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De ensoñaciones pasadas vive el zorro

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De ensoñaciones pasadas vive el zorro

Mensaje por Edrë el Lun Mar 14, 2016 1:46 am

Tendría yo los 9 años de edad cuando mi maestra comenzó a usarme para ir de caza. Llevaba mucho tiempo ansioso por probar todo lo que había aprendido de ella, habiéndome especializado yo en armas cortas tales como los cuchillos de caza y sus hermanos arrojadizos. A pesar de que yo siempre he sido especialmente asustadizo, nunca sentí predilección por las armas a distancia. Mi sangre animal siempre me tiró al cuerpo a cuerpo, intentando ser grácil con mis movimientos y encadenando mis pasos para esquivar todo cuanto me venía. No me agradaban tampoco demasiado las protecciones, al principio siquiera las llevaba y no sería sino más adelante, por un susto, que mi maestra me obligaría a llevarlas a pesar de mi tozudez al respecto.

Si, recuerdo perfectamente esa primera cacería. Había rastros de que un gran oso había enloquecido por el contacto con alguna fuente de magia desconocida. Mi maestra sospechaba que algún mago novicio estaba utilizando de conejillo de indias a los animales del bosque, ya que habíamos encontrado indicios de bichejos descontrolados con anterioridad. En cualquier caso no le habíamos dado importancia hasta ese instante, cuando el objetivo había sido un gran oso que había terminado por atacar una aldea, llevándose por delante un par de muertos. Mi maestra no era especialmente amiga de los humanos, pero era indudable que sentía un gran respeto por la vida y no soportaba la perdida innecesaria de estas. Si nosotros cazábamos era para comer y mantenernos fuertes, principalmente nos alimentábamos de los frutos que íbamos encontrando, pero al final esa alimentación no era suficiente para unos nómadas como nosotros. Sin duda era diferente para algunos de los elfos que vivían asentados y disponían de cultivos cuidados con magia.

Seguimos el rastro del oso durante lo que serían dos días completos; llegamos sin problemas a la entrada de una cueva que se me antojaba amenazadora, más que intimidante respecto a mi escueto tamaño por aquel entonces (Y no es que hoy en día yo sea muy grande, no...). Edräniel me indicó sin tampujos que yo debería de encargarme de actuar de cebo y que, por el momento, debería olvidarme del sigilo ser claramente visible para que la bestia saliese tras de mi. Ella confiaba en mis habilidades para trepar rápido a los árboles, pues sabía perfectamente que ese oso corría más que yo. Tenía a mi ventaja el terreno; incluso si el oso lograba escalar por el tronco, su peso lo haría considerablemente más lento que yo y, definitivamente, sería incapaz de saltar de rama en rama como lo haría. La cercanía de estas entre sí era un regalo para las peripecias, sin duda, pero me aseguré previamente de escoger árboles que no superasen cierta altura... por obvios motivos.

Como fuese... mi maestra ya se había encaramado a un arbol y ocultado entre sus ramas, posicionándose de tal forma que tendría visión del oso durante el tiempo suficiente para abatirlo a flechazos. Me coloqué en la entrada de la cueva y comencé a hacer ruidos con un palo, golpeándolo contra una roca y... poco más, ya que mi mudez, por alguna razón, no me permite articular sonido alguno. ''Ve con cuidado, mi pequeño Edrë'' escuché susurrar a mi maestra desde su posición, percibiendo un toque de diversión en su voz ante la emoción de la cacería. Solo esas palabras me insuflaron el aliento necesario, eliminando de mi todo rastro de temor y dibujando la sonrisa de la travesura en mi boca. Me haría falta, pues a poco de escucharla una gran bestia negra, recubierta por lo que parecían ser espinos, salió de la cueva y rugió ante mi con la fuerza de mil truenos. Aquello, definitivamente, no era un oso normal.

Di media vuelta y comencé a correr, escuchando las pesadas galopadas de la bestia tras de mi. Tenía claro cual era el árbol al que debía encaramarme, yo ya había desarrollado un mapa de todo en mi cabeza con anterioridad. Me sujeté al tronco con mis garras y comencé a trepar, escuchando como se acercaba el gran oso pero sin voltear mi mirada en ningún momento. Mi maestra ya había soltado un par de andanadas de flechas y, por el sonido de estas, juraría que habían impactado. Con todo el oso no parecía haber aminorado su marcha, siquiera se había quejado más allá de algún gruñido. Ya en lo alto de una rama, me preparé para saltar a la del árbol contiguo, con la completa seguridad de que el plan, más o menos, estaba yendo según lo planeado. La embestida del oso no solo hizo retumbar el árbol, sino que el muy bestia había conseguido resquebrajar el amplio tronco y este comenzaba a caer ante la potencia recibida.

