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Descanso en Avilda [Libre]

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Descanso en Avilda [Libre]

Mensaje por Niris el Jue Dic 17, 2015 9:18 pm



Habían pasado muchas cosas en el ultimo viaje realizado y estaba alegre de poder descansar del barco, simplemente no me gustaba era la sensación de que el suelo se estuviera moviendo siempre por lo cual me encontraba bastante tranquila de poder estar en tierra firme. Nos encontrábamos en una villa pequeña cercas de una gran ciudad comercial, no sabia bien que asuntos tendrían los demás pero realmente no era algo que me preocupara demasiado. Desperté en una posada para ver en la ventana que aun no había amanecido y que la gente seguía durmiendo y después de tanto tiempo lejos de tierra tenia unas incontrolables ganas de salir y jugar.

Me habían advertido que tuviera cuidado con mostrar mis orejas a extraños por lo cual me puse una túnica que pudiera cubrirlas con una capucha, era algo incomodo por que era un poco incomodo mover mis orejas debajo pero no quería correr el riesgo de que gente extraña me intentara capturar y vender. Salí con el mayor silencio posible a ver la villa, era un lugar tranquilo donde ya varias personas se habían levantado para empezar con sus labores a los cuales simplemente respondía con un saludo de mano y una sonrisa tímida cuando me observaban para luego verles volver a su trabajo. Quizás en un lugar mas retirado pudiera jugar tranquila sin ser molestada por lo cual me aleje hasta llegar a arboles y arbustos que se encontraban en las afueras del lugar.

Una vez que llegue a donde nadie pudiera observarme me puse a correr por todo el lugar, olfateando las plantas, juntando flores y luego comiéndomelas (lamentablemente las de aquí apenas tenían un sabor pasable) para luego recostarme en la tierra y rodar contenta, como la extrañaba todo esto, los sonidos de los pájaros, el viento moviendo las hojas, ver a ardillas y lagartijas escondidas y caminando cercas.

Después de un largo rato jugando termino de amanecer y antes de volver jugaría a una ultima cosa, veía a una mariposa con hermosas alas amarillas posada en un arbusto por lo cual intentaría atraparle, sabia que era rápida y si salia volando quizás no la alcanzaría así que daría un salto con todas mis fuerzas para atraparla. Tome algo de vuelo pero al parecer la mariposa me sintió ya que empezó a volar y cuando a medio salto atravesaba el arbusto me tope con algo de miedo que estaba a punto de chocar un una persona.

El choque fue inevitable y termine en el suelo mientras mi capucha había revelado mis orejas, me dolía un poco pero al sentir mis orejas libres lo primero que pensé fue en cubrirlas y luego ver a la persona con la cual choque. Esperaba que no hubiera notado nada y que no se molestara, pero si intentaba cualquier cosa atemorizarte estaba lista para lanzarme a correr.


Última edición por Niris el Lun Jul 03, 2017 6:47 am, editado 2 veces
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Re: Descanso en Avilda [Libre]

Mensaje por Polvoso Von Lipwig el Sáb Dic 19, 2015 2:15 am

Los caminos de Geanostrum comenzaban a ser familiares para el mercader, después de un tiempo moviéndose de aquí para allá, un Shike empieza a orientarse, uno podía ir desde los Glaciares hasta los Archipiélagos y a las grandes ciudades , mientras uno se mantuviera alejado del bosque de Sylvide no debería uno tener mayor problema.

Por otro lado si uno llegaba a perder el rumbo, siempre se le podía pedir indicaciones a las múltiples caravanas que viajaban de un lado a otro entre Phonterek, Erenmios y Malik-Tanish, o bien a  los naturales de la región, que, salvo aquellos locos que había conocido una vez en sus viajes,resultaban de lo más amables.

La verdad es que eran tiempos tranquilos, y lejos de molestarle le permitían relajarse, sólo él, sus queridas mulas,  el negro arisco y  los caminos.

Así pues, Polvoso se encontraba en esa ocasión camino de Thoromer, pero era ya tarde y no era necesario forzar la marcha por lo que se desvío un poco de su ruta siguiendo la dirección de una vieja placa de madera que  indicaba el nombre de la siguiente aldea, Aldivia.

El pintoresco pueblito se encontraba en los linderos de un pequeño  bosque, contaba apenas con algunos edificios,  una calle principal y un par de transversales, por lo que encontrar la posada no le fue difícil, pero para su sorpresa no había acomodo ni en el granero,  por lo que escuchó comentar, un nutrido grupo de viajeros recién había llegado y habían ocupado todo el lugar.

Antes de irse, pidió al mesonero si podía venderle un poco de comida,  pan, carne seca y algunas manzanas serían suficientes para la cena y también medio saco de avena para al menos darles algo rico de cenar a sus fieles mulas a cambio de pasar la noche en despoblado

Asi pues Polvoso jaló con sus cosas y dirigió su carreta  a las afueras del pueblo, no tardó en encontrar un lugar apropiado para el improvisado campamento, un claro rodeado por arbustos bajos y alejado lo suficiente del camino para que no quedaran a simple vista de cualquiera que pasara de camino a Aldivia.

Levantado el campamento, terminada la cena y sin nada más que hacer,  Polvoso tendió sus mantas sobre el pasto, a un costado de los arbustos que delimitaban el claro, buscando que le protegieran un poco del frío de la madrugada.

-Bueno chicas esta noche dormiremos bajo las estrellas,  sólo espero que no haya muchos moscos…Negro te encargo que cuides las cosas, cualquier cosa rara, como siempre, espero escuchar tu escándalo, ¿Entendido?, que descansen
La noche dió paso a la madrugada, fría y brumosa y horas más el bosque empezó a despertar con los primeros trinos, el alba se levantaba sobre el oriente en el horizonte, con sus calidos rayos penetrando  entre la espesura y con ella todas las pequeñas criaturas empezaron a despertar, todas menos una… Polvoso seguía durmiendo a pierna suelta,

Una hora después del amanecer unos ruidos leves,  apenas perceptibles se escucharon al otro lado de la barrera de arbustos, las mulas y el cuervo se pusieron alertas, pero más bien su expresión era de curiosidad pues el ruido aquel  no les parecía una amenaza, pero mantuvieron su vista siempre hacia de donde provenía aquel rumor, de poco a poco el leve ruido,  se convirtieron en murmullos, risas y brincos,  como si de un pequeño niño o niña se tratara.

