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La reina de los condenados.

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La reina de los condenados.

Mensaje por Necross Belmont el Dom Ene 03, 2016 6:50 pm

Poco tiempo había pasado desde que escaparon de Shading, el tuerto y sus alas negras, se internaron en un bosque cercano a Maletta, donde conseguían información sobre caravanas comerciantes con Dalkia y Shading, las cuales emboscaban y robaban los objetos preciados. Estatuas, cofres con oros, joyas, comida, y todo tipo de decoración les era útil, aquella mercancía la vendían en Naresh, donde un nuevo miembro en el equipo había conseguido un comprador.

Pero aun así, vivir en el bosque era difícil, cada vez que el hombre del parche miraba a su pequeña pensaba en todo lo que le había negado al escapar de Shading. Una ducha todos los días, comida fresca y deliciosa, una cama que no fuera incomoda, eran muchas las penas que los alas negras sufrían, pero aun así, la pequeña niña no se desesperanzaba. Es más, alegre como ella sola, la niña despertaba todas las mañanas a su padre para salir a jugar, y como este no quería, la pequeña  despertaba a todo el campamento con sus juegos.

A los alas negras les hacía gracia ver a la niña tan alegre jugar y gritar por el lugar, algunos, por supuesto, se fastidiaban con los agudos gritos que hacían Nadine cuando jugaba, pero con solo ver su rostro sonriente se les enternecía el corazón.  La primera en salir de su tienda era Mary Ann, quien después de mojarse el rostro se unía a los juegos de Nadine. Luego aparecía Vince, quien solo se quedaba mirando como la niña jugaba, recordando los momentos  que pasaba con su difunta hija. Lux solo asomaba su cabeza, luego al asegurarse  de que no había problemas, seguía durmiendo. El último en levantarse era Necross, quien completamente despeinado llamaba a su hija para que comieran algo.

Pero hubo un día en que las cosas cambiaron un tanto, la pequeña Nadine comenzó  a enfermase, tan rápido que pronto cayo con fiebre. El hombre del parche, preocupado, ordeno que no se atacara a la siguiente caravana que pasara, sino que se buscara a algún tipo de médico o curandero. Por surte para él, en la caravana había una mujer anciana que gustosa se ofreció para diagnosticar a la niña. Esta, después de examinarla, le dio al tuerto algunas hierbas para hacer infusiones, y también un calendario para que la niña no perdiera ninguna dosis. Pero después de seguir las órdenes de la curandera al pie de la letra, Nadine no mejoraba.  

A los oídos de Necross, y de sus compañeros, llegaron los rumores de que en algunas ciudades, brotes de una extraña enfermedad habían aparecido. Las extremidades se endurecían hasta quedar ásperas y duras como la roca. No solo su exterior se endurecía, también sus órganos internos, y con el paso del tiempo simplemente caían muertos. Los curanderos no podían hacer nada por los enfermos, no sabían cuando apareció, como quitar los síntomas, ni quien era más propenso a contagiarse.

Desde que la niña se enfermó, Necross por todos los medios posibles intento buscarle una cura, incluso viajo  a Maletta para obtener algo de información sobre la enfermedad, pero sus resultados fueron nulos. Llego al campamento y se dirigió a su tienda, donde la niña estaba acostada,  ardiendo por la fiebre. Necross la saludo y le beso la frente, la niña lo recibió con una sonrisa, aun cuando su rostro enrojecido por la fiebre demostraba malestar. -¿Cómo te has sentido hoy bodoque, te tomaste la infusión?- El hombre del parche arropo a la niña, para terminar acariciándole el rostro. -Ja Vater, Mary Ann estuvo hoy conmigo…- La niña aun intentaba mantener la sonrisa, pero constantemente se quejaba por el dolor. -Ya verás cómo pronto…- Necross acariciaba la mano derecha de la pequeña, pero cuando este toco los dedos de la niña los sintió ásperos, duros… rocosos.

El hombre del parche trago aire para evitar llorar, luego le sonrió a la pequeña y termino de hablar. -Ya verás cómo pronto te mejoraras, y nuevamente estarás jugando con Sif.- Nadine nuevamente sonrió, esta vez con más ánimo. -Descansa bodoque, te traeré algo para comer.-

Necross camino hasta la tienda más grande del campamento, la cual aparte de fungir como centro de reunión, también era utilizada para guardar provisiones. Buscó frutos secos y algunas bayas, también le llevaría un poco de agua fresca. Pero antes de salir, poso ambas manos en la mesa de la tienda, y comenzó a sollozar, para terminar llorando desconsoladamente. Se sentía inútil, y los dedos callosos de su niña solo le hacían pensar en lo peor. Secándose las lágrimas y calmando la respiración, el hombre del parche camino hasta la tienda y le dejo comida  a Nadine, quien para ese momento ya se había dormido.

Los curanderos no ayudarían, por ello Necross debería buscar una solución por méritos propios. Nadine no se había salvado de Jyurman, habitado con elfos, y cruzado medio continente para morir a causa de una enfermedad, su padre no lo permitiría.  Pero su viaje a Maletta no fue del todo inútil, ya que en la biblioteca local encontró información de una ciudad relativamente joven, cuyo gran mérito era una medicina  a base de sangre, capaz de curar hasta los más terribles malestares. En Hemwick el hombre del parche encontraría la solución a sus problemas, una pequeña esperanza en la cual confiar, un método para salvar a su hija.

-¿Estás seguro de que con ello Nadine se mejorara?- Todos los alas negras estaban reunidos a las afueras de la tienda utilizada para reuniones, hablaban entre ellos en voz baja, ya que a todos les preocupaba la salud de la pequeña, quien era la única que llevaba alas blancas, ella era su símbolo de esperanza. Los reclutas, sabiendo que Necross se iría, se ofrecieron para acompañarlo. Mary Ann, Vince, Lux, y Legato, el bandido que había conseguido el comprador en Naresh, tampoco dudaron en ayudar al tuerto.  -No chicos, los necesito cuidando el campamento. Solo… solo cuiden a Nadine hasta que regrese.-

Durante día y noche el tuerto recorrió los caminos, la niña intento oponerse al viaje de su padre, quería acompañarlo, pero se sentía débil, y su mano derecha ya había sido afectada por la enfermedad; su pequeña mano había perdido total movilidad. Aquello motivo a que Necross apurara su viaje, no llevo a su ave, la cual servía de montura, pidió un caballo del campamento, uno negro como su cabello.

Una semana duro su viaje, antes de llegar a la ciudad se detenía solo para satisfacer sus necesidades básicas: dormir comer y cagar. No podía perder tiempo, ya que con cada segundo que pasaba condenaba un poco más a su pequeña.  Más de una vez se perdió en el bosque, y más de una vez tuvo que luchar, o huir, de las bestias que acechaban en el Storgronne. Eventualmente encontró la ciudad, y no era como la describían en los libros, pues desde afuera se veía destrozada, vieja, no se sentía ningún tipo de vida, aun cuando las puertas estaban cerradas, algo se debía escuchar hacia adentro.

