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La reina de los condenados.

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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Necross Belmont el Jue Feb 18, 2016 1:55 am

El sujeto de la antorcha cayó de costado al frio piso de la ciudad, y allí comenzó a convulsionar erráticamente, mientras el hombre del parche solo se dedicaba a observar la escena. A los pocos segundos, el sujeto de la antorcha dejo de moverse, al parecer, había muerto por fin. Y aunque la noche parecía tranquila por fin, Necross sintió súbitamente un dolor en su cabeza, luego un retorcijón en su estómago, y a los pocos segundos, estaba de rodillas vomitando sobre el frio piso de Hemwick.

Poco duro el acto del tuerto, y para cuando este termino de vomitar, se quedó mirando el piso, pues un manchón de sangre reemplazaba lo que sería el vómito. Entonces Necross comenzó a tocarse el torso, a buscar alguna herida abierta, no encontró nada ¿lo habían herido internamente entonces? No se sentía mal, ¿entonces porque vomito sangre? En ese momento el hombre del parche recordó las palabras de Gascoigne, pues él había sido tratado con la misteriosa medicina de Hemwick. -¿Mi cuerpo está rechazando la medicina?- Se preguntó sin hablar, mientras se ponía de pie, y se limpiaba la boca.

Sin saber muy bien dónde ir, o que hacer, el tuerto regreso sus pasos, pero solo logro avanzar un par de calles, pues caminaba en la dirección donde más gritos se oían. Si alguien seguía vivo, si él llegaba a tiempo, quizás podría tener una mejor idea de lo que pasaba en la ciudad. Y  los gritos eran abundantes, pues cada cierto tiempo, el rugido de una bestia mataba el silencio sepulcral de Hemwick.

El hombre del parche desenvaino el mandoble, y con el arrastrándolo sobre el piso, comenzó a caminar en la dirección que venían los rugidos,  pues no podía simplemente ir desarmado. El olor a sangre, fuego, cuerpos podridos, era notoriamente pesado en aquella parte de la ciudad, era asqueroso sentir el olor a muerte por donde se caminase, pero aun así, el hombre del parche continuó, pues sabía que no podría seguir vivo si estaba solo. Necesitaba ayuda.

Pero al pasar por una casa, la cual fuera de la puerta principal tenía una lámpara de vela, con un extraño brillo violáceo, alguien le hablo. Uno de los sobrevivientes en su interior alcanzo a hablarle al tuerto antes de que se alejara. -¡Hey, amigo! ¿Es usted uno de los cazadores también?- Necross se acercó a una abarrotada ventana, donde una tenue luz en su interior le hacía entender que dentro de la casa alguien habitaba… había un sobreviviente. -Tu gabardina de cuero me confundió, pero veo que no eres un cazador. Soy Gilbert, un forastero como tú. Supongo ya has disfrutado de la ciudad, Hemwick tiene una manera especial de tratar a sus invitados.- El hombre del parche intento ver a través de la ventana, pero esta estaba cubierta por una cortina de tela, y difícilmente se veía la silueta de Gilbert en el interior. -Realmente… no es que quiera estar aquí, pero no tengo otra alternativa, así mismo… Gilbert comenzó a toser fuertemente. -Estoy… estoy dispuesto a ayudar.- Necross continuo buscando alguna manera de mirar el interior sin perturbar la cortina, pero no logro nada. -Estoy buscando la famosa medicina de la ciudad… la necesito.-

Un silencio momentáneo dejo al tuerto con dudas ¿sabrá este hombre donde buscar aquella medicina? -La sangre si… amigo, esta ciudad esta maldita, cualquier cosa que obtengas de aquí, te hará más daño que bien.- Gilbert suspiro, antes de continuar. -Realmente no sé nada sobre la medicina, más allá que está hecha de sangre. Pero si es sangre lo que buscas, deberías ir a la iglesia de la sanación.  La iglesia controla todo el conocimiento sobre la sangre, y sus variaciones. Los ciudadanos normalmente son recelosos con la información pero hoy… esta noche, es la noche de caza, quizás esta sea tu única oportunidad para entrar en la iglesia.- Con ya un objetivo en la mente, el hombre del parche agradeció la ayuda del misterioso Gilbert, quien seguía tosiendo fuertemente, detrás de la cortina. -Gracias amigo… mi nombre es Necross, y realmente agradezco toda esta información.- Gilbert rio detrás de la cortina, antes de volver a toser. -Fue un placer, si llegas a encontrar a los cazadores, a quienes intentan luchar contra las bestias de fuera, ayúdalos… Y si encuentras la sangre, y tienes un poco de sobra… pues, no me molestaría aceptarla.- El misterioso hombre comenzó a reír jovialmente, pero sus risas rápidamente se vieron interrumpidas por la toz.

