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Cuentos de Noreth
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Cazadores y Bestias. (+18)

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Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Barsala Manticore el Lun Dic 28, 2015 10:06 pm


Montes Keyback, lugar de antañas batallas, hogar de hombres y mujeres agrestes, que acostumbrados al clima inmisericordioso, se alzaban duros cual robles. Los ríos parecían pequeñas vetas de cristalino mineral, frio como el hilo que les alimentaba. Las montañas y valles estaban salpicados por pequeños asentamientos, pequeñas torres de humo se elevaban, perdiéndose en lo alto. Era un lugar que acostumbraba a acabar con el débil y frágil.  Devorando al inocente no protegido y dejando que el invierno borrara toda huella de vida.

Pero sin importar el clima o las penurias, los hombres prosperaban, curtidos con el frio y el sol, cazaban y recolectaban, cuidaban sus rebaños y comercializaban. Los mercaderes visitaban los pueblos, trayendo mercancías de los lejanos desiertos o añorados océanos. Conchas de brillantes colores, sedas de exquisita manufactura, espadas de curiosas formas e historias de maravillas. Los hombres y mujeres pagaban, obtenían lo que deseaban, y a cambio, el brillante metal pasaba de mano en mano, como siempre había sido.

Las altas montañas, plagadas de bestias, eran peligrosas, al anochecer, las antorchas se encendían y hombres enfundados en armaduras y con sus armar, patrullaban los asentamientos, luchando contra lobos o bestias por igual, para defender a sus habitantes. Muchos habían perdido la vida y otros habían ganado fama. Algunos traían las cabezas de animales cazados y las usaban como trofeos, mientras que otros desaparecían, para no volver a ser vistos. Con cada luna llena, debían de prepararse para los peligros, con cada amanecer, había que dar gracias por un nuevo día de vida.

Era la tierra de los fuertes, agreste y escarpada, lugar de grandes batallas y trágicas derrotas, amargas victorias y leyendas que impregnaban cada una de las piedras que se levantaban en los caminos y pérdidas entre los montes.

Una vez al mes, los mercaderes llegaban, cargados de maravillas y objetos asombrosos. Una vez al mes, debían de internarse entre oscuros valles, acompañados de valientes mercenarios, curtidos en infinidad de batallas, con sus cicatrices y heridas, sabiendo que podrían no volver y que arriesgaban sus vidas por unos simples trozos de metal desgastado. Pero esa era su vida, ese era el destino que ellos mismos habían elegido. Malas cosechas, la muerte del ganado, el saqueo de los orcos o los simples bandidos, muchas eran las razones, para la cual los hombres y jóvenes dejaban sus familias o su hogar, para tomar armas y arriesgarlo todo por el reluciente metal, muchas veces, teñido del rojo carmesí de su propia sangre.

Se contaba que desde hacia tiempo, quizás un par de inviernos, el ganado desaparecía, e incluso los pastores con ellos, como si una bestia monstruosa los devorara y no dejara nada. Esas historias eran comunes y muchas veces, no era una bestia, si no un oso perdido, una jauría de lobos o incluso, un draco que se había internado muy lejos de su territorio. Los leones de montaña abundaban en primavera, cuando despertaban del invierno y comenzaban a buscar alimento para sus crías, no era de extrañarse de la muerte o desaparición de algunos. Era algo común, y desde que el primer hombre había puesto un pie en esos territorios, había seguido el mismo camino, como si la tierra cobrara retribución por su uso.

Pero con la llegada de la primavera y el verano, los campos y faldas de los montes se llenaban de color, de verdor y vida, liebres salían de sus madrigueras, jilgueros y gorriones, pequeños seres que traían algo más de movimiento a la quieta calma del lugar. Y con ello, traía las buenas nuevas de lejanos lugares, por la voz de hombres y mujeres que se internaban para vender y comerciar. Mas no todo era bueno, no demoro mucho en llegar la noticia, aquel invierno, los caminos habían sido difíciles de transitar, y entre los valles, nadie se había internado, pero cuando la nieve se retiro, se descubrió lo que había sido sepultada por ella. Los cadáveres de hombres, mutilados, una carreta destrozada y los caballos muertos por sus piernas rotas. ¿Habían sido bestias? ¿Habían sido hombres? Nadie lo sabría y con el tiempo, incluso se sumaría a la lista de aquellos que habían perdido la vida por las bestias.

Pero no hay que olvidar que Noreth es curioso y cuando se oye el aullido de un lobo, muchas veces no es tal y tiene rostro de hombre y mente de monstruo. Al ser descubierto los restos de aquella carreta de mercancía, nadie presto atención a las huellas, ni tampoco a que faltaban dos mercenarios. No muy lejos, oculto tras las sombras de los montes, una gran cueva cobijaba a una bestia, que adornando su morada con los restos óseos de sus alimentos, dormía en lo más profunda de esta, cual enorme gato, rodeado de armaduras y ropas, de joyas arrancadas y escupidas de dedos, como si no significara nada. Y ahí esperaba, hasta que el hambre nuevamente le despertara y le hiciera alzarse, para consumir a quien estuviera cerca, fuera hombre o bestia.

Pero su paz seria rota, ya que los nuevos caminos abiertos, no solo traían a viajeros y mercaderes, si no hombres armados, y con una simple misión … extinguir a las bestias que azotaban esas tierras, ya fuera por una recompensa o por el simple placer y excitación de ver a un poderoso ser, siendo derrotado y asesinado, como un simple insecto.


