimiento en el espeso color de la noche volvía a encender todos sus temores…
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Re: Partida Forja de Estrellas

Mensaje por Snarl el Mar Nov 24, 2015 6:10 pm

PARTE II
 
Y las estrellas miraron al mundo
Y contemplaron como una de ellas había caído
No lloraron, no rieron, solo observaron en silencio
Porque la que había caído era una renegada
Quien se negaba a seguir los mandatos divinos
Y ahora, lo que los dioses, celosamente, guardaban
Estaba en aquel pequeño mundo joven
Como una ofensa a sus designios.
 
Poeta Sin Nombre
 
La noche lentamente se levantaba, las estrellas comenzaban a brillar y las lunas a iluminar las altas montañas. Un frio viento comenzó a levantarse, no era extraño en esas zonas, especialmente, tomando en cuenta que el invierno ya caía sobre la tierra y los granos se habían cosechado hace poco. El viejo Frax, simplemente escuchaba, la voz de cada uno de ellos era diferente, algunas suaves, completamente femeninas, otras algo mas rasposas y dejaban ver muchos motivos ocultos tras su voz. Varios aromas se sintieron en el ambiente, no solo la de la forja, si no algo más suave, mesclado con el sudor y a la vez, el nerviosismo. El anciano solamente aguardo, hasta que una agitada mujer termino de hablar, el hombre, que ya sentía el dolor en sus manos, en su espalda y sus piernas, había terminado de decidir.
 
Quien primero había llegado, tenía una voz firme, su aroma dejaba notar cierta femineidad, pero también salvajismo, había hablado con la verdad, pero el viejo sentía que no solo hablaba con una persona, si no que con dos y que la otra permanecía oculta, fuera de lo que el podía sentir. La petición era sencilla y no estaba fuera de sus posibilidades, cosa buena. –Si lo que desea es una espada, con gusto le daré una… pero deberá de esperar, ya que una espada como la que desea, no se puede forjar en una noche, no si desea que sea algo que realmente pueda mostrar con orgullo-
 
La siguiente persona, había sido también otra mujer, tenía una voz dulce y si hubiera tenido alguna vez una nieta, de seguro se hubiera escuchado como ella, el anciano sonrió, mientras la muchacha le acercaba un arma, las manos del viejo tantearon el aire, hasta sentir el metal y mientras deslizaba sus dedos sobre la hoja, podía notar todas las imperfecciones. Los años no habían pasado lo suficientemente profundo como para que olvidara su profesión y su pasado. El viejo afirmo. –Es una buena arma… ha pasado por mucho, si está en mis capacidades, hare todo lo posible para que vuelva a tener su mejor aspecto y fuerza- Tras terminar de hablar, acerco nuevamente el arma a su dueña, la cual la guardo.
 
El siguiente era un hombre, su voz era algo masculina, pero se notaba que guardaba muchas cosas para el mismo. Sus palabras no eran dichas simplemente, si no que parecían calculadas, como un discurso ya practicado. La petición era simple, una cadena y afilar su navaja, algo que podía hacerse con facilidad. Si bien su origen era desconocido para el viejo herrero, había mencionado que era un Shike, y tras pedir mantener su nombre oculta, afirmo y acepto la petición. –No se preocupe, guardare lo que me ha dicho y fabricare su cadena si cumple mi petición.-
 
Había sido una suerte que un hombre apareciera, ya que, si bien muchos se habían marchado, no podría haber enviado a dos mujeres a una búsqueda como tal, aun cuando la primera se sintiera como una gran guerrera. Tras el hombre, apareció otro, su voz igualmente era algo más profunda y el aroma a pelaje podía sentirse, quizás venia vestido con un abrigo de animal, como tantos otros de las montañas.  Al parecer, se conocía con el hombre anterior y tras saludarle, contesto las preguntas del anciano. Una placa para un fallecido amigo, algo que el viejo no podría rechazar fabricar. –Su placa será un placer fabricarla, no se preocupe-
 
