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Demonología: Carnipactum [+18]

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Demonología: Carnipactum [+18]

Mensaje por Lujuria el Mar Ene 05, 2016 9:16 pm

Quizás si hubiese sido un día cualquiera la gente hubiese notado la presencia de Asmodea, pero para fortuna de ella era una fecha patronal, un día de fiesta, de esos que todo mundo disfruta y celebra a sus dioses.

Asmodea que fingía ser una mujer madura de pechos grandes y con un poco de sobrepeso no tenía idea de a que dios adoraban, y en ningún caso tenía interés por saberlo, lo único que le importaba era hacerse de un buen grupo de gente para alimentarse de su energía y seguir plagando Noreth de depravación, bueno eso y encontrar a su compañero, hacía años que erraba en cada pueblo buscándolo, ya era rutinario para ella, llegar a un pueblucho, hacerse pasar por una chica de buen ver y prostituirse con casi todos los varones de la aldea, para el caso de las urbes era casi igual salvo que ahí se paseaba por todas las calles tratando de llamar la atención de todos y quizá uno que otro demonio acudiese a ella ya sea para defender su territorio o para tratar de matarla, en cualquier caso Asmodea siempre terminaba ganando, si el demonio local la corría estaba segura de que su Avaricia no estaría en la ciudad, y si el demonio trataba de matarla solo huía sabiendo que avaricia lo habría derrotado antes. Sea como sea era muy pronto para saber si Avaricia estaba en la ciudad, primero tenía que hacerse de su fama entre los hombres y esperar unos días a que algún demonio se presentará solo.

Lo primero que hizo fue pasearse por las calles, la demonesa había escuchado de un culto religioso muy fuerte en la ciudad y si algo había aprendido de las religiones era que la mayoría tenían vírgenes a su servicio y eso no lo podía dejar pasar, el poder echarle las manos encima a una vagina inexplorada le extasiaba a niveles extremos.

Durante su paseo Asmodea pudo ver que la ciudad parecía más recta que todas, recta en el sentido moral, no encontró en todas sus calles un solo centímetro dedicado a los deseos prohibidos de la gente, no era algo común para ella, estaba acostumbrada a llegar a un prostíbulo grande y darle un buena mamada al dueño para controlarlo a su modo, pero este no iba a ser el caso.

Asmodea camino a donde había visto un par de soldados anteriormente, hombres altos, gallardos, jóvenes y llenos de fe en su ciudad, orgullosos de su uniforme, ambos resguardando las entradas a lo que parecía ser una sección más en la ciudad, la demonesa camino lentamente en dirección al más alto de los guardias chocando hombros entre el tumulto de gente peregrina que avanzaba lentamente en ambas direcciones, llevaba cubierta la cabeza con un pedazo de tela negra y portaba un vestido un poco viejo color marrón. Acercó su brazo a su boca y le pegó un mordisco tan fuerte que casi arrancaba el bocado de su propia piel, instantáneamente chorros y chorros de sangre escurrieron por su brazo mientras miraba fijamente al guardia, de haber menos gente hubiera espantado a más de un transeúnte y alarmado a más de un guardia pero entre la aglomeración su masoquismo pasaba desapercibido. Segundos después el cuerpo de Asmodea comenzó a cambiar, aumentó su altura un par de centímetros, la grasa de su forma anterior desapareció, el tamaño de sus pechos bajó levemente, sus arrugas y marcas de vejez se fueron abriéndole paso a una joven esbelta y bien torneada, justo como le gustaba a Asmodea, delicada e inocente para que los demás no pudieran negarse a su cuerpo, para su fortuna la ropa le quedaba floja y lo que antes le tapaba bien el pecho ahora dejaba ver por completo sus hombros y el inicio de sus senos.

La ahora joven muchacha se acercó al guardia, no pretendió ser prostituta pero si le miraba con deseo.

-Joven, sería tan amable de ayudarme…-
Pregunto Asmodea mientras le miraba sugerente y tímidamente a la vez. El guardia rápidamente clavo los ojos en Asmodea, estaba hechizado.

-Claro que si señorita, dígame en que le puedo ayudar.- Pregunto el muchacho tratando de no ver el cuerpo de la chicha pero sin tener éxito.

-Llegue ayer con un grupo de peregrinos pero me separe de mi grupo y me temo que hoy es el día de partida, y la verdad no sé dónde encontrar a mi familia, ¿Podría ayudarme a encontrarlos?- Durante toda la explicación de Asmodea el joven intentaba apartar su vista de los senos de la muchacha que tenía enfrente pero terminaba mirándolos por segundos para ver otra cosa y volver a ver los mismos senos una y otra vez.

-Sígame señorita, estas cosas suceden a menudo, pero este día debido a la gran cantidad de gente que hay es más fácil perderse, no se preocupe, hay que ir a las salidas de la ciudad y yo preguntare por su familia.- Respondió el joven sonrojándose levemente y tomo camino entre los empujones y apretones del pesado andar de la ciudad.

Durante su paseo Asmodea no dudo en excitar al muchacho, aprovechaba cada empujón para arrimarle sus senos ya sea a la espalda o a los brazos, o una que otra vez hacia que la mano del joven quedara atrapada contra sus glúteos a lo que Asmodea solo respondía con una risita tonta y un lo siento muy coqueto. Poco a poco la demonesa fue despojando de su uniforme y armas al joven, la lanza que tenía en manos hizo que la soltara para que la cargase y pudiese ver entre la multitud cosa que aprovechó para mostrarle sus glúteos sin ser muy descarada, el casco hizo que se lo quitara para poderse subir a sus hombros y de paso frotar su vagina contra la nuca del guardia, la cota de malla se la quitó argumentando que sentía como su piel quedaba atrapada entren las argollas, y cuando el frío comenzó a aumentar hizo que le prestara la capa que le identificaba como guardia. Así se le fue toda la tarde, hasta que la noche cayó.

