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Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Vie Mayo 13, 2016 8:22 pm

La mañana dio paso a la tarde, aún me encontraba acostado descansando y recuperándome bastante rápido de aquel desgaste. Tal vez el ser joven me estaba ayudando más de lo que yo creía, había calculado que con dificultad el día siguiente me despertaría con apenas las fuerzas mínimamente necesarias para estar de pie, pero la realidad era una muy diferente, no habían transcurrido ni doce  horas y ya me sentía capaz de levantarme. Con estas fuerzas, me las arreglé para levantarme y quedar sentado en un costado de la cama analizando la situación. Acto seguido, ya decidido, me impulsé con mis manos y los músculos de mis piernas se endureciendo dando como resultado un elfo de pie frente a un escritorio.

Estaba listo, sentía que podría lanzar de nuevo otro hechizo… Pero mi realidad era otra. Intenté dar un paso en dirección a la silla del escritorio que reposaba a unos metros de mí y de pronto todo comenzó al palpitar en mi cabeza y poco a poco se desvanecían las cosas de mi vista. Mis pernas comenzaron a flaquear temblando y eventualmente fallaron, desplomándome por completo en el suelo de la habitación a un lado de la cama. Escuché un estruendoso golpe seco en la habitación y luego uno más agudo producido por algún metal cayendo al piso. Mi bastón había caído cerca de mí luego de tropezar sin querer el mango. Yacía en el suelo sin fuerzas.

¡Príncipe! –Dijo Rommath que entraba a la habitación corriendo.

¡Príncipe! ¿Puede oírme? ¿Qué ah pasado? –Dijo moviéndome de un lado a otro para que reaccionara.

Me… caí –Dije sin fuerzas.

Príncipe, ¡le dije que se quedara descansando! –Dijo en forma de reproche- ¡Lor’themar!-Gritó

Me sentí bien… Por eso me levanté –Solté casi desmayado.

¡Lo que sufrió no es juego! Príncipe, está muy cansado. ¡Ya no es un niño!

Las palabras de Rommath que intentaba pararme, sonaron como disparos directos a mi corazón. Tenía toda la razón, ya no debía actuar como aquel niño rebelde y retador. Debía entrar en razón y obedecer.

¡¿Qué ah pasado?! –Dijo Lor’themar entrando a las carreras a la habitación.

¡Ayúdame a levantarlo!

Entre Rommath y Lor’themar me levantaron y me depositaron como un costal en mi cama de nuevo, mis fuerzas no eran absolutamente nada y no me podía valer por mí mismo. Sin embargo, era bastante extraño ver a Rommath y a Lor’themar trabajar en conjunto ya que los dos tenían opiniones muy contrariadas y casi nunca coincidían y eso estaba precisamente a punto de ser visto.

¡Es tu culpa, enano come-libros! –Dijo Lor’themar a Rommath luego de recoger el bastón.

¿Qué? –Dijo Rommath extrañado volteándose hacia él.

¡Si no le fueras traído el libro ese, no se fuera parado a hacer nada!

¡En primer lugar no es de tu incumbencia lo que yo haga o deje de hacer en la biblioteca y para tú información, ese libro ayudará a Kael!.

Sí, lo ayudó tanto que tuviste que llamarme para levantarlo. ¿No?.

Escucha, no tengo ganas de pelear. Quítate –Dijo apartándolo.

¡Oh, no! ¡Esta conversación no ah acabado! –Dijo Lor’themar sujetando a Rommath de un brazo.

Rommath tal vez tenía guardada esa reacción desde hace mucho, instintivamente soltó un puñetazo al pecho de Lor’themar. Lor’themar recibió el puñetazo y como respuesta empujó a Rommath hacia la pared, donde se estrelló con brusquedad y con el mismo impulso se avalanzó sobre Lor’themar tumbándolo al suelo. Era un verdadero caos.

¡Ya basta! –Logré soltar con mucha dificultad  respiratoria desde lo más profundo de mis pulmones y que se pudo escuchar retumbando en casi todo el castillo.

¡Sí, ya basta! –Dijo Lor’themar sacando y blandiendo su espada de doble filo adornada con joyas.

Sí… -Dijo Rommath mientras el aire se volvía mas denso a su alrededor y sus ojos brillaban, estaba preparado para lanzar un hechizo.

¡He dicho… Ya basta! –Grité con furia golpeando, como si las fuerzas me hubieran vuelto, el costado de madera de la cama.

Chispas de fuego salieron producto del golpe de mi puño sobre la madera y aterrizaron alrededor de la habitación, con la suerte de que ninguna tela ni papel tomó fuego, sin embargo estas simples chispas fueron lo suficiente para captar la atención de los dos amigos que ahora estaban peleando.

¡Guardias, sosténganlos! –Dijo Halduron a unos guardias que habían entrado con él a la habitación.

Hal… Halduron… -Susurré.

Los guardias corrieron y sujetaron con fuerza a Lor’themar que resistiéndose no se pudo soltar de los fortachones guardianes. También sujetaron a Rommath quién dejó de canalizar su esencia a causa de la interrupción

¡¿Qué mierda creen que hacen?! –Dijo caminando hacia ellos- Primero Aethas. Luego Kael. ¿Y ahora ustedes? ¿No les da vergüenza?. Sé que su trato no es el mejor de todos, pero al menos respétense. ¡Y más frente al príncipe!. –Hizo una pausa- ¿Se quieren matar? ¿Lo quieren hacer? –Tomó dos de sus dagas y repartió una a cada uno- Suéltenlos. –Dijo a los guardias- Adelante, mátense. –Se apartó mientras ninguno de los dos se movió de su lugar con las dagas en las manos- Adelante. ¿Qué esperan? Mátense. –Lor’themar soltó la daga dejándola caer en el suelo, seguido por la misma acción por parte de Rommath- Somos una familia. Somos una hermandad. Somos hermanos. Todos velamos por todos y nos cuidamos entre nosotros. Entonces… ¡No veo el que puto punto de pelearse! Sé que todo el palacio está tenso por los de Aethas y lo de Kael, pero no por eso nos atacaremos entre nosotros.  

Dis… Disculpa Rommath… Creo que me dejé llevar por los impulsos –Dijo Lor’themar.

Sí. Igual yo Lor’themar… Discúlpame.

No quiero saber que ustedes se pelearon de nuevo. Porque juro por el Rey Anasterian –Hizo una pausa- Y por el príncipe Kael’Thas que los encarcelaré por meses.


No… No volverá a pasar –Dijo Lor’themar envainando su espada- De nuevo discúlpame, Rommath. Mil perdones, príncipe –Hizo una reverencia y se marchó sin decir más.

Perdone, príncipe. –Dijo mientras salía de la habitación sin mediar más palabra.

Halduron hizo una seña con las manos a los guardias que al parecer significaba que los vigilaran por si se peleaban de nuevo, los guardias asintieron y luego de reverenciarme, se marcharon de la habitación dejándome solo con Halduron.

Gra… Gracias Halduron –Dije en muy bajo tono de voz.

No se preocupe, príncipe. De verdad parecen niños…

Me recuerdan a ti cuando eras joven…

Sí. Sabía que lo diría, príncipe… -No pudo evitar sonreír- Supongo que de tanto actuar según mis impulsos, eh aprendido a controlar los ajenos. –Dijo mientras se inclinó para recoger las dagas.

¿Qué hubieras hecho si hubieran utilizado las dagas para matarse entre sí?

La verdad… No tenía planeado nada para ello. Supongo que ir a la horca por ser el autor de sus muertes –Dijo riendo un poco.

Qué bueno que no te equivocaste –Reí levemente.

Príncipe, han llegado noticias de Aethas. Está respondiendo satisfactoriamente al tratamiento, el galeno dice que estará totalmente recuperado y muy rápido. Su armadura detuvo el mayor impacto de la flecha.


Me alegra oírlo, Hal… Me alegra oírlo.

Bueno, lo dejo descansar, príncipe. Nos vemos luego.

Nos vemos, Hal. Gracias de nuevo.

De nada, príncipe –Dijo mientras se retiraba y cerraba la puerta.

Todo lo que había pasado muy posiblemente era originado a raíz de mis sueños. Si no hubiera tenido los sueños raros, Rommath no se fuera desvelado en reiteradas ocasiones para buscar el fulano diario. Si no se hubiera desvelado buscando el diario no estuviera de mal humor e incluso fuera ayudado más en el castillo sin dejar sus atribuciones de lado. Si no hubiera dejado sus atribuciones de lado, Lor’themar no hubiera estado molesto por la no cooperación de Rommaath. Si no hubiera estado molesto no hubiera retado a Rommath como lo hizo y nada de lo que sucedió hubiera pasado. Así que teóricamente la culpa era mía.

Debido a los hechos que habían pasado, me habían originado un cansancio tal que me quedé dormido sin darme cuenta y debido a la fatiga que tenía –Tal vez- no soñé absolutamente nada, aún sentía latentes los efectos de la esencia mágica.


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Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Jue Mayo 19, 2016 7:40 pm

La mañana del siguiente día llegaba y mis párpados se abrían poco a poco para que mi retina en mis verdes y brillante ojos se adecuara a la cantidad de luz que recibía del astro rey filtrada por la ventana de mi habitación.

¿Ah amanecido ya? ¿Tan rápido? –Susurré Alzando las manos y estirándome.

La noche  se me había hecho casi nula por la ausencia de sueños que interrumpieran mi feliz descanso de la serie de episodios que venían ocurriendo desde hacía mucho. No habían acabado, pero sentía que estaban cerca. Con el diario de mi padre sería sencillo deducirlo.

Ahora un problema más mundano me sacudía la cabeza. ¿Tendría la suficiente fuerza para ponerme de pie? Sin duda mi mente estaba preparada, sentía que podría levantarme, colocarme mis ropajes, tomar mis armas y salir a combatir a un dragón, pero la realidad era otra. De igual manera me sentí el día anterior y cuando me coloqué de pie, mis piernas cedieron y fui a parar directo al suelo, muy diferente era lo que sentía que era capaz de hacer mentalmente y lo que podía hacer físicamente. Sin embargo, quien no se arriesga no gana y a temor de caer de nuevo de bruces contra el suelo, tomé impulso y levante la mitad de mi cuerpo quedando sentado en la cama, esperando el mareo o cualquier eventualidad.

¿Y bien? ¿No moriré?

Hasta ahora todo iba bien, mis brazos no habían fallado al impulsarme a la esquina de la cama y mi cabeza se sentía mejor con las dolencias que el día anterior negaba. Mi cuerpo se había regenerado, dos días habían pasado desde la lesión… Al menos algo se había sanado. Con mucha determinación me impulsé contrayendo los músculos de mis largas piernas y de nuevo usando mis brazos me levanté de la cama para quedar de pie frente a ella, un poco inclinado para amortiguar en el algodón si caía.

No eh caído aún… Buena señal –Dije después de unos minutos.

Miré a mi alrededor y pude observar muchas cosas. La cama, sillas, mesas, gabinetes, más mesas, más sillas, cortinas, cojines, aparatos empolvados, estantes para armas, estantes para libros, estantes para estantes.

-Cuantas cosas tengo… Y no uso casi ninguna de ellas, cuando acabe todo remodelaré esta alcoba- Pensé

Entre las muchas cosas innecesarias que tenía, pude divisar el escritorio principal con numerosos libros y entre ellos los que recientemente había leído. El que hablaba de las premoniciones y el diario que aún no había leído. Caminé en dirección al escritorio, tomé una silla y ya sintiendo que las piernas me iban a flaquear, me senté bruscamente apoyándome en el escritorio.

Uff… Casi… Pero hoy ah triunfado el mal –Dije colocándome como pude la toga recién lavada que reposaba en el espaldar de la silla.

Ahora, veamos –Dije preparado para ordenar tanto el escritorio como mis ideas.

La puerta interrumpió el silencio que se había apoderado del ambiente, alguien estaba tocando levemente, lo suficientemente bajo como para no despertarme si aún continuaba durmiendo pero lo bastante alto como para que si estuviera despierto lo escuchara.

¿Quién es? –Pregunté en voz alta.

Rommath…

Y Lor’themar, príncipe. ¿Podemos pasar?

Oh, claro.

La decorada y muy ornamentada puerta comenzó a rechinar hasta dejar de hacerlo desplazándose unos noventa grados en un eje lateral, parar quedar abierta. Rommath y Lor’themar entraron uno tras el otro respectivamente e hicieron una reverencia ante mi, cosa que no hacían al principio de una conversación desde hacía mucho.