La siguiente fue otra mujer, sería algo difícil si tenían problemas, pero su voz no parecía con duda. A pesar de ello, su historia no era un buen presagio, quizás hubiera sido bueno rechazarla, pero en esos momentos, el anciano casi se había dado por vencido y si no hubieran llegado ellos, de seguro se hubiera rendido. Unas herraduras no era un pedido extraño, siempre habían fabricado para los carros y viajeros, e incluso  siempre tenían guardadas, pero hechas de aquel material, era algo extraño. De cualquier manera, no era un precio alto para algo que había deseado desde que había escuchado a su abuelo. –Le fabricare las mejores herraduras que estas tierras hayan visto alguna vez- Tras ello, el anciano suspiro y alzo sus ojos ciegos hacia el cielo, como observando unas estrellas que solo estaban en sus recuerdos.
 
-No veo dudas en sus palabras y a diferencia de muchos otros, que habían decidido ver a un viejo ciego como yo, no siento que ustedes sean malas personas… quizás sus motivos sean distintos, pero confió en que no traicionaran a alguien que pronto morirá- Mientras intentaba levantar sus huesos ya cansados, una mano pequeña y joven le ayudo a pararse. Su nieto había salido de la casa y como muchas otras veces, había tendido su brazo para el anciano apoyarse, como si fuera algo común, el viejo le acaricio la cabeza en forma amorosa y luego, girándose hacia los aventureros o quizás, los que habían aceptado su petición, les ofreció pasar a la forja, estarían mas cómodos.
 
Los aventureros ya se habían internado y el anciano estaba por cerrar la puerta, cuando algo se lo impidió. Una mano sostuvo el pesado roble, una mano claramente no humana. El anciano escucho a quien estaba tras esta. Claramente no era alguien que se presentara como los demás y aquello hizo que Riim, saliera en busca de su padre. Fue solo un parpadeo, cuando tras el arco de una puerta abierta, apareció otro hombre. Fornido, gigantesco, su cabeza estaría a varios palmos sobre el más grande de ahí. El hijo de Frax y actual herrero. Sus brazos eran bastante musculosos y su cuerpo tenía las marcas del hierro caliente. En sus manos, un martillo se encontraba.
 
-¿Sucede algo padre?- Hablo con profunda y alta voz, para quien estuviera tras la puerta escuchara. El anciano se giro hacia su hijo y le hizo una seña para que aguardara, este obedeció y mientras el viejo abría la puerta, un individuo encapuchado se dejo ver a la luz del fuego y las lámparas del lugar. Sus ropas estaban sucias y algo rotas, ocultaba su rostro y podía escucharse su respiración, estaba agitada, como si hubiera corrido una larga distancia.  El viejo sintió el aroma a pelaje y a barro, a bestia realmente. – ¿Que deseas?-  El extraño le respondió, con voz baja, aunque más de alguno habrá escuchado que buscaba al herrero Frax por una búsqueda –Soy yo… pero ya tengo a las personas que necesito… gracias por interés- Fue en ese instante que el extraño alzo un poco más la voz. –Tres hembras, un humano y una cabra,   no sobrevivirán en las montañas, especialmente desde que alguien no pudo mantener cerrada la boca… tiene oponentes interesantes anciano… pero si no desea mis servicios, otro los querrá-
 
Las palabras del extraño estaban cargadas de arrogancia y claro desagrado, como si se creyera mucho o fuera demasiado soberbio como para mirar a otros como igual. Era una persona desagradable, un individuo que claramente nadie desearía tener cerca y que con suerte, se marcharía para no volver. Pero el anciano pensó de otra forma, no era la forma de expresarse que tenía, ni tampoco su falta de empatía, si no lo último que había dicho… “oponentes”, jamás los había tenido y era probable que fuera una mentira, pero… en algo tenía razón, quizás tres mujeres y dos hombres no serian suficientes para viajar por las montañas y todos los peligros que habían en sus alturas.
 
