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Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Feng Roshi el Miér Mayo 25, 2016 2:59 pm

El combate había acabado, el líder había caído. El monje se tiró al suelo, agotado, viendo como las monedas que iban a recibir por cada cabeza huía… era una pena, pero las energías le fallaban. Se conformaría.

Sentado ahí, al lado del cadáver, esperó recuperar su aliento, mientras su oponente era desvalijado. El monje no le gustaba demasiado esa práctica, tampoco está mal, pero no le haría falta hacer algo así siempre que recibiera su recompensa. Una vez aquel sujeto y todos los cercanos fueron desvalijados. El monje se levanta cuando encontraron una nota.

Mientras la leían el calvo guerrero se quitaba su cestus, busco su saco de viaje en el carromato y volvió con el grupo, colocándose el vendaje en las manos, ahora desnudas, algo amoratadas. Luego ya se pondría su equipamiento de entrenamiento.

Callado, el monje escucho atentamente a lo que cambiaría totalmente las cosas, al menos a priori… Debían volver. Era probable, incluso más que probable que el lugar de destino estuviera bajo influencia de aquel reino.

Mientras empacaban el carnero intento disuadir al mercader de su estúpida idea de proseguir. El monje también pensaba que era mala idea. Así que tras escuchar lo que tenía que decir el carnero. Decidió unirse a la charla de convencimiento.

-Disculpe señor mercader. Pero le informamos claramente que podría haber bandidos en el camino, y nos ofrecimos a ayudar. Efectivamente tuvimos razón, y los bandidos atacaron-

El hombre seguía testarudo, argumentando que era distinto, que no sabíamos si la ciudad aquella estaba metida en el ajo, ni si era real la nota, ni nada.
-Vas a arriesgar la vida de todos tus hombres por avaricia? La vida propia tuya? Nosotros no iremos con ustedes, daremos media vuelta, caminando si hace falta. Tus hombres están cansados, no podrán defender la mercancía, y aun te queda camino por recorrer-

El hombre estaba subido al carromato, no quería escucharme, hacia oídos sordos y miraba a la nada.
-Comprendo, lo entiendo, rezare por usted- Aquel artista marcial se acercó al hombre, le puso una mano en el hombro – Espero que no le ocurra nada en el camino- El hombre, se tranquilizó, visto que la discusión había acabado. Y de pronto, un movimiento rápido, con la mano extendida y rígida, dio un golpe seco y fuerte en la nuca del mercader. Buscando dejarlo inconsciente.

-Bueno chicos creo que el mercader ha decidido que demos la vuelta… así que rápido muevan los carros y los caballos tenemos que volver antes de que nos pillen mas enemigos!-
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Vanidad el Sáb Mayo 28, 2016 2:50 pm

Las cosas siguieron su curso, pero la diablesa se encontraba demasiado mal como para que le importaran lo más mínimo. Seguro que había alguna manera de calcular el poder del creador del grial comparando su poder y el tiempo que tardara en encontrarse mejor, pero sin haberlo probado nunca antes no se atrevía a especular, podía equivocarse de mucho y meterse en verdaderos problemas, no era la diablesa más poderosa en este plano, aun, su padre seguía por allí en algún lado, entre otros a los que era mejor no molestar.

Luzbel se sentó en uno de los carros mientras el saqueo continuaba, sin que a ella le importara demasiado. Seguro que de haber comido un poco más de ese bandido no se encontraría tan horriblemente mal, pero ahora era muy tarde, sospechaba que sus acompañantes no reaccionarían muy bien ante la visión de alguien cometiendo canibalismo, pero aun sería peor si se transformaba en demonio después de ese combate. Escucho sin muchas ganas como se desarrollaban las cosas, capitán, carta, bla bla bla, hasta que una parte de esta le llamo la atención. –¿Así que alguien quiere arrasar la ciudad que debe pagarnos?- Soltó una pequeña risita. Con los carros llegarían sobre la hora de comer, eso les dejaba… ¿dieciocho horas? Tiempo más que suficiente para que la ciudad se preparara y aún más que suficiente para que cualquiera de los presentes saliese por patas en dirección contraria.

Hubo algún tipo de discusión, al parecer el mercader quería seguir hacia el ejército que se dirigía a arrasar Hanseal, una idea cuanto menos curiosa, tenía serias dudas de que los guardas compartieran su valentía, pero no tuvo que intervenir, el tipo se calló de repente y los carros dieron media vuelta. Al parecer los guardias no eran demasiado entusiastas con la opción de la muerte segura, así que ahora que tenían a alguien que culpar, no les importó demasiado el noqueo del tipo al que debían proteger. Con todo arreglado, la peliblanca decidió echarse una siesta, para cuando se despertó, el malestar ya se había ido y se limitó a desperezarse como un gato mientras salía del carro.

No solo habían cumplido el trabajo, sino que traían “noticias apremiantes”, así que basto para que los guardias les dejaran pasar por delante de los últimos mercenarios que aun esperaban que les asignaran la misión. Puede que tuviesen suerte y aun hubiese bandidos por algún lado, lo que les permitiría cobrar, aunque sabiendo lo que sabían ahora, seguramente serian reclutados de inmediato. Con el pequeño Matt acompañándolos, nadie dudaría de su palabra cuando dijeran que habían acabado con los bandidos, aunque no se hubiesen molestado en recoger cabezas, o dedos o emblemas, o lo que fuese que pidieran por estos lares. Ella fue a hablar, informar de manera discreta, entregando la carta sin decir nada, por ejemplo, para que no se desatara el pánico en la ciudad, pero Matt tenía otros planes. Ignoro completamente a los mercenarios reunidos con los príncipes reunidos, reunión que acababan de interrumpir descaradamente y hablo.

-¡TÍO, TÍO, atacaran la ciudad mañana!- Ahora el rumor se extendería y cualquier candidato a defender la ciudad saldría por patas, normalmente lo habría estrangulado, pero aun no tenía claro que quisiera quedarse, así que le dio un poco igual. La carta apareció de alguna manera en la mano del chico y fue entregada a Henry, lo que produjo un silencio mientras el resto esperaban. Ese anciano era el jefe de la guardia, era el único de los tres que podía determinar como de real era la amenaza. El viejo seguía examinando la carta con mucha atención, pero se permitio un momento para chasquear los dedos. –Frank, ¿de cuántos hombres disponemos? Entre guardias de la ciudad, de caravanas, mercenarios y nuestras tres escoltas personales.- Uno de los guardias, ataviado con una armadura de placas negra como la noche dio un paso al frente.

