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Un fantasma en común.

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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Khiryn el Miér Sep 07, 2016 12:53 am

VI

No apoyaba la planta del pie. Aunque el dolor se iba raídamente gracias a sellar la herida con calor y la plasta de lodo frio, todavía cuando afirmaba bien el pie, una cruda y punzante sensación de dolor recorría rápido desde la herida hacía abajo por la pantorrilla, haciendo que, de vez en vez, cuando me sentía confiada y olvidaba que estaba herida, daba pasos con normalidad.

Necross caminaba delante de mí, con mi cuchillo en la mano, y de vez en vez le indicaba hacía donde ir, pues sí, mis ojos eran mejores que los suyos en la oscuridad. Pero ésta no era perpetua y mientras avanzábamos se iba haciendo cada vez menos. Lo que sí era perpetuo era el terrible olor a humedad y lodo podrido.  Una mezcla de nuestros sudores combinados con los desechos humanos, muerte, sangre y mierda se mezclaba con el ambiente húmedo y cálido del interior de aquella cueva provocando sensaciones casi vomitivas. En mis, se había formado una costra de lodo fresco que hacía que mis pasos sonaran con un eco sordo, como un chapoteo apagado. Era más desagradable que incómodo; y era muy incómodo.

Finalmente la cueva se abrió. Era una gran bóveda subterránea circular. En centro, una enorme jaula de cuero endurecido ocupando casi todo el espacio, hasta sólo dejar un angosto pasillo entre ésta y las paredes cavernosas en derredor. En el interior de la jaula, personas. O más bien, mujeres capturadas. Esclavas y victimas. Rehenes, y nada de eso era en realidad tan desconcertante como aquella forma de vida extraña, con forma de hongo del cual emanaba una extraña y fluorescente luz celeste.

Necross me volvió la cara, como adivinando mis intenciones por salvar a aquellas mujeres. Me dijo que “no.” Pero esa vez no acertó a adivinar. Aunque en verdad hubiera querido ayudar a aquellas mujeres, necesitaba toda mi fuerza para salir de aquella miserable cueva. Estaba herida, y sólo tenía un brazo, además, estaba cansada y tenía hambre. Además, tenía miedo. No me fue fácil aceptarlo, y las palabras que cruzara con Necross sólo me habían alejado de los hechos durante un breve y tranquilo momento. La verdad es que estábamos en un lugar desconocido. Rodeados por criaturas que eran capaces de atacar con tal fuerza y salvajismo que habían reducido a nada a un terrible jefe trasgo en pocos segundos. Sin duda, estábamos caminando tras de sus huellas, sin intención al menos, no de mi parte de encontrarlos. ¡Y saber lo que serían capaces de hacernos! No, esa vez no iba a gastar el poco aliento que me quedaba por alguien más. –Lo siento mucho –susurré bajo.

Caminamos lentamente, tratando de conservar el silencio. El lejano rumor de agua corriendo, así como algunas gotas tímidas que escurrían desde el techo rocoso hacía el suelo eran opadas por las voces de llanto y lamento que exhalaban con desgracia y sin fuerza aquellas mujeres. Alguna al vernos intentó gritar y suplicar por ayuda, pero su vida estaba ya tan extinta que el grito apenas era un quejido lastimoso, más penoso de ver que oír.  

La luz proyectaba nuestras sombras contra la pared de roca y lodo y sin embargo a favor teníamos la única esperanza que, con la suciedad que llevábamos encima, nuestra ropa era casi del mismo color que el lodo en la pared; si nos pegábamos mucho contra la pared, era posible que alguien distraído no nos notara. Al pasar las manos contra la pared y raspar un poco de lodo con las uñas, noté de inmediato la roca detrás. Al principio no se me hizo raro, pero luego de un breve momento pensé que aquella roca era demasiado lisa como para ser natural.

El camino por fin se dividió, una parte seguía por ahí, rodeando la celda y el hongo dentro de ella, y la derecha, se habría un nuevo pasillo, casi igual de angosto. La luz proveniente del centro de aquella bóveda iluminaba apenas éste nuevo pasillo en el que un par de metros delante se alcanza a ver el espacio que podría ser el de una nueva habitación. Este acceso se veía perfectamente enmarcado por dos toscos pilares de piedras talldas, colocadas una sobre otra sosteniendo un elegante dintel en el que estaban tallados hermosas flores en relieve. Sobre el dintel había un arco que resguardaba un ahora sucio vitral. Mirarlo por un momento nos bastó para saber lo que ya comenzábamos a sospechar. La cueva, no era del todo natural.

Necross entró con cautela en aquel pasillo. Solo unos pasos me bastaron para percibir un inconfundible olor. Lo tomé rápido del hombro y él se giró nervioso levantado la daga. Se detuvo tan pronto se topó con mis ojos. Bajó el cuchillo. Con un gesto grave negué moviendo la cabeza y regresamos sobre nuestros pasos caminando de espaldas. No bien habíamos salido del pasillo cundo una silueta blanquecina, agazapada al frente y a cuatro patas –como un animal- cruzó la habitación por enfrente de la puerta.  De inmediato nos pusimos a cubierta, con las espaldas contra la pared, cada uno a un lado del marco del umbral del pasillo.

Del otro lado del pasillo, aun en la habitación, el viento nos llevaba el sonido de los pasos ahogados de la criatura. Sonaban como uñas pegando contra roca hueca. Pudimos oír cómo, aquel ser olisqueaba fuerte y pesadamente el aire y con cautela, dirigió sus pasos por el pasillo hacía nosotros. Mientras más se acercaba, su respiración tosca y el sonido de sus pasos se iba haciendo más evidente. Ya a estas alturas tenía los nudillos blancos de apretar la empuñadura de mi daga con la mano izquierda, levantada esperando ver aparecer a la criatura. Tenía la boca apretada y sentía que había aguantado la respiración una eternidad. Tenía la garganta hecha un nudo y todo el cuerpo me temblaba.

El eco de un sonido sordo y ahogado por la distancia me sobresaltó y no pude evitar dar un brinco de susto. Afortunadamente mantuve la boca cerrada y Necross también. LA criatura se detuvo de inmediato ante el ruido y volvió con gran velocidad al interior de la habitación. Sus pasos se perdieron en la distancia y por un momento, pude relajar mi cuerpo. Necross parecía aliviado también, dejando caer los hombros.

No podía creer que me sintiera así. Era raro para mi estar asustada al grado de temblar. No era nada el miedo a morir, o la constante visión de las mujeres en agonía. Ni siquiera era la preocupación por lo que le pudiera estar ocurriendo a Morgan con ese maldito amigo de Necross y el extraño niño trasgo. No era, además la propia cueva. Odiaba tener que estar en espacios cerrados y aunque hasta ahora la cueva era tan grande como y amplia hacía arriba como un pequeño palacio, el hecho de saberme encerrada y sin saber si voy a poder salir me estaba poniendo muy nervisosa. Tanto que estuve a punto de gritarle a las mujeres dentro de la jaula que murieran de una buena vez. Pero me contuve. Finalmente, Necross me hizo una seña para seguir avanzando, y tratando de respirar profundo para calmarme seguí sus pasos.

Encontramos otro pasillo, enmarcado de la misma manera. Esta vez Necross me indicó que fuera yo por delante, pues la luz se iba perdiendo con forme se adentraba en la cueva. El pasillo estaba estaba conectado a dos puertas. Una, sobre la pared derecha, era una gruesa puerta y elegante puerta de madera. Se notaba pesada y aunque ambos, Necross y yo nos recargamos en ésta para abrirla, la puerta no cedió. Quizás eso era mejor. La otra puerta, estaba caída y rota. y se conectaba con una habitación cuyos olores diferían enormemente con lo que había percibido hasta ahora.

La luz del hongo llegaba débil a esta habitación, pero aun era capaz de proyectar algunas sombras extrañas contras la pared. A diferencia de la bóveda donde estaba el hongo, esta habitación se notaba tremendamente civilizada. Todas las paredes, aunque sucias, eran de piedra lisa y tallada. Había cazuelas rotas y una pequeña chimenea. También se encontraban en la habitación un par de enormes estantes y un entramado raido para la carne. Parecía que en buenos tiempos, aquella habitación fuera usada como cocina y comedor, pues también había una mesa grande de madera con un acabado tosco y pesado y varias sillas de madera rotas y tiradas por todos lados.

La habitación a su vez tenía dos puertas, una en la pared que daba al oeste y una más al sur. Al menos un poco de esperanza. El ver una construcción de ese modo, me daba a entender de que en algún momento, hubo gente habitando o viviendo ahí, así que sin duda, debía haber alguna forma de entrar o salir pues no podía ser que la entrada fuera por dónde nosotros habíamos caído. Le hice una seña a Necross y seguimos andando dentro de la habitación.

La cruzamos sin mirar mucho, y es que en realidad, no había nada que pareciera que nos sería de utilidad. Fuimos a la habitación que se conectaba al oeste, pues al sur la luz del hongo ya era casi nula y aunque en la nueva habitación la luz era también muy escaza todavía podía distinguirse un poco. La puerta también se encontraba tirada; aunque ésta mostraba signos de haber sido arrancada de sus goznes. Mostraba rasguños y golpes por todos lados; como si algo o “algunos” desde fuera quisieran entra con súbita violencia. El hombre del parché se percató de esto también y cruzando miradas, como si de una plática en un leguaje secreto se tratara, estuvimos de acuerdo que habían sido hechas por aquellas criaturas blanquecinas. Entramos a la habitación.

Las paredes igualmente eran de piedra lisa tallada y colocada a modo de ladrillos. En las paredes, todavía colgaban algunos estandartes y alguna repisa quedaba más o menos útil. Había un par de enormes roperos y muchas mantas de lana de buena calidad. Las paredes y el suelo estaban manchados con sangre, pero el lodo mitigaba el olor nauseabundo de la muerte.

En el suelo, algunas estatuas y figuras de piedra rotas. Quizás, bustos o representaciones de algún Dios. Ropa tirada y ensangrentada. Los armarios abiertos y medio destrozados evidenciaban la lucha que hubo en el lugar. Parecía una celda, o una habitación muy precaria. Esta misma, estaba igualmente conectada con dos puertas. Una al sur y otra al oeste.  
 
Daba igual cual eligiéramos, ambas estaban sumidas ya en la oscuridad. Seguimos al oeste. Igual que la anterior, la puerta de esta habitación estaba arrancada de sus goznes y tirada en el suelo. Mostraba signos inequívocos de una pelea. Rasguños, y golpes por todas partes. Dentro, la oscuridad era ya total. La luz del hongo ya no llegaba hasta éste punto y me tomó un momento acostumbrarme. Aun así, no pude distinguir mayormente nada. Concentrándome un poco, logre hacer que el rubí en frente brillara un poco, al menos lo suficiente para distinguir siluetas en la habitación.

Caminamos dentro con cautela, tal y como le habíamos venido haciendo hasta ahora. En parte, para no generar ruido y no ser descubiertos, y en parte, para escuchar si algo o alguien se movía detrás o en derredor nuestro. La habitación nos recibió con un golpe de frío. Como si con la oscuridad se anidara aquella sensación de baja temperatura. La humedad era más tangible y respirable. El olor a sangre y muerte se mezclaba haciendo una atmósfera densa. Y en la oscuridad, el sonido rítmico de una pesada respiración.

Nos detuvimos de súbito, esperando ser atacados en cualquier momento. Pero no pasó. La respiración conservó su ritmo tranquilo y su posición. Apreté los dientes. Mis latidos comenzaron a hacerse rápidos y nerviosos. Por la frente, sentí el inicio de un intermitente goteo frio, y mis uñas se clavaron en mi palma por la fuerza con la apreté el cuchillo.  

Me adentré sopesando cada paso. Con la tenue luz de mi rubí iluminando apenas un par de metros delante de mí. Apunté en la dirección desde la que venía el ruido de la respiración cada vez más nítida frente a mí. Cuando lo vi quedé petrificada. Tumbado sobre el suelo, la blanca figura de una de esas malditas criaturas. Estaba durmiendo, con la boca encostrada de sangre y rodeando con los brazos el cuerpo desnudo y mutilado de una mujer muerta.

La escena era escalofriante y desconcertante. La criatura, al parecer, se había llevado a aquella mujer, mientras aun tenía vida a aquel lugar privado. Sin duda, se había alimentado con su carne, pero el cadáver de la mujer tenía las ingles amoratadas, el cuello mordido y sangraba de los pechos. Era como si antes del festín, aquella horrible criatura hubiera violado a la mujer hasta la muerte para luego alimentarse de su carne. Un frio espasmo recorrió mi cuerpo desde la espina hasta los pies y a la punta de la cabeza. Todo el cabello se puso en puntas. Volví la mirada lacrimosa hacía Necross quien parecía haber entendido lo mismo que yo de aquella escena. Luego, con una mirada me señaló la criatura, no hacía falta nada más.

Avancé con todo el sigilo que pude sacar de mi ansiedad y nervios. Me incliné sobre la criatura sopesando el temblor de mi cuerpo con mi necesidad de matarlo. Por un momento me vi inútil e impotente. Tenía tanto temor de fallar que no podía siquiera atreverme a moverme. La criatura se giró hacía mí quedando boca arriba. Me levanté ahogando un grito de miedo y me llevé la mano a la boca golpeándome con el pomo del cuchillo en la nariz. La criatura seguía durmiendo. Necross se había acercado lo suficiente para estar al alcance del monstruo, pero se detuvo al ver que este no se levantó. Con una mirada me invitó de nuevo a ejecutarlo.