Asmodea cambio su semblante, paso de ser una joven preocupada a una triste, pues sin más ni menos comenzó a llorar.

-Seguro ya no están, ya han de estar a kilómetros de aquí.- Sollozo Asmodea mientras se aventaba al pecho de su acompañante.

-Tranquila, estoy seguro que aún no se van, no se irían sin ti. Respondió el muchacho con la voz entrecortada y un tanto nerviosa.

Asmodea que ya se había retenido toda la tarde se abalanzo sobre el joven tirándolo al piso mientras lo besaba y le jaloneaba la camisa. -La verdad es que no estoy perdida, desde que te vi me gustaste mucho.- Dijo Asmodea ya sin llorar y muy excitada. El joven solo se dejó besar y se quitó la camisa lo más pronto posible. -Ya me había dado cuenta de que no estabas perdida.- Respondió el joven igual de excitado que ya estaba sin camisa y manipulando los genitales de Asmodea.

Ambos estaban tirados a la mitad de un callejón, escondidos tras la oscuridad de la noche y libres de ojos curiosos pues la mayoría del pueblo estaba en la plaza principal a media ceremonia.

La demonesa desnuda ya al completo hacia que el guardia le besara los senos, mientras ella empezaba a succionar su energía sexual, pasados un par de minutos Asmodea que masturbaba como nunca al joven comenzó a meter el pene se su presa en su boca saboreando el líquido blanquecino que siempre antecedía a la llegada del semen. Sin hacer uso de las palabras Asmodea pudo ver que el joven deseaba penetrarla, así que sin dudarlo la demonesa se apoyó en sus rodillas y sus codos, mostrándole sus genitales mojados y volteándolo a ver para dedicarle una sonrisa digna de la mejor prostituta del mundo. -Anda, métemelo, ya no aguanto más.- Dijo Asmodea mientras estimulaba su vagina. El chico que seguramente apenas había tenido sexo un par de veces antes a esta tenía la cara más estúpida que había tenido es su vida, pero como todo hombre tenía instinto, se arrodillo detrás de Asmodea y acerco su pene al trasero de la chica. -Si lo metes tu porque yo no sé cómo.- Dijo el joven poniéndose más rojo que nunca. La chica solo froto su vagina con el pene del guardia y después de unos movimientos y uno que otro empujón había conseguido penetrarse ella sola. Aquellos movimientos habían sido suficientes para que el joven escupiera dentro de Asmodea.

Un fuerte grito se escuchó por las calles, un grito masculino, en el piso estaba tirado el guardia temblando del miedo y contemplando a Asmodea en su forma real que estaba sentada frente a él con las piernas abiertas, de su centro le escurría el semen del guardia que recibía con una mano y después se lo llevaba a la boca haciendo que la escena le fuera más grotesca al muchacho.

-- ¿Qué te pasa cariño, no te gustaron mis mamadas? Pregunto la demonesa riendo mientras se ponía de pie. El joven que estaba blanco del miedo intentaba ponerse de pie y salir corriendo pero solo conseguía caerse en el intento. -- De nada servirá eso. Dijo Asmodea, mientras estiraba su pie para frotar el pene de su víctima. -- Aun lo tienes muy duro. Asmodea se acostó encima del joven y comenzó a introducir su lengua en la boca de su víctima que intentaba escapar por todos sus medios, la demonesa tomo el pene que aún permanecía erecto y comenzó a darse placer con él. --No es el mejor pene que he tenido, pero para ser humano no está mal, vas a ser famoso entre las mujeres. Añadió Asmodea mientras soltaba gemidos de placer.

Justo antes de que la demonesa pudiese llegar a su orgasmo y dejar inconsciente a su víctima un grupo de guardias llego corriendo, en unos segundos cinco lanzas rodeaban el cuello de Asmodea, mientras una luz amarillenta salía del suelo e inmovilizaba a la demonesa, acto seguido algunos presentes soltaron un grito ahogado y otros retrocedían. El engaño de la princesa pervertida había sido d micubie-- Traigan a Lady Ardat…


Última edición por Lujuria el Mar Ene 12, 2016 4:03 am, editado 1 vez







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Re: Demonología: Carnipactum [+18]

Mensaje por Avaricia el Mar Ene 05, 2016 11:02 pm

Los detalles de la gran y lujosa habitación se perdían a la tenue luz de la lámpara de aceite que trataba en vano de iluminarla en su totalidad a falta de los rayos del sol detenidos por unas cortinas de terciopelo verde cerradas. Si uno esperaba un momento para que sus ojos se adaptaran a la oscuridad, pronto podría atisbar el charco de sangre que manaba del cuerpo acuchillado que reposaba su espalda contra la pared, con los ojos aún abiertos y observando a su asesino.

El Barón Carkadia sostenía una daga manchada de sangre. Se erguía en pie, respirando agitadamente ante el cadáver de su hermano y sintiendo la sangre palpitar por todo su cuerpo ante la descarga de adrenalina de cada una de las nueve cuchilladas que perpetró al pecho de su familiar. Se sentía inundado de energías renovadas, como si volviera a nacer o rompiera la superficie del agua en el último segundo antes de ahogarse, tomando esa bocanada de aire revitalizadora.