Quizás se debía a la noche que ya reinaba sobre el mundo, pero el silencio abismal asustaba al hombre del parche, no por lo que pudiera pasarle, sino porque podría quedarse sin aquella cura milagrosa.  Intento forzar las grandes puertas, pero no consiguió siquiera moverlas. Entonces, en su intento por entrar en la ciudad, busco la muralla con más señales de destrucción y deterioridad, y escaló su extensión. Desde la altura,  el tuerto quedo embobado con la arquitectura de la ciudad. Sus calles eran de piedra lisa, de un color gris oscuro. Sus casas parecían más juntas de lo normal, aquello causaba que los callejones fueran estrechos, permitiendo el paso de unas pocas personas. Largos faroles estaban dispersos por toda la ciudad, lamentablemente pocos eran los que se mantenían encendidos,  iluminados con velas de cera. En el centro del lugar había un capilla moderadamente grande, tenía un tejado con forma circular, cual cúpula, y estaba rodeado por rejas de acero.

Pero algo estaba mal, ya que más de una casa estaba en llamas, pareciera que los pisos estaban regados con sangre, se escuchaba a lo lejos el rugir de alguna bestia desconocida. Definitivamente, algo sucedía en la ciudad.

Un desliz del tuerto lo hizo perder el equilibrio, causando que, al no tener de donde aferrarse, cayera al piso. Fueron varios metros los que cayo, pero había logrado lo que quería, ya estaba dentro de Hemwick. El hombre del parche quedo inconsciente a causa de la caída, solo e indefenso a su suerte, ya que aquella era una noche especial en la ciudad, una particularmente terrible.


Última edición por Necross Belmont el Mar Ene 05, 2016 8:15 pm, editado 2 veces



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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Necross Belmont el Dom Ene 03, 2016 10:57 pm

–Vamos, rápido. Que no podemos estar mucho tiempo fuera.-

Pocos eran los sobrevivientes en Hemwick, menos eran los que se atrevían a salir a las calles cuando la cacería comenzaba. Pero había un alma noble y bondadosa que no se atrevía a dejar que las calles de la ciudad se siguieran manchando de sangre. El padre, como lo llamaban con cariño y respeto los miembros de la iglesia, era una persona tranquila, un guerrero innato, y ferviente luchador de la justicia. En su vigía de la ciudad, junto a Eileen, vieron como un hombre caía desde las altas murallas que protegían Hemwick. -Este hombre debe ser un idiota. ¿¡Cómo es que se lanzó desde esa altura!? Es un milagro que siga con vida.- Ambos, Eileen y Gascoigne, corrieron hacia el lugar donde había caído el hombre del parche, evitando que las bestias cercanas, sedientas de sangre, lo atacaran.

Con una habilidad propia de los cazadores de Hemwick, ambos se abrieron paso entre las bestias, matando a todas las que intentaron atacarlos. Cuando llegaron al lugar donde estaba Necross, lo tomaron de los brazos, y pasando los brazos del tuerto por los hombros, comenzaron a correr, mientras los pies del tuerto se arrastraban y se manchaban con la sangre fresca de la batalla. -Eileen, tu ve y asegúrate de que nadie más este en las calles, y envía a cualquiera que esté en condiciones al cuartel. Yo llevare a este hombre.-  La mujer soltó el brazo del tuerto, confiando plenamente en las capacidades de Gascoigne para cuidarse, y cuidar del hombre. -No te atrevas a morir, amigo mío.-  El padre Gascoigne sonrió con altanería, y se despidió una última vez de Eileen.  

Por todas las calles de Hemwick se escuchaban los aterradores aullidos que las bestias hacían al buscar saciar su sed de sangre. Incluso eran más desgarradores los gritos que hacían sus víctimas. El arma preferida del padre era una gran hacha de batalla, la cual era capaz de usar a una mano, aun cargando el peso del cuerpo de Necross. Más de una vez tuvo que luchar contra las criaturas que aterrorizaban Hemwick, y a todas las derroto. Por medio segundo, el hombre del parche fue capaz de abrir su ojo y recuperar la conciencia, se vio en el piso, tirado, mientras un hombre de gabardina oscura y gorro fúnebre luchaba contra una especie de hombre lobo. Necross no logro resistir, y nuevamente cayo inconsciente.

-//-

-¿Y este quién es?-

-No lo sé, con Eileen lo vimos caer desde la muralla norte. Era notable que quería entrar.-

-¿Qué clase de imbécil intenta entrar en Hemwick durante la noche de cacería?-

-Alguien que no sabe lo que es la noche de cacería…-

Aun dormido, el hombre del parche lograba escuchar y entender la conversación, solo que no reconocía las voces. Lentamente sus sentidos volvieron, y de a poco Necross comenzó a abrir su ojo, bajo un poco la mirada y se vio sobre una cama, intento levantarse, pero un fuerte dolor de cabeza se lo impidió. Gascoigne se acercó de inmediato, para detenerlo. -Tranquilo amigo, no te levantes, no estás bien aún.- Necross intento abrir más la mirada, y reconoció al sujeto, él era el sujeto que vio luchando contra el licántropo.  -¿Dónde estoy?- Pregunto el tuerto mientras intentaba sentarse en la cama. -Estas en Hemwick, bienvenido.- Gascoigne ayudo a que Necross se sentara, y vio en este una expresión que parecía alegría. Y es que el tuerto estaba algo contento, ya que había logrado entrar, la búsqueda de la cura para su hija se hacía más fácil, o eso pensaba él.

Gascoigne:




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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Necross Belmont el Lun Ene 04, 2016 8:03 pm

-¿Qué me paso? No recuerdo nada.-

-Entraste en Hemwick, eso es lo que te paso.-

Un anciano desde el extremo opuesto de la habitación le hablaba al tuerto, se sentían cierto desprecio y enojo hacia Necross en sus palabras. El hombre del parche volteo su rostro con lentitud para observar al sujeto, era un hombre maduro, vestido completamente de cuero, con una gabardina larga como la de Gascoigne. -Te vimos caer desde la muralla norte amigo. ¿Qué hace que un hombre se arriesgue esa manera?- Necross suspiro con tristeza. -Leí sobre una medicina…-

El anciano escupió y Gascoigne sonrió, el padre, se puso de pie, al tiempo que se alejaba de la cama. -Si, la sangre milagrosa. La iglesia nos la entrego como un regalo, es capaz de curar cualquier enfermedad, y sanar cualquier herida. ¿Qué mal te aflige, amigo mío?- El hombre del parche negó con la cabeza. -No es para mí, es para mi hija.- Necross, quien observaba a sujeto que le salvo la vida, noto que este se vio afectado cuando menciono a la niña. -Lo lamento, si te arriesgaste a buscar la sangre, debe  ser tú última alternativa. Si tan solo hubieses llegado un día antes, la iglesia te hubiese ayudado. Pero hoy… hoy es la noche de la cacería.-

Como ya se sentía mejor, el hombre del parche se sentó en el borde de la cama, el dolor en su cabeza aún seguía, pero ya no era tan fuerte. -¿Sangre? ¿Cacería? ¿De qué demonios hablas? ¿Quién eres tú?- Gascoigne volvió a reír,  y el anciano en la distancia volvió a escupir. -Esa medicina que buscas está hecha de sangre, nosotros te dimos un poco para que tus heridas se recuperaran, pero era lo último que teníamos. Yo soy Gascoigne…- -El padre Gascoigne para ti, forastero.- El anciano interrumpió al padre, quien le sonrió con cierta molestia. -Desde que se fundó la iglesia, nos han tratado con una medicina milagrosa, un coctel de sangre mágico…- Gascoigne fue interrumpido nuevamente por gritos en las afueras, había alguien en la calle gritando a todo pulmón, y eso era muy peligroso.