Volví a inclinarme sobre él. Aguanté la respiración y levante el brazo izquierdo. Volví a quedar paralizada de miedo. Todo me afectaba, la oscuridad, las habitaciones cerradas, el olor a podrido y guardado. –Clanck- Hizo sonar Necross el cuchillo contra el suelo. Volví la mirada aterrada ante el sonido; pero el hombre del parche sólo me regresó un gesto firme mirando a la bestia, amenazando con volver a hacer sonar el cuchillo.

Negué con lágrimas en los ojos, casi suplicando que no lo hiciera. Por alguna razón, no podía moverme. –Clanck- La bestia se movió. Apretó la boca, trago saliva y su respiración se alteró. Con toda la fuerza que pude convocar bajé la hoja del cuchillo contra su cuello, atravesando con la punta la carne hasta el suelo. La bestia abrió los ojos retorciéndose de dolor. Abrió la boca para exhalar un grito, pero sólo pudo sacar borbotones de sangre. Bajo su cabeza, comenzaba a hacerse un espeso charco. Saqué la hoja del cuchillo y lo apuñalé de nuevo en la cabeza. La criatura dejó de moverse. Y yo rompí en lágrimas.

Necross me dejó desahogarme un momento antes de ponerme la mano sobre el hombro. Nada se oía en la lejanía. Era casi seguro que nadie hubiera escuchado. El hombre del parche pasó por encima de los cuerpo u se acercó al rostro desfigurado de la mujer. Tenía los ojos abiertos en una expresión de dolor y sufrimiento. Con la mano humana le cerró los ojos. Luego se levantó y ocn un gesto me indicó que hiciera lo mismo. Terminamos de revisar la habitación; ésta, igual que las anteriores tenía otras dos puertas, una al oeste y una al sur.

La puerta que se encontraba la oeste estaba atrancada. Era una puerta maciza de madera gruesa con exquisitos tallados con motivos religiosos opacados por las innumerables marcas de uñas y golpes. Sin duda, la puerta era tan sólida que aquellas bestias no pudieron tirarla, o quizás, es no que había motivo para hacerlo. Sea cual fuere el caso, nosotros tampoco pudimos moverla, así que decepcionados, caminamos a la puerta sur.

La puerta sur estaba abierta y aquellas criaturas no tuvieron necesidad de atacarla pues estaba abierta de par en par. Era mucho menos elegante que las demás y dentro la oscuridad era total.

Nuevamente fui por delante, esta vez con más cautela que antes. Luego de ver a aquel monstruo en la habitación pasada, me esperaba cualquier cosa ahora. Pero mi sorpresa fue grande al notar que aquella puerta no guiaba a una habitación, sino a un pasillo, y que al mirar hacia atrás, en dirección al este, se podía ver un poco de la luz del hongo proyectarse por las puertas de la cocina y la primera habitación respectivamente. Es decir, el pasillo estaba conectado a las tres habitaciones anteriores.

La pared larga del pasillo, que era la que quedaba frente a las puertas de las habitaciones, estaba elegantemente adornada por frescos con motivos religiosos; relieves tallados en la piedra y pequeños altares con imágenes de mármol. Así mismo, por toda la pared corrían varias líneas talladas en una escritura antigua, que describían lo que supuse serían pasajes mitológicos por las imágenes que se referenciaban. Era como ver una gran tapiz que narraba de inicio a fin alguna leyenda de un Dios.

Sin duda, todo esto hubiera sido sobrecogedor y hermoso de presenciar bajo la luz correcta, y en limpieza. Pero ahora, con las incontables manchas de sangre, el barro y la decadencia del lugar, así como el horrible olor a muerte y el perpetuo lamento lejano de aquellas mujeres en la jaula, aquel hermoso mural con múltiples estilos era un espectáculo horrendo y escalofriante.

El pasillo se abría paso igualmente al este, y terminaba abruptamente. A al norte, el pasillo igualmente que con las habitaciones anteriores, también se conectaba a la habitación que antes no pudiéramos abrir. De este lado, también tenía una puerta cerrada, pero la misma parecía mucho menos sólida. Aunque también mucho menos dañada. El que no estuviera dañada no era necesariamente malo, sino que por el contrario, podría ser mejor, pues una puerta en buen estado es más fácil de abrir que una que ha sido movida de sus goznes o que se ha dañado el cerrojo.

Empujamos la puerta recargando un poco nuestro peso, y ésta cedió un poco con un crujido seco. Desde el dintel cayó un pequeño alud de polvo. Nos retiramos expectantes de que el eco hubiera llamado la atención de alguna de aquellas criaturas. Cuando sentimos que hubimos esperado lo suficiente, volvimos a empujar. La puerta esta vez no se movió. Por el contorno de la puerta quedaba un hueco lo sufrientemente ancho como para pasar el filo de mi daga. Así lo hice, deslizando de abajo hacia arriba hasta que sonó un leve “clic” metálico. Era el seguro. Empujé con un poco de fuerza deslizando de nuevo el cuchillo hacía arriba, levantando el seguro por el otro lado de la puerta; un par de centímetros después la puerta  cedió hacia dentro bajo nuestro peso.

Fue como un golpe. Una mezcla de olores podridos se esparció de inmediato en el aire, llenando aquel pasillo, aturdiéndonos de golpe. Olía a mierda, sudor y comida descompuesta. Así mismo olía a una humedad podrida, agua descompuesta humo, almizcle e incienso de muchos aromas aderezado con el penetrante y reinante olor a cadáver. Mis ojos lagrimaron y casi puedo jurar que los de Necross también lo hicieron. Se disipó el humo. -¡PUTA la…! -ahogue en un grito. Necross no lo vio de primera mano, por eso él reaccionó a mi reacción; sin embargo, yo me vi de frente contra una silueta humana que se recortó cuando la polvareda se disipaba.

Salté hacía atrás, más por instinto que pensándolo. Choqué contra la pared a mi espalda y al dar el paso sentí de nuevo una fuerte punzada en la pierna herida que me hizo trastabillar. Necross sin estar bien seguro de lo que pasaba se adelantó y se colocó delante de mí con la daga en alto, pero el cuerpo agazapado, como un gato, para no estorbar la poca luz que manaba mi rubí. La habitación se despejó por completo y ante el humano apareció la silueta cadavérica de un hombre, sentado en posición erguida, ataviado con una gastada indumentaria religiosa.

La piel seca aun estaba pegada a sus huesos. Se estado de descomposición era difícil de determinar. La ropa, parecía haber estado años en uso y sin embargo, el cuerpo parecía haber muerto hacía unos meses. Ya se le habían secado los ojos, pero su cabello todavía estaba la mayor parte en su cabeza. Los gusanos anidaban en su boca, cuencas oculares orejas y seguramente en cualquier otro orificio. Vomité un poco en mi boca y lo volví a tragar amargamente.

La recamara era tan grande como las demás pero esta parecía ser una habitación privada. Quizás aquella momia era el líder o el sacerdote mayor de aquel  grupo. En derredor el cuarto era el único que poseía una colchón mullido de buena altura. Sabanas elegantes, un amplió guarda ropa, una estantería con libros, un escritorio enorme y una escribanía.

Sobre el escritorio, había varios libros, entre ellos un tomo un par de pastas de cuero delgadas y sin coser a las que por seguro, se le iban agregando más hojas. Junto a la escribanía, y todavía con la pluma encima, una hoja de papiro amarillenta y carcomida de las orillas. La hoja tenía lo que parecía la última entrada en el diario de aquel cadáver. Sin hacer mucho caso a las indicaciones del hombre del parche. Encendí una pequeña lámpara de aceite que estaba sobre el escritorio y recogiendo las últimas hojas de debajo de las pastas de cuero, esto es algo de lo que alcancé a leer.


Encontramos una seta brillosa. Pensamos que era un mensaje. Habíamos vagado sin rumbo para encontrar una misión, y ahora se nos presenta esto. ¡Es una señal!

La construcción va de maravilla. El rio natural que corre por la cueva nos ayuda a llevar las piedras hasta el fondo de nave principal. Los artesanos están haciendo unas tallas exquisitas en la roca.

El vitral, justo delante de la luz fluorescente baña de forma magnífica la nave principal; hoy oficiaremos nuestra primera ceremonia de gracias.

Cavamos demasiado hondo. Más allá del horno y de las catacumbas. Nos pareció un buen lugar para continuar el anexo; pero la tierra se hundió bajo nuestros pies. Debimos habernos detenido ahí. Era una señal de nuestro señor Luminaris. Debimos haber hecho caso.

Despertamos el mal que habita en estas montañas. Ellos vivían bajo tierra; lejos de nosotros. Pero fuimos muy codiciosos. Encontramos oro en la veta de la cueva que llevaba al anexo. Y mientras más bajábamos, más había. Era tanto que lo podíamos recoger con las manos y se veía por todas partes. Seguimos cavando, pero la retribución fue alta. El precio a pagar por la avaricia fue el mayor.

Las bestias se llevaron a Eomer y  Romul; fueron los primeros. Se aposentado en las catacumbas y por el momento están encerrados. Sopesamos la manera de echar abajo la construcción y sellar la cueva.

Salieron de las catacumbas y asesinado no sé a cuantos. ¡Ay! ¡Si hubiéramos sido cautos!

Han matado a casi todos los acólitos. Yo llevó tres días encerrado en mi celda. Tras la puerta escucho los gritos de los jóvenes suplicarme que abra la puerta. No puedo, tengo miedo. Arderé en el infierno por mis pecados.

Están junto. Los escucho olisquear el aire. Han masacrado a todos. Lo oí todo. La sangre de los jóvenes está en mis manos.

Los hombres de fuera han llegado, he oído como arrastraban a la congregación caverna dentro. No puede ni repetir lo que le hicieron a esas mujeres.
Sus gritos me aterrorizaran para siempre.

Los hombres de fuera han tirado la entrada. Sellaron a las bestias aquí dentro. Bien por ellos, ahora soy el único que queda.

Ha pasado un mes. Ya no me quedan provisiones. Aquellas criaturas demoniacas no han podido entrar. Tengo hambre. No aguantaré mucho más. Elevo mis plegarias a Luminaris para que se apiade de las almas de sus buenos hombres.

Llevo tres días sin comer o beber agua limpia. Sólo he bebido mi propia orina. Esas criaturas estuvieron rascando mi puerta otra vez.

…Estoy cansado…


Junto al diario, había un dibujo de lo que parecía ser un mapa de aquel lugar. Al parecer, era o había sido un templo.

Spoiler:

Al ver el mapa, Necross y yo de inmediato reconocimos la hilera de tres habitaciones que habíamos cruzado, así como el lugar donde estaba el hongo luminoso y la celda; y hasta reconocimos el lugar por el que habíamos caído a la cueva. Al parecer, justo al norte de nosotros estaba la salida de aquella cueva. Sólo tendríamos que regresar sobre nuestros pasos hacía el lugar donde se bifurcaba el camino y abrir la puerta que estaba cerrada. Luego sólo sería cuestión de cavar nuestro camino hacía fuera, pues desalentadoramente, el diario decía que los hombres de fuera habían tirado y sellado la entrada a la cueva.

Pero, ¿Cómo podía aquel hombre estar seguro de eso, si no había salido de su celda?  Sólo había una manera de averiguarlo. Pero antes, debíamos abrir esa maldita puerta.
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Khiryn

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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Necross Belmont el Jue Dic 01, 2016 1:04 am

Buscamos en la habitación cualquier cosa que pudiera servir, no había nada más que papeles y libros. El seco cadáver tenía una llave colgando de su podrido cuello, supongo que con esa misma fue que cerró las puertas al encerrarse. Pretendía tomarla, pero me sentía incómodo al pensar siquiera en acercar la mano.

El cadáver sentado y seco me hacía pensar, pensar en que a pesar de todas las cosas que he hecho, que me han pasado, morir de una manera tan dolorosa y lenta debía ser terrible. Claro, parecía preferible eso a ser devorado por los monstruos pálidos, pero… ¿realmente lo era? Me acerque a la hörige para junto a ella leer las últimas palabras del cadáver seco. - Si tan solo le hubiese rezado a Elthias.- Después de leer, Khiryn me pregunto qué había dicho pues hable en voz baja, le dije que no importaba en realidad; los muertos no toman consejo.

Sabíamos los que debíamos hacer, ni siquiera fue necesario intercambiar palabras; pero antes de hacer cualquier cosa los oídos de la felina advirtieron peligro, eran varios los seres que se acercaban, las pisadas rápidas y ansiosas hacían eco por todo el lugar. Con la mano apunte a un rincón y casi que empuje a Khiryn hacia el, clave el mandoble en el piso, y acto seguido rasgue los ropajes del cadáver seco usando la cuchilla de Khiryn, y con la tela me agache junto a la hörige. No teníamos tiempo para escapar sin hacer ruido, no había un lugar donde realmente pudiéramos pasar desapercibidos, por ello ocultarnos con el olor a muerto impregnado en la tela fue lo único en lo que pude pensar, deje el mandoble pues con el me sería difícil pasar desapercibido.

El cadáver seco quedo en el piso, nosotros nos ocultamos justo a tiempo, pues desde donde estábamos pude ver como las piernas blancas y desnudas de las criaturas entraban en la habitación. Olisqueaban el aire con fuerza, se movían de lado a lado buscando, no podía contar bien cuantos eran, pero por el número de pies que alcanzaba a ver diría que eran más de cinco. Khiryn estaba en el rincón, apoyando la espalda en una de las paredes seguramente, yo estaba a su lado, con las rodillas pegadas al cuerpo, menos mal que no soy tan alto…

Algunas de las criaturas se quedaron mirando el mandoble, quizás perdidos en el reflejo de su hoja, quizás estaban buscando mi olor; otros alrededor del cadáver seco, se agachaban para olerlo, incluso algunos comenzaron a golpearlo. Pero la gran mayoría se reunió alrededor del fuego, la lámpara de aceite que Khiryn había encendido los atraía como polillas. Y hasta ese momento no había ningún problema, incluso creí que pronto las criaturas se irían ya que el camuflaje fue perfecto, pero estoy seguro que si hay uno o más dioses, estos tienen algo contra mí.