Príncipe –Dijjo Lor’themar- Quiero disculparme de nuevo por  lo de ayer.


No era nuestra intención, todos estábamos conmocionados con lo de Aethas y luego el fuego que detonó nuestra ira fue su lesión mágica.

De verdad discúlpenos, señor.

No. No los disculpo. No los disculpo por llamarme señor. Por lo demás no es necesario disculparse, todos estábamos molestos, creo que lo demostré demasiado bien cuando lancé aquel hechizo –Sonreí

No volverá a pasar, príncipe –Dijo Lor'themar haciendo una reverencia nuevamente y saliendo de la habitación seguido por Rommath.

Eh, Rommath.

¿Sí? -Se detuvo y volteó- ¿Príncipe?

Me ayudarías a colocar estos viejos libros de acá en la estantería que está mas allá –Dije señalando atrás sin voltear la cabeza.

Por supuesto, príncipe. Ya me comenzaba a preguntar cuando ordenaría su escritorio.


Sí, ya es tiempo.

Sí. –Dijo colocándose a un lado de mí.

Fuego. Fuego. Fuego. ¿Cuántos libros de magia de fuego eh leído? –Dije sonriendo- ¿Agua? ¿Qué hace esto acá? –Entregué los libros que había tomado a Rommath- Sueños, este fue el último que leí. Ubicaciones y mapas, este escritorio es un verdadero desastre –Dije entregando a Rommath todo lo que había en la superficie de madera de alta calidad de la mesa, exceptuando el diario de mi padre- Colócalos en el estante o llévatelos a la biblioteca, como prefieras.

Colocaré los libros en el estante, los demás papiros y manuscritos me los llevaré a la biblioteca. Recuerde que debe comenzar a escribir sus vivencias y aventuras como su padre para llenar su biblioteca privada. – Dijo abandonado la habitación luego de colocar los libros en su puesto.

Sí, no me lo recuerdes.

La verdad trataba de ignorar que mi padre me había dicho, cuando estaba pequeño, que cuando fuera grande debería escribir mis aventuras, historias y lecciones, sin embargo poco me interesaba datar mi vida, con lo interesante que se había vuelto cuando asumí el castillo, tal vez alguien muriera de aburrimiento antes de llegar al segundo capítulo. Todo lo que tenía en mente en ese momento era averiguar qué había pasado antaño en la vida de mi padre relacionado con sueños y cómo lo había afrontado y superado.
-Las complicaciones surgen, se consideran y superan…- Recordé la frase que a menudo mi padre pronunciaba.

Sí, claro. Se superan… Pero ¿Cuánto tiempo llevará superarlo? Tal vez sean días, semanas o años… o incluso –Hice una pausa- aprender a vivir con ello.

Posé una mirada fría pero intrigada sobre la superficie polvorosa de aquel diario. No era nada lujoso, un simple encuadernado de papiro viejo y con olor a guardado; encuadernado en una cubierta un tanto rígida, sellada con una tira de cuero fuerte unido a una rudimentaria cerradura. Algo de lo cuál no estaba seguro era que  si era un diario de la vida de mi padre relatada por él mismo, ¿Por qué era tan simple?

Quizás mi padre sí tenía algo de humildad después de todo… -Dije mientras me disponía a abrir el diario.

Mis dedos acariciaron la portada maltratada por el tiempo y el polvo, reseca y falta en extremos de humedad, tomé la tira de cuero por el puente y la alé. La tira ofreció resistencia, la solté y me dirigí donde estaba trabada. Un pequeño mecanismo bastante antiguo y rudimentario pero eficaz se erguía triunfante sobre un lado del cuaderno, donde encajaba la punta de la correa con unas muescas especiales. Giré la pequeña pieza y el mecanismo tronó como signo de apertura. Volví a tirar de la correa, esta vez no se opuso y salió con facilidad del trasto, dejando el libro con la cubierta lista para ser abierta. Tomé sin vacilar la cubierta por el borde superior e intenté abrirla. Un pequeño chasquido en el lomo del tomo se hizo presente, la cubierta no se abrió y de ella brotaron partículas de humo y chispas acompañadas de un estruendo que llenó toda la habitación. Me asusté por la reacción y me desbalance de la silla cayendo al suelo patas arriba.

¡Joder…! –Dije cayendo al suelo con brusquedad.

¡Otra leña más a la fogata! –Dije colocándome de pie ágil y velozmente. Coloqué mis manos frente al diario.

¿Se encuentra bien, príncipe? –Dijo Lor’themar entrando a zancadas en la habitación.

Sí, sí. Sólo un pequeño dato del libro me tomó por sorpresa –Dije incorporándome y tratando de ocultar el susto que me había dado.

¿Un dato del libro…? Creo que el libro está cerrado… -Dijo apuntando a la mesa.

¿Ah, si? –Dije girando la vista hacia el viejo diario que permanecía inmóvil en la mesa casi burlándose de mí- Quiero decir, sí. Lo cerré cuando me levanté… Involuntariamente.

¿Y el humo en su habitación? –Dijo con una sonrisa un poco burlesca.

Eh… Eh estado practicando mi magia. Sí, mi magia.

Acabo de escuchar un estruendo. ¿Y esa silla en el sue…

¿Qué tal el castillo el día de hoy? –Interrumpí.

Bastante bien. En la tarde hoy recibimos noticias de Fráianez y de Aethas. Con su permiso, príncipe.


Asentí mientras él se retiraba.

Y no se preocupe, todos nos asustamos y nos caemos alguna vez. –Dijo abandonando la habitación con una pequeña risa al final de la frase.

Ignoré ese comentario quizás a propósito, sin embargo de verdad había olvidado algo con la sorpresa, me había colocado de pie tan veloz como antes, mis fuerzas al parecer habían vuelto y podía pararme, caminar y tal vez correr, eran buenas noticias. Noticias buenas y malas, por el efecto que tuvo el libro al intentar abrirlo.

Así que era esto. Sabía que mi padre no daría sus secretos tan fácilmente –Dije recogiendo la silla- Magia protectora… O quizás una trampa mágica.


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Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Dom Mayo 29, 2016 4:51 am

Me senté de nuevo en la silla, la cual trilló al recostar mi cuerpo en ella, sin ceder. El libro que tenía frente a mis ojos había sido hechizado con un conjuro de protección, uno de los más fastidiosos conjuros que se le pueden aplicar a un libro, se trataba de el uso de la esencia misma del autor impregnada en el escrito, haciendo que ésta sellara el volumen y lo hiciera inaccesible para personas con inferioridad mágica, algo bastante sencillo pero complicado a la vez. O con magia trampa, un tipo de magia más sencilla pero no por ello menos irritante, se trataba de esencia postrada en el manuscrito y manipulada para realizar cualquier acción al abrir el tomo.

Por favor, que sea una simple trampa –Susurré.

Tomé el libro y lo analicé de arriba a bajo, no daba ningún indicio de haber sido tratado desde fuera, es decir, había muy pocas probabilidades de que fuera una trampa y siendo sinceros no creo que mi padre se tomara tanto tiempo para jugarle bromas a los demás.

Veamos… Si esto no es lo que yo creo, quemaré el diario… Ojala no esté equivocado.

Tomé el libro en mi mano izquierda y visualizando mi mano derecha concentré mi mente y movilicé parte de mi energía renovada hacia la punta de mi dedo índice. Era la primera vez que hacía magia desde el incidente que me había dejado casi al borde de la muerte, sin embargo confiaba plenamente en mis capacidades. Luego de unos segundos de inactividad la magia fluyó y sobre mi dedo surgió una pequeña llama azul. Acerqué mi dedo-antorcha a la parte inferior del libro y los uní con la intención de quemarlo, de inmediato la llama que ardía hasta hace unos segundos en mi dedo índice se apagó como causa del libro.

Me lo temía… Magia protectora –Dije arrojando suavemente el diario en centro de la mesa- Genial. Excelente diría yo…


Me levanté de la silla y tomé las telas bordadas y demás decoraciones que componían mi capa y me la coloqué y dejando atrás mis armas, abandoné la habitación en dirección de la biblioteca. En el camino me encontré numerosas personas, personas que hacía mucho no veía y que habían abandonado el interior del castillo para vivir en el distrito residencial… Quizás con mi aparente desaparición durante dos días hizo que los residentes del castillo se alarmaran y Lor’themar los dejó entrar a ayudar con lo que fuese.

Rommath, necesito ayuda. –Dije apartando las puertas de la biblioteca.

¿Rommath?

¿Príncipe? –Dijo despertándose y levantándose de la silla donde se había dormido.

¿Estás bien Romm?

Sí. Me da mucha alegría que ya ande caminando.

Sí, gracias. Oye, necesito de tu ayuda –Avancé en a habitación

¿En qué le puedo servir? –Se encogió de hombros

¿Qué sabes sobre magia protectora?

¿Magia protectora? –Hizo una pausa analizándose a sí mismo- Escudos, inmunidades y protecciones mágicas. ¿Eso?

Eso no –Fruncí el seño para luego dejar salir una bocanada de aire- Me refiero a magia protectora en libros –Dije mientras me sentaba en la silla que tenía delante.

Rommath hizo mueca de incredulidad y caminó hacia unos estantes que estaban a unos metros cerca de nosotros. Rommath subió una pequeña escalinata móvil y adornada que le dio acceso a los niveles superiores de la estantería, donde tomó un volumen de un libro bastante empolvado,  lo sacó, bajó de la escalera y se sentó frente a mi, dejando la mesa de por medio.

Mi querido príncipe… -Hizo una pausa mientras sacudía con la manga de su camisa la portada del libro- Magia protectora.

Deberías limpiar un poco esta biblioteca, Romm.

Algún día, Kael… Algún día.

Quizás te recomiende un joven aprendiz que te ayude a organizar tu biblioteca –Reí un poco.

Sí. Quizás lo haga mi asistente, más tarde mi aprendiz y le revele que soy un demonio ancestral, me esconda en una cueva y finalmente mi propio aprendiz me de caza hundiendo una ancha espada contra mi pecho –Dijo soltando una sonora carcajada, haciendo referencia a un tomo que habíamos leído sobre aventuras, llamado El Último Guardián.

Ahora, volviendo a al tema… La magia protectora se compone de tres niveles. Básico. Medio y…

Avanzado, lo sé… Lo leí hace mucho –Dije interrumpiendo.

Si lo sabes… ¿Para qué me preguntas entonces?

Yo me refiero, “come-libros”, a ¿cómo poder disolver esa magia?.

Espera… El diario de tu padre, ¿está protegido con magia?

Quizás…

¿Por qué el Rey Anasteriam protegería su diario con magia protectora?

Son sus cosas personales. Tiene derecho ¿no?


Sí, tiene derecho. Sin embargo ¿quién se atrevería a leer el diario personal de su majestad sin su consentimiento?

Para nosotros es nuestro Rey, sin embargo para otros ajenos al castillo sigue siendo un elfo común y corriente. Adinerado, pero corriente.


Pero el Rey era bastante conocido en muchas partes.


Si el soberano de una nación viaja a otra nación… ¿Qué es allá?

Sigue siendo soberano.

Sí, pero es el soberano de su nación… No tiene ni poder ni voto en lugares extranjeros.

Entiendo tu punto Kael, de igual manera necesitaremos abrir el diario.

Estaba pensando en un hechizo disolvente.

Podría ser… -Hizo una pausa mientras hojeaba y leí por encima las hojas del antiguo tomo- No  creo que con un simple hechizo disolvente se pudiera abrir.

Tal vez… podríamos…

¿Qué escuela mágica era tu padre?

¿No conoces la escuela mágica de mi padre?

Sí, pero el Rey practicaba en menor medida otras. ¿Con cuál tenía más afinidad?

Fuego, desde luego.

Fuego… Se me ocurre una idea. Podríamos utilizar un hechizo mágico de fuego que iguale o supere su poder para tratar de liberar el libro de su protección.

¿Crees que funcione? ¿Y si se quema el diario?

¿Se te ocurre otra idea?

Está bien. Lo intentaré. –Dije levantándome de la silla- Si no vuelvo es porque  funcionó… O porque morí intentándolo –Dije riendo nuevamente.

Oh, Kael… Podrías tocar la puerta de vez en cuando… Así no me ves durmiendo. –Dijo sonriendo.

O tal vez tú no deberías dormir acá… ¿No crees? –Dije sonriendo y abandonando la habitación.

