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Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

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Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Vanidad el Mar Feb 02, 2016 9:36 pm

Hanseal, día 0



Hanseal era una prospera ciudad comerciante, había empezado como un punto intermedio entre los pueblos mineros de la montaña situada a unas pocas horas al norte y el resto de ciudades, algún comerciante especialmente achispado se había enriquecido haciendo de intermediario entre los mineros de hierro y carbón y el resto del mundo conocido. Así creció Hanseal, hasta volverse una prospera urbe donde podían encontrarse las mejores armas y armaduras en kilómetros que poco o nada se parecía a ese triste puesto comercial, ahora se trataba de una ciudad de calles amplias, ideales para el tránsito de mercancías, con edificios imponentes, aunque en su mayor parte grisáceos o marrones por la piedra local, con una preciosa acrópolis llena de torres y mansiones, resguardada de la plebe por una segunda muralla, mucho más pequeña que la que había alrededor de la ciudad. Sin embargo, no había que dejarse engañar por las brillantes mansiones que se veían en la distancia, un turista curioso que se alejara de la zona de almacenes que rodeaba las cuatro puertas principales, una en cada punto cardinal y de la zona comercial, vería que esa ciudad no era tan bonita como pretendían hacerles creer, había grandes cantidades de obreros, desde transportistas de cajas para los almacenes, hasta herreros de poca monta, pasando por mozos de cuadra, jardineros y cualquier oficio escasamente remunerado, que aún lo era más allí en aras del beneficio de los mercaderes. Un gobernante justo habría evitado eso, se habría alzado a favor de esos pobres desgraciados que malvivían en las zonas pobres, con apenas suficiente para comer y dormir en un sitio caliente, algo muy necesario en una ciudad tan cercana a las montañas, pero por desgracia para ellos, no tenían un rey justo, ni siquiera un rey, Hanseal estaba gobernada por tres poderosos mercaderes, tres príncipes tal como ellos se hacen llamar, en una muestra de la ostentación que caracterizaba a los barrios ricos de la ciudad, puede que para enmascarar su origen humilde como un triste puesto de trueque.

Grisella Lougehall era una misteriosa mujer de pelo negro como la noche, los rumores aseguraban que era tan bella como una diosa, pero no había manera de asegurarse, puesto que siempre llevaba puesta una máscara plateada que le ocultaba el rostro. Se había hecho un hueco en el gobierno prácticamente de la nada, y era la persona indicada para conseguir cualquier tipo de artículo de lujo, desde sedas a libros o incluso artefactos mágicos, pasando por algunos venenos exóticos.

Henry Hudson era un anciano de pelo blanco, de aspecto tan frágil que parecía un milagro que no muriera durante el transcurso de una conversación con él, pero las apariencias engañaban, no solo estaba sano y en pleno uso de sus facultades, sino que había conseguido una infame reputación a pesar de su aspecto. Fijar el precio que quisieras por el grano y la leche debido a un monopolio ya granjeaba enemigos de por sí, pero si además habías borrado del mapa a los rivales a sangre y fuego, mediante “accidentes” convenientes, solo podías generar ingentes cantidades de enemigos, desde los hijos de los accidentados a sus empleados, que tuvieron que buscar otro trabajo prácticamente en su totalidad. Puede que en una ciudad decente la guardia hubiera intervenido, pero en Hanseal esta no solo favorecía a los comerciantes, la clase gobernante, sino que para más inri, estos eran pagados por Henry, por lo que nadie con el más mínimo respaldo de la ley movería un dedo para salvarte de la furia de ese anciano.

Constantine Greedwitch contrastaba fuertemente con el resto, después de una belleza y un vejestorio, se alzaba otro hombre, que resultaba ser una inagotable fuente de habladurías, principalmente centradas en si se desplazaba rodando sobre sí mismo o andando. La respuesta era ninguna de las dos, puesto que el exceso de carne roja le había producido gota, por lo que necesitaba de un palanquín para moverse a cualquier lado, siendo este llevado, por supuesto, por una abundante cantidad de esclavos, todos extranjeros, puesto que era ilegal esclavizar a ciudadanos de la ciudad o sus aliadas, pero una vez lo eran, eran tratados como una mercancía más. Eso le iba de perlas a Constantine, que al contrario que los anteriores, tenía un negocio extremadamente diversificado, siempre con precaución de no solapar el mercado de sus socios de gobierno. ¿Querías un caballo? Seguramente sería de Constantine, ¿una bonita casa en el centro? También suya. ¿Necesitabas sal para conservar la comida? Prácticamente todas las caravanas que la traían seguramente serian suyas. Ese enorme hombre de cabello castaño y dedos a rebosar de anillos había hecho su fortuna de la manera tradicional, comandando caravanas y viajando a donde pudiera sacar mejor tajada y seguía haciéndolo al fijar los precios de una gran cantidad de productos vitales para los artesanos locales, por lo que se había ganado una reputación de avaro despiadado en absoluto inmerecida.

Pero, si uno ignoraba los abusivos precios, el sistema de justicia irónicamente injusto y la desigualdad, Hanseal no era una mala ciudad, los “guardias” eran mercenarios con años de experiencia, lo que combinado con las armas locales, buenas y relativamente baratas, hacía de esa ciudad sorprendentemente segura, ademas de un muy buen lugar para cualquiera que quisiera mejorar su estilo de combate, puesto que presentaba una enorme variedad de estilos de combate y armas para suplir la constante demanda de armas y guardias de caravanas, puede que un afortunado incluso consiguiera encandilar a un mercader adinerado y fuera contratado como parte de su guardia personal. Y, para los que no fueran amantes de la lucha o las armas, Hanseal seguía siendo parte de la Liga de las Ciudades de Plata, lo que implicaba que pertenecía a un conglomerado de diferentes ciudades estado, principalmente comerciantes, lo que no solo ofrecía seguridad en forma de un ejercito de fuerzas aliadas, sino que aseguraba que pudieras comprar prácticamente cualquier cosa que desearas por suficiente dinero.