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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Elíacer el Mar Dic 29, 2015 4:49 pm

Elíacer estaba en una nueva exploración, la verdad es que por un lado estaba cansado de tanto volar, pero al mismo tiempo estaba encantado de la vida, pues aquellos largos vuelos por tantos y tan diversos territorios y tan amplios, era sencillamente geniales, pues ponía de manifiesto lo grande que eran los continentes. Estaba seguro de que iba a terminar encontrando el territorio ideal para que los grifos pudieran trasladarse. Pero de momento, aquel territorio montañoso y desolado, no parecía la mejor opción. Los picos de las montañas eran de rocas peladas, sin vegetación, la única que había eran en los huertos y terrazas de cultivo preparadas por los bípedos que vivían por la zona. Esa era otra, poblados, había pequeños poblados repartidos por todas las montañas, comunicados por caminos y senderos que serpenteaban entre los picos o las caras pedregosas de las montañas. Con un suspiro, Elíacer toma una corriente de aire, alejándose de las ruinas de un pueblo abandonado.

El grifo desconocía la fama de aquel lugar, no se había parado a hablar con nadie, de modo que no se podía esperar que aquellos parajes no solo fueran duros en apariencia, si no, que eran mucho más peligrosos de lo que se dejaba ver. Lo cierto es que era el peor territorio que había explorado, allí costaría encontrar intimidad para los suyos y sobre todo, alimentos para todos. Cuando las tripas del grifo gruñen por el hambre, este desciende hacia un lago de aguas cristalinas, sobrevolándolo hasta que ve lo que buscaba, peces. Con gran habilidad, pasa volando veloz por encima y pilla un par de peces, dos en ambas garras y un tercero con el afilado pico, el cual traga con un brusco movimiento. Repite varias veces la operación, estaba tan concentrado en la pesca, que no se da cuenta de las oscuras nubes que se acercaban por el norte, arrastrando el olor a nieve y agua helada. Solo presta atención, cuando una ráfaga de aire le despeina las plumas de las alas, haciéndole dar un bandazo que casi lo hace caer al agua. Con un graznido de sorpresa y fastidio al ver lo que se le venía encima, traga un último pez y remonta el vuelo.

Nada más alzarse por encima de la protección del socavón en la que se encontraba aquel lago, lo recibe una ráfaga de aire que casi le arranca las plumas de la cola. Se ve forzado a luchar contra el viento, volando hacia los picos de las altas montañas, confiando en encontrar una cueva o alguna repisa que estuviera protegida del viento y la lluvia. Las nubes oscuras, eran aterradoras, enormes volutas que se elevaban hacia el cielo como una oscura catedral, los rayos empiezan a brotar entre ellas, acompañados de una lluvia helada que cala hasta los huesos en pocos segundos al grifo, el cual parpadeaba constantemente para eliminar la lluvia de los ojos. Justo comenzaba a pensar que iba a tener que acurrucarse contra una roca aguantando el frío y la lluvia, cuando ve medio escondido la entrada de una gran cueva. Se dirige veloz como una flecha hacia la entrada, justo cuando comenzaban a caer granizos como huevos de gallina. El grifo se adentra rápidamente en la cueva, al menos hasta donde la lluvia y el hielo no podía alcanzarlo. Se sacude con energía, y entonces inspecciona un poco el lugar, mientras en el exterior rugían los elementos.

Lo primero que percibe el grifo es olor, olor a algún tipo de bestia u animal que le hace fruncir el ceño y sacudir la cola con desconfianza. Poco a poco, su vista se acostumbra a la penumbra de la cueva, viendo restos de huesos, la mayoría de animales al parecer.

-“Menuda suerte, he acabado en la guarida de algún animal… un oso o un león de montaña”.-Piensa con fastidio mientras avanza cautelosamente por la cueva, mirando en cada rincón, procurando no hacer ruido.- “Espero que sea hospitalario y me deje quedarme, no me gustaría matar a un animal por el simple echo de refugiarme del mal clima de la zona…”.- Piensa mientras de vez en cuando se colocaba una pluma o esquivaba restos de antiguas comidas.
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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Barsala Manticore el Mar Dic 29, 2015 6:29 pm


Las nubes se arremolinaban en las alturas, como si intentaran devorarse entre ellas. Desde lo más lejanos, hasta donde podía llegar la mirada, aquel oscuro techo se salpicaba de luces y sonidos. Los rayos y truenos decoraban el lugar, mientras los colmillos de lo alto, dejaban herida la tierra. Era el viento que se colaba por las rendijas y ventanas, que hizo que muchos de los habitantes de esos parajes, se apretaran sus ropas, y cerraran sus puertas. La primavera había llegado, pero el invierno se negaba a marcharse y a pesar de que la mañana había sido cálida, la naturaleza tenía otros planes.

Los leones de montaña, que hasta hace poco habían estado activos, se habían devuelto a sus cubiles, de la misma manera, los animales que daban vida al nuevo verdor, se habían internado en sus madrigueras, alertados por ese sexto sentido. La tormenta desataba toda su fuerza y furia. Los animales de pastoreo se habían guardado y los que estaban muy lejos, intentaban encontrar refugio donde pudieran, ya que los trozos de hielo, golpeaban las rocas sin piedad, intentando romperlas.

