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El cofre maldito [Privada con Masterización]

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Re: El cofre maldito [Privada con Masterización]

Mensaje por Vanidad el Dom Jul 30, 2017 6:51 pm

No le había hecho ni puto caso, por una parte, al tratarse de un maldito dragón capaz de arrancarle la cabeza de un mordisco, era bueno, pero por otra parte, odiaba ser ignorada, especialmente cuando quería que se fijaran en ella.

No necesitó pensar demasiado su siguiente movimiento, estaba segura de eso cuando salió de la pila de oro, pero a medida que pasaban los segundos y captaba lo que pasaba a su alrededor, vio como la situación se descarrilaba casi hasta más allá de cualquier recuperación. Mientras ella y la mujer del parche resolvían sus problemas con la pila de monedas, la dragona, su dragona, había estado ocupada mordiéndole el cuello al dragón, pero aparentemente este último tenía mucha más fuerza, así que la dragoncita acabó en el suelo con un simple movimiento de cabeza. Y ahora tenía que rescatar a la lagarta antes de que la dragona acabara carbonizada. Shekarra le mordió la pata, sin la fuerza suficiente para conseguir lo que fuese que pretendiera. Y la pirata tampoco podía ayudar, había intentado disparar y había fallado estrepitosamente, siendo tirada como una muñeca de un golpe de garra. Por un lado, espero que siguiera viva, no veía exactamente donde había caído, pero por otro, sino… sería más tesoro para ella. Y ese lagarto estaba a punto de soltar su llamarada, y dudaba que solo picara un poco… dependía todo de ella.

Maldita sea.

No tenía demasiado tiempo para pensar, así que improviso, confiando en que se le diera tan bien como recordaba. Recogió un escudo de entre la pila de tesoros, uno que le pareció más pesado de lo que estaba acostumbrada, pero no importaba, era más, cuando más peso, mejor. Había un problema esencial en la estrategia de lanzarse como un héroe de pueblo y proteger ben a la elfa o bien a la dragona, y era que si ese dragón pardo no había sufrido daño cerebral, simplemente chamuscaría a la otra, así que quedaba descartado. La opción que tenía en la mente giraba más en torno a arrojar el escudo cual pedrusco en toda la cara del dragón, con la esperanza de que bastara para desviar el chorro. ¿Pero cuando duraba un aliento? Seguramente tanto como un soplido, y si no le cerraba la boca de golpe, podría simplemente redirigir las llamas, no era una muy buena opción tampoco.

Así que quedaba una última opción, una alocada, claramente no demasiado pensada y sin duda suicida opción. Pero si funcionaba… si funcionaba seria digno de un poema.

-Es un suicidio…- esas estúpidas voces otra vez, siempre en los momentos más inoportunos.

-¿Tenéis alguna idea mejor? ¿Algo que podáis hacer para ayudar contra un maldito dragón?- Silencio. –Lo suponía, así que chitón.- estúpidas almas dando la vara en los momentos más inoportunos. La diablesa suspiro, rebusco en su bolsa y empezó a subir una montaña de oro con toda la fuerza que sus músculos humanos le permitían. Menos mal que era un espécimen ejemplar de esa raza. Cuando estaba a unos pocos pasos de la cúspide, mordió lo que tenía en la mano y saltó.

Lo primero que notaria el dragonucho sería una aplastante sed de sangre. No era la normal para Luzbel, para nada, ni siquiera cuando mostraba una fracción de su naturaleza a los mortales, esta vez estaba harta, dolorida y cabreada con el dragón, así que quería matarlo, con todas sus ganas, quería aplastar esa cabeza una y otra vez hasta que quedara irreconocible y luego vestir su piel como si fuese cuero cualquiera. Para aquel entonces, ya lo estaría mirando a ella, a la pequeña forma peliblanca que estaba saltando directa a su boca a punto de soltar una llamarada, entonces vendría SU aliento, en todo el ojo, porque dudaba que fuese a hacer nada contra las escamas, ese mercader del bigote le había asegurado que las llamas quemaban, pero que el fuego no era muy intenso, así que apuntaría a las zonas blandas, a ver cómo le sentaba tener un ojo hervido. Y si eso no bastaba, estaba el plan B. Tenía el escudo delante, en el torso, por supuesto, lo que pararía la mayoría del aliento, idealmente, pero su mano derecha estaba para asegurarse de que recibiera el mínimo, su mano derecha y la espada que sostenía, apuntando hacia abajo y saliendo de la protección del escudo, para atravesar esa fea cara del dragón y empalar el morro cual brocheta, impidiendo que pudiera volver a abrirlo con un poco de suerte.


