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Un jugoso Botín en Rasg Port

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Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Jue Abr 14, 2016 2:36 pm

Rasg Port



Este puerto singular tiene una historia curiosa, al principio fue levantado por pescadores, y algún que otro comerciante intrépido que hizo tratos preferenciales con los mismos y antiguos reyes de un reino cercano.

El puerto, pronto progreso, sus filas de callejuelas crecieron, así también creció el puerto teniendo un par de extensiones más a cada lado de la playa rocosa de la que gozaba el pueblo. Y hasta construyeron algún que otro muelle clandestino a varios cientos de metros del poblado. Pero el comercio era bueno, tanto legal como ilegalmente, la lejanía del poblado del reino en sí y a la vez la localización estratégica, llevo a la necesidad de desarrollo, más trabajadores, mas materiales, el poblado crecía más y más. El dinero venía del comercio, de aventureros extranjeros en busca de trabajos, y de las arcas del reino que mantenía la ciudad.

Hablemos del pequeño reino, un reino que lucha por permanecer en el poder. Después de un par de guerras civiles, y una guerra contra un país vecino que quería quitarle parte de su tierra. La situación actual del reino es decadente, se sostiene por alguna razón inescrutable, y el comercio, adopto otras formas más imaginativas para aguantar y progresar.
Corrupción era difícil de controlar, el mercado negro afloro como las moscas en agua estancada y las fuerzas reales se concentraron en puntos estratégicos del reino para controlarlo. El esclavismo estaba mal visto, pero estaba permitido, pues fuerzas mayores y clandestinas abogaban por ello. Asesinatos por encargo, robos, cualquier cosa podía conseguirse, si se tenía el poder necesario.

Este reino, es uno de los 4 que se pelean en una isla entre Geanostrum y los archipiélagos de Thalis Nertheliam. No es tan conocida, como esta, ni tampoco tan conocida como Taimoshi Ki Nao. Pero tampoco era del todo desconocida.

En definitiva Rasg Port, no era de esos puntos estratégicos, al menos no por el momento. Con poco presupuesto para la defensa, el pequeño puerto entro en una era algo salvaje, la ley existía, pero no era temida. Asesinatos y robos ocurrían cada noche, pero el poblado ya tenía demasiadas raíces echadas como para que la buena gente la abandonara, y la mayoría de los asesinatos ocurrían no involucraban a estas personas, que sabían cómo permanecer al margen. El puerto al final de tanto desarrollo, acabo siendo relativamente grande, tenía su propia cultura, sus propias costumbres, teniendo mercados, templos, y hasta un calabozo bastante amplio y una horca para intentar impartir justicia.  Era sabido que hacía falta mejorar esta situación, pero lamentablemente para el poblado, la corrupción estaba tan arraigada que eso era visiblemente imposible.

En este poblado portuario, este proyecto de ciudad floreciente que quedo en despojo, el dinero fluía pero nunca se quedaba. Pero las cosas cambiaron en el reino, querían intentar reformar, devolver el orden y limpiar un poco la ciudad.  Pero no era nada fácil, muchos rumores hablaban de que una gran cantidad de dinero estaba a punto de entrar. Un tesoro bastante jugoso, un botín imponente, algo que muchos no hubieran querido que se supiera, pero que era muy difícil de controlar, pues los rumores y los secretos eran otra fuente de comercio importante que podía obtenerse en este lugar.


////

La tarde avanzaba, a pesar de que el sol había dejado su presencia durante todo el día, a medida que se acercaba el horizonte, el viento constante traía el olor a salitre al pueblo, acompañado de una brisa refrescante, incluso algo fría.

El poblado estaba como siempre, lleno de gente en las calles, el pescado se vendía, gritos en los mercados, mal olor en las calles, y la famosa taberna llamada “Kitty’s Kid” también estaba llenándose.  Era una taberna de tamaño considerable, unas 8 mesas dentro, y una barra grande y vieja de madera. Un tabernero muy ocupado, que de vez en cuando necesita de un ayudante pero que ese día trabajaba solo. La noche se acercaba, pero la taberna se llenaba, ya más de la mitad de las mesas estaban ocupadas, la barra también tenía gente, el murmullo se levantaba. Y el tabernero servía jarras de cerveza al tiempo que descorchaba nuevas botellas de ron.

Por alguna razón, esta taberna era la ideal para enterarse de las cosas, todos pasaban por ahí en algún momento, era un punto de reunión, famoso en los bajos fondos, debido a que el tabernero solía mirar a otro lado siempre, eso mantenía la clientela activa.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Medielvoulder el Vie Abr 15, 2016 5:23 am

«Rasg Port, ¡que sitio tan desafortunado! Si aquí hubo gloria alguna vez, la robaron hace mucho tiempo.»

El mestizo caminaba por su calle principal, abarrotada de personas que iban y venían como hormigas, agitados por el frenesí de los grandes puertos, como si sus barcos estuvieran a punto de subir sus anclas y desaparecer. Él en cambio, se movía con el movimiento seguro de quienes saben que el día recién comienza, porque aunque era tarde y el sol estaba próximo a sumergirse en el mar, pronto conseguiría todas las respuestas que buscaba.

Su deambular lo llevó por en medio de la plaza de la ciudad y tomó el camino hacia el puerto. Miró de lejos la horca plantada sobre una estructura de madera en medio del lugar, meciéndose al viento, queriendo recordar que la justicia existía. Pasó por entre pequeños puestos de pescado y verduras, tiró una moneda a las manos de una muchacha en una esquina y fijó su mirada hacia el mar que se veía a lo lejos, al final de la extensa calle. Su espada colgaba de su cinto y su capa ya algo raída por los costados se comenzaba a impregnar del aire salado, el humo y el salitre del ambiente. La cercanía del mar lo desazonaba, no podría decir que tenía un gran aprecio a esa extensa manta azul, pero sí un respeto; saber que podía nadar lo calmaba un poco.

Su ancho paso no le era indiferente a nadie ya que esta vez lucía su cornamenta sin importarle el murmurar de los necios, debía ser realista, amedrentar era más sencillo que verse enfrentado a un grupo de asaltantes, cosa que había de sobra en aquel lugar. A medida que se movía podía verlos parados en las entradas de los callejones.

Siempre caminando pendiente de su alrededor, sus orejas se movían captando todos los sonidos del ambiente: los mercaderes gritando desde sus puestos sus verduras pasadas, sus pescados que se comenzaban a pudrir, a las putas llamando desde sus balcones con voces sugerentes; los asaltos en los callejones, los gritos de los desgraciados, las peleas en plena avenida, y los pequeños pasos de los huérfanos correteando entre el gentío. Una mezcla extraña y decadente, una canción disonante y lúgubre, eso era Rasg Port.

