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Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Miér Ene 13, 2016 12:08 am

Elíacer sonríe de medio lado, ladeando la cabeza y dejando caer una de sus orejas a un lado, manteniendo la otra erguida, “mirando” también hacia la mujer, cuando esta empieza a despertarse después de que él levantara una de las alas. Da un respingo sobresaltado, cuando ella se levanta de repente, dándose con su ala, pero por suerte eso no le haría ningún daño. Con una risita, el grifo aparta el ala y se incorpora, sacudiéndose con energía, ahuecando las alas contra los costados y sacudiendo la cola.

-Bueno, solo hemos dormido unas cinco o seis horas, si es temprano para ti puedes dormir, yo iré a cazar algo.-Explica a la mujer zorro, mientras con el pico empieza a acicalarse las plumas de las alas, asegurándose de que todas estaban perfectas.-De echo hoy he dormido hasta tarde, suelo levantarme con el sol, es cuando mejor suele cazarse, las presas aun suelen estar “despertándose”. –Responde divertido, mientras termina de acicalarse las plumas de las alas.

Observa curioso como ella empieza a colocarse las botas, de echo el grifo se acerca a observar de cerca, ladeando incluso a un lado y otro la cabeza como si se preguntara como estaba echo aquella cosa y como era capaz de meter el pie dentro de aquel trozo de cuero o piel tratada. La escucha decir lo del hambre, y se aparta un poco asintiendo con la cabeza, como si fuera comprensible.

-Comemos sobre todo carne y pescado, pero podemos comer algo de fruta y algunas hierbas, para mejorar la digestión o el aliento.- Explica el grifo mientras sonríe de medio lado, pues supone que aquello sorprendería a la mujer zorro.-Puedo hacer o recolectar comida para ti, desde carne a verduras o frutas silvestres, cerca de aquí hay antiguos campos de cultivos donde siguen creciendo algunas cosas de forma natural.- Se ofrece el grifo, que es repentinamente interrumpido, cuando ella grita entusiasmada al recordar las termas.

Debido al grito Elíacer se encoge, debido a sus sensibles oídos y agacha las orejas, sacudiendo la cola y asintiendo para calmarla.

-Está bien, pero pensé que tenías hambre…- El grifo suspira. Primero piensa en bajarla hasta el estanque exterior, pero supone que con su fina piel, Evelyn tendría frío, de modo que le hace un gesto y la lleva hacia el fondo de la sala circular, donde había un gran portal que daba a un pasillo.-Sígueme, se baja por aquí… abajo está muy oscuro, pero en las paredes hay una especie de antorchas de cristal… si giras la punta de la base, se encienden.-Le explica, esperando que ella cogiera una antorcha, que se encendería con una intensa luz amarillenta, para que no dañara a los ojos.

Una vez “armados” con luz, el grifo la guía por una serie de corredores y amplias escaleras que lo llevan cada vez más abajo. Pasan por muchas estancias vacías, pasillos con puertas cerradas o caídas a trozos, dando a habitaciones vacías, llenas de telarañas y muebles viejos. Las paredes estaban adornadas con raídos tapices, que colgaban hechos girones. Llegan hasta el piso inferior, allí el grifo la guía hasta otras escaleras que descienden hasta un amplio sótano, tan grande, que el grifo podría volar en amplios círculos. Guiado por la luz de la antorcha que ella portaba, la lleva hasta una arcada que da a una estancia a oscuras.

-Encenderé alguna antorcha mas.- Dice el grifo, que empieza a girar con el pico las bases de las antorchas, encendiendo media docena, revelando una amplia estancia.

Esta estancia estaba alicatada, tenía una gran fuente termal en el centro, el agua estaba limpia y caliente. La terma estaba escalonada, de modo que podía sentarse en el interior. En las paredes se veían zonas donde el alicatado había caído, apareciendo grietas, pero en principio el lugar parecía muy seguro. El grifo señala con un pico las aguas.

-Aquí es… -Dice mirando alrededor algo inquieto, por estar en un lugar cerrado.- Yo me he bañado una vez aquí, son fantásticas…- Explica mientras agita la cola, esperando ver la reacción de la mujer zorro.

En un lado, había unas oquedades en la pared, donde debería ponerse antiguamente la ropa de quienes fueran a bañarse. Aún quedaban raídas pero limpias toallas, trozos de jabón algo agrietado por los años, y algunas cubetas de madera, para mojarse el cuerpo y frotárselo antes de meterse en las aguas. El grifo miraba hacia la zona del jabón de reojo, como si le diera miedo de aquello, quizás por aquel olor desconocido. El grifo no olía mal, pero tenía aquel olor almizclado a “macho animal” y quizás no le vendría mal un baño, aunque por su inquietud, iba a resultar difícil convencerlo de que usara jabón, aunque para aquello necesitaría ayuda.
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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Miér Ene 13, 2016 11:50 pm

Así que también comían fruta y hierbas…. Al menos no comían piedras como las gallinas, punto para la raza aviar superior. Hizo un gesto con la mano, descartando el ofrecimiento. –Ya tengo comida, y puedo cazar- además, la idea de comer un conejo lleno de babas no la atraía demasiado.  Se acabó de calzar las botas mientras su acompañante se acicalaba y se recoloco el pelo, recogiendo los mechones rebeldes y colocándolos donde debían estar.

Bajo con el grifo hacia las termas, dando saltitos de emoción como una niña pequeña, siguiéndolo por un portal oscuro, aunque resulto no ser tan oscuro, puesto que tenía antorchas mágicas. -Ohhhhh- no podía resistirse a las lucecitas mágicas –Encendida, apagada, encendida, apagada…- empezó a murmurar mientras giraba la base, liberando y apagando la luz. Pestañeo y meneó las colas al darse cuenta del verdadero motivo por el cual estaba allí. –Fuentes termales, cierto…- recogió su nuevo juguete y siguió al grifo, acelerando un poco el paso para alcanzarlo. La espera no la decepciono, era una fuente enorme, preciosa, había grietas aquí y allá, pero tenía su propio baño particular allí mismo, un baño calentito, no iba a quejarse. Se acercó al agua y bajo unos escalones, aun vestida, pero sin llegar al agua. Alargo la mano, efectivamente, estaba bastante caliente, y aunque seguía oliendo a flores como siempre, había acumulado algo de polvo durante el camino, iba a darse un baño. Tal y como le había parecido antes, había toallas, jabón, incluso cubetas de madera, todo lo necesario.