Cerca del pubis comencé a sentir algo, algo se movía, por un momento asumí que se trataba de Khiryn, pero de inmediato descarte aquella idea. Levante la mirada buscando respuesta y sobre la tela en mi cabeza vi un par de puntos moverse, la tela tenia gusanos. Apreté los dientes, baje la cabeza y respire con angustia, era extremadamente incomodo sentir como el maldito se movía entre mis pelotas, era aún más asqueroso pensar en que era un gusano del cadáver, incluso me asuste al imaginar que podría morderme, o meterse dentro de mí.  Intente no moverme, ni respirar mas fuerte, pero tenía la cara tan apretada que era difícil  buscar paz; termine escondiendo el rostro entre el cuello y la cara de Khiryn; putos dioses, si realmente existían harían que las criaturas se fueran antes de que el gusano continuara moviéndose.

Después de que descubrieron como tomar la lámpara sin quemarse, las criaturas se fueron, no solo se llevaron la lámpara sino que también al cadáver seco, arrastrándolo por el piso. Cuando por fin sentí que ya estaban lejos, me puse rápidamente de pie, metí el brazo derecho entre mis pantalones, y saque al condenado gusano de entre mis pelos. -‘Ijolaperra…- Le dije al punto blanco que tenía atrapado con el dedo índice y el pulgar, al sacar al gusano me arranque algunos pelos también, así que ahora estaba con un peor humor.  Lance al gusano al piso para después pisarlo con la suela de mi bota, todo esto antes de ir por el mandoble y colgarlo a mi espalda: -Salgamos de aquí…- Comenté con fastidio.

El siguiente paso sería ir a buscar la famosa puerta descrita en el texto del cadáver seco. Mientras avanzábamos su imagen permanentemente se mantenía en mi cabeza. ¿Podría ser que nosotros  podríamos morir como él? Solos, asustados, sin saber cuándo pasaría. Nos teníamos el uno al otro pero aun así, las desventajas eran demasiado grandes como para obviarlas, esta vez no podría valerme por mi mismo para encontrar la salida. Tendría que confiar en ella, ella quien me daba la espalda pues sus ojos eran mejores que los míos, ella quien alguna vez bajo hasta el infierno conmigo. Ella, quien hace unas horas intentó matarme.

Mi mejor alternativa ahora era confiar en Khiryn para salir de aquí… aunque, quizás podría confiarle a otro ser esta tarea, y desligarme completamente de la hörige, salvando solo mi vida.

Regresamos nuestros pasos con la misma calma y lentitud anterior, quizás con un poco más de calma, ahora estábamos siendo buscados. Mientras cruzábamos por las destruidas habitaciones comencé a mover la muñeca derecha, en la cual portaba la cuchilla de Khiryn, un par de huesos tronaron y ambos nos detuvimos de inmediato; no pasó nada. El leve ruido de nuestras pisadas al avanzar me molestaba terriblemente, el constante movimiento de la tierra y el sonido que causaba era un dolor penetrante en mi cabeza. Pero no, era más que eso, era el olor a podrido, a mierda; el sentirme aprisionado en una oscuridad casi absoluta. El estar rodeado de enemigos no es algo que te permita mantener la calma. Pero pensándolo bien, aquello no era nada comparado con lo que debieron sentir las mujeres encerradas, ¿cuánto tiempo llevaban aquí? ¿Cuánto tiempo podría aguantar Khiryn si es atrapada? Esa pregunta no era para mí pues… de seguro aquellas criaturas no me querrían entre las mujeres.

Seguimos cruzando las habitaciones, y fue en ese momento cuando sostuve la navaja de Khiryn con los dientes, necesitaba ambas manos libres. Me lleve ambas hasta la cabeza, sobre la nuca, y comencé a atar un poco el pelo donde lo tenía más largo. La pequeña trenza la corte con el cuchillo de Khiryn, y a esta le toque el hombro para detener su avance. -Yo soy Necross, y seguiré siendo el mismo hasta el día que muera nuevamente; espero no llegue pronto.- Reí. Puse la pequeña trenza en su única mano, me fue difícil pero no imposible buscarla en la oscuridad.

Estaba asustado, y si este pequeño ritual nos trajo suerte la última vez que nos vimos en una situación así, le rezaba a cualquier dios que quisiera escuchar para que nos ayudara nuevamente.

Llegamos a la famosa puerta pero nada hicimos, me quede mirándola por varios segundo, no sabía qué hacer. Miré a la hörige, sin preguntarle nada, solo la veía mientras buscaba como abrir la endemoniada puerta. Seguía pensando en que con la fuerza de Dracul podría fácilmente derrumbarla y escapar, pero así también dejaría a Khiryn atrás, o incluso peor, volvería a atacarla.  Le pedí que me ayudara una vez más para intentar forzar la cerradura, a mover la puerta e intentar botarla, fue en vano. -Oye… ¿recuerdas que el cadáver tenía una llave en el collar?- Le dije en un susurro antes de suspirar con desesperación. Debíamos salir pronto, pero las cosas no se nos hacían más fáciles.



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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Khiryn el Miér Feb 08, 2017 1:48 am

VII

“Pero los blancos se habían llevado el cuerpo y la lámpara de aceite con ellos. Buscar la llave por el suelo era casi tan infructífero como ir a quitarles el cadáver a las malditas bestias.” –Pensé mientras, conmovida, miraba la ofrenda de Necross en mi mano. Casi con vergüenza confirmé que yo no tenía nada que poderle ofrecer en ese momento.

Me metí al pequeña trenza entre la ropas. –Estoy segura que hay otra forma. Según recuerdo, el mapa muestra otro camino. Una especie de conducto por donde pasa la luz. Por acá, vamos. –dije susurrando mientras adelantaba el paso hacía donde se encontraba el hogo de luz.

Me moví con cuidado palpando la pared a mi izquierda. Según el mapa, parecía haber una apertura en la pared por donde se colaba la luz a la cámara principal. La misma que se encontraba detrás de la puerta que no podíamos abrir. Odiaba tener que regresar sobre mis pasos y seguir el camino de las criaturas albinas, pero por el momento no encontraba otra forma, y mis pies temblorosos, deseaban aun menos permanecer en ese maldito lugar.

-¡Ahí! –Dije con cierta excitación. Justo sobre nuestras cabezas, a unos cuatro metros sobre la pared se abría un hueco pronunciado por donde se colaba la luz del hongo en dirección al salón principal. –Si he entendido bien el mapa, por ahí se debe poder llegar al salón principal; aun si no, vale la pena investigarlo.

-… y… ¿Cómo piensas que subiremos?
–Vas a tener que levantarme en los hombros. Yo subo y miro si hay peligro del otro lado. Trataré de ver si la puerta abre desde el otro lado; en todo caso deberás esperar por mí. ¿Puedes confiar en que no te dejaré aquí, Necross?

El humano arrugó el rostro en un gesto pensativo. Era probable que no pudiera confiar del todo, o quizás era que le molestaba el tener que separarnos. Hasta podría pensar que se preocupaba por lo que pudiera encontrar del otro lado. Luego de pensarlo un momento y sopesar las opciones, Necross aceptó. Puso una rodilla contra el suelo y tomo mi mano con la suya. De un ágil movimiento salté a sus hombros y guardé el equilibrio mientras él se erguía.

Con todo y la altura de ambos, el hueco en la pared quedaba un poco alto. –necesito que te afirmes bien. Voy a saltar. Apreté su mano con la mía para que me soltara. Sus manos se posaron firmes en mis piernas, afirmándome con fuerza. De inmediato, moví la cola y las orejas. Un poderoso sentimiento de incomidad me hizo estremecer. Podía sentir la mirada de Necross, sus ojos, como lanzas se clavaban en mi carne. ¿Me estás mirando el culo? -¡Cállate y sube de una vez! Nos van a oír. volví la mirada hacía abajo. El hombre no parecía avergonzado y no desvió la mirada. –¡Me estás viendo el culo! –Ciertamente. Dijo, sin ninguna pena. “Ciertamente.” Repasé esa palabra en la mente. ¿Por qué no dijo simplemente sí? El hombre minorizaba su atrevimiento con una palabra elegante. ¡Salta de una vez, coño que pesas como una vaca! Apoyé la mano contra la pared conservando el equilibrio mientras la desplazaba hacia arriba. Enterré las uñas en entre los ladrillos tirando un poco de polvo de mortero al suelo y aferrándome lo mejor que pude, doblé las rodillas. Necross apretó el cuerpo y apoyó los brazos contra la pared.

Me desdoblé como un resorte al momento que Necross daba un pequeño salto de puntas. Moví rápido la mano hacia arriba y me tumbé de bruces en el hueco, dejando colgadas las piernas fuera de éste. Enterré las uñas en el barro y con los pies busqué la manera de impulsarme hacia delante. Batallé un momento en subir, pues con una sola mano me era demasiado complicado poder jalarme. Finalmente, subí la piernas y quedé dentro del hueco en la pared. Giré el cuerpo y asomé la cabeza hacía donde estaba Necross. El hombre veía hacía arriba esperando. Le hice un gesto de que estaba bien. Volvía girar el cuerpo y miré el espacio donde me encontraba.

Era un espacio de alrededor de 80 centímetros de ancho por dos de largo con forma ovoide. Aunque el suelo se encontraba lleno de barro. Hacia el extremo se ensanchaba y ampliaba de tal forma que era posible pararse y caminar.

Avancé hacía el final del pequeño espacio aun repasando el “ciertamente en la boca.” Miré por el agujero en el otro extremo. Me agaché dejando pasar la mayor cantidad de luz posible. Era una bóveda muy amplia. Tan así, que al extremo la oscuridad era total. La parte iluminada, se mostraba como una amplio salón. Con el techo muy alto. Al nivel del piso, el rumor de un par de pequeños riachuelos rompía con la monotonía del silencio. La luz, caía oblicua sobre el muro del lado derecho y delineaba con su frialdad lo que en el pasado debieron ser poderosos pilares tallados.

Evidentemente, el hueco quedaba elevado con respecto al suelo. Aun más que del lado opuesto de la pared, así que el salto hacia abajo era una caída de alrededor de cinco metros. “Si saltara ahora, posiblemente no pueda regresar por aquí.” ¿Y… Si no puedo abrir la puerta? -pensé.

Regresé sobre mis pasos y salte del agujero a un lado de Necross quien, cuchillo en mano, esperaba impaciente.

–Vamos a tener que cambiar de plan.
-¿Es que no se puede abrir?
–No lo sé.
–¿Cómo que no lo sabes?-Dijo, notablemente molesto.
–Del otro lado hay que saltar al suelo. La distancia es mayor que para subir de este lado. Temí llegar al piso, ir a la puerta y no poder abrirla, y luego, no poder regresar. Necross se puso pensativo de nuevo.
–y… ¿Qué propones?
–Te subiré como me has subido a mí. Y cuando estés arriba, tú me subirás. Del otro lado saltaremos los dos al suelo. Dije mientras me quitaba la capa y se la tendía.
– ¿Estas loca? ¿Crees que podrás aguantarme?
–Ciertamente –dije, como chupando la palabra antes de escupirla.

Necross tomó mi capa y se la enrolló en el cuello. Yo me agaché de espaldas a él apoyando mi brazo contra la pared. Me puso un pie en la espalda y lo quitó de inmediato. –Debe haber otra forma. Se notaba profundamente incómodo con la situación.

–¿Te sentirías menos incómodo si yo fuera Legato?
–Ciertamente. –Dijo, como siguiendo un extraño juego para sudar un poco la tensión.
–Pues tu problema es que me miras como a una mujer. Soy un soldado, maldita sea, y puedo cargar con tu peso 3 veces si fuera necesario. Así que vete a la mierda. Cuando salga de aquí voy a matar a Legato, sólo para que veas que tus ideas son estúpidas.
Necross se sorprendió de inicio, luego me dio una de esas sonrisas idiotas suyas y me palmeó la cabeza como si fuera una escuincla. –Ya, ya. Está bien. Pero nada de matar a Legato que no me cae tan mal. Ahora, ¡Inclínate!
–Vete a la mierda.

Me volví de espaldas de nuevo y me agaché. Necross subió un pie en mi espalda y con un rápido movimiento, más veloz de lo que hubiera pensado, dio un paso y puso su otro pie en mi hombro izquierdo. Luego puso el derecho sobre mi otro hombro y se mantuvo recto haciendo equilibrio apoyado en la pared. Su lado izquierdo era notablemente más pesado que el derecho, y con la pierna aun adolorida era difícil levantarlo de modo parejo y firme. Él, de inmediato sintió el esfuerzo que debía yo hacer y balanceó su peso para nivelarlo mejor. –puedo cargar tu peso tres veces… pfff -Dijo, haciendo una pésima imitación de mi voz para fastidiarme. –¡Vete a la xuxa!* –Dije al momento en que haciendo acopio de todas mis fuerzas, me levanté violentamente del suelo. Haciendo saltar a Necross de mis hombros, quien, afortunadamente, respondió con gran velocidad llevando su cuerpo hacía arriba y metiéndose de un jalón por el agujero en la pared.