-Aguarda…- Dijo el viejo, aun desconfiando de sus propias elecciones – ¿Que es lo que sabes?- Casi se pudo escuchar la desagradable risa que propino el encapuchado, volviéndose a girar hacia la puerta y al interior de esta – Déjame entrar, el frio y el cansancio son malos y hablare- El hijo de Frax estaba con dudas, pero no apartaría la mirada del individuo, al igual que los demás presentes. El encapuchado entro y acercándose al fuego, calentó sus manos, las cuales parecían vendadas y claramente no humanas. –Al parecer no es el único en busca de ese trozo de metal … no creo que el nombre de “La cofradía de la Daga Rota”  les suene, pero al parecer están interesados en aquello y no creo que se puedan defender si atacan … pero claro, pueden o no confiar en mis palabras, ya eso dependerá de ustedes. – Eso parecía una broma del mal gusto, el anciano tomo asiento en una silla, mientras pensaba. El nombre no le era conocido, pero una cofradía no era buena… quizás su petición no sería aceptada al final de todo, no cualquiera arriesgaría su vida por una cadena o por unas herraduras, dinero no tenia. En su interior, sabía que era posible que no pasara de aquel invierno… ¿Acaso todo estaría perdido?
 
-Oh vamos viejo, solamente son mercenarios y caza recompensas, quizás uno que otro ladrón, quien sabe, quizás no nos topemos con ellos. De cualquier forma, ya he matado a  muchos como ellos, así que no me preocupa mancharme más de sangre, pero todo depende de ti, mientras no te hayas vuelto senil de repente- Aquello había sido suficiente y el herrero, hijo de Frax, había soportado mucho. Acercándose al extraño para echarlo, lo agarro de uno de los hombros y con fuerza, lo arrojo fuera de la casa, profiriéndole algunos insultos, y amenazas si volvía. El extraño solo rio y mientras se levantaba, se giro, caminando con tranquilidad hacia la oscuridad de la noche.
 
-Yo… no se qué decir- Comenzó a hablar Frax, sobando sus manos con algo de nerviosismo. –Se que mi petición quizás era algo sencilla, pero ahora… - Un “Abuelo” se escucho, mientras Riim se acercaba al anciano y posaba sus manos sobre las arrugadas del viejo. Claramente aquello cambiaba las cosas, en cierto punto, el luchar contra lobos o algún oso, no sería problema para la mujer guerrera o para los hombres, pero… el luchar contra mercenarios y asesinos era diferente ¿Estaría preparados para afrontar aquello? De seguro nadie les culparía por retirarse y abandonar. Mas viendo el estado de su padre, el herrero volvió a internarse a la forja y en un instante, trajo una bolsa, dejándola sobre la mesa.
 

-Aquí hay cien monedas de plata, no es mucho, pero les pido… cumplan lo que mi padre les ha encomendado- Las palabras del hombre eran firmes, realmente dejaba todo lo que tenía por qué respondieran a la petición del viejo y por sobre todo, no ver triste o derrotado al hombre que le había criado y que había sacrificado gran parte de su vida por darle un hogar, comida y techo, junto con cariño y amor.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: Partida Forja de Estrellas

Mensaje por Polvoso Von Lipwig el Jue Nov 26, 2015 5:44 pm

Cuando Polvoso termino de hablar, permaneció en respetuoso silencio en espera de la respuesta del viejo herrero.

–No se preocupe, guardare lo que  me ha dicho y fabricare su cadena si cumple mi petición.-

El mercader no pudo sino respirar aliviado, su nombre permanecería en secreto, sin que ello representara un problema para que fuera aceptado en aquella misión.

-Sr. Mcferguson, le agradezco y cuente conmigo, ta veremos a nuestro regreso que historias le podremos contar de esta aventura, de hecho me gustaría hacerle algunas preguntas.

- Todo en su momento Seńor. .. Señor... Relumbrón, ¿Es así? ,¿Lo dije bien?, bueno espere un poco, al terminar el día nos reuniremos y ahí podré responder a sus inquietudes.