A Luzbel le gustaba pensar que no había venido a por nada de eso, claro, aprender un poco más sobre como combatían los mortales y comprar algún tipo de artefacto mágico destruye-mundos sonaba muy bien, puede que incluso pudiera hacer un poco de dinero, consideraba que esas banalidades no era propias de ella, pero eso era mentira, había venido para derrotar a unos cuantos de esos tipos de la autoproclamada élite mercenaria y hacerse un nombre, pero la ciudad estaba sumida en un enorme caos por algún tipo de festival arcaico en el que hacían fogatas para asustar a los malos espíritus y demonios. Obviamente, dada su presencia allí, estaba claro que no funcionaba, y lo que era peor, prácticamente todo mercenario competente había sido contratado para reforzar la seguridad de las tiendas durante el festival, o para patrullar las calles, lo que les hacia personas ocupadas, mucho menos propensas a pelearse. Así que había decidido quedarse hasta que el festival pasara, pero ese estúpido evento llevaba una semana y aun duraría unos cuatro días más, por lo que se había resignado y se conformó con disfrutar de la comida.

Pero esa ausencia de personal había dado una oportunidad a los nuevos mercenarios, los considerados “turistas”, puesto que desde que había empezado esa fiesta supersticiosa había habido un alarmante número de asaltos en los caminos. Algo normal según la opinión de la diablesa, si más gente viajaba a la ciudad para participar en el festival, los criminales habrían visto una oportunidad de negocio. En cualquier caso, la falta de mercenarios libres y muy posiblemente la sospecha de que algún local filtraba información había incitado cierta preferencia hacia los extranjeros. Por supuesto, Luzbel dudaba muy seriamente que cualquiera de los candidatos fuese la mitad de “extranjero” que ella, pero fingió un suave acento, por más tolerantes que fueran en esa ciudad con las religiones, llena de enormes y ostentosos templos (para compensar la enorme cantidad de pecados, sin duda) no podía asegurar que no la quemaran en una hoguera si se presentaba en palacio con su forma más capaz. Así que se puso su armadura de cuero negro, la capa roja y sus armas y se plantó ante el palacio. El encargo requería mercenarios para “encargarse del problema de los bandidos”, prácticamente no podía ser más genérico, por lo que no solo esperaba que le dieran el encargo, sino un poco más de información, preferiría no asaltar una guarida de salteadores derivando la puerta de manera heroica y encontrarse con veinte hombres en vez de dos.

Se presentó ante el guardia de la puerta, que la miró de arriba abajo, siempre se ponía un poco nerviosa cuando lo hacían, le hacía pensar que se había olvidado de ocultar un ala, o la cola, pero hacía años que eso no pasaba, solo veían a una preciosa peliblanca de ojos verdes, (ventajas de poder transformarte a voluntad en vez de quedarte con el cuerpo que te tocaba) y cuando la mirada se apartó y fue escoltada a una sala de espera el nerviosismo dejo paso a la euforia de no solo haberlos engañado, sino incluso de resultar altamente atractiva a juzgar por las miradas que recibía. Nunca se cansaba de eso, esa emoción era como una droga.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Medielvoulder el Sáb Feb 06, 2016 3:54 am

Una taberna, no hay mejor sitio en el mundo que una taberna abarrotada. En la calle el jolgorio no se detenía a pesar de que la noche anterior se estuvo celebrando hasta altas horas y las risas y música de la calle solo eran comparables con la del interior del lugar. Dentro, dos laúdes, una flauta, un tambor y un violín hacían lo posible por sonar por sobre la estridencia de los parroquianos, pero en los oídos de Medielvoulder ambos sonidos, las risas de las mozas, los gritos de los hombres, una riña amistosa a un par de mesas de él, se mezclaba para transformarse en el contrapunto de la canción, un sonido como el rugido de una bestia borracha y feliz.

Había llegado a Hanseal justo el día que comenzaron los festejos, no le había costado para nada mezclarse entre los ciudadanos, ocultando siempre sus cuernos bajo un sencillo sombrero de paja. La primera noche participó en una pelea en un bar, la segunda ganó varias partidas de cartas en una posada, pero se tuvo que ir luego de sacar tres veces siete jugando a los dados porque pensaron que hacía trampa. Gracias a esto tenía la bolsa con algo de dinero, el suficiente para vivir sin pasar hambre algunas semanas. Pero era necesario encontrar un trabajo, y pronto.

Divagaba alegremente oyendo la música que casi no escuchó lo que le decía su compañero de armas, Tristi, pero entendió el corazón del mensaje, heraldos del palacio buscaban gente para proteger la ciudad mientras duraban las celebraciones, dinero a cambio de pasearse por la ciudad y terminar más peleas que las que ocasionarían si no tuvieran el cargo. Se pusieron de acuerdo rápidamente, y luego de terminar sus jarras partieron en busca del trabajo.
Iba hombro con hombro junto con Tristi por las calles, su amigo era un mercenario muy capaz, de esos que cambiaban de capa como algunos nobles cambian de calcetines, siempre haciendo causa con quien tenía la bolsa más llena y presto a correr si la situación se ponía peligrosa, pero era un buen hombre, sabía cubrir una espalda y era bueno con el arco. Medie lo había conocido en un trabajo en el que se involucró en Erenmios.

—Esta mañana vi el palaquín del seboso Constantine Greedwitch —dijo Tristi mientras avanzaban—. Iba por la calle principal tirado por unos pobres hombres. Es increíble que aquí permitan esclavizar a la gente.
—La avaricia mi amigo, no tiene límites. Con tal de generar una moneda de oro estos malnacidos serían capaces de vender hasta su madre —respondió de mala gana Medie, muchos odiaban la esclavitud, y esos dos mercenarios no eran la excepción.
—Sí, es un avaro de mierda, las cortinas corridas de su palaquín me permitieron verlo: las articulaciones hinchadas y rojizas de sus dedos se mezclan con sus anillos de oro de todos los tamaños y formas. Es un espectáculo asqueroso.
»Sabes, sería interesante que terminemos trabajando para él. Honestamente, no tengo idea de cuál de los tres príncipes está ofreciendo el trabajo.
Fue fácil encontrar el edificio, el solitario guardia de la entrada les indicó el camino.
La enorme sala de espera estaba igual de llena de mercenarios que en las calles, hombres y mujeres de todas complexiones y alturas, de todas las calidades que se podía imaginar. Hombres que eran un poco más que campesinos con un poco más de cicatrices y narices rotas, hombres sin más armas que un garrote de madera endurecida al fuego o cuchillos de cocinar. Soldados desertores, que a pesar de no llevar las insignias, llevaban la marcialidad dibujada en el rostro. Mujeres hermosas con puñales escondidos, mujeres feas con espadas afiladas. Hasta se podía encontrar con mercenarios de verdad, hombres de más de treinta años, curtidos por el camino, por la lucha y por la muerte. Esos eran los peores, no por nada habían logrado llegar a esa edad en un oficio en el que una espada entre las costillas era tan común como herrar a un caballo o hacer una tarta. Medie era uno de esos, y como una hermandad secreta, le era fácil reconocer a los suyos entre el gentío.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Sheoldred el Dom Feb 07, 2016 3:59 am