Ya se había desabrochado su peto de cuero hasta el ombligo cuando miro al grifo de reojo, volviéndose a abrochar un poco los botones. Sería muy grifo, pero seguía siendo un hombre. -¿No tenías hambre? Te iras de caza ahora, no te preocupes por mí.- Lo dijo con su mejor cara y una sonrisa, pero no era una sugerencia, estaba constatando una verdad universal, como la gravedad, la salida del sol o lo que pasaría si volvía antes de que hubiera acabado de bañarse. No era como si fuera a dejarle elección, por lo que en cuando se hubo ido, la peliblanca dejo sus pocas pertenencias con mucho cuidado a un lado de la estancia, luego se quitó las botas y las dejo al lado de su espada, la capa y las bolsas. El agua hacia que el suelo estuviese bastante caliente, podría haberse dormido allí sin problemas, aunque hubiera estado desnuda.  Luego se quitó el peto y los pantalones. Les paso un poco de agua por fuera, para quitarles el polvo, al fin y al cabo el cuero era impermeable por fuera, no se calaría hasta los huesos si vigilaba. Por fin dedico toda su atención a la gran piscina. Estaba bastante segura que debía lavarse primero, pero…. Era una piscina tan grande que no pudo resistirse tirarse de cabeza. Se quedó flotando bocarriba, pensando mientras se impulsaba un poco con las colas, alzando una de sus suaves piernas fuera de agua de vez en cuando, pero pronto se cansó y simplemente se quedó flotando, con su pelo y colas desperdigadas de manera simétrica. No tardo en volver a aburrirse y salió para enjabonarse a conciencia. El jabón parecía seguir funcionando a pesar de ser viejo, y aunque el olor no era particularmente bueno, puesto que poca cosa podía compararse a su olor a flores, al menos le limpio el cuerpo. Se enjabono a conciencia pelo y colas, todas ellas, y después se enjuago con unos pocos cubetazos de agua. Se dio un último chapuzón y por fin se decidió a secarse y vestirse, momento en el que salió fuera, aun con el pelo y las colas mojadas, ya las secaría al sol.


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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Jue Ene 14, 2016 9:58 pm

Elíacer no parece muy sorprendido que ella le dijera que podía cazar por su cuenta, pues de echo lo daba por sentado, pues con su aspecto “animalesco” de zorro, pensaba que Evelyn sería una excelente cazadora, sigilosa y letal. Pero justo pensaba eso, cuando la ve jugar con una de las antorchas, hablando consigo misma, apagando y encendiendo una de las antorchas. Casi de podría ver un enorme goterón caer por la cabeza de Elíacer, al quedarse sin saber que decir ante aquello, por suerte ella no se para mucho tiempo, y lo sigue emocionada, dando salditos hacia las termas.

Una vez llegan al lugar, la chica zorro parece realmente emocionada y entusiasmada con el sitio, lo mira todo con asombro, acercándose a investigar las aguas. Por su parte, Elíacer también se acerca a las aguas, metiéndose en el primer escalón, por lo que sus garras delanteras quedan dentro del agua. Metiendo el pico en el agua, empieza a acicalarse las plumas de las alas con entusiasmo. Ni siquiera presta atención a Evelyn cuando esta empieza a desabrocharse su peto, cuando esta le habla de forma algo cortante y directa. Era la misma forma de hablarle que tenía cierta hembra grifo, o incluso su madre. Era el tono típico tono de peligro de “no me lleves la contraria y haz lo que te digo, o te cortaré la “colita” ”, de echo incluso el grifo da un pequeño respingo, agachando las orejas mirando a la chica zorro.

-Eh…Ah… bueno yo…- Mira con tristeza el agua, pues realmente se quería bañar, incluso le iba a pedir ella que le revisara la herida de la grupa.- Claro, me iré de caza…- Suspira, con las orejas gachas y las alas algo caídas, dirigiéndose hacia la salía de las termas.- Nos vemos luego…- Se despide, saliendo de las termas, moviendo con incertidumbre la cola, preguntándose que podría haber dicho o echo para molestar a la mujer.

Una vez sube hasta el piso superior que el grifo había dado llamar la Sala del Nido, sale a la terraza exterior y alza el vuelo, alejándose de la torre, dirigiéndose hacia la zona de caza y pesca que ya había localizado. Ni por un segundo se le pasa por la cabeza que lo que la chica no quería es verla desnuda, de modo que está dándole vueltas todo el rato, incluso cuando se acerca a un lago cercano donde había muy buena pesca, está a punto de fallar en su intento y acabar dándose un baño de agua helada. Regañándose a sí mismo por su torpeza, Elíacer sacude con energía las patas traseras, que se las había empapado cuando estuvo a punto de caer al agua, por suerte los peces estaban aletargados por el frío y pudo atrapar a su presa. Después de aterrizar en un saliente, destripa al pez, para no tener que cargar con peso extra. Aquel enorme pez de escamas plateadas, debía rondar los 30 o 40 kilos, de modo que tendría de sobra para desayunar e incluso quizás para comer. Tras comer, se lleva el medio pez que le había sobrado de vuelta al nido, donde lo pone sobre una vieja pero limpia parrilla, empezando a asarse con un agradable chisporroteo e inundar el lugar con el delicioso aroma de pescado asado.

Evelyn aún no había subido de las termas, Elíacer estaba por bajar, pero tal como le había hablado antes con ese tono de “no me lleves la contraria y haz lo que te digo, o te cortaré la “colita” ”, prefería darle algo más de tiempo, la verdad, a él le hubiera gustado bañarse, e incluso le había gustado que ella le hubiera ayudado, pues desde que abandonó su hogar, no había tenido oportunidad de asearse como es debido, pues los grifos se ayudaban entre ellos para limpiarse y bañarse. Se pone a trabajar, empezando a transportar los tratos inservibles a una zona de las ruinas que usaba de basurero, donde no molestaría a nadie y la propia naturaleza se encargaría de reclamar. El objeto a destacar del lugar, era el gran arcón de madera del grifo, el cual tenía antiguos gravados, de hombres y mujeres montando a grifos, todos ellos con elaboradas armaduras. Aparecían combatiendo contra todo tipo de criaturas voladoras, como dragones, hipogrifos, pegasos, esfinges y otras criaturas similares. Esperaría a que Evelyn subiera, tenía ganas de mostrarle la montura, pues ella había mostrado interés en algo como aquello el día anterior, y no se le había olvidado su promesa de llevarla a donde ella le pidiera.