Cuando los ruidos se detuvieron, Polvoso apenas regresaba al mundo de los vivos, poco a poco sus ojos fueron acostumbrándose a la luz,  se estiró  todo lo que sus huesos eran capaces, logrando que sus articulaciones y los huesos de su espalda se acomodaran y se incorporó quedándose sentado sobre sus mantas, volteó su mirada hacia donde se encontraban sus animales  y notó que los 3 estaban mirando justo en su dirección.

Fue justo en el momento en el que iba a saludarles que sintió un golpe en la espalda, mismo que le hizo caer de narices sobre del pasto,  todo pasó muy rápido,  si bien no había sido un golpe contundente,  tuvo la fuerza necesaria para mandarlo directo al suelo sin tener oportunidad ni de meter las manos, en su camino al suelo un leve quejido se dejó escuchar pero con su cara hundida en la tierra poco había que pudiera averiguar.

Temiendo lo peor, Polvoso se giró como pudo sobre su espalda tratando de quedar de frente a lo que sea que le había tomado por sorpresa, pero lo que se encontró era justamente lo menos amenazante que había visto en su vida, una pequeña chica de cabellos azules y piel rosada se encontraba frente a él, vestida tan solo con un ligero y sencillo vestido de manta y una túnica con capucha la cual intentaba acomodar en su lugar nerviosamente,  una vez ajustada su prenda, se le quedó  viendo al mercader con ojos abiertos y atentos, rojos como un pequeño rubí, la pequeña estaba tan quieta como una estatua, solo algunos de sus cabellos escapaban por debajo de la capucha movidos por una suave brisa.

Polvoso sacudió lentamente su cabeza tratando de acomodar sus ideas y sus enmarañados cabellos para entender lo que estaba pasando, sin dirigirse directamente a la pequeña le habló a sus animales.

Eh Negro,  vaya que haces bien de guardia, mira que si hubiera sido un asaltante a estas horas ustedes tres ya tendrían nuevo dueño y yo me encontraría con las tripas fuera de su lugar y decorando el paisaje

Las mulas parecían entender el chiste, pelaron los dientes y rebuznaron amistosamente, el cuervo sin embargo graznó sonoramente y se alejó un poco al percibir que el regaño iba dirigido  hacia él, pero era el momento de averiguar quién era la persona que estaba frente a él.

Buenos días, señorita, disculpará los modales de ese pajarraco,  es un viejo cascarrabias, pero es mi amigo y si  le he regañado se debe a que el tiene la tarea de cuidar de nosotros cuando estamos a despoblado,  pero como podrá darse cuenta esta vez el flojonazo nos ha dejado sin aviso,  y bueno, qué he de decir de mi, esta facha es impresentable para una dama,  entenderá que  me ha tomado por sorpresa,  recién me iba despertando, pero dígame  ¿Usted Se encuentra bien? ¿No se lastimó por el golpe?

Polvoso no tuvo respuesta a su pregunta, la chica se mantenía inmóvil y atenta, no se le notaba el más mínimo temblor pero el mercader supuso que se encontraba más asustada que un pequeño conejo,

No quería provocar un problema, pero tampoco quería asustarla, él era un extraño en esas tierras y lo que menos necesitaba es que le tomaran por un asaltante o secuestrador,  si la chica era local del pueblito y les pillaban en esa situación a causa de un grito, él sería el que acabaría pagando los platos y sin haber hecho nada que lo ameritara.

Se hincó con cuidado de no hacer un movimiento brusco y terminó de levantarse,  una vez en pié  trató de sacudirse el pasto y la tierra que se le había pegado por toda su ropa,  y se acercó a sus animales.

- Cerveza,  Aguamiel, saluden a la señorita,  que opinan .. ¿Deberíamos invitarla a desayunar?

Ambos animales movieron su cabeza en círculos pareciendo que afirmaban ante tal pregunta pero lo que realmente pasaba es que Polvoso les estaba rascando la crin lo que él sabía que provocaba que movieran el cuello en forma de simular una afirmación.

- Mire señorita, parece que ambas están de acuerdo en invitarle a desayunar, que me dice,  ¿Le gustaría acompañarnos?

Polvoso  volteaba a ver a la pequeña esperando una respuesta, su apariencia no era ordinaria,  aquellos ojos rojos brillaban con luz propia pero pareciera como si una calma natural se respiraba en aquel claro del bosque en el mismo momento que ella apareció.

-




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Re: Descanso en Avilda [Libre]

Mensaje por Elíacer el Jue Dic 24, 2015 1:12 pm

Todo era silencio, todo era paz, todo era libertad. Allí, alto, en el cielo, donde la única compañía eran las nubes. Una vista panorámica de algún observador que pudiera llegar a esas alturas no vería nada mas que una capa de nubes, totalmente lisa en la parte superior, con los picos de algunas montañas nevadas saliendo como islas en un mar blanco, con un cielo completamente azul. De repente, algo empieza a provocar un abultamiento en la lisa superficie de las nubes, y allí, aparece la testa del grifo, que poco a poco va emergiendo de entre las nubes. Aparece con los ojos cerrados, al abrirlos, queda a la vista sus profundos y hermosos ojos azules, que parecen reflejar la luz del sol naciente que luchaba por sobrepasar los picos de las montañas. La luz dorada del astro, va revelando el cuerpo del feroz depredador que va emergiendo de las nubes. El hermoso pelaje dorado y blanco, las plumas beis y blancas, con aquella hermosa franja de azul cobalto. Un cuerpo esbelto, flexible y poderoso. Las patas traseras recogidas contra el cuerpo, mientras que la cola de plumas iba abierta en toda su longitud, sirviendo como timón, con la cola felina serpenteando tras él. Las afiladas garras delanteras, parecían arañar la superficie blanda de las nubes, provocando remolinos, mientras se mantenía en el aire con las alas casi inmóviles. Cuando batía las grandes alas, las puntas tocaban la superficie de las nubes, elevando rizos blancos que luego se disipaban con el aire producido por el batir de las propias alas. La cresta de plumas de la cabeza iba recogida, aplastada sobre la misma, mientras que las largas orejas iban pegadas al cráneo, para que las ráfagas de aire no lo dejaran medio sordo o se le colara algún insecto como ya le había pasado en alguna ocasión en sus inicios al vuelo.