-¡¡Cuando todas las luces caigan del cielo!!
Y una lágrima caiga por la mejilla de sus hermanos…
¡Cuando la luna se esconda detrás del mar!
¡La gran peste vendrá por ti!
La vida de los caballeros, si… esa es para ti.
Las damas si… ellas saben qué hacer.
¡Pero he visto dragones cruzar los cielos!
¡Y he visto el miedo en los ojos de los caídos!
Así que volvamos al a la orilla del mar.
Y te mostrare un mundo amplio y profundo…
¡Y cuando la última estrella caiga en el mar!
¡La gran peste vendrá por ti!
¡Su cadáveres se irán al mar
Todos se irán a la mierda!
La vida se les acabara pronto…
¡Pues sus culos ya están en el cementerio!

El anciano desagradable se asomó por la ventana tímidamente,  le dijo a Gascoigne que había un miembro del clero gritando en las calles. -Discúlpame amigo, pero debo ir a ver qué sucede.- Gascoigne de inmediato se puso de pie, tomo el arma con la cual Necross lo vio luchar, abrió la puerta de la casa, y salió a buscar al sujeto en cuestión; con el anciano desagradable detrás, y cerrando la puerta mientras salía. El hombre del parche a lo lejos podía escuchar como los hombres discutían, pero no lograba entender las palabras. Necross intento levantarse de la cama, pero sentía extraña sus piernas, incluso su mano. Sentía como un cosquilleo dentro de su piel, una picazón molesta, el hombre del parche logro finalmente ponerse de pie, y lo primero que hizo fue enfundar sus armas, las cuales descansaban sobre una mesa cercana.  

Finalmente se acercó a la ventana, y vio que los tres hombres estaban mirando a la distancia, hacia un lugar donde el tuerto no alcanzaba a ver. Y por alguna razón, sus rostros estaban llenos de pánico, algo había que los logro asustar, algo que Necross no podía ver; así que la única alternativa que tenía era salir de la casa,  y averiguar que sucedía.



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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Avaricia el Mar Ene 05, 2016 11:15 am

"La Sangre nos hace humanos. Nos hace más que humanos. Nos hace dejar de ser humanos. Teme la Vieja Sangre."

Existían en Noreth, aún hoy en día, más secretos de los que sus habitantes eran capaces de imaginar. Secretos que Victor Crane buscaba desvelar.
Si se le preguntara a cualquiera quién es Victor Crane, apenas un puñado de personas sabría decir quién era el hombre detrás de aquél famoso apellido. No obstante, si se preguntase sobre su hermano, Alexander Crane, apenas unos cuantos serían incapaces de reconocer al famoso buscador de reliquias y misterios.

Victor Crane, a pesar de no desearle ningún mal, envidiaba profundamente a su hermano. Menor que él por un año de diferencia, Alexander era el reflejo de todo cuanto Victor jamás podría conseguir en la vida. Tenía buena salud, un aspecto que hacía a toda dama voltear la mirada hacia él y una hija a punto de ver el mundo por primera vez, gestándose en el vientre de su hermosa y acaudalada esposa de noble cuna. Si con eso no era suficiente, Alexander era su jefe.

Victor no era un hombre que se preocupase por detalles insignificantes para él, como podría ser su aspecto. Siempre había sido un niño enfermizo, cuya corta y enmarañada melena negra hacía contraste con su pálida tez. Poco se parecía a su hermano, más robusto, de cabello castaño oscuro cuidado y bigote y perilla recortados con precisión de cirujano. Las diferencias no eran solo físicas, puesto que Victor tampoco compartía el carácter gallardo y, en su opinión, sobreactuado de su hermano. No obstante, Victor podía presumir de sobresalir en algo: su capacidad para pasar desapercibido y su astucia para salir de cualquier situación, por complicada que ésta fuera.

Fue su deseo de adquirir la fama de la que gozaba su hermano la que le llevó a seguir las historias sobre una ciudad maldita y su milagrosa sangre, la cual al parecer podía curar cualquier enfermedad e, incluso, retrasar la muerte. ¿Acaso un elixir como aquél no sería suficiente para ganar el respeto que merecía y sobrepasar a su hermano? Quizás incluso pudiera curar los males que achacaban su propio cuerpo.

Pero Victor Crane no estaba solo en su viaje. Su ambición había atraído a algo más, un demonio que le siguió en las sombras y le hablo en sueños cada noche, alimentando su codicia y poseyendo su cuerpo cuando el cazareliquias hizo un pacto con el demonio.

Para Avaricia, no importaba si la ciudad y su milagroso remedio existían o no. ¿Qué interés podía tener el demonio en una medicina para mortales? A él solo le interesaba una cosa: y era Victor Crane… al menos mientras la codicia del hombre le sirviera de alimento.

Tras una larga travesía, la silueta de la joven ciudad se intuyó en la oscuridad. Apenas había luces encendidas en sus calles, según pudieron observar en la distancia. Al llegar ante sus puertas, éstas no cedieron ni un ápice ante el débil empujón de Víctor. El hombre apenas tenía fuerza en los brazos para escalar la muralla destrozada, pero eso cambió cuando el demonio se refugió en su cuerpo, inundándole de energía y confianza en sí mismo. Gracias a ello, llegó al otro lado sin grandes contratiempos.

Pero entonces lo escucharon. Aquél rugido gutural en la distancia. Fue entonces, cuando Victor se paró a observar su alrededor, cuando se percató de que algo no iba bien. En el aire se respiraba un olor a muerte y una tenue neblina ocultaba las manchas de sangre fresca en el pavimento y en las paredes. Victor no se sintió intimidado, había estado en infinidad de lugares peores, o al menos eso era lo que él creía y lo que le dio fuerzas para aventurarse por la callejuela.

Una única farola titilante a su espalda era lo único que guiaba sus pasos entre la oscuridad y la neblina. Cada pisada era más lenta y cuidadosa que la anterior, pues incluso el demonio que se refugiaba en sus entrañas era consciente de la maldad que se respiraba en la ciudad. La farola extinguiendo su luz a su espalda hizo que Victor se girase sobresaltado. Cuando miró de nuevo al frente, los vio.