-Sería genial que se quedara… no me había sentido tan a gusto desde que dejé Pico de Halcón…-Habla consigo mismo, mientras reúne un montón de trozos de madera carcomida que en algún momento debieron formar algún tipo de estantería o mueble.

Elíacer se había ensuciado bastante mientras trabajaba, pero le daba igual, después de terminar con aquello, se iría a dar un baño, ya fuera a las termas del interior o a la que se había formado en el exterior e la torre, aunque allí, con las corrientes de aire helado que hacía, se le congelaría la cola. Mientras que limpiaba, tarareaba una cancioncilla que cantaba su madre cuando hacía las labores domésticas, si, así es, los grifos mantenían limpios sus hogares e incluso habían aprendido que una comida cocinada, era de más fácil digestión que comerla cruda, lo que facilitaba mucho el vuelo.
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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Vie Ene 15, 2016 9:29 pm

Obviamente, el grifo salió de los baños, no era como si tuviese elección, pero la peliblanca no pudo evitar sentir un poco de pena por su tono triste. Con un suspiro, mientras meneaba las colas, decidió que luego le ayudaría con los vendajes y todo eso, seguramente un bicho tan grande tendría problemas para limpiarse entero. Ahora se sentía culpable y tendría que compensárselo, maldita sea.

Después de su relajante baño, Evelyn se paseó un poco por el exterior, muy contenta y tarareando una canción enana que había aprendido hacia poco, mientras recogía algunas flores, setas e incluso unas cuantas fresas silvestres. Eso último le hizo recordar la mermelada que la esperaba, por lo que dio media vuelta y empezó a subir las escaleras, rozando la fría piedra con las colas mientras las agitaba de lado a lado, de muy buen humor tras el baño. Podía oler perfectamente el olor a comida asada, y eso la extraño, imaginándose al grifo con delantal, un sombrero enorme y un acento raro, lo que le arranco una carcajada que seguramente pudo oírse en esa improvisada cocina. Finalmente, la mujer zorro apareció en el piso superior, limpiándose las lágrimas que habían empezado a surgir con una de sus colas. –No sabía que los grifos cocinarais…- había algo similar al respeto en su voz, cocinar la comida lo volvía algo más que un animal parlanchín, lo ponía al nivel de una persona, era como si le hubiera pillado calculando la hipotenusa de un triángulo, eran cosas que los animales simplemente no hacían. Salvo los dragones de fuego, muy posiblemente comieran comida cocinada, por escupir fuego y todo eso, pero él la estaba cocinando a propósito.

Dejo con mucho cuidado su pequeña contribución a la comida al lado del fuego, lo suficientemente lejos para que no se quemara. Miro al fuego, al pescado y arrojo unas pocas flores, que provoco que un olor a lavanda inundara la habitación. No eran simplemente “flores” había ido recogiendo todas hierbas aromáticas que pudo encontrar. -¿Has probado nunca a especiar la comida?- se limitó a decir mientras comía una fresa, lo que le recordó por enésima vez su mermelada. Se levantó y fue a buscar su pequeño botín del día anterior, para volver al sitio en el que se había situado un momento después. Tomo un pedazo de pan, lo dejo sobre la capa, le espolvoreo un poco de sus flores y se lo tendió. –Prueba- era una pequeña disculpa por haberlo echado tan apresuradamente. Le parecía una guarrada mezclar su preciosa mermelada con especias, así que cogió un cuchillo y empezó a untar un poco sin ni acercarse a las especias. -Cuando acabemos… te reviso la herida y podrás darte un baño si quieres…- dejo caer –avísame si necesitas ayuda o algo así.- meneo las colas, no le gustaba la idea de empaparse la ropa, pero no iba a meterse desnuda… Suspiro, ya se le ocurriría algo. –Oye… ¿Cómo buscas exactamente sitios para tu…- ¿manada? ¿bandada? ¿rebaño?-…s amigos grifos?- le había dicho anteriormente que no había interaccionado con demasiadas personas, así que dudaba que supiese de la existencia de los mapas, así que tampoco sabría leerlo. Es decir… no podían tener mapeado el continente si no prácticamente no interaccionaban con bípedos en la isla. –Podría ayudarte a buscar algunas zonas si pasamos por la ciudad…- no es que supiese leer mapas demasiado bien, pero encontrar una maldita montaña y preguntar si vivían cosas peligrosas en ella no podía ser muy difícil ¿no?


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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Sáb Ene 16, 2016 12:39 am

Elíacer había adelantado bastante trabajo, aunque aún quedaba mucho que hacer en aquella amplia sala circular, se había puesto hasta la coronilla de polvo y aun le quedaba por limpiar, aquello iba teniendo mucho mejor aspecto. Pocos muebles habían sobrevivo al paso del tiempo, una mesa circular de piedra en el centro de la sala, otra de madera en uno de los rincones de la habitación, una vieja cama y un par de sillas que le hacían falta ser tapizadas de nuevo. El grifo estaba tan concentrado, con la cabeza metida en un montón de trastos viejos que al escuchar la repentina risotada que venía de las escaleras da un salto en el aire, lanzando varios objetos por los aires, como cacerolas viejas y platos de metal. Mira hacia la entrada a las escaleras, de donde aparece la chica zorro tiendo, cosa que le hace ladear la cabeza con curiosidad, con una oreja caída y la otra alzada hacia ella.

-Hace siglos, cuando los grifos éramos las orgullosas monturas de los Jinetes Alados, aprendimos que la comida cocinada es mejor para volar y batallar, pues la digestión es mucho más fácil, aunque no puedo resistirme de vez en cuando a comer las cosas frescas, sobre todo el pescado.- Dice relamiéndose un poco el pico.-Lo estaba asando para que no se eche a perder, además, pensé que quizás te gustaría comer un poco.- Dice el grifo, que se aleja un momento hacia el balcón y se sacude con energía, viéndose que se alzaba una gran nube de polvo de su cuerpo y aunque queda algo más limpio, se notaba que aún estaba sucio cuando vuelve a entrar.-Los grifos hacemos muchas cosas que nos enseñaron nuestros Jinetes, incluso tenemos escuelas, donde los grifos más experimentados educan a los más jóvenes, mantenemos nuestros nidos y hogares limpios y nos ayudamos los unos a los otros, para cosas como la caza, la construcción de nidos e incluso para asearnos.