Ya faltaba menos para su destino, pudo oír el rechinar de los desgastados ganchos antes de ver el cartel de madera reventada por la humedad: «Kitty's Kids. Aquí es.»
Cuando entró varias miradas hostiles se clavaron en él, ya estaba acostumbrado a ellas, era el saludo que siempre recibía, posó sus ojos sobre ellos, esperando a que alguno lo desafiara. La sala estaba a medio llenar, solo algunas mesas se encontraban vacías, pero él se encontraba solo así que torció por entre ellas hasta la ancha barra que ocupaba un cuarto del sitio. Barrió con la mirada los sitios vacíos y estratégicos, suficientemente centrados para poder oír en todas direcciones. Notó que no había músico, ni siquiera un pobre violinista de tres cuerdas o un caramillero.
Un ambiente cargado de humo y conversaciones, con una mezcla del olor de la calle que se colaba por la puerta y el de lo que fuera que se estuviera invocando en la cocina. Sus casi dos metros de altura hacían rozar sus cuernos con las gruesas vigas por las que correteaba una rata apenas audible para él.

Se sentó en un taburete chirriante, cerca de varias personas que bajaron la voz cuando él se sentó, se posó sobre una lustrosa y gastada barra producto de los incontables brazos apoyados en ella y la ayuda del trapo viejo que pendía del cinturón del tabernero, levantó la mano y el regente del sitio se acercó. No se molestó en pedir ron, conocía los malos puertos, había tenido la ocasión de pasearse por Las Tablas Viejas, un puerto antiguo que nutría Auberdine de mercancía, allá el ron era malo, en Rasg Port de seguro el alcohol estaba tan alterado que saldría con el hígado en la mano.
¿Tienes cerveza negra?
En un acto de magia el tabernero hizo aparecer una jarra de barro con cerveza espumante frente a él. El mestizo la miró con recelo y le dio un sorbo, era negra y tan espesa que casi la pudo masticar, y le hizo saltar una solitaria lágrima. El tabernero sonrió al ver su expresión, giró la vista para hacer que no vio nada y se fue a servir más jarras.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Abr 16, 2016 11:11 pm

En un bosque escondido en las entrañas de Maletta, el hombre del parche y sus subordinados conversaban sobre el próximo atraco. -Creí que habíamos terminado con los robos.- Dijo Vince, el carnicero, un tanto molesto. -Vamos, nacimos bandidos y moriremos bandidos, el dinero que entrara en la ciudad es más grande que nuestros sentidos morales.- Legato, ladrón por naturaleza, solo pensaba en el oro que podrían conseguir. -Piénsenlo, hay otra posibilidad de conseguir oro, y mantener nuestra moralidad.- El sentido común de Mary Ann siempre irrumpía en las conversaciones, después de todo ella era como una madre regañona para muchos en el grupo. -Bien, me voy mañana. Una vez allá pensare en la mejor solución para esto. Recuerden todo lo que se habló aquí hasta ahora, cuento con ustedes.-

Necross iría a Rasg port, pues los trabajos en el campamento no terminaban, y cada uno de los miembros de los alas negras tenía una tarea que completar, el tuerto era el único que estaba disponible. -Bien, una vez allá debes buscar a Mary, la prostituta de un ojo, con ella te podrás guiar en la ciudad, y quizás conseguir algo de información.-  Al tuerto le hizo gracia que la mujer en cuestión se llamara Mary, y que le faltara un ojo. El día termino sin problema alguno, y a la mañana siguiente el tuerto abandono el campamento de las alas negras, para partir rumbo al puerto escondido en el mar.

El hombre del parche tendría que viajar hasta Tirian-Le-Rain para abordar un barco. Una suma considerada de monedas tuvo que ser desembolsada de su bolsillo, pues uno de los tripulantes lo había reconocido, -Tu eres Necross, Necross… algo, te buscan en Shading.- El hombre del parche tuvo que comprar al tipo, pues pensó en matarlo, pero no había necesidad de aquello realmente. A los pocos días el tuerto llego a la dichosa Rasg port, y de inmediato, al poner un pie sobre las maderas del puerto, se dio cuenta que debía cuidar su saco de monedas más que otra cosa.

La pobreza era evidente, las peleas, los gritos, las mujeres vendiendo su cuerpo para sobrevivir el día. Signos claros de un pueblo en decadencia, lo único bueno que sacaba el tuerto de estar allí, era que sería difícil que alguien lo reconozca, pues los rumores de su recompensa aun no salían del todo de Valashia.  El hombre del parche de inmediato comenzó con la búsqueda de Mary, la prostituta de un ojo. Comenzó preguntándole a los vendedores, los cuales le dieron una apariencia aproximada. -Oh si, Mary, no sabía que su fama había cruzado el mar.- Una señora, quizás más vieja que el mismo tiempo, le comento  la apariencia de fémina en cuestión; le comento que tenía aproximados veinte y nueve años, el cabello rojo y ondulado, el cuerpo de una veinteañera… -Y las tetas más grandes de todo Rasg port.- La anciana comenzó a reír de buena gana, para finalmente intentar venderle algo de pescado al tuerto, el cual rechazo la oferta y siguió su camino.

Y así siguió el resto el resto del día, preguntando por toda la ciudad por el paradero de la aparentemente famosa Mary, siempre cuidando sus bolsillos de miradas ajenas, evitando el contacto visual con otras personas, pues sabía que en grupos, la gente se envalentonaba.  Después de varias horas de búsqueda el tuerto decidió descansar un poco los pies, por ello se propuso buscar una taberna donde remojar la garganta, y quizás obtener más información sobre Mary, o el oro que pronto llegaría. Pero al adentrarse en un callejón, un tanto oscuro por el sol que ya se ocultaba, una voz demandante le hablo al hombre del parche. -¡Oye tuerto! ¿Te debo dinero?- Necross comenzó a mirar a su alrededor, con la mano ya sobre el mango de su bastarda, pero no lograba ver de quien se trataba. -Ni siquiera sé quién eres.- Comento el tuerto, mientras su cabeza seguía buscando la fuente de la voz. -Yo tampoco sé quién eres, pero aun así, has estado todo el día buscando a la prostituta de un ojo. Así que dime, ¿te debo dinero?- Entendiendo la situación el tuerto añadió: -No.- A secas, mientras alejaba su mano del pomo de la espada.

Entones desde una de las esquinas del callejón, una mujer en ropas ligeras, bastante provocativa se apareció. -¿Entonces si no te debo dinero porque me buscas? ¿Acaso quieres mis servicios, tuerto?- El hombre del parche camino hacia Mary, la prostituta de un ojo, para decirle las razones de su búsqueda. -Legato me envió a buscarte.- La mujer se sorprendió, y se disculpó con el tuerto. -Entonces tu eres… ya veo, lamento el no reconocerte antes.-  El hombre del parche acepto las disculpas de la prostituta, y junto con ella comenzó a caminar por la ciudad.



