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Un jugoso Botín en Rasg Port

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Medielvoulder el Jue Abr 21, 2016 3:55 am

La taberna se abarrotó de manera exponencial después que entrase Medie, a fin de cuentas no había elegido mal la taberna. Desde su sitio en la barra constató el desfile variopinto de comensales que cruzaron la puerta. La gran mayoría eran hombres de mar o conocidos en el lugar, los típicos pescadores que se bebían la paga del día, mozas de compañía con sus respectivos clientes, hombres en grupo que entraban para hablar de delitos o volvían de ellos, rostros curtidos y tostados, miradas cenicientas, pícaras o malvadas. Entre ellos, los extranjeros eran fácilmente reconocibles, ya sea por sus ropas o por su actitud, o simplemente porque los comensales los recibían con una mirada larga y reprobatoria, como si el sitio fuera exclusivo de ellos.

Fue así como el mestizo los reconoció a todos.
El tipo del parche fue el primero en llamar su atención, resultó difícil saber su profesión con la corta mirada que le dio, pero estaba claro a que se dedicaba su compañía, una coqueta pelirroja que recibió ofertas y silbidos por igual. El metálico sonido al posar el brazo izquierdo le hizo pensar que usaba alguna especie de armadura bajo la ropa. Luego entró aquella bardo errante que parecía haber acumulado mucha mala suerte como para haber caído en este antro; luego de un corto regateo, se subió al improvisado escenario y tocó un par de canciones de marinos, algo muy adecuado, casi cliché. Después vino la mujer entrada en años, que en un principio supuso sería la esposa del dueño, pero resultó ser una sorpresa tanto para él como para la mayoría, con aquellos raros movimientos, su labia y su gato tuerto ronroneante en su cuello. Al final entró aquel personaje, envuelto en su capa manchada y con una pañoleta que apenas asomaba bajo la capucha, la mayoría no lo notó, y claro, hasta para él fue difícil oír sus pasos por sobre la música y las conversaciones. Estaba claro que trataba de ocultar algo, algo que quizá tuviera que ver con sus ojos felinos, con aquellas pupilas que perdieron su tamaño al pasar de la oscuridad de la calle a la luz de la taberna.

El tiempo avanzó y averiguó muy poco. Los clientes regulares de Kittys Kid's se mantuvieron reticentes por la culpa, quizá, de la gran cantidad de extranjeros. Lo único que había sacado en claro era que varios no estaban felices con su presencia, en particular tres borrachos en una esquina. Comenzó a pensar en que había sido una mala idea ir hasta allí, se tomó el resto de su cerveza, pidió otra, y mientras divagaba aparecieron junto a él los idiotas de la esquina.

Cabríto, ¿qué te trae por aquí? —El tufo que acompañó aquel comentario le hizo recordar al mestizo el perro muerto en la avenida del puerto.
¿No ves que este puerto es solo de humanos? —A pesar de que los tipos estuvieran a su alrededor con claras intenciones de pelea se mantuvo estoico y ni siquiera se dignó a mirar a aquellas bestias humanas, ¿Se supone que le tendría que afectar aquel insulto tan básico?
El tabernero llenó su jarra, él le dio un sorbo con desenvoltura, ignorando completamente a los beodos, no eran más que un acre hedor bajo su nariz.

Disculpa, pero mi amigo y yo creemos que nos debes una copa por la falta de respeto de antes. —El mestizo miró de reojo pero no le hablaban a él.
Claro...¿Que puede hacer esta pobre anciana si no pagar sus deudas? —le contestó la matrona con un claro acento borracho, su copa apenas y había bajado. «Nota mental: no probar el vino.»
En tan solo unos segundos la mujer a su lado había volteado la situación y tanto los tipos que lo habían amenazado como los que le fueron a pedir bebidas comenzaron a pelear sin razón aparente. Medie miraba algo impresionado y sin saber si tuvo algo que ver con ello.
No te preocupes de lo que digan… —tanto la anciana como su gato lo miraban, una amable, el otro con displicencia—. No hay sitios solo para humanos y si los hay...Dioses...tiene que ser jodidamente aburrido… —Le dio un sorbo a su jarra y estiró su mano—. Soy Margarett, encantada —El mestizo abrió la boca para replicar, pero las astillas de una silla destrozada lo interrumpieron.
Soy Medie, un gusto —le estrechó la mano y se impresionó con la fuerza y aplomo del saludo.
¿Que le trae por aquí?
Una pregunta sencilla, sin malicia, pero dejó en silencio a Medielvoulder. ¿Qué decir? A buscar trabajo, he venido a tomar un barco, simplemente vine por a probar la cerveza, vine a buscar por enésima vez a mi hermana a este sitio, la muy puta. Pero se le ocurrió algo mejor:
He venido en busca de un pellizco del dineral que dicen inyectará el reino en la ciudad —A veces un poco de sinceridad no hacía nada de mal, especialmente porque el tono que usó se podía interpretar de muchas maneras. Con la pelea, que en ese momento ya tenía a varios bandos en contra y las apuestas aumentando, pocos fueron los que oyeron su respuesta.
¿Y qué te ha traído a ti por estos lares?


Última edición por Medielvoulder el Vie Abr 22, 2016 2:44 am, editado 1 vez
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Necross Belmont el Jue Abr 21, 2016 5:56 am

Nada, absolutamente nada, la pelirroja no tenía información sobre el supuesto oro que llegaría a la ciudad. El hombre del parche maldijo a todos los dioses por el contacto de Legato, pero al mismo tiempo se sintió bendecido por la buena compañía. Y es que recién ahora Necross miro con más detalle a la mujer de un ojo. Piernas gruesas, trasero firme, cintura de avispa, y el busto de una puta. La sonrisa coqueta de Mary se gravaba en cada ser que se atrevía a mirarla, ni siquiera su ojo cerrado, marcado por una profunda cicatriz hacia que la gente volteara la vista. El único ojo verde que la fémina tenia se clavó directo en el ojo azul del tuerto, cuando este le comenzó a preguntar sobre el reino, y como este trataba a su gente. Los minutos pasaban y el bullicio aumentaba, pero pronto el ruido fastidioso se volvió tranquilo, pues un bardo, una mujer, comenzó a tocar de la nada. -Es buena, bastante buena, pero no se le acerca a una Divium que escuche en una posada hace unos meses. Tocaba la guitarra de una manera natural, como si hubiese nacido con aquel instrumento. Aunque esta es buena música para pasar la cerveza.-

Y entre trago y trago la jarra de tuerto se acabó, por suerte para él, una nueva jarra de cerveza se le apareció sin que lo pidiera. -La mujer de allí les envía esto, dice que es de parte de Nadine.- “Nadine”, quedo sonando en la cabeza del tuerto hasta elevo la mirada sobre las cabezas de los ebrios, y a la distancia vio una cabeza encapuchada y un brazo metálico que supo reconocer. El hombre del parche le dio un sorbo a la bebida y le supo amarga, al igual que el chiste. Pero en una taberna tan concurrida no se podía disfrutar de la tranquilidad, pues Mary resaltaba mucho, lo que causaba que los ebrios excitados se le acercaran a proponer cosas que causaban que Necross perdiera la calma. No es que le molestara las peticiones de los ebrios, el fastidio venia de que lo interrumpían, y la interrumpían a ella, cuando le contaba al tuerto sobre el reino cercano. El hombre del parche pedía amenazante que los ebrios se alejaran, aunque sin alzar la voz, o amenazar de manera directa; el efecto se lograba con su voz seria y de acento extraño.

