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Un fantasma en común.

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Un fantasma en común.

Mensaje por Khiryn el Lun Ene 25, 2016 5:17 pm

I

Sólo con plantar el pie en Ujesh-Varsha supe que había llegado al lugar que quizás podría llamar hogar. No, al lugar que pude alguna vez llamar hogar. Su suelo frío y clima húmedo se sentían ajenos y lejanos; casi desconocidos y aun así, luego de casi 7 años. Era una sensación ciertamente familiar.

El viaje desde Taimoshi había sido largo pero rápido. Viví en la isla los últimos años tratando de encontrar un poco de paz; aislada del resto del mundo y después de ese tiempo, aquí estaba de regreso. Cazando viejos fantasmas, con la intención de revivir aquello de lo que tanto tiempo huí. No sé. Es que quizás quería saber si en realidad, ahora tenía paz y si me había podido deshacer de ese peso. No lo sé. Sólo sé que había terminado mi entrenamiento abruptamente, y que de repente me había quedado nuevamente sola, vacía y sin ningún lugar al cual ir o regresar. Nadie me esperaba en ningún lado y en mi mente brotó un nombre, Foxhound.

Sí, supongo. Si alguien esperaría mi regreso alguna vez, sería él. Y yo debía entonces regresar.

Viajé en barco desde Taimoshi por el golfo de Akhdar, -Un cuerpo de océano que se encaja como una lanza entre Weostym Olum y Efrinder.- Desembarqué hace unos tres días en un pequeño pueblo de pescadores al oeste del bosque de los elfos, –Erinimar.- y desde ahí viajé siguiendo una caravana de comerciantes hasta un aquí, un mugroso pueblo sin nombre de la frontera Este de Ujesh, en Valashia, al sur del pantano Swash en un lugar conocido como “Las llanuras.”

Caminé lentamente por las calles fangosas del pequeño asentamiento; respiré hondo tratando de recordar el olor de aquella tierra negra; casi no importó que los aromas que recibí fueran principalmente el de sudor y orina de los cargadores del mercado por el estaba pasando. En realidad, para ser un pueblo pequeño y tan pobre, estaba lleno de vida. Quizás como cualquier ciudad de frontera, la vida de este pueblo era el comercio con los vecinos y cientos de personas con costales sobre los hombros iban y venían en la vorágine de gritos de oferta de los vendedores a cada lado de la calle.

Pan, queso, carne seca, vinos, frutas verduras y hasta telas se ofrecían a por mayor por toda la calle principal y algunas calles secundarías y paralelas. La gente camina empujando cerdos y cabras para vender, cargaban gallinas y pavos en pequeñas jaulas. Niños corriendo de un lado a otro ofreciendo manzanas y otras frutas y los perros callejeros babeaban el suelo frente a los puestos que exhibían los aún sangrantes cadáveres de las vacas que colgaban boca debajo de toscos ganchos de metal.
Así mismo, el pequeño poblado ofrecía varias posadas para los viajeros, unas sencillas con pocos cuartos, unas más elegantes donde los mercaderes viajeros podían entrar con todo y carretas a resguardo para pasar la noche. Muchas tabernas y tugurios también formaban parte del abanico de comercios, mientras que los menos eran las herrerías o armerías en general.

Yo caminaba con paso lento, entre toda esta gente, tratando como de recordar inútilmente algo de aquella tierra. Trataba de mantenerme en bajo perfil sin llamar la atención; esquivando a las personas para no chocar con ellas. No por miedo. Ya no. Pero había encontrado la paz de la soledad y no interesaba ser el blanco de alguna mirada sospechosa; por esa razón; nuevamente viajaba con la cabeza cubierta por la capucha de capa color arena y el rubí de mi frente cubierto con un grueso vendaje. La capa me llegaba hasta los tobillos y mostraba el desgaste de muchos años bajo la intemperie. Bajo éste, sólo llevaba un pantalón amplio que se anudaba por arriba de mis tobillos con un delgado mecate. Una camisa de lana larga y bajo la camisa, un cinturón de cuero en donde llevaba, tan ocultas como podía, un saco con monedas y mi viejo y fiel par de dagas largas. En el hombro, cargaba una pequeña maleta de tela gruesa con un cambio de ropa. Y poco más.

Me tomé con la izquierda el muñón y de pronto recordé el por qué me había largado de este lugar. Unas sensación de asco quiso trepar por mi garganta pero la detuve de inmediato. Un par de guardia a lo lejos platicaban exhibiendo sus brillantes petos y sus largas lanzas. La tarde estaba cayendo ya, y decidí que no sería oportuno viajar de noche, y al parecer, mi idea era correcta pues antes de entrar a la posada que elegí, pude ver que algunos mercaderes comenzaban a guardar sus mercancías y lentamente peregrinaban dentro de las posadas y cantones.

Entré a una posada con taberna, era sencilla, y quedaba quizás un poco lejos del centro de la ciudad; aunque en este pueblo, nada estaba realmente lejos. El barrio no parecía peligroso en sí, aunque nunca faltan los rufianes de esquina; y en un pueblo mercante con alta actividad económica, no esperaba que no hubiera quien se encargara de correr las estafas a los extranjeros y robará las manzanas a los locales.

Me acerqué al tabernero, un hombre alto de aspecto rudo, poco cabello y brazos anchos, hombros amplios y voz de trueno; como todos.

-¿Tiene cuartos disponibles?–Dije.
-Uno. Está arriba. Cuesta una moneda de plata la noche y puedes tomar un trago.- Contestó secamente pero con ensayada cortesía.
Saqué un par de monedas de debajo de mi capa y las puse en la mesa. – Que sea una jarra de aguamiel, y mándame una muchacha; la quiero sumisa y callada. –Hice una pausa. –Yo me arreglo con ella haya arriba.- Finalicé.

El tabernero me dio una gruesa llave con un número y con la mirada señaló una puerta en la parte alta. Mientras subía, pude ver como lanzaba un silbido a un rincón, y con un movimiento de cabeza, una muchacha de apariencia joven, se levantó y fue hasta él dando pequeños brinquitos.

Entré sin esperar a la chica y cerré la puerta tras de mí. Como pude, me saqué la capa y desenvainé una de las dagas, la cual puse sobre la cama a mi lado. Tras la puerta, el leve sonido de los nudillos de la joven se hizo notar.

-Adelante, está abierto.-

Una tímida joven de cabello castaño entro por la puerta lentamente. Llevaba un vestido largo bajo un mandil negro y el cabello largo peinado en dos largas trenzas que caían sobre sus hombros. En sus manos llevaba una jarra de aguamiel y un vaso. Pareció genuinamente sorprendida de verme. Y con la mirada no dejaba de seguir el vaivén de mi larga y torcida cola. Seguro no esperaba una mujer, y mucho menos, una Horige.
La chica se quedo quieta en la entrada de la habitación cerca de la puerta, como esperando que yo le dijera cualquier cosa. Sin saber qué hacer.

-Entra. Pon en la jarra sobre la mesa y sírveme un poco.- La joven sin decir nada, asintió con la cabeza y procedió de manera callada. Sin que ella hubiera terminado proseguí.

-¿Sabes leer? -Pregunté.
-¿Qué?
-¿Qué si sabes leer? –Repetí.
-Un poco señora.
-Bien. ¿Sabes tomar un cuchillo; afilarlo?-
-No entiendo señora… ¿esas preguntas…?
-Si no quieres ganar dinero baja y dile al tabernero que mande otra chica.-
-Sí sé afilar un cuchillo señora, también sujetarlo; todas sabemos hacer eso; señora.- Respondió en un arrojo de valentía, perdiendo por un momento su carácter sumiso. Ella necesitaba el dinero. Como todas.
-Desnúdate.- le dije.

La joven entró en una especie de hipnosis. O quizás salió de ella misma al oír esa orden. Sus ojos, de alguna manera se pusieron tristes y casi blancos. Automáticamente y sin perderme de vista, comenzó a deshacerse de su ropa con un ritmo y movimiento casi mecánicos. Antes de que se quitara los largos y gastados calzones la detuve. Me levanté y caminado alrededor de ella la observé detenidamente. Quería asegurarme de que no tuviera amputaciones o cicatrices de enfermedades; así mismo quería comprobar su musculatura.

Así pues no sólo revisé su cuerpo sino su dentadura, limpieza de las orejas y su cabello mientras la chica, totalmente desorientada y confundida permanecía casi inmóvil y obediente.

-Vístete.- Le dije. Y mientras ella tomaba del suelo sus ropas continué hablando. –Tienes piojos, no te sabes lavar las orejas y tienes un aliento terrible; pero en general estás bien… al menos aun tienes todos tus dientes y todos tus dedos. ¿Qué edad tienes?-

-No sé; creo que unos catorce años.-
-¿Tienes familia?-
-Un hermano retrasado y mi abuela enferma, señora.
-mmm, ¿Marido?- La chica hizo un gesto de culpa, y bajando la mirada asintió penósamente. –¿Te pide dinero?
-¿Cómo te llamas?-
-Me dicen Morgan.-

No dijo nada más.

-Bien, tengo una propuesta para ti si te interesa. Te ofrezco trabajo. Desde ahora, si quieres, trabajarás para mí. Me acompañarás a donde vaya y harás lo que diga. No necesitarás ofrecerle tu cuerpo a nadie mientras estés conmigo, el trabajo que te propongo es de asistente. Cargarás mis cosas, me ayudarás a vestirme, prepararás la comida, y otras cosas... ¿Entiendes?

La chica, confundida y sin saber que decir parecía no querer aceptar.

Te pagaré tres monedas de plata a la semana. Con eso, puedes pagar a alguien que se encargue de cuidar a tu familia mientras estés fuera conmigo. Te parece bien.

La mujer abrió los ojos como platos y de repente, una luz viva parecía manar de ellos. Como si hubiera revivido en ella una esperanza perdida hace tiempo. ¡Sí, Acepto!- dijo finalmente con emoción. Saqué entonces de mi bolsa de monedas una moneda de plata y se la arrojé. –Ten, es un adelanto por tus servicios. Esta noche la pasarás conmigo, hablaremos de lo que tengo pensado hacer y de tu trabajo, y tal vez visitemos a alguien. Mañana temprano, irás a arreglar tu asunto familiar, contratarás a alguien en quien confíes para cuidar de tu hermano y tu abuela. Pero ya veremos eso. Ahora, ayúdame con la capa, vamos a bajar a hablar con el tabernero…

La charla con el tabernero no fue sencilla. Pues de alguna manera el sentía poseer derechos sobre la joven y la joven pensaba que sí, el tabernero poseía derechos sobre ella. Luego de desembolsar unas monedas más y la promesa de traer un remplazo para la joven el fornido dueño del local cedió a mis demandas y a dejar en libertad a la joven sin represalias.

-Ven le dije a la chica, vamos a solucionar las cosas con tu marido.- y de inmediato atravesamos la puerta de la taberna en dirección a las oscuras calles de ese pueblo sin nombre.

Luego de un rápido interrogatorio a la joven, me di cuenta que si íbamos a encontrarnos con el susodicho, este encuentro no se llevaría a cabo en una casa o cuarto, sino en las calles. Para vergüenza de Morgan, su marido, esposo fiel y protector no era nada más que un vago ladronzuelo de callejón, ebrio y sin beneficio para nada.

Me dejé guiar por una cabizbaja y callada Morgan hasta un callejón estrecho cuya única salida se encontraba con una de las calles principales de la ciudad y por tanto del mercado. En las sombras, pude distinguir con mis ojos de horige tres siluetas desenfadadas pegadas a una pared y repartirse algo.

Nos acercamos sólo un poco antes de que ellos notaran nuestra presencia. De inmediato la voz de Jhon, el esposo en cuestión nos detuvo en seco al llamar por su nombre a su arrepentida mujer, que al oír la voz aguardientosa del hombre, se congeló. Él se acercó lentamente con aire suficiente y altanero.

¿¡Cuantas veces te he dicho que no me molestes en mi trabajo!?- Y con un revés de mano, le volteó la cara a Morgan con un golpe que rompió el silencio de esa hora de la noche. La joven, cayó al suelo envuelta en lágrimas. Di un paso al frente sólo para hacerme notar. -¿Supongo que eres Jhon? Dije. – y al momento las dos siluetas recargadas en la pared se incorporaron detrás del hombre encarándome haciendo una especie de formación triangular.

-¿Qué tenemos aquí?- sonrió con perversidad. –Creo que la estúpida Morgan nos ha traído una incauta. ¡Y yo pegándole!- Rió con voz aguardentosa el hombre que por su voz y rasgos, no pasaba de los 25 años. –Ven acá chica, tu y yo nos divertiremos un rato…- Dijo mientras se frotaba los genitales sobre el viejo pantalón de lana. -¡Oh, sin duda yo me divertiré contigo antes de que acabe esta noche!- Contesté divertida.

Jhon dio un paso al frente hacía mí seguido de los otros dos hombres. Con un movimiento suave pero sólido, afirmé los pies descalzos el suelo fangoso del callejón. Bajo la capa, los hombres frente a mí apenas podían ver nada; pero yo me preparaba. Di un respiro largo y contuve el aire en los pulmones, me agazapé un poco doblando las piernas y antes que los sujetos frente a mí pudieran hacer cualquier cosa, con un movimiento rápido y potente me estiré saltando sobre Morgan y pasé al lado derecho de Jhon asestando una fuerte patada frontal en la cadera de uno de los hombres, provocándole que se flexionara hacía el frente, momento que aproveché para terminarlo con un rodillazo en la nariz.
Jhon quedó ahora entre Morgan y yo, y de frente tenía al segundo hombre que caminaba con el marido de Morgan. Sin haber bien terminado el movimiento anterior, afirme el pie izquierdo en el suelo y giré de espaldas lanzando una patada circular que finalizó en el rostro del segundo hombre; lanzándolo de espaldas contra la pared del callejón y luego al suelo. Me erguí quieta frente a Jhon que ahora, sólo, me encaraba a la vista de una sorprendida Morgan que aun el suelo y los ojos abiertos como platos no daba crédito a lo que veía.

-¿Quién eres tú? ¿Qué quieres?... ¡Maldita perra!- Gritó entre sorprendido y asustado. Ahora en su mente calculaba las posibilidades entre atacarme o correr. Correr para luego desquitarse con su mujer.
-Mi nombre es irrelevante para ti. Pero resulta que tu mujer tiene una deuda con un hombre grande que corre una taberna y ahora requerimos que te portes como un hombre y saldes la deuda de tu mujer.- Le dije con calma y claridad en perfecto lenguaje de Ujesh.
-Mi mujer es una puta, se vende por unas monedas. ¡Sus problemas son suyos!
-Usted no entiende señor. No es cuestionable. Usted nos va a acompañar y saldará la deuda de su mujer.
-¡No puedes obligarme!- Dijo al momento en que sacaba de uno de sus bolsillos traseros una pequeña navaja de mano de baja calidad.
Me reí sólo para hacerlo enfadar, y con desdén le dije:- ¿Piensas abrir una carta?- Haciendo referencia a que su pequeño cuchillo no servía para nada más. Lentamente y abriendo sólo lo necesario mi capa, fui desenvainando una de mis dagas. La más ornamentada y brillante. Sin duda, los cincuenta centímetros de largo y el grueso de la hoja perfectamente afilada amedrentaron un poco al hombre ahora avergonzado y molesto.

Sin pensarlo dos veces, Jhon se abalanzó contra mí agitando su arma con torpeza. Sólo lo esperé lo necesario antes de lanzar un golpe recto y ascendente. Bajo la empuñadura de mi daga, su hueso nasal se quebró con un crujido. La hemorragia, fue violenta, como siempre en esa parte haciendo la herida escandalosa. Un golpe más en la mandíbula mientras Jhon se quejaba de su nariz y el hombre cayó al suelo, inconsciente.

Morgan y yo llevamos a Jhon por las calles fangosas, entre arrastrándolo y cargándolo. Una calle nos faltaba para llegar a la taberna cuando nos detuvo una patrulla de soldados que se identificaron como reales, al momento que mostraban el escudo del reino y sus alabardas talladas.

-¿¡Quién vive!?- Llamaron.- Morgan respondió por ambas.
-¿A quién llevan ahí? – dijo uno de los soldados al momento que levantaba el rostro cabizbajo del desmallado Jhon para verlo bien bajo la tenue luz de una antorcha.
-Es mi marido.- Dijo Mrogan. -Ha estado bebiendo y se ha caído. Se ha roto la nariz y ahora lo llevo a la posada, donde le curaré y pasaremos la noche.
-¿Y tú? ¡Quítate la capucha!- Dijo el guardia refiriéndose a mí. Me descubrí el rostro los suficiente para que pudieran ver mi rostro y luego lo volví a cubrir al momento que dejaban escapar un gesto de sorpresa al ver mis orejas y ojos.
-¿De dónde eres Horige? ¿Quién es tu amo?- Preguntaron los soldados.
-Soy criada por un mercader que ha tendido su puesto en la ciudad, vendemos telas y animales. Mi maestro es viejo amigo de la familia de Morgan, aquí presente y por eso me ha mandado a acompañarla a traer a su marido. –Dije con aire inocente. Luego pregunté. –¿Pero qué pasa, es que acaso buscan a alguien en particular?
-Pues no es que te incumba. –Dijo el soldado, complaciente.- Pero sí; Horige. Buscamos a alguien, así que ten cuidado, en estos lugares notamos mucho a los extranjeros.-
-Y ¿Cómo es o cómo es el nombre de aquel que buscan? Mi amo viaja mucho y conoce muchas personas, quizás les pueda ayudar. –Pregunté con la curiosidad de saber si había una recompensa que pudiera hacerme ganar unas monedas. Lejos estaba de imaginar que la respuesta reviviría a un viejo y enterrado fantasma.
El soldado se tomó un poco de tiempo pensando si revelar o no información. Pero luego de una mirada a una adolecente maltratada por un hombre ebrio y una esclava que bajo la capa se notaba la ausencia del brazo derecho decidió que no éramos amenaza y habló. – Si pues… es un hombre un poco más alto que tu, Horige. Dicen que lleva el cabello largo y oscuro. Lleva un parche en el ojo derecho. Dicen además que tiene un brazo y una pierna de metal… pero yo creo que eso son cuentos… … se llama… ¿Cómo se llama?... a sí… Necross Belmont… o algo así…-

… El hombre no había terminado de hablar y mientras lentamente lanzaba la descripción del hombre, un fuerte latido hizo que casi se me reventará el corazón. Una sensación de malestar se anidó en mi estómago y poco falto para que regresara la cena ahí mismo. Mis piernas flaquearon un momento y me quedé paralizada con la mirada perdida en el último recuerdo de aquel hombre, repetí lentamente su nombre, como saboreando amargamente las palabras “Necross Belmont.”

Volví la mirada arriba y sobre un tejado vi un cuervo posado. Podría jurar que mi miraba antes de lanzarse a volar. En sus ojos vi el llanto de la gente, el dolor y la desesperación mientras el demonio cargaba su inmensa espada contra ellos. Decenas de cadáveres en el suelo. Mi planta sobre su sangre y el demonio frente a mí…

-…Dicen que está escondido en Shading. Pero la guardia ha mandado soldados a buscarlo en los pueblos y ciudades vecinas…- El soldado finalizó con algunas sugerencias y luego nos dejó ir. Caminé rápidamente hasta la taberna, ahora estaba furiosa. Quería desquitarme. Quería descargar este peso. Esas muertes de las que me alejé ahora me reclamaban la sangre de aquel que dejé ir. “No Necross Belmont, no es el que buscan. El hombre del lobo murió hace tiempo. Yo les traeré a cabeza del demonio.”

Abrí la puerta con una patada y arrastrado por el suelo el cuerpo de Jhon atravesé el salón hasta la barra bajo la mirada de los pocos comensales que aun bebían acaloradamente en el lugar. Detrás de la barra estaba un hombre distinto al dueño, un encargado. -¿¡Dónde está el dueño!?- pregunté impaciente.
-Se ha ido a dormir. -Dijo el hombre.
-Despiértalo y tráelo aquí. Dile que vengo a pagar la deuda de Morgan.-

A regañadientes se fue, y al poco tiempo regresó con un notablemente molesto dueño de taberna, que tan pronto me vio, desprendió fuego de la mirada. Tomó aire como para empezar a gritar quejidos, pero lo interrumpí pronto levantando, con un poco de ayuda de Morgan el cuerpo de Jhon y depositándolo en la barra.

¡¿Qué carajo es esto?!- Dijo.
-Él pagara la deuda restante de Morgan, es su remplazo, tal y como acordamos. -Dije.
-¿Pero qué mierda…? ¡Es un hombre! ¡No me sirve para nada! –Alegó molsto.
-Nunca acordamos que el remplazo debía ser mujer; además, ¡por supuesto que servirá! Puede servir bebidas, lavar los trastes y los pisos. Asear las habitaciones y hasta ofrecer servicios… “especiales.” ¿O es que acaso lo único que solicitan aquí los comensales son mujeres? ¡Serás un pionero! Es más; comencemos de una vez la subasta.

Me subí de un salto a la barra y con un poco de dificultad puse a Jhon boca abajo. El comenzaba a despertarse. Agitando las manos y silbando, llamé por fin la atención de los comensales que aun no se encontraban atraídos por aquella extraña escena. Morgan, de alguna apenada, estaba igualmente confundida que el resto de los presentes. Desenvainé mi daga, para sorpresa del tabernero y dando fuertes golpes con la parte plana de la misma en las blancas nalgas de Jhon anuncié: - ¡Se subasta culo! ¡Totalmente casto! ¡Venga y mire, el chico tiene todos los dientes!-

Las risas burlonas de los presentes se convirtieron rápido en verdadera curiosidad. Por su parte, Morgan, parecía igualmente divertida, aunque en sus ojos, podía leer algo más profundo. Ella no amaba ni una pizca a ese hombre con el que tuvo que casarse. O mejor dicho, con el que fue casada. Sus ojos decían que lo que hacía yo en ese momento era parte de su venganza. Ella, fue forzada a vender su joven cuerpo para mantener a su familia y al mismo Jhon; siempre debió ser él. Él debía protegerla, cuidarla, no venderla. Esta era también su venganza. Yo al principio, lo hacía por ella. Ahora era mi propio enojo y frustración la que me alimentaba a hacer lo que hice.

Dos golpes en las ahora rojas nalgas de Jhon y éste despertó sobresaltado. Se dio la vuelta y quedó sentado en la barra. –Buenos días.- Saludé yo divertirá. -¡Qué bueno que despierta usted, ahora podemos acabar con esto!-
Me dirigí a Morgan ahora. – Toma un papiro y una pluma, vamos a sellar esto, Escribe lo que te diga; y tu… no te muevas que la clientela revisa la mercancía.- me volví a dirigir a Jhon apretando la punta de mi daga contra su vientre con el filo hacía sus genitales mientras pervertidos y homosexuales se recreaban la pupila con el mozo.

Le dicté, como mejor pude, un contrato a Morgan; mismo que ella escribió pausadamente en un rollo. El tabernero, intrigado y casi complacido, veía a los hombres presentes ofertar monedas por el mozo, uno tras otro elevaban la oferta del anterior; querían la castidad de Jhon. Morgan termió el contrato, que entre otras cosas saldaba la deuda de ella con el tabernero, éste último lo firmo primero, luego Morgan y al final Jhon, quien no lo hizo hasta que vio sangrar su vientre bajo, muy cerca de sus genitales. Tan pronto firmó, Morgan le dio un contrato al tabernero y ella se quedó con una copia, justo como le dije. En ese momento, dejamos a Jhon sobre la barra, acechado por al menos cinco hombres que ya se relamían los bigotes pensando lo que harían con ese cuerpo. Morgan y yo nos fuimos a mí habitación dejando muy satisfecho al tabernero.