Elíacer había salido temprano esa mañana, necesitaba conocer el territorio dónde quería instalar su nido como cada pluma de su cuerpo, y lo mejor era hacer aquel reconocimiento con el amanecer, cuando el mundo de grises de la noche, llega a la vida con toda la gama de colores posibles, que ofrecía la Madre Naturaleza. El aire allí arriba era cristalino, limpio y puro, y la criatura llenaba con aquel aire sus pulmones, haciendo estremecer todo su cuerpo por la sensación de ligereza y libertad que lo invadía siempre que volaba. Elíacer inspira profundamente, una vez mas, mientras ladea su cuerpo ligeramente a un lado y otro para que la punta de sus alas rocen las nubes, antes de con un chillido de desafío, empezar a batir las alas con ferocidad, arañando el aire con sus garras, como si buscara asirse a algo que lo ayudara a ascender, empezando a subir incluso mas, hacia la bóveda azul del cielo infinito. Estaba tan alto que su aliento formaba nubes de vaho al salir de su pico, los músculos se le tensaban por el esfuerzo, y los ojos le lagrimeaban, pero le daba igual, quería llegar mas alto, hasta acariciar las estrellas con las garras y ver al Sol de igual a igual. Pero era un ser mortal, y su cuerpo tenía un límite. Finalmente los pulmones le ardían por la falta de aire oxigenado y la vista comenzaba a volverse borrosa, las alas le dolían y notaba que se le congelaba la cola (entre otras partes del cuerpo). Con un agudo chillido de alegría, Elíacer se despide de aquellas alturas prometiendo volver, cierra de nuevo los ojos, se inclina hacia atrás, con las alas completamente abiertas. El tiempo parece detenerse un instante, con el grifo allí, estático, como una estatua de mármol, pues el agua había empapado su cuerpo,congelándose en aquellas alturas, haciendo que su pelaje se pegara a sus músculos. Finalmente, pliega las alas y empieza un vertiginoso descenso, dejando tras de si dos regueros de partículas de hielo, que quedaban las puntas de sus alas, abriendo muy ligeramente una de las mismas, permitiendo que una corriente de aire entrara, empieza a girar en espiral, formando un doble tirabuzón con los regueros de agua, que estallan en luz dorada y brillante cuando el sol las alcanza, dando la sensación que el grifo,a su espalda, dejaba una estela de polvo de oro y diamantes. Silencioso, como una flecha en pleno vuelo, el grifo desciende a una tremenda velocidad, sumergiéndose en la capa de nubes, entrecerrando los ojos, mientras que el hielo se convierte en agua al volverse a empapar su cuerpo. Por suerte sus plumas eran impermeables, y repelían el agua.

Cuando atraviesa aquella capa de nubes, el sol naciente parece disipar la niebla de golpe, un estallido de luz hace que las gotas de agua que iban quedando tras la criatura, filtren la luz del Sol, formando un arco iris que parecía salir de las alas del ser. Viéndose un espectacular efecto, en el que por encima de aquellas capas de nubes había un tirabuzón de oro y diamantes, que atravesaba las nubes, provocando un agujero y caminado el oro y diamante a toda la gamas de colores que ofrecía la naturaleza. Elíacer detiene el tirabuzón y sigue descendiendo como una flecha en linea recta, a la vista del grifo, queda un paisaje de ensueño, extensos bosques verdes llegaban hasta donde alcanzaba la vista, altas torres de piedra natural, llenaban el paisaje, con intervalos de planicies. Las formaciones rocosas, formaban curiosas formas, dando en alguno casos la sensación de estar observando un castillo ancestral, puentes de piedra, una fortaleza e incluso toda una ciudad. Aquellos eran términos de los que solo había oído hablar, vagas descripciones o alguna representación que había resistido el paso del tiempo en los objetos que los grifos habían conservado de los Jinetes Alados. Las plantas trepaban por aquellas formaciones rocosas, fundiendo las rocas y el bosque en perfecta armonía. Eliacer apenas abre un poco un ala, inclinando un poco el peso del cuerpo, cambiando el tumbo de su trayectoria, para esquivar una de aquellas torres naturales de piedra, empezando a bajar en torno a ella en una gran espiral. La excitante emoción, la alegría de aquel momento, sale a modo de intenso chillido de alegría cuando la criatura está a punto de llegar al suelo, que parecía acercarse a él a gran velocidad, y abre las alas, deteniendo la caía en el último segundo, haciendo que de sus alas salga un estallido de gotas de agua, deteniéndose antes de estrellarse contra la superficie de un lago de aguas cristalinas, rasgando la superficie con sus garras. Tras unos segundos, el grifo bate las poderosas alas y remonta de nuevo el vuelo, hacia un cielo azul que comenzaba a despejarse las nieblas matutinas, revelando un hermoso mundo con ricos colores naturales, predominando el verde y el azul. Girando en un tirabuzón paralelo al suelo, Elíacer pasa a través de un hueco dejado por un puente de piedra natural, lanzando un graznido de excitación, maravillándose a si mismo de su habilidad aérea, luego ve el grueso tronco de un árbol tumbado, que había formado otra especie de puente natural, vuela hasta el mismo, para pasar por debajo, pero en el último instante alarga una de sus garras delanteras, clavándola en la superficie de madera. El impulso de su cuerpo era perfecto y empieza a girar sobre aquel tronco, con la garra como punto de unión, dejando una marca a modo de surcos que hace sus garras mientras gira sobre el mismo tronco. Finalmente, cuando a dado la vuelta completa, se suelta, apoyando las patas traseras, flexionándolas a la vez que mantiene las alas totalmente abiertas, y vuelve a impulsarse hacia el cielo, empezando a ganar altura de nuevo.

Una enorme sonrisa se dibujaba en su afilado pico, mientras sentía el aire pasar por su lustroso pelaje y sus perfectas plumas. Aquel era un territorio virgen, inexplorado, o así se lo parecía al grifo que no había visto rastro de personas en los alrededores. La única excepción, era donde tenía su cofre con sus pertenencias, donde pensaba construir su nido, unas antiguas ruinas, y por el aspecto de estas, hacía siglos que debían estar abandonadas. Siguiendo el curso de un ancho río, la criatura ve un movimiento por el rabillo del ojo, al fijar mas la vista, ve que se traba de unos enormes peces que nadaban cerca de la superficie. Sonriendo para sí, Elíacer pliega de nuevo las alas a los costados y hace un picado certero. Al ascender, llevaba un gran pez de escamas plateadas atrapado entre sus garras delanteras. Remonta el vuelo con su pesada presa, que debía rondar los cuarenta kilos, y busca un lugar tranquilo donde dar cuenta de su comida. Justo iba pensando en lo maravilloso que era aquel territorio para que todos los grifos pudieran mudarse a él, cuando al centrar su vista, ve la primera edificaciones que no parecían abandonadas. El ser queda impresionado por el tamaño de aquel lugar, y eso que solo era un pequeño pueblo, pero para él era lo mas maravilloso que había visto nunca, y eso que ya había explorado las ruinas del bosque. Piensa en como debería acercarse al lugar, para explorarlo sin volver a repetir el incidente que tubo de camino a aquel lugar, cuando el pez, que no parecía tan muerto como había aparentado, da una gran sacudida, soltándose de sus garras. El grifo lanza un graznido de fastidio, mientras empieza un picado, pero sabe que no iba a cogerlo, de modo que se detiene y observa donde cae para ir a recogerlo. El pez no cae muy lejos de aquel pueblo, en una zona boscosa por suerte, atravesando las ramas de los árboles. Con un graznido de fastidio, reprendiéndose a si mismo por haber cometido un error de polluelo, desciende hacia el lugar, pasando entre las copas de unos árboles. Entonces llega hasta él varios olores, los mas destacables los de humo y el olor a animales... quizás animales de presa. Elíacer no sabe si a sido visto o no, pero desciende hasta un claro, donde pliega las alas a los costados, ahuecandolas y colocándose rápidamente algunas plumas con el pico.

