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Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Dom Ene 24, 2016 9:45 pm

Elíacer no queda muy convencido con la escueta explicación de ella sobre porqué sabía que los grifos eran capturados y asesinados, aquello deja una semilla de preocupación en el interior del grifo que quizás nunca lo abandone del todo. Rumia sobre aquello, mientras bajaron al piso inferior de la torre, una vez allí, los pensamientos del grifo corren por otros derroteros, entre ellos, por qué Evelyn se cubría constantemente con pieles extrañas. “Debe avergonzarse de su aspecto natural”. Piensa el grifo después de ayudarla a mantener el equilibrio. Cuando ella dice lo de caballera, el grifo se encoge, casi como si hubiera recibido un golpe físico.

-No digas caballera… suena terrible.- Dice con las orejas guiñadas, como si le dolieran los oídos de solo escucharlo. – Una mujer que es caballero, recibe el título de Dama Alada.-Explica serio y formal.

Asiente cuando ella le avisa de que podría escocerle un poco el jabón, por lo que cuando siente el agua jabonosa lanza un siseo de dolor, tensando un poco los músculos y agachando la cabeza, pero no se queja o dice nada más, dejando a la mujer hacer su trabajo. Se limita de vez en cuando a agitar la cola, impaciente porque ella terminara. Cuando ella empieza a enjabonarlo y lavarlo, la deja hacer unos minutos, pero al notar que no frotaba con energía, gira la cabeza mirándola curioso.

-Puedes frotar fuerte, sin miedo, no me vas a hacer daño…- Le anima, pues no quería darle miedo.- Si alguna vez me haces daño, te avisaré antes de que las cosas vayan a más.- Dice divertido, mientras vuelve a concentrarse en limpiarse las plumas y las partes del cuerpo a las que llegaba con el pico.

Una vez bien enjabonado todo el cuerpo, Elíacer se deja enjuagar con unos cuantos cubetazos de agua clara y limpia. Finalmente parecía haber disfrutado del baño, pues se sacude con energía y agita las alas contento al sentirse limpio.

-Es como si me hubieran quitado un peso de encima.- Exclama asombrado.

No puede evitar reír un poco, aunque disimula rápidamente como con una especie de tos con graznido al ver la cara de consternación de ella cuando debe ir “peinándole” las plumas con aquella cosa. Se deja hacer gustoso, mostrándose muy orgulloso y altanero de lo limpio y guapo que lo había quedado. Una vez acabado, ella le manda a que fuera a terminar de secarse al sol, cosa que obedece de buena gana pues notaba aun las plumas húmedas. Sube a la Sala del Nido, tumbándose sobre el vientre y con las alas extendidas en el gran balcón exterior, cubriendo casi de punta apunta el balcón con las alas. Cierra los ojos y se relaja bajo a cálida caricia del sol, pasa un buen rato antes de que ella regresara y se sentara, ya vestida, a su lado, llevando las riendas que el grifo vuelve a mirar con disgusto y hasta con cierto temor. Cuando ella le explica sobre que la gente podría temerlo si lo veía sin aquella cabezada, recoge las alas, pues ya se le habían secado las plumas, para dejarle ella sitio para sentarse a su lado.

-Entiendo lo que quieres decir, pero me disgusta esa cosa… No solo porque me cierra el pico, si no, porque me puedes controlar en el aire y eso es algo con lo que no creo que me sienta a gusto…-Suspira y agita la cola tras él.- Tienes razón, no eres un paquete, eres mi Amazona… al menos eso queremos que piensen.- Dice el grifo que alza la vista al cielo azul, el cual estaba salpicado por grandes nubes blancas y esponjosas, que formaban formas curiosas por el viento caprichoso.- Esta bien, dejaré que me lo pongas…- Acepta finalmente a regañadientes.- Solo no trates de controlar mi dirección en el aire, desconoces las corrientes de aire y cómo actuar en distintas zonas y climas, esa información viene en los libros que te enseñé, si quieres saber algo más, léelos. –Le recomienda el otro mientras se incorpora.- Estoy seco, podemos partir cuando gustes. Te diré como debes ponerme la montura, donde van todas las correas y demás, nos llevará un rato, pero cuanto más veces lo hagamos, más rápido lo harás en el futuro.-Le explica mientras señala con el pico la montura que había a un lado, para que se la pusiera allí, pues así vería mejor bajo la luz del sol.
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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Jue Ene 28, 2016 12:30 pm

-¿C-como que terrible? Suena majestuoso- protestó Evelyn con un restallido de sus colas como protesta. –Dama suena muy… ¿superfluo? Se nota a leguas que soy una dama- giñó un ojo y dio una vuelta sobre sí misma, aunque esa vez no corrió el riesgo de estamparse contra el suelo, ya se había acostumbrado a la ausencia de colas. –Además, “dama” suena a damisela indefensa, y yo se defenderme…- alargó la mano para coger su rapier y realizar una demostración magistral, pero luego recordó que estaba medio desnuda y desarmada, desde luego no eran las condiciones ideales para chulear de sus habilidades de combate. –Er… bueno, tendrás que creerme y punto.-

Su pequeña aventura con el jabón fue sorprendentemente bien, prácticamente no se quejó, estaba tan tenso que podría haberse hundido en un lago, pero no dijo nada ni, más importante, le arreó un mordisco. Puede que las historias sobre ser las nobles y orgullosas monturas de unos tipos no fueran solo historias para encandilar mujeres a su nido. Pero parecía quejarse por vicio, puesto que en cuando ella hubo sacado todo el jabón con unas pocas palanganas de agua, su nueva montura parecía encantada de su nuevo, renovado y limpio aspecto. Le dio un empujoncito que seguramente apenas noto debido a la diferencia de pesos -¿Ves? Te lo dije, ir elegante compensa- siguió con su secado de plumas, sin mayores problemas hasta que le enseño las riendas ya vestida.