Al escuchar los rugidos de las bestias, el hombre del parche corrió en su dirección, pues parecía que con alguien estaban luchando, y si lograba conseguir más información podría salir antes de aquella maldita ciudad. Corrió varias calles, siguiendo el sonido de las bestias correr, al parecer, seguían a alguien. Y fue allí que la vio, una aparente fémina, casi desnuda, corriendo de dos criaturas. Pero aquella mujer era hábil, pues aun dentro del peligro supo deshacerse de una de las bestias. Quizás estaba herida, y por ello, el hombre del parche estaba dispuesto a ayudarla, ¿sería ella uno de los cazadores que Gilbert le comento?  Quizás no, pero alguna razón debe tener para estar en la ciudad, y si es la sangre milagrosa, podrían ayudarse entre sí.

El hombre del parche estaba escondido detrás de una pared, mientras observaba a pelea, pues esperaba el mejor momento para actuar. Y cuando la criatura le dio la espalda, pues estaba caminando en círculos, manteniendo la distancia con la mujer, Necross corrió lo más rápido que pudo, y levantando el mandoble se lo clavo de lleno. Pero los hijos de Hemwick no eran tan fáciles de derrotar, no, pues la criatura de inmediato se volteo al tuerto, quien logro resistir las zarpas filosas que intentaron atravesarlo, poniendo como defensa al mandoble.  Con los dos puños hacia adelante, sosteniendo el mandoble hacia arriba, Necross intentaban resistir la fuerza de su oponente, pues aunque herido, no parecía disminuir en su ira. El hombre del parche dio un paso hacia atrás, haciendo que la criatura cayera por el peso de la fuerza ejercida anteriormente. Necross aprovecho aquel momento para clavar la punta del mandoble en el vientre desprotegido de la criatura, causando que el filo de Sherckano saliera por la herida que antes el tuerto le había hecho en el vientre.  

El ser licano sufrió de unos cuantos espasmos antes de morir del todo, pero antes de preguntar por el estado de aquella mujer, su nombre, sus razones para estar allí, Necross dijo: -Debemos alejarnos, es probable que todo este ruido atraiga a mas bestias.- Ella se veía sorprendida, y no era para menos, pues el tuerto había aparecido de la nada, ella seguía en posición defensiva.  -¿Que ha pasado aquí? ¿Dónde están todos?-  Amenazo la mujer, pues la punta de su espada apuntaba al cuello del tuerto. Pero Necross no respondió, ya que su atención estaba más allá de los edificios, mas allá de la mujer amenazándolo.  A la distancia, el tuerto vio una gran estructura, una catedral enorme, inmensa, y preciosa; casi al final de la ciudad. Supuso que aquella debía ser la iglesia de la sanación. Y sin la más mínima preocupación, Necross paso a un lado de la fémina, yendo hacia la dirección que antes estaba mirando. -¡Vamos! ¡Es peligroso seguir aquí!- Comento antes de comenzar a correr, y notando que la fémina iba detrás de él, corrió más rápido, por fin había conseguido ayuda.

Aunque una visión un tanto aterradora detuvo su carrera, al llegar a la plaza principal de la ciudad, el hombre del parche vio que un grupo de gente, esta miraba como un cuerpo crucificado era quemado. El cuerpo del pobre diablo que se quemaba era grande, parecía un humano, pero sus brazos y piernas eran mucho más largos de lo normal, su boca estaba estirada hacia adelante como un can, y cabello cubría casi la totalidad del cuerpo. Y mientras el cuerpo se quemaba, tres personas miraban tranquilamente, a primera vista parecía que ellos habían crucificado y quemado al sujeto. Necross desde su escondite, pues estaba detrás de una pared, pensó en pedir indicaciones a aquellas personas.

Primero salió de la pared, con las manos en el aire, para demostrar que no tenía malas intenciones. No alcanzo a decir ni media palabra, pues aquellos sujetos con solo ver al tuerto se lanzaron a atacarlo. -Alto… por favor, solo quiero respuestas…- Rogó Necross, pero al ver que los tres sujetos no se detenían, ni bajaban sus hachas,  se vio obligado a desenvainar el mandoble.  Con un corte horizontal el hombre del parche ataco a uno de sus oponentes, este se defendió con su hacha, pero la fuerza del ataque le hizo daño de todas maneras. El cuerpo enemigo voló un par de metros, y no se volvió a levantar. Aún quedaban dos enemigos.

off:
Hallo, pensé en dejar el resto de la pelea en tus manos. Los enemigos son poco inteligentes y débiles. También, si le preguntas al tuerto lo que sabe, te comentara que anda buscando una medicina fabricada en Hemwick, pero no sus razones, y lo que Gilbert le dijo, lo cual está en el mismo post.