-Unos quinientos fijos, pero seguramente puedo subirlo a ochocientos gracias al festival, incluso mil si cogemos a unos cuantos civiles capaces.- Mil era una cantidad más que respetable y con esas murallas, se necesitarían por lo menos tres mil hombres para tomar la ciudad sin armas de asedio. Pero no estaban hablando de un enemigo normal, sino de demonios y la ayuda de otro imperio, eso implicaba muchos magos, soldados fuertes y seguramente unos cuantos capaces de volar, las tácticas de guerra humanas no se aplicaban con huestes demoníacas, ella lo sabía muy bien.

-Henry, si la amenaza es seria, la mayoría se irán en cuando la noticia se extienda, no creo que podamos contar ni con doscientos, salvo que…- Grisella estaba evaluando la situación detrás de su máscara, evaluando opciones, y parecía estar insinuando una.

-POR FAVOR, son desharrapados, seguro, quedaran aplastados al chocar contra nuestras fuerzas, no hace falta recurrir a estos extremos, nos costara una fortuna-

-Claro, como quieras Constantine, simplemente dejaremos que vuelvan a intentar asesinarte y entonces usaremos tu fortuna para que nos salga gratis.- El comentario de Grisella se clavó como una puñalada y lo acalló. -¿Votamos?-

-¿Votos a favor de reinstaurar el edicto de Sangre Plateada?- tres a favor, cero en contra.-Bien, decidido-

-Vosotros cuatro…- Luzbel se giró y se percató de que la mujer que los había acompañado no estaba con ellos. –Llevaros a uno de estos mercenarios de aquí e id a las caballerizas, coged las monturas más rápidas y avisad a la torre de guardia del ataque, buscad al guardia y que envié la señal. ¿Grisella, te sobran algunas de tus pociones?- La mujer chasqueo la lengua y un sirviente salió de la sala. Para cuando tuviesen los caballos, alguien vendría con las pociones. Parecía una misión demasiado importante para asignársela a unos desconocidos, parecía que habían ganado un poco de confianza. O necesitaban todos sus hombres para organizar la defensa y unos mercenarios eran lo que tenían más a mano... En cualquier caso, si alguien quería escaquearse, ahora era el momento.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Hemmi Chinaski el Mar Mayo 31, 2016 12:44 am

Hay algo, cuando sabes que vivirás más de diez veces la vida de un humano, que te hace ver sus ciudades en perspectiva. Para mí, todas esas murallas, casas y largos caminos de piedra, no eran más que estatuas de sal, civilizaciones a punto de ser roídas por el viento hasta volverse polvo. Un inútil intento de proteger esas frágiles vidas, de pretender perdurar en el tiempo.
Hanseal era enorme y próspero, pero hasta el más rico de los mercaderes moriría algún día en su lecho de plumas, al igual que el más pobre desgraciado agazapado en su mierda en las afueras del muro. Y yo los vería morir a ambos, junto al resto de su gente, por mucho, mucho tiempo. Eso te hacía pensar.
No me gustaba estar cerca de los humanos y sus frágiles almas, me recordaban la miseria del mundo más incluso que los demonios. Pero había algo que me cautivaba de ellos, su libertad y su forma única; cada uno un pequeño universo que nace y muere, en cada segundo, con cada respiro. Hijos de la nada, caminando hacia la nada, llenos de enfermedad, odio, alegría, necedad y pena. Humanos.

Los festejos azoraban todas las calles, atravesando la piel y clavándose en el corazón, como un manojo de espinos. Yo tenía muchas razones para estar triste, estaba tuerta y llena de cicatrices horribles en el cuerpo, y encima, me sentía terriblemente sola.
Había sido un error pasar por allí, el tono discordante de mis sentimientos chocaba contra la pared de la felicidad de su gente, estaba atascada en medio de ese millar de cuerpos danzantes e inquietos, rodeada de humanos de risas fáciles, cantando en las tabernas y en las calles, con su eterno movimiento frenético de mariposas hiperactivas. No tenía ni una puta gana de participar en ello, ni siquiera sabía de qué se trataba el festival.

Mi andar por el carnaval me llevó hasta varias posadas, cual más abarrotada, en la calle principal, necesitaba urgente un baño para quitarme el polvo del camino, pero no tenía un kull ni para hacer cantar un ciego, por lo que las conversaciones no duraban más de un minuto, y ningún posadero estaba dispuesto a recibirme gratis. Era jodido el mundo de los humanos, con sus monedas y sus regateos. Yo entendía bien cómo funcionaba eso del dinero, aprendes un oficio y lo aplicas a cambio de una paga, pero la paga siempre es poca, así es como te enganchan, te dan sólo lo justo para que sigas vivo, pero nunca te dan lo suficiente para que puedas enviarlo todo a hacer puñetas.

No hay muchos oficios a los que una mujer joven, bonita y extranjera puede optar. Siempre está la prostitución, existe en todos lados, pero también está cultivar la tierra, ser moza de cuadra, panadera, estar para los recados, ser sirvienta, etcétera, pero todos los oficios a los que puedas optar son iguales a la prostitución, al final tu horrible jefe te termina montando porque eres la más bonita, y no tienes familia ni sitio donde ir, y estás obligada a recibir la poca paga que te dé, y cuidado con reclamar si no quieres que los guardias te lleven y te monten también... Es muy difícil ser mujer, y pobre, y humano.


Por suerte yo no soy ninguna dama en aprietos, y no me hice ningún problema en entrar a la enorme sala donde contrataban mercenarios para defender la ciudad. Me hice una coleta con el cabello sucio y caminé digna entre los matones. Ser una mujer entre un lote de terribles rostros y cicatrices andantes te coloca siempre en una situación incómoda, especialmente cuando la belleza juega en contra, ¿Cómo se supone que inspires temor o respeto?

