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[+18] La furcia debe morir

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[+18] La furcia debe morir

Mensaje por Ramlidé el Jue Ene 14, 2016 3:54 am


Cada mes y medio solía pasarse por el puerto de Malik-Thalish un compañero de Ephel Dúath, me traía mercancías para dar el pego con mi tapadera de vendedor de temporada en la ciudad y de vez en cuando, alguna carta de familiares y amigos de Ram-Rillë. Por alguna razón, siempre esperaba recibir alguna carta de Marthga, pero como era de esperar, nunca ocurrió, y nunca ocurrirá, me temo.

Esa mañana llegó la mercancía, esta vez acompañada de un inesperado encargo: Un asesinato. No era algo que me hiciese especial gracia, mi trabajo consistía en el espionaje, no en degollar a los demás, pero como de costumbre, me mangonean a placer. El mensaje versaba sobre un traficante de esclavos y armas mágicas, es decir, alguien importante que además, sabía lo que se hacía si era capaz de llevar a cabo ese negocio en Malik-Thalish sin perder la cabeza, literalmente. Una madame de burdel, pero no de cualquier burdel, se trataba ni más ni menos que de “El despachado”, uno de los antros que solía visitar, el mejor burdel de bajo costo de la ciudad, las chicas conservaban todos los dientes y ninguna pasaba de los cuarenta.

Si ya no me hacía gracia tener que salirme del guión, mucho menos me lo hacía tener que armar una carnicería en uno de los pocos sitios de Malik-Thalish que me gustan, pero no me quedaba alternativa, esa zorra debía morir; no sabía cual de sus asuntos se interponía en el camino de Ram-Rillë, si el tráfico de armas o de esclavos, pero eso era algo que me traía sin cuidado, fuese como fuese, no iba a pasar mucho tiempo hasta que diese su última calada al habitual cigarro que solía tener entre los labios. Conocía a esa mujer, no tanto como me gustaría, pero sabía quien era, que es lo importante.

Tras una semana paseando por las callejuelas de los alrededores del burdel, anotando en mi cuaderno todos los detalles sobre el nivel de vigilancia de cada una de ellas, sobre el tránsito a según que hora del día, elaboré poco a poco un plan de acción para huir del lugar del crimen antes de que nadie se enterase de lo ocurrido. Mientras paseaba y apuntaba sistemáticamente en el cuaderno, no podía evitar maldecir hacia mis adentros a quien quiera que fuese el que me encomendó hacer aquello, cuanto más lo hacía, más pensaba en aquella puta, hasta el punto que llegó a recordarme, en cierto modo, a Marthga. Ya estaba viendo lo que iba a pasar, no iba a ser capaz de matarla... pero tenía que hacerlo. Por suerte, se me ocurrió un plan.

Como dije anteriormente, yo no era un carnicero, yo era un espía, así que mi trabajo no consistiría más que en eso, en espiar y revelar lo averiguado, tras esto, sólo necesitaría dejar que las cosas marchasen como debiesen marchar. Si algo había aprendido en los dos últimos siglos de espía en Malik-Thalish es que la justicia es rápida, sin preguntas y definitiva, sólo debía dejar el anzuelo adecuado y estar atento para comprobar que todo ocurría según lo esperado. Lo importante es que muera, no ser yo quien empuñe el cuchillo, el mensaje no especificaba las circunstancias del asesinato, así que me tomé esta licencia.

Abandoné la rutina del paseo y la cambié por lo que mejor se hacer, fisgonear. Empecé por ir al burdel como cliente, con suerte vería algo fuera de lo habitual, algún hombre poco interesado en el sexo dentro de un burdel estaría bien, sin embargo, no fue el caso, tras cuatro noches seguidas sentado en el salón principal mientras le sobaba las tetas, y algo más, a un par de jamonas que se reían de todos mis chistes haciendo gala de unas pésimas dotes para la interpretación, sólo saqué una cosa en claro, que de ese modo sólo iba a perder el tiempo, al menos en lo referente al encargo.

Tras fisgonear en el burdel y no sacar nada, más que unas buenas borracheras coronadas con algunas de las mejores zonas erógenas de la ciudad, me dispuse a arriesgarme un poco más. La quinta noche en el burdel no la dediqué a beber, pedí una chica y una habitación, tras hacer lo propio e irme, esperé fuera tras comprobar que el fiambre seguía en el burdel. La rutina del paseo me sirvió de algo, supe cual era la calle menos transitada a esas horas de la noche, lo cierto es que ese día estaba vacía, así que aproveché la ausencia de ojos y la oscuridad para usar uno de mis mejores hechizos de ilusión, cambiando mi aspecto de elfo por uno de humano, un humano vestido de negro, preparado para que si me pillan por algún casual, la búsqueda se centre en el inexistente humano pelirrojo y no en el único elfo solar de la ciudad.