Pero malas fueron las noticias que le dieron al hombre del parche, pues aun con la mujer oriunda de la ciudad, el rumor seguía siendo un rumor. La fémina de cabellos rojos se disculpó con el tuerto nuevamente, pues parte del trato era que ella debía tener más información para el momento en que Necross llegara. El hombre del parche le dijo que no se preocupara, que de una u otra manera podría conseguir información, y la mejor manera de hacerlo era de la boca de ebrios ilusos, por ello el tuerto le pidió a la prostituta que lo llevara a la taberna más cercana. -Eso sería Kitty’s kid. ¿Me invitaras una cerveza, tuerto?- Necross sonrió de medio lado, para luego comentar: -Tal vez.-

Ya con el atardecer amenazando con dar paso a la noche, y después de recorrer varias calles junto a Mary, el hombre del parche se vio frente a la taberna, Kitty’s kid. -¿Por qué ese nombre?- Pegunto el tuerto, pues siempre se vio interesado en las historias que tenían los nombres de tabernas.  -No tengo idea, pregúntale al dueño.- Dijo la pelirroja, mientras se disponía a entrar al lugar.  Una vez dentro algunos de los comensales  de la concurrida taberna saludaron a la prostituta. Ella, coqueta como ninguna, los saludo a todos, entre guiños, sonrisas y pequeños besos.  Pero las miradas para el tuerto eran distintas, pues después de saludar a guapa pelirroja, los ojos de los entonces amigables borrachos se tornaron hostiles, y los comentarios en voz baja comenzaron de inmediato.

Mary con mucha coquetería logro que dos personas que ocupaban los banquillos cerca de la barra se levantaran, con la promesa de un descuento más adelante. El tabernero pregunto que querría la pareja de beber, el tuerto pidió cualquier cosa para calmar la sed, la fémina, aguamiel. - ¿Y entonces, quieres alguno de mis otros servicios?- Comento la pelirroja, mientras llevaba la botella que el tabernero le había dado a la boca. -¿Sexuales? No por ahora. Pero si me gustaría oír su historia, señorita.- El tuerto termino recibiendo una jarra de cerveza, y el primer sorbo de esta lo disfruto mucho, mientras escuchaba la risa cantarina de Mary.-Creo nunca alguien me había tratado de señorita, no sin querer algo más que una simple conversación…- Y así el tuerto pasaría el resto del tiempo, escuchando las muchas anécdotas que la prostituta de un ojo tenia, ya habría tiempo para buscar información sobre el dinero.



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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Dom Abr 17, 2016 11:50 pm

Rasg Port era… decir que era un pueblucho era faltar a la verdad, ella había viajado mucho, y reconocía un nido de maleantes cuando veía uno, y teniendo en cuenta que estaban al lado del mar, debían ser piratas. Pero realmente no le importaba, alguien no era malo solo por ser un pirata, o un bandido, o un asesino, sino por como desempeñaba su profesión, ella no iba a juzgarlos para evitar juzgarse a ella misma. Katarina entró en Rasg con las precauciones habituales, con un bonito peinado con dos trenzas simétricas a lado y lado para ocultar sus orejas del resto y con la capa desabrochada, para que ondeara al viento dejando ver su ropa de cuero, los cuchillos que le cruzaban el torso y los pomos de las dagas, quería evitar los problemas antes de que empezaran y parecer una mercenaria era una buena manera de hacerlo. Por suerte, nada ocurrió mientras se dirigía a la taberna cercana, hubo miradas, silbidos e insinuaciones, pero pasaba la mano por el pomo de sus dagas con demasiada frecuencia como para que alguien intentara hacer algo más atrevido.

Finalmente llegó a la taberna, la única por lo que había visto hasta ahora, se acercó a la barra y tuvo una pequeña charla con el tabernero, técnicamente un regateo y luego se dirigió hacia una de las mesas, una vacía, en la cual se sentó, ignorando las sillas. Dejó su mochila al lado y saco el laúd del estuche.

Un buen músico tenía que saber juzgar a su público, entender lo que les gustaba y dárselo, esos… pueblerinos simplemente no apreciarían un romance, o una sofisticada velada sobre una venganza. Dado que parecían rufianes, seguramente apreciarían más una canción marinera, empezaría con una de piratas. Sus dedos recorrieron el laúd y recitaron una única nota, que resonó por toda la taberna interrumpiendo las charlas, al menos las más ruidosas, no había escogida la primera mesa que había encontrado, sino que estaba en uno de los extremos, sentada sobre ella, de manera que pudieran verla el mayor número de personas.-Yo ho…- En una ciudad, donde había una competencia acérrima entre las tabernas y un bardo podía marcar una clara diferencia, podía dormir y comer gratis con solo tocar una noche a la semana, era buena, así que se trataba de un buen trato, pero en ese pueblucho, donde solo debía haber una sola taberna, solo había podido conseguir una noche, la cena y provisiones para el día siguiente, era casi indigno, pero realmente no tenía claro que ese pobre hombre pudiese permitirse más. Cuando acabo la canción siguió con un par más y finalmente tomo un descanso, una artista tenía que saber cuándo dar descansos al público, si tocaba demasiado seguido sus clientes no aguantarían el silencio y la interrumpirían, de manera que fue a la barra y pidió algo suave en cuando la invitaron a una copa, pidió agua en realidad, un pequeño truco de bardos para hacer más dinero cuando te invitaban a copas, mientras observaba a los presentes. No todo el mundo parecía de allí, había un par de tipos cuanto menos curiosos entre los marineros y los tipos de mal aspecto. Tomo un sorbo de lo que le sirvieron y casi lo escupió, quemaba horrores.

-¿Qué diablos me has puesto?-

-Lo que pediste, aguardiente de Maraham- Dioses… en que rincón perdido del mundo había ido a parar.

-Cuando un bardo pide aguardiente de Maraham se le sirve agua y se reparte el precio de la bebida con el tabernero, no puedo tocar borracha…- le explico con calma y un tono bajo, su interlocutor primero abrió mucho los ojos y luego pareció entender, asintiendo suavemente con la cabeza y cambiándole la jarra.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Mar Abr 19, 2016 9:26 pm

Los viajeros siempre acaban en algún lugar infernal, en el que las drogas, las prostitutas y la gente de mala reputación poblaban las calles. Era una norma universal, por ejemplo, si algun turista despistado se perdiese en la mejor ciudad del mundo, sin duda alguna, acabaría en algún establecimiento reconocido por el número de orejas amputadas que se producen allí.

