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Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Vanidad el Vie Jul 08, 2016 10:59 pm

La ninfa se estaba encarando a uno de los potenciales pirómanos, y aparentemente decidió que un choque de armas la beneficiaria. La diablesa habría esperado que un piromante se mantuviese detrás lanzando bolas de fuego, pero bueno, no era su problema si decidía hacerlo cercano y personal, por su experiencia, los magos de fuego tenían una personalidad…curiosa, era mejor no molestarlos sin motivo, y desde luego la seguridad personal de esa mujer no era un motivo lo suficientemente importante para Luzbel, ella sabría lo que hacía. El plan funcionó, a medias, la ninfa no era ni de lejos lo suficientemente fuerte como parar el golpe con una sola mano, y ambos cayeron al suelo, aunque el saqueador parecía haberse llevado la peor parte a juzgar por la marca negruzca que tenia de la barbilla hasta casi la oreja. La maga se las apañaría, seguramente, siempre que se levantara a tiempo de evitar el brutal golpe de hacha que le lanzaría su rival a continuación, a juzgar por lo rápido que se estaba levantando.

El alabardero siguió a la hechicera, encargándose del segundo enemigo. No atacó de manera concreta, pero tampoco hizo falta, movía su alabarda de una manera… cuanto menos impresionante, mucho mejor de lo que habría hecho ella, parecía un arma de pega, salvo que dudaba seriamente que lo fuera, al igual que su enemigo, que retrocedió para evitar desparramar sus intestinos por el suelo. –Siempre he tenido buen ojo…-

El cornudo había escogido los dos tipos de la torre, ambos… Usualmente lo habría desaconsejado, pero alguien tenía que hacerlo, y el comentario que le había hecho antes sobre el frasco no le había pasado desapercibido, demasiado humano para ser un demonio, pero sin ser humano… No era una gran fan de los mestizos, incluso menos que el resto de demonios, pero al menos no eran solo comida como las razas mortales, eran medio comida. El grupo se había separado en cinco duelos diferentes, cosa buena para ellos, que no estaban acostumbrados a trabajar coordinados, pero mala para el mestizo, que tenía que enfrentarse a dos enemigos que SÍ lo estaban. En cuando el primer batidor vio que un ataque se dirigía hacia él, se limitó a apartarse del camino y dejar que su compañero atacara. Tenían ventaja y la aprovecharían, en teoría sería mucho más fácil acabar con el mestizo y luego con el resto. Por suerte, una flecha se clavó en el escudo de su atacante, interrumpiendo el ataque que amenazaba con partirle la espalda en dos. Era un empate, más o menos, ahora tenía una segunda oportunidad.

El monje se lanzó a la carrera contra los tipos de la letrina, en un acto de altruismo que quedaba ligeramente manchado por el hecho de que arrastraba un inocente y sabroso caballo con él, pero enseguida libero al caballo de sus obligaciones con una cabriola y se enfrentó a ambos enemigos, durante unos segundos, puesto que ya que el mestizo estaba muy seguro de poder con ambos él solo, uno de los rivales del monje era el único que quedaba, así que la peliblanca hizo un pequeño sprint seguido de un puñetazo que únicamente sirvió para interrumpir un golpe dirigido contra al monje y apartar al batidor de este. Y no hizo nada más, se quedó allí, con el escudo en mano pero sin coger la espada, planteándose si convertirse en demonio y aprovechar el terror para acabar con eso más rápido compensaría los problemas que le ocasionaría. ¿Se asustarían siquiera? Esos tipos eran sectarios, a lo mejor ni pestañeaban y hacia el ridículo… Mientras se planteaba ese profundo dilema, el monje ya había atacado, consiguiendo un ligero arañazo en la pierna izquierda, que fue la que tardo más en reaccionar al corte, pero el monje debía responder ahora a un golpe de escudo en toda la cara.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Gavryel el Sáb Jul 09, 2016 12:56 pm

Se mueven en el infinito, forman parte de algo que nunca empezó y nunca terminará, y allí están, violentándose entre ellos para ver quién perece y quién no. Intentan imponer su voluntad de vitalidad a los demás, y en grupo, para así no dejar de existir, al menos, conscientemente. ¡Cuán ridículo puede ser el intento de los seres que viven de extender más y más una vida que está marcada con el sello de la mortalidad! ¡Cuán peor puede serlo para un sujeto que ya ha finado y lo han traído de nuevo! Sea como fuere, allí se encuentran intentando acabar cada bando con el otro, intentando literalmente detener la respiración del contrario.