En la habitación charlamos poco; le di unas instrucciones a Morgan quien me dijo que su esposo, ahora trabajador de la taberna, poseía una vaca una mula y un cerdo, además de un modesto cuarto.

-Ve a tu casa, despídete de tu abuela y hermano. Mañana por la mañana, contrata a alguien que cuide de tu familia y administre tus bienes. Lleva la vaca a tu casa y vende el cerdo en el mercado. Compra ropa abrigada, una capa y unas buenas botas. Averigua lo que puedas de ese tipo, “Necross Belmont;” mañana por la tarde nos vamos a Shading; tú me guiarás… y luego, vamos a las montañas... ¡Ah, la mula se viene con nosotras!-
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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Necross Belmont el Mar Ene 26, 2016 10:04 pm

-No… incluso en la frontera nos están buscando.- Legato, el bandido que hace poco había entrado en los alas negras, fue enviado por el tuerto a explorar los límites fronterizos de Valashia, pues un par de contratos necesitaban la movilización de varios soldados para trabajos de asedio y asaltos. Lamentablemente, la gran mayoría de los soldados eran Shadeshianos, por ello sus camaradas aun leales al rey los reconocerían enseguida. -Podríamos cruzar la frontera unos pocos, y luego otro grupo. Mientras uno de ustedes  se queda para controlar la situación aquí.-

Dentro de una gran carpa, de un café muy oscuro, Necross, Mary Ann, Legato, y Vince planeaban como completar el contrato que les llego desde Zheroker, todos reunidos sobre una gran mesa, con el mapa de Valashia sobre esta. -No, creo que lo más sensato es dejar esta petición de asedio. No somos tantos como para permitirnos las bajas, y el salir ahora mismo de Valashia es difícil.- Comento Mary Ann.  -Es cierto, ya es una suerte que estemos escondidos aquí, pues los soldados de Shading no llegaran. ¿Pero que pasara cuando los exploradores de Maletta nos encuentren?- Dijo Vince, el carnicero, puesto que no llevaban mucho tiempo escondidos en el bosque negro, como ellos lo habían bautizado, y que los atraparan era un peligro cada día. - No, Maletta no será un problema si nos atrapan, de hecho estoy esperando que lo hagan. Es bien conocida la historia de Demuth, si alguien ha de apoyarnos en esta región, es él.- Legato estaba confiado, pues el señor de Maletta tenía mucho en común con el hombre del parche.

-Tal vez Demuth nos entienda, pero no por ello nos apoye. Quizás si nos atrapa nos obligue a trabajar para él, quizás nuestra presencia en sus tierras lo ponga nervioso… quizás crea que somos espías de Shading. De cualquier manera, después de los rumores de que Halteese está buscando alianza con Dalkia, este es el lugar más seguro donde podemos estar, eso hasta que logremos cruzar las fronteras.- El hombre del parche, quien estaba en medio de todos, tenía ambas manos sobre la mesa, y su mirada estaba concentrada en la parte del mapa que hacía alusión a Xerxes. -Quizás los Garif nos ayuden a cruzar el desierto, pero ya sería una travesía llegar a Xerxes… no quiero ni imaginar lo difícil que sería cruzar el mar de arena una vez más.-

La reunión continuo, con Legato dando detalles sobre la próxima caravana que pasaría cerca de Dalkia, y unos días después, por los caminos hacia Maletta. -No, aquella no la toquen ni se acerquen. Podemos ser enemigos de Dalkia, no importa, solo por ser Shadeshianos ya nos odian. Pero si Demuth se entera de que nosotros somos los que le roban su mercancía, con más odio nos perseguirá.-  La reunión termino y cada miembro de los alas negras volvió  a sus labores: Vince, como era el “cocinero” comenzó a preparar las carnes de los animales cazados para guardarlas, Mary Ann volvió con los nuevos reclutas, quienes por rumores oían sobre el grupo rebelde del hombre del parche, ella se encargaba de entrenar nuevos soldados, Legato de buscarlos y llevarlos al campamento. Necross, por su parte, se partía la cabeza buscando una manera para salir de Valashia, ya que era peligroso según seguir allí. En eso llego la pequeña Nadine y pregunto porque la cara larga de su padre. -No es nada bodoque. ¿Has leído los libros que te deje?- La niña asintió contenta, y mientras tomaba asiento le narraba una de las historias que había leído. El hombre del parche se sentó cerca de ella, mientras reposaba su cabeza sobre su brazo derecho, atento a cada gesto que hacia la niña al contar la historia. -¡Y entonces hubo una gran explosión en los muelles!- Nadine con su boca imitaba el sonido que la explosión pudo tener. -¡Y el dragón con su fuego los quemo a todos! ¡Y los hombres hacían aaagghhh!- La niña se tomaba el cuello e imitaba como los soldados iban muriendo quemados. El hombre del parche se divertía con las ocurrencias de su hija, y aquello le servía momentáneamente para olvidar el estrés que hace poco sentía.

Después de varias historias y risas, la niña se fue a dormir, y dejo a Necross solo, este se quedó sentado con una sonrisa que de apoco se desvanecía. Sentado aun, el hombre del parche se llevó ambas manos a la cara, se puso de pie, y se acercó a un baúl cercano, del cual saco una botella de vidrio.

-//-

En medio de la madrugada, un soldado se acercó a la tienda de Mary Ann, y susurrando intento despertarla. -Señorita Mary… volvió a pasar.- La dama de hierro apenas abrió los ojos, pero cuando escucho al soldado desde su tienda, reacciono de inmediato. El soldado cargaba una linterna de vela en la mano, y espero hasta que Mary Ann saliera de su tienda para continuar hablando. La dama de hierro apareció junto a él vestida con ropas casuales, y con una mirada triste, más un suspiro desganado, le dijo al soldado que la guiara. El soldado caminaba primero, con Mary Ann detrás, ella miraba a los alrededores del bosque con desesperación, parecía buscar algo. El par se detuvo bastante lejos del campamento, donde el soldado apunto con la lámpara a un bulto en el piso, Mary Ann se acercó tímidamente.

Y allí la dama de hierro vio al hombre del parche, durmiendo en el piso, con una botella de ron vacía en la mano, y con la mitad del cuerpo cubierto de vomito. Mary Ann despertó con calma a Necross, quien abrió su ojo con lentitud, y así mismo se puso de pie. Pero Antes de que la dama de hierro pudiese pasar el brazo del tuerto por su hombro, Necross cayó de espaldas, violentamente. Entre el soldado y Mary Ann devolvieron a Necross al campamento. Lo sentaron en la carpa de reuniones, y la dama de hierro lo desvistió, le lanzo un balde de agua fría para que se le fuera la resaca, y de paso el vómito en su cuerpo, luego como cual madre lo vistió con tranquilidad, para finalmente enviarlo a su carpa a dormir.

Mary Ann se quedó con el soldado, ambos sentados alrededor de la mesa con el mapa de Valashia. -¿Por qué sigue haciendo esto? ¿Es que acaso ya olvido nuestra causa? Los demás alas negras no pueden verlo así… no a nuestro líder.- La dama de hierro suspiro con desgano, sin querer abrir sus cerrados ojos. -Si algo te llega a pasar a ti, Jacinto, él se echara la culpa. Necross carga con todas nuestras vidas sobre sus hombros, no se lo pedimos, pero sé que es así. Incluso esta vida de fugitivos le afecta, no es la vida que él quiere para Nadine. Pero así mismo, nuestro líder no quiere que ella viva bajo el mandato de un rey que poco se preocupa por nosotros, no sé si su sueño de una utopía se haga realidad… pero yo estaré ahí para intentar ayudarlo.- Entendiendo un poco mejor la situación de Necross, el soldado Jacinto ayudo a Mary Ann con las ropas sucias de su jefe, del hombre del parche.



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The Azure Knight

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Un Hombre sin Lobo

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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Khiryn el Miér Feb 03, 2016 6:58 pm

II

Era media tarde cuando me reuní con Morgan en la plazuela de la ciudad sin nombre. Sin duda, se veía diferente. Llevaba la cara limpia y el cabello largo y suelto. Su andar como con pequeños saltos era ahora más ligero que ayer, sonreía. Sí. Ella se había deshecho de una carga pesada y ahora su cuerpo, y su rostro lo reflejaban, podría decirse que se veía incluso, atractiva. Y al parecer, no era la única que lo pensaba, pues su andar alegre hacía que algunos mozos volvieran la vista hacía ella.

-Llamas mucho la atención. Cúbrete con la capa.- Le dije en cuanto llegó a mí. -¿Qué averiguaste del hombre ese de ayer… Necross?

Morgan no había averiguado nada muy novedoso. Yo misma había estado preguntando por ahí, pero la gente parecía en realidad no saber mucho del asunto y otros parecían negarse a hablar; así que en realidad, poco más de lo que sabía pude averiguar. Por la mañana mientras ella arreglaba sus asuntos yo había preparado lo necesario para el viaje; compré un cántaro grande para agua, un poco de carne seca y algunas frutas.

Toda la noche y parte de la mañana había pensado como podría hacer para que el hombre sin lobo llegara a mí; o yo a él. El recuerdo de los cadáveres ensangrentados en el suelo me perseguía. Soñaba con sus voces, pero no sabía cómo. La idea llegó a mí como un rayo, mientras compraba lo necesario para el viaje, lo vi, en una vieja tienda donde los escribas y contadores de los mercaderes parecían surtirse. Entré y compre varios lienzos de papel, tinta y plumas.

Antes de ir a la pequeña plaza, incluso, compre un arco de baja calidad y unas flechas en su carcaj, para risa del armero que al percatarse de que sólo tenía un brazo no dejó de hacerse el gracioso conmigo y sobre como tomaría el arco. Estuve tentada a dejarlo sin dientes.  

Antes de partir, le pedí a Morgan que tomara un poco un lienzo del rollo que había conseguido y que con pluma y tinta escribiera unas palabras. Luego tomará el lienzo y lo pegara con barro en la pared más visible de la taberna más concurrida.

Con todos los negocios cerrados en este pueblo de frontera, emprendimos el paso hacía Shading, Morgan yo y la mula, que resultaba llamarse Mulan.

Tomamos un camino estrecho, que serpenteaba rodeando pequeñas elevaciones y arenales hacía el este. Con paso regular, comíamos terreno frente a nosotras y según mi acompañante, llegaríamos a otra villa antes de caer la noche. En realidad, no me agradaba mucho la idea de pagar otra vez una habitación… sobre todo si tenía que pagar el hospedaje de Morgan, sin embargo, para beneficio de mi plan, era casi necesario llegar a la ciudad.

-¿Cuántas ciudades o villas hay antes de llegar a Shading?- pregunté.
-Por éste camino, unas tres. Señora.
Respiré hondo con resignación. –Espero que el camino sea seguro…-
Morgan afirmó con la cabeza sin decir nada… como tragándose unas palabras que hace rato quería escupir. Por fin, luego de un rato se animó. -¿Qué fue todo eso, en la calle? Es decir, nunca había visto a nadie pelear así… y menos con una mano… -Dijo eso último como bajando la voz, pero con emoción sincera.
El cumplido me llegó, y aunque me esforcé por no hacer gesto alguno, por dentro hinché un poco el pecho con un poco de arrogancia. –¿Te interesa aprender?- pregunté; aunque por cierto ya sabía la respuesta. Lo sabía desde el día anterior en la taberna cuando vendíamos a su marido.
Sin decir nada, la joven respondió moviendo la cabeza.

-¡Bien, pues empecemos pues!- dije con cierta motivación deteniendo la marcha al momento. –Primero, te enseñaré a usar un arco…

Morgan se sorprendió, y por un buen momento, se quedó ahí, quieta sin saber bien que pasaba. Luego la sorpresa se hizo una mezcla de entusiasmo y obediencia, pues rápido pero calladamente fue hacía la mula de la que desprendió el arco que había comprado. –Ya decía yo que esto no era para usted… Señora.- Dijo con una voz tenue y una risa tonta al final.

-Esto no te ayudará a pelear con las manos… pero el estudio del arco es un buen comienzo para aprender a defenderse; además te dará un poco de disciplina y fuerza. Primero, ¡Postura!...-

… Pasamos cerca de dos horas ahí, a un lado del camino. La mula comiendo la maleza que encontraba, Morgan, tratando con firmeza de mantener una pose y estirar la cuerda con propiedad y yo, bueno, enseñándole mientras malabareaba una flecha entre los dedos. Luego, dimos por terminada la sesión y nos fuimos cuando el sol ya empezaba a bajar por el horizonte.

Llegamos al pueblo y ya había anochecido. La villa llevaba el nombre de un hombre, su fundador y no hice ningún esfuerzo para recordarlo; así que decidí llamarle, villa perdida. No era amurallada así que entramos sólo bajo la mirada de un guardia que harto y aburrido, no hizo esfuerzo para detenernos.

Villa perdida era por demás distinto al pueblo anterior. Era un pueblo de campesinos, el lugar estaba rodeado por trigales y poco más. No había grandes tabernas ni posadas y cuando llegamos el pueblo ya estaba dormido. Tuvimos que llamar a la puerta de la única posada y esperar varios minutos antes que el posadero, enfadado, nos abriera. No cruzó palabra con nosotras sino para señalar el cuarto que tomaríamos y cobrar. “Quizás mañana con mejor humor se decida a platicar con nosotras.” –Pensé.

Pérdida de tiempo. El hombre no sabía mucho de nada. Ni él ni el resto; incluso el guardia estaba desinformado. Igualmente pegamos un lienzo de papel en la entrada de la posada, por las dudas y nos fuimos.

El resto del camino fue muy parecido; nos salíamos del camino algunas horas para entrenar, descansar y comer, visitábamos los pueblos de paso para pedir información y dejábamos un dos o tres lienzos pegados en lugares visibles, esperando que el hombre sin lobo los llegara a ver.

Pasaron tres días desde que saliéramos del pueblo sin nombre antes de llegar a Shading, y fue aquí el único lugar donde pasamos más de una noche. Debía asegurarme de buscar por todas partes y encontrar la mayor cantidad de pistas; agotar los recursos. Debía encontrar al maldito y si estaba aquí, lo descubriría. Pero rumores… sólo rumores y nada por seguro. Al menos dos cosas eran ciertas. Necross Belmont ya no se encontraba en Shading y sí, era buscado por el reino; incluso, en Shading, se manejaba una recompensa.

Antes de salir, y con los permisos apropiados, pegamos los lienzos en lugares visibles nuevamente, esperando que el hombre sin lobo los viera. –Morgan, ¿puedes leerme nuevamente lo que escribiste?-

Un amigo en común.
Foxhound
Abrirá sus fauces
En las drakenfang
En el paso del borracho
La mujer gato bailará al levantarse el sol
Y llevará al hombre sin lobo
Con su eterno amigo
10/02

-¿Qué significa todo eso?- se atrevió a preguntar Morgan.
-Quizás luego te lo cuente… ahora, vamos al paso del borracho, tenemos 10 días antes que nuestro invitado se presente; si es que recibe la invitación…

-//-

Otros tres días pasaron antes de que llegáramos al paso del borracho. La rutina se había fuerte en el camino con Morgan entrenando su tiro con arco…
… en las viejas montañas, el torreón que sirviera en otros tiempos como puesto avanzado de la orden se levantaba frío y desolado. Como un fantasma. Como el recuerdo y hogar de muchos fantasmas. La última morada de Foxhound…
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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Necross Belmont el Dom Feb 14, 2016 7:34 pm

El firmamento nocturno estaba pintado de un color azul oscuro que lentamente se iba aclarando, pues pronto amanecería. El hombre del parche para ese momento ya estaba despierto, en la tienda más grande del lugar, sentado, y mirando el mapa de Valashia. Necross se puso de pie, y desde el mismo baúl donde hace unas horas había sacado la botella de ron, saco un puro de tabaco. Para encenderlo mantuvo presionada la punta del cigarro contra uno de sus dedos metálicos, luego hizo fluir la electricidad por su mano hasta que su dedo se recalentó, haciendo que el papel se quemara.

Una vez más volvió a la silla, y continúo mirando el mapa, con su ojo fijo en la región de Shading. Mas su mente comenzó a divagar, y recordó el momento cuando empezó a beber durante esta fría noche.

-//-

Nadine se iría  a dormir, Necross desde su silla la veía estirar los brazos y bostezar mientras se alejaba. La sonrisa que la pequeña niña había dejado en el rostro cansado del tuerto de a poco se desvanecía, y las historias que ella le conto, pronto fueron reemplazadas por pensamientos más perturbadores. El hombre del parche pensaba en su pequeña, y en los peligros que debería sufrir ahora que era parte de un grupo de forajidos, esta no es la vida que él quería para su hija. Necross siempre imagino que terminaría viviendo alejado de la sociedad, cosechando lo que comería, en paz con el mundo. Que  ya no debería luchar, ya no tendría que dar su vida por alguna causa estúpida, no. En su mente, el tuerto se veía junto a la mujer que amaba, y a la pequeña que adoraba, viviendo una vida aburrida, pero pacífica. Incluso veía en su mundo imaginario a Nadine ya adulta, con el mismo rostro de Ondine, pero la sonrisa de idiota que alguna vez tenía su padre.

Y aquellos pensamientos le destruían el alma, pues sabía que ya nada de eso podría lograr, pues sobre sus hombros tiene la vida de sus hombres, por él estaban aquí, y por él morirían. Y por supuesto, él moriría por ellos, le guste o no. Queriendo apagar su mente, dejar de pensar, el hombre del parche acudió al único método de tranquilizarse que conocía, y el cual había dejado hace mucho. Nadie lo sabía, o eso creía él, pero oculto en un baúl dentro de la tienda más grande, el hombre del parche tenía una botella de ron llena. Los alas negras ya estaban dormidos, con excepción de los que debían hacer vigía, pero ellos no irían a molestarlo a menos que hubiesen problemas, y si los había…

Primero fue un sorbo, uno grande, el cual le hizo sentir el licor hasta la medula. Luego vino otro, el cual dejo la botella a la mitad, el intervalo entre sorbo y sorbo era pequeño. A los pocos minutos sintió los efectos del alcohol, pues su visión se volvió doble, miro su mano derecha entre la conciencia y la ebriedad, se puso de pie, y camino hasta que logro esconderse en el frondoso bosque, el bosque negro, como le gustaba llamarlo. Allí se sentó reposando la espalda sobre el tronco de un árbol, y se bebió tranquilamente el resto de la botella, hasta la última gota.  
En algún punto intento ponerse de pie para ir a dormir, pero las piernas le fallaron, y cuando cayó al piso no hizo ningún intento por levantarse, prefirió dormir ahí, importándole poco lo que podría pasarle. Si hacia frio, si Nadine lo necesitaba, si el vómito que hace unos segundos había dejado salir atraía animales, si los atacaban y lo mataban, nada le importaba, pues solo quería dormir.

-//-

Continúo fumando, recordando como Mary Ann lo llevo hasta el mismo lugar donde ahora estaba, como lo desvistió y limpió, arrepintiéndose de sus acciones; por suerte aquella fue una noche tranquila.  La ceniza del puro cayó sobre el mapa, fría, y el viento causo que se esparciera. El hombre del parche comenzó a jugar con dicha ceniza, pasaba su dedo y formaba figuras. Se quedó así hasta que el firmamento ya estaba cubierto de nubes, y de un color celeste claro, pues el sol ya estaba en su punto mas alto.

El primer ala negra despierto era Vince, quien como el cocinero del campamento, siempre era el primero en despertar, y también su grupo, los cuales le ayudaban a preparar un desayuno ligero  (pues las provisiones y recursos eran mínimos) para toda la compañía. “El carnicero” como lo apodaban, se sorprendió de ver al tuerto despierto, y se acercó a él, enviando a su gente a adelantar el trabajo. -¿Estas bien Necross?- El hombre del parche le dio una bocanada a su puro, y al terminar se lo ofreció a Vince. -¿Te gusta estar aquí, Vince? Llevamos un tiempo viviendo así, dime ¿Te acostumbraste ya?- El carnicero acepto el puro, fumo, y se quedó con el. -Es incomodo dormir en el piso, es terrible comer carne todos los días, tenemos poco pan, menos verduras, y ni hablar de los condimentos para cambiar el sabor de la carne. Pero si, me gusta. No vivimos con el miedo de que un rey nos puede usar para sus malévolos planes, no debemos pagar tributo a un rey que poco le importamos, y no vivimos bajo un reinado que nos puede hacer desaparecer por beneficio propio. Sí, me gusta, pero aun no me acostumbro.-

El hombre del parche sonrió, y Vince le devolvió el puro, para volver a su trabajo.  Al poco tiempo el campamento completo estaba despierto, y la última hacerlo fue la pequeña Nadine, a quien Necross intercepto antes de que se pudiera siquiera lavar la cara, o comer algo. -Bodoque, ven, camina conmigo.- La niña miro confundida a su padre pero aun así lo siguió, entonces el hombre del parche junto con la pequeña Divium se adentraron en el bosque.

-Nuestra vida ha cambiado mucho en el último tiempo, y mi preocupación siempre serás tú, bodoque. Le pediré a uno de nuestros arqueros que te enseñe a luchar, creo que será nata la habilidad con el arco para ti, pues tu madre la tenía, y ella era una muy buena arquera. Nuestra vida ha cambiado bodoque, y realmente lamento el obligarte a seguirme… lo lamento mi amor.- Necross dejo de caminar, pues un nudo en su garganta lo quería hacer llorar, mas su ego no se lo permitiría. La pequeña Divium se le adelanto, y se abrazó de la cintura de su padre. -Tendremos muchas aventuras, Vater. Me gusta ir contigo en aventuras.- El hombre del parche se arrodillo, y cubrió con sus brazos a su pequeña, le beso la cabeza, y la levanto. Nadine quedo abrazada del cuello de Necross, y este, dejo ir su ego para liberar el llanto, y la ternura que la niña siempre despierta en él.

-Vamos bodoque, es hora de que comas algo.- Padre e hija volvieron al campamento, donde la mayoría de alas negras ya estaban comiendo. Necross se sentó  (en el piso, pues no tenían mesas) con Nadine en brazos en medio de dos soldados, y pidió un poco de pan y carne para comer.  

El resto del día paso tranquilo, pues no habían atracos por efectuar, ya que los alas negras esperaban el regreso de Legato al bosque, ya que él debía tener la información de las caravanas mercantes que pasarían por esa zona. Al medio día, el bandido Legato se apareció por el bosque negro, silencioso como siempre, y sin advertir su llegada, pues el prefería evitar las trampas y a los soldados que hacían vigía, y luego comentar las falencias de la seguridad en el campamento.  

Pero el bandido traía una extraña expresión de sorpresa, se acercó al hombre del parche para intentar hablarle en privado. Necross camino junto a Legato hasta la tienda donde estaba el mapa de Valashia. -Yo… encontré algo, no estoy seguro si tenga relación contigo, pero hay un nombre que alguna vez menciono Mary Ann… un amigo tuyo.- El bandido le entrego al tuerto un pergamino de papel, Necross comenzó a leerlo, aunque le costó un tanto entender la letra, cuando termino de leer quedo helado, y de sus labios el susurro de un nombre se unió con el viento que suavemente soplaba.