Polvoso aceptó y se retiró por donde vino hacia donde se hallaban sus mulas, había perdido de vista al pequeñajo pelirrojo pero suponía que ya se encontraba en casa haciendo los deberes.

Polvoso le dejo su plato de maíz al pajarraco y le acaricio lo as plumas, - Tu podrías serme de utilidad en este viaje mi amigo, ¿Te gustaría acompañarme?, El cuervo graznó y agitó su cola, aunque realmente no quedaba claro si estaba respondiendo a la pregunta o solo quería que le dieran de comer. Acto seguido se afanó  en preparar los sacos de avena para Cerveza y Aguamiel (sus mulas) y en eso estaba cuando una voz familiar le habló a sus espaldas

- Bueno bueno si es mi amigo Estupefacto. ¿Que te trae por estos lares y que tal tu vida durante todo este tiempo?

Se trataba ni más ni menos de aquel Sátiro que había conocido en Ciudad Esmeralda, hacía ya algunos años.

- Pero mire nada más,  Si es Xenagos ¿Será que  Noreth  es  tan pequeño como una nuez? , llevó viajando poco más de dos años desde que salí de Thargund y mire donde nos venimos a encontrar querido amigo.

Se dieron un apretón de manos y Xenagos se dirigió hacia el asiento del herrero, seguro que el también habría oído al respecto de las historias si se hallaba en los alrededores, el mercader pensó que ya tendrían tiempo para platicar largo y tendido si iban a ser compañeros de viaje.

Polvoso siguió en sus cosas, la noche había caído y además de Xenagos una chica se había unido al grupo, por su apariencia, no pareciera que pudiera encajar en el grupo pero uno nunca sabe, recién termino de hablar con la recién llegada, Frax se dirigió a los presentes.

-No veo dudas en sus palabras y a diferencia de muchos otros, que habían decidido ver a un viejo ciego como yo, no siento que ustedes sean malas personas… quizás sus motivos sean distintos, pero confió en que no traicionaran a alguien que pronto morirá-


Polvoso se alegró de ver de nuevo al pequeño Riim cuando este le ofrecía el brazo a su abuelo para ayudarlo a levantarse, aquella tan simple muestra de cariño, provocó en Polvoso una sonrisa sincera, gesto tan raro en él, que cuando se dio cuenta, tuvo que obligarse a cerrar los ojos y sacudió la cabeza buscando deshacerse de aquella expresión, en su mente repitió como un rezo las palabras de su madre...

- Nada entra, nada sale, sin deuda ni obligación, cálido al amanecer, grillete al ocaso, el apego es veneno, el apego es veneno...sin escape, sin elección…

Respiró profundo y una vez recompuesta su máscara, Polvoso siguió al resto del grupo al interior de la forja, antes de entrar se agachó junto al pelirrojo, le puso un Kull de plata en la mano y le dijo:

- Si cuidas bien de mi carro y mis mulas, prometo que habrá dos como este en tu mano a mi regreso, y quien sabe...podría  traerte algo de donde sea que tu abuelo nos mande, ¿Que me dices, es un trato?

Polvoso entró a la forja al último seguido por el viejo herrero, el grupo buscaba donde acomodarse en la estancia, - un lugar cerca del fuego y no muy lejos del herrero sería lo mejor - pensó, la corriente de aire se dejaba sentir aún dentro, Polvoso aún de espaldas a su anfitrión dijo.

- Sr. McFerguson que se mete el frío en este lugar por doquier...

En eso estaba cuando cayó en cuenta que la puerta seguía abierta. se giró y pudo ver que Frax cambiaba palabras con alguien fuera de la cabaña, se veía una manaza cubierta de vendajes que la sostenía, Polvoso puso atención y alcanzó a escuchar lo último que decían,

–Tres hembras, un humano y una cabra,   no sobrevivirán en las montañas, especialmente desde que alguien no pudo mantener cerrada la boca… tiene oponentes interesantes anciano… pero si no desea mis servicios, otro los querrá-

Un momento después el herrero le permitió la entrada al recién llegado.La oscura silueta ocupaba ahora el umbral, su sola presencia hacia parecer que el cuarto entero se había hecho más chico y por las palabras intercambiadas con Frax, aquel inhumano ser no era ningún conocido, sino uno más que llegaba a reclamar la misión del herrero, pero a diferencia de los presentes aquel ser exhalaba violencia en cada nube de vaho que salía de su hocico, caminó unos pasos para acercarse al fuego, al verlo tan cerca, el mercader instintivamente dio un paso hacia atrás pegándose a la pared.

