Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]
por Varen Tethras Hoy a las 10:30 pm

» Sistema de corrección de partidas por pares
por Strindgaard Hoy a las 9:55 pm

» Kenzo Sagreth
por Kenzo Hoy a las 3:17 pm

» Historias de un Enano [Cronología de Varen]
por Varen Tethras Ayer a las 8:32 pm

» Aule vs Niobe
por Casandra Von Schuyler Ayer a las 5:44 pm

» Sangre, Perfume y Sueños Alados [Priv. Celeste]
por Celeste Shaw Ayer a las 5:43 pm

» Gold "Tricky" Treath | En construcción
por Gold Treath Ayer a las 5:12 pm

» Reglas de Noreth
por Gold Treath Ayer a las 4:56 pm

» Plomo y Tinta [Libre]
por Tanets Iskusstvo Ayer a las 3:54 pm

» Buenas!
por Atlas y Axis Ayer a las 11:23 am




Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


¡Demonios! Que guarros son estos demonios [Solitario]

Ir abajo

¡Demonios! Que guarros son estos demonios [Solitario]

Mensaje por Margaret Orgaafia el Sáb Abr 09, 2016 11:13 am

La ciudad Esmeralda podía ser el culmen de la humanidad, del estilo y la brillantez. Podía ser un paraíso terrenal, sin pobreza ni maldad, un lugar donde la mente y el espíritu encontraban un dulce descanso de las penalidades del mundo. Ciertamente, así lo veían las otras ciudades, más desventajadas y envidiosas del lustro y belleza de la verdusca villa.

Miles de voces cantaban las alabanzas a la hermosa ciudad, la de Margarett no era una de ella. Ella era una de las que limpiaba los baños, el suelo, las paredes exteriores y las habitaciones. Ella sabía con bastante rigurosidad la cantidad de cepillados que necesitaba la esmeralda -¿Quien construye algo de un material tan poco sólido y funcional como la esmeralda,? Si, queda bonita, pero uno acaba reemplazando las murallas cada tres años, solo por lo que se roba- y el como los señores de la ciudad sentía un horror devastador a ver una fregona.

Y, ahí estaba el segundo punto que fastidiaba a Margaret de la ciudad. La nobleza. Gracias a la propia riqueza de la ciudad, se había extendido como un plaga lacerosa, de manera relevante y vistosa. Todos llevaban ropas sumamente extrañas, distorsionando la forma de su cuerpo de manera que los hacía parecer más gordos, delgados o altos, y de colores vistosos. Aunque lo peor de todo es que todo el mundo quería que lo nombrasen por su título. "No, yo soy lord Vermund, duque de la calle del Pipichorreante" "Pues yo soy Lady Marisa, duquesa de los barrios altos de TocatelaNariz". Lo único bueno era que los nombres de algunas calles mostraban la edad de su gobernanta cuando los nombro.

Bueno, continuando con esta miserable y triste historia de una sirvienta, atractiva y entrada en años, pero aun activa en el departamento de mover caderas, Margaret se movía con gran velocidad y potencia su escoba, ganando terreno en la cocina contra un no muerto. La criatura había entrado de improvisto en la cocina, solo piel y huesos, aterrorizado a las cocineras e intentando, durante varios minutos, comerse la olla del cocido – cuyo contenido cayo de su papada como si fuese una regadera, atravesando suciamente la piel-. Un zombie era una vista bastante extraña en la Ciudad Esmeralda, que se encontraba tan lejana de las hordas demoníacas y espectros como era posible, y era el motivo por el que Margaret no se había ido.

La mansión de los Mafollaet era pequeña, en lo que se esperaba de la mansiones y palacete de la ilustre ciudad, pues la familia había entrado, relativamente tarde, en los negocios de la ciudad y en la ciudad misma. Era una familia noble originaria de otro país, con castillo, tierras y sirvientes a los que explotar en su hogar natal, pero que habían decidido mudarse por que la esposa del padre era originaria de la ciudad. La familia consistía en cuatro personas; la pareja en sí y sus dos hijos.

La señora de la casa se llamaba Madame -Sí, ese es su nombre- Mafollaet y era tercera hija de una familia menor de la ciudad, por lo que luchaba con fervor por los títulos de "duquesa de Melarempamplifa" y "Señora gobernanta de las calles que van a la tintorería". Su marido era Enrico Mafollaet y era extranjero. Había llegado a la ciudad por insistencia de su esposa y un enamoramiento épico, instalando un negocio basado en la importación y exportación de productos de manera más baratas, porque no tenía que pagar los aranceles que daban a sus tierras al borde de la ciudad. Era un hombre sencillo y agradable, que casi resultaba en tonto, al enfrentarse a la vida, supuestamente, civilizada y elitista de la ciudad.  Después de esto estaba la progenie, un niño y una niña. El niño ya tenía 15 años, pero no hay otra manera de denominarlo que no sea niño. Estaba enloquecido por entrar en la guardia de la ciudad, un refugio para aquellos nobles con tendencias bastante violentas y que disfrutaban ver sangre o el infierno de otros que no podían ejercer otra profesión, y era un mujeriego empedernido. Por su culpa, Margaret había tenido que enseñar a varias chicas del servicio trucos para evitar acabar en cintas; entre los cuales se encontraban los de "No vuelvas a entrar en el cuarto del rubiales cuando esta ahí" o "Si te insiste, dile que tienes el rojo". Ciertamente era un chico desagradable. La última era la niña, una hermosura de 10 años, todavía inocente...