Incluso, aquellos hombres que se disponían a cazar a las grandes bestias, debieron de resguardarse, bajo techos de paja y madera, que crujían por los golpes o dejaban que el agua se deslizara por su superficie. De esa misma manera, un ser, que pocas veces se habían visto por ahí, buscaba refugio, lamentablemente, había elegido uno que le traería más de un desafío.

La lluvia se deslizaba por la entrada de la cueva, mientras que en su interior, la bestia dormía, en lo más profundo del lugar, donde la luz apenas llegaba, la criatura aguardaba. Cerca de esta, los restos de una víctima, aún quedaban las marcas de las garras sobre la reluciente armadura, los emblemas manchados de bello carmesí, e incluso, trozos de carne, pegados a los bordes, un festín que la bestia había disfrutado en plenitud. Los sonidos exteriores devolvieron los sentidos a la apacible monstruosidad, que cual felino, lentamente comenzó a moverse.

Huesos mordisqueados fueron hechos a un lado y otros rotos, cuando la bestia se posó sobre ellos, abriendo sus fauces y bostezando como quien despierta de una agradable siesta. Su lengua se deslizo entre sus hileras de dientes, descubriendo aun restos de su último bocado. Si bien los sentidos del ser aún estaban adormilados, no lo era su mente. El instinto, aquello que distingue entre los depredadores y presas, se alertó, no estaba solo en aquel lugar. ¿Quién se atrevía a entrar a la guarida del monstruo? ¿Quién era el incauto que afrontaba la muerte estúpidamente?

Su nariz olfateo el aire, aroma a mojado, aroma a plumas, ¿Un ave quizás? Imposible, demasiado grande debería de haber sido para despertarle. El sonido de sus patas era extraño, como el de otro felino, un animal curioso, que pronto se mostraría. La manticora, porque eso era la bestia, observo la oscuridad con sus amarillentos ojos, mientras se movía con lentitud y gracia, entre los huesos de viejos aperitivos. Su estómago aun no despertaba, aun no rugía de hambre, aun no… quizás el intruso podría darle algo de diversión, antes de acabar entre sus colmillos.

Aun recordaba la temporada pasada, mientras se deslizaba en la oscuridad, para ver mejor al intruso, recordaba a ese humano, había gritado mucho, había llamado a su progenitora e incluso había intentado defenderse, pero tras un par de mordiscos, no había podido decir nada coherente y el juego de la manticora había terminado. Demasiado rápido, los humanos eran frágiles y una vez que su cabeza había sido triturada, no dejaban mucho para jugar. Incluso las ovejas eran más divertidas, ya que con las petas rotas, aun intentaban huir y la criatura se divertía dándoles zarpazos y dejando que el rojo manchara el lugar. Si, esa temporada había sido interesante.

Fue cuando asomaba sus ojos tras una enorme roca, que distinguió al invitado descarado. Las plumas eran de ave y el rostro también, pero el resto era de un felino… ¿Acaso otra quimera? , no… no era eso, quizás otra cosa, un pájaro bastante extraño, ¿Tendría buen sabor? Era posible, todas las aves tenían un sabor similar, únicamente los huesos sabían diferentes al ser triturados y succionados. Con voz grave pero tranquila, la criatura lanzo una pregunta, casi poética, casi como una canción, recordando su naturaleza arrogante y malévola.

-Dime pajarito, dime ¿Por qué?, entras a la guarida de gato sin llamar o ser invitado- La manticora podía observar a su invitado y este era posible que no pudiera hacerlo, la oscuridad en aquel lugar era demasiado profunda, pero si lo hiciera, únicamente vería aquel rostro blanco, sonriente que le miraría. -¿Es que los cielos se han rendido que las aves buscan refugio bajo tierra? Dime pajarito, ¿Dime por qué?, Tus hermanos sabes dónde juegas o anhelas lo que habita en las sombras – La cola de Barsala se movía lento, a veces rozando los huesos, como si despejara el sitio para un nuevo festín.


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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Elíacer el Mar Dic 29, 2015 9:39 pm

Elíacer se sentía realmente inquieto en aquel sitio, el lugar olía mal a comida podrida, suciedad y huesos mohosos. Los grifos eran cazadores y a menudo vivían en lugares como aquel, cuevas amplias, con varias salidas… Pero allí, en aquella oscura penumbra, Elíacer no veía gran cosa, suspira y baja la mirada a su collar, deseando que este tuviera el poder de iluminar la oscuridad. Escucha como por su izquierda, el agua era canalizada y pasaba por la cueva, seguramente en dirección a un río o lago subterráneo, definitivamente aquella cueva era el lugar ideal para que una bestia la habitara, estaba bien oculta, con un lugar de difícil acceso, y contaba con una fuente de agua. Hasta él llega el olor a carne fresca, a sangre, era un olor que nunca había percibido en ninguno de los animales o peces que había capturado y comido a lo largo de su vida, aquello lo pone un tanto nervioso, erizándose las plumas de su cuerpo y el pelaje del lomo.

Cuando Elíacer escucha aquella voz grave, que le habla en el idioma de los bípedos, da un salto en el aire, sobre saltado, mirando tanto con los ojos como con las orejas hacia aquel gutural sonido, poniendo en tensión todos los músculos del cuerpo, y azotando el aire con la cola. Algo en aquella voz lo hacía ponerse alerta de aquella forma, el corazón empieza a latirle más rápido en el pecho.