Todos escucharon sus palabras, pocas en verdad pero reveladoras, con sus últimas palabras donde se dirigía despectivamente al viejo, provocaron que el hijo del herrero tomara acción para echar a patadas al encapuchado, una acción de lo más temeraria tomando en cuenta que el otro le superaba en talla y peso, pero que afortunadamente no había tenido consecuencias… al menos de momento.

Una sombra de miedo se dejaba ver en el semblante del viejo Frax claramente afectado por la revelación que les hizo aquel ser, la duda se apoderó de sus palabras, la misión que encomendaría al grupo más que una aventura de fin de semana, al parecer habría peligro real en ella.

El hijo de Frax apareció de nuevo en la estancia dejando una bolsa de monedas sobre la mesa -Aquí hay cien monedas de plata, no es mucho, pero les pido… cumplan lo que mi padre les ha encomendado-

La recompensa en lo monetario era irrisoria… 100 monedas entre los 5 serían apenas 20 kulls para cada quien, bien dijo el viejo al llegar que no tenían dinero.

- Guárde su bolsa de monedas, que ya todos hemos aceptado la misión de tu padre sin dinero de por medio, esto ya no es cuestión de Kulls sino de saber de lo que realmente se trata esto.

Pero antes… ese sujeto que acabas de echar a patadas ha mencionado algo acerca de “La cofradía de la Daga Rota”,   y también se refirió a ellos como “Sus rivales”, eso me hace suponer que alguien los ha contratado para el mismo fin que tendremos nosotros, Miren.. no se trata de asustar a nadie pero estos tipos son profesionales… Mercenarios de lo mejor que hay en Noreth, mientras tengas el dinero para pagar por sus servicios, puedes tener lo que sea., no es un secreto su existencia, así como tampoco lo es su fama. Muchos los contratan como guardaespaldas para cruzar Edhoain en la ruta a ciudad Esmeralda, esas llanuras son mortales si no llevas escolta y hasta donde me quedé nunca habían perdido un contrato ,

Otra cosa es que  entre ellos tienen un lema… y se lo recitan siempre al contratante al sellar un pacto, es mitad promesa, mitad sentencia… “Ser leal al príncipe , mientras el príncipe pague”… es una promesa de lealtad, pero también es un aviso para aquellos quienes pretendan no cumplir con el pago de sus servicios”. Aparte de eso… pues poca cosa mas , no se sabe cuantos son,  ni de que raza, sus recursos en cada contrato están limitados por lo que haya pagado el interesado, pero eso es obvio que no lo vamos a saber a menos que nos crucemos,  pero vamos, todos se pueden imaginar que un Gremio de Mercenarios que te atiende desde Ciudad Esmeralda hasta estos lares no se trata de una panda de matones improvisados


Ahora dirigiéndose al viejo herrero preguntó:

- Sr. Mcferguson he oído tantas cosas en mi camino hacia Tros que ya no se que es verdad y que es mentira de todo esto, ¿Podría explicarnos de que se trata en realidad esta mision?