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Re: El cofre maldito [Privada con Masterización]

Mensaje por Zeena Samaha el Lun Ago 07, 2017 1:49 pm

Mi compañera de níveos cabellos estaba observando mientras el tiempo parecía hacer una pausa para dejarnos analizar la situación. Una nube de vapor rojizo me rodeaba. Y Luzbel estaba dispuesta a avanzar, escudo en mano que acababa de tomar de la montaña de riquezas que reposaba bajo las plantas de sus pies.

Shekerra por otra parte estaba en peligro, y yo también estaba expuesta. Tendría que usar mi magia, y estaba preparada para darlo todo con ella si era necesario.

Sin embargo, la peliblanca empezó a correr hacia la cima de la colina dorada con algo encerrado en su puño, y yo procuraba levantarme, a pesar de que los brazos me temblaban por el escozor de la bestia. Si mi compañera podía ir y correr, yo también debería poder levantarme.

Apoyé mis manos sobre mis rodillas, intentando erguirme poco a poco, hasta que me impulsé con los tobillos para ponerme erguida. Veía a mi alrededor con un filtro carmesí que empezaba a volverse más denso, viendo cómo mi compañera se disponía a saltar desde la cima.

No podía dejarle adentrarse en una muerte dolorosa y oscura, sólo porque tenía los brazos heridos. El aire frente a mí empezaba a girar a mi alrededor, creando un pequeño torbellino de aire carmesí, haciéndose cada vez un poco más denso.

Poco a poco se empezó a condensar ese vapor en un líquido acuoso semitransparente rojizo, que tenía una corriente en espiral, parecida a las corrientes de las islas flotantes.

Mientras tanto, el monstruo observaba que mi compañera se acercaba a gran velocidad hacia él, y ya estaba preparando una bocanada de aliento ígneo que impactó en el escudo que traía Luzbel entre sus manos, a la vez que ésta respondía con otro aliento en el ojo del dragón, obligándole a cerrar el ojo y no saber a dónde apuntaba con su llamarada. Ésta impactó sobre un trono de madera y seda que se encontraba frente a la montaña de oro, y empezó a arder, haciendo que el oro que estaba cerca empezase a calentarse.

Me empecé a mover hacia delante, paso a paso, mientras se iban formando unos carámbanos de hielo, apuntando hacia el dragón, quedando como un muro de carámbanos que me podía cubrir medio cuerpo.

La bestia por su parte se retorcía y cuando pudo abrir el ojo, dejó caer su poderosa garra sobre la espalda de Vanidad y la aplastó contra el suelo, justo como con Shekerra, aunque ésta se había podido liberar gracias a la confusión.

Ésta se lanzó a la pata de la bestia para intentar liberar a Luzbel de sus garras, a lo que la bestia respondió retorciéndose y cayendo de espaldas accidentalmente.

La bestia sangraba, estaba ciega de un ojo, y apenas veía por el otro. Era el momento.

Los carámbanos flotaron hasta estar sobre su cuerpo, pendiendo a unos 3 metros de altura, y tras unos breves segundos, cayeron en forma de lluvia, buscando clavarse en lo más profundo de sus carnes, y empezar a dañarle los órganos internos.

La bestia rugía y sangraba copiosamente. Ya no se podían ver bien las heridas, pues la sangre manaba con más velocidad, de un color violeta intenso que impedía ver su origen.

La bestia estaba renqueando, sufriendo del dolor, mientras yo me alejaba del incendio que se estaba empezando a producir en el interior de la cueva, acercándome a Shekerra y Luzbel. La bestia daba unos coletazos de sufrimiento, pero ya no parecía ser peligroso…. O eso parecía.

El dragón golpeó con su poderosa cola dos pilares de roca, que al recibir su coletazo, se empezaron a resquebrajar de bajo a arriba, poco a poco.

El tiempo se estaba terminando.


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Re: El cofre maldito [Privada con Masterización]

Mensaje por Vanidad el Miér Ago 09, 2017 9:43 pm

Había salido bien, más o menos, el dragón se giró para mirarla y le lanzó na bocanada de fuego, por suerte, la llamarada fue hábilmente desviada cuando su propia llamarada, más pequeña, salió de sus labios y le dio en todo el ojo, mandando las llamas que empezaban a calentar demasiado el escudo para su gusto muy, muy lejos de ella, sobre un trozo de madera le pareció ver, sin que le importara demasiado. Pero se le había pasado un pequeño detalle por alto. A pesar de lo que parecía, las llamas tenían fuerza, su salto acabado con espadazo adquiría varios matices de complicación cuando eras empujado por llamas de una criatura de no menos de diez veces tu tamaño, por lo que sus cálculos resultaron erróneos y simplemente estuvo demasiado lejos como para clavarle su espada en esa fea cara escamada.

