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El silencio ante las sílfides

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El silencio ante las sílfides

Mensaje por Edrë el Dom Mar 13, 2016 10:55 pm

El joven zorro llevaba un buen rato intentando encontrar un claro en el cual acampar y recuperar fuerzas. Normalmente no le habría costado tanto, pero en este momento debía doblar las precauciones al encontrarse tan cerca de Erinimar. Sabía perfectamente por su maestra que los elfos no se tomaban especialmente bien la invasión de sus territorios; a pesar de que él solo estaba por allí de paso, dudaba que ellos le interpretasen en términos amistosos. Si tenía suerte y se encontraba con algún elfo silvestre, tal vez pudiese explicarle mediante el lenguaje de signos por qué se encontraba allí. En cualquier otro caso tendría que apañárselas para dar entender a un elfo que era un hörige mudo con vocación de guardabosques. Se mantuvo alerta en todo momento debido a esto, con las orejas alzadas y atento a cualquier sonido o fenómeno visual que le gritase: ''CORRE COMO EL VIENTO, MALDITO ZORRO; SALVA TU COLA CUAL HOMBRE EN CELO''.

De fenómenos visuales iba la cosa, al parecer; cuando dio con un claro que podría servirle para acampar, no tardó en percatarse de que unas cálidas lucecillas pululaban por este. Había visto algo parecido en los bosques de Silvide, espíritus de personas que habían quedado atrapados en el mundo de los vivos por asuntos no resueltos en su existencia terrenal. Alguna vez había ayudado a uno por amor al arte de ayudar, encontrando un viejo zurrón preciosamente bordado y devolviéndoselo a la familia que aun quedaba viva. Según le había explicado Edräniel, los espíritus en su gran mayoría no solían ser peligrosos; lo que si podían ser era impredecible, e incluso irascibles si habían tenido una muerte violenta. En cualquier caso no solían ser suficientemente poderosos como para suponer una amenaza ineludible.

Edrë se acercó con precaución, haciendo uso de sus conocimientos para situarse a una distancia en la que pudiese discernir con claridad a que clase de ser estaba presenciando. Se encontró con una figuras femeninas haladas, las cuales jugaban entre  risas y caóticos revoloteos. Se adentró, finalmente, intuyendo que no había amenaza en aquellas criaturas. Tenían pinta de conocer el élfico, al menos, aunque desconocía si sabían acerca del lenguaje de signos propio de los elfos silvestres. En cuanto le vieron, se pararon en brusco. Lo ojearon, primero desde la distancia con cierto temor mezclado con curiosidad, hasta finalmente acercarse, llegando rozarle con sus vuelos de inspección. Reían, como lo habían hecho antes; el joven zorro supuso que nunca habían visto a alguien como él. Se retiró la capucha y dejó caer por su espalda la larga melena, con trenzas y plumas adornándola, mostrando por completo sus orejas de zorro y su hocico animal. Un ligero ''Oooh'' salió de sus voces al presenciarle.

Finalmente aterrizaron sus pies descalzos sobre el claro lleno de hierba fresca, acercándose y preguntando algo en Común que Edrë no llegó a entender del todo; algo sobre volar había dicho, lo cual le erizó el bello al imaginarse elevado y sin control alguno a gran altura. Negó con la cabeza y se encogió de hombros intentando dar a entender que no comprendía el Común. Se señaló los labios y negó con los dedos, gestualizando en la medida de lo posible para comunicarles su incapacidad en el habla. Incluso, tras una muy breve pausa, hizo el amago de escribir algo en élfico sobre el aire con la esperanza de que identificasen los movimientos y entendiesen que carecía de los conocimientos para hablar el común. O Edrë se había equivocado tratando de explicarse o las sílfides habían renunciado a los intentos de comunicación para saciar sus propios deseos de diversión; en cualquier caso lo tomaron de los brazos, abrumándolo con su olor y presencia femenina durante el suficiente tiempo como para alzarlos en vuelo. Un primer pensamiento le pasó por la cabeza al joven zorro, de tomar los cuchillos que descansaban a ambos lados de sus costados y cortarles las alas a aquellas hadas; no lo hizo, sin embargo, porque a pesar de la mordida de terror que estaba sintiendo en su vientre, entendía que no había malas intenciones en los actos de aquellas criaturas: ''Ante el miedo, siempre cabeza'' solía decir Edräniel para que el asustadizo zorro dejase de hacer estupideces.

