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Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Hemmi Chinaski el Vie Sep 02, 2016 3:52 am

El mestizo se volteó controlando su sorpresa. Estaba a menos de tres metros de él, descalza como siempre para disminuir el sonido de mis pisadas. Mis manos descansaban en mis caderas, y le clavaba una de mis miradas acusadoras.
No me iré de aquí con las manos vacías. —Me contestó. Oteando desde la esquina de la calle podíamos observar varias casas ostentosas, pero ninguna como la del frente.
¿Y qué pasó con lo de cobrar lo justo por un trabajo bien hecho?
El cornudo no dijo nada, se limitó a mirar al frente.
Si la propia ciudad está dividida, y hacen falta unos extranjeros y encima mercenarios para unirlos, esto está destinado a terminar muy mal.
Y huirás con todo lo que puedas cargar. —Dije. Mi caballo permanecía en una caballeriza que no tenía pintas de ser barata, pero al parecer Medie había conseguido la solución—. No sé por qué no me parece extraño.
¿Estás conmigo o irás a decírselo a la albina?
Me crucé de brazos con una media sonrisa.
¿Crees que me metí a mercenaria porque me gusta matar?
Su mirada fue elocuente.
No digas nada. —Miré las alforjas de su montura—. ¿Crees que será buena idea dejar el dinero del soborno ahí? Cómo está la ciudad, una vez que entremos, cualquiera podría robarlo, caballo incluido.
¿Y quién dijo que voy a dejar mi montura aquí? Voy a cabalgar para echar abajo esa verja y luego pasaré por la espada cada guardia ahí dentro.
Pobre chivo. Piensas que todo se soluciona con violencia.
Miré con tristeza a Medie, a fin de cuentas actuaba así porque no conocía otra vida.
Me bajé el kimono para dejar mis hombros desnudos, llevé mis manos atrás y comencé a desabrochar la tela que mantenía mis pechos en su posición. No eran pechos grandes, pero estaban lo suficientemente bien como para llamar la atención de cualquier hombre. Y mestizo, por el rostro del chivo.
Existe más opciones además de la espada. —Dije con un deje de malicia. Me desordené el cabello y me ensucié algo la cara con polvo del morro del caballo—. ¿Cómo me veo? —Le pregunté al mestizo. Puse una cara de susto como cuando no te ha llegado en dos meses, y salí a la calle.

¡Ayuda!
El guardia que se paseaba por el jardín del frente salió en mi auxilio.
¡Por los dioses, ¿qué le ha pasado?!
Abrió la verja de hierro y me dejó entrar. Con un escote no despreciable me acerqué hasta él
Me han intentado violar.
¿Te encuentras bien? —El guardia más se acercó a mí como una abeja a la miel, pasó su brazo entre mis hombros y trató de contener mi falso llanto.
Abrásame fuerte, necesito que alguien me proteja.
No te preocupes, todo estará… —De mi cuerpo surgieron llamas rojas y azules, danzando al son de una canción infernal—. ¡AAAAAHH!
El guardia se lanzó al jardín y comenzó a rodar por el pasto sin resultado alguno. Desde la puerta de enfrente aparecieron otros dos tipos que me observaron como si fuera un demonio. Me volteé, al oír el sonido del caballo. Medielvoulder pasó como un soplo y fue directo a los guardias que ya estaban aterrorizados… Cuento corto: el poco resguardo en la casa no hizo nada por detenernos, el dinero fue cuantioso. Cargamos todo lo que pudimos y huímos de Hanseal sobre nuestros caballos robados. Al diablo con la ciudad.


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Gavryel el Vie Sep 16, 2016 7:16 pm