Varios pares de ojos, rojos como la sangre, le observaban desde la oscuridad del otro lado del callejón y tras él. Sus siluetas eran humanoides, y parecían balbucear algunas palabras entre gruñidos incomprensibles. El primero de ellos comenzó a avanzar, arrastrando su hacha ensangrentada por el callejón. Los demás comenzaron a seguirle.

Victor no se lo pensó dos veces. Corrió todo lo rápido que le permitieron sus piernas, saltando un pequeño muro que separaba aquél callejón del adyacente. Trató de llamar a las puertas de varias viviendas, pero nadie respondía a sus súplicas.

Las criaturas se acercaban, podía escucharlas. No podía volver por el camino del que venía, por lo que su única opción era buscar otra forma de huir de la ciudad. Una lamparita de aceite colgando junto a una de las puertas llamó su atención. La tomó con una mano y desenvainó su espada de acero. Antes de que pudiera volverse y seguir su huida, algo que no alcanzó a ver clavó sus fauces en su hombro, haciéndole proferir un alarido de dolor ante la profunda herida y arrojar el farol al suelo. Éste derramó el aceite ardiente por el suelo, lo que probablemente salvó la vida de Victor, puesto que la criatura se cubrió el rostro con sus peludos y finos brazos, dándole al hombre el tiempo necesario para reanudar la huida.

“Te has metido en un buen lío, Victor… ¿cómo piensas salir de ésta?

-¡Ayúdame! ¡Tienes que ayudarme! ¡¡AYUDAME!!

Al borde de un ataque de pánico, el asma que Victor sufría le impidió avanzar, asfixiándolo por momentos. Si seguía así acabaría muerto, y eso no le convenía para nada al Demonio. Avaricia tomó entonces una decisión: hacerse con el control total de su anfitrión.

Los gritos de Victor cesaron súbitamente. Ahora era el demonio quien, bajo la apariencia del Crane, corría a través de las calles con una antorcha que arrancó sin miramientos de la pared. El cuerpo de Victor estaba débil debido a la herida, y sin duda dejaría de serle útil pronto. Más que eso: era una autentica carga. Las piernas le pesaban, su mano izquierda estaba paralizada por el dolor que, afortunadamente, Avaricia no sentía, y la falta de respiración no tardaría en acabar con él si no se paraba a descansar. El demonio no tenía más remedio: ahora que habían dejado atrás a esas criaturas, abandonó el cuerpo de Victor. Apenas estaba consciente, tendría que cargar con él para continuar… pero Avaricia no iba a sacarle de la ciudad. ¿En qué le beneficiaba eso a él?  

-No puedes rendirte ahora, Victor.-su voz, ahora la de una mujer, trataba de transmitirle ánimos.- Estás cerca, muy cerca de lograrlo. Sé que es duro, pero recuerda todo lo que está en juego.

El hombre, ciego por la idea de superar a su hermano y tener lo que jamás tuvo, apenas pudo asentir con la cabeza. Avaricia hizo surgir dos apéndices de su cuerpo, recogiendo a Victor del suelo y acunándolo entre aquellos “brazos”, continuando el camino hasta salir a una calle más amplia. Allí se escuchaban los gritos de alguien, recitando unos inquietantes versos. Otros dos hombres salieron al paso, sorprendiendo al tullido y al demonio. Llevaban armas, y eso no era buena señal para Avaricia, quien no tendría tiempo para dar explicaciones.

Avaricia jamás entablaba combate si podía evitarlo. Lo que es más, raramente se le veía amenazador o de mal humor. ¿Quién confiaría en él sino? Pero, en momentos como aquél, en el que una decisión rápida había de tomarse, no tenía muchas opciones. El demonio creció en tamaño, variando su masa, proyectando una alargada sombra sobre los tres hombres. De su cuerpo, innumerables apéndices y bocas surgieron y rugieron al mismo tiempo para intimidar a los hombres armados mientras seguía sosteniendo el débil cuerpo de Víctor entre dos de sus brazos.

Los tres hombres huyeron aterrados, pero no había tiempo de regodearse de la victoria. Victor se estaba desangrando, necesitaba algo con lo que vendar sus heridas y dudaba mucho de que fuese a encontrarlo en la calle. Fue el destino quien quiso que se dirigiera a una casa ocupada ya por cierto tuerto…



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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Necross Belmont el Mar Ene 05, 2016 8:12 pm

A paso lento el hombre del parche se acercó a la puerta para salir y ver que sucedía, pero antes de abrirla logro escuchar un poco de la conversación fuera de la casa.  -¿¡Qué demonios es eso!? ¡Jamás había visto una criatura así! Gascoigne, debes irte… vete, por tu niña. – Antes de girar la perilla de la puerta, Necross escucho las últimas palabras del padre, y a su parecer, entendió porque lo llamaban así. -Lo dejo en sus manos, y por favor, cuiden de nuestro nuevo amigo.- El hombre del parche abrió la puerta, y a lo lejos vio como Gascoigne corría. Solo el anciano desagradable, y el sujeto que antes gritaba estaban frente a él, desde las sombras, y detrás del par, una criatura peluda, inmensa, y de grandes fauces, de un mordisco  se comió la mitad del sujeto que gritaba. El anciano que quedaba intento escapar, pero la velocidad no estaba con él,  por ende, la criatura lupina lo tomo del torso, y usando toda su fuerza separo el cuerpo en dos, pintando la casa color sangre.

En menos de un segundo el hombre del parche se había quedado completamente solo, y con una criatura que amenazantemente, y que luego de devorar parte de sus víctimas, se acercaba a él para repetir el proceso. De un rápido movimiento, Necross logro desenvainar a Sherckano, y protegerse de las garras de la criatura. Con ambas manos sobre el mango del mandoble, el hombre del parche intentaba hacer fuerza para alejar los dientes filosos de su enemigo. Y aunque sentía sus fuerzas fallar, extrañamente, y al mismo tiempo, sentía vigor, por alguna extraña razón, pero el efecto aun no llegaba a todo su cuerpo.

Sabiendo que en cualquier momento las fuerzas le fallarían, en un rápido movimiento, Necross soltó la mano derecha, dando un paso hacia el costado, y apuntando la mano libre al rostro de la bestia. Un rayo azulado nació de entre sus dedos, chocando directamente con el rostro de la criatura, esta, en su intento por no perder de vista al tuerto, comenzó a golpear el aire. Uno de los golpes conecto con el mandoble, ya que Necross se estaba defendiendo, y por la fuerza de dicho golpe, el hombre del parche salió volando varios metros.

Fueron varios segundos los que se mantuvo en el aire, y finalmente, al tocar el piso, rodo varias veces. Necross había perdido a Sherckano, pero aquello no era un problema, podía llamarlo nuevamente. La criatura salió de su estado de ceguera temporal, y miro a Necross con odio, corrió hacia él, mientras el tuerto a duras penas intentaba ponerse de pie.