El no-muerto había visto de reojo que una de las integrantes de su colla estaba estableciendo contacto con uno de los cretinos de la hoguera. Antes en la reunión la observó someramente y en un momento determinado durante el trayecto a caballo también; al no-muerto le había llamado mínimamente la atención aquel ropaje extranjero. En esos momentos de tensión previas al combate le iba a decir que tuviera cuidado, esa ropa ligera y seductora le infundían poca confianza a un hombre cuyo cuerpo se movía entre acero, mas decidió no hacerlo: una reprimenda sin venir a cuento a un 'aliado' podía elevar la moral del adversario y eso no es lo que quería Gavryel y menos aún lo que estaba consiguiendo acercándose a éstos a paso tranquilo para aumentar el énfasis de su fortaleza. Sonreía aunque bajo su yelmo nadie lo viera.
Observaba cómo su enemigo en concreto retrocedía. El joven alabardero escuchaba otras cosas del entorno, muy probablemente sus compañeros que ya habían establecido combate, sin embargo él no las oía, estaba concentrado en el pobre desdichado que tenía delante.
-Esperemos no perdáis los dos. respondió vacilante el no-muerto, y acto seguido pegó un fugaz sprint que pudiere incluso a causar estupor en su enemigo1, la veloz aproximación iba acompañada de la alabarda en ristre. El no-muerto tenía la intención de clavarle el arma a aquél sujeto en todo el pecho, el filo del extremo, y quedar a una distancia con respecto a éste determinada por la la propia longitud de la alabarda. El polvo del suelo se levantaba de forma violenta como decorando el avance del guerrero, algo que sin duda ornamentaba belicosamente la acción.
Gavryel podía percibir el olor a brasas inmediatas a él, esto lo animó más aún a ser fiero contra su adversario. Demasiada repugnancia tenía a quienes usaban el fuego como arma principal; no se trataba del fuego, elemento que el alabardero respetaba, sino del hecho de usarlo como medio para combatir, tal vez se tratara de algo irracional.
Si la modesta carga hubiera sido efectiva contra su enemigo, Gavryel no hubiera tenido otra reacción que la de la pura indiferencia por aquél desgraciado y hubiera seguidamente ayudado a su extravagante compañera a acabar con el otro individuo. Tan sólo extraería el filo superior de su arma y , acercándose, intentaría partir a la mitad al otro sujeto.

Aquél paisaje se estaba volviendo extravagante en cuestión de minutos... aquél despistado individuo que desde una explanada contemplase aquello podría perfectamente salir corriendo o bien sacar un poco de queso para acompañar el espectáculo que se le presentaba delante. Más aún: desde una mayor altura, es decir, visto por algún pájaro o desafortunado sujeto que haya sido lanzado por una catapulta, se podría observar los ridículos sujetos que comenzaron el bullicio y que estaban por ser irremediablemente ajusticiados por aquellos mercenarios del gobierno regional. Entre todas esas figuras se podía apreciar una de hombros anchos y armadura grisácea que estaba blandiendo con dos manos una peligrosa arma de asta. ¿Quién lo diría? Un joven de lejos, cuyas transformaciones vitales fueron determinantes para su vida, luchando por dinero junto a desconocidos que bien podrían estar en el otro bando... la cohesión esta vez iba de plata, mucha plata.


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Hemmi Chinaski el Jue Jul 14, 2016 9:23 am

Una de las primeras cosas que aprendí en los años que estuve en Ki Nao, fue que su cultura no se enseña a cualquiera, la segunda, fue la esgrima.
En la isla, todos los que no son mahre son extranjeros, y enseñar a un extranjero puede ser visto como una afrenta, una pérdida del honor para toda la familia, casi un suicidio social, moral, cultural, algo muy, muy malo; bla, bla, bla. Yo respeté con vehemencia las negativas de más de una casa, pero no me rendí. Finalmente les demostré ser un hierro que valía la pena golpear y moldear, y poco a poco me fui introduciendo en la pastosa cultura y aprendí una que otra cosa. Como por ejemplo que la mano dominante debe estar justo debajo de la guarda, y la otra lo más alejada posible, cerca del pomo. Que los dedos más pequeños deben empuñar de manera más fuerte, disminuyendo la presión hasta que el índice solamente esté apoyado sobre la empuñadura, en lugar de empuñar con todos tus dedos a la vez. Y que al girar la espada, la mano izquierda debe ejecutar un movimiento hacia adentro mientras la derecha debe guiar a la izquierda, para que se tense la empuñadura al girar las manos y asegurar de que el mango se centré en su lugar. Al hacer esto se ocasiona un movimiento de látigo y de sierra simultáneo el cual no depende del todo de la fuerza con que se ejecute (aunque es importante la fuerza, no lo niego), sino de la velocidad y precisión del movimiento... Con el tiempo las técnicas como esta se van perfeccionando para que no dependan de la fuerza, sino de la rapidez con que se efectúan…

Pero, en algún instante en que el lancé el golpe hacia el mango del hacha, el cual había sido mi intención al lanzarme a atacar, solté la espada y la sostuve con una sola mano, lo que ocasionó no tan solo que la katana fuera a dar de golpe con el acero del hacha, sino que también, en un extraño efecto físico, que mi oponente y yo cayéramos al suelo.

Fue una pena que todo el tiempo de entrenamiento, dedicación y cansancio hubieran dado como resultado que terminase cayendo de culo en la tierra, pero no sentí pena en ese momento, la verdad nunca he sido una persona autocompasiva. Lo que sentí en ese momento fue rabia. No me considero alguien bastante bueno en esgrima, tengo un conocimiento básico más bien. Los verdaderos maestros practican por casi cincuenta años para llegar a ser maestros, y yo apenas y llevaba dos, pero no por eso iba a cometer la reverenda estupidez de sujetar la espada con una sola mano. Era un error tan simple que no lo podía volver a repetir nunca más, en especial cuando me jugaba la vida en ello.

Entonces, estaba ahí, de culo en el suelo, con el kimono levantado hasta las bragas y el orgullo tirado por alguna parte. Un fuego azul comenzó a roer mis brazos y mi rostro, unas llamas que no quemaban, pero no por ello no eran intimidantes. Mi querido contrincante se levantó sin pensar, un acto reflejo que tuvo que haber adquirido con el incontable tiempo que llevaba realizando el famoso y nunca tan bien ponderado arte de matar, sujetó su hacha gastada y añosa por sobre su cabeza y se dispuso a partir la mía.