En la sala había poca gente, un puñado de buenos mercenarios y tres grandes figuras que hedían a dinero. La reunión que nos mandaría a defender un camino del norte estaba por terminar, pero de pronto irrumpió en ella un muchachito hermoso, de piel bronceada y ojos de caballo desbocado. Gritó y bufó, y los príncipes le oyeron como embobados. Sus maquinaciones fueron rápidas, al parecer habría acción, mucha y de la buena. Sonreí. El tipo de amarillo le dio una buena misión a quienes venían con el muchachito, miré más allá de él: una albina con botas de alto taco, ropa fastuosa y ojos devoradores, un moreno calvo de ropajes holgados, mirada pasiva y puños de hierro, y por último, el feo y alto cornudo, Medielvoulder. Hijo de puta, ¿cómo rayos le hace para no morir?

La mujer comenzó a mirar entre nosotros, elegiría a alguien, y yo no estaba dispuesta a perderme de la jugosa misión que les habían impuesto. Encendí mi fuego, el amarillo y naranja se abrió paso entre mi cuerpo y mis compañeros, los pobres diablos se apartaron asustados como gallinas cluecas, soltando chillidos y apagando sus ropas. El fuego se disipó tan rápido como vino, los demás mercenarios se habían apartado un par de metros, uno hasta dio un par de vueltas en el suelo para apagar su pantalón. Di un paso adelante e hice una pequeña reverencia como solía hacer en Ki Nao.
Me gustaría ir con ustedes. Creo que podría serles de ayuda.


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Medielvoulder el Miér Jun 01, 2016 8:30 am

El mestizo estaba de vuelta en Hanseal junto con lo que restaba de su equipo, era bueno ver las murallas de la ciudad y saber que tenían buenas posibilidades de aguantar un ataque. Las calles seguían llenas de gente y de carnaval, nadie sabía lo que vendría, era raro pensar que pronto aquellas risas serian reemplazadas por gritos de miedo y muerte, el semi-demonio trató de guardar en su memoria aquellos sonidos, porque pronto cesarían. En su andar hasta la casa de reclutamiento se preguntaba donde andaría el compañero con quien llegó a la ciudad, pero no había tiempo de buscarlo, les había tomado varias horas el llegar al Bosque de los Lamentos, luchar y regresar, y ya solo restaban unas pocas horas de luz y las debían aprovechar. El carro de los mercaderes fue  abandonado en la calle, los guardias se hicieron de algunas cosas y el mercader que había dormido desde que decidió que usasen su carro despertó para largarse de ahí en cuanto pudo. Los cinco mercenarios entraron al sitio de reclutamiento con Matt por delante a entregar las noticias, la carta, el guante rojo con el sello y su versión de los hechos. Todo dentro siguió su curso, fue una suerte encontrar a los tres príncipes reunidos, ellos hablaron, los mercenarios acataron, tenían una nueva misión por delante. La albina se dispuso a escoger un nuevo compañero para reemplazar a la ida mujer, y qué mejor que con una peor.

Tú, so puta —Dijo para sí el mestizo cuando cruzaron sus miradas. Hemmi, la peor ninfa en kilómetros, al menos sabía que si no se moría en manos de los monstruos de los Amyr, lo haría en las garras de ella.
Luzbel (averiguó que se llamaba así la mujer albina, y Feng Roshi el monje, de camino de regreso) la escogió sin premura gracias a sus dotes y nuevamente se embarcaron a la puerta norte.
En las caballerizas les entregaron las mejores monturas para el viaje a la torre, caballos de posta descansados y listos, serían relevados en la posada El Jinete Feliz por otra montura para así hacer un viaje en la mitad del tiempo que demoraron en llegar al bosque. El problema surgió cuando Hemmi llegó al establo, pies los caballos podían oler su apestoso olor y ninguno quiso dejarse montar por ella, rehuyendo y coceando.
Una pena, tendrás que quedarte aquí. O irte corriendo tras nosotros.
La ninfa se cruzó de brazos y le ladró al mozo:
Traedme al más temperamental, un caballo de guerra, uno al que le hierva la sangre.
El mozo se perdió dentro mientras el grupo se alistaba para partir. El mestizo tuvo que dejar el hacha y el escudo en ese sitio pues necesitaba viajar ligero.

Cuando partieron, los caballos salieron despedidos por la calle, pasaron por ka puerta norte y se encaminaron por el mismo camino que hace poco había recorrido el grupo de regreso. No tuvo que pasar mucho para que Hemmi se les uniera, iba sobre un enorme caballo negro como un trozo de carbón, puro músculo, con ojos llenos de ira y crin espesa que se mezclaba con las riendas.
¿Cómo lo conseguiste domar? —le preguntó Medielvoulder a la mujer del kimono.
No lo he hecho. Simplemente le ofrecí un trato: Yo lo monto y él no se carboniza.
No has cambiado en nada.
La ninfa le hizo un gesto para nada femenino con la mano y lo adelantó.

Al llegar a la posada los caballos fueron cambiados por unos reposados. El mestizo se dedicó a comer en esos minutos, pues no había probado bocado desde la mañana, luego se llevó un par de provisiones y partieron de nuevo por la bifurcación que los llevaría a las montañas. A partir de ese punto todo fue cuesta arriba, a diferencia del otro camino, no hallaron ningún bosque, sino una llanura que poco a poco se transformó en un valle, luego vinieron las colinas y casi cuando caía la noche lograron ver brillando en contraste la punta de la torre, como un enorme faro.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Gavryel el Sáb Jun 04, 2016 3:11 am