Esperé una calle más allá de la puerta del burdel, sobre un tejado lo suficientemente alto como para tener una visión panorámica y aérea del lugar, me relajé durante un par de horas hasta que las luces se apagaron, suponía que la mayor parte de las chicas vivirían allí dentro, acerté. Poca gente salió de allí, algún borracho somnoliento, un par de hombres y ella, por la puerta de atrás, la vi perfectamente salir, no le vi la cara desde mi posición pero estaba seguro de que era ella, no podía ser otra. Bajé a la calle y corrí tras ella hasta una distancia prudente, asegurándome de que no se enteraba de que la seguían llegué hasta su casa. Esa noche había averiguado mucho, así que al igual que hizo ella, me fui a dormir, al barco.

Madrugué tanto que aun no había amanecido cuando me levanté, fui hasta la puerta de la casa de señorita cadáver, esta vez sólo tornándome la cara y el cuerpo por la del chico pelirrojo y dejando en el barco cualquier pieza de mi indumentaria habitual que me pudiese delatar. La seguí discretamente por todos y cada uno de los lugares a los que iba, en algún momento tendría que meter la pata. Repetí la rutina durante más de una semana hasta que el décimo día la pillé con las manos en la masa. Una pequeña tienda de armas de la periferia de la ciudad traficaba con armas mágicas, no las había visto, pero ella nunca iba a esa zona de la ciudad, tenía que ser allí desde donde lo hacía. También sospeché de uno de los comedores sociales financiados por el templo de Malik-Thalish.

Debía meter la nariz en esos sitios y confirmar mis sospechas, con bastante pena, y es que estaba acostumbrado a irle mirando el culo día tras día mientras la seguía como si fuese su sombra. Me colé por la noche en ambos sitios y obtuve las pruebas que necesitaba: en la tienda de armas había un falso suelo tras el que se escondía una cantidad de armas bastante importante, de un material y calidad que no eran asequibles para el calibre del local. Por otra parte, en el almacén del comedor, casi a la vista de todos, había tres docenas de personas encadenadas, esclavos; se notaba a la legua que aquel lugar estaba alejado de la mano de cualquier dios, nadie se había percatado de lo que allí ocurría.

Escribí la denuncia, anónima, por supuesto, y la dejé con toda la discreción posible sobre una mesa en el cuartel principal de la guardia urbana, tras esto empecé a quejarme a viva voz de la falta de vigilancia en las calles, dejando lucir mi falsa cabellera pelirroja mientras forcejeaba con un par de guardias que me intentaban echar del lugar . En cuanto uno de los soldados agarró el papel, no pude evitar arquear ligeramente el labio, dejando entrever una pequeña sonrisa picaresca mientras pensaba en mi victoria: “El pez ya ha mordido el anzuelo, ahora sólo falta esperar”, pensé.

Me fui de allí más ancho que alto, contento por el inminente triunfo, pero al poco tiempo, sentí remordimientos al respecto. Tras días observándola y manteniéndola en mis pensamientos... su “algo” que me recordaba, a pesar de ser humana, a Marthga... no me sabía bien todo aquello. Fue fácil de asimilar mientras le iba mirando el culo, pero una vez hecho, fue como si tirase por la borda el tesoro de la isla con forma de calavera nada más haberlo conseguido. De todas formas, a lo hecho, pecho, tenía que continuar con el trabajo, de modo que esa noche volví al burdel.

Me presenté con mi aspecto habitual, luciendo mi melena rubia y mi piel dorada, como todas las veces que fui allí como cliente habitual, además llevé conmigo una bolsa bien llena de kulls y busqué a la madame, y cuando digo que la busqué, digo que la hice llamar.

¡Anda! ¡Un apuesto elfo! Dígame caballero, ¿Hay algo aquí que no es de su agrado?
¡No! ¡Si todo está perfecto! Supongo que ya me habrás visto de vez en cuando por aquí, vengo alguna que otra vez.
Ja, ja, ja, claro, claro. Entonces, ¿Cual es el problema? Ya debes de ser un experto en este lugar.
Bueno... ¿Cómo decirlo? Quiero comprarte a ti, quiero pasar la noche entera contigo.
¿Yo? Ja, ja, ja... Pero si aquí hay varias chicas mucho mejores que yo, espera que te voy a buscar a alguna de las nuevas... – La agarré suavemente por el brazo y puse sobre su mano la bolsa de kulls.
No quiero a ninguna otra esta noche, ¿No tienes ningún problema no? Esa bolsa podría pagar al menos a cinco chicas.
Bueno... vale – dijo con un tono inseguro y confuso. Suponía que no lo rechazaría, en los burdeles se venden hasta las mujeres que limpian el local.