Yo, que ya estaba bastante molesta conmigo misma, me desplacé con un gentil movimiento de manos y piernas para salir del paso y ponerme de pie a la vez. En esta ocasión era yo la que debía recibir. Me di unos segundos para medir a mi adversario, algo que debí haber hecho en un principio: Sujetaba la parte superior de su hacha con la derecha por lo que pude asumir que era diestro, y me moví hacia su izquierda para que le costase más atacar, sus pasos eran largos y su rostro denotaba el enojo por la marca que le dejé, era bueno que estuviera enojado.
Sujeté la katana, con ambas manos, y me puse en posición. Sonreí, soberbia, el fuego se elevaba de mi cuerpo, seguro estaba dando un bonito espectáculo.

Si algo he de explicar en este momento, es que la katana no está hecha para bloquear, ya que el borde está hecho de acero duro, y a falta de flexividad se puede romper. Cuando se bloquea con la katana se utiliza la parte posterior de la hoja, que es la sin filo, siempre es mejor evitar un golpe desviándolo con la espada. Para hacer eso se debe intentar utilizarla realizando un giro interno, cogiendo el arma oponente por la cara interior de la espada para que se deslice en lugar de parar el golpe por completo. No tiene sentido detener un golpe, al menos para mí, que no tengo la fuerza suficiente para hacerlo, en ese momento, lo mejor seria esperar a recibir la siguiente embestida y deslizar el hacha para enviar toda esa energía con la que atacaría a un lado para luego valerme de la poca distancia para abrirle el cuello de un limpio y certero movimiento.


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Medielvoulder el Jue Jul 28, 2016 8:07 am

Los cuervos aleteaban violentos sus alas por sobre la torre de vigilancia, gorjeando ante el sonido del metal, expectantes ante la sangre, esperando a que todo acabase pronto para poder comer. El humo de la letrina subía como una serpiente negra y cansada, la brisa sobre la colina se la llevaría lejos antes de dispersarla. Abajo, en el camino de tierra y entre la polvareda que su compañero de armadura y alabarda había levantado, Medielvoulder volvía a pelear en clara desventaja, midiendo su espada contra los dos hombres, quienes se comprendían bien el uno al otro, y luchaban unidos. Cualquiera pensaría que aquel cornudo era un idiota por elegir las peores cartas, pero había algo en él que lo obligaba a hacerlo, un impulso subterráneo, una sed de sangre generada por su Señor. No era algo fácil de explicar, no había ninguna voz susurrando en su oído, no había ninguna doctrina, ningún rezo, ni tampoco un templo en donde se dictaran las leyes que lo guiaban. Solo existía el ansia, como un animal belicoso que solo quiere matar, no para comer ni para defenderse, sino que solo por ver la sangre derramarse, la vida extinguirse. Era un sirviente de Rhaggorath, era un mercenario, era un Vikhar. No le temía a ningún hombre, animal, ángel o demonio; no había tenido la cordura de detenerse ante aquella bestia de brazo negro y hacha brutal, mucho menos lo haría frente a dos guiñapos con hachas sucias y llenas de puntos de óxido.

Se deslizó con la punta de la espada pegada a la orilla del escudo, listo para apuñalar, esperando llegar al oponente que había escogido, manteniendo a ambos en la mira, uno en cada lado, sin dejar que salieran de su campo de visión. Pero aquella paria a la que pretendía atacar retrocedió ante su proximidad y dejó que su amigo atacara. El flanco izquierdo, por donde venía el otro estaba protegido por su redondo escudo Vikhar y mientras atacaran de a uno Medie no tendría mayores problemas. El hacha se levantó, el hombre estaba a buena distancia para partir sus huesos. Medie oyó los pasos, y sujetó bien el escudo para hacer deslizar el hacha en vez de detenerla y perder medio trozo de buena madera, pero Matt hizo de las suyas en última instancia, distrayendo a su atacante.

Medie lanzó un Golpe Brutal al batidor que había recibido la flecha, directo a su cara, aprovechando la distracción de la flecha, posiblemente aquel tipo estaría mirando de donde salió la saeta para estar preparado para la próxima, y si no, posiblemente levantaría el escudo para protegerse, pero le serviría de bien poco.
Sin perder de vista a nadie, el mestizo retrocedió hacia la derecha de Matt para así crear dos distracciones, diferentes. A su espalda pudo oír como la ninfa y uno de los batidores caía al suelo, una caída limpia y grácil como ella, y otra turbulenta y sucia como cuando se desparrama la mierda en las callejuelas de las grandes ciudades. No se dio un segundo para mirar, sus oídos podían hacerlo por él, «Espero que ayudes más que solo en encendiendo las fogatas.» pensó en cuanto sintió el calor de la mujer en su espalda.

Volvió a ponerse en posición defensiva, con el escudo pegado al cuerpo y protegiendo su pecho, la punta de su espada descansaba en la orilla del escudo, se preparó para ser atacado.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Vanidad el Vie Jul 29, 2016 5:28 pm

La diablesa intentaba acabar con su enemigo, por supuesto, estaba haciendo su parte y todo eso, pero la verdad era que no se estaba esforzando demasiado. Empezó con fintas, esperando algún tipo de error, al fin y al cabo había funcionado la última vez, y encima estaba desarmada, era el objetivo perfecto al que atizarle un hachazo, pero su rival no parecía picar, lo que no hacía más que irritarla, pero lanzarse sobre ese tipejo maloliente, arrancarle el escudo de un mordisco y destriparlo era impropio de ella, además, no tenía claro que funcionara, parecía estar esperando exactamente eso.

