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Una parada en el camino.

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Una parada en el camino.

Mensaje por Elíacer el Miér Dic 23, 2015 7:24 pm

Elíacer estaba agotado, llevaba días volando parando apenas unas horas para volar, pero por fin lo había conseguido, había llegado al continente, al menos a él se lo parecía pues llevaba dos días sobrevolando aquella masa de tierra que no parecía tener fin. Era de noche, pero por suerte el cielo estaba completamente despejado, mostrando un cielo cuajado de estrellas, incluso se podía contemplar el "polvo estelar" o "Camino hacia las Estrellas", como lo llamaban los grifos.  En las patas delanteras llevaba su cofre con sus pertenencias, y las aferraba con firmeza, pues era su herencia familiar e importantes reliquias de los grifos. Sabe que debe parar cuando llegado un momento se sobresalta, dando un respingo en el aire al darse cuenta de que se había quedado dormido. Con un gruñido de fastidio, el grifo se pone a buscar un lugar adecuado donde posarse y dormir. Normalmente elegía riscos, paredes de roca, montañas o lugares similares, pero aquel lugar era irritantemente liso. Solo se veían praderas, bosques y suaves y onduladas colinas.

Iba en contra de su naturaleza, pero no podía arriesgarse a partirse el pico con la falda de una montaña o estrellarse contra unos árboles, y por supuesto, que soltara sin querer el cofre en el que llevaba todas sus pertenencias. Ladeando ligeramente el cuerpo, empieza a descender hacia una de aquellas colinas, donde parecía haber ciertos afloramientos rocosos, lo que al menos le valdría para esconderse. Justo cuando se acercaba al lugar, lanza un leve graznido de sorpresa, entre unas rocas se le había echo ver un destello de luz, además de que el olor a humo llega hasta sus fosas nasales. Sigue descendiendo y aterriza sobre la hierba con un suave "Pum" sobre las patas traseras, apoyando con un graznido de cansancio el cofre en el suelo, y luego las patas, moviendo las espaldas con gesto de dolor y cansancio, pues tenía los músculos entumecidos y doloridos por cargar con aquel peso. Quería investigar que era aquello que había visto, además de que el olor a humo, era mas intenso, pues el viento soplaba a su favor. Escruta los alrededores, y tras comprobar que no había nadie, oculta el cofre en el hueco formado por unas rocas y pone una tercera taponando la entrada, tras lo cual, siguiendo su olfato y su vista, camina por aquella colina, pisando con suavidad, manteniendo las alas recogidas a los costados.

Tras unos minutos, Elíacer capta sonido de ruidos extraños, al principio no consigue discernir que era, pero al final lo recuerda. Era un idioma, un lenguaje, el de los seres bípedos de los que le habían hablado los ancianos grifos que se encargaban de transmitir los conocimientos antiguos a las nuevas generaciones. Baja un momento la vista a su collar, un collar de cuero, que iba a juego con dos pulseras y que contaba con una gema azul, cada uno y que según le habían explicado se usaban en la antigüedad como medio de comunicación entre ambas especies, bípedos y grifos. "-Todo bien."- Se dice a si mismo el joven grifo, que había olvidado el cansancio y el hambre a la vista de su primer encuentro con los bípedos, estaba tan emocionado que se le había alzado la cresta de la cabeza. Decide avanzar un poco, quedándose entre las sombras, viendo por primera vez a los bípedos, sentados en torno a un fuego, hablando en un idioma que poco a poco va cobrando sentido en sus oídos, las gemas del collar y pulseras refulgen tenues, haciendo actuar su magia para el idioma y el habla. Eran bípedos muy extraños, Elíacer no recordaba que los describieran de aquella manera, eran bajos, fornidos y parecían muy peludos... al menos algunos de ellos. Tarda pocos segundos en deducir que eran unos adultos con sus crías, aunque no sabría distinguir en aquel momento al macho de la hembra. También ve una extraña estructura, una especie de cofre o baúl con unos círculos de maderas a los costados."- Espero que funcione..."- Piensa antes de dar un paso hacia la luz de la hoguera.