La sangre emanaba del cuerpo enemigo y el muerto viviente la contemplaba con una calma que  para cualquier ser corriente podría resultar incómoda. Las gotas y el flujo rojo corría en el aire como si fuese extraído por un ente divino, se desplazaba por el suelo alertando a la tierra que un peso inerte estaba a punto de tenderse sobre ella para descansar por los siglos de los siglos. Para fundirse con el todo.
En realidad fue un instante pero Gavryel tuvo su espectáculo interno que le duró una larga instancia. Tras eso encabezó la contienda con otro de los enemigos, sugirió a una de sus compañeras mercenarias la colaboración...y aún sin saber si ésta accedería o no el muchacho se lanzó al encuentro. Su oponente se trataba de otro pobre y mediocre ser vivo armado de forma endeble. Bajo la armadura el alabardero sonreía aunque una parte suya, una parte que en última instancia estaba compuesta de materia, se disgustaba en tener que finar algo tan complejo y elaborado como era la vida. //Lucharé por la vida, y para enaltecer la vida habrá que restar mucho elemento antivital...//, este era un pensamiento que tenía muy presente hace tiempo y era el que llevaba las riendas en estos momentos, más aún sabiendo que el enemigo podía acabar con su vida, o al menos, eso se propondría.
El no-muerto cogió la alabarda en ristre y comenzó a cargar hacia el oponente con una furia casi irracional y totalmente injustificada. El objeto de esta acción era atravesar por completo el cuerpo del adversario, ayudado por el tremendo peso de su cuerpo y la armadura. Una vez esto, el muchacho murmuraría unas palabras casi imperceptibles en nombre de los Dioses y los cuerpos caídos. Tras la atención de Gavryel pasó a lo que se acontecía alrededor de la letrina que había sido atacada.
Los bruscos cambios de humor que se daban en el no-muerto debido a su contradicción entre matar por la vida y no matar por lo mismo estaban jugándole un papel muy provechoso para tener arrebatos de violencia como los que estaba llevando a cabo, si bien por el momento los estaba controlando no debía dejarse llevar ni bajar la guardia -consigo mismo- porque podría ceder a la locura temporal hasta que determinados procesos químicos en su cabeza cesen y, en definitiva, se tranquilice. //Sal ya. // Creyó haber gritado cuando Luzbel se encargaba de parlamentar con el soldado de dentro del cubículo. //Tranquilo, Gavryel, relájate, ya están en el infinito, sigue con tu libertad y tu voluntad, sigue. //, tras autodialogarse un instante, el alabardero se acercó a la zona de interés común, alabarda al hombro y aún goteando. Allí hablaba la jefaza con el individuo maloliente y cobarde sobre el asunto al que vinimos el grupo, la dicho torre.
Al cabo de un rato un hermoso fuego comenzó a brillar en lo alto de la torre. El alzado lo observaba con respeto, y pensaba aquella frase que memorizaba de los libros de filosofía de cuando era un joven humano: «Este mundo, el mismo para todos, ninguno de los dioses ni de los hombres lo ha hecho, sino que fue, es y será fuego eterno y vivo, encendiéndose con medida y con medida apagándose».
Los mercenarios, él incluido, comenzaron a rapiñar lo que pudieren entre los caídos y sus pertenencias. El no-muerto no cogió nada sino que se dirigió a su necrótico caballo, montó en éste y esperó la señal para marchar todos juntos. Y eso hicieron, volviendo con una calma asombrosa, como si sólo hubieran ido a cortar setas al monte para el estofado de la noche.
Al llegar el no-muerto dio cuenta de que cada vez había más gente y más voluntarios civiles para la defensa de aquél sitio. Parecía que iba a ser algo más serio de lo que él esperaba. Agitó levemente la cabeza y siguió a la jefa, ahora de pie porque entraban al palacio. Su corcel "Semejante" quedó atado cerca de la puerta.  El no-muerto atendía en silencio a las conversaciones entre Luzbel y los demás sujetos, lo hacía con determinado esmero para no tener lagunas de información en ningún momento. De paso echaba un vistazo a su alrededor, de manera simulada, y sobretodo a la sexy ninfa junto a la que había luchado.
"[...] que la intervención de alguien externo a la ciudad pudiese… agilizar la colaboración. Sin violencia, por supuesto  [...]", disuadir, o exhortar a alguien eran cosas que al no-muerto también le agradaban con mucha efusividad... además de un derroche semanal de violencia canalizada.
Marcharon un escaso trayecto para hablar con quien les facilitaría la información, Gavryel llevaba el casco en un brazo, cogido de forma que su brazo lo rodeaba y parecía una letra C. -Los gatos de plata. - Sentenció Gavryel, estaba decidido. -Permitidme entrevistarme con ellos en nombre de la ciudad, dejadme un tabardo oficial o algún tipo de insignia nacional, necesitaré sentirme parte de esto más de lo que no lo siento. ¿Qué estaba pensando el alzado? La maquinaria mental que tenía en su cabeza estaba obrando velozmente mientras proyectaba objetivos futuros e inmediatos. - Si tienen información crucial para la defensa de la ciudad, yo la traeré, ahora, llévame con ellos. - El alabardero salió del palacio, enganchó su casco al estribo de la montura y se preparó para dirigirse a donde debía hacerlo. Era hora de tener algo más de relevancia en estos acontecimientos, sobretodo cuando hay tantos ideales en juego.


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Avanzando, el fuego lo juzgará y condenará todo.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Feng Roshi el Jue Sep 22, 2016 2:30 pm

Una guerra, eso era lo que se avecinaba a esa ciudad enriquecida, estaba claro que la naturaleza de la gente era avariciosa, siempre buscando poder y dinero para fines egoístas, el monje no tenía tiempo de cuestionarse aún la utilidad de esta guerra, pues fue arrastrado a esas misiones de tal manera que apenas se paró a pensar en lo que realmente pasaba, y ahí estaba, en un combate intentando preparar las defensas de una ciudad que poco conocía, pero no le gustaba dejar a gente inocente a su suerte, en la ciudad habrían muchísimas personas que solo estaban ahí de visita, debido al festival, o debido a sus negocios, gente que no residía ahí se vería en vuelta, y por eso luchaba, pero el monje estaba algo cansado.

EL combate era inusualmente lento, una gota de sudor goteaba de la calva de Feng mientras este hacia varios ataques rápidos pero previsibles por el enemigo que las bloqueaba para hacer un contrataque tosco y fácil de esquivar.

Feng no dejaba aberturas para que el enemigo las aprovechara, pero también aprovechaba mal las aberturas del enemigo. Mientras combatía a su alrededor los enemigos eran derrumbados, eran combatientes interesantes, y parecían soportar mejor el cansancio. Le llamo la atención el fuego que de repente por un flanco suyo se encendía y con un rápido vistazo parecía emanar de su aliada. Descuido que le dio a su enemigo la oportunidad de impactar un golpe.
Tuvo que venir gente a ayudarle para poder dar fin a esa situación en la que apenas hirió al enemigo dos o tres veces de forma leve, y se llevó un golpe en la cara que le adormeció los músculos e hincho un poco su ojo izquierdo. Pero el enemigo intentando huir fue derivado, y la misión había acabado.
La vuelta a la ciudad parecía haber durado minutos, con el cansancio que tenía y todo lo que ocurría, el pobre monje no tenía noción alguna del tiempo. NI falta que le hacía. Llegados a la ciudad y dado el informe, parecía que la ciudad se vendría abajo si no continuaban dando ayuda sin interrupciones. El joven Feng, tenía que pensárselo. Las cosas pintaban mal, y él no era nadie dado a la política ni de la buena forma ni de la mala… pero no se perdonaría no intentarlo. Así que acepto seguir ayudando.

-Yo preferiría ir a solventar el problema médico, no me siento cómodo con las otras dos opciones, pero creo que me vendría bien el dinero para poder terminar de convencer dicha asociación.-

Después de la reunión fue informado a fondo sobre esa mujer llamada Shani, por lo visto era una mujer de bien, pues para ser tan instruida tenía que pagarse las cosas, pero más allá de eso, es una mujer de increíbles conocimientos. Rumores de su pasado, situación con su entorno en Hanseal, la verdad es que esa mujer estaba un poco en boca de todos los habitantes de una forma u otra y le provocaba al monje un interés más allá de la simple utilidad para la defensa de la ciudad, seguro aprendería algo de ella, o de los suyos.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Vanidad el Dom Sep 25, 2016 5:50 pm

Sasha, el nombre que parecía ostentar la doncella de Grisella, por fin había acabado su larguísimo discurso sobre los gatos de plata y Shani, y en ese momento estaba quieta como un cordero asustado, sin saber exactamente que hacer, por suerte, las palabras del no-muerto la hicieron reaccionar. –Creo que puedo conseguir un uniforme de mensajero, pero no sé yo si deb….- Luzbel tosió discretamente y le clavo la mirada. Ese hombre acorazado prácticamente acababa de llegar, era normal que desconfiaran un poco, pero ella les había solucionado los problemas no una, sino dos veces, su reputación y la del monje debían valer para algo. Sasha pareció captar al vuelo su voto de confianza y volvió dentro del palacio una vez más, volviendo con un uniforme de mensajero tan rápido que la diablesa sospecho que había hecho que algún pobre mensajero de verdad se desnudara. También entrego a los tres mercenarios un pergamino, que Luzbel desenvolvió y leyó de inmediato, por curiosidad. Nada especial, un documento oficial para acreditar que estaban trabajando en misión oficial, bla bla bla, básicamente, les daba autoridad, la suficiente para que los guardias se metieran en sus propios asuntos.