El monje había entrado al combate de manera espectacular, pero al parecer era solo mucho ruido y pocas nueces, puesto que lo estaba pasando mal contra su rival. No parecía que fuese a morir, no en un futuro inmediato, pero ninguno de los dos parecía conseguir nada, era un empate técnico lleno de fallos y bloqueos, sin conseguir que ninguno de los dos contendientes se impusiera al otro de manera decisiva, ni siquiera temporal.

El no-muerto empuñaba un arma usualmente considerada estática, un arma a dos manos diseñada para aguantar el impacto de una carga de caballería y aun así apañárselas para perforar a caballo y jinete con armadura incluida, pero teóricamente, nada impedía usar esa misma arma para cargar salvajemente, especialmente si el que la empuñaba se movía a prácticamente el doble de rápido de lo habitual para un humano. El pobre desgraciado que se encontraba en el final puntiagudo del arma apenas pudo interponer el escudo entre su pecho y el arma, y no sirvió de mucho a juzgar por el sonido de madera astillándose y el grito de dolor, el arma había perforado el escudo, casi partiéndolo en dos y había llegado a la mano, dañándola seriamente, consiguiendo incluso que ese bandido glorificado derrapara casi un metro debido a la fuerza del impacto. Técnicamente, su rival no necesitaba la mano para sujetar el escudo al estar atado al brazo, pero desde luego los bloqueos ya no tendrían la fuerza de antes. Además, debido a la longitud del arma, su rival no pudo contraatacar inmediatamente, por lo que decidió retroceder en vez de arriesgarse a otro golpe del arma.

La piromante evitó grácilmente el hachazo que intentaba partirle la crisma y pareció decidirse por un enfoque más defensivo, rotando siempre hacia el escudo de su enemigo para que el siguiente golpe tuviese que recorrer más distancia, lo que lo haría más lento, para luego aprovechar la apertura e ir directa a por el cuello. Su enemigo hizo lo que pudo, pero con el escudo en el extremo opuesto, la espada simplemente se deslizó por la madera y llego igualmente al cuello con la empuñadura por delante en vez de homogeneamente, lo que basto para que el batidor empezara a sangrar profusamente. Seguía vivo, pero poco importaba, a los tres segundos, la falta de oxígeno en el cerebro provocaría un desmayo y a los sesenta, ya no tendría suficiente sangre como para seguir vivo.

El mestizo, por su lado, tenía que apañárselas contra dos enemigos con la única ayuda de un chaval con arco, lo que no era una ayuda especialmente constante o fiable, pero por suerte, los números podían compensarse con pura fuerza bruta, al menos temporalmente. Un brutal tajo hacia el tipo que había tenido la osadía de atacarlo cortó limpiamente la parte superior del escudo de madera, haciéndolo tres dedos más corto, y llevándose buena parte de la cara de su rival en el proceso. No parecía letal, apenas había tenido tiempo de apartar la cara, e incluso a pesar de que había empezado a retroceder cuando había recibido el flechazo, la cantidad de sangre desparramada, juntamente al dolor que estaba sintiendo a juzgar por los gritos, además de lo que parecía un ojo volador, bastaron para que ese pobre desgraciado soltara el arma y retrocediera cubriéndose la cara. En un acto de empatía, su compañero salto contra el cornudo, embistiendo con el escudo por delante y lanzando un corte en diagonal con el hacha, de derecha a izquierda.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Medielvoulder el Jue Ago 11, 2016 10:22 pm

Un profuso grito de agonía, y sangre a borbotones, fue la respuesta por parte del batidor luego de que el mestizo lanzara un limpio tajo a su rostro. El golpe de la espada se llevó parte de su escudo, la parte superior del pómulo izquierdo y su ojo, lo hizo tambalear como un borracho y caer con ambas manos en la cara.
Aquello no pintaba bien, y con lo lejos que estaban de la civilización lo más seguro seria que muriera por la perdida de sangre, pero el mestizo ya había visto suficiente como para no dar por sentado que el pobre tipo en el suelo, y con los dedos buscando en el orificio a ver si seguía ahí su ojo, moriría. Con la esperanza de que eso fuera lo último que supiera de él, Medielvoulder se giró para poner el escudo en posición y defenderse del otro sucio cabrón que restaba.

Sin tener un respiro, y con apenas unos segundos para reaccionar, recibió el embiste del escudo del otro batidor. Su cuerpo se estremeció al recibir el impacto con su propio escudo. Madera contra madera disputaron fuerzas. Era gracioso pensar que un centímetro de espesor de roble era todo lo que había entre su piel y un hacha. Pero así era la vida de los Vikhar, todos solían usar aquellos escudos redondos y sencillos, que la mayoría del tiempo terminan con la madera despedazada, atravesados por las lanzas o las flechas. Se estaría mejor protegido sosteniendo el plato que se usó para la sopa. Sin embargo durante las batallas el guerrero se aferra a ellos solo por la desesperada ilusión de protección.
Por un instante pensó en lo bueno que sería ir vestido de acero como el soldado que los acompañaba, pero luego recordó lo mucho que cansa ir con decenas de kilos encima, y lo mucho que cuesta moverse con ello. Sin duda era bueno estar bien protegido, él al menos era un término medio, no vestía armadura completa, pero al menos no llevaba como única prenda un kimono.