Observa como la mujer traía flores y varios tipos de plantas, de las cuales añade una al pescado o a las brasas donde se estaba asando, cubriéndolo de un extraño aroma que resulta demasiado intenso para el grifo, pero no dice nada al respecto, solo niega con la cabeza cuando ella le pregunta.

-Los Jinetes Alados preparaban comidas especiales para los grifos, eran nutritivas y sanas, nos mantenían sanos y fuertes para combatir y aunque sabemos leer las runas con las que ellos escribían, en la isla donde vivimos actualmente no hay muchos de los ingredientes que usaban…- Explica mientras camina hacia el gran arcón de madera, gravado con aquellos fantásticos dibujos, el grifo presiona en algunos lugares, con el pico y con una de sus garras y la tapa se abre con un “clic”.

Tras alzar la tapa, el grifo mete el pico y con gran delicadeza saca varios libros y los deja sobre la mesa de piedra del centro de la sala. Los libros eran antiguos, con tapas de madera o cuero. Tenían gravadas runas, quizás un idioma que la chica zorro podría leer, pues lo que el grifo llamaba runas, podría ser la propia escritura o una forma arcaica de la que se hablaba y escribía en aquel momento. Los libros contaban con unas fabulosas ilustraciones, uno mostraba a un grifo con una armadura completa de combate, entre otros artilugios, armas y formas de combate, otro sobre alimentación y el cuidado del pelaje, plumas, picos y garras, otro hablaba sobre asuntos medicinales, curar heridas, quemaduras y las hierbas que ayudaban a un grifo con la digestión, un buen aliento o que ayudaba con un brillo de pelo y plumas, que crecieran más sanas y fuertes, otros contaba sobre la historia y relación con los grifos, e incluso había uno que hablaba cobre como criarlos desde polluelos, lo que incluía época de apareamiento y reproducción, cosas como el tamaño de los huevos, temperatura idead, el mejor entorno y tenía unos dibujos muy explícitos sobre el aparato reproductor de un macho y una hembra, sobre anomalías y enfermedades que podrían afectar a la cópula o al parto de la hembra. En el arcón, se veía una fabulosa montura de cuero, y una armadura completa, la parte más distintiva quizás, el yelmo para el grifo. También había un traje o armadura de jinete, el cual también estaba representado en uno de los libros.

-Puedes echarles un vistazo… En ese viene sobre el tipo de comidas que nos preparaban.- Dice señalando uno con tapa de cuero verde oscuro, con una pluma de grifo, de color negro y dorada estampada.

Cuando ella prepara y le ofrece aquel pedazo de pan lo mira con curiosidad, al grifo no le parecía demasiado apetitoso, pero para no hacerle el feo a la chica zorro, lo coge con delicadeza de su mano y lo traba, masticándolo un momento antes de que le pasara por el gaznate. Hace una mueca de extrañeza, pero no parecía que le hubiera desagradado.

-No está mal…-Reconoce, agitando la cola tras él.- Oh, sería fantástico, me ha dado un par de punzadas de dolor cuando he ido a pescar…- Dice realmente contento cuando ella le dice de revisarle la herida del flechazo.-Oh… bueno…- El grifo nota la reticencia de ella cuando dijo de ayudarlo a bañarse, pero no quería mentirle, pues luego podría desconfiar de él para otras cosas.- Verás, realmente agradecería tu ayuda para lavarme, hay zonas del cuerpo a la que no me llego, como la cabeza, el lomo, la grupa y otras…Necesito bañarme con urgencia…- Dice abriendo un poco las alas.- Se necesitara mucha agua, pero creo que me vendrá bien…- El grifo no menciona el jabón, ya fuera porque lo desconocía o porque no le gustaba.- Bueno, tengo como punto de referencia esta torre, luego solo me propongo un rumbo y vuelo en esa dirección una semana o hasta que llevo al límite del continente, al menos ese es mi plan.- Explica el grifo ante la pregunta de ella. Ríe un poco cuando ella no sabe cómo referirse a un grupo de grifos.- Puedes llamarnos bandada o manda, las dos sirven. Una ciudad…- Murmura con incertidumbre, meneando la cola detrás, como si la idea no terminara de convencerle.-¡Eso sería fantástico!- Esclama cuando ella le ofrece a ayudarle.- Bueno…- Empieza con reticencia.- En la antigüedad los Jinetes Alados eran bienvenidos a cualquier pueblo o ciudad, pues los ciudadanos pensaban que los Jinetes u Amazonas, nos tenían domesticados, cuando en realidad solo era una asociación mutua…- Alza una pata delantera y se rasca bajo el pico, haciendo salir una nubecilla de polvo.- Ayer mencionaste sobre una montura…Supongo que si me pongo una montura y te poner la ropa de Jinete que tengo en mi arcón, podríamos fingir como hacían los antiguos… Quizás la gente se impresione al verme, pero si voy contigo no creo que suceda nada malo, a no ser que quieras ir sola, podría dejarte en las cercanías de una ciudad y esperarte.- Ofrece el grifo, mientras camina hacia la chimenea para apartar el pescado de las brasas, pues este ya debería estar asado.
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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Sáb Ene 16, 2016 9:32 pm

Era raro que se refirieran a esos tipos como jinetes alados, iban montados en grifos, por lo que seguramente si se les podía decir así, pero sonaba como si ellos también hubieran tenido, lo que lo hacia todo un poco redundante. Aunque daba igual, había dicho que de eso hacia siglos, no creía que importara mucho, en cualquier caso les habían enseñado a cocinar y todo eso, muy noble de su parte. Tomo un bocado de su delicioso pan con mermelada de fresa mientras cortaba un pedazo de pescado después del ofrecimiento del grifo. Sopló un par de veces y lo probó. Estaba bueno, por supuesto, con un ligero toque ahumado a lavanda. Estuvo meditando sobre esas “comidas especiales”. Tampoco podían ser tan especiales, dudaba que hubiese alguna especie secreta que desbloqueara todo el potencial de un grifo o alguna tontería así, simplemente tendrían algún tipo de dieta equilibrada, con algunos suplementos, como les pasaba a los gatos con la malta. La peliblanca se limpió los dedos y cogió con cuidado el libro que le indicaba el grifo, uno verde. La verdad era que tampoco era una apasionada de la cocina para grifos, pero parecía de mala educación declinarlo, así que ojeo unas páginas. El libro estaba ilustrado, lo que facilitaba las cosas, pero el texto era, cuanto menos, obscuro. Evelyn mantuvo el ceño fruncido un buen rato, reconocía las letras, pero las palabras que componían no tenían sentido.

