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Secretos que solo el vacío se atreve a susurrar [Solitaria]

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Secretos que solo el vacío se atreve a susurrar [Solitaria]

Mensaje por Avaricia el Jue Ene 07, 2016 12:12 am


Aquella noche, la luna se escabulló como un animal herido. El cielo, un asfixiante, interminable y oscuro vacío, se cernía sobre Noreth como una silenciosa amenaza que sus habitantes ignoraban al estar ya acostumbrados a ella.

La historia del pueblo de Blackmoor es larga y complicada, remontándose a cientos de años hasta los primeros indígenas de aquellas tierras boscosas. Nadie necesita saber nada más.

Basta con decir que es pueblo como muchos pueblos, con un ayuntamiento, una posada, unas caballerizas, una tienda de empeños, una forja y, por supuesto un tablón de anuncios reportando todas las noticias que debían ser conocidas. A su alrededor, Blackmoor solo está rodeado por fresnos, abetos, hayas y robles.

La tienda de empeños funcionaba de la siguiente forma.

Primero, necesitas un objeto para empeñar.

Para conseguir esto, necesitas un montón de tiempo a tu espalda, años invertidos en vivir y existir, hasta que alcances un punto en el que crees que existes, y que ese objeto físico existe, y que el concepto de propiedad existe, y que, tan improbable como todas ellas parecen, esas absurdas creencias se alinean en un modo que resultan en ti teniendo un objeto de tu propiedad.

Muy bien. Buen trabajo.

Segundo, tras creer que posees un objeto, debes alcanzar un punto en el que necesites el dinero más que ese objeto. Éste es el paso más sencillo. Solo posee un cuerpo con necesidades y espera.

Aquella tienda de empeños de Blackmoor estaba dirigida por una joven llamada Hazzy Birgamo. La tienda no tiene nombre, pero si lo necesitas, sabrás dónde está. Éste conocimiento acudirá a ti súbitamente, normalmente en mitad de tu baño. Colapsarás, rodeado de una brillante oscuridad, y te encontrarás a ti mismo arrodillado, el agua deslizándose sobre tu piel, y entonces sabrás dónde está la tienda de empeños. Olerás a moho y jabón, sintiendo una puñalada de pánico proveniente del pensamiento de tu propia y absoluta soledad. Será como la mayoría de las veces que te has bañado.

Hazzy estaba ya a punto de cerrar. Aquél conocimiento no provenía por la hora del día o por la luz del sol muriendo lentamente tras las colinas arboladas, sino directamente de sus entrañas. Simplemente sabía cuándo debía cerrar, y en ese momento sus entrañas le decían que faltaba poco.

Se volteó para guardar los objetos que la gente de Blackmoor había empeñado: un reloj de plata, una silla de montar, un pañuelo de seda… y, al girarse, ellos estaban allí.



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Re: Secretos que solo el vacío se atreve a susurrar [Solitaria]

Mensaje por Avaricia el Jue Ene 07, 2016 11:41 am



Blackmoor se caracterizaba por las extrañas costumbres de sus gentes, por su olor a azafrán silvestre y por ser parecido y al mismo tiempo diferente a otros pueblos, hasta el punto de resultar inquietante cuando uno se paraba a pensar en ello. Tal vez por eso Hazzy no se extrañó ante el aspecto de aquellos dos hombres y dos mujeres.

Vestían ropas oscuras, consistentes en chaqueta, un capote con capucha sobre los hombros, pantalón y  vestido largo con chaqueta en el caso de las mujeres, pero no era eso lo que NO llamaba la atención de la joven Hazzy, sino el hecho de que todos llevaban unas máscaras de cerámica, y sus ojos se perdían en la vasta vacuosidad de sus cuencas hundidas.

-¿En qué puedo ayudarles?
-preguntó Hazzy en su ritual de atender a un cliente.

La mujer más alta introdujo la mano en su bolsillo y sacó un sobre sellado con cera negra y un nombre en su parte posterior: Hazzy Birgamo. Algo le decía a la joven que aquellos hombres no querían empeñar ese sobre, el mismo algo que le decía cuándo cerrar o abrir su tienda o la hora de tomarse un chocolate caliente junto a la chimenea.

Hazzy abrió el sobre dirigido a su persona. “El correo entregado por extrañas figuras enmascaradas en una noche sin luna se entrega los viernes, no los miércoles” pensó para sí misma, tan alto que quizás los enmascarados la habrían escuchado. Leyó mentalmente la nota contenida en el sobre. No la leyó en voz alta porque probablemente ellos ya sabían qué había escrito, y de no ser así entonces contendría un terrible secreto personal que Hazzy prefería mantener en las sombras.