Pasamos una noche como cualquier noche que pasarían cliente y prostituta, aunque yo la disfruté como ninguna otra, mientras lo hacía con ella no podía evitar imaginar que era como si lo estuviese haciendo con Marthga, tras acabar, recordé todo a lo que me había dedicado las últimas semanas y las consecuencias que eso tendría. En el momento me derrumbé, no llegué a llorar, pero me sentí fatal conmigo mismo, ¿Qué clase de persona era? Estaba acostándome con gusto con la chica que yo mismo sentencié a muerte, podía intentar consolarme con el hecho de que se lo merecía, o con que sólo cumplía órdenes, pero yo debía estar por encima de eso. Pensé muy seriamente en contarle la verdad y convencerla para que se escapase conmigo de allí, traicionar a Ephel Dúath, al Rey, a mi pueblo... ¿Por ella? No tenía la cabeza en orden, desde luego, y el alcohol no ayudaba. Esa noche me quedé dormido en el burdel con ella a mi lado.

Me desperté de madrugada con el miedo de que ya se la hubieran llevado, pero seguía allí, frente a mi, dormida. Con el pensamiento menos emponzoñado por la bebida, la desperté y junto con una palmada cariñosa en el culo, me despedí de ella. Durante el camino hacia mi barco, la fría brisa nocturna despejó mis pensamientos, decidí no volver a estar con ella, sólo iría al burdel para vigilar y comprobar que los guardias hacían el trabajo, una vez hecho, todo este asunto sólo sería un mal recuerdo.

Estuve dos noches seguidas en el burdel, casi más pendiente de ella que de “mis chicas”, no estaba haciendo bien mi trabajo, se notaba que algo me pasaba, esa chica me estaba destrozando la cabeza, llegó un punto en el que deseé degollarla yo mismo, allí, delante de todos y acabar de una vez con la presión a la que estaba sometido. A la tercera noche no aguanté más, aparté a las dos numerarias habituales de mi sofá en el burdel y eché mano a mi bolsa, estaba medio vacía... nada que un pequeño “truco de magia” no pudiese solucionar, un leve chasquido de dedos y esa bolsa estaría llena al instante, o eso se creería ella. Se la lancé a las manos, la agarré bruscamente por el brazo y la llevé a una habitación vacía ignorando sus quejas y negativas.

¿¡Pero qué demonios te pasa a ti hoy!?
Nada malo, sólo que me estás poniendo tanto que no podía esperarme – mentí, lo cierto es que lo que no podía aguantar era la presión a la que me sometían los hechos que estaban por llegar, pero mientras lo hacía con ella, no pensaba en ello. Por suerte, la chica se sometió a mis demandas y se entregó a mi.

Se alejó un par de pasos de mi, con una sonrisa en la cara. No necesitó más que tirar de un nudo tras su cuello para quedar completamente desnuda, mostrando al descubierto su cuerpo, tenía la piel clara y sus formas de mujer eran poco acentuadas. También se quitó un palillo del pelo que se lo recogía en un moño, dejando caer su larga melena, completamente lisa y oscura como el carbón. Era una mhare genuina. Tres este pequeño ritual tan sugerente con el que me hipnotizó, me agarró por el cinturón y me llevó al borde de la cama, se sentó ante mi y lo desabrochó, con una clara intención. A medida que me iba despojando lentamente de mi ropa, me iba relajando, cada vez más y más, toda la presión que sentí se liberó, tan sólo podía pensar en lo mucho que me estaba gustando... Pero de repente, escuché como la puerta se abrió de un golpe, dando un portazo y antes de poder girarme, de un empujón me tiraron al suelo, y allí estaba ante mi, la consecuencia de mis actos: Dos tíos enormes, cual gorilas, embutidos en armaduras de la guardia urbana de Malik-Thalish pronunciaron las palabras.

En nombre de Malik-Thalish, su gobierno, y sus habitantes, por tus crímenes contra Thonomer y sus leyes, entre los que se encuentran el tráfico de armas y la compra-venta de esclavos, estás sentenciada a morir – la chica no daba crédito a lo que veía, no supo como reaccionar ante la situación, allí se quedó, plantada, escuchando lo que esos hombres tenían que decirle. Nada mas acabar el discurso, uno de los dos la agarró por el pelo y la degolló allí mismo, derramando su sangre por toda la habitación.  

Así fue como murió, así fue como yo la maté. Durante un tiempo me sentí muy mal conmigo mismo, notaba en mi interior unas llamas que me quemaban por dentro y que por más que las regaba con bebida, no se apagaban. Al final se me pasó y todo quedó en un mal recuerdo. Me quedo con que ella fue, y seguramente será, lo más parecido a estar con Marthga que llegaré a sentir en mi vida.


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Re: [+18] La furcia debe morir

Mensaje por Señorita X el Jue Ene 14, 2016 12:20 pm

Es una lástima que decidiera el destino funesto de la muchacha, pero el hijra está excelente. Procedo a darle color y permisos
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Re: [+18] La furcia debe morir

Mensaje por Ramlidé el Jue Ene 14, 2016 1:07 pm

No tenía alternativa, eran órdenes de Ram-Rillë y la lealtad de Ramlidé al reino es absoluta.


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Re: [+18] La furcia debe morir

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