Tardo un buen rato en darse cuenta de que solo tenía que sustituir algunas letras, como la “u” allí donde ponía “v” para que la mayoría de palabras fueran reconocibles, aunque aún había algunos nombres indescifrables, seguramente de plantas cuyo nombre habría cambiado a lo largo del tiempo, menos mal que el tomo venía con dibujitos. Cerró el tomo, lo que le hizo toser un poco al tirarle polvo a la cara, en cuando oyó el método de exploración del grifo. No podía creérselo, necesitaría años para buscar un sitio decente salvo que tuviera mucha suerte. Se quitó la cola que se había colocado en la cara sin darse cuenta, en señal de incredulidad. –Vamos a buscar un cartógrafo y encontrar todas las montañas del continente, con un poco de suerte, sabrá si hay bestias peligrosas- No creía que tuvieran problemas con osos o lobos, pero había dragones, wyvernos, goblins, un montón de cosas perfectamente capaces de estorbar a los grifos. –Y buscaremos a un sanador competente- seguro que habría alguien encargado de curar caballos en una ciudad, eso tendría que servir. Pero sus pequeñas maquinaciones se desvanecieron en cuando oyó “ropa de Jinete”, prácticamente se abalanzó sobre el cofre, para ver ese disfraz. Por supuesto, sería una armadura, no un disfraz, pero si lo usaba para disfrazarse de jinete, técnicamente…

Primero saco un yelmo, que se probó de inmediato. Le dolía, como todos, puesto que le chafaba las orejas, por lo que se lo saco y lo dejo cuidadosamente en el suelo, mientras agitaba sus orejas para desaplanarlas. También había una máscara, eso serviría, así que se la puso. Había guantes de cuero con refuerzos metálicos en el dorso de la mano, para poder llevar riendas sin problemas, así como unas botas con muchísimas hebillas, que debían ser para la silla que había comentado antes. Se sacó las suyas y se las probó. Un poco grandes, pero no saldría volando si el grifito giraba en pleno vuelo. También había pantalones y un chaleco de cuero, y lo que parecía ser una cota de malla de…¿plumas metálicas? Parecía mucho trabajo para algo que no parecía ofrecer más seguridad. Incluyendo los brazales y las espinilleras, pesaría bastante más de lo que solía, pero daba igual, no iba a la guerra, solo se pasearía por la ciudad. Suspiro y contemplo al grifo lleno de polvo. –Anda, hora del baño, ve delante-


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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Dom Ene 17, 2016 1:04 am

Elíacer se había puesto a revisar de nuevo el interior del arcón mientras ella revisaba los libros que le acababa de mostrar, al grifo le agrava que ella mostrara interés, incluso parecía hacer un esfuerzo por leer. Sonríe de medio lado, mientras ahueca las alas a los costados y sigue inspeccionando el contenido, estaba todo, incluso el uniforme o armadura de un Jinete Alado, por el tamaño de las prendas estas debían ser o bien perteneciente a un hombre bajo o a una mujer, pues en la antigüedad eran tanto Jinetes como Amazonas. Mientras, Evelyn desayunaba, y tras ver que estaba todo bien y en condiciones en el arcón, se acerca de nuevo a la joven mujer zorro, poniéndose a su lado para ver alguno de los libros que estaba ojeando. En el de alimentos venía todo tipo de alimentos y recetas, una muy nutritiva para grifos enfermos o mal heridos, que era una especie de sopa con marisco, pescado y algas. Otras para fortalecerlos con un debido ejercicio, que era cerdo asado con miel , romero y otros ingredientes, pollo relleno con una serie de hierbas para ayudar a una digestión ligera, y otras muchas comidas, incluso venía la forma de fabricar “golosinas” para grifos, a modo de galletas y dulces, los cuales llevaban la mayoría pequeñas notas que indicaban lo bien que disimulaban el sabor de medicinas que debían tomar los grifos, como resfriados, parásitos intestinales, indigestión y cosas similares. De hecho mencionaban que había medicamentos que ayudaban en situaciones diarias, como calcio, potasio, proteínas e incluso algo que parecía disminuir los efectos del celo en dicha época. Había reseñas para mirar en el libro de medicina, el cual, por la portada, era uno con la cubierta de madera oscura.

Cuando ella le explica algo sobre un cartógrafo, Elíacer sacude las orejas y la cola algo desconcertado, no sabía que era aquello, pero asiente con la cabeza, con confianza, pues de momento la chica zorro no le había hecho dudar de su veracidad y confianza.

-Muy bien, buscaremos esa cosa… cartograforofo o como se diga… Si eso nos ahorra tiempo de búsqueda, será tiempo que los míos podrán estar sin pasar hambre y penurias en Pico de Halcón.- El grifo se vuelve a rascar, esta vez con el pico en una de las alas, y una nubecilla de polvo parece brotar de las plumas, las cuales luego sacude hacia un lado, para no ensuciar a la chica.-Parece que entonces iremos finalmente juntos a esa ciudad, dudo que uno de esos sanadores quiera salir contigo a las afueras… además, podría resultar peligroso.- Aunque apenas llevaban un día juntos, el grifo ya había empezado a pensar en Evelyn, sin darse cuenta, como su amiga, y puede que incluso en algo así como su Amazona.