Por poco y no caí al suelo, pero en el último momento conseguí recuperar el equilibrio y saltar al siguiente árbol. No desaproveché los valiosos segundos en los que el oso se había detenido a observarme para echarle un vistazo más detallado. Sin duda aquel pobre animal estaba corrompido por la magia; esos espinos salían de debajo de su piel y podías intuir el dolor en su mirada inyectada en sangre. De su boca caía una baba negruzca, probablemente sangre coagulada que se le estaba acumulando dentro. Sin duda lo que sea que le hiciese el mago lo había dotado de una fuerza muy superior a la normal en aquellas bestias, pero el precio que debía pagar era un evidente dolor y la cercanía de la muerte. Las flechas que había disparado con anterioridad Edräniel se mantenían hendida en su carne, un par de ellas se habían roto con el impacto e incluso se habían hundido más con el impacto; a pesar de todo este no parecía ni inmutarse.

La bestia rugió y yo miré a mi maestra, aun oculta en su árbol. Sentí sus ojos color miel clavándose en los míos, con su mirada de ''Ganar a cualquier precio'' resplandeciendo entre las hojas. Una vez más el calor de su decisión me hinchió las confianzas y eché mano de un par de cuchillos de lanzar que descansaban en mi pierna. Sujeté uno en cada mano, solté un par de respiraciones mientras el oso cargaba ya hacia el árbol que me encontraba. Calculé con la paciencia que me permitían esos segundos y lancé cuando lo consideré a tiro. Ambos acertaron en los ojos del animal, rugiendo y retrocediendo ante la punzada de dolor y la repentina pérdida de visión. Esos ojos llenos de dolor se habían esfumado y yo me sentí mezquino por la necesidad de estas tácticas para acabar con una pobre víctima de la mezquindad ajena. Ante la duda del animal, mi maestra comenzó de nuevo con sus andanadas de flechas, plenándole el pecho con esta hasta que finalmente consiguió plenarle el corazón con sus punzadas. Cayó pesadamente, evidentemente muerto, y yo bajé de mi árbol para acercarme hasta él, hincando la rodilla a su lado.

- ''¿Está mal que desee la muerte del mago, Maestra?'' - pregunté a Edräniel haciendo uso del lenguaje de signos que me había enseñado, con cierta lentitud y torpeza.

- No, mi pequeño Edrë - negó - no esta mal desear la desaparición de la crueldad en este mundo - finalizó, comenzando a apilar maderos en torno al cuerpo del oso para quemarlo. Yo la seguí con ello, cabizbajo, pensando en todas las implicaciones que representaba el cuerpo del oso.

No tardamos mucho en reunir la suficiente madera, incluso mi Maestra aportó algo de su aceite de quemar para asegurarse de que ardía por completo. En mi interior se regurgitaba la duda de si nos quedaríamos a presenciar la cremación del oso abatido o si mi Maestra compartía conmigo los mismos pensamientos. En mis pies primaba la necesidad de la búsqueda de pistas que nos llevasen hasta el mago. En mi pecho ardía la sangre, había ira en la manos con las que sujetaba la empuñadura de mis dagas. Un mago no era un rival a que debiese subestimar, pero el bosque era nuestro hogar y él era un intruso nocivo al que debíamos eliminar. En los ojos de Edräniel resplandecía la ira; el mago se había ganado una poderosa enemiga y un verdadero grano en el culo (Mi participación en la venganza del oso y las demás criaturas).

Buscamos durante largo rato los posibles rastros que pudiese haber dejado el mago, pero fue inútil. O era increiblemente bueno en lo que a ocultar rastros se refería (Lo cual yo dudaba, porque ocultarse por completo del ojo de mi Maestra era algo harto complicado) o el muy desgraciado había estado sirviéndose de la magia también de la magia para eliminar todo indicio de su presencia o paradero.