Así que simplemente aterrizo en el suelo en cuando la gravedad hizo lo suyo, y en ese mismo instante se encontró aplastada por una pata, que se retiró al poco, evitando la asfixia pero rasgando su espalda horriblemente. Mientras la lucha se desenvolvía a su alrededor, con su dragona pegándose con el dragón, la causa por la cual ahora estaba herida por lo que podía entender, ella comprobó su estado, aun estampada contra el suelo. Movió brazos, piernas, dedos, comprobando si el daño era serio, puesto que el ardor de la espalda no le dejaba discernir la forma exacta de la herida. Podía moverse, aunque el brazo izquierdo estaba un poco resentido, puesto que el corte llegaba hasta el hombro. Pestañeo un poco para concentrarse, para atravesar la neblina de ardiente dolor y vio que el combate estaba básicamente acabado, el dragón estaba panza arriba, con enormes carámbanos de hielo saliéndole del cuerpo. La diablesa le dedico una mirada de curiosidad a su compañero elfa y guardo el escudo, que llevaba en su brazo malherido, enfundando su espada y usándola de bastón. El dragón estaba agonizando, soltando sus últimos estertores, y uno de estos inicio el derrumbe de la cueva. Genial, simplemente genial, pero eso no cambio en lo más mínimo su propósito.

Se había peleado con una dragona, había sido envenenada con una pócima rarita, peleado contra un maldito dragón y usada de rascador por ese mismo como si fuese un maldito gato glorificado. Así que ahora iba a devorar su alma, y se haría unos zapatos con su piel… y puede que una daga. Su espada ya se había desenfundado y estaba trabajando en exponer el corazón. La gracia de las escamas era que protegían de muchos golpes, tan bien como una cota de mallas, pero tenían un gran problema, si en vez de un golpe descendente o directo conseguías poner tu arma entre las escamas, ofrecían cero protección, por lo que solo necesito un par de intentos para empezar a cortar escamas piel y musculo en el pecho, generando un circulo casi completo que luego abrió como una puerta con un poco de palanca. Era un corazón grande. Si uno humano le cabía cómodamente en la mano, para ese debía extenderla completamente, y aun así tenía que apoyarlo de vez en cuando contra su cuerpo para que no se le cayera por el suelo. Lo guardo en su mochila, después de darle un mordisco, sin demasiado cuidado, manchando de sangre un montón de cosas. Algo le decía que no le daría tiempo a sacar un buen pedazo de piel para unas botas antes de que la cueva se derrumbara, así que se conformó con arrancarle un colmillo y meterlo también. Ahora tocaba salir por patas con el cofre… lo que implicaba buscar el maldito cofre de monedas malditas primero.


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Re: El cofre maldito [Privada con Masterización]

Mensaje por Zeena Samaha el Sáb Ago 12, 2017 4:07 pm

MI compañera había sido muy hábil al evitar la llamarada y acertar en el ojo de la bestia, lo que hizo que fuera más fácil acertar de lleno con los carámbanos de hielo. Al caer la bestia boca arriba y ser claveteada como si fueran clavos, mi compañera se pudo liberar, y me dedicó una mirada de curiosidad.

Yo por mi parte, estaba contenta, contenta de ver que ella estaba bien, que Shekerra también había salido bien, y de que esta vez saldríamos vivas de aquí. Pero mis brazos volvieron a temblar, y empezaba a notar una especie de pinchazo en la cabeza, como si alguien me estuviera clavando un cuchillo en la sien.

Me llevé mi mano temblorosa a la sien, cerrando los ojos, deseando que el dolor parase. Y aunque con el calor de la mano se notaba menos, seguía ahí.

Pero había algo importante que hacer. Buscar ese maldito cofre, y llevárnoslo de aquí.

Según recordaba, el cofre permanecía en la aldea, pero probablemente las monedas que faltasen aún estarían en alguna caja o algo así.

Shekerra no desperdició ni un momento en sumergirse en la montaña de oro, que a pesar de que estaba caliente, ella podría soportar bien en su forma dracónida.

Bajo la gran montaña de oro, encontró una caja de madera, pequeña con un grabado de unos símbolos rúnicos en ella, quizás un vano intento de reducir la maldición de lo que contenía.