No tan oficial como un heraldo o un guardia, pero un uniforme era un uniforme, y la verdad era que ese tono azul debía proceder de un tinte bastante caro, al igual que el bordado con un ojo. Estaba casi segura que el emblema de la ciudad no era ese, debía ser una marca distintiva de los mensajeros. Una vez Gavryel se hubiera vestido, solo quedaba que se dejara secuestrar, y para ello tenía que ir a lo que parecía una encrucijada sin nada en especial, exceptuando el hecho de que estaba desierta. La doncella, Sasha, lo acompañaría en todo momento, asegurando que su presencia era necesaria, no podían arriesgarse a ofrecer algo que no pudieran cumplir, traicionar a los gatos de plata, faltar a su palabra aunque fuese solo vagamente podía suponer un desastre en las defensas de la ciudad. Después de que se aseguraran de que estaban solos, un par de gatos de plata los abordarían, ofreciéndoles un saco para la cabeza y una vez cegado, subirían a un carruaje, seguramente para dificultar que se contaran los pasos o los giros. Un sistema sorprendentemente complejo para lo que se suponía que era una banda de ladrones de los bajos fondos. Gavryel daría muchas más vueltas y giros de los necesarios, para luego salir del carruaje, cruzar un par de puertas, escalones y finalmente llegar a su destino. Cuando el saco dejo de bloquear su vista, cortesía de uno de sus secuestradores, se encontró en una habitación oscura, iluminada únicamente por un par de antorchas a la espalda de una misteriosa figura con mascara de plata. La iluminación hacia extremadamente difícil distinguir las formas, pero la máscara era la de un zorro, era Lupin, aparentemente. Había un par de sillas, una al lado de la otra para ellos, mientras que Lupin estaba sentado encima de lo que parecía un escritorio.

Vestía una enorme capa oscura que ocultaba todo su cuerpo a excepción de la cara, tapada por la máscara. El líder de la mayor banda criminal de la ciudad era solo un borrón negro de mascara plateada, aunque cuando empezó a hablar, un pequeño mechón de pelo blanco se dejó entrever, solo un instante, antes de que su mano saliera de entre la capa y lo recolocara, una mano pequeña y enguantada. –Estas aquí porque tenemos información, información que podría ayudaros.- remarcó esa última palabra, dejando entrever que no participarían activamente en la lucha. Hablaba perfectamente, sin insultos, argot o expresiones vulgares que uno podría esperar de un ladrón de los bajos fondos, aunque su voz carismática y melosa tenía un tono ronco que no acababa de encajar. –Pero, me pregunto… ¿Por qué debería dárosla? Que ventaja obtendría yo de daros la distribución de su campamento, el número de magos, las tiendas de sus oficiales, las armas d…- interrumpió la lista. –Podría simplemente irme con mis hombres a otra ciudad y dejaros a vuestra suerte, no solo estamos en Hanseal.- Durante esa última frase, su voz sonó más aguda durante unas pocas palabras, femenina, pero rápidamente volvió al tono ronco habitual. –¿Y bien? ¿Que tienen para ofrecerme los ricos príncipes mercaderes?- sin embargo, esa pregunta parecía ir dirigida a Sasha.

El monje, por su parte, fue conducido por Matt hasta la clínica de Shani. No era un lugar cuya localización estuviese bajo máximo secreto como pasaba con los gatos de plata, Feng podría haber llegado allí perfectamente solo con preguntar a alguno de los locales, pero al igual que la doncella, quería asegurarse de que no se prometiera algo exagerado. Ambos tuvieron que internarse entre las callejuelas de los barrios pobres hasta llegar donde Shani, que ya se encontraba en una acalorada discusión con un trío de miembros de la guardia. No parecía un buen comienzo, especialmente porque a juzgar por la actitud de los guardias, parecían estar a punto de llevársela a rastras, como si un par de días en el calabozo fuese a inculcarle patriotismo. Lástima que estuviesen tan absortos con la mujer que no se percataran de las figuras que estaban empezando a asomarse por las calles y ventanas discretamente. Figuras encapuchadas de largas capas negras y armadas con dagas y ballestas. La declaración de que la mujer estaba protegida por los gatos de plata no parecía ser solo una bravuconada, como no tardarían en comprobar los guardias a ese paso. Lo último que necesitaba Hanseal era una guerra territorial sin cuartel en medio de un asedio. A medida que el monje y Matt se acercaban hacia el futuro baño de sangre, si se acercaban siquiera, podrían oír de que se trataba exactamente esa discusión. Parecía improbable que una sanadora se negara a sanar a los soldados heridos, debería ser un trabajo prácticamente trivial, así que… ¿Por qué la discusión había escalado tanto que estaba a punto de volverse un baño de sangre para la desgracia de los incautos guardias? –ABSOLUTAMENTE NO- se podía oír a la pelirroja, desde prácticamente la otra punta de la plaza. -¿OS CREEIS QUE SOY IDIOTA?-

-Venga ya Shani, la ciudad está en peligro. ¿Qué te cuesta dejarles echar una ojeada?- el guardia central, el que debía ser el jefe, parecía estar cabreándose más y más por momentos a juzgar por su cara cada vez más roja y como su mano nerviosa estaba cada vez más cerca del pomo de su espada. La pelirroja respiro hondo, como intentando reunir fuerzas para no arrancarle la cabeza a ese hombre.