Última edición por Edrë el Lun Mar 14, 2016 5:58 am, editado 1 vez
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Re: De ensoñaciones pasadas vive el zorro

Mensaje por Edrë el Lun Mar 14, 2016 5:57 am

Pasadas unas dos semanas tras la caza del oso, todavía no habíamos encontrado un rastro tangible del mago. Mi maestra estaba cada vez más frustrada al respecto, algo que no se reflejaba en su rostro o actitud de normal, excepto en pequeños detalles que solo alguien que hubiese convivido con ella durante años podría apreciar. Lo que si encontramos fueron más animales corrompidos por la magia sucia de aquel desgraciado. Estaba dejando un reguero de muerte allí por donde aparecía, ya fuesen de humanos o cualquier otro ser. Incluso había conseguido que un maldito conejo duplicase su tamaño y comenzase a devorar ciervos. Ese pobre bicho costó incluso más de abatir que el oso, debido a la insana agilidad que poseía.

Una noche acampamos en un claro que conocíamos sobradamente, habíamos pasado por ahí en infinidad de ocasiones. Nos repartimos las tareas de forma equitativa, aunque Edräniel siempre lo hacía todo mucho más rápido que yo y acababa por encargarse de alguna de las cosas que me tocaba a mi. Me ocupé del fuego y de cocinar, así como de montar la tienda de mi Maestra y colocar trampas por los alrededores por precaución. Nos había atrapado la noche en mitad de una caza; los pobladores de una aldea cercana nos habían contado rumores de un duo de lobos que correspondían en descripción con los animales corrompidos. Desde hacia tiempo la paz no se había visto perturbada de esa manera en Silvide. Era normal el ataque de alguna criatura inusual de cuando en cuando, pero ni siquiera Edräniel recordaba antes a ningún otro mago estúpido que se hubiese dedicado a tales fechorías. Como fuese, abandonamos la aldea tras intercambiar algunas de las pieles que portábamos por algo de comida y nos encaminamos a la caza de aquellos lobos.

Pasamos horas intentando encontrarlos; a pesar de que su rastro era evidente conseguían evadirnos a base de estar en constante movimiento. No parecían descansar en ningún sitio concreto; en ocasiones mataban algún conejo o cervatillo sin siquiera comérselo. Era evidente que el mago había dañado gravemente la naturaleza de aquellas magníficas criaturas si ahora se dedicaban a la matanza por diversión. No solo estaba desgarrando sus cuerpos, sino también sus mentes y almas. No existía perdón posible para aquella persona.

Cuando terminé todo, mi Maestra ya estaba sentada junto al fuego, jugueteando con los trocitos de carne especiada y guisantes que se encontraban en la olla de barro. El fuego lamia la parte baja de dicho objeto, cocinando agradablemente la comida de la cual destilaba un olor que me hacía relamer el hocico. Mis ojos, sin embargo, estaban más ocupados en la tarea de embelesarse con Edräniel. Su larga melena negra le caía por los hombros cuando se la soltaba; se había deshecho de las protecciones de cuero y su piel morena estaba al descubierto. Apenas llevaba una camisa sencilla de tela, la cual tenía ligeramente abierta y remangada. No me da vergüenza reconocer que ya en esa edad me azoraba cuando miraba con detalle su cuerpo. Doy gracias de que, a día de hoy, mi memoria me permite acudir con nitidez a esos recuerdos.

- ¿Te me quedarás mirando para siempre, mi pequeño Edrë? - dijo Edräniel en tono calmado, esbozando una sonrisa pícara.

- ''Perdona'' - apresuré a disculparme en el lenguaje de signos, agachando la mirada y comenzando a juguetear con uno de los cuchillos de lanzamiento que aun no había guardado.

- Ya empiezas a desarrollar el lado cálido de los machos; parece ayer cuando aun eras un pequeño zorro. - dijo, tras reír suavemente, dejando la mirada fija en el danzar de las llamas - No te acostumbres a disculparte por esta clase de cosas, Edrë; somos parte de la naturaleza y madre Gaia nos hizo con calor en el pecho - azuzó el fuego, removiendo un poco las brasas con un palo requemado - los de tu especie concretamente, estáis más apegados a vuestro lado animal y os dejáis llevar más fácilmente por ello - dió unos toquecitos sobre la hierba, invitando a sentarme a su lado - ven. -

Hice lo que ella me dijo y me senté a su lado, momento en el cual me apegó con su brazo y me dejó reposar la cabeza en su hombro mientras me acariciaba las orejas y la cabeza. Siempre se mostraba diferente cuando acampábamos y finalizábamos el viaje, la caza o lo que quiera que estuviésemos haciendo. Su personalidad parecía cambiar, o más bien utilizaba trazos diferentes de la misma para las diversas situaciones a las que debía enfrentarse. Para los aldeanos de los diferentes asentamientos de Silvide siempre se mostraba distante, con un tono de voz áspero y utilizando frases concisas además de cortas. Mientras cazábamos o me entrenaba, era apasionada; la emoción le embargaba la mirada y muy de cuando en cuando podías ver como su pecho subía y bajaba por la agitación en su respiración. Siempre se mantenía erguida y serena en pensamiento, sin dejar jamás cabida a un error en sus acciones.