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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Sheoldred el Lun Feb 29, 2016 10:11 pm



El hedor a muerte en el lugar era agradable al olfato de la tejemuerte, aquel aroma hacia mas peligrosa a la araña, era una buena forma de despertar sus instintos asesinos cuando su forma Horige dominaba, Sheoldred mantenía su vista fija en su oponente, no tenía otra cosa en mente,lentamente daba pasos cruzados hacia la derecha, tenia en manos su claymore lista para bajar en un segundo y partir en dos al lupino que le amenazaba de lejos, la araña enseño los dientes, no eran los mas aterradores pero liberaba un poco la tensión del momento, el lupino se paro en sus patas traseras dando un par de pasos al frente y levantando su brazo derecho para rebanar a la aracne, Sheoldred apretó mas el mango de su arma pero no pudo siquiera intentar un tajo, el lupino tenia una espada enorme clavada desde atrás atravesando su cuerpo de lado a lado. En menos de unos segundos el hombre que había avistado desde la muralla había exterminado al licántropo rematándolo en el piso. La aracne vio como el cuerpo de la bestia se retorcía unos segundos hasta quedar completamente quieto e inerte en el frío suelo.

Sheoldred examino de pies a cabeza al humano, era dificil creer que un humano enclenque pudiese ser de ayuda, para la araña solo otro antropomorfo era un digno compañero, la tejemuerte levantó su espada apuntando al cuello del humano pero a este pareció no importarle, el solo ignoró la amenaza mientras buscaba con la mirada algo más importante pues además de ignorar su espada se reservó su respuesta. La tejemuerte no estaba segura de que pasaba, la experiencia le decía que no confiara en nadie pero en aquel momento eso no era de ayuda, la aracne solo imito al humano y le persiguió en una cautelosa uida del lugar, sheoldred se percato que la dirección que corrían era en busca del edificio grande y de arquitectura adornada, lo que los humanos comúnmente llamaban templos o iglesias. la araña tenía muchas dudas.


-¿Hacia dónde vamos?- preguntó sheoldred al tipo del parche, su voz se entrecortaba por el esfuerzo en mantener el paso y el trote del humano.

-Ese edificio de alla, el grande y ostentoso-  respondió el tuerto mientras apuntaba con una mano hacia un templo enorme.

-¿Qué harás al llegar, si se puede saber?- volvió a interrogar la araña un poco más interesada en el destino.

-La famosa medicina de Hemwick-  respondió tajante el hombre.

-¿Qué es tan importante como para arriesgar la vida?- añadió la araña casi sin aliento

-Eso no es de tu incumbencia-  el tuerto no parecía darle importancia a las interrogantes de la tejemuerte, sheoldred no hizo mas preguntas, solo siguió corriendo detrás del humano.

Cuando ambos llegaron a una especie claro en un bosque de piedra el hombre se detuvo, en la plaza más humanos parecían quemar algo, en un principio la tejemuerte no pudo notar que era lo que ardía en las llamas, pero poco a poco mientras caminaba paso a paso para acercarse hasta estar a un lado del tuerto fue como noto lo que se quemaba, otro humano, un humano de gran tamaño y extrañas proporciones. Sheoldred no tardó en notar que era otra de las bestias, al mismo tiempo su mano comenzó a acercarse lentamente hasta donde su lanza estaba colgada por la espalda, sabía que la situación no sería del todo amigable, el tuerto un poco más confiado levantó las manos,
«¿Qué haces idiota?» pensó la tejemuerte pero cuando quiso reaccionar ya era demasiado tarde, los sujetos lo habías escuchado acercarse y solo con verlo habían pegado carrera hacia el humano y ella, la araña dio unos pasos hacia atrás instintivamente.

Sheoldred no sabia que hacer, tomó la lanza que ya estaba en su mano derecha, la tenía lista para arrojarla cual jabalina, hecho el cuerpo hacia atrás solo un poco y con un par de pasos al frente logró coger impulso  y arrojar su lanza de hueso con algo de torpeza, la puntería y estilo de la tejemuerte no eran las mejores, su lanza había pasado solo unos centímetros a la derecha de la cabeza de su acompañante y se había incrustado en el hombro de uno de los humanos tumbandolo y haciendo que se retorciera del dolor, el tamaño de la lanza hacia que la víctima no pudiese pararse y tampoco dejaba que la retiraran sin ayuda de alguien más.

La aracne que ya tenía desenvainada la espada de su diosa recibió con fuerza el ataque del último sujeto, para su mala suerte se distrajo al ver como el tuerto había logrado acabar fácilmente con el primer enemigo y su rival había aprovechado aquel descuido para propinarle un golpe directo en la cara, sheoldred casi caía noqueada, se llevó la mano a la boca y miró su sangre, el sujeto le había abierto un labio.

La aracne se abrió la capa dejando ver su cuerpo humano casi desnudo, todavía no quería mostrar que no era humana pero la capa comenzaba a estorbarle, se quitó la capucha de la cabeza dejando ver sus cuernos sin forma definida.
-Ataca tonto- dijo sheoldred mientras se ponía en guardia y provocaba con la mirada al último sujeto en pie, -Toma la hacha de tu amigo, veamos si te sirve mas que a él- el sujeto que al principio estaba desarmado tomó el arma y se postró frente a la tejemuerte, se acomo el mango entre las dos manos y cargó contra sheoldred, la aracne que nunca le gusta perder contra un humano hizo prácticamente el mismo movimiento pero esta vez sin estrellar su espada contra la hacha de su rival, la aracne se quedó quieta un momento tratando de presumir aquel movimiento al hombre del parche.