-Claro, os doy mis recetas y luego, cuando todo esto pase, vuestros patrones se forran vendiéndolas al mejor postor y desatando el caos en el mundo, NO GRACIAS, NUNCA MÁS. ¿Tenéis la más mínima idea de lo peligrosos que son? No, por supuesto que no. No voy a permitir que vuestros patrones se enriquezcan a costa del sufrimiento de la gente, no si depende de mí.- Teniendo en cuenta su historia pasada, lo más probable era que la pelirroja no quisiera que se repitiera la masacre de su pasado. Realmente, era dudoso que sus famosos elixires fuesen tan potentes como para sellarlos como si se trataran de algún demonio maligno, pero si de verdad eran tan útiles, serian una gran aportación a las defensas de la ciudad, incluso en pequeñas cantidades, aunque Shani estaba rotundamente en contra de distribuirlos libremente y sin supervisión, seguramente para evitar su análisis y posterior copia, o para evitar que algún inocente sufriera sus efectos secundarios.

Luzbel, por su lado, se encontró sola y sin supervisión. Técnicamente, debería pasarse por el palacio de vez en cuando ya que seguía teniendo la lista, aunque Matt y Sasha sabrían guiar a sus acompañantes hacia algún otro nombre de la lista, la diablesa veía improbable que los recordaran a todos y cada uno, así que tendría que estar moderadamente localizable. Por supuesto, podía irse de esa ciudad prácticamente condenada y jamás volver la vista atrás, pero… ¿para qué? Al contrario que la inmensa mayoría, por no decir todos, de los patéticos mortales que habitaban esa ciudad, ella simplemente podía atravesar el asedio con sus potentes alas y huir de allí si la cosa pintaba mal. Lo consideraba algo indigno, impropio de su linaje, pero desde luego no se sacrificaría por una causa perdida. La pregunta era si de verdad era una causa perdida, así que se dirigió a comprobarlo.

Las murallas no estaban nada mal, ya lo había visto el día de su llegada, pero esta vez quiso examinarlas a fondo. Subió por las escaleras hasta el muro de piedra, enseñando el documento que la acreditaba como… ¿agente de los príncipes? A cualquier guardia que tuviese la osadía de pararla, hablarle o incuso mirarla demasiado, aunque por suerte su porte elegante y su manera de dar órdenes espantaron a la mayoría. Había una torre en cada esquina de la ciudad, torres muy altas y en apariencia exageradamente robustas en comparación con el resto de la muralla, pero no tardo en descubrir el porque en cuando vio un tubo de acero sobresaliendo del último piso.  Cada torre tenía un cañón de pólvora, por lo que necesitaba aguantar el fuerte retroceso del cacharro. No parecían ser especialmente nuevos, pero igualmente debían haber costado una pequeña fortuna, aunque solo fuese por la reforma realizada en las torres.


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Feng Roshi el Vie Sep 30, 2016 2:43 pm

Shani era verdaderamente impresionante, el monje aún no la conocía en persona y esa mujer ya se había ganado sus respetos. La verdad le confortaba, ver que había gente así en la ciudad que parecía que todo tenía su precio, y al tiempo le extrañaba un poco.
Pero por ahora le intrigaba otra cosa.

-Matt, dime, que piensas tú de todo esto, cuál es tu postura ante la situación? Sigues queriendo ser un héroe ante todo el mundo?- EL monje tenía muchas preguntas, que pensaba el pequeño Matt sobre las cosas turbias de la ciudad?, que pensaba sobre los bajos fondos? Sobre los que intentan invadirlo, y sobre Shani?..

-Qué piensas sobre esta doctora que vamos a ver, se me sincero-

A medida que avanzaban se internaban más en callejuelas, El monje iba desarmado, no tenía por qué estarlo, aunque aun así tenía las manos vendadas firmemente, estaban en el barrio, y donde alzara la vista, se perdía ese característico ambiente de riqueza y bienestar que se veía en las partes más “publicas” de la ciudad… Era lo que toda ciudad quiere ocultar, la parte donde que hiere su orgullo. Pero no por ello había que dar por vencido a esa gente. Personas como Shani lo demostraban.

Ya llegando al lugar destino empezaron a escuchar voces, Feng y Matt guardaron silencio mientras se acercaban. Había una discusión, y una que subía de temperatura. Y probablemente cambiaría de color. EL monje pudo ver una persona encapuchada escondida tras un balcón mirando la escena, seguramente imperceptible por el trio de guardias. Y fijándose mejor en los alrededores percibió más personas ocultas, posiblemente armadas… Era cierto lo de que era protegida y eso se ponía feo.

Feng aceleró el paso, paso por el callejón ignorando a los encapuchados… como si no los hubiera visto e intervino desde la distancia con voz autoritaria –GUARDIAS!-
Estos, cabreados al principio ignoraron al monje, pensarían que era un don nadie de la barriada, pues nadie importante estaría por ahí, asi que Feng insistió
-GUARDIAS!- exclamó con mas fuerza –Que clase se entrenamiento siguieron ustedes si no pueden responder a un simple llamado-

Feng adoptaba una actitud mas furiosa de lo que estaba, debía impregnar fuerza en sus palabras o perderían efecto ante gente que solo toma en consideración el dinero y el poder.
-¿Bajo que orden se supone que están ustedes aquí!?- Dijo el monje mientras sacaba el pergamino que lo acreditaba.

-Estoy seguro que los altos mandos no te han mandado a hacer esta estupidez… que quieres subir puestos en la escala de poder consiguiendo lo que los demás no?- Dice el monje mientras enseñaba el pergamino a los guardias una vez estuvo lo suficiente cerca, y mientras hablaba se acercaba caminando.
-Os recomiendo encarecidamente de que se vayan más rápido de lo que tus pobres pies puedan andar, o hablare con sus jefes para que los pongan a limpiar las cuadras por el resto de vuestras vidas-
Después del discurso se giró a la pelirroja, que estaría un poco descolocada por la situación pero igualmente alerta, pues no conocía al monje y seguramente sospechara igualmente de él.

-Mis disculpas Lady Shani- dice el monje con un tono suave mientras hace una pequeña reverencia.