-Bueno, eso de controlarte suena muy chulo, pero también parece una manera genial de estamparse contra el suelo, prometo no hacerlo…mucho.- tenía que probarlo, no podía evitarlo, pero por lo visto para hacerlo le haría leer un montón de libros sobre clima –Owwww- seguro que podía aprender sin leer, con un poco de práctica, ahora mismo no tenían tiempo para que ella se volviera meteoróloga leyendo media biblioteca. –Ahora no, puede que a la vuelta…- Sacó todo lo que iban a ponerse, desde su propia armadura de jinete hasta la armadura del grifo y fue poniéndosela al grifo una a una, tal como le iba indicando. No podía ser muy diferente a ensillar un caballo, pero había montado como… tres veces, no tenía manera de saberlo. Una vez el grifo estuvo equipado con su radiante armadura, ella hizo lo mismo con la suya. Ignoró la armadura de cuero, puesto que era muy similar a la suya, y se limitó a ponerse las protecciones de metal encima. Estaba espectacular imponente, por supuesto, con su máscara metálica, sus botas nuevas y esa emplumada cota de escamas, aunque técnicamente fueran plumas metálicas. Entre dormir hasta tarde, el baño y equiparse se había hecho tarde, y la noche anterior habían estado volando un tiempo considerable, tendrían que partir de inmediato si no querían que anocheciera, dudaba que un cartógrafo les abriera la puerta en plena noche, incluso ellos eran conscientes de que su trabajo no era tan importante. –En fin, ¡despeguemos!- se limitó a decir mientras volvía a subir encima el grifo, ahora con un poco más de dificultad que la última vez por culpa del peso extra de la armadura, que además entorpecía un poco su movilidad. Dejo las riendas sobre la silla, al alcance pero sin tirar de ellas. Entonces se dio cuenta de que tenía que atarse las hebillas a las botas, así que se puso a ello.
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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Vie Ene 29, 2016 12:58 pm

Eliacer discrepaba con aquello de que “caballera” sonara majestuoso, pero si las hembras bípedos se parecían en algo a las hembras grifo, sabía que era mejor no empezar discusiones de aquel tipo con ellas, siempre salían ganando y dejándolo a uno como el “malo” de todo. Se muerde la lengua y se limita a agitar la cola, sin mostrarse en contra ni a favor de aquella opinión, encogiéndose de hombros con una sonrisa.

-A mí me suena muy elegante.-Dice ella por lo del título de dama.- Pero mejor concéntrate en que eres una Amazona Alada, es mejor así.- Dice ahuecando las alas a los costados.

El sol parecía reflejarse en su pelaje, dándole un hermoso reflejo dorado y las plumas del grifo parecían reflejar una gama de colores más amplias en algunas zonas, viéndose hermosas tonalidades, como el de los rayos de sol al atravesar las gotas de agua y que formaban un arco iris. En el caso de Elíacer era como en el caso de otras aves, cuyo reflejo del sol en las plumas reflejaba otros muchos colores.

-A mi Dama me suena algo temible…- Hace una mueca divertida.- No has conocido a las hembras de mi especie, entonces no dirías eso.- Dice con una risita traviesa, quizás mostrándose mal educado con aquello, pero ahora que ella lo iba a montar, podría corregir aquel tipo de comentarios con algún tipo de “castigo” constructivo.

Cuando ella trata de hacerle aquella demostración, el grifo alza una ceja, no entendía ni J sobre el manejo de las cuchillas en manos de los bípedos, pero confiaba en Evelyn y si ella le decía que era buena en el manejo de aquella arma, la creería sin dudar. Al principio como ella bien nota, estaba tenso, no podía evitarlo, lo peor era el olor del jabón, pues al tacto de las manos de ella recorriéndole el cuerpo se acostumbra extramente rápido, incluso en zonas que podrían resultar más vulnerables para el frigo, como son las que estaban fuera de su campo de visión, se muestra tranquilo y relajado.

-Sí, tenías razón…- Reconoce, notando el suave empujoncito, que no logra moverlo, pero lo nota como quien da una palmadita a un amigo o un suave empujón con el hombro o el codo.-Me siento mucho mejor… más vigorizado. Aunque el olor de esa piedra que hace espuma…- Dice señalando el trozo de jabón que había usado con él.- Me sigue pareciendo algo mareante y ya no huelo como yo, pero supongo que será cuestión de revolcarme en arena o la hierba para volver a oler normal.- Dice todo animado con la idea, ignorando que ella podría arrancarle todas las plumas del cuerpo, una a una, si volvía a ensuciarse después del palizón que se había dado para lavarlo.

Una vez se habían reunido en la terraza exterior de la Sala del Nido, Elíacer miraba las riendas que ella le mostraba como si estuviera mirando una serpiente, incluso casi parecía “enfermo”, agachando las orejas y la cabeza en actitud decaía, posiblemente con la intención de darle pena.