Un momento después asomó su cara con esa mueca estúpida de victoria y dejó caer la parte baja de la capa que un momento antes le había dado. Apenas pude darle un giro flojo alrededor de mi muñeca y la sujeté con fuerza enterrando las uñas en la tela. El hombre desde arriba tomó la capa con ambas manos.
-¿Lista?
Apoyé la pierna derecha en la pared. –Ciertamente.

Dio un fuerte tirón desde el otro lado y al momento, me jalé tanto con el brazo izquierdo como me empuje con la pierna sobre la pared. Necross soltó la capa y me sujetó por el brazo llevándome hacia sí mientras el mismo se metía en el hueco. Puso su mano en mis nalgas y me empujo hacía dentro. Dejando finalmente, la otra habitación detrás de nosotros.

–¡Me agarraste el culo!
–Ciertamente.
–¡Pero qué descaro! ¡No era necesario!
–¿Te sentirías menos incomoda si fueras Legato. O quizás sí deba tratarte como a una mujer y no como a un soldado, después de todo.
El maldito sonreía y yo me tuve que tragar mis palabras. –Ya vámonos de aquí.

Descendimos con cuidado y sólo ya en el piso, pude notar los cientos de pequeños fragmentos de vidrio rotos en el suelo. El hueco en la pared había sido un vitral. La visión de aquel espectáculo iluminado en el esta cueva oscura debió haber sido, sin duda sobrecogedor. Ni siquiera nos preocupamos en tratar de abrir la puerta y caminado en paralelo pero separados, nos desplazamos por el suelo mojado y baldosas rotas hacía la oscuridad.



Off:
Xuxa, (Chucha, Xucha.) vete a la / ándate a la: es una frase de uso común y popular entre la gente humilde de las villas en todo Valashia. Se usa para mandar al carajo/ a la chingada/ a la mierda a alguien sin ser específicamente grosero.
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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Necross Belmont el Mar Feb 28, 2017 12:13 pm

De espaldas, contra la sucia, vieja, y mohosa pared, me quedé pensando. Khiryn acababa de subir la pared para investigar el otro lado, con suerte podría abrir la puerta. Este período de soledad servía para reflexionar, ¿Qué mejor momento que este? Cuando en cualquier instante se podían aparecer esos bastardos rastreros para comerme. En realidad, creo desperdiciaría el momento, si me pongo a pensar me llenaría la cabeza de cosas que ahora mismo no necesitaba, lo único que haría sería preocuparme por Khiryn, por su seguridad detrás de la puerta.

Era curioso, la misma mujer que hace poco fastidiaba con su trasero, solo hace un par de horas buscaba matarme. Supongo es normal, o por lo menos así era la amistad entre soldados… -Diablos, ya me puse a pensar.- Me dije en voz alta. La vi asomar el rostro desde la abertura,  mentiras, solo veía la luz reflejada en su rubí rojizo. No había manera de abrir la puerta, o por lo menos, con la opción de  Khiryn la posibilidad de abrir la puerta ya no importaría.   Y como ya nada importaba, ni cuenta me di cuando estuvimos del otro lado.

Caminamos hacia adelante, no había otra ruta que seguir. Junto a la hörige pero lejos de ella avanzaba con cuidado, pero por mucho cuidado que tuve no podía evitar tropezar contra las rocas del piso, la oscuridad era absoluta y el rubí de Khiryn poco iluminaba.  Y no era broma, no lograba ver más allá de mis manos, e incluso verlas se me hacía difícil. Comencé a caminar más lento para que Khiryn se adelantara, así por lo menos algo del camino podría ver.

Hay algo que siempre tengo en mi mente, algo en lo que no estoy constantemente pensando claro; y es que todos somos víctimas de la humillación, desde el más grande rey, hasta el más pobre de los aldeanos, todos caemos bajo la burla del mundo. Por supuesto yo no era la excepción. Y quizás fue una piedra, quizás fue una rata, quizás algo o alguien intentó atraparme la pierna, sea lo que fuese, algún ente extraño me hizo tropezar, de cara al frente. -Por la reputa…- Desde el piso le extendí la palma abierta a la chica del rubí, pues ella de inmediato se volteó pensando que el peligro acechaba.

Pero al verme allí, botado y mojado, su rostro preocupado y alerta cambio a uno más tranquilo, uno burlesco, al mismo tiempo divertido. -Quítate la sonrisa de la cara y ayúdame a pararme.- Khiryn me extendió su única mano, y haciendo su cuerpo hacia atrás me impulsó, sentía la sonrisa burlesca en su rostro.
De la habitación no podía ver mucho, pero desde la oscuridad la forma de los pilares que la sostenían se aparecían ante mis ojos descubiertos. Levanté el brazo izquierdo y comencé a abrir y cerrar la palma, a los pocos segundos destellos de electricidad comenzaron a nacer de entre mis dedos. El sonido que hacia no era en extremo fuerte, pero no me podía permitir antes usarlo, ahora estaba en parte seguro de que estábamos a salvo, pues solo se escuchaba el sonido del riachuelo correr bajo nosotros. -No pasa nada, soy solo yo.- No la podía ver con claridad, solo veía un punto rojo en la oscuridad, pero de seguro el destello repentino, y el sonido de latido –porque cada chispazo sonaba como un corazón latiendo- pudieron asustar a mi compañera de batallas.

Me quede mirando los pilares, sus grabados parecían ser religiosos, pero no lograba entenderlos del todo, pues un conocedor de la religión no soy. Al voltear logre ver varios bancos repartidos en la habitación, así también, flotando sobre el agua, varios cadáveres hinchados. -Oye Khi, ¿la carta hablaba de Luminaris no?- Vi a la mujer asentir en uno de los destellos, mientras yo me daba cuenta que quizás era primera vez que la trataba con tanta… cercanía. Solo a Mary Ann la trataba sin formalidad, y eso ya es decir mucho, pues de alguna manera siempre nos tratamos como socios.

Por donde bajamos había una especie de altar, hasta ese momento no me había dado cuenta, pero al acercarme vi varios objetos esparcidos en desorden. Un par de joyas, candelabros, papeles con oraciones a Luminaris, y velas derretidas. La chica del rubí se paró a mi lado para inspeccionar la mesa, después de darle una mirada me dijo que me fijara en el rio, que quizás habíamos encontrado nuestra salida.

Le pedí que me guiara, pues aunque fue momentáneo, el uso de la magia ya me tenía cansado, además no quería hacer ruido de más. Con la mano derecha sobre el hombro de Khiryn caminamos siguiendo el riachuelo, y mientras avanzábamos veíamos con dificultad las estatuas que supongo eran la representación de Luminaris. Las estatuas me sorprendieron, pues siempre imagine a Luminaris como un hombre, pero las figuras de piedra mostraban a una mujer arrodillada, con un velo en la cabeza, rezando hacia el cielo.


En algún lado escuche que si bien Elthias era el dios de la muerte, era Luminaris quien daba cobijo y paz, pero claro, yo no tenía idea si aquello era verdad. Al ver las figuras muchos pensamientos llegaron a mi mente, al sentir a Khiryn con el tacto, el recuerdo del pasado me llego con fuerza. Yo había muerto, cause muertes inocentes –al parecer- e incluso intente matar a quien era la guardiana de mi más fiel compañero, y a ella también. Me detuve de súbito, apretando inconscientemente el hombro de la hörige. Mi respiración era agitada, tenía que hacerlo por la boca, mi corazón latía con fuerza, con desespero… yo no pedí nada de esto, nunca quise volver, no fue idea mía tener al engendro dentro de mi alma…

Por el peso de mis propios demonios y recuerdos caí de rodillas sobre el riachuelo. La oscuridad absoluta me hacía recordar con dificultad los segundos después de haber muerto, lo único que recuerdo claramente era la oscuridad. -Yo no quería, yo de verdad no quería… no quería volver, no quería una segunda oportunidad…- Ya para ese momento estaba aferrado de las piernas de Khiryn, como un niño desconsolado. -Lo siento… de verdad lo siento mucho…- No estaba llorando, pero si la voz se me trababa, me temblaban las manos, sudaba como nunca antes, incluso el pecho me dolía. Había muchas cosas que me estaba guardando, y en pocos segundos salieron todas, al mismo tiempo. No era yo, no me reconocía como a mí mismo, pues usualmente soy un genio al momento de ocultar lo que siento, pero es que ahora era demasiado, realmente demasiado.

A la distancia, y detrás de la pared por la cual se colaba el riachuelo, escuché  el distintivo y poderoso aullido de un lobo solitario…


Última edición por Necross Belmont el Mar Abr 04, 2017 1:39 pm, editado 1 vez



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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Khiryn el Mar Abr 04, 2017 12:30 am

VIII


¿Qué hace una cuándo un héroe se desmorona a tus pies? ¿Qué haces cuando un soldado es rendido por sus propios pecados? ¿Qué haces cuando los fantasmas regresan, y te acechan en la oscuridad? Los puedes ver. Los puedes oír reír a tus espaldas, los puedes sentir, con sus manos frías y huesudas jalarte al suelo por los hombros. Sí, tenía la intención de matar a ese hombre. Tenía la intención de hacerlo pagar por el mal que había despertado en sí mismo. Tenía la intención de someterlo, pero ya no. Fue mi error.

Y en ese momento me di cuenta que no era yo su juez y verdugo, sino él mismo.

Sí fuera un poco más humana y empática lo hubiera consolado ahí mismo. ¡Juro que quería hacerlo! ¡Juro que tenía ganas de arrodillarme frente a él y abrazarlo! Quería sujetarlo con fuerza, aunque fuera con un único brazo y atraerlo a mí. Y llorar. Y que él llorara. Quería al menos, que sintiera un poco de calidez y consolarlo como una madre consuela a un niño. Como una hermana consuela a su hermano, como una mujer consuela a un hombre. Un remolino de sensaciones poderosas se anidaron en mis hombros y pude, por un momento sentir el peso lapidario de su propia carga, y me sentí abatida. No podía ni imaginar con certeza lo que aquel hombre, mi amigo y compañero de armas estaba sintiendo. Ya no quería matarlo, quería inclinarme hacía él y tomarle el rostro y besarle la frente, y si fuera un poco más humana le hubiera dicho que todo estaría bien. Que yo le ayudaría, que podía contar conmigo, pero no pude.

Miles de alfileres se clavaron en mi pecho. Yo no esperaba esto. Menos de Necross. Pero debí saberlo y me sentí terrible al pensar que, nunca se me ocurrió antes lo que aquel hombre debía estar pasando. Yo lo conocí, y le admiré. Lo quise como amigo y le di mi confianza y juntos, antes, nos confiamos la vida. Hicimos una fogata en el bosque y compartimos historias. Bebimos y nos embriagamos y juntos salimos delante de un terrible infierno. ¡Qué egoísta de mi parte no pensar en que aquel hombre ahora mismo estaba sufriendo! Y yo, llamándole a la muerte. Una muerte que caería de mi propia mano. Si de verdad hubiera sido la mitad de la amiga que pensaba que fui, habría buscado a ese hombre para ayudarlo. Le habría dado tiempo de explicar y quizás habría cargado la mitad de la lápida que cargaba sobre sus hombros.

Y ahora que lo tengo aferrado a mí, temblando como un niño y que yo pienso todo esto no soy mejor que antes; pues igualmente soy incapaz de brindarlo un poco de confort. No como yo quisiera. No como quizás este hombre merece de mí, y en cambio le exigí explicaciones, y yo no merezco nada de él.

Pero el corazón se me ha destrozado. Y pronto no son sus temblores los que siento en mi cuerpo, sino los propios. Dejo caer mi cuchillo al suelo y poco me importa si el ruido despierta a las bestias albinas en la oscuridad. Y estoy llorando ahora. Por él, porque siento su dolor. Porque despierto del letargo y me doy cuenta que en verdad, he sido una basura. Lloro por mí. Porque soy incapaz de la humanidad que requiere este hombre. Este amigo que tiembla junto a mí. Lloro porque quiero que vuelva el tiempo, y evitar que muera, y evitar que tenga que llevar esta carga. Lloro por que recuerdo a foxhound y recuerdo que no sólo le falle al lobo, sino al hombre que me lo confió. Lloro porque soy débil. Lloro porque quiero, aunque sea con lágrimas, decirle a este hombre que también tengo una losa sobre mis hombros y que yo también lo siento mucho. Por qué quiero que sienta que siento su dolor, que conozco su dolor y que soy capaz de, aunque sea regando lágrimas, de compartirlo con él, y de descargarlo un poco. Lloro porque me voy humanizando y mi cuerpo está tibio y tembloroso.

Lloro porque me hacía falta llorar y porque no hay un mejor momento que este y que éste hombre es la persona correcta para hacerlo en este momento. Y por un momento tengo paz, y si muero ahora moriría en paz.

Y mi mano callosa aprieta la cabeza de Necross contra mi cuerpo, y con ternura le acaricio el cabello, y ya estoy inclinada sobre él. Y tomo su rostro con mi mano y puedo ver sus hermosos ojos, tímidos y brillantes, profundos y tristes, y los míos deben estar llenos de lágrimas y quizás igual de tristes. Y como ya soy humana, le beso la frente. y me desvanezco frente a él y ya estamos los dos de rodillas, con el agua del riachuelo empapándonos las piernas. Y con mi mano lo atraigo hacía mí. Y me gusta abrazarlo. Lo abrazo fuerte, como dos viejos amigos que se reencuentran luego de mucho tiempo. Y su corazón late en mi pecho. Y recargo la cabeza contra su hombro. Y sus hombros tiemblan, y están cálidos, y cansados de cargar tanto peso. Y como lloro porque soy humana y mujer y amiga le digo que todo está bien. Que todo estará bien. Y que saldremos de esta, y que en el futuro, quizás, pondré más esfuerzo en ser mejor amiga y que no tiene que cargar solo.

