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Envenenando vidas, pueblos y mentes. El Principio

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Envenenando vidas, pueblos y mentes. El Principio

Mensaje por Ahazu el Sáb Mar 05, 2016 10:50 pm

Capitulo uno, parte uno. El principio.

Ahere’d, el nuevo nombre de Ahazu y como ahora se hacía llamar. Un mes había pasado desde su llegada al pueblo leproso. Lugar que los lugareños de alrededor vulgarmente llamaban “Lecro”, que derivaba de alguna palabra autóctona que significaba leproso, o eso parecía.

Ahere’d trabajaba en sus planes, entre los que se incluía conseguir que el pueblo fuera adepto a su señor. Había comenzado a predicar sobre él desde hace 2 semanas. Sus primeros devotos fueron una pareja joven, jóvenes, marginados por la enfermedad y solo teniéndose entre ellos. Fueron más fáciles de convencer de lo que se esperaba. El tercer adepto fue el hombre que lo había recibido, Iknak. Un hombre entrado en edad, con cierta sabiduría, y con un hijo que traía provisiones de vez en cuando, un hombre que lamentaba mucho su sufrida vida, y que su hijo era su punto de apoyo, un hombre que empezó a ver al señor Ghadrakha como una forma de sobrellevar su situación.

Después se apuntaron 4 más a lo largo de las últimas dos semanas en las que empezó a predicar sobre su señor. Pero aun no tenía el apoyo total del pueblo. Faltaban 4, un par de hermanos, recios a escuchar nada del demonio, y creyentes de que una fuerza divina los acogerá en la muerte y expiara sus pecados y su enfermedad. Un hombre solitario que no hablaba casi nada, y poco se dejaba ver. Y otro hombre testarudo, que era una molestia y hasta se ponía en contra de Ahazu en público.
Ahazu tenía planes, y esos 4 eran un retraso para dichos planes, por lo que tenía que empezar a pensar cómo  manejar la situación.

Pero ¿por dónde empezar? Corromper la voluntad de los fieles?, o convencer al testarudo?, entablar contacto con el tímido?.  Sea como fuere, el demonio tenía la situación bajo relativo control.  Estaba en una cabaña improvisada, de barro como las demás, pero algo más alejada, bajo la excusa de que no quería invadir la intimidad del pueblo, se mantenía a varios metros de la cabaña más cercana.  La verdad era que no quería contagiar con su aura a los habitantes, necesitaba un control total, y que nadie se expusiera demasiado tiempo.

Su cabaña era muy pequeña, muy pobre, y endeble, puesto que no pensaba quedarse demasiado tampoco, era ideal. A su alrededor a veces se encontraban pequeños insectos muertos, y con suerte algún que otro roedor, que Ahazu guardaba dentro de la cabaña para comer en la intimidad. Tenía unas ventanas, apuntando al poblado, para ver si se acercaban. Y así poder protegerlos de su aura pestilente. Tenía buena ventilación, pues aparte de las ventanas, sin cristal ni nada que obstaculizara el paso del aire, tenía un agujero en una esquina del techo, para la salida de aire. Las ventanas eran pequeñas, para que no entrara demasiada arena a la casa, la puerta era de una madera podrida y vieja, pero aguantaba. Y las paredes de barro estaban sostenidas por ramas y hojas apiladas. Era un milagro que se sostuviera, pero lo hacía.