Margarett era una turista diplomada, doctorada en relevancia alcohólica- lo cual significaba que podía detectar un vaso de ron de buena calidad en cualquier ciudad- y reconocida mundialmente por su invisibilidad.  Así pues, la anciana se movía con el sigilo de un elefante, en una calle a rebosar, y con un enorme gato como bufanda, el cual siseaba a todo ser que se acercaba a él. Su enorme maleta no le acompañaba, abandonada en una habitación relativamente segura de un prostíbulo cercano. ¿Qué? Es un lugar como otro cualquiera, con horas de entrada y salida muy laxas y comidas con aspecto de desayuno a todas horas.

La señora movía su enorme cuerpo con una velocidad asombrosa, pasando de tenderete a tenderete. En un momento elevaba varias joyas falsas, haciéndolas brillar a la luz del sol, para después sopesar varias frutas de tonalidades extrañas en sus arrugadas manos, discutiendo con el tendero el precio y madurez de su contenido. Ciertamente, esa gigantesca mole, con un sombrero en punta distintivo, destacaba  en esa masa de gente, por las olas de gente gritando por los pisotones que producía al moverse y por los gritos de los tenderos que se sentían ultrajados cuando visitaba su tenderete. Sin embargo, toda la discordia que producía a su paso era señal de la felicidad que sentía la bruja. Los lugares como ese puerto perdido eran los que le gustaban. Durante sus viajes había encontrado puestos como este, sin ley y sin gobierno, donde sobrevivía el más fuerte, y se había divertido mucho. Solamente esperaba que los jefes de las bandas callejeras siguieran igual de atractivos que en su época.

Cuando el sol empezó a apretar y las ganas de molestar a los comerciantes se le fueron del alma, Margaret decidió utilizar su habilidad para detectar alcohol y problemas para encontrarse un buen rincón. Cuando iba a moverse, una pareja salio peleando de un bar. Era un par de jovenes barbudos y musculados, con los tipos harapos de cuero negro y los tatuajes de diversas bandas rivales que los hacían dignos de llamarlos sicarios o pandilleros. Mientras ellos empiezan a pelearse contra el polvoriento suelo, Margaret se desliza con poca sutileza en dirección al bar. Los tablones que servían para entrar resonaron ante el peso de la anciana y las puertas se abrieron de golpe.

Lo primero que pensó la bruja es que el lugar era un bar como dios manda. Habia el conjunto de hombres de entornos mugrientos y peligroso que uno esperaba encontrar. Algunos jugaban a las cartas, haciendo trampas de manera obvia, mientras otros tiraban navajas y dagas a una diana con carteles de Se Busca. Cuando entro notó la mirada de todos los hombres, con sonrisas sucias- las cuales siempre ponían con esperanza de asustar al género femenino- y miradas maliciosas. Margaret se ajusto el pecho y el corsé ante esas miradas, pues estaba segura de que en sitios como esos era donde una muchacha como ella podía ligar. Nadie la miraba ya, todos concentrados en sus quehaceres con inhumana atención. Margarett sonrió de medio lado, divertida, y dio un nuevo paso al interior del establecimiento.

Finalmente, localizo un buen puesto en la barra, donde una criatura de especie sin determinar bebía cerveza. Con rapidez, localizo dos asientos y se los llevó, dejando en el aire a uno de sus ocupantes y luego en el suelo. Sin mucho decoro se sento sobre los dos asientos, pues uno habría sido ridículo para el tamaño de la señora y subió a la barra- Buenos días...-dijo, pues una señora es una señora, no importa el sitio.- Quiero que me de una bebida autóctona...ya sabe, una de esas bebidas que cuestan el doble de lo que son, que van en un vaso de forma divertida y que todo el mundo dice que tiene una textura rara, pero que en realidad es vino corriente...

El camarero la miro, entre la perplejidad, el asombro y la extrañeza de su asunto.- Entonces....¿solo vino? -respondió el camarero, mientras se movía a encontrar lo que habían pedido. Margaret le sonrió, afirmando con la cabeza, divertida. Uno de sus entretenimientos era el de marear a la gente hasta que no supiese que hacer, era el mismo momento en el que la gente bajaba las defensas, se dejaban manipular o empezaban a rebajar el precio, dependía de la situación.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Miér Abr 20, 2016 1:47 am

Rasg Port

-Rasg Port.- Incluso el nombre se sentía rasposo al pronunciarlo. Como si se tratara de una espesa, amarga y vulgar bebida caliente. Como cualquier ciudad mercante, estaba llena de ruido, gente y olores. O más bien los olores de la gente. Olor de sudor agrio que se mezclaba con el almizcle de los fumadores, la fruta en mal estado y el pescado con sus vísceras podridas. Todo aderezado en un pesado ambiente salino de costa.

El suelo, perpetuamente húmedo y manchado se sentía particularmente grotesco para mis pies, y pensé que nunca podría sacarle ese olor enfermo a mi capa que arrastraba con cada paso que daba. Aun así, no escatimé en barro para mancharla por todas partes, desde la capucha, hasta el suelo, y es que ya me había resultado que para pasar desapercibida, debes parecer aquello a lo que la gente no quiere acercarse, o que no tiene provecho acercarse, así que parecer un vagabundo enfermo ya era parte de mi repertorio de habilidades. Caminaba con la capa cerrada, escondiendo la cola, la capucha baja, ya bajo la capucha, la cabeza cubierta por un vendaje para tapar además mis orejas y mi carbunclo.

Caminé por la ciudad escuchando cuanto pudiera de las bocas descuidadas que, embriaguecidas, soltaban entre chismes y mentiras, alguna que otra curiosidad digna de oír. Rodeé los muelles, pues supuse que la peor de las calañas estaría ahí, descargando mercancía o escondiéndola, así que no sería bueno pasar por ahí yo sola. Pero sí visite alguna barriada y algún callejonsucho donde se amontonaban las ratas sobre los desperdicios de la vendimia, y los gatos sobre las ratas. Puertas negras y oxidadas llevaban a cuartos aun más negros donde se oían los gemires de las prostitutas y también los gemires de los malos negociantes que encontraban el fin de sus días detrás de las hojas de los navajeros. Una mirada indiscreta en un lugar de estos, y supe que los navajeros no me dejarían salir así nomas. Por fortuna pude escapar rápido doblando en una esquina y saliendo de nuevo a la calle empedrada, donde de inmediato me confundí con la gente.

Un callejón de mala muerte, en una ciudad de mala muerte. Sin duda, estaba yo en la ciudad indicada. En todo el camino, no vi un solo centinela ni nada que se le pareciera. Lo que sí vi fueron muchas espadas y navajas colgadas de los cinchos de fanfarrones que las exhiben como buscando pelea. También vi espadas y cuchillos colgando más discretamente de otros que si alardear, siguen erguidos su camino recto a donde quiera que vayan. A esos hay que temerles un poco más.