A cuatro patas la bestia corría hacia Necross, quien con la respiración agitada, alzo el brazo izquierdo hacia Sherckano, y el mandoble voló en su dirección. Pero el arma no llegaría a tiempo, y el tuerto no se podía poner de pie aun. Entonces, como tenía ya a la criatura cerca de su cara, Necross golpeo el piso, haciéndolo estallar por su poder eléctrico, lo que sirvió para darle tiempo de ponerse de pie, tomar a Sherckano, y herir un poco a la bestia. La criatura por unos momentos se quejó de dolor, y  se olvidó de Necross, quien aprovechó el momento para reaccionar. El hombre del parche se volteo, y comenzó a correr, no estaba listo para mantener un combate.

A la distancia, Necross pudo ver una silueta humana, y solo atino a gritarle: -¡Corre!- Al tuerto le pareció sorprendente ver a otra persona, después de todo lo que había pasado, y lo poco que Gascoigne le había contado, le era difícil pensar en una manera de salir de la ciudad, pero quizás aquel sujeto tenía la respuesta, quizás era un nativo, no pensó que alguien más sería tan idiota como para entrar en una ciudad sellada.



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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Avaricia el Mar Ene 05, 2016 11:56 pm

Los pasos apresurados de alguien al otro lado de la puerta hicieron que el demonio se apartara, cubriendo con una “mano” la boca de Victor para que no hiciera ruido alguno, pegándose a la pared con la esperanza de pasar desapercibido. Por suerte, el hombre tuerto que salió del edificio tenía la suficiente prisa como para no mirar por su punto ciego y descubrir a Avaricia pegado a la pared estrujando al cazador de reliquias con todos los ojos abiertos de par en par, rezando a Yigionath para que el tuerto no decidiera darse la vuelta.

Deslizó un tentáculo hacia la puerta para evitar que se cerrara, conteniendo un quejido de dolor cuando pilló aquella extremidad, que volvió a ocultarse en el cuerpo de su dueño tan pronto recibió el portazo.

-Las cosas que hago por ti, Victor Crane.


Pasaron al interior de la vivienda con cuidado. Por fortuna, Avaricia serpenteaba por el suelo de madera sin hacer ningún ruido, camuflado en la oscuridad.

-Creo…
-balbuceó Victor, algo más calmado pero igualmente dolorido, llevando una mano a su herida sangrante.- Que aquí termina… mi viaje…

Avaricia no era un ser relleno de líquido rojo brillante, órganos prácticos y sueños imposibles. No era humano, y por tanto no tenía ni idea de cómo detener aquella hemorragia.

-No digas tonterías.-replicó con su voz femenina.- Volverás a casa con lo que andas buscando y tu fama no conocerá límites cuando lleves la sangre milagrosa al resto de Noreth. Imagina, Victor, solo imagina el sonido de la multitud vitoreando tu victoria, agradeciéndote el haber salvado su vida y la de sus familias. ¡No puedes rendirte ahora!

“¡Todavía tengo hambre!” completó para sí mismo.

Victor estaba demasiado débil para responder, pero en su boca ensangrentada se dibujó una sonrisa. Las muchas bocas que Avaricia lucía en aquél momento respondieron a aquella sonrisa.

-Te pondrás bien, ¿o acaso has dejado de confiar en mí?

De nuevo, una sonrisa por respuesta, acompañada de una tos sanguinolenta.

El demonio se asomó por la ventana, desde la cual pudo ver al tuerto en mitad de la calle. Algo les había alarmado, pero no hacía falta ser un dios omnisciente para saber que se trataba de una de las criaturas que infestaban la maldita ciudad. Decidió volver a la calle, pero tuvo una idea.

El cuerpo de Avaricia comenzó a cambiar. Se retorcía, encogía y mutaba como si unas monstruosas manos invisibles lo estuvieran amasando. Estaba intentando crear una figura humana…

… con mayor o menor éxito.

Aún así, gracias a la densa oscuridad y a la neblina de las calles, quienes le observaran tan solo intuirían su silueta humanoide, y aquello podía ser lo que consiguiera salvarle la vida a Victor.

Tenía la apariencia de una mujer, debido a sus curvas. Parecía estar ataviada con ropas harapientas, las cuales no eran sino un intento de burda copia de las ropas que Victor llevaba en ese momento. Por supuesto, todo ello estaba creado con la misma sustacia que formaba el cuerpo de Avaricia, por lo que seguía tratándose de un ser oscuro de inquietantes ojos y bocas apareciendo y desapareciendo sin control ni orden aparente.

Caminando sobre dos piernas que se retorcían de una forma definitivamente no humana a pesar de los esfuerzos del demonio por controlar las articulaciones, Avaricia salió de nuevo de la casa y trató de ir al encuentro del tuerto.

-¡Corre!


El susodicho corría como una centella en su dirección, como alma que lleva el diablo. Avaricia alzó ambas manos, tratando de llamar su atención.

-¡Espera! ¡Necesito tu ayuda!-suplicó sacando a la luz su mejor voz de damisela en apuros.- ¡Se está muriendo! ¡Sígueme, por favor! ¡Está en la casa!

Dicho esto, no se arriesgó a que el tuerto descubriera el engaño al verlo de cerca, volviendo a correr hacia el interior de la casa.

-¡Date prisa!-volvió a gritar, ahora fuera de su vista.

Una vez en la casa, el demonio se ocultaría en el armario sobre el cual Victor apoyaba su espalda, colándose entre las grietas de su madera y amoldando su cuerpo a la forma del mueble.

“Esto me trae recuerdos de cierto árbol…”




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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Necross Belmont el Jue Ene 07, 2016 10:37 pm

Por alguna razón el cuerpo del tuerto se sentía en extremo cansado, ha estado en peores situaciones, batallas más difíciles, pero en ninguna se había sentido tan agotado ¿será el efecto de la sangre que Gascoigne le dio?  Aunque así fuera, Necross no podía detenerse a descansar, pero si volvería a la casa donde despertó, quizás el anciano desagradable logro sobrevivir al ataque de la criatura, y por él pedían ayuda.  

-¡Date prisa!-  Escucho Necross desde dentro de la casa, cuando solo le faltaban unos metros para llegar. El hombre del parche miro hacia atrás, y vio que la criatura, quien a cuatro patas, desesperadamente corría para alcanzarlo. Pero los movimientos de la bestia se veían torpes, al parecer, el ataque eléctrico que el tuerto había utilizado tuvo efecto en la criatura. El hombre del parche entro en la casa, y de inmediato cerró la puerta, la cual se cerraba desde dentro. La bestia intentaba con sus garras abrirla, pero Necross, quien hacia presión desde el otro lado, no se lo permitiría.