Afianzó su pierna izquierda para deslizarse unos centímetros sin perder el equilibrio, pero en el instante que bajó la mirada para ver donde pisaba oyó el sonido del hacha deslizarse, cortando el viento como pájaro. Sin tener tiempo de levantar la espada y teniendo el escudo contra su pecho, no le quedó otra opción que recibir el hachazo.
Giró el rostro a la izquierda cerrando los ojos y con una mueca de terror lo alejó todo lo que pudo del inminente impacto, ofreciendo su cuerno enroscado de chivo al filo del hacha. Era algo tremendamente arriesgado, pero sus cuernos eran duros como el acero, o eso le había dicho un comerciante en Auberdine, que ofrecía buen dinero por un cuerno de mestizo de demonio. Un miedo terrible le mordió el corazón, era como una garra apretando sus entrañas. Su oreja estaba salvaguardada tras su cuerno, pero ello no evito que oyera el silbido que bien podría partirle el rostro.

Si es que no moría luego de aquello, y aprovechando la cercanía, podría mover su espada por la orilla del escudo oponente y clavarle la punta en diagonal en el vientre. Una vez que tenías un buen acero entrando en tu ombligo y saliendo por las costillas de tu espalda casi nunca regresas a la vida. A menos que tengas un frasquito de mierda negra escondido entre tus ropas.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Gavryel el Vie Ago 12, 2016 5:47 pm


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Relleno, para que exquisitos lectores como Strindgaard  puedan evitárselo e ir directamente al grano.

Años, días, horas y segundos arduos de entrenamiento, habían hecho de este ser viviente un fiero batallador. Aún así y todo, era incomparable la fortaleza vital que portaba ahora mismo en comparación a la de cuando era humano. Las malignas y oscuras magias que habían sido usadas para levantarlo una vez más en las Tierras de Noreth lo habían impregnado de sustancias profanas que a lo largo del tiempo él mismo iba descubriendo y domando. Un Gavryel humano hubiera sucumbido en un solo asalto frente a lo que hoy andaba en una armadura grisácea y sin estandarte.
Pero el devenir había actuado, sin escatimar en valoraciones subjetivas, de tal manera que ahora se hallaba rodeado de desconocidos y luchando por otros a quienes probablemente jamás conocería. Así era la vida, una maravillosa coincidencia y una auténtica tragedia, amalgama de los dos. Y así era este joven muerto viviente: una adaptación tras otra a un entorno cada vez más misterioso, hostil, que a la vez era transformado por su sed de cambio. Algo lo hacía afín a quienes buscaban crisis en lugar de permanencia. Todo lo demás eran medios para que un joven alzado pueda gozar y sufrir su camino.
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El inesperado (para su enemigo) aceleramiento que pegó el joven alabardero provocó el efecto que buscaba pero no en todo su esplendor. Si su objetivo era el de insertar la punta de su afilada arma en el pecho del oponente... éste se vio mermado por el escudo que el adversario portaba, el resultado: el escudo a punto de perder su utilidad y un enemigo atemorizado retrocediendo. No era una acción del todo mal, el no-muerto, bajo su resistente yelmo, sonreía pero mantenía un peculiar cabreo acompañado de frustración... no había logrado acabar con aquél sujeto de un sólo golpe.
Acto seguido a aquél veloz movimiento, y la consiguiente marcha atrás del bellaco, Gavryel volvió a cargar con bastante fuerza y velocidad pero esta vez inclinando levemente en diagonal la trayectoria de su arma. Pretendía dirigir el arma de forma limpia y cruel hacia el cuello del adversario y atravesarlo. Aprovecharía la desorientación que podría haber causado recientemente con el astillar del escudo y el retroceso que su ataque provocó.
Colores, luces, fuego, y demás fenómenos ocurrían alrededor de muerto viviente, sin embargo su atención estaba fijada explícitamente en los enemigos que tenía presente y, por supuesto, en sus provisionales aliados de trabajo. -Tu fin te llama. - pronunció con mediana voz mientras el arma entraba en la carnosa envoltura del cuello de aquél sujeto. La sangre brotaba de forma grotesca. Gavryel no quiso observar más de lo justo, extrajo la goteante arma y miró brevemente el cuerpo cayendo, aún con vida y abrazando la inercia, propiedad de las cosas muertas.
El cuerpo del alabardero se volteó para comprobar al aliado que tenía más cercano. Miró a lo que parecía ser una especie de espadachina, de figura atractiva y no tan menuda como él creía que eran las de su especie (la cual no recordaba), parecía que ésta terminaba con uno de los invasores. El no-muerto iba a pronunciar una especie de alago pero divisó prontamente un sujeto que se aproximaba en posición ofensiva.
-Moveos. pronunció el joven guerrero y tras eso colocó la alabarda en posición horizontal delante suyo, con los dos brazos semiflexionados, preparado para repeler cualquier tipo de ataque de contacto puro.
Había pensado anteriormente en despertar alguna de sus necróticas habilidades pero prefirió no cansarse con unos enemigos que probablemente el sólo podría acabar. Era mejor ahorrar energías y fuerzas para un posible enfrentamiento más complejo en adelante.
- Yo lo retengo, podéis disfrutar lanzándole algo, lo que os plazca. - Refirió Gavryel a su ninfa aliada. Dada la situación de control y ventaja para los mercenarios, el no-muerto se regalaba así mismo la acción de jugar y extender una inevitable victoria.