-Oh, sí, se sorprenderían al saber las cosas que empeña la gente.-comentó Hazzy mientras caminaba a la parte trasera de su tienda, alzando su voz para que llegara a los enmascarados del mostrador.- Pero el alcalde no puso ningún reglamento a lo que puede o no puede empeñarse. La verdad, el alcalde no tiene poder sobre la tienda de empeños. La tienda de empeños tiene algunos objetos del alcalde.

Había lugares extraños en Noreth, pero el remoto pueblo de Blackmoor era la guinda del pastel. Sucedían tantas cosas extrañas en un espacio proporcionalmente tan reducido que sus habitantes ya no se inmutaban, pues habían aprendido que existía una fina línea que separa lo raro de lo bello… y está cubierta de medusas, justo detrás del campo de calabazas y sueños imposibles de la anciana Palmer.

El objeto que buscaba el grupo de enmascarados fue empeñado hace cinco años, tres días, seis horas y veinticuatro minutos por un hombre que ni siquiera la eidética memoria de Hazzy podía recordar. Regresando al mostrador, dejó sobre éste el objeto en cuestión.

Se trataba de una corta cadena de ¿hierro?, gruesa y pesada en apariencia, pero Hazzy la había cargado como si pesara lo mismo que el gato que rondaba el pueblo a medianoche. Era un gato fantasmal que el perro de los Sinclair había matado hace varios meses y que ahora volvía para atormentar el alma del chucho.

-Serán dos kulls de plata.-antes de darles tiempo a hacer o decir nada, Hazzy volvió a hablar.- De acuerdo, un kull de plata y un terrible secreto personal.

Uno de los enmascarados, la mujer alta, se acercó a Hazzy por toda respuesta, inclinándose suavemente sobre el mostrador y alzando una mano enguantada hacia su rostro enmascarado, susurrando algo al oído de Hazzy al tiempo que deslizaba un kull de plata hacia ella.

El rostro de Hazzy se tornó pálido de terror ante lo que el enmascarado le había susurrado. Retrocedió unos pasos y asintió con la cabeza.

-Gracias por acudir a la tienda de empeños de Blackmoor.

Los enmascarados se marcharon, tan silenciosamente como habían venido. El precio había sido pagado y, esa noche, Hazzy la pasaría igual que el café que preparaba Karl, el posadero. Frío, oscuro, infinito. Sin dejarte dormir.



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Re: Secretos que solo el vacío se atreve a susurrar [Solitaria]

Mensaje por Avaricia el Jue Ene 07, 2016 5:37 pm


Lejos de aquél suceso en Blackmoor, tanto en el tiempo como en el espacio, en la ciudad de Phonterek, un rátido de pelaje rojizo atravesó saltando la ventana de un segundo piso. Cualquiera pensaría que se trataba de un ladronzuelo, pero cuando vieran a la hija del dueño de aquella casa asomarse por la ventana y despedirse con una mano mientras que con la otra sujetaba las sábanas que cubrían su cuerpo, todos los que hubieran pensado erróneamente y hubiesen observado la escena habrían dicho o pensado un “Oh… vaya”.

El padre de aquella joven se asomó por la ventana, arrojando varios objetos de diversa índole al rátido a la fuga.

-¡SI VUELVO A VERTE TE MATARÉ, RATA ASQUEROSA! ¡GUARDIAS! ¡GUARDIAAAAAAS!

Algunos incluso reconocerían al rátido. Se trataba de Sneer Gitsnik, un conocido aunque, en cierto modo, inofensivo truhán de la ciudad. Nunca había matado a nadie, o al menos no que se supiera, ni se metía en refriegas o apuñalaba a nadie por la espalda, probablemente porque había descubierto que una vida alejada de ese tipo de conflictos era más larga y saludable. ¿Qué estúpido suicida preferiría una vida de combates y heridas cuando podía dedicarse al noble arte del hurto y solucionar sus problemas con una jarra de cerveza?

El alcohol entendía a Sneer más que Sneer entendía al alcohol. En realidad, Sneer no entendía muchas cosas, y ese era su secreto de una existencia feliz y sin preocupaciones. No se preguntaba por qué la piel de los humanos era rosada, por qué el cielo era azul, por qué cambiaban las estaciones o por qué aquél ser oscuro de cambiante aspecto le había escogido a él para ayudarle en sus hurtos y affairs con hermosas jóvenes a cambio de permitirle viajar en su cuerpo.

-No imaginé que la joven Lady Ivory fuera tan… tan…
-una vez se puso a salvo, el rátido retomó el aliento en un callejón, tratando de articular la palabra que buscaba con sus manos.- … tan feroz en la alcoba.

Rió mientras se abrochaba el cinturón, todavía sintiendo el agradable calor de haber compartido lecho con la hija de uno de los nobles de la ciudad.

Puede que fuera una rata, pero nadie había visto una rata igual. Incluso para un humano, Sneer podía parecer apuesto y galán. Su pelaje cobrizo era limpio y brillante, propio de un rátido acostumbrado a la cómoda vida en la ciudad, y su rostro era anguloso y de facciones firmes, como si un caballero de cuentos se hubiese transformado en rata. De hecho, esa era la historia que solía inventarse como táctica para encandilar a las doncellas.