- Muchacha… si quieres coger algo, es el momento… Aunque… Espera…

Me volví hacia el pilar de piedra, y traté de crear, condensando la humedad del aire, una capa de hielo, que fue creciendo alrededor de la roca, en el interior de las grietas, llenando los huecos para crear una masa compacta que sostuviera las rocas aún en su sutio.

Mi cuerpo empezó a tambalearse. Ya había hecho mucho esfuerzo con los carámbanos, y no estaba acostumbrada a ello. Pero esto último había agotado mis fuerzas, y mis piernas ya no querían sostenerse.

Caí sin remedio de rodillas, mirando hacia mi compañera, y antes de poder decir nada más, caí al suelo inconsciente, presa del cansancio y el agotamiento.

Mi mente se estaba perdiendo en un mundo donde los sueños se confundían con la realidad. Donde la helada en mi juventud nunca ocurrió, y donde nunca me capturaron en un barco para hacerme una esclava sexual.


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Re: El cofre maldito [Privada con Masterización]

Mensaje por Vanidad el Dom Sep 17, 2017 5:08 pm

Todo había acabado, el dragón estaba muerto y su alma era suya, la primera en una larga lista esperaba. Shekerra parecía estar demasiado ocupada buscando el cofre/caja que contenía las monedas como un zorro buscando ratones en la nieve como para percatarse de la flagrante profanación a  su compañero dragón que suponía la diablesa devorando su alma y descartando lo poco que quedaba del corazón. Para cuando emergió triunfante con la caja de símbolos rúnicos, Luzbel ya llevaba un buen tiempo saqueando el tesoro sin pudor. Había cierta cualidad única en ladrones y mercenarios, cierto instinto para determinar que era valioso y que no, algunos lo determinaban por la distribución del tesoro, por como algo en la cúspide de una pila de monedas debía ser valiosa, o como los objetos centrales en una colección debían ser mejores… ella simplemente se llenó los bolsillos de unas pocas monedas, se quitó la mochila y empezó a abrir algunas de las cajas más pequeñas y meterlas en la mochila, caja incluida si lucían frágiles, y descartándola sino. Algunas cosas lucían simplemente valiosas como ese colgante de zafiros, otras mágicas como ese… trapo/bolsa, y con algunas simplemente no pudo resistirse, como con ese reluciente huevo negro. Luego lleno lo que quedo con monedas de oro, lo que hizo que la mochila pesara horrores, pero podía soportar una breve carrera con todo ese peso, y seguramente eso sería todo lo que necesitara para escapar de allí.

Y entonces vio el hielo, luego a la elfa y volvió a mirar al hielo que se condensaba en las grietas, sujetando la roca. Un “pum” la distrajo otra vez, la elfa estaba en el suelo, medio moribunda. Suspiro, se acercó lentamente a ella y la empujo suavemente para que se tumbara en el suelo. –Solo por esto, voy a escoger del botín yo primera.- se limitó a decir mientras le ponía la pesada mochila encima sin demasiados miramientos y la levantaba como una novia en su luna de miel, recibiendo una descarga de dolor por la herida de su espalda como respuesta, pero aguantaría, no era tan grave. Podría haber usado a la dragona como mula de carga, pero simplemente dudaba que Shekerra aceptara llevarse todo ese bulto para que ella pudiera saquear más cosas, y aunque ese hielo hacia que la estructura aguantara y en teoría el ambiente cerrado de la cueva haría que aguantara un poco más de lo normal, desde luego no iba a arriesgarse a ser sepultada bajo toneladas de roca para poder coger unas pocas monedas más… sobretodo cuando podía volver unas semanas más tarde con unos cuantos hombres y excavarlo. Así que simplemente salió tan rápido como su carga elfica y dorada le permitió, echándole un ojo a la dragona que llevaba la caja que supuestamente contenía las monedas, si después de todo eso se había equivocado de caja y la manera de romper la maldición quedaba sepultada, hoy devoraría DOS almas draconicas. Una vez estuvieron fuera de la cueva, la diablesa avanzo unos pocos metros más, por si acaso, y dejo a su acompañante elfica en el suelo, sentándose en la hierba a su lado mientras, disimuladamente, recuperaba el aliento. –Bueno…esto ha sido divertido…-


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Re: El cofre maldito [Privada con Masterización]

Mensaje por Zeena Samaha el Miér Ene 03, 2018 7:55 pm

Me invadía una sensación de ingravidez que me alejaba de todo lo ocurrido en aquella cueva, y en estos días, llevándome a unas tierras paradisíacas en los mares tropicales del sur. Donde la preocupación por las devastadoras heladas se despejaba para dar lugar a un calor agradable y un sol imponente en lo más alto del cielo.