Salí de la biblioteca en dirección a mi habitación, mientras reflexionaba sobre cómo iba pronunciar cualquier hechizo sobre un libro que anteriormente extinguió la llama que había creado en la punta de mi dedo índice. Pasando frente a la puerta que daba acceso a la red de túneles del castillo, mis manos de nuevo comenzaron a brillar como si estuviera preparado para lanzar un hechizo, sin embargo se apagaron de inmediato cuando una voz me sacó de trance.

¡Príncipe! –Dijo Lor’themar Theron.

Lor’themar ¿Qué pasa?

Eso le pregunto yo. ¿Qué le pasa? Pareciera que fuera visto un fantasma.

Fantasma –Hice una pausa pensando levemente en la visión de mi padre que había visto antes- No, es sólo que pensaba en algo…


¡Qué bien que ya camine!


Sí… Oye, ¿desde cuando esa puerta no se abre? –Dije  señalando la puerta a la parte subterránea del castillo.

Desde hace mucho, la última inspección de los pasillos subterráneos fue alrededor de dos meses.

Y ¿Qué encontraron?

Nada, ratas y demás bichos rastreros.

Bien, gracias Lor’themar. –Me di media vuelta y proseguí hacia mis aposentos.

Estaba pensando una locura, quizás mis manos brillaban debido a que esos pasillos tenían gran concentración mágica, como lo decían antiguas leyendas, y mi esencia se intensificaría, lo que me daría más posibilidades de poder abrir el libro. Llegué a mi habitación, tomé el libro y mis armas, me colgué a Felo’melorn sujeta en su lugar y tomé el bastón. Salí de la habitación con el bastón en una mano y el libro en otra.

Caminé de nuevo en dirección a la biblioteca, con paso apresurado, no quería responder preguntas que de una u otra manera aumentarían mi temor hacia aquellos angostos pasillos poco ventilados. Al llegar a la sección del castillo que se reducía para dar paso a una discontinuidad de donde se desprendía dos direcciones, la primera que daba acceso a la biblioteca, la escalera central y la oficina de Lor’themar. Y la segunda que daba acceso a las escaleras secundarias al piso superior, a la oficina de mi padre, a la parte superior de la escalera central y la puerta a los pasillos subterráneos.

Avancé con paso firme hacia aquella puerta que se materializó frente a mí más rápido de lo que hubiera querido. Tomé la perilla de la puerta y la giré, de inmediato una corriente de aire con una mezcla de humedad y polvo salió directo y se posó sobre mis fosas nasales. Vi hacia la izquierda y tomé una de las antorchas que estaba colgada de la columna. Serené mi mente y la preparé, me concentré en dirigir la energía suficiente para crear una pequeña llama en la punta de mi dedo índice. Las energías fluyeron y del extremo de mi dedo brotó una llama mucho más grande de la que yo hubiera pensado, de inmediato encendí la antorcha y separé las energías haciendo que mi dedo de extinguiese.

Aquí vamos… -Dije dando un paso firme hacia adelante y cerrando la puerta detrás de mí.


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Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Vie Jun 03, 2016 10:10 pm

La oscuridad me envolvió por completo tras cerrar la puerta de las cavernas. La antorcha iluminaba parte del ambiente, sin embargo no tanto como yo hubiera querido. Estaba pensando seriamente en dejar de lado la antorcha y activar la gema central del bastón para que iluminara el área, sin embargo en las paredes había viejas antorchas que encendí luego de avanzar unos centímetros. El espacio entre antorcha y antorcha postrada en las paredes era de alrededor de un metro y medio, cada antorcha iluminaba buena parte de su espacio muerto dejando un leve espacio en negro entre cada una de ellas.

Bueno, Kael’Thas… Ya estás acá… Continuemos… -Me decía a mí mismo como consuelo y tranquilizante.

El pasillo se extendía hacia adentro, donde aún no había encendido las antorchas y la oscuridad se acentuaba. Caminé poco a poco concentrándome en el libro para que los nervios y el miedo no me atacaran y terminara como pollo rostizado sin querer.
El pasillo se hacía más ancho para mi agrado, sin embargo a unos cuantos metros lejos de la puerta, se hundía en escaleras que dejaban ver vagamente un pequeño suelo de piedra al final de estas. Con todo el pánico del mundo caminé sin saber que me depararía en aquella habitación.

Cuando culminé de bajar las escaleras pude observar que se extendía una recámara bastante amplia, ah decir verdad más amplia que mi habitación. Las paredes eran de piedra, una piedra desgastada por la acción del tiempo con el agua, lo que causaba una superficie erosionada.  

¿Quel’Thalas estará construido sobre una corriente de agua subterránea? ¿De dónde sale esta agua? –Dije observando un destilar de agua que caía sobre el suelo de roca, cerca de la pared.

El ambiente era bastante húmedo para ser el sótano del castillo y tener más de quinientos años construido. Por la pared izquierda de la habitación brotaba un pequeño hilo de agua que chorreaba toda la pared y la tornaba de un color más oscuro que las demás paredes de roca. En el medio de la habitación descansaba un pedestal labrado en piedra que estaba adornado con pequeñas esculturas de algún tipo de ave en llamas por toda la superficie de piedra. Sobre el pedestal había una inscripción en un extraño élfico que se había borrado con el tiempo y del cual sólo se podían distinguir dos palabras que por sí solas no denotaban ninguna frase.

Anu… Badash… ¿Qué es eso? –Hice una pausa volviendo a mirar el pasillo angosto y oscuro –Da igual, hagámoslo –Dije mientras coloqué el diario sobre el pedestal.

Muy bien… Si esto sale bien obtendré la información que quiero… Sino quemaré el diario… -Hice una pausa mientras preparaba mi mente- Espero que no ocurra eso –Susurré.

Preparé mi mente haciendo fluir las energías y esencias mágicas hacia mis manos que ahora estaban erguidas al frente de mí. El ambiente se volvía pesado y sentía que el oxígeno se volvía intermitente entre lapsos de abundancia y escasez. El ambiente estaba potenciando mi esencia, sentía que saldría una llama que no podría controlar. La esencia ahora se encontraba en la palma de mis manos y éstas comenzaron a brillar, mi mente estaba preparada y dí rienda suelta a mis pensamientos… Un haz de luz salió de la palma de mis manos, que con el pasar de los segundos impactó directamente sobre el diario y dio contra la pared. El haz de luz tornó el ambiente caliente y de un momento a otro estalló en llamas, impactando de lleno en el diario al que parecía no afectarle.

El diario permanecía ignífugo sobre el pedestal que comenzaba a llenarse completamente de hollín. De pronto un estruendo se escuchó por toda la habitación y mi mente se desconcentró, haciendo que las llamas dejaran de fluir de mis manos. Sobre el suelo de piedra quedaban pequeños vestigios de llama encendida que poco a poco comenzaban a morir por falta de combustible, la pared en la cual estaba impactando la habilidad, tenía un espectro de hollín sobre ella y la superficie tenía un color similar al del cobre, encendido por el fuego.

¿Habrá sido suficiente? –Pregunté a mí mismo mientras comenzaba a acercar, extrañamente sin sentir mucho los efectos de la fatiga mágica.

Mientras caminaba pude darme cuenta que mi bota de cuero estaba destilando un líquido, al parecer el agua que había estado chorreando de la pared de la habitación había creado un pozo en la habitación, del cual había llegado a mi bota.
El diario estaba de igual manera como lo había dejado, incluso no tenía ni restos de hollín, a pesar de que el pedestal había pasado del color gris de la piedra a un color ennegrecido por el resultado de la combustión incompleta. Me acerqué al diario para comprobar el estado del mismo.

Acerqué mis dedos al libro y pude sentir el calor que lo rodeaba, alejé mi mano y comencé a pensar cómo lo iba a tomar o si mejor era que se enfriara allí mismo. La idea de pasar más tiempo en aquellas catacumbas no me parecía la mejor de todas, pero comparada con quemarme la mano tomando el libro y saliendo de aquel lugar distaba mucho de mis requisitos. Observe a mi alrededor y pude notar algo que antes había pasado por alto. Cerca de la esquina de la pared derecha y la pared de atrás a mí había una puerta, bastante más pequeña que las puertas que estaba acostumbrado a ver en el castillo.

Me acerqué a la puerta observando sus pequeños delineados en metal y madera. Tenía una cerradura que hacía muchos años no veía en el castillo, se trataba de una alargada placa de metal remachada con tornillos y una pequeña abertura en el medio, bastante simple. La llave estaba introducida en la cerradura, de manera que sólo tenían que girar la llave y el mecanismo de la cerradura expulsaría la puerta hacia atrás haciendo que se abriera.

Debo esperar un buen rato y si me quedo en solo lugar me atacará el pánico. ¿Por qué no? –Dije mientras giraba la llave para liberar el mecanismo que hacía que la puerta se abriera.

Tras la puerta había innumerables pasadizos y rejas con ventanas, casi todas estaban a oscuras y al final del pasillo había una pequeña intersección donde el pasillo se dividía en cuatro puertas, sin embargo no veía ninguna antorcha que encender, así que volví a cerrar la puerta y saqué la llave guardándomela en mi toga.

Mejor no. Esperemos –Dije mientras sonreía.

Habrían pasado al menos una hora y ya la locura y la ansiedad me estaban carcomiendo, estaba sentado en una esquina observando todo a mi alrededor. La habitación en sí era bastante espaciosa y extrañamente corrientes de aire corrían por aquel salón, sin embargo la mezcla de la incertidumbre sobre qué encontraría en el diario de mi padre y más aún ¿Me serviría? Aunado a que tenía que subir de nuevo las escaleras y pasar por aquel estrecho salón. Sólo me tranquilizaba que estaba en el castillo.

Me levanté rápidamente con la desesperación latente en mi mente, me dirigí hacia el centro de la habitación con paso apresurado, me coloqué frente a pedestal y posé mi mano unos centímetros cerca del libro… Sin duda estaba caliente, pero al menos podía intuir que era soportable. Tomé el diario rápidamente notando que aún persistía el calor y comencé el rápido ascenso por las escaleras. Cuando estuve arriba, me percaté que las antorchas las había dejado encendidas, sin embargo no había tiempo para echar atrás  y corrí lo más rápido que pude, sintiendo que me desmayaba por falta de respiración, y llegué a la puerta, la cual abrí y salí de aquellos pasillos.

¡Príncipe! ¿Está bien? –Preguntó Halduron.

Sí, sí…  -Hice una pausa mientras recobraba el aliento- Sólo es mi miedo a los espacios cerrados… -Dije con toda la sinceridad que pudo haber salido de mí.

¿Qué hacía en los pasillos subterráneos?


Estaba librando un conjuro de protección a este diario.

¿Para qué?


Me incorporé y me erguí, respondiendo un poco agitado – Por mis pesadillas, Hal.

Ah… Espero que le ayude, príncipe. –Hizo una pausa esperando que me reintegrara – Tengo noticias de Aethas, príncipe… Lo estaba buscando.

¿Aethas? – Me erguí y mi ceño se frunció al escuchar el nombre - ¿Y bien?

La comisión ah regresado con buenas noticias, según el médico de Fráianez, Aethas ah respondido exitosamente y dentro de poco estará acá de nuevo.


Mi ceño fruncido desapareció para mostrar una expresión de satisfacción – Muy bien, Hal, me alegro.

Halduron hizo una pequeña reverencia y se volteó para marcharse, en dirección tal vez al cuartel, sin embargo mi mano se sujetó en su brazo, impidiendo que se marchara.

Hal… ¿Me harías un favor?

Sí. Lo que ordenes, príncipe.

Eh dejado sin querer unas cuantas antorchas encendidas allá atrás – Dije señalando la puerta – ¿Podrías mandar a alguno de tus hombres para que las apaguen?  

Por supuesto, príncipe. Ahora mismo lo hago.


Gracias, Halduron.

Emprendí camino hacia mi recámara, si el hechizo de “liberación” no se había disuelto, tendría que discutir con Rommath otra manera de solucionar aquel candado mágico, pero no volvería jamás a aquellos pasillos… En la habitación en la que conjuré el fuego estaba bien, pero los pasillos que había que atravesar para llegar hasta allá, me causaban asfixia.

Una vez delante de la puerta de mi habitación, tomé el pomo y lo giré, cuando el mecanismo se accionó entré a la recámara. Sobre el suelo, debajo de la puerta estaba un pergamino enrollado con un sello rojo, al parecer lo habían colado bajo la puerta. Me encorvé y lo recogí, sentándome en la silla del escritorio seguidamente.