Un grifo podría dar hasta su propia vida en salvación y/o defensa de su Amazona, eso lo decía en uno de los libros que hablaba sobre la historia de los Jinetes Alados y los grifos que Elíacer había puesto sobre la mesa. Cuando Elíacer menciona lo de la ropa de jinete, parpadea desconcertado por la velocidad con la que Evelyn pasa de estar frente la mesa a estar frente al arcón. Con una media sonrisa, camina despacio hasta ella, haciendo resonar suavemente sus garras sobre la piedra del suelo, parándose a su lado y mirando al interior. Además de la ropa que ella empieza a ver estaba la montura, parecía ligera, de cuero marrón claro con bordados y adornos en marrón más oscuro. Tenía dos anchos faldones que a su vez formaban la cincha, en esos faldones había más de una docena de correas, que pasaban por las botas y pantalones del Jinete y se enganchaban a los propios faltones, que a su vez irían sujetos al grifo. La montura parecía ligera, y de un tamaño pequeño, justo para sentarse e ir sujeta una Amazona o Jinete. También tenía una serie de correas que irían por el pecho y el cuello de Elíacer, para que la montura no se deslizara hacia atrás.

-Todo eso sería para ti…- Indica afirmativamente el grifo, al ver como ella inspeccionaba todo el atuendo de Jinete.- Creo que por el tamaño era de una mujer o un hombre pequeño…- Explica mientras se mantiene al lado de ella, sentándose sobre el trasero, algo despatarrado y a gusto.

El resto de la armadura era espectacular, era de acero, no había duda, pero tenía un hermoso tono azulado, con unos hermosos gravados en plateado, que representaba una serie de runas y glifos, quizás eran solo como amuletos de protección, suerte y fortaleza, pero que en principio solo parecía servir como adorno. La más destacable era el yelmo, y las protecciones para las patas del grifo y las alas. En un rincón de la caja, había unos brazaletes para las patas delanteras, más sencillos y bajo estos, como si Elíacer lo hubiera querido esconder, unas riendas para que el Jinete pudiera controlar la dirección del grifo. Esa contaba con una serie de correas que iban en torno a la cabeza y el pico de Eliacer, o del grifo en cuestión. Al contrario que en los caballos, aquella cabezada no contaba con un bocado o filete de hierro que los caballos llevaban metidos en la boca. Las riendas también eran de cuero marrón claro, con adornos en un marrón más oscuro, los remaches y la correa que pasaba por lo que sería la frente u el pico de Elíacer parecían de plata o acero pulido.

Observa divertido como se prueba las piezas de la armadura, y no puede reír un poco cuando se prueba el yelmo y se le aplastan un momento las orejas. Cuando ella se vuelve a mirarlo y lanza aquel suspiro, piensa que ha vuelto a hacer algo malo, pero cuando le dice lo del baño, parpadea un poco desconcertado, pues por un momento no recordaba aquello, se limita a asentir e incorporarse, acordándose entonces de lo que habían estado hablando, pues hasta ese momento que se acercó al arcón solo había pensado en la agradable sensación de la mujer sobre su lomo y como lo abrazaba con las piernas la noche anterior en su vuelo.

-Claro… ya voy…- Dice con las orejas algo gachas, como un niño al que iban a regañar.

De nuevo, bajan hasta el sótano de la torre, donde entran en las termas, Elíacer se acerca al agua como aquella mañana. No tenía ni idea de cómo iba a lavarlo la chica zorro, de modo que empieza a asearse él un poco, mojando el pico y pasándoselo por las plumas de las alas, mientras esperaba a que Evelyn le indicara lo que tenía que hacer. Piensa que seguramente solo le mandara remojarse y quizás le frotara un poco con las manos, pero en ningún momento piensa en el jabón, el cual el olor le había resultado extraño y desagradable, aunque por el olor que percibía en el lugar, ella lo había estado usando, aquello lo hace sentir un escalofrío desde la punta de la cola al pico, y le pone las plumas de punta. De repente desearía estar fuera de aquel lugar, traga saliva y retrocede el pilón o terma de agua, esperando que ella no se diera cuenta.
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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Mar Ene 19, 2016 9:34 pm

-Cartógrafo- le corrigió Evelyn con el tono que usaba cuando enseñaba cosas a los niños pequeños. Pero poco importaba, le había convencido, aunque no pudo evitar sonreír ante el siguiente comentario. –Claro, cualquier persona sospecharía si le pido salir de la ciudad con un montón de objetos valiosos- luego se dio cuenta de que no se refería al peligro para el sanador. –Oh, ¿te preocupas por mí?- soltó una risita y le dio unas palmaditas. –Soy perfectamente capaz ¿sabes? No en vano soy una amazona de grifo…- le guiño el ojo y ordenó la ropa que tendría que ponerse luego. Acarició las runas, como si su toque fuese a hacerlas brillar con luz mágica, aunque obviamente no pasó nada, eso sí, eran bonitas. Se fijó en las riendas del fondo y las cogió con cuidado. Ambos tendrían que ponerse el pack completo, y eso las incluía, por supuesto. –Ya vamos a destacar muchísimo con esto, supongo que no es necesario que te diga que no deberías hablar- lo último que le faltaba era atraer la atención con un grifo parlante. –Si ya os cazan, no quiero imaginarme lo que pasara si descubren que encima habláis…- seguía creyendo que los grifos no “hablaban”, sino que se había topado con uno rarito, pero daba igual, no era el momento de ponerse quisquillosa.

Siguió a su acompañante con un paso lento, relajado, meditando como diablos iba a evitar mojarse la ropa sin desnudarse. El cuero era impermeable, pero solo por la capa exterior, podía calarse y tardar días en secarse, no pensaba morir de pulmonía por ayudar a un pajarito. Cuando llego, el grifo ya se había puesto a ello, mejor para ella, puesto que le ahorraba trabajo. Miro a su alrededor, no había esponjas, esas cosas se pudrían, tendría que usar una de las toallas. Empezó a desabrocharse el peto y cogió una de las toallas, pequeñas, cubriéndose el pecho y haciendo un nudo para que se aguantara solo. Luego repitió el proceso con los pantalones, asegurándose de que el grifo estuviese ocupado con sus cosas. Se miró, echaba de menos un espejo para una visión objetiva, pero le quedaba bien. Un poco corto, pero bien, aunque eso no era difícil, todo le sentaba bien. Giro sobre sí misma, perdiendo ligeramente el equilibrio al no poder mover libremente las colas, ya que estaban parcialmente cubiertas por la toalla.  Miró qué diablos estaba haciendo el grifo y suspiro por lo bajo. Parecía un gato lamiéndose, así no acabarían nunca. Cogió uno de esos cubos de agua y lo lleno, para luego hundir el jabón en él. Había pensado en este método indirecto de enjabonarlo, ya que si el olor a jabón ya le parecía fuerte a ella, para él debía ser peor, pero rápidamente lo había descartado, simplemente lo usaría para la zona herida, por donde no podría pasar la pastilla de jabón sin abrirle la herida. –Grifito, remójate entero y ven…- No tardaría en venir y oler el jabón de su cubo, así que siguió. –Soy una orgullosa- ¿jineta? –caballera alada, así que mi grifo va a ir perfectamente limpio, impecable, radiante, con una elegancia y pulcritud digna de un rey- se le estaba acabando los sinónimos, pero no podía evitarlo, ya estaba metida en el papel y le encantaba. –Gírate, hay que desinfectar la herida con jabón.- ese empaste que había hecho el día anterior ya habría caído seguramente, por lo que limpiaría la herida para que el sanador no le echara la bronca por meterle guarradas a su montura. Había dicho todo su discursito con un tono autoritario digno de un jinete alado, pero ahora lo suavizo. -Anda, ven, no pasa nada, al cabo de un rato ni lo notaras.-