La aracne camino hasta donde el último tipo con vida yacía atrapado por la lanza, tomó su espada con ambas manos y de un solo tajo separó la cabeza del cuerpo, sheoldred espero un par de segundo viendo el cuerpo del sujeto al que había decapitado pero no pasó nada, el humo blanquecino que salía del los cuerpos y entraba en la espada no se hizo presente en esa ocasión.

Sheoldred miro al tuerto
. - Ahora si dime lo que sabes, no pareces sorprenderte mucho al ver qu estas personas atacan asi sin nada mas- pregunto la aracne.

El tuerto miró nuevamente hacia la catedral que apenas se podia ver entre las casas.

-No lo se, no soy de este pueblo, un tipo me dijo algo de una cacería pero no se a que se referia, no me quede a preguntar detalles, ahora si me disculpas debo ir a aquella iglesia, la medicina que busco debe estar ahí- respondió el humano mientras volvía a caminar tratando de llegar a la iglesia.

Sheoldred vio cómo se alejaba, no sabía bien qué estaba pasando en la ciudad y su brújula oportunamente marcaba la misma direccion que el humano seguía, no tenía opción, si quería cumplir su misión el humano seria de mucha ayuda, la aracne no perdió más el tiempo y volvió a perseguir el caminar del tuerto

Spoiler:
Solo mate a los dos tipos y platicamos un poco acerca de la ciudad, no le modifique mucho a lo que tenias, si algo hay que corregir dime,







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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Necross Belmont el Vie Mar 25, 2016 11:28 pm

-Sigo escuchando sobre la noche de cacería, pero no sé lo que realmente signifique. Hay algo en esta ciudad, algo que no logro comprender.-

El hombre del parche decidió caminar al lado de la fémina, pues de alguna manera quería compartirle el conocimiento que hasta el momento tenía, le conto sobre Gascoigne, el tipo moribundo, los licántropos, Gilbert, la medicina, mas no la causa para que él la buscara. -Por cierto, soy Necross. Y no es necesario que sigas el mismo camino que yo, aunque claro, mientras más seamos más posibilidades de ver un nuevo día tendremos.- Lo más sabio era seguir en grupo, pues las bestias de la ciudad son feroces, y rápidamente un guerrero solitario podría ser sobrepasado por ellas.

Por todos lados se escuchaba el sonido de combates, gritos humanos que parecían luchar contra las bestias, armas de fuego disparadas por todos lados, pero aun así, no se veía señal de los llamados cazadores. Dentro de la calma del momento, el hombre del parche noto con mas detalle a su compañía. La fémina no llevaba protección alguna, de hecho estaba casi desnuda, por ello no podría ser oriunda de Hemwick. Pero que solo lleve armas y cero protección le causaba intriga a Necross, sin duda, había algo que aquella mujer ocultaba, pero quizás lo mejor sería no preguntar, por el momento. Al doblar en una calle, pues el camino directo a la iglesia estaba bloqueado, el par vio a un hombre, al parecer cuerdo, luchar contra lo que parecía ser un común campesino, pero de nuevo las distintivas marcas de licantropía se notaban en él. Tenía los brazos alargados, sobre exceso de cabello, y la boca estirada hacia adelante. Pero el hombre que luchaba con el campesino era diestro en combate, su arma se asemejaba a un hacha, con dientes en la extensión de su filo.

El hombre de un rápido movimiento clavo su arma en la cabeza de su enemigo, la sangre broto del cráneo en demasía cuando el desconocido retiro el hacha dentada. Nuevamente el tuerto salió de su escondite, el cual fue la pared de una casa, pues necesitaba hablar con el desconocido. Necross salió con las manos alzadas, ya que no quería aparentar hostilidad, ya con mejor visión, pudo ver con más detalle al sujeto. Este llevaba una gabardina larga, la cual le llegaba hasta el inicio de las botas, parecía que portaba sobre su pecho una armadura de cuero endurecido, su mentón era cubierto por una bufanda, la cual la tenía sobre la nariz, y sobre su cabeza una especie de sombrero de cazador, del hombre solo se veían los ojos.



-¿Qué haces fuera? ¡Vuelve a tu hogar de inmediato!- Necross siguió caminando con las manos arriba, y con la derecha, sin voltear, le hacía señas a su compañera para que se acercara. -Soy forastero, entré en la ciudad en busca de refugio…- El tuerto bajo las manos, pues aquel desconocido no lo atacaría. -Grave error mi amigo, ¿sabes algo de lo que sucede aquí? Es notorio que tienes como sobrevivir, pero busca refugio hasta mañana,  la noche de cacería recién comienza.- El hombre del parche le hizo un par de preguntas al desconocido, pues conociendo lo que pasaba tendría más posibilidades de sobrevivencia.