-¿N-no hacerlo mucho?-Pregunta él con un suspiro, se guarda algún comentario sobre el peligro de una amazona sin experiencia queriendo conducir o guiar a un grifo, solo esperaba que no hiciera ninguna locura.-Echaré un vistazo sobre eso en los libros, no tardaré…- Le asegura, dirigiéndose directamente a uno de los libros, pasando delicadamente las páginas con el pico.-A ver… según veo, para un desplazamiento lateral, es decir, de costado, debes usar las piernas… y para un giro, es decir, cambiar la dirección, las riendas… podremos practicarlo un poco, pero solo cuando yo lo indique.-Dice mirándola serio.- Entre las montañas de esta zona hay corrientes de aire muy imprevisibles y no quiero que nos estrellemos contra la pared de una montaña.- Dice agitando la larga cola, con aquella enorme pluma en su extremo.-Claro, puedes leer este libro cuando volvamos.- Asegura mientras cierra el volumen con el pico, dejándolo sobre la mesa circular de piedra.-No es necesario que nos pongamos la armadura completa, eso es solo para combatir. Basta con que me pongas la montura, las riendas y los protectores de cuerpo en las patas…-Entonces Eliacer lanza una exclamación, como si acabara de recordar algo, rápidamente se acerca al arcón, agitando con entusiasmo la cola y temblándole las alas.- ¿Cómo he podido olvidarlo? Soy un auténtico desastre…- Se regaña a sí mismo.

Empieza a tocar unas partes del arcón con el pico, entonces se abre una especie de compartimento secreto de este, delicadamente introduce el pico y saca una especie de collar de cuero negro, con un enganche dorado en la parte delantera. Parecía el collar típico que se le pone a una mascota, pero Elíacer lo trata con sumo cuidado, lo deja sobre el suelo, cerca de las piezas de la armadura que ella había depositado en el suelo.

-Observa…- Dice el expectante, apartándose un momento del collar y las piezas de armadura.

De repente, la argolla dorada empieza a brillar, reflejándose una luz dorada en las piezas de armadura. Tras un leve destello, la armadura parece desvanecerse en un montón de chispas doradas y azules, quedando solo la montura de cuero, las riendas y los protectores básicos de cuero, los cuales contaban con dos cuchillas de acero de unos treinta centímetros, los cuales iban ocultos en los propios brazaletes y que seguramente Elíacer sería capaz de desplegar.

-Así iremos mucho más ligeros, puedes ponerme ese collar en vez de la armadura entera, y si necesito la armadura, solo he de hacer que vuelva a parecer del collar, y directamente estaré equipado y listo para el combate.- Dice con gran orgullo, esperando impresionarla.- Tú también tienes un atuendo que ponerte más cómo que la armadura de metal, pero es tu decisión. –Explica, indicando que ella, tenía un cómodo y cálido atuendo de cuero, como una especie de chaqueta larga, una capucha de cuero para el frío, guantes largos, las botas con las hebillas y todo lo demás.

Eliacer se muestra algo nervioso cuando comienza aponerle la montura, incluso da un respingo, sobresaltado cuando le echa el peso encima, y eso que era una montura relativamente ligera. No deja de moverse un poco, cuando le aprieta la cincha y le coloca el pecho petral por la parte delantero, siendo una correa que pasaba por la parte alta del pecho, casi en el nacimiento del cuello y luego otra correa que iba desde el centro de esa y pasaba por entre las patas delanteras del grifo e iba a la cincha. La montura queda firmemente sujeta, con dos fajones a los lados, llenos de correas, que iban por las hebillas de las botas de ella para sujetarla a la montura. Otro cantar fue las riendas, en que Elíacer parecía un cordero que fueran a llevar al matadero, dejando que la pusiera la muserola que iba en torno al pico, rodeándolo, el frontal que iba en la frente y el ahogadero por debajo de la mandíbula inferior, quedando todo como si fuera un caballo o alún otro tipo de montura. Los brazaletes de Elíacer le cubría desde la “muñeca” hasta la doblez de la pata. Iban aseguradas con correas a la pata, notándose cual era de cada pata por la forma y porque las cuchillas, al salir, quedaban orientadas hacia el exterior. Espera a que ella se pusiera el equipo que quisiera, realmente parecía quedarle bien cualquier cosa que se pusiera, observa cómo se pone las protecciones metálicas, así como la máscara y demás.

-Si necesitas adaptar alguna parte de la armadura, ya sea para tus colas u orejas, podemos llevarlas con nosotros y pedir a un herrero o curtidor que las adapte.- Explica Elíacer, que ya daba por ello de que él y la mujer zorro iban a pasar una larga temporada juntos.

Una vez ambos están listos, Elíacer esta tan nervioso de nuevo que no deja de arañar el suelo con las patas delanteras y azotar al aire con su cola. Cuando ella lo monta, se mueve un poco inquieto, pero no protesta ni tiene intención alguna de tirarla, de echo, Evelyn nota que es todo lo contrario, es el propio grifo quien parece buscar que ella tome un equilibrio cómodo sobre su lomo. Ante la orden de ella, Elíacer camina con paso algo inseguro, debido a la sensación de la montura, la cincha y el peso de ella en su lomo.

-Me siento un poco raro…- Dice algo inquieto, mientras escucha como ella se iba a ajustando las correas de los faldones de la montura a las botas de montar.-Si tienes que sujetarte, hazlo en la perilla de la montura, esa especie de cuerno o borla que tienes en la parte delantera, no tires de la riendas, o me harás daño en el cuello…- Le avisa, esperando a que ella se atara las piernas.- Cuando te sientas segura, me avisas, haré algunas cuantas acrobacias y maniobras, para que veas lo que soy capaz de hacer.- Dice sonriendo, mirando hacia atrás, girando un poco la cabeza hacia ella.