Y desde su pequeña cabaña, se acercaba el anciano del pueblo, Iknak, y como de costumbre, Ahazu lo protegió de su mal, mediante su hechizo de Prevenir.
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Re: Envenenando vidas, pueblos y mentes. El Principio

Mensaje por Ahazu el Mar Mar 08, 2016 1:55 pm

Capítulo 1 parte 2. El principio

-Buenas tardes Iknak- Saludó Ahere’d a su fiel devoto

-Señor Ahere´d, hemos hablado con los hermanos, están algo molestos con usted, y piensan, aparte de que usted está equivocado, que podría estar poseído, o tener malas influencias… me temo que no comprende su filosofía-

-no digas mas Iknak, entiendo su punto de vista, hazme un favor, necesito tiempo para pensar, tiempo para meditar, y orar a mi señor, tengan un día sin mi presencia, que todos mediten sobre sus cosas, no me molesten durante todo el día, mañana hablamos-

El hombre miro extrañado, pero se retiró tapándose la boca pues empezó a toser un poco. Tenía asma, y Ahazu lo sabía las condiciones nocturnas del sitio no eran nada buenas, el frio asolaba, y la gente lo sufría, pero eso estaba bien, el demonio necesitaba que se enfermaran más para que rindieran culto a su señor por la salvación.

El día paso tranquilo, el demonio contemplaba el horizonte pensativo, mientras comía unos ratoncillos del desierto que tenía apilados en una esquina, escondidos para que no lo vieran las visitas. Se llenó el estómago con aquellas delicias, y se llevó uno de los ratones muertos más viejos que tenía guardados, un manjar para él, pero ya empezaba a oler extraño, cosa que podría alertar a sus vecinos.

Ahazu salió con los últimos rayos de sol peinando el horizonte, las gentes del pueblo habían encendido fuego como hacen todas las noches y se calentaban agrupados. Salió con una daga, una pequeña pala que tenia de cuando construyo su casucha, y un par de ratones. El astuto Ahere’d contemplaba la escena que se le presentaba con un brillo en los ojos, de alguien que tiene un plan, y se alejó caminando del pueblo, rodeo a gachas las casas y se acercó a la estructura de barro que pertenecía a los hermanos por detrás.

Aprovechando la noche, y sabiendo la ausencia de los integrantes de la casa, pues al anochecer todos suelen buscar el fuego central del pueblo, y al no estar Ahere’d entre ellos, los hermanos estarían más que dispuestos a salir y hablar en contra suya.
Los murmullos llegaban a sus oídos, la gente hablaba, aunque el demonio no podía entender nada, tampoco le prestaba atención. Cavaba y cavaba pegado a la pared, hasta tener suficiente largo y profundidad como para poder meterse dentro, y estar por debajo de la línea de arena. Luego con su daga, abrió un boquete a la pared de barro y arcilla, poco a poco, lo suficiente como para que pasaran 3 dedos. Fue pegado al suelo a la altura de su cara, para poder ver en el interior.

Cubrió gran parte de su cuerpo con tierra, tanto para tapar y disimularlo, como para protegerse del frio que azota los desiertos. Asomó su ojo negro por el orificio no le salió del todo como planeado, quería hacerlo más abajo, que tuviera parte del suelo del interior cubriendo la entrada, en lugar de eso tenía un par de centímetros de altura respecto al interior. Era un contratiempo, pero esperaba que no se notara.

Por dentro podía ver a la luz de una vela que tenían, varias cruces dibujadas en las paredes, una mesa de barro, y poco más. Suponía que las camas estaban o en una pared a un lado, o en la pared en la que estaba él. Sea como fuere, el demonio satisfecho, tapo el final del orificio con los restos que había excavado y esperó...
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Re: Envenenando vidas, pueblos y mentes. El Principio

Mensaje por Ahazu el Miér Mar 09, 2016 6:59 pm

Capítulo 1 parte 3 El principio.

Las horas pasaron, para ser sinceros, el demonio, aburrido se quedó dormido, más bien era dormitar, pues no estaba del todo en sueños. Pero un ruido fuerte lo despertó.

Ya no se notaba la luz de la fogata central, ni se escuchaban fuertes ruidos provenientes del centro. Pero dentro de la vivienda se escuchaba claramente todo lo que sucedía.