Coloqué el diario sobre la mesa y me dediqué a contemplar el manuscrito. El papiro parecía de una calidad decente y el sello estaba en buenas condiciones. Me detuve a analizar mejor el sello. Era el sello de Quel’Thalas, un fénix rodeado de oro. Sin más rompí el sello y desenrollé el papiro

Príncipe Kael’Thas Caminante Del Sol –

Me alegra informarle que mi recuperación está avanzando a pasos de gigantes, le debo la vida a la armadura que detuvo el mayor impacto de la flecha. Creo que debería saber que aquellos bandidos no eran bandidos sin más, eran una banda de crueles y despiadados asesinos a sueldo, a los cuales contrataron para asaltar y asesinar una caravana que cruzaría frente al castillo, saliendo en Fráianez y con destino en algún lugar de Thonomer.

Me informaron que acabó con su líder, no imagino lo difícil que habrá sido hacerlo, según cuentan en esta ciudad, el hombre era un despiadado come corazones. Tambiénn me informaron que estuvo en cama por una lesión mágica que sufrió… Espero esté bien y alegrarle el día al decirle que más tardar en tres días, estaré allá.


-Sir Aethas Sunreaver.

Guardé la cara con cara de incredulidad. Mi menté comenzó a reconstruir aquel momento y pude imaginar cómo rosticé a aquel hombre –Supongo que se lo merecía – Sin embargo jamás había actuado así, al parecer no toleraba que se metieran con alguno de mis hermanos.

Bueno… Ahora a lo que vamos. –Dije mientras tomaba en libro entre mis manos.


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Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Miér Jul 06, 2016 1:07 am

Con el libro entre mis manos pude apreciar que a pesar de la llamarada que había desatado momentos antes, el papel no se encontraba siquiera con residuos de hollín y tampoco despedía el característico olor a papel chamuscado. La portada ahora estaba diferente de como la recordaba, ahora la portada en algún material duro estaba adornada con el sello del palacio en alto relieve, con algunas marcas más que asemejaban llamas.

Mi dedo índice se posó sobre la parte superior de la portada y tiró de ella. De nuevo sonó un chasquido en el lomo del tomo, sin embargo el diario se abrió revelando la primera página, impregnada en un acre olor a papiro viejo.

El papel que se encontraba en la primera página tenía un tono amarillento por los bordes y puntas, dejando sólo entreverse su color original en el centro de la hoja, donde reposaba una escritura en élfico que se asemejaba mucho a la letra de mi madre. ¿Habría encontrado el diario equivocado? ¿Había mi madre escrito el diario en lugar de mi padre? ¿Había descendido en las cavernas sólo para nada?

Anasterian Caminante Del Sol

Diario.


La escritura era de un solo trazo y visiblemente hermosa, la tinta en la que estaba escrita era fuerte y de muy buena calidad, para haber resistido tantos años guardada sin presentar siquiera un derrame en sus contornos y delineados. La letra era sin duda la de mi madre, tenía esos detalles al comienzo de la escritura indiscutiblemente característicos de ella, sin embargo, en la parte inferior de la hoja a pie de página estaba escrita en la letra de mi padre una extraña palabra que no lograba entender qué era o qué significaba. Sin mediar pensamientos continué con la siguiente página.

El olor que expedían las páginas del libro inundaba mis fosas nasales haciendo que por momento tuviera que apartar la cara para respirar aire puro y fresco, sin embargo debido a lo interesante del contenido del diario no quería apartar la cara de su información o al menos hacerlo lo menos posible.

La siguiente página trajo consigo una sorpresa, al separar las antiguas hojas, cayó a la superficie de la mesa un pliego de papel que dio unos cuantos tumbos antes de caer inmóvil en la tabla de madera. Bajé el libro con cuidado y lo dejé en la mesa mientras recogía aquel pliego. La hoja era de un material diferente al del diario, éste era un poco más nuevo y estaba en mejor estado. Sin pensar mucho lo desdoblé muy cuidadosamente hasta que estuvo delante de mí lo que parecía un mapa con intrincadas escrituras e indescifrables anotaciones a lo largo de las líneas guía. Era sin duda los planos arcaicos de construcción del castillo, pero en él estaban demarcadas líneas perpendiculares a lo que suponían las paredes.

¿Pasillos? ¿Pasillos secretos? –Susurré mientras intentaba comprender la gran cantidad de garabatos.

Después de varios minutos apreciando cada uno de los elementos del plano, pude distinguir lo que tal vez sería mi habitación y una pequeña línea que cruzaba desde la pared de mi habitación, pasando por la habitación de mis padres y directo a la biblioteca. En las líneas de las paredes de la biblioteca, sobresalía otra raya que cruzaba desde la biblioteca y pasaba por todos los pasillos principales hasta llegar a la líneas que delimitaban las paredes traseras del castillo, que daban acceso al inmenso terreno agreste detrás del palacio.

Giré la vista desde el mapa hasta el diario y lo observé pasible en la mesa. Entorné los ojos y los clavé de nuevo en el mapa, más concretamente en el mismo símbolo que estaba en la portada del diario con el mismo efecto que esta, un alto relieve que sobresalía entre las rayas luciendo aquel fénix envuelto en llamas mirando hacia arriba, el símbolo característico que antaño había creado mi abuelo Dath’Remar. Estaba pensando una locura, pero ya el diario estaba abierto y no quería apresurar el final que encontraría leyendo aquel místico libro, así que tomé mis armas y me levanté de la silla en la cual me había sentado antes de tomar el libro por primera vez.

Me detuve a examinar mi habitación y ubiqué los puntos cardinales en el mapa, la sección que estaba trazada con rayas correspondía a la zona donde estaba un viejo atril para armas que había llego allí en un momento del tiempo en el cual mi padre creyó que sería algún tipo de guerrero o arquero y jamás lo saqué del cuarto para no entorpecer con la simetría que había logrado en aquel espacio. Sin embargo ahora me estaba estorbando, necesitaba sacarlo del medio, lo que me llevó un poco más de esfuerzo del que había pensado. Al descubierto quedó la pared desnuda de piedra que parecía impenetrable.

Con el mapa en la mano, pasé la otra por la superficie áspera de ladrillos de ladrillos de piedra en busca de cualquier indicio que indicara que estaba en el lado correcto. De pronto mis dedos sintieron una irregularidad bastante peculiar en la superficie de uno de los ladrillos, lo que me hizo prestar atención instintivamente. Posé mi vista sobre el largo bloque de piedra y ahí estaba, grabado en piedra, el sello de la familia. Jamás había notado que eso estaba allí. Tomé valor y empujé el ladrillo con fuerza… Nada pasó. Nuevamente lo empujé un poco más esta vez aplicando en conjunto la fuerza de mis manos y mi cuerpo… Nada pasó.

No creo que esto salga así… -Razoné- … ¿Salga? –Pensé.

Tome débilmente el ladrillo por los bordes e hice presión hacia afuera para intentar sacarlo… Nada pasó. Me tomé un tiempo para razonar observando el preciado símbolo que sobresalía en la piedra y éste lo hacía casi que de forma poco natural, ahora que me daba cuenta parecía que lo fueran sacado de su sitio y fuera quedado descolocado. Con el dedo impulsé el símbolo y este se hundió en la piedra.

De inmediato en al pared tronó como si un mecanismo se rompiera o se forzara, de pronto la pared se movió y quedó una sección entre abierta dejando ver una oscuridad absoluta del otro lado. Tomé con mis manos la puerta y lentamente la empujé hacia el lado contrario de la pared abriéndola mientras rechinaba y expulsaba polvo y piedra molida en el proceso.

Lo que la poca luz que se filtraba por la ventana de mi habitación dejaba ver, mostraba un largo pero extrañamente espacioso pasillo de piedra el cual se perdía en la oscuridad. Me volteé y tomé una de las antorchas que hacía tiempo no encendía de mi habitación. Concentré rápidamente mi mente en unir las partículas del aire y hacerlas vibrar en la punta de mi dedo hasta que se creó una pequeña llama que encendió la antorcha y seguidamente se extinguió. La antorcha entonces crepitó e iluminó parte del pasillo que a su vez dejaba entrever una puerta del otro lado del camino de piedra.

Volteé de nuevo a ver el libro y noté que aunque el castillo era seguro no podía dejarlo a la intemperie y me aproximé hasta él hasta tomarlo y guardarlo en mi bolsa que llevaba en la cintura, entró con un poco de dificultad pero en lo que estuvo adentro se acomodó para mi comodidad.

Giré mi cuerpo y me encaré con el pasillo y sin más miramientos me adentré en él. El pasillo era en su talidad oscuro, sin embargo mi antorcha dejaba ver bastante de él. El techo parecía plano asemejando un piso invertido y las paredes bastantes espaciosas se veían lisas, el pasillo parecía estar trabajado con dedicación por su constructor. Mi padre me había comentado que por todo el castillo había túneles y pasillos ocultos que estaban allí para escapar en caso de un ataque o para esconderse de alguna amenaza, se habían creado bajo la orden de Dath’Remar, pero nadie conocía exactamente la ubicación de estos sino él

¿Mi padre habrá encontrado el mapa de mi abuelo donde detallaba cada uno de los pasillos? O ¿Habrá investigado por su cuenta y dejado memoria escrita de sus hallazgos? –Me pregunté a mí mismo.

De pronto la puerta se me materializó frente a mí, y pude apreciar su escultura y bellos tallados, por un momento se me pareció a la entrada principal del castillo, estaba tallada en cuidado en meta y madera, su manija reposaba con algo de polvo, que removí con la punta del dedo antes de accionarla y abrir la puerta. La hermosa cerradura se abrió y la puerta se apartó, dejando ver una habitación que la cubría casi por completo una capa de polvo sobre ella.

Mi cara cambió de expresión a una de asombro, mis ojos se abrieron como platos y mi respiración se agitó, sabía dónde me llevaría aquel pasillo por lo que antes había visto, pero no sabía que sería, aún a esa edad, tan impactante.


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Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Vie Nov 18, 2016 12:53 am

Mi mente se transportó de inmediato a tiempos más simples cuando sólo debía estudiar como obligación de vida y no tenía que preocuparme por un castillo lleno de personas a las cuales cuidar. Mis ojos, que ahora no veían la realidad, se enfocaban en una habitación muy bien amoblada y hermosamente ordenada. Las paredes de aquella estancia estaban talladas y delineadas de manera que resaltaran intrincadas figuras que unidas formarían un sello que serviría para marcar un antes y un después en una dinastía construida sobre prácticamente nada.

De pronto me encontraba inmerso en recuerdos que observaba tan tangibles que más que un espejismo parecía una recreación de aquellos hechos y allí estaba yo parado de manera espectral a un rincón sin poder hablar y con un nudo en la garganta que alternaba con mi estómago casi dejándome en estado de shock.

De manera repentina la puerta de aquella habitación se abrió rápidamente y a través de ella tres figuras, dos altas y una mucho más pequeña, surgieron atravesando la penumbra del final del recuerdo con la habitación. Pude distinguir sin lugar a dudas a mi padre, con ese gesto tan peculiar que lo distinguía en la cara cuando tenía un sobresalto de ternura o estaba visiblemente feliz, se veía bastante alegre y enérgico, con ropajes de color rojo intenso y blanco como la nieve; sobre su cabeza reposaba una blanca pero perfecta cabellera que caí sobre sus hombros y estaba recogida en punta hacia atrás formando una cola de caballo. Se distinguía su tonalidad por el manejo de los flujos mágicos y de las largas y extensas experiencias de vida vividas en no menos de medio milenio, sus ojos estaban vivos y llenos de fulgor juvenil, a pesar de su edad. Con mi padre, estaba mi madre de una hermosa tez blanquecina que hacía palidecer a la más “bonita” de cualquier lugar donde frecuentaba, su cabello dorado caía lacia sobre su espalda y sus rasgos definidos eran resaltados por las vestiduras del característico tono morado que le gustaba usar.

Con ellos dos estaba alguien más pequeño, que apenas su estatura alcanzaba para equiparar la cintura de ambos. La cara de aquel joven desprendía una inocencia tal que hasta el más rudo caía presa de la ternura de aquellos ojos verdes fulgurantes de energía. Sin duda alguna había perdido cierto atractivo con el pasar de los años, sin embargo aún seguía teniendo ese “algo” que hacía que la mayoría de las personas que me habían conocido de pequeño, nunca se olvidasen de mi cara incluso de adulto.