-Lo siento, no sabía que este lugar tuviera un dueño…- Responde a la voz, tratando de es escrutar la penumbra, estrechando la mirada para tratar de ver algo.- Soy un grifo…- Explica por lo que el otro le dice de “pajarito”.-Los cielos no quieren aves o seres voladores en este momento… una autentica cascada cae sobre la tierra, acompañada de agua tan fría que forma rocas heladas que se estrellas contra el suelo, rompiendo huesos e hiriendo la carne…- Dice tratando de responder de la misma forma poética, pues piensa que es una forma de honrar a su interlocutor. –He venido solo, a buscar tierras para los míos, pero no debes preocuparte, sé que esta tierra ya tiene dueño, no es apropiada para los grifos.- Dice hablando sincero, mientras maldice su incapacidad por ver bien en la oscuridad, deseando que alguna luz revelara a su anfitrión.

Mientras tanto en el exterior la tormenta estaba desatando toda su furia, golpeando con hielo las rocas, los lechos secos de los riachuelos canalizaban auténticos ríos, anegando las tierras más bajas, llenando los lagos y filtrándose hasta los pozos hechos por los humanos de la zona.

-Mi nombre es Elíacer.
–Se presenta.-¿Habría alguna posibilidad de encender una luz?- Pregunta precavido, mientras se mantiene alerta.

Por el tono de voz, agudo y algo grave, la mantícora podría deducir que era un macho joven, quizás incluso podría percibir aquello en el olor del grifo.
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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Barsala Manticore el Miér Dic 30, 2015 1:45 am


La tormenta parecía ser más fuerte en el exterior e incluso, pequeñas rocas caían por el granizo, que parecía quererlo sepultar todo bajo el duro y frio hielo. Dentro de aquella gruta, una curiosa conversación se presentaba, una voz en las sombras, que parecía amenazante, como si todo fuera un juego y un joven y emplumado grifo, empapado hasta lo más profundo de este, y de seguro gélido por el frio. Sus palabras parecían las de un muchacho que no conocía el mundo, de alguien que aun tenía esperanzas y no había visto la crueldad del hombre o las bestias que los cazaban cual simples conejos.  

-¿Grifo has dicho pequeño gorrión?, interesante nombre para los de tu raza y especie… aunque no es la primera vez que veo uno de tu clase- Quizás era mentira, quizás verdad, pero el recordaba extrañas criaturas aladas tras los barrotes, recordaba cómo habían luchado, como habían muerto, como muchas habían terminado con sus entrañas esparcidas por la arena y otras que intentando volar, se habían precipitado hacia las rocas, reventando como un saco de vísceras y sangre. –Oh gorrión, tan lejos de casa que estas… tan solitario en estos parajes. ¿No conoces que no debes viajar en solitario? ¿Qué sucedería si te topas con un monstruo?-

Mientras hablaba, se movía en las sombras, cual enorme felino, acechando a una pequeña ave. Tras rocas su sombra apenas era perceptible, y sus pasos, silenciosos, se deslizaban entre huesos y restos de hombres y bestias. Podía ver al joven grifo, sus ojos estaban más acostumbrados a la oscuridad que su presa, y el hambre, poco a poco despertaba, exigiendo cálida y suculenta carne. La máscara parecía sonreír, con macabra faz, como si anhelara bañarse en las entrañas de su presa, mientras, bajo aquella pelambrera en su cuello, su lengua se movía, habida del delicioso sabor que le aguardaba. Pero debía de aguardar, ya que la diversión apenas comenzaba y a pesar de la animada conversación, era una presa y un depredador.

-Joven gorrión ¿Tienes frio o temes a la oscuridad?... puedes buscar entre los despojos hacia tu derecha, los hombres llevan aquello con lo que encender el fuego… pero queda la duda de … ¿Deseas ver quien realmente te habla?, quizás la oscuridad sea más amigable que aquello que te observa- El sonido hecho cuando salto sobre una de las piedras, fue más que notorio, su enorme peso había roto los huesos sobre los que se había apoyado y ahora, oculto ante cualquiera, observaba desde una enorme roca al grifo, que parecía asustado o quizás solamente era el agua que le empapaba. La cola amorfa se movía de un lado a otro, con suaves movimientos, cual felino apéndice, mientras las patas se cruzaban, esperando respuestas a sus preguntas.

-Hay muchas tierras en este mundo, muchos lugares con alimento y verdes campos, muchos tienen dueños y otros anhelan uno… lugares con cálido sol e infinitas planicies, lugares donde las alimañas crecen como las setas tras la lluvia… pero dime pequeño gorrión ¿Buscas esa tierra para ti o para tu raza? ¿Buscas por su bien o por tu nombre? Oh joven avecilla… tan joven y tan curioso… ¿hablas con la oscuridad, anhelando que algo no salte de ella hacia tu cuello?- Con esas palabras se rio, una suave risa, nada agresiva, si no juguetona, como si toda esa conversación fuera un gran preámbulo, el aperitivo antes de probar el bocado importante.

