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La ponzoña del averno

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La ponzoña del averno

Mensaje por Iris Melita el Lun Ene 18, 2016 10:46 pm

Me reuní con Faiza por la mañana temprano, después de estar un día entero metida en el templo, sólo para recibir más y más visitantes que querían hablar conmigo, conocer su fortuna, o que yo misma les diera suerte. Estaba harta. Harta de que todos quisieran mi atención tan intensamente. ¿Por qué tenía que ser yo quien estuviera a diario, atada de pies y manos?
Sabiendo de todo esto, me llevé puesto encima todas mis posesiones, que era básicamente ropa, y marché hacia el bosque.
Cuando llegué bajo la sombra de un frondoso y enorme pino, me detuve a apoyar mi espalda sobre el tronco, mirando hacia el interior del bosque, donde esperaba encontrarme con Faiza.

Pero lejos de ver a Faiza acercarse por delante, noté una extremidad, fría y fuerte, rodearme por la cintura, dándome varias vueltas. Me giré a un lado, para encontrarme con el rostro de Faiza sonriente. A veces resultaba extraño verle sonreir cuando extendía sus colmillos. Resultaba casi amenazante. Pero sabía que lo hacía porque de vez en cuando le era cómodo estirar esos músculos.


- Faiza, nos vamos a escapar de aquí. No tengo nada más que lo que llevo encima. Nos vamos ahora mismo, sólo si tú quieres-

Faiza ladeó la cabeza, y se acercó a mí, a mirarme atentamente.- Por ssssupuefto que quiero marcharme contigo. Vayamos hacia el sur, a tierras más cálidasss… Seguro que te gussta

Me daba igual realmente a dónde ir. Sólo quería ir lejos de este lugar.

Partimos nada más ella recogió sus cosas, hacia el oeste, en dirección a los bosques de Erinimar. Sería un buen lugar de paso para luego ir hacia el sur.

Pero a medida que nos íbamos hacia allá, la arboleda frondosa y sana que íbamos dejando atrás daba paso a unos árboles secos, o segregantes de un líquido espeso y oscuro que resbalaba por las cortezas de sus árboles. A medida que nos adentrábamos, la podredumbre parecía ser más palpable, y entonces empecé a sentirme rara. A sentir una sensación en mi estómago que no recordaba haber sentido nunca. Era como si me lo aplastaran desde dentro. Sentía unas fuertes náuseas, y ganas de vomitar. Pero no tenía nada que vomitar.

Hice el amago de expulsar lo nada que había comido, pero sólo salió un líquido transparente y blanquecino que caía al suelo, y formaba una masa viscosa mezclándose con la savia podrida que supuraban los árboles.

Faiza me miró alarmada, y se puso frente a mí, tratando de mirarme a la cara.

-¿Qué te passssa? Dime algo, Irrrisss

Tardé en responder lo que tardé en devolver todo lo que tenía en el estómago, y lo hice con un ardor importante en mi cuello y en mi boca.

- No.. No lo sé. Ha sido entrar aquí y sentirme… Fatal.

Faiza me agarró con sus brazos haciendo un amago de llevarme en volandas a recorrer el camino inverso, pero me revolví apenas sin fuerzas.

- ¡No, Faiza! Este bosque está sufriendo… Tenemos que hacer algo, no podemos irnos sin más. Tenemos que entrar en el bosque. Ir a lo profundo de éste, y descubrir qué pasa

Faiza no parecí convencida de ello. Aun así, hice el intento de andar, pero apenas podía dar pasos con los brazos y pies temblorosos. ¿Qué clase de magia… era ésta?

Faiza al ver mis pasos inseguros, me tomó entre sus brazos y me apoyó en su espalda, a lo que respondí agarrándome por su fuerte cintura.

Faiza avanzaba, y a medida que avanzaba hacia lo más interno del boque, a la vez que la luz del sol se hacía cada vez más tenue, sentía que el interior de mi cuerpo se sentía más débil. La jovialidad con la que había despertado esta mañana se escapaba de entre mis dedos, dejando a su paso el sufrimiento y la corrupción.

Una luz violeta parecía pulsar a lo lejos, y cuanto más nos acercábamos, más intenso parecía.

Faiza aceleró su movimiento hacia allá, y lo que descubrimos en aquel claro me dejó sin aliento.

Había una especie de… corazón. O algo parecido a un corazón, pero era morado, oscuro, y parecía que estuviera podrido. Pulsaba, como un corazón, y estaba unido a la hierba, y rodeado de zarzas cuyas espinas parecían querer arrancarle la carne a todo aquel que se acercara.