Una vez tiene ella las piernas sujetas, Elíacer se acerca al borde de la terraza, a más de sesenta metros de altura. Flexiona las poderosas patas, extiende la enorme longitud de sus alas plumosas, y se impulsa con fuerza hacia el cielo, con un despegue algo más intenso que el anterior, pero sin correr en ningún momento peligro de caerse. De hecho Evelyn nota como su cuerpo parece pegarse a la montura con aquel despegue. Elíacer se eleve con poderosas batidas de sus alas, quedando pronto atrás el picudo techo de la torre y la copa de los árboles. Pronto se elevan por encima de todo aquello, dirigiéndose hacia las esponjosas nubes que se elevaban en el cielo. Se sumergen en la niebla de las nubes, perlándose de pequeñas gotitas de agua el pico y el cuerpo del grifo. Evelyn puede comprobar que la ropa de jinete que él le había dado, era impermeable, de modo que no debería mojarse, como mucho el pelo y la cara si la llevaba ha descubierto. Una vez superado las nubes, parecen llegar a otro fantástico mundo, allí reinaba el silencio. Las formas de las nubes eran espectaculares, como hermosas y diáfanas catedrales alzadas por la madre naturaleza. El grifo se mantiene inmóvil, durante unos minutos en aquellas alturas, para que ella contemplara aquel hermoso paisaje.

-Bien. ¿Hacia donde queda la ciudad más cercana?-Pregunta mientras bate un poco las alas, para mantener la altura, mientras que la punta de sus alas rozaban la parte superior de algunas nubes, provocando que estas se rizaran o formaran tirabuzones a su alrededor.
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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Sáb Ene 30, 2016 12:57 pm

Amazona Alada… un término intermedio… caballera seguía siendo más chulo, pero no valía la pena discutir, al fin y al cabo se presentaría como le diese la gana. Se limitó a sonreír con aire de suficiencia cuando su acompañante le dio la razón, pero su cara cambio completamente en cuando oyó lo que seguía. –Ni. Se. Te. Ocurra.- dijo marcando cada palabra con el dedo índice extendido. –No quiero volver a tener tanto trabajo en mucho tiempo, más te vale que te dure.-

Luego vinieron las instrucciones sobre manejo de grifos, sonaba bastante sencillo, aunque conseguir que el grifo bajara con unas riendas sonaba imposible con tirones… se limitaría a estrujarse contra él, seguro que lo pillaba. –Vaaale, no toqueteare las riendas hasta que me digas…- murmuró enfurruñada, como una niña a la que le acababan de quitar un juguete. –Espera, ¿cómo que no es necesario que te pongas la armadura? Si queda espec…woa.- Un collar-mochila. Agarró la joya, no pesaba más de lo que debía pesar un collar. ¿Un armario mágico? Que gran tiempo para estar vivo, quería uno de esos cacharros, NECESITABA uno, aunque posiblemente se pasaría el día haciendo aparecer y desaparecer cosas, sin hacer nada útil. Pestañeó al darse cuenta de que llevaba mucho tiempo callada con el collar en la mano y se dio prisa en ponérselo al grifo. –Yo iré con el pack completo, queda muy bonito- Aunque sin la capucha ni la ropa de cuero, ya tenía ropas de cuero, y tener el cabello ondeando al viento era más espectacular para una entrada triunfal. Equipo al grifo con lo poco que había quedado sin desvanecerse en luz mágica y sentó. Al parecer el grifo no le importaba ajustar su gran tesoro nacional en aras de la primera chica que había encontrado, no estaba muy segura de como sentirse con eso, al parecer consideraba que la armadura ya era suya… pero entonces ya no era un disfraz. Suspiró. –Ajustar esta falda de plumas para que pueda sacar las colas me iría bien- Podía “sacarlas” porque era una falda, pero estaban demasiado bajas, necesitaría una apertura vertical para que pidieran estar en una posición donde sirvieran para mantener el equilibrio y no solo de suave y esponjoso adorno. Ya encima del grifo y bien asegurada, se desperezo y espero a que el grifo alzara el vuelo, cosa que no tardo en pasar. Aún tenía miedo de estamparse contra el suelo, pero se estaba acostumbrado al mareo que suponía dejar de tocar tierras y alzarse de manera tan antinatural para algo sin alas. De igual modo, atravesar una nube, de hecho, que la nube fuera atravesable, fue una nueva experiencia, y no pudo evitar alargar la mano para tocarla mientras ascendían. Dedicó los siguientes minutos de su tiempo a observar ese pequeño cielo en la… en el cielo, resistiendo las ganas de intentar pasearse por una nube. Tenía que aprender a volar por si sola…

-Hay una ciudad enana cerca de donde nos encontramos…- realmente, no sabía dónde estaban exactamente, así que sería mejor volver a terreno conocido, ya había hecho un poco de turismo por esa ciudad. –Las ciudades enanas son… err… bastante cubiertas- esperaba que no se estresara demasiado al no ver el cielo en gran parte de la ciudad, inconvenientes de excavar una ciudad en roca viva, especialmente cuando la raza constructora podía ver en la oscuridad.


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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Lun Feb 01, 2016 12:12 pm

Le dice de una forma tan seria y firme aquello de que ni se le ocurriera revolcarse en arena o hierba, que Elíacer no puede evitar agachar las orejas y las alas, con aire tristón y decepcionado, pues no veía natural oler de aquella manera, pero no quería enfadar a Evelyn.

