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Cazadores y Bestias. (+18)

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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Barsala Manticore el Sáb Ene 16, 2016 5:32 pm


Oh triste avecilla, que vuelas enjaulada en tu mundo, mirando con ojos temerosos las nubes que más allá de los barrotes se elevan. Oh avecilla, deja que tus alas acaricien el viento y tu corazón se acelere al volar. Oh avecilla, disfruta tu vida y la majestuosidad del mundo, porque vendré yo… y te destrozare en mis fauces. Oh avecilla, que delicioso sabor posees, ¿acaso es por tu encierro? ¿Acaso es por tu alegría de ser liberada? Oh avecilla… no llores por aquellos que dejaste atrás, yo me encargare de ellos, lentamente y disfrutando cada uno de sus sabores.


Palabras de honor y palabras de orgullo, eso era lo que salía de la boca del grifo. Decía que no podía quedarse más tiempo, tenía un compromiso con su raza, debía de buscar el sitio “perfecto”, como si este existiera realmente. Que idílico pensamiento, como el de una utopía, con ratas voladoras o ¿quizás serian ratas palomas?  Sería difícil y de seguro, mucha sangre derramaría por ello. No solamente las bestias salvajes y del lugar, si no de los humanos, de los elfos o quizás orcos, no a todos les agradaban las bestias y monstruos, no a todos les parecería tranquilo, vivir al lado de un nido de grifos, que simplemente de un picotazo, podrían matarle. El pequeño gorrión tendría muchas dificultades para cumplir sus objetivos, pero bueno, la manticora no era nadie para abrirle los ojos, quizás un poco de sufrimiento le mostraría el verdadero rostro de ese lugar.

-Cazar y acabar con mis enemigos … sería interesante, aunque de seguro no estarías feliz en cazar “bípedos” como les llamas … y luchar contra mis enemigos … igualmente tendrías que matar bípedos, no … creo que mejor buscamos otra solución … más divertida, ¿no crees?- Bajo la melena, una sonrisa se dibujaba, una sonrisa bastante peligrosa, oculta a la aguda vista del ave. Si la hubiera contemplado, de seguro se hubiera alterado, ya que los dientes en aquella apariencia, mostraban un verdadero monstruo.

Siguió hablando con la avecilla, al parecer, aceptaba el hecho de que probara su sangre o mejor dicho, que lamiera sus heridas, sería interesante saborear el verdadero sabor del grifo, quizás en un futuro, probaría alguna cría de este, ¿Serian como los pollos? –Lameré tus heridas, quien sabe, quizás sanen o quizás no… pero eso ya se verá con el tiempo- Dijo, mientras se acercaba al grifo y abría sus fauces. Claramente, esa visión no era muy agradable, las hileras de dientes y esa lengua larga, era una imagen que nadie querría tener, especialmente, quien estaba tan cerca de este. La lengua se movía de una forma grotesca, como un musculo enorme entre esas hileras blancas. Con más cuidado de lo que el grifo habría creído en esos momentos, la lengua se deslizo por sobre su pelaje, dejando un camino de saliva que brillaba con el fuego. La lengua comenzó a recorrer sus heridas, lentamente, deslizándose sobre sus cuartos traseros y cubriendo las heridas que parecían estar aún en proceso de cerrado.

La lengua de esa criatura era extraña, no era como la de los felinos, áspera cual lija, si no que era suave, aunque no tanto, mientras lamia, a veces el monstruo devolvía su apéndice bucal a esta, para saborear lo que había en esta, el grifo tenia buen sabor, no era a pollo, no era a humano, era una mescla bastante… agradable, quizás un bocado no le molestaría o quizás sí, pero eso ya lo vería mas tarde.   La manticora, aquel monstruo, observo donde más habían heridas, quedando únicamente la más profunda y la que se había abierto en más de una ocasión, aquella en los cuartos traseros, la cual, dejaba ver algo de sangre seca sobre el pelaje.

Abriendo nuevamente sus fauces, la lengua se extendió, lamiendo una y otra vez la herida, mientras la sangre era desprendida y quedaba en el musculo pegado. Claramente, la lengua se movía cual serpiente, recorriendo la piel del grifo, el cual parecía no incómodo con eso o por lo menos, no había dado señales visibles de ello, o demasiado nervioso, como para dar un grito o graznido o aletear violentamente. Mientras la manticora estaba pendiente del actuar del grifo, no estaba pendiente de donde lamia, más cuando giro sus ojos, noto que había lamido un lugar menos herido o mejor dicho, menos ortodoxo. Su lengua ya había lamido en varias ocasiones bajo la cola, ese lugar tan íntimo, que de seguro, el grifo había sentido ultrajado por ese apéndice ensalivado y baboso. Entre los muslos o nalgas y la cola, podía notarse la saliva que había terminado por ensalivar toda la zona. Claramente, había sido un accidente… aunque no haber notado una queja inmediata del ave, o no le había dado importancia a alguna de ellas, daba lugar a ideas maquiavélicas.


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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Elíacer el Dom Ene 17, 2016 8:13 pm

El grifo se mantiene en pie, agitando lenta y suavemente la cola tras él, no le gustaba la forma de mirarlo del otro, la forma de comportarse y hablarle, lo hacían sentir incómodo, antes era aterrador, pero ahora era otra sensación, quizás más preocupante e inquietante que la anterior. Escucha las primeras palabras que el otro le dice y asiente con firmeza.

-No, ciertamente no me gustaría matar humanos y a otros bípedos por puro placer…- Dice con un gruñido desagradable ante la idea.-¿Otra situación más divertida?-Pregunta desconfiado, frunciendo el ceño y sacudiendo la cola a su espalda, ahuecando las alas a los costados.-Está bien… hazlo, espero que no me haga mal…- Dice algo inquieto, con la idea de que el otro le babeara las heridas.