Lejos, muy lejos, los hombres observaban el cielo, esperando que el viento se detuviera, pero este, con más ímpetu y furia, azotaba los techos, intentando hacerlos volar, y llevarse lo que hubiera bajo estos. Los animales se apelmazaban, intentando buscar refugio entre ellos mismos, algo natural para sus pequeñas mentes. Incluso los leones, seres poderosos y que podían matar hombres, se acurrucaban con sus crías en sus madrigueras, protegiéndolas del frio y de aquel viento, que se colaba por cada rendija abierta, por cada boca de cueva, trayendo la gélida humedad del exterior.

¿Seria designios de los dioses? ¿El jugar del destino? ¿O la simple fortuna? Que moviendo las piezas en un gigantesco tablero, llamado mundo, jugaban un juego que no tendría principio ni fin y que no tenía otro objetivo, mas que le simple hecho de probar a los mortales y a los eternos.


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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Elíacer el Miér Dic 30, 2015 2:07 pm

Mientras que la adrenalina iba menguando en su organismo, Elíacer iba siendo consciente del frío que empezaban a atenazarle los músculos, el agua goteaba de las cernejas de sus patas, por suerte las plumas eran impermeables, por lo que siempre estaban secas. El agua seguía corriendo por las canalizaciones de la cueva, arrastrando piedras, hielo y ramas. Pero Elíacer no podía pasarse a observar aquello, o la sensación de frío que le atenazaban las patas. “Se me van a quedar como canicas…” Piensa en silencio, para sí mismo, mientras mantenía las alas recogidas contra los costados, tratando de calentarse como si fueran un manto de plumas. Cuando escucha aquel apodo de “gorrión”, el grifo no puede evitar fruncir el ceño y sacudir la cola, molesto. “Debo ser amable y educado, después de todo, es su casa y su territorio”. Piensa.

-Sí, así es, señor…- Responde mordiéndose la lengua para decirle al otro que no lo llamara gorrión.- Mi raza es antigua, creada cuando lo fueron las montañas, el viendo, los bosques y las presas que cazamos…- Asegura el joven grifo.- Se defenderme solo, no necesito viajar acompañado…- Dice algo molesto, por la amenaza velada que había detrás de las palabras de su interlocutor, del cual solo había visto alguna mancha blanca, como flotando en la oscuridad.-En el caso hipotético de que me topara con un monstruo, y este tratara de hacerme daño, me defendería y le daría muerte en caso de verme obligado a ello, pero no me gusta matar por placer, solo para alimentarme, defenderme o en todo caso para conseguir mis objetivos.- Explica con orgullo el joven grifo, el cual no puede evitar temblar de vez en cuando, cuando una corriente de aire helado enfriaba aún más su cuerpo empapado.

Elíacer creía que la criatura que le hablaba se movía, pues aunque estaban en una cueva y los sonidos se distorsionaban un poco, era evidente que la criatura se movía. El grifo se iba moviendo, hacia donde creía que le iba llegando la vos, no solo mirando con los ojos, si no, también con las picudas orejas. Cuando le hace la pregunta de si tenía frio o miedo a la oscuridad, Elíacer aprieta el pico, con un leve gruñido felino, atendiendo a las palabras de la criatura. Sin responderle, se dirige hacia los despojos que el otro le había indicado. En pocos minutos encuentra un trozo de magnesio y un pedernal para hacer chispas

-No temo a lo que se oculta en la oscuridad.- Le dice con voz firme y segura, mientras raspa unas limaduras de magnesio con una de sus garras, haciendo un pequeño motoncito.

Reúne leña seca, arrastrada durante otras tormentas hasta la cueva, lo cierto es que había una buena cantidad. Usando trozos de harapos viejo de víctimas de aquel ser, el grifo coge luego el pedernal, y pasando por encima un trozo de acero que tenía el propio pedernal, lo frota contra el mismo, debe hacer varios intentos, pues aquel pedernal no estaba adaptado par aun grifo, si no, para manos humanas. Tras varios intentos, le coge el truco y provoca una lluvia de chispas, que encienden el magnesio y este los trozos de tela, que arden con viveza. En unos minutos, el grifo había ido añadiendo ramas secas y troncos más gruesos, haciendo un buen fuego que ilumina una amplia zona de la cueva. Durante este proceso, Elíacer había estado de espaldas a su anfitrión, aunque sin quitarle el oído en ningún momento por si se acercaba a él. Cuando la el fuego esta encendido, Elíacer se vuelve de nuevo, buscando a su anfitrión en la oscuridad, parpadeando debido a estar deslumbrado, de haber estado mirando del fuego a la oscuridad. Escucha el discurso del otro, sin verlo aún, deslumbrado.

-Busco ese territorio para los míos, para los grifos… Lo busco por nuestro bien, por el de todos los grifos.- Dice el joven Elíacer, dando a entender que su pensamiento era de manada, no de individuo.- Como individuos somos fuertes, pero como manada somos invencibles.- Dice el grifo, que abre las alas en toda su extensión, de espaldas al fuego, para que estas se secaran por completo.

El cuerpo mojado del grifo empieza a desprender vapor por el agua que se iba evaporando debido al agradable calor de la hoguera, desprendiendo el aroma almizclado de un animal, de un macho joven.