El anciano guardara silencio un instante, antes de responder, contando la historia, que claramente, tanto su nieto como hijo jamas habían escuchado. -Hace muchos años, cuando era niño, mi abuelo me contó la historia de la batalla en el Valle Esmeralda, las luchas y como esta había terminado ... solamente un puñado sobrevivió al cataclismo, pero a pesar de los años, él no olvido como aquel trozo de metal brillaba. Me dijo, en mis fantasías de niño que admiraba a su padre herrero, que forjar ese metal seria lo mas grande para cualquiera que deseara forjar. Durante años pensé en buscar ese trozo de metal, pero quizás fueron las responsabilidades o el hecho de estar solo, lo que me lo impidieron ... por eso, ahora, cuando ya mis dias están contados, deseo obtener ese trozo de metal ... y darle forma con mis propias manos. Esa es mi petición, simplemente buscar una estrella caída y traérmela-.

La verdadera misión había sido revelada, un metal precioso dentro de la historia de su familia, sería tal como lo imaginaba una aventura que formara parte de su historia, pero era necesaria mas información,  

- ¿Cuenta usted con un mapa de la región donde podamos anotar sus indicaciones?-
El anciano le pedira a Riim que traiga un mapa y le dirá que dibuje una linea que se interna por las montañas, hasta un pequeño punto difuminado entre varios picos. -El valle ya no se llama Esmeralda ... ahora le dicen Valle Gris-

- Por lo que se ve en los mapas entiendo que iremos a las montañas, por lo que sería bueno contar con un guía y un rastreador de ser posible, ¿Alguno de sus hijos podría acompañarnos? seguro que se conocen mejor la región.
-En el pueblo debe de haber algun guía, mis hijos jamas han estado ahí, y no podría pedirle a un chico como Riim que les acompañara, si van a  lomos de caballo, demorarían una semana, si van a pie ... quizás dos, hay lugares por donde los caballos y mulas no pueden pasar.-

- ¿Aparte de usted, sabe de alguien mas que sepa de la historia? La cofradía no toma trabajos por gusto, alguien debió de contratarlos y no creo que pagaran solo por seguir un chisme de borrachos.
-Ya lo dije, un puñado sobrevivió ... quizás alguien heredo la historia, ya hace muchas décadas que sucedió y realmente, no pensé que ese metal tuviera mas interes que el ser un material raro.-

Así era pues que las cartas estaban sobre la mesa, la misión era clara, aunque los medios no lo eran tanto y el peligro latente de que los mercenarios de la Daga Rota rondaran era algo que no se había considerado.  Polvoso se recargó en la pared , desde que había oído la historia por primera vez sabía que eso era lo que quería una aventura... Necesitaba algo propio... algo que pudiera considerar como su propia historia.

Polvoso se recargó en la pared , sacó su navaja y empezó a afilarla lentamente como cada vez que su mente se perdía en sus pensamientos, mas preguntas al respecto seguro se harían por parte del grupo, ahora tocaba escuchar atento mientras tomaba una decisión.




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Re: Partida Forja de Estrellas

Mensaje por Evelyn Blake el Jue Nov 26, 2015 11:18 pm

La peliblanca no podía pedir más que recuperar la espada de su padre en toda su gloria, y no lo hizo, la recogió de las manos del anciano y la guardo casi con reverencia. Habían llegado una sorprendente cantidad de personas en muy poco tiempo y todos parecían dispuestos a irse de excursión por casi nada, por lo que entraron dentro, para pasar la noche y partir el día siguiente, pero hubo un pequeño incidente.

Evelyn desconfió inmediatamente del tipo, no por su mano algo rara, no podía quejarse de eso cuando tenía nueve colas, por más suaves y esponjosas que fueran, y el hecho de que fuese un chulo y la llamara hembra no ayudo demasiado tampoco, pero no era su casa, por lo que fue buena niña y se apartó para dejarle paso hasta la hoguera mientras lo fulminaba con la mirada. “Oponentes” ¿de verdad era un metal tan valioso? La rabieta que soltó a continuación tampoco ayudo, no tenía ni idea de quien era esa cofradía de la daga rota, pero ese tipejo fue tan amable de aclararle sus dudas, justo antes de salir volando por la puerta cortesía del herrero. Mercenarios y cazarecompensas, pintaba un poco mal…

Alzo la vista hacia el techo y ni siquiera miro la mesa sobre la que descansaban las monedas, había tenido suficientes bolsas en sus manos como para saber que era muy poco por el sonido de la plata contra la madera, y había que repartirlas…