-¿Foxhound?-

Legato mientras miraba al tuerto podía sentir la confusión de este, pues estaba dibujado en su rostro. Necross se quedó mirando el papel, en específico, el nombre de Foxhound. -¿Dónde encontraste esto?- Legato trago saliva, y espero un par de segundos antes de responderle al tuerto. -En Shading… había más de uno, los quite de inmediato…- El hombre del parche grito el nombre de Mary Ann, y el de Vince, quienes de inmediato se acercaron a la tienda más grande del lugar, la cual fue cerrada cuando el grupo estaba por fin se reunió.

-Legato, ¿averiguaste quién es el responsable de esto?-

-No de nombre, pero los guardias que tenemos de contactos me dijeron que eran dos mujeres. Una de ellas estaba cubierta por una capa, por lo que los guardias no vieron muy bien su rostro.-

-¿Qué pasa Necross? ¿Por qué nos llamaste?-

-Alguien me está buscando, no es de Shading, no es de Valashia, ni de Ujesh-Varsha… creo tener una idea, pero no estoy seguro… y realmente no quiero estar seguro.-

-¿Te quiere matar? ¿Busca la recompensa? ¿Es un aliado?-

El hombre del parche se quedó en silencio, pues realmente no tenía respuesta para las preguntas de Vince.

El resto de la tarde, el hombre del parche se quedó hablando con sus compañeros, ya que él quería ir al encuentro, pero su sentido común le decía que lo mejor era quedarse. -¿Y si esto es una trampa de Shading? Después de todo allá te conocen, conocieron a Foxhound, saben cómo despertar tus emociones.- Comento Legato, quien dé pie, pasaba el dedo pulgar y el índice por su barbilla. -No, Girardot no haría algo así, si nos quisiera cazar, si quisiera capturar a Necross, vendría él personalmente.- Contestó Mary Ann, pues bien sabía que el tuerto tenia aun algunos amigos en Shading. -Este mensaje es demasiado personal, no cualquiera pudo escribirlo… Creo saber de quién se trata, pero por lo que aquí dice… estoy seguro que querrá matarme.- Necross estaba sentado, en medio de la mesa con el mapa de Valashia, rodeado por sus compañeros. -Entonces no vayas, eres el líder de los alas negras. ¿Sabes qué pasaría con nosotros si mueres?- Vince estaba frente al hombre del parche, con las manos apoyadas sobre la mesa. Necross respiro profundamente, antes de contestarle al carnicero. -Los alas negras no soy yo, no eres tú, no es Legato, Mary Ann, ni los hombres y mujeres que están allá fuera preguntándose qué demonios estamos haciendo encerrados. Nosotros somos una idea, el querer vivir sin que nadie nos envié a matar, yo no he obligado a nadie a seguirme, ellos lo hacen porque creen en nuestros ideales.-

Vince se quedó en silencio, pero su rostro demostraba que quería seguir discutiendo. -¿Entonces, que harás?- El hombre del parche sonrió, antes de mirar a la dama de hierro. -Iré… es tiempo de encontrarme con una vieja amiga.-

Si, debía ser ella quien lo estaba buscando, pues las borrosas memorias del tuerto la recuerdan caminar junto al lobo negro. Pero, la pregunta que rondaba en la cabeza de Necross lo hacía cuestionarse, ¿de verdad querría matarlo? ¿Qué pudo hacer él para que ella buscara su muerte, para ganarse su odio? Y la respuesta es que en si Necross no había hecho nada, no, fue Dracul el culpable del odio de la Hörige. Pero claro, las memorias del tuerto no recordaban claramente el encuentro con Khiryn.



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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Khiryn el Lun Feb 15, 2016 5:41 pm

III

Desperté con empapada en sudor helado. A mi alrededor, el viento frío de la montaña silbaba al pasar por las hojas de los bajos arbustos circundantes a las ruinas de la fortaleza. La noche, clara y abierta me miraba con ojos brillantes por el techo derrumbado del torreón. Miré en derredor lentamente; apenas podía moverme tanto por el frío como por el miedo. Bajo el sonido del viento, la voz de un lobo me perforaba los oídos, atormentándome.

Con voz temblorosa apenas pude exhalar un suspiro tímido…
-¿Foxhound?-

-//-

Antes de llegar al torreón en el paso del borracho, había un paso obligado: Valthburg. Llegamos antes de que cayera la noche, pero ya desde muchos metros atrás la visión de sus murallas me trajo a la mente recuerdos que hacía tiempo estaban encerrados. La última vez que visité éste lugar llegué en un carromato; sólo en ese transporte habíamos 20 soldados de un grupo de 200. ¿Hace cuánto había sido eso? ¿Cinco… …seis años atrás? No quería recordar en verdad, pero parecía que mi cuerpo se empeñaba en hacerlo, regresando a lugares enterrados, por los mismos enterrados caminos.

-Esta ciudad es grande, la última vez que vine tenía una muy buena taberna con una muy buena posada. Quizás podamos hospedarnos ahí.- Dije, tratando de ocultar que por dentro, tenía una ilusionada curiosidad por saber cómo había seguido la vida de aquellos que en su tiempo, sufrieran con el horror de la guerra contra los orcos.

-¿Usted estuvo en antes en Valthburg, señora? Eso debió ser hace mucho tiempo… al menos unos 7 años pues esta ciudad fue atacada y casi destruida por los orcos…-

-Sí, vi la ciudad antes de ser atacada… … y también después…- Finalicé sin dar detalles.

La ciudad completamente amurallada, poseía sólo cuatro puertas, de las cuales los trolls habían destruido dos y con este tiempo, los habitantes de la ciudad habían reconstruido y mejorado. Nosotras ahora pretendíamos cruzar hacía el pueblo por la puerta oeste, que no había sido tocada en el ataque. Un par de guardias nos detuvieron. Luego de un breve interrogatorio, inventariaron nuestras pertenencias. No era ya política suya dejar pasar forasteros armados. Así que tuvimos que dejar, muy a mí pesar nuestras armas a resguardo de la guardia de la ciudad con la promesa que al salir de la ciudad las recuperaríamos.

Caminamos por las calles con el sol ya muy bajo en el horizonte. La ciudad comenzaba a guardarse, preparándose para la noche. Los braceros en las almenas de la muralla se encendían. Esta gente había aprendido bien, aunque a la mala. Ahora, sus murallas eran al menos un metro más altas y varios centímetros más gruesas. Sobre ellas, había espacio para cuatro líneas de soldados sosteniendo el arco hacia el frente. Sus soldados, marchaban el recorrido de la muralla, haciendo sonar sus pasos con fuerza para dar a saber a la gente que la guardia está en servicio. En la muralla, todos equipados con arco y flechas, bajo ésta, todos con alabarda y espada.

La ciudad había sido reconstruida sí, pero aun había edificios enteres en los que el proceso no había concluido. En las calles más cercanas a la plaza central aun había piedras que no habían sido movidas. Las piedras de una torre completa venida abajo. Enormes fisuras en las paredes y habitaciones completas sin pared. Hoyos enormes hechos por la brutalidad de los orcos.

Llegamos a la plaza central; donde había terminado todo y de pronto todo lo recordé: “Aquí. Sí… justo aquí. Aquí aniquilamos a ese maldito orco.” Con la mirada perdida, me dejaba llevar por el recuerdo, lo veía todo como ausente, desde fuera, como una espectadora y al mismo tiempo estaba ahí. Irreal. “Por allá, Alanayn –Rata Blanca- apostada detrás un montón de escombros, arbalesta en mano lanzando virotes. Redrick, Saeed y yo peleando cuerpo a cuerpo contra el orco negro. Uno a uno golpeando su armadura hasta zafarla. Aquí, me rompió la nariz y me tomó por el cuello… … ¡Reina Muerte me bendijo, pues me lo pudo haber quebrado como a una vara!... …El virote de Alanayn entró por su nuca y salió entre sus ojos, salpicándome de sangre.”

En la mente, recorría lo sucedido, mirando a los viejos héroes a mi alrededor, los cuchillas, los príncipes enanos, el señor de minotauros; todos en batallas simultaneas junto conmigo, pero la más grande de todas, fue la de aquel caudillo orco con el enano matador. “Intercambiaban lances, uno con su potente hacha rúnica, el otro, con su grueso machete de orco. Cada choque de armas sonaba como un trueno, y en el suelo de piedra, aun se ve la grieta que dejará el pie del enano al encajarse en el piso, aguantado la carga del ataque orco. ¡Oh si hay gloria en la batalla!... Sí… la guerra es horrible; muerte, desolación y caos. No hay finales felices para nadie que vive una guerra… pero… ¡¿Qué no daría yo por vivir el frenético fuego de la batalla?! ¡La gloria!... ¡LA GLORIA!... Sí… también hay gloria y héroes…”

Y de repente el calor de una lágrima resbalando por mi mejilla me sacó del letargo. Bajo la mirada de una confundida Morgan, me encontré mirando el cielo con la mano levantada a la altura del hombro y cerrada en puño. Ella no era capaz de ver lo que yo veía ahí. Esa grieta en el suelo a ella no le diría nunca nada, a menos que sobre ella levantaran una escultura o al menos un busto de aquel enano matador. Y entonces, para mis adentros sentí vergüenza de mi misma. Recapacité en la escena y sentí terror de mí al saber que había sido capaz de semejantes pensamientos. Me rocé lentamente la nariz desviada sobre la cicatriz, luego, me llevé la mano al muñón que salía de mi hombro derecho y desvié la mirada al lugar vacío junto a mis piernas. El lugar que ocupara Foxhound…

“Gloria… No. No hay gloria en la guerra…”

Seguimos el camino desde la plaza hacia la posada. “El salón de los héroes” recordaba. Por las calles, la gente corriente de la ciudad regresaba de sus talleres y tiendas con bolsas y trastos. En ellos, el paso de la guerra era aun más evidente que la plaza, en las rocas caídas o en los edificios con muros destruidos. Era la gente siempre, más que nadie quienes cargaban con el peso de las batallas; sobre todo, si estas batallas fueron derrotas. La gente con la que nos íbamos encontrando en el camino era gente envejecida de repente. Algunos, con piernas de palo, resultado de amputaciones. Tuertos, mancos, cojos, quemados. Un miserable sin piernas tirado en la calle se queja. Lo perdió todo en la guerra: su casa, su esposa, sus hijas… le falta una mano y tiene la mitad del cuerpo quemado.

Mujeres que quizás habían sido bellas, caminaban con dificultad por tener la cadera desviada, a causa de una fractura intratable. Una hace equilibrio sujetando con su única mano un bastón y a un crío de unos 2 años; le faltaba la pierna desde arriba de la rodilla. Un niño pasa corriendo de un lado a otro de la calle, seguido por otros dos. Uno de ellos tiene cicatrices de quemaduras en la mitad del cuerpo, a otro le falta un brazo, el último cojea y tiene la columna desviada; se lanzó del tejado de su casa mientras esta ardía en llamas.

Y mientras más caminamos, más encuentros como estos me regresaban a la verdad de la guerra; y mi mente me jugaba bromas entre la realidad y los recuerdos. Al paso de la gente, mi mente vagaba por la Valthburg del asedio, y entre las construcciones recordaba vívidamente como dábamos caza a los últimos orcos y trasgos por toda la ciudad.
Y cada paso, me sentía cada vez más avergonzada de mí; honrando una grieta en el suelo mientras esta gente sufre todavía las miserias de la guerra cada día.

-//-

La gruesa puerta de madera nos recibió con su nombre elegantemente tallado. Este edificio enorme en la ciudad, había sido de los pocos que no recibieron daño considerable durante el ataque y que incluso había servido como campamento para que los heridos recibieran atención. Atamos la mula y entramos al lugar.
Poco había cambiado desde la última vez. Los mismo muebles, los mismo licores, y hasta la gente parecía de cierto modo igual, salvo por que ahora era un poco más triste. Atravesamos el salón sin mucha gala, manteniéndonos bajo las capas tratando de no llamar la atención bajo la tenue luz de las candelas.

-¿Tiene habitaciones?
-Claro que sí… en estos tiempos es raro quien venga a éste pueblo…- respondió con desencanto. Por supuesto para un posadero, que la gente no visite la ciudad es la muerte económica.
-¿Puedo elegir la habitación…?
El posadero se quedó mirándome a los ojos un momento, confundido por la pregunta. -Todas son iguales.- Respondió refiriéndose a las habitaciones. No hay ninguna especial.
-Es sólo por el placer de saber que puedo escoger donde duermo.- Asentí sin ningún tono especial.
-¿Te conozco, ya has estado aquí… cierto?
-No. Ahora, dame la llave de la habitación de la esquina de la derecha, te pago y todos felices…- Dejé el dinero sobre la barra; el posadero cerró la boca de mala gana, se giró y puso una llave oxidada junto al dinero.

-//-

Como años antes, me encontré en el tejado del salón de los héroes. Tratando de penetrar la fría noche con la mirada clavada en las montañas pintadas de blanco. Pero esta vez no buscaba el fuego de las antorchas o el movimiento de las copas de los árboles al caer por la marcha de la horda. Esta vez buscaba el torreón en el paso del borracho. Buscaba los fantasmas de la montaña. A los espíritus de los caídos. El fuego fatuo de sus vidas cegadas y el movimiento de las copas de los árboles al hablar con ellos.

-//-

Salimos con la mañana hacía el paso del borracho dejando Valthburg atrás. No perdimos tiempo haciendo indagatorias por ahí, y sólo nos detuvimos a pegar el cartel en la puerta de la posada y a lanzar unos cuantos en la plaza central. Haber pasado la noche ahí me había hecho daño. Entre el frío y las pesadillas cada vez más recurrentes no pude descansar bien. Sin embargo el día había amanecido soleado, y la brillantes del sol así como el buen humor de Morgan me sirvieron de alivio momentáneo.

El viejo camino a las drakenfang estaba casi desaparecido. Sólo era ahora un rumor de lo que antes fuera una amplia avenida por donde podían pasar dos carretas juntas sin tocarse. Había tramos en los que con dificultad podía pasar una mula. Árboles derrumbados, la maleza crecida por todas partes y por tramos ni rastro de la vieja huella del camino. Morgan pareció leer mis pensamientos y pronto añadió:
-Era un camino muy transitado por los humanos y los señores enanos de las montañas. Incluso, bajaban por este camino minotauros… pero después de la guerra de hace seis años las actividades comerciales entre los pueblos humanos y enanos comenzaron a bajar. Ya casi no hay relación entre nuestros pueblos, y esto se acrecienta con los rumores de asaltos en el camino. Dicen que desde hace años, viajeros y caravanas son asaltados en este camino. La gente le atribuye esto a un grupo de trasgos que, después de la guerra, se asentaron en las cuevas ocultas de la falda de la montaña…-
Me resultó sorprendente que Morgan, con su edad y educación estuviera enterada de tal situación. Por supuesto, su supuesto tenía también un llamado de alarma que capté de inmediato. Ella temía a los rumores de los trasgos. Sin hacer preguntas, acepté con teoría como verdadera con sólo mover la cabeza.  

Luego de la lucha de subir por un camino casi perdido, y muchos días de viaje, llegamos a nuestro destino. El esqueleto de la torre se dibujaba espectral contra el horizonte. Sus relieves afilados y fríos, delineados por la luz del sol detrás y oscurecidos en el centro parecía desprenderse del firmamento y llamarme de forma irreal; como un susurro. Mientras más nos acercamos, más pesado era el ambiente a mi alrededor y lentamente un dolor en las sienes se acrecentaba, mareándome.

El último paso fue el más pesado, y aunque nos habíamos detenido y comido antes de el último tramo, nada en mí parecía haberse calmado o descansado. Y finalmente, me planté al pie de la entrada a la torre. Con Morgan detrás descargando a la mula yo me quedé ahí, firme y en silencio. Di unos cuantos pasos temblorosos y tímidos mientras un extraño dolor me descendía por la nuca y se alojaba en mi muñón derecho.
Ahí estaba aun. Al lado derecho de la torre un pequeño montículo de tierra con una piedra lapidaria encima.

-Bajo esta piedra yace Foxhound.
Leal a Necross.
Amigo de Khiryn.
Murió por salvar a los hombres
Peleando contra la horda.
-.-.-.-.-
Khiryn talló esta piedra en el año…-


Una lágrima rodó por mi mejilla al recordar ese día. Al recordar al lobo y lo mucho que me había cuidado. Ahora como no lo había sentido en mucho tiempo, el vacio que dejara la falta de su compañía me invadía. Me llenaba de culpa, y de nuevo lo extrañé con todo el corazón, que con punzadas como púas me obligaba a inclinarme. Me llevé la mano al rostro y apretando los dientes me puse a llorar.  

Morgan posó su mano suavemente sobre mi hombro con ese tacto en el que sientes que los demás sienten tu pena. “Es sincera pensé.” No me avergonzaba llorar delante de ella, o de nadie; no por esto.
-¿Un viejo conocido? –Preguntó.
-Sí. Un amigo.-

Con el dorso de la mano me sequé las lágrimas… por un momento había olvidado donde estábamos y lo que debía hacerse, ahora, eso era más importante. Tratando de recuperar un poco la postura, le pedí a Morgan que se hiciera con el arco y cargara una flecha y matuviera tensa la cuerda y alerta los sentidos, debíamos, antes que nada, asegurar el lugar. Muy a pesar de ella que pretendía regresar a  Valthburg a pasar la noche.

Me descubrí la cabeza retirándome la capucha para oír mejor, desenfundé mi mejor daga, apretándola con fuerza. La última vez que entré en este torreón estaba plagado de orcos, semiorcos y trasgos, perdí compañeros, entre ellos a Foxhound… sin mencionar mi brazo derecho.
Crucé el umbral con la puerta de madera robusta caída. Las bisagras enrojecidas por el oxido estaban bien trabadas. Dentro, sólo los restos de muebles de madera podrida y rota en un salón vacio y frío de paredes enmohecidas por la humedad.

Unos pasos más adelante, la escalera, con sus peldaños agrietados y caída por tramos me alejaba de ella; invadiendo mi mente con los recuerdos crudos de un ataque mal ejecutado. Las voces de mis compañeros resuenan junto a la mía en los ecos fantasmales que recoge el viento que se cuela por entre las grietas de los muros y el techo ausente.

Subí con temor, con los nudillos blancos del esfuerzo, apretando la empuñadura de la daga llevándola por delante. Ni los murciélagos acampaban en este lugar embrujado. Subí hasta el piso donde acabó el ataque. El suelo todavía tenía las marcas de sangre que el lobo derramó a los pies de la escalera. Un par de lanzas podridas de trasgos tiradas y en el centro de la pieza, el suelo agrietado bajo una densa mancha de sangre. Sí… ahí fue donde caí… esa grieta debía ser la huella del orco que me arrancó el brazo de una pisada.  El muñón me dolió de repente, como si mi cuerpo sufriera de memoria por el momento. “Una de las lanzas de los trasgos rodo por el suelo, me giré a ella violentamente alertada por el sonido de su movimiento. Se detuvo justo cuando la punta quebrada apuntó a mí.” –El lugar está embrujado.-

-//-

-Mete las cosas al torreón, sube hasta el último piso, acamparemos aquí.- le dije a Morgan al salir de la torre sólo habitada por mis propios fantasmas. –Yo iré a buscar un poco de madera par hacer fuego. Cuando puedas, lleva toda la madera que puedas a ese piso, deberemos hacer una barricada si queremos sentir un poco de seguridad. Si hay trasgos, son más activos en la noche, no haremos fuego hoy así que comeremos frío. Si mañana amanecemos con vida, podremos desayunar algo que nos caliente el alma…-

La noche nos tomó ya refugiados en la torre. Habíamos improvisado un campamento pegado a una de las paredes para cubrirnos del viento. La noche abierta sobre nuestras cabezas nos invitaba a contemplarla, sentadas, una junto a la otra y cubiertas de pies a cabeza en gruesas telas esperando que la cena fría hiciera un poco de digestión antes de dormir.

-Cuéntame una historia Morgan.- Le pedí a la mujer, que al oírme se sobresalto un poco.
-Pues en realidad no conozco una que me parezca digna de usted, señora.
Su comentario me pareció más gracioso que sincero y no pude dejar escapar una risa irónica. –¿Digna? ¡Nadie nunca me había tratado con tanto respeto y al mismo tiempo con tal desaire! Yo no soy noble Morgan, tengo la suerte de haber contado con unas cuantas monedas para pagarte un salario, no más. Cualquier historia que me cuentes estará bien…-

Le tomó a Morgan unos 5 cinco minutos empezar a contar su historia  y otros tantos en terminarla. Era un cuento espeluznante de una chica que persigue a un conejo y cae por su madriguera en lo que es más bien un mundo abstracto e irreal en donde un lado de los hogos te hacen gigante y otro diminuta. Había larvas que hablaban y gatos que sonreían para luego desaparecer. Algo compleja pero entretenida. Pero su entusiasmo me había animado y en un fuerte momento de nostalgia comencé a contar yo una historia para ella.

-Tiene mucho tiempo que no cuento una historia, y creo que sólo me sé una… así que trataré de recordarla lo mejor posible…

HISTORIA:

-Desde los ojos del cazador, la cima de la montaña parecía haber explotado; las nubes se veían rasgadas, como lanzadas con fuerza desde la cima del aquel monte gélido circundaban a varios metros la boca del monte. Claro, esto solo era un capricho del clima y no una explosión real. Llevaba varios días persiguiendo los rumores de un hermoso cisne, grande y de plumas tan blancas y frías como la nieve que descendía de aquella montaña en las noches y se bañaba en el lago en las faldas de la montaña, en la cara norte, en el sitio de más complicado acceso.

Sin embargo, el cazador era tenaz, y al cabo de muchas horas y paciencia, logró cruzar el risco que le separaba del camino en la cara norte. Pero eso no era la victoria para él. Después de cruzar, tuvo que enfrentarse a dos días de camino por la falda helada, sorteando los peligros propios de las nieves, del frio y de los animales del bosque. Por fin, y más siguiendo su instinto y su nariz que su sentido común llego a la orilla del lago.

Este lago, parecía estar congelado. Frio, duro y liso. Y una sola onda de agua lo perturbaba. Como si fuera un lienzo duro. Reflejaba con mágica claridad el cielo, como si más que un lago, los dioses hubieran colocado un espejo en la montaña para apreciar su absoluta grandeza. Tuvo la sensación de que si lanzaba una piedra, las aguas se romperían como cristal, cuarteándolo y profanándolo para siempre. Sin embargo lo hizo. Y grande fue su miedo cuando al caer la piedra en el centro del lago, esta no hizo ni un solo ruido, y el agua no se perturbó; como si la roca hubiera sido más, chupada. Ni una onda vibró en las aguas del lago. Estaba tan absorto por la magia de aquel cuerpo de agua, que no notó de inmediato que una silueta cerca de él se acercaba.

Cuando la vio, dio un salto atrás y ahogo un grito más de sorpresa que de terror.

Era una mujer.

Era blanca, con el cabello rubio y ojos azules, estaba desnuda, y caminaba con lentitud y pesadamente; como un siervo herido. Sus ojos, estaban fríos con una mirada de infinita tristeza y a pesar del frio clima, no parecía sentir molestia alguna.
El cazador parecía haber caído bajo un embrujo; no podía desviar la mirada de tan perfecta y hermosa visión. Se talló los ojos varias veces con fuerza, incluso, pensó que se había vuelto loco, o que había muerto y que había sido enviado a una especie de paraíso; ni siquiera notaba que tenía la boca abierta y que un hilo de saliva empezaba a escurrir de su boca.
La mujer rompió el silencio ante la mirada encantada del cazador.

-¿Puedes ayudarme?

El cazador la miró durante algún tiempo antes de poder reaccionar. Cuando por fin, fue capaz de salir de la impresión, se movió con rapidez para ayuda a dama.