-Si algo me salta al cuello me defenderé con garras y pico… puede que yo me terminara zampando a ese “algo” de la oscuridad.-Dice comenzando a molestarse, por las continuas amenazas veladas de aquella criatura que se mantenía oculto en la oscuridad.- Me iré en cuanto la tormenta amaine, si tienes algún precio para que me quede ese tiempo, solo dilo.- Le pide el grifo con orgullo, sacando pecho y alzando la cresta de plumas de la parte superior de su cabeza.

Al grifo poco le importaba en aquel momento los demás seres de las montañas, ya tenía suficiente con tener que lidiar con una criatura, que posiblemente querría atacarlo y alimentarse con su carne. En principio solo le había hablado de forma elocuente, con amenazas veladas y juguetona, estaba casi seguro de que aquel encuentro no iba a acabar bien.
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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Barsala Manticore el Miér Dic 30, 2015 6:18 pm


Y el joven grifo hablaba, de valor, de orgullo y estupidez, mientras el monstruo tan solo sonreía y esperaba con ansias el primer bocado. Pero hasta ese momento, todo iba como un tranquilo juego, cada uno movía una pieza, ya fuera con sus palabras o sus actos. Los actos de la pequeña avecilla eran risibles, o por lo menos, para la mentalidad de aquella criatura, que las palabras “familia” o “unidad” carecían de importancia. Ya que ¿Qué sabría un ser sin lazos sobre la familia? Mientras el grifo parecía trabajar en su improvisada fogata, la manticora considero que esas habilidades no le eran de utilidad, especialmente para como el cazaba y se movía.

-¿Tanto confía en sus garras y pico pequeño gorrión? Los monstruos no son llamados como tales por sus ojos o cola. Si no por sus colmillos y fauces- La cola de la bestia se movía lentamente, casi juguetona, como si no se tratara de un instrumento para matar, sino de un común apéndice para mantener el equilibrio. –Pobre pajarillo, no subestimes a los monstruos, ellos te devoraran y romperán tus huesos, el orgullo es peligroso y estúpido y hace que las liebres, crean que pueden vencer al león-

Con cada palabra, observaba los actos del ave, veía su labor y cuando el fuego fue encendido, solamente una sonrisa se dibujó en la máscara, que le observaba con atención. Las plumas temblaron y comenzaron a secarse, para diversión del enorme felino, que parecía que esperara que un pollo fuera asado en el horno.

La bestia, que hasta ese momento había estado casi seria, no pudo reprimir una carcajada, carcajada que hizo eco, hasta lo más profundo del lugar, resonando contra las desnudas paredes de la cueva y pareciendo un rugido de lo más horrible y monstruoso. Subiendo el tono de su voz, hablo hacia la avecilla, que abriéndose de alas, cubría la luz que podía otorgarle su improvisado fuego. – ¿Pagaras el precio por refugiarte en mi hogar?-  Mientras pronunciaba aquellas palabras, las garras arañaban la roca, sonando como si fueran cuchillas afilándose, cual carnicero preparándose para faenar un animal.

-Decidme gorrión ¿Cuál es el precio que fija el gato, cuando un ave entra en su hogar?- La manticora observaba encantada a su presa, era como un gato jugando con un ratón. Levantando su cola, la movió con violencia, levantando algo de aire y haciendo que las llamas danzaran sobre la leña – Cuidado pajarillo, o quemaras tus plumas… mi precio es muy simple… - Dando un salto, cruzo sobre el grifo y la fogata, aterrizando al otro lado, cubriendo la entrada o mejor dicho, la salida de ese lugar, de seguro, la joven ave podía ver la cola y la espalda, más cuando la criatura se dio la vuelta, pudo ver su rostro.

Los ojos del monstruo se clavaron en los del grifo, mientras la máscara sonreía casi dulcemente y entonaba una pequeña canción, casi de cuna, con sus labios cerrados y sin dejar de mirar a su presa. Abriendo su boca, comenzó a hablar, con el mismo tono anterior, como si fuera una orgullosa bestia o un monstruo que sabía ya ganada la cacería. –Mi precio son tus riñones, tu hígado y pulmones, tu cuello y corazón… dámelos y te dejare ir… o dame algo de igual valor, pequeña avecilla-

Cuando termino de hablar, el monstruo azoto el suelo con su cola, de tal manera, que se escuchara por todo el lugar, reafirmando que él era amo y señor de la cueva y el joven grifo, tan solo un invitado inesperado y con mala suerte.  Con movimientos felinos, la máscara observaba al ave, que con sus alas extendidas parecía más grande de lo que era, pero… que importaba ello, de un zarpazo podría quebrar esos vacíos huesos, y de un mordisco, arrancar una de las piernas. Quizás era así, quizás no, pero para la altiva bestia, parecía que el pajarillo, sería un delicioso aperitivo.

-Quizás hubieras deseado elegir la tormenta, que el monstruo pajarillo… dime ¿Qué sonido es ese? ¿Es tu corazón? O ¿las cuerdas que te soportan al cielo a punto de cortarse?-


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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Elíacer el Miér Dic 30, 2015 7:30 pm

El grifo estaba cansado de aquel juego, de aquella voz petulante que le hablaba entre las sombras como si él solo fuera un indefenso pajarillo, odiaba aquel apodo que le había puesto el otro, “gorrión”.