-Es…está bien, no me ensuciaré…- Asegura el grifo, que enseguida abandona aquel aire abatido, cuando se puso a explicar, mucho más animado, todo lo del método de vuelo que venía en el libro.

Al menos, parecía que la había convencido para que no jugara con las riendas, Elíacer era un ser consciente y aunque ella tirase de ella, si era peligroso no iba a obedecer, pero podría lastimarle el cuello o algo. Luego el grifo parece muy orgulloso de haberla sorprendido de aquella manera, aquella mujer zorro le hacía querer ser algo travieso, y entre ese objetivo está el sorprenderla, ya le mostraría de lo que era capaz en vuelo.

-Claro, seguro que te queda genial.- Coincide con la mujer, cuando esta le dice que iría con el pack completo de su armadura de jinete.

Paciente, Elíacer esperó a que ella se ataviara y luego montara en él para alzar así, el vuelo. El grifo se sentía algo extraño e incómodo con la montura, que le apretaba el torso, aunque sentir el peso de ella sobre el lomo y sus piernas rodeándole le producían una extraña calma. Mira hacia la dirección que ella le dice, sobre una ciudad en la dirección de donde vinieron el día anterior. Al escuchar la palabra enano, el grifo guiña las orejas, pegándolas al cráneo y mirando de reojo hacia ella.

-¿Los enanos son bípedos pequeños y robustos? No me agradan mucho… Me atacaron sin mediar palabra en mi primer acercamiento a seres como vosotros… Sé que no sois de la misma raza, pero ya me entiendes…- Dice este reticente.-Pero si es la más cercana iremos allí, llegaremos mucho antes que ayer, pues hoy vas con montura y yo estoy más descansado, aunque la herida del traser…-Carraspea.- De la grupa sigue dándome punzadas. –Elíacer empieza a aletear, con firmeza y decisión en la dirección correcta.- Agárrate, te mostraré de lo que soy capaz.- Dice con una sonrisa, mientras echa hacia atrás las orejas, para que el aire o algún insecto se le colara en los oídos.- Pégate a mi cuello, inclinándote hacia delante, s te fijas, hay una especie de mangos a los lados del cuerno central de la silla de montar, es para que te sujetes, e incluso puedes atarte las muñecas…-Le indica.

En cuando Evelyn se agarra a aquellas asas y se inclina sobre él, Elíacer hace una zambullida, pegando las alas a los costados y atravesando como una flecha las nubes, surcándolas a toda velocidad, quedando a su espalda una estela de diminutas gotas de agua que se habían consensado en sus alas. Elíacer entonces abre un poco más un ala que la otra, empezando a girar sobre sí mismo, a la vez que descendía. Solo hace tres o cuatro giros, para no marear a Evelyn, enderezándose de nuevo, bajando como una flecha hacia un lago. A pocos metros, Elíacer abre las alas, lanzando un graznido por la presión del aire en las alas, las cuales siente como si se la fueran a arrancar, pero era la sensación que siempre sentía tras salir de una barrena o caída en picado. El grifo lanza un chillido agudo y triunfal, como el de las águilas, Sus patas rozan la superficie del lago, abriendo unos surcos que lanzan ambas cortinas de espumosa agua a los lados, tras lo cual, bate las alas con energía, ganando de nuevo altura, haciendo una voltereta hacia atrás, tras remontar la suficiente altura y seguir rumbo a la ciudad.

-¿Qué te ha parecido? Es solo una pequeña muestra de lo que puedo llegar a hacer y sin peligro de que te caigas, al ir bien sujeta en la montura.
- Dice sonriente el grifo, girando la cabeza para mirar hacia ella, esperando que hubiera disfrutado con aquella experiencia. Casi parecía un niño, orgulloso de sus logros y habilidades.
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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Jue Feb 04, 2016 6:11 am

Una vez la pulcritud de su montura estuvo asegurada gracias a su amenaza velada, todo fue sobre ruedas…alas… daba igual. –Por supuesto que me quedara genial, todo lo hace…- guiñó el ojo y siguió a lo suyo. No se equivocaba, estaba espectacular, pesaba un poco, pero estaba espectacular, y eso era lo importante. Como iba a ser un viaje largo, se apretó contra el grifo, no quería que los ojos le lloriquearan cuando por fin pudiera manejarlo, los habría cerrado si estuviera lo suficientemente confiada, pero su instinto de supervivencia hacia que el corazón se le saliera del pecho, le habría sido imposible dormir así. –Los enanos son pequeños y barbudos, con serios problemas con la bebida- le respondió a su montura -bueno… realmente… si ves a un bichejo volador aterrizar en tu ciudad… no creo que la gente pensara que venias de compras. Consideran a los grifos animales salvajes, puede que te hubiesen atacado incluso aunque llevaras puesta la silla.- Técnicamente, ERAN animales salvajes, seguramente habrían creído que venía a comerse a alguien, no quería decirle que habría hecho lo mismo, pero muy posiblemente seria cierto, puede que no hubiera atacado nada más aterrizara, pero si un pajarraco enorme y carnívoro sobrevolaba la ciudad durante mucho tiempo la gente se preocuparía y empezaría el tiro al blanco.