El devenir no responde a más ley que el cambio, arbitrario o no, pero cambio al fin y al cabo. Y es el mismísimo devenir el que se nos presenta sin nada, absolutamente nada, que pueda, en última instancia, garantizarnos una premoción infalible de los hechos que se avecinan.
El no-muerto llevaba en la ciudad de Hanseal aproximadamente dos semanas, demasiado para lo que suele establecerse él en una ciudad de tales características... pero estaba inmiscuido en la búsqueda de cierto artefacto cuya ubicación se encontraba, según había desencriptado en un libro suyo, próxima a dicha ciudad.
Se había instalado en una posada barata cerca de la muralla sur de la ciudad. Su caballo, Semejante, se encontraba en una cuadra colindante a la posada y perteneciente a ésta. El no-muerto había estado observando la ciudad desde lejos, desde una explanada, y algo le movió a entrar por dicha puerta.
No se sorprendieron al verle quitarse el yelmo, podrían pensar que era un hombre que había sufrido despigmentación en la piel, o quemaduras o a saber que otra descoloración en la piel. Sin embargo sí se habían fijado en su armadura, su alabarda, y su caballo.
-¿Sois caballero, señor? - El posadero no miraba asustado ni  nada similar, siempre manteniendo un extraño respeto, sólo inquiría a modo de conocer mínimamente a aquél que se va a hospedar.
-Podría decirse que sí, pero aún no sirvo a ningún señor, casa, o reino. - El tono del joven alabardero era una mezcla, como casi siempre, de educación y un aire a soez, tirando como al lenguaje que usaría alguien que quiere romper con las formalidades del lenguaje habitual.
El posadero asintió, probablemente creyendo que quien tenía delante se tratara de un mesnadero cualquiera más, y en realidad no tan lejos de la realidad... indicó al joven no-muerto su alcoba, el horario del comedor, y lo dejó en paz el tiempo que había pagado, lo suficiente como para permanecer un mes entero en aquél sitio.
El tiempo brota en una eterna multiplicidad, desde siempre y para siempre., un pensamiento tal se le ocurría a la noche mientras reflexionaba mirando por la ventana. Desde hacía tiempo tenía la profunda convicción de necesitar tener un hogar fijo al cual oscilar entre volver y dejar paulatinamente. Una casa donde dejar pertenencias. Era algo que no pasaría de esos meses próximos, algo pendiente que cumplir inmediatamente.
En aquellos días se había ido preparando la ciudad entera en disposición para una tradicional festividad popular. Gavryel no le dio la más mínima importancia sino que siguió obcecado en discernir con más claridad los enigmas de su libro. Sin embargo, ya entrada la festividad en el pueblo, se hallaba comiendo el joven alabardero en el comedor de la posada cuando oyó a otro huésped hablando acerca de una contrata laboral de corte militar que había salido directamente del gobierno de la ciudad. Esto era una oportunidad excelente para dos cosas, a saber: despejar la mente del alabardero un poco y aumentar significativamente su economía propia, ambas con sangre por medio.
No dudó un instante, indagó personalmente sobre dicho trabajo que consistía en "encargarse del problema de los bandidos” y se dispuso a presentarse como voluntario para tan experimentada tarea. No le era una idea exageradamente grata ajusticiar gente que no conocía y menos si eran denominados de forma despectiva como "bandidos" por otros bandidos pero con poder; aún así, como siempre, el devenir.
Ese mismo día, un par de horas después, se enfundó en su armadura, asió su arma de asta y bajó al establo. Su caballo no necesitaba comer tanto, al igual que él, pero lo alimentaba para reforzar su masa muscular. El aspecto necrótico de su caballo sí había hecho algo de repercusión escandalosa en los alrededores. El no-muerto pagó al hombre de cuadra y, haciendo caso omiso a preguntas acerca de la naturaleza del caballo, se subió a éste y emprendió una lenta marcha por la ciudad en dirección al palacio, donde se reclutaban los "voluntarios".
A un paso elegante y vigoroso, desde su montura, se desplazaba el caballero de la muerte por las calles de Hanseal. Alabarda en la espalda y yelmo bajo, sin ningún estandarte, armadura desnuda y convicción casi divina, el sujeto miraba su entorno hasta llegar a palacio; una vez allí desmontó y ligó su caballo a una humilde y casi obligada cuadra cerca de unas escaleras. Tocó al caballo en la cabeza, lo acarició, susurró algo y se aproximó a los guardias que intercedían entre él y la puerta. Les explicó sus intenciones, sin humildad ni altivez, éstos accedieron a dejarlo pasar y el alabardero entró.
No vio lo que esperaba en la sala tales como hombrezuelos y mujerzuelas de todo tipo, enclenques y fornidos, con pocas luces y otros, a distancia, muy sagaces. Lo que vio fue un grupo reducido de sujetos. Había pensado que  tal vez se hiciera algún tipo de filtro o al menos criterio de validez para elegir a los candidatos, o tal vez se necesitara cantidad a secas como una especie de leva en masa, lo que disgustaba a Gavryel por determinados factores innecesarios de nombrar en estos momentos. Sin embargo nada de esto, sólo un grupo de individuos de  peculiares características. De inmediato se unió a ellos y los hicieron pasar a otra sala, a lo mejor para ser informados, o evaluados, o a saber. Hasta el instante, el no-muerto no profería palabra alguna y tan sólo asentía ante lo que le decían;  su propósito, al menos por ahora, era cumplir aquél encargo.


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Vanidad el Lun Jun 13, 2016 8:29 pm

Caballos, pociones gratis y más dinero, no iba a quejarse. La diablesa ojeo al grupo de mercenarios que acababan de interrumpir, estaba a punto de señalar a uno, un tipo de aire siniestro con armadura, cuando una mujer llamó su atención con un bonito espectáculo pirotécnico. Los ojos de Luzbel chispearon con diversión ante el gesto dramático, una maga les iría bien, pero en general se necesitaba a alguien que los defendiera, y ella desde luego no iba a hacer de niñera por duplicado, mejor escogía dos para ir sobre seguro. –Claro, tú y el tipo de la lanza, conmigo- Y se giró haciendo ondear su capa dramáticamente.

La caballeriza no estaba nada mal, había una inusitada variedad de caballos, aunque claro, se trataba de LA caballeriza de la ciudad, así que tampoco era tan extraño. En cualquier caso, ella se limitó a pasearse delante de los caballos, buscando uno que le gustara, hasta que finalmente escogió un semental negro como la noche. Cogió una de las pociones que le ofreció un tipo vestido de mayordomo y salió de la ciudad con el resto.

Pararon poco, lo justo para comer un poco y cambiar los caballos, aunque ella se negó a cambiar el suyo, que pareció aguantar sin problemas el viaje a toda velocidad por la carretera, simplemente era un corcel demasiado bonito como para confiárselo a un tabernero cuyo establecimiento estaba en medio de la nada.