Renqueaba un poco de la pierna derecha; la razón, es que tenía una herida causad por una caída. El cazador, de inmediato se quitó la capa y se la dio a la mujer, poniéndola alrededor de sus hombros. La mujer le agradeció con un gesto.

El cazador. Olvidó entonces y desde ese momento, el motivo por el cual había subido a la montaña, siendo ahora su única y más importante prioridad, la hermosa mujer frente a él. Se ofreció a llevarla de regreso al poblado, y cargándola todo el camino, se las arreglo para regresar. El hombre, se sentía embriagado por una fuerza que no comprendía. Al otro día, y después de ella haberse limpiado y él le hubiera procurado ropas adecuadas, la llevó con el botánico del pueblo, el huesero y cuanta persona se jactara a si misma de conocimientos de curación. El cazador, no escatimó recursos en asegurar la pronta recuperación de la hermosa dama. Mientras el desfile de médicos entraba y salía de su casa, los días también pasaron, y el cazador y la dama los aprovechaban charlando. Él, le cocinaba todas las comidas, y cuando se quedaba sin provisiones iba al mercado por más. Las largas y extenuantes, pero épicas jornadas de cacería, se convirtieron ahora en un mero trámite al lugar más cercano que pudiera encontrar, cazando sólo conejos y perdices para poder llevar carne a la mesa, o tal vez cambiarlos por un buen pedazo de queso y una bota de vino, con las cuales, deleitaba a “su” dama, pues ella prefería siempre cualquier alimento que no tuviera carne.

Sí, ella se había convertido en “su” dama. Luego de una larga noche el se había dado cuenta por fin. Tanta fuerza que tenía no venía de él, era una fuerza más poderosa y mágica que cualquier otra conocida. El la amaba. Y al parecer, ella lo amaba a él.

La pierna de la mujer fue curada, pero no esto fue razón para que ella abandonara su nuevo hogar. Al poco tiempo, el cazador desposó a la misteriosa mujer.

La noche de bodas, fue todo lo que se podía esperar de una noche de bodas, y con singular alegría, ambos consumaron la relación por fin, después de tanto tiempo de desearlo. Sí, ella le entrego su “flor” y el la partió en dos con su hombría.

El primer mes del matrimonio marcho sin peculiaridades; acostumbrados como lo estaban a vivir juntos, no tuvieron problemas en adaptarse a la rutina del otro; la diferencia era que ahora, la dama, le ayudaba en las labores del hogar, puesto que su pierna estaba bien ahora, y él pasaba jornadas un poco más largas en la cacería. Pero al finalizar el primer mes, ella cambió de súbito su estado de ánimo. Constantemente se le veía nerviosa y agitada. Aunque podía recuperar la compostura por largos lapsos.

El segundo mes, el carácter de la dama empeoró en gran medida; ahora, se había vuelto arisca y desconfiada. Por espacio de pocos minutos regresaba a su normal estado de ánimo y le recordaba al cazador cuanto le amaba y cuanto le agradecía haberla salvado aquella noche en el bosque, pero luego se ponía tensa, nerviosa y distante.

Al tercer mes, el contacto físico había quedado en el recuerdo, la dama, ya no se dejaba tocar; ni siquiera las más tiernas caricias del cazador que antaño le parecían tan reconfortantes y estimulantes, ahora las rechazaba por completo y por igual. Casi no hablaba, pero las faenas propias de la casa eran siempre inmaculadas, impecables, y cada vez mejores, de vez en cuando el cazador encontraba alguna nota escondida entre sus ropas de parte de su amada en la que ella le decía que lo amaba con toda su alma; pero cuando el hombre llegaba a casa, la frialdad y distancia de su mujer le desconcertaban; ahora entendía; los gestos de la mujer parecían más de culpa y tristeza que otra cosa. Mucho trató el cazador de arreglar las cosas con su dama durante los días siguientes, y llegado el quinto mes, y ya sin poderlo ella ocultar, el cazador se enteró de que su mujer, su amada de la montaña estaba embarazada de su primogénito.

La dicha del hombre fue grande al saberlo, y todos los días llegaba a casa con flores y regalos para la madre de su hijo. Pero ella, a pesar de saber la razón de su repentino cambio de humores, permanecía siendo distante y con un gesto de culpa infinita.

Un día del séptimo mes, por fin explotó, y con lágrimas en los ojos, la dama le dijo a su cazador entre gritos, lágrimas y sollozos.

¡Es que no lo vez! ¡Te amo! ¡Pero no soy lo que crees! ¡Nunca! ¡No debes ver a este niño nunca! ¡NUNCA!

Esa misma noche mientras el cazador dormía, la dama escapó del hogar.

Al despertar, el cazador ya había aprendido a no esperar nada de la mujer, y después de la reveladora discusión la noche anterior, el cazador estaba convencido de que su mujer no le amaba, y no solo eso, sino que además quería robarle a si primer hijo. Preguntando por el pueblo le dijeron que su esposa había sido vista corriendo en dirección a la montaña; el hombre tomó su arco y se puso en camino tras ella.

Sus pasos lo guiaron hasta aquel lago, donde antes había encontrado a su amada. Volvió la mirada en todas direcciones sin éxito al tratar de ver a su hermosa mujer. Casi se había dado por vencido, cuando vio algo que le asustó. Una onda en el agua. El lago, antes como un frio y sólido espejo de cristal, ahora ondulaba. El cazador miró al centro del mismo con atención y pudo ver la raíz de dichas olas.

Un enorme y hermoso cisne, de plumas tan blancas como la nieve se elevaba desde el lecho del agua volando con majestuosidad hacía arriba. El cisne al ver al hombre, voló en la dirección contraría, pero este era un experto cazador. Se llevó el arco a las manos y preparó la primer flecha, corriendo por la orilla del lago tratando de darle alcance al cisne. Se detuvo por un momento, levantando el arco, se perfiló y tensó la cuerda.

Soltó la flecha. Y esta con un silbido cruzó el viento desde el arcó, atravesando, de un solo tiro el pecho del ave. El cisne cayó en tierra, justo en la orilla al otro lado del lago. El cazador se acercó a contemplar su trofeo. El cisne era tan grande como una persona y estaba tendido con las alas desplegadas y panza arriba. El surco que dejó la flecha en su pecho brotaba sangre a borbotones. El cazador se sentía ahora aliviado, la sensación de venganza había abandonado su cuerpo y estaba a punto de echarse al ave al hombro y regresar a casa cuando notó que algo en las entrañas del animal se movía. Por un momento pensó que tal vez el cisne había engullido por completo a un pez en el lago y que este no había aun alcanzado la muerte. El cazador, impulsado no sé porque fuerzas, abrió la panza del animal. Lo que se encontró dentro fue lo más horrible que ojos humanos han visto jamás.

Retorciéndose en una mezcla gelatinosa y blancuzca, rodeado de viseras rojas de sangre, se encontraba una criatura espantosa. Su piel era verde como la de un sapo, y parecía tener supuraciones burbujeantes. Tenía los rasgos de una persona deforme y pequeña, con patas palmadas como los de un reptil y boca y ojos enormes. La boca de la criatura se abrió, dejando ver unas encías negras y sin dientes y al momento una mezcla de fluidos estomacales brotó en forma de vómito. Llenando al cazador en esta asquerosa y pútrida mezcla.

La criatura, rápidamente volvió a abrir la boca para sorpresa del cazador y le dijo:

-Cada minuto de mi vida es una agonía; por favor mátame.-

Acabado de decir esto, la criatura tuvo un nuevo espasmo y otro chorro putrefacto salió de su boca.

El cazador, finalmente regresó a la aldea, dejando atrás el cadáver del cisne y la criatura más horrible jamás vista… -

-Y es por eso; dije terminando la historia, que no debes tener hijos con mujeres bonitas que encuentres en el bosque. –Le dije a Morgan “pensando en Necross” dedicándole un sonrisa sarcástica, chistosa y juguetona.

-¡Eso no tiene sentido! -Respondió ella luego de unos minutos asimilando el extraño final de la historia.
Yo me quedé atónita con su respuesta, para luego con una gran sonrisa responder: -¡No. No lo tiene para nada!
Y ambas descargamos sendas carcajadas.
-¡¿Qué no daría yo por un buen trago de ron ahora?!- Dije con un suspiro con la tristeza desaparecida y con alegre nostalgia por el momento.
-¡Y yo que pensé que le molestaría, señora!- dijo Morgan con un suspiro de alivio levantándose de inmediato de su lugar y rebuscando en el campamento para luego regresar con una bota llena de ron al lugar donde estaba sentada. Abrió la bota y sin beber me la pasó, le di un gran trago y luego se la devolví, ella bebió también, y entre tragos charla y sonrisas pasamos un par de horas antes de dormir.

-//-

La tranquilidad se esfumó tan pronto cerré los ojos. Como dostracción había funcionado bien el momento que duró. Pero sabía que no sería largo el momento y tan rápido como vino se fue.
Sin haber conciliado bien el sueño todavía, ya empezaba a oír los susurros fríos de las voces muertas en la torre, y entre ellas, la voz del lobo.

En mis sueños perturbados revivía el ataque a esa misma torre, en las que veía todo como a través de un filtro rojo. Foxhound a mi lado, vivo, subía a por las escaleras a mis órdenes. –El confiaba en mí.- “Me traicionaste.” Me miraba con especulación, como sí ambos supiéramos lo que iba a pasar y aun así yo lo arrastrase hacía ese destino. Era mi culpa.  Luego, muerto, me culpaba. Sus ojos como llamas me sentenciaban y de rodillas pedía perdón; un perdón que no merecía aun a pesar del castigo. –Iré por ti.- Me decía.

Y en la calma de la fría noche en la torre a mi mente llegaba traída por el viento la voz de Foxhound. Era como una queja amarga. Me destrozaba. En sueños, lo veía correr por entre los árboles nevados del denso bosque a nuestro alrededor, y su voz se acercaba cada vez más. Yo me agazapaba contra uno de los muros sin valor para coger mi daga. Luego sus pasos en la escalera, y el inconfundible sonido de sus largas uñas chocando con la fría piedra. El subía, lento, olisqueando mi miedo en las paredes. El me buscaba, para vengarse.
Y yo, con el rostro empapado de lágrimas y frío sudor de terror ahogaba los gritos de miedo y me debatía entre saltar al vacío o esperar mi juicio. Y ni un sólo podía mover, congelada de miedo mientras los pasos del lobo se acercaban lentamente a mi…

…Desperté con empapada en sudor helado. A mi alrededor, el viento frío de la montaña silbaba al pasar por las hojas de los bajos arbustos circundantes a las ruinas de la fortaleza. La noche, clara y abierta me miraba con ojos brillantes por el techo derrumbado del torreón. Miré en derredor lentamente; apenas podía moverme tanto por el frío como por el miedo. Bajo el sonido del viento, la voz de un lobo me perforaba los oídos, atormentándome.

Con un esfuerzo sobre humano, y cogiendo valor, más por la vida de Morgan que por la mía, me levanté con decisión, más que por valor. Si era mi hora, la enfrentaría de pie, aunque tuviera miedo. Pero no escaparía. Caminé tan rápido como pude al umbral de la escalera que descendía esperando que mis fantasmas me saltaran en cualquier momento.

Las voces en el viento cesaron. Se apagaron. Abajo, por la escalera no se oía ni un murmullo y viento cambió de dirección y por un momento, hasta cálido. Me quedé despierta un largo rato, mientras bebía un poco más de bota de ron y el cuerpo me exigiera dormir de nuevo.

-//-

El resto de los días que esperamos por el hombre sin lobo en torre transcurrieron sin muchas novedades. Morgan cocinaba todo el menú del día en la mañana, antes de que saliera el sol y el humo pudiera ser visto. El resto del día se le iba en entrenar con el arco, fabricar flechas, mejorar las barreras de las puertas y dar de comer a la mula, que muy a su pesar no dejábamos que saliera del torreón a pastar.

Por mi parte yo iba y venía de la torre, algunas veces para cazar lo que me encontrase y pudiera cargar con una mano. Otras para recoger ramas, otras tantas para investigar en la zona por indicios de trasgos o alguna otra criatura que pudiera ser una amenaza y en estos viajes descubrí no muchas pero sí recientes huellas de trasgos y jinetes guargo. Los momentos del día que no estaba fuera del torreón eran para dormir, entrenar y pasar largos ratos en meditación.
La noche antes del día  marcado para el encuentro, descocí de mi maleta particular un viejo pedazo de tela negra despintado por el tiempo. Lo até a mi mano y preparamos todo para dejar la torre antes del amanecer.

-//-

-¡Morgan, levántate, es el día!-
Desperté a la humana mucho antes de que saliera el sol. Debía ocupar su lugar fuera de la torre.
Guardamos el resto de las cosas que aun estaban fuera y las colocamos en la mula. Abrimos de a poco las barreras en las escaleras de la torre. Morgan, con paciencia, me ayudo a vestirme con la poca ropa de protección que de la que disponía; apenas un chaleco de cuero con anillos de metal, mitones largos y botas especiales de cuero de troll. Así mismo me colgó firme las dagas en la citura y cinco pequeños cuchillos arrojadizos, que era todo lo que me había quedado de mi enorme arsenal. Me quité la banda de la cabeza, y Morgan, aunque ya lo había visto antes, no podía ocultar la curiosidad de su rostro al ver la piedra que sobresalía de mi frente. Me puse la capa y salimos de la torre.

Morgan oculta entre los árboles cercanos, arco en mano tenía la orden de acabar con la vida del hombre del parche en caso de que algo saliera mal. La mula a resguardo dentro de la torre, atada; yo de frente a la torre y de espaldas al camino, miré por última vez aquel trozo de tela negro que llevaba en la mano. Había sido antes una ofrenda de amistad. El parche de un hombre que había muerto. Ahora vería a un demonio. Un demonio que caminaba con su piel…

El astro rey comenzó a manar sus rayos por encima del horizonte, dibujando la mañana con tonos violeta y carmesí. Yo le dediqué quizás el último rezo a la reina muerte mientras de pie esperaba.


(*off: La historia/cuento que cuenta Khiryn en este post, ha sido tomado literal de una partida anterior. "Un inesperado encuentro en el bosque." He puesto el cuento en el spoiler por que no pretendo pedir conteo de líneas por el cuento, pues esas líneas ya han sido contadas.)
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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Necross Belmont el Miér Mar 09, 2016 5:31 am

-¿Estás seguro de esto?-

-No…-

En un morral de cuero, pequeño, el hombre del parche guardaba provisiones para su viaje, una bota de agua, carne seca, pan, queso, lo necesario para estar unos días fuera. -Tu mismo lo admitiste, tal vez quiera matarte.- Necross estaba en su tienda, guardando lo que según él necesitaría; Mary Ann le hablaba desde afuera, ya que no estaba convencida en el actuar del tuerto. -Necesito ir, si estoy en lo cierto, encontrare a una vieja amiga en el paso del borracho.- En eso apareció Nadine, con cara de enojo, como pocas veces la vio su padre.

-¿Vater, te vas de nuevo?-

Nadine comenzó a llorar, cayo de rodillas al piso mientras se cubría el rostro. Necross salió de la tienda, dejando el morral dentro. -Bodoque…- El hombre del parche tomo a su pequeña en brazos, y le explico la situación, por qué debía marcharse. Nadine exigió acompañarlo, pues desde hace mucho tiempo que no pasan tiempo juntos, no desde que escaparon de Shading. -Mi amor… no puedes venir conmigo porque es muy peligroso, además, necesito que alguien se haga cargo de la gente. Bodoque, ¿puedes reemplazarme mientras no esté?- Necross le seco las lágrimas a la pequeña Divium, para terminar abrazándola muy fuerte. El hombre del parche libero a Nadine, y le pidió a Mary Ann, quien vio  toda la escena, que le acompañase; mientras la pequeña entraba en la tienda, y lloraba en silencio.

El hombre del parche llevo a la dama de hierro a la tienda más grande del campamento, la que tenía el mapa de Valashia. Allí, Necross le encomendó una misión especial a Mary Ann, ella debería viajar al pantano Swash, y buscar a un conocido del tuerto. -Dile que lo estoy buscando, responde al nombre de Godo. Dile que necesito que sea parte de nuestra empresa, no creo que acepte realmente… pero dale indicaciones de cómo llegar aquí; quizás deje su terquedad a un lado y nos ayude.- La dama de hierro asintió, y se retiró del lugar, se notaba molesta.

Necross se marcharía ese mismo día, ya no quería perder tiempo, pues  el encuentro tenía una fecha límite.  Y antes de que Necross saliera de la tienda, Legato lo intercepto, y le dedico algunas palabras al líder de los alas negras.  Desde la distancia la dama de hierro veía como Legato y Necross discutían, pero no lograba escuchar que era lo que hablaban, pues ellos casi susurraban las palabras. La conversación entre el bandido y el tuerto fue rápida, y al terminar cada uno tomo su camino, Legato se adentró en el bosque, y Necross camino hasta su tienda, pues debía recoger sus cosas.

-Vater… Bitte…- Rogaba Nadine, aun queriendo acompañar a su padre. El hombre del parche tomo el morral de cuero, lo ato al mango de Sherckano para no cargarlo, y le dio un frio beso en la cabeza a Nadine, antes de marcharse. La pequeña quedo llorando en el piso, su llanto era lo único que se escuchaba en el campamento pues los alas negras se quedaron en silencio, apenados por a escena, pero aun así, ninguno se acercó a consolar a la niña.

El hombre del parche antes de salir del campamento, se dirigió a la tienda usada para las reuniones e inmediatamente se encamino hasta un gran cofre a un lado de la mesa. Necross entonces desde el cofre saco una trenza de cabello, notoriamente vieja, y se la guardo en los bolsillos de su oscura gabardina. Una vez fuera de la tienda Necross le pidió a uno de sus soldados que le trajera el  caballo que tenía preparado para el viaje, mientras el tuerto se apretaba las protecciones de acero en las piernas, también aprovecho de apretar las botas de cuero, ajustar el guantelete en la mano diestra, y estirar la gabardina, aquella prenda era de un color negro opaco, muy distinta a la que alguna vez llevo en el pasado.

Uno de los soldados le entrego las riendas de un caballo negro, y al minuto de Necross tomarlas, comenzó a caminar fuera del campamento, mientras Nadine gritaba una última vez ¡¡-Papá!!- Y aquel grito le rompió el corazón al tuerto, pues son pocas las veces que ella le decía padre en el idioma común.

El  salir del bosque negro no tuvo complicación alguna, aunque Necross mientras se alejaba escucho a Mary Ann consolar y callar a Nadine, no pensó en ningún momento en regresar. Al llegar al camino principal se subió al caballo, y con un golpe suave en los costados del animal, comenzó a avanzar hacia el encuentro con el pasado.

Sus primeras horas de viaje fueron tranquilas, pues la mente del hombre del parche no pensaba en nada, solo se dedicaba a mirar el camino, aunque de vez en cuanto miraba hacia atrás, para luego volver a la nada de sus pensamientos. Ya con varias horas de recorrido, y el caballo  cansado, el hombre del parche decidió alejarse del camino y adentrarse a un bosque cercano, perderse entre los árboles, y descansar un momento.  El caballo se mantuvo de pie, mientras Necross se sentaba en el piso, dejando a Sherckano clavado en la tierra, y la espada bastarda reposando sobre sus piernas.  El tuerto se sentó apoyando la espalda sobre el tronco de un árbol, y allí cerro el ojo, aun sin algo en que pensar.  Pero su estado de descanso se vio interrumpido por un sonido, si bien tenía el ojo cerrado, el tuerto no estaba dormido, pero tampoco estaba completamente despierto; el sonido que lo alarmo fue el del caballo al echarse en el piso, el hombre del parche abrió el ojo, vio al caballo, y volvió a reposar la cabeza sobre el tronco.

En algún momento del descanso Necross termino durmiéndose, pero un grito femenino lo despertó. Lentamente el tuerto abrió su ojo, y antes de que estuviera totalmente consiente, un nuevo grito se escuchó. Sin apuro alguno el hombre del parche guardo sus armas, se limpió la tierra del trasero, y tomo las riendas del caballo para volver al camino, los gritos femeninos no pararon en ningún minuto, parecía ser una mujer en problemas, quizás un bandido la atrapo desprevenida, quizás alguien la quería violar. Al salir del bosque, y nuevamente en el camino, aquellos alaridos se escuchaban mucho más fuerte, una inspección rápida del lugar causo que el tuerto se diera cuenta de porque tantos gritos.

La escena presentaba dos caballos, y dos personas a un lado del camino, acostadas sobre el piso. Uno de los caballos tenía más de una flecha clavada en el vientre, no estaba muerto, pero agonizaba. El otro estaba de pie, a veces  moviendo la cabeza y la cola. A un lado del camino había una mujer tirada en el piso, con la falda forzosamente levantada, pues tenía a un hombre sobre ella. La mujer, joven, de cabello castaño y piel bronceada, lloraba, pero no gritaba, parecía que no tenía más energías, quizás los golpes en su cara no le permitían gritar más, o tal vez era la cuchilla sobre su garganta que amenazaba con matarla lo que silenciaba su voz. El hombre tenía el rostro cubierto por una capucha, tenía su cabeza escondida en el cuello de la mujer, mientras esta miraba hacia el lado opuesto de donde estaba Necross, queriendo que todo terminara rápido.

Los sollozos de la joven, junto a los gemidos del hombre silenciaban los pasos del tuerto. La mujer sintió una presencia y volteo el rostro, pensando en lo peor. El hombre al ver la sombra de alguien más a su espalda se asustó, e intento ponerse de pie para atacar al desconocido. Pero antes de que pudiera hacer cualquier cosa, el acero de la ánima negra, la espada bastarda de Necross, ya había atravesado el estómago del bandido, saliendo por la espalda. El hombre cayó de rodillas al piso, escupiendo sangre, perdiendo la cuchilla, con las manos temblorosas, y los ojos en blanco. El hombre del parche con un corte hacia la izquierda quito la sangre de la espada, y antes de acercarse a la mujer le quito la capucha al bandido, pues esta no estaba ligada al resto de la ropa. Necross se acercó a la mujer, quien aun en el piso intento arrastrarse y alejarse del tuerto, este dejo de caminar, y doblo un poco el cuerpo hacia adelante para ofrecerle su mano a la mujer, y ayudarla a levantarse.

La mujer dudo durante un segundo, pero termino aceptando la ayuda del tuerto, y este la ayudo a ponerse de pie. La mujer estaba cabizbaja, no dijo media palabra, al igual que Necross, quien con una ceja alzada se dedicó a mirarle la cabeza, antes de voltearse y volver con su caballo. -¡Espera!- Dijo la mujer, aun entre sollozos, el tuerto se detuvo, pero no se volteo, solo se quedó mirando al caballo, esperando. -Gracias… de no ser por ti no sé qué hubiese pasado. Si fuera más fuerte… si supiera manejar el cuchillo que el desgraciado me quito…- La mujer se quedó mirando al bandido, quien acababa de morir. -Sigue este camino hasta la ruta comercial de Maletta, cuando encuentres el bosque más espeso del lugar adéntrate en el. Te haremos más fuerte, aprenderás a usar más que un cuchillo. Si no tienes nada que perder, conseguirás una nueva familia.- Los sollozos de la mujer comenzaron una vez más, y entre lágrimas y mocos le agradeció nuevamente al tuerto. -Cuidado con las trampas del bosque, entra silbando, así se darán cuenta que no eres hostil, descríbele a los alas negras como soy, no te harán nada.- El hombre del parche se subió al caballo y limpio el filo de su espada con la prenda que le había quitado al bandido, para luego continuar con su camino, no sin antes mirar atrás, pero no estaba mirando a la mujer, quien con uno de sus brazos alzados se despedía, no, el tuerto veía algo más.