Pero antes de que la vena en la frente de Necross reventara algo sucedió, una señora bastante entrada en edad fue acosada por dos sujetos, los cuales entre tanto caos y bullicio armaron una pelea, la cual el tuerto ignoro completamente.  -Acaso…  ¿se están peleando por la señora?- Mary dejo salir la risa cantarina que tanto enamoraba a los lobos de mar, mientras fingía sentirse ofendida por los varones que se peleaban por la octogenaria. El acto del falso tuerto y la pelirroja era sin igual, pues ella fingía hablarle y él poner atención, Necross tenía su mirada puesta en la mujer que antes había tocado, en el bardo. Ella hablaba con un aparente hombre acaudalado, se veía coqueta, quizás aparte de bardo también era prostituta. El hombre del parche hizo un gesto para que Mary mirara a la mujer, pues entre bandidos existe un lenguaje universal, y la prostituta al ser amiga del subordinado de Necross, pasaba a trabajar directamente para él. -No…es primera vez que la veo.- Le dijo la pelirroja al oído a Necross, mientras este actuaba una mala risa, dejando solo a la imaginación lo que le dijeron.

Quizás ella tenía información sobre el dinero que llegaría, quizás el hombre entre bebida y bebida soltó la lengua. El bardo seria de su interés momentáneo, pues una conversación cercana pero difusa llego al oído del tuerto. -…Del dineral que dicen inyectara de dinero la ciudad.- Alguien sabia sobre el dinero. Necross busco quien fue el que menciono el premio, y todo apuntaba a que era el hombre más alto del lugar. Entonces ya con un blanco en el ojo, el hombre del parche se despidió de la prostituta de un ojo con un beso en la mejilla y un mensaje discreto al oído, para luego acariciarle el muslo de la pierna derecha. Su mano llego hasta antes de la entrepierna, por debajo de la ropa, causando que Mary se sorprendiera, pues no se lo espero de aquella compañía.

Ya de pie, y con la cerveza que le invitaron en la mano, Necross se acercó hasta el hombre de los cuernos y la mujer de arrugas. No sin antes buscar con la mirada a la Hörige, pues con los dedos le hacia una seña. El hombre del parche con la mano derecha reposando cerca del muslo de la pierna le apuntaba a Mary,  quien seguía sentada frente a la barra, rechazando a cualquiera que se acercara. Quizás Khiryn entendería que la prostituta tenía información para ella.

Con una falsa sonrisa el tuerto se acercó a la octogenaria y al hombre de los cuernos. -Buenas noches, espero no interrumpir nada pero me gustaría invitarles una cerveza. Hay… ciertas cosas que me gustaría discutir con ustedes, si no es mucha la molestia.- En una taberna donde la gran mayoría está peleando no se puede buscar información por medios violentos, por ello el hombre del parche se presentó calmado, tranquilo, evitando sillas, botellas, y puñetazos mal dirigidos.



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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Miér Abr 27, 2016 12:25 pm

El tabernero, tranquilamente cogió una jarra vacía, el trapo algo sucio de siempre, se apartó de la barra recostándose en la pared y comenzó a limpiar tranquilamente.

Cuando las peleas empezaban a desmadrarse era lo que solía hacer. No habría más bebidas hasta que se calmaran, preguntándose si era rentable regentar un local de ese estilo en una ciudad como esa, las pérdidas materiales eran casi diarias. Aunque poseía una buena clientela fija, que consumían mucho de lo que fuera que tuviera para vender.

Los aventureros intentaron en lo posible no verse afectado. Sabían lo que les convenía.  Eran usual las peleas en tabernas, y hacer como si nada era una buena forma de demostrar que no temías a nadie, al tiempo que no te metías en líos.

En la pelea la cosa se ponía fea. El matón que en un principio pensaba ir a por el carnero estaba dejando la cara del pobre chaval tan destrozada como la silla que su compañero arrojaba a otro borracho en la pelea. Dos hombres de fuera que observaban, habían entrado para participar en la pelea, solo con la intención de ayudar a sus camaradas y sin saber a quién darle golpes, repartían a los que pensaban eran los enemigos.

Pero en medio del lio el pobre chaval, con la sangre brotando por sus, ya rotas, fosas nasales levanto las manos con símbolo de sumisión y perdón y escupió unas palabras.

-Yo no fui, fue la vieja esa… lo juro Jack-

Así se llamaba aquel hombre, que mayormente todos en el bar conocían.   Jack paro de inmediato y se levantó sobre sus pies mirando alrededor.  Era una escena digna de ver. EL hombre estaba de pie en medio de una pelea donde habría por lo menos 10 implicados, si no más. Y todos a su alrededor, pero nadie le pegaba a él. Pero Jack observaba la misma escena y como por un lado un grupito estaba hablando en la barra como si nada, saliéndose con la suya.

EL matón entro en furia, se dio cuenta de las cosas, y actuó en consecuencia.

-Malditos bastardos, ratas de alcantarilla, dejad de daros como los maricas que nacieron… los culpables son los extranjeros, acabad con esa escoria-

Como si de un director de orquesta se tratara, la melodía de la taberna paro de golpe. Y empezó la segunda sonata de la noche.  Ahora con todos los instrumentos presentes.

Ninguno de los presentes se escapó de verse envuelto en aquella pelea. El grupito de Jack, fue sin contemplaciones a por los que ahí estaban. El primero en sufrir un ataque fue aquel gran objetivo que hace tiempo le había echado el ojo. Le arrojaron una silla y se la destrozaron en la espalda antes de que pudiera reaccionar. Pero fue más lo que parecía que lo que era. Poco daño recibió de esa silla podrida en la espalda. Pero no fue lo único pues enseguida tenia a dos matones encima dispuestos a darle una paliza.

Por un lado el hombre te pintas acaudaladas fue agarrado por un hombro mientras hablaba, girado de golpe y recibió un puñetazo en toda la nariz. La mujer que antes tocaba preciosas melodías enfrento a hombres enfermos de lujuria con pensamientos sobre ella. Igual que la puta de un solo ojo, al que se le acerco un fan algo ebrio y muy loco. Este fan recibió una fantástica bofetada, seguida de un golpe seco de la jarra de cerveza de Marry, se notaba que sabía defenderse en ese ambiente.