-Cuento con algo más que garras y mi pico…- Dice haciendo un gesto con las patas delanteras, encogiendo primero las uñas y luego estirándolas de golpe, a la vez que pisaba en el suelo, haciendo que una cuchilla curva de unos 30 centímetros, salgan de unos protectores de cuero que llevaba en las patas delanteras.-Me he enfrentado a varios monstruos, y todos han caído ante mí, soy Hunter, Cazador, un título que solo unos pocos consiguen entre los grifos.- Responde con voz desafiante y segura.-No hablo con orgullo, solo estoy exponiendo un echo.- Dice con un graznido de desagrado, mientras se mantenía alerta, con las cuchillas reflejando la luz del fuego.

No puede evitar que las plumas y los pelos de la nuca y el lomo se le pongan de punta, por lo escalofriante de aquella risa que hace ecos por el lugar.

-No soy ningún ave indefensa, soy un grifo.-Dice mientras mira hacia donde le venía la voz y creía detectar algún movimiento de una criatura grande.

Se pone en tensión, cuando lo que parecía la cola de aquella bestia azota el aire, haciendo que las llamas se agiten inquietas. Elíacer aprieta el pico, con un graznido de advertencia, mientras su pelaje y su pluma se erizaban, en actitud desafiante, dando a entender que pensaba luchar si era atacado. Entonces la criatura da un salto, pasando por encima de él y de las llamas, aterrizando en la parte de la cueva por donde había llegado, bloqueando la única salida que el grifo conocía, lanza un siseo amenazador al ver la criatura, flexionando las patas, dispuesto a saltar, ya fuera para esquivar o atacar. Ahora que podía ver con claridad a aquella criatura, Elíacer no puede evitar que se le hiele la sangre y se le revuelva el estómago, aun así no muestra temor alguno, manteniéndose orgulloso y desafiante, con la cola alzada, serpenteando a su espalda, con las alas semi extendidas y las patas semi flexionadas. El sonido de la canción de cuna suena desagradablemente a oídos del grifo, que aplasta las orejas hacia atrás, contra el cráneo, abriendo el pico y soltando una mezcla de siseo y graznido amenazador.

-No acepto tu precio, y no te será fácil cobrarlo.- Dice el grifo, mientras mueve las patas, haciendo que el fuego se reflejara en las cuchillas de sus patas.- Cazar para ti, ayudarte a derrotar a un enemigo, o incluso aceptar alguna ley antigua y en desuso de los grifos, como la de someterme a ti…- Por el tono usado, era evidente que aquel sometimiento se refería a algo sexual.- Si quieres que mi sangre tiñan tu suelo y mis órganos llenen tu estómago, va a costarte caro, puede que incluso sean tus vísceras las que alfombren este suelo.- Dice el joven hipogrifo, que no parecía mostrar temor alguno ante su enemigo.

Cuando el monstruo lanza su cola contra el suelo, Elíacer retrocede de un salto, pensando que era algún tipo de ataque. Nota el suelo temblar por el imparto, pero se mantiene firme sobre sus patas, azotando el aire con su cola leonina, con aquella gran pluma en su extremo.

-Ese sonido es el de tu muerte, sucia criatura.- Grazna el grifo, que lanzando un chillido de desafío, agita las alas, alzándose sobre sus patas traseras, mostrando las terribles cuchillas, como invitando al otro a ir contra él.

Elíacer había hecho todo lo posible para evitar el conflicto, incluso aceptar servir al ser cazando para él o someterse a las antiguas leyes de sometimiento, pero aquella criatura solo parecía tener ideas de muerte y violencia.
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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Barsala Manticore el Miér Dic 30, 2015 9:20 pm


Sometimiento, que extraña palabra, pero no ajena a la situación, siempre las hembras se habían sometido al macho, en la mayoría de las especies sucedía así, y ahora aquel joven pajarillo se atrevía a proponerle aquello a un monstruo como la quimera. Barsala miro a su presa, parecía menos suculenta de lo que había pensado, aunque había devorado a infinidad de animales e incluso sus propios “hermanos” de laboratorio. Hojas de metal en sus garras, armas que él no poseía, pero no eran necesarias. La máscara sonrió y ante la insinuación del pequeño ser, no pudo evitar dar otra carcajada al vacío, la cual nuevamente resonó, llegando a lo más profundo y logrando que el polvo se desprendiera desde el techo.

-Jajá pequeño pajarillo… tan joven y tan impetuoso, al punto de ofrecer tu cuerpo para no ser devorado… ¿Dónde quedo tu orgullo? ¿Dónde quedo tu honor? … someterse a un monstruo para mantenerte con vida… que curioso, muy curioso- La máscara hablaba con tono calmado, aun sin bajar la guardia y sin dejar de sonreír. Mientras la cola se movía de un lado a otro, el fuego crepitaba, aun con fuerzas para arder y dejando la luz suficiente como para que ambas criaturas se pudieran ver, con las llamas separándoles. En el exterior, la tormenta no se detenía, y parecía no querer menguar su fuerza, como obligando a ese par, mantenerse en esa gruta, alejada de su gélida garra.

Mientras observaba con atención a su posible presa, la manticora solo canturreaba una pequeña canción, la misma que siempre cantaba y no era que lo deseara realmente, si no que su naturaleza era así, de esa forma había sido creado, como una bestia con una mente maléfica. –Quizás acepte tu ofrecimiento gorrioncillo, pero por ahora baja tus alas y garras, que no te lastimare… si confías en las palabras de un monstruo y bestia- Sus palabras podrían ser verdad o mentira, quien podría saber. Tal vez realmente le dejaría ir con alguna advertencia, o terminaría con el vientre abierto asándose sobre el mismo fuego que había hecho.