Se deja hacer aunque sentía escalofríos de solo pensarlo, pero no quería parecer un cobarde u “ofender” a su anfitrión demostrando que desconfiaba de él. Cuando mira de reojo hacia atrás y ve aquellas enormes fauces y aquella horrible lengua, nota que se le encogen los witys, se pone tan tenso como la cuerda de un arco cuando el otro pasa por primera vez la lengua por sus heridas. Pero para su gran sorpresa, tras sentir la húmeda lengua por las heridas, están le dejan de escocer o molestar, por lo que supone que empiezan a curar. Cuando la mantícora se coloca detrás de él, para atender su herida más profunda y grave, el grifo se mantiene quieto, pero en cuando ese apéndice baboso y caliente, que tenía más aspecto de tentáculo que de lengua roza su entradita bajo la cola, lanza un graznido de exclamación, jadeando un poco por la sensación de escalofrió que le recorre por todo el cuerpo. No se atreve a decir nada, se limita a mirar de reojo hacia atrás y a partir de entonces, cuando la lengua del oro pasaba por su ano, el grifo se limitaba a tensarse y temblar, apretando el pico con fuerza para que no se le escapara otro graznido o jadeo.

-¿Ya…ya has terminado? –Dice con voz algo temblorosa, al igual que sus patas delanteras y traseras.- Noto mucho mejor mis heridas, ya no me escuecen o molestas… Creo que tu saliva es beneficiosa.- Reconoce el nervioso grifo, que también le temblaban las alas, y agachaba un poco la larga y serpenteante cola, como si tratara de ocultar su entrada, que era de una piel rosita, suave y sin ningún pelo.

Mientras tanto, el grifo no había podido excitarse un poco, había controlado bien su miembro dentro de su funda o escondite, pero había lubricado un poco, por lo que se notaba la punta de la funda algo húmeda. Además de que desprendía un olor peculiar, como almizclado que quizás la mantícora podría detectar.
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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Barsala Manticore el Lun Ene 18, 2016 6:42 pm


¿Qué había sido aquello? Aquel sonido proveniente del pico de la avecilla, como una exclamación apagada de placer y gozo. ¿Acaso había sentido una corriente eléctrica por su espina? La manticora le observo de reojo, su forma de actuar, su forma de expresarse y especialmente, aquel ligero aroma, proveniente de su sexo, como queriendo escapar de su prisión y liberar todo lo que guardaba dentro de el.

La mascara sonrió de forma grotesca, de una forma que ningún humano podría, sin destrozar su mandíbula o quijada. Mas tan solo fue un parpadeo y luego volvió a lo que era antes, un rostro serio, lleno de ideas maquiavélicas y claramente depravadas. Con movimientos felinos y volviendo aquella larga y anormal lengua a sus fauces, el monstruo observo al grifo, antes de aspirar el aire que le rodeaba, como cerciorándose de que aquello era real y no solo vagas ilusiones en su mente.

-Oh gorrión … parece que el frio te ha afectado … o ¿quizás fue la carne?- Sonriendo tranquilamente, como si siempre lo hiciera, se acerco al oído del ave, casi como si fuera algo natural –O quizás fue … aquel rose en tu intimidad … lo que ha hecho que tu corazón se acelere y desprendas aquel aroma de entre tus piernas-  Lo decía con voz susurrante, totalmente contraria a lo que siempre hacia y a la vez, sin perder la razón, al igual que las veces que la avecilla, le debía y debía pagar.

De seguro el grifo se quejaría, pero su cuerpo no mentía, su pico se abría graznando sobre su honor y orgullo, pero la manticora tenía otros ideas y observando con atención a su… presa, sonrió internamente, se divertiría… quizás aprendería algo más de sí mismo o quizás, simplemente sería un buen ejercicio, antes de probar el plato principal. Mirando el cuerpo del grifo, hizo un además de sorpresa –Mira nomas avecilla… al parecer nuevamente se ha abierto la herida… quizás requiera que la lama algo mas- Claramente era una mentira ¿El grifo se negaría o guardaría silencio? Quizás hubiera corrido para alejarse de ese monstruo aberrante, o agacharía la cabeza, esperando nuevamente sentir aquel apéndice tentacular, que pronto se retorcería sobre su pelaje y quizás … dentro de el mismo.

Para el grifo, aquello era solo el pago por lo que debía al monstruo… quizás ya había sufrido por parte de otros grifos de aquellos actos y en su cultura, pagar con el cuerpo era algo normal. Pero para la manticora, aquello era nuevo y a la vez divertido. No era el hecho de sentirse excitado por ello, si no el control que tenia sobre el ave, que de cierta forma, en cualquier momento, podría haber alzado el vuelo y huir, sin que nadie supiera alguna vez, su encuentro con aquel monstruo. Pero el orgullo había tirado más fuerte que la lógica y los instintos y ahora estaba a merced de quien podría abrir su quijada y desgarrar su cuello con suma facilidad.

Nuevamente, la criatura abrió su boca y aquella lengua, cubierta de babas y saliva, recorrió el pelaje del grifo, retorciéndose entre sus pelos y llegando a lugares, claramente no heridos. La lengua, de una extensión mayor a la normal, nuevamente recorrió aquel lugar oculto por la cola, aquella piel carente de pelaje y de un color claro y rosado, como la más tersa piel. Los pliegues fueron lamidos, la punta recorrió por la anatomía del grifo, mientras se deslizaba más y mas adentro de sus piernas.