Pero su hipotética estrategia para la prevención de los ataques grifunos fue interrumpida por un zambullido que provoco que se arrimara aún más a su emplumado compañero, pero la demostración siguió con un giro en espiral y luego, de alguna manera, fue salpicada por agua. Su cabeza le daba vueltas, pero había sido divertido, como cuando un niño daba vueltas sobre sí mismo hasta marearse. –¡Otra vez! ¡Otra vez!- entonces recordó que el grifo estaba herido, a veces se olvidaba de eso. –Mejor luego, ahora tenemos que ir a la ciudad, a por los mapas y las medicinas- le acarició un poco el cuello, como si se tratara de un premio. No se había caído gracias a las botas atadas a la montura, aunque no era una caballera de esas con escudo y lanza, no podía evitar imaginarse luchando con algún dragón encima del grifo, lo que suponía un pequeño inconveniente… Eso de no poder moverse le iba mal, muy mal, tendría que confiar en su montura para evitar los golpes, cosa muy difícil si era un combate uno contra uno… Así que hasta que aprendiera a volar solita tendría que encontrar otra manera. Inconscientemente  estaba dando por supuesto que pasaría un tiempo considerable con el grifo, puede que no seguido, pero si a lo largo de los años. –Creo que voy a comprar un arnés de esos con cuerda…- le dijo algo más fuerte de lo normal debido al viento que ululaba. –Así podre luchar con mi estilo sin miedo a caerme.- claro que si se caía el tirón de la cuerda desequilibraría al grifo considerablemente, puede que se estamparan los dos contra el suelo. La lógica decía que debía ir sin protección, luchar a un montón de metros de altura y confiar en que el grifo la atrapara si caía, pero eso no le hacía mucha gracia, no solo sonaba muy peligroso, sino que lo era, sin atisbo de duda. Suspiro, aun acurrucada contra el grifo. -Aterriza fuera de la ciudad, será mejor que caminemos un trecho antes de llegar.- Llamaría la atención, sin duda, así que sería mejor que tuvieran tiempo de prepararse, para que ninguna de las partes hiciera alguna locura de la que pudieran arrepentirse.


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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Miér Feb 10, 2016 6:53 pm

Una vez cogió altura, Elíacer se mantuvo en la misma dirección, volando mucho más rápido que la noche anterior de modo que el viaje a la ciudad de los enanos no debería llevar más de dos o tres otras a lo sumo. El grifo había estado pensando en lo que ella le había contado sobre los enanos, de modo que aguardó aquel momento de tranquilidad para hablar sobre el tema.

-Entiendo… Esos enanos son muy territoriales, aunque a los que yo me acerqué quise presentarme con un saludo cordial y no me dieron tiempo ni a terminar.
- Dijo con actitud ofendida. Eliacer usaba su cola, extendida a su espalda, como una especie de timón, aunque ahora en pleno vuelo, se podía distinguir que en la base de la cola felina, se había extendido una segunda cola de águila.

El grifo rio con ganas cuando ella le pidió más acrobacias, pero tuvo el buen tino de recordar de que estaba herido, de echo aquellos movimientos le habían abierto un poco la herida de la grupa, que le sangraba un poco.

-Gracias por entenderlo, cuando tenga bien la herida te mostraré más movimientos.- Le aseguró el grifo, mientras volaba aprovechando las corrientes de aire, volando muy alto, en el cielo.

Cuando ella le acarició el cuello, el grifo se le escapó un suave graznido placentero, como un ronroneo. Se frotó un poco contra la mano de ella, buscando más de aquellas caricias. Una vez se concentraron en seguir viaje, Eliacer no mostró más acrobacias, pues no le agradaba volar de noche y quería estar de vuelta antes de que oscureciera. Giró una de sus picudas orejas hacia Evelyn cuando esta le comentó lo del arnés. Elíacer frunció el ceño y agitó la cola tras él, girando la cabeza para mirarla directamente.

-No sé si la mejor solución es un arnés con cuerda… si te desmontas de la silla y te quedas colgando, sería para mi mucho más complicado volar, y si diera la casualidad de que estamos en un combate, ambos seríamos un blanco fácil.- Le explicó el grifo, que ya había dejado el bosque atrás y empezó a volar por terrenos cultivados y praderas donde pastaban los animales. Cuando ella le pidió que aterrizara a las afueras de la ciudad a donde se dirigían, asintió para hacerle saber que la había escuchado.

Cuando ella le indicó donde quedaba la ciudad de los enanos a donde se dirigían, Elíacer aterrizó a unos kilómetros de la ciudad, en una gran explanada entre los picos de las montañas. Desde allí podrían ir caminando sin problemas, quizás cruzándose con enanos u otro transeúnte que fuera a comerciar a la ciudad. Con un largo suspiro, Elíacer guardó silencio tal y como habían acordado sobre que no podría hablar para no asustar o alterar más a la gente de la ciudad.
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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Vie Feb 12, 2016 5:25 pm

“Territoriales” no era la palabra que habría usado para atacar a un pajarraco carnívoro que aterrizaba en tu ciudad, pero daba igual, parecía haberlo entendido, así que ya no era importante. Además, la verdad era que había tenido suerte de que no se presentara con un “saludo cordial”, lo último que les faltaba a esos barbudos cortos de miras era que un grifo les hablara, lo habrían vuelto cojines con toda seguridad. En cualquier caso, le dio un par de palmaditas para consolarlo puesto que estaba visiblemente ofendido ante el ataque y siguió admirando el paisaje. Podía acostumbrarse a eso, la verdad, era cómodo, aceptablemente calentito y tenía vistas, solo faltaba el desayuno en la cama…
Su acompañante discrepaba sobre el arnés, obviamente no le hacía mucha gracia eso de tener un peso muerto colgando, debía ser muy incómodo, pero claro, eso de no llevar arnés era muy fácil de decir cuando podías volar… tenía que encontrar la manera de volar, esta vez completamente en serio.