El Barón Carkadia no dijo nada, al menos no al principio, demasiado entretenido observando el fruto de su asesinato. Siempre fue un hombre frío, con gran odio hacia su hermano mayor, quien al ser el favorito de su difunto padre sería quien heredaría la mayor parte de la fortuna familiar. La codicia del Barón fue la que atrajo al inquilino que ahora residía en sus entrañas. Avaricia era un simple espectador de la escena, pues ningún beneficio obtenía de forzar las acciones de su “víctima”. No, el demonio solo podía alimentarse si era su ambición la que motivaba sus actos, por lo que jamás intervenía en el devenir de éstos.

-Nos ocuparemos de éste desastre más tarde.
-comentó el Barón, desvistiéndose con total naturalidad y cambiándose de ropa, arrojando la que estaba manchada de sangre sobre el cadáver de su hermano.- Tenemos una fiesta a la que acudir, querida.

Avaricia, que siempre se dirigía al Barón con la voz de una mujer, no tardó en responder.

“¿Bailaremos juntos al anochecer para celebrarlo, Barón?”

El Barón pasó una mano por su fino bigote, mirándose en el espejo a la luz de la lamparita, cerciorándose de que estaba listo para salir a la calle para celebrar aquél, para él, estúpido día de honrar a Ozma.

-No podría negarte un baile, después de lo que has hecho por mí.

“Yo no he hecho nada.” Rió suavemente. “Lo has hecho todo tú solo, mi Barón”

Dos fieles guardias contratados por el Barón aguardaban en la entrada del domicilio. La hacienda familiar se encontraba en las afueras de la ciudad, rodeada de las tierras que, ahora pertenecían en exclusiva al ambicioso hombre.

Llegaron a la Ciudad Esmeralda en carruaje, y Avaricia no tardó en sentirse incómodo por la fuerte presencia religiosa de la ciudad. Por suerte, el culto a una niña pequeña, por muy Ozma que fuese, no iba a representar un peligro para él, ya que no era una diosa real… ¿verdad?

Su incomodidad se debía a la magia divina que percibía en el ambiente, pues la Guardia Blanca, una orden especial de templarios al servicio de Ozma, desfilaba por las calles para lucir el poder de su niña-diosa ante toda la ciudad.

El Barón Carkadia descendió del carruaje una vez llegaron a la calle principal. Allí Avaricia comenzó a aburrirse soberanamente cuando comenzó a conversar con otros nobles de nimios asuntos y, por supuesto, a coquetear con las jóvenes hijas del Conde Ranlorth.

“¿Buscando ya una joven a la que desposar? Haces bien, deberías aprovechar mientras la noticia de tu gran herencia sigue siendo jugosa…”


“¿Acaso estás celosa?”


Avaricia rió internamente. El egocentrismo del Barón no conocía límites.

“Al contrario, deseo animarte a que continúes con esa idea. No te preocupes por mí, no me muevo por algo tan vacuo como los celos o el amor.”

“¿Quién ha dicho que yo lo haga?”

Touche. El Barón, aún en su egocentrismo, era un tipo de gran inteligencia y rápida y afilada lengua.


Última edición por Avaricia el Miér Ene 06, 2016 10:41 am, editado 1 vez



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Re: Demonología: Carnipactum [+18]

Mensaje por Lujuria el Miér Ene 06, 2016 6:12 am

El tac toc de las lujosas zapatillas de Duvet Ardat resonaba por el gran salón del palacio, caminaba muy segura en direccion a la salida principal, justo al centro de la plaza central de la ciudad esmeralda, la política esmeraldense no tenía ni idea de lo que le esperaba esa noche, sino hasta que se acercó un alto mando militar, el general de la guardia blanca, un hombre alto, fornido, de elegante atuendo acorazado y una barba de candado prominente.

-Señorita Aradat, me temo que tenemos problemas…- El general lucía inquieto pero a la vez parecía ser algo con lo que ya había tratado anteriormente.

-General, no es momento para tonterías, la ceremonia está por comenzar, la gente espera que los lideres estemos durante esta, que le es tan alarmante como para interrumpir algo que usted sabe cuán importante es…- dijo Aradat mientras caminaba, se notaba un aire de superioridad y soberbia.

-Si mi señora, pero esto es de su incumbencia, recuerda el ataque de hace dos meses a su pueblo… creo que llegó hoy a la ciudad- dijo el general muy apurado antes de que la política siguiese su camino.

Aradat se detuvo de golpe y volteo con la mirada más seria que podía. -¿Seguro que es el mismo?- preguntó la mujer.

-Las probabilidades son muy altas, es el único ataque de su tipo que hemos registrado en esta semana, el último fue cerca de aquí, debe ser ella.-

-¿Ella? ¿Es mujer?-

-Si mi señora, es una demonesa- Aradat abrió más aún los ojos, no esperaba aquella respuesta.

-Asegurate de que no escape, la quiero con vida- Ordenó Duvet Aradat mientras empezaba a caminar en la misma direccion que antes.

A varias calles más alejadas de la plaza central estaba una compañía de la guardia blanca, eran por lo menos de diez a quince sujetos, todos alrededor de Asmodea y el cuerpo desmayado de un guardia.

-No dejen que salga de la prisión, el general ya viene- dijo un guardia que parecía más grande y viejo que los demás al ver que algunos más jóvenes empezaban a flaquear en sus cánticos sagrados.