-Bien, vamos a ver de que se trata...- El pez no estaba muy lejos de allí, de modo que lo toma con el pico, y avanza con cautela, hacia el lugar de donde le venía el olor. Quizás lo hubieran visto o no, eso él no lo sabía.

Avanza con cuidado, lo primero que ve entre los arbustos, son dos grandes criaturas cuadrúpedas, que eran como en parte los hipogrifos... solo que con una cabeza bastante fea, sin plumas ni alas... Pero al menos tenían una pinta sabrosa. Luego sus ojos se centran en una extraña construcción de madera, como la de aquellos bípedos achaparrados y peludos con los que se había encontrado en su viaje hacia allí. Por lo que había deducido, era una especie de nido que se movía con aquellas patas circulares. Frunce el ceño, haciendo que la cresta de la cabeza se le pusiera tiesa, extrañado de no ver bípedos por allí. ¿Estarían escondidos?

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Re: Descanso en Avilda [Libre]

Mensaje por Niris el Lun Dic 28, 2015 11:18 am



Choque por accidente con un completo extraño y a pesar de ver su apariencia poco atemorizante comparado con muchas de las cosas que presencie antes durante mis viajes, aun así no podía evitar sentirme aterrada por encontrarme frente a un extraño. A pesar de muchas veces tener extraños cercas, la situación era bastante diferente esta vez, la sorpresa de haber sido descubierta me paralizaba, como si de alguna manera el dejar de moverme pudiera evitar que dejara de estar observándome. El silencio se rompió por él y di un suspiro de alivio al escuchar sus palabras al hablar con sus compañeros animales, pero cada vez que su mirada se posaba sobre mi e intentaba que hablara con él sentía como un escalofrió recorriera desde mi rabo hasta las orejas, dejándome congelada frente a él mientras una parte de mi deseaba correr. Apenas habían pasado unos pequeños momentos desde que me dirigiera la palabra pero para mí parecían momentos largos mientras trataba de descubrir que era lo que me tenía tan nerviosa, entonces me di cuenta de que era la primera vez en un largo tiempo en que me encontraba con un desconocido completamente sola, sin extraños observando y pudiera intentar pedirles ayuda o sin Janna o Youdar cercas para vigilar que no me sucediera nada malo.

Estaba demasiado nerviosa como para hablar, cosa que no era sencilla cuando me habían educado para creer que no merecía hablar, ni si quiera mi antiguo dueño que era bastante condescendiente me consideraba realmente una persona, supongo que no le servía que hablara realmente ya que nos podíamos entender bastante bien sin pronunciar palabra. A veces con extraños usaba señas, lo cual a la gente le parecía adorable, pero cuando me proponía a intentar responder con movimientos de las manos, el extraño volvió a dirigirse a sus compañeros como si indirectamente me las presentara para luego invitarme a desayunar. La verdad tenía bastante hambre ya que las flores que comí apenas contaba como un ligero tentempié, el cual ni si quiera era suficiente para responder las energías al jugar.

Los animales que tenía con él parecían estar bastante cómodos en su presencia, aquello me tranquilizaba un poco y después de recibir tan tentadora oferta acepte su invitación sosteniendo con mi mano la capucha que tenía mientras afirmaba lentamente con la cabeza a su invitación. Me empecé a acercar lentamente a donde se encontraban, sin preocuparme de Cerveza, Aguamiel o Negro, pero siempre manteniendo los ojos y mí distancia del curioso hombre.

Distraje mi mirada observando su campamento, no quería que mis nervios empeoraran si aquella persona veía directamente a mis ojos. Hace tiempo que no tenía un caballo tan cercas aun que lo que más me llamaba la atención era aquel cuervo de nombre Negro que parecía notar mi interés en él. No sabía por qué pero siempre me habían gustado mucho los cuervos, supongo que por las fabulas que eran tan común escuchar a las madres contar a sus hijos para distraerles y enseñarles.

Me quede quietecita un rato mientras mi miraba cambiaba del cuervo al hombre que visto de más cercas parecía algo pálido y quizás hasta enfermizo. Sin duda debía deberse a que no comía bien o incluso se encontraba enfermo, quizás alguna de las hierbas que crecía por estos lugares pudiera servirle, aunque si a mí no me había gustado mucho su sabor, probablemente el ni si quiera pensaría en comérselas.

Entonces algo llamo mi atención, era un sonido suave cercas, pero mis grandes orejas aun algo ocultas percibían que algo pesado se acercaba por lo que con cuidado de no hacer mucho ruido me acerque a donde se encontraba el viajero tomándolo de la manga para luego señalar con un rostro asustado un arbusto esperando que entendiera que quería que se escondiera. Empecé a escuchar el sonido de las hojas al ser movidas por lo que suponía que alguien se estaba moviendo sobre uno de los arbustos cercanos a los caballos y señale hacia aquella dirección esperando que él pudiera notar algo.

Sentía que no hacía más que encontrar problemas a cada lugar al que visitaba. Quizás era mi castigo por haberme quedado en el mercado de esclavos y dejar que alguna persona pensara por mí lo que debía hacer y pensar.