Estuve en Rasg Port casi todo el día y aun ni indicios claros ni nadie que hablara abiertamente del botín. Se estaba haciendo de noche y aun no tenía claro donde iba a pasar la noche. Para como pintaban las cosas, no podría hacerlo en la calle; pero tampoco las posadas ni sus posaderos parecían de confiar.

-Está haciendo frío.- Pensé. Y me llevé la mano izquierda justo al lugar donde la piel se une con el metal en el brazo derecho. –Esta mierda es fría. Luego, levanté la mirada. –Debo encontrar un lugar donde pasar la noche. Di vuelta en una esquina para encontrar una calle vacía. Y casi lo logré, de no ser por el despojo de hombre ebrio que se acurrucaba contra el suelo, dormido a un lado de su vómito.

Levante la mano derecha, si a eso se le puede llamar mano, y la posé sobre la pared. Nada. A pesar de que se suponía que debía tener sensibilidad, el tacto con esa mano no me regresaba nada. Nunca lo había hecho. Sólo por el sonido del metal contra la madera pude saber que en realidad, había posado la mano sobre la pared. Di un salto y usando esa misma mano, clavé las uñas en la madera de la pared. No caí. Así que las uñas se habían encajado bien. Al menos una ventaja. Usando las uñas de los pies y manos trepé hasta el tejado de la pequeña casa dejando la pared de madera con unos arañazos.

Caminé con cuidado sobre el tejado, manteniendo el cuerpo bajo para evitar ser vista desde abajo. Por encima de la casa, puede ver el perfil de la ciudad recortado contra el horizonte marino. Sí. Rasg Port, con su nombre rasposo, su peste y su mala muerte tenía cierto encanto. Incluso la ondeante orca vacía y el corte de los edificios, y sus amplios muelles daban la idea de una ciudad antigua venida a menos, en donde los sueños de los fundadores se perdieron. Pero aun están ahí, o deben estar por ahí, en la sombra de los ricos adornos de las paredes. En el corte casi simétrico de las piedras de la calle principal y en amplio espacio para comerciar en el mercado, con sus amplias calles. Sí aquí una vez hubo una buena ciudad.

Desde la altura pude ver un par de posadas más allá, y me topé que sobre esa misma calle, a poca distancia ondeaba un tablón podrido por la sal marina que rezaba el nombre: Kitty´s Kid. –Solo pude pensar en Morgan cuando luego de casi tres minutos, pude leerlo y entenderlo.-

Bajé al suelo por el mismo lugar por el que subí, y cerrándome la capa de nuevo, me dirigí a la taberna.

Antes de entrar, como era costumbre, di un rodeo para ver el lugar desde cualquier ángulo posible. Ubicando las ventanas y posibles lugares para escapar, si fuera necesario. Dos pisos. Casa en el segundo piso. –Veremos que se puede sacar aquí.-

Entré al lugar, la gente volvió la mirada a la puerta, y al ver al esperpento enfundado en una sucia capa regresaron a lo que estaban sin hacer mucho caso. Ocho mesas bien distribuidas y la mitad llenas. Gente jugando a los dados y lanzando cuchillos a una diana. Una barra grande y larga, y detrás un solo tabernero. Me acerqué a la barra y recorrí con la mirada a los comensales. Rara la gente que se había reunido en este lugar; rara e inesperada. Me senté en un extremo de la barra sólo para confirmar lo que con ver su espalda ya sospechaba. ¡Necross Belmont!

Con compañía.

Sin descubrirme el rostro, llamé al tabernero quien se acercó de inmediato.
-Deme un tarro de cerveza amarga, y llévele una al hombre que está ahí y a su acompañante. Dígale que se las envía Nadine.- Dije divertida.

El tabernero me sirvió, y de inmediato llevó ambos tarros a los comensales en la barra. El hombre del parche levantó la mirada medio perplejo hacía mí. A modo de saludo, agite la mano de metal sólo un poco.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Miér Abr 20, 2016 1:57 pm

La taberna se llenaba, mientras más jarras salían, más probabilidades habían de que el ambiente se animara o se caldeara, según la motivación de la gente. AL principio, estaba medio lleno, pero entro gente que no era de por ahí, y eso lo notaban, en la forma de mirar, de andar, incluso la forma en la que olían, apestaban a extranjeros, apestaban a curiosos. Y aunque no decían nada, era de conocimiento público en aquella taberna.

El primero en entrar fue un ser alto, fuerte, de un oído distinguido y unos cuernos aún más distinguidos. Su presencia, intimidante, provoco la mirada agresiva de por lo menos la mitad de los presentes. Durante un breve instante cada uno probaba con la mirada aquel sujeto que desafiaba a todos a que lo probaran. Probablemente lo sabía pero con esa actitud conseguía dos cosas. La primera era que no lo molestaran directamente por tomarlo como a un debilucho. La segunda era que a ninguno le gustaban personajes desafiantes, y lo tendrían vigilado.

El mestizo demonio se sentó en la barra, y enseguida hizo buenas migas con el tabernero al que siempre le gusta que aprecien su cerveza. Disfrutando de la misma aquel guerrero era capaz de oír los chismes que se generaban en una esquina.

Era una mesa con un grupo de 3 maleantes, de mediana altura, el más grande de ellos superaba por poco el metro ochenta. Sus pintas no podían ser más burdas, falta de dientes, caries que teñían los dientes restantes de colores que iban del negro al amarrillo. Y un aliento a pescado y a puros que tenían intoxicados a los de la mesa de al lado.

EL siguiente forastero en entrar lo hizo más sutilmente, iba acompañado con una celebridad de la clientela habitual. Algunos silbidos recibieron a la preciosa mujer de grandes dotes, algunos gritos de emoción. Luego las miradas cruzaban al forastero, posiblemente sea una víctima de Mary, o tal vez un cliente, tenía más pinta de la segunda.
Mary consiguió dos puestos bastante buenos, a cambio de dar una gran alegría a unos jóvenes buscavidas que bebían regularmente en el bar. Reían y bromeaban entre ellos sobre las distintas formas de aprovechar el descuento.

El cornudo aventurero podía escuchar perfectamente los comentarios de lujuria en el local al completo, de hecho la propia Mary podría escucharlos. Excepto por la esquina de antes que seguían murmurando patrañas sobre los cuernos del mismo, o sobre su ridícula altura. Posiblemente racistas respecto a los antropomorfos, o a cualquiera que no fuera humano, aquellos hombres no hacían más que hablar mal.

El ambiente era bueno, a pesar de la tensión, la mayoría se ocupaba de sus propios asuntos. Algunos celos por Mary y su acompañante, y algunos nerviosos por el de aspecto carnero.
Pero todo se sumió en absoluto silencio cuando entro aquella mujer. Y por mujer hablamos de una gran mujer, una de entrada edad, con incluso más pechos que Mary, aun que tiempo atrás caídos y deformes.