La torre era enorme, nada raro, puesto que la señal, de fuego suponía, tenía que verse a kilómetros, concretamente, desde la otra torre que deberían poder ver a lo lejos en cuando subieran a lo alto del montículo, sin embargo, paro su caballo en seco antes de subir del todo, indicando al resto que hiciera lo mismo, se oían sonidos, sonidos que uno no esperaría de una caseta de guardia, “tac, tac, tac”. Tardó unos segundos en entender que eso era el sonido de madera siendo golpeada, seguramente con hachas. –Parece que llegamos ligeramente tarde- Y sin decir más bajo de un salto, las peleas a caballo no se le daban bien, era muy difícil acertar un puñetazo cuando tu brazo estaba a casi dos metros del suelo. Una maga, el tipo de la armadura, un monje, un cornudo, ella y el pequeñajo, eran seis, un número más que decente.

Cuando finalmente subió el montículo, no hubo sorpresas, alguien parecía estar encerrado en una pequeña caseta que tenía toda la pinta de ser una letrina, mientras dos hombres intentaban derribarla a hachazos, dos más hacían exactamente lo mismo con la torreta de vigilancia, mientras que finalmente, otro par parecía haber escogido la solución inteligente y estaban encendiendo una fogata, para chamuscar al pobre diablo que solo había ido a mear. Eran tipos de aspecto duro, vestidos con ropas de cuero desgastadas y parcheadas, lo que les daba un curioso aspecto moteado, como uno de esos gatos callejeros de tantos colores. Las hachas, los escudos, esos caballos raquíticos apostados al lado del camino con arcos en sus sillas, olvidados por sus dueños puesto que eran inútiles para derribar puertas… Eran batidores, caballería ligera diseñada para explorar, conseguir alimentos y pequeñas escaramuzas, lo más salvaje de lo salvaje en cualquier ejército. Seis contra seis, pero el chaval no iba a enfrentarse a uno de ellos directamente ni en broma, solo acabaría muerto al primer golpe, a alguien le tocaría pringar y enfrentarse a dos.

La puerta de la letrina no aguantaría más de un par de hachazos más, y estaba bastante segura de que necesitaban al tipo para enviar un mensaje, así que silbo con toda su fuerza mientras se lanzaba contra el primero de los asaltantes.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Hemmi Chinaski el Dom Jun 19, 2016 4:24 pm

En las caballerizas se me dio mal con todos los caballos, avanzar entre los pajes y las monturas era peor que estar dentro del corral de las gallinas, todas cloqueando mientras intentas atrapar alguna. Me tuve que armar se valor y pedir el más temperamental que tuvieran, quizá tendría una oportunidad si lograba comunicar mi ímpetu con el de él. Mi grupo había partido. Cuando llegó la bestia me costó un mundo controlarla, pero llegamos a un buen acuerdo cuando me senté en su grupa y le puse las manos en el cuello.
Tú no me matas y yo no te incinero, ¿vale?

Salí de Hanseal envuelta en un halo negro, un semental hijo de la noche y el rayo. Una bestia feroz, terrible, justo como yo. Alcancé al mestizo y lo dejé atrás, luego a mis otros compañeros, me puse a su altura y me presenté, cosa que por las prisas no había sucedido.
Mi nombre es Hemmi. No hace mucho soy mercenaria, pero sé manejarme con la espada y, espero no se hayan confundido, pero soy una ninfa de fuego, no una piromante o algo parecido —Sonrisas piafó, le hinqué los talones, parecía que quería ir más rápido, comencé a dejarlos atrás—. Espero podamos trabajar bien unidos.

Sonrisas les sacó una milla de distancia a todos y llegué de las primeras a la posada. Allí, luego de esperar a mis camaradas, comí algo de fruta, carne y patatas. La tarde iba cayendo, me topé con el monje, un hombre de mirada gastada, le saludé con una cabezada.
¿Qué religión practicas?
¿Mi religión? o mi estilo de vida? veras no voy por ahí pregonando que dioses creer que dioses son buenos que no, yo creo que la existencia de algo superior a nosotros, pero sobretodo creo que la energía que cada uno de nosotros tenemos. El vínculo con la naturaleza, el equilibrio de mente y cuerpo y nuestra comunión con el mundo —Vaya manera de no decirme qué religión practicaba.
Oh, vaya qué interesante. ¿Y dónde queda tu monasterio?
Bastante lejos, y escondido, no creo que conocieras el lugar —Parece que definitivamente no me iba a decir nada sobre él, pero lo intenté una última vez.
¿Y por qué lo dejaste?
Nada hacia quedándome ahí, puedo estar en sintonía con mi espíritu y la naturaleza, en cualquier parte del mundo. Sin embargo, la experiencia y el conocimiento se consigue viajando, ¿no crees? ¿Y tú, que haces en estos parajes? no sabía que las ninfas de fuego subieran al norte, un poco mas arriba y ya podría nevarte encima.
Bueno, tomando en cuenta que vivimos casi mil años, no viene mal estirar las piernas de vez en cuando y conocer el mundo. No digo que esta sea la mejor manera de hacerlo —mi mirada bajó a mi espada—, pero es la que se me da mejor.

Era un sujeto muy interesante, mas la mujer y el soldado me eran un misterio. El mestizo de los cuernos doblados me miraba de reojo, si iba a trabajar con él nuevamente tendríamos que hacer las pases.
De nuevo juntos —mostré una sonrisa inocente y lo sumé a una postura relajada. Quería que supiera que estaba en son de paz.
Bonito espectáculo el de la sala —ladró sin siquiera mirar.
Me crucé de brazos. Ese tipo era duro como una mula.
Lo mejor sería que olvidásemos todo lo anterior. Nuestras vidas dependerán de ello.
No te preocupes. No huiré cuando mi vida se vea amenazada —su ironía era chirriante. No le contesté, di media vuelta y me marché.

El camino a la torre sucedió con tranquilidad, llegué en una pieza, el purasangre se revolvía bajo mis piernas como un dragón y cada vez que tenia la oportunidad trataba de darme una coz. Era terrible tratar con aquella bestia, pero al menos era mejor que ir corriendo, o peor, siendo llevaba por el chivo.
Cuando llegamos a la base de la torre hayamos a los salteadores, tuvimos suerte de que fueran un grupo igual de reducido que el nuestro, se notaba que pasaban hambre y no habían visto una barra de jabón en años. Me bajé de Sonrisas, hubiera sido una locura cargar con un caballo que no conoces.