Bajando su cola, la bestia se acercó al fuego, no bajando la guardia, ya que en esos momentos, su presa estaba armada y con la suficiente suerte, podría dar una estocada peligrosa. Lentamente termino quedando en una posición cómoda para su cuerpo, mientras su cola descansaba a su lado y la máscara observaba a su contrario. Hasta ese momento, no había dejado de bloquear la salida de esa cueva y si el pequeño pájaro deseaba salir huyendo, debería de hacerlo sobre la manticora, cosa que dejaría parte de su cuerpo desprotegido y tomando en cuenta las púas de la cola, quizás una herida bastante profunda y mortal.

-Baja tus alas y tus garras avecilla… acepta mi ofrecimiento o recházalo… pero acepta las consecuencias de tus elecciones, no soy un monstruo con mucha paciencia-  Aquello no era una mentira, su paciencia tenía un límite y este era bastante bajo. Muchas de sus presas habían acabado con esta en más de una ocasión y antes de poder terminar de jugar con ellas, había terminado rompiendo sus espaldas con un golpe de su cola o desnucándolo de un zarpazo. La manticora aguardaba, pero poco a poco, la sonrisa en su máscara se desdibujaba, como si el aguardar hiciera que su apariencia tranquila se desvaneciera por otra más salvaje y hambrienta.

En el exterior, la lluvia azotaba la tierra y los rayos caían sin cesar, uno tras otro, asustando a  los animales y a los habitantes humanos. No eran pocas las veces que la primavera traía tormentas así, no era raro ver que tras ellas, todo parecía crecer con más ímpetu, como si la lluvia y los truenos, alimentaran a las rocas y musgo.  Tras los muros de madera, los humanos aguardaban salir, otros, más valientes, ya lo habían hecho, quizás con la intención de ver su ganado o de revisar que el viento, en esos momentos violento, no se llevara el techo de paja y ramas.


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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Elíacer el Jue Dic 31, 2015 6:58 pm

Elíacer baja las patas delanteras, pues no podía mantener de forma indefinida aquella postura. Las alas sigues semi extendidas, en posición baja, pues así podría saltar, ya fuera para esquivar u atacar. Las poderosas patas también estaban flexionadas, notándose bajo la piel los músculos al estar el pelaje aun mojado. Los ojos fríos y azules del grifo no pierde de vista en ningún momento a la mantícora, pues esta ya había dejado claro cuál era el precio por haber irrumpido en su guarida. Pero ahora la mantícora se tomaba la cosa a risa, burlándose de nuevo de él, mientras mantenía una apariencia de tranquilidad jocosa y burlesca.

-¿Qué puede saber una bestia como tú, de honor y orgullo? Lo deshonroso sería atacar a un anfitrión o a un invitado…- Dice chasqueando el pico con asco y desprecio.- No voy a perder el tiempo tratando de hacer entender a un monstruo un asunto de honor. –Dice en tono despectivo.

Era evidente que lo que el grifo veía como una pérdida de honor o rechazar al orgullo sería atacarlo o ser atacado, pero no hacer algo como someterse, lo cual era una costumbre que se hacía desde antiguo pero que no siempre se hacía, pero era una cortesía muy pequeña ofrecerla a cambio de salvar la vida buscando un refugio o cazando en el territorio de otro cazador. El fuego ardía con viveza, uno de los troncos se parte, soltando una ampolla de agua, que hace sisear el fuego y que una lluvia de chispas se eleve hacia el techo de la cueva. Los cauces naturales de la cueva, seguían pasando por la cueva, llevando cientos de litros de agua, hielo, rocas y ramas, por suerte, donde ellos estaban ere un lugar alto y plano, de modo que estaban secos. La melodía que el otro no dejaba de canturrear molestaba al grifo, que araña tenso, el suelo de piedra con sus garras delanteras.

-Me cuesta mucho confiar en la palabra de algo que acaba de amenazar con comerse mis órganos y chupar el tuétano de mis huesos…- Dice el grifo, con el ceño fruncido, con los ojos chispeando de furia y desconfianza.- No pienso ser una presa fácil…- Grazna con rabia a la mantícora.

Vuelve a hacer un movimiento con cada una de las patas delanteras y las cuchillas de 30 centímetros vuelven a guardarse en los protectores de las patas delanteras. Trata de parecer más calmado, observando cómo incluso su anfitrión se tumba cerca del fuego, pero siempre obstruyendo la salida de aquella cueva. Termina por sentarse, pero tan tenso, que solo le haría falta un ligero movimiento para saltar como un resorte. El fuego sigue ardiendo, secando el pelaje del grifo. Este parecía oro líquido en su lomo y costados, volviéndose beis en cuello, pecho y estómago, volviéndose de un blanco níveo entre las piernas.

-Ya he bajado mis armas…- Gruñe.- Pero nada me garantiza que tus palabras sean sinceras, si me dices que acepta la antigua ley del sometimiento…-Dice con desagrado, el grifo mientras se nota la tensión en sus patas flexionadas, y en su serpenteante cola, que apoyada sobre el suelo de piedra, no dejaba de dar golpecitos con la punta sobre el suelo.
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