Todos se quedaron boquiabiertos, algunas carcajadas rompieron en alguna que otra mesa. La anciana lo ignoró y siguió su camino a la barra. Su entrada había puesto de buen humor a varios, por los chistes y las risas que provocaron.

La cosa cambio, al menos para un pobre diablo que sin venir a cuento acabo en el piso pues aquella mujer le había robado el asiento dejando su orgullo a la altura de su trasero en ese instante.

Aquel hombre, que tenía en la cabeza un pañuelo que le cubría el pelo, y con varias cicatrices en los brazos peludos se levantó refunfuñando, como la curiosa mujer lo ignoraba, al tiempo que su gato miraba con cara de pocos amigos y enseñaba los dientes al sujeto. Acabo alejándose del sitio, para poder finalmente juntarse con unos viejos conocidos a los que en bajo comentó que quería venganza. Cosa que obviamente solo el hombre de fino oído pudo escuchar.

La siguiente en entrar, una mujer que intentaba pasar desapercibido, cosa que consiguió con éxito. Pues nadie sabía que se trataba de una mujer. Otra cosa fuera lo llamativo que era que mantuviera la capa para ocultarse tanto tiempo. El tabernero, al atenderla fue uno de los pocos que pudo confirmar que se trataba de una mujer, si bien algún avispado podría reconocer la figura femenina debajo de la capa, ninguno de los presentes prestaba atención y estaban con sus propios asuntos.

Mas jarras se servían, una para el hombre del parche otra para la mujer, vino para la anciana. Mas rondas para los ya presentes. El murmullo estaba presente, aunque más leve de lo normal, la gente miraba extrañada la situación, algo tensa.
Pero todo cambio cuando entro una nueva mujer, una elfa que ocultaba su raza pero no su género. Era de considerable belleza, sobre todo entre esos rufianes. Otra vez gritos de humor picante, besos en el aire. La mujer tenía sus armas a la vista, pero eso no evito que la gente hablara de más. EL tabernero tuvo que intervenir con un gesto para mandar a callar a la gente mientras se disponía a escuchar la orden.

El hombre había tenido que ofrecer alojo a la joven bardo. Si bien no estaba acostumbrado a dicha artimaña, sabía que podría serle útil para que ruede el alcohol. La mujer podría pasar la noche en su propia casa, que estaba encima de la taberna.

La música sonó, muchas miradas se giraron, por no decir todas, el murmullo bajo de tono, y el ambiente se alegró.
La presencia de dos guapas mujeres, Mary y la bardo, la música, todo iba sobre ruedas en apariencia. Algunos de los presentes cantaban las canciones más famosas, casi acertando la letra.

Después de un par de canciones, más gente entro a la taberna, llenando las mesas restantes. La música y los cantares atrajeron clientela de afuera. Entre ellos un humano de finas ropas que parecía no darse cuenta del local donde estaba, atraído por el ambiente. Había pedido un whisky y aplaudía afablemente.

Con el ruido que había surgido y el movimiento, la taberna estaba apestando a sudor y alcohol más que nunca, y los de la mesa de la esquina se habían situado junto al demonio, sin que pudiera escucharlos llegar.

-Cabríto, que te trae por aquí?- comento uno con tono burlón.

-No ves que este puerto es de humanos- Replico otro con voz grave y sentándose a su lado, cogían una jarra que habian pedido, y volvieron a sentarse en su sitio. Fue una advertencia, o tal vez una demostración de lo que podrían hacer.

La anciana, debido a su cercanía se dio cuenta de lo sucedido, pero antes de decir nada también se le acercó un par de jóvenes.

-Disculpa, pero mi amigo y yo creemos que nos debes una copa por la falta de respeto de antes-

Los jóvenes sonreían a la mujer, si bien tenia edad y era grande, el alcohol los hacía pensar estupideces.

-esperamos que una mujer de tu experiencia, sabe que esa falta de respeto no se corresponde, así que vemos justo que nos invites la próxima ronda de cerveza- Ambos se postraron en la barra junto a la mujer. El pobre tabernero trabajaba a toda máquina, sirviendo tantas jarras que parte de ellas era aun en vasos sucios, pues no daba tiempo a limpiar ninguno.

Mientras tanto, el hombre de finas vestimentas no notaba como era víctima de miradas divertidas. Parecía que estaba en el lugar equivocado.

La música había acabado. La joven elfa fue invitada a una copa por este mismo hombre. Su música lo había atraído y quiso compensarlo. Era relativamente apuesto, sin llegar a ser guapo pero tampoco feo. Con un color de pelo rubio desentonaba bastante en realidad.
Después de haber invitado a la bardo se acercó a ella para conversar.

La taberna estaba animada, igual demasiado animada, la gente empezaba a dejarse llevar, algunos buscaban limar asperezas, otros provocarlas, y había incluso algunos pesados que habían ido a ligar con Mary, ofreciéndole dinero para que se quitara la camisa y mostrara sus tetas al personal.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Miér Abr 20, 2016 3:15 pm

Margaret se preparó para intervenir ante el desafío ajeno. Que insolentes, la juventud estaba demostrando ser unos idiotas. Si uno quería pelea, pues uno le daba con la jarra de cerveza en los morros a alguien. El resto era una sana competición de ver quien le podía arrancar más miembros al otro. Con un suspiro, la mujer se empezó a levantar, pero noto como era arrinconada por dos jóvenes.

El “Catálogo para jóvenes y otras especies de animales hormonados”, que Margarett publicaría algún día, situaba a los dos especímenes como pazguatos. Ambos eran bajitos y esmirriados, cubiertos por ropas, que eran fragmentos de otras ropas sobre otros fragmentos de otras ropas, y que mostraban que la limpieza no era una de sus prioridades. Eran chicos que, por el aspecto de su ropa, habían tenido una vida dura en los suburbios, pero por incapacidad física -en otras palabras, ser más debiluchos que la flatulencia de un noble- no llegaban a ser una amenaza. Habían sobrevivido por su astucia y eso, a la larga, producía lo que Margarett denominaba “síndrome del orgullo del noble”. De la misma manera que un noble consideraba su posición y su existencia por encima del resto, cuando una persona confía demasiado en una de sus características, empieza a considerarse a sí mismo por encima de la media. Esto llevaba al exceso de confianza y al no pensar que había alguien mejor que ellos en su campo. Pobrecitos, incluso su intento de intimidación resultaba triste.

Margarett suspiró y decidió iniciar un proceso de enseñanza digno del mejor escolástico. Siempre se había dicho que una bofetada a tiempo curaba todos los males, pues íbamos a probar la teoría.