Y el resto de los días pasaron tranquilos, el hombre del parche evitaba las villas en Valashia pues quería que la tranquilidad continuara, Necross dormía al aire libre durante el día, y como solo dormía un par de horas, las ojeras en sus ojos eran notorias. Durante la noche se dedicaba a avanzar y acortar la distancia, pues quería llegar lo más pronto posible al encuentro, y terminar con el asunto de una vez por todas. Durante la noche el tuerto hacia que el caballo corriera, pues le gustaba sentir el viento frio de la cordillera, pero el equino no corría grandes distancias, pues aun debía caminar durante toda la noche que quedaba. Y durante aquella noche, sabiendo que estaba cada vez más cerca de la mujer gato, los recuerdos del encuentro inesperado con ella, en el bosque, comenzaban a aparecer.

Con el caballo caminando, desde sus ropajes el tuerto saco la trenza de pelo, y se le quedo mirando. Y el recuerdo de una cueva oscura, un palacio enterrado, la sensación y adrenalina de luchar contra lo desconocido, el miedo que es el cambio físico absoluto, el nerviosismo que se siente al no saber si sobrevivirían a la gran batalla final que tuvieron… el recuerdo de Foxhound, y una Hörige llena de vida. Aquellas fueron las memorias que venían a la mente del tuerto cuando veía la trenza de cabello, la cual termino guardando para concentrarse en el camino. Pero aquellos recuerdos también despertaron un sentimiento de valor dentro de Necross, aquel sentimiento que durante una pelea te hace seguir luchando, aquel sentimiento que solo aparece cuando luchas al lado de tus compañeros.  El hombre del parche golpeo los costados del caballo y este comenzó a correr, mientras el tuerto recordaba a todos sus compañeros de armas, y en especial a la dama alada, pues las batallas junto y contra a ella, fueron las mejores que tuvo.

Mucho antes del amanecer el hombre del parche a la distancia pudo observar un asentamiento, una ciudad donde descansar. De pie, tirando de las riendas del caballo, Necross se acercó lentamente a la gran y cerrada puerta, donde dos guardias notablemente cansados por la noche de vigía le dieron la bienvenida.

-Alto, no puedes pasar con armas.- Necross alzo una ceja, sin entender el porqué de la advertencia. -¿Me las regresaran?- Pregunto el tuerto, quien ya estaba frente a uno de los guardias. -Cuando te vayas se te regresaran.- Sin poner pero alguno el hombre del parche entrego sus armas, pues el cansancio de varios días de viaje, y pocas horas de sueño, ya le habían pasado la cuenta. Uno de los guardias tomo las armas, y llamo  a sus compañeros, para que estos estuvieran atentos y abrir la puerta.

-¿Nombre?-

-Lucard Wasser.-

-¿Razón de la visita?-

-Necesito dormir, en una cama.-

El paso se abrió, y el tuerto se adentró en Valthburg, cuando la entrada se cerró, Necross se quedó mirando la ciudad, lo poco que se veía entre la oscuridad. Algo había pasado allí, no parecía reciente, pero era notable que la ciudad fue severamente dañada en algún ataque. El tuerto escucho a un sujeto discutir con los guardias que le permitieron el paso, al escucharlo, Necross siguió caminando. Sus pasos eran lo único que se escuchaba, y su silueta era la única que caminaba entre las destruidas calles. -Amigo… ¿existe una posada aquí?- Grito el tuerto, a uno de los guardias que caminaba por las almenas de las murallas. El guardia apunto con su mano hacia detrás del tuerto, este agradeció con la cabeza, y comenzó a caminar.

Necross se detuvo frente a un inmenso edificio, “el salón de los héroes”. Golpeo varias veces la puerta, ya que parecía que adentro todos dormían, por ello se quedó varios minutos fuera, disfrutando del frio de la noche.  Pasos se escucharon desde dentro, mientras el tuerto se preguntaba el porqué del nombre. -¿Una habitación, cierto?- Pregunto un hombre  que aparentemente era el dueño de la posada, cuando finalmente abrió la puerta. El tuerto asintió, y el hombre le permitió entrar. Poca fue la conversación entre el dueño del lugar y el hombre del parche, este último de inmediato recibió una llave oxidada, y al tomarla con la mano izquierda, con la derecha le paso unas monedas al posadero.


Una vez en la habitación el tuerto se quitó las protecciones de metal, las grebas y los guanteletes, se acostó sobre las cobijas aun con el resto de la ropa puesta, y uso la gabardina para cubrirse.  Lo último que se quito fue el parche, lo dejo tirado en el piso y al momento de cerrar los ojos se quedó profundamente dormido. Era normal que Necross no durmiera mucho, pues siempre que se acomodaba y lograba dormir, despertaba durante la noche sin razón aparente, luego volvía a dormir, y el proceso se repetía hasta que amanecía. Y aquella noche no fue la excepción, pero esta vez el tuerto si tenía cosas rondando su cabeza, y cada vez que despertaba veía a Khiryn, el fantasma del pasado que venía por él, por su vida.

Finalmente un haz de luz pasó por la ventana, llegando directamente en el ojo derecho de Necross, este movió la cabeza un lado, y con los ojos abiertos no hizo movimiento alguno, se quedó acostado y despierto por varios minutos, con el cabello cubriendo parte de su cara, y la gabardina hasta los hombros. El amanecer había pasado hace algunas horas, lo que significaba que el tuerto durmió más de lo acostumbrado, pero aun así, el cansancio en su cuerpo no lo quería abandonar. Y sabiendo que no podría volver a dormir, pues una vez despierto le era imposible, el hombre del parche se puso de pie y comenzó a vestirse; aprovecharía el día para investigar un poco más de la ciudad, y descansar debidamente, pues mañana se cumplía la fecha límite. Una vez listo, Necross salió de la habitación y bajo hasta el primer piso,  le entrego la llave de la habitación al posadero, preguntando al mismo tiempo si tendrían algo preparado para comer, pues estaba harto de la carne seca, el pan, y el queso.

El hombre llevo al tuerto hacia una mesa, donde le invito a sentarse, mientras una mozuela se encargaría de traerle el pedido. -Es raro ver forasteros aquí, pero últimamente hemos tenido algo de dinero extranjero. ¿Qué lo trae a la ciudad, amigo?- El hombre del parche le dijo al hombre que estaba de paso, mas no le dijo hacia donde se dirigía. -¿Qué paso en esta ciudad? Ayer vi que hay algunas casas destruidas, pero no logre ver mucho por la oscuridad de la noche.- El posadero, con una evidente pena en su rostro, le comenzó a relatar al tuerto la historia del “gran caudillo”, de cómo los orcos hace ya años intentaron tomar la ciudad, de cómo preparados para el ataque, pidieron ayuda a los “cuchillas carmesí”. Aquel nombre hizo que el tuerto abriera su ojo de par en par, la respiración se le acelero, y comenzó a sudar, pues el nerviosismo invadió su cuerpo. -El líder de los cuchillas… el conde nigromante, ¿también estuvo aquí?- El posadero no supo responder, pues no recordaba a ningún conde, pero entre tanto caos quizás sí hizo acto de presencia.  

-Primero fueron los trasgos…- Trasgos… si, criaturas que bien conoció el tuerto. El hombre continuó, relató que si bien los trasgos fueron contenidos, eran simple carne de cañón para cansar a los soldados de la ciudad. -Luego aparecieron los trolls, nunca había visto a una criatura de esas, y espero nunca volver a verlas.- Trolls… el recuerdo de la Hörige nuevamente venía a la cabeza del tuerto, pues juntos combatieron y ayudaron a los trolls del bosque, parecía que todo estaba enfermizamente conectado. -Gracias a la ayuda combinada de enanos, humanos, minotauros y mercenarios el ataque fue contenido, pues ninguna otra ciudad fue atacada después de esta. Pero el precio fue muy caro, en un par de horas perdimos posesiones, familia, amigos… y aun no nos podemos recuperar.- El hombre estaba notablemente afectado por el relato, solo él sabía que era lo que había perdido aquel día hace ya mucho tiempo. -Lo lamento, conozco bien los horrores de la guerra. Pero deben agradecer que vivieron para contar la historia… no muchos viven para ver otro dia.- Dijo el tuerto para finalizar, pues ya estaba comiendo.

Al terminar de comer el hombre del parche dejo las monedas necesarias en la mesa que ocupo, luego se retiró en silencio, quería investigar un poco más de la ciudad. El salir de la posada causo que el tuerto se quedara mirando a alguien a la distancia, todo estaba yendo según lo planeado. Necross se pasó el resto del día caminando por las calles, viendo las casas destrozadas, las huellas en los pisos, los escombros sin tocar. Imaginando todas las batallas que pudieron darse, pensando en las personas que conoció en sus tiempos de cuchilla, aquellos con los que luchó alguna vez dentro del túmulo. -Ojala Karúvian se haya muerto aquí.- Rio levemente con su pensamiento, y continuó su recorrido. Las horas prácticamente se le pasaron volando, y mientras caminaba veía y se sorprendía por las evidentes marcas de la guerra. Hombres y mujeres mutilados en abundancia, hombres y mujeres jóvenes, el tuerto aposto que ninguno de ellos participo activamente en el ataque, pues los civiles son los que más sufren durante un asedio.  

Al llegar la noche el tuerto se devolvió a la posada, pues debía ir por su caballo. Cuando solo oscuridad reinaba en los cielos, el hombre del parche decidió descansar nuevamente en el salón de los héroes, pues era poco el tiempo que le tomaría llegar hasta  el punto de encuentro, y  no quería que el cansancio le pasara la cuenta. Entonces nuevamente le pidió una habitación al posadero, el cual al entregársela le comento: -Creí que estaba de paso, amigo.- A lo que el tuerto respondió, con notable fastidio: -Lo estoy, me voy en la madrugada.-  Sin decir más el hombre del parche le quito al posadero la llave de las manos, y la reemplazo con un par de monedas. Rápidamente subió a la habitación y se quitó las protecciones de acero, para finalmente quedar completamente desnudo; se metió en las cobijas e intento dormir.

Pero aunque en un primer momento lo logro, eventualmente termino despertando. El hombre sin parche miro a sus alrededores, sin reconocer donde estaba en un primer momento, luego, al recordar que hacia allí, intento dormir nuevamente. Y así siguió durante toda la noche, aunque en cierto punto de la madrugada estiro el brazo como buscando a alguien, cuando recordó que Nadine no estaba con él, sintió mucho pena. Sin tener más que hacer, y viendo que las lunas estaban en su punto más alto, el hombre del parche decidió levantarse, pues era hora de tener el encuentro con la Hörige. En la oscuridad total de la habitación el tuerto se vistió, lo más difícil de encontrar  fue el parche pues al tomar los ropajes se cayó al suelo, así que paso varios minutos arrastrándose y tocando el piso, buscándolo.

Una vez listo, el tuerto salió de su habitación, cruzo el umbral de la puerta para salir a las calles, y tomo al caballo, se quedó mirando a la distancia hasta que supo que todo estaba listo para continuar. A paso lento cruzo la ciudad, y sus pasos, más el galope tranquilo del caballo, era el único sonido que se lograba escuchar. Al llegar a la puerta pidió sus armas de regreso, pues ya estaba listo para partir. -Llegaste de madrugada y te vas de madrugada. Cuidado con los caminos, tuerto.- Comento uno de los guardias que lo había reconocido a modo de despedida, mientras las puertas se cerraban.

Con cierta melancolía el hombre del parche se aventuró al paso del borracho, mientras  a la distancia oía como nuevamente las puertas de la ciudad se abrían, no se molestó en voltear, solo siguió su camino. La senda era difícil, aquello causo que el hombre del parche siguiera a pie, jalando de las riendas del caballo, pues lo empinado del camino le hacía pensar a Necross que el animal podría resbalar y caer. Poco a poco el cielo comenzó a aclarar, y poco a poco, el corazón del tuerto comenzaba a acelerarse, pues miles de preguntas se agolpaban en su mente. ¿Cuánto habrá cambiado? ¿Se le notara la edad? ¿De verdad quería matarlo? Una especie de sonrisa nerviosa se dibujó en su rostro, pues el ver a viejas amistades siempre le alegraba el corazón, pero la razón para este encuentro lo llenaba de dudas. Y allí lo vio, el torreón mencionado en el mensaje. Al verlo el tuerto suspiro con pesadez, pues poco quedaba para encontrar a la Hörige.  Y al acercarse pudo ver una silueta observando la estructura, sin dudas, era ella.

A paso lento, pero sin ocultar su presencia, y  aun con las riendas del caballo en las manos, el hombre del parche se acercó lo suficiente como para que aquella figura lo escuchara, pero al mismo tiempo estaba lo suficientemente lejos en caso de que hiciera algo. Necross miro una última vez hacia atrás, hacia el camino recorrido, antes de hablarle  a aquella figura ensombrecida por los rayos de sol que recién nacían.

-Khiryn… ha pasado mucho tiempo.-

- Sí, mucho tiempo... aunque yo ya no te puedo llamar por tu antiguo nombre...-

La Hörige se volteo mientras hablaba, y por ello el tuerto pudo notar los cambios que en todos estos años había sufrido. Su cabello ya no se veía  rojo, estaba más oscuro, corto incluso, las marcas en su rostro demostraban que había sufrido de quizás incontables batallas. Pero lo que más llamo la atención del hombre del parche, fue el rostro de la mujer, una combinación entre pena, decepción, y enojo.

-¿Por qué después de tanto tiempo me buscaste?- Comento Necross, preparando su mano para tomar la anima negra si era necesaria. Ella no era capaz de mantener la mirada. -Te buscan, la guardia real te busca, y seguramente por alguna de tus masacres... pero no vine a hablar de eso; creo que te debo, una explicación... – Al terminar de hablar el tuerto noto con más detalles su rostro, en efecto, ella ya no era la misma muchacha alegre que alguna vez conoció. Cuando se bajó la capucha, la Hörige le hizo una seña al tuerto, al parecer para adentrarse en el torreón. Pero su paso erguido y confiado escondía algo, algo que Necross no quería descubrir. -Hace unos 6 años, un emisario del conde Nigromante me encontró en el bosque de Physis; me dio una terrible noticia y yo fui con él hasta el túmulo....

Khaelos la encontró… maldito sea el conde. Mientras subían las escaleras, ella continuaba con  su relato: -Sobre un montículo de arena vi a Foxhound, de pie aullando a la nada. Apenas una piedra reposaba sobre la cabecera del montículo con un nombre que apenas se podía leer.... ¿Puedes creerlo, una miserable piedra?- Su voz se silenció, mas solo fue por medio segundo. - ¿Como una piedra iba a bastar? Ese hombre bajo la tierra había sido un héroe para muchos, así que le ofrendé lo único que llevaba y que era mío en ese momento, y desde ese momento Foxhound caminó conmigo. Fue difícil hacer que se separara de aquel montículo... ¿Sabes? pero creo que el hambre fue más grande que su obstinación.... no lo culpes... los animales tenemos un fuerte sentido de supervivencia... aunque ese lobo hubiera muerto ahí si yo no hubiera llegado... y quizás, eso hubiera sido mejor. Antes de continuar, la Hörige se tomó un momento para descansar la voz. - en fin... vagamos por mucho tiempo... utilicé aquellas viejas órdenes de chasquear los labios para hacer que atacara... esas comandas que aprendí hace tiempo en el bosque de un hombre que ya no estaba. Cazamos juntos, y fuimos compañeros. Yo en deuda con el conde, y por casualidad, lo encontré en tierras lejanas, él me vio cazar y entonces me invitó a unirme a sus cuchillas.... como dije, estaba en deuda con él por avisarme sobre el hombre que yacía bajo aquel montículo, y por la vida del lobo... así que me uní...

Y aquellas palabras confundieron al tuerto -¿Estuviste con los cuchillas?- Preguntó curioso, a lo que la fémina solo asintió, antes de continuar: -Hace unos cinco años despacharon un grupo de cuchillas para contener el avance orco que bajaba por las montañas hacia los pastizales al norte de lo que hoy es Ujesh, su primer blanco, la ciudad de Valthburg... así vinimos a caer aquí Foxhound y yo...- Quizás los recuerdos de la batalla le habían afectado, pues la Hörige detuvo su relato, calmo sus demonios, y prosiguió. -Apenas pudimos con el ataque de los orcos en la ciudad... fue un caos, pero Foxhound fue por supuesto un héroe... la siguiente misión, al siguiente día fue tomar este torreón... y aquí vinimos... éramos un buen grupo, estaba bajo mis órdenes, yo los guie a todos aquí... murieron tres de ellos, buenos hombres... y el piso más alto.... - La Hörige encaro al tuerto, y extendió su brazo izquierdo, señalando que habían llegado al piso más alto, el tuerto en aquel momento noto la ausencia de su brazo derecho. La fémina dio una mirada al piso, a una mancha de sangre antes de  continuar: -Aquí, por culpa mía, murió Foxhound.- Su voz se quebró… ella quería al lobo tanto como Necross.

Un sincero “lo siento” escapo de sus labios, pero el tuerto no tenía nada que perdonar, pues sabía que si bien había muerto, el lobo murió luchando. No como un fantasma cuidando la tumba de un hombre muerto. -Entonces murió contigo… ¿Tu brazo, que le paso?- Necross no quito la mirada de la mancha de sangre. -murió por seguirme… Comento, antes de llevarse la mano al muñón. …El brazo, fue otra perdida de esa misma batalla- El hombre del parche trago saliva, pues un destino parecido al de la Hörige él había sufrido. - Yo también estuve con los cuchillas, ¿conociste al grupo del túmulo?- Pregunto el tuerto, pues estaba curioso del tiempo de Khiryn junto al conde nigromante. -Sí lo sé... fui la primer persona no cuchilla que entró y salió del túmulo. Supe entonces que Necross había pertenecido a esa organización; fue a mi modo, una manera de honrarle.- Sus palabras eran extrañas… pues el hombre de su relato no era quien estaba frente a ella, Khiryn no reconocía al tuerto como el verdadero Necross.


Necross continuo mirando el piso, en silencio, y así se mantuvo antes de hablar nuevamente. -¿Vas a matarme?- Preguntó sin levantar la mirada. -Si, pero no aquí.- Dijo ella sin  dejo de duda, antes de con un ademan, hacer nuevamente caminar al tuerto. -Te mostraré el lugar donde Foxhound está enterrado, es lo más que puedo hacer para saldar mi deuda con un hombre que ya no existe.- Debían salir del torreón, pues al parecer Foxhound estaba enterrado allí. Nuevamente bajaron las escaleras hasta salir de la estructura. Una vez fuera, el hombre del parche preguntó: -¿Dónde?-

-Ahí.- Dijo ella apuntando a un montículo de  tierra y piedras, el cual tenía un gran roca tallada. - Te daré tiempo para despedirte del Foxhound- Agregó finalmente, antes apartarse, y mientras el tuerto se acercaba a la tumba. -Toma.- Antes de que Necross se pusiera de rodillas frente a la tumba, le lanzo un mechón de cabello a Khiryn, el cual le cayó cerca de los pies. -No puedo creer que después de todo lo que vivimos, busques matarme por una mera recompensa.- La mano derecha de Necross paso por el grabado, pero antes de leerlo la Hörige ya le había respondido: -No te rebajes, hombre. No es la recompensa lo que quiero. No es tu cabeza la que lleva ese nombre. Hay una recompensa por Necross Belmont, pero ese hombre murió, está enterrado en el túmulo y tenía un lobo que era su fiel seguidor. ¡Ese Hombre era mi amigo! Tú no eres él... ¡Eres una aberración! así que no te humilles rechazando mi amistad. Esa se fue hace tiempo a la tumba ya...

-Yo no soy… eso que viste.- Necross comenzó a leer el grabado de la tumba, y su corazón se hizo añicos.   -Ahora... he hecho lo que de mi mano estaba para saldar esta deuda; es tiempo ahora de saldar otra deuda... hay un centenar de cadáveres que me atormentan cada noche desde la última vez que te vi; maldito.... pero tu rostro era distinto. No sé cómo haces para manchar el cuerpo y la memoria de un buen hombre, pero ahora voy a pagar mi deuda con ellos, matándote a ti.... El hombre del parche escucho un arma desenvainar, y de inmediato se puso de pie, con la mano derecha sobre el pomo de su bastarda, pero sin desenvainarla - -¿Realmente crees que fui yo quien los mato? No recuerdo nada de esos días… mi nombre no era Necross, era Dracul, no era yo. Pero ahora, por la memoria de mi hija, ¡no puedo dejar que me mates!- El enojo en las palabras del tuerto era notable, y junto a esa furia explosiva, el hombre del parche desenvaino su espada bastarda. -¡Trágate tus palabras y escusas! ¡No me engañas! ¡Mataste a esa gente! ¡Yo te vi! Foxhound te vio... el te reconoció tras ese rostro y ese cuerpo... ahora debo terminar lo que empecé ese día... Algo en las palabras del tuerto la había hecho dudar por medio segundo, pero aun así, la Hörige, la amiga que el tuerto encontró en el silvide, lo ataco.

El hombre del parche dio un paso a la derecha, e intento tomar el la navaja de la mujer con la mano izquierda, con su mano falsa. No quería pelear, pero tampoco podía morir a manos de Khiryn.  -¿Sabes cuantas historias tuyas he contado? ¿Cuántas noches imagine que compartíamos una botella de ron nuevamente? La vida de un mercenario es corta y llena de sufrimiento, pero tuve la suerte de encontrar varios amigos durante el camino… ¿Acaso tu no mataste también durante todos estos años? ¿Acaso no exterminaste vidas durante el ataque en Valthburg? ¡Eres una hipócrita!- El hombre del parche estaba molesto, furioso, y aquello era particularmente notorio en su voz.



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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Khiryn el Lun Jun 06, 2016 6:15 pm

IV

“-¿Sabes cuantas historias tuyas he contado? ¿Cuántas noches imagine que compartíamos una botella de ron nuevamente? La vida de un mercenario es corta y llena de sufrimiento, pero tuve la suerte de encontrar varios amigos durante el camino… ¿Acaso tu no mataste también durante todos estos años? ¿Acaso no exterminaste vidas durante el ataque en Valthburg? ¡Eres una hipócrita!-“


-No... bestia, yo no soy hipócrita. Mis demonios me siguen cada día. Sí, he matado, y mentiría si dijera que me arrepiento, pero yo maté defendiendo una ciudad. Protegiendo a su gente. Maté peleando cara a cara a otros soldados. Soldados más fuertes que yo. Yo no mato ni he matado civiles. Ni los asesinos hacen eso, sólo las escorias sin escrúpulos.-
Caminé rodeando al hombre con la daga empuñada. - No seas hipócrita tu. Diciendo que eres Necross, el murió. Uno no vuelve de la tumba así porque sí.... -Además, ¿Quién eres tu para juzgarme? Dices que no tienes recuerdos de esos días... ¿Y eso te hace inocente? ¿Olvidando?... de verdad... ¡¿Crees que eres inocente sólo porque olvidaste que mataste a esas personas?! ... Dices que tienes una hija... ¿Eso le enseñarás? "No importa hija... mata cuanto quieras... luego olvídalo... No, así ya no pasa nada..." No, así no son las cosas... La justicia caerá sobre ti, recuerdes tus pecados o no. Se un hombre y acéptalo. Tu no puedes juzgarme, yo en cambio, soy quien puede darle justicia a esos fantasmas y darte paz.-

No! -grito el tuerto con desespero, pues las palabras de khiryn, aunque ciertas, le hacían daño. Y como ella lo hacía, Necross comenzó a rodearla, terminando el círculo imaginario. -¡Es más complicado de lo que crees! No me juzgues si no has vivido lo que yo! - Y desde la palma del tuerto nació un destello de luz, el cual se materializó como un rayo de electricidad que iba dirigido a los pies de la hörige.