¿Qué era aquello que tanto me preocupaba y me había traído finalmente hasta aquí? Mi mente no lograba sonsacar nada de una neblina que se expandía en el horizonte, como una cortina de incertidumbre que cubría mi vista de la verdad que había allá afuera.

Yo yacía sobre la arena cálida, arena negra volcánica que sólo existe en las islas más fértiles de Noreth. Arena que invitaba a dormir sobre ella, pues nada ni nadie perturbaba el sonido de las olas meciéndose contra ella.

Hasta que el cielo se abrió, como si no fuera más que una falsa tela que cubría un mundo más allá, y por la enorme brecha en el cielo entrase una luz blanca, tan intensa que mis ojos empezaban a llorar, a arder como si de papel se tratase.

El dolor hacía que los ojos de mi cuerpo real empezasen a llorar, y a empaparse en lágrimas, hasta que por fin los abrí, dejando ver una imagen borrosa de un cielo en atardecer, cruzado por una alargada sombra que me cortaba la piel.

Consciente de cómo parecería mi rostro, me enjugué las lágrimas, y me encontré con que la sombra le pertenecía a mi compañera peliblanca, que estaba sentada al lado. Respiré hondo, parecía que por fin habíamos logrado escapar de la cueva sanas y salvas.

- ¿Lo… lo hemos conseguido?-

Pregunté a la peliblanca, aunque ahora mismo no le podía mirar, sólo cerrar los ojos pensando que el dolor físico aún permanecía, pero la mente ahora se estaba despejando y entendiendo lo que había sucedido.

Me apoyé sobre las palmas de mis manos, hundiendo los dedos en la tierra arcillosa cercana al lago, y me mantuve sentada. Mi cara estaría manchada de hollín, mi espalda y mi pelo estaban frías y terrosas, y probablemente mi cuerpo me pediría un baño también.

Levanté la mirada hacia mi compañera peliblanca, mientras me apretaba las rodillas contra mi pecho, rodeando a media altura las piernas con los brazos.

Unos golpes sordos estaban coronados por Shekerra, que caminaba con la caja con las monedas restantes sobre su lomo, y se echaba a nuestro lado, esperándonos. Probablemente estaría esperando a que le acompañásemos hasta la aldea.

-  Por fin todo acabó. Y parece que esta… muchacha quiere que le acompañemos hasta su aldea. Ha estado… intenso todo ¿verdad?

La peliblanca respondía como si no hubiera sido nada, con la calma que tendría una persona cuando la vida no le va en ello. Le estaba mirando mientras decía todo. Seguramente fuera una fachada, pero no iba a dejar de seguirle la corriente. Así que me levanté del suelo, resoplando, y vi la cantidad de riquezas que había junto a mí, sorprendida.

Me acerqué por otra parte hasta Shekerra, y vi que portaba la caja con las runas grabadas, y lentamente, abrí la tapa, no sin que Shekerra me mirara con preocupación. Apenas habái nada dentro, solo unas 5 monedas de oro dentro.

Tomé parte de las joyas que había al lado y las metí dentro de la caja, y otro tanto acabó en mi bolso, mientras miraba a la peliblanca.

- Para llevarlo con facilidad. Luego nos lo repartimos -

Cuando cerré la caja, Shekerra se fue hacia el lago, de donde ascendía otra corriente en paralelo a la que usamos para descender, y mientras ella se acercaba allí, me agaché a mirar a mi compañera y le tendí la mano

- Vamos

Esperé a que tomase mi mano, y marchamos hacia el lago dejándonos hundir en el agua, esta vez sin magia que valga para no mojarnos, pues no estaba ahora como para hacer uso de ella.
La corriente ascendía con velocidad, y Shekerra, ahora convertida en humana, parecía disfrutar como pez en el agua, deslizándose como un pez con la caja entre sus manos, mientras yo me dejaba refrescar por el agua, limpiar tanto mi sudor y sangre como un lavado al alma, aunque sólo la hiciera menos oscura.

La corriente nos depositó en un lago flotante frente a la entrada a la cueva, a pocos metros de la corriente descendente hacia el lago en el suelo. Una vez allí, avanzamos las tres, con Shekerra a al cabeza, hacia la aldea de los dracónidos, donde por fin, nos liberarían de todo.

Recogimos las gemas de la caja que llevaba Shekerra, pero ella decidió tomar las monedas de su interior, y nos dejó la caja a la entrada.