-Claro...¿Que puede hacer esta pobre anciana si no pagar sus deudas? -Los brazos de Margaret, fuerte como toros, envolvieron a los chicos por sus caderas, acercándolos hasta que sus cuerpos acabaron impactando contra sus pechos. Los asientos de la anciana se tambaleo ante ese movimiento, haciendo que el grupo de tres se balanceara durante unos instantes y que los jóvenes estabilizaran a la mujer para no caerse- Mira que simpáticos son...que buenos chicos...- añadio la anciana, aumentando el agarre sobre ellos, dandoles dos sonoros besos en las mejillas. Si habia algo que se le diese bien era hacer de borracha, aunque hacer de borracha pervertida le resultaba incluso más sencillo. Los dedos de la anciana apretaron la carne de los jovenes, moviéndose entre esos harapos con total libertad y causando que la expresión de estos se tornase blanca, sin notar como perdían sus bolsas con varias monedas dentro.

- Mira que son buenos chicos...son como mis nietos...-dice, entre leves hipidos, metiéndome más en el personaje. Cada sílaba sonaba como si la hubieran bañado en alcohol del caro. Uno de ellos noto como la tela de su ropa interior era tirada hacia arriba, mostrando levemente sus nalgas.- Aunque mis nietos no tienen tan buen culo...- Miro asombrado y aterrorizado a la anciana, quien le devolvio una enorme sonrisa con pocos dientes y un guiño flirteoso. Ahí estaba. Ese segundo en el que los chicos se miraban entre sí, sabiendo que habían cometido un error, pero demasiado lanzados como para detenerse. Era el momento perfecto.

Sin pudor ni temor, la anciana agarro el trasero del hombre que tenía al lado. Había reconocer que tenía un buen culo, blandito para apretar las carnes, pero con una capa de músculo bien dura por debajo, que mostraba fuerza y que el sujeto se movía con bastante frecuencia. Margaret no tocaba uno así desde hace 24 años, en una noche de verano, en el un pintor de alguna corte se había mareado con las acuarelas y la había confundido con la reina. Sin embargo, el agarre, para desgracia de Margarett, solo duro un segundo, pues tuvo que regresar su mano a la cadera del chico, disimulando con bastante agilidad.

- ¡Una lastima que no estés interesado en las mujeres! -añade, inclinando su cuerpo para mirar al nalgas suaves. Este se había girado sobresaltado y al escuchar la exclamación de la vieja, la miro. Margarett movió sus ojos en tres direcciones con descaro. Trasero, cara del agraviado, cara extrañada del otro. El hombre observo la expresión de la vieja y se giró a mirar al joven, con sus mejillas tornándose rojas por la ira.

La anciana reconoció que fue un buen puñetazo. Bien dirigido, con bastante fuerza y potencia. El chico acabo cayendo al suelo, pero levantándose rápidamente ante el otro, que se preparaba ya para pelear. Y, como una pelea de bar es algo que nunca se juega solo, ambos amigos se lanzaron a la contienda, uno armado con su propia silla y otro con una botella vacía. En la barra solo quedaronel chico cornudo,el camarero y Margarett. Levanto le jarra y le guiño un ojo al cornudo, sonriente, mientras a nuestras espaldas se desataba el caos.

-No te preocupes de lo que digan...-dijo la anciana, mientras el índice de heridos del bar aumentaba a buen nivel. La voz de borracha había desaparecido por completo.- No hay sitios solo para humanos y si los hay...Dioses...tiene que ser jodidamente aburrido...-Añade, dando un sorbo a la birra, mientras le ofrece la mano al chico.- Soy Margarett, encantada...

Mientras se presentaba, el ruido y participantes iba aumentando a las espaldas de la anciana. ¿Quien esperaba que en un bar, con tanta calaña, estallase una pelea por culpa de una anciana? La mujer miro de nuevo al carnero, con curiosidad- ¿Que le trae por aquí?
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Miér Abr 20, 2016 8:16 pm

La elfa se encontraba cómodamente sentada en su mesa, bebiendo el vaso de agua extremadamente caro que un tipo le había pagado, sentaba bien cuando alguien apreciaba lo que hacías, pero luego solían venir para dejar claro que habían sido ellos, como si esperaran una palmadita en la espalda y una chapita, aunque por desgracia la mayoría esperaban algo más. En este caso el candidato era un rubio bien vestido, lo que lo situaba bastante por encima de toda la clientela de ese respetable lugar, pero allí acababa cualquier particularidad, el tipo era del montón, para los estándares humanos. Para su desgracia, los elficos eran bastante más altos.

-Buenos días, ¿Qué bebes?- Podía haberse esforzado más, pero daba igual, debía ser su intento de recordarle que había pagado el. Suspiro, un par de frases por una copa parecía un buen trato, por lo menos tenia que ser algo amable con alguien que reconocía su talento.

-Aguardiente de Maraham- y dicho eso se lo acabo, no fuera a ser que le pidiera probarlo. Dada su cara de pena al dejar la jarra en la mesa, había acertado. –Dime, ¿Qué te lleva por aquí? Claramente no eres un lugareño- sus dedos pasaron por el laúd, arrancando un par de notas, pensando en que tocaría luego.

-Bueno… es un secreto, basta decir que mi presencia aquí es muy importante- Oh, un hombre misterioso, ahora era donde ella picaba, lastima que supiera jugar también, pero mucho mejor.

-Vaya, es una pena que no puedas decírmelo, tenía mucha curiosidad…- hizo un puchero y empezó a mover los dedos por la cuerda, arrancando el estribillo de una canción picante, no tardo en escuchar algo similar a la letra de sus ebrios oyentes. Miró a su acaudalado acompañante, pestañeo un poco mirándolo a través de sus níveas pestañas y luego volvió a mirar a su público. No era una bonita pero tonta chica de campo que se dejara engatusar por unas pocas palabras complejas, unos pocos halagos y un aire de misterio, pero él no tenía por qué saberlo…

Y paso a ignorarlo completamente, la amable y dulce bardo que había centrado toda su atención en él ahora había perdido el interés, pocos hombres podrían evitar hacer lo que fuera para recuperarlo, al fin y al cabo era muy bonita, querer que los reconociera era prácticamente un instinto natural, primitivo.

-Veras… supongo que habrás oído rumores de cierto… envió valioso…- Necesitó todo su autocontrol para ocultar su sonrisa mientras se giraba con cara de interés, sin dejar de tocar ni un solo momento, por suerte la cancioncilla sobre las aventuras de dudosa moralidad de la mujer del vizconde era bastante sencilla, la habría podido tocar con una sola mano. Pero una pelea interrumpió su victoria, cosa que provoco una profunda molestia en ella. Que cortaran el pequeño secreto de… (necesitaba preguntarle el nombre a ese tipo) eso lo perdonaba, le daba un toque dramático, pero habían interrumpido SU MÚSICA, eso no estaba bien, nada bien. Paró su canción bruscamente, convirtiendo el alegre estribillo en una nota desgarradora que solo podía expresar rabia homicida.