Sabiendo que eventualmente la criatura de una u otra manera conseguiría entrar, el hombre del parche pensó en utilizar la última opción que le quedaba, llamar a aquel espíritu oscuro que habita su alma, pedir su fuerza, una vez más. Pero no podía hacerlo aún, ya que si soltaba la puerta la bestia igual entraría, necesitaba tiempo, solo un par de segundos. -¡Tu! ¿Crees que puedas ayudarme a sostener la puerta?- Solo en aquel momento el tuerto se había dado cuenta de la otra presencia, y aunque la casa era pequeña, no habían señales de la mujer que lo llamo.  Pero aquel hombre no serviría para ayudarlo, se veía débil, como si estuviera enfermo.

Necross cerró el ojo, y aun haciendo presión sobre la puerta, espero la inminente entrada de su enemigo.  Pero aquella criatura, en su apuro de sed desenfrenada por sangre, hizo que la antorcha fuera de la casa cayera al piso, lo que causo que pronto el fuego se esparciera sobre los sacos fuera, que servían como trinchera. El fuego era mínimo, pero era lo que necesitaba el tuerto para salvarse. La criatura al ver las llamas comenzó a quejarse con miedo, tal cual como lo haría un perro asustado.

Aprovechando la instancia, Necross salió de la casa, con el mandoble ya desenvainado, y aprovecho que la criatura se cubría el rostro a causa del fuego, entonces clavo el mandoble en el pecho de la bestia, quien estaba de frente. El licántropo aulló de dolor, pero no murió, tomo el filo de Sherckano con ambas manos, e intento acercarse lentamente a Necross, haciendo que el mandoble se adentrara aún más en su cuerpo.  El hombre del parche entonces tomo el arma con ambas manos, e hizo presión hacia un costado, en un intento desesperado por partir en dos a la criatura. La bestia rugió sobre la cara del tuerto, quien de inmediato bajo todo el peso de su arma por el costado izquierdo de la criatura, logrando destruir gran parte de su torso.

La bestia cayó al piso, aún viva, pero sin posibilidades de moverse, se retorcía de dolor, aullaba con desesperación, quizás para llamar a más bestias. Necross cayo con una rodilla al piso, le ardía el pecho, sentía que el aire no le llegaba a los pulmones, y respiraba por la boca, agitado.

Con la mano derecha temblorosa, ajusto nuevamente el mandoble a su espalda, y a rastras entro en la casa, donde una vez más cerró la puerta, y se apoyó en ella. Con la cabeza hacia atrás, y el ojo cerrado, Necross intentaba calmar la adrenalina en su cuerpo, y al mismo tiempo, conseguir algo de aire. -Escuche… escuche que una mujer me llamaba… ¿acaso me volví loco?- Sonrió, le hablaba al otro sujeto en la casa, mas no a la otra criatura escondida, ya que no tenía idea siquiera que alguien más estaba con ellos.

Desde la perspectiva del hombre del parche no parecía que el otro sujeto estaba herido, Necross solo lo veía extremadamente cansado. -Hey, ¿estás bien?- Pregunto, con una mirada de curiosidad, ya que algo mal había con su compañero de casa. Y aunque quería ponerse de pie y acercarse, aun no podía, necesitaba unos minutos de descanso. Necross se levantó el parche, y pestañeo varias veces seguidas, mientras miraba al tejado.



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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Avaricia el Sáb Ene 09, 2016 10:23 pm

No hubo respuesta por parte de Victor a la primera pregunta del tuerto, puesto que no tenía apenas fuerza para girar la cabeza siquiera. El tuerto no vio la herida del mordisco en el rostro de Victor en un primer momento debido a la oscuridad, pero tras un segundo vistazo podría observar no solo la sangre que empapaba el suelo a su lado, sino la herida sangrante que a duras penas alcanzaba a cubrir con su mano izquierda.

“No estás loco, lo cual es una rareza en ésta ciudad maldita.”
dijo la misma voz femenina que el tuerto escuchó. La diferencia era que, ésta vez, resonaba alta y clara en su mente. “Por favor, ayuda a Victor.” Suplicó con una voz de tono preocupado.”He podido salvarlo de las bestias y traerlo hasta aquí, pero no puedo salvar su vida.”

No conocía a aquél hombre, no sabía nada de sus ambiciones y ni siquiera percibía en él la codicia. Si estaba allí, por muy extraño que pudiera parecer, no era por ambición personal. Eso, por fortuna para el demonio, podía cambiar.

La influencia de Avaricia se extendería sin remedio hasta Necross, pues de poca utilidad le sería Victor si acababa muerto. El tuerto no sentiría nada distinto, pues aquella no era una sensación perceptible, sino tremendamente sutil y que se amoldaba a la mente del afectado. No era algo súbito: Necross podía no sentirlo en aquél mismo instante, pero poco a poco, ambicionaría algo. Desearía más de lo que había ido a buscar en la ciudad maldita. ¿Qué sería ese algo? Avaricia no tenía control sobre ese aspecto. Dependería enteramente de su víctima.

“No te asustes, por favor.”
Pidió suplicante de nuevo. “Os ayudaré a conseguir la sangre milagrosa. Para eso has venido tú también, ¿verdad?”

Todo el mundo quiere algo... y, por norma general, están más dispuestos a aceptar a un ser desconocido para ellos como el demonio para obtener el objeto de su deseo. Si el demonio presentía que estaba en peligro, se marcharía sin dudarlo un segundo. Encontraría a otra persona en algún pueblo cercano, o quizás un comerciante o ladrón del camino, y volvería a empezar el ciclo. Aaah... los ladrones daban frutos muy rápido... pero la gente que se consideraba a sí misma respetable acababan produciendo los más dulces.
Off:
Ten encuenta que Avaricia ha usado una de sus habilidades menores con Necross:

Alimentar ambiciones: Avaricia tiene la capacidad de inducir éste sentimiento en las personas, haciéndoles ambicionar más y más. Para ello, debe tener contacto visual con la víctima y solo afectará a una persona a la vez. Ésta habilidad casi siempre tiene éxito, pero su fuerza varía enormemente: una persona podría simplemente guardarse en el bolsillo la moneda que iba a arrojar al sombrero de un mendigo, mientras que otra podría optar por planear el asesinato de su socio para quedarse con todo el negocio.



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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Necross Belmont el Jue Ene 21, 2016 6:27 pm

Aquella voz que resonó en el cráneo de Necross causo que este diera un pequeño salto al escucharla. Se asustó, y se volvió a asustar cuando se dio cuenta que no era Dracul quien le hablaba. -Hey… ¿escuchaste eso?- Le comentó Necross al otro sujeto, buscando con la cabeza el paradero de quien le hablaba. Aquella voz pedía ayuda, algo le pasaba a Víctor, el sujeto tirado en el piso. El hombre del parche se apoyó en el piso con la mano derecha, y se levantó lentamente. -No vine aquí a hacer amigos, ni a convertirme en niñera.-  El tuerto estuvo a punto de voltear y salir de la casa, pero se quedó de pie, mirando la madera de la puerta. Necross respiro profundamente, se bajó el parche, y camino hasta Víctor, finalmente se agacho hasta su altura y le reviso con la vista la herida.  -Tú y tu amiga, deben salir de aquí.- Necross asumió que la voz que escucho era de una conocida de Víctor, aunque aún le parecía extraño el no verla por ningún lado. El hombre del parche se puso de pie, y comenzó a buscar entre las cosas de la pequeña casa.