La lengua volvía reiteradas veces a las fauces del ser, llevando consigo el sabor alojado en la anatomía del contrario. Un curioso bouquet, pero que de a poco, dejaba el sabor del grifo mas intacto. La lengua repto por entre las piernas, internándose en los muslos del grifo. No estaría de más decir que ahí había más cosas que solo piel. El origen de ese aroma se encontraba ahí y como si la lengua tuviera vida propia, se acercaba a este. Mas con un acto reflejo, s retiro, dejando un camino de saliva que escurría por las piernas del ave, mientras la lengua se enroscaba en algo que colgaba de entre ellas. La lengua se movía con vida propia y recorría con su punta cada centímetro que tenia a disposición, a veces enroscándose en ambas y a veces, solo jugando con una de ellas, tirando y volviendo a dejarla con saliva. Era divertido, era como tener un juguete que vibraba y producía sonidos apagados.

Antes de observar al grifo, la lengua volvió a ese lugar, bajo la cola, a pesar de que esta intentaba cubrir su anatomía, la punta de la lengua se enroscaba y mojaba aquel punto, haciendo presión lentamente, como deseando entrar en el grifo y recorrer lo más profundo de este.


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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Elíacer el Miér Ene 20, 2016 12:04 pm

Elíacer no podía mirar hacia la mantícora, no se sentía con el valor suficiente, le temblaba todo el cuerpo por aquella lamita en una zona tan sensible, ya hubiera sido o no intencionada. Sentía flojera en las patas, pero se mantenía firme, tratando de aparentar seriedad y tranquilidad, pero le era muy difícil, pues la sensación había sido una mezcla de asco y morbo. Escucha el sonido de la lengua húmeda de la mantícora entrar y salir de la boca de este, como si saborease algo, e incluso lo escucha inspirar aire, haciendo que se le ponga los pelos del lomo de punta.

-No… no fue nada, estoy bien…- Asegura, tratando de hablar con voz firme y segura.

Cuando le menciona lo de ese “roce” en su intimidad, el grifo siente que se ruboriza hasta la raíz de las plumas. Se podía notar el rubor en torno a su pico, donde la fina capa de piel de unión del pico con el resto del rostro quedaba al descubierto. Cuando le dice lo del olor entre sus piernas, las encoge, como si por primera vez sintiera vergüenza de su aparente desnudez.

-No…no hace falta que digas esas cosas…- Protesta el otro, con voz débil y baja, como si se avergonzara de aquello.- Es una reacción natural del cuerpo… No puedo evitarlo.- Se defiende.

No se mueve del sitio, pues da por hecho de que el otro se estaba cobrando la deuda, al menos una de ellas. Permanece inmóvil con la cabeza y la cola algo gachas, y las orejas caídas, en actitud sumisa y nervosa, pues temía que el otro le terminara haciendo daño o atacando. Al sentir de nuevo la lengua, babosa y caliente, Elíacer emite otro de aquellos sonidos, una mezcla de quejido asustadizo y nervioso. Cuando el vuelve a rozar el anito, rosado y apretado, lanza una leve exclamación temblorosa, retorciendo la punta de la cola y arañando el suelo con las garras delanteras. Cuando nota la lengua descender entre sus piernas, Elíacer alza un poco la cabeza, entre sorprendido y asustado, mirando por encima de una de sus alas, con un graznido tembloroso y asustado, retorciendo la cola como loco. Al sentir la lengua alcanzar sus testículos, el grifo no puede evitar lanzar una exclamación de placer y miedo, mientras le temblaban las patas delanteras y traseras, viéndose obligado, finalmente a tumbarse sobre el pecho, estirando las patas delanteras, dejando las traseras apoyada sobre los pies, para mantener el trasero alzado y expuesto. Los testículos tenían un tamaño adecuado, ni muy grande, ni muy pequeños, teniendo en cuanta la anatomía general y la edad del grifo, quizás aún tuvieran que crecer un poco más, pero al ser solo un adolescente, estaban en desarrollo. Barsala podía masajearlos y notarlos, pronto quedan empapados y babosos por su saliva. Estos si estaban cubiertos por un suave, fino y corto pelaje, como de terciopelo.

Elíacer no dejaba de repetirse a sí mismo que se controlara, que dejara de emitir aquellos vergonzosos sonidos y que tratara de controlar más las reacciones de su cuerpo, pero no podía. Simplemente la excitación iba ganando a la razón, y no tarda mucho, que de la funda de piel de entre sus piernas, empezara a salir su miembro. Este era de un lindo color rosa, sin venas ni nada más visible que aquella tersa y suave piel rosa. Al principio sale flácido, colgando y goteando pre seminal, cubierto por una sustancia viscosa, que hacía las veces de lubricante natural y que debía producirse en la propia funda donde se escondía. No tarda mucho, en ponerse completamente duro y erecto, desprendiendo un intenso olor almizclado, pero no desagradable, que antes percibiera el otro. El miembro del grifo medía unos 16 u 18 centímetros, era grueso en la base, con una serie de formas ovaladas que llegaban hasta la mitad del falo, y que se iban haciendo más planas hasta que desaparecían a la mitad, de modo que aquello hacía que la base fuera bastante ancha. Luego el falo tenía una hilera de bultitos por la parte superior e inferior del pene, rematando en el glande, que era algo más ancho que el falo, algo puntiagudo y muy ligeramente curvado hacia arriba, de cuya punta brotaba gotas de viscoso pre seminal translúcido.

Cuando la lengua se enrosca en su miembro, Elíacer lanza una exclamación de sorpresa y placer, los ojos se le humedecen por alguna razón, notando como aquella horrible lengua inspeccionaba cada centímetro de su intimidad. El sabor de su miembro era intenso, un poco salado y para nada desagradable. Arañaba el suelo, mientras comenzaba a jadear y graznar entrecortadamente, con la cola totalmente alzada y los ojos llorosos, como si estuviera a punto de escapársele alguna lágrima. Aquello le traía recuerdos de cuando entrenaba duramente para aprender las mejores técnicas de combate y de caza, de grifos mayores que él, tanto de hembras, como de machos.