Asmodea que se encontraba en el interior de lo que parecía ser una celda hecha con barrotes de luz trataba de romperlos a base de golpes de cola y puños, tarea inútil pues era magia divina la que usaban para retenerla.

-Se que me desean, porque no bajan esos brazos y nos divertimos todos juntos- Dijo Asmodea desde el interior de su prisión, miraba fijamente a un joven virgen, uno de ojos claros y piel bronceada, Asmodea podía percibir el olor de su lujuria y deseo carnal a cientos de metros de distancia.

-Vamos muchacho, deja tu dios y vive a mi lado, te dare sexo oral cuando lo desees, tendrás putas cuando lo pidas, solo deja de cantar...- proseguía Asmodea intentado librarse de sus captores.

-No la escuches hijo, esa vida no es nada placentera- gritó el guardia que antes había hablado.

-Calla, anciano decrépito, tu pene esta mas muerto que tu corazón- Grito Asmodea burlándose del anciano. -Llevas años deseando una vagina que penetrar, maldito pederasta.-

-No le hagan caso, hará lo que sea necesario para salir de aquí- repitió el mismo guardia

-Bien hecho muchachos, no la dejen ir- pronunció un hombre alto desde atrás. Era el general de la guardia blanca. -Tu peor error fue venir a esta ciudad, escoria de Noreth- dijo el general mientras hacía que los demás levantaran la jaula.

-Y el tuyo será haberme atrapado, prostituta de tu dios- respondio Asmodea mientras le escupia el semen de su víctima al general. -Yo se que disfrutas teniendo penes en tu ano- dijo Asmodea mientras se acomodaba en su prisión para una estancia larga.

La compañía cargo a Asmodea como si de una bestia se tratara y la condujo por entre callejones y calles dejando que alguna gente notara la presencia del demonio.

-Detrás de estas murallas hay miles de seguidores de nuestra diosa, y muchos de ellos podrían exterminarte con una sola plegaria- dijo el general mientras iluminaba su puño de una luz dorada. -Yo prefiero noquearte de un golpe- unos segundos más tarde su puño estaba hundido en la cara de Asmodea que ya estaba inconsciente.







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Re: Demonología: Carnipactum [+18]

Mensaje por Avaricia el Miér Ene 06, 2016 12:46 pm

-El desfile de la Guardia Blanca ha sido soberbio, ¿no creéis, Barón?

La joven damisela rubia a la diestra del Barón Carkadia trataba desesperadamente de llamar la atención de su acompañante, pues la joven pelirroja a su izquierda parecía llevarle la delantera.

-Desde luego, Beatrix.-respondió el Barón, dirigiéndole una encantadora mirada.- Siempre es entretenido ver a un grupo de presuntuosos intentar intimidar sutilmente al pueblo. Para eso son estas fiestas, al fin y al cabo.

La joven pelirroja, mucho más descarada que la rubia, rozó suavemente la mano del Barón con la suya propia, mirándole directamente a los ojos cuando el hombre volvió hacia ella la mirada.

-Si le soy sincera, Barón… no es el desfile lo que ha reclamado mi atención.


“No te precipites, mi Barón.” Aconsejó Avaricia desde su refugio oculto. “¿Por qué conformarse con una cuando puedes disfrutar de ambas en tu lecho? Las decisiones vendrán después…”

-Señoritas, me gustaría invitaros a pasar por mis tierras algún día. Será para mí un placer recibiros en mi casa.


Mientras el Barón coqueteaba con ambas jóvenes, un hombre (el pregonero de la ciudad), subió al escenario donde un grupo de actores entretenía al público con malabares, canciones y juegos, deteniendo el espectáculo.

-¡Buenas gentes de Ciudad Esmeralda!
-clamó con un profundo vozarrón, llamando la atención de todos los congregados en la plaza.- ¡Lady Ardat, de la Guardia Blanca, ha capturado una impía criatura que aterrorizaba nuestro reino hasta hoy! ¡Qué mejor momento para demostrarles a los siervos del caos, a esas alimañas demoníacas, que su lugar no está sino en las tinieblas! ¡Lejos de las buenas gentes de ésta ciudad!

La multitud vitoreó las palabras del pregonero, incluso los actores tocaron una alegre melodía para acompañar a los vítores.

-¡Será ésta noche, al realizar nuestras ofrendas a la gran Ozma, cuando se ejecutará al demonio públicamente para que todos los de su estirpe sepan que no serán bien recibidos en esta tierra!


De nuevo, unos vítores a los que el Barón se sumó con un aplauso incómodo, como un niño tratando de ocultar un jarrón roto ante la atenta mirada de su madre.

Avaricia, por su parte, no dijo ni una palabra durante la duración del pregón. Tenía ante sus muchos ojos la oportunidad de obtener información de un demonio. Uno que no podría resistirse ni escapar a ninguna parte al estar preso de la Guardia Blanca. Se hizo una pregunta: ¿realmente quería saber más? ¿De verdad deseaba conocer qué fue de él antes de llegar a Noreth? A veces el demonio pensaba que no cambiaría su vida en Noreth por nada… ¿pero cómo estar seguro, si no conocía nada más?

-¡Buen hombre!


La voz del Barón se alzó entre la multitud, llamando la atención del pregonero. No obstante, no era el Barón quien controlaba su lengua o sus actos. Avaricia había tomado el control y dirigía aquél ambicioso cuerpo como un titiritero al mando de una marioneta.

-¿Dónde tienen presa a la criatura?

-¿Por qué desea saberlo, Barón Carkadia?