De una destruida estantería levantaba y miraba frascos,  los abría para olerlos y finalmente se rascaba la cabeza preguntándose si con ello podría aliviar el dolor del hombre en el piso. Sin saber que con aquellos ungüentos aliviaría o empeoraría la situación del hombre, Necross se decidió a cortar un trozo de tela, y con ella apretar la herida de Víctor, es lo único que podía hacer al no tener conocimientos de curaciones.

-No puedes ir conmigo, y no te ayudare a buscar la salida. Esto es lo único que puedo hacer. Lo lamento compañero, pero tengo apuro.- Necross volteo la cabeza, y miro hacia la nada. -Y prefiero hacer esto solo.- Algo había en la casa que lo perturbaba, no sabía lo que era, pero algo en su interior le advertía peligro.  -Lo siento.- El hombre del parche comenzó a caminar hasta llegar a la puerta, la cual abrió lentamente, y asomo la cabeza para verificar que no había nadie en los alrededores.

A medida que avanzaba, lentamente por las calles de Hemwick, Necross se tocaba y movía el hombro derecho; también repasaba con sus dedos los lugares que le dolía, y aunque el dolor y el cansancio lentamente desaparecían, aun no se iban del todo.  A paso lento el hombre del parche seguía explorando las calles de la ciudad, hasta que una valla de acero y una gran reja, negra como la noche, lo invitaron a avanzar al siguiente tramo de Hemwick.  Entonces, el tuerto poso ambas manos sobre la reja, y con fuerza hizo presión para abrirlas, el sonido del metal oxidado hizo un fuerte eco por las solitarias calles.

El remordimiento por dejar a Víctor solo a su suerte invadía por completo la mente de Necross, pero este solo lo ignoraba. Él ya no podía ir arreglando los problemas del mundo, cuando su pequeña estaba entre la vida y la muerte.  No, alguien más debía ser el héroe que el mundo necesitaba.  Por un segundo, y olvidando sus problemas, el hombre del parche se quedó mirando la arquitectura del lugar, algo que realmente le fascino. ¿Cómo es que una ciudad tan hermosa se veía tan deteriorada?  Y aunque la curiosidad le decía que buscara respuestas, la responsabilidad le decía que debía salir lo más pronto y rápido posible de Hemwick. En la ciudad lo único que sonaba era el fuego de algunas antorchas fuera de las abandonadas casas, un eventual y fatídico grito,  y las pisadas del tuerto sobre las calles hechas de roca. Y mientras avanzaba, miraba la destrucción, deterioro, y melancolía del lugar. En más de una ocasión veía carromatos destruidos, al igual que las casas. Incluso había ataúdes reposando de pie a un lado de las casas, estos estaban por alguna razón encadenados completamente. Un escalofrió recorrió la espalda del tuerto al preguntarse el porque eran necesarias las cadenas.  

A la distancia, el hombre del parche logro ver una figura humanoide portando un hacha en la mano diestra,  y una antorcha alzada en la izquierda, parecía que buscaba algo. - ¡Hey!- Grito suavemente Necross, pero al acercarse al sujeto, noto que tenía los brazos extrañamente largos. Sin tomarle la importancia necesaria al asunto, el tuerto se acercó mas. -Hay un sujeto a un par de calles de aquí. Esta herido y posiblemente muera desangrado…- El sujeto de la antorcha se volteo rápidamente, estaba vestido con un traje entero de cuero, una gabardina larga y café, con un sombrero de copa en su cabeza. El sujeto al ver a Necross movió su antorcha como tratando de espantarlo -Aléjate… aléjate de mí bestia inmunda…- En sus palabras no había expresión alguna, pero era notorio que el sujeto estaba listo para atacar al tuerto.  Necross retrocedió, y levanto las palmas en señal de no querer luchar, pero aquel ser seguía, hasta que comenzó a atacarlo con la antorcha, a moverla de lado a lado en un intento por quemarlo. -¡Aléjate de mí!- El hombre levanto su hacha en un claro intento por clavársela a Necross entre ceja y ceja, pero este rápidamente desenvaino la anima negra, y con la parte plana de esta desvió el ataque de su oponente, y junto al mismo impulso, sosteniéndola con ambas manos, hizo un corte en el vientre de aquel sujeto. El tipo de la antorcha retrocedió, solo le habían hecho un pequeño corte en los ropajes, el cuero que traía era resistente, pero de inmediato sintió el frio acero de la anima negra entre sus entrañas El tuerto aprovecho el descuido de su enemigo, y de inmediato clavo la punta de su bastarda por el agujero en los ropajes de su oponente.

El sujeto de la antorcha no murió, pero si se dejó caer de rodillas al piso, soltando la antorcha, y apretando la herida en su vientre. -Sucias criaturas… todas morirán, todas…- Necross limpio la sangre de su espada con un corte al aire, y nuevamente la envaino. Se quedó mirando al sujeto de rodillas, quien con la mirada pérdida movía la cabeza lentamente, de lado a lado.

-¿Qué demonios está sucediendo aquí?-



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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Sheoldred el Miér Feb 10, 2016 4:45 pm

Hacía un par de lunas que Sheoldred pudo terminar el último encargo que su ama le había encomendado, había ido a reclamar la vida de un viejo minotauro que vivía en las orillas de StorGronne, su trabajo había sido ligeramente sencillo, los minotauros tenían fama de salvajes y creían que el más fuerte debía guiar a la manada, así que cuando Sheoldred dio con su objetivo pudo fácilmente desafiar al minotauro, aquel antropomorfo no pudo y no quiso rechazar tal reto, estaba mas que seguro de su rotunda victoria, pero no contaba que la aracne fuese de las criaturas menos honorables en batalla, las trampas y engaños de la araña había sido efectivas más aún cuando la tejemuerte usaba su seda para inmovilizar a su oponente, el combate ya estaba decidido antes de haber empezado, un simple tajo rápido y fuerte de la claymore separó la cabeza vacuna de su enemigo, cuando el cuerpo medio enredado y ya sin vida azotó en el piso una especie de humo escapó del cuerpo y se introdujo como si fuese un espíritu en la espada de la tejemuerte. Así lo recordaba la araña aquella noche, hasta que se apareció Kiara, la diosa estaba de pie frente a su heraldo, miraba con satisfacción a su representante.

-Lo has hecho bien Sheoldred, estas a medio camino de saldar tu deuda, y mi palabra es divina-

-Sólo dime a donde debo ir, quiero terminar tu trabajo y continuar mi vida- respondió la tejemuerte un poco enojada y de mala gana.