EL chaval que antes se pensaba propasar con la anciana, no estaba en condiciones de pelear y estaba a un lado sentado contra la pared, pero su amigo y otro chaval más cargaron también en ataque contra la anciana. Igual fue con cada uno de los presentes. Hasta el tabernero tuvo que alejarse de la zona por miedo a recibir un golpe.
Claro estaba que la pelea no era todos contra los extranjeros. Seguía siendo una pelea campal en la que algunos de los presentes intentaban detener a Jack. Al ser conocido también tienes enemigos por doquier. Por tanto una mitad de la taberna se pegaba contra la otra. Y luego estaba el típico que se peleaba contra quien sea para pasar el rato.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Medielvoulder el Jue Abr 28, 2016 5:46 am

Los millares de sonidos de la pelea dentro de la taberna hacían que las largas orejas del medio demonio se movieran de un lado a otro como si pequeños duendes etéreos juguetearan entre ellas. Medielvoulder miraba a la vetusta señora luego de su respuesta, esperando ver alguna reacción después de su comentario, pero su atención se vio afectada porque el hombre del parche se puso de pie, y sin más se acercó hasta ellos. Medie fijó su mirada en él,  «Al parecer mis palabras caminaron un poco más allá por la barra.» pensó. Soltó un suspiro y se preguntó si aquel tipo de aspecto misterioso tendría alguna participación negativa o positiva en su búsqueda de información. La pelea continuaba y el hombre del parche caminó sin preocupaciones hasta plantarse a su derecha. «¿Qué buscas tuerto?» Su solitario ojo azul se posó sobre él, ahora que lo tenía cerca pudo notar que una cicatriz vieja le recorría aquel ojo.
Buenas noches, espero no interrumpir nada pero me gustaría invitarles una cerveza —dijo el hombre del parche, al parecer la falta de un ojo le imposibilitó ver que Medielvoulder ya tenía una cerveza en la mano—.  Hay… ciertas cosas que me gustaría discutir con ustedes, si no es mucha la molestia. —«¿Mucha la molestia? —pensó divertido—, pero qué matón más cortés.»


El mestizo soltó un suspiro, aquella sonrisa era tan falsa como un demonio bueno. Las mesas entrechocaron a su espalda y alguien gritó. Medie le dio un sorbo a su jarra antes de contestar.
Malditos bastardos, ratas de alcantarilla, dejad de daros como los maricas que nacieron —aquella frase llegó a los oídos del cornamentado mercenario de entre los gritos y golpes, y focalizó sus oídos en esa voz, perdiendo el interés por el tuerto—... los culpables son los extranjeros, acabad con esa escoria.
Medie miró al recién llegado y luego miró la calma que reinó en la pelea por unos segundos para luego volverse lentamente hacia él.
Creo que esa cerveza tendrá que esperar. Este sitio me parece cada vez menos seguro para… —Antes de terminar la frase una lluvia de astillas se formó alrededor de su espalda luego de que una vieja silla reventara entre sus hombros. El golpe lo impulsó hacia la barra y le hizo tirar su jarra hacia los pies del tabernero, que paño en mano, apoyaba su espalda contra la pared opuesta de la taberna. El mestizo parpadeó entre aturdido, impresionado y molesto. Puso su mano izquierda sobre la barra lustrosa para levantarse, mientras soltaba un suspiro que bien se hubiera podido oír desde el otro lado de la taberna, todo su cuerpo se tensó, los músculos de su brazo derecho se comprimieron con fuerza mientras con sus orejas identificaba tras de él quien le había dado el golpe. Se bajó del taburete y casi lo tiró a un lado cuando se puso de pie y girando le lanzó un golpe al tipo que se venía acercando por su izquierda. El Golpe Brutal cayó rápido y con saña, dando de lleno en la mandíbula del hombre, que se desplomó en un amasijo de brazos y piernas. Quien venía a por él por su derecha se vio de pronto detenido por la impresión del actuar del mestizo, el cual supuso llamaría la atención de más de alguno de los paisanos que se peleaban.

Como ya no se podía apartar de la lucha, solo quedaba entrar en ella, así que Medie, sin pensarlo dos veces, lanzó un gancho con su izquierda a uno de los muchachos que se acercaba a la matrona con mala cara, para luego coger su taburete y lanzarlo con todas sus fuerzas a Jack, quien parecía ser el mandamás de todo el lugar.  
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Katarina el Jue Abr 28, 2016 8:02 pm

La pelea seguía su curso, pero la verdad era que a Katarina le daba un poco igual, si, por supuesto podría haber desescalado la situación, puede que unas pocas palabras amables y una música tranquila y relajante hubiera bastado, pero ninguno de los participantes parecía estar en peligro real, eran una de esas riñas ebrias de las razas mortales, empezaban, se zurraban y luego volvían a ser tan amigos, estaba demasiado cansada como para molestarse en intervenir, además, aún tenía que dormir allí, no convenía que la echaran, por lo que fue buena chica y se quedó sentada tomando sorbitos de su jarra de agua mientras veía ese cutre espectáculo de gladiadores.

Y de repente ella tenía la culpa, no solo ella, pero era el bardo, era literalmente la única que no podía haber causado nada de eso. –Oh, venga ya, debes estar de coña, solo intento ganarme la vida ¿puedes creértelo? - se giró hacia su acompañante, que acababa de ser tumbado de un puñetazo. –Vaya…- Se agitaba como una tortuga panza arriba, así que seguía vivo, no iba a preocuparse, ya se encargaría de sus problemas, tenía un par de caballeros por los que preocuparse. –Os recomiendo seriamente daros la vuelta y hacer como si nada…- Les lanzó una mirada fría y cargada de sentido, de las que dabas a alguien que se arriesgaba a ser asesinado, como ese sastre que preguntaba si querías una talla más. Por desgracia, sus acompañantes estaban demasiado intoxicados como para entender las sutilezas del lenguaje femenino, ni siquiera cuando era tan universal como una mirada homicida. En cualquier caso, ¿un par de borrachos desarmados contra una maga y asesina? Si se esforzaba ni siquiera necesitaría dos cortes. Su comentario fue ignorado, mientras seguían avanzando, con las manos ante el pecho, para intentar agarrarla con una expresión un poco sucia.  –Ugh, Engwar…- seguramente no debería ir soltando insultos, pero dudaba que ninguno de esos paletos tuviese la más mínima idea de elfico como para entender como de ofensivo había sido eso. Sus manos fueron a la empuñadura de sus dagas, pero las movió rápidamente, por más reconfortante que fueran esos mangos de cuero, un par de muertos parecía una respuesta exagerada a una pelea de taberna, no solo eso, sino que si alguien sacaba las armas, todos lo harían y la cosa degeneraría muy rápido, solo les daría una paliza, la paliza de su vida.