-No deseaba revelar esto en un día tan sagrado. Ésta misma noche, mi hermano fue asesinado por una bestia infernal. Apenas pude entrever su figura en las sombras, pero estoy seguro de que es la que ha sido capturada.

Avaricia era un gran actor, y su tono firme y melancólico al hablar de la muerte del hermano del Barón no dejaba lugar a dudas de los sentimientos que deseaba transmitir.

-¡Deseo mirar a esa alimaña a los ojos y que conozca mi nombre antes de su ejecución!

Gracias a sus tremendas influencias, el Barón logró lo que deseaba. Fue Duvet Ardat en persona quien, sabiendo lo que era perder a un ser querido, guió al Barón hasta la prisión, separada de cualquier otro preso, donde encerraban a la demonesa, aún inconsciente. Avaricia no pudo evitar su nerviosismo, pues el lugar estaba impregnado de magia divina para contener a la demonesa entre rejas. Pidió a Lady Ardat que le dejara solo unos minutos con la criatura, y tras deliberarlo en silencio, la mujer aceptó.

Avaricia se mantuvo a una distancia segura de aquella jaula sagrada, temeroso de acabar en la misma situación que su semejante. La observó en silencio mientras seguía inconsciente, reconociendo en ella los distinguibles rasgos de la casta de Lluughua. Se trataba de una belleza letal, como la de un tiburón atrapado en unas aguas poco profundas. Lady Ardat había relatado por el camino los estragos que aquella criatura había causado. Tenía un peculiar modus operandi, a falta de una palabra mejor para describirlo.

Por suerte, Avaricia no era un ser de carne y hueso. Se trataba de una idea, un concepto, un parásito arraigado en las mentes de los hombres y sentía ningún deseo carnal ni por el género masculino, ni por el femenino, pese a que era consciente de que el sexo podía emplearse para sus propósitos, especialmente cuando era movido por la ambición. Era entonces, y solo entonces, cuando se volvía placentero, puesto que la codicia, fuera de la forma que fuese, era su sustento.

-Pssstt.-chistó a la infernal mujer.- Pssssssssssssssssssttttt.

No quería llamar la atención de los guardias fuera de la estancia, por lo que optó a seguir con el teatro un poco más.

-¡Levanta y mírame a los ojos, criatura!



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Re: Demonología: Carnipactum [+18]

Mensaje por Lujuria el Jue Ene 07, 2016 1:29 am

La plaza principal estaba llena de fieles seguidores a Ozma, miles de peregrinos con las rodillas y la frente pegadas al suelo, repitiendo las reverencias una tras otra, escuchando las palabras sagradas de su predicador.

Detrás del predicador estaba Duvet Ardat, se encontraba de pie, su semblante era tranquilo, su expresión calmaba al más preocupado y asustado de todo Noreth, tenía una sonrisa de lado a lado y la mirada más alegre que se podía tener. A su lado el general de la guardia blanca, August Mont, tenia su poze de militar egocéntrico.

Cualquiera que les hubiese puesto la atención suficiente habría notado que sus labios se movían como en una conversación, una en la que Ardat tenía todo el control. Después de unos minutos y varias afirmaciones y negaciones por parte de Mont, este último hizo una leve reverencia al mismo tiempo que daba unos pasos hacia atrás para después salir de la plaza y dirigirse al palacio.

-Guardias, la criatura no debe estar en el mismo edificio que nuestra diosa- Ambos guardias dejaron su posición y salieron en dirección a la torre obedeciendo las órdenes de su general.

Asmodea despertó con un fuerte dolor de cabeza, algo lindo para ella, su lado masoquista le daba una ligera ventaja al recibir golpes, solo que un excesivo golpe era de reacción lenta.

Lejos de haber despertado por cuenta propia había sido un ruido lo que le había sacado de la inconsciencia, un grito masculino. Para cuando Asmodea abrió los ojos tenía a un hombre frente a ella, un hombre de buen vestir, acicalado y de pelo cuidado, sin lugar a dudas alguien con poder y mucho capital.

-¿Tu quien eres?- pregunto la demonesa todavía sin incorporarse por completo.

-Seguro eres otro perro de la ciudad, sabes no estoy de humor para visitas, tengo una revuelta que armar y aun estoy pensando como- parloteo mientras seguía forzando los barrotes con su cola intentando escapar. -A menos que quieras diversión, los ricos como tu son los mas cerdos y salidos de todos- añadió Asmodea. -Seguro que por unas cuantas monedas puedes comprarme, tendras carne todos los días de tu vida-

Las puertas de la habitación se abrieron de par en par, haciendo un ruido sorpresivo para la demonesa, Asmodea brinco del susto que tuvo que tomar una posición de defensa y enseñar los dientes cual gata callejera.

-Lo sentimos mucho señor, tenemos que llevarnos a la criatura, es peligroso que permanezca en el mismo edificio que nuestra diosa.- entró diciendo uno de los guardias.

-No sean idiotas, su diosa destruyó un demonio hace mucho,que les hace pensar que ustedes podrán hacer lo mismo que ella- dijo Asmodea.

-Mis más sinceras disculpas Barón, pero este demonio será devuelto a su plano natal- El general Mont entró unos segundos más tarde, haciendo alarde de su autoridad.

-Veo que ya estás despierta, ¿te gustaron mis caricias?- dijo Mont entre risas y soberbia dirigiéndose a la demonesa.

-¿Barón Mont, le apetece ver el ritual sagrado? Insisto en que nos acompañe, le aseguro que encontrará entretenida y educativa nuestra actividad- terminó el general mientras le hacía señas con una mano invitándolo a caminar y salir de la habitación.