El crujido de una rama bajo el peso de un cuerpo nos sacó a ambos del momento de tranquilidad, volteando nuestras miradas al punto exacto en el que se había producido: ''Siempre alerta, incluso en los momentos más reconfortantes'' solía decirme ella. Unos ojos rojos y brillantes relucían en la oscuridad, el cuerpo corrupto de un lobo comenzaba a adentrarse en el rango de visión que proporcionaba la hoguera. Se acercaba con el lomo erizado y la cabeza gacha, su inteligencia le había indicado que de poco servía mantenerse oculto cuando ya le habían detectado. Por la comisura de sus fauces caía la misma baba con sangre coagulada que había visto en el gran oso. Pude sentir los latidos de Edräniel acelerarse por la cercanía del peligro, siendo consciente de que había dejado sus armas a unos pasos de donde se encontraban. Yo mismo estaba leyendo los movimientos del lobo, sabía perfectamente que se estaba preparando para atacar y que el segundo no debía andar lejos en aquel preciso instante. ''Necesita un poco de tiempo'', pensé para mi, sabiendo que incluso a mi Maestra le costaría alcanzar sus armas antes de que el lobo la alcanzase.

Podría decirse que es uno de los pocos momentos temerarios que he tenido en mi vida y, creedme, son bastante escasos. Di un par de palmadas en su espalda a modo de señal, justo cuando el lobo corrompido empezaba su carrera en dirección a ella. Al principio no lo entendió, definitivamente mi comportamiento le pilló de sorpresa debido a que era un movimiento completamente contrario a lo que se esperaba de mi. Soy miedoso ¿Por qué habría de esconder ese hecho? tengo las piernas rápidas para algo, y ese algo es correr de las situaciones jodidas como aquella. En ese momento no fui cobarde, sin embargo, aunque sin duda me comporté como un estúpido.

Me lancé con el cuchillo de lanzamiento en la mano, de frente contra aquella mole de dientes que si me pillaba un brazo tenía grandes posibilidades de arrancármelo. A poco menos de un metro, con un rápido movimiento de mi mano, lancé el cuchillo contra su frente, clavándoselo. Obviamente aquello no lo detendría en ningún caso, muy difícilmente lo tumbaría estando tan corrompido por la magia. Me dio el tiempo suficiente para avalanzarme con mi cuerpo escuálido sobre la bestia, montándome sobre esta mientras me clavaba las espinas que sobresalían por su piel. No cedí ante el dolor e hinqué aun más el cuchillo, aferrándome a él con todas mis fuerzas mientras el lobo daba su primera sacudida. A la segunda sacudida, se revolcó por el suelo; me aplastó contra el suelo, arañándome con las espinas de su piel y dejándome el cuerpo hecho mierda. Por fortuna fue tiempo suficiente para que Edräniel llegase hasta su espada y la utilizase para rajar el gaznate a aquella pobre criatura.

El segundo lobo aun estaba por ahí suelto, probablemente iría a por Edräniel por ser la mayor amenaza. Para ser sincero, en ese instante yo no pensaba otra cosa que ''Doloooooooooor'' mientras luchaba por quitarme el cuerpo inerte de encima. No recuerdo demasiado bien que es lo que ocurrió a continuación, pero escuché el filo de mi maestra segar carne y la pesada caída de algo contra el suelo. A continuación, y tras una pausa, la voz de Edräniel me llegó.