Última edición por Niris el Lun Jul 03, 2017 7:26 am, editado 2 veces
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Re: Descanso en Avilda [Libre]

Mensaje por Polvoso Von Lipwig el Miér Dic 30, 2015 3:20 pm

En cuanto Polvoso les soltó la crin, la atención de Aguamiel y Cerveza se alejó de su dueño para concentrarse en lo que ellas habían alcanzado a ir en un punto no muy alejado del bosque, estiraron ambas su cuello , con las orejas bien atentas y oteando el aire con su hocico, de vez en cuando pelaban los dientes con disgusto y daban cortas pero fuertes patadas en el piso, pero Polvoso se hallaba ocupado en otras cosas como para notarlo.

El truco de las mulas parecía haber funcionado, la joven, aún en silencio absoluto, asintió con la cabeza ante la invitación a tomar el desayuno y  poco a poco se fue acercando hacia donde se encontraba el mercader, pero se mantenía a una distancia prudente. -”Bien, al menos no ha salido corriendo y gritando hacia el pueblo, eso ya es algo” pensó.

Buscando la forma de mantener a su invitada tranquila en su presencia, Polvoso siguió con su rutina mañanera con toda naturalidad, como si ella fuera parte de la misma. Montó el hogar con unos cuantos leños, ramas y algo de pasto seco, roció todo con un poco, sólo unas gotas, de aceite para lámpara, y aseguró las piedras que debían rodear el hogar, aunque estas ya se encontraban en su lugar desde una noche antes. Sólo bastaba una leve chispa para encender el fuego que calentaría el agua para la infusión de de la mañana.

En esas andaba el mercader, sacando trastos y rebuscando entre sus cosas lo necesario para preparar el desayuno cuando sintió un discreto jalón en la manga de su camisa, al voltear, la chica estaba ahí a su lado, lo cual le sorprendió gratamente, a punto estaba de hablar cuando cayó en cuenta de que su expresión era diferente,...sus ojos, su pequeña boca contraída, y la mano que mantenía pegada a su pecho con angustia, hacían evidente que ella tenía miedo.

Acto seguido, le soltó y  señaló los arbustos cercanos a donde se encontraban las mulas, al mirar en la dirección señalada, notó que ambas estaban alertas y a la defensiva, soltando patadas al suelo y con la cabeza gacha, aquello
era malo, muy malo… “Maldita sea con este pajarraco inútil, lo venderé al primer rosticero que encuentre, pero porque no avisa!,”  pensó molesto, pues era claro, al ver la postura de sus mulas que algo o alguien acechaba desde atrás de los arbustos.

Polvoso puso una mano en el hombro de la pequeña buscando tranquilizarla, lo que ya de por si era dificil con lo nervioso que el mismo estaba,  y en voz baja le dijo:

- Señorita quédese aquí...muy quietecita, iré a ver qué es lo que pasa

Polvoso  caminó con cautela aunque dudando un poco a cada paso que daba, pues realmente no sabia que pudiera ser eso que evidentemente tenía tan nerviosas a sus mulas…se detuvo detrás de su carro pero lo único que podía agarrar era el hacha con que solía cortar los leños de madera, no era propiamente un arma, pero al menos sería una opción, se la colgó del cinto pero se sentía mucho más seguro cuando tuvo en su mano a su acero favorito presto para desdoblarlo de su guarda si fuera necesario,

Se asomó con cautela por encima del carro pero no podía ver nada raro desde donde estaba,  decidió salir de su escondite y caminar en paralelo a la barrera de arbustos.. tratando de hacer el menor ruido.

Conforme se fue acercando a las mulas una de ellas volteó hacia él por un momento, agitando la cabeza hacia donde la otra apuntaba, pareciera que le quisiera señalar que había algo ahí detrás...

Polvoso caminó un par de pasos hacia delante, y algo raro se comenzó a percibir,  era algo que el mercader trató de entender mientras se seguía acercando a donde sus mulas le señalaban, pero no tenía sentido, era un extraño aroma el mercader trató de asomarse de entre los arbustos…  un aroma a Pescado fresco!  

En el momento en que Polvoso se abrió paso entre las hojas de los arbustos, se encontró de frente con una enorme y plateada cara  que le miraba con ojos vidriosos y húmedos, con la boca entre abierta mostrando una hilera de pequeñisimos y afilados dientes. solo a escasos centímetros de él..



- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!!!!!!

Polvoso gritó presa del espanto tirando un navajazo frente a su rostro que terminó por rebanar la cara que se asomaba amenazante, pero al mismo tiempo dando un paso hacia atrás tropezando con sus propios pies y cayendo de espaldas  se incorporó como pudo avanzando a ”cuatro patas” pero en inversa, hasta topar con las patas de las mulas  blandiendo su navaja como su única defensa entre el horrendo ser y él mismo y sus animales.




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Re: Descanso en Avilda [Libre]

Mensaje por Elíacer el Jue Dic 31, 2015 1:29 pm

Eliacer mira hacia los arbustos, de donde venían todo tipo de sonido y olores, por los sonidos, estaba casi seguro que los bípedos sabían de su presencia allí, además, de que los animales que tenían con ellos, hacían notar su presencia, el grifo lo notaba por como olían, era el olor a miedo. En ese momento, mientras que Polvoso indicaba a Niris que permaneciera tranquila y se acercaba hacia su posición, trata de hacer memoria si sería adecuado hacer algún tipo de regalo para presentarse ante ellos, si no recordaba mal, el ofrecer presentes era algo adecuado entre los humanos. No se le ocurre mejor forma que regalarle aquel fantástico pez, justo da un paso con decisión para salir de entre los arbustos, cuando alguien se asoma de repente entre los arbustos, se queda paralizado un segundo y retrocede lanzando un alarido moviendo uno de los brazos con brusquedad. Elíacer se queda paralizado, pues ve el reflejo de la luz del sol en algo metálico que pasa silbando cerca de su cara, concretamente del pico.

Por unos instantes no parece ocurrir nada, pero luego, Elíacer ve de reojo, como la cabeza del enorme pez se desprende y cae al suelo, con la señal de un corte limpio, como de las mejores cuchillas de combate de los grifos. Al principio no sabe qué hacer, por lo inesperado de la situación, pero luego el grifo se siente indignado y ofendido, pues él iba de buena fe a hacer un regalo y había sido atacado, y su regalo echado a perder o despreciado. Con decisión, atraviesa el arbusto, quedando delante de los dos bípedos y los animales que acompañaban a estos. Orgulloso, imponente y salvajemente hermoso, el grifo se presenta, dejando caer el pescado sobre la hierba, entre sus invitados y él, mirándolos con sus profundos ojos azules, con la cresta de plumas de la cabeza erizada. Entonces se percata de algo, aquel bípedo de la cuchilla, no parecía para nada seguro de sí mismo, no parecía ser alguien que acabara de despreciar o rechazar el regalo del grifo. Con reticencia, Elíacer decide darles una segunda oportunidad, bajando las plumas de la cresta y sacudiendo la cola con dignidad.