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Re: Demonología: Carnipactum [+18]

Mensaje por Avaricia el Jue Ene 07, 2016 4:38 pm

-Solo un montón de carne, órganos, huesos y sangre que esconden un secreto.-respondió de forma enigmática, sonriendo ante las lascivas palabras que la demonizo le dedicaba.- No sería seguro revelar ese secreto aquí, pero deja a éste secreto decirte que está muy interesado en ti.-amplió su sonrisa, cruzando los brazos a su espalda.- Y no precisamente del modo que piensas.

Lamentablemente, no tuvo tiempo de seguir conversando con ella. Lady Ardat volvía a entrar en la estancia, ésta vez junto a otros hombres de la guardia blanca. Avaricia no deseaba pasar ni un minuto más acorralado entre la celda impregnada de magia divina y aquellos que la practicaban, por lo que, pese a que dejó oír sus quejas por el poco tiempo que le habían cedido, se retiró no sin antes dedicarle a la infernal criatura unas últimas palabras.

-Reservaré primera fila para tu ejecución, demonio.

Con la elegancia y pose orgullosa propias del Barón Carkadia, abandonó el edificio. Una vez fuera, corrió. Corrió todo lo que pudo hasta el carruaje que les había traído hasta la ciudad, donde los hombres del Barón aún aguardaban el regreso de su señor.

-Reunid al resto inmediatamente.

Los hombres del Barón solo eran leales a una cosa: el dinero, y eso era algo que a su señor le sobraba. No eran hombres devotos a las costumbres de Ciudad Esmeralda ni a su religión, sino mercenarios, endurecidos no por el entrenamiento seguro tras las verdes murallas, sino por el combate y la supervivencia en cada uno de los rincones de Noreth. Algunos, incluso fueron asesinos y gente de peor calaña, pero una bolsa de monedas puede comprar los de tipos como aquellos. Sin moral y sin escrúpulos. A esa gente no le importaba que los planes del Barón fueran sabotear la ejecución del demonio.

La noche llegó rápida, más de lo que al demonio disfrazado del Barón le gustaría. No había tiempo para más preparativos, pues la gente ya empezaba a reunirse en torno a la plataforma de madera que habían construido a lo largo de la tarde en el centro de la plaza. Tal y como prometió, el Barón Carkadia estaba en primera fila.



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Re: Demonología: Carnipactum [+18]

Mensaje por Lujuria el Jue Ene 07, 2016 6:57 pm

Asmodea río tras el comentario del hombre adinerado, su comentario le había causado mucho interés, muchas preguntas invadieron la mente de la demonesa, quién era ese hombre misterioso, que interés tenia en ella que no fuese sexual, de que secreto hablaba, y porque le decía que tenia un secreto, Asmodea se quedó callada tras los comentarios de este, no respondió siquiera a los insultos del general Mont que había entrado a la sala para interrumpir la visita del Barón.

El resto de su traslado Asmodea lo pasó en silencio, no intentó siquiera seducir a los guardias, solo observo el camino, intentaba encontrar cómo escapar, aunque por mucho que buscara no hallaba la forma de hacerlo.

Sin darse cuenta, Asmodea ya estaba entrando a la enorme congregación de religiosos, fuertes gritos de asombro y terror se hicieron presentes cuando vieron a la criatura del caos encerrada y lista para ser ejecutada.

-¡Zorra!- Grito un sujeto que se ocultaba entre la multitud, y como borregos siguiendo a su pastor, todos casi al unísono lanzaban maldiciones contra la demonesa, maldiciones que de haber sido sensible a ellas le hubieran afectado, pero su naturaleza la hacían sinvergüenza casi todo el tiempo así que solo se reía por tan inocentes insultos.

Tardaron poco en llegar a lo alto del podio principal, una especie de mesa grande de madera destinada a las representaciones teatrales de las fiestas, Asmodea pudo observar que tenía puertas en el suelo lo cual sugería el uso de horcas en esta ciudad, la demonesa rió un poco recordando las muchas veces que intentaron matarla así aunque su risa desapareció cuando no logro encontrar la soga colgando del madero.

-No te molestes en seguir buscando demonio- dijo el general Mont desde atrás al ver que Asmodea buscaba una soga pensando en su muerte. -Aquí no ahorcamos demonios, eso no ha funcionado en otros lados, nuestros métodos son más complicados pero completamente efectivos, aunque eso ya lo veras, solo espera un par de minutos más y entenderás de qué hablo-

Asmodea solo lanzo una mirada de odio al general, a esas alturas Asmodea ya empezaba a creer que esta ciudad si vería su muerte, la demonesa vio a todos los presentes, la mayoría de la ciudad seguía gritando insultos, así que les dedicó una masturbada a su genital masculino lanzando semen a todos los que estaban en la primera fila, más fue su satisfacción cuando vio entre los presentes del frente al hombre adinerado, la demonesa casi reza para que su semen hubiese manchado las finas ropas de aquel hombre.

Justo cuando Asmodea estaba riendo un piquetazo le dio en la espalda, la demonesa inmediatamente se tiró al piso retorciéndose del dolor y dando gritos que hicieron vitorear a toda la ciudad. Cuando Asmodea sintió que el dolor se iba pudo ver que había pasado, detrás de ella había un guardia con una lanza que tenía la punta bañada en luz. -Si aprecias tu vida no volverás a hacer eso- amenazó la demonesa intentando recuperar el aliento. El guardia rió y le propino otro piquete más fuerte, Asmodea volvió a tirarse y retorcerse de dolor frente a todos, haciendo que la jaula se tambaleara en el escenario, Tras haber retirado la pica, Asmodea seguía temblando como si sufriera de frío, su cuerpo sangraba por ambas perforaciones haciendo que la sangre escurriera por toda la madera bajando hasta el público presente.