- Estúpido - espetó, en un tono donde se mezclaba el enfado y la preocupación. Se arrodilló junto a mi, ya con tarrito de ungüento en sus manos, y comenzó a aplicarme los cuidados - joven y estúpido zorro ¿Crees que no me daba tiempo de sobra? Por supuesto que podría haber llegado sin que te hicieses esto - decía, con la voz quebrada - no vuelvas a hacer nada por el estilo... nunca - me comenzó a vendarme cuando yo todavía solo podía hacer muecas de dolor. No podía siquiera alzar los brazos para intentar hacer los signos con las manos, así que me mantuve en silencio como bien sabía hacer - Los zorros cobardes viven más tiempo, mi pequeño Edrë - y a partir de ahí se me cerraron los ojos, difuminándose poco a poco el mundo hasta desaparecer en la oscuridad.
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Re: De ensoñaciones pasadas vive el zorro

Mensaje por Edrë el Mar Mar 15, 2016 3:48 am

Durante los próximos días me debatí entre fiebres y alucinaciones, con unos dolores de cabeza que cambiaría encantado por una patada en los testículos y con el cuerpo hinchado debido a la podredumbre que portaban las espinas del lobo. Mi momento de estupidez sirvió para revelar algo que, si bien no era del todo obvio, era de suponer: Las heridas provocadas por aquellos bichos te metía ponzoña en la sangre. No era solo que fuesen más resistentes y fuertes, sino que si te escapabas vivo de uno de sus ataques podías morir sin problema de la misma corrupción que ellos adolecían. Del tiempo que estuve enfermo los recuerdos son confusos; como ya he dicho, me debatía entre alucinaciones y en ocasiones era complicado identificar qué era real y qué ficticio. Recuerdo una noche en la que los espíritus me visitaban y se enredaban en mi cuerpo, otra en la que veía a mi Maestra conversar con una figura que siempre se mantenía en las sombras, en alguna ocasión incluso pensé que estaba cayendo por un barranco y sin duda recuerdo una noche en la que las estrellas bajaban del cielo cantaban para mi una nana. Del último suceso me acuerdo especialmente porque la voz del canto era la de Edräniel; me gusta pensar que, aunque las estrellas fueran imaginación mía, en aquel momento mi Maestra me cantaba y velaba por mi.

Desperté una noche en la que por mi cabeza ya no trastabillaban las alucinaciones, libre de la fiebre y del dolor taladrante en la sien que me había mantenido tumbado. Tanteé mi cuerpo con las manos, paseando mis dedos por broncas cicatrices que las espinas del lobo me habían dejado. Al levantarme, a pesar de verme recuperado, me embargó un repentino ataque de debilidad que hizo a mis piernas temblar durante un instante. Por poco y no me vi en el suelo, ya que me así a uno de los palos que sostenían la estructura de la tienda de mi Maestra. Por lo que podía deducir había estado ocupando la estancia de Edräniel mientras había adolecido la corrupción del mago, cosa que me pesó profundamente pues no era de mi agrado tener que invadir sus privilegios.

Salí, indeciso en mi caminar, de la tienda que me había estado guardando en aquellos días. Mi mirada se dirigió inmediatamente hacia la hoguera, donde, sentados, cenaban tres figuras a la luz de las llamas. Una era indudablemente la figura de Edräniel, pero las otras dos me eran completamente desconocidas. La que se sentaba la derecha vestía una capa y tenía el pelo corto; gracias a la hoguera pude discernir que su pelo era por lo menos tan oscuro como el de mi maestra. Su piel, sin embargo, era más bien cenicienta y estaba muy lejos de alcanzar el moreno cobrizo de la elfa. En sus facciones identifiqué un par de cicatrices y ahí ya me resigné de encontrar más detalles, pues sentía curiosidad por el segundo de los desconocidos. A primera vista me pareció que era una figura femenina, de pelo rubio y labios carnosos. Sus ojos eran de un claro puro que resplandecía en contacto con la luz de las llamas, reflejándola de tal forma que desde aquella distancia podía hasta yo percatarme.

- Has dormido mucho, pequeño zorro - escuché la voz de mi maestra, cortante. Supuse que, después de verme recuperado, ya solo restaba el enfado que podía sentir por mis temerarias acciones el pasado día - acortaré las presentaciones y te diré que el de cabellos negros es Rush Dedoslargos y la de pelo dorado es mi amiga Ashodäia - finalizó, sin cambiar un ápice su tono de voz durante la breve introducción de sus acompañantes.

- Vaya, de verdad que has conseguido encabronar a Edräniel. - rió del de cabellos negros, que jugueteaba con una esfera de coloración rojiza –

Como ha dicho, mi nombre es Rush y lo de Dedoslargos me viene por profesión - aclaró, enarbolando una voz grave y áspera.

- Y por profesión quiere decir salteador de caminos - recalcó la de cabello rubio (sacándole una carcajada a Rush), exhibiendo una amplia sonrisa a la que no le faltaba una pizca de picardía - Yo soy la llamada Ashodäia, la mejor amiga en el mundo que jamás a tenido mi querida Edrä - obviamente bromeaba, pues pude advertir un toque de sarcasmo en sus palabras.