Por suerte no se para mucho en su miembro, el cual estaba caliente, duro y palpitante, si no, que sube hasta sus testículos, enroscándose en torno a ellos, jugando con la punta de su lengua, haciéndolo gemir y jadear de forma vergonzosa. Él trataba de taparse el pico con las garras, mientras cerraba los ojos y trataba de pensar en otra cosa. Cuando tiraba de ellas con suavidad, el hacía gemir de dolor y se volvía a mirar hacia atrás, para pedirle con la mirada, que no hiciera eso, pues aunque encontraba cierto placer, también le dolía.

-Cu…cuidado, son-son muy sensibles… y delicados.- Le suplica con ojos llorosos y las orejas gachas, en actitud sumisa.

Cuando la lengua deja sus testículos, empapados y calientes por el continuo masajeo y roce, lanza un suspiro de alivio, aunque esto dura poco, pues empieza de nuevo a jugar con su ano, haciendo que Elíacer alzara la vista al techo. No se atrevía a mirar mucho hacia atrás, pues temía encontrarse con un enorme miembro que pudiera partirlo en dos. De modo que esperaba, a que todo pasara lo más rápidamente posible. Cuando nota que aquella lengua en forma de tentáculo empieza a presionar para entrar, al principio aprieta el trasero y se tensa, respirando nervioso, entrecortadamente, luego, tratando de calmarse y sabiendo que si se relajaba le dolería menos, relaja el trasero y empuja suavemente hacia atrás, dando a entender a la mantícora, que podría proceder con aquello.
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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Barsala Manticore el Miér Ene 20, 2016 10:35 pm


Se podría decir mucho de la situación, claramente… no era normal, por ningún lado ni punto de vista. En cualquier otro instante, el grifo hubiera dado la voz de desagrado, se hubiera dado vuelta y atacado a la manticora. Por lo menos, el monstruo lo hubiera hecho. Pero contrario a lo que cualquier otro pudiera imaginar, únicamente había pedido que fuera más suave. ¿Acaso le gustaba? Esa idea era extraña para la bestia. En su existencia, jamás había notado aquello que llamaban placer, claro, podría tomarse como placer consumir un trozo jugoso y caliente de carne, pero eso no venia al caso.

Toda la situación era nueva para el engendro, que sin proponérselo realmente, o quizás sí, había logrado ese actuar con el grifo. Su voz entre cortada, el aroma que desprendía, similar a hembra en celo, pasando por las reacciones en su cuerpo, tanto el enterrar las garras, como la incitación al levantar su parte posterior y levantar la cola, exponiendo su anatomía y ano para buscar más placer. La bestia se debatía en que hacer, jamás había experimentado algo así y si bien le gustaba el sentimiento de sumisión del grifo, tan altanero y orgulloso, también debía de pensar que solo era un bocadillo y que si se hubieran encontrado en otra situación, uno de ellos ya estaría muerto, preferentemente, el grifo.

Las palabras del gorrioncillo, su actuar, su sumisión y quejidos apagados, solamente demostraban que lo disfrutaba y aquello solamente había sido un roce. Era como si estuviera en celo y exigiera que fuera tomado de una u otra forma. Para la quimera, aquello era cierto tipo de ambrosia, la dominación le era un sentimiento más que agradable, si no que pronto podría volverse embriagador y tener alguien, tan orgulloso y honorable sumiso, podía ser una buena idea.

Con un rápido giro de su lengua, la quimera sintió como aquel apretado agujero comenzaba a ceder y con algo más de empuje, la punta de la lengua entro en territorio desconocido y que de seguro ya había sido explorado por otros, más no por él. Si bien el sabor era extraño, quizás era por que el ave no había comido o por algo en su anatomía, estaba limpio, un alivio para la manticora. El interior de Eliacer, era suave, y a medida que esa lengua se abría paso, sintiendo como los músculos se dejaban “penetrar”, el monstruo exploraba el interior de ese ser. Si bien todo era común, las paredes eran cálidas, al igual que el grifo y rugosas, con cada centímetro que profanaba el ano de la avecilla, más y mas se abría, como si ya ansioso, anhelara ser llenado completamente.

Quizás era porque la lengua comenzaba a ensancharse a medida que entraba y llegaba más y mas profundo, o que el grifo se sumergía en placeres desconocidos para la bestia, pero la fuerza con que apretaba, comenzaba a ceder y las rugosidades, quedaban lisas. La mirada de la máscara se clavo en la anatomía del grifo, puntualmente, donde su lengua desaparecía en el interior de este y notaba como su ano, se había ensanchado y parecía temblar y palpitar con cada movimiento del monstruo. Quizás fue esa reptiliana faz, como si se tratara de un reptil que reptaba por el interior de este, tocando y rozando todo y mayoritariamente, presionando y golpeando una protuberancia encontrada, como una pequeña nuez, que sobresalía dentro del ave y que cada vez que era rozada o golpeada, el grifo parecía temblar, como si sus piernas no pudieran mantenerlo en esa posición sin sufrir.

Mientras el ser jugaba con el interior del pequeño grifo, el aroma que provenía de su entrepierna era cada vez más penetrante, y de reojo, la manticora pudo ver como este se liberaba de su prisión y comenzaba a brillar con el fuego, palpitante y moviéndose, a la vez que de seguro comenzaba a gotear. Claramente el grifo estaba excitado y quizás sintiendo placer con aquello. Quizás el hecho de que la manticora le mencionara que debía de actuar como hembra no estaba errado completamente, ya que la posición que había tomado, fácilmente podría tomarse como una invitación, para ser montado, de la misma manera que lo hacían muchos animales. Quizás era hora de que la manticora cumpliera el pedido del gorrión, aunque claro… sería la primera experiencia de ese tipo para el monstruo, pero quien sabe, quizás terminaría gustándole y tomaría de una u otra forma al grifo como… objeto para desahogarse, o compañero… quien sabe.