Tardaron lo suyo, pero el viaje se le hizo más corto que la última vez, provocando que pestañeara sorprendida cuando el grifo aterrizó. Aún tenían que andar un trecho, pero le había parecido mucho más corto, puede que hubieran cogido viento de espalda o algo así… Siguió encima del grifo, con su mejor postura de guerrero noble mientras andaban hacia la ciudad. La gente se fijaba en ellos, obviamente, y algunos incluso corrieron en dirección a la ciudad, a avisar a alguien posiblemente. Por suerte, al parecer solo los avisaron, puesto que cuando se pararon ante los guardias no fueron detenidos o apuñaladas, eso era una buena señal.

-¿Veterinario?- empezó Evelyn, desatando miradas de confusión en los guardias. –¿Tenéis a alguien que cure animales?- por fin parecieron entenderla, puesto que le indicaron la dirección hacia un enano que cuidaba caballos, un hipólogo, no tardaron en llegar, pero para entonces la peliblanca ya se había bajado del grifo, cosa que costo más de lo que había pensado por culpa de las correas. Llamo a la puerta y los abrió un enano barbudo (como todos, en realidad) la mayoría de los enanos le aprecian iguales a excepción del color del pelo, y este no era una excepción, narizudo, de cabello y barba gris y ropas marrones.

-Necesito que le eche un vistazo-
dijo señalando al grifo

-Puede que sea viejo, pero aun no estoy tan ciego como para saber que eso no es un caballo- vaya, tenía sentido del humor…

-¿En serio? No me había dado cuenta…- contesto con tono divertido. –Pero agradecería que lo miraras igualmente, no creo que pueda encontrar un experto en grifos en la zona, pareces el más capacitado para ese trabajo…- un poco de adulación siempre funcionaba, sobretodo si ambas partes sabían que era verdad. Estaba segura de que  podrían haber despertado al tipo si hubiera sido necesario, por lo que muy posiblemente deberían haber ido al cartólogo primero, pero no le hacía mucha gracia dejar al que temporalmente era SU grifo con una herida que esperaba que fuera fácilmente tratable, ya se quedarían a pasar la noche si hacía falta, tampoco corría tanta prisa.


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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Elíacer el Jue Feb 18, 2016 10:22 am

Eliacer desconocía los pensamientos de la mujer zorro, pero unas caricias eran siempre bienvenidas, de modo que cuando le dio unas palmaditas, el otro se estremeció de placer ignorando los pensamientos de ella sobre lo de ser convertido en cojines. Por suerte para ambos, el día era claro y despejado, sin un cambio de temperatura demasiado brusco entre la noche y la mañana, pues de haber sido así quizás se hubieran encontrado con algunas corrientes peligrosas de aire en las montañas.

Una vez aterrizaron, Elíacer esperó a ver si ella quería seguir a pie, como no parecía muy dispuesta a bajarse de él, adoptando aquella pose, el grifo se limitó a agitar la cola, echando a andar hacia la ciudad enana. A Elíacer le fastidiaba no poder hablar, pues tenía muchas preguntas que hacer a aquellos bípedos de baja estatura, cosas como su arquitectura, su arte con los metales o incluso con la gastronomía, pues lo ideal era que si ibas a estar viviendo en un sitio e ibas a tener vecinos, lo mínimo era aprender sobre ellos para evitar conflicto en el futuro. El grifo se tuvo que limitar a dejar hablar a Evelyn, a la cual le escuchó preguntar por alguien llamado veterinario, era un nombre extraño, pero por el resto de la conversación dedujo que sería algún tipo de sanador de animales. Elíacer caminó junto a la mujer, parándose cada dos por tres para mirar algo con curiosidad o incluso acercarse un poco a algún puesto cuyos artículos expuestos llamaron su atención. Por suerte, al llevarlo ella por las riendas que le había hecho ponerse, no podía pararse o alejarse mucho, pues al notar el suave tirón de las riendas Elíacer se ponía de nuevo en marcha, caminando tras ella.

Al salir el enano el cual supuestamente podría curarle el flechazo del trasero, bajó un poco la cabeza. Aunque no lo sabía era de la misma opinión que Evelyn, a él todos los enanos le parecían bastante iguales, misma complexión, barbudos y narices anchas. Lo que también lograba distinguir el grifo, era el olor de lo mismo, ropa de cuero, sudor y luego dependiendo a lo que se dedicara el enano en cuestión, el olor a metal de las armas, la forja, u otros olores, como el de madera, barro, comida y demás. Cuando el enano habló con su voz profunda y resonante, Elíacer frunció el ceño y agachó con las orejas, pegándolas al cráneo, lo que indicaba que no le gustó aquel todo de voz. Procuró no emitir ningún sonido, sacudió la cola y esperó a ver como solucionaba aquello la mujer zorro. Al parecer sus palabras funcionaron, pues tras verse un leve rubor de orgullo en las peludas mejillas del enano, este se acercó al grifo, mostrándose tranquilo aunque alerta, pues no era un animal que hubiera estado viendo todos los días. Para inspeccionar mejor la herida, el enano trajo una banqueta escalonada, que puso junto a Elíacer y subió a la misma, inspeccionando la herida mientras murmuraba para sí mismo con voz profunda. La inspección hizo lanzar un leve graznido de dolor a Elíacer, cuyos ojos se humedecieron a punto de escapársele alguna lágrima. El enano lo calmó, dándole unas palmaditas suaves en la grupa y hablándole con voz tranquila como se le haría a un caballo.