-Soy Feng Roshi, y estoy seguro que estos guardias dejaran de molestarles… ¿verdad?- dijo el monje amablemente pero la última palabra le llegaría al guardia del medio, el jefe, como una punzada, pues el monje lo miraba directamente a los ojos en ese momento.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Gavryel el Vie Nov 18, 2016 6:00 pm

Uno nunca deja de impactarse, por más que lo vea venir, de un cambio en el hábito. El suntuoso y formal uniforme de mensajero contrastaba un poco, siendo corteses, con la habitual indumentaria del no-muerto; de hecho éste se sentía casi desnudo, estaba despojado -con voluntad, sí- de sus corrientes hierros y cueros, por lo tanto costó adecuarse al ligero trajecito pero no fue cosa imposible.
-Hoy seré lo que me digáis que he de ser, no sólo sé cortar y clavar armas en enemigos. - Al joven Gavryel le fueron explicando la autoridad que se le concedía para poder ser un tanto inmune con respecto a los guardias de la ciudad y así obrar con bastante margen, recordemos que se trataba de una gesta bastante delicada.
Acompañadme, honrado mensajero. - Señaló la doncella Sasha en modo sarcástico y produciendo algunas risas en el lugar. - Hemos de marchar a un sitio en el cual deberemos dejarnos... "llevar". - Otras pequeñas risas se producían pero el no-muerto ya no las oía pues se alejaba de aquél sitio junto con la mujer. Su arma y su armadura, más no todas sus pertenencias, habían quedado seguradas en una guardilla en aquel edificio gubernamental, su caballo aguantaría bien donde estaba, su propia constitución necrótica lo corroboraba.
Marcharon caminando un buen rato en silencio, a instancias del necrótico mensajero, hasta llegar a los arrabales de la ciudad de Hanseal, donde caminaron otro rato más. Los cómodos zapatos de mensajero y su ropaje le hacían sentir de una ligereza enorme, llevó muy bien los casi cincuenta minutos de recorrido, intentó memorizar el trayecto pero le fue imposible, de hecho creyó que en algún momento la doncella utilizaba calles innecesarias para marearlo, o incluso que repetía callejones... tal vez fuera pura equivocación, tal vez fuera deliberado.
// Es increible el poder político que ha de tener esa tal Luzbel, ni un solo esbirro del estado-ciudad nos ha molestado tan sólo con observar mi insignia de funcionario. Lo que quisiera saber es cuáles son sus intenciones exactamente... sea como fuere... //
De un momento a otro llegaron a una placeta pequeña, los edificios, aunque antiguos y en mal cuidado, altos, esto impedía a Gavryel ver la parte más alta y rica de la ciudad, de donde venían. Se oían a veces chillidos de mujer o correteos de niños, pero sólo se veía la plaza vacía y las fachadas, sucias y con roturas.
No tardará, usted sólo déjese... llevar... ya me entiende. - La doncella parecía hablar con algo de picardía, el joven no-muerto por un momento especuló si la mujer hablaba con algún tipo de insinuación sexual o era sólo el parecer del mortífero mensajero, sus interpretaciones sobre el modo de hablar de la gente eran tan subjetivas que podían atinar con bastante estupor. - ¿A qué se refiere, señorita? Déjeme decirle que me hubiera parecido mejor idea traer mis armas, pero visto que ust...- De un momento a otro aparecieron unas siluetas desde una callejuela, murmuraban, y el no-muerto se interrumpió para verlas aproximarse. Eran tres sujetos y su andar era como natural y convencido, como si supieran a lo que iban. Al acercarse a escasos metros, uno de ellos, el mediano, gritó: daos la puta vuelta, ya. - La doncella se volteó y el joven alabardero casi, sin embargo, tras dubitar, dijo con irritación: ¿A quién le das ordenes tú? Pedazo de.. - Una piedra salió disparada de un balcón y le dió en la cabeza dejándolo caer. Uno de los sujetos de la plaza lo cogió antes de que choque contra el suelo, la colocó una bolsa en la cabeza -como ya habían hecho con la doncella- y se los llevaron a zonas más profundas de los arrabales bajos.
La oscuridad se volvió sonora tras... a saber cuánto tiempo. - Joder cómo pesaba el cabrón mensajero, en serio, ese tío está mazado y trabaja de cartero sabéis, querrá cortejar a la muchacha esa o algo. - Bueno, es suficiente, ha despertado, se mueve, quitadle la bolsa también.
El no-muerto frunció el ceño y abrió y cerró los ojos unas cuantas veces, era poca luz realmente pero aún así le molestaba la visión. Mientras acostumbraba la vista se dio cuenta de que la doncella estaba a su lado, sentada, al igual que él. No estaban atados ni nada por el estilo.
Cayó en cuenta también del individuo que tenía delante. Máscara de plata, capa oscura que lo envolvía y, cómo no, una misteriosa aura. Todo esto acompañaba su excelente forma de hablar, propia de un gran artesano o maestro de gremio, pero no de algo que pudiera liderar una banda -presuntamente- de matones.
Gavryel había contenido sus ganas de quejarse por el hostión de la piedra y, por el contrario, atendió con educación las palabras de aquél hombre. Un hombre, por cierto, que sabía bastante, y sabía, en general.
¿Y bien? ¿Que tienen para ofrecerme los ricos príncipes mercaderes?- Sentenció el hombre. Y antes de que la mujer pudiera decir nada, el no-muerto la interrumpió, reincorporándose en la silla: - Muchos morirán, muchísima gente inocente. Sin duda morirán soldados, hechos para la guerra, pero también niños, ancianos, embarazadas, etcétera. El enemigo es escudo y espada, la ciudad, además de eso, es también campesinos, es pueblo. No me conocéis, señor, no suelo acercarme a las decisiones altas, no os confundáis por mi traje. - Tosió educadamente- Soy un mensajero, es verdad, pero también pienso, siento y delibero, y si estamos aquí, esta doncella hansealeana y yo, es para converger en intereses con ustedes, aliar necesidades. Una guerra como la inminente supone, en caso de salir la ciudad victoriosa, un capital humano y de producción enorme, no conozco de sobra vuestras intenciones, mi señor, mas sí conozco los intereses objetivos de vuestra causa. Quiero decir, conozco vuestra trayectoria delictiva . - Se oyeron gemidos de malestar en la sala, sin embargo el no-muerto prosiguió.-  La conozco y sé el porqué. Debéis entender, mi señor, que una oportunidad como esta es la garantía total de una exigencia de igualdad económica. - El no-muerto creyó que la doncella lo miraba, pero siguió de todas formas. - Es el momento adecuado para demostrar al pueblo que la guerra no sólo puede ganarse, sino que también puede ganarse la guerra interior, la que se gesta entre las clases populares, de las cuales provengo y proviene usted, y la de los ricos. Sólo os pedimos una alianza estratégica, aunar fuerzas contra un enemigo común que devastará tanto a ricos como a pobres. Sólo en vos queda la decisión.  - El no-muerto contemplaba al caballero que tenía delante, no recordaba su nombre, si bien era probable que se lo hubieran dicho. ¿Glopin? ¿Llopín?, algo así, sea como fuere, las intenciones del no-muerto, para recibir la ayuda de los gatos de plata, estaba ya lanzada. Esto podría, sin duda alguna, torcer un poco la perspectiva que tenía Luzbel acerca de la negociación con los bandidos, pero el no-muerto había elegido muy concienzudamente cuando aceptó la gesta, no era casualidad que quisiera emprenderla.