-Si sabes rezar, comienza a hacerlo…- Dijo el General que se agachaba a donde estaba la cabeza de Asmodea para poder ver su expresión de dolor.

-Si esa es una buena idea- dijo Asmodea mientras se ponía en cuatro y comenzaba a orar.

-Oh poderoso padre, señor del sexo
Socórreme esta noche y dame poder
que tu mal venga a mi cuerpo
que tu depravación infeste mi ser
que tu placer venga de mis acciones
que tu pasión sea…-


Otra pica volvia a enterrarse en el cuerpo de la demonesa, haciendo que esta dejase de orar sus blasfemias. Asmodea no grito esta vez, se limito a retorcerse y golpear el piso de su prisión. Después de unos segundos la demonesa volvía a tomar la misma pose y continuaba su oración.

-Que tu pasión sea de mi mano-

El guardia que tenía la pica en mano volvía a poner el arma en posición, sin dudarlo dos veces cargó contra las espalda del demonio, esta vez impactando en sus alas, Asmodea había refrenado el ataque sacrificando sus alas que habían atrapado la lanza entre sus heridas.

-Maldice con tu cuerpo el mío
y ayúdame a acabar con tu rival
que la negrura de tu alma sea eterna
y que esté siempre a mi lado…-


El guardia intentaba sacar la pica con toda su fuerza pero era inútil, estaba atorada entre los huesos del ala.

-Libera el caos en las filas de mis enemigos
y esparce tu maldad en sus vidas.-
finalizó la demonesa para después romper en risas

La gente que escuchaba las palabras del demonio corría despavorida intentando salir de la plaza, algunos incluso se tiraban como si estuviesen locos, otros se golpeaban la cabeza, y otros pocos rompían en llanto.

A unos metros detrás de Asmodea una luz blanca acompañada de rayos amarillos empezaba a crecer hasta formar un perfecto circulo de dos metros de diámetro, al lado de este, cinco guardias blancos ya ancianos rezaban oraciones a Ozma para mantener el portal abierto, Asmodea volteo rápidamente al escuchar las plegaria, su expresión era de miedo, tanto que su humor negro había desaparecido.







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Re: Demonología: Carnipactum [+18]

Mensaje por Avaricia el Jue Ene 07, 2016 10:31 pm

El Barón solo se movió ligeramente hacia su diestra para esquivar el fluido que aquél súcubo tan amablemente dedicó a la multitud. A su alrededor, los que no tenían el valor para escuchar unas cuantas plegarias demoníacas huyeron despavoridos. Fue entonces, aprovechando el caos, cuando el Barón alzó su brazo derecho.

En un abrir y cerrar de ojos, las saetas disparadas por las ballestas de los mercenarios apostados en los edificios en torno a la plaza atravesaron las corazas de exhibición de la Guardia Blanca, penetrando en el níveo metal como si fueran manzanas. Dos de los que realizaban el ritual para enviar el demonio a aquél portal cayeron de la plataforma, muertos o gravemente heridos. El que le había estado clavando su lanza bañada con magia divina a la demonio con grotesco disfrute, se encontró con varias saetas atravesando su brazo y pecho, haciéndole caer junto a su arma.

Lady Ardat comenzó a exclamar órdenes a sus hombres, cubriéndose con su escudo y buscando refugio bajo la plataforma, entre sus pilares.

-¡Matad al demonio!

Aquella fue su principal orden. Con lo que Lady Ardat no contaba, era con que no había solo uno.
De la boca del conde salió violentamente Avaricia, trepando con ayuda de varios brazos retorcidos e inhumanos hasta la plataforma. Uno de éstos apéndices se hundió en la cerradura, adoptando la forma de la llave y endureciéndose para girar y abrir la jaula en la que habían atrapado al súcubo.

No pidió perdón ni permiso por aferrarla fuertemente con varios tentáculos que la sujetaron contra su cuerpo cambiante, pues Avaricia juzgó que preferiría confiar ciegamente en él antes que pasar un minuto más en aquél infierno. De su espalda brotaron dos grandes alas que se formaron tan rápido como las saetas eran disparadas con gran confusión tanto hacia la Guardia Blanca como hacia los demonios. Algunos virotes se hundieron en el cuerpo de Avaricia, desapareciendo por un lado y siendo escupidos por otro, no sin dolor ante el impacto del proyectil.

Avaricia no era la criatura de vuelo más estable y elegante de Noreth, pero tras varios fuertes aleteos logró alzarse con su “damisela en apuros”, aunque el impulso no era suficiente. Dos fuertes piernas con algo parecido a garras brotaron de él, gracias a las cuales corrió por la plaza, cogiendo carrerilla hasta volver a alzarse y desaparecer sobre los tejados de Ciudad Esmeralda, pretendiendo dejar atrás sus murallas.

-¡Oh, vaya!-exclamó, al tiempo que varios ojos surgían en el tentáculo que sujetaba a la demonio, observándola con interés.- Siempre se me ha dado mal guardar secretos.

La infernal mujer estaba herida y su sangre se mezclaba con la sustancia oscura que formaba su cuerpo, goteando hacia el suelo que cada vez quedaba más lejano.