El sujeto, quien se hacía llamar así mismo como “cazador”, explico de qué se trataba la famosa noche de cacería. El cazador relato que desde hace un tiempo los habitantes de la ciudad cayeron bajo una extraña enfermedad, sus síntomas no pasaban, en un comienzo, de una fuerte fiebre, pero con el tiempo esto fue cambiando. Cada noche se reportaban más ataques a la noble gente de Hemwick, hasta que desde hace un par de meses los pacientes enfermos se convirtieron en bestias peludas, parecidas a los licántropos. Fue allí que un grupo de personas crearon el gremio de cazadores, bajo la supervisión de la iglesia, pues necesitaban una fuerza combativa para mantener con vida a los pobladores. Una vez al mes se celebraba la noche de cacería, la cual servía como freno ante el aumento desmesurado de las bestias.  -La iglesia está haciendo todo lo posible por encontrar una cura, nosotros creíamos que la sangre sería la solución, pero esta no parece tener efecto en la gente ya infectada con la licantropía. Nosotros, los cazadores, somos simples civiles que decidieron defender su tierra, así mismo, nuestra gente decidió cerrar la ciudad, ya que así las criaturas no destrozarían otros lugares… no tengo idea de cómo entraron, pero lamento que lo hayan hecho.-

El cazador pidió disculpas pues debía retirarse, no hizo pregunta alguna sobre el porqué los forasteros estaban en la ciudad, pero sí hizo una petición antes de perderse en la noche. -Si encuentran a algún sobreviviente, si conocen a alguien que no esté contagiado pero siga vivo… díganle que vaya a la capilla de Loyce. Allí estarán seguros.- El cazador se despidió, y comenzó a correr en dirección opuesta a los forasteros.

-No es necesario que me sigas Hörige…- El tuerto nombro con duda la raza de la mujer. -Yo seguiré adelante, debo llegar a la catedral. Si los libros eran ciertos, esta es mi única oportunidad para…- Necross quedo en silencio, pues pensó que no era necesario contar porque estaba allí. Y a paso lento, el hombre del parche le dio la espalda a la fémina, pues él debía continuar, así sea solo o con compañía. Los edificios de Hemwick parecían acercarse, eran inmensos, y Necross no podía evitar preguntarse como una ciudad tan prospera término de tal manera. Había algo maligno dentro de la ciudad, sin duda, y no eran las bestias que acechaban las calles, había algo más, tenía que haber algo más.

Y mientras se acercaba a la catedral, el hombre del parche se fijaba en las casas, en más de una ocasión golpeo y pregunto si había alguien dentro, pero nadie respondió. Y lo hacía pues durante el terror de la cacería alguien podía necesitar ayuda, se puso en los zapatos de los pobladores, pensó en como seria si Nadine estuviera atrapada en aquel lugar, si alguien podía ayudarla, aunque sea con un consuelo, o un poco de información, sería suficiente.

Logro caminar por tres calles sin detenerse, y solo lo hizo porque vio una tenue luz dentro de una de las casas, la única luz en todo el barrio.

-¿Hola? ¿Hay alguien?- Pregunto en voz baja el tuerto, pero no hubo respuesta. -Sé que hay alguien, vi la luz. No quiero hacer daño, solo tengo información de dónde encontrar refugio.- La luz que otrora vio el tuerto se apagó apenas dio los primeros pasos acercándose a la casa. -¿Es usted un cazador?- Desde el interior de la casa se escuchó una voz femenina, joven, una niña. -No… no lo soy, ¿estás sola pequeña?- La niña dudo un momento antes de continuar. -Si… padre esta con los cazadores, pero se tardó mucho en volver así que madre fue a buscarlo. ¿No ha visto a padre o a madre señor?-  La niña abrió levemente la cortina que escondía el interior de su casa, de ella se pudo ver la mitad de su rostro entristecido, y un broche precioso sobre su camisa. Necross no respondió la interrogante de la niña, pues le hizo una pregunta, cuál era el nombre del padre de la joven. -Gascoigne…- Dijo la niña, y Necross, quien estaba arrodillado frente a la ventaba, dio un salto de alegría. -¡Si lo conozco! ¡Él está bien, viene en camino pequeña!- La joven abrió la cortina completamente, y el hombre del parche le sonrió. La joven, de rubios, largos, y ondulados cabellos, cambio su rostro de tristeza por una alegría infinita.  -Cuando llegue, dile que vaya a la capilla de Loyce, pues ahí hay refugio. Por ahora mantén las luces apagadas y escóndete, él llegara pronto.- La joven hizo caso de inmediato, cerro las cortinas, y desde dentro le pidió un último favor al hombre del parche.

-Por favor, si ve a  madre, ¿puede decirle que se apresure? Estoy sola y tengo miedo… Ella tiene mi cabello y un vestido rojo, la reconocerá enseguida. Y si la encuentra, entréguele esto, es la canción favorita de  padre.- La joven a través de la ventaba, le entrego una caja musical a Necross.  -¡Muchas gracias señor! ¡Lo quiero tanto como a madre, padre, y al abuelo!-

El hombre del parche sonrió, se puso de pie, y siguió caminando en dirección  a la catedral.