Empezó dándole al primero, al que llamo Jack, con su jarra de agua, una de esas duras jarras de madera sorprendentemente recias, de las buenas, en toda la cara. Era consciente de que de que no destacaba precisamente por su fuerza, por lo que siguió con una patada en la espinilla y cuando este se agacho de dolor, le golpeo la garganta secamente. Dejo al pobre Jack ahogándose temporalmente mientras se centraba en el otro, Larry paro de golpe al ver su pequeño repertorio de trucos, puede que eso le hubiese vuelto cauto, aunque seguramente su cerebro bañado en alcohol apenas era capaz de procesar lo que acababa de pasar. No parecía que fuese a hacer nada de manera inmediata, así que aprovecho para girar sobre sí misma y atizarle otra vez a Jack con una patada giratoria en toda la oreja. Dudaba que pudiera volver a levantarse en un futuro próximo sin marearse horriblemente. -¿Quieres seguir campeón? Pregunto al restante con un guiño de ojo mientras su frente se perlaba de sudor.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Khiryn el Vie Abr 29, 2016 12:50 am

III

No tenía prisa por entrevistarme con aquella persona. Sin duda, era una prostituta. Que Necross me lo hubiera sugerido, me intrigaba, pero quizás se trataba de una broma del humano, en venganza por la broma que le hiciera de Nadine. Por si ese fuera el caso, decidí beberme primero el resto de mi cerveza. En eso estaba, cuando los sujetos que peleaban se detuvieron. Hubo un intercambio de palabras en los que destacó la culpa de la mujer entrada en años sentada en la barra. Acto seguido, y eso no podía predecirlo, uno de los hombres, el que había menos daño, -por no decir que no había recibido daño- culpó a todos los forasteros de la taberna de aquel malentendido, sentenciando a todos los que habíamos llegado ahí por mera casualidad. La pelea se encendió de inmediato.

Éste mismo hombre, levantó una silla y la estrelló partiéndola en pedazos en la espalda del hombre de los cuernos, dando inicio así a la segunda ronda de golpes. Con el rabo del ojo, vi un par de siluetas que se acercaban a mí por el costado. De inmediato les encaré. No estaban seguros si yo era o no foránea, pero por las dudas, ya se acercaban amenazantes. Dejé la cerveza en la barra a mi lado y haciendo una risa tonta me encogí de hombros y dije en un marcado acento de Ujesh, hablando el idioma propio de aquel país: -
¡Yo no fui!- Ante la cara de intriga de los hombres al no entender mis palabras volví a hablar -¿Wasu wasol? -confirmando así mi “extrangerés”.

Los hombres se abalanzaron rápido contra mí al momento que apoyando el brazo de metal en la barra, di un salto desde el suelo aterrizando en ésta, dejando a un par de tipos desconcertados detrás. Miré en dirección a la mujer que me había señalado Necross, y vi al mismo Necross cerca del gran cornudo que, de pie, dominaba la escena por encima de todos, con un tipo noqueado a sus pies, como un gigante.

Corrí por encima de la barra en dirección opuesta a la salida, pues hacía allá estaba Mary. Ya desde antes de llegar pude ver como fue atacada y la mujer, llena de conocimiento y con carencia de miedo, había sometido a su atacante. Sin embargo, sus vulgares encantos atraían cada vez más lujuriosos –como moscas atraídas a la mierda- que sin duda, buscaban la oportunidad de vaciar sus huevos sobre ella sin darle un centavo. Quizás, hasta alguno llegó a pensar en hacérselo ahí mismo, quizá, hubiera un pudoroso que pensara en llevarla tras la barra. La simple idea me repugnaba y me llenaba de rabia. Jamás fui defensora de las prostitutas ni las justifiqué. Tampoco las juzgué. No había pensado en eso; para mí era un tipo de gente inevitable. Tarde o temprano te terminabas topando con una, -o con uno.- Pero fuera la vida que fuera, nadie tenía el derecho de pasarse con ellas por el sólo hecho de ser prostitutas. No de esa forma.

Esquivé rápidamente jarras y platos en la barra, afirmando las uñas en la madera. Me bastaron menos de diez zancadas para llegar al otro lado. Uno de los tipos que se estrujaba contra Mary, calvo y con un grueso bigote,  había dado vuelta y ahora estaba encarándome. Casi esperándome al final de barra. Tan pronto llegué al final de mi carrera, cargué con una recia patada contra el tipo. Dada la altura de la barra, era fácil asestar dicho golpe, y aunque el calvo medio el brazo instintivamente entre su rostro y mi pie, la fuerza y la inercia era tal, que acabé hundiéndole el brazo en la cara. El sujeto salió disparado hacía atrás un par de metros hasta chocar de espaldas contra la pared para luego caer pesadamente al suelo. Yo ya en tierra, sujeté a Mary por el brazo y con un rápido movimiento la jalé hacía atrás y di un paso al frente, cambiando así posiciones.

Tras la barra, y muévete hacía la salida.- Dije con voz autoritaria y grave. En principio, Mary, confundida, no supo que hacer. Pero luego pareció reconocerme como la amiga de su compañero de tragos esa noche y cerrando la boca con un gesto de frustrada resignación me hizo caso y saltó la barra para colocarse detrás.

Dos tipos frente a Mary parecieron aun más molestos cuando ésta desapareció, y dedicándome miradas lascivas parecía que se vengarían conmigo. Había quedado de manifiesto para ellos que yo era mujer por el tono de voz; aunque llevaba la capa aun caída sobre el cuerpo y la capucha sobre la cabeza. Uno de ellos se agarró los huevos y me mostraba su lengua mientras se acercaba lentamente entre burlas; el otro se mordía los labios y trataba de adivinar mi silueta bajo la capa.

El primero dio un rápido paso al frente llevando su brazo al aire para golpearme desde arriba, usando su puño cerrado como un martillo. Normalmente, hubiera dado un paso hacía el flanco o hacia delante para evadir el ataque y quedar en buena posición, pero dado lo cerrado del espacio no pude más que tratar de defenderme, interponiendo mi nuevo brazo derecho ante el ataque.

Su golpe, debió llevar mucha fuerza, pues así, sin hacer nada más que defenderme, el hombre recibió serios daños a causa del impacto de su muñeca contra el metal. Exclamó un fuerte grito de dolor seguido de un gesto de confusión, se sujetó la muñeca adolorida con la mano izquierda mientras me reprochaba con la mirada que aquello que llevaba en el brazo era igual que hacer trampa. Por mi parte, yo no pude sentir el golpe, sino en el movimiento del metal ahí, en el antebrazo donde se uno con la carne.

El segundo hombre parecía igualmente confundido por cómo yo había rechazado tan fácilmente el ataque de su amigo, notablemente más musculoso que él. No le di tiempo a pensar en atacar y rápidamente tomé por el borde la mesa más cercana y la tiré a modo de barrera entre ellos y yo. Retrocedí un par de pasos y salté de nuevo sobre la barra, esta vez, manteniendo una postura encorvada y agachada para no resaltar de más. Di un rápido reconocimiento y vi a Mary avanzar escondida detrás de la barra hacia la salida, pasando a un lado del tabernero que, éste al verla casi tuvo la intención de sugerirle “que le hiciera un favor ya que andaba por ahí.” Y es que inevitablemente, por la posición en la que ella avanzaba y el poco espacio detrás de la barra, la cabeza de ésta pasó muy cerca de los genitales de él; provocando en éste último un ligero suspiro seguido de un buen trago de saliva cuando me vio sobre la barra, acechante como un animal. Di una rápida mirada detrás de mí y alrededor.