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Avanzando, el fuego lo juzgará y condenará todo.
Heráclito, fragmento 66.


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Vanidad el Lun Nov 21, 2016 8:21 pm

Matt respondió a la pregunta del monje con un fervor fanático en los ojos, hablando con un tono cantarín, como si la hubiera ensayado con anterioridad -Un héroe es aquel que protege a los inocentes del mal, así que ya sea matando bandidos o demonios, esta es la oportunidad perfecta de ser un héroe, como Sallin el Semielfo- ese hombre era, sin lugar a dudas, considerado el mejor arquero de la ciudad y sus alrededores, capaz de apuntar más lejos y mejor que cualquier otro mercenario que hubiese pasado por esa ciudad, además del motivo por el cual las pruebas de selección se observaban ahora unos doscientos metros más lejos, después de que ese hombre hubiese acertado la manzana que Constantine había estado comiendo hasta esos momentos, sin prestar demasiada atención a la actuación. ¿Héroe? Cuestionable, pero tenía habilidad más allá de toda duda, y un carácter rebelde y chulesco que sin duda atraería a la mayoría de adolescentes sedientos de gloria. –Shani es… buena, curo a mi hermano cuando un jabalí lo hirió en una cacería, aunque no durara mucho, eventualmente alguien la matara para robarle, seguramente esos gatos de plata.- iba a para aquí, pero pareció considerar que su última frase necesitaba justificación ante un extranjero, seguramente el monje no habría oído todas las cosas horribles que ellos hacían. -La gente los adora, porque protegen los barrios pobres, pero esos barrios necesitan protección en primer lugar porque los guardias no se atreven a entrar por miedo a ser atacados. Ellos mismos crearon la necesidad de protección y se aprovecharon del hueco de poder creado. Si Shani se hubiera mudado a la parte alta de la ciudad como se le propuso, hace mucho que esos criminales habrían dejado de ser un problema, mi tío habría hecho una redada masiva y los habría capturado a todos, pero con Shani aquí, sería una revuelta.- Con una alianza tan firme y oficial, no podían moverse a gran escala contra esos ladrones sin involucrar a Shani, la defensora del pueblo y los pobres, y Henri no era idiota, Hanseal ardería si eso pasaba, ningún mercenario podía salvarte de una turba furiosa.

Los guardias miraron al monje molesto, preguntándose qué clase de desharrapado se atrevía a molestar a un miembro de la guardia que claramente estaba ejerciendo su labor rallando lo sagrado, pero el monje no tenía el mismo aspecto que el desarrapado que estaban esperando, ni siquiera el de un habitante de la zona, y que ese tipo les abriera en las narices un pergamino con el emblema de la ciudad, no ayudo a acallar su confusión.

-Hemos venido aquí por orden expresa del capitán…- el que hablaba se calló al pasar los ojos por el pergamino, demasiado rápido para estar leyéndolo salvo que el monje se encontrara ante un guardia erudito. Finalmente, los ojos se pararon ante el emblema de la ciudad. Ambos guardias se miraron un momento, como poniéndose de acuerdo en lo que estaban a punto de hacer. El pequeño problema que suponía no saber leer era que no podían saber si el pergamino dotaba de la autoridad que él decía tener, o si simplemente se estaba marcando un farol y se merecía una paliza por amenazarlos falsamente, al fin y al cabo, el trabajo de letrinas no era demasiado agradable.

Pero había un factor que aún no se había tenido en cuenta en la ecuación. No estaban allí protegiendo un testigo o una víctima, en cuyo caso no podrían dejarla sola por riesgo a que le pasara algo, simplemente estaban intentando convencer a la doctora, y aunque técnicamente, cuanto antes se la convenciera mejor, puesto que más tiempo habría para preparar medicinas, una hora o dos no suponían una verdadera diferencia a ojos de los guardias, y desde luego no cobraban suficiente como para tomar esas decisiones por sí mismos, así que optaron por la opción segura y se retiraron. Tenían que volver al cuartel, preguntarle a su capitán, ser reñidos por el debido a su incompetencia y volver a toda prisa para ensartar al monje, lo que le daba al monje un margen de unas horas antes de su inminente apuñalamiento, tendría que bastar.

Los guardias se fueron refunfuñando de la zona, lo que visiblemente relajo a los hombres siniestros de la plaza, que bajaron sus ballestas y dagas, pero solo un poco, puesto que Shani aún no se encontraba sola. Seguían allí, expectantes, observando las intenciones del monje. La pelirroja se quedó mirando a los guardias que se alejaban. Puede que quisiera asegurarse de que se iban de verdad, puede que se estuviese planteando arrancarles la cabeza ahora que no estaban mirando, pero el decoro pareció triunfar sobre la rabia y soltó un largo suspiro sin moverse del sitio. –Y… ¿Qué has venido a hacer tu aquí Feng Roshi?- Lo observo de arriba abajo, estudiándolo con ojo experto. –No pareces herido- Había un suave acento que le daba un toque exótico a su voz, solo un poco, seguramente diluido después de años de convivencia en Hanseal.