Todos escogimos a nuestro contendiente, yo apunté con mi katana al que infructuoso trataba de encender un fuego. La cuerda del arco del muchacho se tensó a mi derecha, a mi izquierda el cornudo liberaba su espada, sujeté mi espada con ambas manos, afiancé mis pies desnudos en el terrero y esperé a que hiciera el primer movimiento de su hacha. Parecía un tipo ágil, flaco y alto, pero la calidad de su armadura y arma me hicieron sonreír de confianza. El grupo de zarrapastrosos avanzó, tan sólo necesitaba encajar un buen golpe para sacarlo de combate. Me mantuve en posición hasta que estuvo lo suficiente cerca, entonces me moví como el agua cuando cae de una vasija, el filo de mi espada fluyó junto conmigo hasta la derecha del soldado, su hacha iba a por mí, pero la calidad de mi espada era mejor, lancé un golpe al mango con un buen ángulo para cortarlo, o como mucho para nuestras armas se clavaran, cuando lo tuviera a mi lado usaría mi habilidad para quemarle el rostro y sacarlo de juego.


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Medielvoulder el Mar Jun 21, 2016 4:03 am

Los seis tipos que hallaron a los pies de la torre no eran más que forrajeadores, tipos igual de duros que las vidas que llevaban y con el aspecto de haber vivido mil escaramuzas, por sus pintas no serían posiblemente más que un reducido grupo a quien se les daba misiones pequeñas. El mestizo vio sus flacas monturas y se preguntó si era posible que alguien avanzara una milla sobre aquellas bestias, al menos eran seis igual que ellos, así que confió en que no hubiera ningún arquero escondido entre los árboles.

Por lo visto se les había dado la misión de echar abajo las líneas de comunicación de la ciudad, y llevaban un buen trabajo hasta el momento. A menos que estuvieran haciendo leña, en la letrina había alguien con suerte de que el grupo hubiera aparecido justo en el momento en que atacaban, Medie se preguntó si era el único ahí o si otros habían sufrido peor suerte. Miró las hachas de los hombres en busca de sangre, no se veían manchas, y no habían muertos a la vista.

El mestizo no se confió un instante en el olor a sudor rancio ni el cuero desteñido que usaban por armaduras, esas sucias caras reflejaban una clase de hombres muy peligrosa, de esa que era capaz de asesinar a un niño si se lo ordenaban, además debía considerar que quizá llevaban trabajando juntos algún tiempo por el parecido de sus vestiduras, cosa que dejaba en desventaja a su grupo, que con suerte se había presentado.
Se bajó del caballo, no era muy bueno luchando desde arriba.

La albina dio el primer paso, el silbido que dio molestó los sensibles oídos del mestizo, que puso una cara de pocos amigos, desenvainó con fluidez y escogió su enemigo, los dos hombres que venían por su izquierda con sus hachas listas, habían estado talando la torre de vigilancia de muy buena manera por lo que quizá se encontraban ya un poco cansados. Se amarró el escudo al brazo izquierdo con la rapidez de quien ostenta años de práctica, y alzó su defensa preparado para una lucha en desventaja. Se mantuvo junto a su grupo, sería una locura separarse de su ellos pues no estaba tan fresco como en el comienzo del día, y aún tenía el cuerpo resentido de los golpes que le había metido el medio demonio, el del pecho, la caída, el cansancio de los brazos al sostener su espada y luego el poco descanso que ofreció la vuelta del bosque. Medielvoulder sacudió la cabeza para apartar la imagen de aquella mole, y sobre todo, del frasco. Los Amyr resultarían ser un peligroso enemigo, por suerte él aún estaba a tiempo de huir o cambiar de bando.

Los hombres se acercaron, ambos con sus hachas bien sujetas, calculando a su oponente, el mestizo puso sus orejas en lateral para poder oír lo que sucedía a su alrededor mejor, agachó su cuerpo un tanto para que su punto de equilibrio se centrara, estaba listo para dar un buen impulso si lo quería, hacia delante o atrás. Sus pies estaban separados y sus botas gastadas tenían suficiente fricción en el suelo de tierra para poder detener, saltar, o correr si precisaba. Había que ser realistas, aquellos hombres podrían ponerlos en desbanda si su equipo no lograba comunicarse bien.

Iré por estos dos —avisó, su voz sonó neutral y profunda. No era mala idea declarar sus objetivos para que luego dos de ellos no terminaran atacando al mismo tipo.

Comenzó a avanzar por su derecha con el escudo dando cara al tipo de la izquierda, sus pasos fueron lentos y calculados, las hachas en conjunto podrían transformar su escudo en astillas si no tomaba las precauciones. Cuando tuvo al de la derecha a menos de dos metros, alzó su escudo hasta su mentón y lo pegó a su cuerpo, puso la punta de su espada en el borde de éste a unos quince centímetros de su cara y cargó usando su peso y con largos pasos contra el batidor de su derecha. Apenas viese el ángulo con que atacaría su oponente podría estirar su brazo y usar su escudo para contrarrestar el golpe, para luego clavar la espada en el cuello o el vientre. Quedaría al descubierto con ese movimiento su flanco izquierdo, pero se aseguraba de sacar a uno del juego. Todo dependía de como moviese el escudo para repeler el primer golpe, pues si el hacha se clavaba en su madera no le costaría nada abanicar su espada y cercenar una mano, pero si se resbalaba el hacha por el borde del escudo tendría de pronto a dos enemigos lo suficientemente cerca para abatirlo.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Feng Roshi el Lun Jun 27, 2016 4:50 pm

El combate había sido agotador, y la vuelta, insuficiente para recuperar fuerzas. Si bien el monje se esforzaba para entrar en meditación y así descansar, era difícil obviar la posible guerra en la que se vería envuelto.