-Ahora tenemos un problema…- empezó –no tenemos manera de saber el grado de peligro que corremos, da igual si aceptamos el extra, no lo hacemos o nos ofreces una autentica fortuna, no sabemos si será suficiente o no- esa cofradía podía enviar 3 personas o cincuenta, y solo lo sabrían al llegar allí. Por otro lado, su hijo, el actual herrero, parecía haber puesto sobre la mesa la fortuna familiar, cosa que la conmovió mucho, dilapidar todo tu dinero en cumplir la última voluntad de tu padre indicaba un profundo amor. Iba a aceptar, lo sabía, pero quería que el anciano se diera cuenta del riesgo que corrían. –Puede que baste con una espada bonita, puede que debáis reforjarmela hasta el día que muera, la única manera de saberlo es cumplir el contrato y volver, aunque tampoco tengo ninguna prisa en morir, por lo que no creo que el riesgo se eleve tanto.- Porque saldría por patas... Se apoyó en la pared, esperando que el resto se decidieran. El mercader hizo las preguntas correctas, desatándole una sonrisa de aprobación y ahorrándole trabajo, al parecer también venia.

-Ya sé que es muy tarde, pero DEBEMOS llegar antes que ellos, sería recomendable partir de inmediato, a ser posible con caballos- nadie les alquilaría corceles de noche, puesto que podían partirse una pata, pero el día siguiente podían tener suerte. Por supuesto, podían llegar tarde y limitarse a robarlo, pero sonaba horriblemente peligroso, sería mejor simplemente llegar antes. Se quitó la capa, peinándose los mechones rebeldes que se habían movido su sitio y moviendo sus colas para airearlas, puesto que habían empezado a sudar. Realmente, se moría de sueño, no sería un drama si salían mañana, por más que el peligro aumentara. -¿Y bien?- Quedaban la mujer rarita, la chica asustada y el tipo cabra, todo un dream team.


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Re: Partida Forja de Estrellas

Mensaje por Xenagos el Lun Nov 30, 2015 8:36 pm

Xenagos aguardaba la respuesta, al igual que todos los demás. Al sátiro le sorprendió lo que pedía la gente, no eran grandes pedidos ni nada, eran cosas simples como la suya y eso le gustó.

El anciano accedió a cada una de las peticiones. El nuevo y entrañable grupo fue invitado a pasar dentro de la casa. Mientras hablaban todos, Xenagos se dio cuenta de que el hijo del herrero estaba hablando con un tipo que acababa de llegar. El hijo accedió a que pasara y el tipo empezó ha hablar de forma arrogante y de forma despectiva hacía el grupo. No le gustaba. El tipo nuevo tenía las manos vendadas y a penas se le distinguía nada.

Empezó ha hablar de una banda de asesinos y a cada palabra que pronunciaba tenía grabada la palabra peligro.
Xenagos se mantuvo callado, escuchando. Todo le resultaba emocionante y no se echaría atrás.

El anciano empezó a dudar de la misión, se le vio en su cara a medida que el tipejo nuevo contaba la historia.
El hijo del herrero sacó una bolsa de monedas, a Xenagos no le interesaba, él ya tenía en mente que tenía que descubrir si esa historia era de verdad, todo le era fascinante.

Sin más se levantó cogió sus cosas y se encaminó hacía la puerta de la calle.

- ¿Te marchas joven?- Preguntó el anciano sin un atisbo de enfado o de malicia en la pregunta.

El Sátiro se giró con una enorme sonrisa. - Voy a la taberna del pueblo, haber si hay un guía. Tendremos que ponernos en marcha ya mismo, ¿no crees?- Lo que contaba podía el tipo podía ser una mentira o no, de todas formas qedase el grupo como quedase no vendría de más un guía.

Xenagos estaba decidido en la búsqueda de su siguiente gran aventura.


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Xenagos

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Re: Partida Forja de Estrellas

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