Gavryel, por su parte, no estaba en una situación tan tensa, la reunión con los gatos de plata, la banda criminal por antonomasia en la ciudad había resultado sorprendentemente cívica, cortesía de su culto líder, pero por otro lado, si las cosas se torcían, nadie, absolutamente nadie, iba a poder echarles una mano, por lo que había que ser más cautos si querían evitar ser apuñalados.

A pesar que técnicamente, la pregunta no iba dirigida al no-muerto, sino a su acompañante (a pesar de que era claramente el mensajero, con tabardo y todo), Lupin simplemente giro ligeramente la cabeza para encarar a su interlocutor, sin un rastro de molestia en su mirada tras su máscara argéntea, más bien parecía divertido a medida que escuchaba el discurso, aunque desvió su atención una única vez para clavar la mirada en los hombres que acababan de gimotear con hastío, que se acallaron ipso facto e hicieron un pequeño gesto de disculpa hacia su jefe. Lupin se recoloco un mechón blanco que había vuelto a caer por segunda vez y siguió escuchando el discurso con aire divertido.

–Así que… a grandes rasgos, quieres que intervengamos para salvar las vidas de los civiles, civiles que no estarán en peligro en primer lugar si las defensas triunfan… ¿Entiendes por dónde voy? No necesitamos mover un dedo si hacéis vuestro trabajo… Además, después del asalto, el pueblo se verá ampliamente reducido, no tenemos alimentos para que todos aguantemos 9 días…- ese dato en particular no se había hecho público, y aunque lo hubiera sido, Gavryel prácticamente había ido directo del palacio a allí, el líder del sindicato criminal no tenía esa información de casualidad. –No vamos a realizar un alzamiento justo después del asedio, cuando los soldados estén muertos o malheridos, a sus familias no les haría demasiada gracia, y no soy un monstruo, no masacrare a alguien que no puede defenderse, puesto eso solo perpetuaría la tiranía existente, pero bajo otro reinado.- Dedicó su mirada brevemente a la acompañante del no-muerto, que soltó un suave bufido. –Incluso aunque os diésemos nuestro total e incondicional apoyo, mis hombres no están hechos para la guerra, no defenderán las murallas codo con codo con soldados acorazados, excepto los pocos que sepan usar ballestas, como mucho- el tono de ese último par de palabras reflejaba que solo lo estaba considerando como un caso excepcional. –No tienen el equipo ni el entrenamiento necesario para disparar en medio de una lluvia de proyectiles sin morir en el intento, ellos tendrán…otras utilidades.- ¿Utilidades para el asedio inmediato? Ninguna, pero unos ladrones ligeramente armados con la pericia de los gatos de plata podían hacer mucho daño una vez los enemigos entraran en la ciudad. Después de un par de asaltos, cualquier soldado enemigo se lo pensaría muy bien antes de avanzar por una calle o doblar una esquina, donde un puñal o un virote de ballesta podían estar esperando. –Pero no habéis venido aquí para conseguir mis hombres ¿cierto? Lo que os estaba ofreciendo era otra cosa… -extendió su mano al lado y uno de sus hombres se acercó, depositando un royo de pergamino en su mano. Luego, simplemente dejo dicho pergamino en la mesa a su lado y cruzo las piernas elegantemente, expectante.

-También necesitamos la ubicación de…”cierta persona”.-menciono la doncella.

-Cierta p… espera…-

-“Esa”… persona, sabemos que la habéis ocultado.-

-Entonces… ¿fuiste tú? Alguien ha sido travieso… Pero sabes cómo es, si quieres su ayuda…-

-Lo se… dime, Lupin… ¿tienes 30.000 lechuzas de plata?- los ojos de Lupin chispearon con interés. Aunque era improbable que Gavryel supiera eso, treinta mil monedas era la cantidad que los príncipes mercaderes habían puesto en el fondo de la ciudad de su propio bolsillo, para hacerse con ese título y reinar sobre el resto. Era una cantidad muy alta, que como mucho unas cinco personas podrían permitirse, pero alguien que llevaba años robando a los mercaderes podía perfectamente haber acumulado ese valor monetario.

-Si tengo el apoyo, podría conseguirlo, lo…considerare.- El ladrón lucia genuinamente interesado por primera vez, pero no acababa de picar, por lo que miro a su otro interlocutor, en busca de alguna razón extra. Sus ojos observaron a Gav atentamente, en especial su cara, no suficientemente extraña como para clasificarlo de no-muerto de inmediato pero “exótica” cuando menos, y los ojos tras la máscara pasaron del rojo sangre habitual al plateado durante un pequeño instante, tan rápido que prácticamente pareció un error de los ojos del receptor. –Dime, ¿porque alguien como…tu quiere salvar esta ciudad?- La pregunta parecía estar cargada de dobles y triples sentidos. “Alguien como tú”: ¿Un mensajero?¿Un plebeyo?¿Un mercenario?¿Un no-muerto?


Spoiler:
Te doy un pequeño empujoncito Gav, aunque es posible que lo bordes y consigas el apoyo incondicional igualmente, sino siempre puedes condicionarlo a la realización de lo que te pida el siguiente tipo al que visites (no uno cualquiera, uno en concreto). De no hacerse pero convenciéndolo de manera "media" simplemente tendrías la información, sin apoyo de los hombres


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Feng Roshi el Mar Dic 20, 2016 1:42 pm

Como daba vueltas la vida, el monje que peregrinaba sin falta alrededor del mundo, intentando ayudar donde sea posible a los que lo necesitan, estaba ahora enfrascado en ayudar a una ciudad que no parecía del todo ser merecedora de dicha ayuda, pero el monje no podía dejar de lado a la ciudad.

-Ciertamente no estoy herido, vengo a intentar conversar con usted sobre un asunto-

La mujer lo miraba de arriba abajo, intentando distinguir que clase de hombre era el monje, intentando juzgarlo, etiquetarlo.

-En primer lugar, vengo a intentar convencerla de que ayude a las pobres gentes de esta ciudad, lo que se avecina es terror y horror, y cuanto antes podamos organizarnos, mejor sería para todos-

-Yo no veo como tengo cabida en todo eso, me quedaré aquí donde estoy, y ayudare a los heridos que vengan a por mí, hice un juramento, y ayudare a todo aquel que necesite mi ayuda-
El monje no veía del todo como poder conseguir ablandar a la mujer, estaba acostumbrada a desafiar, era fiera, y desconfiada. Y el monje no venía con malas intenciones pero ella no lo veía.