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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Necross Belmont el Mar Mayo 16, 2017 7:50 pm

No dejen que nadie se acerque a la iglesia. Nuestros líderes nos han dicho que hoy termina para siempre la noche de cacería, ¡protejan a sus hermanos hasta el amanecer!

En el cadáver de un hombre vestido completamente de cuero, -uno de los cazadores aparentemente- encontré un panfleto que advertía que nadie podría entrar en la iglesia, que es donde yo necesitaba entrar si quería conseguir la medicina para Nadine. Caminé una hora, más o menos, he visto infinidad de monstruos pero por suerte ninguno me vio. Regresé mis pasos pues como padre preocupado sentí la necesidad de avisarle a Gascoigne que su hija estaba esperándolo, quería volver por ella y asegurar su bienestar, pero era más peligroso estar aquí fuera que dentro de una casa. No encontré nunca a Gascoigne, y la amenaza constante de las bestias me imposibilitaba seguir buscándolo.

Ahora estaba en una casa, vacía, se notaba desde fuera que las bestias lograron destruir la endeble puerta de madera y llevarse a los dueños del hogar, todos los muebles estaban desordenados, manchas de sangre cubrían la totalidad de las paredes. Aguanté el olor a muerte solo porque habían bestias rondando fuera, esperaba a que se alejaran para continuar mi camino hacia la iglesia. La nota sostenida entre mis dedos de acero se me hacía extraña, quizás podría no entrar a la iglesia por medios convencionales, sin duda no abrirían las puertas de par en par para darle entrada a un extranjero.

Cuando sentí que las bestias se habían alejado lo suficiente asomé la cabeza por el marco de la puerta, revisando con cuidado las calles, evitando hacer cualquier sonido. No se veía nadie cerca, aunque los gruñidos y gritos eran constantes. La ciudad parecía muerta, pues no había nadie aparte de las bestias rondando las calles, pero al mismo tiempo, los gritos de las victimas hacían eco por todos lados.

Reanudé el paso con calma, siempre con la mano sobre el mango del mandoble, pues en cualquier momento alguna de las criaturas podría de un salto atacarme. La noche se sentía especialmente fría, los pulmones abiertos dejaban pasar  sin problemas el olor a  muerte y carne quemada. Los cadáveres crucificados eran parte ya del paisaje, y la gran mayoría de estos estaban quemados, al parecer, el fuego es la manera más eficaz de eliminar a las criaturas.

Mirando el lado izquierdo de las casa vi un callejón, y a la distancia como dos hombres de apariencia idéntica se clavaban cuchillo el uno al otro. Aquellos hombres con trajes de cazadores tenían rasgos de lobo, los brazos largos, la cara estirada… el pelo por todo el cuerpo. Sin duda en su momento ellos fueron parte del gremio de cazadores ¿Qué pudo causar que cambiaran de tal manera?

Necesitaba respuestas al misterio de la ciudad, pero esta no me las daría, e intentaría todo porque no saliera al mundo exterior. A la distancia, cruzando la calle, donde la luz de las linternas de vela no llegaba del todo, vi una figura humana, no supe si era hombre o mujer, pero por los gestos de su cuerpo parecía perdido. Detrás de mí oí que un grupo de bestias se acercaban rugiendo a toda velocidad. Quería alertar a la persona delante de mí, pero no podía elevar la voz pues las bestias me escucharían.

Corrí lo más rápido que pude, por lo menos para que con gestos aquella persona me entendiera, pues de espaldas como estaba poco podría hacer para comunicarme con ella.



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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Necross Belmont el Vie Mayo 26, 2017 5:24 pm

-¡Sígueme! Que las criaturas ya vie…-

Alcancé a aquella figura, la tomé del hombro derecho para llamar su atención pero cuando el cuerpo se volteó me dieron ganas de vomitar Estaba vacía, solo su silueta quedaba, parecía que algo se comió todo el interior de esa persona, huesos, órganos, el rostro, la ropa… No me quedaría para descubrir quien había hecho tal crueldad. Corrí lo más rápido que pude, lejos de los restos de la persona, el cadáver cayó al piso mientras me alejaba.

Terminé escondido en un gran edificio, el lugar me daba mala espina y no era mi primera opción, pero las bestias se escuchaban tan cerca que necesitaba esconderme, además de quitarme la imagen del cadáver vacío de la cabeza. He visto muchos cadáveres, he experimentado sucesos horrendos, pero nunca nada se podría comparar a lo poco que había visto de la ciudad. Era una experiencia nueva, y horrible.