Mas para sorpresa o quizás nerviosismo del grifo, entre las robustas piernas de la manticora, algo se asomaba, no era un miembro felino, ni tampoco uno fácil de describir, ya que como cualquier cosa en ese monstruo, no había sido creado precisamente para ser suave, o cuidadoso. De entre sus piernas, como un felino, pero únicamente acabando con su comparación en este punto, surgía un miembro grueso, llegaba a ser extraña su forma, aunque no había duda de que era un falo. Era de un color rojizo pardo y de unos veinticinco centímetros, en apariencia por lo que se veía, Protuberancias como pequeñas escamas, se posicionaban a ambos lados de este y una cabeza puntiaguda y redondeada que miraba hacia arriba, con un agujero en esta. Podía ver que el miembro se ensanchaba a medida que se bajaba y únicamente poseía una zona más delgada, como un cuello, bajo el glande. No era algo fácil de ver y aun menos, de imaginar dentro de uno… mas el grifo ya tenía cierta idea, de donde aquel miembro se introduciría… claramente, de una forma no tan suave como hubiera deseado.

Quizás fue algo que algún alquimista había colocado, o que entre tantas mesclas de animales, había surgido, pero el aroma desprendido por ese miembro, era diferente al del grifo, mucho más penetrante y que estaba lleno de feromonas, quizás el destino había decidido reproducirlo o solamente, había sido un juego de azar, pero el aroma, para otro animal, podría ser embriagante. Aquello era algo que desconocía la manticora, como muchas cosas de su cuerpo, que poco a poco descubría medida que experimentaba el existir fuera del campo de batalla.



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Mensaje por Elíacer el Dom Ene 24, 2016 5:13 pm

Elíacer se odiaba por tener un cuerpo tan sensible y que le reaccionara de una forma tan rápida y caliente. No todos los grifos eran como él, otros eran más “fríos” y menos dado a aquel tipo de cosas. Elíacer se molestaba consigo mismo, por haber sido siempre tan fácil de estimular y de excitar. Se le escapa un graznido molesto, pero sumiso cuando el otro vuelve a la carga, siguiendo con aquel estímulo de aquella horripilante lengua. El grifo empieza a arañar el suelo y a retorcer la cola alzada ante las atenciones que el otro le prodigaba. Cuando la lengua empieza a penetrar en su apretado y cálido interior, el grifo alza la cabeza de golpe, lanzando un graznido de placer, temblándole las patas traseras y la cola, echando una leve mirada hacia atrás por encima de una de sus alas. No ve más que a la mantícora justo detrás de él, hundiendo aquel baboso apéndice en su interior. El grifo siente como se le humedecen un poco los ojos, cerrándolos con fuerza y apretando el pico, para tratar de no gemir o jadear muy alto.

Aquello le recordaba experiencias en el pasado, experiencia que no le gustaba recordar, pues era cuando apenas siendo un polluelo pre adolescente, se vio obligado a hacer todo tipo de favores, desde cazar, limpiar y sexo, a cambio de técnicas de caza y combate. La recompensa, ser Hunter, el Gran Cazador, el próximo líder de la bandada de grifos. Elíacer gruñe con graznidos profundos y secos, cuando la lengua empieza a penetrar más en su interior, tensando las patas, clavando las garras en el suelo de la casa, mientras que su miembro rosado, duro y erecto, goteaba fluidos viscosos de pre seminal. Cuando la lengua llega a un ancho incómodo para Elíacer, este lanza un graznido de molestia y dolor, apretando su trasero y agitando a cola alzada, como si azotara el aire en una advertencia hacia el otro.

-No hagas…- La voz de Elíacer se acalla con una exclamación cuando el otro “golpea” o estimula aquel bulto o punto en su interior, lanzando una exclamación, un chorro de pre semen acuoso sale de su pene, cayendo al suelo, dejándole las patas temblorosas y los ojos llorosas.

Ignorando los pensamientos de esclavitud o emparejamiento de la odiosa mantícora, el grifo no dejaba de cerrar los ojos, deseando de que aquello acabará rápido y poder marcharse de allí, casi había olvidado las sensaciones que se sentía al ser penetrado como una hembra, y odiaba que su cuerpo reaccionara de forma positiva. Elíacer ignoraba que la mantícora tenía una erección, pues desde su posición no podía verlo a no ser que esta se colocara de lado a él, de modo que se mantenía bastante tranquilo con respecto aquello, pues podría ser incluso que la mantícora no tuviera pene, pues ella mismo había dicho que había sido creada para ser una máquina de matar. En algún momento llega un penetrante olor almizclado que inunda las fosas nasales del pico del grifo, era un olor que provocaba sensaciones que el grifo solo experimentaba en época de celo, sacude la cabeza, mientras eriza las plumas de la cabeza.

-Si vas a hacerlo, hazlo de una vez, montarme y acabemos con esto…- Dice el otro, mientras trata de incorporarse, pues lo normal sería que estuviera de pie sobre las cuatro patas para que el otro lo montara como hacían los grifos u hipogrifos.
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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Barsala Manticore el Mar Mar 15, 2016 6:50 pm


El tiempo, el destino, la suerte, la fortuna y el incierto. Todo gira en torno a las posibilidades, quizás un simple acto, puede desencadenar toda una serie de casualidades, puede que por el simple hecho de no girar en el momento preciso termina en una guerra y un genocidio. De la misma manera, el no haber hecho algo, pudo haber traído un futuro diferente para aquella bestia. Quizás si hubiera dormido algo más, si no hubiera despertado su curiosidad o incluso, si tan solo, hubiera escogido otro lugar para su guarida y lecho. Mil opciones podrían haber cambiado el destino de ese ser, puede ser que jamás se hubiera encontrado con el grifo, que tal vez le hubiera matado sin cruzar palabras y devorado, pero las cosas no habían sido así.