Las peleas seguían y los ánimos se calentaban. Volaban jarras de cerveza y los puñetazos se hacían sonar por todos lados. Gritos amenazantes, risas burlonas y también quejidos y gritos de dolor llenaban el lugar. Sin querer, parecía que se definían los bandos, con el sujeto que nos culpara y sus amigos encabezando el bando más nutrido.  Avancé por la barra en dirección a la salida. Sin duda, buscaría salir, pero quizás no podría abrirme paso yo sola y menos cuidando de Mary. Quizás tendría que elegir un bando. O más bien, integrar uno pues sin querer, me habían metido en el bando de los forasteros, pero dicho bando estaba tan disperso que si nos llegaban a separar y acorralar, ninguno de nosotros saldría bien de este tugurio.

Apretando los labios, hice un par de fuertes silbidos esperando que Necross los escuchara por encima del ruido de la taberna, esperando haberlos hecho bien y que él lo recordara para poder hacer una formación y protegernos entre nosotros.

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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Necross Belmont el Vie Abr 29, 2016 3:59 pm



Fastidio, aquel era el sentimiento que nublaba la mente del hombre del parche, pues aunque el cornudo había entrado en la pelea, y parecía que en cualquier momento el tuerto se le uniría, su actitud aparentaba que poco y nada le interesaba pelear, pues su espalda reposaba cómodamente sobre la barra, con el brazo izquierdo sobre esta, apoyando el cuerpo; pero una inspección cercana demostraba que Necross estaba a punto de perder la paciencia, pues el mango de la jarra de cerveza que sostenía era fuertemente presionado.

La  búsqueda de información se vio interrumpida, y la vena en la frente de Necross crecía con cada segundo que pasaba. -Malditos sean estos pescadores.-   Comentaba el tuerto entre dientes, entre trago y trago también maldecía la cerveza, pues le disgustaba el sabor amargo. Mientras la pelea avanzaba el hombre del parche se quedó disfrutando de como todo ocurría, perdiendo momentáneamente el malgenio cuando el tipo con cuernos le dio un poderoso golpe a uno de los ebrios, una risa burlona salió de lo más profundo del su ser cuando el borracho cayó al piso.

Aun le quedaba cerveza, pero esta lentamente se iba acabando pues su atención ahora estaba en la Hörige, quien entendiendo las señas se acercó a Mary, y para su sorpresa hasta la defendió de los lascivos clientes. -Malditos ebrios.- comento nuevamente, después de escupir al piso, pues en su voz se notaba la molestia que sentía.  Una idea curso su cabeza cuando vio a Mary pasar agachada detrás de la barra, el ver su trasero levantado le hizo pensar a Necross que sería un buen soldado, quizás con un poco de entrenamiento podría usar su seducción natural para engañar a los tontos calenturientos.

Pero sus ideas de nuevos reclutas se desvanecieron al momento de sentir que uno de los combatientes le derramo el resto de cerveza que le quedaba. Uno de los ebrios al esquivar un inminente golpe del hombre con cachos golpeo el brazo del tuerto desparramando la cerveza  en el piso, y ensuciándole la gabardina de paso. El sujeto estaba más que ebrio, pues su equilibrio era paupérrimo. Aun así, el ebrio le dio una mirada desafiante al hombre del parche, lo que término colmando su paciencia, causando que Necross intentara golpear a quien lo ofendió con la jarra vacía de cerveza, y con toda la fuerza que su enojo le otorgaba.

Lanzando  algunos golpes, y esquivando muchos más, el hombre del parche se vio obligado a participar en la pelea, pues lo ebrios lo tuvieron como blanco de sus ataques al recordar que él también era extranjero, Necross maldijo a quien culpo a los forasteros de causar el pleito. Las mejillas que alcanzaban el puño izquierdo del tuerto siempre quedarían marcadas, pues él, al igual que la Hörige, tenía una extremidad de acero. Y aunque Necross sabia defenderse, los golpes en sus costillas y estomago eran inevitables pues en más de una ocasión lo atacaban en pares, y sin usar sus armas se le hacía difícil mantener el control.

Pensando en que sería sobrepasado el tuerto intento buscar apoyo de los demás forasteros, ya que quizás junto a ellos se llevaría menos moretones y golpes. Pero entre tanto caos no lograba reconocer a los demás extranjeros, la idea de quitarse el parche y abrir la visión le pareció tentadora, pero con la ira acumulada no sería la mejor de las ideas. Por suerte para él, un silbido familiar llego a sus oídos, un silbido que significaba defensa, no, sus oídos se agudizaron, entendiendo que el silbido era de apoyo.

Anulando los gritos, las risas, y los quejidos de agonía, el hombre del parche busco a su compañera de armas, dejándose guiar por el oído, pues entre soldados era fácil entenderse. Entre el gentío el tuerto encontró a la Hörige, justo cuando esta se bajaba de la barra, y  se acercó rápidamente juntando las espaldas. -¿Me estas siguiendo?- Preguntó, y en sus palabras se podía escuchar cierta alegría, como si estuviera hablando con una sonrisa en la boca. -No, Necross no te estoy siguiendo. Una también tiene derecho a viajar y buscarse el sustento por sus medios...- Su tono se notaba cansado, parecía que Necross había logrado fastidiarla. Y el tuerto se alegraba de hacerlo, pues así se vengaba por la broma de Nadine.  El hombre del parche se dejó guiar por Khiryn, seguía sus pasos, y noto que ella caminaba hacia la salida. Con los brazos alzados, en posición defensiva (el izquierdo delante del derecho), Necross se dedicó a proteger la espalda de la Hörige, esperando los golpes,  pues no era conveniente atacar primero y dejar la defensa abierta.



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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Margaret Orgaafia el Vie Abr 29, 2016 11:57 pm

Grandes teóricos en silla de ruedas y con bigotes extraños se preguntarán sobre el caos en el universo observable y crearán profundas teorías, con números incomprensibles en enormes pizarras, que buscarán desmarañar su misterio. Margarett no necesitaba esas tonterías. No necesitaba fórmulas, si no entendimiento de la realidad existente. Y, la realidad existente, era que un grupo de hombres con tendencias violentas, probablemente por abandono paterno o materno, iban a iniciar una xenófoba batalla. Es realmente triste que se pueda decir eso de la mayoria de los conflictos humanos.

Margarett había tenido su ración de batallas y había vencido la mayoría. No por ser fuerte o rápida, si no por ser astuta. La inteligencia son dos tercios de una batalla. Así pues, empezó con una maniobra sorpresa de manual. Como si se resbalase, movió su cuerpo hacia el suelo, para después plantar con fuerza la pierna y alzar el codo. El codo de Margarett había sido femenino y había hecho florecer pasiones bajas en los hombres en su juventud- antes los hombres se calentaban con cualquier cosa-, pero ahora era una mole de músculo y grasa, encallecido en la punta. En otras palabras, con el codo de la anciana se podían abrir portones de asedio y barriles de cerveza. Sin embargo, esa arma mortal se alzo en una hermosa parábola ascendente contra la entrepierna de unos de los hombres que habían golpeado al cornudo. El rostro rojizo por la bebida del hombre se blanqueo al instante y sus facciones se retorcieron con rapidez en una expresión entre el llanto silencioso y el grito escandaloso. Al no decidirse entre esas opciones, el hombre optó por abrir al boca y soltar un gritito a nivel sub-sónico, para después replegarse sobre si mismo en el suelo.