Ambos habían hablado en élfico, lo cual me extrañó profundamente pues ambos eran humanos. Mi Maestra me había dicho muchas veces que debía sentirme afortunado de prácticamente tener el élfico como idioma madre, pues eran pocas las criaturas fuera de la raza que conocieran de él (Añadiendo el hecho de que a ella nunca le había gustado el común, pues encontraba su pronunciación excesivamente brusca y fea). Dudé sobre como corresponder a las presentaciones, pues la única forma fluida de comunicación que conocía era el lenguaje de signos en el que Edräniel me había instruido. Desistí del deseo de una presentación elocuente, inclinando mi cuerpo levemente como respuesta.

- Su nombre es Edrë - me ayudó Edräniel al final, suavizando su tono un poco al pronunciar mi nombre - como ya os he dicho, es mi discípulo - un brillo de inteligencia pasó fugaz por la mirada de Ashodäia, sonriendo aún más ampliamente si eso era posible.

- ¿Edrë? - no pude evitar fijarme en el tono de profunda diversión con la que había cargado mi nombre - quién lo iba a decir ¿Eh, Rush? nuestra querida Edräniel se nos ha ablandado con el paso del tiempo - casi rió mientras hablaba, compartiendo la broma con el proclamado bandido que de repente había cambiado a un rostro más serio.

- ¿Tus informantes te han dicho algo, Ashodäia?  - cortó inmediatamente mi Maestra, con un tono que helaría la sangre del más valiente caballero.

- Si, de momento me han dicho que lo que persigues no es ni por asomo un mago - la de pelos dorados se reclinó, sacando lustre a una manzana para luego morderla con cara de pocos amigos. Me sorprendió lo rápido que podía borrarse una sonrisa tan desarrollada del rostro de una persona - Es un espíritu cabronazo - concluyó, cerrando el enigma tras su afirmación –

Mi Maestra enarcó una ceja, mientras yo me ensoñaba momentáneamente con la historia tras del espíritu. Tenía sentido que lo fuese, al menos así habría explicación para el hecho de que una rastreadora experta como lo es Edräniel tuviese problemas en encontrar al culpable de la corrupción. Un espíritu podría pasar inadvertido incluso de ella, pues eran seres etéreos y podían desvanecerse cual neblina tras realizar sus tropelías. La pregunta que ahora rondaba mi cabeza es como habían conseguido averiguar los informantes de Ashodäia algo que había escapado del razonamiento de mi Maestra.

- Espíritus cabronazos, siempre son los más tocapelotas al final... bueno y los liches... y los dragones rojos... - comenzó a enumerar Rush, distraído en lo que parecían ser sus recuerdos.

- Esta noche te encargarás de encontrarlo y mañana le daremos caza - proclamó mi maestra en tono autoritario, refiriéndose a Ashodäia.

-Sah, sah... se nota la ira cuando hieren a tu Edrë - rió sarcástica la rubia, mordiendo nuevamente su manzana.

Edräniel bufó y me llevó de nuevo a su tienda, ordenándome que siguiese durmiendo so pena de recibir unos buenos azotes. No hace falta decir que la aventura que esperaba aquel variopinto grupo iba a quedar fuera de mis recuerdos, pues el débil zorro tuvo que quedarse en una aldea cercana bajo el cuidado de una familia de campesinos con la que solíamos comerciar y teníamos cierta ''Amistad''. El castigo que me impuso Edräniel por la estupidez que me llevó cerca de la muerte fue jamás contarme la historia de como consiguieron cazar al espíritu cabronazo. Solo sé que después de aquel día jamás volvimos a encontrarnos animales corruptos. Todavía sigo ensoñándome de vez en cuando con aquella caza, imaginándome luchando codo con codo con Ashodäia, Rush y Edräniel. Puede que un pequeño zorro como mi yo de aquel entonces no tuviese nada que hacer en medio de aquellos cazadores, pero vamos... ¿Quien no sueña con haber estado en la vanguardia con alguno de sus heroes? Aquellos tres eran los míos, sin duda; si algún día me reencuentro con alguno de esos dos personajes no perderé la oportunidad de saltarme el castigo de mi Maestra y averiguar de una vez por todas que diantres sucedió con el gran espíritu cabronazo.
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Re: De ensoñaciones pasadas vive el zorro

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