Ahora, tenía a su presa, en una posición claramente desventajosa. Tan solo era cosa de abrir sus fauces y arrancar un trozo de carne, ¿Quién le culparía de aquel acto? De seguro nadie, porque tan solo encontrarían los huesos y restos de un ser asesinado y devorado. Pero claro, al parecer, los dioses, el destino o quien sabe que imbécil, deseaba mover los hilos de aquellas marionetas y guiarlos por un camino, que por lo menos, uno de ellos jamás había explorado.

El sabor que desprendía el grifo no era desconocido para la bestia, no habían sido pocos los intestinos que había devorado y tras limpiarlos un poco, siempre quedaba aquel inconfundible sabor. Pero cambiando de tema, el grifo era cálido, para no decir que su interior estaba muy caliente. Quizás era el hecho de la situación o de que su cuerpo, naturalmente, tenía una temperatura más alta. Como fuera, al final, el propio grifo quería terminar con ello, aunque la manticora deseaba “jugar un poco más” y es que para él, era algo totalmente nuevo para este y aun más, era algo que quería probar a profundidad. Mas como el día seguía y la noche también, era hora del plato principal.   Los aperitivos habían sido sabrosos y divertidos, pero no se podía dejar esperando más a la avecilla… y no es que el monstruo tuviera algún deseo de terminar aquella diversión, pero viendo el actuar de su contrario, sería una pena no satisfacer sus deseos y dejar que él también le probara.

La posición era extraña y por ende, no conocía ese tipo de apareamiento, por lo menos en carne propia, pero el ver a alguno que otro animal, le podía dar una idea. No era que hubiera visto muchos, pero con solo ver uno que otro, ya podía tener una idea. Lo primero, era apoyar las patas delanteras sobre el cuerpo del otro, aunque al hacer esto y apoyar parte del peso, de seguro el grifo sentiría que la diferencia de peso era considerable. Como lo era un animal terrestre de uno volador. Las alas no deberían de ser un problema, pero si hacia un mal movimiento, quizás terminaría por apoyar sus patas sobre los delgados huesos y romperlos en mil pedazos.

Cuando el peso fue apoyado, la manticora sintió el lomo del otro, no era diferente al de cualquier otro animal, pero al hacerlo, su miembro, el cual hasta ese momento había estado casi oculto a la vista del gorrión, termino golpeando uno de los muslos de este, dejando la superficie de su pelaje, claramente cubierto de cierta lubricación, que se impregnaba hasta su piel. Quizás aquel aroma almizclado, que hasta hace poco había sentido, provenía de él, o tal vez, del propio grifo, ya que había sentido el mismo aroma, proveniente de su entrepierna.

Como fuera la situación, estaba por iniciar lo que se llamaba apareamiento. De seguro, al ser ambos machos, la situación era desquiciada y por qué no decirlo, repugnante para alguien que tuviera sus sentidos de moralidad o rectitud, demasiado puro. Pero para él, sería una experiencia nueva y por lo tanto, habría que aprovecharla completamente.

Como acto reflejo, coloco la punta de su miembro en la “entrada” del grifo o quizás era mejor decirlo como su salida. En ese momento, la manticora se detuvo… ¿Qué era lo que debía de hacer?, Como si algo se retorciera en su interior, los instintos animales, aquellos que le dominaban muchas veces, afloraron y con un fuerte movimiento, la cadera de la bestia se movió hacia delante.

Quizás el grito que ambos profirieron fue más que notorio, ya que el miembro del monstruo, se abrió pasó en el interior del grifo, aprovechando el “aperitivo” anterior con su lengua y que parecía más receptivo. Era un hecho que no había sido suave, algo difícil para la manticora en general, pero la sensación que sentía, como aquel húmedo y apretado lugar envolvía su miembro, como succionándolo para entrar más, era algo que jamás había experimentado y que hasta ese momento, no había tenido mucha importancia en su mente.  La manticora estaba ocupada en entender lo que sucedía, en los instintos que le indicaban que debía de mover la cadera, hacia adelante y atrás con vigor y fuerza, sin detenerse… y por otro lado, estaba el grifo, que claramente, debía de sentirse inquieto, adolorido o quizás, solamente sorprendido. Ya que las experiencias que había tenido, quizás no eran muy distantes de lo que ahora sufría.


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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Elíacer el Lun Mar 28, 2016 10:33 am

Elíacer no pudo evitar que se le escapara un leve graznido cuando el otro sacó su larga y sinuosa lengua de su interior, notando como las babas resbalaban desde su anito rosado, por entre sus piernas, hasta la zona de los testículos, que estaban cubiertos por una suave y fina capa de pelo de color blanco. Su miembro rosado, parecía un poco más grande que antes, como un poco más hinchado, pero parecía mantener un tamaño de unos 16 u 18 cm quizás un poco más pero no mucho.