La anciana miró a ese hombre adulto ponerse en posición fetal y llorar levemente, a la vez que se daba cuenta de que aun tenía el vino en su otra mano. Bebió lo poco que no se había derramado y observó al matón que se acercaba a ella, girándose para enfrentarlo- ¿En serio vas a golpear a una anciana indefensa y dulce? -pregunto con una voz dulce e inocente, mientras se relamia el vino de sus labios. El matón mostro una sonrisa malévola, en intención al menos, y contestó- Me comí a mi propia abuela...

Margarett asintió a eso, mientras meneaba la copa con elegancia en su mano. Un matón de la vieja escuela. Sin sensatez, musculoso y que decía cosas con intención de amenazar, pero que solo dejaba un comentario extraño y ridículo. La anciana aprobaba ese tipo de personas. Al momento, una brisa se levanto encima de la barra y Margaret gritó- ¡Se te ven los bajos! - Ante ese comentario, el matón giro su cuello paquidérmico y cubierto de venas en pos de la figura que se había marchado en esa dirección. Cuando no vio la tan ansiada visión, volvió a mirar a la anciana, encontrándose en su lugar con una diosa de la justicia a punto de iniciar su castigo. Bueno...Eso sería si una diosa de al justicia tuviese pinta de una anciana sexegenaria, elevada en el aire de un salto y con una expresión de malicia e intención asesina más cercana a la de un señor del foso que a la de una abuela. Además, las diosas usan espadas o lanzas, mientras que Margarett empuñaba como herramienta divina un taburete de bar. Finalmente, el castigo se impuso y la madera choco contra el cráneo del calvo matón, estrellando su cara contra la barra, dejándolo inconsciente.- Un mensaje de tu abuela; ¡que te zurzan! -gritó Margaret, girándose ante el tuerto de buen trasero y el chico cornudo, observando su pelea.

Eran unos muchachotes fuertes, aunque había que reconocer que el mejor era el tuerto. Su trasero mostraba esas nalgas como dos melones cada vez que se movía. Margarett decidió intervenir y salto por encima de la barra, cegando a los matones que iban a su dirección con las figuras sombrias y misteriosas que se desvelaron bajo su faldón. La bolsa de cuero que había robado de los chicos acabó en las manos del desconcertado dueño, mientras Margarett cogia todo lo que no estaba atado.- ¡Pagan esos muchachotes que son como mis nietos!- Dijo la anciana, mientras el grupo de hombres se lanzó en esa furia alcohólica contra el tuerto y el caballero cornudo, pero, de repente, se pararon y vieron una cosa que solo habían experimentado en sueños. Botellas de alcohol llovieron del cielo. Sin embargo, su descenso no fue demasiado amable, más bien se estrellaron con fuerza contra sus rostros, desperdigando su contenido, cegándolos. La horda se paró y Margarett sonrió con descaro a Necross- Si no te importa, luego acepto yo esa copa...-Al poco, se levantó en la barra y empezó a hablar.

- ¡A callar todo el mundo! -El pecho de Margarett se inflo y soltó ese grito con una potencia tremenda. Era la voz de una madre y que despertaba el instinto de quedarse quieto, esconderse y evitar el calzado que se dirigia en el aire hacia uno.- ¡A ver, imbéciles, tenemos un suelo lleno de alcohol y un grupo de idiotas cubiertos de lo mismo! -De repente, una llama se alzó en la mano de la señora, era una cerrilla encendida- ¡¿Alguien me dice que pasaría si esto cae al suelo?! -Dijo, mostrando una enorme sonrisa, desdentada y con muy malas intenciones. Era una cara que no querías ver en un callejón con esa expresión.- ¡Y quien crea que no soy capaz que se lo piense! ¡Tengo sesenta años, los pies planos y llevo dos años sin sexo! ¡Estoy muy loca!
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Gerarld Amattore el Jue Mayo 05, 2016 2:45 pm

“Dientes” fue el último pensamiento del pobre diablo que recibió la ira del medio-demonio pues la brutal ostia que se llevó le llevo a perderlos. Pues también fue lo último que vio el pobre diablo mientras perdía el conocimiento contra el suelo acompañado por la agonía del dolor, con un aspecto cómico y deforme pues los miembros habían caído de forma poco natural. Aquel pobre diablo tendría terribles dolores por el resto de su vida pues su mandíbula había quedado destrozada.

La reacción del mestizo fue rápida, precisa y efectiva. Además de influir temor en todos aquellos que habían visto la escena. Pero el temor a veces es sabio y hace que puedas huir, otras veces es temerario y junto a la adrenalina te hace pelear. Y otras es simplemente estúpido y te mantiene helado y perplejo. Este último fue el que ayudo al cornudo darle un buen golpe a su otro compañero de baile, tirándolo contra el suelo, pegado a la barra y dejando un moretón rojo en forma de nudillos impregnado en la piel de su cara.

Mientras tanto, un hombre pijo desubicado era atacado por la retaguardia y tirado al piso mientras una elfa que solo buscaba ganar algo de dinero, en su lugar ganaba algo de atención excesiva, y a pesar de las miradas homicidas que echaba a sus perversos agresores. Estos actuaban más por su pene, que por sus neuronas. Pero pronto descubrieron que a pesar del alcohol seguirían sintiendo dolor. Un repertorio bonito estético y efectivo de golpes que dejaron fuera de combate a uno. El otro, ahogado en alcohol y estupefacto por los malabares se lo pensó mejor y fue a combatir contra otros, metiéndose otra vez de lleno en la pelea central donde unos golpeaban a otros sin saber bien a quien le daban.

AL tanto el joven bienaventurado y apuesto chico se había levantado, con un porte de dignidad exagerado, hinchando el pecho y con cara de disgustado, echaba mano de su estoque, dispuesto a cobrarse la ofensa que había sufrido y buscaba a su agresor.

La pelea era entretenida, mayormente se trataba de vencer o ser vencido, nadie pensaba en otra cosa, casi nadie al menos, una encapuchada si pensaba en otros, pues ante una maniobra algo llamativa y pasar prácticamente sobre las cabezas de los cercanos a la barra, consiguió llegar a Mary, la prostituta de un solo ojo, que bien podía defenderse sola pero no contra tantos adversarios.

La ayuda le vino de perlas, y además no se lo esperaba, normalmente nadie ayuda a las putas en esa ciudad alejada del orden y de los dioses. Tras comprender la situación Mary estaba a resguardo mientras la mujer, ahora con su género revelado, se enfrentaba a los más cachondos del lugar. La pelea fue rápida, el brazo metálico sorprendió a los presentes, incluso a la propia mujer por no sentir nada. Derribo a uno, levanto una barricada con una mesa y se dispuso a buscar la salida junto a la Mary que casi gateaba detrás de la barra.