Shekerra se arrodilló frente a la chamán y le entregó las monedas malditas, mientras ésta sonreía complacida, y las llevaba al cofre que tenía a su espalda. En cuanto depositó las monedas, el cofre brilló y se cerró en un brillo plateado, que se ocultó tras un destello negro que dio nada más se cerró completamente el cofre. La chaman tenía al lado una marmita de cobre que otra dragona estaba fundiendo con su hálito de fuego, y otro dracónido selló físicamente el cofre, mientras que la chamán promulgaba una amalgama de palabras de su particular forma de hacer magia

Sus palabras pronto quedaron sustituidas por un canto difónico que parecían llenar la sala. Los dracónidos acompañaban a su cántico con un ritmo que hacían con sus manos o pies golpeando contra el suelo. El sonido poco a poco se intensificaba, y la chamán se arrodilló, cerrando los ojos mientras extendía los brazos a ambos lados de su cuerpo. Éstas brillaban, y así también lo hacía el cofre, mientras ella se iba inclinando hacia atrás, moviendo las manos como si estuviera bailando. Cada vez más brusco y más rápido. El ritmo de los dracónidos también se aceleraba, hasta que de repente la chamán se silenció y se quedó quieta.

El cofre se oscureció, quedando en un color parecido a la piedra, como si hubieran transmutado su material de repente, y la chamán se mantuvo rígida, con los ojos en blanco mientras sus cuencas se dirigían al cielo. Mientras tanto, el dracónido que estaba al lado se ponía a su espalda de rodillas, dejando las piernas justo bajo su cabeza.

Tras la transmutación completa, la chamán cayó al suelo de espaldas, respirando agitadamente, pero el dracónido ya estaba preparado y le sujetó la cabeza antes de que cayera para evitar que se hiciera daño.


Unos segundos de silencio. Todos estaban observando a la chamán con una calma inusitada. Y si no fuera por eso, yo estaría preocupada. Pero si ni sus propios compañeros se preocupan, es que no debe ser nada grave. ¿No?

La chamán tras un minuto de silencio se despertó, y se puso en pie con ayuda de su compañero, procurando recuperar la respiración normal, mientras éste le sujetaba para evitar que se cayera.

– El cofre… está sellado. Volver a abrirlo requeriría de un esfuerzo indescriptible, así que espero que no se vuelva a abrir en varias generaciones. Pero el corazón ávaro de los humanos no tiene límites, así que sucederá. Seréis recordadas, forasteras. Recordadas como sábháil. Decidme… ¿Cómo os llamáis?

Mi compañera peliblanca tras unos segundos de pausa, respondió. - Es.... largo, pero lo más cercano, que puedas pronunciar...Luzbel -

Así que se llama Luzbel. Con mi sombrero en las manos, miré a la chamán con atención y detenimiento.

- Mi nombre es Zeena, elfa. Pero también me llaman Zeena la corsaria – Repuse recolocándome el sombrero en la cabeza, colocándome en jarras.

La chamán sonreía para sí, mientras cerraba los ojos y elevaba sus manos por encima de su cabeza, temblorosas por el esfuerzo anterior.

-¡Zeena y Luzbel! ¡Luzbel y Zeena! ¡Sábháil! –


El poblado gritó tras ella al unísono nuestros nombres con nuestro nuevo honorario  levantando el brazo en alto con el puño cerrado.

La chamán tras reponerse un poco de su esfuerzo, se mantuvo de pie, separándose un poco de su ayudante, acercándose hasta nosotras dos, y nos tomó una mano a cada una, juntándolas todas ellas mientras ella las sujetaba.

– Os deseo buena ventura en vuestras andanzas. Y como recompensa por vuestra hazaña, dos de mis hijos despejarán la cueva del tesoro donde habéis derrotado al monstruo, y os podréis llevar lo que allí yace cuando gustéis. Tardarán en torno a una semana en dejarlo listo. Espero que sea de vuestro agrado


Luego ella sujetó cada mano con una de las suyas y tras unos segundos las soltó, mientras se alejaba de nosotras para retirarse.

- Slán leat –

Y sin más, se retiró a una caverna que había no muy lejos de donde estaba ella. No estaba muy en forma por lo que se veía, como para esperar a que nos retirásemos.