- ¡Maldita zorra! ¡Devoraré tus sesos mientras me follo tu cráneo! - Grito una voz en el segundo piso, rugiendo, con una afonía demasiado grave para ser humana, pero que tenía los bordes agudos. Como si fuese la voz de un adolescente, pero a la inversa.

Mientras del segundo piso, cierta persona gritaba y profería insultos como si fuese una carretero con su mula, Margaret golpeaba con fuerza la debilitada cabeza del engendro, tirándola al suelo. El cuerpo se deshizo en polvo, pero la cabeza se mantuvo dandole mordiscos a los restos del suelo. La bruja le cogio del pelo y, sin remilgos, le metió entre las mandibulas una cacuela pequeña, manteniendose por la fuerza del mordisco de la criatura y su negativa de soltar su presa.

-¡Chicas! ¡Ya esta! -grito al resto de asistentas, refugiadas en la habitación de al lado. Estas salieron, temblando y aterrorizadas. En los pocos meses que estas apariciones y monstruos se habían alzado en la casa, las sirvientas habían perdido peso, sueño y ganas. Estaban casí en el mismo estado que los monstruos, ojerosas y delgadas a extremos.

De repente, un grito se alzo, agudo y chirriante, y una chica se desmayó. Había visto la cabeza del zombie. Era era Rose, la chica nueva, con una predisposición a desmayarse sobre sofás y sillas de manera teatral.

- A seguir cocinando...-dice Margaret,mientras removía un poco la cacuela y le daba un sorbo- Y, las que no cocinen, limpiad a nuestro amigo... no podemos permitir que el lugar de reposo eterno de alguien sea nuestra cocina...

El cuerpo de sirvientas se puso a trabajar, mientras Margaret salía del lugar. Llevaba meses en ese sitio, defendiendo al cuerpo de asistentas y a la familia de las monstruosidades que iban apareciendo. Al principio le había resultado divertido, un zombie en el salón, un fantasma en el ático, un mirón en el cuarto de asistentas...pero con el tiempo había acabado por cansarla. No había sacerdotes en la ciudad, por que "Era una ciudad pura y protegida por la pureza de su gobernanta", y  traer a alguien para hacer un exorcismo habría resultado en la vergüenza para la familia.

Con dificultad subió los enormes escalones de mármol, altos para que los nobles pudiesen exhibir sus movimientos de piernas con elegancia y mostrar la tela de sus faldas y pantalones. Todo en la casa estaba diseñado para ser bello de manera estética, pero nadie había pensado en lo conveniente. Finalmente, llego al cuarto de la niña. La madre estaba fuera con el rostro blanco y expresión de estar a punto de desmayarse. A Margaret no le daba pena. Con un vistazo se podía ver que su hija no le importaba demasiado. Una madre preocupada no llevaba un vestido de seda violeta con joyas a juego a cuidar a su hija y, aun menos, se quedaba fuera de la habitación ante algo terrorífico en el cuarto de su hija. Con un gruñido, aparto a la mujer, que la miro con ojos escandalizados y entro en el cuarto.

-Pufff..que desorden...- Las paredes estaban manchadas por algo que parecía sangre y los muebles, rosados en algún momento, estaban caídos y manchados por una sustancia negra. La ropa estaba desgarrada y la cama en el mismo estado que el resto de la casa.- Jovencita, si no lo ordena pronto aquí va a ocurrir un desastre..

-¡Zorra! ¡Me la chuparas en el infierno! -dice la niña, con esa voz distorsionada, mientras se intenta deshacer de los agarres que la mantenían atada a la cama. La única medida de seguridad que defendía a la gente de la casa contra ella.

- Nunca me han hecho una propuesta indecente tan obvia, pero lo dejare pasar...-responde con una ceja levantada, mientras la mira- Además, revuelto en tu propio pis resultas muy poco atractivo...

El demonio se empezó a carcajear, moviendo su cuerpo contra la cama, entretenido. Los ojos rojos y llenos de ira de la niña se fijaron en la asistenta, quien le devolvió la mirada, impertérrita.

- Hablas de manera atrevida ante un señor del foso...-Su sonrisa era una distorsión extraña y repulsiva, rompiendo los límites de la cara de la niña.- Pero es la distancia la que te da valor...si te acercases...

Margarett nunca había sido una mujer propensa a aceptar desafíos, pero esta vez lo hizo. Tres pasos la separaban de la criatura, tres pasos que dio sin miedo. Acercó su cara a la del monstruo y sin miedo y con una valentía que solo caracterizaba a los grandes hombres, habló.

-Hueles a meados de cabra...

Lo siguiente pasó muy rápido, lanzándose contra su cuello, con las fauces abiertas, se lanzó la niña. Cuando noto algo entre sus fauces, lo cerró, con un profundo deseo por la sangre. Sin embargo, ante sus ojos solo se encontró con los ojos sin vidas de un zombie. Sus dientes se aferraban a la misma cazuela que el otro, como si se hubiese comido un espagueti y sus labios se hubieran encontrado. Su miradas se quedaron prendados del otro, hasta que el demonio lo soltó.

-¡Puta! -gritó mirando a Margaret, mientras ella se marchaba.

-Mira, un poco...-responde, encogiéndose de hombros y con una media sonrisa.- Pero te lo advierto...- Los ojos de la sirvienta se volvieron duros y fríos, mirando ahora al demonio como si fuese una presa, no una niña o un peligro.- Si esto continua...no te la verás con el señor y la señora...si no conmigo...-Dice, enfriando con su tono de voz los ánimos de la criatura.- Y yo soy de la antigua escuela con los niños...zapatilla y regla.
avatar
Margaret Orgaafia

Mensajes : 68
Link a Ficha y Cronología : Margaret

Nivel : 2
Experiencia : 650 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.