La pelea proseguía, el hombre del parche intento de veras no meterse en ella, pero la situación no lo dejaba tomarse su jarra en paz provocando que finalmente se uniera al combate. A diferencia de los demás, el cornudo y el del parche estaban más metidos en el combate que el resto, tenían más enemigos, recibían más golpes por costados que no podían prever. EL mestizo arrojaba una silla al que consideraba cabecilla de la taberna al tiempo que el humano, veterano en combates acudía al silbido de ayuda de su compañera. Y mientras una vieja anciana demostraba una habilidad que nadie esperaría pues en parte astucia fingiendo un movimiento extraño para asestar un golpe en los bajos a un pobre diablo que igual podría quedarse sin descendencia.

Jack vio de sobra como la silla iba en su dirección y la esquivo, sin embargo esta distracción fue suficiente como para que uno de los borrachos que lo consideraban su enemigo se abalanzara contra él y lo derribara, dando pasos una pelea en el suelo de ambos sujetos.

La pelea proseguía, y una botella de ron, de buen año y de buen sabor, inocente de los pecados de la humanidad y del resto de seres que por avaricia, celos o infinidad de excusas arremetían contra la violencia era violentamente lanzada por los aires aterrizando en la cabeza de algún bucanero borracho y sediento de sangre. El caos reinaba, y de la escena de una anciana que parecía fuera de sí, tirando botellas de alcohol no hacía más que apoyar lo caótico del asunto.


//////


Mientras tanto, por fuera, la ciudad había entrado en alarma. Un grupo bástate numeroso de soldados se habían reunido por fuera de la taberna esperando al capitán, dentro las cosas se estaban desmadrando, pero no podían entrar hasta que llegara su jefe.

Un hombre entrado en canas, cansado por el oficio que lleva, con una pequeña panza que demuestra el combate diario entre el ejercicio, la dieta, y el alcohol.

Un uniforme impecable en cuanto a limpieza, pero algo desteñido por el uso, unas pocas insignias de méritos, demostraban que el hombre había sido útil en el pasado, y la insignia del hombro claramente demostraba que era capitán. Pero todo esto era pura estética, pues era ampliamente conocido en aquel puerto.

Bajo el nombre de Capitán Miles. Aquel sujeto llego indico a los presentes entrar, y en un segundo la taberna abrió sus puertas de golpe y una veintena de soldados entraron armados y en guardia. Escoltados por el capitán que desarmado entraba con ellos para admirar la escena.

-A ver rufianes de poca monta estáis arrestados por escándalo público y por qué me tienen hasta los putos cojones con sus trifulcas semanales- Rugió aquel hombre mientras cruzaba la puerta, pero sus ojos se posaron en una anciana, subida a la barra, con una cerrilla en la mano.

-Que me aspen…. Señora bájese de ahí- le dijo con tono autoritario. Mientras el grupo de soldados entraba y apagaron de golpe la llama de la pelea, los soldados empezaron a llevarse a los susodichos vándalos uno a uno, los sujetaban bien les vendaban los brazos para inmovilizarlos, los amarraban en grupos de 4 y los llevaban presos.

El capitán empezaba a señalar un montón de sujetos para que se los llevaran, el local era rápidamente desalojado, y por casualidad, tal vez por que parecían menos sospechosos, o porque no los conocía los únicos restantes al final de la operación, eran el tabernero, Mary que estaba detrás de la barra, la horigue el tuerto la vieja y el inmenso mestizo. Hasta al adinerado se habían llevado que gritaba que era un ultraje que se lo pagarían caro.

El capitán hecho un vistazo y vio a Mary detrás de la barra –Tu también Mary… es que no me dais ni un respiro, llévensela también- le dijo a los últimos soldados restantes, llevándose a Mary.

Mary, conocedora del lugar y sus costumbres, y por miedo a que sus nuevos aliados se entrometieran por defenderla y metieran la pata, se levantó enseguida coqueta, dejo claro a sus defensores que estaba todo bien y tras una mirada de picardía al capitán se fue caminando por la puerta.

El silencio abrumo la estancia, el tabernero poso su jarra que estuvo limpiando durante toda la pelea enfrente del capitán, mientras este se sentaba en el taburete.

-Por qué siempre lo mismo con esta gente- mascullo en voz baja, para luego dirigirse al resto de gente –Por favor, sigan con lo suyo e ignórenme-

En ese momento, la puerta se abrió nuevamente, un hombre, joven de baja estatura, pelirrojo y acompañado de un par de mujeres muy guapas que estaban abrazadas con sus alas de Tenebri entro como quien no sabe que acababa de ocurrir.

El capitán Miles se giró para verlo y una mirada seria provocó que el divium parara de golpe.

-Oh capitán como se encuentra, veo que está ocupado, solo pasaba a saludar ya me retiro- dijo rápidamente el divium. Sabía perfectamente que si se quedaba igual era encarcelado, pero tenía que asomarse, una mirada, sutil al tabernero, y un mensaje al mismo. El tabernero sabía que tenía que hacer. El divium se retiró con un amplio saludo y cerró la puerta.

Y el tabernero abrió un estante que tenía detrás y saco un whisky, de una cosecha bastante vieja y de un sabor muy apreciado y lleno la copa del capitán.

-Maldito pájaro, nunca pasa nada bueno cuando lo veo… - El tabernero que lo atendía lo escuchaba atentamente. Y con un hábil movimiento de manos de quien tiene experiencia en el oficio, lleno varias jarras de cerveza rápidamente sin mirarlas siquiera y las paso por la barra a un lado, uno para cada uno de los presentes. Y de ahí los ignoró totalmente para centrarse en el capitán, este se había bebido la copa completa, y le volvió a rellenar.

-Sabes estos días ha sido horrible- EL tabernero con cara de comprensión rellenaba su copa nuevamente, y el capitán seguía bebiendo.

-No sé por qué coño se han enterrado, pero lo han hecho- otra copa que caía, y el capitán ya empezaba a hablar con un tono más alegre.

- Mi trabajo ha sido insufrible desde que se enterraron, quien habrá dado el chivatazo, supongo que sabes de que te hablo no? Del oro que nos viene de la capital- El capitán ya había olvidado que no estaban solos, se había olvidado del resto de la gente de la taberna, y hablaba con confianza.

Las copas llegaban y las palabras salían, unos 10 minutos después el capitán ebrio se levantó, de golpe, por suerte no perdió el equilibrio miro al tabernero y se despidió con estas palabras.