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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Miér Ene 20, 2016 11:52 am

Elíacer presta atención a la explicaciones y deducciones de ella mientras caminaban hacia las termas, trata de memorizar aquella palabra tan extraña, “cartógrafo”. Ella parece muy sorprendida cuando deduce que se preocupaba por ella, agita un poco una de las orejas, sin saber por qué se reía, cuando ella le ofrece la explicación el asiento con convicción, como si no pudiera esperar otra cosa. Antes de bajar hacia las termas, el grifo toma un extraño instrumento del arcón, una especie de peine en pinza de metal, con unas agujas muy cortas y finas.

-Por supuesto, sé que eres capaz, lo veo en tu cuerpo, en tu forma de moverte y de reaccionar. Además, no creo que todo el mundo hubiera sido capaz de montar a un grifo a pelo.- Dice sonriendo, demostrándole que estaba orgulloso de ella por aquello.- Exactamente, lo eres.- Dice a lo de ser una amazona de grifo.

Le había gustado la forma que tenía ella de admirar y tocar la ropa que él le había mostrado, se había mostrado respetuosa y encantada, cosa que Elíacer apreciaba mucho, pues para él aquellos objetos eran tremendamente importantes. En su hogar, se consideraban reliquias importantes, y por desgracia no había sobrevivido muchas, después de que los Jinetes Alados fueran derrotados en su última y gran batalla. Cuando ella sacó las riendas, Elíacer no puede evitar agachar las orejas con disgusto, como un colegial al que el profesor ha pillado haciendo una travesura o con los deberes sin hacer, no le gustaban las riendas, pues por lo que le habían explicado aquello era para guiarlo en vuelo. Cuando ella le explica sobre que no podría hablar, ahueca las alas y frunce el ceño, extrañado.

-Pero que yo recuerde los grifos hablábamos cuando nos paseábamos entre los bipe…-Carraspea- Entre las personas… ya fueran de la raza que fueran…- Al escuchar lo que ella le dice sobre ser cazados, lanza un profundo suspiro de tristeza.- Vaya, no sabía que las cosas hubieran cambiado tanto…-Hace una mueca de dolor al pensar en sus compañeros asesinados, pero aquello le hace ver una cosa.- ¿Entonces hay más grifos en el continente? Tenía sospechas de que hubieran sobrevivido otros grupos, pero no he tenía constancia de ello…-Asiente agitando la cola algo apenado.- Está bien, no hablaré…- Promete.

Una vez en las termas, mientras él estaba ocupado en acicalarse las plumas de las alas, mojando cada poco el pico en el agua y ella se desnuda y se pone aquella vieja toalla, Elíacer sigue dándole vueltas a todo aquello, sin percatarse de las acciones de la mujer. Después de tantos años, la toalla no estaba perfecta, teniendo algunos agujeritos, pero por suerte para ellos, sus puntos “estratégicos” estaban bien tapados, aunque de todas formas, el grifo tampoco les hubiera prestado mucha atención. Él se vuelve justo cuando detecta un movimiento, el que hace ella al girarse para ver cómo le quedaba la toalla, al ver que pierde el equilibrio, Elíacer se apresura a estirar una de sus alas, para ayudarla a mantener el equilibrio, posando una de sus alas de modo que ella pudiera sujetarse o apoyarse.

-Ten cuidado…- Le dice con una sonrisa, ladeando la cabeza, curioso, al ver el “atuendo” que ella se había puesto, aquello por alguna razón le causa gracia y suelta una risilla.- Deberías dejar libres tus colas, podrías caerte…- Le dice él mientras volvía a sus plumas.

Elíacer, ocupado de nuevo, no ve lo que ella hace al coger aquel cubo, metiendo un trozo de jabón, simplemente alza la cabeza y olfatea el aire. Evelyn puede ver como los pelos del lomo del grifo se ponen de punta, al mismo tiempo que gira la cabeza, lentamente hacia ella, con las orejas gachas, en posición sumisa y preocupada, como antes en la Sala del Nido.

-Hu-huele a esa cosa rara…- Dice mirando hacia el cubo que ella sostenía en las manos.

Está a punto de replicar algo, cuando ella le pide que se remoje, pero se queda con el pico abierto, sin saber que decir por todo lo que ella dice a continuación de que era su orgullosa “caballera alada” y que “su” grifo tenía que ir impecable, pulcro y todo lo demás. No tiene argumentos con lo que debatir aquello, y se limita a cerrar el pico, arrastrando casi las alas y la cola, caminando gasta el agua, donde se sumerge entero, incluso bucea un par de segundos o tres, antes de salir, subiendo los escalones, chorreando agua empapado. Ahora con todo el pelaje pegado al cuerpo, parecía un gato mojado, notándose mejor los fuertes y fibrosos músculos de debajo del su piel. Tenía las orejas gachas, como un niño al que fueran a castigar o regañar por algo. Se limita a quedarse cerca de ella, esperando a que empezara a frotarle con aquella agua jabonosa.

-Serías una Amazona Alada… Había pocos Caballeros o Damas Aladas.-El grifo se para a pensar.- No recuerdo exactamente como se pasaba de ser Jinete a Caballero, en los libros debe decir algo…- Al parecer, hablar de aquello le hacía olvidar lo que estaban a punto de hacerle.