Y le digo que siento su pena, y que siento no haberlo entendido antes. y le pido perdón.

Y el lobo aulló con fuerza detrás de las rocas. Me aparté de Necross con la cara hinchada de lágrimas y avergonzada de lo sucedido. Me tomó un momento actuar como si nada. Como si lo hubiera planeado y evitando su mirada me pongo de pie.

–¿Lo oiste? ¡Es foxhound! ¡Está detrás de las rocas! ¡Vamos!

Cogí el cuchillo y me puse de pie deprisa sacándome el rostro con el dorso de la mano. Lo envainé en un acto casi automático y me puse a rascar y oler entre las rocas derrumbadas que cerraban la salida. Algunas rodaban hacía el suelo. Las más pesadas permanecían. Un hilo de luz se abrió paso a través de las rocas. Era la salida. Ahora, sólo bastaba saber cómo quitaríamos esas rocas y saldríamos de la cueva.
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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Necross Belmont el Lun Abr 10, 2017 7:11 pm

Es difícil darte cuenta de lo que existe a tu alrededor cuando estas concentrado en una sola cosa, es peor aun cuando la oscuridad es tal, que no te permite ver más allá de tu mano. Así me sentía, como un perro en la lluvia, mojado, perdido, sin la capacidad de volver al hogar pues el agua se llevó todo olor conocido… Pero mientras me ahogaba en las penas sentía una compañía conocida, una figura blanquecina que se apareció de pronto en la oscuridad, su tacto cálido al comienzo me hizo entender que no estaba solo, no allí. Sus caricias en mi cabeza me hicieron sentir un cariño maternal que nunca pude conocer, me sentía… seguro; de pronto el infierno no era tan terrible.


Inesperado para mí fue cuando sentí un beso en la frente, y una mano apretar mi mejilla, vi un par de poderosos ojos amarillos. Poderosos, pero al mismo tiempo tristes, lagrimosos. Un rubí rojo como la sangre  apareció entre aquellos ojos afilados. Sus ojos llorosos dieron paso a la figura completa de la chica del rubí, me consolaba, pedía perdón, hablaba de cuidarnos la espalda, como alguna vez lo hicimos. Y me sentía… me sentía bien. Mi corazón herido se sentía tibio. Y mientras me sumergía en el desprecio por mí  mismo, por mi existencia, no me di cuenta que a pesar de todo, de todos los años que pasaron, de todo el martirio que ella debió sufrir, que aunque intento matarme ella estaba allí, apoyándome. Pero no podía reaccionar, no podía devolverle el gesto, estaba sorprendido…

Y bien podría confundir aquella calidez en mi corazón con un sentimiento más grande por la chica del rubí, pero ambos sabíamos que no era así, era la amistad entre soldados, la camaradería al enfrentar la muerte todos los días, la vida de los supervivientes. Es por eso mismo que no me sorprendió cuando avergonzada se puso de pie, y corrió hacia las rocas que tapaban la entrada. El lobo nos llamaba, pues nos quería fuera de la cueva. Al verla correr y alejarse solo sonreí, con la misma paz que antaño lo hiciera, cuando nos despedimos en el bosque.

Me puse de pie mientras ella rasguñaba las piedras, la oía hacerlo. Me quite el mandoble de la espalda y por un segundo me quede mirando su hoja, vi mi reflejo. Corrí con determinación hacia la pared de rocas, y clave la punta del mandoble en la pequeña abertura que ella había creado, la mire, y asentí; no necesitábamos decirnos nada. Saldríamos de la cueva, y no había cosa en el mundo que pudiera evitarlo.

Hice presión usando el mandoble para mover una piedra grande y pesada, pero aquello no sería suficiente si queríamos salir. La chica del rubí tenía una idea, usar la magia de sus dagas para crear una explosión y así quitar las rocas. -Bueno… si no funciona quedaremos enterrados bajos las rocas, supongo que de cualquier manera servirá.- Y creo que lo último que ella necesitaba eran mis idioteces, pues de inmediato quitó las manos de sus dagas y me encaró -¡No escucho que tengas una mejor idea!- Volví a reír, para luego agregar un alegre… -Ciertamente… no la tengo. La sigo capitana.-

De seguro el ruido causado por la eminente explosión alertaría a los bichos que habitaban la cueva, pero de eso nos preocuparíamos después, un paso a la vez. La hörige clavó su cuchilla entre las rocas, y yo hice lo mismo con la que me había prestado. No entendía –ni esperaba hacerlo- como funcionaba el poder de las cuchillas, pero si pensé que con una habilidad así en el mandoble podría conseguir muchas cosas… quizás más adelante le pregunte por aquellos secretos.

La explosión causó que las rocas se levantaran y despejaran un camino, pero lamentablemente nuestra vía de escape seguía tapada, pues debíamos mover algunas rocas para poder salir. Aun así, por algunas aberturas entre las piedras podíamos ver el lado opuesto de la cueva; un bosque oscuro, seguro ya estaba anocheciendo.

Desde lo más profundo de la cueva oímos un grito al unísono, mil gargantas se escucharon gritar detrás de nosotros, las criaturas pálidas lograron escucharnos, y por supuesto esperaba que pronto aparecieran. Solo una mirada entre nosotros fue suficiente para darnos a entender que debíamos apresurarnos. Usando el mandoble como palanca levantaba las piedras, Khiryn como podía sostenía su peso, y yo finalmente las quitaba. Logramos crear un pequeño túnel entre las piedras, para alivio de ambos, pues a la distancia, y detrás de la puerta cerrada, podíamos oír los rasguños de las criaturas intentando cruzar.

Ella cruzo primero, y mientras lo hacía me quede cuidando la entrada del túnel, viendo por última vez el interior de la cueva; también necesitaba que Khiryn avanzara un poco, pues yo necesitaba espacio para cruzar con el mandoble en la mano, no podría hacerlo si lo mantenía en la espalda.  Al meterme al agujero lo primero que vi por supuesto fue la silueta de Khiryn, veía mal pues mis ojos aún no se acostumbraban a  la luz natural de la luna afuera. Vi su pie herido, una herida causada por mí, un pie quemado y untado con barro, sentí pena; pero al levantar la mirada…

Comencé a reír, como un niño pequeño, primero conteniendo la risa para luego simplemente dejarla salir. Lo hacía mientras nos arrastrábamos, mientras escapábamos de la cueva. La chica del rubí de inmediato me preguntó que me hacía tanta gracia. Pero yo no podía contestarle pues seguía riendo, pero mientras seguía avanzando con dificultad por el túnel intenté responderle. -Es que… tienes el culo súper grande.- Ni yo podía entender porque aquello me causaba tanta gracia, pero lo hacía, y yo disfrutaba  el reír con tanta fuerza; quizás para ella mi risa fue un fastidio, pues con una sola mano empujaba la última roca que nos separaba del bosque.

Pero la risa se me fue tan rápido como llegó, pues al salir, vi que la chica del rubí levantaba su único brazo en señal de rendición. -Jajaja… por la re puta…- Jake y el resto de los soldados de Shading nos tenían rodeados. Legato, Morgan, el niño trasgo (sin su mascota) y la mula de las chicas eran sus rehenes. Seguramente escucharon el ruido de la explosión reciente, quizás encontraron a nuestros compañeros guiados por el niño trasgo, ¿Por qué quien mejor que él para dar con la salida del hoyo donde estábamos? Lancé el mandoble fuera del agujero por el que me arrastraba y luego intenté salir de este con las manos arriba. Pretendí  explicarle a mi antiguo alumno sobre la situación en la que estábamos, que o escapábamos o conteníamos a las criaturas que pronto llegarían, por su puesto él no me creía nada.  

Gracias a Elthias los gritos de las criaturas en el interior de la cueva ayudaron a armar nuestro argumento. Le pedí a Jake unirnos para cerrar la cueva,  el agujero que hicimos con Khiryn era angosto y pequeño, pero al otro lado de la cueva había un hoyo gigante, uno que esos bichos pálidos fácilmente podrían escalar. Khiryn ayudó bastante, pues habló sobre las mujeres en el interior que estaban atrapadas, Legato se unió hablando sobre la caballerosidad de los soldados de Shading, y los héroes que podrían ser si ayudaban a las damiselas en problemas.  Pero antes de que el soldado pudiera hacer algo las criaturas comenzaron a brotar como insectos del túnel por el que junto a Khiryn escapamos.

De a una iban saliendo, y pronto nos lograrían superar en números, no había duda de aquello. Tomé el mandoble y junto a los soldados de Shading comencé a luchar, solo una mirada a Legato basto para que este huyera del  caos con Khiryn, su amiga, el niño trasgo, y la mula.  Entre cortes, ataques, cadáveres que caían, y sangre desparramada, mi voz dando órdenes de a poco se fue desvaneciendo, no me iba a quedar para luchar junto a las personas que querían matarme, si queríamos escapar, este sería el momento para hacerlo. Ayudé a Khiryn a subir a la mula cuando los encontré, y procedimos a escondernos en el bosque.

-Necross, ¿iremos al campamento?- Preguntó Legato, desconfiado, pues se notaba en su mirada enjuiciadora hacia la chica del rubí. -Ciertamente.- Respondí, mientras me posicionaba al final de la carrera.



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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Khiryn el Miér Abr 19, 2017 6:48 am

IX

Me hubiera llevado la mano izquierda al rostro si hubiera tenido la derecha para apoyarme contra el piso. Solamente pude suspirar molesta y volver la mirada al frente. Pero en realidad no estaba molesta, y negando con la cabeza sonreí de ver que Necross, al menos durante un momento, había vuelto a ser el idiota que sabía que era.

Para ese momento ya tenía mis dos cuchillos conmigo, ambos enfundados, cosa que como sabría poco después, resultaría apropiado. Iba con las orejas dobladas hacia atrás, tratando de recoger en el aire el sonido de las pisadas de los albinos acercarse a nosotros. Pero el ruido de la risa de Necross y mis sonrisas sordas me desconcentraban, y desconcentrada me cacharon. Apenas salí de la cueva me arrepentí de ser crédula, ingenua y confiada. Justo frente a mí la punta de un virote descansando diabólicamente sobre una ballesta. Jake y sus hombres nos habían dado alcance; pero lo peor no era que nos hubieran encontrado a nosotros, sino que tenían a Morgan, al chico semi trasgo y al malnacido del amigo de Necross, el que tenía el cabello de un color gracioso, para ser un tipo. Levanté la mano y miré a la cueva avergozada.

Si hubiera sido por mí, habría desenfundado a pesar de las nulas posibilidades de evadir el virote y me hubiera dispuesto a atacar. Si hubiera sido por Necross, confiaría en que me ayudara, o al menos, yo ayudarle a salir de la cueva sin problemas, a costa de mi vida. De hecho, algo similar acababa de prometerle. Sin embargo, Morgan era inocente, y por ella es que me vi obligada a rendirme. Si hubiera llevado el cuchillo en la mano, habría tenido que tirarlo al suelo, cosa que afortunadamente, no tuve que hacer.

Necross salió tan desconcertado como yo, y de inmediato se rindió. Tampoco era un héroe todopoderoso; así que, en realidad y dada la situación, tampoco esperé que él actuara de modo diferente, aunque ciertamente hubiera estado preparada si es que él atacaba. Yo quedé muda, devastada. Apenas salíamos de una mierda y ya teníamos la nariz en una más apestosa. Y si hubiera estado en el lugar de Jake, tampoco creería el absurdo cuento que Necross parecía estar inventando de repente; pero las pruebas no se hicieron esperar y pronto la terribles pisadas y los más aun terribles gemidos y rugidos de las horribles criaturas albinas se hicieron presentes.

El cielo tenía ese tinte de cobalto e índigo entremezclado, como pinceladas fuertes y agresivas en un lienzo ensombrecido. El claro frente al hueco de la cueva no era extenso en realidad. Tenía alrededor de unos diez metros de radio y en el lado opuesto a la cueva se podía distinguir el rastro de un viejo camino; uno que se veía tenía mucho tiempo abandonado. Al lado del claro se levantaba hierva rebelde y más allá el bosque se tornaba denso y oscuro. Los árboles comenzaban a tener esa apariencia siniestra que les brinda la noche y las aves nocturnas comenzaban a cantar. Los sonidos del bosque se tornaban lentamente más vivos con las llamadas de insectos, ranas y las ligeras pisadas de los roedores sobre las hojas secas. Cerca, al norte, la cordillera raspaba las nubes con sus picos nevados.

El viejo camino llamaba mi atención, quizás llevaría a una villa cercana. Sin duda, sería el lugar por el que peregrinaran aquellos fervientes que adoraban al Dios de esta cueva.

Los albinos salieron como cucarachas de un hoyo. El primero fue abatido por el virote que me apuntara a mí en primer lugar, y cuando se acabaron las municiones, no hubo más que defenderse cuerpo a cuerpo. Necross hizo un además a Legato que yo misma entendí, y mientras la pelea alcanzaba el furor, Legato, Morgan y yo nos escurríamos en silencio por el bosque.

Necross nos alcanzó al poco tiempo, y justo llegó aceleramos la marcha. Del destino de Jake y sus hombres, ya se encargaría Luminaris.

–Así que; ¿Tienes un campamento? ¿Ésta cerca de aquí? Pregunté finalmente luego de un rato de silencio. Aun tenía vívido el recuerdo de la cueva y aunque no me había molestado en insinuar si quiera el regresar a combatir a las bestias albinas, me preocupaba el final que hubiera encontrado Jake y sus hombres, así como el cruel destino que correrían aquellas mujeres si acaso los humanos no hubieran sido capaces de salir bien parados de aquel mal.