Sentí que me abandonaban las fuerzas en cuanto estuvimos allí, en aquel lugar, y caí de la espalda de Faiza al suelo, temblorosa, sobre el barro húmedo y pestilente.

Faiza se giró hacia mí, pero en cuanto lo hizo, una sombra se superpuso sobre la figura de Faiza. Apenas di un gemido de miedo en cuanto lo vi, y Faiza fue sorprendida por un enorme puño que le lanzó contra el tronco de un árbol, quedando su cola sobre mi, aplastándome sin que ella se diera cuenta.

Faiza se levantó con un movimiento furioso, y se quedó observando a lo que teníamos delante. Se trataba de un ser enorme, que bien podría medir casi los 3 metros, de prominente musculatura, y piel verdosa oscura. La única cosa que no denotaba que estuviera vivo era que de su cabeza, parecía escurrirse un líquido violeta, que resbalaba por su mejilla de una forma lenta y asquerosa.

Aquel ser profirió un gruñido como toda respuesta, y se lanzó hacia Faiza como enorme mole. Faiza se enroscó al tronco del árbol que tenía a su espalda, y trató de escalarlo, pero el gigantesco troll zombie chocó contra el tronco y éste soltó un crujido que resonó en todo el claro. Faiza resbaló de la rama, y cayó sobre la cabeza del troll, mientras que el troll caía sobre el tronco del árbol.

En cuanto éste notó el peso de Faiza encima, la cogió con una mano, como si fuera apenas una canica, y la lanzó hacia el extremo opuesto

Traté de arrastrarme hacia aquella cosa violeta que estaba frente a mí, arrastrándome, clavando los dedos en la tierra, como si estuviera en un último hálito de vida. Pero en cuanto me acerqué, las zarzas que rodeaban aquel extraño y enorme corazón se aferraron más a éste, y sus espinas crecieron. Eran un aviso de que no me acercara. De que a mí no me querían cerca.

Faiza se levantó del golpe contra el árbol, y me vio tirada junto a esta masa cárnica. Pero lejos de poder acercarse a mí, tuvo que torear otro embiste del troll, que ésta vez pasó de largo cuando Faiza retorció su cuerpo como si fuera de goma.

El troll al pasar de largo trastabilló contra el árbol contrario y cayó en un lago pantanoso, del cual no parecía poder despegar sus piernas. Su cuerpo se hundía lentamente, y apenas se podía mover, porque cuanto más se moviera, más se hundía. Lejos de darse cuenta del detalle, el troll se revolvía como si no hubiera mañana.

Faiza al oir los gemidos de miedo del troll se giró hacia éste, pero lejos de sentir empatía por aquel, me miró a mí.

Me acercaba una mano a mi cabeza, que ahora estaba fría.

Y cuando lo hizo, su cuerpo empezó a convulsionar de repente, elevándose sobre el suelo. El cuchillo de su cinturón cayó junto a mí, como si de una amenaza se tratara.

Faiza miraba hacia un sitio en concreto, mientras sus ojos se inyectaban en sangre. Observé en la misma dirección.

Había alguien, vistiendo una toga negra. Portaba un libro colgando en una mano, un pesado libro con la cubierta violeta y letras negras, mientras que con la otra señalaba a Faiza. Bajó la mano, mientras Faiza seguía atrapada de esa extraña manera. Aquel ser se quitó la capucha, y mostró un rostro de piel blanca, y ojos violetas, con una sonrisa que parecía rayar en la locura

¿Sería alguna clase de nigromante?

- No. Tu amiga me parece que se va a quedar ahí donde está ¿Eh, señora serpiente?

Hizo una pausa, en la que parecía esbozar una sonrisa para sí mismo, tras lo cual volvió a relajar su gesto.

- Oh, vaya, no puedes responder ¿verdad?

El nigromante se iba acercando hacia Faiza con la mano a la alza, mirándole con los ojos violetas brillando como si tuvieran luz propia.

Por mi parte, recogí el cuchillo con mi mano temblorosa, y lo oculté bajo mi manga, deseosa de que no me hubiera visto hacerlo.

Faiza tenía todo el cuerpo en continuos espasmos, como si le hubiera caído un rayo encima, pero parecía poder mover su cabeza con normalidad. Apretaba sus dientes, tanto que podía verse la sangre resbalar por sus labios.

- Qué pena. Habéis encontrado este bosque. Y ahora os tendré que matar si quiero conservarlo como MI propiedad que es

El nigromante se fue acercando hacia Faiza, mientras tomaba la empuñadura de algo que colgaba de su cinto. Cuando lo sacó, lo pude ver claramente. Era una daga, con dibujos parecidos a unas runas, decorando el filo. ¿Una daga de rituales?