El pequeño niño salió corriendo por toda la habitación montándose en los sillones, mesas y camas del lugar, causando un colapso en la perfecta armonía de los objetos al estar ordenados de una manera tan dedicada. Lo seguían con entusiasmo sus padres, la alegría y el gozo del lugar era notable, las risas y carcajadas, así como las sonrisas y sonrojos de todos se hacían presente y ocupaban gran parte de mi corazón al recordar viejos momentos.

De pronto, la luz que se filtraba por el amplio ventanal dejó de manar y la habitación quedó al resplandor de las antorchas y faroles distribuidos por toda la habitación. Los mismos tres personajes ahora estaban sentados y acurrucados sobre la cama central de la habitación, una perfecta armonía de una familia feliz.

¡Papá, papá! ¡Cuéntame otro! Esta vez de héroes fantásticos–Dijo el pequeño con los ojos brillosos.

Está bien hijo… Éste se llama el Gran Kael.

¿Yo? –Preguntó fascinado.

Así es hijo, Tú. –Dijo Anasteriam mientras pasaba una mano acariciando el cabello del muchacho-
Había una vez un gran héroe de enorme conocimiento y fantástica fuerza, lo llamaban el Rey Sol. El Rey Sol vivía rodeado de una enorme fama que lo precedía a donde fuese y no era para menos, había historias que se contaban sobre él donde con una roca lograba derrotar a dos minotauros.

¡WOW! ¡Era muy poderoso!

Deja que termine cariño –Dijo la elfa con los ojos entornados hacia el pequeño.

Un día Kael, que era como se llamaba en realidad el Rey Sol –El pequeño se acurrucó entre los brazos de su madre con cierta ternura- Decidió ir en busca del más malo de los malos, se llamaba Dar’khan y era un sanguinario brujo que comía niños. Lo persiguió a través de muchas partes, lo siguió incluso hasta debajo del mar nadando con las criaturas marinas que también lo respetaban ¡Incluso lo siguió hasta las estrellas! Hasta que por fin dio con su paradero en un campo abierto a plena luz del día. Dar’khan, armado hasta los dientes con espadas, hachas, arcos y lanzas al fin se enfrentaba a Kael, que simplemente estaba armado con su conocimiento, pues no solo era un guerrero poderoso sino un mago extraordinario.

¡¿Y qué pasó?! –Interrumpió el pequeño con ansias.

La pelea duró horas, incluso tal vez días. Dar’khan luchaba sucio, utilizaba todo lo que estaba a su alcance, permitido y no permitido, para derrotar al mayor adversario que jamás pudo enfrentar. Kael por su parte era mucho más sabio y sabía que sólo con hechizos defensivos y tácticas que sólo él conocía podría derrotar a su viejo archienemigo para restablecer el bien en el mundo. La batalla llegó a un punto en el que los dos estaban fatigados, quizás Kael un poco más que Dar’khan, pero eso Dar’khan no lo sabía.

“No podrás derrotarme, insignificante criatura” –Dijo el padre intentado colocar una voz grave dándole una propia a Dar’khan.

Luego de decir eso se lanzó directo hacia Kael, era el final, allí se decidía quién prevalecería entre los dos.

El pequeño tenía los ojos enfocados en las palaras que escuchaba y prestaba especial atención a su padre.

Kael al ver que se le abalanzaba extendió las manos hacia al frente y al grito de unas palabras de aliento para la humanidad salió un extenso, inmenso y muy muy dañino rayo de fuego que derrotó de una vez por todas a su oponente –Se escuchaba cierto asombro y entusiasmo en la voz de Anasteriam- Y fue así como el poderoso Archimago Kael’Thas liberó al mundo de toda maldad, porque desde ese momento todos los malos temieron por su vida.

¡WOOOOOW! ¡Ése seré yooo! ¡Seré poderoso! –Gritaba de emoción y alegría el pequeño.

Así es mi príncipe, ahora ve a dormir

El pequeño se retiró rápidamente de la habitación perdiéndose de mi vista en la lejanía de la visión mientras cada destello de luz que emanaba del crepitar de las antorchas de desvanecía, mis padres se desaparecían poco a poco y sólo quedaba la misma habitación que había estado vacía durante mucho tiempo.

Había vuelto a la realidad, parecía que me hubiera esfumado de este plano por algunos meses y finalmente fuera vuelto, mis ojos podían apreciar como todo en la habitación conservaba su perfecto orden pero a su vez lo cubría una capa de polvo que daba a entender que nadie entraba allí desde hace mucho.

Con un nudo en la garganta bastante grueso en la garganta y con los ojos brillosos y pequeños, comencé a dar lentamente pasos para aproximarme al escritorio central de la habitación, donde reposaba un retrato enmarcado de una familia feliz, cubierta de polvo de nuevo. Con mi mano libre tomé el retrato de la mesa y con mi dedo pulgar comencé a limpiar lentamente el polvo que recubría el retrato familiar, dejando al descubierto las cuatro siluetas contenidas en él.

Abuelo…

Padre…

Ma..Madre… -Dije de nuevo con otro nudo en la garganta.

Una pequeña lágrima brotó de mi ojo izquierdo y empezó a surcar un camino a través de mi mejilla hasta llegar al mentón y caer sobre el piso, haciendo un espacio limpio entre el suelo húmedo por la gota y el sucio por el polvo. Dejé el retrato familiar en su lugar y me dispuse a mirar nuevamente el boceto que tenía en la otra mano. Definitivamente estaba en el lugar marcado como habitación principal, pero otra línea perpendicular se extendía desde una de las esquinas de la habitación hasta llegar a otro espacio marcado como “Convergencia”.

Rápidamente localicé la esquina en la habitación que indicaba el mapa y le di un vistazo a aquella pared que me parecía diferente ahora, la esquina parecía estar separada por un muro interior de la otra pared de la habitación.

No puedo creerlo, están superpuestas –Dije recobrando la compostura.

Procedí a meter la antorcha para observar un no tan largo pasillo que en el final tenía otros pasillos. Entré en el primer pasillo y con paso apresurado llegué al sitio denominado “Convergencia”. El pasillo era igual de espacioso que el de mi habitación así que no tuve que preocuparme por mi aflicción.

Llegué a la mini recámara y observé un cartel escrito en élfico antiguo que significaba “El Convergente” o simplemente “Convergencia”, se trataba de una pequeña recámara que albergaba tres pasillos más, dos que no estaban nombrados y uno que tenía otro cartel que colocaba en un élfico más moderno “Biblioteca”.

Muy bien, hacia la biblioteca –Dije adentrándome en el pasillo con ese nombre.


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Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Dom Nov 20, 2016 10:51 pm

El pasillo no tan largo se extendía algunos metros más y seguía siendo tan amplio como antes, daba gracias a los dioses porque en ningún momento se angostara y mi pequeño actual, los sueños extraños que no me dejaban descansar por las noches o días cuando durmiera.

Sin querer, tropecé con una roca que estaba a un lado del camino y caí de rodillas sobre el suelo del pasillo que se componía de una mezcla entre arena y piedra, lo que por suerte amortiguó mi torpe andar, sin embargo la antorcha que hasta ahora llevaba cargada en la mano no tuvo tanta suerte como yo pensaba, cayó de cabeza en la arena extinguiéndose el fuego que alumbraba y quedando el pasillo así en un completo silencio oscuro.

Maldita sea- Susurré.

No me asustaba la oscuridad, pero me colocaba algo inquietante el no poder encontrar la antorcha para encenderla de nuevo así que busqué a ciegas tanteando por todo el suelo y paredes aledañas tratando de con el tacto poder encontrar surcos de hacia dónde había rodado el “Sol portátil” como de niño me gustaba llamarlo. Mis manos se posaban cuidadosamente tocando y sintiendo la arena y la piedra del suelo, no podía ver absolutamente nada, incluso mi visión de elfo parecía no tener efecto debido a que unos instantes antes la luz que manaba del pebetero móvil enraba por mi retina y por consiguiente esta se contraía y de un momento a otro se oscureció todo mientras mi retina continuaba retraída.

Mierd… -Dije al tocar algo extraño con mi mano- Tranquilo Kael, debe ser la antorcha.


Mi mano se había extendido lo suficiente como para encontrar el madero de la antorcha, sin embargo este estaba algo resbaloso y por consiguiente mi mano ahora se encontraba babosa y húmeda, como si algún líquido la fuera impregnado, sin embargo en la oscuridad aún no podía ver nada como para distinguir si la antorcha había caído en algún pozo de agua o era baba de algún monstruo que estaba preparado para engullirme de un bocado frente a mí.

Mi mente se colocó a divagar de inmediato como era de costumbre en los momentos menos indicados, sin embargo esto me sirvió para pensar un poco. En principio mi primera idea fue crear fuego en la palma de mi mano para siquiera ver algo, sin embargo gracias a la extraña manera de funcionar de mi cerebro, pude intuir que si aquel extraño líquido baboso se trataba del combustible con el que estaba impregnada la antorcha, al encender cualquier fuego me iba a inmolar yo mismo.

Piensa Kael, o continuas a ciegas confiando en tu poco visión actual o…. O… -Pensé y reflexioné un poco- ¡Las hombreras! –Dije finalmente.

Hacía mucho que no utilizaba las esferas glaucas de las hombreras para iluminar mi camino, pero en mucho tiempo el momento había llegado y no podía hacer otra cosa si no quería morir quemado como mucho de mis contrincantes en el pasado. Concentré mi mente en encender las partículas alrededor de las hombreras, extrañamente las esferas funcionaban casi tan igual que la magia que hacía de su servidor un poderoso individuo, de pronto mis ojos pudieron distinguir una tenia luz verde surgiendo de mis hombros y sobre mi cabeza, la luz no era tan luminosa ni tan clara como la de la antorcha y apenas podía distinguir el suelo, las paredes y algunos objetos alrededor de dos metros de mí, pero bastaría para al menos salir de allí.

Excelente, que bien que algunas veces pienso tantas cosas inútiles- Dije observando la antorcha en el suelo con el pebetero roto y todo el líquido alrededor.

La suerte me había acompañado aquel día que sólo mi mano se había impregnado en aquel combustible. Recogí la antorcha y me coloqué de pie rápidamente y comencé a caminar con paso apresurado recorriendo en la mitad de tiempo de lo que tardé entrando, al salir.

Llegué a una puerta bastante nueva para la apariencia de aquel pasillo y sin pensar dos veces accioné la cerradura y empujé, sin embargo esta no se movió. Realicé nuevamente otra aplicación de fuerza y no se movió. Durante algunos segundos realicé continuos tirones y forcejeos para intentar abrir la puerta y nada. Me estaba empezando a impacientar y como resultado la pequeña luz que me acompañaba de mis hombreras también se estaba atenuando así que debía reaccionar rápido.

Me separé de la puerta algunos metros para empujarla con fuerza y corrí hacia ella impactando raramente poco brusco hasta que pude notar que la puerta… No se movió. Me detuve a pensar un poco y observando rápidamente con la poca luz que me quedaba la puerta, noté que en la parte superior se mostraba ganador un cerrojo que aseguraba la puerta.

Maldita sea… Maldigo los constructores –Dije sonriendo al saber que el pasillo sí tenía salida.

Alcé la mano y por mi prominente estatura llegué bien hasta el cerrojo y lo abrí, soltando la puerta de sus ataduras para ser abierta, entonces accioné nuevamente la cerradura y finalmente la puerta… No se abrió.

Parece que tendremos nueva leña para el fuego, maldita puerta –susurré observando la parte inferior de la misma. Otro cerrojo.

Me agaché rápidamente y abrí el segundo y esperaba que el último de los cerrojos de la puerta. Nuevamente accioné la cerradura y esta vez la puerta sí se abrió dando paso a una intromisión violenta de luz hacia mis pupilas que ya estaban dilatadas al acostumbrarse a la oscuridad del pasillo. Me encontraba en la biblioteca, justo como había dicho el pergamino que aún llevaba en la mano.

¡Príncipe! –Dijo Romath impresionado.

Oh, saludos Romm.

¿Acaba de salir del armario de libros?

¿Armario dices?

–Dijo señalando la puerta de la que había salido y extrañamente estaba cerrada de nuevo y trancada por algún sistema de tranca automática.

Ah… ¿Alguna vez entraste en ese “armario”?

No… La puerta lleva cerrada siglos y jamás supe como abrirla sin destrozarla. Incluso utilicé la magia y la puerta siempre ganó.