-¿Sabes que tendremos que volver a la cueva, no es cierto Necross? Es decir… esas mujeres… Mis palabras rebotaron en los árboles y casi no pude distinguir mi propia voz. No había ninguna determinación en voz, como si hubiera hablado sólo por hablar sin en verdad tener intención alguna de regresar alguna vez. Volví a quedar callada mientras la noche se iba comiendo el poco de luz que aun regaba el bosque.

Pronto la noche se hizo densa y las sombras lo cubrían todo. El cielo abierto mostraba el filo de la luna azul, como la hoja de un sable hiriendo la oscuridad, y derramando un delgado brote de luz que era apenas visible bajo la espesura de los árboles. No había caminos en derredor y el viento de la montaña rasgaba la piel con helada caricia. Si bien no había rastro ni sonidos de soldados detrás de nosotros, no era apropiado arriesgarse a encender un fuego, por mucho que fuera necesario. Tuvimos que conformarnos con apretarnos contra las capas y evitar la corriente directa.

–Debemos encontrar un lugar que podamos defender y detenernos. No podemos seguir a ciegas en la noche. Dije, y Morgan suspiró aliviada, como si llevara un largo rato pensando lo mismo sin atreverse a soltar palabra alguna.  Necross y Legato afirmaron sin decir gran cosa; y aunque ambos parecían más determinados a continuar, se notaba que ambos estaban bastante cansados.

Nos apoyamos bajo una saliente rocosa. La ladera de la montaña estaba sobre nosotros y el bosque de frente. No era un refugio decente, pero al menos las rocas obstruían la corriente y no podrían rodearnos en caso de que los humanos, o los albinos nos alcanzaran. Además, teníamos una posición levemente alzada sobre el suelo, así que al menos, Morgan podría descargar con facilidad sobre un enemigo, si acaso llegara uno.

No encendimos fuego, y fue Legato quien se ofreció a realizar la primer guardia. No confiaba en él, pero sí en Necross. Ahora lo hacía. Descargamos el resto de provisiones de la mula. Un poco de carne seca, algunos frutos y una bota de agua y otra de vino. El vino fue, sobre todo el más popular, su agradable sensación de calor en el interior de los cuerpos era un bálsamo para curar el frío del ambiente. Compartimos la comida y el vino se terminó antes que nadie se dispusiera  a dormir. Finalmente, creo que fui yo quien cayó primero, por fin rendida de todo. Rendida de cansancio, de peleas, de sangre, de caminar, de llorar y rendida de las miradas de las mujeres en la cueva. Tenía tantas sensaciones en el cuerpo, tan recientes que me nublaba; temblaba tanto de frío como de recuerdos, y el aire helado parecía amarrar todas esas sensaciones contra mi piel Me sentía como desnuda en cuerpo y alma; todo esto había sido muy intenso, y en el recuento, pegada contra el cuerpo de la mula echada, me desvanecí en silencio.


Off: Khiryn se queda dormida pues.

saludos.
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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Necross Belmont el Jue Mayo 11, 2017 5:41 am

-Necross…-

-¿Si?-

-Tu amiga mencionó unas mujeres…-

Si bien Legato se había ofrecido a hacer guardia, mis problemas de sueño me imposibilitaban el dormir, según las cuentas que saque habré dormido media hora, antes de despertar abruptamente. -¿Tienes sueño? Puedo contarte mañana.- El chico de cabello purpura negó con la cabeza, mientras me sentaba a su lado, y esperó por la maravillosa historia de cómo un humano y una hörige, a pesar de todas las adversidades, lograron escapar de una cueva sellada.

Realmente no le metí tantas maravillas al cuento, intenté ser lo más directo posible, el joven Legato debía estar cansado, y no quería mantenerlo despierto aun cuando él decía que no importaba. -Entonces le agarraste el trasero, viejo pillo.- Reí con lo ingenioso que era el bandido. Terminé la historia después de varios minutos de conversación, la noche se había vuelto mucho más oscura.-Necross… ¿Volveremos por las mujeres?- Con un suspiro ya tenía la cabeza baja, negué una vez, y antes de que Legato pidiera explicación alguna me apresure en responder. -No podríamos movilizar una fuerza lo suficientemente grande para hacerles frente a esas bestias sin que nos descubran en el camino. Alguien se dará cuenta de que existen y buscaran su origen, la entrada quedo abierta… Realmente, lo único que quiero es volver al campamento lo antes posible, me da más miedo que nos encuentren esas criaturas que los soldados de Shading.-

Legato supo entender, y más pronto que tarde se despidió y se fue a dormir. Por mi parte me quedé solo mirando a la nada, con ambos ojos mirando un punto sin importancia en la oscuridad, -Ya no queda vino.- Quizás era para mejor, llevaba bastante tiempo aguantando las ganas de quedar inconsciente por la bebida, esta noche era yo, y la oscuridad; ambos vigilando en busca de problemas.


Desperté… dormido, aunque parezca extraño, para la madrugada el frio viento de la mañana me helo los huesos de tal forma que me despertó, no sé en qué momento me dormí. Habíamos perdido varias horas, por mi parte planeaba simplemente descansar un momento y volver al camino, pero me alegraba que la gente pudiera descansar, han sido días largos y complicados. Que durante la noche no se apareciera nadie solo me hacía pensar que las bestias acabaron con las fuerzas de Shading.

Me repasé los ojos con las manos un par de veces para despertar completamente, luego fui a despertar a la gente, con la voz ronca que provocaba el frio de la mañana en mí. El viaje de regreso seria sencillo, esperaba; evitaríamos las ciudades, dormiríamos escondidos durante la noche, si nos quedábamos sin provisiones Legato y Morgan deberían ir por más en caso de tener un pueblo cerca, si no, cazaríamos nuestra comida. Sin caballos el camino seria largo y agotador, pero era la manera más efectiva de pasar desapercibidos, no habrían caminos conocidos para nosotros.

-Oye Necross, ¿el niño irá con nosotros? Hasta ese momento había olvidado completamente al niño trasgo, tenía ganas de dejarlo allí, pero había algo en mí que me lo imposibilitaba. Sin responderle a Legato, le grité al niño: -Oye esperpento.- Confundido el niño de piel extraña se volteó, miró de lado a lado, y finalmente se concentró en mí. -¿Tienes donde ir?- El joven niño pensó por unos segundos, hizo un par de caras raras, y finalmente negó con la cabeza.

Definitivamente no podría dejarlo solo, es raro asumir una posición moral cuando había desechado anteriormente la idea de salvar a las mujeres atrapadas en la cueva. Pero el niño estaba frente a mí, ayudando a recoger las cosas cuando nadie se lo pidió, a él sí podría salvarlo. -Bien, vendrás con nosotros. Ayuda a la niña a levantar las cosas. No, no… ella es Khiryn. Eso, ella.- Legato me pregunto si era prudente ayudar al peculiar mocoso, sus deformaciones eran más que extrañas. Era feo, aun para estándares de trasgos. -El niño puede entrenar trasgos, o por lo menos tranquilizarlos. Creo que con entrenamiento podría aprender bastante, y sernos útil.-

Sin nada más que decir, cuando estuvimos listos y todo estaba preparado, partimos sin siquiera desayunar.

El cielo tenía ese tono entre azul y celeste que siempre se aparece antes de que salga el sol, el frio del alba helaba los huesos, sentía que mi brazo de acero se rompería en cualquier momento, las conexiones de metal en mi carne dolían cuando hacía mucho frio, y esta mañana no era excepción. El cuerpo dolía, la fuerza mental estaba agotada,  pero aun así seguíamos adelante, no teníamos otra opción.

Nunca se los deje claro, pero a Khiryn y su compañera las trataba como soldados, en especial a esta última. En su condición la hörige no podía hacer mucho, ella era la única que viajaba sobre la mula; sabía que no le gustaba ser una carga, y que querría ayudar con cualquier cosa que pudiera, no me oponía a ello, pero tenía que entender que no podíamos retrasarnos. A la joven Morgan le explique que tendría que trabajar el doble, por ella y por Khiryn, puesto que todos nosotros tendríamos una tarea hasta que llegáramos al campamento. La joven lo supo entender, quizás a regañadientes, no lo sabía en realidad, pero veía en su rostro que la joven no confiaba en mí.

El viaje fue ameno y tranquilo, sin inconvenientes. Lo primero que compró Legato cuando le ordené entrar a un pueblo junto a Morgan fue una bota de vino, la cual, durante esa noche, desapareció tan rápido como había aparecido. Esa fue la primera noche en la que el niño trasgo se había embriagado, y también  fue la primera noche en que todos reímos de buena gana, pues entre sus palabras sueltas y mal dichas, su constante intento por mantenerse de pie resultaba divertido.

Cuando cruzamos la frontera con Valashia, y entramos a Dalkia, fue cuando más precaución le pusimos a nuestro avance. Y teníamos que avanzar con cautela pues los Dalkianos son en extremo racistas, bastaría con que vieran los rasgos felinos de Khiryn, las deformaciones del niño, e incluso mi descendencia Deseh, para que empezaran los problemas, pues casi todos en Shading somos morenos. Suerte para nosotros nadie tuvo inconvenientes, incluso para regresar a Maletta use la misma ruta que recorrí cuando me separé de Amethist, aunque esta vez tardamos menos, pues ya sabía por dónde podía cruzar, por donde sería más rápido, y por donde habría menos gente.

El entrar a Maletta fue como una bocanada de aire fresco, un respiro de tranquilidad, aquí podíamos estar más tranquilos, solo tendríamos que evitar problemas hasta que llegáramos al bosque donde se escondían los alas negras. Al llegar a la entrada del bosque le pedí a Khiryn, Morgan, y al niño que entraran silbando, pues de otra manera terminarían llenos de flechas, era una regla que impusimos desde que llegamos, aunque estuviera yo con ellos si no estábamos silbando nos atacarían, meras precauciones.

Cuando llegamos al claro, donde estaban todas las tiendas de los soldados, lo primero que hice darle ordenes  de Legato, pues aunque estábamos en el campamento, aún existía el peligro de que nos estuvieran siguiendo. -Busca a un equipo y que hagan una inspección en la zona, quizás y espero no sea así, podría ser que los Shadeshianos nos estuvieran siguiendo.- Le pedí a Khiryn y a su amiga que me esperaran en la tienda donde se hacían las reuniones, la más grande de todas,  y a uno de los soldados que pasaba le pedí que fuera a buscar a Nadine. Mientras le hablaba al niño trasgo sobre los lobos que teníamos, vi que mi pequeña a la distancia, y a toda velocidad, corría hacia mí. La pequeña divium de un salto llegó a mis brazos, estaba cansado, los pies me estaban matando, y de seguro olía a mil demonios, pero aun así, Nadine se enrosco en mi cuello y me hizo mil preguntas.

- Vater: wer ist er?-

-Es un amigo bodoque. Vamos, que quiero presentarte a alguien.-

Y con la niña en brazos, di media vuelta, y caminé hasta la tienda de reuniones, donde a Khiryn le presentaría a mi hija.



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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Khiryn el Vie Mayo 19, 2017 12:54 am

X

Entrar silbando en el bosque fue una sensación extrañamente familiar. Los recuerdo de entrar y salir del túmulo cuidándote las espaldas y el fuego amigo me vinieron a la mente como una bocanada de fuego. Todo ese tiempo había sido horrible. Todo. Volví la mirada al muñón de mi brazo derecho y este palpitaba. Sin duda, Necross era un soldado cuchilla. Él también había aprendido a cuidarse las espaldas y el pecho en su propia casa. “Su propia casa.”
Sí, supongo que entre gente como nosotros, el mejor hogar es cualquier lugar donde no te disparen por la espalda.

El camino por el bosque se abría, como un libro secreto ante nosotros. A simple vista, incluso para mí y mis mejores habilidades de rastreo hubiera sido imposible dar con tal camino sin haberlo visto antes. Incluso ahora que me había bajado de la mula y andaba a pie por entre la hierba y hojas me era difícil identificar mis pasos cuando miraba hacia atrás. Esto no lo esperaba de alguien como Necross, sin duda, tenía más habilidades ocultas de las que yo era capaz de predecir. Había elegido bien su casa. Alrededor, el bosque infranqueable ocultaba a la vista su profundidad. La densa espesura de los árboles y matorrales eran paredes y columnas laberínticas que cruzaban y cegaban los esfuerzos por adivinar o establecer un punto de referencia. Los troncos grises y desnudos convivían con la vegetación más verde y tupida. El susurro del viento parecía siniestro y aun así reconfortante. Hasta los duros hombros del hombre del parche parecieron caer de forma relajada mientras avanzábamos. Los pasos de Morgan y los de la mula eran los únicos que resonaban con ecos sordos, mientras que la piel de madera y tierra del bosque nos regresaba el silbido en forma de saludo.

Dimos vuelta junto un grueso encino y de la nada, una muchedumbre de personas yendo y viniendo, tiendas de tela, gente en labores varias, trabajando. Toda una sociedad en rutina, perdidos sin estarlo, viviendo en el bosque.

La visión fue sobrecogedora. Hasta el momento, no tenía idea de lo que pudiera encontrarme en tal lugar. En verdad, esperaba que Necross no estuviera solo, pero esta multitud era casi ridícula. Era incluso más grande que algunas villas campesinas. -¿Quién es toda esta gente? Me quedé paralizada junto con Morgan al ver tal despliegue de personas. Ni siquiera el sonido de las hachas cortando árboles había sido perceptible para mí hasta ese momento, ni los pasos que ahora recibía como fuertes y numerosas pisadas, ni las voces, que ahora eran claras risas y pláticas regulares.