- Pero vaya, sería una pena desperdiciar a una señora serpiente. ¿No estaría bien meterte a mi bando?-

Faiza frunció el ceño y cerró los puños, dentro de sus convulsiones. Su cola parecía enroscarse lentamente, como si estuviera intentando algo.

Cuando el nigromante pasó de largo de donde yo estaba, y seguía acercándose a FAiza, aproveché para tomar el cuchillo, y con la empuñadura tomada lo más firmemente que podía, rebané el tallo de aquellas zarzas que, cuando las cortaba, caían al suelo convirtiéndose en polvo. Las zarzas parecían destellar un color rojizo en cuanto eran cortadas, y no paré de cortar con aquel filo, dejando al final el corazón al descubierto por un hueco a mi alcance. Alcé el cuchillo y descargué una puñalada sobre el corazón, que pareció retorcerse en el momento en el que el cuchillo atravesaba su superficie.

El nigromante se giró y profirió un grito de pavor en cuanto lo hice, y cuando me miró, volvió a gritar.

-¡¿Qué haces?!¡NO HAGAS ESO!

En cuanto me gritó, Faiza cayó al suelo, y hecha un basilisco, rodeó el cuerpo del nigromante con su poderosa cola, apretando alrededor de los huesos de éste, y apretando su carne

- Te voy a desstrosssaarr, maltdiitooo

Oí un crujido de los huesos del nigromante, pero éste parecía ignorar todo eso. Sólo trataba de caminar, ahora con una enorme dificultad gracias a Faiza, hacia mí. Volví a apuñalar el corazón, y el nigromante volvió a gritar de una forma que parecía inhumana, al igual que el corazón. De la herida anterior caía un líquido pegajoso y negro que se derramaba sobre mi pelo, pero lejos de importarme, volvía a apuñalar el corazón una y otra vez, hasta que aquel líquido caía como si fuera una cascada.

El nigromante cada vez que apuñalaba el corazón se volvía más loco, y cayó al suelo en cuanto un sonoro CRAC resonó cuando sus fémures se hicieron añicos. EL nigromante no hacía más que intentar acercarse a mí, pero para él era tarde. Faiza no dejaba de apretarle con la cola, y el corazón empezó a perder la forma, y a carbonizarse como si estuviera ardiendo por dentro. Unas enormes llamas empezaron a surgir del corazón, y se extendieron hacia la ciénaga, y en todas direcciones, quemando las raíces de aquella abominación a su paso.

Todo aquel claro se sumió en un sonido poderoso de llamas, de luz roja casi blanca, y de un grito de rabia que parecía venir del mismísimo inframundo, que profería el nigromante aquí a mi lado.


Durante unos momentos me sentí como si el tiempo se hubiera parado. Todo estaba sumido en luz blanca. Todo era irreconocible. Estaba sola, y no podía oir nada. ¿Esto era estar muerta?¿Acaso había llegado el fin de mis días?

Pero entonces la realidad volvió a mí. Estaba tirada en la hierba, en la ahora verde hierba. Un olor intenso a flores inundó mis fosas nasales. Y con ello, notaba un mar de gotas calientes resbalar por mi pecho y por mi cuello.

Faiza estaba con su rostro hundido en mi pecho, temblando y lloriqueando. Notaba presión en todo mi cuerpo, y pude ver que la cola de Faiza estaba enroscada a mi alrededor. El claro ahora era un claro de verdad. Había árboles, luz del sol penetrando entre sus hojas, y un color verde intenso bordeaba todo lo que alcanzaba con la vista. Aquel corazón ya no estaba. Sólo quedaba un agujero en el suelo como testigo de lo que hubo allí. Al lado, una figura se encontraba tirada en el suelo. Se levantó con dificultad, y enrabietado, se levantó, profiriendo injurias. Parecía que le dolía todo, porque se arrodilló en cuanto se levantó. Susurró unas palabras y acto seguido se marchó cojeando, alejándose a través de la arboleda que volvía a tener color.

Acerqué mi mano temblorosa hacia la cabellera espesa y negra de Faiza, y la dejé caer sobre su nuca.

Faiza levantó la mirada, sorprendida, pero la sorpresa pasó a la alegría cuando vio mi rostro que, aunque embarrado, sucio y de un color todavía muy claro, emitía chispas de vida.


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Iris Melita

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Re: La ponzoña del averno

Mensaje por Mister Orange el Mar Ene 19, 2016 12:00 am

Ok, todo en orden, procedo a darle color y recompensas.
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