La vuelta en sí tranquila e inquietante al mismo tiempo se le hizo rápido… pronto estaba frente a los cabecilla de la ciudad. Habían prácticamente anunciado la guerra a un montón de posibles bandidos, el monje temía que alguno se lo pensara de otra forma y pensará en recurrir a otra estrategia para ganar dinero, como ayudar al enemigo, o saquear por su cuenta cuando la situación sea más idónea. Sea como fuere, si Feng estaba cerca ayudaría a evitar ese estilo de bandidaje. Pero parece ser que Feng no será un simple integrante más.

La recogida de la recompensa, y la consiguiente asignación de la nueva misión, dieron en manifiesto que habían formado parte importante de la ciudad… algo muy curioso pero a la vez muy bueno para sus propios motivos. Si conseguía demostrar su capacidad ante la ciudad, podría ayudar al buen nombre de los monjes de la zona. El joven Feng, entusiasmado aceptaría cualquier misión que se le asignará de ahí en adelante. Poco le importaba la seguridad personal de esos ricachones, lo importante ahora era asegurar la seguridad de la ciudad. Mientras marchaban, una ninfa hacia acto de presencia con llamas y la metieron en el grupo junto a otro guerrero bien pertrechado. Pero el joven monje no quería quedarse a hablar, se disculpó y marcho hacia afuera bajo la promesa de encontrarse en las caballerizas a tiempo.

Unos caballos, y una misión, tenían algo de tiempo así que Feng busco algún lugar cercano a las caballerizas, algo elevado, apartado… un tejado era suficiente. Se sentó con las piernas entrecruzadas, espalda recta, y brazos sutilmente apoyados en las rodillas. Cerró los ojos y se concentró en su respiración. Cada pedazo de aire que inspiraba, lo mantenía un tiempo dentro, el suficiente como para que su cuerpo absorba la cantidad adecuada de aire necesaria, y luego expulsaba otra vez.

El monje intento centrarse en su cuerpo, tenía moratones, de golpes en uno de los brazos, y aun notaba algo fatigadas las piernas. Intentaba notar sus musculas, centrarse en su ki, en su propia energía interior. Fue consciente de su cuerpo en su totalidad… y con la respiración intentaba trasmitir calma y tranquilidad. Estuvo unos minutos así, y luego abrió los ojos, mentalmente más dispuesto, estaba agotado, sí, pero era consciente de sus limitaciones actuales. Ahora tenía que controlarse un poco para recuperarse.

Dejo parte de su equipaje a buen recaudo, se llevó consigo solo su equipamiento de combate, un poco de dinero y un saco para llevar cosas que necesite en el camino.

Llego a las caballerizas, y ya estaba todos preparados, se disculpó y se subió a un caballo pardo, con algunas manchas blancas, al ser el último en llegar cogió el resto de pociones que tenían para ellos, los guardo en el saco y los amarro a la cintura, y partió junto al resto de la tropa.

El viaje a pesar de agitado por los caballos en movimientos, llego a ser tranquilo una vez uno se armoniza con el vaivén del caballo. Llegaron a la taberna, la mujer de chispas ya estaba ahí esperando y el monje se sentó a comer. Aquella ninfa resulto ser más sociable de lo que pensaba, y Feng habló más de lo que le hubiera gustado, pues prefiere reservarse las palabras, sin embargo cuando se trata de temas así, podría hablar durante horas. Le encantaría predicar la armonía del espíritu que se podría alcanzar y un largo etcétera.

También se dio cuenta que parece que el cornudo y la ninfa se conocían y no habían acabado con buenos términos. Su grupo ahora parecía más efectivo que antes. Si bien Matt seguía siendo un inútil, el hombre que se incorporó parecía de los más capaces, con su enorme alabarda y su armadura. Tras ese pensamiento, el joven guerrero se sentó junto al pequeño muchacho.

-Hola pequeño Matt- le dijo con un tono suave y calmado. Me he fijado en que aspiras a ser un gran maestro arquero, y que aun te falta entrenamiento y experiencia, si bien mi habilidad como arquero es mala, creo que tengo un buen consejo que darte-

-Tu respiración y concentración es errónea, entiendo que en medio de un combate es difícil, pero has de relajarte más, respira con normalidad, o mejor respira profundamente, cuando apuntes da una buena bocanada de aire, y luego suéltalo, intenta mantener tu pulso firme, más adelante te puedo ayudar con eso, por ahora solo intenta controlar activamente tu respiración a la hora de apuntar.-

Después de la pequeña charla que le dio el monje, con propósito de intentar volver más útil al eslabón más débil. Se pensó si pasar de preguntar sobre el edicto ese, la verdad es que tampoco importaba demasiado ¿no? Pero igual podría ser una información interesante a saber, así que finalmente le pidió al chico que les explicara a todos sobre ese edicto.

Comidos, y descansados volvieron a emprender la marcha, el aire era fresco, la brisa agradable, al menos para Roshi, cambio de caballo como planeado, ahora era uno totalmente marrón, sin manchas, bastante bonito y grande. Descansado y listo para lo que se le venía encima. Cabalgaron durante un buen rato, no parecía haber problema alguno en el horizonte, hasta que Luzbel, les mando a parar…

La escena era cuanto menos interesante, 6 enemigos, dos aquí dos allá y dos prendiendo el fuego. Nosotros éramos 6, pero afrontémoslo. Uno de los nuestros era meramente un apoyo.

-Matt recuerda, respira correctamente, y concéntrate- dije al tiempo de darle al caballo para que acelerará.

Mientras los compañeros se bajaron de las monturas, en principio era lo lógico si no sabes combatir a caballo es lo que debes hacer, el monje permaneció en el suyo. Tampoco sabía de hecho, ni podía pues carecía de arma de distancia. Se quitó las vendas y el cestus de entrenamiento que se había colocado inicialmente para poder cabalgar, dejo el cestus grande amarrado al caballo, y cogió los katar.

Pero lo que el joven sin cabellos en la cabeza si podía hacer era llegar rápido a la altura de la letrina, y evitar que los bandidos la echaran abajo.
Cabalgando a velocidad buscó atropellar a los bandidos de la letrina y separarlos de la misma. Antes de llegar dejo caer sus armas en el suelo. Y una vez pasado atreves de ellos frenó el caballo di la vuelta y se acercó, esta vez más lento.
Una vez cerca, colocó sus pies encima de la silla de montar, soltó las riendas mientras se apoyaba con la palma de las manos. Y saltó hacia el enemigo más próximo a sus armas.