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Hemmi Chinaski el Jue Ago 18, 2016 4:28 am

Asesinar a un hombre siempre trae recuerdos. Todos actúan de manera similar, pierden el equilibrio, se sacuden como peces fuera del agua; la mirada se pierde en los ojos de su asesino mientras la boca trata de articular alguna palabra. Las manos sueltan las armas, (puesto que saben que ya no las utilizarán), y a tientas buscan la herida, y tratan de detener la hemorragia, cosa que nunca resulta con éxito.
El cuello es un sitio tan delicado que cualquier corte tiende a ser el último. Esta vez pasó igual. Mientras miraba como la sangre se escapaban del cuerpo de mi adversario, una ligera paz me llenó de pronto. Sabes que tu vida ya no está en riesgo, sabes que te la ganaste como solo se puede ganar verdaderamente.

Miré mi espada, solo un par de centímetros en la punta estaban manchados, había sido un golpe preciso. El batidor se desmayó, y en segundos moriría. Aparté la vista de su cuerpo y miré con una sonrisa los combates a mí alrededor para saber a donde debía ir a apoyar.
No fue difícil ver quien necesitaba más mi ayuda, el mestizo le hizo una flor de loto roja en el rostro a uno de los dos batidores a los que se enfrentaba, y parecía listo para enfrentar al siguiente. La albina que me había reclutado fintaba con su espada envainada, algo bastante inusual de ver. Incluso para mí. Me pregunté si estaba loca, o tenía un estilo de lucha del tipo de los monjes. Por cierto miré a mi calvo compañero, tenía una hinchazón en el rostro como si le hubieran dado un buen puñetazo o un golpe con un escudo, y no pintaba muy bien su pelea contra el sucio batidor.

El alabardero estaba haciendo gala del uso de su arma, la larga alabarda con inscripciones, filo pulcro y una calavera de acero a modo de decoración, contra el pobre hombre que le había tocado luchar, lo embistió con gracia y furia, magullando su brazo, desarmando su escudo y dándole muerte de la misma manera que yo. Cuando nuestras miradas se juntaron me pareció que iba a decir algo, pero divisó a otro zarrapastroso acercarse y se puso en formación defensiva.

Sujeté mi espada lista para el ataque. El caballero, bastante seguro de sí mismo, me ofreció lanzarle algo, burlándose del batidor. Lo miré con disgusto, si bien estábamos enfrentándonos a muerte contra ellos, debe existir respeto en nuestro enfrentamiento.

Molesta, miré al monje y decidí que mi espada debía estar con él. Corrí con mis pies descalzos, sintiendo el calor del sol que alargaba mi sombra en el camino de tierra, la tarde traía un susurro junto con la brisa, que metía sus dedos entre mi cabello y lo agitaba. Una vez que comienzas a matar, el lobo en tu interior aullar por más. Me deslicé por la espalda del batidor que con su hacha intentaba arrancarle la cabeza al calvo, esperando a que estuviese lo suficientemente ocupado con él como para oírme, me detuve a dos metros y esperé a que atacara para lanzarme contra su espalda. Sujeté mi katana con la punta vuelta hacia el frente, dirigiéndome al punto de las junturas de su armadura de cuero, donde mi acero podría atravesar su piel igual como si fuera una verdura.


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Hemmi Chinaski

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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Vanidad el Dom Ago 21, 2016 3:32 pm

Un sonido que la diablesa no supo identificar inundo la zona, como si todos los demás ruidos hubiesen parado en una pausa dramática para dejar paso al más peculiar, acero contra hueso. La cara de Luzbel se inundó de escepticismo, pasando luego a la incredulidad y acabar susurrando un “jodidos mestizos”, todo en apenas un segundo. Dejaría una muesca, seguro, del mismo modo que un escudo se abollaba al ser golpeado, pero no se había rebanado en dos, cosa bastante impresionante. Era jaque mate, cuando tu rival podía parar tus golpes porque tenía una cabeza muy dura había poco que hacer, en cuando aparto la vista ese pobre batidor ya tenía un segundo ombligo. Las heridas en el estómago y el intestino eran mortales casi en su totalidad, pero si además desgarrabas el diafragma y el pulmón… Al menos seria relativamente rápido, menos de un minuto ahogándose en su propia sangre hasta que la falta de aire provocase un desmayo.