La tejemuerte avanzaba lento pero seguro, iba cruzada de pies y brazos sentada sobre el lomo de una de sus crías, a su espalda colgaba de su vaina la espada que Kiara le había dado, detrás de ella otra araña caminaba cargando lo que parecía ser las cosas de la tejemuerte. Sheoldred parecía estar meditando pues tenía los ojos cerrados, La aracne había escuchado un rumor de que en Hansel estaban contratando mercenarios, asi que se dirigía hacia allá, y no porque necesitara el empleo, tenía una deuda que pagar a Kiara si deseaba seguir con vida y donde hubiera combates seguramente tendría la oportunidad de decapitar a mas de uno.

A lo lejos tras haber dado una curva en un sendero rocoso alcanzo a ver lo que los humanos llamaban Hansel, la vista era espectacular, pastizales verdes adornaban las grandes murallas grises de la ciudad, a juzgar por la distancia a la que se veía la aracne estaba a unos cuantos minutos caminando, la aracne dio una pequeña caricia a su hija que la transportaba, esta de inmediato se detuvo, Sheoldred bajo de ella y sintió el frío piso pedregoso y áspero con las plantas de sus pies desnudos, se acercó a la araña que estaba detrás de ella y tomo sus cosas, la lanza de hueso la atoro junto a la funda de su claymore, mientras que el bastón lo tomo con la mano derecha, les dio una caricia a ambas arañas y con la mano hizo que se alejaran del camino y se dirigieran al bosque. Sheoldred se colocó la capa de viaje y siguió su camino en direccion a la muralla.

Era sabido por la zona que aquella ciudad era muy próspera, la tejemuerte tenía intenciones de hacerse con algún objeto que le sirviera ya sea de manera legal o ilegal, quiza algun adorno para su imagen o algo de ropa, su nueva apariencia más humana no le agradaba en absoluto, para ella era una maldición, más sin embargo le era de suma utilidad, nunca había podido entrar en una ciudad con su cuerpo real, es más, nunca lo había intentado, era una muerte segura el hacerlo, afortunadamente aquella apariencia más humana le daba la posibilidad de por lo menos no ser asesinada en cuanto la vieran.

Sheoldred no tardó más de media hora en llegar a las puertas de Hansel, un enorme portal abierto de par en par, cuando Sheoldred se internó a la ciudad inmediatamente noto el cambio de vida, afuera era todo más sencillo, la gente circulaba a un ritmo frenético, la araña no entendía porque los humanos tenían prisa todo el tiempo, a cualquier lugar que miraba había humanos con prisa, miraba a un puesto de comida había un humano sumamente insistente que caminaba de lado a lado de su puesto estirando uno de sus productos ofreciendo una muestra gratis, miraba a otro puesto y la gente hacía lo mismo, había un tipo corriendo de lado a lado ofreciendo otra muestra gratis, Sheoldred los ignoró y siguió su camino «Humanos…» pensó la araña, pero sus ideas fueron interrumpidas casi al instante que se acercó a un puesto.

-Señorita, tome uno, está regalada, es la mejor leche de burra que hay en la ciudad, animese- un comerciante y avanzado de edad le seguía en su camino intentando venderle leche y al mismo tiempo interrumpiendo su andar. La tejemuerte solo lo miro con un humor de los mil demonios y justo cuando iba a amenazar verbalmente al sujeto, otro más, esta vez una joven delgada de pecho grande y ojos claros. -Mi lady, tiene que probarse estas hermosas perlas negras, es lo ultimo en moda, si se anima le dejo un par de negras y otro mas de blancas, dese este gusto amiga, mañana seguramente será muy tarde, también tengo hermosos collares traídos de los mercados enanos, o tiaras elficas de dhuneden, todas de hermosa plata auténtica, no gustan las joyas de metal, hay artesanías de los pueblos negros de mashamba milele, o amuletos hunta, tenemos seda de los mhare, o hermosos vestidos de gala de los cite del este- Sheoldred aún estaba digiriendo las palabras mi lady cuando otro comerciante más se acercó con una niña blanca y un par de jóvenes negros -No se valla,no se valla, tengo los mejores esclavos de la ciudad, busca un escudero, lo tengo, quiere una ama de casa las tengo, herreros los hay por montones, niños y niñas castrati, señoras brujas para sus males de amor o de salud, no tiene dinero, puede darme su espada…- Sheoldred que ya estaba harta se detuvo en seco al escuchar la propuesta, tomó al hombre de sus ropas y lo acercó a su cara con mucha fuerza. -Lárgate, tus esclavos no me interesan- dijo la aracne mientras la capucha que le cubría su cabeza cornamentada se cayó dejando ver su naturaleza amorfa, los comerciantes se asustaron un poco al principio pero después solo la ignoraron y todos y cada uno de los que la rodeaban se fueron a sus respectivos puestos dejando espacio para caminar a la aracne.

Cuando por fin salió de la zona comercial la aracne pudo dar un respiro, era la segunda vez que entraba a una ciudad y no era nada parecido a lo que había pasado aquella primera vez, era una de las desventajas de su apariencia humana, los humanos la trataban como su igual.