-¿Cómo te llamas?- Fue todo lo que pudo decir para intentar contener su enfado, no era el momento ni el lugar para empezar a rebanar cuellos, tenía que dormir allí, no podían dejar que la echaran ahora que ya había cumplido su parte.

-Soy Roderick, ¿y tú?- Intercambiaba la mirada entre ella y la pelea, se notaba a leguas que estaba molesta, seguramente quería hacerse el héroe y parar el barullo. –Kat- Hizo la buena acción del día y le dio un tironcito de la túnica hacia ella, un sutil gesto de “no me dejes sola”. –Ya te miran lo suficientemente mal, si vas allí acabaras apuñalado. Y tu y yo estábamos hablando... ¿Decías algo de un envió?-
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Jue Abr 21, 2016 1:20 am

Una mano de metal es casi tan inútil como no tener mano. –Pensaba mientras con la garra metálica me apretaba la pierna para medir la fuerza del agarre, y saber  si sí o no, la garra se movía. Estaba sentada en un taburete alto de la barra de la taberna. Con la izquierda sujetaba el tarro del que había sólo bebido la mitad, mientras, con la mirada clavada en la nueva derecha, la pierna me regresaba la única sensación de tacto, mientras que la garra no me daba nada más que una sensación fría y fuertes apretones en las piernas.

De repente alguien mencionaba algo sobre un tesoro, o un gran botín, pero esa voz era rápidamente callada o disminuida, sin que en realidad pudiera escuchar algo concreto. Justo en esos momentos lamentaba llevar las orejas bajo la capucha. Lo que pude oír bien, fue la música de una mujer bardo. Una mujer de buen atractivo que paradójicamente, no estaba siendo siniestramente acosada, sino más bien, sin mencionar algunos silbidos y groserías, los brutos comensales la habían dejado bastante tranquila. Este puerto tiene esperanza todavía. –Pensé al ver que una mujer como esa era poco molestada, en una taberna de cargadores en un puerto de mala muerte.

Hubiera aplaudido cuando dejó de tocar, pero la extraña sensación de no saber si mueves o no tus extremidades de manera correcta así como el ahogado sonido del metal contra piel hubieran hecho de mis aplausos algo seriamente lamentable.

La bardo se perdió de mi vista por un rato en el que intercambiaba miradas entre los comensales y Necross en el otro extremo de la barra. Había sin duda un par que resaltaba entre el resto de hombres corrientes y medio salvajes. Y ambos estaban sentados uno al lado de la otra. Un hombre con cuernos de cabra que noté al entrar en la taberna, pero al que no le había presatdo mucha atención. Resaltaba por dos situaciones considerables. El sujeto, parecía beber de pie, aun cuando estaba sentado, siendo así que aun en el taburete, rebasaba la estatura de algunos individuos que pasaban cerca de él. Y junto a él a un personaje más que notable. Sin duda, una prostituta entrada en años. En muchos años. Y no era la clase de mujer atractiva o bella, y paradójicamente, ella llamaba más la atención y los silbidos de los hombres que la misma mujer bardo. Llevaba un gato de bufanda, uno vivo, y parecía divertida por cualquier cosa. Sin duda, a la casa de un incauto que le diera unas monedas por algo de sexo. Aunque a decir verdad, su facha no era la de una prostituta, no podía ser de otra manera. ¿Qué hace una mujer de edad en una taberna cómo ésta ya entrada la noche? Para mí, sólo dos respuestas eran posibles, y ella no parecía ser la tabernera ni la mesera del lugar.

Repasé la mirada muchas veces hacía todos lados, buscando actitudes sospechosas, posibles problemas o quizás alguien de sacar información. La intimidad de mi capucha me brindaba algo de discreción, y yo miraba con disimulo, más como jugando con la bebida. Necross parecía evitarme la mirada, quizás sintiera que lo seguía. Como fuera, el parecía tranquilo y no parecía molestarle que los hombres lo interrumpieran y se acercaran a “su dama” con insinuaciones vulgares; por su parte, ella parecía complacida y Luego del último sorbo del tarro, estaba casi decidida a lanzar unos cuchillos contra la diana, cuando una escena cerca de la vieja y del hombre con cuernos comenzó a desarrollarse.

Me hundí en el taburete, pedí el segundo tarro y presté atención. Detrás del tarro, comprobé lo que ya había pensado. El sujeto de los cuernos era demasiado llamativo. ¿Quizás si se hubiera cubierto?- No lo critico. Sinceramente podía sentir empatía y hasta un poco de envidia. Yo misma ocultaba mi condición racial, precisamente para evitar escenas como la que se desarrollaba a sus costillas. Me hubiera gustado entrar a este lugar con el rostro descubierto y sin miedo de llamar la atención. Pero sabía que era imposible, aquí y en todos lados. No me daba miedo defenderme, pero prefería evitarlo.
No podía escuchar con atención, pero reconocía de una mesa al tipo que ahora parecía buscar un pleito con el cornudo. Pero antes que nada pasará entró a escena la mujer anciana, que al mismo tiempo, parecía ser pretendida por un par de sujetos. Asqueroso. -Pensé.- Esos tipos le están proponiendo un trío.- Lo supuse por como  abrazaba a ambos con sus grandes y carnudos brazos y los apretaba contra sus grandes y caídas tetas. Sólo de pensar en eso se erizó un poco la piel. Y sin embargo, antes de que ambas tramas concluyeran, el tipo que molestaba al cornudo golpeo y mandó al suelo uno de los sujetos que trataba con la anciana.

Y así comenzó una pelea sin motivos aparentes, justo en la barra, de espaldas a estos dos singulares personajes. No era poco común que en las tabernas estallaran peleas así como así, y que de alguna manera, como fuego en el bosque, esta se extendiera abarcando a todos quienes estuvieran ahí. Miré la puerta, pensando en que me quedaba bastante cerca si debía escapar, luego volví la mirada a las mesas más cercanas a la pelea, algunos consumidores comenzaban a ponerse nerviosos, lo supe por sus caras. Luego un vistazo rápido a Necross; por un momento me preocupé, pues yo podría escapar dando una rápida carrera, pero el tendría que atravesar todo el salón, además, su acompañante había llamado mucho la atención y él mismo se encontraba ciertamente rodeado por ebrios que buscaban los favores de aquella susodicha dama.

Volví la mirada a la pelea y está ya había crecido, un par de personajes que no reconocí de ningún lado se habían unido a la pelea, por el mismo bando, así que no pudo ser otra cosa más que, gente de fuera estaba entrando al bar, y se integraban a la pelea. ¿Casualidad? Puede ser, pero lo dudaba.

La pelea parecía extenderse, sin duda, las llamas llegarían pronto.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

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