El pecho del zorro subía y bajaba agitadamente, mientras las hadas ascendían en espiral, riendo ante el nuevo juego que habían inventado. Empezó a marearse, el mundo le daba vueltas y las rápidas pulsaciones no ayudaban Edrë en la tarea de sentirse mejor. Sin saber como ni cuando, se desmayó, quedando cual peso muerto en los brazos de las sílfides. Estas tardaron un momento en percatarse de que la consciencia de su pasajero se había desvanecido en el viaje, pero en cuanto lo hicieron no tardaron en bajarlo y estirarlo sobre una gruesa capa de hierba. Se sentaron junto a él, dejando reposar la cabeza del animal sobre las piernas de una de ellas. Acariciaron su piel, fascinadas con la tremenda similitud que guardaba con los pequeños zorros que caminaban a cuatro patas, sin dejar de preguntarse que clase de historia tendría el animalillo a sus espaldas: ''Está vivo, pero creo que no es hemos pasado, Nala''. Susurró en élfico a su hermana.

- Bueno... él solo nos dijo que nunca había volado... creo - contestó, recordando dentro de su emoción todos los gestos que había llevado a cabo el zorro. De repente se le vino el gesto de la boca y la negación a la cabeza - ¿Será mudo, Shila? - concluyó.

- Puede ser, definitivamente no ha dicho ni una sola palabra - declaró, reflexionando también sobre todo los gestos que Edrë había llevado a cabo en su intento de comunicarse.

En mitad de la conversación de las hermanas sílfides, el joven zorro comenzó a abrir sus ojos. Primero se encontraba confuso y luego exaltado ante la posibilidad de todavía estar volando, ante esto último su cuerpo no dudó en dar un respingo que asustó a sus compañeras de claro. Se frotó los ojos, intentando quitarse la mala sensación del vuelo que se le había quedado en la cabeza y las entrañas; ''Nunca más'', pensaba para sus adentros. Se quedó con la vista fija en el suelo, el cual le dio la idea definitiva y obvia que no se le había ocurrido antes para hablar con ellas. Las había escuchado conversar en élfico, por lo que a muy seguro entenderían lo que escribió a continuación: ''Me llamo Edrë, soy un nómada instruido por una elfa silvestre llamada Edräniel''

En cuanto leyeron lo que la garra índice del zorro había escrito, no pudieron evitar mirarse la una a la otra al leer Edrë y Edräniel - ¿Conoce a Edräniel? - dijo Nala, intercambiando otra mirada con su hermana Shila. A toda respuesta, el joven zorro asintió y emborronó lo que había escrito para volver a usar el mismo hueco de tierra. ''¿La conocéis? ¿La habéis visto? Llevo unos cuanto años viajando con la esperanza de volver a encontrarme con ella''. Esta vez fue Shila quien habló - Conocemos a Edräniel, pero hace tiempo que no la vemos... - divagó - supongo que un par de decadas - aclaró, intentando expresarse en términos de tiempo que el animal pudiese comprender. Ante dicha respuesta, Edrë agachó la cabeza y dejó caer las orejas, decepcionado. ''¿Puedo quedarme a acampar en este claro?'' escribió sobre la tierra, pidiendo permiso las sílfides para utilizar el espacio en el que las había encontrado. Ellas rieron ante la pregunta, asintiendo afirmativamente mientras aclaraban - El bosque no es nuestro, Edrë - dijeron al unísono, alzando el vuelo y posteriormente marchándose sin siquiera despedirse. Ambas sabían que tenían mucho sobre lo que pensar, después de conocer a aquella criatura.

- Lo llamó Edrë - dijo Shila, pensativa mientras revoloteaba entre los árboles, alejándose junto a su hermana. Nala simplemente asintió, encogiéndose de hombros y sonriendo ampliamente.

- A saber, Shila, a saber... - contestó, entendiendo perfectamente lo que quería decir con eso.
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Re: El silencio ante las sílfides

Mensaje por Señorita X el Lun Mar 14, 2016 12:09 am

Hijra terminada y completada. Procedo a darle color
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