-¿Qué hace un ser hermafrodita del averno como tú en una ciudad como ésta?



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Re: Demonología: Carnipactum [+18]

Mensaje por Lujuria el Vie Ene 08, 2016 3:52 am

Asmodea que miraba en direccion de los guardias no se percato de que direccion llegaban las saetas, en pocos segundos todos los guardias habían sido derribados, la demonesa que había estado usando todas su energías, estaba a punto de desmayarse. Solo pudo alcanzar a voltear para ver quien sería su ejecutor.

-Al fin te apareces- dijo Asmodea al ver al demonio que abandonaba el cuerpo del Barón. un ser que a pesar de no reconocer físicamente despedía un aura muy familiar para ella

-¿Porque no me esperaste?- refunfuño la demonesa casi desmayada, Asmodea estaba muy convencida de que su compañero era el demonio que estaba frente a ella pero entre su debilidad pronto no sabía si era real o una alucinación.

Asmodea que no podía mover ninguna extremidad solo se dejo llevar por el jaloneo del momento, tenía los ojos medio abierto, casi cerrados, la demonesa sólo pudo ver cómo se elevaba del suelo mientras era sujetada por una especie de tentáculo con muchos ojos.

Lejos de donde volaba el par de demonios se encontraba todavía en la ciudad el General Mont, tenía un par de saetas enterradas, ninguna de gravedad pero aun asi le causaban el dolor suficiente para tener que guardar reposo. En la plaza todavía se libraba el combate entre los hombres del Barón y los guardias que llegaban de refuerzo al general.

-Organiza una búsqueda, esos malditos hijos de la noche no pueden ir lejos, busca rastros de sangre, ella está herida…- alcanzó a ordenar el general antes de que uno de sus médicos de guerra retirara una de las saetas que tenía en el hombro. -Aggg- Gritó el general que se quejaba del dolor que le ocasionaba la saeta retirada. -Avisa a las murallas, que estén alertas- finalizó el general antes de caer dormido.

Asmodea que ya le ganaba el desangrado cayó desmayada en las garras de la bestia voladora que la llevaba en sus patas, pero justo antes de desmayarse alcanzó a escuchar cómo le hablaba la bestia.

-Quien dice que soy hermafrodita…- pronunció Asmodea para después caer inconsciente.







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Re: Demonología: Carnipactum [+18]

Mensaje por Avaricia el Vie Ene 08, 2016 4:22 pm

¿Cómo que por qué no la esperó? ¿Acaso no era obvio que no podía quedarse en aquella prisión con todos esos guardas blancos? No… algo le decía a Avaricia que se refería a algo distinto. Había visto como le miró, cómo sus ojos se iluminaron por una fracción de segundo al verle surgir del cuerpo del Barón. Había algo extraño en sus palabras, y Avaricia no alcanzaba a entender de qué se trataba.

-Sin ánimo de ofenderte, pero es evidente.-contestó ante su último comentario.- Ahora, ¿qué tal si me dices a qué te refieres?

Pero la demonio no iba a decirle nada, al menos no en el estado de inconsciencia en el que se encontraba. “Tener sangre y órganos no es nada práctico”, pensó Avaricia, “En cualquier momento te clavan unas cuantas flechas y ya estás por los suelos”.

Sabía que no debían detenerse tan cerca de la ciudad, pero habría que hacer algo para evitar que perdiera más sangre. No era ningún médico… y lo que es más, no tenía ni idea de qué hacer ante esa situación. Una parte de él, la que se contentaba con su existencia actual sin conocer su pasado, decía que no importaba en absoluto. La otra, la que había experimentado aquél agónico vacío e intenso debate consigo mismo al conocer a Jack, deseaba saber quién era.

El conflicto interno empezaba de nuevo.

Siguió volando durante unos minutos más hasta que las murallas de Ciudad Esmeralda desaparecieron y dieron comienzo las arboledas y lagos que anunciaban la cercanía, todavía a varios kilómetros, de la Jungla de Uzuri. En aquella negrura Avaricia tenía la ventaja, pues dudaba enormemente de que la Guardia Blanca pudiera ver en la oscuridad.

Dejó con cuidado a su acompañante en el suelo acolchonado por la hierba fresca. Observó entonces aquél cuerpo desnudo, salvo por aquella diadema de su cabeza. No porque lo deseara, ya que el apetito sexual era inexistente en Avaricia, sino por pura y abrumadora curiosidad. No había visto otro demonio desde que despertó en Noreth. No pudo resistirse a tocar su piel con una mano que brotó de su cuerpo exclusivamente con aquél propósito. La piel de la demonio era áspera, seca y grisácea como una roca. Su cabello era blanco, pero no le daba el aspecto de una anciana. La forma de su cuerpo era con la que muchos hombres que había conocido soñaban, una forma que podría volverlos locos con tan solo su presencia.

Pero Avaricia no era un hombre. Tampoco una mujer.

La mano que tocaba la piel del hombro de la demonio se detuvo ante uno de los proyectiles clavados en aquella tosca piel. ¿Debía retirarlo? La lógica de Avaricia le decía que si estaba mejor antes de tener el virote que después, entonces debía quitárselo.

Tiró despacio y, afortunadamente, no era una punta de flecha, sino una saeta. De no ser así, la punta habría desgarrado la carne al salir y hecho un estropicio aún mayor. Avaricia ni se había planteado aquello, por lo que continuó retirando los virotes que atravesaban el cuerpo de su acompañante.

-¿Nadie te ha dicho que no es buena idea andar con éstas pintas por una ciudad?




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