-Siento haberos sorprendido…- Dice diplomático, pues si decía asustado, podrían ofenderse, los bípedos eran criaturas extrañas e imprevisibles, con aquellos rostros inexpresivos, sin orejas o colas que indicaran su estado de ánimo.-Mi nombre es Elíacer Ojo de Hielo, soy un grifo, y no vengo a causaros daño.- Dice con una voz algo aguda, pero clara, dando a ver que por el tono era joven, un adolescente y puede que incluso llegaran a la conclusión de que era un macho.-¿Necesita ayuda para levantarse, señor?-Pregunta solícito el grifo, dado unos pasos hacia Polvoso, pero manteniéndose lejos de su afilada cuchilla.

Luego, mira hacia el bípedo más pequeño y menudo, Elíacer está casi seguro que se trataba de un polluelo, posiblemente del bípedo de la cuchilla, levanta una de sus patas delanteras con cuidado, y ensaña un saludo, que según le habían explicado, consistía en agitar la zarpa. El grifo no lo entendía, pues entre ellos se saludaban frotándose el pico.

-Este pescado era un presente, para que supierais que vengo en paz, pero…- Mira hacia el pez descabezado y suspira.- Creo que he cometido algún tipo de error… -Dice dubitativo, mirando hacia los dos bípedos, pues quizás era algún tipo de insulto u ofensa regalar un pez.

El grifo pese a sus buenas intenciones, permanece atento ante cualquier posibilidad de ser atacado, pues su primer encuentro con bípedos no había sido nada agradable, y prefería no volver a arriesgar las plumas por confiar demasiado en los bípedos.
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Re: Descanso en Avilda [Libre]

Mensaje por Niris el Sáb Ene 09, 2016 9:56 am



Aquel señor se acercó temeroso al ruido que le estábamos señalando, tomando por precaución un hacha esperando usarla en caso de que un peligro se encontrara detrás de aquellas hojas, parecía tan nervioso como yo lo estaba aún que lo suficientemente valiente para acercarse en lugar de esconderse detrás de un árbol como lo estaba haciendo yo. Una vez enfrente de aquello hizo un movimiento brusco mostrando un ser extraño con piel húmeda, ojos perdidos y sangre en la boca que parecía contemplar todo.

Aquella visión era extraña aunque la figura me resultaba vagamente familiar, sabía que había visto algo así antes, pero una vez que él empezara a gritar deje de pensar por los nervios y lance un pequeño grito de espanto al escuchar los gritos y ver como en la desesperación sacaba una navaja y empezaba a tirar zarpazos sin ningún control mientras se alejaba de aquella criatura que no parecía inmutarse por las heridas.

La cabeza de la criatura se desprendió muerta lo cual me trajo una ligera sensación de alivio cuando el cuerpo sin vida se movió hacia enfrente para caer al suelo y mostrar que aquel pescado no era más que la presa de una criatura extraña que pareciera ser una combinación entre un pájaro y un felino gigante el cual se sacudía tranquilo al vernos. Por un momento pensé en que a varias aves y a los felinos les gustaban los conejos como almuerzo y esperaba que no tuviera intenciones de usarnos para acompañar al pescado en la comida.

Estaba preparada para correr en el instante en que hiciera un movimiento brusco, pero lo que hizo aquella criatura era algo que no me esperaba. Aquella criatura grifo se presentó a sí mismo como Elíacer. Nunca había visto una criatura como aquella y mucho menos que pudiera hablar, supongo que después de lo que he visto no debería sorprenderme tanto de que cualquier cosa pudiera ser más de lo que aparentaba, aunque una parte de mi instinto quería seguir pensando que podría comerme si me descuidaba a pesar de saber que no era exactamente una coneja mundana.

El grifo me lanzo una mirada a la cual reaccione ocultándome por un momento detrás del árbol para luego sacar lentamente la cabeza y observar cómo había extendido una de sus patas. Me empecé a acercar lentamente, observando con cuidado su reacción a la espera de que intentara algo en mi contra. Una vez frente a aquel ser empecé a olfatear su pata para luego sufrir un escalofrió y volver corriendo detrás del árbol donde me ocultaba. No sabía identificar su aroma, pero seguía sintiéndome en peligro.

El grifo parecía confundido, había escuchado que el mundo estaba llena de criaturas extrañas de todos tipos y formas, algunas más humanas como yo que habían tenido la oportunidad de ser “educados” para servir a la gente y otras criaturas salvajes que decían que simplemente era un peligro para todos. Sin duda se veía bastante triste cuando comento aquello de rechazar su pez a lo cual salí de mi árbol para luego negar enérgicamente con la cabeza. -¡Hum!- Para luego buscar algo que ofrecerle a cambio.

Aún tenía miedo, pero algo me decía que quizás no era un monstruo carnívoro come conejas por lo cual busque algunas ramas y raíces que consideraba que tenían un sabor pasable para luego acercarme con cuidado a él, morder algunas de las hojas y comerlas enfrente de él y luego ofrecerle el resto. La verdad no me gustaba el pescado y probablemente no le gustarían mis hierbas, pero no se me ocurría nada más que hacer.

Una vez entregadas las hierbas fui corriendo detrás del humano que hay se encontraba esperando la reacción de los presentes y observándole directamente a los ojos esperando entender su opinión de lo que estaba ocurriendo.


Última edición por Niris el Lun Jul 03, 2017 7:30 am, editado 1 vez
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Re: Descanso en Avilda [Libre]

Mensaje por Polvoso Von Lipwig el Jue Ene 14, 2016 2:53 pm

Elegancia y buenos modales, esas dos cosas, eran exactamente lo contrario de como había reaccionado el mercader a la subita aparicion de aquel “pez”... y de aquel otro ser mitad gato, mitad ave y mitad no se que cosa, pues no existían gatos tan grandes, ni tampoco avechuchos que pudieran hablar, acaso los loros repetían algunas palabras, pero no se había visto un pico del cual brotará conversación en lengua común.

Mientras Polvoso se apretujaba contra las patas de sus mulas cual niñita busca la falda de su madre, la pequeña demostró que hasta el más sencillo e inocente de los seres de Noreth guarda secretos y cualidades que la más noble estirpe envidiaría.

Atónito contempló como la chiquilla se le acercaba a aquella bestia, dando pasos cautelosos hasta quedar tan cerca como para olfatearle y ofrecerle un “regalo”, para luego regresar a su lado.