-Por eso te escogí, se que harás tu trabajo- Kiara notaba la irritación en la aracne así que no la hizo esperar, la diosa estiró su mano a modo de esperar a recibir algo, Sheoldred colocó su mano derecha sobre la mano de la diosa, Kiara colocó encima su otra mano, una tenue luz iluminó de color púrpura la mano de la tejemuerte, Kiara apartó sus manos de la araña y sin decir más se alejó y desapareció entre la noche.

Cuando Sheoldred miró su mano ya tenía tatuada en ella una brújula mágica, que apuntaba hacia su nuevo objetivo.

La araña tenia un dia completo vagando las tierras corruptas de StoreGronne, sabía que era peligroso caminar sola en aquel lugar pero la prisa era más importante y no quería rodear el bosque para su mala suerte la brújula de Kiara le apuntaba justo al otro lado así que no tenía elección.

Sheoldred corría a todo lo que sus patas antropomorfas daban, el terreno boscoso y frío de StorGronne era de lo más peligroso, en cualquier momento una bestia podía atacar sin previo aviso y en un abrir y cerrar de ojos la vida de la tejemuerte terminaría sin que nadie lo supiera, en el anonimato y sin pelear. A unos metros detrás de ella unas bestias le perseguían, eran muchas para poder contarlas de una mirada, en esos momentos la aracne no tenía opción, correr era su única esperanza o mejor dicho su única opción. Cuando la aracne creyó que había dejado atrás a las bestias bajo un poco la velocidad, iba volteando de vez en vez para asegurarse que no la siguieran hasta que en un momento de distracción una de aquellas bestias salto de entre los árboles, Sheoldred solo pudo recibir su hocico con las manos deteniendo los intentos por morder de la bestia, forcejeaban los dos, estaba claro que si el combate proseguía más tiempo los demás compañeros del engendro llegarían y la araña terminaría siendo carroña. La tejemuerte rocío de lleno a la bestia con su seda, poco a poco su enemigo iba perdiendo movilidad, primero su brazo derecho fue atrapado, después su boca que lanzaba mordidas fue obstruida, cuando el brazo que le quedaba suelto tocó su cara ahí mismo fue atrapado, el resto del cuerpo fue fácil de hacer el capullo, un par de giros y el trabajo estaba listo, cuando la aracne término estaba jadeando fuertemente, el haber forcejeado con la bestia le había causado un cansancio enorme, Sheoldred tomó su lanza y la clavó rápidamente en el capullo que estaba tirado en el suelo.

La tejemuerte levantó su puño derecho para ver que tanto se había desviado de su curso, la punta de la brújula mágica apuntaba al noroeste, Sheoldred giró despacio hasta que la punta estaba en dirección norte y continuó su camino, a la distancia escuchaba como las bestias intentaban encontrarle, no estaban muy lejos, quizá los separaban unos veinte metros o menos pero en la espesura y oscuridad del bosque era suficiente para poder esconderse, Sheoldred miró su abdomen arácnido y se lamentó al mirarlo, en ese momento el torso artrópodo comenzó a perder tamaño y forma, la cola con aguijón de escorpión desapareció y su cara se despejo de la piel oscura y dura de araña para dar paso a la cara de una joven, su piel se tornó más clara y su cuerpo ahora desnudo era casi el de una humana, Sheoldred tomó un trozo de su seda que envolvía el cuerpo tirado y con él se amarró a la espalda su espada y lanza, volvió a mirar su brújula tatuada a la piel que aún apuntaba al norte y comenzó a trotar en aquella dirección.

Sheoldred se abrió paso lentamente entre las ramas del bosque, a pesar de haber caminos cerca la tejemuerte se había acostumbrado a hacer su propio camino, no era la más sabia pero estaba segura que la distancia mas corta entre un punto y otro era la línea recta así que siempre caminaba con su brújula apuntando al frente, así caminó unos cientos de metros hasta que vislumbro a lo lejos una ciudad, una muralla oscura y medianamente alta, la mujer araña sonrió de satisfacción, y siguió su camino, estaba segura que su objetivo se encontraba en aquella urbe.

Cuando Sheoldred llegó a la urbe noto los ruidos del caos que había en el interior, gritos de gente que seguramente moría en aquel instante, ruidos del fuego que ardía en las casas, la aracne sabía que entrar por las puertas no era la mejor idea, miro las murallas y vio en ellas un puesto de vigilancia alto y en apariencia solitario, volteo a sus espaldas para asegurarse que nadie ni las criaturas le seguían y comenzó a trepar las paredes, sus manos y pies desnudos se adherían fácilmente a la fría piedra de las murallas, no tardó mas de unos minutos en subir y ver que las mismas bestias que antes le habían atacado estaban en la ciudad esparciendo el caos.

Sheoldred se quedó observando la ciudad un momento mientras al mismo tiempo miraba como se movía su brújula hacia el oeste, “Seguramente está moviéndose de lugar” pensó la aracne. Justo cuando Sheoldred se dispuso a avanzar, a lo lejos en una de las callejuelas que podía ver claramente a la distancia un humano acababa de matar con un poco de maestría a una de las bestias, Sheoldred volvió a mirar su brújula tatuada, afortunadamente aquel humano no era su objetivo, la aracne miró detenidamente al humano, seguramente el lugar estaba infestado de las bestias y si aquel humano podía combatir le seria de mucha ayuda. La tejemuerte volvió a mirar su tatuaje, esta vez estaba quieto en dirección oeste, Sheoldred no perdió más tiempo y comenzó a bajar en dirección al humano, apoyó un pie desnudo sobre la pared vertical y como si bajara una pendiente camino hasta llegar abajo, cuando estuvo en el piso se vio rodeada de casas no había pensado en ese ligero detalle, tenía que atravesar todas las calles y casas de la ciudad para dar con el tipo antes de que alguna bestia le matase, tomó su espada en mano y comenzó a caminar lentamente y vigilando sus espaldas y brújula a cada minuto.

Sheoldred camino un par de calles, aun con mucho cuidado y vigilando sus espaldas era imposible no toparse con las bestias, en una esquina la aracne había caminado sin cuidado, dejándose ver a la vista de los monstruos, las bestias no tardaron en reaccionar y casi al instante pegaron carrera hacia donde estaba la tejemuerte, Sheoldred se quedó helada al ver como las bestias corrían a cuatro patas directo hacia ella, dio un par de pasos torpes hacia atrás hasta chocar con una pared de una casa, cuando vio que la bestia más próxima a ella se encontraba en el aire cayendo sobre ella solo pudo empuñar con ambas manos la claymore y esperar a que se enterrara de lleno en el abdomen. La espada atravesó por completo y de lado a lado el cuerpo de la bestia que daba sus últimos intentos por morder como si fuera por instinto o reflejo, Sheoldred estaba derrumbada con el cuerpo sobre de ella intentando empujar el cuerpo y reincorporarse, estaba tan ocupada en pararse que había olvidado a la segunda bestia, apenas pudo reaccionar a la embestida, esta vez su enemigo no fue apuñalado, la aracne estaba de pie a un par de metros de la bestia, ambos caminaban en círculos cuidándose de la distancia y esperando el momento preciso para atacar.







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