Mujeres de todas edades cosiendo zapatos y camisas. Otras, tallando ropas sobre las piedras y enjuagándolas con agua sacada de cuencos de madera. Algunas más, moviendo con enormes palas el contenido burbujeante de enormes calderos sobre fogatas. Los hombres, parecían hacer tareas más rudas. Talaban, cargaban bultos o comenzaban a apilar troncos. Unos más hacían leña. Y en realidad, a pesar de la bastedad del lugar, nadie parecía perder el tiempo.

Necross se separó rápidamente de nosotras y se dirigió a Legato, junto con otros hombres. Parecía como si diera órdenes. Era impresionante. Sin duda, lo veía como un buen soldado, incluso podría ser un buen capitán o un líder, pero jamás imaginé que pudiera tener bajo su mando una sociedad naciente y organizada, y que aun en su ausencia, ésta no se disipara o se volviera perezosa. Debía tener gente muy cercana o muy agradecida para lograr esto. Por un momento me sentí ridícula de mí.

Yo veía a Necross como un amigo cercano y confiable; alguien a quien estimaba de verdad y de un valor incalculable. Por supuesto, eso en la medida de mi propia escases de amigos. En realidad, es que no tenía a nadie más a quien atesorar, y si los tenía, estos podía contarlos a penas con los dedos de la mano que me quedaba. Pero él. Él por supuesto no. El tenía a toda esta gente. No solo a Legato como yo a Morgan, el contaba con la simpatía de toda una villa, tal como yo veía el campamento. Y sin duda, entre ellos, debió haber quien fuera más apreciado que el resto.

¿Y qué era yo entonces para Necross? Me había sentido especial sin razón y eso me hacía sentir ridícula. ¿Cómo podía pensar así, cómo podía ser especial? Luego de tantos años, luego de pelear, luego de morir. Luego de tratar matarlo. Me reí para adentro de mi propia realidad y sentí cálido el corazón. Por una vez, estaba feliz, aunque no fuera por mí, sino por él. Debe ser bonito este reconocimiento. Esta… lealtad.

Necross se volvió hacía nosotras y nos señaló el lugar en el que deberíamos esperarlo. Supuse que era natural. Sin duda, tendría que llegar a ver a alguien. Anunciar su llegada a alguien. Alguien en particular debería estarlo esperando. Quizás su amante, quizás su esposa… Ahora me sentía un poco más estúpida. Nunca se me ocurrió que Necross pudiera estar con alguien. No era un tema que hubiéramos hablado, y de nuevo, me di cuenta que media las cosas bajo mi propia perspectiva. Las relaciones sentimentales nunca me fueron de importancia. El sexo me satisfacía esa necesidad cuando era irremediable durante la época de celo, y odiaba esa época. Odiaba ese fuego que quema por dentro. Nunca logré una relación por el mero placer y menos por cariño. Yo no me encariñaba y ciertamente yo no despertaba esas sensaciones. Pero él era hombre, y era humano. Él debía ser diferente a mí y común a los suyos, donde lo propio es una mujer, una familia. Un lecho en común.

–Te voy a quitar la venda. Quiero ver como sigue la herida.

Miré a Morgan confundida. Me tomó un momento adivinar de que estaba hablando. Distraida, me senté en una silla y extendí la pierna izquierda. Morgan se agachó frente a mí y comenzó a desenredar el trapo que usaba como vendaje. El joven trasgo miraba en derredor asombrado.

Me recargué en la silla con la mente nublada. Había dedicado mi vida en pensamientos rencorosos y luego a la fría marcialidad de los soldados que había dejado fuera y alejado cualquier pensamiento cálido, como el amor, o la posibilidad de un compañero. Nunca me había interesado profundamente por mi aspecto e incluso, evadía el reflejo de los espejos o del agua cristalina. ¿Si viera mi rostro en un espejo lo reconocería? Mis ojos y mis formas se habían vuelto fríos y ásperos, incluso con quienes estimaba y antes de la cueva, no me había permitido las lágrimas por compasión propia o por empatía. Y de repente, todas esas cosas me golpeaban. Ni siquiera sabría por dónde empezar. ¿Y si alguien tratara de cortejarme sabría reconocerlo? Ni siquiera sabía que le gustaba a los hombres o si alguien podría encontrarme atractiva de verdad. ¿Era mi rostro agradable? ¿Era mi cuerpo deseable? ¿Era mi actitud y trato reconfortante?

–Morgan… ¿Crees que soy bonita?
-¿Qué?
–Nada.

Morgan sonrió de medio lado. Se levantó con buen gesto. –Voy a ir a buscar agua y una venda limpia. No tardo.
–Gracias.

Pero apenas Morgan salía de la tienda escuché que se encontraba con Necross y una voz femenina que no pude reconocer. Entendí que venían a la tienda. Tuve un momento de pánico.
¿¡Y se me presenta a su mujer!? Y yo ¡Así! Sentí vergüenza de mí y de mi propio aspecto. Las reglas sociales no se me daban bien. ¿Cómo la saludaría? ¿Debía estar de pie? ¿Debía darle la mano? ¿Qué debo decir? ¡Claro de que debo estar de pie! ¡Debería estar al menos aseada! ¡Dios huelo como perro mojado! ¡Maldito humano cojo y manco!

Me levanté torpemente y eché la capa sobre mi hombro derecho para cubrir el muñón de mi brazo. Como pude traté de ocultar la herida abierta; supuse que la sangre o las heridas no son algo que alguien respetable quiere ver en otra persona. Traté de alisarme el cabello sin lograrlo. Y traté quitarme el cabello del rostro…
¡Mierda el rubí! ¡El rubí, el rubí!

Estaba temblando torpemente cuando Necross entró en la tienda que hasta tiré la silla de espaldas. Con brusca torpeza traté de levantarla evidenciando mi pánico y sin querer volver la mirada hacía el hombre y quien fuera que estuviera con él. El murmullo de una risita simpática me apuñaló la espalda con mí propia situación ridícula. Me volví totalmente desarmada, lista para el juicio, pero erguida, tratando de conservar el poco de dignidad que me pudiera quedar; pero con lo que me encontré no era para nada lo esperado. Junto a un notablemente feliz Necross se encontraba una criatura delicada y diminuta. Hermosa en facciones y rasgos, con alas como los divums y ésta le tomaba cálidamente la mano, expectante de mí.

¡Pero si es una niña! ¡maldito humano pervertido y cochino! ¿Cómo puede ser? Mi rostro debió haberse descompuesto de tal forma que el Necross convirtió el suyo en una risa malévola. -Khiryn, esta es mi hija Nadine.

¿¡Su hija!?

¡Su hija!

¡Claro, si ya me había hablado de ella! ¿Cómo olviadrlo? Sentí que mi propio gesto se relajaba pero la situación aun era pavorosa para mí. Era incluso aun peor. A una mujer sabría cómo tratarla; bueno, más o menos, pero a una niña, y a una tan linda….

–Hola.

Su voz eran como alegres campanas y su cuerpo no demostraba ningún temor o deconfianza. Su rostro era amable, vestido con una hermosa sonrisa de labios rosados. Su cabello parecía brillar de plata y hasta la humildad de su ropa parecían favorecerla. Como si hubiera nacido elegante. Parecía dócil y tierna, pero con ojos profundamente inquisitivos y curiosos. No amenazantes, pero inteligentes.

–Hola, Na… Nadine! -Dije. Quería decir más, pero la situación me sobrepasaba. Estaba helada. De repente, los ojos de la pequeña brillaron intensamente de asombro, evidenciando la disparidad de color en ellos, lo que le daba un aspecto aun más notable a la pequeña. Su rostro se convirtió en un gesto de asombro sincero; como sólo los niños pueden ser capaces de tener.

–¡Tienes una tiara –diadema- con un enorme rubí! ¿Eres una princesa? ¡Mira vater! ¡Como la princesa de mi cuento…!  

¿Una princesa? Nadie nunca, creo, me habría dicho algo semejante o me hubiera confundido con una princesa. La pesadez del cuerpo se me escurrió como una cascada violenta. Los hombros levantados cayeron y un hermoso sentimiento sobrecogedor se me anidó en el pecho. Era cálido y tierno. Sin evitarlo se me fruncieron los labios y los ojos se me llenaron de lágrimas. Tuve que hacer un esfuerzo terrible para no llorar, pero ya no me importaba parecer ridícula. Estaba feliz. Feliz por esta niña y por Necross que era su padre. Le dediqué una mirada tierna al humano y hasta Morgan parecía asentir la situación. Volví la mirada hacía la pequeña a la que no podía ver ya como una amenaza, sino como la criatura hermosa e inocente que era.

Me arrodillé en el suelo y le tendí la mano. Con la voz temblorosa me dirigí a la pequeña. ¿Quieres ver algo genial? Nadine volvió a ver, como solicitando permiso, aunque el gesto escondía una confiada independencia de su padre. Se notaba que la pequeña disfrutaba dándole su lugar a Necross, quien afirmo con la cabeza. Soltó la mano de Necross y se acercó segura. Le tomé la mano derecha suavemente e hice que la pasara por mi cabeza. –No es una tiara, el rubí lo tengo “pegado” en la cabeza…

La pequeña incrédula usó ahora los dos manos para asegurarse de que no era un truco, incluso trató de jalar el rubí fuera de mí. Luego se separó un momento y con gesto pensativo y concluyente llegó a la afirmación: –Pues mucho mejor, ¡Así nadie podrá quitártelo!
¡Ah! Pero no has visto la mejor parte… Y lentamente comencé a subir la intensidad gradualmente para hacer brillar el Rubí…
-¡Brilla! –Y sus ojos se iluminaron aun más mientras repetía -¡Brilla! Mira Vater… ¡Brilla! ¿Es magia? ¡Es magia verdad! Y luego alejándose un poco y cambiando el rostro con un gesto de orgullo dijo: -¡Yo también puedo hacer magia! ¡Mira esto! Y haciendo un gesto con ambas manos desplegó una pequeña pero violenta llama…

-//-


Ya era de noche y la oscuridad poblaba el bosque. Yo había buscado la manera de asearme y unas buenas mujeres hicieron el favor a mí y a Morgan de prestarnos ropas limpias y abrigadoras. Una de ellas hasta se ofreció a lavar nuestra ropa sucia. Accedí, pues es a veces más grosero rechazar un favor que aceptarlo. “No sé si el bosque le sirva de algo, pero si puede ir a una ciudad, quizás pueda comprar un par de gallinas.” Le dije tendiéndole un par de monedas en la mano. La mujer agradeció sinceramente.

Nos habían preparado una tienda y un baño. Advirtieron que no habría agua caliente para ambas; así que sería mejor bañarse a la usanza del campamento; es decir juntas. Yo sabía que era una práctica común en lugares fríos que varios miembros de una familia o un gremio se bañaran juntos para ahorrar recursos; leña. Pero no espera tener que bañarme con Morgan. Aunque eso era mejor que bañarse con una desconocida; o peor, un hombre.

Fue un momento extraño, mucho más incómodo de lo que habría esperado. Si bien no tenía pudor en mostrar mi cuerpo desnudo y Morgan había sido prostituta; hacerlo entre nosotras ese día parecía algo muy extraño. Si yo no hubiera tenido esos pensamientos antes y no le hubiera preguntado a Morgan si yo le parecía bonita, este momento hubiera pasado como si nada; pero las cosas eran como eran y ambas disimularíamos pudor frente a la otra hasta que el tema pasara.

Nos metimos en la pileta y apenas cabíamos medianamente arrodilladas sin rozarnos. Cada una de espaldas a la otra. Pero el roce fue imposible de evitar con el movimiento natural del cuerpo en el agua. Ambas nos separamos de inmediato, como si un bicho horrible nos hubiera  caído en la cara. El agua brotó por el lado de la pileta y apagó un buen pedazo de carbón. Ambas reímos por la estupidez del momento y lo ridículas que parecíamos en tal situación.

Sin desaparecer el pudor del todo, nos sentimos de momento más cómodas la una con la otra.  Nos bañamos en silencio hasta que Morgan habló. –Khiryn, sabes, creo que sí eres bonita. Pude sentir sin verla como su rostro se ruborizaba, ahora avergonzada. Incluso su cuerpo parecía empezar a temblar. Luego nerviosa siguió: –Es decir, no así, sino… ya sabes. Yo… yo te admiro mucho… tu valor y tu fuerza… sabes… estoy profundamente agradecida contigo… y vamos… creo… es decir… no bonita bonita como los elfos o los diviums, sino… ya sabes… no estás mal…

Su voz era nerviosa y yo misma me comencé a sentir un poco nerviosa. No pude volverme a verla. Lo que siguió fue inesperado. Morgan me rodeo con sus brazos y recargó su cabeza sobre mi espalda; me apretó con fuerza. Podía sentir su pecho firme y cálido palpitar en mi espalda y su rostro recargarse con fuerza. –Yo… ¡te agradezco tanto! Su abrazo no era incómodo, sino extrañamente reconfortante. Luego, de un momento a otro, salió de la pileta y sin bien haberse acabado de vestir, salió de la tienda. El agua se había quedado fría y yo me sumergí hasta la cabeza.

No vi a Necross o a Legato el resto de la tarde. Sin duda había muchas cosas que requerían su atención y al anochecer me fui al límite del calvero, dando la espalda al campamento. Me trepé a una rama baja y clavé los ojos en el pequeño hueco de cielo que me permitían las pobladas copas. Necross vino más tarde con dos tarros de madera. Uno tenía cerveza, según él y el otro una bebida oscura de agradable pero intenso olor. Decía que era café.