-¡Saludos amigos! Soy Elíacer Ojo de Hielo, vengo en paz y armoní...Ah!- El grifo no tiene tiempo de acabar su ensayada presentación.

El que parecía el macho, un fornido bípedo cubierto de pieles y una densa pelambrera tanto en la parte superior de la cabeza como en la inferior, se levanta gritando algo a su familia, que gritan aterrados. Con aquel mismo movimiento de levantarse de donde estaba, el bípedo había sacado un extraño objeto al que Elíacer no le había dado importancia hasta que este le había disparado un proyectil que le había rozado el pico, provocándole un corte en una mejilla. Por suerte el dardo había salido revotado al chocar contra su pico y el enano estaba tan sorprendido por su aparición que no había tenido tiempo de apuntar bien. Aquello estaba saliendo terriblemente mal, Elíacer esta tan sorprendido por el ataque que tarda unos segundos en reaccionar, solo lo hace cuando detecta un frenético movimiento, al  fijarse en el enano, ve que trataba de colocar otro de aquellos proyectiles en aquel cacharro de madera y cuerda que había usado antes.

-¡Esperad! ¡Esto es un mal entendido! ¡No quiero haceros daño!- Trata de explicarse mientras el enano alza de nuevo la ballesta hacia él, y los otros, los mas pequeños, que eran dos y la hembra, cogían piedras del suelo y se las empiezan a tirar.

Elíacer debe reaccionar y se lanza hacia delante, antes de que el enano tuviera tiempo de apuntar, y de un picotazo arrebata la ballesta de las manos al sorprendido bípedo, haciendo crujir la madera con su poderoso pico y lanzando contra las rocas aquel arma. Los enanos gritan aterrotizados, mientras que los otros le lanzaban piedras que golpeaban con dolorosa precisión en costillas y cabeza, el que parecía ser el padre, saca un cuchillo de caza de su cinturón. Pero Elíacer no pensaba enfrentarse en combate con aquellos bípedos. Sangrando por varias heridas, magullado a golpes y con las plumas revueltas, el grifo da un par de altos saltos, impulsándose con las alas y desaparece por unos de los altos montículos de roca, mientras deja a los alterados enanos a su espalda.

"-He fracasado."-Piensa frustrado, con lágrimas en sus ojos azules, mientras corre hacia el lugar donde había dejado el cofre, aparta la roca y toma sus pertenencias.

Al girarse, ve como los enanos se movían de un lado a otro de su campamento, con palos en llamas para iluminar el lugar. El grifo nota la sangre caliente caer por una de sus mejillas, alzando una de sus patas delanteras, se toca con el dorso de la misma, y ve la roja sangre manchar su piel amarilla. Estaba dolorido, aunque por suerte no le habían roto ningún hueso, magulladuras, cortes y un chichón en la cabeza era lo que había sacado de su primer encuentro con los bípedos, un primer y nefasto encuentro, el cual, había sido un demoledor golpe para las esperanzas que tenía el joven grifo.

-Espero que no todos los bípedos sean como estos... o mi raza, estará condenada a desaparecer... bien por hambruna o muriendo para robar territorios...- Lanza un graznido, reprendiéndose a si mismo y da un fuerte pisotón en el suelo con una de sus patas delanteras.- No, no puedo pensar así... he fracasado, pero solo a sido el primer intento, los bípedos son criaturas muy toscas y estúpidas, pero seguro que hay excepciones, como en los grifos, alguno me entenderá, alguno me ayudara a encontrar un territorio, dentro de su Gran Isla, donde los míos podamos vivir en paz y armonía con quienes nos rodeen.-Con aquel último pensamiento, Elíacer escucha que los bípedos se acercaban, toma el asa de su cofre con las patas delanteras, y se impulsa con las poderosas alas y con las patas traseras, para alzar el vuelo y alejarse de aquel lugar, esperando encontrar un sitio mas seguro donde poder pasar la noche.
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Re: Una parada en el camino.

Mensaje por Mister Orange el Jue Dic 24, 2015 1:25 am

Bien, todo en orden, no veo problemas, unicamente que me sorprende que alguien rolee en tercera persona y presente, cuando la mayoria (me incluyo) lo hacemos en pasado.
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