-El oro llegará, y nunca sabrán como ha entrado…. Hip …. Nadie se lo imagina… hip… pero colaremos ese dinero en frente de las narices de todos, y nunca sabrán como… hip –

Y con una carcajada salió de la taberna tambaleándose. Era totalmente de noche, y el capitán ahora era un borracho más de aquel ciudad.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

Mensaje por Medielvoulder el Sáb Mayo 07, 2016 12:10 am

El puño avanzó implacable, el sonido que lo precedía era tan filoso que cortaba el aire. El mestizo mostraba los dientes en una mueca de terror y verlo era admirar una máquina de lanzar golpes. Pero por cada uno que él daba, recibía dos. El puño con su sonido y su filo estalló en sus costillas, y la mueca de terror se transformó en dolor, el mestizo apoyó su mano sobre una mesa que milagrosamente aún no había sido volteada y se llevó la otra al sitio del golpe, mirando furibundo hacia abajo. Era un hombre realmente bajo, o bien un enano, salido de la nada quien le había golpeado con todas sus fuerzas. El cornudo, que ya tenía un verdugón en el hombro por otra silla (al parecer era un blanco fácil), y había recibido una buena patada en el culo, de esas que te dan solo una vez en la vida, le pegó con la punta de la bota al tipo en la cara sin ningún miramiento. De pronto la mesa en la que se apoyaba desapareció bajo su mano, pero logró ponerse en equilibrio para recibir otra tanda de puños.

Todo era un caos, sí. Pero eso era bueno. La verdad es que no había otro sitio en donde debería estar Medielvoulder, porque aunque no lo reconociera, la violencia era su marca, la llevaba marcada en la frente, entre los cuernos.

Pero todo terminó, con un buen botellazo en la cabeza, más bien en el cuerno izquierdo. Era aguardiente de fresa, lo supo por el olor, y ardió como fuego en su ojo. Medie se llevó la mano a cara mientras intentaba quitarse el líquido del ojo, y desde lejos oía los gritos de la señora que hace un rato estaba a su lado, a través del esponjoso dolor y la ira fría. «¡Vaya puntería tiene esta vieja!» Y luego llegó la guardia, y todo terminó.

Pensó que lo arrestarían, ¿por qué no? Pero los tozudos guardias del puerto agarraron a todos los pendencieros paisanos de Kitty’s, los amarraron como caballos de feria y se los llevaron, menos a los “extranjeros”. El mestizo sin entender mucho, empapado de cabeza hasta los hombros con licor y con un escozor en la cara se fue a lavar al baño.

Por suerte sus orejas se habían mantenido intactas y logró oír todo lo que sucedió en la sala principal, o más bien lo que quedó de ella. Regresó con su ojo izquierdo a medio cerrar y rojo hasta la barra, donde una cerveza para él reposaba. El tabernero no le prestaba atención más que al único guardia en la sala, que por sus pilchas, parecía tener algún rango más alto que los demás. El mestizo cogió la jarra y vació su cerveza con tres largos sorbos, dando una mirada reprobatoria a la vetusta señora, realmente necesitaba embotar un poco los sentidos, pues, se sentía como si una carreta le hubiera pasado encima. Se estaba palpando ahí donde un vidrio se le había enterrado, unos centímetros sobre la ceja cuando a unos metros de la barra el extraño dijo:

Mi trabajo ha sido insufrible desde que se enterraron, quien habrá dado el chivatazo, supongo que sabes de que te hablo no? Del oro que nos viene de la capital —«Pero qué... Lo está reconociendo» Pensó.
Entonces un poco más allá el tipo envuelto en la capucha comenzó a meter ruido levantando la mesa y colocando una silla, logrando llamar la atención del capitán y haciendo que se callara. Medie juntó mucho las cejas, mirando molesto a la figura, que poco a poco se comenzó a descubrir. Sentada ahí, se estiró como un gato al sol para luego poner sus patas sobre la mesa, como si aquí no hubiera pasado nada. Tenía unas feroces garras al final de sus pies, algo que le hizo pensar al mestizo que no le gustaría vérselas con ella. Por algún motivo la mujer de la venda en la cabeza había dejado sobre su mesa una botella de whisky intacta, destapada y a suficiente distancia para que cualquiera se pudiera servir. «Interesante invitación.»

Como el capitán parecía no volver a hablar el mestizo pagó la cerveza, puso un dedo sobre la moneda cuando el tabernero vino y le preguntó.
¿Me podrías dar algunas... indicaciones. Es que, debo recoger un pedido, lo mandan desde el reino, ya sabes, es algo un tanto importante —con la cabeza hace un gesto hacia el borracho y sus divagaciones—. ¿A qué parte del puerto llegaría un pedido así?

El tabernero se le quedó mirando, cogió su jarra y la comenzó a limpiar. Tras una larga pausa, carraspeó y contestó:
En el puerto no va a llegar nada, y no se bien de dónde llegará, mi trabajo ha sido confirmarles la información a los presentes, ya saben de quien conseguir más información.

Lo dijo sin miedo, con voz normal, como si no le importase que los demás en la estancia lo escucharan, posiblemente porque quería que los demás escucharan. El mestizo alzó una ceja, soltó la moneda y se fue a la mesa, al parecer necesitaría algo más fuerte que la cerveza para el dolor en el cuerpo.

El vidrio roto de las botellas crujía bajo sus pisadas, levantó una silla y se sirvió una pinta cuando se sentó en la mesa de la mujer de la venda. Ella lo saludó con un leve movimiento de cabeza.
Vaya golpe te has llevado eh... creo que hasta lamentas que la pelea se haya terminado tan rápido… —Su voz era grave y femenina, un leve esbozo de sonrisa afloró de su boca.
No sé si la violencia me sigue a mí o yo a ella —le devolvió el asomo de sonrisa y se miró los nudillos raspados. Del pequeño corte sobre la ceja, ahí donde un pedacito de botella rota se le enterró, brotaba una pequeña gotita de sangre demoníaca que se quitó con el pulgar—. Sólo sé que pronto volverá.

Ella asintió con un ligero cabezazo, como si fuera víctima del mismo destino.
Es inevitable —dijo en forma de susurro mientras se llevaba el vaso de whisky a la boca—. Sería, creo a estas alturas, tonto preguntar qué hace un mestizo como tú en Rasg Port; pero... ¿Tienes algún plan?

El mestizo pensó en sus planes, no sabía que llegaría tan lejos con sus averiguaciones, y de paso se haría tantos enemigos.  Se acercó a la mujer y le habló de manera que el borracho hablador no lograra oír.
Creo que es tiempo de que salgamos de este sucucho, y que veamos hasta dónde nos lleva ese tipo —Miró por encima de su hombro hacia el hombre que bebía de una botella que el tabernero había materializado en sus manos.

Los minutos pasaron, y el mestizo y la mujer esperaron a que más gente se les uniera. Luego de unos minutos la mujer bajó los pies de la mesa y se marchó. Medie sabía que era mejor no detenerla, parecía de aquellas que tenían una respuesta afilada para todo, y para lo demás una daga aún más afilada. Salió de la taberna contorneando su cola por la puerta.

Al cabo de unos diez minutos luego de la última palabra del borracho, ahora más que antes, volvió a hablar.
El oro llegará, y nunca sabrán cómo ha entrado…. Hip …. Nadie se lo imagina… hip… pero colaremos ese dinero enfrente de las narices de todos, y nunca sabrán como… hip.
Y con una carcajada atrapada en su cuello salió de la ancha puerta de Kitty’s, hacia la noche, moviéndose lánguido. Al parecer era buen momento para seguirlo.
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Re: Un jugoso Botín en Rasg Port

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