El edificio era una biblioteca, pues habían libros y estanterías desperdigadas por todos lados, incluso los lugares más tranquilos fueron atacados por las bestias. Las luces de vela seguían vivas, por ende la visibilidad del lugar no era tan mala. Si las luces seguían vivas, y las velas se veían nuevas ¿acaso la decadencia de la ciudad ocurrió de un momento a otro? El sujeto que me encontró inconsciente menciono que no era primera vez que las bestias atacaban, pero puedo deducir por sus palabras que siempre habían mantenido el control sobre las criaturas. Quizás aquí podría encontrar algún tipo de respuesta, después de todo una biblioteca es un lugar de conocimiento infinito.

Historia de Noreth, guerras de Valashia, prácticas de esgrima. Había de todo en la biblioteca menos algo que me sirviera para entender que sucedía, y aunque existiera un libro que contara toda la verdad, no tendría tiempo de buscarlo en el mar de textos. -Las ciento y dos maneras para cocinar a un hörige.- Un libro sobre cocinar höriges… deje el libro donde lo encontré y con una lámpara de vela portátil me alejé, aún tenía que llegar a la iglesia, no podía seguir perdiendo tiempo.

El tanto correr me había hecho perder el horizonte, no podía ver la iglesia entre tantos edificios, mi prioridad ahora sería buscar altura y retomar el camino nuevamente. Busqué alrededor de la biblioteca alguna manera de subir a los pisos superiores, pues el edificio era bastante alto, mas todas las puertas o estaban trabadas, o bloqueadas con tanta basura que me sería imposible abrir un paso por mi mismo.

Tenía que salir, me veía obligado a bus… a buscar por la ciu… oh no…

--//--

Un fulgor repentino y brillante me despertó, una luz amarillezca que nacía desde mi cuerpo. Estaba… realmente no tenía idea. Mi única certeza es que me encontraba ya muy lejos de la biblioteca, ni idea de donde estaba la iglesia, ni qué dirección debía tomar. Me levanté del piso húmedo con dificultad, las manos me temblaban y me pesaba el cuerpo, como si hace un par de minutos hubiese dejado de luchar. Estaba debajo de un puente, en lo que parecía ser un canal de agua ahora seco, un tanto. El cómo llegué allí superaba mi entendimiento, mas debía continuar avanzando, y como las murallas del canal eran más altas que yo, no podría subirlas, solo me quedaba seguir adelante.

La niebla de un momento a otro comenzó a inundar el canal, mientras avanzaba se me hacía difícil ver a la distancia, suerte para mi aun los oídos me servían. A la distancia escuché el gruñir de una criatura, estaba escondida con la niebla, pero se oía cerca. Frente a mí se apareció la silueta de un gran cerdo, me superaba por mucho el tamaño, estaba a varios metros a la distancia, y aun no me veía. Rápidamente desenvaine el mandoble, pues una criatura de aquel tamaño no podía ser amigable.

Y cuánta razón tenía, pues el cerdo al verme de inmediato rugió con furia, escupí al piso, con el mandoble a ambas manos, apuntando hacia a delante. La criatura después de rugir comenzó a correr hacia mí, con desesperación, con furia. Aun sentía el cuerpo pesado y adolorido, pero aquello de ninguna manera me imposibilitaría seguir luchando. Supuse que la bestia intentaría clavar sus grandes colmillos y así derrotarme, ahora que lo pensaba bien se parecía mas a un jabalí que a un cerdo. La esperaría, y esperaría el momento preciso para atacarla, tampoco podía permitirme luchar y cansarme, no cuando la ciudad estaba infestada de criaturas que querían comerme.

Mantuve la posición, esperando que el jabalí se acercara, cuando este estuvo a un par de metros di un salto hacia la derecha y levante el mandoble de tal forma que cause un corte profundo en sus costillas. La criatura de inmediato se volteó para volver a atacar, yo ya estaba frente a ella listo y dispuesto para clavar el mandoble entre sus ojos. Prediciendo de alguna manera lo que iba a hacer, el jabalí se paró en dos patas para intentar aplastarme, nuevamente di un salto hacia la derecha para esquivarlo, el corte que le cause esta vez fue en el estómago, la criatura no logro golpearme, pero cayó muerta en el lugar.

Me acerqué con cautela a los ahora restos de jabalí, necesitaba confirmar que estuviera muerto. Era horrible, tenía heridas abiertas por todos lados, carne podría colgando por todo su cuerpo. De sus jugos gástricos y tripas, llego a mis pies un pequeño broche de color dorado, que aunque estaba manchado con sangre se veía lindo. Por un momento pensé en tomarlo y guardarlo, pues podría ser un buen regalo. Al agacharme para recogerlo pensé en que el broche me parecía familiar, solo que no terminaba de recordar de dónde. Decidí dejar el broche allí, pues me causaba asco sacarlo y limpiarlo.

Al caminar en dirección contraria a la criatura, retomando el camino, vi una pulpa de carne, un cadáver tan aplastado y mordisqueado que no se podía reconocer, lo único que alcancé a ver fue una pieza de un vestido… rojo…como el que usara una niña. Y fue allí que recordé de donde me resultaba familiar el broche, era el mismo que tenía la hija de Gascoigne. Los ojos se me abrieron como platos al darme cuenta que por mi culpa la niña presumiblemente había sido atacada y devorada por la criatura, yo le dije dónde buscar asilo, yo le comenté que había un lugar donde podía estar a salvo, por culpa mía había salido de su casa.