La situación le demandaba un protocolo de lo más inusual para aquel escenario, bien lo habría representado en un adornado salón, en alguna plaza pública o hasta en la presencia de alguna autoridad,  pero nunca la hubiese imaginado en medio del claro de un bosque ni que sus interlocutores fueran una bestia parlanchina y una chica que no emitía palabra alguna.

Pero Polvoso sabía cómo comportarse, lo primero fue guardar el acero, nada tan grosero como aquello, regresó la hoja de su navaja a su guarda y la misma en el bolsillo interior de su abrigo, enseñó ambas manos con las palmas abiertas hacia el que se había presentado como Eliacer.

Inclinó levemente la cabeza en señal de respeto y saludo, y procedió a ponerse en pie.

-Gracias, estoy bien, creo que puedo ponerme en pie y por favor no tiene porqué disculparse, ha sido una afrenta  de mi parte hacia su p...   (¿persona…? , no…eh…si este no es “persona”... pero como se le dice a uno de estos...)   ¡hacia usted! , el haber levantado mi acero de forma tan temeraria sin antes estar cierto que se trataba de una amenaza, permítame presentarme,  mi nombre es Estupefacto Relumbrón, el comercio es mi oficio y el camino es mi hogar, y la pequeña dama que le ha recibido es… eh..  Pequeña por favor presentate con el señor.

Polvoso terminó de levantarse, se sacudió las ropas y tomó con cuidado de la mano a la pequeña

-Respecto de su atención para con nosotros no tengo manera de disculparme por haberle cercenado la cabeza a tan bello ejemplar (pero de dónde ha sacado tamaña bestia acuática…) es solo que, como usted dice me ha tomado por sorpresa y mire que esta pequeña me ha enseñado una lección de modales, espero que usted reciba esta pequeña ofrenda como símbolo de cortesía y bienvenida Señor Eliacer, ahora sí gusta usted acompañarnos, estábamos preparando el desayuno, si  bien tenemos poco que ofrecer,  creo que podríamos al menos conversar un poco respecto de lo que lo trae por aquí.

Polvoso hizo un ademán con su mano y su cuerpo de manera que el emplumado les siguiera, se adelantó un poco con su compañera de la mano hacia el carro,

-Pequeña, he visto que masticabas con gusto aquellas hierbas, ¿es que te gustan esas cosas? Si es el caso creo que puedo ofrecerte algo, ayer en el camino me he encontrado a unos yerberos y les he (robado vilmente) comprado unos ramos de manzanilla, jazmín, menta y yerbabuena, usualmente las uso para infusiones, pero si gustas podrían ser tu desayuno,

Polvoso empezó a buscar entre sus triques aquellas hierbas, pero recordó que habia otras tareas por hacer

-Mientras las busco, crees que podrías ayudarme a darles de desayunar a mis amigas? Mira aquel sacó de allá - señalando un costado de su carro- está lleno de avena, bastaría con que les llenes los cuencos y yo más tarde les daré un poco de heno, vale?

Ya con los manojos de hierbas y flores en las manos, Polvoso se acercó hacia la fogata, donde la tetera ya chirriaba indicando que el agua ya estaba caliente,

- Señor Eliacer, acérquese por favor, y no olvide el pescado , aunque no se si lo prefiera asado a las brasas o asi crudo para el desayuno.


El mercader se ocupó de calentarse una infusión de yerba buena y manzanilla  para acompañar una rebanada de pan con queso fuerte, si el grifo quería su pescado asado pues solo bastaría colocar unas ramas para ensartarlo.

De tal manera aquel singular trío se preparaba para tomar el desayuno, habría ¿charla y presentación? que sería lo que traía a aquel ser por estas tierras y que tendría que contarles de su origen?




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Re: Descanso en Avilda [Libre]

Mensaje por Elíacer el Mar Ene 19, 2016 10:47 am

Elíacer permanece inmóvil, observando curioso y atento las reacciones de aquellos dos bípedos, era evidente que eran de distintas razas bípedas, al menos para él lo era pues el olor de la hembra pequeña era distinto al del macho adulto, de echo ella tenía cierto olor peculiar que le recordaba a los animales que cazaba. Pero no tenía por qué temer, el grifo no solo se había hecho una promesa a sí mismo de que no comería bípedos, si no, que solo los atacaría y si se viera obligado, los mataría, si estos lo intentaban antes con él. Siente el instinto de que no debía moverse cuando la pequeña se acerca a él, se queda muy confundido cuando esta le olfatea la pata que había alzado para practicar el saludo que según había leído, se hacía entre los humanos y otras razas parecidas.

Después de aquello, la pequeña vuelve a esconderse detrás de un árbol, para salir al poco tiempo, al parecer en algún modo descontenta o desacuerdo con algo, pues emite un sonido de disconformidad y se aleja para buscar algo, al parecer, una serie de plantas, raíces y cosas por el estilo. El grifo no era muy amigo de comer hierbas y otras plantas, aunque si sabía que algunas tenían efectos beneficiosos, para una buena digestión, curar enfermedades e incluso para tener buen aliento. Todo ello vestigios de cuando fueran las monturas de los Jinetes Alados. Baja la pata y espera a que la pequeña se acerque de nuevo, no pudiendo evitar sonreír de medio lado cuando ella come unas hojas antes de ofrecerle su obsequio. El grifo reconoce algunas plantas, como el hinojo, menta y alguna planta más, que sabe que no le causaría daño y que de echo iba a tener un buen aliento con muchas de aquella. Delicadamente, coge con el pico las plantas de las manos de ella, rozándole levemente la palma de la mano con su lengua, la cual podría provocarle cosquillas, pues la lengua era algo áspera, no como para hacer daño, más bien para provocar cosquillas.

-Gracias.- Le dice tras masticar y tragar las plantas, observado como de nuevo corre a esconderse tras el humano adulto de extraño aspecto.

Cuando aquel bípedo hace intención de incorporarse, Elíacer alza un poco la cresta de la parte superior de su cabeza, ladeando la misma, preguntándose curioso si aquel pobre macho había sufrido la caída de un rayo cercano, pues tenía el pelo como a un amigo grifo suyo, que además de oler a chamusquina durante unos días, se le quedaron las plumas y el pelaje de punta, con una franja blanca como aquella donde el rayo lo hirió. Lo primero que hace, es guardar aquella pequeña cuchilla, cosa que tranquiliza un poco al grifo, pues no le gustaría que se volviera a repetir ningún mal entendido, pues entonces se vería en la obligación de defenderse o quizás de retirarse, pues no quería crear un conflicto que pudiera evitarse.