Sí, comprendo el sentimiento –Dije con una leve sonrisa en los labios.

Al parecer pudo abrirla… ¿Cómo hizo? ¿Dónde estaba? ¿Por qué lleva una antorcha rota en la mano? Y ¿Dónde va?

Te lo contestaré todo cuando lo averigüe, Romm. Por ahora, me sería de gran ayuda que me prestaras el baño de la biblioteca, necesito lavarme la mano y si no es mucha molestia, ocúpate de esto. Es de mi habitación, sustitúyela con otra por favor.

Está bien. Por acá podrá lavarse –Dijo mientras me dirigía hacia una pequeña habitación y dejaba la biblioteca con la antorcha en la mano.

Entré en la habitación y me lavé las manos limpiando cualquier combustible o residuo de él de mi piel, luego salí revisando el cartograma, el otro pasillo estaba al otro lado de la biblioteca y por lo que se podía apreciar era una línea extensa lo que significaba que se trataba de un pasillo bastante largo que llegaba a otro cuadrado marcado con más líneas perpendiculares rayadas entre sí. Localicé rápidamente el espacio indicado en el mapa que correspondía con la biblioteca y se encontraba al parecer justo en el suelo, debía buscar algún pasaje con tapa.

Mientras caminaba por una de las esquinas de la biblioteca, asegurándome que Romath no volviese, noté como pisaba el suelo cubierto por una alfombra roja y en algún momento mientras pasaba por una sección, ví como éste se distinguía del resto en un pequeño cuadrado, como si estuviera sobrepuesto del otro. De inmediato localicé el comienzo de la alfombra y la levanté, dejando en la atmósfera polvo y tierra contenido en siglos en aquellas viejas cubresuelos.

La sección que había avistado se trataba inequívocamente de una escotilla en el suelo, sin mediar palabra la levanté y se dejó notar una escalera de al menos tres metros hacia abajo terminando en un pasillo iluminado. Con cuidado me encimé a la escalera y comencé a bajar cerrando la tapa, lastimosamente la alfombra quedaría levantada. Luego de bajar la escalera, puede notar como me invadía un dejavu, sentía que ya había estado en aquel pasillo algo reducido para mi gusto y sin más comencé a caminar hacia la habitación que se veía a lo lejos.

Mis ojos pudieron distinguir algo erguido y ennegrecido en el centro de la habitación, parecía un pedestal o algún tipo de estatua en el medio. Al llegar finalmente al lugar pude observar como en las paredes había marcas de hollín y el pedestal tenía la marca de algún objeto rectangular. Era la misma habitación en la que había roto el sello del diario de mi padre.

Sin vacilar y antes de que me diera un ataque de pánico me tranquilicé analicé los hechos. Tal vez la biblioteca era otra entrada a las catacumbas e nadie había descubierto, las antorchas seguían encendidas, tal vez los hombres de Lor’themar se habían olvidado apagarlas. Creo que era un buen momento para echar una ojeada al mapa a ver qué seguía.

El mapa mostraba la habitación y cada una de las puertas que en ella habían pero simplemente eran líneas sin más que mostrar, sin embargo había una que sin duda el pasillo era más largo y al final había una inscripción rara que sólo podía distinguir dos palabras “Memorias” “Diario”. Había llegado el momento de leer el diario detenidamente, así que me senté al costado de una de las paredes no cubiertas de hollín y saqué el diario de mi padre de la bolsa en mi cintura.

A ver que tienes para mí, padre.


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Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Vie Nov 25, 2016 1:42 am

Septuagésima Cuarta entrada.  Exploración. Palacio de Quel’Thalas – Pasadizos.

Eh llegado a la conclusión que el castillo edificado bajo el mandato de mi padre esconde mucho más secretos que los que yo pensaba. Como había dicho en entradas anteriores, eh descubierto una red de túneles, habitaciones y espacios prominentemente amplios debajo de lo que sería toda la extensión de terreno construido del castillo. Hasta la fecha eh contabilizado [Borrón, tachadura ininteligible], sin embargo sospecho que hay muchísimos más. Por ahora, no eh encontrado la causa de mis quejas, sin embargo sigo teniendo fé.




Anasteriam Caminante del Sol




Mis labios recitaban como un cántico cada palabra, frase y letra de aquel diario, pues lo leía imaginando su tono de voz y me entraba la nostalgia. Ciertamente nada de lo que allí estaba escrito me parecía útil, sólo era información que ya sabía, sin embargo era un punto de salida para comenzar a ojear siguiendo las próximas entradas hasta averiguar si había resuelto su problema o había aprendido a vivir con él.

Mi mente aún no olvidaba la causa de que estuviera sentado en aquella lúgubre habitación debajo del castillo, quizás con las demás preocupaciones y cosas que hacer en mente, se me había apartado de  mis pensamientos, pero aún seguía firme mi intención de averiguar como “resolver” o “solucionar” mis extraños sueños que no me dejaban desde hacía días descansar del uso mágico como era debido.

Mis ojos se entornaron de nuevo sobre el diario y con mi mano derecha comencé a pasar varias páginas, buscando alguna que me pareciera interesante, en cuanto a contenido y leyendo rápidamente algunas palabras. Hasta que localicé una que me interesó

Nonagésima sexta entrada. Exploración. Palacio de Quel’Thalas – Pasadizos.

Al fin. Después de meses buscando dentro de los pasillos, después de muchos sustos, después de peleas y días perdidos con mi familia… Eh encontrado lo que creo que estaba buscando. Se encuentra detrás de una puerta magníficamente labrada. Al acercarme eh sentido lo que sentía cuando soñaba, quizás lo que esté allí contenido sea la razón por la que estoy aquí. Quizás sea la razón por la cual por las noches no duermo. Quizás sea la razón de mi fatiga mágica. Quizás sea la respuesta que no quería escuchar, pero por curioso lo haré. Termino esta entrada afirmando que próximamente entraré y enfrentaré a lo que sea que está allí abajo. Adjunto un pequeño mapa que eh dibujado para recordar por si me pierdo.


Anasteriam Caminante del Sol.



Debajo de esa elocuente entrada en el diario, se encontraba pegada a la hoja con algún extraño adhesivo, un pequeño mapa que retiré de la hoja muy delicadamente para no dañar el tomo de siglos de antigüedad. El mapa no era más que un boceto enfocado en una habitación y como llegar y salir de ella. La habitación se parecía mucho a una que se encontraba en el papiro más grande, pero ésta no estaba tan cerca como hubiera querido, sin embargo podía distinguir las similitudes entre algunas anotaciones y diseños únicos en los objetos en los pasillos, esquinas y dobles del mapa.

Tenía todo lo que necesitaba, sin embargo no sabía exactamente lo que me encontraría en aquella habitación, así que antes de levantarme me di un tiempo para avanzar hoja por hoja en el diario buscando la próxima entrada en el diario sobre ese tema, sin embargo no había nada referente a lo expuesto anteriormente. Las entradas siguientes trataban sobre temas mundanos, negocios del palacio, relaciones ciudadanas, estadísticas tanto comerciales como sociales del palacio y nada referente a las exploraciones. Me empezaba a impacientar. Más adelante, había una entrada denotada con otro título.

Tricentésima Décima Séptima Entrada. De sueños y más. – Palacio de Quel’Tahalas.

Hoy se cumple un año de aquel inesperado encuentro en los pasillos subterráneos del castillo. No eh tenido más visiones extrañas ni tampoco sueños desesperantes. No me arrepiento de haber entrado en aquella habitación. Aunque las cosas no salieron como me hubiera gustado, estoy conforme con los avances. Respeto para aquel magnífico ser y una marca permanente en mi piel.

Anasteriam Caminante del Sol.



¿Magnífico ser? ¿Hay algo debajo del castillo? –Pregunté a mi mismo susurrando- ¿Marca permanente? ¿La cicatriz?

Ciertamente mi padre tenía una cicatriz en forma de arañazo cerca del cuello, sin embargo nadie sabía a ciencia cierta cómo se la había hecho, debido a que siempre que alguien le preguntaba él cambiaba la historia contando una totalmente diferente a la otra. Una vez un bandido del cual sólo quedó cenizas y carne chamuscada, otra vez un extraño ser etéreo con una daga, otra algún extraño ser llamado Murloc con una lanza, otra más un toro que intentó lanzarlo de un risco, alguna otra el mismo toro que lo intentó apuñalarlo cuando estaba herido… Nadie sabía la verdadera razón. ¿Sería esta?

Cerré el diario con velocidad y me coloqué de pie, observando la habitación mitad hollín, mitad concreto. Observé todas y cada una de las puertas que en ella se encontraban hasta que divisé una que me parecía conocida. De inmediato recordé que en mi primera estadía allí guardé la llave que habría esa puerta. Metí mi mano a los bolsillos del pantalón de la toga y allí estaba, una llave bastante vieja.
Un vistazo rápido al mapa más grande y efectivamente, el camino que antes había identificado similar al del mapa más pequeño conducía por esa puerta, luego doblaba en una esquina y quedaba en línea recta con la puerta de la habitación del mapa más pequeño.

La primera vez  no entré por miedo, sin embargo esta vez lo haré por sólo convicción. No por ello dejo de tener miedo –dije al aire mientras introducía la llave en la cerradura de la puerta.

Accioné el mecanismo de la puerta girando la llave y esta se abrió con un sonoro chirrido que dejó apreciar un familiar túnel iluminado por luz natural que manaba de un tragaluz en el centro del pasillo, que extrañamente no había notado antes. El pasillo en sí no era tan espacioso como hubiera querido, pero al menos no sufriría por mi miedo a los espacios cerrados.

Si esto no sirve, dejaré todo y me mudaré a las montañas –dije riendo levemente.

Entré en el pasillo que de lado y lado tenía numerosas puertas, algunas sin cerraduras y otras entreabiertas, pero por primera vez en mucho tiempo la curiosidad no mataría al gato, seguí caminando con una sola dirección y un destino fijado en mente. Habrían pasado algunos minutos cuando llegué al lugar donde debía girar a la derecha, pero… No había donde girar, sólo una pared de piedra maciza frente a mí.

¿Qué demonios? –Susurré.

La desesperación se comenzaba a preparar para apoderarse de mi cuerpo, pero antes de ello fui más inteligente y visualicé con cuidado la tosca pared de piedra. Era… un tanto diferente a las demás, ésta parecía roca más reciente y menos maciza… Parecía algún tipo de construcción tosca que por la claridad opaca manada del tragaluz no se distinguía a mucho detalle.

Mi menté comenzó a divagar entonces y una idea loca surgió de mi cabeza. Quizás si le aplicaba fuerza bruta, como muchos de mis contrincantes que habían caído, podría romper la pared.  Entonces volteé a visualizar mi entorno y observé dos piedras de tamaño considerable cerca de mí. Caminé hacia ellas que extrañamente estaban una al lado de la otra y coloqué los mapas en el suelo, para levantar con dificultad la piedra. Con unos torpes movimientos giré sobre mi propio eje para que la fuerza centrípeta hiciera lo suyo y la solté. La piedra impactó con brusquedad sobre la roca y la abolló, le hizo más daño del que yo hubiera pensado.

Tomé la otra roca e hice lo mismo pero con más fuerza. La roca impactó con mucha más fuerza que la primera y abrió un pequeño hueco por el cual se filtraba luz natural. Caminé hacia la pared y observé a través del hueco el pasillo que indicaba el mapa, también pude observar que la roca no era roca como tal sino una aleación de algún mineral ligero que daba la impresión de ser roca madre.
Me volví a separar y tomando la otra roca hice el último esfuerzo y lancé la roca nuevamente que traspasó la pseuda pared y ésta cayó pedazo por pedazo al suelo, volviéndose sólo un montículo de piedra y agregado ligero.

Esta vez, bendigo a los constructores  –dije sonriendo mientras recogía los mapas.

Caminé por el pasillo que estaba iluminado desde una abundante luz que manaba de una puerta al final de éste. La puerta me parecía conocida, pero nunca la había visto y jamás había estado allí antes.

La puerta de mis sueños… -Reflexioné mientras caminaba hacia ella.

Quedé completamente convencido al ver los tallados magníficos en la madera deteriorada. Me acerqué y me asomé por una rendija y sólo se veía claridad.

Es el momento, sin paso atrás, sin temor. Es hoy. Es ahora –Me daba palabras de aliento para ocultar el terror que sentía por dentro.