Shekerra por su parte, se acercó a nosotras dos, y primero nos miraba en silencio, y tras unos segundos dudando, abrazó a Luzbel apoyando la palma de su mano sobre su espalda. Luego se separó de ella, esbozando una sonrisa sosegada, y me abrazó a mí también de la misma forma, pero como soy tan pequeña, me abrazó la cabeza a su pecho. Era extraño. Hace unas pocas horas, nos deseaba matar, y ahora nos despide así. ¿Será ésta la costumbre de esta tribu o era ella específicamente que cambió su parecer?
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Re: El cofre maldito [Privada con Masterización]

Mensaje por Vanidad el Lun Ene 08, 2018 8:29 pm

La elfa estaba un poco…ida después de su exceso, por lo que la había cargado como un peso muerto hasta llegar afuera. Luzbel se tumbó bocarriba sobre la hierba, dando un bote de inmediato en cuando su espalda toco el suelo, recordándole la herida. Con el cuero negro no se notaba demasiado, pero en cuando extendió la mano para tocarse la espalda, enseguida quedo claro que había sangrado lo suficiente como para chorrearle por la espalda. Por suerte ya había dejado de sangrar, así que no tendría una horrible muerte desangrada después de matar al dragón y devorar su alma, habría sido muy…anticlimático.

La dragona se había tumbado a su lado con el cofre de monedas. En ese momento decidió empezar a sacar unas cuantas de las baratijas que había cogido. Aquellas caras pero sin nada especial, joyas y monedas. Al fin y al cabo ella escogería primero. Su repartimiento del botín fue interrumpido por la elfa, que parecía haberlo pasado mal. Es decir… no todos los días se mataba un dragón, pero había acabado mucho peor por culpa de enemigos más vulgares. –No te preocupes, en unos años solo será un bicho más.-

Y luego… a subir otra vez. No entendía porque era la única que tenía reparos en ser arrastrada por toneladas de agua flotante que podían ahogara en segundos, sobre todo teniendo a un dragón perfectamente funcional justo al lado. Con un suspiro, supuso que era su culpa por juntarse con hidromantes y lagartijas y salto al lago, llegando empapada a un lago superior, a la entrada de la cueva de antes. Parecía que hubieran pasado semanas desde que habían salido de allí.

Pararon en un lugar que pareció adecuado y vaciaron el cofre, pero la dragona se llevó las monedas, dejándoles la caja. La diablesa le dedico una mirada al grupo de draconidos y su pequeño ritual y deduciendo que las monedas habían dejado de ser su problema, se dedicó a vaciar su mochila, soltando aún más monedas y joyas. Le echaba una mirada al ritual de vez en cuando, para asegurarse de que la habitación no explotara o algo así, por lo que vio como la chaman era noqueada…pero allí había un tipo para sujetarla, así que debía haber sido previsto, nada de lo que preocuparse. Finalmente, la lagartija se despertó y fue a verlas.

Le pregunto su nombre, lo que era… complicado, había vivido lo suficiente como para que ocupara varias frases, y uno no iba revelado esa clase de poder por más que prometieran hacerte una estatua o algo así. Así que la trato como cualquier mortal. -Es.... largo, pero lo más cercano, que puedas pronunciar...Luzbel – Y la elfa se llamaba Zeena aparentemente, una corsaria…. Sin barco. Puede que fuera un barco volador, cosas más raras había visto. Luego el pueblo los aclamo, cosa que le sentó bastante bien, puede que incluso compensara el dolor que sentía cada vez que movía un poco la espalda. Además, ese oro prometido estaba bien, aunque dudaba que ellas dos pudieran quedarse con todo ese tesoro, y dejarlo allí era… problemático. Sonaba más bien a una maniobra para quedarse la mayor parte… pero daba igual, se llevaría lo que considerara más útil, tampoco tenía como llevar una fortuna a través de medio mundo. Miro a la pirata, planteándose si sería muy maleducado preguntarle por su hipotética nave voladora.

Pero cualquier posible pregunta fue interrumpida por el abrazo de la dragona, Shekerra. Eso fue lo más raro de todo, con diferencia.

Pero aprovechando que no querían matarlas en ese momento y que técnicamente tampoco las estaban echando, se separó un poco de la elfa. No se había olvidado del pequeño truquito a sus poderes, así que se separó para probarlos. Se concentró en cambiar de forma, nada. Luego fue a algo más concreto, una mano, noto un temblor, una onda que se extendió visiblemente por el brazo, como lanzar una piedra a un charco, técnicamente nada, pero más que hacia unas horas. Finalmente decidió probar con algo más simple e intento cambiar su color de pelo. Se agarró un mechón y…blanco.