–Tienes una hermosa hija, Necross. Deberías estar orgulloso.
Necross afirmó con la cabeza y una sonrisa que nunca antes le había conocido. Parecía el hombre más entero que podía existir y sin embargo, una sombra siempre parecía cruzar sobre su semblante. El hombre tenía miedo. Aunque en ese momento parecía más bien feliz.

–También tienes una buena comunidad aquí. La gente nos ha tratado bien…
El rostro de Necross se oscureció. Se notaba que además de su hija, la responsabilidad de esta gente le pesaba. Como si fuera su deber cuidarles. Abrió la boca en un gesto que me indicaba que estaba a punto de explicarme algo, o de ignorar algo, pero fui más rápida.
–Pero hacen una cerveza horrible. Esto sabe a orines. El humano detuvo en seco su gesto y sonrió de nuevo. No había tenido intención de mortificarlo con preguntas o explicaciones. No luego de verlo feliz con su hija. No ese día luego de tanto y tanto cansancio.
–Sí, bueno; es que son orines. El humano me dedicó una mirada pícara y una sonrisa de complicidad. –Es lo que le damos a los nuevos, como ritual de aceptación. -dijo siguiendo la broma.

Moví el tarro para hacer girar la espuma mientras la miraba atentamente. –Sí, bueno, prefiero esto que tu agua  de calcetín. Y di un gran sorbo, para luego eructar. –Secamos el grano en las botas de los cazadores… Ciertamente. El humano volvió a reir.

Permanecimos en silencio un buen rato. Disfrutado de la placida noche y los sonidos murmurantes del viento y la noche en conjunto con los cada vez más tenues sonidos de la vida del campamento extinguiéndose para dormir.

-¿y qué sigue? Es decir, ¿Qué debería hacer ahora?
–Deberías descansar. A decir verdad, yo también debería hacerlo…
Ambos afirmamos con la cabeza y seguimos un buen rato en silencio.
El humano del parche se miró un momento el brazo izquierdo y su rostro parecía pensativo.  
–Sabes, quiero resarcirme contigo.   –Dijo finalmente con un gesto pensativo y alegre.
–¡Oh! Calla Belmont, que me vas a hacer sentir especial…
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Re: Un fantasma en común.

Mensaje por Necross Belmont el Jue Mayo 25, 2017 2:51 am

No entendí como Khiryn logró subir a una rama, aunque esta estuviera cerca del suelo, cuando perdí el brazo apenas si podía mantener el equilibrio. Los tarros de bebidas se acabaron rápido; como siempre, tardaba más fermentar las bebidas que beberlas. Después de un rato de plática junto a la hörige regresamos al campamento, el día había sido largo, y los viajes no se acabarían pues la oferta que le hice en la cueva seguía en pie.  Pero por ahora descansaríamos, repondríamos energías y sanaríamos las heridas.

Pero contrario a los planes, la noche se extendería, por lo menos un poco más. Al pasar por “el comedor” que teníamos montado, vimos como Legato, Vince, y Nadine, festejaban junto a otros soldados que tocaban instrumentos de cuerda, estaban armando una pequeña fiesta.  No era extraño, mucho menos sorprendente;  casi siempre a la misma hora, cuando la noche se acercaba, a los soldados les daba por festejar, sin tener algo por que festejar realmente.  En más de una ocasión las cuerdas de una guitarra, el redoble de un tambor, o simplemente las voces armónicas de los soldados alegraban la noche; de igual manera, los festejos no duraban mucho, pues al siguiente día las labores debían continuar.

El bandido de cabellos morados tenia sujeta a mi hija de las manos, daban vueltas mientras la música sonaba, cuando Vince nos vio a la distancia –sentado sobre una de las mesas donde la mayoría comíamos- alzó y abrió los brazos a modo de bienvenida, invitándonos para unirnos al jolgorio.  Legato se acercó a nosotros dando entre saltos y lo que suponía eran pasos de baile, a Khiryn le ofreció el brazo arqueado, manteniendo en el rostro una sonrisa de demonio. La chica del rubí se veía reacia, pareciera que sentía más vergüenza que desprecio por la situación. El joven de cabellos purpura  de un movimiento alegre enganchó su brazo con el único que tenía Khiryn, y más pronto que tarde ambos estaban saltando y danzando al ritmo de los instrumentos, mientras la chica del rubí desperdiciaba la poca  cerveza que caía de su jarra por tanto movimiento.

Nadine se acercó a mi sonriente, le pase la jarra a Vince y luego tomé las pequeñas manos de la niña, y ambos empezamos a dar vueltas mientras bailábamos. Saltamos un rato, y sin darme cuenta pase a llevar a la compañera de Khiryn, que había llegado de improvisto. La joven Morgan se disculpó por mi  torpeza, al tiempo que yo le sonreía. Solté las manitos de Nadine y con el brazo estirado le mostré la escena de Khiryn junto a Legato, ellos se habían detenido también, ninguna de ellas pareció entender que incentivaba a la joven a bailar con su compañera Hörige, por ello le arrebaté la jarra de cerveza casi vacía a la chica del rubí, y nuevamente, con un gesto de mi brazo derecho, insté a Morgan a bailar con Khiryn.

Aún tenía cosas que hacer, por ello le dije a Nadine que no se quedara hasta tan tarde, y que se fuera a dormir pronto. Me despedí del resto abandonados y dejándolos festejar un poco más.

Alrededor de una fogata recién encendida me encontré a Mary Ann y varios soldados buscando calor en el fuego, los escuché reír pero no alcance a oír la broma. Me senté al lado de la dama de hierro mientras seguía riendo. -Je Necross, aquí a Rafael le gustó tu amiga.- De inmediato las risas regresaron, yo por supuesto me uní a ellos. -Pues que tengas suerte, a mí que soy su amigo intentó matarme.- Reposábamos la espalda usando los troncos de un árbol que hace tiempo cortamos, este pequeño sector era envidiado y querido por todos, pues era perfecto para descansar después de un día de intenso trabajo. -Y, ¿te iras de nuevo?-

La dama de hierro me conocía mejor que yo mismo, ella leía perfectamente en mi rostro las intenciones que tenía, así que no sacaba nada con ocultárselo.-Si, regresaré al pantano. Quiero llevarme a Nadine para que entrene un poco más con Queelana, si es que sigue allí.- La sonrisa en el rostro de Mary Ann era fastidiosa, pero contagiosa al mismo tiempo. -Está bien, ya. También me llevo a la hörige, hay un herrero que espero pueda recrear mi brazo para ella.- La pelirroja  asintió un par de veces, antes de unirse a la conversación de los demás soldados.

Me despedí de los soldados y estos hicieron lo mismo, debía ir a la tienda más grande del campamento, pues tenía muchos papeles que revisar, y aun más cuentas que sacar; esta gente no estaba aquí porque le gustara dormir a la intemperie. Trabajaban por unas monedas, y aunque no eran muchas, teníamos que repartir las ganancias de los trabajos que hemos hecho. La noche se acababa para los alas negras, ya que pronto todos marcharon a sus tiendas a dormir, para mí se alargaría, pues aunque estaba cansado, había muchas cosas que debía revisar. Mi única compañera seria la vela a medio morir que mantenía la luz.

-//-

Habían pasado tres días, pues fueron los que me tarde en firmar y dejar  listos todos los contratos antes de partir. Pero aquella mañana comenzó con problemas, pues desde mi tienda, y mientras dormía, escuché el bullicio de una pelea a la distancia. De inmediato me levanté, despertando a Nadine de paso. Tomé la bastarda, un nuevo parche de cuero, y  salí a toda velocidad de la tienda, creía que nos estaban atacando. Pero no, solo eran dos soldados que estaban intercambiando puñetazos, un hombre y una mujer.  Mary Ann ya estaba de pie, vestida solo con su traje de piyama, una camisa de lana vieja, y la espada en mano. Ambos nos apresuramos a separar la pelea.

-¿Y a ustedes que mierda les pasa?
-Este p-pedazo de bastardo ¡se comió mi ron!
-¿Estos dos son del equipo de Erk? ¡Tráiganlo ahora mismo!-
-El… el ron estaba a-ahí, ¡los dioses me lo enviaron como… como regalo!-
-¿Acaso el par de imbéciles esta ebrio? ¡Erk! ¡Ven aquí!-

Juntó a Mary Ann regañamos al soldado Erk pues él estaba a cargo de ese escuadrón, y bien sabían que no podíamos permitirnos soldados ebrios por las mañanas, no cuando aún nos están persiguiendo. El castigo para ambos era el mismo, dos noches en el foso, aparte del regaño que les llegaría por parte de Erk. Regresé a la tienda, donde al entrar Nadine me miro con cara de querer seguir durmiendo, le dije que volviera dormir por un poco más, pero que se preparara porque hoy viajábamos.


Durante la mañana me lo pase conversando con Vince, este me ayudó  a cargar provisiones en los caballo que me llevaría, y en la mula de la hörige, cargamos quizás en exceso a los animales pues no llevaríamos más. -Corin es bastante simpática, aunque tiene lo mismo que tu.- Obvie que el carnicero se había confundido con el nombre, pues de inmediato le pregunté que era aquello que tenía en común con Khiryn, aparte de la falta de un brazo. -Ambos tienen esa mirada que intenta alejar a las personas, pero que oculta mucho mas.- Torcí la boca al tiempo que revisaba las cosas de una de las alforjas. -Vince, si te vas a poner filosófico mejor le pido a Mary Ann que me ayude.- El carnicero rió con la amenaza, y siguió ayudándome a cargar las cosas.

A la chica del rubí no la había visto desde que llegamos, solo le comente hace unos días sobre el viaje, más que nada para que se preparara y descansara antes de partir. Gracias a la ayuda de Vince teníamos los caballos listos y preparados para el viaje, el carnicero insistió en que nos fuéramos después de comer, terminé accediendo solo porque esta vez viajaría con Nadine. Yo puedo aguantar sin comer, ya lo he hecho, pero ella aun para ser delgada y pequeña podría comerse un venado completo.

Ya para el medio día se corrió la voz de que la comida estaba preparada, una sopa con algunos vegetales y poca carne, como siempre. Vince sin querer se hizo líder de quienes no luchaban, aquellos que mantenían vivo el campamento;  y aunque el carnicero no tenía buena mano para la cocina, intentaba todos los días darnos algo para comer que por lo menos tuviera sabor, algo. La fila para servir la comida se hizo enorme como siempre, por suerte, al día de hoy, ninguno de los alas negras se había quedado sin comer. El bullicio a la hora del almuerzo era enorme y común, las risas se extendían por todo el bosque, y aunque a los alas negras los incitaba a reírse para ellos, ninguno me hacía caso; me preocupaba que alguien nos encontrara mientras comíamos, cuando más vulnerables estábamos. Mientras me sentaba en el piso, Nadine que estaba a mi lado vio a Khiryn y su compañera a la distancia. Terminé de sentarme frente a una hoguera muerta, mientras la pequeña divium le hacía señas a la hörige para que nos acompañara.

Nadine estaba entre Khiryn y yo, Morgan siempre al lado de su amiga.

-¿Sabes? En el túmulo el campamento tenía mesas, podían permitirse mesas, muñecos de práctica, establos decentes para los caballos. Aquí tenemos un par de sastres que han estado enseñando el oficio, incluso hace un par de meses llego un panadero que iban a ejecutar, gracias a él es que podemos permitirnos comer pan, cuando tenemos con que hacerlo...- El recordar mis días de cuchilla me hacía anhelar todo lo que ellos tenían, soñaba con darle a esta gente un lugar al que realmente pudieran llamar hogar, donde no tuvieran que dormir con un ojo abierto por culpa mía. -…Y aunque esto es completamente diferente, me gusta, nos gusta. Algún día lograremos tener una fortaleza aún más grande que el túmulo.- Le di una cucharada a la sopa y sonreí. Esta no sabía a nada, pero hubo un tiempo en que su sabor era asqueroso; habíamos hecho ya mucho progreso.

-Vater, ¿nos iremos pronto?- Me preguntó Nadine, con la boca llena de papas. -Nos vamos con el cambio de guardia amor, es el mejor momento para salir con los caballos.- Los ojos  de Nadine, ansiosos por salir, no me veían a mí, sino que a Khiryn. Antes de que se acabara la sopa en mi cuenco, le informe a Khiryn sobre la ruta que usaríamos. - Viajaremos por Maletta hasta que crucemos al pantano, luego será más sencillo llegar a Shuwap. No nos debería traer tantos problemas, tampoco será un viaje muy largo.- Sin decir más me puse de pie para devolver el cuenco de madera, y preparar las ultimas cosas que quedaban.

Salimos del campamento mientras los demás reposaban, y los guardias que teníamos rondando la zona cambiaban de turno. Varios de estos intentaban hacer hablar a la chica del rubí, más aun a la joven Morgan. La llamaba joven pues en comparación conmigo lo era, y creo esa misma juventud atraía a los soldados, realmente no lo entendía, pero esperaba que no se les pasara la mano con ella, pues yo padre de una divium, pequeña, no aguantaría malos tratos. Nadine  y Morgan sobre el caballo y la mula respectivamente, Khiryn y yo jalando los amarres de los animales, los soldados poco a poco se iban separando de nosotros para tomar sus posiciones y comenzar con sus obligaciones. Cuando nos dimos cuenta ya estábamos solos fuera del bosque, con un camino frente a nosotros, completamente vacío.

Subí al caballo, Nadine iba delante de mí llevando las riendas del animal, para variar miré sonriente a Khiryn e insté a Nadine para que hiciera correr al caballo, en menos de un segundo ya nos habíamos alejado de las muchachas, mi hija y yo reíamos mientras dábamos saltos por el galope.



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