Sheoldred camino por las calles durante un rato mas, no sabía bien a dónde se dirigía, seguramente lo descubriría sin notarlo, camino hasta lo que parecía un local de venta destinado para los licores, dentro apestaba vómito y orina, las miradas se clavaron en ella un momento, las pláticas seguían transcurriendo normal pero evidentemente más despacio y con menor volumen, la aracne solo ignoró aquel hecho y caminó hasta la barra, iba decidida a interrogar al propietario pero se detuvo en en seco cuando vio un tablón de anuncios que estaba en una columna de la taberna, en él había un sin número de papeles de diversos tamaños, algunos más grandes otros más pequeños, y unos cuantos mas con dibujos a color, en el centro un pergamino de apariencia importante obstruía la lectura de de otros más abajo de él, la aracne lo miro detenidamente y cuando cayó en la cuenta de que era el motivo de su visita a Hansel lo arranco sin importarle quien la viera y se dirigió a la barra.

-¿Donde me tengo que presentar?- dijo la araña sin haberse presentado y azotando la mano en la barra para mostrar el pedazo de pergamino, el tabernero la miró con risa, pero su semblante fue cambiando poco a poco mientras miraba la cara de la tejemuerte, el viejo que tenia un vaso en mano hizo una señal a un niño y este corrió hacia su amo, ambos, esclavo y esclavista se secretearon detrás de la barra, cuando terminaron el niño corrió a donde estaba la tejemuerte y le tomó de la mano, Sheoldred se sobresaltó tras sentir el calor de la piel del muchacho pero no lo soltó, solo se dejo llevar por el niño y avanzó sin poner peros ni refunfuños.

Ambos salieron pronto de la taberna y el niño que hacía de guía camino rápidamente tanto que la aracne se confundió entre las calles y caminos, cuando se dio cuenta el niño le apuntaba con la mano hacia un palacio custodiado por guardias, Sheoldred soltó al niño y por primera vez en su vida dijo un gracias mas sincero que mucho que había escuchado.

La aracne camino hasta la entrada del palacio hasta detenerse donde un par de guardias custodiaban el acceso, tomó el papel que había arrancado en la taberna y lo estrelló en el pecho armado de un guardia empujándolo unos centímetros hacia atrás del golpe, ambos guardias se espantaron por la acción de la tejemuerte pero vieron el papel que les había dado y la dejaron pasar casi a regañadientes. Ya en el interior llegó a una sala de espera, en ella ya había más candidatos al trabajo, Sheoldred recordó su última visita a una ciudad humana y sintió un fuerte deja vu.







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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Feng Roshi el Lun Feb 15, 2016 7:48 pm

El sol, cediendo sus energías al mundo, caía agotado para reposar por entre las montañas mientras las lunas salían juguetonas. El bosque aullaba el nombre del viento mientras los pájaros callaban poco a poco. La noche se acercaba y se notaba en la naturaleza.

Un monje ya experimentado, estaba en el camino, disfrutando de los rayos del sol y sentado encima de una roca, posición de meditación y ojos cerrados. Algunos viajeros desconcertados lo miraban, otros lo ignoraban. Feng los ignoraba a todos y al mismo tiempo sentía la presencia de todos también.



El monje llevaba ya una hora ahí en esa posición, y al cumplir la hora exacta, el monje se levantó enérgicamente, cogió sus cosas, y marcho a la ciudad, era una rutina que le gustaba mucho usar, le ayudaba a enfrentar la incomodidad de los sitios tan poblados.

Y sintiéndose más en calma consigo mismo, entro en aquella ciudad, sabía de antemano que hacer, donde ir. Era un trabajo más, dinero a cambio de derrotar a unos maleantes, sonaba fácil y Feng sabía que cerca había un monasterio que acogía a leprosos, un sitio de ayuda de los que pocos quedan en este mundo decaído. Sitio que tiene muy poca ayuda. Y Feng esperaba darles una donación.

El hombre, decidido caminaba por calles secundarias avanzando dentro de aquella gran ciudad de doble muralla, la edificación era increíble un fuerte bastante bien construido, el monje ya había visto varios fuertes desde que comenzó sus andanzas por el mundo y conoció la inseguridad y las guerras que suelen existir entre regiones y líderes. Guerras en las que siempre perdía el hombre de a pie. El de clase baja. Y claro también los monasterios muchas veces usados como guaridas o pequeñas fortalezas, y muchas veces atacadas por esa misma razón.

Roshi, una vez terminado de pasear por las calles secundarias, y explorado un poco sus gentes y su poblado, se acercó a un guardia comentando le el asunto del trabajo que se ofrecía para acabar con los bandidos. El guardia le indico el camino al palacio donde otros guardias le dejaron entrar y le mostraron donde debía esperar. Era una sala bastante llena de voluntarios, igual no habría trabajo algún por tanta competencia, hombres y mujeres de distintas características. El monje se acerco a una pared intentando mantenerse alejado, y entro en pseudomeditación donde simplemente ignoraba los ruidos de su cabeza y se relajada para esperar.

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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Vanidad el Miér Feb 17, 2016 10:21 pm

La sala se fue llenando, en un principio parecía que simplemente les hacían esperar, para darse aires de importancia como hacían en ciertas cortes, pero la diablesa se fijó en que simplemente llegaban candidatos más rápido de los que salían, puesto que por algún motivo, solo dejaban entrar a los mercenarios en grupos de cinco. Conto a unos treinta mercenarios, ella incluida, lo que implicaba unos seis grupos compitiendo por el contrato. O había tantos bandidos que necesitaban seis grupos para despejar los caminos, no estaba segura de que idea le gustaba menos…

Cuando por fin la hicieron pasar, cuatro personas la acompañaron, había tres hombres, uno parecía un joven prácticamente imberbe, que debía haberse perdido, otro era un monje, lo que despertó ligeramente su curiosidad, debía haberse quemado el orfanato local o alguna tontería así. O a lo mejor era uno de esos monjes que dedicaban su vida a seguir algún tipo de filosofía marcial sin el más mínimo sentido. No estaba segura de cuál de las dos opciones le parecía más rara. El último hombre si tenía pinta de mercenario de verdad, y aunque los cuernos eran llamativos, ese era su lugar, por lo que recibió menos atención por parte de la peliblanca. Solo había otra mujer, pero ni siquiera tuvo tiempo de fijarse en ella, puesto que uno de los príncipes empezó a hablar.