Vi a través del rayo del enemigo, y con un rápido movimiento dio un paso atrás al momento en que éste impactó en el suelo cerca de donde ella había estado. Supe que el ataque no iba dirigido a mí directamente; entendía un poco que Necross no quería en realidad lastimarme y que quizás sólo amedrentarme; pero esto no acabaría así de rápido. -No puedo saber lo que has vivido, pero no puedo mostrar compasión por ti. No después de ver lo que vi. ¿Y qué pasa si vives? ¿Si me matas aquí? ¿Crees que yo podría vivir tranquila sabiendo de lo que eres capaz? ¿Cómo crees que volveré a dormir sabiendo que quizá un día me despierte con la noticia de que has borrado otra ciudad del mapa? ¿Cómo puedes perdonarte a ti mismo? Nadie está seguro contigo, si de verdad tienes una hija, deberías dejarla en otras manos... Aunque eso ya no importa, pues morirás aquí...

Corriendo de frente hacía Necross con la daga bien empuñada, traté de finalizar esa pelea usando mi "Ilusión" dejando un "fantasma de khiryn” frente a necross y luego atacando rápidamente por el flanco, apunté puntos vitales en cuerpo de Necross; Quizás el hígado.
para la revisión:
-Habilidad.- Nombre: Espejismo. Descripción: El espejismo manipula la percepción de la realidad en el enemigo, haciendo que este deje de percibir a Khiryn y en su lugar, perciba la imagen, por unos momentos a una falsa Khiryn que permanece en el último lugar donde vio a esta. Es un hechizo de acción inmediata y NO consume el turno completo. Condición: El enemigo tiene que estar en el rango de distancia que Khiryn puede caminar por turno. (Actualmente 15 metros.) El enemigo debe estar mirando a Khiryn al momento del hechizo. El Hechizo sólo puede ser realizado una vez cada 3 turnos. (Sin importar que los objetivos sean distintos.)

-¡No hables de Nadine, no tienes derecho. Tu no sabes nada!- El ojo gris del Tuerto demostraba su enojo, un enojo que esperaba no tomará control. Para alejar a la horige, el tuerto dio un fuerte pisotón al piso, causando que un campo de energía eléctrica se formará a su alrededor.

-Me quedé aturdida por un momento, pues una energía extraña subia por mi cuerpo, perdí el equilibrio y planté una rodilla en el suelo. Sin embargo me levanté rápidamente en la ausencia de ataque de Necross que permanecía de pie sin decidirse a atacarme. -Se me olvida que ya has visto alguna esa técnica. sin embargo, esto no acaba aun.- Finalizando esto, me acerqué al hombre sin lobo sólo para estar lo suficentemente cerca para ejecutar mi siguiente ataque. En un rápido movimiento, llevé la daga al suelo y la empuje contra este con fuerza.-
(para la revisión, ver hechizo furia de gaia en la cuchilla.)

La explosión resulto, aunque sólo había practicado esta habilidad contra objetivos inmóviles y concentrándome. Quizás por esto fue que a pesar de haberla ejecutado lo mejor que pude dada la situación, la explosión me afecto también a mí. Siendo que un par de rocas salieron disparadas en mi dirección. Traté de evadirlas con un movimiento corto, y al moverme, tuve que soltar mi cuchillo, pues al moverse la tierra bajo éste, se quedó enterrado con más fuerza de la que pude usar para sacarlo en ese momento.

Necross se vio sorprendido por el repentino ataque, tan sorprendido que sufrió heridas en el rostro, en las piernas y en las costillas, lo que causaron que escupiera sangre. De su ceja izquierda corría un halo de sangre que le restaba visibilidad, por ende, antes de que terminara la explosión, se retiró el parche para ver mejor. El resto de piedras las intento evitar usando el mandoble como escudo, pero apenas la tierra se calmó, se vio obligado a lanzarse contra Khiryn, con corte diagonal, de derecha a izquierda, de abajo hacia arriba; este duelo no lo perdería Necross.

El ataque de Necross vino más rápido de lo que esperaba, pero por primera veía que se lo tomaba en serio. No pude verlo con claridad, pues la nube de tierra y polvo caía entre nosotros y justo antes había tenido que hacer un movimiento brusco para alejarme de las piedras que salieron disparadas. Por eso, no pude desenvainar mi segundo cuchillo y tuve que dar un pequeño salto hacía el suelo para rodar a la derecha, alejando un poco de Necross, y aun más de mi cuchillo. Terminé de rodar y quedé con la derecha rodilla en el suelo y el pie izquierdo firmemente plantado. Miré a Necross esperando su siguiente movimiento sin desenvainar.

Yo era más veloz que él, y sabía bien evadir, pero me había cogido en mala posición desde el principio, de rodillas y con su altura imponiéndose sobre mí, no podía ponerme en pie y usar toda la fuerza mis piernas. Apenas pude salir del alcance de su segundo ataque cuando la hoja cayó cerca de mí sin tocar el suelo. El maldito movía su tremendo metal con demasiada rapidez, lo que me indicaba que no sólo era un buen guerrero, sino que poseía más fuerza de la que a simple vista una podía deducir dada su musculatura. Su tercer ataque no lo pude evadir del todo y cuando levantó su hoja alcanzó la parte externa de mi muslo derecho haciendo un corte largo, aunque poco profundo.

Dejé escapar un gruñido de dolor al sentir el metal saliendo de mi carne. Quedé de pie frente a Necross a escasos dos metros. El recuperar una postura que me permitiera mejor movimiento me había costado una enorme herida. No me dejaba inválida, pues por la adrenalina no podía sentir el dolor, pero perdía sangre y con seguridad, no podría moverme con firmeza durante mucho tiempo.

Le sonreí al hombre sin parche, esperando su lluvia de ataques.

Di una rápida mirada hacía donde estaba Morgan y negué con la cabeza, en un gesto que ella debía entender como rechazo a ejecutar la orden que le diera antes del duelo. El gesto disimulaba la reacción que tendría hacía las palabras de Necross, evitando así que se diera por enterado de la ubicación de mi último recurso.

-Tengo una mejor idea; porque no vamos a ver la zanja que tiene los cuerpos de aquellas personas que no recuerdas haber matado. Ese pueblo fantasma no está muy lejos. Ahí podrás ver de lo que hablo y quizás recuerdes. Quizás, hasta vea de nuevo esa otra cara y ese otro cuerpo horrible. Por cierto, ¿Qué era eso? ese demonio...

Khiryn iba a seguir hablando, pero con la esperanza de que le hombre sin parche respondiera, cuando de repente, escuchó un aullido. Sabía que Necross no podría oírlo, pues estaba en su cabeza. Era foxhound que la atormentaba. Su fantasma se había hecho presente entre ellos. Se llevó el brazo a la cabeza tratando de cubrir ambos oídos mientras cerraba los ojos y negaba con la cabeza.

-¡No puedes! ¡No puedes oírlo! ¡Está aquí me atormenta!- Una lágrima rodo por su rostro al momento en que el aullido se apagaba. No había manera de que fuera otra cosa, aun cuando los lobos eran comunes en aquella zona. Para mí, era Foxhound. Pero Necross también podía oír el aullido.
El tuerto no respondió ante la pregunta de su otro ser, pues ni el mismo tenía una respuesta clara. Necross solo miraba con el ceño fruncido a Khiryn, ya que de alguna manera sabía que sus palabras tenían veracidad. Y por un momento estuvo dispuesto a atacar, pero los gritos de la mujer lo confundieron. -¿Quién te atormenta?- Quizás ella hablaba de Dracul, quizás el engendro era quien la atormentaba…

El aullido se hizo sonar nuevamente, pero está vez más cerca. -¿Es que no lo oyes? ¡Es Foxhound! Lleva días robando el sueño, aullándome, llamándome. Pensé que al traerte aquí acabaría. No claro que no lo oyes… está en mi cabeza.
Desenvainé el segundo cuchillo. –Yo no buscaba una pelea. ¡Buscaba justicia!
El tuerto estaba confundido, pues se notaba en su mirada. –Foxhound está muerto, tu misma lo enterraste.- Ella alzo la voz, Necross se vio tentado a devolverle el grito, pero intento mantener la calma. –Ese demonio que viste es una parte de mí, algo que vive dentro de mi mente, no soy yo, pero al mismo tiempo sí.- El hombre sin parche se secó la sangre la cara con la manga derecha, antes de tomar el arma con ambas manos y preparar su defensa en caso de algún ataque inminente.

Miré el hilo de sangre que bajaba por mi pierna y el charco  que ya comenzaba a formar bajo mi planta. Al ver la posición defensiva de Necross, supe que debía atacar. No entendí bien sus palabras en ese momento pues mi mente se encontraba en otro lugar en ese momento. Distraída por el deber hacer y el recuerdo de un lobo muerto. Apenas di un paso al frente para atacar al hombre cuando una voz al pie del camino que venía de Valthburg me hizo detenerme en seco.

-¡Necross Belmont! ¡Tire su arma al suelo!-

Justo detrás de Necross, subiendo por el camino, el hombre que gritó llevaba una armadura de anillos de metal , grebas y guanteletes finos y de buen metal. Tenía voz de mando y parecía tener cierto rango militar. Tras él, al menos unos quince soldados con armaduras, espadas , arcos, ballestas y  flechas.
Necross dio la vuelta a verlos sólo al oírlos, mientras yo corrí deprisa para ponerme a salvo tras los matorrales cercanos, pero un virote pasó zumbando al lado del hombre si parche y se fue a estampar justo a mis pies.

-Es una advertencia, un paso más alguno de los dos y no dudaremos en convertirlos en alfileteros.- Dijo el hombre acercándose, seguido por sus hombres.

Yo me quedé helada al ver la cercanía y precisión con la que habían disparado, desde un ángulo tan malo. Sin en verdad haberlo decidido, no me moví. En cuanto a Necross, no abandonó su postura defensiva. Parecía que incluso contra esa cantidad de soldados, se atrevería a pelear. Eso era más que obstinación.
-Te venimos siguiendo desde Shading. Te perdimos la pista, pero luego en Valthburg te ubicamos de nuevo. Eso y la ayuda de algunos soldados que entrenaste que descifraron un extraño cartel; cartel que supongo, escribió la perra aquí presente. Digo; felina.-

El insulto me disgustó, pero sólo pude mostrarle los dientes en un gruñido. Estábamos acorralados, superados en número y armas. Además en forma. Yo sangraba y el tiempo hacía que empezara a sentirme cansada. Necross, sangraba del rostro y tenía otros golpes en el cuerpo.
Los hombres se acercaron a tal grado que dos ballesteros estuvieron a sólo tres metros de Necross, y otro más se puso cerca de mí a mi espalda;  mientras que a distancia de espada, el hombre que dirigía el conjunto le miró de frente. –Vas a bajar la espada, o debemos matarte aquí.-  

-¿¡Este era tu plan desde el principio!? ¿Al final si querías venderme a Shading desgraciada?- El tuerto le gritaba a Khiryn ignorando que había más gente allí. Luego Necross se dirigió al líder del escuadrón, le pareció conocido pero no termino de recordar quien era. -¿Realmente crees que estoy solo aquí?  Ustedes son quince, nosotros treinta y dos. Y si piensas que con solo matarme resolverás todo estás equivocado, perro de Shading. ¡Los alas negras están entrenados para funcionar sin líder!- Y al terminar el hombre sin parche le dio una mirada amenazante al líder enemigo, incitándolo a pelear.

Las palabras de Necross hicieron daño, tanto a mí como al hombre que lo enfrentaba. Caí de rodillas luego del reclamo de Necross, en voz baja comencé a susurrar como si me disculpara. Las cosas habían salido terriblemente mal. Eché una mirada en dirección a donde estuviera Morgan sin poder distinguirla entre los arbustos. Me llevé la mano a la herida mientras Necross, retando al líder de aquel escuadrón no bajaba la punta de su espada. Aquel hombre se veía seriamente perturbado; por un lado, parecía ansioso pero a la vez molesto.

En realidad, aquel hombre del que Necross guardaba cierto recuerdo, y que se llamaba Jake, había sido entrenado por él mismo, y desde siempre había guardado deseos de pelear contra él; sin embargo, ahora tenía una orden que acatar y le molestaba que estando tan cerca fuera incapaz de desenvainar libremente su arma y cortarle la cabeza a su viejo maestro. Aun así, desenvainó en un veloz movimiento que hasta a Necross sorprendió y retadoramente le señaló con la punta de la espada. Los ballesteros levantaron sus armas.

Me llevé las manos sobre las orejas otra vez. Los aullidos habían regresado, ahora más fuerte como más cerca. Bajé la mirada con lágrimas en los ojos, el lobo estaba molesto. Volví el rostro a Necross que ahora me daba la espalda, listo para atacar, pero detuve la mirada en un ballestero enemigo, que con su arma lista para disparar, parecía nervioso y volteaba en todas direcciones. Miré a otro y comprobé que éste, compartía miradas con uno más. “¿Sería posible?” Incluso, el mismo hombre que encaraba a Necross parecía haberse puesto tenso por una situación ajena a su duelo.

Una flecha traidora voló desde detrás del torreón y con un sonido hueco se encajó en el pecho de uno de los ballesteros que cuidaba de Necross. El hombre alcanzó a ver las plumas en el cabo de la flecha antes de caer muerto. ¡Todo estaba claro ahora! Con el rostro húmedo de lagrimas y saliendo de mi humillante letargo grité -¡TRASGOS!

Al tiempo, tres jinetes trasgos, montando enormes lobos guargos hicieron su aparición desde los matorrales, descargando sendos arcos, eliminando de inmediato a los ballesteros uniformados. Justo detrás de los jinetes, al menos una docena de trasgos a pie portando lanzas y machetes se lanzaron al ataque.

Los soldados restantes desenvainaron sus armas e intentaron cerrar una pequeña formación, pero los trasgos, más organizados de lo que se esperaría de ellos, ya habían ocupado posiciones para evitar esto. Con un salto me lancé al suelo girando sobre mi espalda para evadir el lance de uno de uno de estos pequeños malditos; terminé con una rodilla sobre el piso, llamé –¡Xiv His! – y de inmediato, el mandato mágico hizo que la daga que perdiera peleando contra Necross saliera  disparada en mi dirección; cayó a mis pies y ya habiendo guardado la otra daga, recogí ésta y me dispuse a enfrentar al trasgo que ya me asediaba con sus ataques. Una flecha silbante pasó cerca de mí, disparada desde mi espalda, acabó su trayecto efectivamente en el pecho del trasgo que me atacaba haciéndolo retroceder un par de pasos para luego caer.

Eso había sido peligroso, pero Morgan había sido certera, aunque lamentablemente se había hecho evidente su posición.
La pelea ahora tomaba un nuevo giro, los soldados se encontraban ocupados en duelos contra los trasgos, se veían superados en número, pero eran un enemigo en común, además de más peligrosos, razones suficientes para hacer una tregua silenciosa y luchar en equipo contra ellos.

Morgan era la más alejada, razón por la cual pudo descargar su arco un par de veces más hiriendo a un trasgo sin ser atacada aun. Yo me levanté tan rápido como la herida en mi pierna me lo permitía, y usando mi habilidad de espejismo, logré flanquear de un jinete y a su lobo para saltar sobre él, atravesándole el pecho con mi daga.

Como una sombra imperceptible, Legato; quien no había hecho acto de presencia hasta el momento, saltó hábilmente a la espalda de otro de los jinetes; enterrando su par de dagas, una en su hombro, la mortal en el cuello; matándolo de inmediato para luego volver a desaparecer. Ambas monturas confundidas y sin jinete al mando no se animaron a atacar, sin embargo, gruñían ferozmente y en sus ojos, sus intenciones asesinas eran palpables; aun sin jinete, eran bestias de temer, aunque sin quien los controle, bien podrían volverse contra sus captores y atacar a quien fuera.

Corrí para enfrentarme a un trasgo con lanza que se dirigía a paso veloz contra Morgan; ahora ya en una posición obvia mientras Necross con su gran espada daba cuenta de dos trasgos derribados con un solo movimiento de barrido. Por su parte, el capitán de los soldados mostraba una tremenda habilidad y ser un combatiente formidable, pues sin miedo ni ninguna emoción que no fuera fastidio en sus ojos eliminó rápidamente al último lobo huargo y a su jinete.

La compañía de soldados iba haciendo lo suyo también; aunque ya habían caído algunos contra la ventaja numérica que presentaban los trasgos, habían logrado disminuir su cantidad considerablemente; pronto, los duelos se vieron emparejados. Sin duda, los malditos duendes no esperaban tanta resistencia.

Con el calor de la batalla, y ya con los duelos casi por definir, Necross se encontró en campo de batalla con los ojos de Jake, su antiguo aprendiz; el soldado, impaciente, por fin mostró si ira y embravecido por el calor de la batalla y la pérdida de un buen número de soldados, se lanzó en duelo contra el hombre del parche.

Jake arremetió contra Necross quien desvió el fuerte ataque con un giro de su espada, logrando un buena posición desde la que lanzó un rápido golpe de revés a una mano; golpe que fue detenido con el sonido metálico de la armadura del soldado en su espalda. Jake salió disparado hacia delante, sin heridas graves salvo en su orgullo y una marcada abolladura en su armadura.  Había atacado imprudentemente, pero eso no se repetiría. Ambos levataron sus espadas en posición defensiva y se barrieron con la mirada; ambos tenían la misma postura. Sopesaban una batalla que podría ser el final para cualquiera.

Enfrascados estaban en esto que ni siquiera oyeron el cuerno que sonó desde el bosque, llamando refuersos.

(Off para la revisión y Necross.
Me tomé –con permiso de Necross- la libertad de manejar a su pj y a su pnj, legato quien había permanecido oculto hasta su ataque y que luego regresó a las sombras. Khiryn no lo conoce, no sabe como se llama y no lo vio; en realidad sólo vio un confundido lobo huargo sin jinete. Menciono su nombre a modo de narración.
El cuerno que suena al final ha salido de un cuerno que lleva el jefe trasgo; un enorme trasgo de 1.80 metros, macizo como un árbol y hábil como un gato. Éste monta un enorme lobo huargo.
Actualmente, los duelos contra los pocos trasgos que quedan se libran sin mucha dificultad, pero llegaran más.

Saludos.
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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Jul 09, 2016 12:33 am

De un lado al otro, el hombre sin parche mientras miraba pensaba en cómo salir de aquella situación. Los soldados de Shading sin duda lo sorprendieron, y el pensamiento de que fue Khiryn quien los convoco le hizo pensar en que realmente ya no habría reconciliación.  Aún más decepcionado se sentía al ver a sus antiguos alumnos, pues el ideal que siempre intento inculcarles fue que pensaran por ellos mismos, y que seguir ordenes no siempre era lo correcto. Y no es que haya fallado miserablemente como maestro, los jóvenes soldados seguían ordenes ciegamente por miedo, pues la gran mayoría tenia a sus familias en Shading, y si no obedecían eran amenazados con la pérdida del dinero, el hogar, e incluso sus parientes.

Pero aun así, cuando Necross entendía que aquellos soldados no podían hacer más que obedecer órdenes, el sentimiento de traición era demasiado grande, muchos eventos en tan poco tiempo pueden mermar el ánimo de cualquier persona. El comentario de Necross sobre la cantidad de soldados no logro intimidar al líder enemigo como se esperaba, las armas no bajaron, y los virotes de las ballestas seguían apuntando al hombre del parche.

La tensión del ambiente no permitía movimiento alguno, la posición defensiva de Necross no permitía que los soldados se le acercaran, sabían que si se acercaban al rango de su arma terminarían muertos. El hombre sin parche respiraba agitado, el encuentro anterior había gastado mucha de su energía; podrán haber pasado más de siete años ya, pero aun así Khiryn seguía teniendo la misma agilidad de antaño.  Y fue ella misma quien alerto a todos del ataque inminente, fue cosa de nombrar a aquellos y desgraciados seres para que Necross recordara el túmulo del conde nigromante.

Después de que la Hörige gritó, el hombre sin parche vio como uno de los soldados caía al piso por una flecha enemiga.

Necross intento alejarse, buscar a Khiryn, en silencio planear un ataque en conjunto antes de escapar, pero los trasgos no daban cuartel. Y el hombre del parche recordaba como aquellas criaturas atacaban, usando la superioridad numérica sobre la fuerza para intentar vencer. Otro de los problema que tenía Necross con los trasgos era que al ser pequeños y agiles, era difícil golpearlos con el mandoble, por ende solo se dedicó a defenderse de las lanzas enemigas, y patear a todo trasgo que tenía en frente.  Y mientras el hombre sin parche se defendía, de reojo miraba a Legato ayudar en la pelea, usando la distracción durante el reciente caos para matar y desaparecer, Necross agradecería si un par de soldados Shadeshianos se vieran muertos por las hojas del bandido.  

Con un barrido lateral el hombre del parche se quitó de encima a dos insistentes y fastidiosos trasgos, inmediatamente después vio al líder enemigo acabar con el último de los jinetes, Khiryn y Legato se habían encargado de los otros.

Después de matar al jinete trasgo, Jake cruzo mirada con el de ojos desiguales, y como antes lo hiciera con Khiryn, Necross comenzó a caminar en círculos junto al líder enemigo. El líder de los Shadeshianos al estar cegado por el enojo se lanzó al ataque sin pensar, el hombre sin parche no tuvo dificultad para sacárselo de encima y alegarlo con un buen golpe del mandoble, pero por supuesto, Jake se salvó de una herida fatal gracias a la armadura que traía. Entendiendo su error, el líder Shadeshiano tomo una postura parecida a la de Necross, quizás un insulto a su antiguo maestro. Ofendido, el hombre sin parche junto la hoja de su mandoble contra la de su enemigo, en un forcejeo que solo los participantes podían sentir.

Pero la impaciencia de Jake de nuevo apareció, pues golpeo la hoja de Necross con el filo de su espada en un intento por quitarle la defensa, pero el hombre sin parche era fuerte a pesar de no demostrar aquella fuerza, y no solo logro resistir el impacto, sino que también desvió nuevamente el ataque de su enemigo. Una segunda abolladura en la armadura del líder Shadeshiano se hizo presente.  El rostro enojado de Jake trajo recuerdos en Necross, recuerdos de antaño, de cuando Foxhound seguía vivo.

En sus días de capitán, pues por un tiempo Necross fue capitán en la milicia, entreno a un muchacho con un corazón en llamas. El joven Jake en esa época quería pulir la fuerza nata que tenía para subir rápidamente de posición y así asegurarse un lugar en los libros de historia. Sus ganas de sobrepasar a su maestro eran conocidas por todos, incluso el mismo Necross lo animaba a hacerlo, nunca le enseño a que el poder no lo era todo en la vida, y es que el entonces hombre del lobo era despreocupado, en aquel momento de su vida lo único en su mente era el bienestar de su primera hija. Necross fallo en enseñarle a Jake en cómo debía preocuparse más por su individualidad que por aquello que los libros contaran sobre él. Quizás cuando la familia Belmont falleció, y el hombre del lobo perdió las ganas de vivir, fue que Jake se sintió asqueado por tener un maestro tan débil; quizás fue la primera vez en que Necross escapo de Shading lo que causo el rencor en el joven Jake.