-Veras, soy un mensajero, por así decirlo, las altas esferas necesitan tu ayuda para proteger a la ciudad, y si bien no me gusta la forma en la que la situación de la ciudad actual esta, puedo asegurarte- Feng hace una pequeña pausa mirando a los ojos de su interlocutora - asegurarte realmente que necesitamos tu ayuda para sobrevivir-

-ya te lo he dicho, ayudaré a quien lo necesite- insistió la mujer.

-Eso no es suficiente, por tu postura, tu actitud, la mayoría de la gente capacitada para sanar está en contra del gobierno actual, y lo entiendo, pero dificulta las cosas- La mujer en ese momento quería hablar, pero el monje no la dejaba, y seguía con su monologo –yo, realmente no tengo relación directa con esta ciudad, y me da igual si me crees o no, pero según lo que he oído de ti, eres una mujer fuerte, instruida, y fantástica a mi parecer, yo apoyó que no quieras compartir lo que tanto miedo te da, pero tiene que haber mas formas de ayudar, pociones menos fuertes, pero que sigan siendo de ayuda, formas de curación rápida tal vez?, o incluso algo que absorba el daño… el peligro que se viene encima es real, verdadero, y temible, y no son simples soldados enemigos, yo he estado fuera de estos muros, y lo que viene no es nada bueno, y su usted, con su juramento prefiere intentar curar a gente moribunda por todos lados, en vez de ayudar activamente a evitar muertes innecesarias, está en su derecho, pero será un peso muy grande para la conciencia de una persona que solo busca el bien común-

La mujer guardo silencio, no terminaba de creer lo que Feng le decía, o bien no terminaba de convencerse. Sea como fuera su silencio le dio la oportunidad al joven guerrero a proseguir con su charla.

Se acerca un poco, y baja la voz, sigue habiendo mucha gente cerca y lo que estaba por decir no debía oírlo si no los presentes en esa conversación.

–Señorita, los de arriba me dieron un saco de dinero, quería que consiguiera su ayuda fuera como fuera, sin embargo a mí no me parece usted el tipo de persona que se puede sobornar… Pero si es el tipo de persona que quiere ayudar, y este dinero le viene genial para comprar más medicamentos, materiales, renovar sus instrumentos, e incluso mejorarlos… estoy dispuesto a darle el dinero, en su totalidad, y son 150 lechuzas, de lo que hablo, tengo entendido que es una muy buena cantidad de dinero, ¿no?-

-Por favor, pasemos dentro, piénselo, ofrézcame un té o algo, le hablaré de mí para que pueda confiar más en mi persona si hace falta-

Feng en ese momento alargo el brazo, con una pose de confianza, mostrando con la palma abierta hacia la puerta de madera que tenía la mujer detrás, como indicando que pasara y entrara a su propia casa, esperando que la mujer se decidiera y le permitiera entrar a su hogar, y así poder seguir hablando.
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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

Mensaje por Vanidad el Lun Ene 23, 2017 5:12 pm

Lupin se quedó mirando al no-muerto, esperando una respuesta que nunca llego. Puede que Gavryel no quisiese revelar su naturaleza, o los motivos (profundamente personales o no) que le estaban impulsando a jugarse el cuello por esa ciudad que seguramente no lo merecía, en vez de salir raudo y veloz por la puerta principal en cuando hubo escuchado la noticia de la inminente destrucción a manos de sectarios demoniacos. O puede que simplemente no estuviese atento y no se atreviera a pedir que le pusieran al corriente de lo que se había perdido. En cualquier caso, después de que el enmascarado tamborileara con los dedos sobre la mesa de madera sobre la que estaba sentado durante un tiempo que se le hizo eterno, chasqueó la lengua molesto e hizo un simple gesto, momento en el que los presentes, Gavryel y la mujer, Sasha, fueron encapuchados otra vez. El pergamino que Lupin había tenido antes en sus manos fue a parar a las de Sasha. –Un pequeño empujoncito, aunque no creo que encuentres a un grupo lo suficientemente valiente como para usarlo a su pleno potencial.- Se despidió Lupin en tono enigmático, con una sonrisa que no podía verse, tanto por la máscara como por las bolsas que ahora cubrían a sus interlocutores. –Llevadlos fuera, con más cariño que la vez anterior.-

Ambos se encontraron otra vez en la ciudad, en la misma esquina en la que los habían secuestrado, o puede que no, la verdad era que todas las calles de las zonas pobres lucían iguales, así que era difícil saber si habían tenido el cuidado de dejarlos en exactamente el mismo sitio o si los habían dejado en el primer lugar que les aprecio correcto, aunque sinceramente, poco importaba. Sasha volvería al palacio, a dejar a buen recaudo ese regalo, aunque la naturaleza exacta de ese regalo no sería revelada a Gavryel, puesto que el pergamino no fue abierto en ningún momento del camino, y los guardias impidieron el paso a los aposentos de Grisella, donde la doncella se había dirigido. Si el gremio de ladrones ayudaría en algo más aparte de darles ese pergamino era dudoso, solo el tiempo lo diría.

El monje, por su lado, estaba enzarzado en una discusión con Shani para conseguir el apoyo del sector médico de la ciudad. Shani lo seguía prefiriendo a ese par de guardias paletos, pero eso no le daba un grado mayor de verdad o apoyo a sus palabras, solo lo hacía al hombre algo más tolerable. La pelirroja escucho el discurso de Roshi, como habría hecho con cualquiera aunque fuese solo por mera cortesía. –No… no acabas de entenderlo.- empezó lentamente. –No estamos negándonos a suministrar nuestros productos, los príncipes mercaderes podrán comprarlos como es habitual, seguramente en mayor cantidad o a menor precio, según el patriotismo o la avaricia de mis compañeros.- Medito cuidadosamente sus siguientes palabras. –Lo que esos hombres me estaban pidiendo no eran pociones curativas, ni siquiera bálsamos, era algo que se que hará más mal que bien.-

-Buena suerte, aunque espero que no llegues a necesitarla.- Y sin decir nada más dio un portazo, cerrándole la puerta en las narices del monje. Los sanadores ayudarían, más o menos.


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Re: Hanseal no ardió en un solo día (Campaña)

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