Constantine, era sin duda Constantine, los tres encajaban en las descripciones de la gente y ellos lo sabían, a juzgar como prácticamente les tiró el trabajo a la cara, aparentemente no necesitaban presentaciones . –En fin, al grano, recibiréis un mapa con una ruta a seguir, debéis encargaros de los bandidos en ella.- Un guardia se acercó a Luzbel y le entrego un pergamino con un mapa bastante detallado. Una línea roja señalaba el camino norte y luego serpenteaba por un sendero más pequeño pasando por un bosque frondoso, dada la ausencia aparente de cualquier lugar decente para esconder un campamento, debía ser allí donde debían irse de caza. –Cobrareis por cabeza de bandido, y nada de empezar a matar a los lugareños… nos daríamos cuenta- no había visto ningún pueblo de la ciudad hasta el bosque, así que debía ser parte del discursito estandarizado. Solo entonces el anciano Henry pareció fijarse en ellos, concretamente en el chaval que llevaba un arco colgado del hombro, un carcaj de flechas y ropas de cuero, un cuero que el ojo experto de Luzbel identifico como carísimo.

-¿Matt?- su rostro reflejo confusión y preocupación, solo un segundo antes de volver a tener una expresión neutra, como una máscara. El muchacho miro al suelo, como un crio al que han pillado haciendo una travesura, pero finalmente se recompuso y alzo la cabeza, orgulloso. –Tío, voy a convertirme en el mejor arquero de la ciudad, como Tendrill el Grande, y no me harás cambiar de opinión.- Algún héroe local, de un cuento de hadas, seguro, pero vanidad ya estaba poniendo los ojos en blanco por ese maldito drama familiar. Hudson pareció debatirse entre chillar al chaval y quedar desautorizado en cuando este se negara a abandonar esa locura o dejarlo pasar, finalmente, decidió observar a los presentes uno a uno, al igual que Vanidad, ambas miradas se pararon en la otra mujer, concretamente en esos cuernos que le salían de la cabeza, luego miro al otro mercenario. Había cierto gesto de aprobación en su mirada, como si unos meros humanos no hubiesen bastado para proteger a su sobrino. Algo le decía que si se transformaba allí mismo en demonio su sueldo se duplicaría, pero aunque se moría de ganas, se contuvo, un cambio tan súbito alertaría a los guardias que esperaban sutilmente a lado y lado, listos para intervenir.

-Recibiréis dos lechuzas de plata por cada cabeza de bandido que traigáis. Por favor, no llevéis cabezas de verdad, tuve que quemar mi ropa la última vez para quitar el olor…- hizo un cálculo rápido, diez lechuzas equivalían a unos ocho kulls de plata, menos un 4% de comisión para la casa de cambios, así que podían llevarse 1.8 kulls de plata por cabeza,  bastante generoso si se tenía en cuenta que con veinte bandidos podías comprarte una casa, aunque luego tendrían que repartírselo… En cualquier caso, era mucho dinero, cierto que les faltaban manos, pero era sospechosamente demasiado, especialmente porque no les habían dicho cuántos bandidos había. Miro al anciano Henry, que le devolvió una mirada llena de expresión, había cierto contrato implícito en ella. “Que no le pase nada al chaval y recibiréis más” la diablesa asintió una única vez y ambos desviaron la mirada a otro lado, allí no había pasado nada. Podían aprovechar para pedir algo aprovechando que tenían a cierto acompañante con "contactos", puede que unos caballos o algo así fueran útiles, al fin y al cabo, si no les habían dicho el numero de bandidos era que no lo sabían, podía ponerse feo muy rápido.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Sheoldred el Vie Feb 19, 2016 2:39 am

La sala de espera se llenó muy rápido de varios voluntarios, la cantidad de presentes era abrumadora para la tejemuerte, la última vez que estuvo en un palacio humano solo había un puñado de ellos, pero esta vez parecía un batallón y ella era parte o lo sería, aunque Sheoldred no era muy diestra con los números tenía la capacidad para darse una idea de cuánta gente había.

Sheoldred estuvo parada un buen rato, si algo odiaba la aracne era esperar, le era difícil hacerse a la idea de que le rendía cuentas a alguien, la aracne se cruzó de brazos y caminó con sus pies desnudos hasta el extremo opuesto y toparse con la pared de la habitación, Sheoldred que no tenia prenda alguna debajo de su capa, no se preocupaba por dejar ver su cuerpo, algunos de los demás mercenarios no tardaron en comenzar a lanzar insultos y tratar a la aracne como prostituta, al principio Sheoldred los ignoro, pero con cada nuevo insulto la aracne no podía contener su enojo hasta que explotó, dando media vuelta y con el puño derecho fuertemente apretado hundió sus nudillos en toda la nariz de uno de los sujetos más cercanos, la sangre comenzó a fluir inmediatamente haciendo un verdadero escándalo en la habitación, los demás acompañantes del hombre tomaron sus espadas y escudos, Sheoldred solo tomo su claymore y se puso en guardia, los miró uno a uno, ninguno era la gran cosa. -Adelante, acabaré con todos ustedes antes de que puedan siquiera empuñar correctamente sus espadas- La aracne estaba a punto de cargar y comenzar una pelea en medio de todo el lugar cuando unos guardia llegaron para amedrentar el caos. Al principio al araña pensó que sería expulsada del lugar pero cuando vio que otros cuatro de los presentes le acompañaron a una sala un poco más pequeña pero más lujosa se sintió aliviada y respiro hondo y tranquilamente para eliminar sus ganas de pelea.

La tejemuerte miró con un poco de desprecio a los demás, primero clavó su mirada en el hombre de los cuernos, al menos no era la única con cuernos en el lugar, volvió a cruzarse de brazos y busco un lugar para recargar su espalda contra la pared.

Cuando en la sala irrumpieron varios hombres Sheoldred se hizo la digna, era su forma de vengarse por haberla hecho esperar, escuchó con atención las instrucciones de la tarea. «Que novedad» pensó la aracne, para ella ya no era nuevo el que le pidieran cabezas, la verdad es que la aracne debía demasiadas, no era muy buena con los números pero sabía que por lo menos le tomaría cerca de diez años en pagar su deuda de cráneos, no todos los días se podía cortar cabezas.