Cuando sintió que el otro se retiraba y parecía inspeccionarlo, no puedo evitar que le temblaran las patas por lo que estaba por venir. Tal como esperaba, no puedo dejar escapar un gruñido de molestia cuando el otro dejó caer su peso sobre su lomo, ciertamente la mantícora pesaba más que un grifo, aunque no era muy distinto a cuando siendo solo un pre adolescente lo montaban grifos adolescentes o incluso algún adulto, a cambio de alguna técnica secreta de combate o caza. Bloqueó las patas como había aprendido a hacer, mientras graznaba un poco, esperando sentir al otro. No tardó mucho en notar algo duro, caliente y baboso rozarle uno de los muslos, haciéndolo estremecer. Elíacer no había querido mirar si la mantícora tenía miembro, pero aquello lo confirmaba y parecía ser bastante grande, solo esperaba que aquello no lo lastimara de forma seria. Cuando notó la punta del miembro de la mantícora, duro, caliente y húmedo no, puedo evitar estremecerse. Incluso su pene, perdió erección y empezó a recogerse en su escondite de piel, pues sabía que aquello iba a resultar doloroso. Empezó a respirar de forma entrecortada y nerviosa, tratando de relajarse, pues sabía que si se tensaba en aquel momento le dolería mucho más de modo que trató de mantener su entrada relajada, agradeciendo lo viscoso de la saliva y el pene de la mantícora, pues serviría como un buen lubricante. Elíacer, que estaba acostumbrado a cierta delicadeza y cuidado por parte de los grifos con lo que había estado, lanzó un graznido de dolor y sorpresa cuando Barsala le embistió con tanta fuerza.

Notó que las patas le temblaron, incluso la mantícora hizo que diera un paso hacia delante, que luego el grifo tuvo que retroceder para aguantar el equilibrio, mientras ahogaba graznidos de dolor con el pico y los ojos cerrados, de lo que se derramaba un pequeño reguero de lágrimas, mientras su trasero estaba apretado por el dolor. Por suerte, aquella vez Elíacer agradeció su cuerpo lujurioso, que reaccionaba rápidamente ante los estímulos que le prodigaban, por lo que tras pasar una especie de “anillo” interior, el resto del miembro de la mantícora pasó bien y el dolor iba siendo sustituido por el placer, aunque seguramente al acabar, después de que ambos acabaran, el grifo estaría dolorido durante un buen rato o incluso unos días.

Tras pasar la primera oleada de dolor, Elíacer, con los ojos llorosos y la cabeza gacha, sintió como la mentícora empezaba a moverse. El pene de este era grande y grueso, y rozaba ciertos puntos de su interior que pronto lo tuvieron gimiendo en voz baja y avergonzada, manteniendo la cabeza gacha hacia el suelo en actitud sumisa. El pene del grifo, que se había escondido por completo durante la dolorosa penetración, empezó a salir de nuevo, poniéndose duro y erecto en pocos segundos, empezando a soltar chorritos de pre seminal e incluso chorritos de pre semen o semen blancuzco cuando el pene de la mantícora daba en aquel punto o puntos estimulantes de su interior. Aquella nueva erección demostraba que estaba disfrutando de lo lindo con la experiencia, aunque Elíacer no paraba de repetirse que aquello estaba mal y era repugnante, no podía negar las reacciones de su cuerpo. Cerró los ojos mientras dejaba escapar un gemido especialmente algo y sumiso cuando una de las embestidas de Barsala le hicieron lanzar un chorro de semen que calló entre sus patas delanteras, sin provocarle aun el orgasmo. Avergonzado de que aquello le resultara tan increíblemente placentero, pues era algo que había querido olvidar desde que fue nombrado Hunter, empezó a moverse de forma inconsciente hacia atrás cuando el otro embestía y hacia delante cuando el otro se retiraba.

-Por los dioses, que acabe ya…- Grazno con un gemido el grifo, que hundió su cabeza entre sus patas delanteras, esperando que la mantícora no tuviera mucho aguante, sobre todo pensando que era la primera vez para la criatura.

Se escuchaba el crujido de la madera que hacían las garras del grifo al clavarse en la maderas del suelo, tanto como para mantenerse en el sitio como para contener algún que otro gemido o graznido. El olor almizclado o del celo del grifo se había echo mucho más intenso, mezclado con el olor de los fluidos propios que se estaban produciendo por aquel acto.
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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Barsala Manticore el Jue Jun 02, 2016 4:05 pm



Placer y dolor, éxtasis y agonía, las dos caras que se superponen y que se mezclan en un sin fin de emociones y sensaciones.

El aroma, el sabor, las sensaciones y calidez, era nuevo, era una experiencia agradable, para no decir placentera. El lugar no era el mejor, pero dos bestias no podían desear sabanas de seda, el sol por las ventanas o la limpieza inmaculada de una habitación. Ese lugar parecía el cubil de dos monstruos, y eso eran, a pesar de lo que dijera le grifo, era un monstruo, una bestia, y para los humanos, para los hombres y demás razas, era un ser peligroso, dañino, y arriesgado de tener cerca. No podríamos decir nada menos de su acompañante en aquella ocacion, su sola visión podría ser dolorosa para los ojos y aun asi, el ave era sumiso con este, ya fuera por el deber con su “honor” o el simple hecho de que era una bestia inferior a esta. Como fuere, no podría dejarse de lado lo que sucedía y ante la visión de cualquiera que hubiera tenido la desdicha de observar aquel acto, parecía el apareamiento violento y bruto de dos animales en extremo peligrosos.

Las nuevas sensaciones poco a poco dominaban la mente del animal, quien moviendo sus patas y caderas, profería violentas arremetidas contra el interior del grifo. Con cada penetración, el cuerpo del grifo temblaba y por lo que desprendía de su aroma, en cierta forma, lo disfrutaba. Quizás la mente de la manticora estaba teñida por el placer, pero aun tenia esa veta arrogante y malvada, que le habían inculcada desde su mas tierna concepción, en un enorme tuvo de cristal e hierro.