Su siguiente mirada se dirigió hacia el tipo acorazado, pero parecía que no debía preocuparse en absoluto, había apuñalado a otro enemigo con una alabarda, y luego se dirigió hacia un segundo. Por un momento no entendió de donde había salido otro tipo, pero luego vio que su rival se había aburrido de ella y se había marchado. -¿En serio?- Eso la ofendió profundamente, estuvo a punto de transformarse, agitar las alas y abalanzarse sobre ese desgraciado para estrangularle con sus propias tripas, al estilo de su padre, pero eso no era adecuado en ese plano, y puede que la aparición de otro demonio dada la…peculiar afiliación de sus enemigos no fuese demasiado bien vista. Así que la peliblanca se limitó a suspirar y a dirigirse tranquilamente hacia uno de los dos rivales del mestizo, aunque ahora técnicamente era solo medio, ese tipo son ojo que parecía al borde de un ataque de pánico. Cuando la otra peliblanca, la que lanzaba llamas, saco su espada por el pecho de su ultimo amigo, se rompió. Salió por patas, primero a gatas y luego en una carrera casi a ciegas. Técnicamente, no había una dirección incorrecta en la que huir de unos tipos que habían masacrado a tu unidad, pero la diablesa estaba bastante segura que el camino por el que se bajaba de la colina era la mejor, pero ese tipo simplemente empezó a rodar hacia abajo sin ningún tipo de control hasta llegar a un punto más bajo del mismo camino, puesto que rodeaba el accidente geográfico. -¿Matt?- Señalo al cobarde que huía. Tuvo que mirarlo para que el niño entendiera su orden implícita, tensara el arco y le disparara. La flecha se clavó en el omoplato, no era mortal, pero entre eso y su cara… dudaba que llegara al campamento, y la verdad era que no tenía claro que opción era mejor ¿Si sabían que habían enviado una señal de socorro desistirían o se volverían más agresivos? Decidió que no era su problema, si alguno de sus acompañantes quería tomarse la molestia de perseguirlo y abatirlo, allá ellos.

Todo estaba en paz, así que Luzbel se arregló el pelo y dio unos golpecitos en la puerta de la letrina.-¿Cómo sé que no sois ellos?- Fue la única respuesta que recibió del interior.

-Sigues vivo, ¿no?- La puerta se abrió, solo un poco, y un ojo la miro. Debió pensar que estaba demasiado bien vestida para ir con ellos, así que finalmente decidió abrir completamente la puerta. Se trataba de un hombre que apenas llegaba al metro setenta, de cabello corto y negro, que llevaba un uniforme azul con el emblema de la ciudad, un uniforme que, al igual que el dueño, había pasado mejores días. El sudor fruto del pánico cubría al hombre, dándole a su pelo un aspecto grasiento, y el uniforme se le pegaba al cuerpo, dejando ver que tenía por lo menos veinte quilos más de lo que ella consideraría apropiado para cualquier soldado bajo su mando. Se alegró mentalmente por no haberle pedido su ayuda durante el combate, seguro que habría muerto a la primera, aunque sinceramente, puede que las manchas de diversos…fluidos producto de estar en una letrina siendo golpeada podían estar influenciando en su buen juicio.

–Si no me hubiesen pillado con la guardia baja…-

-Seguro…-

-Los habría cogido por el pescuezo y…-


-Aha… ¿Puedes encender la cosa esta?-  Señalo a la torre, a ese curioso faro de montaña, el único motivo por el cual habían rescatado a ese tipo. –Tu ciudad está bajo ataque.- Recibió una mirada de incredulidad que se alternaba entre ella y el faro. –Ahora- Matt intervino, mostrando el emblema de su familia, lo que finalmente pareció convencerlo.

Tres minutos más tarde, un fuego de un color azul fantasmagórico cubrió la punta de la torre, y después de otros cuatro, hubo otro igual en la lejanía, en una torre apenas visible en dirección contraria a la ciudad. Todo listo al parecer.

El viaje de vuelta fue tranquilo, habían cumplido su misión, expropiado unos cuantos caballos raquíticos e incluso recuperado al guardián, que decidió abandonar su puesto y volver con ellos. Su responsabilidad, su problema, aunque ahora que la petición de auxilio había sido mandado, poco podía hacer allí perdido.

Esta vez no traían noticias apremiantes como una invasión demoniaca, era un simple reporte de la misión, pero en cuando los guardias los vieron, los escoltaron al palacio, ignorando las colas de mercenarios y civiles, seguramente granjeros de las zonas por las que estaba pasando el enemigo. Pasaban por delante de los preparativos para el asedio, parecía que los tenían en alta estima, los considerarían mercenarios competentes, cuanto menos.

-¿Y bien?- Preguntó Constantine.

-Llegamos un poco tarde, pero esta todo solucionado, señal mandada, incluso hemos traído al tipo.- Las caras de los príncipes se dirigieron hacia el capitán de la guardia, que parecía estar estimando algo.

–Alrededor de nueve días, dependiendo de la disponibilidad y la composición de tropas.-

-¿Aguantaremos?- El anciano Henry intervino.

-¿Sin armas de asedio? Podríamos aguantar veinte, el problema es la comida, hay reservas gracias al festival, pero también hay muchísima más gente… Hare preparativos-  La diablesa sabía lo que eso significaba, la gente pasaría hambre. No ellos, que ya tenían una pequeña fortuna y en estos instantes estaban recibiendo otra, pero todo aquel que no fuese soldado… Al menos era una buena manera de incentivar el reclutamiento. – Vosotros…- se dirigía hacia ellos, otro trabajo al parecer. –Ciertas personas influyentes se niegan a colaborar debido a ciertas… rencillas, esperaba que la intervención de alguien externo a la ciudad pudiese… agilizar la colaboración. Sin violencia, por supuesto…-

Luzbel asintió, ella se encargaría, junto a algunos de los presentes seguramente. –Voy a necesitar una lista, y alguien que sepa decirme que problemas hay…-

-Yo me encargo, una de mis damas de compañía os guiara, esperadla en la entrada- Grisella se levantó, en vez de chasquear los dedos como la última vez. -Os daré cierto… incentivo para convencerlos.- Un soborno, la pesada bolsa de monedas que recibió era un soborno, sin un ápice de duda.