Molesta, salió fuera, al lago en el que había sido arrojada hacia unos pocos minutos y se sentó allí, siendo secada por el sol. Y entonces lo vio, un único mechón de pelo negro. Soltó un ronroneo de satisfacción y por fin decidió relajarse un poco. Se quitó las botas, dejándolas bocabajo para que se secaran y luego siguió con el peto de cuero, soltando un gruñido cuando la sangre seca le dio un tirón. Lo lavaría en breve, pero ahora mismo tenia curiosidad por el botín. Abrió su ahora mucho más vacía mochila y vacío sus contenidos, todos, con cuidado. Entre la comida, mudas y demás cosas que no le importaban a nadie, había los últimos tesoros que había sacado de la cueva. Empezó con una bolsita de terciopelo. Le había parecido raro que un dragón guardara un tesoro en una bolsita, así que debía ser valioso. Metió la mano y saco…solo un puñado de monedas, decepcionante en un principio, pero en cuando iba a dejarla, se dio cuenta de que la bolsa pesaba exactamente lo mismo a pesar de haberla vaciado, así que volvió a meter la mano y… aún más monedas, y más y más, parecía poder guardar muchas, muchas monedas, puede que tantas como quisiera con un poco de suerte. Eso explicaba al menos de donde había salido un tesoro tan grande.

Lo siguiente en su lista de botín era una cajita, la cajita con el huevo negro. Ese dragón que yacía muerto debajo, a varios cientos de metros no era negro como el huevo, así que técnicamente no había robado un retoño, además, una madre no tendría a su pequeño en una maldita caja, ni tendría solo uno. La diablesa acarició la superficie del huevo, escamada como sus parientes, con la mano. Y entonces se quebró. –Oh mierda.-

Pero no lo había roto por ser torpe, como inicialmente había sospechado, sino que el huevo se movía. Pronto la grieta se abrió más y más, y una pequeña patita salió de él, expulsando un trozo de cascara al suelo. No tardó demasiado en salir del cascaron, un precioso aunque algo pringoso dragón…draco….wyvern… algún tipo de lagarto volador. Un gruñidito fue dirigido hacia ella y la diablesa le acarició la barbilla. Juraría que había oído un ronroneo antes de que le mordiera el dedo. -¿Tienes hambre? Espera… no beberás leche ¿cierto?-

Pero la lagartija no le respondió, sino que en su lugar salto de su falda hasta los contenidos desperdigados de su mochila, olisqueando. La diablesa se tumbó bocabajo en la hierba, observando a la criatura. –Necesitas un nombre…- Era completamente negro, como la noche, pero reluciente, y a juzgar por el bote que pego al morderla, no le gustaban las manzanas. También se movía como un gato, elegante y letal, y por la intensidad con la que olía su cecina remojada por tanto maldito lago, era carnívoro, ninguna sorpresa la verdad. Mientras su nuevo compañero escamado se decidía por la cecina, ella sacaba un cuchillo para cortársela, lo que supuso una oleada de gruñidos de queja hasta que empezó a darle dados de carne. Ella seguía pensando en el nombre mientras tanto.

Tardo más de lo que estaba dispuesta a admitir en darse cuenta de que no tenía ni idea del sexo de la lagartija, concretamente hasta que el bicho soltó un ronroneo de satisfacción y se acurrucó en su falda, a duras penas capaz de caminar, durmiéndose hecho un ovillo. Por suerte para ella, si en algún lugar eran capaces de decirle el sexo de un draconido era en una aldea llena de malditos dragones…probablemente. Así que aprovecho para lavar la sangre de su peto, para recoger todas las cosas de su mochila que había esparcido por todos lados y dejó la ropa secándose al sol mientras iba a buscar a algún dragon que le dijera si el bicho que tenía en brazos era un chico o una chica.

La habían mirado mal, muuuuuy mal, como si les hubiera secuestrado un hijo, pero esa lagartija parecía encariñada con ella, acurrucada en su hombro clavándole esas garras afiladas como guadañas incluso a través de la armadura. Pero aparte de mordisquearle la oreja de vez en cuando, allí se quedaba, mirando con sus ojos ambarinos a cualquiera con quien hablara. Y lo más importante, después de un tiempo, seguramente tras asegurarse de que no les había robado ningún retoño, alguien se había acercado, observado a su pequeño y dictaminado que era una chica. Así que la diablesa había dedicado las pocas horas que quedaban hasta la puesta de sol a escoger un nombre para su pequeña. Porque ahora era suya, sin duda, el bicho la adoraba y había cierto encanto en esa lagartija salvaje, en esos movimientos elegantes llenos de intención homicida, era como estar mirando una pantera con alas. Un poco menos suave eso sí. Y había empezado a recitar nombres. Primero probo con demonios poderosos, pero ninguno parecía encajar y ponerle un nombre de demonio a tu mascota podía… atraer mala suerte, en la forma de un demonio concretamente, así que se decantó por algo más…mortal. -¿Qué te parece… Tenebra?- Recibio un gruñido alegre como toda respuesta.





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Vanidad
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Re: El cofre maldito [Privada con Masterización]

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