-Te estoy diciendo Ahmed, que tenemos que olvidarnos de esto, irnos de aquí-

-Tranquilo hermano, es solo una disputa política y religiosa, tenemos puntos de vista distintos, y los defendemos- decía su hermano con voz mucho mas calmada.

-eso dices tú, nosotros solo queríamos vivir en paz, soportando esta carga que se nos impuso, no entiendo por qué la gente sigue a ese loco que habla de señor ghad… como se llame, que encontraran con él la solución?... BLASFEMIA!-

Ahazu se le revolvieron las tripas, al escuchar como no sabían ni el nombre de su señor, pero mantuvo la calma y con su daga volvió a abrir suavemente el orificio.

-no grites Moka-

-Me da igual, no quiero tener que ver con tu pequeña guerra santa, está bien que tengas bandos, está bien que la gente tenga su ideología, pero haces lo mismo que él si intentas forzar a los le creen a creer más en ti… y tampoco me gusta la idea que te tienes con Jholen sobre confrontarlo-

Ahazu estaba altamente complacido de estar en ese preciso lugar en ese preciso momento, estaba nervioso, al abrir el hueco, podía ver dentro y unos pies se paseaban de un lado a otro, nervioso. Se enteró que el testarudo, no solo era cabezón, si no tenía problemas con la autoridad y era rebelde… bueno, Ahazu aún no era la autoridad, pero lo sería.

-Hermano! Ya basta- alzo un poco la voz, el ya no tan tranquilo sujeto, y tras una pausa en silencio volvió a hablar –Dejemos el tema, yo no me quiero ír, al menos por ahora, me gustaría que tu tampoco, pero no te voy a detener si lo haces-…-Creo en nuestro señor, nos iluminará y ayudara, a pesar de lo que hemos sufrido y nuestra enfermedad, siempre hemos estado en el camino correcto, y nuestro señor nos ha guiado y llevado hasta el día de hoy-
“Pero a partir del dia de hoy, vuestro señor os va a abandonar hahaha” pensaba animadamente el demonio. El plan era simple, al estar tan cerca de ellos, y con el orificio a la altura de su cara, podían entrar los gases enfermizos del demonio de la enfermedad, Ahazu los contagiaría poco a poco, y quebrar su espíritu sería un juego de niños, un juego divertido, pero de niños.

El aura se colaba dentro de la vivienda, y el demonio ayudaba a dicha empresa metiendo su apestoso aliento por el hueco. Los hermanos se fueron a dormir, y no se dieron cuenta de lo que les estaba pasando. Ahazu abrió un poco más el hueco, cuidadosamente con la daga, para intentar poder ver a uno de ellos. Conseguir ver a uno de los hermanos era fundamental, consiguió ver a Ahmed, no estaba en su plan que fuera él al que viera, pero tenía que adaptarse. Uso la habilidad de Prevención, sobre él, y dejo que Moka absorbiera de su aura toda la noche, mientras que Ahmed alternaba, solo le daba un poco de dosis, para que se sintiera mal, pero no demasiado. A la mañana siguiente, todo cambiaría para los hermanos.
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Re: Envenenando vidas, pueblos y mentes. El Principio

Mensaje por Ahazu el Jue Mar 10, 2016 5:25 pm

Capítulo 1, Parte 4 El principio


Antes del amanecer, con los primeros rayos del sol asomando por el horizonte, avisando la llegada del gran astro, Ahazu despierto, había dormitado un poco a lo largo de la noche, no quería arriesgar dormirse, y lo había conseguido. Cerró un poco el agujero con los escombros, y dejo la rata muerte en medio, salió de su escondite, con una picazón soportable, pues se asemejaba a cierta enfermedad que tuvo en el pasado que le picaba todo el cuerpo. Volvió a cubrirlo con la arena que había retirado, y cuidadosamente volvió a su refugio. Donde hecho a dormir, para recuperar energías, había pasado mala noche la verdad, aunque no tan mala como los hermanos.