Elíacer escucha la disculpa del otro, asintiendo para darle a entender que entendía lo que le decía. Aquel hombre parecía nervioso e inquieto, lo entendía perfectamente, él también estaba algo nervioso pero aquel hombre lanzaba alguna que otra exclamación que lo desconcertaba un poco. El nombre de aquel bípedo, lo hace parpadear desconcertado, alzando una de sus cejas, pues era un nombre realmente peculiar. “Bueno, supongo que mi nombre o el de algunos de mis compañeros grifo también les resultaría igual de extraños y desconcertantes”. Piensa para sí.

-No se preocupe, Maese Relumbrón, el error ha sido comprensible. Las circunstancias han conspirado en nuestra contra…- Replica el grifo con tranquilidad, mirando hacia la pequeña cuando el otro le invita a presentarse. “¿Desayuno? ¿Qué era eso?” Elíacer deduce que se refería a comer, de modo que ahuecando un poco las alas a los costados asiente con la cabeza, haciendo que el sol se refleje en las flanjas azul cobalto de sus plumas. Algo que también refleja la luz del sol, son un par de pulsera que llevaba en cada pata y un collar. Estos tenían una correa de cuero, con una gema azul engarzada.

El grifo se adelanta un poco, hacia donde indica aquel extraño individuo, que le hacía desconfiar, no estaba seguro de porque, quizás por ser los primeros bípedos a los que se acercaba y no lo atacaban. Ve la inquietud de los animales que aquel hombre tenía, de modo que no se acerca más para no espantar a los animales, aunque el grifo los encontraba apetitosos y no sabía por qué aquel tal Relumbrón los tendría si no fuera para comérselos. Justo se había tumbado el grifo sobre el vientre y cruzado sus patas delanteras, cuando algo, quizás algún tipo de animal peligroso lanza una especie de chillido o silbido que sobresalta de tal manera al grifo, que lanza un graznido de sorpresa. Poniéndose en pie de aquel salto, mirando como loco en todas direcciones, con las plumas infladas, el pelaje del lomo de punta y las alas abiertas, las cuales eran enormes, ocupando quizás el claro donde estaban de una punta a la otra. El corazón le latía desbocado en el pecho, y su respiración era entre cortada. Por fin, localiza el origen de aquel sonido. Un cacharro de metal que estaba cerca del fuego y a que aquel tipo se estaba acercando. ¿Era una trampa? Elíacer se prepara para huir en aquel instante. Al ver que el otro se limitaba a verter lo que parecía agua de aquel cacharro a otro más pequeño, el grifo, grazna con desconfianza y confusión, agitando inquieto la cola a su espalda, manteniendo las alas medio extendidas. Mirando intensamente al comerciante, esperando una explicación o algún tipo de acción que le indicaran como actuar.
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Re: Descanso en Avilda [Libre]

Mensaje por Niris el Mar Feb 02, 2016 9:23 am



Sonreí un poco cuando el joven grifo tomo las plantas y las empezó a comer, no esperaba que las fuera a aceptar pero me sentía mucho más tranquila al ver que había aceptado mi ofrenda de paz. Por su parte el señor Relumbrón se presentó mientras se disculpaba por la reacción que había tenido, aunque la verdad no lo podía culpar, si fuera más fuerte quizás también hubiera intentado algo diferente cuando me asuste.

Una vez que se levantó y se presentó, me puse un poco nerviosa cuando pidió que me presentara, no pensaba que el Elíacer pudiera leer por lo que me acerque al mercader para que supiera quien era. Me quite el brazalete que tenía en mi brazo izquierdo y tomándolo con ambas manos se lo mostré para que pudiera leer parte de la inscripción que tenía "Soy Niris y me...", lo demás estaba cubierto por mis manos y una vez que note que había leído lo que necesitaba saber volví a tomar el brazalete para volvérmelo a poner, la verdad no quería que leyera el resto del mensaje y quizás era momento de borrar el resto de lo que tiene escrito.

Una vez terminadas las presentaciones fuimos al carro del mercader para preparar las cosas que necesitáramos para el almuerzo, me dieron unas hierbas que tenían bastante buen aroma para luego lanzarle una ligera mordida a las hojas de menta, por un momento pensé que quizás eso pudiera delatar el hecho de no ser humana pero siempre podría pensar que tenía gustos extraños o ya sospechar algo. Al recibir la petición de ayuda para alimentar a sus compañeros acepte afirmando con la cabeza y me dirigí a los costales de avena para que también comieran.

Hacía tiempo que alguien no me pedía hacer algo, me recordó por un momento a mi antiguo del cual yo le servía de asistente. Llene los cuencos de avena y saque un poco más para aquel cuervo que en momentos sentía que me observaba. Me agradaban los animales así que mientras les alimentaba, empecé a acariciarlos u olfatearles un poco mientras el mercader y el grifo empezaban a platicar. Tanto tiempo me habían hecho pensar que yo era un animal como los que tenía enfrente, pero al acariciarles no podía evitar sentir que aquello era falso, lamentablemente tampoco me siento totalmente identificada con la gente, aunque me ha alegrado que me trataran como una humana.

Me había distraído un poco con los animales cuando empecé a escuchar graznidos provenientes del grifo los cuales me hicieron soltar a su vez un chillido ya que me habían dolido aquel sonido fuerte y repentino. Metí las manos a la capucha buscando la base de mis orejas y tapándolas para luego buscar con miedo que era lo que estaba sucediendo. Encontré al grifo alterado mientras Relumbrón lo miraba extrañado por su cambio tan repentino en comportamiento.

No tarde mucho en darme cuenta de que era lo que le había asustado, podía reconocer el sonido del té y probablemente era algo que nunca había escuchado o visto antes. Aun así me parecía que su reacción era un poco exagerada pero eso no lo había menos peligroso, después de todo ¿Cómo me hubiera comportado si no hubiera preparado té tantas veces antes? Me dirigí hacia el grifo intentando calmarlo esperando que al ver que yo no tenía miedo de la tetera comprendiera que no había peligro.

Entonces el realizo un movimiento rápido me dio un fuerte golpe con su cola derribándome en el suelo y haciendo que me desvaneciera por un momento, quedando sin sentido en el suelo mientras que mi capucha se descubría mostrando mis delicadas orejas.

off: Perdon por la tardanza. ><


Última edición por Niris el Lun Jul 03, 2017 7:36 am, editado 1 vez
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