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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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¡Taberna y puños!

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¡Taberna y puños!

Mensaje por Deorf el Sáb Ene 23, 2016 1:57 pm

Era una noche aterciopelada por el frío invernal que iba llamando a las nieves con prontitud. Esta noche como otras la posada estaba abarrotada, el tabernero no recibía muchos halagos  y la cosa empezaba a caldearse.

La Taberna era un edificio toscamente construido, su madera a veces carcomida en algunas partes de las paredes junto a ese olor característico de la madera bien humedecida ¿Se estaría acaso pudriendo? No sabría decir con exactitud, pero ese olor se mezclaba con otros tantos que tras un tiempo se hacía normal. Más para jóvenes principiantes tendrían que echarle hígados al asunto si esperaban comer en cuanto entraran.

Y aquí estaba Deorf el enano que había viajado desde las montañas, hasta las diferentes regiones limítrofes al pueblo enano. Zheroker se llamaba la región, tierra de los cazadores de dragones. La taberna presentaba el trofeo de una gran cabeza de dragón roja en la pared. Y una butaca perpendicular a ella, y próxima a la chimenea para aquellos cuentacuentos que tuviesen historias que contar sobre aquellas bestias y su captura.

Las jarras empezaron a hacer su efecto, y entre sacudidas el enano se había abierto paso hasta una silla de las variadas mesas que existían. Justo frente a Deorf había un orco que bebía grandes cantidades de cerveza, no se había dado cuenta el enano de tan fatídica compañía. Y cuando quiso irse fue amilanado por el orco:

Es que el enano no admite compañía orca, quizás seamos bárbaros para su pueblo que logra sobrevivir como otras razas. Pero nos consideran bandidos que yacen bajo la montaña, ¿no será que no poseemos los recursos que se nos niegan por haber llegado después?

Por un momento el silencio se hizo en el ambiente, y la voz grave del orco llegó a invadir el ambiente de la sala. Expectante los campesinos, mercenarios comerciantes que estaban esta noche en la taberna... El enano no pudo evadirse de la conversación, y así presentando la mirada feroz de su pueblo gruñó, sabiendo que era una situación complicada y que de ello pendía su estancia y trabajo.

Por unos momentos miró a la mesa para después enfrentarse en un combate mortal de miradas, viendo que el orco no se amilanaba y le alentaba a seguir… Pidió cerveza y le preguntó al orco cuantas había bebido ya. El orco que no sabía contar mostró las dos manos más dos dedos ¡Había tomado doce jarras!

El enano le respondió: Si tú mismo lo has dicho, saqueadores de caravanas y nómadas de baratijas y seguro que no sabes beber más que un enano.  

El orco que mostraba cicatrices en aquel rostro endurecido por haber habitado bajo los fríos de Noreth. Trasformó su gesto facial en una sonrisa mientras veía como un coro se hacía alrededor de ellos, y el camarero a la orden de los lugareños trajo las doce jarras para el enano que las bebió una después de otra. Al terminar las doces jarras y ver el orco que el enano seguía en pie pidió diez jarras más para ambos.

Pero Deorf al haberlas tomado seguidas se le subió más que al orco y empezó a deslenguarse ¿Por qué vienen aquí los malditos orcos a una ciudad de humanos? ¿Es que no tienen bastante con sus malditas tierras?

El enano no creyó que este comentario llegara a tanto, pero los orcos como los enanos poseían un estricto código de honor de sus generaciones pasadas, y maldecirlas era lo peor que podía haber dicho Deorf para enfurecerlo.

El orco haciendo gesto de levantarse, mostró un cuerpo enorme con unos brazos que competían con los del enano, pero a cambio no poseía la armadura metálica de él sino de cuero. Deorf viendo que el combate era inminente, actuó con prontitud pues a pesar de las jarras tomadas todavía no tenía la mente nublada. Se levantó y dio un golpe en la mesa con el puño cerrado, esto se arregla fuera con los puños…  

Vayamos te haré tragar el orgullo de la montaña masculló el orco.

Los dos rivales se fueron a la calle siendo alentados por los de la taberna y dejando espacio para que saliesen… Además de que algunos ya habían salido para no perderse la pelea, cubriendo las primeras filas.

El frío calaba a esas horas de la noche a la intemperie. El orco sobrepasaba con grandeza en tamaño, los dos contendientes se miraron con rostros enfurecidos, y el enano fue el primero en propinarle un fuerte golpe al orco, pero este escupió la sangre que le salía de la boca con una sonrisa.

Como si el enano le hubiese hecho un favor, y mirándole con una mirada enloquecida de furia, sus músculos se agrandaron como si los estuviera sacando pero sin hacer ningún tipo de esfuerzo, algunos lo denominaban la furia del bárbaro. El puño golpeó con una terrible fuerza en la mandíbula del enano, que vio cómo su cuerpo perdía el equilibrio y chocaba contra el endurecido asfalto antes de perder la conciencia.

Al levantarse se encontraba en una de las habitaciones de la taberna. La mandíbula le dolía horrores, y se encontraba sin la armadura pero con ropa. Esta y sus armas estaban a un lado de la habitación en un gran baúl. El enano se quedó por un momento mirando la tenue luz del día que entraba por la ventana. Algo debía de hacer al respecto y si se quedaba en la ciudad al final debería de matar a ese orco en un combate con armas.

Así que pensando en las consecuencias, y en las guerras de sangre que provenían de encuentros de este tipo y que terminaban en muerte y odio por generaciones. Se armó, y pagando la estancia y los cuidados, salió con la intención de viajar hacia otras tierras que no estuviesen habitadas por aquellas infectas criaturas.
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Re: ¡Taberna y puños!

Mensaje por Señorita X el Sáb Ene 23, 2016 2:25 pm

Exdcelente
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