La araña fingió no prestar suficiente atención, era de carácter rudo y más si estaba irritada, así que se limitó a chistar con las indicaciones de sus contratadores y hacer su trabajo dentro del límite de sus libertades.

Y aunque no lo escucho literalmente, Sheoldred, por las palabras del humano y por la forma en que habían sido agrupados, pudo deducir que trabajaría en conjunto, «Eso sí es nuevo» se dijo así misma la araña, Sheoldred nunca en su vida había tenido compañeros, solo una vez había decidido trabajar para alguien y las cosas no habían salido bien.

La tejemuerte miró detenidamente a los demás que habían acudido al trabajo. Primero y el que más curiosidad le daba, el humano calvo, Sheoldred no veía en él como pudiera ayudar, armas inútiles, cuerpo inútil, no parecía alguien diestro en el combate, para la aracne era solo una carga o mejor dicho un cráneo más. Después miró con atención al humano con cuernos, no pudo evitar reírse, más enclenque que nada, no parecía militar, no parecía combatiente, no tenia el estilo mágico de otros, si el calvo era una carga el cornudo era una doble carga, lo único lindo en el eran sus cuernos, quizá después de que muriera podría hacerse un lindo antifaz con su cráneo, esos cuernos eran muy raros de ver. Cuando la tejemuerte miro a la siguiente persona tuvo por lo menos una esperanza de ayuda, aunque no demasiada, una mujer, por si no era suficiente con dos humanos le ponían una humana mas, la araña la miro de pies a cabeza, tenía toda la pinta de princesa rebelde, armadura hermosa y armas costosas, una capa, después se arrepentiría de  pelear con un trozo de tela largo sujetado en los hombros. «Va a necesitar más que unos pedazos de metal para proteger su inútil cuerpo» crítico Sheoldred a la que sería su compañera, «Esperemos que sepa combatir, quizá pueda hacer algo» termino añadiendo Sheoldred a sus notas mentales, por último estaba otro humano mas, no le puso mucha importancia, parecía ser militar o tener facha de guerrero pero por experiencia sabía que no todos los militares eran buenos combatientes.

Cuando el hombre entregó el mapa, Sheoldred se aproximo a la chica, no tenía intención de comenzar otra pelea así que trato de sonar lo más serena y neutralmente posible.

-Oye tu, dejame ver ese pedazo de papel…- dijo Sheoldred acercándose a la mujer de armadura y estirando su brazo para recibir o tomar el mapa.

-Voy a necesitar una cabra cada dos días, y algo de ropa a no ser que no le importe que ande desnuda- dijo la tejemuerte una vez que atendió todas las indicaciones del humano.

Unos minutos más tarde Sheoldred estaba afuera caminando las mismas calles que antes había recorrido, claro esta vez un poco más inadvertida que antes, pues una vestimenta sencilla de hombre y una armadura de cuero le cubrían su cuerpo desnudo, aunque nunca usaría zapatos, sus pies humanos eran muy apreciados para ella, era lo único que podía respetar de su cuerpo semihumano.




Última edición por Sheoldred el Vie Mar 04, 2016 2:05 am, editado 1 vez







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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Feng Roshi el Miér Feb 24, 2016 8:04 pm

El tiempo pasaba, sin que el monje lo notara, finalmente fue llamado y sacado de su meditación, para entrar junto a mas mercenarios.

A pesar de la actitud relajada que mantenía Feng, discretamente analizaba a las personas con las que había entrado. Un joven, posiblemente empezando en la vida de combatiente, por su aspecto, estaba claro que aún le faltaba experiencia. Dos seres extraños, no humanos, pues tenían deformaciones sutiles en la cabeza, seguramente significaría que son más útiles en combate que el primero. Sobre todo la mujer pues ya antes había confrontado a los demás mercenarios en la sala de espera, denotaba poder una actitud así, poder o arrogancia. Por último, una mujer armada, con vestimenta que daba a conocer que sabía dónde se metía. Sin embargo, juzgar es algo que sirve para intuir una opinión, pero nunca para forjarla, las cosas no tienen por qué ser lo que parecen, él lo sabía bien.
Mientras les presentaban el caso, hubo una ligera interrupción, resulta que el joven era familia del contratista. Peor el joven tenía orgullo y convicción, eso agradó al monje, igual le faltaba experiencia, pero estaba claro que podría forjarse un buen nombre, si entrenaba lo suficiente, entre sus gentes.

Recibieron un mapa, unas instrucciones, la información era muy pobre, pero si se iba con cuidado, podría no haber problema alguno. El mapa era claro, la ruta también, solo debían buscar la forma de conseguir a ese sitio.

Feng comentó la mejor opción que se le ocurría. –Propongo que nos encontremos en la entrada en 20 minutos, y partamos como parte de una pequeña caravana comercial, no hay más que mencionar a los mercaderes que vamos para derrotar a los bandidos, seguramente nos dejen subir, por mayor seguridad para ellos-

El guerrero observo silencioso a ver si era de buen agrado su idea, al menos no tuvo objeciones
-Voy a hablar en la entrada con algunos mercaderes para que podamos partir, 20 minutos o tal vez 30, dará tiempo a todos para prepararse, nos vemos ahí, y el que quiera puede venir conmigo a por la caravana-
Dicho esto, el monje volteo y se encamino fuera del edificio. En realidad, él no necesitaba de nada para el viaje, ya lo tenía todo, comida resecada, sus armas personales, ¿qué más necesitaba?
Tardó poco en llegar a donde quería, cerca de la salida de la ciudad estaban corceles preparándose para la salida, mercaderes agitados revisando mercancías, y algunos mercenarios haciendo inventario de sus armas. Se acercó a más de uno, pues al principio solo había mercaderes que cogían rutas alternativas, hasta que halló al correcto.

La conversación fue algo tediosa, el hombre, un testarudo barbudo de 40 años, insistía en que sus dos guardias eran lo único que él necesitaba, para defender su cargamento, un montón de artilugios que para el monje carecían de valor, pero al parecer se podía ganar uno la vida vendiéndolos.
Después de hacerle ver al hombre, que le beneficiaría pues era pos su seguridad, consiguió convencerle y atrasar la salida del viaje 10 minutos, para esperar al resto de compañeros que se había separado.