Accioné la puerta y esta se abrió, permitiendo que se filtrara mucha luz por el ella y haciendo que mi retina reaccionara de la peor manera, cegándome por unos minutos. Al cabo de un tiempo corto, mi pupila se fue adaptando a la cantidad de luz y pode observar una habitación sumamente espaciosa a la cual había ingresado la vegetación por un enorme tragaluz en el techo de la misma. Era un espectáculo hermoso la combinación de vegetación y piedra antigua, estaba deleitado y maravillado con aquella habitación.

De pronto sentí un empujón que me llevó a caer de rodillas hacia el piso, aterrizando en una piedra cubierta de arena bañada por la luz. Exhalé un grito de dolor al sentir una punzada en el brazo, como si me hubieran cortado con un cuchillo, mientras sentía cómo corrían gotas de líquido carmesí del área afectada hacia el suelo.

¡Prepárate para morir, mortal! –Dije mientras me levantaba en una ira intensa, mirando para todos lados, mientras escuchaba un incesante aleteo.


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Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Sáb Nov 26, 2016 10:56 pm

Mis ojos vibraban hacia todos los puntos cardinales casi dando la impresión de que se saldrían de sus cuencas. Mi respiración se agitaba exponencialmente y mis latidos fácilmente se confundirían con algún corredor o algún abusivo de polvo alquímico alucinógeno.

Por más que hiciera hincapié con mi desarrollada vista de elfo no podía siquiera ver de reojo a mi atacante, se movía con una velocidad extremadamente rápida que sólo llegaba a captar el celaje de su sombra. El aura que despedía era un intenso calor y el viento que despedía olía a cenizas.

De pronto, sentí otro golpe fuerte, esta vez en mi espalda y caí de nuevo al suelo, esta vez de bruces. Me habían golpeado dos veces y no me había podido defender, la impotencia llenaba todo mi ser. Me levanté rápidamente corrí hacia una de las esquinas y cubrí mi espalda contra ella, si iba a caer de nuevo, por la espalda no sería.

Muéstrate, cobarde. ¡Muéstrate! –Dije alterado.

La adrenalina de estar a la expectativa de recibir un nuevo golpe, quizás mortal, me carcomía toda mi esencia. El tragaluz que estaba central en el techo de la habitación, a menudo se eclipsaba, quedando en penumbra por unos segundos. Lo que fuese que hubiese allí dentro estaba muy bien entrenado y además era súper ágil.

Giré mi vista unos segundos para observar mi brazo que aún podía sentir cómo manaba la sangre y caía a través de mi piel hacia el suelo, recorriendo un buen trecho entre la localización de la herida y la punta de los dedos de mi mano.

¡Ahg! –Solté – Al menos no es tan profunda como hubiera poder sido –Pensé

La herida era un simple rasguño medianamente profundo que se extendía horizontalmente al brazo, algo que sin duda el médico de la corte podría sanar sin necesidad de usar magia y estaba completamente seguro que no dejaría marca. Sin embargo, no por ello dejaba de ser una preocupación y un dolor atroz.

De pronto, mi mente dejó de divagar como siempre y se ajustó a la realidad, allí fuera había un oponente que ya me había herido y muy probablemente lo repetiría, sin embargo no podía responder debido a que aún no tenía una visión clara de aquello que me había atacado. Sin embargo no podía dejar de defenderme, así que llevé mi mano a mi cinturón donde sin falta estaría felo’melorn. Tomé la espada de su preciada empuñadura y la saqué de su vaina cubierta por los ropajes, de inmediato adopté una posición defensiva con la espalda a la pared, sabiendo que no podría hacer nada contra un guerrero o algo parecido que atacara a distancia corta, pero al menos infundía la duda.

De pronto en toda la habitación se escuchó el aleteo tan característico que había escuchado antes y de pronto descendió con magnífica eficiencia un águila de considerable tamaño y aterrizó en el suelo. El ave tenía la vista clavada en la espada y avanzaba poco a poco hacia mí, aunque la tenía frente a mis ojos, no podía creer que en ese lugar, subterráneo estuviera tan magnífico ser. Espera… ¿Magnífico ser? ¿Tal vez sería ese pajarraco al que Anasteriam se refería en sus diarios?

Muéstrate cobarde –Grité una vez más- No mandes a tu mascota a hacer tu trabajo.

Spoiler:

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Claramente no podía ser el ave la que me fuera atacado, jamás podría un ave tumbar a una persona y más de mi tamaño. ¿O quizás sí?. De igual manera mis ojos no paraban incesantes de buscar por todos los sitios un poco oscuros o lejanos de la habitación, alguien debía estar allí. El ave se acercaba cada vez más a mi posición y en ese momento lamenté no tener a mi fiel bastón que sin duda, colocaría una distancia prudencial la gallina voladora y yo. Aunque ahora que recordaba quizás estaba pidiendo mucho, la verdad no recordaba haber tomado a felo’melorn de mi habitación, quizás mi mente ya me estaba fallando.

¡Fuera! ¡Aléjate! –Grité agitando la espada para intentar ahuyentarla- No quiero hacerte daño, ¡Fuera!


El ave, al ver que dirigía mi espada hacia ella, debió interpretarlo como una amenaza y lanzó un chillido inquietantemente agudo que llegó directamente a mis oídos y me hizo perder la concentración por un momento e intentar tapar mis oídos con mis manos. De pronto vi como el águila alzó vuelo inesperadamente veloz y arremetió contra mi pecho, estrellando sus garras contra mi pecho, más exactamente contra la coraza de cuero duro que amortiguó el zarpazo.

El impulso igual me estrelló contra la pared, haciendo que soltara a felo’melorn y golpeara fuertemente contra la piedra y cayera, una vez más de rodillas al suelo.  El golpe me parecía similar, era el pajarraco que me había atacado antes. De nuevo me levanté ágilmente, ya me parecía rutina diaria lo de caer, tomé a felo’melorn eh intenté localizar al ave de nuevo, estaba revoloteando cerca del traga luz.

De pronto se lanzó en picada directo hacia mi posición, pero esta vez tenía un plan. El ave tenía su vista fijada en mí y se dirigía rauda y veloz. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, pegué un salto saliendo de su frente y caí sobre el piso nuevamente, pero esta vez a voluntad. El águila intentó frenar su vuelo, sin embargo, cuando estaba intentando cambiar de dirección, se encontró con el filo de mi espada. Me había levantado y empuñado ofensivamente a felo’melorn. Como el aire era su elemento, pudo girar evitando el filo de mi espada, pero no pudo evitar el muro de piedra que estaba en la dirección que viró. Golpeó bruscamente la piedra y cayó al suelo.

¡Aaa…! Ves lo que se siente, maldito animal. – Dije caminando lentamente hacia él.

El águila sacudió su cabeza rápidamente y pegó un chillido que se debió escuchar en todo el palacio. Al escuchar semejante pitido, decidí cambiar mi dirección y salir corriendo contrario a mi rumbo hacía unos segundos.

¡Pero no te molestes, tú lo buscaste! –Grité corriendo alejándome del ave y buscando una pared.

Llegué a una esquina y sin perder el tiempo, empuñé a felo’melorn para defenderme de un muy probable ataque. El ave alzó vuelo rápidamente y comenzó a cargar en dirección hacia mí, estaba preparado para hacer de nuevo mi “movida”, sin embargo, justo cuando iba a saltar, me tomó por sorpresa que el anillo de la familia en mi mano brilló con una intensidad tal que parecía que tuviera una antorcha en la mano. El brillo me desconcentró y no pude saltar, pero el ave tal vez se cegó, debido a que intentó cambiar de dirección y no pudo, estrellándose de costado contra mí y cayendo los dos.

Me reincorporé y esta vez la espada había quedado bastante lejos de mí, pareciera que se hubiera deslizado al caer y cuando volteé a ver el ave, ya estaba con el vuelo alzado y cargando hacia mí. En fracciones de segundo no podría hacer nada, sólo me cubrí la cabeza con mis manos esperando el impacto.

Pasaron unos segundos y el impacto nuca llegó, al contrario, el ave se encontraba a un metro de mí, suspendida volando y observando mi anillo que estaba brillando. El ave aterrizó y se acercó a mi mano, golpeando suavemente con su pico la piedra del anillo. Intenté poco a poco tocar el cuerpo del ave, sin embargo cuando ésta se dio cuenta alzó vuelo y se perdió por la puerta por donde yo había entrado.

De inmediato tomé a Felo’melorn y corrí atrás del ave en su búsqueda, hasta que pude visualizar su aleteo en lo lejos del pasillo. Estaba Volando en dirección de donde yo había venido. Comencé a correr atrás del él sintiendo el viento que iba despidiendo de sus alas bastante caluroso.

¡Aguarda! ¡Agua….! ¡Agurda! –Grité fallidamente en un intento porque el ave se detuviera.

Llegué a la recamara del pedestal y así como llegué, pasé de largo siguiendo el rastro caliente del ave. Subí por las escaleras de la biblioteca y me encontré la escotilla abierta, por el ave. Romath me vio con cara extrañado al verme salir del suelo persiguiendo un extraño pájaro.

El ave recorrió toda la biblioteca y salió por uno de los ventanales de la misma. Mientras todos corrían a verme que estaba fatigado y cansado, también tenía el brazo ensangrentado y una cara de poco amigos.

¡Príncipe! ¿Qué ocurrió? –Preguntó Romath sobre exaltado.

Mucho Romm, mucho… -Dije jadeando y respirando rápidamente.

¿Qué pasó? –Preguntó a los gritos Lor’Themar que entraba por la puerta principal de la biblioteca al escuchar el alboroto, seguido por Halduron.

Halduron… -Hice una pausa para respirar- Ordenale a tus hombres que bajen por esa escotilla –Señalé la puerta- y se aseguren que allá bajo sea seguro.

Sí, Kael. –Dijo haciéndole señas a algunos hombres que entraron con él a la biblioteca.

Vamos donde el médico Kael –Dijo Romath- Ayúdame Lor’themar.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Ése mismo día, en la noche ya me encontraba en mi habitación, con apósito en el brazo para curar mi herida. El médico del palacio había dicho que no dejaría cicatriz si se dejaba descansar apropiadamente el brazo. Sin embargo miles de preguntas me rondaban la mente.

¿Qué era esa ave? ¿Cómo había sobrevivido tanto tiempo dentro de aquella mazmorra? ¿Cómo es que nadie jamás lo había visto? ¿Por qué el pasillo estaba sellado con una pared falsa? ¿Habría desatado un mal al liberar esa ave? ¿Por qué no me habrá atacado? ¿A dónde habrá ido? ¿Por qué el anillo habrá brillado de repente?

Muchas preguntas rondaban mi cabeza y estaba seguro que mezclado con los sueños que estaba padeciendo no podría descansar como era debido. Pero eso lo descubriría muy pronto. Estaba muy cansado y los ojos se me cerraban solos, los magullones que me había hecho contra el suelo pasaban factura y poco a poco caí en un profundo sueño.


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Mensaje por Kael'Thas Sunstrider el Miér Nov 30, 2016 9:38 pm

La luz de astro rey se filtraba una vez más por los amplios ventanales de mi habitación, dándome de lleno en la cara y logrando hacerme despertar de mi sueño reparador. Notaba un cambio en la manera de despertar, no sentía el cansancio que malamente ya me estaba acostumbrando a llevar, no había tenido ningún sueño extraño y sentía todas mis energías renovadas.

Un pequeño golpeteo me sacó de mis pensamientos y me colocó alerta, giré mi cabeza unos grados y pude observar una figura extraña detrás del vitral de cristal que adornaba las ventanas de mi habitación. De inmediato me levanté de la cama y noté que mis fuerzas habían cambiado… Quizás era una percepción psicológica causada por el agotamiento anterior, pero sentía como si ya no me costara energía hacer cualquier movimiento.

Me coloqué mis ropajes característicos y tomé  a Felo’melorn, esa figura me parecía conocida. Lentamente me acerqué a la ventana asegurándome de que lo que fuera que estuviera detrás de ella no se percatara que me  estaba acercando. Tomé el pequeño pestillo que hacía la tranca del vitral y lo abrí silenciosamente. Apreté con fuerza la empuñadura de mi espada, asiéndola y preparado para lanzar una estocada a lo que interrumpía la paz de mi habitación.