“Te dije que debías intentarlo, ¿no es así?” dijo el demonio, con voz femenina, a la mente del rátido. “Sé ver en los ojos de una mujer cuándo desea algo, incluso de una rata.”

-Ésta rata ha conquistado más mujeres que…-Sneer intentó pensar algo ocurrente, pero dedujo que era algo demasiado complicado en ese momento y simplemente dejó la frase perderse en el callejón.- Oh, por todos los dioses y lunas… ¿Qué he hecho?

Súbitamente, Sneer pareció darse cuenta de la gravedad de la situación, en especial cuando escuchó las apresuradas pisadas de los guardias al otro lado del callejón.

-¡Ahí está! ¡Atrapadlo! ¡Ha violado a la hija de Lord Everloom!

-¿Qué? ¡Eso es una vil falacia!-gritó a los guardias Sneer mientras escalaba por la pared para librarse de ellos. Una vez estuvo en el tejado, alzó una mano, llevándose la otra al pecho, sobre su corazón.- ¡Juro solemnemente que el sexo con esa joven ha sido con su consentimiento!

Los intentos de los guardias por trepar hasta los tejados indicaron a Sneer que no iban a atender a razones. Era lo malo de ser una rata: aunque dijeras la verdad, la palabra de otro siempre tendría más valor que la tuya.



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Re: Secretos que solo el vacío se atreve a susurrar [Solitaria]

Mensaje por Avaricia el Sáb Ene 09, 2016 3:20 pm

Hacía mucho tiempo que Avaricia no disfrutaba de un anfitrión tan fructífero. Sneer no era mala persona… o rata… pero no hacía falta serlo para codiciar todo lo que ven tus ojos. Si alguien hubiera visto a Sneer en su tierna infancia, diría que su ambición por riquezas, mujeres y respeto se debía a que había pasado su vida sin tener nada más valioso que la ropa que llevaba encima. Pero la verdad era que Sneer era avaricioso por naturaleza. Todo para uno y nada para los demás, solía pensar cuando creía que Avaricia no le escuchaba. Toda su vida le habían arrebatado la oportunidad de tener lo que deseaba, de una forma u otra, y ahora que tenía la oportunidad, no dejaría que nadie se interpusiera en su camino hacia sus deseos.

El rátido ignoraba que se dirigía a un solitario callejón sin salida. Ignoraba que se estaba distanciando de su familia y amigos a cada paso que daba hacia sus metas. Para él, esos pasos eran adictivos, pues le hacían sentirse lleno por una vez en su vida.

Avaricia solo aceleraba el proceso de su autodestrucción. Mediante su influjo, el rátido no solo ambicionaba más, sino que desconfiaba más del prójimo. Incluso había llegado a ocultar los beneficios de sus robos a su propia familia, pues deseaba tener algo que fuera suyo, y solo suyo. Ese sentimiento de tener la propiedad de algo le gustó. Le fascinó tanto que se convirtió en un veneno. En una droga.

Eso a Avaricia le importaba más bien poco. No le importaba en absoluto cómo acabase su anfitrión. Cuando fuera inútil o, simplemente, se aburriera de él, el demonio se marcharía sin que el destino al que había condenado a ese bastardo codicioso le quitara el sueño. Mientras tanto, Avaricia le dedicaba las palabras que deseaba oír.

“¿No es fantástico, Sneer?” le susurró a su mente cuando escaparon de los guardias.

La rata se encontraba ahora bajo un árbol a las afueras de Phonterek, fuera de sus murallas. Disfrutaba de una deliciosa comida consistente en un pato asado que había podido agenciarse antes de salir de la urbe. Avaricia disfrutaba de una comida muy diferente, pero igualmente plena.

-¿Eb queb?-preguntó el roedor, todavía masticando.

“Tener tu propia comida. Un amante que anhela tu presencia. Tu propio botín. Tu propia vida.”


Sneer quedó en silencio, pero Avaricia sabía muy bien la respuesta. Una más extensa que el encogimiento de hombros que el rátido le dedicó.

“¿No pensarás parar ahora, verdad?”
interrogó Avaricia, fingiendo sorpresa. “Podrías tener tu propia banda de forajidos, o incluso ser el líder de tu propio gremio de ladrones. Podrías tener fama y fortuna a lo largo y ancho de Noreth…”

A Sneer esa idea le parecía especialmente atractiva gracias a la influencia del demonio en sus entrañas. No dijo nada, no hacía falta, siguió comiendo el pato asado sin ser consciente de las figuras enmascaradas que, lentamente, se aproximaban desde su espalda.



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Re: Secretos que solo el vacío se atreve a susurrar [Solitaria]

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