EL plan era simple, esperar dentro del carruaje, ir a la zona y esperar. Ideal sería también, antes de llegar al bosque parar para inspeccionar la zona, aunque el mercader no estaba muy de acuerdo con retrasarse más. Ya verían sobre la marcha como actuarían. Solo falta que el resto de gente llegue.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Medielvoulder el Dom Feb 28, 2016 7:29 am

Medielvoulder se alzaba cuan alto era, y muy pocos en la sala alcanzaban su estatura. Utilizando su 1,95 mts miró desde lo alto a los compañeros que por mala fortuna le habían impuesto.
Cruzado de brazos se dedicó a observar toda la prole que logró arrastrarse dentro de la sala del palacio, un desfile de toda clase de pendencieros ladrones con espada y aires de mercenario, como si el oficio de panadero o herrero estuviera muy copado como para tener que hacerse a las armas para llevar el pan a la mesa.
Para ser mercenario no hacía falta más que tener un arma en las manos, pero para sobrevivir en el cargo era necesario tener un alto nivel de marcialidad, obediencia e inteligencia. Y sus compañeros carecían de aquellos atributos en diferente medida.

Por un lado estaba Matt, o Tendrill el Pequeño, como le comenzó a llamar Medie para sus adentros. Parecía avispado, de seguro conocía tácticas de guerra, se manejaba bien con aquel arco de buena calidad que le atravesaba la espalda, pero, ¿seguiría las órdenes o se lanzaría a la batalla en pos de forjarse un nombre? Era muy joven aún para saber que los héroes solo pertenecen al folclore y las leyendas, porque todos los héroes están muertos.

Luego se encontraba el tostado monje errante, de apariencia serena, ojos penetrantes y metódicos. Se notaba que llevaba una vida de entrenamiento, y por la forma que ponía los pies, Medie supuso que conocía algún arte marcial. El mestizo ya había visto a más de un monje luchador, sabía que algunos combinaban sus estilos de lucha con piromancia y otros tipos de magia. También sabía que ellos no se ofrecían de mercenarios nunca, ya que las arte marciales que aprendían les inculcan una filosofía pacifista, y solo aplicaban la lucha para defender y nunca para atacar.
Posiblemente aquel hombre se hubiera alejado hace mucho tiempo del camino de rectitud y fe que aprendió. Y de alguien así no se puede esperar mucho.

Al costado izquierdo del mestizo se encontraba la mujer que había causado el alboroto hace un momento atrás. Al parecer no le fue suficiente llamar la atención por ir medio desnuda y llevar aquellos cuernos sobre la cabeza, así que le reventó la nariz al primer pobre infeliz que se cruzó en su camino.
Medielvoulder se sintió incómodo de que los hubieran juntado sólo por el hecho de que ambos tuvieran cuernos, como si eso definiera una personalidad, ella ni siquiera era un demonio, olía a seda, a muerte y sangre, a tierra y sudor, pero no a demonio.
Era arrogante y engreída, y carecía del sentido del compañerismo. Sus dos cejas no se separaban en ningún momento, como si le molestara toda la inconmensurable existencia. Sólo en una ocasión rió en todo el rato que estuvieron dentro del palacio, y fue cuando cruzaron sus miradas. Aquella risa estridente taladró los oídos sensibles del mestizo, y le hizo desear borrarle a puñetazos la sonrisa.
Era posiblemente la más incapaz de todos, no parecía saber de mesura, y quedaba claro su nivel de inteligencia luego de golpear a un mercenario dentro de un cuarto lleno de mercenarios.
Medie dudaba que aquella mujer pudiera seguir una orden que no le beneficiase.

Y por último estaba la mujer a su derecha, que era sin duda la peor de todo el grupo.
Era hermosa, como una princesa inmortalizada en un cuadro. Su cabello caída recto como una flecha, ocultando a veces sus ojos de piedra verde. Se erguía alta y orgullosa, bien vestida y entendida lo que se hablaba. Observaba todo con ojos inteligentes y metódicos, estudió el mapa lo suficiente antes de que se lo arrebataran y no se dejó intimidar por la otra mujer.
Sin decir nada parecía que estaba a cargo, Matt se le pegó como un percebe al casco de un barco y el monje le comentó lo que pensaba mirándola a ella, como si esperara su aprobación.
Era inteligente, obediente y marcial. Y olía a demonio.

Medielvoulder fue el primero en llegar al carruaje del mercader que había convencido el monje, en su petate llevaba todo lo que necesitaba para estar en el camino, no necesitó comprar nada.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Vanidad el Dom Feb 28, 2016 3:35 pm

Su grupo era variopinto, y eso si se restringía a las palabras políticamente correctas, puesto que una de sus acompañantes no había muerto en la sala de espera por algún tipo de alineación astral, pero ahora mismo daba igual. Le dio el mapa a su acompañante cornuda puesto que ya no lo necesitaba, no se lo sabía de memoria, pero sabía dónde tenía que ir, con eso bastaba. Antes de que les echaran, cosa que no tardaría demasiado en pasar, el monje propuso unirse a una caravana comercial. Asintió y lo despidió con un gesto, no era mala idea, salvo que realmente fueran muchos bandidos, entonces un grupo de mercenarios normal habría tenido problemas. Pero claro… un grupo de mercenarios normal no tenía una dulce e inocente guerrera capaz de transformarse en un monstruo salido de sus peores pesadillas. No es que supusiera una diferencia de poder notable, pero había que tenerlos muy bien puestos para seguir luchando como si nada mientras veías la transformación.

Mientras esperaba a que fuese la hora, la peliblanca se fue de compras. Si iban a ser parte de una caravana, convenía que aparentara ser lo más inofensiva posible, por lo que se compró un vestido largo para cubrirle la armadura. No engañaba a nadie de cerca, pero dudaba que los bandidos pudieran acercarse demasiado antes de atacar. También compro una petaca con aguardiente para el crío, la cual fue lanzada hacia el pequeño Matt en cuando lo vio, ya frente a la caravana.

-¿Qué es esto?- la abrió y lo olisqueo, tirando la cabeza hacia atrás prácticamente al instante.

-Aguardiente enano, para los nervios.- se limitó a decir, pero cuando ya le estaba dando la espalda el chaval volvió a hablarle.