Apoyando su peso,contra el cuerpo emplumado y peludo de su compañero, procedió a realizar aun mas movimientos, entrar y salir, una y otra vez, mientras sonidos de jugos derramándose comenzaban a brotar y pequeños gemidos apagados, resonaban por la destartalada y vieja edificación. Las protuberancias, se deslizaban por las paredes anales del joven ave, rozando con toda su extencíon los puntos placenteros y claramente embriagantes del ave. Si fue por el contante movimiento, o por la inexperiencia, la “juventud” o de lleno, el poco conocimiento de la bestia, que en cierto momento, sintió que su miembro se retorcía y que se hinchaba aun mas, como si la razón fuera dejada de lado por el instinto, dio un fuerte movimiento con su cadera, incrustando la totalidad de su miembro en el ano, ya rojizo y palpitante del grifo, con fuerza.

El bestial apéndice y miembro, comenzó a derramar su semilla y semen en el interior del grifo, como si un viejo tapón hubiera sido removido, el abundante liquido surgió, cual chorros a presión dentro del ave. Fuera por la sensación, la explosión de endorfinas o la emoción, la manticora dio un rugido, el cual resonó mas allá de las paredes de madera y barro. Si fuera por ello o por la presión en el interior del grifo, el felino sintió como las paredes anales temblaban, y tras dar un par de penetraciones mas, se retiro del interior de su joven acompañante. Quien parecía adolorido y cansado, claro, podría ser solo una apariencia o que realmente, tras esa experiencia, las piernas del joven no pudieran sostener su propio peso.

Sin ser abusivo, podría decirse que , para ser la primera experiencia sexual del monstruo, habia sido mas que placentero y agradable, quizás la palabra hubiera sido “delicioso”, no solo por el hecho de las nuevas sensaciones, si no por el hecho también de dominar, aunque de cierta manera, consentido aquel aspecto. Como fuera, el acto habia terminado y aunque jadeaba, aun tenia ese gusto por mas, como el de un niño que prueba por primera vez una golosina y tiene al alcance el frasco de estas.

EL grifo, de seguro estaba cansado ¿Pero habia terminado realmente?, la manticora tenia otros planes y apoyando una de sus patas sobre la grupa del polluelo, abrió su boca. Cualquiera pensaría que estaba por darse un festín con un avecilla cansada y “profanada”, pero lejos de esa idea, su lengua nuevamente se hizo presente y como si volviera a su madriguera, el baboso apéndice se retorció y con presicíon, se introduzco en la cueva, donde hace poco, la semilla del monstruo se retorcía en el interior del joven Eliacer. Aun quedaba un largo trayecto, antes de que la manticora se sintiera satisfecha y el grifo pudiera deshacerse de su horrible acompañante.


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Re: Cazadores y Bestias. (+18)

Mensaje por Elíacer el Sáb Jun 04, 2016 12:43 pm

Elíacer no dejaba de graznar y jadear, sintiendo como las tensas patas le temblaban y como su miembro, duro y erecto, soltaba chorros de preseminal y semen, que caían entre sus patas delanteras y bajo su vientre, goteando desde la punta de su miembro, que se bamboleaba arriba y abajo por las embestidas de la mantícora. El grifo mantenía la cabeza gacha, con los ojos llorosos cerrados, gimoteando de vez en cuando pues la mantícora realmente era brusca y le hacía daño con algunas de sus envestidas. Se notaba que era la primera vez para el monstruo, pues apenas conseguía mantener un ritmo acompañado y acorde. El suelo estaba lleno de los arañazos que hacían las garras del grifo al tratar de mantener la postura, cosa que le estaba costando trabajo, pues Barsala era bastante pesado. Con ojos llorosos alzó un momento la cabeza y miró por encima de una de sus alas, que mantenía también gachas.

-No…no lo hagas tan fuerte, me haces daño. - Se quejó con el pico apretado y las garras clavadas en el antiguo suelo de madera, que crujía por la presión.- No es necesario ser tan brusco…- Se quejó, lanzando un nuevo graznido, mezcla de dolor y placer, lo que le provocó expulsar otro chorro se semen.

Entonces el grifo lanzó un graznido quejumbroso al notar algo muy extraño, era como si el pene de la mantícora se retorciera e hinchara en su interior, lo que le hizo lanzar un graznido de miedo, sustituido por uno de sorpresa al notar como el otro le embestía, empalándolo por completo y al poco lanzó un nuevo graznido, pero ese último de placer al notar como chorros y chorros de fluidos calientes se derramaban en su interior. La sensación fue muy placentera y el grifo comenzó a correrse, soltando chorros de semen mientras retorcía la cola y gemía. El semen líquido y blancuzco formó un charco bajo las patas del joven grifo, que sintió como le temblaban las patas. Escuchó rugir a la mantícora, lo que le hizo temblar intimidado y jadeante, pues se sentía agotado. Notó como el otro se retiraba de su interior y lanzó un quejido de alivio cuando el miembro del monstruo salió de su interior con un sonido húmedo. El cuerpo del grifo estaba cubierto de sudor, al menos la zona de pelaje. Notaba su ano dolorido y palpitante y comenzó a buscar un lugar cómodo donde poder tumbarse y descansar antes de irse. Dio un respingo cuando notó una de las enormes patas de la mantícora sobre su lomo.

-Ne-necesito descansar, ya hemos terminado…- Dijo con voz cansada y dolorida.- Ya he pagado mi deuda…- Dijo quejoso el grifo, mientras trataba de tumbarse y bajar la cola, para ocultar su trasero a la juguetona lengua de la mantícora.

Notó como la lengua entraba dentro de él, arrancándole un nuevo gemido de sumisión y cansancio. Apoyó el pecho sobre el suelo mientras arañaba el suelo suavemente con las garras delanteras, las traseras e temblaban mucho.

-Necesito descansar, de verdad, no puedo aguantar otra vez más. –Avisó el grifo, que se sentía desfallecer, pues había sido agotador aguantar a la mantícora encima.
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