Abrí rápidamente la ventana y seguido sentí como un empujón directo en el pecho me lanzaba hacia atrás y me tumbaba al suelo. Mis ojos se abrieron luego de cerrarlos esperando el impacto contra el suelo y divisaron un plumaje rojo, un extraña águila que estaba encima de mi pecho mientras yacía boca arriba en el suelo. Noté que era el águila que el día anterior me había… Digamos simplemente que fue el águila del día anterior. Apresuré mi mano para tomar a Felo’melorn al lado de mí e intentar atravesarla con el filo de la hoja.

Cuando mi mano estuvo preparada para golpear al ave, noté como su actitud había cambiado… Ahora se notaba mucho más calma y no se le veían intenciones de herirme, al menos por ahora. Buscaba curiosamente entre mi toga como si estuviera escudriñando buscando algo.

Mmmmh… Esto es algo incómodo –Dije al pajarraco como si pudiera entenderme.

El ave tornó su vista directamente en la mía, como si pudiera ver a través de mis ojos, escudriñando en mi alma para revisar si durante mi vida había sido un hombre de bien. Acto seguido siguió buscando y caminando por todo mi estómago y mi pecho, el ave era algo pesada y ya me estaba empezando a colocar nervioso. Coloqué la espada sobre el suelo, a disposición para cualquier ataque a traición, e hice todo tipo de movimientos con los brazos intentando espantar o al menos quitar del medio el águila. Nada pasó.

Escucha amigo… Me pareces muy bonito y todo pero… No eres mi tipo, por favor vete –Dije mientras con mis manos intentaba bajarlo de arriba de mí.

A penas mis manos siquiera se acercaron a su cuerpo, el ave abrió sus enormes alas y comenzó a aletear hasta levantar vuelo y a comenzó a revolotear por toda la habitación, tumbando libros y demás enceres que estaban colocados encima de estantes y mesas. De pronto todo el revuelo culminó sobre la mesa de mi escritorio, el ave se detuvo a escudriñar entre la mesa hasta que descubrió algo que le llamó la atención, el diario de mi padre.

Oh eso no… Suelta, no juegues con eso –Dije levantándome y corriendo hacia la mesa.

Cuando lo iba a espantar, noté que el ave en vez de romper o siquiera picotear el libro, lo observaba fijamente sin moverse. Me acerqué poco a poco para ver que pareciera que le presentara respetos al tomo lleno de secretos, como si el algún momento fuera sabido de quién era.

De mi mano brotó una intensa luz proveniente del anillo en mi dedo, que fue lo suficientemente luminiscente para distraer la atención del ave en el libro. El águila se quedó mirando al anillo que reposaba en mi mano y luego de unos segundos alzó vuelo rápidamente y salió por donde había entrado, perdiéndose en la inmensidad de los cielos.


------------------------------------------------------------------------------

Ese mismo días más tarde me encontraba almorzando con mis compañeros lugartenientes que se mostraban un poco intrigados por mi comportamiento los últimos días. Les conté exclusivamente a ellos lo que me sucedía, mi búsqueda y mis resultados; pues les tenía completa confianza y además quizás me podrían ayudar.

Lo que te sucede es lamentable Kael –Dijo Romm

Y ésta águila que dices… ¿Dónde ha ido? –Preguntó Lor’Themar.

No lo sé. Desde esta mañana no lo veo. Sin embargo me pone nervioso que siempre esté vigilándome. ¿Cómo supo donde dormía?
Lo importante es que estés a salvo y ya los extraños sueños que tenías ya no están.
No debo cantar victoria… Sólo fue una noche.

De pronto, se escuchó un revoloteo por todo el amplio comedor y se hizo notorio el sonido de un ave rapaz descendiendo por su presa. Apareció entonces el colorido ave cayendo en picada directo a mí, nadie tuvo tiempo de reaccionar, pues todo sucedió muy rápido. Me encorvé y tapé mi cabeza con mis manos esperando el impacto. Escuché un estruendo y luego nuevamente el aleteo y como fácil vino, fácil se fue. El plato donde estaba comiendo estaba vacío, el ave se había llevado mi comida.

¿Lo vieron?

Diablos… Yo pensaba que la locura ya te comenzaba a consumir, Kael –Reveló Halduron- Pero veo que es cierto.

Debes sentirte especial. Quizás eres el único ser sobre esta tierra que lo acosa un pajarraco –Dijo Romath entre risas

Creo que es momento de firmar actas de destierro –Dije relajándome

Otra vez con eso…

La tarde transcurrió sin más percances. Me senté a reflexionar la mayor parte del tiempo, en el patio central del jardín del palacio, donde la sombra de los árboles daba una cobertura natural del calor y el verde del musgo y la hierba hacían perfecta combinación con los prados y ramilletes de arbustos plantados. El lugar parecía un templo sagrado donde los magos iban a recitar loa prendido y buscaban la mayor concentración posible.

Sin más, la tarde dio paso a la noche, fría, húmeda y lluviosa donde los canales del palacio se inundaban y había que vaciarlos manualmente para que no rebosara de agua. El chaparrón torrencial que estaba cayendo era tal que Halduron había ordenado a los Forestales a retirarse de los puestos de vigilancia sobre los árboles por su seguridad. Prácticamente se podría decir que el cielo se estaba cayendo.

Más tarde, esa misma noche, mientras dormía, sentí un golpeteo diferente al de las gotas cayendo sobre el cristal. Me pareció familiar así que decidí levantarme y ver que pasaba. Debido a la oscuridad de la noche, no podía ver nada a través del vitral así que lo abrí sin vacilaciones. De pronto entró como un celaje el ya tedioso ave, con la mayoría de su cuerpo estilando agua. De inmediato pude observar en su rostro una leve expresión de recelo, sin embargo extendí una manta en el suelo dándole su espacio para que se secara. El ave avanzó poco a poco hasta quedar encima de ella, sin embargo estaba un poco confuso sobre cómo utilizarla.

Arriesgándome a que me quedara sin un dedo al menos, procedí a levantar la manta con suavidad para arropar al ave con la mayor delicadeza posible, preparado para salir corriendo en busca de Felor’melorn. Sin embargo, quizás por la situación, el ave se quedó inmóvil mientras pasaba la manta de tela secando sus suaves y hermosas plumas.

Luego de que estuviera medianamente seco, noté como buscaba quedar cerca de la antorcha que estaba encendida iluminando la habitación. Me compadecí de él y concentré esencia en la palma de mi mano para crear una bola de fuego en la palma de mi mano. Tomé una de las antorchas provisionales que colgaban de las paredes y la encendí con el fuego que había creado. Coloqué la antorcha cerca de una esquina libre de cualquier material inflamable y la apoyé sobre un soporte móvil que había dentro de la habitación. A continuación le hice señas en todo tipo de movimientos al águila para que bajara al fuego.

Genial… Ahora soy padre de un pajarraco… -Dije irónicamente- Debería matarlo ahora que puedo, fue el autor de que mi brazo esté temporalmente herido. –Volteé para ver el águila que ya se acomodaba cerca del fuego en la esquina, se veía muy tierno- Está bien… No lo haré… Por ahora. Dejaré la ventana abierta para que salgas cuando te apetezca –Le dije con casi completa certeza de que no me entendería.

Estas cometiendo una locura, Kael… Dormir con un águila salvaje en tu cuarto. Oh sí… - Me quedé en silencio un buen tiempo, reflexionando sobre todo un poco – Ahora que lo pienso… Siempre hubieron historias, relatos y leyendas de que abajo del castillo habitaban animales poderosos… ¿Habré encontrado uno? –Me pregunté a mi mismo mientras volteaba una vez más a ver el águila que ya estaba echada y cómodamente acurrucada con la manta que hasta ahora me había dado cuenta que se había llevado consigo – Tal vez sea tiempo de adoptar un águila.

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A la mañana siguiente me sentía excelente, nuevamente había podido descansar como hacía semanas atrás y sentía todas mis fuerzas recuperadas. Me levanté de la cama, con la mañana húmeda; aún caían algunas gotas y llovizna muy tenue sobre le palacio, pero el sol ya comenzaba a salir por entre las colinas.

Miré en la esquina donde debía estar el águila  que la noche anterior había cobijado, pero estaba vacío. La antorcha que había colocado se había quedado sin combustible y se había extinguido, la manta estaba revuelta y vacía también.

Imagino que acabó –Suspiré- Al menos la liberé de aquella lúgubre habita... –Me interrumpí al ver al pajarraco sentado sobre el marco del vitral de la ventana, observando el amanecer del sol. Sobre el escritorio todo estaba diferente, la mesa estaba revuelta y el diario de mi padre estaba abierto, un pequeño orificio por el cual cabría un pico estaba abierto en la portada y el tomo mostraba una página bastante interesante.

Quincuagésima Sexta Entrada – Eventos.

Mis viajes a los confines del castillo al parecer dieron resultados. Creo que encontré lo que no sabía que estaba buscando. Los sueños extraños desaparecieron y puedo descansar al fin, mi mente se siente aliviada de no estar agobiada por aquellas pesadillas. No sé cómo. No sé dónde. No sé por qué, pero el viaje me ha librado de esto.

Hace unos días tenía la impresión de que un ave me seguía, me tenía acosado. Tenía Razón. Según eh descubierto, podría haberme seguido de aquella habitación tan extraña que conseguí doblando equivocadamente en los pasillos. Quizás esté haciendo lo incorrecto, pero no tengo tiempo para ocuparme de un animal como lo hizo mi padre. (Intuyo que es de él) Planeo encerrarlo en su habitación, abriré un tragaluz en ella para que pueda respirar y salir a cazar o a berber agua o a voalr cuando quiera. No soy un monstruo, sólo un hombre ocupado. Kael’Thas está creciendo y no quiero apartarme de su infancia. Creo que descubrí su nombre, Responde al la frase “Al’ar”.

¿Al’ar? –Dije observando el diario.

El pajarraco se volteó hacia mí y saltó de la ventana a la mesa del escritorio. Emitió un poderoso chillido que casi me rompe los tímpanos y acto seguido se procedió a recostar contra mi cintura, como si de un gato se tratase.

Ummh… Creo que tengo un águila ahora… - Pasé una mano del diario al ave, tocando suavemente su cabeza.
La reacción del pajarraco fue alzar vuelo repentinamente y perderse en el cielo. No volví a ver el ave de nuevo en mucho tiempo, hasta que una mañana recorriendo las caminerías del palacio lo vi que me estaba observando desde la rama muy alta de un árbol, luego eso no lo volví a ver.

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Una semana después, estaba parado frente al castillo central, una soleada mañana nos recibía y esperábamos ansiosos ese día. Todos se habían reunido, dejado de hacer lo que estaban haciendo y se habían aglomerado en las puertas del palacio.
De pronto un agudo chillido nos alcanzó a todos desde los aires, ahí estaba… El águila revoloteaba muy alto sobre nuestras cabezas, sin embargo, eso no cambiaría los planes que teníamos pautados para ese día.

Las puertas frontales entonces se levantaron y las campanas del palacio sonaron sin cesar hasta que apareció la figura a caballo que todos estábamos esperando.

¡Saludos príncipe, me alegra verlo al fin! –Dijo Aethas mientras se aproximaba a nosotros.

¡Aethas! Los dioses se alegran de tu visita ¿Cómo sigues?

De pronto se escuchó un aleteo mucho más cerca y sonido de un ave cayendo en picada inundó a los presentes. Sentí un empujón que ya me estaba acostumbrando y esta vez no me caí. Sin embargo luego de esto sentía un peso bastante considerable en mi hombro derecho, volteé a ver que tenía encima y pude divisar por primera vez de cerca el águila que estaba montada encima de la hombrera de mi hombro derecho. Todos los presentes se asombraron, mientras que Halduron y Lor’Themar ya comenzaban a desenfundar sus armas.

Tranquilos todos. Es… Un amigo… Un amigo complicado, todos pueden relajarse –Dije a los presentes.
Coloqué mi mano izquierda sobre el hombro de Aethas y lo dirigí al palacio, charlando sobre muchas cosas con él mientras todos se quedaban atónitos (Incluso yo) con la naturalidad con la que el ave viajaba sobre mi hombro, sin embargo ya me había hecho a la idea de que tenía un amigo alado.

Todos vuelvan a sus actividades normales. Volvemos a la normalidad, con nuestras vidas diarias y demás. Muchas gracias por venir a recibir a nuestro amigo. –Dije al notar que todos se dispersaban.

¿Y esa águila príncipe? Jamás la había visto –Preguntó incrédulo- ¿Es suya?

Ahora lo es.

OFF:
Fin de la Partida

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