Me apoyé en una pared de inmediato, y comencé a vomitar como si tuviera la peor de las resacas. Entre la bilis y los restos de comida, comencé a vomitar sangre, nuevamente sangre, el calor del vomito causaba vapor, pues hacia mucho frio. Después de limpiarme la boca con la manga derecha de la gabardina, seguí avanzando… pues aunque lamentara el destino de la pequeña no había nada más que pudiera hacer por ella.



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Re: La reina de los condenados.

Mensaje por Necross Belmont el Lun Mayo 29, 2017 2:48 pm


Estaba a punto de salir del canal, suerte para mí un pedazo de la pared se había roto, y usando los escombros y la abertura en la pared serias suficiente para salir. Primero me subí sobre los escombros, apoyándome en la pared para no perder el equilibrio, y luego puse ambos brazos en la apertura de la pared. Cuando me impulsé hacia adelante vi un par de botas frente a mí, del susto me solté de la pared y termine cayendo de espaldas, de regreso al canal. Era una mujer, que desde la altura me miraba con confusión, reposando ambas manos en su delgada cintura.

imagen aproximada:

-¿Estas bien?-

Pelirroja, casi de mi altura, delgada pero de contextura fibrosa, se podía ver a la distancia que la mujer se ejercitaba. Vestía cuero y piezas de acero por todo su cuerpo, pero su protección seguía siendo escasa, pues su torso solo era protegido con una pieza de cuero que aparentaba solo cubrirle las tetas.

-Si…-

La chica se puso en cuclillas y estiro su mano, no necesitaba su ayuda para subir, pero de igual manera volví a pararme en los escombros, y le tomé la mano. La pelirroja hizo contrapeso inclinando su cuerpo hacia atrás, cuando me quise dar cuenta ya estaba sobre la muralla. -Gracias- Era extraño, todo, su aparición, su  falta de armadura, el aire de peligro que exudaba, al mismo tiempo se veía un tanto preocupada. -Eres el primer ser cuerdo que veo, ¿sabes que sucede aquí?- Yo también tenía preguntas que hacerle, pero decidí primero responder sus dudas antes de preguntar las mías. Le comenté lo poco y nada que sabía, sobre los cazadores, las bestias que había visto, la supuesta iglesia, y la noche de la cacería. -¿Y tú que haces aquí?-

Realmente para ese momento no tenía nada más que ocultar, y de nada me serviría guardar información. Le conté a la mujer que buscaba la medicina milagrosa, aquel brebaje que podía curar todos los males del cuerpo.-Yo… yo también. Me llamo Lucrecia, ¿podría acompañarte? Al final buscamos lo mismo.- No mentiré, no quería estar solo, pues  aunque la ciudad constantemente gritaba con presas y depredadores, el ambiente siempre era solitario.

-Está bien, soy Necross. Se dé buena fuente que en la iglesia podríamos encontrar la medicina, así que allá debemos ir.-

-Gracias Nec. Por cierto, vi a una criatura correr en esta dirección, eran bastante grande y traía un espadón como el tuyo, tenía un brazo casi del mismo tamaño que su arma. ¡Debemos ir con cuidado!-

Me quedé estático  cuando Lucrecia dejo de hablar, su descripción de la criatura que rondaba era demasiado similar a Dracul, y si me ponía a pensar, quizás el tiempo que perdí entre la biblioteca y desperté en el canal de agua vacío fue porque el engendro se liberó de alguna manera.-¿Hace cuánto tiempo viste a ese engendro?- Lucrecia torció la boca, y nuevamente reposo sus manos en las caderas, un gesto más que exagerado para pensar. La perdí hace un par de minutos. Estaba avanzando por los tejados de las casa cuando lo vi peleando con las criaturas de la ciudad, no parecía tener un rumbo fijo, parecía que solo buscaba a alguien para luchar. La perdí hace un par de casas y creí que estaba en el canal donde te encontré, ¿tú no viste nada?-

-No… nada.-

Lucrecia no me creía nada de lo que decía, pues se le notaba en el rostro, mas no siguió preguntando, pues teníamos una fina y delicada tregua, no podíamos perder aliados cuando teníamos al mundo en nuestra contra. -Bueno, ¿nos vamos?- Asentí, y mientras caminábamos la preocupación crecía dentro de mí. Yo podía controlar a Dracul, y si es que mi control legaba a fallar, podía presentir cuando el engendro tomaría mi lugar; pero esta vez fue tan repentino y fuera de mi elección que estaba pasmado. La única variante en la que podía pensar era la medicina que me dio Gascoigne, si eso era lo que hizo despertar a Dracul… Solo esperaba que no volviera a suceder, por mi bien, y por el de Lucrecia.



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