Y todos esos pensamientos y recuerdos llegaron mientras el hombre sin parche se defendía de los ataques de su antiguo alumno; pensando en que quizás él mismo causo el rencor en su oponente: este sentimiento no le permitía siquiera pensar en matarlo, aun cuando esto era necesario para sobrevivir. Unas fuertes pisadas sacaron a Necross de sus pensamientos, un rugido furioso lo alerto de un gran problema que se acercaba, y oh, era inmenso.

A la distancia, una silueta enorme se dibujaba, cabalgaba un inmenso lobo, sus brazos y espalda eran como los de un orco, su rostro horrible, como cualquier trasgo. Detrás de la inmensa abominación se podían escuchar los numerosos gritos de los secuaces que se acercaban, los refuerzos de los trasgos llegaban con velocidad, quizás fue el cuerno que Necross creyó escuchar lo que los alerto. Usando la confusión momentánea el hombre sin parche le lanzo un rayo eléctrico a Jake, este lo recibió de lleno y se vio obligado a bajar una rodilla al piso; Necross pensó en matarlo ahí mismo pero no pudo hacerlo, en vez de eso, fue a buscar a la Hörige para escapar.

Si bien en aquel momento Necross odiaba hasta los tuétanos a Khiryn, entendía las razones que ella tenía, y no podía dejarla allí a merced de los soldados de Shading, no podía abandonarla a su suerte cuando él mismo la había herido. La Hörige se vio enfrentada a varios trasgos, y ella junto a uno de los soldados los mantenían a raya, cuando los trasgos fueron asesinados por el trabajo en conjunto, Necross se apareció entre el caos y golpeo al soldado en la cabeza, con un puñetazo logro dejarlo fuera de combate. -¡Vamos, tenemos que salir de aquí!- El hombre sin parche pensó en ofrecerle a Khiryn llevársela en la espalda, pero sabía que ella no aceptaría, pero aunque sabía que la respuesta de ella seria negativa, decidió no hablar por aun estar enojado.

-La mula… está bien.- Se mencionó al animal pero Necross ya estaba perdiendo la paciencia.  Y después de buscar al animal Khiryn se subió sin ayuda, el ambiente aún estaba tenso entre humano y Hörige. Después de buscar el animal el hombre sin parche vio a un nuevo integrante en el asunto, una joven de la nada se había acercado, y con arco en mano se decidió a proteger la mula de Khiryn, se quedó cerrando la huida; Necross no pregunto nada, y después de llamar a Legato escaparon del lugar.

Jake aun con su cuerpo aun paralizado le gritaba a sus hombres que siguieran al hombre del parche y al resto, pero los soldados de Shading estaban demasiado ocupados con los trasgos, e incluso él tuvo que ordenar retirada cuando vio al inmenso líder de los pequeños bastardos. Por su parte, el grupo de Necross mantenía a raya a los trasgos, con este último ayudando a la joven amiga de Khiryn a alejarlos, la chica se sentía incomoda al lado de él.

El hombre sin parche con notable cansancio alejaba a los trasgos que intentaban detener a la mula. -¡Legato demonios… acelera al animal!- Grito jadeante, al tiempo que con un espadazo de su mandoble  mandaba a volar el pequeño cuerpo de un trasgo que salto sobre Morgan.  

El sonido de la batalla se quedó atrás, de a poco los trasgos dejaron de seguir al grupo, y lo único que se podía oír de vez en cuando eran los rugidos de aquella abominación inmensa con apariencia de trasgo. Legato guiaba al grupo, la compañera de Khiryn lo cerraba, y el hombre sin parche camina al lado de la mula, con la cabeza baja,  y su brazo derecho apretando la costilla izquierda. Lo primordial era buscar una cueva donde descansar, donde pudieran recuperarse de las heridas, la herida sangrante de Khiryn era esencial, no duraría mucho más con aquella lesión abierta, quizás no moriría por una herida así, pero sin duda la pérdida de sangre le pasaría la cuenta.

Y al poco tiempo, entre la espesura del bosque, la boca de una caverna se logró ver a la distancia, y la oscuridad amenazante en su interior le hizo pensar al tuerto que sería un buen lugar para permanecer ocultos. Al entrar en la cueva Necross con una simple mirada le dio una orden a Legato, este entendió enseguida. En menos de un segundo el bandido de cabello lila tomo desde la espalda a la compañera de Khiryn, una de las dagas tenía el filo acariciando la piel de la joven Morgan. Necross por su parte aprovecho un momento de descuido de la Hörige y la atrapo entre su espada y la pared mohosa de la cueva; la anima negra tenía su extensión sobre el cuerpo de Khiryn,  desde el ombligo hasta el cuello, Necross solo debía mover su mano para causar un corte. -Dame una razón y Legato matara a tu amiga, usa uno de esos trucos que tienes y por tu culpa ella morirá. ¿Me vendiste? ¿Planeaste todo esto?- ¿Porque amenazar a la chica y no a Khiryn directamente? Porque el hombre sin parche sabía que a ella no le importaría si la amenazaba.

Silencio, aquello era lo que inundaba la cueva, el dejarse llevar por el enojo fue un error por parte de Necross, y sin esperar respuesta alguna libero a la Hörige, y de paso a su amiga. -Lo… lo lamento.- Después de disculparse y envainar la espada, el hombre sin parche se cortó un trozo de la gabardina. -Hay que detener el sangrado…- Por supuesto, él no lo haría, así que le entrego el trozo de tela a la joven amiga de Khiryn.  Un sonido dentro de la cueva alerto la paranoia de Necross, nuevamente con la bastarda desenvainada se adentró en la oscuridad.  Los gruñidos de una fiera desconocida era lo único que se lograba escuchar; siguiendo los sonidos el hombre sin parche avanzo hasta ver una pequeña luz, la luz de una antorcha. Iluminando la profundidad de la caverna se veía una antorcha, y una especie de establo, el olor a fecas animales y comida podrida le daba el toque lúgubre que necesitaba.

Asustado, un niño cubierto por la oscuridad que la luz no alcanzaba temblaba de miedo en un rincón; era difícil ver su rostro, pero su constitución hacia entender que era un muchacho. -Hay… hay un niño ahí. Oye niño, ¿estás bien?- No hubo respuesta del joven, pero aunque su boca no se movió, desde la oscuridad se podía escuchar gruñidos varios. Desde las sombras un hocico peludo y largo apareció gruñendo, el resto de su cuerpo, con los cabellos erizados, demostraba hostilidad. Un lobo huargo, como los que en la batalla anterior intentaron atacarlos, estaba intentado defender al joven cubierto de sombras. De inmediato el hombre del parche llamo a la calma, para luego ponerse en cuclillas, estirar el brazo carnoso hacia adelante, y llamar al animal con extraños sonidos.

Cinco minutos paso Necross en la misma posición, hasta que desde el piso tomo un trozo de carne, el que menos podrido pareciera, y con el intento acercar al animal. El can olisqueo el aire un par de veces, antes de caminar en dirección al humano, siempre con los pelos erizados. El niño se sorprendió, y como lo hizo el animal antes, él también se acercó. Bajo la luz de la antorcha el rostro grotesco  y un tanto malformado del joven se dejó ver; tenía facciones de humano, pero al mismo tiempo parecía trasgo, un misterio que asombraba y asqueaba al mismo tiempo. -Tu amigo de perro, tu amigo mío.- Para aquel momento el hombre sin parche ya le acariciaba la cabeza al huargo, como si lo conociera de años. El niño trasgo podía hablar, lo hacía mal y le era difícil gesticular pero se le entendía; -Niño… ¿puedes sacarnos de aquí? ¿Hay otro camino?- Con un hasta ahora desconocido animo el niño trasgo asintió energético, y así mismo tomo la única antorcha de la caverna, con ella guio el camino del grupo.

Pero avanzar no era posible, no a la velocidad que quería el hombre sin parche, pues Khiryn necesitaba ayuda para caminar, incluso la pérdida de sangre asustaba a Necross, esperaba que no se desmayara. La mula ya no era una opción para el transporte de Khiryn, la cueva era pequeña, y si la Hörige se subía al animal terminaría aplastándose contra el techo. -Espera, niño.- El hombre sin parche miro de lado a lado, incluso parecía buscar algún tipo de ruido en el silencio. -Descansemos un poco aquí, en unas horas, o quizás mañana partiremos. No se muevan.- Una última mirada al bandido de cabello purpura como despedida fue suficiente, el hombre sin parche regreso sus pasos, parecía a que algo fue a buscar.

Legato se quedó de brazos cruzados, apoyado en la pared, descansando. Abría los ojos y se alertaba con cada sonido, el primero fue el huargo siguiendo las huellas de Necross, la segunda vez fue el niño trasgo, que lo miraba con curiosidad. -¿Qué pasa niño?- No hubo respuesta. Quizás para hacerse el interesante, o quizás para bajar la tensión del momento, el bandido de cabellos purpura empezó a hacer malabares, no con las dagas que uso para pelear, si no con unas cuchillas más pequeñas.

Un nuevo sonido alerto al bandido, Legato lanzo una de sus tres cuchillas a los pies de la joven compañera de Khiryn, quien al parecer se quería acercar más a la Hörige. -Necross dijo que no se movieran.-  Quizás la hostilidad no era la mejor opción, pero el bandido conocía tanto al tuerto que sabía que aquello era necesario, el hombre sin parche seguía extremadamente molesto aun; Khiryn y Morgan hasta nuevo aviso serian prisioneras de los alas negras.  

Necross volvió con varias ramas y telas sucias, con el inmenso lobo caminando junto a él. Las ramas y la tela serian usadas más tarde cuando el sol bajara, además de esperar a que Khiryn estuviera en mejor forma, usarían la cueva como escondite en caso de que los Shadeshianos volvieran. El líder de los alas negras le ordeno a su subordinado repartir algunas provisiones entre el grupo; con una sonrisa falsa Legato de su bolso repartió pan y queso entre los presentes, sonriéndole especialmente a la Hörige.  El niño trasgo y el huargo también fueron parte del grupo, pues de las manos de Legato también recibieron comida, aunque el animal casi le saca la mano al bandido cuando este se acercó, se había dado con Necross, pero seguía pegado al niño deforme.

Después de comer, y sin mirar particularmente a nadie, el hombre sin parche se dejó caer en la pared de la caverna, sentándose en el proceso, y apoyando la espalda en la fría pared. -Khi…- Dijo melancólico. -Nuestra situación no es buena, nuestra relación ya se dañó. Pero aun sigues en mi mente como la pelirroja de aquella vez. No te vayas, te llevare con los alas negras para curar esas heridas.- Suspiro, buscando palabras para continuar. -Supongo tu instinto te hará correr, pero ambos sabemos que no llegaras lejos herida, y con una arquera que no sabe tomar el arco apropiadamente.- con una mirada casi paternal, el hombre sin parche se dirigió a Morgan. Y aunque quería continuar, Necross decidió detener ahí su discurso, los ánimos estaban demasiado tensos como para seguir hostigando.

Con un suspiro el hombre sin parche cerro los ojos buscando descansar y quizás dormir un poco, pero sabía que no lo lograría, el pensamiento de que Khiryn podría matarlo mientras duerme estaba más presente que nunca, no se quería arriesgar a una nueva pelea; no cuando hay un inmenso lobo que a cualquier movimiento repentino podría lanzarse y devorarlo.

La tierra pareció temblar, las paredes de la caverna en cualquier momento colapsarían, el tejado dejaba caer trozos de roca con cada movimiento de la tierra. Desde la oscuridad, babeando y rugiendo, el líder de los trasgos se apareció,  gritando cosas en algún idioma desconocido, con los ojos inyectados de sangre, y aunque no se le entendía lo que decía, sus gritos guturales demostraban furia.

-¡No no no!- No estaba listo, no lo estuvo en ningún momento, los trasgos para él no eran una amenaza real, pero al ver al niño tendría que haber sospechado que tenía relación con el enemigo. Necross maldijo  a todos los dioses que conocía, y a los que no también, el no estar listo es algo que no se podía permitir, el azar ya no era un factor importante en su vida, las sorpresas debían morir.  Con presteza Necross se puso de pie, ya tenía a Sherckano entre las manos, listo y dispuesto para atacar al líder de los trasgos; pero su endeble espada no sería rival para la fuerza de la gran abominación, pues el enemigo con un solo golpe mando a volar a Necross hasta que este se encontró con las paredes de la caverna, el choque causo que el hombre sin parche terminara escupiendo sangre, tenía varias costillas rotas.

Con el líder de los alas negras derrotado de un solo golpe, el subordinado Legato tomo el papel de luchador. Y es que con su agilidad no le fue difícil colarse entre las piernas del enemigo y apuñalarlo un par de veces, pero ni siquiera las dagas del bandido eran suficientes, y los golpes al piso del líder trasgo lo obligaron a retroceder. Fueron tan fuertes los golpes causados que la tierra comenzó a temblar, el enemigo tenía tanta fuerza que parecía un desastre natural.

Los golpes al piso causaron que el techo se cayera, y esto que el piso se quebrara, en menos de un segundo se hizo una fisura a los pies del grupo, y por culpa del líder trasgo todos cayeron en una profunda oscuridad.  

Necross despertó sin saber dónde estaba, sin poder ver más allá de su mano. Podía sentir a su espalda las rocas destruidas, al alzar la vista noto la gran fisura por la que cayó. -¿Khiryn? ¿Legato? ¿Amiga de Khiryn?- No gritaba, los pulmones y el dolor no se lo permitían, pero aun así en medio de la oscuridad se decidió a buscar al grupo. Palpando entre las rocas, con una mano sosteniéndose las costillas, y evitando tropezar, el hombre sin parche siguió una tenue luz a la distancia, un brillo de color celeste que apenas se notaba. Necross levanto la cabeza tímidamente sobre una roca cuando llego cerca del haz de luz, al mirar a la distancia pudo notar unos seres pálidos, deformes, de largos brazos y encorvados. Un olor a muerte casi hace que el hombre sin parche vomitara, aquellos seres cargaban con cuerpos de mujeres, aparentemente muertas, algunas yacían destripadas sobre la roca, otras gritaban por auxilio.

Miembros humanos se veían en todas partes, aparentemente todos femeninos. -¿Qué clase de bestias son estas?- ¿Por qué mujeres? ¿Qué eran esas criaturas? ¿Dónde estaba el resto del grupo? Las preguntas se acumulaban en la cabeza de Necross, aquellas bestias pálidas eran demasiadas como para enfrentarlas solo, y ciertamente no quería terminar como aquellas pobres almas. Un descuido de Necross causo que una piedra cayera desde la altura que lo ocultaba de las criaturas, estas de inmediato se acercaron y empezaron a buscar la procedencia del sonido, pero no buscaban con los ojos, parecían esperar a oír algo nuevamente; el hombre del parche dedujo que aquellos engendros eran ciegos.

Solo quedaba esperar a que el resto del grupo no fuese capturado por aquellas criaturas, el hombre sin  parche con lentitud comenzó a bajar desde donde estaba, los seres pálidos se perdieron en la oscuridad de la cueva y aquella zona quedo despejada, quizás si tenía suerte, Necross encontraría a alguien.



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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Khiryn el Lun Jul 18, 2016 7:42 am

V


Me molestaba profundamente la insinuación del humano. Yo no vendía a nadie, ni tenía por que hacerlo. Si hubiera tenido el brazo y la mano derecha, este escenario seguramente sería distinto. Fui una estúpida; pero tampoco me esperaba que Necross tuviera en sí tanto poder. No después de todo.

Más me molestaba el maldito matón que había traído con él; no por el hecho de traerlo para cuidarse el culo; eso, hasta cierto punto me decía que en realidad había temido por su vida. Eso era bueno. Si no me molestaba la actitud arrogante y mandona con la que se tomaba el lujo de actuar. Tan pronto me encuentre bien, le rebanaría los huevos.

Pero aun más rabiosa estaba conmigo, por haber perdido mi oportunidad y por verme ahora, envuelta y hasta ayudada por aquel que vine a matar, y pero aun, de pasar a ser su verdugo, era ahora su prisionera; Morgan y yo. Maldita yo. ¡Estúpida! Repetía en la cabeza reclamándome el cómo había sido capaz de arrastrar a Morgan; una chiquilla sin nada que deber a esta situación.

Y ni el enojo ni nada le daban un poco de cordura al momento. Era todo irreal; otra vez. Tumbados en la cueva había venido a nosotros una especie de mezcla; un niño extraño con rasgos de trasgo. Con un lobo huargo al que Necross casi por si sólo consiguió calmar. Era bueno con los animales, pero sin que lo notara, le di una pequeña ayudad usando un hechizo que quería experimentar.

Y de nuevo el caos. Necross comenzó a ponerse muy nervioso; Morgan y yo tumbadas en suelo como presas; y yo apenas con un maldito trapo de mierda, mojado y entintado de rojo por la herida que supone debía cerrar. Eso no estaba funcionando; nada estaba funcionando y encima, la tremenda presencia del jefe trasgo. Sin duda, el trasgo más grande y feroz que hubiera visto en la vida. Blandía una enorme maza tallada directamente en madera.

El salvajismo de sus movimientos y la bestialidad de su fuerza dieron contra el suelo, que de repente; como si de una pesada broma se tratara, comenzó a ceder bajo nosotros. Traté de asirme a una roca, a una raíz. A algo, pero lo único que giró en mi dirección fue una botella de ron que cayó al suelo luego de que Mulán; -la mula- saliera disparada del susto por la presencia de la bestia. Antes de caer vi como Morgan igualmente intentaba afferarse; y el hombre al que le cortaría los huevos había desaparecido; luego; oscuridad y un fuerte golpe con un crujido. Luego nada.

Abrí los ojos aturdida. Había caído mal y me dolía la pierna, la nuca y la espalda. Estaba tendida boca arriba. Me llevé la mano a la nuca y tenía el cabello húmedo. Me llevé la mano a la nariz para olfatear; era sangre. Me había herido en la caída pero no era nada serio. Me costó un poco acostumbrarme a la luz. Al principio veía borroso, con la vista como nublada, hasta que poco después comencé a distinguir siluetas con claridad. Me llevé entonces la mano al muñón derecho. Era otra vez la sensación de tener un brazo que no existe.

Me erguí sentada con las piernas extendidas y rápidamente me repase el cuerpo palpando con la única mano. Tenía varios golpes, pero nada parecía haberse roto. El terreno estaba fangoso; lodoso; lo que sin duda había ayudado a que la caída no fuera más dura y peligrosa, y el ambiente olía enormemente a tierra mojada. Me busqué en la cintura mis armas. Por suerte seguían ahí, y palpando alrededor, di con una botella de ron. Justo lo último que había logrado sujetar antes de caer. Bueno, si no podría salir de ahí al menos podría embriagarme.

Me incliné hacía delante para ponerme de pie; pero un estruendoso sonido hizo que me agachara en posición de alerta; instintivamente llevé mi mano hacía la cintura y cogí la empuñadura de una de mis dagas. Unos metros más allá; cerca de donde se colaba un hilo de luz la enorme figura del trasgo jefe comenzó a quejarse y gruñir con furia. Sin duda, buscando su próxima víctima. Mirando con más atención; a poco metros de donde yo estaba; pero más cerca de la luz, reconocí la silueta de Necross, quien alerta, miraba con precaución hacía el frente; seguí su mirada con la mía y me tope con un espectáculo horrible.

Unas veinte, o quizás treinta figuras silenciosas, de rasgos humanoides pero claramente deformes, sin cabello y con la piel albina se arremolinaban sigilosamente en torno al trasgo que mientras más bullicio hacía, más atención recibía. El trasgo pareció notar a las criaturas, y con terrible furia les dedicó el más poderoso y temible de sus gruñidos, pero no consiguió amedrentar a ninguno; caso contrario, más interés parecían poner aquellos extraños seres en él.

Lo que siguió me pareció predecible, pero inesperado. Las criaturas, todas, al mismo tiempo se lanzaron sobre el trasgo. Ya lo habían rodeado; y aunque el trasgo era notablemente un enemigo formidable y muy superior a ellos, sólo pudo abatir a un par. Al primero, propinándole un tremendo garrotazo que le volteó la cara fracturando cráneo y cuello, matándole de inmediato, al segundo, con un revés del mismo garrote, azotándo a su enemigo contra el suelo; pero las criaturas eran muchas y antes de poder seguir con la pelea, ya tenía encima al menos a unas cinco, luego siete; luego una montaña de esos seres albinos se contorsionaban sobre el trasgo del que sólo los gritos y gemidos de dolor podían ya dar testimonio de él; luego el silencio, que sólo se rompía con los sonidos de la carne desgarrada y los huesos quebrándose, y el chasquido de decenas de mandíbulas al masticar.

Aproveché para acercarme con sigilo a Necross y sin tratar de asustarlo le puse firmemente la mano en el hombro. El reviró con la espada, pero alcanzó a verme y detuvo el ataque. -¿Qué demonios pasa, que son esas cosas? En silencio miramos el resto del espectáculo, donde casi todos ellos tuvieron su parte. Los últimos salían con apenas un trozo de víscera entre los dientes, mientras que los primeros tenían la piel blanca pintada de sangre desde la boca hasta los pies. Uno corrió con un brazo entero. Y todos, regresaron a sus previas victimas. Cuerpos en los que yo no había reparado antes.

Esas pobres mujeres.

Ambos, Necross y yo nos agachamos lo más que pudimos tras un pequeño montículo de roca y lodo mientras las criaturas, una a una desfilaban cargando sobre sus espaldas los cuerpos corruptos de las que antes fueran doncellas. Algunas, no eran ya más que carne putrefacta con silueta de mujer; otras, las menos, estaban vivas; al menos respiraban pues en sus ojos no había vida, ni esperanza ni nada. Desnudas; sus cuerpos ya sea muertos o aun cálidos reflejaban claramente las intenciones de sus ahora dueños.

Rasguños y heridas por todas partes. Senos sangrantes, extremidades mutiladas; algunas no tenían dientes y las heridas en sus rostros reflejaban el fuerte maltrato y golpizas de las que seguramente eran víctimas, lo peor, era ver alrededor de sus vaginas y ano las terribles laceraciones, cortes y el inconfundible color morado y rojo y hasta amarillo que tiene la piel luego de ser golpeada y abusada brutalmente.

Casi puedo jurar que una abrió sus ojos a la luz y trató de respirar el aire del exterior y que al mirar, nos vio; y que esos ojos muertos tuvieron vida de nuevo. No sé si nos decía que nos largáramos o que las ayudáramos, pero luego de ese breve momento, cerró los ojos como anticipando lo que estaría por venir, entregándose sin esperanza a su destino. Nunca voy a olvidar esos ojos.

Las bestias no rondaron mucho más. Al parecer, el hecho de que un hilo de luz se colara en aquella asquerosa cloaca de cueva no les importaba. Marcharon con paso lento al interior de la cueva, perdiéndose en las sombras. Sólo luego de eso, me atreví a mirar bien en derredor. El lugar no sólo era un hoyo en la tierra que se había hecho de modo aleatorio; en el suelo, cerca de una pared natural había un espacio plano en el que se encontraban apilados calaveras humanas y huesos de otros animales. Ese lugar, justo al que habíamos caído parecía ser usado como tiradero. Había también ropa hecha girones, sucia y maloliente. La mayoría vestidos y ropas de mujer, pero también había ropa de hombre, algunas herramientas en mal estado e incluso armas como cuchillos, navajas y espadas oxidadas.