==//==

El sol salía de aquellas dunas de arena, informando que sería otro día en el asadero del mundo, toda la arena brillaba fuerte, reflejando la luz, y dando la bienvenida al día, mientas se irían calentando hasta las típicas temperaturas que suelen tener. Temperatura de quemadura leve.

En el pueblo, los habitantes despertaban, iban al pozo de agua común que tenían, y de forma muy celosa, repartían entre ellos, sin pasarse pues nunca sabían si habría suficiente.
Normalmente el más anciano del pueblo Iknak, es el primero en despertarse y salir de su casa, y el día de hoy tampoco fue una excepción, pero por lo general poco después salen los dos hermanos, que aún no asomaban la cabeza. En ese momento el hermano mayor Ahmed estaba aún levantándose de su cama, sujetando la cabeza, sentía una jaqueca y le había mantenido en cama un poco más de lo normal, extrañado por la altura del sol, y que siguiera durmiendo, se cuestionó por qué su hermano no lo había despertado, después de todo siempre se despertaban entre ellos si uno dormía. Pero Moka estaba aún en la cama, con una cara pálida, muy pálida y la frente sudorosa.

Alarmado Ahmed le puso la mano en la cabeza, estaba hirviendo, su hermano tenía fiebre, y bastante alta, eso para un leproso no era nada bueno, ya de por si eran débiles, sufrir más enfermedades era un peligro, sobre todo a falta de médicos cercanos.
Ahmed salió de su casa, aun con el camisón de pijama, pidió ayuda a Iknak, que inmediatamente vino con un paño limpio remojado en el cubo de agua limpia recién sacada del pozo.

Poco pasó para que la gente se acercara a la casa de Moka y Ahmed para ver qué ocurría, y más de uno hecho una mano llevando el trapo de agua otra vez al cubo lavándolo y volviendo a traerlo para limpiar el sudor de la cara. Moka había despertado, y estaba consciente, aunque cansado física y mentalmente. No le dio mayores vueltas al asunto, no tenía ganas de pensar, y se dejó tratar. Para él ahora mismo, lo único que quería era eso, descansar.

Con las horas, la fiebre había bajado, y los sudores, pero el colo no había vuelto, el color de aquel chaval era blanco, o amarillo, era difícil de decir, pero así como el color no había vuelto, tampoco lo hicieron sus energías. La gente se había retirado, y el pueblo volvió a relativa naturalidad. En la casa del chico solo estaban, Moka, Ahmed, Iknak y Jholen. Hablaban apaciblemente sobre como todo mejoraría cuando Moka era más consciente, pero cuando este se dormía la conversación era menos apacible.

-Señores, por que insisten en despreciar a nuestro nuevo camarada, sabe mucho de enfermedades, podría arrojar luz a nuestro dilema-

-Iknak, te respeto desde hace mucho tiempo, y confío normalmente en tu juicio, pero no me fio de ese hombre, y no voy a confiar a mi hermano en él-

-Exacto, ese hombre es muy sospechoso, y personalmente creo que fue culpa suya!- dijo de repente Jholen, y se hizo el silencio, la verdad es que Ahmed lo había pensado, pero no lo creía posible.

-Eso es absurdo Jholen, ¿cómo podría siquiera hacerlo?- Jholen no contestó, y rabioso se levantó y se marchó.

-No creerás en lo que dice ¿no?- le preguntó Iknak al hombre, estaba sentado contra la pared, y tenía la mirada perdida en sus manos, apoyadas en sus rodillas.

-Ya no sé que pensar Iknak, no lo creo posible, lo único aquí con tanto poder es nuestro Dios, me gustaría poder tener algo de intimidad si no te importa- Le dijo Ahmed. Iknak se levantó, se despidió con un gesto, inclinando la cabeza y salió.
Ahmed se arrodillo en el suelo y comenzó a rezar.
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Re: Envenenando vidas, pueblos y mentes. El Principio

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