El monje ya habituado a aterrizajes forzosos, por su propia habilidad, le pareció un juego de niños puesto que el caballo iba más lento que él en realidad, aunque su punto de partida era más inestable. En el aire busco aterrizar encima de algún enemigo, o al menos pasar cerca para desconcertarlos un poco.
Una vez en el aire, pasó de largo, modifico su posición y se preparó para una caída leve encorvándose un poco, cayendo sobre uno de los brazos y extendiendo la inercia en una vuelta con todo el cuerpo pasando por su codo, hombros espalda y luego al otro brazo.

Con la propia inercia del giro dio una segunda vuelta más en el suelo y luego apoyo los pies en él mismo y se levantó. Busco a su enemigo, busco sus armas y fue a por ellas, esquivando el ataque de su contrincante que ya se había puesto en guardia y fue a por él, salto hacia atrás, y luego otra vez, se movió rápidamente un par de metros cogió sus armas, con ambas manos, y enfrentó a su contrincante.

Empezó como cualquier combate, tanteando uno al otro. Sabía que eran dos enemigos en un principio, confiaba con que algún aliado suyo le ayudara, para poder concentrarse en su oponente y matarlo, si no era el caso, pues simplemente se mantendría defensivamente contra los dos.

El plan de ataque era sencillo, a la primera abertura forzada por el tanteo, intentaría atacar a las piernas, en un giro agachado rápido a ver si podía hacerle una buena herida en cualquiera de las dos piernas que pudiera pillar.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Gavryel el Miér Jul 06, 2016 2:08 am

Cualquier institución de mercenariado siempre había sido mal vista por el joven alabardero en su época de humano. Era algo muy normal teniendo en cuenta los valores y principios cívicos que regían El Imperio y que condicionaron totalmente la forma de ser de este chico. Pero aquella época de espejismos y nubes castradoras había pasado; ahora el muchacho había roto con falsas ideas y construía nuevas que se erigían sobre sólido terreno, sobre la vida y la muerte, sobre el eterno conflicto entre contrarios que él mismo consideraba infinito motor del tiempo, del cambio, del devenir.
Ahora su visión del mercenariado era técnica. Le parecía que éste era un medio más para poder acceder a determinados objetivos, ya pudieren ser nobles, viles o incluso meramente lucrativos, esto es, sin entrar en detalles morales o éticos. Gavryel no tenía miramientos sobre esto y más aún... mantenía presente sus máximas filosóficas que lo único que podían hacer es moverlo a actuar con una prudencia y cautela necesaria según el entorno donde se encontrase. Actuar como uno quiere cuesta mucho, y cuesta más si es un terreno neutro, pero no imposible.

El no-muerto entraba a la sala que le habían indicado y no observó con profundidad a los allí presentes, no quería parecer el clásico novato que se sorprende de todo, sin embargo no pudo evitar observar ciertos detalles de algunos de los individuos presentes que verdaderamente sí le llamaron la atención y por fuerza debió contemplarlos -aunque brevemente- para confirmarse a sí mismo la naturaleza de aquello llamativo.
Se incorporó entre la gente de allí sereno y silencioso sin decir nada. Subió su yelmo y oyó como una muchacha, quien aparentaba tener casi su misma edad, le señaló con la voz y su gesto. Parece ser que el no-muerto debería ir con ella. Gavryel asintió seriamente y ésta se giró de forma teatral ondeando una capa roja, mas él miró su blanquecino cabello, esto le resultó interesante. De inmediato se acercó a ella en pos de seguirla.
A la salida de aquel edificio el muchacho se aupó en su necrótica montura y siguió a sus compañeros. En todo momento en realidad en quien más se fijaba era en la joven que lo había asignado a su grupo... se había dicho a sí mismo que era a ella a quien debería recurrir cualquier tipo de inquietud o problema. Dentro del rango de acción que giraba entorno a él y la muchacha aquella, el no-muerto escuchaba también con atención lo que sus compañeros o personas próximas pudieran hablar y tuviera un mínimo de importancia.
Durante el trayecto a la torre no pronunció ni una sola palabra. Conducía su montura con tranquilidad a pesar de las miradas que pudiere causar una bestia de montar tan no-muerta como su dueño, quien, al menos, lo camuflaba bajo una armadura de acero de pies a cabeza.
De un momento a otro su anfitriona se detuvo y sin vacilar él hizo lo mismo. Gavryel agudizó el oído como ella hacía y también se percató de que el combate era inminente.
Bajó de su montura casi a la vez que la peliblanca chica y empuñó con ambas manos la alabarda. El frío acero podía reflejar de forma nítida el brillo que le impactara, habían vestigios de sangre que el jóven no había podido limpiar del todo.
El no-muerto siguió a una pequeña elevación del terreno a ¿Hm?, si había dicho su nombre no lo recordaba, pero para él era "la chica de pelo blanco". Desde allí contempló el bochornoso espectáculo que estaba teniendo lugar: dos individuos golpeando una letrina con un desdichado individuo dentro que si alguien prestaba atención se le oiría gimiendo o algo similar... por otro lado dos más atizando una especie de somero torreón y otros dos encendiendo una hoguera. Esta última visión le repugnó mucho, Gavryel odiaba bastante el fuego, al menos cuando éste estaba en manos hostiles. El no-muerto se impacientava y nada más ver a la chica de pelo blanco moverse en actitud beligerante él también comenzó a caminar. Un fuerte silbido le animó. - El fuego puede quemaros. - Vociferó con toda su fuerza Gavryel mientras se motivaba para el combate. Caminaba a paso moderado sosteniendo la alabarda en diagonal e inclinada ligeramente hacia atrás... sus brazos concentraban la fuerza para desplazar el arma a gran velocidad de un momento a otro hacia el enemigo. Su enorme fortaleza acompañada de su grisácea armadura podrían infundar un modesto temor en el enemigo una vez que el engendro hubiera establecido fiero combate.


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Avanzando, el fuego lo juzgará y condenará todo.
Heráclito, fragmento 66.


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

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