-Es una suerte que no se haya infectado, veo que has tratado de curarlo.- Gruñó el enano, que con un gesto le pidió que lo siguiera, dando un rodeo a la casa hasta un patio exterior.- En principio hay que dejar la herida abierta, para que cierre de dentro a fuera.- Comentó el enano mientras entraba en un pequeño almacén y salía con un tarro de cerámica con un tapón de corcho. –Son tres monedas de plata.- Dijo el enano mostrándole el tarro.- Tienes más que suficiente para esa herida, debes aplicársela dos veces al día, una por la mañana y otra a la noche.- Indicó el enano que esperaba a que le pagaran por el ungüento.- Si la herida empieza a supurar, entonces tendrías que traerlo de nuevo, la limpiaría y la tendría que cauterizar para evitar males peores…- Miró de nuevo al grifo.- Lo mejor sería afeitarle la zona en torno a la herida, no es necesario que sea mucho, pero es recomendable para evitar que los pelos provoquen una infección.- El enano parecía saber de lo que hablaba, aunque la mención de “afeitarlo” no parecía haber gustado nada a Elíacer, que comenzó a recular hasta lo que las riendas que Evelyn sostenía le permitieron.
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Re: Peligro en las montañas. (Priv. Evelyn Blake.)

Mensaje por Evelyn Blake el Sáb Feb 20, 2016 1:04 pm

La gente los miraba, por supuesto, y no como hacían usualmente, con curiosidad debido a sus colas u orejas, no, esas eran auténticas miradas de envidia y admiración, y no solo era porque estaba montada en un maldito grifo, la majestuosa armadura ayudaba muchísimo. Una podía acostumbrarse a ello…

El enano examinó a su acompañante, con cuidado, como si el grifo fuese a arrancarle la mano de un bocado. Sinceramente, no lo culpaba, pero por suerte eso no paso, pero se acercó al grifo para tranquilizarlo igualmente, al parecer las caricias funcionaban, estaba empezando a pensar en el como un gato gigante y volador. Su montura lanzó un graznido y rápidamente alargó la mano para calmarlo, no tenía ganas de comprobar como de civilizados eran los grifos en una ciudad abarrotada. Pero el mal trago paso rápidamente y enseguida tuvieron un diagnóstico. La buena noticia es que no le echó la bronca por sus primeros auxilios, eso era bueno, y además, no había que coserla, como ella había dicho, otro punto para la mujer zorro. El veterinario volvió en un momento con un tarro de cerámica.

-¿Tres monedas?- era una pequeña fortuna. Podía permitírselo, pero si ya era usualmente tacaña con el dinero que adquiría de la gente, esta vez que se lo había ganado honradamente… Suspiró, le parecía peligroso regatear con un médico, así que se limitó a sacar su bolsa y ponerle tres kulls de plata mientras cogía el tarro. –Aplicar mañana y noche, muy bien.- repitió mecánicamente, pero una chispa de diversión se reflejó en sus ojos al mencionar el afeitado. Al parecer ese enano no se atrevía a hacerlo el mismo y prefería que la dueña se encargara. Podía presionar un poco, pero tenía serias dudas de poder permitirse el precio que fuese a ponerle el enano, así que se despidió, le dio un par de palmaditas a su acompañante emplumado para indicarle que todo había pasado y volvió a la calle, preguntando aquí y allá por un cartógrafo. Tardo un poco, pero finalmente llegaron al lugar indicado a una hora decente para hacer negocios.

La peliblanca miro al grifo, luego a la casa y finalmente otra vez al grifo. No había manera de justificar la entrada de un animal de dos metros en esa casa, y dudaba que el cartógrafo fuese a enseñarle los mapas fuera. Tendría que comprarlos y enseñárselos luego, lo que implicaba bastante más dinero… suspiró. ¿Quién le había mandado ayudar a ese grifo herido? –Enseguida vuelvo- le dio una palmadita y llamó a la puerta del cartógrafo. Otro enano genérico le abrió la puerta y la miró de arriba abajo.

-¿Si?-

-Quiero comprar algunos mapas- otra mirada, esta vez más profunda, parecía estar evaluando si podía pagarle. Se quitó la máscara y puso su sonrisa más encantadora. Ya fuera por eso, por su reluciente armadura, o por el enorme grifo que esperaba fuera, acabo entrando.

-¿En qué tipo de mapas está interesada?- el enano se plantó ante una estantería llena de cajas con pergaminos.

-Montañas escarpadas, en este continente, preferiblemente con poca población o bestias voladoras.- Recibió una mirada extrañada. -¿Sabes lo difícil que es matar un wyvern en el aire? Esas cosas son rapidísimas.- Ella tampoco lo sabia. El cartógrafo puso una caja encima de la mesa y fue sacando rollos, solo unos cuantos. Después de un breve regateo, Ev salió de la casa con una bolsa de cuero con cinco pergaminos, cuatro de zonas montañosas y uno del continente para orientarse y una bolsa alarmantemente vacía. Menos mal que los mapas al menos eran bonitos. –Salvo que quieras algo, ya hemos acabado aquí…- Cuanto más lejos de la civilización se fueran, más difícil seria gastar su escaso dinero.
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