Cuando ella le pide que se gire, el grifo así lo hace, mirando por encima de un ala lo que ella iba a hacer, pero se estremece ante la idea de que le limpiara la herida con aquello, y aunque sabe que era lo mejor, prefiere mirar al frente, poniéndose un poco tenso, quizás con temor de que le escociera le herida o por el olor del jabón, pero se notaba que obedecía a “su” amazona, al parecer, hablarle con aquella autoridad y firmeza, hacía que el grifo se mostrara sumiso y obediente, al menos para aquellas cosas.

-Es…está bien, si tú lo dices…- Dice dejando escapar el aire lentamente de sus pulmones, cuando ella le explica que no iba a pasar nada y que al cabo de un rato no lo iba a notar, aunque no sabe si habla del olor a jabón o de lo que podía escocerle la herida.

Dejar escapar aquel suspiro, hace que el grifo se relaje, deje caer la cola y un poco las alas, y agache la cabeza, con las orejas caídas y relajadas, lo que daba a entender que estaba completamente entregado a ella y que confiaba en lo que fuera a hacerle. Una vez terminara ella de limpiarle la herida, el grifo le explicaría que debía frotarle el pelaje con las manos, lo cual no era difícil sobre todo con el jabón, pues el denso pelaje del grifo parecía cremoso y suave, mojado y enjabonado. Para las plumas ya era algo distinto, entonces es cuando el grifo menciona el peine de metal que había cogido anterior mente del arcón, el cual había dejado en un hueco de la pared. Explica que abriendo ese peine, el cual se abría como unas tijeras, tenía que poner ambas partes con las finas púas, en una pluma y pasarlo muy suavemente, enjuagándolo cada poco, antes de seguir pasándolo por mas plumas. Este instrumento, quedaba la pluma no solo perfecta, si no, limpia.

-Es como si fuera mi propio pico.- Explica el grifo.- Yo me alcanzo las plumas de las alas, pero a las de la cola y la parte alta de la cabeza no, de modo que si quieres que vaya “radiante e impecable” podrías pasármelo por esas plumas.- Le dice con una divertida sonrisa, pues había sido ella quien había querido entrar en aquel “juego” del grifo limpito y con olor a jabón.

Elíacer se dejaría lavar entero, sin mostrarse inquieto o nervioso, más bien tranquilo y relajado, sin hacer ningún comentario que pudiera mal interpretarse, solo gratitud pues aunque al principio se había mostrado reticente, ahora se le notaba tan a gusto y relajado, que soltaba algún graznidito de gusto y relajación como si fuera un polluelo, incluso parece a punto de quedarse dormido en un par de ocasiones.

Una vez acabado todo, quedaría la segunda parte, convencer a Elíacer no solo en que se pusiera la montura, algo para lo que en principio se había mostrado colaborador, si no, en ponerse las riendas, cosa que quizás le costara a Evelyn más en convencer. Todo se vería según le hablara o reaccionara la chica zorro, la cual no tendría muchos problemas si se mostraba firme o si usaba alguna artimaña, después de todo, los zorros eran famosos por ser inteligentes y astutos.
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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Vie Ene 22, 2016 8:01 pm

-Jamás había visto un grifo- empezó suavemente la peliblanca, no sabía cómo abordar exactamente el genocidio de tu propia raza, pero era de esperar que con tacto, no le gustaría que la esquilaran y se hicieran un abrigo con ella, así que era de esperar que el sentimiento fuera universal –pero ya había oído el nombre, así que los grifos existían antes de que vinieras, creo que algunos incluso los montan.- Mejor callarse lo de los cojines de pluma de grifo… Un ala le sirvió de apoyo cuando casi se estampa contra el suelo, pero rápidamente descarto la sugerencia. –No te preocupes, solo cuesta acostumbrarse al cambio, estoy bien.- no era la primera vez que se cubría las colas para no destacar tanto, simplemente costaba si se hacía de golpe. El grifo se acercó a ella sin rechistar, su tono autoritario parecía funcionar bastante bien en la gente, tendría que usarlo más a menudo… -Amazona suena bien, o caballera…- acaricio la idea un momento, imaginándose cabalgando los cielos y derribando dragones, pero luego pensó en lo raro que sería pasearse por la ciudad con un maldito grifo, ¿Cómo se suponía que iba a ganarse la vida si destacaría como una reina? Una ladrona tenía que ser discreta… En cualquier caso, el grifo parecía estar esperando su fatídico destino: estar limpio, así que lo hizo rápido antes de que se arrepintiera. –Puede que escueza un poco- horrores, escocería horrores, porque la peliblanca le tiro la cubeta de agua entera sobre la herida, con cuidado, puesto que no quería que se abriera, pero entera al fin y al cabo. Mientras esperaba que el grifo se recuperara, cogió la pastilla de jabón y empezó a pasársela. Para limpiarlo, muy posiblemente debería estar frotando, pero a los gatos no les gustaba que les acariciaras así, y la forma de limpiarse del pajarito le había recordado a un felino, por lo que solo restregó el jabón a favor del pelo, no quería llevarse un arañazo de grifo, eso si debía doler. Lo enjuago con unos pocos cubetazos y adquirió el peine raro que le había mencionado. Lo probó un par de veces, para asegurarse de que lo hacía bien. Tenía que ir pluma por pluma… y no estaba limpiando un pajarito, era un maldito aguilucho de casi dos metros, incluso aunque no tuviera que hacerlo todo porque el ya llegaba, seguían siendo un montón de plumas, pero claro, después del discursito que le había soltado no iba a quejarse, no señor, ni en broma.

Una vez acabado ese arduo trabajo, le pidió al grifito que fuera a secarse al sol mientras se vestía, no solo lo quitaba de en medio mientras se cambiaba, sino que evitaba que se congelara a medio vuelo, hacia frio allí arriba, mucho frio, aunque este no lo notara normalmente. Ya se había fijado en como su acompañante miraba las riendas, era como un gato que veía a un lobo por primera vez, por lo estuvo pensando en cómo convencerle para llevar el pack completo. –Mira…- se sentó al lado del grifo, bajo el sol –estoy bastante segura de que puedes arrancarle un brazo a alguien con ese pico, y no soy la única que va a darse cuenta…- le enseñó las riendas –la gente estará más tranquila si piensa que no puedes hacerles daño- era un bozal, no quería decirlo, pero era exactamente eso. –Además, ¿Qué clase de amazona seria si fuera sin riendas? Ni que fuera un paquete…-
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