-Yo no estoy nervioso ¿Por qué crees que lo necesito?- “Porque los humanos sois una raza inferior con un montón de sentimientos absurdos”, pero se lo callo y se limitó a clavarle la mirada. –Un sorbo, ni uno más, no quiero que me claves una flecha.- Ya habían llegado un par de sus acompañantes, por lo que mientras esperaba a la última, inspecciono la caravana. Tres mercaderes, tres carros, tres guardias, una escolta un poco lamentable a decir verdad, ella habría puesto dos guardias por carro, pero inquiriendo un poco averiguo que tampoco llevaban nada especialmente valioso, llevaban una amalgama de cosas para los pueblos de la zona: cordeles, velas, unas pocas herramientas de hierro, diversas bebidas espirituales, incluso alguna medicina para algún crío enfermo cuyo nombre ni se molestó en escuchar, mucho menos recordar. No era una presa muy jugosa, pero se trataba de carros genéricos, de madera, nada indicaba lo que llevaban dentro, podía funcionar. Además, en los tres carros había espacio para cuatro personas, cosa que iba de perlas, puesto que tres en el grupo eran extremadamente sospechosos. Ella se metió dentro, suponiendo que Matt quedaría fuera, con su arco oculto para que no levantar sospechas, mientras que  ella desecho su vestido y se situó en el primer carro, donde había hueco para otra persona. Los otros dos tendrían que ponerse cada uno en un carro diferente.

Era un viaje incómodo y allí dentro, sin manera de saber cómo estaba pasando el tiempo, también era aburrido. Un toque en los carros les indico cuando estaban cerca del bosque, un poco antes, al fin y al cabo, lo normal sería que tuvieran un par de vigías para detectar presas y que el resto del grupo atacara en algún lugar predefinido. Ese era el momento más delicado, cualquiera oiría a uno de ellos abriendo la puerta del carro de una patada y saliendo a la batalla, pero… ¿Quién oiría a los bandidos? Si salían demasiado pronto, los pillarían, demasiado tarde y los de fuera estarían muertos. La respuesta era rápida, el mestizo con oído de murciélago podía oír el roce de los bandidos contra las hojas de los árboles, primero el de una única persona, pero no tardo en volverse el de siete. Siete bandidos contra ocho mercenarios, podía hacerse.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Medielvoulder el Mar Mar 01, 2016 10:33 pm

Por sobre el sonido de las aves, los caballos, las conversaciones y los carros, Medie pudo identificar sonidos nuevos a la distancia: el quebrar de las hojas bajo el peso de una bota, el susurro del acero al desenvainar, el tensar de un arco, la respiración agitada de quienes se preparan para atacar. Las largas orejas del mestizo se movían de atrás hacia delante bajo su sombrero de paja, sentado fuera del segundo carro, al lado del mercader que tiraba los caballos, el momento que tanto esperaban había llegado. El camino al fin entregaba los primeros salteadores.

La línea roja dibujada en el mapa había resultado ser un camino largo, tortuoso y sobretodo, vacío. El sendero de tierra por el que habían avanzado los carros era apenas un poco más ancho que una calle, sólo lo suficiente para que se cruzaran dos carros rozándose las ruedas, pero nunca necesitaron hacerse a un costado ya que, en todo el trayecto, no se cruzaron con nadie, ni un alma a quien preguntar como se encontraba Valfrondoso o si había resultado muy difícil atravesar el Bosque de los Lamentos. Además, el camino estaba reseco por la falta de lluvia y se encontraba lleno de baches, los que provocaban que el carro traqueteara como los huesos de un anciano. La compañía de Medie no resultó ser muy conveniente, el mercader a su lado como conversador era pésimo, pero podría haber sido peor, al menos no le tocó compartir el carro con Sheoldred, aunque, en ese instante deseó tener a alguien un poco más experimentado a su lado.

El sol coronaba un cielo sin nubes, el carro se había alejado ya de Hanseal y sus gruesos y altos muros se perdieron tras el follaje de un bosque de abetos y pinos viejos, acacias escondidas y uno que otro sauce llorón.

Medielvoulder se metió los dedos a la boca e hizo el sonido de un pájaro para avisar que había oído algunos bandidos. Como habían practicado antes de partir, hizo dos sonidos seguidos, uno más grave y otro más agudo para avisar que eran más de cinco pero menos de diez.


Cuando se hicieron visibles los hombres a través del bosque Medie soltó el silbido que significaba que debían salir de los carros, en un parpadear los árboles vomitaron hombres en un espectáculo de gritos, hojas y ramas. Envueltos en cuero y con acero brillante en sus manos corrieron rodeando la pequeña caravana. Y como fichas puestas sobre un gran tablero, de los carros salió el grupo de Medie, dispersándose a dar cara al enfrentamiento.

El mestizo se descolgó el escudo del hombro y se lo sujetó al brazo izquierdo con la rapidez y facilidad de quien lo ha hecho toda su vida. Matt vio desde el carro del frente como Medie sacaba con una sonrisa la espada de su saya.
—¿Tienes buena puntería Matt el Pequeño?

Era un combate uno contra uno, todos sabían lo que tenían que hacer, Medielvoulder escogió su contrincante, un hombre tan alto como él, con una enorme hacha de dos manos que apareció por el costado derecho del carro. El mestizo le hizo un gesto a Matt.
—¡Chico, dale a ese del torso desnudo! —sería imposible que Matt errara un objetivo tan cerca y sin armaduras.

Sin  esperar a que el muchacho disparase, Medie rugió al cargar contra el sujeto del guante rojo, su oponente se acercó a la misma velocidad, ya lo tenía tan cerca que podía notar el aura oscura que soltaba el sujeto, como si guardara un secreto arcano y demoniaco. Matt aún no soltaba su flecha y Medie ni siquiera tenía la certeza de si el muchacho iba a hacerle caso, así que alzó su redondo escudo esperando el beso del hacha y lanzó un tajo en horizontal al estómago desnudo del hombre, tanteando su habilidad con el hacha. El problema con las armas pesadas es que hay un instante muerto entre lanza un golpe y levanta el arma nuevamente, y Medie estaba listo para encontrarlo
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

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