La lista de nombres que recibió era más bien escueta, pero la doncella de Grisella se aseguró de ampliar la información. Se trataba de una mujer de pelo oscuro, vestida con ropas modestas y no demasiado caras, pero cuyo diseño y corte se aseguraba de resaltar sus curvas, lo que junto a la lluvia de información que proporciono arrojaba ciertas dudas sobre qué papel hacia exactamente esa doncella.

Para empezar, había cierto gremio de ladrones en la ciudad apodado “Los gatos de plata”, al parecer, era más adecuado decir que en realidad eran espías, puesto que más que joyas dinero y arte se dedicaban a robar cartas e información, para luego revenderlas al mejor postor. Aunque la localización de su base era por supuesto un absoluto secreto, esa doncella estaba segura de poder concertar una cita con su líder, un tal Lupin, siempre que los voluntarios aceptaran ponerse un saco en la cabeza, lo que básicamente convertía la reunión en un secuestro. Tenía sus riesgos, pero la doncella, Lissara, estaba segura de que tendrían información sobre el ejército que se acercaba, y eso siempre podía ser útil.

También había una tal Shani, que al parecer era considerada la líder de los sanadores. Aunque no formaban un gremio propiamente dicho, sino que eran más bien una amalgama de magos, druidas y sacerdotes especialmente piadosos, esa mujer parecía ser la voz cantante, y era a ella a la que debían convencer si querían la plena colaboración en el asedio. A la diablesa le resultaba extraño que un sanador, alguien que se dedicaba ayudar a la gente, se negara a ayudar, pero al parecer llevaban años furiosos por las pésimas condiciones de vida en la ciudad y estaban aprovechando estos tiempos de crisis para ejercer presión. Si cualquier soldado tenía la más mínima intención de ser curado, más les valía que consiguieran que esa pelirroja quedase contenta.

Otro personaje de interés era Maximus. No era el siguiente en la lista, pero lo priorizo debido a la urgencia. Era el principal rival de Henry en el comercio de alimentos, aunque no tan despiadado como el anciano, tenía una clara reputación…turbia y los rumores decían que era un perista. Debían ir a convencerlo de que su colaboración era imprescindible y necesaria, antes de que acumulara comida y empezara a especular con ella. Sospechaba que sus patrones estaban más interesados en que toda esa comida fuese a parar a manos de los soldados que en evitar que la población se arruinara, pero ese desde luego no era su problema.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Medielvoulder el Jue Sep 01, 2016 4:37 am

Fue una suerte que ningún otro batidor hiciera acto de aparición luego de que despacharan al último. Al fin el guardia escondido logró encender un fuego en lo alto de la torre de piedra y el grupo, aunque cansado y algo magullado, pudo regresar a la ciudad sin ningún inconveniente. Como también debían apresurarse en volver con las noticias del faro, el cambiar los caballos de postas fue obligatorio.
El descanso de la posada y el camino llano de vuelta a Hanseal le sirvió al mestizo para recuperarse tanto de su pelea anterior como la de la mañana. Y también le sirvió para pensar.

Él no era de la clase de mercenario que resistía asedios. Mucho menos de los que se quedan en el bando perdedor. Hanseal caería, un atajo de mercenarios bien o mal pagados no aguantaría lo que se avecinaba. Y fuera lo que fuera que estaba apoyando al ejercito que se aproximaba, más valía la pena mantenerse lejos de ello, en especial para un mestizo, odiado tanto por humanos como demonios.

Cuando llegaron a los muros de la ciudad ya podía verse el agitado estado de animo de las personas, un rápido avance por las calles y estuvieron de vuelta en la casona en donde los mercaderes discutían de qué manera morirían mejor. Una vez dentro, el demonio envuelto en piel de mujer le hizo saber a su superior lo que había sucedido. Y una vez más le ofrecieron a ella y por consiguiente al mestizo, otra misión, menos mortal que las anteriores, pero no así menos importante. «¿Cómo mierda se supone que nosotros vamos a interceder para hacer que los gremios apoyen la salvación de su ciudad? —Iba pensando el cornudo—. ¿No se supone que deberían ya estar de acuerdo con salvar sus cuellos, por qué habrían de decir que no?» Aquello no era bueno. No lo era en lo absoluto.
Mi trabajo aquí ha terminado. Prefiero estar del lado de afuera de estos muros para cuando llegue ese ejército. —Informó Medielvoulder a la albina.

Se marchó en el caballo que le habían entregado, nadie le pidió que lo devolviera. Además de eso tenía los dos pagos anteriores y algunas pociones. Una suma no despreciable, pero parecía una miseria si uno se ponía a pensar cuánto había arriesgado la vida en el bosque, aquel medio demonio con su brazo, además de tener que compartir tiempo con esa demonio, y aquel monje callado y aquel inútil de Matt.

Para cuando se separó del grupo picó espuelas y comenzó a avanzar sin pensarlo hasta el sitio más acaudalado de la ciudad. Era de esperarse que la mayoría de los guardias dispuestos en la ciudad estuvieran haciendo preparativos para el asedio.
Las mansiones de los mercaderes eran inconfundibles, había dado con una de ellas simplemente siguiendo el olor del oro que despedían.
Se quedó casi media hora contemplando la entrada, esperando ver movimiento en su interior, a parte de uno que otro guardia no parecía haber mayor resguardo. No dejó escapar más tiempo. Era ahora o nunca.
¿Qué mierda haces aquí?
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

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