Era desconcertante ver además, en las paredes, restos de bloques y piedras de construcción, como si la cueva hubiera sido antes una edificación que deliberadamente quedó enterrada. Había restos de paredes de piedra, y piedras de construcción caídas por todas partes. Unos grandes pilotes de madera llegaban hasta el cielo raso de la cueva; por un momento hasta me pareció que aquellos seres eran capaces de construir y que se habían tomado la molestia de edificar bajo tierra. Todo era muy extraño y estaba absorta en mirar todo con la escaza luz que aun se colaba por el hueco sobre nuestras cabezas que casi me olvidé de Morgan. Más bien, fue ella quien hizo que la recordara.

–¿Khiryn? Se oyó su voz desde arriba. De inmediato salí del escondite hacía la luz para que pudiera verme y con señas, brincos y gestos frenéticos le traté de dar a entender que bajara la voz. Necross por su parte, igual de preocupado que yo, se puso alerta, pero mirando en dirección contraia por si alguno de aquellos blancos seres nos había oído. –¿Qué? ¿Qué pasa? ¡No entiendo! decía la confundida y nerviosa Morgan desde el hueco fuera de la cueva, hasta que pudo leer en mi impaciencia la cara de terror que debí haber tenido y por fin calló.

Necross y yo nos quedamos quietos y en silecnio, bajo la mirada expectante de una Morgan que no parecía acabar de entender lo que estaba sucediendo aquí abajo; pasó un pequeño momento y la figura de Legato se asomó al lado de Morgan. –¡He! ¿Qué pasa ahí abajo? ¿Dónde está Necross? ¡Necross! ¡NECROSS! me llevé la mano a la frente cuando el tipo empezó a hablar. Y este lo hacía con más fuerza que Morgan; me agaché y tomé una piedra del suelo; y la lancé por la boca de la cueva provocando que ambos se alejaran. Al momento llegó Necross y para cuando ambos volvieron a ver para dentro de la caverna, el hombre sin parche ya hacía señas a su compañero para que éste guardara silencio.

Al momento se apareció el chico humano/trasgo. –¡Tu humano! ¿Cómo estar? No pude sino palmearme la cara con fuerza esperando ver en cualquier momento la legión de criaturas albinas venir por nosotros en cualquier momento. Pero esta vez, los encargados en callar al chico fueron precisamente Morgan y Legato, que con caras serias de enfado reprendieron al pobre mestizo, quien avergonzado e intimidado, no pudo sino retroceder con cara de perro regañado.

Esperamos un tiempo, pero el interior negro de la caverna solo exhalaba silencio. Por fin nos relajamos un poco; pero no lo suficiente como para animarnos a hablar, habíamos tenido suerte, pero no era seguro que la tendríamos siempre.

Con señas, durante un buen rato, les explicamos la situación, y ni bien estábamos seguros que entendían dimos por sentado que así era. Ninguno traía una cuerda, al menos no una suficientemente larga y buena como para que nos sacaran de ahí trepando. Con señas, preguntamos por otra salida, a lo que Legato le preguntó al chico trasgo; el mestizo se quedó pensando un buen rato hasta que recordó que antes, en algún momento había llegado a encontrar una entrada a ese lugar, y que incluso había estado ahí.

Como pudo, haciendo uso de su escaso vocabulario les dijo a Morgan y a Legato que las bestias albinas eran ciegas, y que se guiaban por los sonidos. Que a veces salían de las cuevas subterráneas para cazar y que eran muy peligrosos. Le explicó también que la única salida de ese lugar que él conocía era internándose en ésta; justo por donde las bestias habían ido, pero que era fácil perder el camino en la oscuridad, pues la cueva tenía algunos pasillos sin salida.

Legato luego de esto nos explicó cómo pudo a nosotros; que a su vez insistimos por alguna mejor salida; pero no había otra manera de salir. Pronto, la luz de la tarde escaseó y la noche nos comenzó a cubrir. Morgan nos había arrojado un par de antorchas, yesca y pedernal de la mula, que por cierto, estaba bien.
Nos arrojaron también parte de las provisiones que tenía en la mula y una bota de agua, así como un par de capas. Esa noche ellos acamparían fuera de la cueva, cerca del agujero en suelo y nosotros, Necross y yo pasaríamos la noche en ese lugar. Construiríamos con las piedras caídas una pequeña protección y nos turnaríamos para vigilar en la noche.
Por idea mía, nos cubrimos un poco las ropas de lodo, esto, para mitigar el olor que pudiéramos desprender, ya que no me fiaba en gran medida de que el único medio que poseían aquellas criaturas para encontrar a sus presas fuera el oído.

Mañana, iríamos cueva adentro para buscar la salida desde dentro, mientras ellos, harían su parte por fuera, buscando la entrada.

Me concentré un poco en mantener encendido el rubí que poseía en la frente, no era luz suficiente para iluminar nada, pero al menos, podía darle a Necross una idea de mi posición y yo misma ver un poco más allá de mi nariz.

En algún momento, me descubrí la herida de la pierna, esta no había cerrado ni presentaba mejoras notables. Mientras tuviera esa cosa abierta, no podría moverme bien de ninguna manera, y sin duda, si hay un olor que atraiga a los cazadores, es el olor a la sangre. Hasta ese momento el hombre y yo no habíamos cruzado mayores palabras, pero tragándome por necesidad el orgullo me animé a hablarle.

–Necross; antes, durante la pelea que tuvimos, lanzaste una especie de hechizo. Una magia que me dejó aturdida, dime; ¿Cómo es que lo haces? El hombre, un poco confundido por la pregunta me explicó que de alguna manera, podía canalizar energía como relámpagos por su cuerpo. –Y… ¿Está energía es capaz de calentar las cosas? aun confundido se limitó a afirmar.

Recordé entonces la botella de ron que había caído conmigo y me desplacé por ella; cuando el hombre sin parche la vio hizo un gesto aun más confundido, como sin decidirse a que beber en esa situación fuera una buena idea. Sin decir más nada acerca de la botella, me desenvainé una de mis dagas y se la tendí por el filo. –¿Puedes calentar la hoja de mi cuchillo, por favor? Luego rompí un poco mi pantalón y dejé caer un poco de ron en la herida; usando el trapo que antes tuviera limpié alrededor de la herida.

Necross entendió ahora lo que me disponía a hacer. –Puedo ponerte directamente la mano de metal en la pierna. –Afirmó, para después decirme que no desperdiciara mucho de la bebida. –No. No me entusiasma la idea de tener marcada tu mano en la pierna de por vida, como una cicatriz o un tatuaje… El hombre pareció divertirse con aquel pensamiento. Le di un largo trago a la botella, para tener valor y la dejé a un lado. Necross me tendió el cuchillo, cuya hoja estaba enrojecida por el calor. –Necesito tu ayuda; su tuviera mis dos manos, no te lo pediría… El hombre entendió el malestar y la vergüenza que aquella situación me representaba y sin decir nada me tomó con ambas manos la pierna y haciendo presión cerró la herida. –¡Espera! –me dijo, y luego hizo bola el mismo paño con el que había limpiado la herida y me lo metió en la boca. Sabía a sangre, sudor y alcohol. -¡Listo! Ahora sí… me tomó la pierna de nuevo e hizo presión como antes.

Acerqué el cuchillo primero, lentamente hasta que pude sentir el calor que la hoja desprendía. Di un fuerte respiro y la dejé caer con fuerza sobre la herida. Los ojos se me abrieron como platos y luego los cerré con fuerza; apretando la boca sobre el trapo la salivación por el dolor escurría por lo lados. Comencé a temblar pero sin quitar la hoja de pierna. La dejé hasta que sentí que fue suficiente. Tenía lágrimas rodando por la cara, sudor frío, la pierna quemada y una sensación de estar viva que me llenaban el cuerpo y lo convertían en un manojo de nervios.

Lancé la hoja a un lado y me tendí sobre la espalda en el suelo, secándome la cara, retirándome el paño de la boca y tratando de calmarme con fuertes tragos de aire. Necross me soltó y se acercó un poco para ver la herida. Estaba cerrada. Con una sonrisa complaciente alargó el brazo hasta la botella de ron y le dio un largo trago; luego me tendió la mano para que me levantara y lo hice, con una mirada que no pude descifrar, me dio la botella de ron.
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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Necross Belmont el Vie Ago 19, 2016 5:10 pm

*Contrario a mis post anteriores, este estará en 1ra persona.*

-Es segunda vez que termino contigo bajo tierra.-

Sonreía, por supuesto que lo hacía, quizás fue el trago de ron, quizás me golpee en la cabeza cuando caí; pero por medio segundo vi a una Khiryn joven, sonriente, y con su cuerpo completo. Pero lamentablemente la realidad era distinta, su pelo era oscuro, estaba herida, le  faltaba el brazo… las cosas habían cambiado mucho desde la última vez que la vi, no solo la vi distinta, sino que también me vi reflejado en ella.  Después de  entregarle la botella le di la espalda, no quería verla realmente: - Vigilare por ahora, deberías descansar un poco.- Lo sucedido hasta ahora había pasado demasiado rápido para mi gusto, en un momento estaba peleando contra viejos amigos, al siguiente ayudaba a cauterizar una de sus heridas, cauterizar, olvide que conocía esa palabra…

Khiryn estaba vieja, casi no se le notaba, pero para mí eran obvios los cambios en su piel, las arrugas leves que tenía; aunque no puedo decir mucho sobre la juventud, esta se me escapo hace mucho ya. Sentado sobre las frías, húmedas, y lodosas rocas me quede haciendo guardia. Hacía frio, pero me negaba a encender una antorcha, no podía permitirme una pelea contra esas criaturas, no en el estado en el que me encontraba, mucho menos después de ver como sobrepasaron al trasgo gigante. Intente mantener mis quejidos al mínimo, la espalda dolía bastante por la caída anterior, no solo caí sobre las rocas, si no que tenía la funda de Sherckano en la espalda, pareciera que alguien me golpeo con el tronco de un árbol; aunque ahora que recuerdo así lo hizo el jefe trasgo…

La botella de ron me está tentando… pero sé que no puedo beberla, no ahora por lo menos; combinar las heridas y la ebriedad no ayudara en nada.  -¿Recuerdas el templo subterráneo que nos hicieron investigar? Me parece una crueldad terrible del destino que estemos nuevamente bajo tierra…- Suspire, aun le daba la espalda a Khiryn pero se podía notar en mis palabras que se había acabado la hostilidad. -¿Qué hiciste después de aquella vez?-  Pregunté con la curiosidad impregnada en las palabras.


--Eso no importa. En realidad no hice mucho luego de eso. Al menos no tanto como después de enterarme de que habías...- Silencio, una pausa repentina trajo nuevamente la incomodidad. -... Muerto.... Por qué moriste... ¿...No...?-  ¿Cómo podría contarle todo lo que paso? ¿Por dónde empezar? Con una historia tan complicada, lo mejor que podía hacer era mantener las cosas simples y las respuestas sencillas; y de todas las personas en el mundo era ella una de las cuales le debía una respuesta.  -Pues si… No recuerdo mucho de lo que pasó, en un momento estaba en el túmulo, luchando por mi vida, y al siguiente tenía una pequeña Divium entre mis brazos. Pero lo que creí que fueron segundos fueron más de seis meses…- Me era inevitable sentir nostalgia, lamentarme por todo lo que hice, por lo que no… Doble un poco el torso para mirarla, seguía de espaldas y no pensaba cambiar mi posición por ahora. Aun en dentro de la penumbra, no quiera verla a los ojos. –Sabiendo lo que me pasó, ¿Por qué te uniste a los cuchillas?- Pregunté en un suspiro, después de hacerlo volví a mi posición, perdiendo la vista en la infinita oscuridad de la cueva. Ella suspiró, supongo que se dio cuenta que estaba evitando el tema.

-No sé. Supongo que fueron varias razones. Me sentí en deuda con el conde nigromante; y para mí era difícil ser libre. Es decir, siempre tuve un amo. Vivir bajo mis términos no me resultaba fácil, al menos no más fácil que seguir órdenes. El conde... él podía convencer a cualquiera; era en ese sentido muy persuasivo. No es que me haya dejado enredar, sino que hasta cierto punto, yo lo necesitaba. Sabes, eras el único amigo que tenía. Saber de tu... lo que te pasó fue terrible; supuse también que entrar en los cuchillas era, en cierta medida, como honrar tu memoria....-  Volví  la mirada hacia atrás y note que ella se miraba la herida en la pierna, untada de barro quizás para aminorar el dolor que sentía, luego se aferró del muñón que otrora fue su brazo. Imitándola, tome mi brazo izquierdo y comencé a mover los dedos.  Sus palabras me llegaron, durante aquel encuentro en el bosque congeniamos, sobrevivimos, y luchamos contra muchos males. El que Dracul haya intentado matarla me hacía sentir peor, porque creo que intento matarla… no recuerdo mucho de esos días.

-El conde… Khaelos sin duda era un líder. Logro convencerme de hacer algo que en realidad no quería hacer. ¿Es curioso sabes? Por seguir a la misma persona nuestros cuerpos perdieron algo, tu perdiste el brazo… y yo…- “Y yo la perdí a mi pareja”, tenía tantas ganas de que alguien supiera mi historia… Nuevamente silencio, había cosas que era mejor obviar, las ganas de vaciar la botella de ron eran inmensas. Volví nuevamente la mirada hacia atrás, mire de reojo su cabeza por medio segundo para luego preguntar: -Tu pelo, solo hasta ahora caí en cuenta que es diferente. ¿Qué le paso?-  Khiryn se miró el cabello entre sorpresa y confusión, creo en un principio no había entendido la pregunta. -Luego de recoger a Foxhound en el túmulo, fue lo primero que hice. Lo teñí en símbolo de luto. Sólo lo hice una vez y basto. Nunca ha recuperado su color y acabé acostumbrando al negro; creo que le va mejor a mi personalidad, después de todo.... oye... sabes que yo no te vendí, ¿no es cierto?-

Sonreí, pero de seguro no podría verme, pues seguía dándole la espalda. -Ahora lo sé.-  Me moví intentando mantener al mínimo el sonido, tenía una idea, y no podría darle la espalda mientras se la decía; me mire el brazo de hierro por unos segundos antes de comentársela: -Conozco a un herrero, es un viejo tosco, gruñón,  pero extremadamente hábil. Estoy seguro que si se lo pido, y con una buena suma de kulls, podría imitar esto…- Alcé el brazo izquierdo mientras me arremangaba la gabardina para que ella viera mejor; no había mucha luz y era difícil, pero aun así se podría notar que el brazo era artificial. -Es bastante útil, si ya eres peligrosa con un brazo, no quiero imaginar cuan poderosa serias con uno de estos.-

La vi apretarse el muñón, no podía saber en qué estaba pensando pero si lo que sentía, pues en algún momento yo me sentí igual. Esperaba que aceptara, es lo mínimo que podía hacer, sentía que debía retribuirle de alguna manera.  -Gracias.- Dijo mientras miraba la abertura por la cual caímos. -Así que tienes una hija... ¿Cómo se llama, cómo es eso que es Divium?- Preguntas, preguntas… no tenía problemas en responderlas, y de alguna manera me alegraba que pudiéramos conversar, con todo lo que paso creí que uno de nosotros ya estaría muerto.

-Su madre fue Divium, la conocí un tiempo después de conocerte a ti. Vivimos por varios meses juntos hasta que… tuve que ir con el conde.- Nuevamente la nostalgia me invadía, una sonrisa lastimera era lo único que había en mi rostro.  - Sé que hice mucho daño en el pasado, pero si me viera obligado a hacerlo de nuevo, lo haría. Dracul camino hasta el bosque de Jyurman y me hizo encontrarme con ella, con mi hija… Sé que no es excusa, pero sin ella… Nuevamente, mi silencio repentino interrumpía el flujo de las palabras. Ya estoy demasiado viejo como para hablar como adolecente avergonzado. -Se llama Nadine, y hace tiempo le conté sobre una  Hörige que encontré en el bosque.- Reí, pues de estar aquí Nadine saldría con una de sus ocurrencias. El dolor en la espalda se desvanecía lentamente, por ello, y para apurar el proceso, me quite el mandoble y lo deje a mi derecha. -Luego puedes decirle que la misma Hörige intentó matarte...y la venciste.- Ambos reímos, pero ella lo hizo con más ganas y por más tiempo; no es que la broma no me haya hecho gracia, pero hace mucho que ya no rio como ahora lo hacia ella.

Su risa sonora de a poco se fue desvaneciendo, luego su rostro contento pasó a estar pensativo, había una duda en su cabeza. -Has dicho Dracul, ¿quién es Dracul? ¿Es acaso el demonio que me atacó? ¿El que mató a esas personas?- Su tono hostil me hizo suspirar, pero por suerte logro pronto calmar el enojo.  Era inevitable volver a ese tema, y podía entenderla, habían muchas cosas que no explique, o explicaría. Me quede mirándola fijamente, como pensando en si responderle o no, finalmente me contente con un simple: -Si…- El cual dije mientras asentía suavemente. -Pero quiero que entiendas algo. Él y yo… somos dos seres distintos. Y en algún momento pagare los pecados que llevo a la espalda, pero no será hoy, ni mañana… Hay muchas cosas que tengo que hacer antes.- El silencio nuevamente se hizo dueño de nuestro encuentro, quizás simplemente ya no había nada más que decir. -Intenta dormir un poco, luego veremos cómo salir de aquí.-

La vi molesta, un conflicto interno agobiaba su mente, sin entender que sucedía preferí esperar otra pregunta, pues era obvio que más vendrían. -Entonces... ¿Lo tienes controlado? ¿Qué pasa si se aparece en este momento? ¿Puedes hacer que aparezca cuando quieras?- ¿Cómo podría responder sus preguntas cuando ni siquiera yo tenía la respuesta?   Pero aún se las debía, e intentaría de alguna manera saciar su curiosidad, que estuviera de pie me ponía nervioso, pues en algún momento se levantó molesta; no quería tomar el mango del mandoble para no aumentar la tensión, pero si tenía mi mano cerca de este. -Hasta ahora solo ha aparecido dos veces, y en ambas ocasiones han amenazado a mi hija. Supongo que me enfade tanto que perdí el control de mi mente. Ella lo es todo para mí, no podría dejar que algo le pase. - Evitaba mirarla fijamente, parecía que la veía a los ojos cuando en realidad me concentraba la parte superior de su rostro, su frente, el cabello. Para evitar mas problemas decidí mentir, es más sencillo que tener que explicar algo que no entiendo.  -Si, está controlado, pero no puedo obligarlo a aparecer.- Lentamente me puse de pie, tomándome de inmediato las costillas pues al levantarme sentí dolor. -Si no vas a dormir, deberíamos buscar una manera de salir de aquí…- Dije mientras con el rostro apuntaba hacia atrás, ya me estaba fastidiando estar encerrado.

-¿Dos veces eh? Supongo que si tu hija sigue con vida, algo podrás hacer para controlarlo.- Khiryn se veía ansiosa y se movía con nervios, creo  ignoraba el dolor en la pierna, su intolerancia al dolor me sorprendió. -Así que si te enfadas aparece... interesante... Su respuesta me pareció desconcertante por decir lo menos… Espero no se esté planteando traer al engendro haciéndome enojar.

-Sí, tienes razón, mejor empezamos a caminar.-  

Bajamos con cuidado de nuestro refugio, el único lugar en altura que nos protegería en caso de que aquellas criaturas volvieran. Le ofrecí a Khiryn ayudarla a caminar pues con el terreno irregular a nuestros pies se le haría difícil. Negó la ayuda, argumentando que en caso de emboscada se nos haría difícil pelear. Así mismo me recomendó caminar adelante y despacio, pero realmente prefería que ella fuera delante, no para usarla como escudo, sino porque alguna vez presumió de su vista en la oscuridad. Aún recuerdo cuando me regaño por usar la magia en mi cuerpo para iluminar una catedral oscura.  De cualquier manera, no me negué a su petición, y a paso lento me adelante con el mandoble en la mano listo para cualquier ataque o sorpresa enemiga; nos dirigíamos al mismo lugar por donde aquellas criaturas blanquecinas habían entrado.

Y no me había dado cuenta hasta este momento de que las coincidencias se extendían más allá de lo que pude entender en un comienzo. Nuevamente junto a Khiryn me veía bajo tierra, con enemigos pálidos acechando, y prisioneros que seguramente serian sacrificados; todo era una terrible y cruel coincidencia. La abertura por donde entramos era ancha y espaciosa, pero a medida de que nos adentrábamos en la oscuridad los muros comenzaron a encogerse, si el camino seguía así, pronto me vería incapacitado para luchar usando el mandoble.  

Mientras más caminábamos menos se veía, por lo menos yo no podía ver más allá de mi mano, tenía que acercarla a mi rostro para lograr verla. Seguí caminando a paso lento hasta que sentí un pequeño toque en la espalda, gire la cabeza solo para darme cuenta que Khiryn me estaba ofreciendo una de sus dagas: -Toma. Al parecer esta cueva es algo angosta; esas espadas no te serán útiles para pelear aquí. Anda; me lo regresas luego.- No dije nada, más asentí como gesto de agradecimiento, si bien no era hábil con los cuchillos, sería mucho menos efectivo en batalla si usara el mandoble, por ello lo mejor era guardarlo.

El olor a putrefacción, descomposición, y mierda se hacía más fuerte a medida que más caminábamos. Pude sentir el piso pegajoso, no quería saber que era lo que pisaba con cada paso que dábamos. Pronto el terreno irregular desapareció de pronto, ahora parecía que andábamos por un camino bien construido, liso, incluso pude sentir alguno de los espacios que  había entre los bloques de piedra. También se veía que el techo sobre nuestras cabezas era sostenido por pilares a los costados del camino, se podían ver ciertos grabados pero no pude entender ninguno.

A la distancia pude ver un pequeño  punto brillante, sin dejar de caminar, y solo usando gestos le hice entender a la Hörige que algo había más adelante. Continuamos con cuidado, pues de seguro aquel punto brillante era algún tipo de luz que aquellas criaturas pálidas usaban, lo que en parte era cierto. Terminamos de salir del pasillo por el cual entramos, pero para mí desgracia el espacio seguía siendo pequeño, una especie de valla nos limitaba los movimientos, y nos obligaba a continuar caminando uno detrás del otro. Se escuchaban pisadas por todos lados, sonaban fuerte, pues parecían arrastrar los pies por el ahora piso lodoso.

Las vallas que nos limitaban eran altas, pareciera que estábamos enjaulados, pero no era metal el que nos encerraba, sino una especie de cuero endurecido. Las restricciones comenzaban a un lado del camino, nos encerraban completamente, hasta la parte superior estaba cubierta. Cada ciertos metros, y fuera de donde estábamos, pude notar que en las paredes habían unas pequeñas luces celestes, iguales a la que vi antes de salir del pasillo anterior; intente  enfocar la vista en aquellas luces y me di cuenta que era una especie de hongo brillante.

Estaba espantado, sorprendido, casi choqueado. No era porque estuviéramos encerrados, o porque temía que Khiryn pudiera apuñalarme en la espalda, no… por las aberturas que tenía la “jaula” que nos encerraba, pude ver a la distancia a las mujeres que las criaturas tenían atrapadas. Si bien no estaban encerradas, si tenían grilletes y cadenas en las extremidades, algunas lloraban, otras simplemente en silencio parecían rendidas. Mire a Khiryn fijamente a los ojos, y luego negué con la cabeza. Si bien las coincidencias nos pusieron en una situación parecida a la que tuvimos hace ya mucho tiempo, esta vez no tenía intenciones de intentar rescatar a aquellos prisioneros… había otras cosas en mi mente como para preocuparme de ellas. Lo más importante ahora era salir de la cueva.



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